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martes, 28 de julio de 2026

Prevención, prevención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace apenas unos días los informativos de una cadena televisiva nos informaban de un conflicto con el ruinoso acceso a una playa. El conflicto, que había dejado sin arreglar el problema, era la discusión entre el ayuntamiento y la administración de costas que alegaban ambas que la responsabilidad era del otro. Los vecinos se jugaban la vida cada día para ir a la playa y alguno había apuntalado el acceso por su cuenta para evitar mayores males.

Si pasamos de la playa a los bosques tenemos casos similares: ¿de quién es la responsabilidad? Pero el caso de los incendios tiene un matiz importante. Hay una clara distinción entre "prevención" y "apagado". Para que se llegue el segundo, el incendio, han debido fallar los mecanismos de prevención. Y es aquí donde comienzan los problemas: ¿de quién son los bosques, quién debe evitar que el bosque crezca incontrolado...?

Es obvio que algo (o mucho) está fallando para que esto se esté produciendo con la virulencia actual, con fuegos que baten todos los records en cuanto a expansión e intensidad.

Una foto de unos bomberos en un medio nos los mostraba con hierbajos secos hasta la cintura tratando de evitar la expansión de fuego. Solo les faltaría usar gasolina para apagar el fuego en vez de agua. Cuando intervienen las fuerzas de emergencias ya es demasiado tarde.

En los fuego podemos hablar del viento, de las olas de calor con más intensidad y frecuencia, etc. Pero todo esto no nos libra de preguntarnos por los mecanismos de prevención del fuego y de sus desastres. Es sorprendente que con los casos previos, no hay forma de proteger las casas, rodeadas de árboles y follajes secos que nadie limpia; es igualmente sorprendente la indefensión de los pueblos que podrían realizan zonas seguras alrededor de sus zonas edificadas; es sorprendente también la ausencia de zonas seguras para el desalojo y que ocurra como sucedió con los muertos extranjeros recientes, caso todavía no explicado. ¿No entendieron lo que se les dijo?

Pese a la cantidad e intensidad de los incendios que padecemos, da la impresión que seguimos sin mecanismos adecuados de prevención y que será la UME  la que se encargue de todo al final. Pero eso no es una solución, sino evasión de los problemas.

¿No lo consideran un problema "real" ni ayuntamientos ni comunidades autónomas, que es como se divide el territorio? ¿Dónde están sus planes de prevención, sus planes de evacuaciones, sus medios destinados a todo esto?

Sin duda estamos experimentando el significado de la "España vaciada", su verdadero sentido. Las tierras quedan abandonadas y los pueblos ven reducidas sus poblaciones, que se convierte en pequeños grupos de personas mayores que ya no se ocupan de ganado o de terrenos. Los hijos, los nietos han optado por las ciudades, que les ofrece más comodidades, un mundo menos duro que el del campo y los bosques.

Nos repiten una y otra vez que antes era el ganado el que limpiaba los bosques de vegetación. Ya ese ganado no está donde antes estaba, quedando zonas llenas de materiales que arden.

Los pueblos invierten en fiestas patronales para que regresen a gastar los antiguos vecinos y los nuevos veraneantes, cada vez más escasos con estas nuevas situaciones. ¿Pueden afrontar los pueblos los gastos de prevención? ¿Hay planes de actuación para evitar seguros desastres posteriores? ¿Hay acciones que se puedan realizar?

Nos dicen que la gran mayoría de esos terrenos abandonados lo son de particulares. ¿No hay forma de obligarles a mantener su limpieza para evitar desastres? ¿Hay alguna ley o proyecto en este sentido o se prefiere contemporizar y evitar conflictos con los propietarios?

El origen de estos incendios tampoco acaba de estar claro en muchas ocasiones. Un coche incendiado en un arcén; una chispa que salta desde un local abandonado hace una veintena de años y que no debería tener corriente; una chispa que salta desde una maquinaria que tiene prohibido trabajar en estas fechas; presunta autoría humana... Son causas muy diferentes sobre los inicios.

¿Hay intereses detrás de que el campo arda? No es una pregunta trivial. No sabemos casi nunca quiénes son esos incendiarios. Ayer nos daban las penas, de multas por imprudencia a 20 o 25 años si hay intención y víctimas. ¿No va siendo hora de tipificar más casos y aumentar las penas para que esos que conscientemente provocan grandes incendios? ¿Qué hacer con esos que están trabajando con maquinaria prohibida en esa época? ¿No les importa perder sus campos?

Ahora los partidos, ante la que está cayendo, hablan de "emergencia climática" y de "pactos". Esto es realmente vergonzoso pues es una especie de manera de pedir un "alto el fuego" político y poco sobre el fuego real.

Lo que hay detrás es matemática electoral. ¿Qué sentido tiene invertir en la España sin apenas votantes? Nos dice que la población se concentra en el 10% del suelo español, es decir, que es ahí donde se realizan las acciones con rendimiento electoral. La España que se quema es la España sin votantes, apenas algunos repartidos por pueblos semi abandonados. Es ahora cuando se acercan a las poblaciones con más censo cuando empieza a preocupar electoralmente. Las proximidades peligrosas a las capitales de provincia y a Madrid marcan el peligro de que los incendios tengan efectos electorales, que se exijan responsabilidades.


ABC


No son los políticos los que deben realizar "pactos" de no agresión. Hay que crear mecanismos institucionales que actúen sobre la prevención; este primer paso es el que garantizara los efectos menores de los fuegos. Hay sitios en España donde ha funcionado, como apuntan en la prensa: cortafuegos, zonas limpias, mantenimiento constante, etc. Pero para eso hay que seleccionar no "políticos" sino técnicos capacitados al frente de las secciones, darles autonomía decisoria en su competencia. Pero los políticos actúan de forma contraria a esto: amiguismo, compras dudosas, falta de eficiencia y justificación, etc.

