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miércoles, 10 de junio de 2026

La expansión xenófoba

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se multiplican los incidentes de carácter xenófobo y racista. La pretensión de que los que llegan de fuera sean "perfectos" choca con la realidad estadística, en todo "grupo" se producen actos delictivos, pero parece que solo los realizan los inmigrantes. Sobre esta distorsión de la realidad se construye un hipócrita teoría que sirve para justificar la violencia contra comunidades enteras.

Sobre esta situación se elaboran todo tipo de teoría, que van de la "gran sustitución" en los Estados Unidos a las que afirman la inferioridad racial y la criminalidad congénita del inmigrante. ¿Quienes creen esto y lo usan para sus fines? Creo que son fundamentalmente dos tipos: los frustrados que acusan de todas sus frustraciones a los inmigrantes y los interesados políticamente en crear un clima negativo y lo rentabilizan después en las urnas.

La apariencia de felicidad que caracteriza a nuestras sociedades mediatizadas contrasta con el sentimiento de frustración de la realidad en muchos sectores. Sociedades esencialmente polarizadas y con enormes desigualdades, cada vez más inseguras, dirigen sus odios hacia la inmigración, a la que responsabilizan de sus males. Los actos violentos, reales o imaginarios, que se atribuye a un inmigrante lo paga todo el grupo por más que sean inocentes la enorme mayoría. Una de las características del racismo y la xenofobia es precisamente su efecto colectivo, lo que hace uno lo pagan todos.

En 20minutos leemos sobre lo ocurrido en los desórdenes en Irlanda del Norte: 

Los disturbios desatados tras el apuñalamiento de un hombre en Belfast por parte de un ciudadano sudanés han comenzado a extenderse a otras localidades de Irlanda del Norte. La última hora llega desde Ballyclare, una población situada a unos 30 kilómetros de la capital norirlandesa, donde una barbería regentada por ciudadanos turcos ha sido atacada y ha sufrido importantes daños materiales.

Según los políticos locales, la puerta principal y los escaparates del establecimiento han sido destrozados durante los incidentes. El diputado del Partido Unionista del Ulster (UUP), Steve Aiken, ha lamentado lo ocurrido y aseguró que la violencia "no tiene cabida" en la comunidad. "Ver contenedores ardiendo, ventanas rotas y comercios dañados no ayuda a nadie y solo perjudica a los nuestros", ha afirmado en un mensaje difundido en redes sociales. En la misma línea, el concejal del Partido Alianza, Lewis Boyle, ha denunciado que la "violencia y destrucción" solo empeoran la situación y ponen en riesgo tanto a los vecinos como a los servicios de emergencia.

La escalada de tensión se produce después del apuñalamiento registrado la noche del lunes en el norte de Belfast. La Policía de Irlanda del Norte (PSNI) confirmó que un hombre de unos 40 años sufrió heridas graves en la cara, el cuello y la espalda y permanece hospitalizado. Por estos hechos fue detenido un ciudadano sudanés de unos 30 años, acusado de un presunto intento de homicidio.*


Para los xenófobos da igual que seas senegalés o turco. Se actúa desde una perspectiva simplificada, la del "ellos" y "nosotros", no se mira más allá. Todos los senegaleses son criminales y, en un segundo paso, lo son todos aquellos que no son como "nosotros". La violencia no distingue más allá.

La capacidad de aumentar la respuesta ante este tipo de planteamientos xenófobos procede, sin duda, de las redes sociales que permiten la desinformación horizontal sin control. De esta forma, los contactos horizontales permiten la influencia, retroalimentándose unos con otros.

La desinformación es una parte esencial, Permite amplificar, distorsionar, azuzar a los que esperan la ocasión de la violencia, otro factor importante. Es la forma de auto justificar los destrozos, las agresiones, los incendios, etc. Que estemos favoreciendo la aparición de este tipo de respuestas choca con los intereses de las propias redes, que necesitan de esto para muchos intereses, sobre todo de tipo económico y político. Necesitan de este tipo de procesos para mantener activas las redes. Es su vertiente negativa, la parte inevitable para mantener su funcionamiento en otros sectores.

En RTVE.es leemos una descripción de los violentos sucesos:

Cientos de manifestantes, muchos con máscaras, han aprovechado la situación de descontento para asaltar HMOs para migrantes (Casas en Ocupación Múltiple, una forma de vivienda financiada por los contribuyentes para solicitantes de asilo), incendiándolas en varios casos.

Las protestas se han congregado en varios puntos de Belfast. Un autobús y varios coches han sido incendiados, así como las viviendas, con residentes teniendo que ser evacuados. "Alrededor de las 19:30 (20:30 hora peninsular española), empezaron a prender fuego a los contenedores de basura", y luego "lanzaron cócteles molotov", ha declarado a la AFP uno de los residentes, Eemran, un ingeniero de origen indio de 41 años.

“De repente comenzó el incendio, había humo en el edificio y los bomberos nos dijeron que saliéramos”, ha explicado. “Da un poco de miedo”, ha dicho otra residente, Camila Flores, una chilena de 36 años que llegó a Belfast hace un mes para trabajar en investigación oncológica en la universidad. "Entiendo la ira de la gente, pero podemos hablar de estas cosas de forma más pacífica", ha añadido.**


La racionalidad de las discusiones es precisamente lo que no interesa a muchos. Para muchos es el placer de la destrucción lo que prima y se crea la idea del motivo justificado. No lo van a desaprovechar.

La violencia que se genera es usada por los grupos racistas que ven el ella una forma de actuación que les hace ganar votos en las urnas: ellos han señalado el origen del problema y tienen en su mano la solución. Cuanto más graves los incidentes, mejor para ellos. Es la medida de las dimensiones del problema. Rentabilizan la violencia vendiéndola como una forma de inseguridad provocada por los propios inmigrantes, con lo que se cierra el círculo, a más violencia más votos.

Las imágenes de Belfast son aterradoras. Lo son tanto por la violencia que muestran, como por la manipulación que suponen de la propia comunidad. La fotografía que encabeza el editorial del diario El País nos dice mucho.

