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lunes, 4 de noviembre de 2019

Otras claves para no entender nada

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
Creo que hemos tratado varias veces del profesor Allan J. Lichtman. De hecho, creo que cada vez que hay elecciones a la vista, el profesor Lichtman aparece en algún medio español (desconozco si lo hace en otros países) para hacer sus profecía sobre los resultados.
Mientras que otros se fían de los sondeos y escudriñan datos y estadísticas, el profesor Lichtman prefiere otros métodos más basados en la Historia, que es su campo de trabajo. Su método —vamos a llamarlo así— es mucho más barato que las costosas encuestas que los medios y partidos sacan a la luz cada pocos días. El modelo llamado "las claves de la Casa Blanca" fue creado junto a un sismólogo ruso, Vladimir Keilis-Borok, y se basa en una serie de puntos que establecen las posibilidades que tiene quien está ocupando la Casa Blanca de seguir en ella. El modelo no tiene demasiadas vueltas, según el resultado de las "claves" que deben ser tenidas en cuenta, el inquilino sale o se queda. Ha acertado ocho de las nueve últimas elecciones y la que falló fue la de Al Gore, que acabó como el rosario de la aurora, en los tribunales, disputando voto a voto, distrito a distrito.
Allan Lichtman se enfada cuando quienes le preguntan lo hacen desde perspectivas más convencionales:

No me está escuchando. Los temas, la ideología, el centrismo del candidato.... ¡Es irrelevante, no se puede predecir! Disculpe, es que llevo 30 años diciendo estas cosas y no me escuchan. ¿Quién pensaba que Trump era elegible? ¿Quién pensaba que Ronald Reagan, tan conservador, era elegible en 1980? Pues ganó, y por goleada. La creencia popular era que había un 99% de posibilidades de que Clinton ganara...
¿Cuál fue la llave para que Trump ganara en el 2016?
Trump no ganó, los demócratas perdieron. No se trata de lo que hizo que fuera elegido sino de qué hizo que los votantes rechazaran al partido que estaba en la Casa Blanca. La clave fue la lucha interna del partido, que sólo se aplica al partido en el poder. La idea de que los demócratas deben estar unidos, no enfrentarse entre, sí son tonterías. ¿Qué más divisivo que los debates republicanos del 2016? ¿O que el duelo Obama-Clinton en el 2008?*


Eso es cierto y si esto es así, todo dependería de cómo se encuentran de ánimo los republicanos. Por eso Lichtman era partidario del "impeachment", de hecho, escribió un libro, The case of Impeachment, en 2017, algo que se debe recordar ahora que este se encuentra en puertas.
El modelo de Lichtman no es matemático ni se basa en los datos numéricos, sino en la interpretación de ciertos valores relevantes —trece— que son los que permiten a los votantes decidir, por encima de otras consideraciones, si la estancia del candidato en la Casa Blanca le ha sido beneficiosa o no.
A la vista de los criterios, surge una pregunta: ¿está intentando Trump cumplirlos, buscando completar satisfactoriamente una parte suficiente de las 13 claves? Podría ser.


En septiembre de 2011, The New York Times publicó un artículo con la contestación que Lichtman le dio a Nate Silver, un estadístico prodigioso que rivalizaba desde una perspectiva teórica y una metodología distinta sobre las predicciones para ocupar la presidencia. De Silver también nos hemos ocupado aquí en anteriores elecciones norteamericanas. Su capacidad de predicción estadística no solo mostraba quién ganaba, sino que era capaz de establecer el resultado de los diferentes estados, algo realmente asombroso.
En desacuerdo con el análisis que Nate Silver había hecho de su método, Allan Lichtman explicó en un escrito de contestación en qué consistía:

