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sábado, 28 de marzo de 2026

Menos pan y más circo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las crisis mediáticas se pueden intentar resolver de diferentes formas, unas mejores y otras peores. Una de ellas —una vieja estrategia— es el sensacionalismo, una distorsión informativa de la realidad. Mientras unos tratan de movilizar la curiosidad, otros eligen el camino contrario, el del exceso y alentar lo peor de los receptores mediante el abuso de las emociones enfocando la información desde el exceso.

El sensacionalismo no tiene límites, debe superarse en cada acción informativa, ya que trabaja con la atracción del exceso, con el enfoque capaz de llevarnos en cada momento un poco más allá.

En un mundo lleno de cámaras, de redes sociales, de programas personales, etc. no es difícil sentarse a elegir situaciones de morbo, conflictivas, personales y alentar así el espíritu voyeur de las audiencias. Se trata de escoger algo que conmueva y llevarlo más allá, otra vuelta de tuerca.

Estos días, con las noticias de la guerra, los medios compiten por sacar a los receptores de las preocupaciones bélicas, de sus consecuencias económicas y humanas, y llevarlos a sus terrenos.

Esto es lo que ha ocurrido con un caso que tenía solo el límite ético para ser explotado mediáticamente, algo que finalmente ha ocurrido. Me refiero a un caso trágico de conflicto entre unos padres que trataban de impedir la eutanasia solicitada por la hija, un caso triste, muy triste, pasado por los tribunales y finalmente en el foco mediático.

En 20minutos tenemos el titular "Oleada de críticas a 'Y ahora Sonsoles' por su cobertura del caso de Noelia Castillo: "No se puede consentir"", en el artículo firmado por María del Mar López Barrionuevo. En el texto se señala el malestar y las críticas por el tratamiento dado al hecho: 

Esta última semana, la joven Noelia Castillo ha ocupado el foco mediático a la espera de que este jueves recibiera la eutanasia por la que llevaba luchando dos años. A raíz de este caso, Y ahora Sonsoles está recibiendo una oleada de críticas por el tratamiento que han dado al caso, que muchos han calificado de sensacionalista. 

Una de las personas que se han pronunciado en contra del formato de Sonsoles Ónega ha sido Patricia Ramírez, la madre de Gabriel Cruz: "Espectáculo, dolor, horror, falta de análisis y profundidad… Se puede ofrecer un testimonio pero explotarlo y espectacularizarlo, por todos, es un horror". 

"¿Hacia dónde vamos? ¿Todo se vende? ¿Opinamos de todo? ¿Es ético? Es inaudito. Creo que no soy de este planeta", ha añadido la madre del pequeño Gabriel en su perfil de X. Pero ella no ha sido la única en cargar contra el programa de Antena 3. 

"Esto es vomitivo. No se puede consentir semejante circo mediático cuando estamos hablando de una vida humana y una familia rota por el dolor. Es un acto de decencia moral apagar la televisión", ha expresado un usuario de la red social. "Morbo y sensacionalismo disfrazados de información y periodismo", ha escrito otro. * 

Convertir el mundo en una pista de circo, en un escaparate malsano, es uno de los peligros que el mundo de la información ha corrido siempre. Vivimos ahora en un sistema mediático que necesita ser alimentado constantemente. Los hechos no le bastan. Se desarrolló la idea de "economía de la atención" como una forma de explicar este funcionamiento. Se trata de conseguir a cualquier precio la atención continuada de los que reciben las informaciones, de los que alimentan su mundo vacio con estos golpes emocionales, con estos impactos que nos hacen cambiar de canal, pasar a otra página o emisora.

Existen dos grandes problemas en el mundo informativo: el efecto de las noticias falsas, de los rumores, de las fotografías y vídeos trucados, que subvierten nuestra capacidad de discernir lo verdadero de lo falso; y, en segundo lugar, la adicción emocional a los medios, que fuerza el qué y el cómo de la información.