 

* "Un apuñalamiento en Belfast dispara el recelo contra los inmigrantes: atacan una barbería turca y temen nuevos disturbios" 20minutos/EFE 10/06/2026 https://www.20minutos.es/internacional/tension-por-un-apunalamiento-belfast-se-extiende-otras-ciudades-atacan-una-barberia-turca-crece-temor-nuevos-disturbios_6981351_0.html

** "Las protestas antiinmigrantes en Belfast provocan actos violentos con residentes evacuados de casas en llamas" RTVE.es/Agencias 10/06/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260610/protestas-antiinmigrantes-belfast-provocan-actos-violentos-con-residentes-evacuados-casas-llamas/17108531.shtml

miércoles, 3 de junio de 2026

Bulos y violencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Parece que nos estamos acostumbrando a los incidentes como los ocurridos, por segundo año, tras la victoria del PSG en la Champions. Celebrar se ha vuelto sinónimo de grandes destrozos y muertos, uno este año.

Pero es importante no solo el tamaño de los disturbios o las muertes producidas, sino lo que se pretende crear con ellos. Es decir, las celebraciones no son más que un pretexto para generar más revueltas y de mayor gravedad. Forman parte de una guerra tóxica.

Los objetivos parecen claros: desinformación y provocación para generar violencia. Se nos explica en el texto de VerificaRTVE comentando los hechos y la desinformación usada: 

"La Torre Eiffel está ardiendo", leemos en un mensaje de X del 31 de mayo y compartido más de 3.000 veces. "París está ardiendo. Miles de Mohammads están en la calle. Están convirtiendo Francia en su lugar natal como Siria, Pakistán, Yemen, Sudán.. Están gritando Allah-hu-Akbar (sic)", añaden en el mensaje, que comparte un vídeo en el que se ve la Torre Eiffel envuelta en un humo negro. El vídeo es real, pero la Torre Eiffel no ha ardido, es un bulo.

[...] Muchos de los mensajes falsos que han circulado en redes sociales relacionan falsamente los episodios violentos con personas migrantes. En VerificaRTVE ya te hemos explicado que presentar a todos los extranjeros como delincuentes forma parte de una narrativa desinformativa que deshumaniza a estas personas y que busca extender el discurso de odio racista. En España, sucedió con la agresión a un hombre en Torre Pacheco y con el asesinato de un menor en Mocejón (Toledo).* 

Lo dramático es que se hace por dos motivos: el primero es desinformar y el segundo la redirección de la violencia que les funciona en mayor o menor medida. Cada vez que se provoca un incidente este se convierte en el inicio de una serie de desinformaciones en las redes sociales donde son aceptados por muchos que desean aceptarlos, darlos por buenos.

El racismo alimenta al racismo, no hace falta más. Las redes sociales están transformando nuestra convivencia. El clima de polarización, con una serie de factores centrales, como la xenofobia, el sexismo, etc., es creciente y necesita de la crispación, da igual que se base en bulos y mentiras descaradas, que se usen imágenes de otros lugares y momentos. Al incorporarse a lo que está ocurriendo, se vuelve explosivo, en alimento de las reacciones violentas.

Esos mensajes muestran una forma de acción política, una forma de guerra social subterránea que emerge a la superficie en estos acontecimientos. Prenden sobre todo entre los jóvenes, lo que no significa que sean ellos los que los comienzan. Esto es cuestión de detalle y lo relevante es su intención y la gravedad de los resultados obtenidos. Hay un peligro añadido: la conversión en ritual.

Que hayan sido dos años consecutivos lo que han dado lugar a estos enfrentamientos, destrozos, saqueos, etc. nos muestra que no sabemos cómo frenar este tipo de violencia. Es una herramienta poderosa para generar conflictos que se retroalimentan.  Uno lleva al otro y se repiten cada vez con menos problema, más fácilmente. Cada vez se aceptan elementos más burdos porque solo tienen sentido como el pistoletazo de salida de la violencia. ¿Por qué no aceptar que la Torre está ardiendo y que son los inmigrantes son los que están destruyendo los símbolos patrios? Se acepta porque se quiere aceptar, por eso no necesitan de demasiada lógica, ni demasiadas pruebas. Funcionan.

Hace ya tiempo que asistimos a esta barbarie organizada y deseada. Se juntan la manipulación y los que desean ser manipulados. Los argumentos están ya en el cerebro de las personas, basta con articularlos con imágenes y noticias.

¿No hay forma de controlar a estos provocadores, a estos que buscan los disturbios en muchos tipos de concentraciones, como las deportivas? Estamos pagando la polarización también en el deporte, su necesidad de ser conflictivo para poder atraer la atención, que es el centro de todo. Sin ella, nada funciona.

Hemos creado unas herramientas que dan facilidades a este tipo de usos violentos. Son las fuerzas de la provocación, las que llevan a la xenofobia, al racismo, a los crímenes de género, etc. las que se han hecho con su control. Como es un gran negocio, nadie toca esas herramientas y se usan para la guerra política.  Hay noticias desde hace años en este sentido, en el origen exterior para crear situaciones de conflicto. Unas vienen de fuera, pero muchas otras lo hacen desde dentro, organizadas para crear caos y descontento.

Vivimos en tiempos complejos y con un crecimiento de la manipulación y la violencia. Hay que verificarlo todo por la cantidad de desinformación que nos rodea. Esto crece porque les funciona.

 

* Sara García Lamelas, Paula Mayoral Muñoz y Mari Pérez Galindo "Bulos y desinformación sobre los disturbios en París tras la victoria del PSG en la Champions" VerificaRTVE / RTVE.es 1/06/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260601/bulos-desinformacion-disturbios-paris-victoria-psg-champions/17095035.shtml

sábado, 25 de noviembre de 2023

La ley de la calle

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los incidentes en Irlanda tras un apuñalamiento por parte de un ciudadano no nacido allí, pero con pasaporte irlandés desde hace 20 años, según informan las autoridades, dan cuento del aprovechamiento de los grupos radicales que se amparan en un nacionalismo agresivo y excluyente para desatar sus iras y crear una situación violenta y destructiva de enfrentamiento con la Policía, manifestar sus diversos rechazos en forma de disturbios.

Es preocupante el crecimiento de este tipo de situaciones en el que lo que hace un individuo se expande hasta alcanzar a todos cuando se trata de alguien que no es de la nacionalidad del lugar. Que sea el pasaporte o el lugar de nacimiento lo primero que se mira en un incidente no deja de ser preocupante porque no da lugar a explicación. La nacionalidad u origen es suficiente para "confirmar" sus prejuicios.