Mr. Silver has either failed to read or simply ignored the detailed discussion of the keys in my book “The Keys to the White House” (5th edition forthcoming from Rowman & Littlefield early next year) or in technical articles that I published in peer reviewed journals (for example, International Journal Of Forecasting (April-June 2008) and International Journal Of Information Systems & Social Change (January-March 2010).
Mr. Silver’s neglect of the published work on the keys system has resulted in fundamental misconceptions about the development and application of the keys that fatally flaw his critique. Mr. Silver presumes that I took 38 elections from 1860 to 2008 with known outcomes, found 13 key factors out of innumerable combinations of factors and used the impermissible methods of “overfitting and data dredging” to force the calls on these keys to conform to the results of these elections. In fact, the book and articles make clear that I followed a very different and scientifically sound procedure designed precisely to avoid the fallacies of “overfitting and data dredging.”
I developed the keys in 1981 in collaboration with Volodia Keilis-Borok, a world renowned authority on prediction methods. The keys are based on a retrospective analysis of elections from 1860 (the beginning of the modern Republican vs. Democratic era) to 1980 and using a theoretical model, not random data-mining. The theory behind the keys is that presidential elections are determined primarily by the performance of the party holding the White House. This is a very positive message: it suggests that the American electorate makes reasoned, pragmatic decisions in presidential elections and is not manipulated by the pollsters, the admen, and the consultants. It suggests that it is governing not campaigning that counts in presidential elections.
After developing the 13-key model, I then followed proper procedure by testing it repeatedly through advance prediction of seven future elections – 1984 to 2008 — with unknown outcomes. The keys system correctly predicted in advance the popular-vote outcome of each of the seven elections that occurred since its inception in 1981. The probability of attaining this record of seven consecutive correct predictions by chance alone is well under one in 100, a standard measure of statistical significance in social science.**


En la entrevista concedida a La Vanguardia, vuelve a señalar  al trío interesado en las campañas: «Es lo que yo llamo el ‘complejo político-industrial’: el triángulo que forman las empresas de sondeos, los consultores políticos y los medios.»

Si damos un salto desde los Estados Unidos a nuestra particular cazuela electoral, donde se cuecen los resultados, veremos que ese "complejo político-industrial" tiene una influencia sustancial. No vamos a aplicar las "13  claves" de Lichtman, porque aquí ya no tiene ni ha tenido sentido hablar de "bipartidismo" más que cuando les ha interesado a algunos. Pero no podemos negar la existencia de ese entramado resultante de la conjunción de los analistas, las empresas de sondeos y los medios. Esto, además de política, es un gigantesco negocio en el que cada día se dice lo mismo pero con distinta sonrisa o llanto, según toque.
El profesor Allan J. Lichtman tiene un buen porcentaje de aciertos. No habla mucho y explica lo que cree necesario. Repite en cada pregunta que se le hace que no entendemos nada. Es posible. Puede que estemos tan acostumbrados ya a este folclore político que ya no seamos capaces de ver lo que tenemos delante con claridad. Quizá hasta se trate de eso, de mantener un espectáculo con la mano izquierda mientras se hacen los trucos con la derecha.
Funcionen o no en España las "trece claves" de Lichtman, lo cierto es que lo que sí funciona es este entramado de la política misma, sus comentaristas, los medios y los expertos en sondeos, etc. El temor al aburrimiento que nuestra política provoca puede suplirse con este circo constante de encuestas que suben y bajan, pactos posibles e imposibles, odios eternos por el momento. 


* "Allan Lichtman: “La impopularidad de Trump es irrelevante”" La Vanguardia 3/11/2019 https://www.lavanguardia.com/internacional/20191103/471342565613/allan-lichtman-donald-trump-victoria-electoral-libro-claves.html 
** Nat Silver - Allan J. Lichtman "‘Keys to the White House’ Historian Responds" The New York Times 12/09/2012  https://fivethirtyeight.blogs.nytimes.com/2011/09/12/keys-to-the-white-house-historian-responds/





domingo, 13 de noviembre de 2016

Las tripas del profesor Lichtman

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Más allá de las urnas y los votos, la elección de Donald Trump es un doble mensaje: para unos positivo y para otros negativo. Las esperanzas de que la sensatez finalmente prevaleciera, con una ventaja de más de diez puntos a apenas unos días de la elección, se vieron truncadas —en la visión de muchos— por el papel que el director del FBI ha tenido en ellas. Hay muchas cosas sorprendentes en estas elecciones y esta es solo una de ellas. La prensa norteamericana recoge hoy las afirmaciones de Hillary Clinton en este sentido, dando por cierto el papel decisivo de James Cowley en las elecciones. Siempre es arriesgado afirmarlo porque es una cuestión indemostrable de una forma fehaciente, pero todo cuenta para dejar a un votante en su casa o para cambiar el voto.
Pero eso —salvo que ocurra algo sorprendente— es agua pasada y el pragmatismo de los norteamericanos se dirige a mirar lo que ahora realmente les preocupa: el equipo de Trump. The New York Times advierte:

Rarely in the history of the American presidency has the exercise of choosing people to fill jobs had such a far-reaching impact on the nature and priorities of an incoming administration. Unlike most new presidents, Mr. Trump comes into office with no elective-office experience, no coherent political agenda and no bulging binder of policy proposals. And he has left a trail of inflammatory, often contradictory, statements on issues from immigration and race to terrorism and geopolitics.
In such a chaotic environment, serving a president who is in many ways a tabula rasa, the appointees to key White House jobs like chief of staff and cabinet posts like secretary of state, defense secretary and Treasury secretary could wield outsize influence. Their selection will help determine whether the Trump administration governs like the firebrand Mr. Trump was on the campaign trail or the pragmatist he often appears to be behind closed doors.*


La situación es realmente nueva. Trump carece de experiencia política y su estilo —que comentábamos hace un par de días— es tener personas de fidelidad absoluta probada en décadas. Pero ese equipo, que ha podido llevarle a la Casa Blanca —y del que se desprendió de diversas piezas en la campaña— no es el que tiene la experiencia política necesaria para poder confrontar los problemas con los que se van a encontrar él, los Estados Unidos y el mundo entero cuando tome posesión.

No es ya lo caótico y negativo del programa, del que ya está haciendo renuncias cuando es preguntado directamente. Es la forma en que se tomarán decisiones importantes por parte de una persona que desconoce su propia constitución, como se mostró en la campaña. Muchos van a vivir en un constante sobresalto.
La preocupación de los analistas es precisamente que una persona que no tiene partido —por más que haya salido de las primarias republicanas y contra el que se manifestaron muchos sectores importantes— es presa fácil para la entrada de los lobbies y todo tipo de influencias interesadas. En realidad, Trump es un enigma porque su programa real también lo es. Lo único realmente cierto es que quería ser presidente; todo lo demás puede ser una estrategia, el camino para llegar a serlo. Su siguiente paso es mantenerse, para lo que necesitará otra estrategia distinta.


La elección de Trump no ha gustado más que a quienes le han votado. Esto quiere decir que el que se ha presentado como un outsider tiene muchos elementos en contra. Sabe que los republicanos estuvieron barajando un candidato alternativo hasta el último momento. Muchos no presionaron más ante la certeza de que se estrellaría en las urnas, pero Trump sobrevivió y ganó. Nadie le puede negar esa capacidad de supervivencia frente a las críticas externas y sus propios errores, que andan a la par. Y nunca ha habido un candidato tan sometido a una avalancha de críticas como este. Sin embargo, se ha alimentado de ellas para mantenerse, como esos monstruos de película que se alimentan de la energía que se lanza contra ellos. Trump ha crecido con las críticas.
Por el contrario, Hillary Clinton ha sido hipersensible a las críticas. El tema de los correos privados ha estado causando un gran daño en todos los momentos de la carrera electoral hasta que con el golpe final no hubo tiempo de recuperarse. Ya no daba tiempo a que una Michelle Obama echara una mano y encendiera los ánimos. Hillary ha sido una candidata frágil dentro del propio voto demócrata y eso ha sido así desde el principio. Puede cuestionarse el papel del FBI, puede cuestionarse el papel de los hackers rusos y de Julian Assange con Wikileaks (habrá que hacerlo en algún momento), pero tampoco puede cuestionarse su fragilidad. Las reacciones antitrump no eran signo de su fortaleza sino del temor a que se produjera lo que finalmente ha ocurrido.


