Mostrando entradas con la etiqueta interés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta interés. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de noviembre de 2018

Periodismo y Educación, dos caras de una moneda

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días, los alumnos de la facultad andan localizando personas, de dentro y fuera, que les hablen ante cámara de los temas que les han propuesto como trabajos de sus asignaturas. Armados de teléfonos y cuadernos anotados con preguntas someten al tercer grado a quienes aceptan sentarse ante ellos. Lo que a veces no te preguntan nunca en el aula, se deciden a hacerlo en un rincón tranquilo, apartado de ruidos y presencias que distraigan. Y aceptas porque muchas veces es el único momento en el que preguntan ciertas cosas que les afectan, sobre presente y futuro, que nos afectan a ellos y a nosotros, preguntas conjuntas con silencios separados.
Ayer tuve un segundo encuentro con diez preguntas que iban de una primera sobre qué era para mí la educación a una final sobre el futuro de los medios, de su profesión de periodistas. En el fondo creo me preguntaban lo que ellos mismos se preguntaban, intentando aclarar lo que gira confusamente en el interior, el contrate entre lo que quieren y tienen, entre lo que imagina  y lo que reciben.
¿Qué es la educación? Algo doble, la transmisión del conocimiento y la formación de la persona. Olvidamos la segunda parte cuando dejamos de tener un modelo social compartido, unos valores comunes y solo valoramos a los demás por lo que producen o tienen. La educación debe servir para unirnos y no una forma de segregación que agrande las diferencias sociales acumuladas. ¿Enseñamos a ser "críticos"? Deberíamos, pero no todos están dispuestos, en ambos lados, a aceptar lo que supone ser crítico, ejercer de conciencia dentro de un sistema cada vez más acomodado y rutinario, pagado de sí mismo. Ser críticos es decir en voz alta lo que pensamos que está mal, pero también una conciencia de la condena a la imperfección mejorable. No podemos aspirar a lo perfecto, pero sí a mejorar, aunque casi nunca nos pongamos de acuerdo en qué significa "bueno", de ahí la importancia del diálogo. ¿La cultura "general"? Es un término engañoso; lo importante es ser capaces de profundizar en nuestra propia herencia pa5ra poder conocernos y para evitar ser manipulados por los juegan con la ignorancia. ¿Redes sociales y fake news? También los libros cuentan mentiras, el problema es lo barato que resulta ahora y su gran alcance combinados con una ignorancia creciente. La buena educación es el mejor remedio contra las noticias falsas; el sentido crítico es el arma de defensa frente a los engaños.


¿Periodismo y Educación? Ambos son medios de información, cada uno supone una faceta de la necesidad de conocer más allá de lo que nos rodea.
La Educación es el reflejo de la sociedad que la diseña. Nuestra Educación está en crisis porque nuestra sociedad está en crisis, crisis de valores, de modelo social y personal. Desde el siglo XVIII se debate sobre por qué y para qué se enseña, desde qué perspectiva hacerlo. Podemos elegir la dimensión del homo faber y considerarnos meras máquinas al servicio de la eficiencia productiva, que aprendemos para producir mejor. O podemos adentrarnos en la dimensión humanística en la que aspiramos a ser personas que se preguntan por sí mismas y por nuestra relación con el mundo y los demás; ser personas que valoran el pasado y el presente para intentar retener la construcción del futuro en sus manos, tener la capacidad de imaginarlo. Podemos aspirar a una educación igualitaria que nos considere personas que eligen en el mundo, o personas que son elegidas, seleccionadas conforme a criterios productivos, económicos, ideológicos o de cualquier otra dimensión.