Contra el primero, los medios honestos se defienden mediante los chequeos de las noticias, de las fotos, etc. para saber si son reales o falsas, si son una forma de manipular a la opinión. Muchos tienen consciencia de este problema y saben que va en ello su credibilidad, que son objetivo de los manipuladores, que les usan para divulgar noticias falsas.

Pero contra el segundo, producido desde los mismos medios, es más difícil luchar pues, presionados por la necesidad de audiencias elevadas, son ellos los que dan ese tratamiento sensacionalista, los que eligen el tono y el enfoque llamativo.

Es importante conocer que muchos medios tienen en cuenta de forma prioritaria los efectos atractivos de las noticias, su carácter emocional, y no su carácter noticioso, su importancia. La atracción no es ya un elemento positivo, sino numérico; es la cantidad como se mide. La calidad es un elemento que queda indefinido frente a la cantidad.

Es evidente que el caso del que se habla pertenece al ámbito de lo privado, de un dolor familiar. No tiene trascendencia más allá... hasta que se decide convertirlo en un día a día emocional, en un culebrón efectista al que le importa muy poco el dolor que pueda estar causando a una familia, sino cómo explotar ese dolor para conseguir más espectadores.

El problema es que esto ya no se considera una práctica negativa, sino que se enseña y teoriza en nuestras facultades y escuelas de Comunicación o Periodismo. Jugar con las emociones, intensificarlas, explotarlas, etc. forma parte de nuestra "nueva normalidad" informativa.

Es tal la competencia por la atención de los receptores que se considera bueno cualquier método empleado. Las quejas de los afectados, de muchos espectadores que se ven dentro de unos casos mediante los cuales se manipulan sentimientos y principios crecen. Pero siempre serán más los que se dejan arrastrar que los que se resisten. A ello contribuyen los baños diarios de trivialidad, el descenso de la cultura y el cultivo del impulso en vez de la reflexión que nos invaden. Van rompiendo las fronteras en la información, el "infotainment" y la trivialidad descarada y manipuladora.

Han hecho daño a las personas, sí, pero también contribuyen a dañar al sistema mediático y al concepto básico de informar e información, básicos en una democracia.

A lo mejor hay que preguntarse sobre cómo ha llegado a presidente de los Estados Unidos su actual presidente, cuál ha sido el papel de los medios afectos a su persona, y qué papel juega la manipulación informativa.

El caso señalado es importante para los que se han visto expuesto a la luz lo que era un doloroso conflicto dentro de una familia. Lo hemos convertido en parte del show que necesitamos todos los días para conseguir las audiencias necesarias para sobrevivir. Esto tiene consecuencias socio culturales importantes y nos va degradando, embruteciendo. Es nuestro circo romano.

Cada vez hay más personas en puestos mediáticos clave a los que se les elige por ser capaces de elevar el listón del sensacionalismo un poco más alto. Poco pan y mucho circo.

 

* María del Mar López Barrionuevo "Oleada de críticas a 'Y ahora Sonsoles' por su cobertura del caso de Noelia Castillo: "No se puede consentir"" 20minutos 27/03/2026 https://www.20minutos.es/television/oleada-criticas-ahora-sonsoles-por-su-cobertura-caso-noelia-castillo-no-se-puede-consentir_6951850_0.html

viernes, 21 de enero de 2022

La atracción de lo trivial en TV

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La observación de nuestros informativos diarios revela la existencia de ciertas pautas en el tratamiento de lo informativo derivadas del propio medio, las relaciones con el público y los costes de producción. Hacer programas cuesta dinero y este coste es diferente según tengamos más o menos respuesta en términos de atención.

Desde hace tiempo se observa una clara tendencia: a mostrar imágenes "impresionantes" de muy bajo coste, tomadas en su mayoría de las redes sociales que se han convertido en fuente prioritaria. Son vídeos breves, a veces de segundos, que muestran situaciones llamativas, en general desgraciadas.