Los analistas que todavía se preguntan por qué han fallado tan estrepitosamente los cálculos de las encuestas se vuelven de nuevo hacia el profesor Allan Lichtman, del que hablamos no hace mucho tiempo contando su sistema antiestadístico, basado en trece preguntas sobre el estado de la cuestión.
Lichtman no cree demasiado en el poder predictivo de las encuestas y cree más en los movimientos subyacentes como forma de determinar las elecciones. The Washington Post le entrevista de nuevo:

Few prognosticators predicted a Donald Trump victory ahead of Tuesday night. Polls showed Hillary Clinton comfortably ahead, and much of America (chiefly the media) failed to anticipate the wave of pro-Trump support that propelled him to victory. But a Washington, D.C.-based professor insisted that Trump was lined up for a win — based on the idea that elections are “primarily a reflection on the performance of the party in power.”
Allan Lichtman uses a historically based system of what he calls “keys” to predict election results ahead of time. The keys are explained in-depth in Lichtman’s book, “Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016.” In our conversations in September and October, he outlined how President Obama's second term set the Democrats up for a tight race, and his keys tipped the balance in Trump's favor, even if just barely.
At the end of our September conversation, Lichtman made another call: that if elected, Trump would eventually be impeached by a Republican Congress that would prefer a President Mike Pence — someone whom establishment Republicans know and trust.
“I'm going to make another prediction,” he said. “This one is not based on a system; it's just my gut. They don't want Trump as president, because they can't control him. He's unpredictable. They'd love to have Pence — an absolutely down-the-line, conservative, controllable Republican. And I'm quite certain Trump will give someone grounds for impeachment, either by doing something that endangers national security or because it helps his pocketbook.”
So while Republican voters clearly came home before Nov. 8 — network exit polls show 90 percent of GOP voters cast ballots for Trump — it's less clear that the party leadership is on board. (Lichtman actually isn't the only person to predict a Trump impeachment; this morning, the New York Times's David Brooks suggested that a Trump impeachment or resignation was “probably” in the cards sometime within the next year.)**


Se puede discutir durante años los beneficios de cada uno de los métodos, pero creo que la interpretación de Lichtman es correcta más allá de las 13 preguntas de su método histórico.
El segundo mandato de Obama ha debilitado a los demócratas por muchos motivos. Obama ha hecho lo que se había comprometido a hacer, pero dejar para el final de su mandato cuestiones como Cuba o Irán, ha complicado la carrera dando argumentos y descontento a Trump y sus insatisfechos seguidores. La "América débil" que había que hacer grande se ha nutrido en muchos sentidos de los pasos dados por Obama. Su estrategia era salvar la primera elección y llegara a la segunda, en la que haría lo que no se arriesgo a hacer en la primera. Los resultados, evidentemente, pasan al siguiente, en este caso, a Hillary Clinton.
Hillary Clinton había abandonado el equipo de Obama dejando de ser Secretaria de Estado precisamente para poder pasar lo más limpia posible a la fase de candidata presidencial. Los correos pertenecen precisamente a su fase primera y se le han sacado en la segunda a la que se ha juntado el descontento de muchos por las medidas sobre Cuba e Irán, que no todos comparten. Responsabilizarla de la situación de Oriente Medio ha sido otra estrategia que no ha podido frenar. Mientras Trump recibía toneladas de críticas, las de Clinton iban a los puntos precisos y hacían mucho daño. La dureza de la nominación en la campaña contra Bernie Sanders ya daba muestras del problema al que se tendría que enfrentar.