En RTVE.es se señala:

En una comparecencia ante los medios, el superintendente de la Garda, Liam Geraghty, ha señalado de que la investigación trata ahora de establecer los motivos.

El responsable policial ha explicado que el sospechoso atacó a un número de personas poco después de las 13:30 horas GMT del jueves en una zona muy transitada del norte de la capital y próxima a una guardería.

Entre los heridos figura una niña de cinco años que se encuentra en "estado grave" y una mujer de unos 30 años, trabajadora del centro escolar, que recibe tratamiento por "lesiones graves", mientras que los otros dos menores están fuera de peligro.

Según Geraghty, el supuesto agresor, cuya identidad no ha trascendido, también está hospitalizado con heridas de arma blanca y está siendo interrogado para esclarecer los motivos del ataque, por lo que ha instado a la ciudadanía a mantener la calma y "evitar juicios" prematuros.

Algunos medios indican que el sospechoso es un ciudadano que no ha nacido en Irlanda, aunque lleva más de 20 años viviendo en este país y tiene pasaporte irlandés.*


Siendo terrible lo ocurrido en el apuñalamiento, no se justifica en absoluto los desórdenes que se han producido después. La manipulación de los hechos por grupos y medios, que ven en esto una morbosa ocasión de vender más, desemboca en una violencia que es injustificable desde cualquier ángulo.

La xenofobia y el racismo solo buscan las confirmaciones de sus propios prejuicios que se traducen en estas respuestas violentas. Hay un deseo de hacer creer que la reacción violenta es el camino. El radicalismo, de uno y otro signo, intenta convencernos que es en la calle donde se dirimen los problemas, tratando de convencernos de la inutilidad de las instituciones, de las políticas a las judiciales. Nada vale excepto la ley de la calle, la del violento y la destrucción. De esta forma se trata de hacer ver que son ellos los que tienen las soluciones en la violencia., Nada funciona, solo ellos.

Es la vuelta  a la ley de Linch, la que busca la solución rápida y violenta. Lo único que ocurre es que aquí no hay soluciones, solo reacciones, destrucción, vandalismo, etc. buscando crear el miedo en unos y la convicción de que ese es el camino correcto en otros.

Hay poco interés en indagar por qué estamos viviendo en este clima de polvorín al que le ronda la llama incendiaria que puede ser arrojada en su interior en cualquier momento. Hay un malestar social, un rápido deseo de destruir, de asaltar, del pillaje, etc. a la espera de satisfacerse en estas manifestaciones colectivas que hacen suya la calle convirtiéndola en un campo de batalla.

No podemos ignorar el encrespamiento político general que nos rodea y del que se nos da cuenta cada día. No hay ejemplo, digámoslo con claridad, positivo, no hay demostración de convivencia. No sabemos quién incita a quién, pero el comportamiento de los políticos influye más allá de la política. La sensación de que no hacen nada lleva además a buscar a esos "no políticos" que, como en Estados Unidos o Argentina entre otros, juran tener las soluciones a todos los problemas. 

El auge de la extrema derecha por el mundo se basa en gran medida en hacer ver que la política seguida es "débil" e ineficaz", que requiere de soluciones "fuertes" y "mano dura". Se ocupa de redirigir los odios y la violencia hacia aquellos a los que estigmatiza por ser diferentes, ya sea en lo religioso, en su procedencia o en su forma de pensar (feminismo, por ejemplo).

Es la emergencia violenta que prende sobre todo en grupos de jóvenes a los que se adoctrina en la ocupación ante la idea de que se les sustrae el futuro. Ese mensaje cala hondo y es contagioso, convirtiéndose en una especie de "videojuego" en las calles.

Hay que llevar otro tipo de visión a la calle porque ahora son los radicales, los violentos, los negacionistas, etc. todo en un mismo paquete los que están sembrando Europa de este tipo de "okupación". Los que los manejan esperan la ocupación política posterior, es decir, el salto a los gobiernos y las instituciones desde las que sembrar sus prejuicios y radicalizar sus actos.

 

* "Disturbios de grupos de "extrema derecha" en Dublín tras un apuñalamiento que deja cinco heridos" RTVE.es 24/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231124/ataque-arma-blanca-dublin/2461948.shtml

 

* "Disturbios de grupos de "extrema derecha" en Dublín tras un apuñalamiento que deja cinco heridos" RTVE.es 24/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231124/ataque-arma-blanca-dublin/2461948.shtml

miércoles, 8 de noviembre de 2023

La calle

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


"Salir a la calle" es una expresión con sentidos diversos. Van desde el que sale a darse una vuelta porque está aburrido en casa hasta salir a manifestarse. Hay otra más tensa "echarse a la calle", como existía la de "echarse al monte", que implica según el DRAE salirse de la legalidad.

"Echarse a la calle" tiene el sentido de protesta, de desacuerdo y manifestarlo. La manifestación del desacuerdo es la que da sentido al término "manifestación", en donde se realiza un interesante juego retórico. Evidentemente uno puede manifestarse de muchas formas, una de ellas es "echarse a la calle". Pero, todavía más preciso,  "echarse a la calle Ferraz", que es lo que estamos viendo, tiene ya una rotundidad que resulta hasta escabrosa.

El lío en el que nos ha metido Pedro Sánchez con su deseo de cambalache para conseguir la investidura a cualquier precio está creando una situación extrema como la que hace mucho tiempo que no se producía. No hay duda en estos dos aspectos: primero, es responsable porque es él quien juega con blancas. En segundo lugar, esto se desboca y crea un conflicto que lleva a la calle Ferraz y que en estos momentos de la noche se ha convertido en una batalla campal.

No es la España que me gusta.

La España del echarse a la calle debería quedar donde estaba ante lo que es una aspiración democrática en la que todos deberíamos coincidir. Pero no es lo que ocurre. La versión de unos y otros diferirá, pero eso no impide que ambas formas debiliten nuestra forma de entender lo que debe ser democrático. No es democrático jugar con los principios y sostener, como se muestra en el vídeo circulante del ministro Bolaños, una cosa y justo la contraria unos meses después. La hemeroteca es el peor enemigo del político descarado.

En este tiempo hemos criticado desde aquí muchas prácticas que considerábamos contraproducentes para el sistema democrático en su conjunto. Ahora llegamos a la calle, el punto al que no se debería llegar, a la calle Ferraz, para ser de nuevo precisos.

