Mostrando entradas con la etiqueta trenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trenes. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de febrero de 2026

El sistema

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Muchos lo verán como "mala suerte, como "coincidencias" fatales. Estamos más preocupados por echarle la culpa a otros y alejarla de nosotros que de conocer las verdaderas causas de los desastres que nos afectan.

Llevamos una larga cadena de acontecimientos desastrosos, una especie de epidemia con la que tenemos que bregar sin saber muy bien cuál será la siguiente. Todas ellas forman un ejemplo de la falta de previsión de las cosas que puedan ocurrir, de una mirada falta de visión de conjunto. No aprendemos a pensar en términos sistémicos, una necesidad cada vez mayor para sobrevivir en un mundo complejo, un mundo de dependencias e interrelaciones.

Esta mirada sistémica choca con la tendencia a establecer límites y barreras, zonas propias sin tener en cuenta otros muchos factores que dependen de elementos exteriores pero interrelacionados. No enseñamos a mirar de esta forma, tendemos a pensar que controlamos todo, lo que es en la práctica imposible. Lo inesperado tiene sus raíces y aprender a encontrar lo que nos puede causar problemas se hace esencial, aunque no siempre se consigue.

A veces estas interconexiones son detectables y se hace necesario tener en cuenta no solo lo que nos puede pasar, sino tener en cuenta cómo lo que afecta a otros puede acabar afectándonos también de forma grave.

 Con el titular "El freno de la Alta Velocidad crea indefensión en los usuarios, dudas en los turistas y aboca a la ruina a miles de negocios de hostelería", Clara Pinar —en 20minutos— nos explica parte de esta interconexión sistémica, es decir, cómo están afectando a diferentes sectores básicos, como es el transporte por ferrocarril, a otros sectores. Evidentemente, el sector del transporte afecta a todo lo que circula por carretera, raíles o vuelos, pero hay muchos otros factores relacionados.

En la entradilla del artículo se nos explica que 

La reducción de la velocidad de los trenes, el retraso oficial en la línea Madrid-Barcelona o la sensación instalada de demoras empiezan a afectar ya a negocios vinculados al 'turismo de AVE' y siembra dudas entre los visitantes extranjeros, sin contar con el fin de las indemnizaciones por demora y billetes a un precio como si los trenes siguieran circulando a 300km/h.* 

Muchos se preguntan cómo pasado el tiempo desde el terrible accidente, del que seguimos sin saber las causas directas, la situación sigue siendo caótica y expande sus efectos a múltiples campos. Se trata de conexiones en cadena de la que no es fácil saber los efectos. Por ejemplo ¿es la competencia, con sus precios a la baja, un factor que ha hecho que las compañías reduzcan sus beneficios y esto haga que se invierta menos en mantenimiento? La reducción del número de trenes hace subir los precios de los billetes, provocando una disminución de los viajes y viajeros, lo que afecta a los comercios de los destinos, que se han programado conforme a una estimación de los visitantes y su promedio de gasto. Todas estas expectativas han dejado de cumplirse. Lo que pensábamos que iba a suceder ha dejado de ocurrir y los planes ya no se cumplen, arrastrando a los sectores involucrados cuyas conexiones no siempre son obvias, pero sí reales.

La inseguridad que los accidentes provocan genera nuevas inseguridades que se van extendiendo. El artículo se cierra señalando la ampliación del problema a niveles internacionales: 

También los turistas internacionales se empiezan a pensar si es factible dar un salto en el día de Madrid a Córdoba o León o de Barcelona a Zaragoza. Así lo advierte la Mesa de Turismo, que en las últimas semanas ha recibido un "aumento de consultas de turoperadores extranjeros "inquietados" por la situación ferroviaria. "Esto da una imagen tremendamente mala para el turismo", dice su vicepresidente, Santiago Vallejo, que confirma que están recibiendo "consultas de qué está pasando, qué puede suceder y qué alternativas hay" de transporte.

"Desde que el AVE se instauró en 1992, ha sido un impulso para el turismo y ha ayudado mucho a algo necesario, la deslocalización, que no todo el mundo se quede en Madrid", explica Vallejo, que no oculta la incertidumbre por "el camino que se está tomando", la Alta Velocidad, sin saber por qué derroteros seguirá. Por ejemplo, apunta sus dudas sobre la conexión por Alta Velocidad directamente con Barajas, que conectaría vuelos intercontinentales con  ciudades como Valencia. El sector turístico lo veía como el desarrollo de la "auténtica intermodalidad" y "ahora no se sabe qué va a pasar".

Igual que la Confederación Española de Agencias de Viaje, pide al Gobierno "una comunicación pública rigurosa, transparente y correctamente canalizada que evite un daño mayor a la confianza y reputación del destino España". *


Al final, las dudas acaban afectando a la "reputación", es decir, a la confianza, que es la base del sector. ¿Viajamos a un país que pasa de tener la segunda mayor red de alta velocidad a tener casi paralizado el movimiento, con sectores fuera de juego, zonas inseguras, miles de incidencias, etc. donde antes reinaba la confianza en la seguridad?  Esa es la cuestión que se plantean desde los sectores del exterior, incapaces de entender qué pasa en España, qué ha ocurrido en pocas semanas.



Está claro que existe un problema de mantenimiento que puede hacer romperse el sistema en su conjunto al dejar al descubierto una serie de problemas que salen a la luz a la vez. Hay que destinar al mantenimiento más recursos. No basta con hacer nuevas líneas o aumentar la velocidad si se deja de invertir en mantenimiento de toda la red. De no hacerlo, nos ocurren estas cosas.

Y quien dice el sistema ferroviario, dice también el sistema sanitario, también necesitado de una mayor atención, donde no se puede matar gente por aplicarle una vacunas de seis dosis, ni usar vacunas caducadas sin saber porqué están ahí o perder los datos de mamografías por "problemas informáticos", etc.

Cosas que parecen necesitar menos atención se nos revelan como terriblemente peligrosas para el conjunto. Una vía mal soldada es probablemente más barata que una bien soldada, pero este ahorro se pagará muy caro en un momento u otro y creará más problemas encadenados. Trenes, mamografías, apagones, vacunas... Todo parece fallar y hacerlo a la vez.

