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viernes, 25 de septiembre de 2026

Crisis de la Universidad

 Joaquín Mª Aguirre

Se podía haber usado otro término para el titular, como "señala", "indica", "proclama", etc. pero se ha utilizado "defiende" para referirse al discurso del Rey de España en la apertura oficial del curso universitario.

Que haya que "defender" la universidad y su papel es un indicador más de una crisis socio-cultural donde no se busca el crecimiento de la persona —una perspectiva humanística—, sino un utilitarismo que solo percibe la educación como formación práctica para el empleo, que reduce las aspiraciones de la persona al sueldo y su validez en función de la oferta y la demanda.

La oferta es muy pobre. De vez en cuando desde los medios se nos dice que se quedan ofertas sin cubrir, incluso hace unos días se especulaba sobre la "falta de compromiso laboral" de esta nueva generación. No se entra en el análisis el por qué, claro. Cuando busco qué se entiende por compromiso laboral me dicen los teóricos de este campo: "Un empleado comprometido es aquel que está satisfecho con sus condiciones de trabajo y que encuentra sentido a sus tareas. Por lo tanto, está naturalmente más inclinado a permanecer fiel a la empresa e incluso a recomendarla." ¿Están de broma?

Aquí hemos tratado en diversas ocasiones la idea de "sobre educación", aplicada a los que estudian "más de la cuenta", es decir, se empeñan en seguir formándose con la ilusión de tener mejores empleos, aunque se muevan en una misma franja, durante años. Para estos, se considera que se han educado en balde, una pérdida de dinero y tiempo. No se contempla lo que pueda ser una vocación (eso se reserva a los "emprendedores") o el mero deseo de saber.

En este contexto —tras el demoledor Informe PISA— tiene lógica que se use el término "defensa" para referirse a la universidad tras el discurso real de este año: 

El rey Felipe VI ha defendido este jueves la importancia de la universidad en estos tiempos, como un espacio donde aprender a "convivir con la discrepancia" y "a ejercer una ciudadanía libre y responsable". Lo ha dicho durante la inauguración oficial del comienzo del curso en las universidades españolas este jueves en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT).

"Las preguntas de nuestro tiempo son de una complejidad tal que necesitan ingenieros y filósofos, científicos y juristas. Necesitan, en definitiva, universidad: un espacio donde se amplíen las fronteras del saber y donde se aprenda a convivir con la discrepancia y a ejercer una ciudadanía libre y responsable. Porque la universidad no solo forma profesionales. Forma ciudadanos", ha afirmado en su discurso.* 

La proclama de las necesidades sociales, propia del acto, debería asumirse por la propia universidad, algo que no tengo realmente claro. Las fórmulas como la "ampliación del saber" tienen sentido si el "saber" le importa a alguien más allá de los que viven de ello. Y esa es la cuestión: a quién le importa si se desechan las motivaciones personales y sociales, si el mundo se ha vuelto de mera supervivencia.

Son muchos los problemas que acucian a la universidades en todo los ámbitos. Pero es a ella mismo la que se tiene que convencer de su propio papel, sentido que se ha perdido y queda reducido a la retórica habitual o a las buenas intenciones.

Lo que el discurso real pide es que aprendamos a debatir y menos a discutir o pelearnos, como ocurre en nuestros hemiciclos y foros públicos. Frente a la polarización partidista, el debate mesurado, ajustado a razón y con el ánimo de avanzar todos. Sí, está muy bien, pero la universidad española acumula una serie de efectos perversos, absorbidos de la sociedad que nos rodea, algo que lo infecta todo.

La amenaza el burocratismo más abyecto y una serie de juegos internos que hacen que unos prosperen y otros menos. Poco tiene esto que ver con esa universidad que busca la verdad mesuradamente. Supongo (y deseo) que esto varíe según los campos, pero mucho me temo que en mayor o menor medida, se repiten ciertas fórmulas.