No me gustan las manifestaciones intimidantes, estas formas de presión. Algunos dirán que no han dejado otra. Puede que sea verdad, pero no por eso me gusta ni lo disfruto. Más bien me avergüenza que se haya tenido que llegar a este tipo de situaciones, que nos denigran y nos restan credibilidad democrática.

Lo que ocurre es grave. Lo es porque es el final de un proceso, con la violencia, de toda una serie de actuaciones escabrosas para conseguir el poder a cualquier precio. Y no es el poder lo que importa a la gente. Como decía hace unos días un socialista, los fines no justifican los medios y los medios no justifican los fines, poniendo énfasis en esta segunda parte: no todo lo que es legal es bueno por el simple hecho de serlo. Pero nadie hace caso a lo previsible.

Para España es muy malo esta imagen ante la sede del PSOE en la calle Ferraz. No me refiero a los extranjeros, que me importan poco; me refiero a nosotros mismos, a nuestra propia valoración.

Elegir las sedes para manifestarse no es una buena idea. Es un salto cualitativo, un cambio que es difícil de ignorar. No es bueno lo que ha tratado de hacer Pedro Sánchez porque las acciones deslegitiman realmente el poder obtenido y las instituciones ocupadas en los compadreos, pero tampoco me gusta volver a las imágenes de la violencia callejera. Es realmente un retroceso para quienes tienen la memoria de otra época. Y ese retroceso es muy triste.


Hubo un tiempo en que países que querían salir de forma pacífica de las dictaduras venía a España a intentar comprender lo que aquí se había llamado "la transición". Lo sé porque tuve ocasión de participar directamente en una sesión con representantes de grupos políticos de un país que había vivido una dictadura y quería salir en paz, a la española. Éramos ejemplo; lo fuimos durante mucho tiempo porque los partidos eran capaces de centrarse en lo esencial y aparcar diferencias para conseguir un fin común, que viviéramos mejor, con más conciencia de unidad.

Hoy mostramos lo contrario, la peor cara. Es la cara de la violencia en la calle y de la instrumentalización de la política; se tira por la borda algo que costará años reconstruir. La violencia es el estado en el que los radicales se mueven mejor. Es lo suyo. Comienzas citando en la calle y no se sabe cómo acabará todo. O quizá sí. Los contendores incendiados que nos muestran las imágenes están quemando demasiadas cosas; peor las simbólicas que las reales.


Esto no es algo casual. Es el triste destino de lo que se ve venir de lejos, el deterioro de la convivencia y el desaire a los problemas reales de la gente con el foco en la mera llegada al poder. La política debería ser otra cosa; los políticos también. Su fin es la convivencia de todos, no sacarnos a la calle.

Hay poco más que decir. Triste. No sé cómo acabará la noche. Pero mañana escucharemos los reproches de unos y otros intentando responsabilizar al otro de lo que haya ocurrido. Palabrería. Dará igual. 

Perdemos todos.



PD: La noche, nos dicen ya en la madrugada, ha dejado 36 heridos, la mayoría policías, y 7 detenidos. Triste. Los reproches y señalamientos ya han saltado a titulares.



jueves, 10 de agosto de 2023

40.000 locos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Decía el novelista Kurt Vonnegut Jr que en todos los países puede haber 40.000 locos, pero lo malo es si se organizan. Cuando Vonnegut escribió esto no existían las redes sociales, es decir, la posibilidad de que 40.000 locos se organicen.

Es raro el día en que no aparece alguna noticia que pone en realidad esta idea de Vonnegut. La de hoy "Un centenar de menores intentan robar en Londres después de planear el "asalto" en TikTok"* La noticia de Antena 3 es una más de este género en el que unos pocos hacen un llamamiento a esas concentraciones desatadas para conseguir lo que buscan. Nos explican que en este caso se trataba de ropa deportiva: 

La policía londinense tuvo que desplegarse en una de las calles principales de Londres, Oxford Street, en la tarde del miércoles. El motivo de esta acción fue la de impedir que un número considerable de jóvenes, la mayoría de ellos menores de 16 años, pudieran entrar en las tiendas a robar. Al parecer se había planeado este "asalto" en la red social de TikTok.

Gracias a la acción policial, se evitó que ninguno de los jóvenes, que sumaban más de un centenar, pudieran llevar a cabo sus planes de hurto. Por el momento hay un detenido.

La convocatoria se filtró y llegó a oídos del alcalde, Sadiq Khan, que hizo un llamamiento a través de los medios de comunicación, aludiendo a la "cordura" y mostrando su preocupación al respecto. Ni el propio alcalde, ni los medios de comunicación dijeron que este "movimiento" se estaba promoviendo en TikTok, para poder evitar que alguien más pudiera sumarse. Además, mandó un mensaje tranquilizador para el resto de la población, haciendo alusión de la preparación y asistencia al lugar de la policía para poder frenar el cometido de los jóvenes.

El objetivo de esta concentración era la de entrar en la tienda de moda deportiva, a partir de las 15:00 horas del miércoles.*

 

Para que acciones de este tipo se produzcan basta con que alguien las convoque. Siempre habrá una cantidad suficiente de personas que se sumen para crear el desconcierto que permita realizar el intento programado. La Policía londinense se ha tenido que emplear a fondo para evitar que se produjera el asalto desistiendo muchos de los que fueron.

Desde hace mucho tiempo se detecta en otras manifestaciones que son formas de encubrir en las protestas a personas organizadas para el robo y el pillaje, que se ha convertido en parte de ese ritual de la violencia. Está la política en las proclamas y el destrozo y el pillaje para aquellos que no diferencias. Los hemos llamado "antisistema", por decir algo.

Lo que sí se detecta es un cambio de criterio. No dudo que haya simples rateros que crean esas maniobras de despiste gracias a las convocatorias en las redes sociales. Pero eso no funcionaría si se estuviera acumulando ira, rabia o rebeldía.

Siempre se ha dicho que se comprende al que roba para comer él o su familia. Pero lo que estamos viendo es otra cosa muy diferente, la concentración es muchas veces para hacerse con prendas de lujo. Es como si la continua presión mediática para el consumo estallara en aquellos que no tienen al alcance de su mano conseguir este tipo de objetos que se les ofrecen. En otras ocasiones, se trata de venderlas después. El asalto y pillaje se ha convertido en una especie de profesión en algunos casos. Viven con lo que sacan.