Tenemos en las instituciones —ayuntamientos, consejerías autonómicas— negacionistas activos del cambio climático que acusan a los ecologistas de ser los responsables de los fuegos. Sospecho que, pese a las evidencias, seguirán con sus demagógicos discursos ya que hay una parte del electorados a la que, nos guste o no, les atraen esos discursos por motivos diversos.

Tenemos un serio problema, un problema en dos tiempos. Es en el primero donde hay que volcarse para no tener que ocuparse de forma dramática y desesperada del segundo.

sábado, 25 de julio de 2026

La España que arde

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La intensidad de las buenas noticias sobre el Mundial ha sido sustituida por las malas noticias de los incendios que se reparten por el país. Evacuaciones, hectáreas quemadas, medios empleados, muertes incluso componen el repertorio de elementos destacados para describir un enorme desastre que afecta a la práctica totalidad del país. Sencillamente, "cuando España se quema, algo tuyo se quema", decía el viejo eslogan que trataba de sensibilizar a todos para evitarlos. Hoy, se sigue quemando algo de todos, pero nadie asume la responsabilidad de evitarlos. El protagonismo está ya las llamas; parece que no hay nada antes y que no queda nada después. De un incendio se pasa al siguiente.

Algún detenido por imprudencia increíble con el uso de maquinaria donde estaba prohibido, la detención de algunos autores de los que apenas nada se sabe, la chispa que saltó de un cable que no debía tener corriente, el rayo que cae, el cambio climático... y poco más, solo los evacuados, los campos quemados, las casas arrasadas por el fuego. Y pasamos al siguiente foco de atención.

Ayer nos mostraban en un reportaje televisivo que hay zonas en las que "alguien" ha trabajado el campo creando corta fuegos, zonas sin vegetación para interrumpir el avance de un posible fuego. Son los menos, pero es posible.

A todas las causas señaladas, hay que añadir la principal: el abandono, tras el que está la incapacidad de las personas que elegimos para hacer frente a las causas físicas y climáticas. No podemos evitar que un rayo caiga, pero sí prevenir en las zonas donde caiga.

Las protestas empiezan a ser ya denuncias:

En plena emergencia nacional por los incendios forestales declarados en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila, que este viernes obligaron a evacuar a 20.000 personas, desde la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), su secretario de Ganadería, José Ramón González, ha señalado a 20minutos que la prevención es "esencial" en la lucha contra el fuego, al tiempo que ha reclamado un "plan estratégico para cortar la continuidad del combustible", una medida que defienden que podrían llevar a cabo los trabajadores del campo durante los meses de invierno.

"En el mundo rural estamos o quedamos los que quedamos y es fundamental la prevención. En esa prevención han de contar con los agricultores y ganaderos, que somos los que estamos en el medio rural, y tiene que haber un plan estratégico para cortar la continuidad del combustible, que al final es el problema. Hay un cambio climático evidente, pero a corto plazo poco se puede hacer frente a esto, y hay también un abandono en el monte y contra ello se puede luchar con un plan estratégico para cortar la continuidad del combustible, que es algo que podemos hacer los agricultores y ganaderos durante el invierno. Cada vez somos menos ganaderos y agricultores y cada vez tenemos menos capacidad de gestionar. 

Asimismo, González pide "empezar a suprimir la división artificial entre lo agrario y lo forestal porque al final todo es suelo rural y porque los más eficientes en la gestión somos nosotros". En cualquier caso, defiende que "la clave es la coordinación" entre los diferentes agentes que gestionan el monte y trabajan en la extinción de los fuegos.* 

Es claro. Hay una frase que se repite: la continuidad del combustible, es decir, la continuidad del arbolado, de montes y superficies de diverso tipo por las que el fugo puede correr sin impedimentos. Eso es lo que hay que cortar, romper su continuidad para que el fuego no avance. No hace falta ser un experto para entenderlo, pero sí hay que tener voluntad de hacerlo, implicación y sentido de futuro. Hay que pensar que esto va a más con un cambio que no aceptamos como país turístico. Somos negacionistas de facto si no ponemos los medios necesarios.

Tampoco se nos dan explicaciones de esos incendios que pueden ser intencionados. ¿Quién está detrás de ellos? ¿A quién benefician? ¿Cómo se resuelven finalmente? No vemos que en los medios se mencionen las penas ni su aumento como forma disuasoria. No escuchamos a los políticos locales hablar de ello ni a los nacionales mencionarlo.


Se ha tratado de dar cierta idea de colaboración entre administraciones ante el temor de la reacción ciudadana, que se acabe como en la dana valenciana, que se vuelvan contra unos y otros. Ya tenemos un rifirrafe entre Isabel Díaz Ayuso y Óscar Puente, algo insensato que se puede volver contra Puente que es quien lo inició. Pero, según parece, es difícil escapar a la tentación de la politización de los incendios.

De poco sirve la idea de unión para apagar fuegos. Más útil sería la unión para evitarlos, destacar las políticas y acciones adecuadas para evitarlos. Algunos respiran aliviados ante la sustitución de los titulares mediáticos. Pero son sustituidos por las responsabilidades políticas de los incendios, que tampoco es agradable.

Los incendios continuos, por mucho que se hable del viento, del abandono, de las distinciones entre "campo" y "monte", son una lacra que nos arrastra a todos y a todas las administraciones, del ayuntamiento más pequeño al ministerio y Consejo de Ministros.