La Educación es el espejo de la sociedad, como la cara es, dicen, del alma. En ella se reflejan nuestras virtudes y también nuestros defectos en una relación no siempre equilibrada.
Hay una enorme frustración en el mudo educativo porque no se cumplen los resultados prometidos en una sociedad que se centra en el reparto del trabajo mientras sus fuerzas se dedican a convertirlo en una necesidad escasa, especulativa y precaria, en las que unos se hacen inmensamente ricos con el menosprecio de otros. Quizá sería mejor educar para ser mejores personas, personas que vean mal lo que ahora vemos bien. Quizá, sí, sería mejor para todos. Educar para el cambio y no educar para mantener o aumentar las distancias sociales. En este panorama, seguimos apostando por las diferencias, por eso que llaman excelencia que solo está trayendo frustraciones de la mayoría y un éxito insolidario en quienes lo logran. Presentamos la educación como la forma de inversión en una competición absurda, creando un gigantesco negocio para establecer diferencias y así lo presentamos. La propia educación pública ha caído en este error sumándose a competencias y puntuaciones, a excelencias y exquisiteces que segregan en vez de trabajar sobre el conjunto, sobre la comunidad y sus aspiraciones. Lo malo es que el futuro que diseñamos no nos ayuda, sino por el contrario crea enormes incertidumbres sobre lo que algunos han llamado el "fin del trabajo", convirtiéndolo en un bien escaso cuyo sentido es crear enormes bolsas de parados que fijan los salarios a la baja excepto los que se disparan. No tenemos alternativa de futuro conjunta; solo el que diferencia entre los que tendrán sitio en los botes y los que quedarán fuera a su suerte.


¿El Periodismo? Lo mismo que ocurre con la Educación. Es también un espejo selectivo que atiende las necesidades de información. Estas dependen de nuestra propia formación y no de otra cosa. Podemos cerrarnos informativamente en nuestro mundo, más o menos trivial, intrascendente, o podemos acceder a los problemas del mundo para contarlos a otros. Contar no es un hecho distante, sino una proximidad a los problemas, no para decir "qué suerte tenemos", sino para buscar soluciones. Ya no existe lo "internacional" más que como anacronismo. El mundo levanta muros, mientras se derriban las fronteras gracias a la información. Podemos ignorar qué ocurre al otro lado del mundo, que bienes escasean, que peligros tenemos por delante, etc. pero eso no va a cambiar. La información no es para entretenernos sino para preocuparnos, interesarnos, pensar sobre lo que ocurre.
¿Qué piensa de la conversión de la información en "infoentretenimiento"?, otra de sus preguntas. Que es una forma de ocultación de la realidad, de mantenernos alejados de los problemas reales y de darle a la gente lo que quiere recibir, placebos informativos. Es la traducción a "espectáculo" de la realidad social. El Periodismo y la Educación no deben ofrecer lo que quieren, sino lo que deben. Al convertirse ambos en negocios, van cediendo en sus funciones y se deslizan hacia la de entretener, la conversión del mundo en espectáculo. Esto ocurre con el presente de la información o con la tradición en la Educación, en donde se va perdiendo lo esencial, que es hacer pensar, ayudar a ser autónomos, en favor de una dependencia de los azúcares con los que se endulza el mundo. Pronto dejamos de querer ver lo que es y lo sustituimos por lo que nos entretiene, lo que nos hace caminar cada día sin mirar hacia abajo, sin sentir el vértigo de la vida propia y común. Pan y circo; no es un descubrimiento nuevo. Cada época elige sus propias formas de ocultación y despierta sumida en los desastres que ha ignorado. Nuestro problema es que ya el siglo XX mostró que los conflictos graves se extienden por todo el globo. Vivir en una burbuja no evita los males, solo evita que se vean venir de lejos, que puedan ser previstos. Pero hoy hemos convertido hasta los desastres en negocios y se antepone el beneficio a la responsabilidad.
Cuando fallan la Educación y la Información sobre el mundo desviándose de su función, lo que se obtiene es un estado de manipulación y ceguera constantes. El futuro de ambos, Periodismo y Educación, es el mismo de la sociedad que queremos. Son el resultado de aquello que queremos escuchar, de aquello que consideramos necesario aprender. El desprecio por lo mejor que hemos producido no lleva a vivir un presente engañoso y sin recursos; la distorsión o ignorancia de lo que ocurre en el mundo hará que tengamos solo unos segundos para extrañarnos antes del desastre.