La violencia se desata en cuanto que tiene ocasión. En el encuentro de fútbol Español-Barcelona se produjeron incidentes violentos. La prensa detecto, a través de las imágenes grabadas, el comportamiento violento de dos personas jóvenes que resultaron ser candidatos municipales del PP.

No sé si fueron las redes, pero el contacto estaba ya en el hecho deportivo, en el campo. A este se llaga muchas veces ya calentados a través de las redes sociales o los propios medios de comunicación. La violencia se ha convertido en algo natural para muchas personas. Muchas veces se dice que algunos no diferencian entre la realidad y los videojuegos. Puede que sea verdad.

El influencer Kai Cenat ha sido acusado de promover disturbios en Nueva York con sus convocatorias a través de las redes. Lo que comienza en la sala de Cenat acaba convertido en reacción violenta en las calles estadounidenses. Le basta decir que están regalando consolas en un punto de la ciudad para que miles de jóvenes se lancen a pelearse con otros por conseguir las inexistentes máquinas. Es simplemente el poder, saber que con unas palabras puedes desatar el caos lo que seduce.

Pero no es necesario rebuscar mucho. ¿Qué sino esto hizo Donald Trump en sus insinuaciones para que fuera asaltado el Congreso un 6 de enero? Él tuvo también sus 40.000 locos dispuestos a creerle e ir a tomar el Congreso de los Estados Unidos.  Ahora, como hemos vistos en días pasado, las autoridades judiciales le han prohibido difundir por las redes sociales material que se le ha suministrado para preparar su defensa. Trump quería "mover" las redes y la experiencia del asalto ya ha mostrado bastante,

El poder, como vemos, no está solo en la cumbre; está también en también en lugares más modestos, que se pueden ver sacudidos por una llamada. Esa sensación de poder desatar el caos es muy seductora y tenemos ya la herramienta perfecta.

No es fácil saber qué incita a qué. ¿Son los violentos los que utilizan las redes para promover la violencia real en las calles o es la violencia en la sociedad la que lleva a crear estos mensajes violentos? Puede que haya un poco de todo mezclado. Lo cierto es que el resultado es el que vemos: aumento de la violencia en las redes (acoso, insultos...) y violencia en las calles. Y va creciendo.

Kurt Vonnegut Jr

* "Un centenar de menores intentan robar en Londres después de planear el "asalto" en TikTok" Antena 3 10/08/2023 https://www.antena3.com/noticias/mundo/centenar-menores-intentan-robar-londres-despues-planear-asalto-tiktok_2023081064d49deb51e7e10001f4b868.html

sábado, 1 de julio de 2023

Violencia francesa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La violencia que se está viviendo en Francia a raíz de la muerte del joven Nahel a manos de un policía busca algún tipo de explicación. Podríamos entenderlo de una forma mecánica, como efecto-causa, pero eso se nos queda a todos un poco corto. Para algunos que se hacen la pregunta, la violencia no es una respuesta a una situación, sino que está esperando la ocasión. Habría, en este sentido, una violencia acumulada que estallaría cuando se dieran las circunstancias adecuadas.

Es frecuente que, en casi todas partes del mundo, a las protestas por cualquier hecho o situación le siga una respuesta violenta. Es raro, de hecho, que cierto tipo de manifestaciones acaben de forma pacífica. Francia lleva cierto tiempo en que esto ocurre mostrándose unas peculiares relaciones entre el poder, la opinión pública y lo que llamaremos la calle.

Hay muchas formas de interpretar esta situación que no es trivial. Francia tiene su propia historia de protestas, su propia especificidad. Es el lugar marcado por sucesivas revoluciones, desde la grande de 1789 —referencia para bien y para mal de otras— hasta las Comunas o Mayo del 68.

En RTVE.es nos hacen el siguiente resumen de lo que piensa el presidente Macron de lo que está ocurriendo: 

En una reunión de emergencia del gobierno para tratar los disturbios que asolan Francia desde hace tres días consecutivos, el presidente Emmanuel Macron ha culpado a las redes sociales y a los videojuegos como parcialmente responsables de estos disturbios. Macron expresó que las redes sociales como Snapchat o TikTok tuvieron un “papel considerable” en fomentar los actos violentos.
También añadió que a veces, da la sensación de que los jóvenes creen estar “viviendo en las calles de los videojuegos que los han intoxicado”.

Ha anunciado que en las próximas horas se tomarán varias medidas, entre ellas, eliminar el contenido sensible de las redes y organizar una colaboración entre el gobierno y las plataformas con el objetivo de crear una “respuesta eficaz”.

Desde la muerte del joven de 17 años a manos de la policía este martes, el país galo vive una oleada de disturbios que este jueves se ha saldado, según el Ministerio del Interior, con 875 personas detenidas y 249 policías y gendarmes heridos. Interior también ha confirmado que los manifestantes atacaron 492 edificios públicos, en gran medida pasto de las llamas al igual que 2.000 vehículos incendiados.


No digo que no haya gente que no viva la vida como un video juego, de la misma manera que Don Quijote la vivía como una novela y otros lo han hecho con películas. No sé si le ha llegado el turno a los videojuegos y a las plataformas. Por más que pueda haberlos (creo que sí hay personas que viven su propio videojuego), lo cierto es que la respuesta de Macron se nos queda muy corta para analizar un fenómeno mucho más amplio y que no tiene porqué ser idéntico en todos los casos. Que veamos a la gente hacer lo mismo no significa necesariamente que todos lo hagan por lo mismo.

La respuesta más sencilla es que lo hacen "indignados" por algo que ha ocurrido. Creo que no le hemos dado las suficientes vueltas al concepto de "indignación" o que, quizá, le hemos dado demasiadas.

Creo que no se deben confundir las causas con los vehículos (las redes), si bien el medio es parte del mensaje. ¿Hay una violencia inherente a "Snapchat" o a "TikTok" como quiere creer Macron? Creo que las redes en sí no son las causantes de la violencia. Lo que añora Macron es un tiempo en el que el poder controlaba o vigilaba la opinión. La comunicación horizontal, la no jerárquica, es prácticamente imposible de controlar en un país democrático y controlado por el mundo empresarial de la comunicación sin contenidos, es decir, el de la distribución, el de las redes, el mundo que vive de la circulación de información más que de su contenido.