Nos dicen en El Independiente  que choques y descarrilamientos crecieron desde 2018. "Se dispararon" desde ese año: un 23% más de accidentes y un 50% de los descarrilamientos. ¿Se hizo algo o tiene que pasar un gran desastre para que se invierta en soluciones?



Solo mencionamos dos sectores, el ferroviario y el sanitario, pero seguro que a todos se nos ocurren otros en los que cada día descubrimos problemas y rogamos para que no nos pillen.

Nos hablan de "reputación" y este es otro factor clave. Muchos países están interesados en reducir los gastos que sus nacionales hacen en España. Eso se traduce en aprovechar estas malas noticias para sembrar el miedo que hace quedarse en casa. El sistema no acaba en nuestras fronteras. Sigue más allá. 

Prevención, anticipación, interconexión... son conceptos que debemos incorporar al día a día, quitarle cualquier signo de excepcionalidad y convertirlos en normalidad. Es bonito inaugurar, pero es necesario conservar, mantener. Es la forma de evitar aquello que nunca podría ocurrir.

 


 

* Clara Pinar "El freno de la Alta Velocidad crea indefensión en los usuarios, dudas en los turistas y aboca a la ruina a miles de negocios de hostelería" 20minutos 8/02/2026 https://www.20minutos.es/nacional/freno-alta-velocidad-crea-indefension-los-usuarios-dudas-los-turistas-aboca-ruina-miles-negocios-hosteleria_6930785_0.html




jueves, 3 de julio de 2025

Sobre el arte de echar la culpa a otros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Al arte de no ser culpable de nada, personal ("no me reconozco") o institucional ("nadie nos puede dar lecciones de contundencia"), hay que añadir uno más en el que España muestra maestría: echar la culpa a los demás. Aquí pasa de todo, pero no llegamos a saber qué ha ocurrido o, lo que es peor, asistimos al ejercicio gimnástico de pasarse la pelota de unos a otros.

El caos de ayer en Barajas con miles de pasajeros perdiendo sus vuelos mientras esperan a que les revisen sus pasaportes ha sido otro bonito ejercicio de este arte. En un sentido, todos son culpables, pero en otro nadie lo es. Cada uno le echa las culpas al otro, nadie asume el problema como suyo y mira hacia el siguiente. Las compañías echan la culpa a la Policía; la Policía dice que tenía suficientes efectivos y le echa la culpa a un "problema informático". La cosa queda entre las compañías, AENA y la Policía.  Algunos cuentan ante las cámaras cómo su avión salía con sus maletas dentro mientras que ellos hacían cola. ¿Quién tiene la culpa? La cuestión es crucial, pues las reclamaciones tendrán que atenderlas los que resulten responsables de ese caos que ha hecho perder miles de vuelos.

Si pasamos al tren, otro caos que llega hasta el punto de lo inexplicable y asistimos al mismo peloteo de responsabilidad. Unos echan la culpa a la antigüedad de los trenes franceses y sus problemas con las catenarias; otros echan la culpa al "estado" de la línea, cuyos responsables dicen haber invertido setecientos millones de euros y buscan otros culpables ante "lo inexplicable". En este caso, se insinúa con la boca chica, ante lo raro, un posible sabotaje. Otros días el caos se produce por un "robo de cobre", que deja la línea inutilizada.

Los pasajeros de Barajas estaban al menos a cubierto. Los usuarios del tren, en cambio, quedaran tirados en mitad del recorrido, en plena ola de calor, sin alimentos, sin energía, unas catorce horas, tiempo en el que se puede ir y volver a París, por ejemplo. La excusa para dejarlos allí tirados es lo variado de su situación, nos dicen, unos con maletas y otros con poca movilidad. Por esta buena causa, los pasajeros no solo se quedaron  tirados sino que se sintieron abandonados.

Ante esta situación de fallos continuados, el arte de echarle la culpa a otros se vuelve esencial, no solo por la cuestión económica de las indemnizaciones que tendrán lugar, sino por la cuestión reputacional. El mundo se puede hundir, pero tú lo niegas todo.

El arte de encontrar excusas y echarle la culpa a otros se está convirtiendo ya en un perfil profesional en comunicación de empresas, partidos e instituciones, Esto es lo que RTVE.es recoge sobre lo que ha pasado en Barajas:

Cientos de pasajeros se han agolpado en la terminal 4 de Barajas para pasar el control de seguridad a lo largo de la mañana, una situación complicada como consecuencia de la falta de efectivos policiales que realicen esta tarea. La mitad de los puestos de control están vacíos, lo que ha originado 60 minutos de media de espera para pasar el control.

Según Interior, es una situación temporal que se ha debido a la acumulación de vuelos en un espacio de tiempo muy breve y a la coincidencia con un problema informático puntual en el acceso a las aplicaciones que utiliza la Policía Nacional que ha sido subsanado entorno a las 15.00 horas.

Fuentes del Ministerio de Transportes han informado de que el incidente no tiene nada que ver con el Ministerio ni con AENA. Han explicado que no hay ningún caos en la gestión del aeropuerto. Han comentado que la situación corresponde únicamente a un problema de falta de personal policial en la gestión de llegadas de viajeros en el control de pasaportes. Este ámbito corresponde al Ministerio del Interior.

Desde Aena evitan hablar de colapso y aseguran que están trabajando en colaboración con la Policía para restablecer el flujo habitual de pasajeros y evitar mayores problemas. Aconsejan a los viajeros acudir con al menos dos horas de antelación al aeropuerto para evitar contratiempos en este comienzo del verano y de las vacaciones para muchos. Además, han afirmado que la situación no afecta a los vuelos en España ni en el espacio Schengen.

Tal y como han publicado múltiples usuarios de redes sociales, las colas para pasar por este control son de horas, con cientos de turistas esperando para poder cruzar la frontera dentro del aeropuerto.*

 

Sorprende ese "únicamente" aplicado a la responsabilidad del otro. ¿No deberían programarse los vuelos en función de lo que se puede absorber o viceversa, no debería destinarse la Policía en función del mayor o menor número de vuelos? Parece que sería lo lógico, aunque sea la falta de lógica lo que produciéndose en el sistema.