Lo más grave es el aislamiento, el cierre sobre sí misma precisamente cuando la sociedad se vacía de cultura a pasos agigantados. Especialmente en los campos de Humanidades y Ciencias Sociales es una necesidad imperiosa la transferencia de conocimiento, el contacto, la divulgación, pero esto ha sido castigado por el propio sistema, poco generoso con la sociedad. La divulgación, por ejemplo, ha sido penalizada, desprestigiada durante mucho tiempo.

El cierre sobre sí misma y el burocratismo ha permitido, además, toda una serie de corruptelas, de favoritismos, al ampliarse al mundo de la edición selectiva y jerarquizada. Son negocios que muchos conocen y que exigen recorrer determinados caminos hacia el reconocimiento oficial. El resultado es una pobreza enorme, la repetición de lo ya sabido, el uso de las mismas fórmulas, actuar con vistas a los posibles ingresos de proyectos, etc.

"Ampliar las fronteras del saber" es una fórmula retórica cuando lo que quieres es controlar esas fronteras porque se obtienen favores, se crean grupos controlados y te permiten tener tus piezas controladas en el tablero.

Hace falta recuperar el sentido de libertad e independencia universitaria —personal e institucional—, algo imposible con los actuales controles que establecen lo que se puede o no hacer, en otras palabras, lo que "puntúa" y "lo que no puntúa", que es el móvil al que se ha llevado a la mayoría, el (mal) ejemplo dado a los que se van incorporando. Pronto se aprende lo que te permite prosperar, la sombras más eficaces para poder arrimarse al árbol. Se desestima el ir por libre (siempre peligroso, mal ejemplo).

Es de agradecer un discurso que reivindica una mejor universidad, pero es necesario enfrentarse a sus problemas no declarados, los que van desde la silla en el aula a sus órganos más elevados. Pero esta universidad nos obliga a sobrevivir, a competir entre nosotros por migajas, a recaudar fondos y a formar parte de grupos que nos garanticen seguridad dentro de una inestabilidad durante muchos años.

La Universidad es esencial para la sociedad, para la cultura y el conocimiento. Pero para ello, ella misma debe creer y practicar esos principios que no siempre se practican. Entre burocracias y luchas de poder, la vida del universitario es compleja y es difícil resistirse a estos condicionamientos.

La pérdida de alumnado, las competencias con las privadas, los intereses políticos entremezclados (dónde no están presentes), la pérdida de iniciativas, los discursos sobre el "exceso" educación como contrario al empleo, el hundimiento cultural ante la trivialidad masiva, etc. son factores de muy diverso tipo pero con su peso en el desarrollo de la Universidad.

Ponernos como "ejemplo" ante el caos, la agresividad y la inoperancia políticas puede parecer positivo, pero hay que verlo en cada término. Me temo que nos han influido más desde fuera que lo que nosotros podamos influirles a ellos.

La Universidad necesita algo más que palabras, mucha reflexión, menos intereses y un compromiso social más intenso. Necesita personas que crean en ella.

 

* "El rey defiende la importancia de la universidad como espacio donde aprender a "convivir con la discrepancia"" RTVE.es 24/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260924/rey-curso-academico-universidades-cartagena/17237928.shtml

jueves, 19 de marzo de 2026

Neocolonialismo trasnochado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La política española empieza a ser insufrible, un constante despropósito, un enfrentamiento constante donde ya no saben ni pueden contenerse, introducir un poco de orden, tranquilidad, calma o como lo quieran llamar. Decimos esto conscientes de que estamos rodeados de una guerra que se extiende cada día, sobre la que también se discute porque no hay nada que no esté bajo el prisma de la controversia y el enfrentamiento. La política es conflicto y no construcción.

Y de esto no se libra nadie. Las palabras de Isabel Díaz Ayuso sobre lo dicho por el Rey sobre México es otro despropósito. ¿Hay "conquista" en la que las cosas se pidan "por favor"? El discurso de Díaz Ayuso es rancio, una forma absurda de populismo cabreante, a la brava, trasnochado, un intento de congraciarse con determinadas corrientes que no solo falsean la realidad, sino que nos crean más problemas de los que ya tenemos fuera.