El medio es el mensaje, nos decía McLuhan. Cada vez es más cierto. Los medios transmiten aquello que pueden transmitir y lo adaptan a su propia forma. También decía otras cosas que se olvidan, como el hecho de que los medios aniden unos dentro de otros. En su ejemplo, el cine contenía a la novela, algo cierto, ya que ambos tienen un carácter narrativo y necesitan de las secuencias lógicas de conexión para construir su tejido.

Con las televisiones se está produciendo un fenómeno interesante como el señalado por McLuhan: contienen el material de las redes cada vez con más frecuencia. Una parte de los informativos se crea con material directamente tomado de las redes, vídeos domésticos tomados por la gente con sus teléfonos móviles o por cámaras de seguridad. Estos materiales proceden de las redes sociales en las que se han depositado anteriormente por los propios usuarios y han sido en ocasiones reproducidos por otras televisiones.

Hay programas específicos (la MTV tiene uno, por ejemplo) dedicados a vídeos "ridículos", desgracias de todo tipo, que se convierten en el centro informativo. El material tratado procede de ese otro medio que es parasitado o quizá al contrario sería más correcto: es la televisión la que pasa a estar "ocupada" por otro material.

Otra fuente de imágenes es la reemisión, es decir, alimentarse de sí misma, de los viejos programas que sirven para devolver al tiempo presente lo que forma parte del pasado. En este caso, el medio se alimenta de sí mismo, pero a la vez agota su propia esencia, que es el tiempo.

Si un periódico impreso es "espacio", la radio y la televisión son tiempo, tiempo de emisión. Ya no son páginas que rellenar, sino tiempo que ocupar. Tanto la inserción de material proveniente de las redes como el de sus fondos de imágenes, son baratos pero carecen de su elemento esencial: el valor informativo.


Uno de los aspectos que más padecen por esta forma de actuación en el medio televisivo es precisamente que dejan de cumplir su función esencial. En los 45 minutos de programa informativo se nos ofrece cada vez menos información relevante y cada vez más pseudo información, entendiendo por esto aquellas imágenes que carecen de interés real y son solo formas de mantener la atención fija en la pantalla.

Esto se logra mediante elementos exóticos, extravagantes, llamativos y, de forma generalizada, aquellos que nos hacen fijarnos por ser momentos de desgracia para alguien. Muchos de nuestros informativos se abren con "imágenes impresionantes" (es importante que los presentadores lo recalquen para mantener nuestra atención. Es frecuente que se nos introduzca con un "atención a estas impresionantes imágenes". Luego resultan ser un desprendimiento de nieve, un accidente de tráfico, unos coches patinando en el hielo, etc. por citar solo algunos de los vistos en estas últimas horas.

En ocasiones, el noticiario se consume con vídeos de este tipo hasta llegar a ese momento salvador, emocional por sí mismo, que es el deporte. Lo que no se hace con otras secciones se hace con los protagonistas deportivos sobre los que se especula y se pregunta en las ruedas de prensa que ellos mismo realizan pues necesitan también del medio como espectáculo que son. El medio televisivo tiene en el deporte un firme sostén gracias al soporte de los patrocinadores que necesitan que los deportistas hablen delante de unas botellas y con un fondo lleno de logos. Recordemos el escándalo inicial causado por la negativa de la tenista Naomi Osaka a presentarse a las ruedas de prensa por la tensión emocional que le creaban.