Lo importante es que todos no te señalen como responsable. De ahí la importancia del fallo informático y ese sabio consejo: que los viajeros estén dos horas antes. Al final tendrán ellos las culpas por precipitarse o esperar al último momento.

¿Recuerdan el "gran apagón"? Es el mejor ejemplo de cómo nadie es responsable de algo tan desastroso. Después de tanto tiempo pasado, las excusas liberatorias de responsabilidades son múltiples y los informes de cada uno apuntan a los otros.

"Experto en Excusas" será un perfil profesional cada vez más demandado en una sociedad que no invierte en mantenimiento, que reduce el personal en beneficio de los inversores y que descubre cuando se producen los desastres lo malos que son los materiales baratos, las chapuzas de trabajar sin la formación adecuada y, especialmente, que la modernidad está en la anticipación, que es la que marca la respuesta. Innovar y renovar, mantener, cuidar... es el signo de una sociedad que funciona y avanza. Los pasajeros tirados en una vía, el colapso en estaciones y aeropuertos son realidad y también metáfora de  nuestra España.

Lo ocurrido en Barajas, lo que ha pasado con los trenes, es sencillamente una vergüenza que se pueden repartir los que lo niegan todo. 

 

* "Cientos de pasajeros se agolpan en el control de seguridad de la terminal 4 de Barajas por un fallo informático" RTVE.es 02/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250702/cientos-pasajeros-se-agolpan-control-seguridad-terminal-4-barajas/16648787.shtml

martes, 6 de mayo de 2025

La España obsoleta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Esta vez han sido los AVE, un episodio más en una serie de desastres encadenados que a los españoles nos toca vivir. Tras el "gran apagón", una semana después nos llegan de nuevo imágenes de gente atrapada en trenes. Después de un puente pasado por agua, el regreso de unos y la ida a una Feria de abril se ha visto frustrado por otro desastre, mezcla de tecnología caduca, falta de inversión y mal fario. "¡Sabotaje!" han gritado unos; "¡dimisión!" le han gritado otros al ministro Puente, al que se la estaban guardando.

En cada crisis los ciudadanos aprendemos algo. Por ejemplo, de meteorología con las danas; del funcionamiento del sistema eléctrico con los cortes, etc. Los medios, con expertos reclutados para la ocasión, compiten por hacernos entender lo que antes desconocíamos, algo que usábamos, pero que no nos habíamos preguntado cómo funcionaba. Te subes a un tren de alta velocidad y ¡zas! llegas; das a un interruptor y ¡zas! se enciende. El sistema funciona y no te preocupas más... hasta que ¡zas! falla. Entonces vas corriendo a tu teléfono para contárselo a algún amigo o pariente... y ¡tampoco funciona! Como ser tecnológico de un país avanzado te sientes en las cavernas. Cuando los lazos sociales tecnológicos vuelven con la luz empiezas a compartir experiencias y preguntas descubres que unos se han quedado atrapados en ascensores, en vagones de metro o de ferrocarril, que a algunos solo les quedó la trágica solución de sentarse en una terracita a esperar a que pasara.


Hay que lamentar, por supuesto, los casos graves, aquellos en los que la falta de electricidad ha tenido consecuencias trágicas de forma directa o indirecta.

Ayer una cadena televisiva nos mostraba lo que entendían como "autonomía energética": los hornos y estufas de leña. Frente a la dependencia eléctrica, la leña y las velas son la solución parecían decirnos dentro de este estiramiento dislocado de las noticias. Aquellos ancianos, aislados en pueblos de montaña, olvidados por las tecnológicas, se convertían en el ideal de subsistencia.

Los efectos de las pérdidas (del kilo de filetes que reclamaba en pantalla una señora a millones por paros en fábricas y suministros) tienen su contrario en los que han hecho negocio agotando pilas, baterías, linternas y radios, cuyos precios se han disparado dentro de la lógica capitalista del mercado, la que nunca falla, el undécimo mandamiento, "Te aprovecharás de la desgracia ajena".

El País

Los que se burlaban del "kit de supervivencia" han tenido que rectificar y hacerse uno ajustado a su propia visión del apocalipsis tecnológico que nos tocará próximamente, el lunes próximo quizás, si el caos tiene su propio orden. Las desgracias tecnológicas se agrupan, ¡como si no fueran los lunes ya una desgracia!

Nos han tenido que explicar lo dependientes que somos, que nuestro mundo se puede hundir en cinco segundos inexplicables (hasta el momento) o incomprensibles (de por vida), porque nadie nos garantiza que lo vayamos a entender cuando nos lo expliquen.

Como usuario diario del tren de cercanías y de la red de metro, experimento problemas desde hace mucho tiempo, varios años. Lo que antes funcionaba bien ahora no lo hace. Si antes había un incidente al año, ahora tengo un par por semana, entendiendo por tales, retrasos, finalizaciones y trasbordos donde no estaban programados, escaleras mecánicas que no funcionan y ascensores "fuera de servicio". Cuando estos últimos no funcionan, te tienes que jugar la vida con maletas; ves a gente con sillas de ruedas que no sabes cómo pueden sobrevivir. No es ciencia ficción; es una realidad con la que cada día te encuentras.

Es la realidad de la España obsoleta, la España de reducciones de personal de mantenimiento. Es la España que quitó las taquillas y puso torniquetes porque era más barato, pese a lo que cuesta pasar con cochecitos de niños o con maletas o muletas, con un botón para que te abran pasos accesibles que en muchas ocasiones tardan en contestarte o sencillamente nadie te contesta.

Hemos pasado de presumir de lo bueno que es el servicio a lo rápido que se subsanan los desastres. Debemos agradecer esta prontitud. ¡Qué suerte tenemos!