En RTVE.es se recogen sus comentarios a la intervención del Rey, que es tratada como un "insulto" a nuestro "pasado glorioso":

"Lejos de pedir perdón, estamos inmensamente orgullosos del legado de España en México y viceversa". Así de rotunda se ha expresado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la rueda de prensa posterior a su consejo de Gobierno.

La popular ha dejado clara su postura, después de que el rey Felipe VI asegurara durante una visita a una exposición sobre el papel de la mujer en el México indígena que los conquistadores españoles cometieron "mucho abuso". El monarca añadió que" hay cosas que, cuando los estudiamos, en nuestro criterio, con nuestros valores de hoy en día, obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos".

Para Isabel Díaz Ayuso, sin embargo, esto es una polémica "que ya buscaban los comunistas en España y dos últimos gobiernos populistas en México": "Querían buscar en el pasado alguna excusilla para no tomar las riendas del presente ni del futuro", ha dicho Isabel Díaz Ayuso. Porque en opinión de la presidenta madrileña, "los gobiernos que no toman responsabilidades actuales son los que están siempre con el retrovisor: guerras civiles, revoluciones del pasado… Lo mismo de siempre".*


Una vez más, un intento de poner en pie al personal, esta vez contra el Rey y contra México. Según la presidenta madrileña, los países invadidos deben dar las gracias porque así se les civiliza, se les hace entrar en un mundo cultivado y se les saca de la barbarie y el salvajismo. Es tal el despropósito y tal la incultura, la creación de un falso nacionalismo, que es irritante ver cómo se juega con fuego, porque esto tiene consecuencias en una sociedad cada vez más inculta y más manipulable.

¿Esta es la forma de quitarle votos a Vox? ¿Se trata de radicalizarse para que te vengan los radicales? Díaz Ayuso juega por libre y eso tiene un coste político: la radicalización de los discursos crece y se va virando hacia los extremos con consecuencias de cara a una inmigración que puede verse recriminada no solo por lo que se diga en México sino por lo que se dice aquí al crispar la situación.

Hay toda una serie de discursos heredados sobre la construcción de eso que hemos llamado "hispanidad", que no se celebran en la mitad de los sitios porque asume nuestra forma de ver la conquista y las colonias que, obviamente, no es compartida por los invadidos. También los franceses en las guerras napoleónicas venían a hacernos un "favor" y sacarnos de nuestra barbarie hispánica. Evidentemente no es así como lo valoramos por motivos obvios, pese a los muchos "afrancesados" que lo veían con buenos ojos.

Todo ese mundo del orgullo colonial no sobrevive a su propia historia, especialmente si el colonizado no lo ve así, lo que suele ocurrir con frecuencia.


Isabel Díaz Ayuso hace mal en abrir un pastel que el Rey ha tratado de ajustar a los nuevos tiempos y mentalidades, que no son desde luego los de la presidenta madrileña y probablemente tampoco sean los de muchos madrileños y españoles.

¿Por qué jugar a esto? Porque la polémica se ha convertido en la forma de ganar notoriedad. El problema es que estas polémicas se trasladan a las personas como discusión permanente. Esto no es algo de la presidenta solo; esto es algo que se usa para que la presidenta adquiera un protagonismo bélico que sus asesores alimentan porque cree que les trae votos y micrófonos. No hay más.

Se crea un conflicto con otro país y se aprovecha para insultarle mediante otras insinuaciones, Ya tienen en México bastantes problemas, ya los tenemos en España, como para estar pendientes de lo que dice o deja de decir la presidenta madrileña. 

 

* Noemí San Juan "Ayuso se desmarca de las palabras del rey y cree que España llevó al Nuevo Mundo una "forma civilizada de ver la vida"" RTVE.es 18/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260318/ayuso-se-desmarca-palabras-del-rey-cree-espana-llevo-nuevo-mundo-forma-civilizada-ver-vida/16985976.shtml 

viernes, 26 de diciembre de 2025

El Rey, de pie ¿dónde está la noticia?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Debe ser triste que hagas un discurso a la nación y se destaque que por primera vez lo haces de pie, comenten si es adecuada tu forma de mover las manos o si necesitas asistir a alguna clase para evitar un tono monótono. Es lo que se llama la "opinión de un experto" y es lo que escuché está mañana en un canal televisivo.