Si Emmanuel Macron cree que censurando las redes va a controlar la violencia, creo que se equivoca. Lo que Macron hace es simplemente desviar la atención del problema real: ¿por qué un agente de Policía mata a un joven? El problema no es solo de Francia, claro. Lo tenemos cada poco tiempo en los Estados Unidos y ningún país está libre de él.

Quizá el problema no esté solo en esas redes sociales o los videojuegos. Si todos los que participan en la violencia fuera a causa de los videojuegos tendríamos un gravísimo problema. Por eso no creo que sirva de mucho lo que propone, más allá de las dificultades de hacerlo cumplir.

Quizá el problema está precisamente en esa ignorancia de una violencia que existe en la sociedad, con diversos grados y causas, y que va creciendo hasta que estalla en cuanto que encuentra la excusa adecuada. Violencia es, sin duda, el asesinato del joven Nahel; violencia es, sin duda, la respuesta.

La lucha está ahora en la interpretación. Macron le echa la culpa a los videojuegos y a las redes sociales. No creo que llegue muy lejos por ese camino. Las medidas que tome en esa dirección resultarán absolutamente improductivas.

Algunas ciudades francesas, ante los conflictos callejeros, han prohibido el uso del transporte público a partir de ciertas horas. Alguno quedaría satisfecho echándole la culpa a los autobuses.

Me ha llamado la atención de las imágenes que nos suministran, las de un joven encapuchado sobre un coche blanco. Salta y lo patea con una singular forma de rabia. No se enfrenta a la Policía, como hacen los compañeros que están alrededor. Simplemente tiene una lucha con el vehículo que está debajo de él, sobre el que desahoga ¿su rabia, sed de venganza, inconformismo, impotencia? Es un deseo rabioso de destruir que se manifiesta en esos instantes sobre ese coche.

Quizá estamos acumulando demasiadas tensiones, demasiada rabia, demasiada indignación en un sistema demasiado frágil e inconsistente, completamente volcado sobre la imagen y no sobre las cosas que valen como reales.

La violencia es humana; responde a causas que unas veces nos sirven de explicación, de justificación y otras las vemos irracionales. Es un indicador de algo, ya sea en lo personal o en lo social. Hay otras muchas formas de violencia que nos rodean más allá de la causada en esas noches tras un asesinato. No vivimos en una sociedad en paz. 

Quedarse en el caso de Nahel es no pasar de las consecuencias y tomarlas como el origen de todo. Creo que es un doloroso episodio de una larga serie de formas violentas. No se trata de dar la "razón" a nadie porque la violencia es irracional, es deseo reprimido que estalla.

El titular de RTVE.es "Llamamiento a todos los padres". Macron se equivoca. No va a solucionar nada con esas medidas y menos intentado fijar el problema en esas raíces, con ese tono. Si hay algo peor que una medida ineficaz es una interpretación errónea de las causas. No tiene, además, la edad para ser de Gaulle, aunque sí las ganas de serlo.

Nuestra sociedad está interiorizando la violencia que la rodea. Esa violencia es amplia, de lo económico a lo ético. Los estallidos de violencia son respuestas a esa violencia que llamamos normalizada, un continuo acumular de flecos. La violencia es un sistema de traducción que va reconvirtiendo los discursos o hechos iniciales a cada circunstancia. Hay que leerla por encima del contexto; hay que leer su fondo. 

* "Llamamiento a todos los padres" RTVE.es Play 30/06/2023  https://www.rtve.es/play/videos/modo-digital/francia-macron-cupla-redes-sociales-videojuegos-violencia/6925688/ 

jueves, 10 de febrero de 2022

El ministro seguro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No tiene mucha suerte el ministro Fernando Grande-Marlasca cada vez que nos dice el trillado eslogan de "España es segura", algo que cada ministro aplica a su sector cada vez que hay un desastre. El "España es segura" del ministro del Interior, el que vela por la seguridad, es casi una provocación porque suele responderse a preguntas sobre algún crimen o situación peligrosa. Creo que el ministro hace mucho que vive en otro planeta, por lo que no considero sus declaraciones preocupantes, pero sí la naturaleza de los delitos que trata de difuminar con sus palabras. La misión de un Ministro del Interior no es hacer slogans, aunque todos sus compañeros los hagan. Lo suyo es tratar de no tener que hacerlos.

Las imágenes que nos muestran las cadenas televisivas abren una nueva perspectiva en los delitos. Ya no son algo que nos cuentan, sin algo que vemos en muchas ocasiones. El hecho de que todo el mundo tenga cerca un teléfono, que lo use para grabar y que después cuelgue las imágenes grabadas en alguna red social cambia la percepción del mundo, incluida la seguridad. La imagen amplifica la intensidad del hecho. Del "dos muertos por arma blanca" pasamos a ver imágenes de persecuciones, de reyertas, de los navajazos en el suelo, de la gente indiferente que pasa por delante, de los que arrojan tiestos desde las ventanas, de los gritos que se escuchan a las víctimas, de la intervención final de algunos vecinos y al anuncio de que "minutos después llegó un coche patrulla", etc.

Es cierto que los medios se regodean en muchos casos, lo que causa más intranquilidad. Pero también es cierto que de un tiempo a esta parte aumentan los casos violentos en las calles y en las casas, como la muerte de esa adolescente de 17 a manos de su ex novio de 19, que se resistía a aceptar la separación definitiva.

Tenemos delitos a tiros, con armas blancas y con las propias manos. Parece que parte de equipamiento para salir de marcha incluye navajas y machetes, algo indispensable, por la frecuencia en que las peleas se producen, algo agravado por las reyertas entre bandas, siempre "latinas", según explican, que se citan a través de las redes para enfrentarse.

Las últimas imágenes de un hombre golpeando y apuñalando a una mujer que había salido a tirar la basura sorprenden porque dicen que no tenían nada que ver. Eso nos lleva a la especulación sobre un "ajuste de cuentas", que es todavía peor, pues nos lleva a imaginar de qué va ese asunto como para llegar a agredir a navajazos.