Ante este tipo de situaciones, los políticos aprovechan para recriminarse unos a otros, cuando el mal es general y requiere otro tipo de discursos y, sobre todo de acciones. Está muy bien electrificarlo todo, hacerlo con energías renovables y lo menos contaminantes, pero el mantenimiento, prevenir los desajustes en sistemas cada vez más complejos e interdependientes es lo que asegura la "modernidad" y especialmente que no nos estamos metiendo en nuestra propia trampa. 

No dudo que sea necesario tiempo para saber las causas exactas, pero la modernidad está en desarrollar sistemas que estén bajo un control que permita anticiparse y evitarlos. Es mejor prevenir que mostrar erudición en la explicación del caos. No basta con construir, hay que mantener, vigilar, proteger.

¿Responsables? Los que no invierten porque reducen sus beneficios, los que les dejan hacerlo, los que creen que esto no pasaría nunca y, finalmente, porque no exigimos como debemos por nuestra propia seguridad.

El Mundo

lunes, 21 de octubre de 2024

Problemas entre raíles

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En poco más de dos horas intentaré tomar el tren de Cercanías que me deje en Nuevos Ministerios. Como usuario del tren desde el inicio de los años 90 en que llegó a mi pueblo, puedo decir que nunca ha estado peor que en estos últimos años. Es raro el día que no escuches el aviso de demoras, algo que se ha convertido en la banda sonora del tren.

Supongo que el ministro Oscar Puente, el del vídeo para mostrar que "todo iba bien en la estación de Chamartín", algo contestado por los usuarios que estaban allí, y su reprobación por parte de las cámaras, algo que se tomó con sonrisas sobradas, tendrá una nueva ocasión de salir en pantalla.

Como usuario, padezco junto a otros miles la misma sensación de abandono y hartazgo. Como oyente, escucho los mensajes cotidianos de retrasos y tengo que dar gracias a que no ocurran en mi línea. Sin embargo, esos retrasos afectan a múltiples líneas aunque no lo digan por la megafonía.

En lo que a mí me toca, todo empezó con las obras en Chamartín, cuya planificación desastrosa es evidente. Sé que no es fácil planificar unas obras de este tipo, pero también que no es fácil hacerlo tan mal a la vista de los resultados. Pese a lo señalado en los carteles de aviso, las obras no han terminado cuando estaba programado.

Sin embargo, no es solo el tren. Madrid tiene una estupenda red de Metro a la que se ha extendido el deterioro. Estaciones clave se pasan mesas con escaleras sin arreglar, desmontadas sin que haya nadie por allí.

El caso más grave ha sido el de las escaleras de Nuevos Ministerios pues por esa estación pasan los que van y vienen a la Estación de Chamarín, es decir, viajeros que llegan cargados de maletas y que se juegan la vida bajando con ellas. Unos ascensores sin señalizar, fuera de servicio en muchas ocasiones, a penas pueden atender el flujo de viajeros afectados.

No son solo los cargados de maletas que van y vienen de la terminal del aeropuerto. También es el intercambio de personas que van a dos universidades, la Autónoma y la Complutense. Esto hace que las líneas, a determinadas horas de entrada y salida, estén saturadas. Si consideramos que la línea de tren lleva a la Autónoma y que muchos estudiantes, por los retrasos, se acumulan en el andén a la espera de la llegada, el viaje se convierte en un conglomerado de gente a ciertas horas, que no es lo ideal desde diferentes puntos de vista, incluido el de la salud.

¿Qué pasa con nuestros transportes públicos; qué pasa con el Metro y con el tren? ¿Qué hace que unas escaleras desmanteladas tarden meses en ser revisadas?

Las causas concretas varían cada día, pero hay algo general que hace que el sistema falle cuando antes funcionaba con mucha más regularidad. Este mes de agosto bajé dos veces a Madrid, con problemas ambos días. Largas esperas bajo un calor sofocante.

Las reducciones de personal son una práctica habitual en cada vez más sectores. Donde antes había una cantidad de personas, ahora queda la mitad. Esto, en el caso, de los trenes se traduce en casos como los que estamos viendo.

La directora de 20minutos, Encarna Samitier, hace un breve balance titulado "Más que imprevistos":

El descarrilamiento de un tren entre Atocha y Chamartín y el operativo para evitar un suicidio han colapsado la red y han provocado afecciones a cerca de 17.000 viajeros durante este pasado fin de semana. Más allá de estos imprevistos, falta una comunicación fluida en las interminables horas de espera y de aglomeraciones, sin que muchas personas pudieran ni siquiera sentarse. El sábado hubo causas concretas pero el transporte ferroviario, cuyo ministro responsable acaba de ser reprobado en el Congreso, acumula problemas que exigen soluciones a corto, medio y largo plazo.*

Está muy bien evitar suicidios, pero está muy bien evitar la acumulación de retrasos e incidentes. Todo ocurre entre Atocha y Chamartín, allí se acumulan los problemas sin que nadie, incluido el ministro, parezca poder solucionarlos.

Como usuario casi diario de ambos medios de transporte en los últimos treinta años, creo que tengo cierta experiencia. Nunca ha estado peor que ahora, nunca ha habido tantos problemas como los hay hoy. Retrasos, escaleras desmontadas durante meses, y ascensores fuera de servicio, Todo ello combinado hace que la aventura sea diaria.

¿Es el espacio entre Atocha y Chamartín nuestro particular "triángulo de las Bermudas"? Pues algo así parece que ocurre a falta de mejor explicación. Los problemas de los trenes son los problemas de los usuarios.

* Encarna Samitier " Más que imprevistos" 20minutos 21/10/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5645791/0/mas-que-imprevistos-opinion-de-encarna-samitier/

domingo, 26 de noviembre de 2023

Un drama en 20 minutos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El tren iba apretado. Las distancias se redujeron casi al contacto físico. Puede que fuera por la hora o el día; puede que fuera por los retrasos entre trenes, por lo que se acumuló tanta gente. Hubo que subir rápidamente y apretarnos.