Lo del discurso de pie se repitió ayer como una especie de mantra comunicativo por parte de unos y otros. Quizá sea un signo más del problema, un signo de la vaciedad de los tiempos, una variante más del problema comunicacional o de la comunicación como problema.

En RTVE.es, entre varios textos dedicados al discurso, podemos leer con el título "De pie, de nuevo desde el Palacio Real y más breve: las claves del discurso de Navidad del rey Felipe VI" lo siguiente en el inicio del texto:

El rey Felipe VI ha ofrecido por primera vez su tradicional mensaje de Navidad de pie, sin sentarse en ningún momento, y, en un gesto de cercanía, pero sin perder la solemnidad. El monarca ha acercado a los españoles al lugar donde hace 40 años se firmó la adhesión de España a las Comunidades Europeas, el Salón de Columnas del Palacio Real, en un año histórico por el 50 aniversario de la restauración de la monarquía, el "inicio de nuestra tradición democrática", en palabras del propio don Felipe.

A pie de calle, desde el exterior al interior del Palacio Real, por tercera vez escenario de este discurso —en 2015 lo hizo desde el Salón del Trono—, este ha sido el mensaje navideño con más dinamismo desde que el rey Juan Carlos ofreció el primer discurso de Navidad en 1975. Estas son algunas claves del entorno, la decoración y los gestos del monarca:

Por primera vez de pie, un gesto inédito

Sin duda, lo más destacado de este mensaje es que el rey Felipe VI permanece de pie durante todo el tiempo, un gesto inédito en esta tradición, al que solo se había aproximado en una ocasión su padre, el rey Juan Carlos, que lo hizo ligeramente apoyado sobre una mesa de su despacho.*

 No sé si este tipo de cosas pueden llamarse "claves" en un discurso de este tipo. ¿De verdad lo son? ¿O son solo un subterfugio para evitar el análisis y dejarles a otros el meollo?

Este análisis, por llamarlo de alguna manera, es el modo de elevar la vaciedad comunicativa al altar de la insignificancia. Deja abiertos los titulares para el próximo discurso: a) "Segundo año de pie" o b) "El rey vuelve a sentarse". Quizá cambie de lugar, lo introducirá toda una serie de interpretaciones de estos expertos que nos dejarán pensativos hasta las uvas de noche vieja.

¿De verdad aporta algo esta interpretación escénica o no es más que una proyección de las tonterías que se dicen en los cursillos que algunos montan sobre comunicación y las claves? Estos que recomiendan que el Rey Felipe vaya a clase para mejorar sus movimientos de manos o salir de la monotonía de la voz ¿le harán descuento cuando se recurra a ellos como expertos en la materia?



Al problema de nuestros políticos debemos añadir el de los medios en los que conviven noticias sobre Gaza o Ucrania con otros titulares sobre algo que difícilmente se pueden llamar "noticias", trivialidades amplificadas, envueltas en palabras e imágenes con purpurina.

Si ayer decíamos que el Rey tiraba de las orejas a los políticos, hoy lo hacemos a los propios medios que buscan atraer la atención sobre lo irrelevante y la pretensión de que es ahí donde residen las "claves" de lo dicho.

Nos vemos inmersos en un universo donde las cosas entran por los ojos más que por los oídos y muchas veces no pasan de ahí. Podemos teorizar sobre ello, pero la triste realidad es que no estamos mejor informados en este exceso mediático que nos rodea simplificándolo todo. El principio de que lo simple atrae, frente a lo complejo que aleja nos está dando unos medios cada vez menos preocupados por lo esencial y que nos sumergen en lo trivial, eso sí, con aires de profundidad.

Ayer junto, a otros análisis, lo que todos comentaban es que el rey estaba de pie, los detalles de la sala y otras cosas altamente significativas para el futuro preocupante de la nación. Es decir, "las claves". 

La abundancia de artículos destacando que el Rey estaba de pie libera de hacer muchas consideraciones. Es el dedo que señala la luna..., ya saben.