Lo que llama la atención en las "predicciones" de Lichtman —que escruta el futuro basándose en el pasado, como buen historiador— es que finalmente acaba hablando de "impeachment". Ya dimos cuenta aquí del enigmático último párrafo del artículo de David Brooks al que se refiere el artículo de The Washington Post. [ver entrada "La Casa (más) Blanca"]
El que haya gente que ya está hablando de "impeachment" es sorprendente. No habían pasado unas horas y ya estaba circulando la idea. Esta vez el historiador recurre a sus "tripas", a su intuición, y no a las 13 preguntas esclarecedoras. El sistema no está hecho para establecer predicciones.
Las "13 preguntas" se basan en lo hecho durante la presidencia saliente (“primarily a reflection on the performance of the party in power.”), es decir en el descontento. Es probable que el horror causado por la candidatura y la campaña de Donald Trump haya escamoteado muchas de las críticas a Barack Obama y a su "legado", con un congreso en contra y limitado en sus acciones. Sea real o ficticia la impresión, su tiempo ha sido percibido por muchos como de debilidad y ha generado descontento en distintos campos, incluido el propio bando demócrata, que le acusó de no meter en cintura a Wall Street.
La diferencia de talla humana entre el presidente saliente y el que llega a ocupar la Casa Blanca es tan enorme que Donald Trump está condenado al silencio como mejor forma de que sus carencias no sea tan espectaculares.  La lucha porque deje de ser "Trump" ha comenzado para el que será su equipo. ¿Podrá conseguirlo? ¿Es un imposible?
Sin embargo, lo más terrible de la elección de Trump es cómo puede —ya lo han hecho— ser manipulada para convertirse en un apoyo para el respaldo de lo peor en cada país. El triunfo de Trump en la primera democracia del mundo es un duro golpe a las aspiraciones de democracia de muchos países y es también un elemento de desestabilización ante las expectativas de evolución en otros países.


Si el "populismo" funciona como lo hizo en el "Brexit" y ahora en la presidencia de los Estados Unidos, el mundo se volverá más demagógico y peligroso.  Políticos irresponsables que buscan atraer de cualquier forma la atención de la gente para conseguir sus votos. Una política sin sensatez, visceral, que llama a la empatía y no a la racionalidad puede empezar a ganar terreno en diferentes países con el respaldo de lo ocurrido con Trump.
La mayor parte practica el programa del deshacer. Y eso incluye a la propia Unión Europea, que se enfrenta a un destino complicado si siguen cogiendo fuerza los populistas de diverso signo empeñados en su destrucción. Con Trump debilitando la OTAN y los populistas locales debilitando la unión, Europa es la víctima perfecta.
Mientras los expertos se preguntan por qué han fallado las encuestas, las personas sensatas se preguntas qué esperan los votantes de Trump, incluso qué cree Trump que esperan sus votantes que haga.


El problema real no son las encuestas sino por qué tomamos las decisiones que tomamos. Si el sistema del profesor Lichtman se basa en tratar de establecer el descontento, habrá muchas más sorpresas en el futuro. Nunca ha habido tantos medios para influir en la opinión pública, para sembrar el descontento. 
Las tripas de Lichtman se han retorcido, como las de medio mundo, al ver a Trump camino de la Casa Blanca. No sabemos si sus tripas son tan fiables como su método histórico de las 13 preguntas. Habrá que esperar. 
Mientras tanto las manifestaciones anti Trump siguen por las ciudades norteamericanas. Nunca la elección de un presidente ha causado tanta desesperanza, mayor sensación de impotencia. Es la que se desprende del descubrimiento de que un candidato no necesita esconder sus defectos para poder ganar; que puede, por el contrario, exhibirlos sin pudor como grandes virtudes. La ignorancia, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, la misoginia... ya no son carencias que ocultar. Eso el lo más demoledor. 
En efecto, se revuelven las tripas.



* "Trump’s Hires Will Set Course of His Presidency" The New York Times 13/11/2016 http://www.nytimes.com/2016/11/13/us/politics/donald-trump-administration-appointments.html
** "‘Prediction professor’ who called Trump’s big win also made another forecast: Trump will be impeached" The Washington Post 11/11/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/11/11/prediction-professor-who-called-trumps-big-win-also-made-another-forecast-trump-will-be-impeached/ 