Durante el trayecto viajé junto a una madre y su hija. La hija pasaba por poco los veinte y la madre los cincuenta. La hija llevaba pintados los ojos con un rabillo alargado y llevó todo el trayecto el teléfono en una mano mientras se agarraba a una de las barras con la otra. Su cuerpo casi tocaba el de la madre. Esta se agarraba a la barra horizontal sobre las cabezas, a la que apenas llegaba.

No se dijeron una palabra en todo el trayecto.

La hija se ocultaba tras el teléfono, desplazándose de pantalla en pantalla, de programa en programa en una clara actitud de distanciamiento. A mi altura estaba la madre. Pude observar sus ojos durante el trayecto, el drama que ocultaban a la espera de que la hija le dirigiera una palabra, una mirada. Pero esta no se produjo. Claramente existía una barrera, pese a la distancia que les hacía rozarse con el movimiento del tren. Pero ese contacto era a lo más que aspiraba.

Yo veía cómo la miraba de reojo mientras ella seguía con la vista fija en la pantalla, indiferente o quizá lo contrario, intentando no levantar la cabeza de forma premeditada. Se trataba de evitar el contacto con las miradas, algo que habría llevado a lo que no podía producirse, el diálogo.

La madre esperaba. En varios momentos puede percibir una emoción triste ante la barrera que tenía delante. Creí que saldría una lágrima en algún momento, pero todas se deslizaban en su interior, silenciosas. No puede apartar los ojos de aquel sufrimiento, de aquel dolor que sin lugar a dudas se estaba produciendo.

En un momento el tren hizo una oscilación más fuerte que las otras y la madre, viendo que la hija se separaba y podía caer, la agarró con rapidez con su mano libre. Intentó unas palabras esbozando una sonrisa, casi era una disculpa por el gesto automático que había realizado. Pero la hija apenas se descompuso y volvió rápidamente la mirada al teléfono, mientras seguía desplazándose por las diversas pantallas. Cualquier cosa antes que levantar la mirada.

Me dolió ver aquel sufrimiento, ver aquel deseo de contacto frustrado. No le voy a echar la culpa al teléfono, claramente esa una forma defensiva, un agujero en el que se escondía para evitar el contacto con la madre.

Es probable que la tardanza entre trenes por las obras las hubiera juntado en aquel vagón, que una debería haber salido en el viaje anterior pero que los retrasos las juntaran. Si no, ¿qué sentido tenían aquellos silencios, aquel ocultarse tras la pantalla?

Me dio pena la madre. Me dio pena su deseo de que la hija la mirara un instante, que le dirigiera la palabra unos segundos, pues creo que no aspiraba a más. Quizá su felicidad por viajar con su hija ese día era una esperanza infundada. Quizá pensó que coincidiendo las dos en el viaje, en este trayecto, podrían encontrar ese hueco en el que sentirse la una junto a la otra. Pero jamás he visto un ejercicio de distancia, casi de crueldad, de castigo de la indiferencia como ese. Yo no podía evitar dejar de mirar los ojos de la madre, al borde del llanto, contemplando a la hija mientras esta no separaba los ojos del teléfono.

He visto muchos hijos indiferentes, con el teléfono en la mano. Pero aquello era distinto, era un ejercicio premeditado de castigo, una indiferencia activa que causaba un enorme dolor. Yo esperaba que en algún momento se produjera un intercambio de miradas, de palabras, de gestos, pero la mirada dolida de la madre me anticipaba que aquello no se iba a producir.

Llegamos al final. Me giré y no quise ver más. Había tenido suficiente desprecio, indiferencia por ese día. Había asistido a un pequeño drama mudo, como una vieja película ante mis ojos, que iban de una a otra mujer. No había butaca, no había pantalla, solo la triste realidad.

Hoy no toca hablar del mundo, sino de lo que ocurre delante de nuestros ojos, a pocos centímetros, frente a ti. Ocurrió hace varios días y necesitaba contarlo.

martes, 21 de febrero de 2023

Lo gratis sale caro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La forma de zanjar las crisis dice mucho sobre las crisis mismas. La chapuza de los datos erróneos dados a los fabricantes cuyo resultado eran trenes que no cabrían por los túneles tenía que estar a la altura. La solución es cortar las cabezas de dos responsables más y trenes gratis hasta 2026, fecha en que llegarán los trenes con las medidas ajustadas a la realidad de los túneles. Así, la chapuza se controla mediática y políticamente. ¿Trenes gratis durante tres años? Los usuarios dejan de protestar y la deuda sigue subiendo. Pero por algún lado tendrán que ingresar, a menos que nos concedan el premio Nobel de Economía por encontrar la empresa que se alimenta del aire, que por muy limpio que esté, no produce las calorías económicas suficiente. Lo gratis lo pagamos todos, aunque lo disfruten unos pocos.

La chapuza se va instalando cada vez más como una realidad tangible, próxima, cotidiana. Se centra en elementos muy variables, desde los jurídicos, con leyes cuya aplicación consigue lo contrario de lo que pretendía, a estos trenes que no caben. Pero a las chapuzas se le suman las negligencias, una variable peligrosa que, como en el campo de la sanidad, causa muertes. Es raro el día en que no tenemos noticias de chapuzas y negligencias en algún sector, que salga a la luz algún desastre.

¿De dónde sale todo esto? Un primer factor es indudable: mucha gente no está donde debería estar o, lo que es lo mismo, está donde no debe. Los malos nombramientos son una peste contemporánea que hace que coloquemos a personas en lugares para los que no están capacitados. Pero el hambre de cargos es un mal difícil de controlar, sobre todo porque constituye una cadena de confianza, una forma de colocar personas próximas que viven a la espera de un cargo. Esa proximidad es la que se da en los partidos políticos en muchas personas que esperan su momento, el del cargo remunerado en un sector del que muchas veces desconocen casi todo. 

La otra causa es también indudable: los recortes de personal, que acumula errores por agotamiento, simultaneidad de tareas, etc. Esto se ve igualmente en todos los sectores, donde se producen chapuzas por la falta de la atención necesaria causada por prisas, como estamos viendo en los errores de diagnósticos médicos, cada vez más frecuentes. ¿Son peores los profesionales? Probablemente no, pero las condiciones en las que trabajan o los recursos de que disponen no facilitan sus tareas. Si tienes, por ejemplo, menos tiempo para reconocer, menos fondos para gastos y todo se hace igual en cada proceso, los resultados no dejan de empeorar.