 

* Silvia Quílez Iglesias "De pie, de nuevo desde el Palacio Real y más breve: las claves del discurso de Navidad del rey Felipe VI" RTVE.es 24/12/2025   https://www.rtve.es/noticias/20251224/rey-felipe-vi-discurso-navidad-2025-detalles/16872899.shtml

jueves, 25 de diciembre de 2025

Tirones de orejas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El discurso real de Nochebuena ha tirado de las orejas a los políticos. No podía ser de otra manera, dadas sus actuaciones. Creo que ha recogido el sentir general, lo que piensa mucha gente, y los peligros que esto conlleva. Los lectores de este blog entenderán que le dé la razón porque causas y parches han sido expresados aquí de forma continuada coincidiendo en muchos diagnósticos.

La política mundial se está enrareciendo mucho y no debemos dejarnos arrastrar. La propaganda interna trata de minimizar los problemas contraponiendo a la realidad unos datos sesgados y eslóganes consoladores, como en de que "la economía crece", cuando solo crece la diferencia entre los más ricos y los más pobres; crecen las enfermedades mentales fruto de la tensión que se vive por la inseguridad laboral, la cuestión de la vivienda, etc.

El poder es ya cuestión ocupacional —llegar a él, estar ahí—y los partidos hacen agua por la corrupción, el acoso sexual y demás vicios que vemos ya como una normalidad paralela. No se solucionan los problemas, solo se espera a que surja el siguiente en el contrario en un equilibrio indecoroso y suicidad para el sistema en su conjunto.

El Rey Felipe VI lo ha dicho con palabras más bonitas, pero se ha apuntado hacia lo mismo. El mensaje navideño se hace al conjunto de los ciudadanos, pero las tintas se cargan con los responsables últimos de la situación que vivimos.

Aunque haya cambios en los partidos, unos y otros se ven arrastrados a esa inútil lucha para conseguir el poder. Los que ascienden son los que mejor insultan, lo hacen con más gracia y convencimiento. Los políticos dedica su tiempo a contarnos lo malo que son los otros, cuando lo que necesitan los ciudadanos son soluciones a sus problemas, creados desde ese otro poder en la sombra que les sostiene, el de la especulación, el del  beneficio brutal, el del control de los medios, dedicados a fomentar un turismo especulativo y consumista que hace que los ciudadanos tengan que abandonar sus casas porque son requeridas para funciones más lucrativas.

Esto es lo que el ciudadano percibe y lo que se nos muestra por encima de los mensajes partidistas y los titulares encubridores. Los peligros —lo llevamos diciendo mucho tiempo— son la radicalización de algunos con el juego de la polarización, el distanciamiento cada vez mayor de un creciente número de ciudadanos ante la inoperancia política de unos y otros. La combinación de radicalización y ausencia es muy mala en nuestro país y no hace falta ir muy lejos para comprenderlo.

La Vanguardia

Como nos muestran los procesos judiciales en marcha, el estado es un pastel que se van consumiendo ante la falta de escrúpulos de aquellos que lo asaltan ocupando los lugares más elevados de ministerios e instituciones públicas. Han generado, además, un empresariado que participa del juego de la corrupción para blanqueos o adquisiciones fraudulentas que se alimenta con "mordidas", sobornos y otras modalidades. Ya no son solo pequeñas empresas las beneficiadas de la corrupción, sino que parece que son cada vez más poderosas las que se adentran en este juego. Evidentemente no se puede generalizar, pero tampoco ignorar o trivializar.

Suicidas son también los enfrentamientos abiertos entre poderes, especialmente entre los legislativos y los judiciales, con descalificaciones, ya que este sistema solo admite el conmigo o contra mí. Es una especie de batalla en la que se dice aceptar pero no reconocer. Lo que se busca obviamente es descalificar a los que tienen la obligación de frenar desmanes. Sembrar dudas sobre el poder judicial es otro movimiento suicida que anima a saltarse las leyes.

