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viernes, 29 de mayo de 2026

La IA y el fraude de la belleza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Imagínese que mañana nos descubren que alguno de nuestros líderes políticos, culturales, etc. es en realidad un avatar, que está creado con IA y que todas las imágenes suyas que consumimos son creadas artificialmente. Sus discursos, sus sonrisas, sus enfados, etc. han salido de un algoritmo creado para que se convierta en nuestro líder y a nosotros en sus seguidores y votantes.

¡Menudo fiasco! Sin embargo, estoy seguro de que a muchos tampoco les importaría mucho dado el avance hacia una sociedad donde la persona ya no es alguien sino algo, una suma de discursos generados alrededor de un centro, un conjunto de imágenes vinculadas con las que se puede interactuar en el tiempo y que nos responde conforme a nuestras propias expectativas.

Esto ya no es ciencia-ficción, sino algo que ya se está desarrollando en muchos campos guiados por ese fino instinto comercial que anida en el cerebro de muchos y piensa en términos de ahorro y ganancia. No pondría yo la mano en el fuego por la realidad de algunos.

Debatía ayer con una doctoranda que trabaja en el mundo periodístico de la fotografía sobre el cuidado que hay que tener hoy con la idea de realidad, algo que ha saltado por los aires no por motivos filosóficos, sino tecnológicos. Hemos conseguido adulterar todos los "documentos" que nos permitían establecer la idea de realidad, separándola de la ficción, lo real de lo imaginado y ahora de lo representado. Ya no se vive en una fantasía, sino que mis fantasías viven para mí, con los peligros que esto conlleva de acabar no sabiendo qué son los demás y, en última instancia, al filosófico "quién soy yo", pero pasado por un filtro de consumo.

En el Verifica de RTVE.es, Sara García Lamelas nos plantea unos casos problemáticos de esta cuestión del conflicto realidad/avatares por el uso de la IA: 

Tres perfiles falsos de mujeres influencers creadas con inteligencia artificial (IA) han estado vendiendo productos de belleza, ropa o suplementos alimenticios a través de vídeos y fotos en la plataforma TikTok Shop sin avisar de que sus protagonistas no son reales y sin etiquetar todos sus contenidos como artificiales. En VerificaRTVE analizamos el impacto de estas cuentas con un abogado especializado en derecho digital y su potencial riesgo para la salud mental de las adolescentes y jóvenes con una psicóloga especializada en baja autoestima. * 

El problema se nos plantea no desde la credibilidad, sino desde la declaración de la naturaleza de aquellos a los que seguimos convencidos de que son humanos. Esto es algo más que vender. El problema se plantea, por ejemplo, desde la perspectiva del "antes y el después" del uso de una crema de belleza, por ejemplo. ¿Qué sentido tiene usarla siguiendo el embellecimiento del avatar? Por muy guapa que se nos muestre en el después, ese después no existe porque no existe un antes. Los granos desaparecidos nunca existieron; las arrugas tampoco. Nada mejoró porque nada había empeorado en su inexistente vida anterior.

Sin embargo,  queda demostrado que los humanos tenemos una tendencia innata al seguimiento, aunque hay otros que la tienen hacia la rebeldía, que es lo que ha evitado el desastre evolutivo. Cuesta, pero avanzamos. La pregunta ahora es ¿así avanzamos?

En el artículo se aborda los problemas que se producen: 

"El principal problema de los avatares hiperrealistas de IA es que eliminan la imperfección", nos explica la psicóloga especializada en baja autoestima y depresión en la adolescencia Cristina Saiz. Sostiene que una influencer real, a pesar de los retoques, puede tener imperfecciones, la IA no, y alerta de que "intentar emular a una IA es un billete directo a la frustración crónica y a mayores problemas de salud mental". Saiz señala que la IA tiene la capacidad de diluir las barreras. Cuando antes veíamos una modelo de revista, "el cerebro activaba una ‘tregua’" pensando que "está retocada", pero, "con los avatares de IA que simulan cotidianidad, el cerebro procesa el estímulo como un igual, no como un anuncio publicitario".

Estos avatares "moldean" las mentes de los adolescentes y la exposición continuada a estos cuerpos "perfectos" acaba alterando lo que una joven considera "normal", destaca Saiz. "Al mirarse al espejo, su propio cuerpo, que es sano y real, empieza a ser percibido como defectuoso, aumentando los índices de ansiedad, depresión y conductas de riesgo asociadas a Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA)", añade.