En un extremo se encuentran los medios, que usan esas imágenes violentas y las llevan a las cabeceras de los informativos; por otro, el mensaje —entre hippy y Summers, el de "to er mundo e güeno"— de Grande-Marlaska de "España es segura".

Hace tiempo que escribimos aquí que la función de los ministros ya no es hacer, sino "tranquilizar". Bajo ese concepto se encuentra toda una filosofía promocional cuyo objetivo es tratar de contener los efectos de los desastres que ocurren por la falta de prevención o de intervención. Es una creencia infinita en el poder de la palabra frente a la acción, que es mucho más cara. Si se dice con la seriedad suficiente un número determinado de veces "España es segura", no lo será, pero empezaremos a creerlo ante la convicción y la repetición. Para ello hace falta ministros creíble o, como se dice ahora, "que transmitan confianza".

Nos transmite confianza la ministra Darias anunciando sonrisas antes del estallido de los contagios o el ministro Grande-Marlaska antes de un fin de semana lleno de reyertas. ¿Han detectado también esa mirada casi hipnótica a cámara que los políticos realizan mientras afirman? Es heredera de esos números de circo en los que el mago nos pide que le miremos a los ojos. Nos lo enseñan los teóricos de la persuasión: voz firme y mirada penetrante. Es la base del éxito comunicativo, pero no cambia nada la situación de las calles.


En vez de decirnos que la situación es preocupante y que se van a tomar medidas que se tomarán realmente o que ya se han tomado, ahora se nos dice que algo —la cultura, las calles, los estadios...— es seguro. Del virus al navajazo, todo desaparece bajo el conjuro de la palabra "seguro". ¿Se tranquiliza alguien con esto? Pues probablemente no, pero hay que intentarlo.

Quizá, como algunos han elaborado la teoría de que este aumento de la violencia sea fruto de la pandemia, crean que el descenso de casos va a traer la disminución de los conflictos y crímenes que estamos viendo estos días. No digo yo que no tenga efecto el aislamiento, el exceso de convivencia y la tensión laboral. El problema es si esto es reversible.


Sí se detecta un cierto síntoma: la falta de sentido de contención, las explosiones violentas. Parece que muchos creen que vivimos en un mundo sin reglas, donde hay que tomarse la justicia por uno mismo, algoque ocurre cuando se cree que no existe otra. ¿Es un mundo injusto más violento? Esta vez, probablemente sí. De hecho, la finalidad de la Justicia es canalizar los conflictos y tratar de darles una solución desde una perspectiva social. El problema es, como decimos, cuando uno no cree en la justicia ni en la sociedad; solo se cree en la "banda", que nadie te va a defender y debes llevar encima una navaja para defenderte o para buscar a un pibe que te miró mal la semana pasada. Puede que ya no se diga "pibe" y se diga "tronco" o que ya no se diga "tronco" y se diga otra cosa, pero el fundamento es el mismo. Si te apuñalan al sacar la basura y la gente cree que se trata de un "ajuste de cuentas" nos queda la curiosidad por el tipo de "aritmética" en la que se basan.

El ministro Grande-Marlaska debería decirnos que hay más policías disponibles, que las zonas más conflictivas tendrán mayor vigilancia y que los coches patrulla llegarán en dos minutos mejor que en cuatro. Y verificar que se cumple, claro.


Mientras tanto prolifera la publicidad de las cámaras de seguridad caseras, las alarmas conectadas con centros de vigilancia y llamada a la Policía, y un sinfín de dispositivos que nos ofrecen por si no confiamos en el ministro y en los recursos que se manejan.

Se echan en falta verdaderos análisis del fenómeno de las violencias —sí, en plural— existentes, menos concepto globales y más estudios pormenorizados, empezando por los casos concretos y llegando a los condicionantes generales. Hay demasiada teoría sobre esto de la violencia y aquí la teoría son los árboles que no dejan ver el bosque. Menos dogma y más observación; menos eslogan y más detalle, reconstrucción minuciosa de los casos. Pero hay muchos que viven de la teoría y poca gente para analizar los casos con detalle, algo de lo que podamos extraer experiencia. Hace falta también un sentido ciudadano de prevención, un sentido familiar de atención minuciosa para frenar lo inevitable. No es fácil porque muchas veces esa violencia comienza ya en la familia o, incluso, es el final de ella.

Si llegamos a la conclusión que vivimos en un entorno violento, que la sociedad, que tiene su propia violencia, es además injusta, esta no descenderá sino que irá en aumento. La erosión o el mal ejemplo de las instituciones es un factor clave. ¿Para que recurrir a ellas? Ese descrédito acaba llevando a muchos hacia ese nihilismo violento.


En cualquier caso, uno no gana para sustos. Un canal de televisión dio la noticia del asalto de los ganaderos al consistorio de Lorca diciendo que los asaltantes habían sido 500.000, lo que dejaba el asalto al Capitolio por los trumpistas en un juego de petanca con jubilados en el parque. Luego la cosa se quedó en quinientos, pero tardé en recuperarme de la impresión. La sensación de seguridad puede pasar por la graduación de la vista de los presentadores de noticieros, es decir, del cristal graduado con que se mira. El tratamiento mediático de la violencia, como hemos dicho al principio, es fundamental.

En un repaso rápido de las afirmaciones de ministro Grande-Marlaska, este ha dicho en estos últimos tiempos:  a) tras los asaltos a turistas en Barcelona, esta era segura; b) que el aeropuerto de Kabul era seguro; c) que la isla de La Palma era segura y d) que España es segura tras las reyertas de un fin de semana. Esto solo mirando un poco por encima. Poca imaginación y pocos recursos.

Por ahora nos queda la esperanza de que el ministro no tenga que reafirmar muy a menudo lo de la seguridad, que sería una mala señal. Eso sí es seguro.

 


martes, 20 de julio de 2021

Les sobran los demás

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)




Antena3 hace un repaso de los distintos casos (recogidos) de agresiones por causa del no uso de la mascarilla*. La secuencia se repite: alguien entra en algún lugar sin la mascarilla puesta, otro le dice que se la ponga y el primero responde con violencia inusitada. Puede que algunos intervengan, pero en la mayoría de los casos mostrados es en favor del agresor, especialmente si es algún tipo de autoridad implicada, de un agente de policía a un vigilante.