Es una vieja herencia de la España campesina que se fue haciendo ciudadana y luego turística. Nadie quiere asumir la gestión y el gasto de los espacios incendiables, que son fácilmente detectables. Cuando arden, todo son excusas y lamentos, reproches de unos a otros. El gasto en prevención es uno de estos que se consideran poco visibles y poco rentables políticamente. Son espacios con poca gente y gente mayor. Lo vemos en las entrevistas de evacuados; son pueblos llenos de gente mayor, vacíos de brazos activos muchos de ellos. Es la zona en que la España envejecida se convierte en abandonada. Entre viejos nacionales y jubilados internacionales que encontraron sus lugares de residencia en esa España distante, tranquila, rodeada de árboles que acabarán prendiendo. Las muertes recientes de residentes extranjeros deberían aclarar las cosas.

Las administraciones locales apenas funcionan y no asumen prácticas preventivas, que les parece peligroso mencionar siquiera.

Hectáreas quemadas, muertes, edificios calcinados son nuestra triste realidad. El verano no llega a su mitad y los incendios se suceden. Los que salen se dicen satisfechos por mantener sus vidas, aunque lo demás haya quedado destruido.

Hay que concentrarse en la prevención para no tener que llegar a la extinción, con los riesgos y daños que supone. Pero de lo local a lo nacional, el otro clima, el político, no lo permite. 

¿Quién se ocupará? Lo vemos en otros campos: mantenimiento y prevención no forman parte del vocabulario político.

 

* Lolita Belenguer "Los agricultores critican el abandono rural y reclaman contra los incendios "un plan para cortar el combustible en invierno"" 20minutos 25/07/2026 https://www.20minutos.es/nacional/los-agricultores-critican-abandono-rural-reclaman-contra-los-incendios-un-plan-para-cortar-combustible-invierno_7018659_0.html

domingo, 24 de agosto de 2025

La España que no aprende

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo que se ha quemado y se sigue quemando no tiene arreglo ya. Lo importante es lo que hemos aprendido y, sobre todo, lo que ha aprendido cada uno según su responsabilidad, del gobierno hasta el dueño de campos o rebaños, de los ministerios a los ayuntamientos pasando por las comunidades autónomas. Y aquí es donde vemos que el conocimiento no se ha repartido por igual.

Dos son tres obstáculos principales: a) las luchas políticas, que consideran el acuerdo como una imposibilidad metafísica, que son incapaces de un giro de guion en el serial que protagonizan cada día; b) la creación de un sistema económico que se basa en la explotación laboral, en inversiones de mínimos en lo que no es "rentable" a primera vista; y c) la improvisación debida a la falta de previsión.

Si combinamos ambos factores nos dan un retrato de esta España de imprevisiones, de malas gestiones políticas porque los que están en los puestos ejecutivos han sido seleccionados por sus méritos políticos, sus amistades y grado de fidelidad a los líderes. Son expertos aplaudidores, descarados en sus puyas al contrario, ingeniosos, pero poco adecuados para la gestión cuando algo ocurre. Lo vimos en cadena con la dana valenciana y los hemos vuelto a ver con estos efectos en la España calcinada actual.

El debate sobre la asignación o el uso de los recursos contra los incendios una etapa más en esta vuelta ciclista que es la política española, con los insultos impresentables, que era lo que esperaban los ineptos ingeniosos. No, en ellos nada ha cambiado.

En RTVE.es nos ofrecen un mosaico de perspectivas, cinco, que tratan de mostrar las opiniones desde gente diferente, afectados en sus campos. Las opiniones van de un bombero a un ecologista, de una voluntaria a un ganadero pasando por una evacuada. El conjunto resulta interesante y revelador.

Quizá el más contundente por detallado, donde se conjuntan los problemas de la explotación, la imprevisión y la mala gestión, sea el del bombero:

"Era insultante la cantidad de medios de extinción que faltaban durante estos días", reflexiona Simón, profesional de apagar fuegos. También, apunta a la descoordinación: "Había unidades paradas mientras hacían falta".

Este bombero se encuadra en las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) del Ministerio de Transición Ecológica. Y su base se encuentra en Tabuyo del Monte, en la comarca de la Valduerna (León). Desde ese punto ha participado en la extinción de muchas de las más de 40.000 hectáreas en llamas en las comarcas cercanas.

En su opinión, en el despliegue en Castilla y León está "a años luz" de muchas comunidades autónomas. Ni a nivel de medios ni de gestión ni de mandos, la región "tiene capacidad para afrontar" el fuego, argumenta. Por otra parte, apunta al clima que ha habido durante la extinción, que se va a repetir en los próximos veranos: "Olas de calor muy largas y vientos inestables".*

La foto nos muestra los rostros de todos los entrevistados menos el del bombero. Eso le permite ser contundente y claro.

Creo que la visión de quienes han estado luchando cuerpo a cuerpo con el fuego, jugándose la vida por sueldos ridículos (poco más de mil euros) es esencial. Los jóvenes no repiten por lo que algo esencial, la experiencia, se va perdiendo cada verano.

Entre negacionistas por intereses económicos, políticos demagogos, falta de inversión en prevención (que se considera un gasto inútil si no hay fuego) y medios insuficientes cuando se desata una oleada de fuegos, el destino queda fijado en lo que ha sido, un desastre, que como bien se señala, amenaza con ser más frecuentes y extremos.

La contrapartida es sencilla: al fuego responden muchos municipios con las fiestas veraniegas, donde nunca falta la inversión. Los lamentos se tapan con música, bailes y demás. Es la fácil política española.

Esto ha sido un enorme drama humano y natural, pero también un drama político que siembra el descontento entre la población y hace repensarse sobre el papel de la política. Y esto es malo, muy malo para el futuro. 