Hemos tenido accidentes trágicos por la negligencia, por ejemplo, en la revisión de las medidas de seguridad de atracciones de feria. La cantidad simbólica de revisores deja en el aire la idea de "seguridad". Todo se deja al azar, a las probabilidades bajas de que ocurra algo. Pero la crisis modifica los factores: al reducir los ingresos y aumentar los gastos, esto repercute en las revisiones de seguridad, tanto por parte de los inspectores como por parte de los propietarios. Y los problemas aumentan.

¿Es la gratuidad de los trenes una solución a las chapuzas? No. Es una "solución" a su coste político, para salvar las protestas y el ridículo. Pero la falta de ingresos puede significar un aumento de las probabilidades de que se produzcan problemas de diverso orden. La falta de ingresos tendrá que repercutir en algún grado sobre lo que hay hoy y el deterioro se irá produciendo porque forma parte del ciclo de vida de los materiales. Lo que no se renueva, se vuelve contra ti.


Los políticos han medio salvado la cara. Han escenificado su indignación frente a sus electores y han cortado cabezas para mostrar que no son tolerantes con las negligencias, aunque los responsables no sean ellos. Pero da igual. Es más barato cortar unas cuantas cabezas que te recorten unos cientos de miles de votos que se pueden llevar por delante a miles de cargos surgidos en los despachos del poder.

La cultura de la chapuza avanza porque la eficacia tiene un elevado coste de mantenimiento. Que las cosas funcionen, que el candidato ideal esté en su puesto, etc. tiene un coste en muchos planos. Por lo pronto, una persona responsable exige las medidas necesarias para que su servicio o sector funcione como debe. Pero la cultura de la chapuza adora a los jefes y maltrata a los subalternos, a los que azuza con la vara. De esta forma, empieza a cundir el desánimo y un pensamiento que no se siente vinculado al estado general. Las advertencias desaparecen una vez que han sido desatendidas.

Esperemos que la chapuza de los trenes que no caben no sea superada por problemas derivados de la gratuidad del servicio.

viernes, 10 de febrero de 2023

Ira en los andenes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El problema de los trenes que no caben por los túneles no es nada en comparación con el problema ferroviario creado en Madrid por las obras que se realizan en la importante estación de Chamartín, un auténtico súper nudo de comunicaciones, con una duración prevista de diez meses, hasta diciembre. Los caos a todas horas, las carreras de unas vías a otras, entrechocándose los pasajeros que suben y bajan con peligro físico una estrechas escaleras —con bicis, maletas, patinetes, coches de bebé...— y nerviosismo crecientes.

Ayer veía la noticia del incidente público provocado por los retrasos y paros de trenes en la estación de Atocha, otro centro neurálgico del transporte madrileño, conexión —al igual que Chamartín— con media España. Desde estas estaciones salen y llegan no solo los transportes de la península, sino que la línea de Cercanías, la que une las poblaciones a esa red que recorre la gran capital, a la que acuden cada día millones de ciudadanos (entre los que me encuentro) para ir al trabajo, estudiar, etc.

Madrid tiene un enorme entramado de sistemas de comunicación (trenes, autobuses, metro...) que tejen una red que los usuarios combinan para desplazarse a través de la ciudad y de la Comunidad, con salidas y llegadas hacia el aeropuerto que la une al mundo. Todo esto tiembla y se convierte en un caos por el corte de una estación previsto para diez meses, no para un par de semanas.

9/02/2023

Pese a los esfuerzos de toda una flota de personas (mayormente jóvenes) desplegados por las estaciones para suministrar informaciones, lo que tenemos es un sistema que va al caos, sin posibilidad de concretar lo que se le pide al transporte: regularidad, puntualidad, etc., es decir, la posibilidad de saber cuánto tiempo se va a usar en realizar ese trayecto que se repite cada día y que da tranquilidad. Lo que existe ahora es un sensación caótica que impide saber cuánto se tardará, que acumula miles de personas nerviosas preguntándose unos a otros "¿a dónde va este tren?", si va hasta un destino determinado, si pasa por tal estación, etc. Se produce un caos que se intensificará cada día creando, además, una ansiedad que acabará estallando, tal como recogen lo ocurrido en la estación de Atocha:

En El Confidencial se nos relataba el incidente:

La mayoría de las líneas de Cercanías de Madrid se han visto afectadas por una avería en Atocha y el caos se ha incrementado por las obras y el corte del túnel entre Sol y Chamartín. El suceso ha ocurrido a las nueve de la mañana, en plena hora punta, y el servicio no ha recuperado la normalidad hasta la 1 de la tarde, según informó Cercanías a través de su cuenta de Twitter. 

El colapso de las Cercanías, con retenciones en la C-1, C-2, C-3, C-4, C-5, C-7, C-8 y C-10, también ha afectado a los trenes de Media y Larga Distancia. Los trenes más afectados fueron los de origen Aranjuez y Atocha de la C-3 y por ello, los viajeros han tenido que concluir sus recorridos en Villaverde Bajo, teniendo que hacer trasbordo hacia la C-4.

En redes sociales, no dejaban de llegar las quejas a @CercaniasMadrid. Los usuarios compartían fotos de andenes desbordados. Además, justo estas aglomeraciones, se producen con el primer día en el que las mascarillas ya no son obligatorias en el transporte.

Se han registrado multitud de incidentes en varias estaciones. En Atocha, algunos usuarios han golpeado los trenes e increpado a los conductores de los vehículos. Un hombre decidió elevar su protesta bajando a la mitad de las vías, poniendo en riesgo su vida, según informa Telemadrid.* 

Hace algún tiempo, quizá entre tres y cuatro meses, es decir, desde bastante antes de que empezaran las obras de remodelación de Chamartín, que se estaban produciendo distintos tipos de incidencias con los horarios, retrasos, provocados por accidentes o paros de trenes en determinadas líneas, algo que los propios servicios de megafonía explicaban ante la impaciencia de los viajeros, que se movían nerviosos con sus teléfonos móviles llamando a decir que se retrasaban, saliendo de la estación a buscar medios alternativos, etc.