Fallando la Educación por parte de quienes la imparte y de quienes la recibe, cumpliendo formalmente pero no esencialmente, creamos una sociedad que se mueve por mera inercia, sin voluntad de mejora, solo por deseo de satisfacer las necesidades que se nos crean.
Me dijeron la enorme cantidad de horas que los estudios señalan que estamos expuestos a los medios. Es sorprendente que con esas enormes cantidades de tiempo al día, sin embargo, la cultura y el conocimiento del funcionamiento real del mundo sea tan reducido e imperfecto, una distorsión llena de estereotipos y lugares comunes, una agenda cada vez más reducida en la que entran personajes creados para ser consumidos como información trivial. Los medios prefieren dar paso a las banalidades repitiendo lo que encuentran y que vuelve a ser masticado en un proceso de rumia constante. Es barato y atractivo.

Creo que fue productiva la entrevista para ellos y para mí. Hay cosas que no hablamos nunca metidos en nuestras premuras, en esta enseñanza relámpago en la que nos hace vivir. Aprender requiere otro tempo muy diferente a este fabril y febril que le hemos impuesto. Hace falta hablar, reflexionar, criticar... pensar. Pero parece que eso es lo que se ha excluido precisamente de la educación. Pedimos resultados, pero no creamos condiciones. Cuestionamos muy poco lo que hacemos.
El Periodismo educa y la Educación informa. Responden ambos a nuestra necesidad de conocimiento. El problema es cuando dejamos de estar interesados en lo esencial y uno y otro nos lanzan a las rutinas o a la distracción. No hay distinción en nuestra mentes entre lo que aprendemos. Da igual dónde lo leamos o escuchemos si es valioso. Pero lo valioso no es valioso por sí mismo sino ante nuestra percepción. Lo valioso es lo que cubre una carencia, un desconocimiento, el paso del no saber al saber. Pero el paso esencial, el previo, es del me importa o no me importa, el del interés por lo que ocurre. Ambos, Periodismo y Educación, deben hacernos del mundo un lugar de interés y despertar esa pasión por el conocer que nos hace humanos y no vegetar en el día a día. 
Nos preocupamos por la "muerte" del Periodismo o de la Educación, por sus crisis, pero no vemos que son nuestras crisis. En eso consiste la ceguera.



viernes, 16 de enero de 2015

Lo chocante

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Leo estas reflexiones sobre "lo interesante" en la conferencia del psiquiatra Juan José López Ibor, "Análisis psicológico del hombre moderno", impartida en 1950 y recogida en su obra "El descubrimiento de la intimidad y otros ensayos" (1975):

Pero, ¿de dónde procede el valor estético de lo interesante? Lo interesante es lo que atrae y sacude. Solo el hastiado necesita ser atraído y sacudido. Lo interesante es la categoría estética creada por el aburrimiento. Cuando el aburrimiento subsiste, aumenta las exigencias de interés que deberán ofrecer las creaciones artísticas. Ester incremento impone una línea evolutiva del arte, que cada vez se ha de volver más sorprendente, más chocante. (82)

Antes de llegar a este punto, nos ha señalado: "Lo chocante es la última convulsión del gusto moribundo". Entrando en la senda de lo interesante, el arte se contagiaba de su rival, el periodismo, al que imitaba en el sensacionalismo de lo chocante. Para el gusto elitista del XVIII, el ascenso de la prensa era el del vulgo al que había que satisfacer en sus demandas de lo cotidiano. Los desprecios a la prensa se acumulan en la época. Si el arte clásico aspiraba a lo universal y el romántico a lo absoluto, la prensa no aspiraba más que a llenar sus páginas cada día con noticias y a venderlas de cualquier manera.