* Daniel Rivas "España ante el fuego (XI): Desde los rescoldos y la ceniza: cinco personas reflexionan sobre los incendios forestales de León y Zamora " RTVE.es 23/08/2025  https://www.rtve.es/noticias/20250823/rescoldos-ceniza-personas-reflexionan-incendios-leon-zamora/16703593.shtml

martes, 12 de agosto de 2025

La España quemada

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El cincuenta por ciento del informativo de RTVE, quince minutos, ha estado dedicado a los incendios en España. Han sido quince minutos en los que todo lo demás ha pasado a segundo término, guerras y todo tipo de problemas, de Trump a Putin y su próxima reunión en Alaska. Los animados pasos de los equipos en las pretemporadas han sido reducidos ante la realidad de los fuegos repartidos por el territorio nacional.

Ayer nos tocó a nosotros, a los vecinos de Tres Cantos, una ciudad moderna, que aloja al Parque Tecnológico de Madrid que aloja laboratorios de diverso tipo, centros mediáticos audiovisuales y a algunas de las empresas internacionales más importantes en diversos sectores, como la Siemens o la ITT. Rodeados de bosques y de algunas urbanizaciones que se asientan en la periférica, vivíamos tranquilos el verano. Hasta que llegó el fuego y lo que era reposo y naturaleza pasó a ser riesgo, amenaza y un espacio hostil.

El incendio, nos dicen, comenzó sobre las ocho de la tarde. En esos mismos momentos salía de un bazar cargado con cajas de cartón para una mudanza. El viento me arrastraba y tuve que parar un par de veces a recomponer las cajas, que se me escapaban por la fuerza del viento; tuve que quitarme la gorra para evitar que me la arrancara. Al cruzar las calles, notaba la fuerza del viento que se canalizaba en ellas.


En el otro extremo del pueblo, ardía con virulencia el fuego. Dicen que avanzó seis kilómetros en 40 minutos y que el fuerte viento ha sido en esto decisivo. Mientras escribo esto, tratan de controlarlo y hacerlo antes de que vuelva a soplar el viento.

A todos nos gusta vivir en pueblos bonitos, rodeados de bosques, con praderas verdes y árboles bajo los que cubrirnos del sol. Sí, a todos nos gusta. Pero cuando ese estado idílico se vuelve un peligro, miramos hacia otro lado y no se invierte en prevención.

Tres Cantos no es un pueblo de la "España vaciada". No es uno de esos pueblos en los que apenas quedan vecinos, que han sido abandonados por bancos, farmacias, maestros, asistencia médica... Son pueblos que quedan a su suerte, que es el abandono.

A todos nos gusta vivir en espacios con bonitas vistas naturales o que sean declarados de interés por los organismos nacionales internacionales. Pero esta forma de vida tiene ya un riesgo claro en el cambio climático que muchos, pese a las evidencias abrumadoras, quieren seguir negando.

El negacionismo tiene su sentido económico. Si el tiempo "no cambia" o lo hace de forma "natural" no merece la pena invertir en prevención. Es, simplemente, un "año malo" para los incendios, vendrán mejores.

La sequía prolongada, las tormentas secas y con fuerte aparato eléctrico forman parte de la naturaleza, sí, pero la prevención está en las manos humanas. Pero cuesta invertir en prevención. Cuesta exigir que se hagan planes que incluyan corta fuegos, agua asequible en determinados puntos estratégicos, que se exijan medidas de protección en los perímetros de las urbanizaciones, que se realicen podas efectivas y limpiezas de los restos, etc. Cuesta invertir en algo que sin embargo es cada vez más probable y peligroso.

Estos no son los incendios veraniegos anteriores. Hay fuegos por toda España, a la vez y con condiciones meteorológicas adversas. Es frecuente que se cuelen en las entrevistas de las televisiones las quejas de los vecinos por la falta de unos medios que se han reducido en los últimos tiempos. Parece que se juntan los fuegos allí donde cuesta apagarlos.

Cadena Ser

La ola de calor se prolonga y se baten récords de temperaturas calientes por toda España. No nos sirve de mucho hacer ver que en otros países también se producen. Lo nuestro es nuestro, para bien y para mal.

Es necesario de forma urgente un plan de inversiones y un plan de actuaciones preventivas. No vale vender la excepcionalidad de lo que está ocurriendo. No hay que mirar al pasado, sino al futuro. Lo que ha ocurrido hoy no había ocurrido así antes, pero es muy probable que vuelva a ocurrir así o peor incluso.

Como país turístico tendemos a ignorar los efectos que el cambio climático va a causarnos, que sin duda ocurrirán, sean los que sean. Preferimos disputar sobre a quién le toca prevenir e invertir, dedicar fondos a festejos veraniegos, etc. que a establecer esos planes de prevención que reduzca la posibilidad o la intensidad.

En la zona de Tres Cantos que se ha quemado (y se sigue quemando a esta hora) hay laboratorios químicos, empresas tecnológicas importantes. Venderles un entorno tranquilo y bonito está muy bien. Pero el riesgo de incendio aumenta y la vegetación que nos rodea se convierte en peligro si no se controla de alguna forma.

La prevención es también un estado psíquico. Es la conciencia de que pueden evitar los problemas si se realizan las medidas adecuadas. La inversión en prevención crea una duda en algunos: ¿y si no han pasado porque no tenían que pasar? Es decir, ¿para qué invertir; no es mejor (o más rentable) invertir unos días en apagarlo que invertir cada año en evitarlo?

Lo que tenemos este verano con los fuegos es la manifestación del resultado de dos fuerzas, las de la naturaleza, que se intensifican, y las humanas, que nos son capaces de asimilar los cambios y que hay que reevaluar el sistema, rediseñarlo para evitar estas catástrofes humanas y medioambientales.