Otro factor del que abusan las cadenas televisivas es el tiempo dedicado a la climatología. La información del tiempo es barata y se extiende en algunas cadenas hasta el detalle mínimo de la temperatura de los pueblos y provincias. Hemos pasado de unos cuantos símbolos generales para hacernos una idea a la explicación detallada de las poblaciones de cada autonomía y dentro de ellas cada provincia y cada población. Pongan el cronómetro en marcha cuando comience y vean cuánto duran en total. Algunas cadenas ya anticipan en el sumario lo que viene para luego al final dar las explicaciones. Que el tiempo que va a hacer abra los noticiarios ya nos dice bastante. En otras cadenas internacionales no existe esta enorme dedicación, incluso en aquellas que dan tiempo en los continentes. Es nuestro interés en saber qué tiempo va a hacer casi en nuestro barrio. La importancia es grande ya que gran parte de la economía española se basa en la movilidad y para esto es fundamental saber el tiempo que va a hacer. La comprobación es precisamente la intensiva muestra de cómo va a estar el tiempo cuando llegan puentes, festivos o simples fines de semana. La meteorología pasa a ser un factor clave para incentivar la movilidad y las actividades que se espera. La pandemia está dejando en evidencia esta dependencia climática de nuestra economía, de la terracita a los viajes a las playas, lugares desde los que se producen las conexiones en los informativos para mostrarnos que "hace buen día", invitándosenos más o menos directamente a ir. Este papel de los informativos televisivos como incitadores a esta movilidad ha marcado sus propias líneas en los programas.

Si el deporte necesita de las cámaras para justificar sus inversiones y sueldos ante los patrocinadores, hay otro campo que lo necesita de forma clara: la política. La información política es básica en los informativo por el motivo señalado: es barata y se empaqueta ya por parte de los partidos, que son ya unidades organizadas de producción de materiales destinados al consumo mediático. Los políticos escriben poco y hablan mucho, lo que les hace materia aprovechable para los medios visuales. Ellos mismos se elaboran sus discursos y ofrecen algo llamativo: discusión constante, polarización, etc. Son espectáculo en un sentido poco respetable del término. Cada partido tiene hoy sus equipos que redactan, programan y escenifican sus propias actuaciones ante las cámaras. Muchas veces envían a los medios las imágenes que ellos mismos cuidan, pues la "imagen" pasa a serlo todo. De cada gresca política, los medios sacan provecho a través de la ocupación de una parte de sus programas, tanto en los informativos como en los derivados, la "tertulias" políticas en la que un grupo de profesionales de los medios ocupan de forma barata tiempo de la programación de la cadena. La cuidadosa selección de profesionales y el reparto de "papeles" crean un nuevo espectáculo político de valor periodístico o informativo muy relativo.

Si empezamos a descontar tiempos de bajo valor informativo, los programas se nos quedan en muy poca cosa. La buena información es cara, necesita de algo que es cada vez más difícil de encontrar, explicación, análisis real. Los programas dedicados a esto son cada vez más reducidos o inexistentes en muchas cadenas.

Una constante en los dramas de las muertes de periodistas españoles en estos últimos años ha sido precisamente que el riesgo que corrían lo hacía como "free lancers", es decir, las cadenas a las que vendían sus reportajes cada vez ofrecían menos dinero y exigían más riesgos, acercarse más al peligro, que es lo que después venderían a su público. Esto hacía que, sin poder gastarse dinero en protección, se tuvieran que arriesgar en zonas peligrosas que acababan muchas veces en ataques y muertes, como sabemos.


Es mucho más barato tener a personas en las redacciones dedicadas a explorar las redes sociales en busca de este tipo de situaciones trágicas, pintorescas, insólitas, etc. que elaborar información por parte de especialistas.

Las consecuencias de esto en la generación de pseudo información, la reducción de los corresponsales y enviados especiales, a los que muchas cadenas han renunciado prácticamente o comparten con otros medios. Las informaciones se estiran y se reproducen durante un par de días en muchas ocasiones. Se tiende a informar de "hechos" más que de "situaciones". Los primeros son puntuales, ocurren y se da cuenta de este acontecer. Las situaciones requieren valoración, interpretación y análisis, previsiones, consecuencias, etc. Esto supone más tiempo, un tiempo que es caro y es más fácil de rellenar con esas acumulaciones de hechos: tiroteos, accidentes, incendios, derrumbes, etc.