Los incidentes no han hecho más que comenzar y es previsible que conforme aumente la indignación vaya a más, como ya ha ocurrido en Atocha y se nos contaba en el texto de El Confidencial. Este estado de irritación se acaba pagando con los que tienen un trato directo con el público o simplemente están a la vista. La capacidad de expresar indignación traduciéndose en actos violentos aumenta gracias a las posibilidades de interacción (compartir vídeos del caos), la repetición de los hechos y los efectos que se puedan transmitir por causa de la complejidad del sistema en su conjunto.

Lo que ocurre en las redes ferroviarias desvía parte de sus viajeros hacia otros tipos de transporte. Es probable que empiecen a aumentar los atascos en las carreteras, lo que afectará a las entradas en Madrid desde la periferias. El aumento de autobuses, por ejemplo, provocará más atascos junto con el aumento de coches. Eso, a su vez, generará más caos, más accidentes, más nerviosismo, etc.

No dejemos de pensar en que esto serán 10 meses, no un par de días. Ya hay protestas a través de los ayuntamientos; pronto las habrá directamente.

Si mencionábamos la chapuza de los trenes grandes en Asturias y Cantabria y un retraso de tres años para que se solucione el "problema", es decir, que lleguen los nuevos trenes, el caso de las obras de Chamartín puede crear un gigantesco incidente, por así decir, que provoque cada día diferentes estallidos populares.

Ayer pude ver la primera de las caídas. Un señor que intentaba subir corriendo las escaleras cayó y tuvo que ser levantado por las personas. Esas carreras por los túneles de Chamartín son un gran peligro por la cantidad de personas y la ausencia de escaleras mecánicas en las galerías subterráneas que conectan la estación ferroviaria con el metro de Madrid. Lo que es el tráfico normal para llegar a los andenes se convierte en una carrera de obstáculos desesperada y peligrosa para todos los que intentan alcanzar el tren.

Otro mal diseño: los carteles luminosos están colocados sobre las boca de la salidas a los andenes. Esto implica que la gente se para allí y obstruye la subida y bajada de las escaleras, que se concentra en esos puntos porque no hay fiabilidad en las pantallas al cambiarse de unas líneas a otras según el caótico tráfico, lo que implica bajar corriendo a contracorriente con los que suben también corriendo, además de que la mayor parte de la gente se concentra en el mismo punto, otro peligro.

Se eliminaron los murales con los planos generales de las líneas de los trenes. Teóricamente como se mira en Internet... Pero lo cierto es que al indicar el destino y no las estaciones intermedias no existe indicación de por dónde pasa el tren, por lo que la pregunta "Este tren pasa por X", se la realizan los viajeros unos a otros, no sabiendo la respuesta la gran mayoría.

Las máquinas expendedoras de bebidas están situadas en los puntos de acceso, junto a las escaleras, que es donde se concentra el paso de viajeros. Eso ahora es un problema porque los andenes están saturados de gente.

Como señala la información, todo esto hace que se llenen los trenes y que estén tiempo parados esperando la orden de salida. Esto ocurre precisamente con el momento de retirada de la obligatoriedad de llevar las mascarillas en el interior. Mucha gente no se la quita, pero es probable que pronto tengamos nuevas cifras de contagios de diverso tipo, no solo de la COVID.

Todo se junta. Todo forma parte de la complejidad. Es evidente que la planificación de unas obras de 10 meses en la estación de trenes de máximo tráfico de está mal planificada y peor desarrollada, que tiene unos efectos colaterales debido a lo complejo del sistema de comunicación en una ciudad y región como la madrileña con una densa red de comunicaciones. Los cambios en esta tienen efectos en el sistema laboral (la gente va y viene del trabajo), va a tener costes en términos de accidentes y sanitarios (aumentos de enfermedades), afectará a los demás subsistemas de transporte (metro, autobuses, taxis, etc.) por atascos, retrasos, accidentes, etc. Hará que estos subsistemas se vean tensionados, como ya ocurre en el metro, que absorbe muchos pasajeros que no pueden usar el tren. El mayor uso provocará un deterioro más rápido por el uso, que los menguantes servicios de reparación y mantenimiento (reducidos en los últimos años, en los que el tiempo, por ejemplo, de reparación de una escalera mecánica se ha multiplicado).

Lo peligroso es que toda esta variedad de situaciones las padecen los mismos. Bajo la etiqueta de "viajeros" están las mismas personas, que acabarán estallando y pidiendo, como ya hacen, cambios y responsables. Son las víctimas diarias.

Telemadrid


La brillante campaña publicitaria —"Perdonen las mejoras"— puede hacer perder la paciencia a aquel que tiene la perspectiva de que le descuenten una y otra vez dinero de su sueldo por llegar tarde o cualquier otra circunstancia que modifique la vida diaria y que se verá afectada, en mayor o menor medida, por lo que supone desplazarse. Diez meses enfadados por conflictos de todo tipo puede ser demasiado. "Perdonen los cabreos" será la contra campaña con la que se pueden encontrar en breve. El problema es que ese estado de ánimo es fácil que se vaya de las manos y se traduzca en más violencia.

¿Han infravalorado lo que significa en términos sistémicos las obras de Chamartín? Me temo que sí. Lo que ocurre en Chamartín, no se queda en Chamartín, como aseguran. Los efectos son múltiples y crecientes. Por lo pronto está dejando a la vista muchas otras carencias, modificaciones que parecían no tener importancia (como retirar puntos de información hacer pequeños y distantes los letreros luminosos, etc.) y que ahora la tienen.