Lo demás es engañarnos nosotros mismos y dejar que nos engañen. Lo ocurrido con la "dana valenciana" debería habernos enseñado cómo lo que es natural se intensifica por los errores o los negacionismos humanos.

Urge crear condiciones antiincendios para las construcciones, que se extremen en aquellos lugares que se venden como paradisiacos, en plena naturaleza. Hay que crear puntos accesibles para el agua en zonas peligrosas. Hay que incrementar las fuerzas anti incendios y dotarlas de recursos más poderos. Es necesario intensificar la vigilar con más intensidad en los puntos de riesgo, que han de ser evaluados conforme a las condiciones climáticas del momento. Y hay que realizar ejercicios de simulación, que las personas sepan los riesgos y cómo actuar.

Muchas veces está claro el origen del fuego, pero la escala entre el fuego intencionado y la chispa accidental es tan variada que se pierde su inicio. Chispas, barbacoas, rayos, maquinaria, pirómanos... son muchas causas posibles. Pero alguna hay. Es importante saber qué ha causado cada incendio, que deje de ser una "suposición" y se transforme en una "certeza". Toda esa información permitirá conocer mejor el fuego y su comportamiento. La ciencia debe comprometerse con esto en proyectos financiados. Será una buena inversión ante esta falta de conocimiento que se limita a decir que todo cambia muy rápido; permitirá establecer los riesgos mayores o menores y ayudar al control.

Muchas veces se habla de fuego "intencionado", que ha comenzado en varis focos a la vez. Puede que los desconocidos pirómanos sepan más del fuego que nosotros, las víctimas y las autoridades responsables de la prevención. Lo ocurrido con la dana valenciana nos advierte de que los responsables deben ser técnicos cualificados y no políticos colocados a dedo.

No gustaría ver este otoño que los ayuntamientos aprueban planes de prevención de incendios y que los dotan de medios para que sean eficaces. La dana fue el primer ejemplo de lo que cuesta la ineficacia, ignorar los avisos. Los incendios de este verano son otro de lo mismo.

Esto va a más —más incendios, más peligro— y hay que tomárselo muy en serio.

PD: al cerrar leo la triste noticia de que el incendio de Tres Cantos tiene ya una víctima mortal, que el hombre con quemaduras en el 98% de su cuerpo ha fallecido. Descanse en paz y que sea el último.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Por una mejor cultura informativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estamos rodeados de información. Somos el blanco de miles de fuentes que nos llegan cada día — nos gusten o no, las pidamos o no— a nuestros teléfonos. Los medios nos dan cuenta de una "realidad" muy "redirigida" hacia focos muchas veces intrascendentes, pero que afectan a su economía, Todo esto ha desarrollado una serie de teorías explicativas que se encuadran en la llamada "economía de la atención", en la que nuestra atención es el objetivo; buscan atraer y mantener nuestra mirada en un espacio altamente competitivo. Quien logra retenernos, gana. Es así de simple. Con este objetivo se ha desarrollado docenas de técnicas y estrategias, fundamentadas en la psicología y en la sociología.

En mitad de esta hiperinflación informativa surge la queja común de que nadie está informado. Es la respuesta que se obtiene cuando se suspenden vuelos o trenes, cuando ocurre algo inesperado. Podemos obtener información más fácilmente sobre la ruptura de un torero o futbolista, el noviazgo de una deportista, o cualquier otro tipo de información banal hacia la que se nos empuja para obtener nuestros "clics", ni siquiera "likes".

Se juega con nuestra atención y, por ello, con nuestros criterios de lo que es relevante y aquello que no lo es. Hemos perdido (nos han hecho perder) nuestro sentido de lo valioso, de lo realmente relevante en cada momento. No hay una cultura de la relevancia informativa. ¿Cuántas veces se ha encontrado con que al buscar algo, otra noticia se interponía entre usted y lo que buscaba, que algo ha surgido y se ha ido tras ello?

El mundo de la información es una jungla competitiva en la que usted, yo, somos las piezas en manos de los depredadores. Cuente con cuántas personas se cruza con el teléfono en la mano y a las que tiene que esquivar; cuente cuántas personas llevan sus teléfonos en la mano en el transporte público o aprovechan las paradas de sus coches en los semáforos; cuente cuántas personas terminan una llamada y comienzan otra... ¡cuente...!

Las informaciones urgentes, las verdaderamente necesarias en caso de emergencias, quedan bloqueadas en nuestros teléfonos, en donde se agolpan todo tipo de aplicaciones innecesarias. Muchas veces ni tan siquiera las tenemos instaladas. Sin embargo, son decenas las que vienen de fábrica en nuestros dispositivos.

Por parte de las administraciones, sensibles a las políticas e intereses de los gigantes de las comunicaciones, no hay un interés excesivo en mantener unos servicios de alarmas, de registros de casos y atención a los interesados, que llaman y no reciben respuestas. Hoy los bots pueden hacer llamadas de desinformación automáticas, pero parece ser que no cuentan para responder llamadas a los avisos de emergencia, registrar casos, etc. Es cierto que un caso de estas dimensiones no es frecuente, pero también lo es que los expertos nos previenen de que habrá más y quizá peores. Hoy mismo se nos avisa de zonas en las que habrá de nuevo lluvias torrenciales.

Cuando se producen casos como este es fundamental que las personas reciban instrucciones claras y sencillas de lo que deben hacer. Deben existir protocolos. Pero el miedo a interferir en otros procesos económicos (como los intereses turísticos, por ejemplo) hace que todo nos llegue tarde. Nadie quiere ser responsable de haber arruinado un fin de semana con un festivo, como el 1 de noviembre, Halloween. Quizá de haber sido otro fin de semana sin tantas expectativas, el resultado habría sido otro. Es pura especulación, pero no es la primera vez que se adelantan o cierran medidas por temor a un fin de semana festivo. Es la maldición turística. Ahora, en cambio, nadie quiere ser acusado de "no actuar a tiempo" y las medidas se aceleran y agolpan. Se ha tenido que restringir el paso de voluntarios a las zonas más afectadas por temor a la acumulación ineficaz de personas que puedan llegar a interferir.