Los focos internacionales de información quedan reducidos a su mínima expresión: Estados Unidos y Bruselas, París o Londres, Moscú y Pekín en ocasiones. Pero quedan limitados a respuestas oficiales o a sucesos concretos. La información internacional ha quedado muy limitada a esos focos y generalmente con un análisis muy relativo. Si los corresponsales son costes fijos, sí se explota su presencia con informaciones. De no ser así, los análisis son muy relativos.

Esto está produciendo un interesante fenómeno, el del crecimiento de las web informativas de los canales de TV. Con un tiempo caro y limitado, las TV están desarrollando cosas que no aparecen en sus programas informativos. Uno de los casos interesantes es el planteado por Antena3 en el que las informaciones que se ofrecen en los noticieros se acompañan ahora de un código "QR" que permite "ampliar" la información dada en pantalla. Es una confirmación de la necesidad de resolver el problema de la información ante la liviandad que provoca la simple emisión.

Otras webs, como ocurre con la de RTVE.es, amplían y diversifican el exceso de dependencia, como canal estatal, de la información política. Han tratado de diversificar la información hacia muchos campos que se ignoran diariamente por falta de espacio televisivo. De alguna forma, esto representa el deseo del profesional de escapar de la mayor presión que se tiene en los informativos y la consiguiente limitación. En las webs es posible hacer un periodismo más denso, más abierto a los problemas de la realidad, al análisis, al descubrimiento de aquello que las rutinas y las fuerzas externas exigen. Con la crisis de la prensa escrita, el Periodismo se está refugiando en ese terreno intermedio que son las televisiones abiertas a través de sus webs. Las limitaciones de una prensa escrita que trata de forzar hacia sistemas de suscripciones está destinado al fracaso y es solo cuestión de tiempo.

Estas redacciones se acercan más a lo que es la función primaria del Periodismo que la información en televisión. Esto, una vez más, plantea la necesidad de profundizar en el camino macluhaniano del análisis de los medios más allá de sus contenidos. Se trata de comprender el carácter sistémico de la información, es decir, la constitución de un macrosistema en el que los diferentes medios interactúan y definen las formas en las que son moldeados por el uso de sus destinatarios y los factores señalados, como los económicos.

Como bien señaló el teórico canadiense, cada vez que aparece un nuevo medio se produce una remodelación del sistema en su conjunto. Los medios son puertas diversas de acceso a la información por parte de los usuarios. Usan las que están disponibles y los medios compiten por la atención.

Hoy, con la convergencia mediática, los usuarios pueden disponer de mucha información, accediendo a ella a través de canales y medios distintos. Eso determina, a su vez, los costes de la producción de información, que se recupera mediante distintas fórmulas.

¿Es posible que estemos peor informados por exceso de información? La respuesta es sí si esta se ajusta a lo que hemos visto y no a lo que es realmente valioso como información, lo que nos ayuda a comprender el estado del mundo, lo más relevante y no lo anecdótico, como estamos padeciendo. Los primeros que lo padecen, evidentemente, son los propios profesionales conscientes del valor de su función y que se ven relegados muchas veces a meros comparsas. Después son los espectadores los que muchas veces empiezan ese descenso trivial en su forma de ver el mundo desde lo que se les muestra cada día.


domingo, 3 de octubre de 2021

La didáctica del desastre

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hay desgracias, incidentes, catástrofes, etc. que nos suceden un día y tienen unos cuantos de protagonismo mediático. Sin embargo estamos asistiendo a los efectos de fenómenos de larga duración, con efectos terribles prolongados en el tiempo. Son fenómenos, además, que escapan a nuestra comprensión, que no acabamos de entender bien, ya sea por su origen o por su alcance,

Cuando estos fenómenos ocurren, se moviliza todo un ejército de especialistas en ese campo, gente capaz de explicarnos lo que ha sucedido y, si es posible, lo que puede ocurrir.