Según nos explica esta psicóloga, "históricamente, el cuerpo de la mujer ha sido el principal objeto de consumo y el vehículo comercial más rentable". Estos perfiles cumplen "una doble función comercial: atraer la atención masculina y activar el deseo de emulación femenina". Señala que estos avatares están replicando "un estereotipo rentable y patriarcal" que "activa los circuitos de dopamina más rápidos en los usuarios". *

 

El mundo capitalista ha aprendido que no hay problemas, solo oportunidades, es decir, que la llamada "frustración crónica" generará nuevos negocios que darán beneficios con toda seguridad a los mismos que los producen.

Nuestro "avance", tras décadas condenándola, va por un incremento de la sexualización (conecte la MTV) que lleva a la emulación primero y la frustración después. Quieren ser como "ellas" o "ellos", se gastan el dinero en intentar serlo y posteriormente lo que les queda en intentar salir de la depresión por no haberlo logrado. Luego se vuelve a empezar. Lo que nos advierte la psicóloga es que estas perfecciones artificiales de los vídeos con IA son tan perfectas que no dejan margen para la emulación. El "rentable y patriarcal" señalado es la forma sucinta de nombrar el retroceso cultural que se está produciendo a pasos rápidos.

Las consecuencias son esas frustraciones constantes, las depresiones de caballo (¡qué expresión popular!), los suicidios, la separación de grupos radicales, etc. Es decir todos los males que nos han contado las películas norteamericanas, pero normalizados y rentables.

Que sean las mujeres las principales víctimas es acoger las ventajas económicas e industriales del patriarcado: la belleza es triunfo y la belleza cuesta. Por eso la proposición de esta belleza de IA, artificial, genera personas artificiales, fachada, pero poderosas en la medida en que son imitadas por otros. El etiquetado como IA es esencial, pero solo una parte en la medida en que se va imponiendo. ¿Qué importancia tiene, al fin y al cabo, que la belleza no sea natural? Lo que nos lleva a su creación y difusión como parte de un programa socio-cultural que prende con fuerza en personas necesariamente inseguras, que necesitan modelos de referencia porque creen que con ello serán admiradas. La inseguridad es un gran negocio.

¿Sirve de algo denunciar estas prácticas de belleza fraudulenta? Probablemente no, pero hay que intentarlo. Más allá, de la denuncia está la fijación de otro tipo de modelos más allá de las apariencias que, hoy más que nunca, engañan.

Que estemos confiando en avatares para charlar, para hablar del futuro o sobre cómo debemos ser, que se llegue al amor sustitutivo nos dice mucho de nuestro estado, de nuestra soledad, de la indiferencia ambiental, de lo poco que valemos y de lo poco que nos valoramos realmente. 


* Sara García Lamelas "Influencers creadas con IA para vender productos en TikTok y sus riesgos para la salud mental" RTVE.es / VerificaRTVE  26/05/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260526/influencers-creadas-ia-productos-tiktok-riesgos-salud-mental/17084517.shtml

jueves, 14 de octubre de 2021

Disparos o rehumanicemos el sistema

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La noticia de que un joven ha entrado en un edificio de la Universidad del País Vasco, en concreto la Facultad de Ciencia y Tecnología, debería preocuparnos más allá de la satisfacción que en el ánimo del agresor no estaba —según manifestó a sus asustados compañeros— hacer daño a nadie, sino que aquello "iba con la Universidad" Nos alegramos porque no haya habido afectados, pero nos preocupamos porque haya ocurrido el acontecimiento en sí, que alguien llegue a un estado de irritación o desesperación —desconocemos el caso— como para emprenderla a tiros con su propia facultad.

Cayó en mis manos entre las lecturas veraniegas un obra de un catedrático de Psicología de la Universidad de Granada sobre la "inteligencia emocional"*, un tema muy tratado en estas décadas últimas para poder encajar en la realidad todo lo que nos dejamos fuera en un concepto tan difuso como "inteligencia", sometido a revisión constante y limpieza de los abusos acumulados. La obra dedicaba unas pocas páginas a la situación de estrés de los docentes y cómo este se acababa transmitiendo a los propios alumnos. Señala el autor "[...] la investigación nos muestra que las emociones se contagian y que maestros y estudiantes pasan muchas horas juntos, sobre todo en infantil y primaria, por lo que es ingenuo pensar que las emociones de unos y otros no terminarán interaccionando y afectando al clima emocional del aula y, luego, del centro educativo y de la familia." Pudiera parecer que estos problemas afectan solo a los niveles elementales y primarios de la educación, pero esto no es más que una ilusión que tiende a considerar la enseñanza superior como más racional. Como las enseñanzas medias coinciden con la adolescencia y esta con cierta inestabilidad emocional, sentido de rebeldía, etc. parece que el área de estudio son las primeras etapas de la enseñanza.