Es fundamental una mejor gestión de la información y una mayor información sobre la información, valga la redundancia. Creo que esto, a la vista de lo ocurrido, es esencial. No podemos seguir escuchando esto de "no tenemos información", "no obtenemos respuesta" o "no sabemos dónde acudir". Esto esencialmente depende de las administraciones, pero también de los usuarios, que son los más interesados en obtener la información clave.

Para que esto funciones, hay que tener planes prefigurados que se acerquen a los posibles y previsibles resultados de las distintas catástrofes naturales, de terremotos a inundaciones brutales como las ocurridas con la DANA. Existen múltiples formas de hacer esto, empezando por las "simulaciones", que pueden darnos cierta idea de lo que puede ocurrir partiendo de lo fijo (terreno, construcciones...)  e incorporando lo variable (la intensidad de los fenómenos). El hecho de que se haya informado de los riesgos de esto desde distintos ámbitos sin que se haya hecho nada al respecto es muy significativo de la forma en que pensamos en los fenómenos.

El miedo a ser responsable político de algo que puede producirse de manera distinta a las previsiones causando daños a la "economía" queda bien ejemplificado en la negativa de muchas empresas a liberar a sus trabajadores ante los avisos de desastre. Hasta que no lo tuvieron encima no intentaron que sus trabajadores pudieran ponerse a salvo o reunirse con sus familias. De esto se han quejado los sindicatos con razón. Las empresas no iban a "perder dinero". Como decía una camarera a RTVE: "Nos hemos jugado el pellejo por vender cuatro menús", ha señalado en el Canal 24 Horas de TVE. Según ha explicado, su supervisor "no les dejó" irse a casa porque "no lo veían suficientemente grave". "Hasta que llegó la alerta al móvil, pero ya era tarde", ha lamentado."*

Esto es más que una anécdota. Es una forma de ver los acontecimientos, de desconfiar en la información dada y de confianza interesada en la suerte; es una forma de recelo que implica que no basta con tener acceso a la información. Hay que creerla y seguirla.

Hace falta un cambio en la cultura informativa, un nuevo entender de su valor y eficacia. Esto se debe enseñar en las escuelas, en los ayuntamientos, que la gente crea y siga las instrucciones, algo que no ocurrirá si está información llega a destiempo.

Los interesados en sabotear la información —sabemos que los hay— intentarán que esta no se crea, intentarán que no se siga. Las cifras de muertes siguen creciendo. Lo seguirán haciendo por carecer de esa información y de planes para ejecutarla. Planes e información tienen que ir más allá de algo que escuchamos "precaución". ¿Qué es eso? ¿Qué significa en un país como el nuestro, con nuestras malas costumbres?

Son ya más de 210 muertos localizados. Lo que nos espera en estos días es un recuento de muertes que se hace angustioso ante los cientos de desaparecidos. Hay que organizar planes, hay que tener buena información, accesible, constante... y el hábito de consultarla, de valorarla. No basta con  ese "precaución" que parece dejar todo en manos de las víctimas.

La posibilidad de un desastre de la misma o superior magnitud hace que debamos recapitular sobre lo hecho. Esta "post eficacia" sirve de muy poco. Hay que prepararse para que estos efectos no se vuelvan a producir. Puede que no podamos impedir la lluvia, pero sí controlar los daños. La información es esencial en esto. Pero está claro que muchas cosas han fallado en este terreno.

* "Atrapados tras ser obligados a trabajar pese a la DANA: "Nos hemos jugado el pellejo por vender cuatro menús"" RTVE.es 30/10/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241030/cc-oo-denuncia-empresas-obligaran-a-ir-a-trabajar-con-aviso-dana/16309830.shtml

sábado, 2 de noviembre de 2024

Información y desinformación con la DANA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Con cada día que pasa en el vigente desastre de la DANA, comprendemos mejor la necesidad de un sistema informativo garantizado en sus dos sentidos básicos, veraz y estable.

Las fuerzas que se dedican a expandir bulos y todo tipo de falsedades están presentes desde el inicio de la tragedia, desde el primer minuto. La estabilidad es igualmente necesaria para poder seguir conectados a fuentes de información fiables.

Las formas de luchar en ambos campos son muy distintas. Detectar los focos de desinformación nos debería llevar a formas más severas de cortar las actividades cuyo fin es difícil de establecer. ¿Qué buscan con generar y transmitir mentiras en estas circunstancias? ¿Es posible un grado mayor de estupidez o maldad, según se elija una causa? No es fácil entender este tipo de informaciones perversas destinadas a aumentar el caos y, con él, el daño.

Están claramente los deseos de algunos de que la gente huya de determinadas zonas sobre la que auguran peligros inminentes. ¿Se trata de favorecer la salida para organizar robos u otra práctica similar? Las personas que han tenido que establecer guardia ante sus negocios por temor al saqueo no vigilaban tanto alimentos como joyerías, telefonía, etc. Resulta difícil para cualquier persona normal comprender la existencia de este tipo de personas y grupos que, indudablemente, no han nacido con la DANA, que estaban ahí desde antes realizando prácticas del mismo tipo. Son los beneficiados por la DANA, el complemento perfecto a la fuerza destructiva de la naturaleza.

La diferencia entre irte y quedarte se basa en la veracidad de las informaciones que recibas. Es evidente que la población no tiene claro el sistema de alarmas o que estos se colapsan ante situaciones como estas.