RTVE

Y el mundo no está para permitirse esto. La crisis española tiene sus propias características, pero hoy nadie vive aislado y otros aprovechan nuestras debilidades en cuanto que tienen ocasión. Que seamos débiles dentro de una Unión Europea que se busca dividir desde los frentes estadounidenses y ruso no es una situación provechosa. Los poderes en la sombra y los políticos tienen mucho interés en una España turística en detrimento de otras posibilidades beneficiosas para nuestro desarrollo, pero el turismo está unido a la especulación inmobiliaria, las inversiones de capital extranjero para deshacerse de los habitantes de ciudades y pueblos. El turismo fue la respuesta de una España apenas sin recursos, pero el modelo hoy tiene muchas limitaciones y plantea problemas como los señalados junto a otros muchos. Los problemas de urbanización que se han planteado con la dana valenciana y otros posteriores evidencian que se priorizan otros beneficios antes que la seguridad de los ciudadanos. Confinar restringe el consumo y los españoles somos lanzados al gasto para evitar la caída de sectores del ocio, la gastronomía, etc. que es de los que dependemos. A la vergüenza de los muertos por los desastres naturales hay que añadir otro escándalo, el de las muertes de mayores en las residencias, otro sector al alza por el envejecimiento de la población, un país cada vez con menos niños. Algunos llevan avisando sobre cómo va a afectar a las pensiones del futuro. La llegada de trabajadores de fuera, que la industria y el campo necesitan genera en algunos sectores populistas un aumento del racismo que tendrá consecuencias también en la convivencia.

Son muchos los problemas que se nos acumulan. Muchos de ellos forman ya parte de la política de conflictos española. No se solucionan, se usan como arma arrojadiza en la mayoría de los casos.

Necesitamos encarar nuestros problemas, entender que son sistémicos, interconectados, que no valen soluciones parciales o, peor, ignorarlos o responsabilizar al otro. Son problemas de todos; son problemas de hoy y para mañana.

El País

Ayer hemos comentado aquí el informe pesimista del CIS sobre la percepción del futuro por parte de los españoles. No se piensa ya en que haya soluciones y menos en que esos problemas den como resultado la unión de todos para solucionarlos. Decíamos entonces que era una proyección de este presente problemático hacia un futuro negativo. Sin proyecto común, difícilmente se puede pensar en un futuro positivo.

Los que han criticado la idea de proyecto común son precisamente los que sacan provecho de su propia marginación interesada. Viven de la división y la crítica a los común, ya sea des una perspectiva de clase o de pueblo. Ellos siempre estarán enfrente; viven de los problemas, que son su razón de ser.

No sé si el mensaje real servirá de mucho, pero hay que intentarlo. Lo contrario es arrojar las democracias en manos de gobiernos autoritarios, demagógicos o de nuevas formas dictatoriales, como estamos viendo en otras partes del mundo. La estrategia de algunos es responsabilizar a la democracia identificándola con los políticos. No es más que una estrategia. Otros usan la estrategia del miedo haciendo ver que son la única solución. Igualmente no es más que una estrategia de supervivencia ante sus errores y desidia.

Hay que romper la dinámica del enfrentamiento y promover la de la construcción conjunta, la responsabilidad de todos, la aportación del esfuerzo común. Hay que enfrentarse a los problemas y que todos aporten soluciones para poder elegir la más adecuada. Lo demás es lo que vemos y no sirve de mucho.

viernes, 20 de junio de 2014

La generación

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me ha parecido bien el énfasis puesto durante el discurso del Rey Felipe VI en el aspecto "generacional". En distintos momentos se ha insistido a través de la idea de una generación que espera respuestas y para la que hay que buscar soluciones.
Es importante porque creo que ahora mismo están conviviendo en España dos generaciones entre las que se ha abierto una brecha amplia. Los jóvenes que vivieron la transición —libertad sin ira, libertad, cantaba Jarcha— pudieron poner su empeño en proyectos importantes: la salida democrática de una dictadura y la entrada en una Europa de la que estábamos fuera de muchas formas y desde hacía demasiado tiempo. Con ambos logros, España consiguió dar un salto muy importante en su desarrollo económico y en su estabilidad social, consiguiendo un amplio consenso para su Constitución, que era la forma en que se plasmaba el compromiso de cambio real que siguió a la dictadura surgida tras la Guerra Civil. Eso está ahí y el mundo lo reconoció, sirviendo de ejemplo y modelo para superar conflictos y situaciones difíciles.