  

viernes, 13 de mayo de 2016

Trece preguntas o más allá de las encuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Intentar comprender el funcionamiento de los sistemas se ha hecho una necesidad imperiosa. A ello dedican tiempo, trabajo e inversión muchas personas tratando de establecer esas conexiones que se nos escapan, esos elementos vinculados por relaciones que no son visibles y que necesitan ser sacadas a la superficie. La bolsa, las elecciones, etc. constituyen sistemas complejos que evolucionan conforme a las variaciones que se producen en aquellos puntos sensibles. Cada cambio en alguno de ellos provoca el movimiento del sistema hacia un lado u otro. Acertar en la evolución de un sistema o situación se ha convertido en una necesidad para muchos.
En 2013 le dedicamos una entrada del blog a Nate Silver, el joven matemático que se había hecho famoso acertando con una enorme precisión en la elección de Obama (Nate Silver y el Gran Partido). Silver había acertado, uno por uno, los resultados en los diferentes estados de la Unión. Lo había clavado con un acierto inusual. Se había convertido, lógicamente, en una figura deseada por todos.
The Washington Post de ayer nos trae una historia de predicciones pero con un modelo muy distinto. El titular del periódico explica "This professor has predicted every presidential election since 1984. He’s still trying to figure out 2016":

Allan Lichtman says he can predict the outcome of any U.S. presidential election. He often does it months or even years ahead of time. Oh, and his predictions have been right in every presidential election since 1984.
But Lichtman, a distinguished professor of history at American University, doesn’t use polling, demographics or sophisticated analysis of swing states. He makes his predictions based on 13 true/false statements that he says indicate whether the incumbent party will retain the White House or lose it in a given election.
Lichtman and Russian scientist Volodia Keilis-Borok came up with the keys — a series of true/false statements — in the early 1980s. The idea is that if more than half of the keys are true, the incumbent party will stay in power, and if more than half are false, the challenging party will win the White House.*


A diferencia de Nate Silver, Lichtman no usa la herramientas —como se señala en el artículo— propias de los estadísticos, no se basa en el análisis de los datos procedentes de encuestas o similares. El profesor Lichtman no le pregunta nadie; más bien observa las condiciones sobre produce la elección y ha desarrollado ese sistema basado en las 13 preguntas con una simple respuesta de "verdadero" o "falso". Podríamos decir que si las respuestas son simples, un sí o un no, el secreto está en la elaboración de las preguntas.
Nunca se insistirá bastante en que el secreto de muchos campos es precisamente realizar las preguntas adecuadas. En realidad es lo que define a un investigador en cualquier campo. La pregunta es lo que ha que construir porque revela el conocimiento profundo o no de lo que se quiere saber. En realidad, la pregunta es la esencia que nos lleva al conocimiento a través de las respuestas que trae. Cualquier profesor sabe que la calidad de la comprensión de lo que ha explicado se aprecia en las preguntas. Hay preguntas que muestran falta de comprensión de lo dicho y otras, en cambio, que revelan que el alumno lo ha entendido perfectamente y ha dado ya el salto hacia la siguiente cuestión. Es así como funciona la dinámica del conocimiento; una respuesta sólida es el peldaño para seguir haciéndose preguntas.


El profesor Lichtman ha concretado en 13 las cuestiones que, respondidas de una manera o de otra —un sí o un no—, le permite ofrecer una respuesta sobre el resultado de una elección presidencial. Las preguntas —explicadas en su libro “Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016”— son las siguientes:
  1. Party Mandate: After the midterm elections, the incumbent party holds more seats in the U.S. House of Representatives than after the previous midterm elections.
  2. Contest: There is no serious contest for the incumbent party nomination.
  3. ncumbency: The incumbent party candidate is the sitting president.
  4. Third party: There is no significant third party or independent campaign.
  5. Short-term economy: The economy is not in recession during the election campaign.
  6. Long-term economy: Real per-capita economic growth during the term equals or exceeds mean growth during the previous two terms.
  7. Policy change: The incumbent administration effects major changes in national policy.
  8. Social unrest: There is no sustained social unrest during the term.
  9. Scandal: The incumbent administration is untainted by major scandal.
  10. Foreign/military failure: The incumbent administration suffers no major failure in foreign or military affairs.
  11. Foreign/military success: The incumbent administration achieves a major success in foreign or military affairs.
  12. Incumbent charisma: The incumbent party candidate is charismatic or a national hero.
  13. Challenger charisma: The challenging party candidate is not charismatic or a national hero.