Hay que buscar una pedagogía de los desastres, especialmente cuando se nos está diciendo que esta es la mayor, pero no la última, que el futuro nos depara más situaciones como esta.

Pero parece que nadie quiere que se hable mucho de desastres futuros, especialmente cuando es necesario "vender normalidad" en las zonas turísticas. ¿Cómo afecta al valor de la propiedad estar en una "zona de catástrofes"? Lo hemos visto con anterioridad con COVID-19 y olas de calor. Son malas noticias y no sirven para atraer visitantes, que es el fin de nuestra economía turística. Pero no va a ser fácil maquillar esta tragedia en ningún sentido.

Ya hay algunos "populistas", nos dicen algunos medios, rentabilizando los efectos destructivos de la DANA, acusando a Europa y aplaudiendo las presas de Franco. Hay que evitar la polarización —no las críticas a lo que esté mal, a lo que haya que corregir, que es mucho— que interesa a algunos.

Estabilidad significa "ensayos" de catástrofes, como en otros países lo hacen con los terremotos. Hay que enseñar a la población sobre cómo comportarse. Hay que enseñar que no se debe bajar a un garaje a ver cómo está el coche o quedarse dentro por si se lo lleva muy lejos la riada; ensayar la alerta en las residencias de mayores, exigir que no tengan que subir a pulso a las personas o dejarlos abandonados. Hay que tener planes para las escuelas.

Aunque nos parezca que trae "mal fario", que dirían algunos, tiene que haber planes claros de emergencia, personal especializado y protocolos claros de intervención. Y eso hay que asumirlo por parte de todas las autoridades y los ciudadanos. Igual que hay gente que aparca en las salidas de emergencia y se les sanciona y lleva se lleva el vehículo la grúa, debería haber normas para otro tipo de casos.

Si esto, como nos dicen, va a ser más frecuente y de variable intensidad, menor o mayor, los propios ciudadanos deberían tomar sus medidas, que van desde las reservas de alimentos y agua para dos o tres días a varias baterías cargadas para los teléfonos. De igual forma, tener la información básica necesaria actualizada y cargada en nuestros móviles. En esto habrá que luchar contra las mentalidades a las que les parece entre "alarmista" y "tentar a la suerte".

Esto nunca iba a pasar, pero ha pasado. Lo que los expertos nos dicen es que volverá, que no es un episodio aislado, sino el resultado de una serie de hechos y circunstancias. Unas cosas dependen de la naturaleza, otras de nosotros. Que sea el cambio climático — ¡tan firmemente negado por aquellos que quieren seguir explotando codiciosamente los recursos!— el responsable de la intensificación hace que tengamos que intentar paliar el origen del desastre en lo que nos toque. Pero debemos sobre todo prevenir, informar, entrenar, mentalizar, etc. sobre sus efectos.

Son ya más de 200 muertos. La cifra seguirá creciendo, nos dicen. ¿En qué momento nos vamos a auto engañar? Tendríamos que estar ya preparándonos para que el próximo golpe no nos pille de la misma manera. Los ciudadanos de todas las edades deben comprender la necesidad de prepararse. Para ello es esencial la información fluida, clara y veraz. Hay que establecer esos puntos informativos a los que referirse inmediatamente. No deben saturarse, no basta con crearlo como excusa de que se hace algo. Es el momento de comprender las verdaderas prioridades, de en qué se deben invertir los recursos. Hay que crear y remodelar evitando los errores y el negacionismo del pasado.

Luchamos contra los desastres naturales, sí, pero también contra nosotros mismos, nuestra tendencia a mirar para otro lado; pero también luchamos contra la desinformación y, por extraño que nos parezca, contra la maldad, contra la mala intención. Son frentes de lucha distintos, pero en los que necesario combatir buscando las mejores actuaciones posibles. La inversión de recursos contra "lo posible" siempre necesita de un esfuerzo mayor de comprensión de los males. Hay que combatir la incredulidad, el pasotismo, la confianza excesiva en que no nos va a pasar a nosotros. 

Esos miles de voluntarios animosos en la ayuda, deberían pensar fórmulas de prevención, que es la mejor ayuda. Necesitamos voluntarios informativos que recorran colegios y asociaciones, que elaboren espacios de información segura, que desarrollen sistemas más eficaces de búsqueda y rastreo, que estén bien coordinados entre ellos, que exijan a las autoridades formas de trabajo constante, etc. Necesitamos que arquitectos, urbanistas, expertos en climatología, etc. trabajen coordinados, exigir la seguridad bajo una nueva mirada. Necesitamos personas formadas en este tipo de sucesos en las empresas, capaces de tomar decisiones. Necesitamos juristas que definan los protocolos y que no veamos a las empresas decidiendo qué se hace o evitando las salidas de los trabajadores, como se ha visto. Necesitamos alternativas online a la educación para evitar, como pasó con el coronavirus, este tipo de paros en la formación, necesitamos un "plan B" en educación, etc. 

Necesitamos muchas cosas de las que hay que informar y formar; necesitamos controlar la desinformación que crece con nuestro caos y dudas.

Lo que nunca iba a ocurrir, ha ocurrido. No lo olvidemos.

martes, 19 de marzo de 2024

La realidad del suicidio

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No es sencillo solucionar un problema si nos empeñamos en no ver sus causas y solo trabajamos sobre los efectos. En el caso del suicidio esto es especialmente grave porque se evita pensar en cuáles son los motivos que llevan a una situación como esta. Es difícil pensar en soluciones que solo se pueden aplicar al tramo final del problema y que no son fáciles de aplicar.