¿Estamos ante un mundo "hastiado" que "necesita ser atraído y sacudido" para salir del aburrimiento? Evidentemente, sí. Ningún mal es tan corrosivo como el hastío, el tedio, el ennui de los románticos y simbolistas. El mal del siglo lo llamaron entonces y se pensaba que era propio de poetas y demás seres sensibles, dominados por su temperamento melancólico, hundidos por la llegada del otoño. Hoy se vive en una especie de otoño climatizado, de aburrimiento crónico, que necesita ser compensado por sobredosis de entretenimiento, el gran negocio del siglo. En esta categoría empiezan ya a encuadrarse demasiadas cosas —el arte, la información, la política...—, que tienen que pasar por el aro de la espectacularización entretenida para sobrevivir en un mundo superficial y competitivo por la atención, un mundo que construimos a golpe de pantalla, página y escenario.
El aburrimiento ha dejado de ser un motivo de especulación filosófica o estética para convertirse en un punto  de partida para la organización social, por ejemplo, del consumo. Por eso es el entretenimiento el gran negocio, que es la forma de sacarnos del aburrimiento, de mantenernos interesados en algo. Las parejas se rompen porque se aburren; dejamos los trabajos porque nos aburrimos en ellos.


Los medios de comunicación parten ya de ese estado de aburrimiento crónico en el que se encuentran sus audiencias. El "pienso, luego existo" del racionalismo cartesiano ha sido sustituido por un concepto más visceral, más empático, en el que me siento vivo en la medida en que se me excita. Al placer refinado de la estimulación estética se superpone el estallido de la adrenalina inundando el cuerpo, propio de los estados de shock. Hay que acercarse a los medios a recibir nuestras dosis diarias de choque de estimulación creciente. El aburrimiento es una bajada informativa de azúcar.
La observación de López Ibor de que esto implica una escalada tiene sus consecuencias en la información, que queda reducida a una estimulación cuyas descargas deben ser aumentadas para que tengan efecto sobre quien la recibe. El cerebro acostumbrado a lo chocante, como al azúcar, la cafeína o la nicotina, regresa en busca de nuevas emociones. Y hay que dárselas. Lo interesante deja de tener un interés racional, un intento de comprender, y se convierte en búsqueda de estimulación para salir del estado de aburrimiento crónico. Las imágenes, los titulares, los hechos mismos, necesitan ser impactantes.

Las demandas de interés de los aburridos no son las mismas de lo que no lo están. Por eso el interés positivo del que desea estar bien informado se aleja de aquel que solo busca la estimulación chocante. El problema es la disminución de las personas que mantienen un interés organizado y buscan ampliarlo, que el de la atomización y dispersión de lo chocante. Es la distancia entre la información que hace comprender y la que busca hacer sentir, entre lo racional y lo emocional.
López Ibor tomaba su consideración de la presencia de lo interesante en el arte de Friedrich Schlegel y su observación que su predominio suponía "una crisis pasajera del gusto". Quizá considerarlo algo pasajero fue un exceso de optimismo por parte de Schlegel. Es dudoso que nuestra transformación en sociedades mediáticas lleve a una ralentización de la escalada de lo chocante. Por el contrario, la saturación lleva a la necesidad de llamar la atención con mayor efectividad para romper la monotonía que lo chocante crea por la sobre-estimulación. Al igual que los excesos en el uso de antibióticos se pagan con una menor eficacia, el abuso de lo chocante entierra lo que no lo es y abandona rápidamente aquello que hace unos instantes lo era. Todo deja de ser chocante tras la primera vez. Estamos en el reino de lo efímero. Nada dura, excepto el aburrimiento.
El peligro de la entrada de los medios en lo chocante es que conviertan en adictos a sus destinatarios. Es el peligro de que se valore en ellos su capacidad de sacudirnos y no de informarnos para comprender el mundo mejor, algo que no hacemos, evidentemente, cuando este se nos presenta como el reino de lo excéntrico, de lo inusual, del más difícil todavía.


López Ibor, Juan José (1975). El descubrimiento de la intimidad y otros ensayos. Madrid, Espasa Calpe.