Sin embargo, esto no es así y la cuestión va mucho más allá de los tradicionales tópicos de la rebeldía juvenil o de cualquier otra circunstancia. El comentario del profesor Fernández Berrocal sobre la enseñanza resalta:

 

Diferentes estudios han analizado la realidad emocional de los docentes y cómo se sienten los maestros en su trabajo cotidiano en la escuela. Cuando se les pide a los maestros que describan con sus propias palabras las tres emociones más frecuentes que sienten en su trabajo diario en la escuela, las más mencionadas son: frustrados, abrumados y estresados. De las tres emociones, la frustración es con diferencia la emoción más mencionada por los maestros. En cambio, si le pedimos a los maestros que nos describan cómo les gustaría sentirse en la escuela, señalan estas otras tres emociones: feliz, valorado y respaldado. Como se aprecia, el salto de las emociones que sienten a diario a lo que les gustaría sentir es enorme.

Como consecuencia, según ha resaltado la investigación, los docentes que sienten emociones desagradables de alta intensidad como la frustración durante un tiempo prolongado sufrirán graves consecuencias negativas con altos niveles de estrés, una peor salud física, problemas psicológicos como depresión, ansiedad, trastornos del sueño y falta de concentración. Todo ello puede desencadenar, a su vez, un bajo rendimiento laboral, mayor absentismo y bajas laborales, mayor rotación e, incluso, un bajo rendimiento de sus alumnos.

De la investigación se desprende claramente que la docencia es una de las profesiones más complicadas y estresantes, y que los docentes necesitan de múltiples recursos tanto personales como instrumentales para luchar contra el burnout (síndrome de estar quemado) y el estrés diario en las aulas. No obstante, estudios recientes nos muestran que este agotamiento docente no solo implica graves consecuencias para los propios maestros, sino también para sus estudiantes.*


Hay una cierta perspectiva "descendente" en esta visión del sistema educativo. Los flujos de frustración, etc. van de los docentes a los estudiantes. Pero esto contradice el mismo espíritu "sistémico" que se pregona en el texto. En realidad es mucho más grave porque lo que se provocan son continuas interacciones entre todos los agentes en contacto en el subsistema respecto a otros más amplios. Los docentes no son solo docentes, pertenecen a otros grupos que también padecen sus propias crisis; los estudiantes son miembros, a su vez, de familias que forman parte de sus propias crisis, por ejemplo, de tipo laboral. Lo que esto significa es que la preocupación debe ir mucho más allá de pensar si los profesores y profesoras van a evaluar incorrectamente unos exámenes o trabajos del alumnado al estar bajo esas situaciones de estrés que les provoca frustración, estar quemados y abrumados. Quiere decir que todo el estrés social acabará expresándose a su manera en los distintos ambientes, entre ellos el educativo, especialmente sensible por sus propias características y la personalidad de los intervinientes. Significa pues que la sobrecarga de estrés, frustración y desbordamiento no solo afecta al profesorado, sino que es general y acumulado.


El joven que ha cogido una escopeta de cartuchos y ha disparado contra los cristales de su Facultad es una muestra de que los límites de los problemas son mucho más permeables de lo que pensamos. Este joven ha disparado contra cristales, sin querer hacer daño; en otros países, como sabemos, no son tan delicados y tratan de hacer el mayor daño posible, traducido en muertes. La ira ya no va contra los edificios sino contra las personas.

No tenemos unos estudios —al menos que yo sepa— que reflejen de forma sistémica el estado emocional de nuestros subsistemas educativos, de la guardería a los doctorados. Nos hemos engañado a nosotros mismos en busca de una "excelencia" que encubre el alto nivel de estrés y destrozo emocional que causa. De vez en cuando tenemos noticias que llegan de fuera de cómo, por ejemplo, los exámenes de exámenes de selectividad en China crean tensiones familiares y personales terribles en los estudiantes, dado su nivel de exigencia. Sabemos que ha habido en Japón un movimiento de rechazo de la competitividad, construido en la columna vertebral del sistema, en donde los estudiantes anteponen la salud mental al desequilibrio emocional que les provoca, a la ansiedad que eles genera el sistema. Sabemos, aunque los motivos queden en la oscuridad, que los suicidios en edades juveniles son ya la primera causa de muertes. El titular de finales del mes de julio del Heraldo no deja muchas dudas "El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes".