Puede parecer extraño. Es una mezcla de preguntas de tipo muy diferente, que entremezcla victorias o fracasos militares, con el carisma, la heroicidad del candidato, el estado de la economía, la existencia de escándalos, etc. Parece una enumeración caótica borgiana y difícilmente pensaríamos que responder a ellas nos daría la clave del resultado de las elecciones.
Lo que hace Nate Silver es de naturaleza muy distinta, a él le interesan los resultados y la precisión del matemático. A Lichtman, en cambio, le interesa el estado social y el resultado final. Si Silver había sorprendido por lo ajustado de los resultados que había previsto a la realidad final, al historiador le interesa el resultado como conexión de una serie de movimientos internos de la Historia. Sus preguntas son sobre aspectos aspectos que se entremezclan en el cerebro, el corazón y el bolsillo.


Habrá que esperar a conocer las respuestas a las preguntas (no todas tienen una respuesta evidente, de ahí que se siga hasta el último momento esperando para dar la respuesta) para saber si el método funciona o no. Todo modelo funciona mientras funciona, se prueba su eficacia en cada nuevo uso.
El modelo de Lichtman es interesante porque siempre hay que probar caminos. Su fundamento es intentar conocer las variaciones del sistema —una elección presidencial es una evolución del sistema hacia un estado u otro— a través del procesamiento de una información distinta a los modelos estadísticos que usan Nate Silver y sus compañeros matemáticos. El modelo de Lichtman se basa en determinar el estado del sistema en sí, pensando en el deseo de cambio, no en los candidatos y sus campañas sino en los que van a decidir, su deseo de cambio o de continuidad. Señala Lichtman:

So we reconceptualized presidential elections, not as Carter vs. Reagan, Republicans vs. Democrats, liberals vs. conservatives, but as “party holding the White House” vs. the challenging party. Now, in earthquake prediction, they predict by looking at factors in the physical environment associated with stability and upheaval. So we chose to look at factors in the political environment associated with stability — the party holding the White House stays in power — and earthquakes — the party holding the White House is thrown out.
And I had a theory behind this. This did come from my studying of presidential elections. And my theory was that the pundits and the scholars are all wrong about predicting presidential elections. That the real key is not the candidates, or the issues, or the debates, or the ads, but rather the performance of the party holding the White House — that essentially, American voters are ultimately pragmatic. And if the party holding the White House did a good job, they’d give them four more years. If not, they’d toss them out.
Now, that’s just a story, not yet a model. But we created a model using that theory, by looking at the political environment in every American presidential election from 1860 — the horse and buggy days, when Abraham Lincoln ran against Stephen Douglas — to 1980, the modern era of television, polls and jet planes, when Ronald Reagan ran against Jimmy Carter. And we came up with a model which involved 13 keys — 13 key factors. These are simply true-or-false statements that can be answered prior to an upcoming election. They test the political environment, and they’re primarily based upon the performance and the strength of the party holding the White House.
And we came up with a decision rule, a very simple one: If six or more of the 13 keys went against the party in power, that is, the answers to the questions were false, the party in power lost. If fewer than six keys were false, the party in power won. And that held, retrospectively, for every election over 120 years.*


El núcleo de la teoría es sencillo: la gente no quiere cambiar si le va bien. Este el pragmatismo de los electores del que habla Lichtman. Pero "ir bien" es un concepto relativo que depende de la percepción de "ir bien" o no. Esto complica la cuestión en algunos aspectos importantes porque pone el énfasis en si se puede actuar sobre las preguntas para modificar las respuestas.
Nuestra curiosidad sobre lo que pueda ocurrir no es infantil. Está condicionada por nuestro deseo de manipularlo y controlarlo en nuestro favor. Los millones y millones que se invierten en predicciones no son un gasto inocente: buscan saber cómo conseguir lo que se desea. Nuestra idea del futuro no es la de un destino inalterable sino la proyección de un presente manipulable. Si efectivamente las respuestas a esas preguntas funcionan como indicadores, el siguiente paso es cómo conseguir cambiar las actitudes en aquello que se pueda cambiar. Escándalos, disturbios sociales o la percepción carismática o heroica del candidato es manipulables, frente a otras más abiertas o globales, de difícil control.
Pero también esas preguntas pueden percibirse a través de una variable: los medios de comunicación. Estos pasan a tener un valor importante puesto que son los que crean la figura de los candidatos, apoyando o erosionando. Los escándalos, por ejemplo, pueden estar en la recámara para dispararse en el momento adecuado. En todo lo que pueda actuarse —si se toma como válido el modelo del profesor Allan Lichtman— se actuará, sin duda.