La pandemia está sirviendo para mostrar muchas cosas que no son nuevas. Simplemente no las percibíamos por mirar a otro lado o, en la mayoría de los casos, porque vivimos aislados en pequeñas burbujas que nos hacen percibir a los otros como seres de otro planeta. No hay sentido de conjunto, solo un sentido territorial parcelado de la realidad. Las dimensiones de ese territorio son muy variables, del barrio o el pueblo al espacio del metro; puede ser fijo o moverse con nosotros mismo, que erigimos en territorio allí donde estamos implantando la ley.

Las personas que entran en un espacio público sin ponerse la mascarilla está diciendo dos cosas: yo soy mi propio territorio y no acepto vuestra ley, por un lado; pero, por otro, está diciendo no me importáis, sois invisibles para mí.

Las autoridades han tomado algunas decisiones sin tener en cuenta esta falsa sensación de conjunto, que implica la aceptación del espacio y la norma comunes. Pero el que lleva su propio reino con él no acepta más autoridad que la propia.



Percibir la sociedad verticalmente, donde las normas descienden, son aceptadas y cumplidas es un modo ingenuo de considerar el funcionamiento social. Hay cada vez más rechazo e incumplimiento, entre otras cosas, porque la propia idea de autoridad es erosionada por las propias autoridades mismas. ¿Cree alguien que esta continua refriega no erosiona la idea de autoridad?

En España, desde hace ya tiempo, se inició una peligrosa senda individualista que se expresa en la idea del "no va conmigo". Los argumentos se toman de boca de los propios políticos. El ejemplo más claro lo tenemos en estos días con la increíbles interpretaciones de la sentencia del Tribunal Constitucional, otro punto de fricciones que ha permitido a muchos (incluidos medios y partidos políticos) confundir una cosa con la otra y permitiendo a algunos sacar la conclusión que "han sido secuestrados", que no hay que cumplir ninguna medida restrictiva porque "son inconstitucionales". Lo escuchamos cada día y para lo único que sirve es para que más gente se desentienda del conjunto.

El ejemplo más claro lo tenemos en los "botellones", auténtica figura patrimonial española, en la que —pese a años de estar prohibido— se ha desarrollado con total impunidad en todos los municipios de España. Mi Facultad es la única de la Ciudad Universitaria que hubo que vallar hace un par de años porque era literalmente "ocupada", con pleno consentimiento de la autoridad, que los guiaba hacia nuestras praderas para evitar que se ocuparan (y mancharan) otras.

Después de estos años, ve a explicarle a un joven que esa actividad que lleva años realizando se tiene que interrumpir por un "virus" que se han inventado algunos para "controlar el mundo", por seguir las chifladuras de un Bosé, por ejemplo.



Otro de los fenómenos que contribuyen a esta peligrosa tendencia a la violencia callejera es la ambigüedad de las medidas. No se puede pretender que funcione algo en lo que hay que ir con un metro midiendo si estás a 1,5 m o no. Y así ha sido desde el principio.

Todas las normas que se han ido dictando contaban con lo único inexistente: la buena voluntad de muchos. Mucha gente lo cumple, sí, pero los conflictos son continuos precisamente por esa división entre los que los siguen y los que se ríen de ellos. La expresión tiene toda la intencionalidad, ya que el que no lo cumple se ríe descaradamente en la cara de quien si lo hace, que acaba estallando muchas veces. Forma parte de ese peculiar carácter español además del incumplimiento, la ostentación. No solo soy incumplidor, sino que los demás son idiotas por cumplir. Los ataques se producen cuando a alguien se le dice que tiene que cumplir como los demás. Pero el aludido, precisamente, rechaza ser como los demás, algo ofensivo para su peculiar forma de ver el mundo, la vida a los demás y a él mismo.

Dejar que se tomen en la calle las decisiones sobre si hay suficiente gente, a la suficiente distancia, etc. como para llevar o no llevar la mascarilla es abonarse a la discusión y al conflicto constante.

Muchos especulan sobre el aumento real de la violencia, que se manifiesta tanto en las casas como las calles. El terrible aumento de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas tras el fin del estado de alarma se presta a diversas interpretaciones. Lo mismo ha ocurrido en otros ámbitos, como el transporte o los conflictos con los botellones, las luchas de los vecinos, etc.

Hay demasiadas discusiones sobre la mesa por falta de precisión en las medida y a esto contribuye la propia tensión que la pandemia genera con su inseguridad e incertidumbres.

La propia autoridad la ha generado con su confusión. En su momento lo señalamos. No se puede trasladar a la calle la discusión sobre qué hacer o no. Pero esto ha ido más lejos cuando en unos lugares se podía y en otros no, lo cual ha acabado creando un insostenible "relativismo" que la gente también ha interpretado a su manera.



Ayer nos hablaban de los traslados de los jóvenes a "hacer botellón" en el pueblo vecino, que no estaba con cierre perimetral. Evidentemente las diferencias de situación entre un pueblo y otro reflejan muchas cosas y no será casuales. La confirmación llega con el descaro de pasarse a otro a hacer lo que no puedes hacer en el tuyo. En el suyo no pueden hacerlo ahora precisamente porque lo han estado haciendo sin medida hasta ese momento.

Al incumplimiento se añade el descaro señalado. Las normas "no van con nosotros" es el mensaje. Dicen que los detenidos suelen ser varones de entre 36 y 55 años*, pero mucho me temo que esto sea porque en otras edades más tempranas los incidentes son ya parte de la vida cotidiana. Lo que sí se puede afirmar es que a ninguno les sobra el ego, sino los demás.

La erosión de la autoridad, el relativismo, las luchas entre poderes e instituciones, etc. están minando las bases sociales y las posibilidades de acuerdos, situando el conflicto permanente como una forma de vida. No debería extrañarnos que en un país con dirigentes tan beligerantes entre ellos, esto se traslade a la calle.

El hecho de que haya estado ocurriendo en otros países (especialmente en los Estados Unidos, con varias muertes) no es ningún alivio. El que coincidan con líneas ideológicas extremistas tampoco es una explicación pues todo ello se entremezcla de forma compleja con resultados parecidos.



* Ignacio Buenavista Prats "El uso obligatorio de la mascarilla, una de las causas de agresiones a policías y sanitarios durante la pandemia" Antena3 20/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/uso-obligatorio-mascarilla-causas-agresiones-policias-sanitarios-pandemia_2021072060f66fa06b7ef500010181b9.html