Creo que se trata más bien de los pronunciamientos de los políticos sobre aquellos espacios que pueden controlar y les permiten discutir entre ellos. Pero carecen de una reflexión sobre las causas o el estado general ya que se trata de una suma de circunstancias sobre las que nadie actúa y que pueden contribuir a crear una situación de crisis general de la que el suicidio es indicador.

Puede haber muchas causas de muertes, pero solo el suicidio es una decisión propia. Por eso es esencial entender qué lleva a alguien a acabar con su vida, entender que es el resultado de una serie de cierres de alternativas vitales, es decir, cuando una persona siente que no puede hacer nada en el mundo que le rodea, que este le falla.

En 20minutos tenemos una noticia sobre el tratamiento del problema dadas las cifras alcanzadas: 

El Pleno del Senado abordará este miércoles la primera causa de muerte externa no natural en España por encima de los accidentes de tráfico: el suicidio. Así el PP trae una iniciativa a la Cámara Alta —donde goza de mayoría absoluta— para instar al Gobierno a lanzar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio y más plazas MIR de Psiquiatría. También creará este miércoles una Ponencia de Estudio sobre la Salud Mental, tal y como se comprometió la portavoz del PP en el Senado, Alicia García, el pasado 15 de enero en su encuentro con la plataforma de afectados Hagamos un Plan.

"El suicidio es prevenible, por lo que cada vida que puede perderse por suicidio es una muerte evitable", sostiene la portavoz que bajo esta premia urge a "abordar la prevención del amplio espectro de la conducta suicida". Tal y como exponen en la moción a la que ha tenido acceso 20minutos, es imprescindible contar con una planificación común a todas las comunidades autónomas, más allá de una línea estratégica, planteada desde un enfoque de Salud Pública. Además de garantizar en toda España el acceso universal a la Salud Mental, "teniendo en cuenta que contamos con una de las tasas más bajas de la Unión Europea de profesionales de la Salud Mental, con 9,27 psiquiatras y 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, lo que hace imposible en muchas ocasiones cubrir las plazas necesarias para poder atender a nuevos pacientes".


 

 La misma expresión "el suicidio es prevenible" nos informa con claridad de esta forma ingenua de tratarlo. El suicidio solo es "prevenible" si se eliminan las causas que lo determinan, los estados que llevan a cometerlo. El análisis del suicidio no puede evitar adentrarse en las causas profundas que lo motivan: la insatisfacción, la falta de expectativas de la persona.

Nuestra sociedad de la comunicación vive una gran distancia entre la falsedad de los mensajes que envía y la realidad que vive. Esa distancia entre imagen y realidad acaba creando sensaciones de angustia e impotencia.

¿De qué sirven más psicólogos si no se atacan los centros de la angustia? Hacen falta más psicólogos, sí, pero porque aumentan las causas subyacentes del suicidio. Debemos evitar tratar la salud mental como una cosa de "enfermos" y "médicos" y pensarlo más como una serie de carencias sociales que afectan a las personas.


Aumenta el suicidio infantil a la vez que aumenta el acoso, la violencia en los colegios e institutos. Lo mismo ocurre con los adolescentes. Pronto esto se ve agravado con la imposibilidad del acceso laboral, la precariedad de los trabajos, la violencia en los mismos donde aguantas abusos y vas a la calle si no los aceptas. Sueldos bajos, incapacidad de acceder a la vivienda, aumentando la dependencia y la sensación de fracaso. Los entornos laborales se han convertido en campos de batalla por la rivalidad creciente, teorizada para mayor "eficiencia" por el sistema. El paso a la tercera edad es a la creciente soledad, a los dramas de las enfermedades prolongadas, a las residencias con sus circunstancias y su soledad.

Si nos fijáramos en todos estos problemas, a una sociedad en la que los malos ejemplos cunden, como la gente enriqueciéndose con casos como los que salen a la luz después de la pandemia y demás corrupciones políticas o salidas de ella, las expectativas de mejora no son muchas.

No es de extrañar que en entornos cada vez más degradados, con menos posibilidades de ver luces de futuro, con una agresividad creciente, una tensión acumulada, unos medios que refuerzan los efectos negativos, etc. haya crecido el malestar que acaba ofreciendo el suicidio como única salida.


El suicidio no es cuestión de más o menos psicólogos. Es cosa de más o menos responsabilidad por el mundo que creamos, un mundo de muchedumbres solitarias, por usar el título del estudio de David Riesman a principios de los 60. El suicidio es el resultado de suma y resta de todos los momentos anteriores de la vida. Nuestra incapacidad de ver en ello algo provocado y ver en cambio una "debilidad" por parte del suicida forma parte del fondo de todo esto. Dejamos caer la responsabilidad sobre el suicida borrando las huellas de la responsabilidad personal, institucional, etc., que nos muestra de la indiferencia a la normalización de ciertas situaciones.

No sé qué saldrá hoy de la presentación en el Senado, pero creo que pensar solo en términos del área de Salud no va a ser suficiente para frenar este crecimiento. Cada suicidio es un fracaso social, no solo de la asistencia. Eso que llaman "prevención" debe ser mejora de las condiciones generales de una sociedad que se endurece para resistir y ese endurecimiento implica también no querer ver lo que ocurre a otros.

El suicidio es una zona oscura de una sociedad que vende la felicidad a cada instante. Esas imágenes de adolescentes felices, de ancianos felices son la negación de la realidad del sufrimiento, que es lo que empuja realmente. Angustia, soledad, acoso, falta de oportunidades, precariedad... No hay que ir muy lejos para explicarlo.


"El PP urge al Gobierno a lanzar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio y más plazas MIR de Psiquiatría" 20minutos 19/03/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5228332/0/pp-forzara-gobierno-que-impulse-un-plan-nacional-prevencion-suicidio-mas-plazas-mir-psiquiatria/