A los críticos del sistema les sorprende que las 13 preguntas tengan el mismo "valor", que sea lo mismo decir "sí" a una u otra. Esto choca con su sentido de una realidad ponderada. Sin embargo, no sabemos muy bien si la ponderación es un efecto causado por la propia pregunta, que obliga a las personas a jerarquizas las respuestas. Lichtman señala:

I don’t use any polls. The conventional predictors use polls and other factors like the economy. The problem with conventional predictions, based on conventional statistical methodology, is that you’ve got to multiply presidential approval, say, or growth in the economy, by some multiplier. Now, that multiplier works great for past elections, when you know what the answers are, but the multiplier unpredictably changes for a future election. We don’t do that at all. We have 13 factors; they all count equally. We have no multipliers that have to change from election to election.
Now, I’ve heard people say to me: “You’re weighting these equally? How can you weight equally the economy during the Great Depression, which only counts for two keys?”
And this is the secret to the system. It’s called trigger effects. Without having to weight any of the keys, if one or two keys are important enough, they’ll trigger other keys.*


Es la respuesta de un historiador, no de un economista o de un estadístico. El problema de los otros analistas no es, desde luego, el de Lichtman. Su única cuestión es que cuando obtiene un número de preguntas, negativas o positivas, el resultado coincide con la realidad, se ajusta al presidente electo. No tiene otro problema. Intentará dar explicaciones —de ahí su libro— sobre las conexiones del sistema y cómo hay elementos más sensibles que otros y producen ese efecto de "gatillo" sobre otros.
Poder describir un suceso no significa explicar ese suceso, algo que implica un conocimiento mayor. Lo importante del método de Lichtman es que ha conseguido aislar una serie de factores que reflejan unas conexiones en la elección del presidente norteamericano. Cada pregunta es una concentración de cuestiones en racimo, por lo que ese simple "verdadero o falso" esconde la complejidad real.


¿Es extrapolable a otros países, es decir, es general? Pues probablemente no. El primero de los aspectos cruciales es la "teoría" señalada: el pragmatismo del electorado, es decir, su capacidad de votar según le convenga sin un compromiso previo. Por ejemplo, muchos republicanos ya están diciendo que no votarán a Trump, algo que entraría en esos elementos perceptivos respecto al candidato.
Pienso en los votantes españoles. ¿Son pragmáticos, en el sentido dado al término? probablemente más de lo que piensan algunos y menos de lo que algunos quisieran. Los cambios de las últimas elecciones no han servido para clarificar el panorama en la forma esperada, sino que lo han vuelto más confuso. ¿Volverán los votantes pragmáticamente a reforzar el bipartidismo (no necesariamente con los mismos partidos) o se atomizará más el mapa? ¿Escándalos? No sé si caben ya en la mente de los electores más escándalos. ¿Economía? Después de la crisis... ¿El carisma? Mejor no hablar...
Y así podríamos ir viendo que esos factores son más americanos de lo que pensábamos. La cuestión es encontrar los nuestros, los que rigen nuestro sistema, los puntos sensibles, aquellos cuyas variaciones son determinantes. Que el método funcione no significa que Allan Lichtman pueda explicarlo o que lo que diga convenza a todos. Pero mientras siga acertando habrá que preguntarse por qué.




* "This professor has predicted every presidential election since 1984. He’s still trying to figure out 2016. " The Washington Post 12/05/2016 https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/05/12/this-professor-has-predicted-every-presidential-election-since-1984-hes-still-trying-to-figure-out-2016/?hpid=hp_special-topic-chain_fix-professor-2pm%3Ahomepage%2Fstory