Sin embargo, la misma generación que realizó esos logros se paró en ellos. Y hace más de una década que los problemas que se le plantean a España se acumulan por la falta de ideas de una sociedad conformista que ha creado un colapso generacional. Desde ese tiempo los problemas que padecemos se nos pudren entre las manos ante la sordera de una clase política acomodaticia que mantiene cargos en una administración multiplicada para acogerlos distanciándose de la realidad social que ha ido creciendo desigualmente. De todos los ejemplos que podrían ponerse basta con dos problemas reales y dramáticos: el paro y la "cuestión soberanista" o "el derecho a decidir", eufemismos de avestruz de unos y otros para evitar llamar a las cosas por su nombre.
Con la misma persistencia con que España se precipitaba en una crisis económica sin precedentes, esta se negaba durante años, ignorando sus orígenes y agravando sus efectos. Las burbujas se acumulaban ante la indiferencia de los que estaban advertidos desde todos los foros internacionales. De forma similar, hoy se niega la importancia del segundo caso, el secesionista, que puede llevarnos a una crisis sin precedentes en muy poco tiempo. Ambos son problemas que nuestros dirigentes no han sabido abordar y que han creado un doble estado de apatía e indignación. Ambos sentimientos son compatibles convirtiéndonos en una sociedad bipolar.


Es importante la insistencia en el concepto de "generación" porque la que nos dirige no es consciente —más allá de la retórica— del sacrificio en masa que supone la pérdida de ilusiones de una generación entera que ha dejado de ver a su propio país como un escenario de oportunidades y lo percibe como un gueto del que no hay más salida que la emigración o la explotación. En esta larga crisis, son los más perjudicados ante la ineficacia de una gran parte de la clase política y la indecencia de otros. Y los que quieran salvarse de la quema que pongan sus hechos sobre la mesa.
La nueva generación se ha distanciado de los "gobernantes" porque entiende, con razón, no se han ocupado de ellos como debía. Esos mensajes insultantes incitando a la "movilidad" —eufemismo para la emigración— por parte de los que defienden con uñas y dientes, desde el más absoluto inmovilismo, sus puestos durante décadas, no han sido los más adecuados. La España del "paro juvenil" —con una juventud estirada casi a los cuarenta años— por encima del 50% es difícil que suscite entusiasmo más allá del deporte y de la venta de camisetas.


La generación destinada a acabar con la "España de pandereta" ha usado de ella cuando se le acabaron las ideas. Esta vez han sido "panderetas" modernizadas pero que no ocultaban su dependencia del turismo como motor del país mientras se iban perdiendo las aspiraciones a la industrialización del país, dejando languidecer la Ciencia y la Industria, con quejas y denuncias constantes e ignoradas. La España de los "eventos" antes que la de los "inventos"; "que invente ellos", de nuevo.
No se puede pedir mucha alegría a una generación que ha sido parasitada por la anterior que ha hecho valer sus galones para instalarse en un poder que los ciudadanos han dejado de sentir como propio. El desafecto del que tanto se habla no es más que eso, la falta de identificación con los grupos políticos y con la política en sí, que se ve como una herramienta oportunista de enriquecimiento. Por más que la clase política se defienda de estas acusaciones, estas llegan porque se ha sido incapaz de resolver los problemas principales en esta crisis mal repartida.


Las mismas instituciones se han dejado languidecer aquejadas del mismo mal: el abandono. Un país son sus instituciones y si estas funcionan —y los ciudadanos lo perciben así— es posible la identificación y los sacrificios cuando son necesarios. Pero si los ciudadanos no lo perciben de esta forma, se convierten en elementos decorativos o, incluso, negativos ante sus ojos.
Nos tienen debatiendo asuntos partidistas menores cuando deberían estar dando ejemplo institucional, manteniendo limpias las instituciones que se manchan con la indignidad de algunos. El resultado es la pérdida de apoyos de unos y el crecimiento de los dinamiteros sociales o nacionales. Cuando no somos capaces de ofrecer respuestas, se buscan en otra parte. Y no son siempre los mejores caminos.