Desgraciadamente, pronto esto irá a más, tal como la paciencia irá a menos. Demasiadas chapuzas que pagan siempre los mismos, que caen sobre las mismas espaldas. Esto es un paso más hacia ese caos de inoperancia, que sentimos que nos rodea. Da igual que sea verdadero o solo una ilusión. Con las ilusiones, en ambos sentidos, se hacen muchas cosas y no todas se pueden controlar cuando se ponen en marcha. No es lo mismo estar enfadado en casa que estarlo en un andén con cientos o miles de personas en estado de irritación. Me temo que pronto lo comprobaremos. La gente levanta las manos para grabar con sus teléfonos el caos... por ahora.

* EC "Caos en el Cercanías Madrid: golpes a los trenes e insultos a maquinistas por los retrasos" El Confidencial 8/02/2023 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2023-02-08/cercanias-madrid-atocha-andenes-aglomeraciones-cortes_3572337/

jueves, 9 de febrero de 2023

Un tren de chapuzas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El diario ABC se refiere al caso de los trenes que no caben en los túneles con el titular en portada "El Gobierno usó una jubilación y un cese ya previstos para simular la purga del fiasco de los trenes" y en el interior otro no menos directo, "Los ceses de Transportes por la chapuza ferroviaria eran salidas ya previstas". ¿Otra chapuza?

El término "chapuza" está presente cada vez más en nuestra vida cotidiana y en ese entorno mediático que es ya nuestra naturaleza boscosa, nuestro ecosistema informativo. "Chapuza" se ha utilizado con profusión para la Ley del "solo sí es sí" y ahora llega lo de los trenes que no caben por los túneles. 

La chapuza del "solo sí es sí" es jurídico política, fruto de la incapacidad de entender la relación entre efectos y causas. Es chapuza e incompetencia por parte de quienes lo pergeñaron en los centros de decisión del Ministerio. Pero en vez de darse cuenta, siguen insistiendo en su validez y en que los equivocados son los otros, es decir, todos los demás, porque en esto se han quedado solos, aunque con el aplauso de los abogados de los que salen libres y su gratitud.

Lo de los trenes, en cambio, es una chapuza por inercia, porque crees que todo es estándar y que los trenes se construyen para pasar los túneles y los túneles para que pasen los trenes, algo que se ha demostrado que no es cierto.

Mientras que se puede seguir discutiendo hasta el infinito sobre la ley, echando la culpa a los demás, lo de los trenes es otra cosa: si no caben, no caben. Sencillo, rotundo, incontestable.

Lo que nos dice ABC es que esas cabezas estaban ya "cortadas" o, si se prefiere, amortizadas, una por jubilación y otra por un cese ya previsto. Son ceses de cara a la galería antes de que los leones empiecen a afilarse los dientes.

En El Confidencial, Carlos Prieto nos ofrecía hace dos días una perspectiva de interés en este caso de los trenes:

El fósforo que enciende la pradera en Asturias lo sostiene Revilla en Cantabria con indignación campechana.

He aquí una historia que merece la pena contar al revés, empezar por el final y acabar por el principio.

Adif cesó este lunes al jefe de Inspección y Tecnología y Renfe al responsable de Gestión de Material.

La ministra de Transportes, Raquel Sánchez, había prometido dimisiones por el fiasco de los trenes diseñados para Asturias y Cantabria que no cabrían en sus túneles. En 2019, Renfe lanzó un concurso para renovar 31 trenes de cercanías y media distancia en el norte del país, adjudicado a CAF por 258 millones de euros, pero los gálibos -dimensiones máximas de altura y anchura de los trenes- estaban mal en el contrato. Aunque el fallo interno se descubrió durante el diseño, es decir, antes de la fabricación, el caos burocrático demorará la entrega de los trenes al menos tres años.

La ministra dijo compartir el “enfado e indignación” del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que convirtió el trenicidio en drama nacional. Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias, se sumó a Revilla y a la ministra: "Hay que ver quiénes son los responsables de esta chapuza y cesarlos". Todos de acuerdo pues… a toro pasado

 Ocurre que algo falla en esta indignación coordinada entre el Gobierno, Asturias y Cantabria. Un fallo en el sistema que explicaría varias cosas interesantes sobre el funcionamiento del laberinto territorial español: por qué unas noticias tienen impacto y otras no, cómo funcionan los escándalos políticos cuando llegan a los medios, por qué Revilla la lía cada vez que abre la boca, qué pasa en el silencioso oasis socialista asturiano y por qué en España se maltrata a los trenes que no van a alta velocidad.*

Son muchas cuestiones, desde luego, y todas ellas relevantes... si son capaces de llegar a la opinión pública. La idea de Carlos Prieto es que todo esto se sabía, fue dicho, pero hasta que no lo dijo Revilla y pidió cabezas no se creó el escándalo y la chapuza alcanzó entonces dimensiones mediáticas nacionales. Está bien visto porque la realidad es esa confluencia entre intereses de unos y de otros que finalmente llega a resolverse con esos dos ceses, uno por cada lado, que no generan coste alguno y sirven para salvar otras cabezas.

Son más chapuzas las que Prieto añade a las visibles; son las chapuzas del silencio, las de unos medios que no profundizan, las de una oposición local que no se entera, el abandono de las redes de cercanías frente a la alta velocidad, etc. Muchas, sí.

20 minutos

La cuestión importante es cuántas chapuzas se puede permitir un país sin que las consecuencias le afecten de forma grave. Está claro que la chapuza de la Ley del solo sí es sí tiene unos costes políticos importantes, a la vez que sociales, y esperemos que esas personas que salen beneficiadas no busquen a sus víctimas y tengamos pronto una desgracia más. 

La lista de chapuzas se puede extender a muchos campos. No todo atrae la misma atención mediática y a veces necesita de un conflicto de fondo para que salte. Lo que ya estaba dicho solo adquiere fuerza cuando a alguien le interesa. Un día de estos hablaremos de las chapuzas educativas, si es que le interesa a alguien. 

* Carlos Prieto "Cómo Revilla explotó el fiasco de los trenes de Renfe (y dejó a Asturias con el culo al aire)" El Confidencial 7/02/2023 https://www.elconfidencial.com/espana/2023-02-07/como-revilla-exploto-el-fiasco-de-los-trenes-que-no-caben-en-los-tuneles-y-dejo-a-asturias-con-el-culo-al-aire_3570867/