Sin embargo, las causas se señalan desde el exterior:

Es cierto que por ahora no se tienen números oficiales, pero la percepción entre los jefes de servicio de psiquiatría de los hospitales es que durante los últimos meses las urgencias en este campo se han disparado. De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este tipo de atención en menores se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, lo que se ha traducido en un agravamiento de los trastornos de conducta alimentaria y un aumento de los casos de ansiedad, alteraciones obsesivo-compulsivas, depresión, autolesiones e intentos de suicido en adolescentes.

La Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la organización de pediatras argumenta que la avalancha de noticias negativas, unida a los ritmos irregulares del sueño, menoscaba la salud mental de los menores. ¿Qué está ocurriendo para que se produzca este deterioro de la salud mental a edades tan tempranas? La creciente incertidumbre económica, la falta de expectativas y el desempleo rampante abonan el terreno de la precariedad. En esta tesitura, la emancipación se antoja imposible.**

 


La pandemia, la crisis económicas, la vivienda, el empleo, etc. todo se suma en la mente y produce esos estados. ¿En qué medida contribuye el propio sistema educativo, en los diferentes niveles, a aumentar esa sensación que se manifiesta de muchas formas?

El aumento de la violencia es un hecho que constatamos cada fin de semana. La pandemia ha puesto en evidencia algo que se ha tenido delante sin tomar más que medidas superficiales y en función de las "molestias causadas". Ese comportamiento tiene un origen que hay que investigar en sus raíces.

Mi preocupación es el proceso de conversión del sistema educativo en un generador de estrés añadido en todos los niveles y sectores. La educación se ha ido deshumanizando y convirtiendo al profesorado en miembro de un sistema estresante de vigilancia, tanto vertical como horizontal. La misma precariedad que provoca es aprovechada para aumentar el nivel de vigilancia. Y todo esto se acaba, como señalaba el profesor Fernández-Berrocal, transmitiendo como una presión más al alumnado, algo que se suma a las añadidas.



La conversión del sistema educativo en un sistema de exigencia y vigilancia destruye sus posibilidades positivas de reequilibrar el estado de los participantes. Aprender debería ser gratificante, un sistema dialogado en el que el estudiante percibiera que se está allí de su lado y no que tiene un vigilante y juez permanentemente junto a él o ella. Hemos creído que deshumanizando las relaciones educativas aumentábamos su "eficiencia", olvidando que tratamos con personas y que no somos máquinas evaluadoras de las personas. Este sistema de vigilancia y fusta no hace sino crear enormes bolsas de estrés y frustración. En España tenemos cifras récord de abandono escolar y de fracaso. De igual forma, el absentismo y el abandono en los niveles universitarios es muy elevado, aunque las cifras circulan mucho menos.

Pero la triste realidad es que la conversión del sistema educativo en un sistema de vigilancia tiene unas consecuencias graves. En mi experiencia como docente he visto de todo en nombre de una supuesta "eficiencia" educativa. Nos quieren convertir en máquinas de juzgar y la enseñanza, por el contrario, es una vocación de compartir y ayudar. Dejemos esa frialdad dañina para las máquinas, aunque estas están siendo ya diseñadas para ser "amigables" (friendly), algo que se le prohíbe al profesorado al desconectarle del alumno y convertirlo en "terminal" del sistema evaluador.

Vigilancia, control, informe, aumento de la burocracia fiscal, desarrollo de sistemas evaluadores "objetivos", etc. son indicadores de esa deshumanización disfrazad de "modernidad eficiente" pero que no crea nada nuevo, solo lo "correcto estandarizado" como garantía del propio sistema.

Los resultados están ahí: abandono, estrés, frustración, ira... No sé muy bien cuáles han sido los motivos para esos disparos en la Universidad del País Vasco, pero sí sé que es algo significativo. Hay muchos actos cada día que tienen un valor simbólico equivalente mostrando rabia y frustración. 

Por lo que veo y escucho cada, hay una enorme frustración en el mundo educativo, por ambas partes, alumnado y profesorado.  Hay que tratar de rehumanizar la enseñanza, hacer ver que aprender es una actividad, para unos y otros, positiva, generosa, gratificante, fuente de crecimiento. Los que solo quieren ver una construcción artificial de control y poder sobre otros van ganando por ahora la batalla.

Hay que repensar nuestro trabajo y, sobre todo, crear las condiciones para que sea lo que debe ser, humano, algo que hace tiempo ha dejado de ser.

 

 

* Pablo Fernández-Berrocal (2018) Inteligencia emocional. Aprender a gestionar las emociones. Ed. Salvat.

** Antonio Paniagua "El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes" Heraldo 25/07/2021 https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2021/07/25/el-suicidio-se-convierte-en-la-primera-causa-de-muerte-entre-los-jovenes-1508739.html