Creo que la generación actual tiene derecho a recibir algo más que las palabras que se le dedican. Tiene derecho a recibir una propuesta de país con esperanza, con un futuro más allá de la pandereta modernizada; un futuro de país grande, culto y de referencia internacional, algo más que un destino turístico con muchas estrellas Michelin. Tiene derecho a un país con una justicia más rápida e independiente que mande a donde debe a los que abusan, corrompen o roban. Tiene derecho a una educación que sea un compromiso con un futuro sin tener que abandonar los más brillantes el país por la falta de oportunidades. Tienen derecho a no ser embrutecidos por avalanchas de concursos y chabacanerías y a recibir una cultura real que produzca más cultura y no solo dinero. Tiene derecho a que la administración eficaz esté a su servicio y no que crezca para colocar a afiliados y simpatizantes. Tiene derecho a que la política no se convierta en un espectáculo bochornoso que reclama su atención permanente, que le mantiene en estado de irritación, en constante apelación a la beligerancia y le da muy poco ejemplo de convivencia o de preocupación por el interés general. Tiene derecho, en fin, a poder tener un país con el que pueda identificarse sin rubores, racional, histórica y emocionalmente, en el que sienta obligado moralmente a participar porque este le da oportunidades de hacerlo y deseos de contribuir al conjunto.

Todas estas cosas se han ido olvidando estos años, tapándolas con cegueras y con discursos de humo. No sé si el nuevo reinado será capaz de impulsar estos cambios a través de la vía ejemplar e inspiradora. Me gustaría que así fuera por el beneficio de todos, que sirviera como un revulsivo. No se trata solo de que quepamos todos, sino de hacerlo sin apreturas y minimizando los conflictos porque convivir nos sea grato. Eso es la base de la política con mayúsculas en los estados modernos y estables que debemos aspirar a ser: mejores ciudadanos en un país mejor. Puede que no exista un estado ideal sin conflictos, pero el progreso es encontrar las formas civilizadas de solucionarlos: las mejores soluciones por las vías más tranquilas.
Como muchos españoles, me gustaría que los cambios fueran más allá de las palabras y se trasladaran a la realidad para que esta generación olvidada y vapuleada sea integrada en las condiciones que merece y las que tiene derecho, que solo se producirán con un cambio de mayor calado en las actitudes de muchos, con un compromiso general. Nuestros problemas no son sencillos, pero es esencial abordarlos de forma firme y clara, salir del impasse en el que nos encontramos demasiado tiempo ya, que nos desgasta, angustia e irrita.
Nuestra crisis no es solo económica, sino de modelo de crecimiento; es decir, involucra nuestro futuro y nuestras posibilidades de hacerlo real. La nueva generación requiere otro modelo, una modernidad mayor que abra nuevas oportunidades haciendo avanzar el país hacia posiciones que hemos ido perdiendo. A ellos corresponde hacernos avanzar porque son el futuro, algo que ha quedado truncado por una cifras infames de paro y unos empleos precarios y mal pagados, una generación de "becarios".
Durante años se utilizó la expresión "la generación del rey" para representar esa unión que existió entonces para salir adelante entre los políticos de todo tipo y la Corona. Se representaba en ella el diálogo y la voluntad de cambio y concordia que nos sacó del pasado para seguir adelante. Hoy hay un nuevo Rey y una nueva generación que reclama un protagonismo que debería haber tenido antes. Se inicia un reinado complicado por la situación que se hereda y por el estado anímico de esa generación. En la batalla por el "cabemos todos", que ha sido resaltado por los comentaristas, la Corona deberá participar también para lograr una compleja unión con su propia generación, encontrar también su sitio. Si logra encarnar esa voz y conciencia, habrá dado un gran paso, que será de todos.


Me parece bien, repito, que se haya puesto énfasis en la idea generacional. Algunos han puesto el límite histórico de la Transición en el relevo que ahora se produce en el Jefatura del Estado. La cuestión está ahora en saber si seguimos adelante, resolviendo nuestros problemas, o si volvemos hacia atrás.