Los dos casos más recientes son la pandemia del COVID-19 y, en estas dos últimas semanas, la explosión del volcán de la isla de La Palma. En ambos caso, son dos fenómenos de la naturaleza, que nos muestra un lado desconocido o semi desconocido del que necesitamos saber más para poder entenderlo.

¡Cuánto hemos aprendido sobre los virus con la epidemia! Lo que no sabíamos sobre el mundo de los virus nos ha llegado a través de fuentes diversas, especialistas sobre todo, que han tratado de ayudarnos a comprender el funcionamiento de la vida en sus registros más básicos. Hemos aprendido mucho, aunque no siempre bien o lo suficiente. Como elemento que está en parte en nuestras manos, en la información se ha mezclado la realidad y el deseo, por citar al poeta. Lo que ocurre y lo que deseamos que no ocurriera. Hemos visto que esta extensa situación tiene, como era de esperar, múltiples focos de intereses y conflictos. Hemos visto su incidencia no solo en la salud, sino en la economía, en los sectores sensibles de cada país. Hemos comprendido el carácter sistémico, que todo está relacionado, que todo afecta a todo. Otra cosa es que sigamos con nuestro punto de vista particular analizando las situaciones. Pero el esfuerzo de comprensión y explicación, la misma autocrítica de algunos medios, ha hecho que podamos comprender parte de lo que se nos dice por parte de los expertos.


El caso del volcán en La Palma es muy distinto. Lo es desde su propia escenografía. Donde tenemos lo intuitivo del coronavirus, su representación a través de los efectos en terceros, de camas de UCI, de hombros pinchados, de cementerios, de abrazos interrumpidos, etc., en el caso del volcán la situación varía mucho.

El volcán es visible, se escucha y se sienten sus vibraciones en cada explosión, en cada terremoto y sus réplicas. Cuando comenzó, primaron sus aspectos de espectáculo natural, incluso alguna ministra se permitió el lujo de decir que sería beneficioso para el turismo, una frivolidad que le fue reprochada desde todas partes. El dolor y la destrucción no debe ser espectáculo.

Sin embargo, el volcán se ha convertido en centro informativo destacado, día a día, minuto a minuto. Donde el coronavirus ya solo nos ofrece cifras y estadísticas de los casos, el volcán nos permite sentir la naturaleza, su poder destructivo, su indiferencia, en primer término.


La tecnología hace mucho, en especial, las posibilidades que nos ofrecen los drones para la filmación desde el centro mismo. Un volcán ya no es una columna de humos, sino una apertura al interior de la tierra. Estamos pudiendo comprender su fuerza desatada, comprobando cómo se lleva por delante las realidades y los sueños de miles de personas.

La corrección del dramatismo melodramático a la información cercana a los focos, a los efectos, a los que llevan el día a día de la situación tiene una enorme capacidad de transmisión y movilización, que es parte del resultado.

Si hemos aprendido economía con las crisis económicas, biología con las pandemias, ahora estamos aprendiendo en directo, gracias al papel de muchos científicos que se han desplazado allí, sobre cómo funciona este mundo de la tierra y sobre qué estamos asentados, sobre lo pequeños que somos en comparación con el poder destructor y, a la vez, creador de la Tierra.


Hemos asistido, junto al dolor de muchos, a la explicación detallada de qué está ocurriendo. Algunas cadenas conectan en sus telediarios, pero otras —como Antena3— están haciendo un auténtico despliegue informativo, situándose en sitios estratégicos y haciendo del volcán su centro.

De esta manera comprendemos los dos lados, el humano y el natural, que se da sobre ese estrecho espacio isleño, lugar dramático por el choque no lo que no podemos controlar, como es la fuerza de la tierra.



Aprendemos, además, sobre algo que no aprendemos bien: a la modestia de la Ciencia, a su carácter limitado frente a los cambios, a lo dinámico de la evolución de estos fenómenos. Comprendemos el papel de la reunión de datos para frenar la incertidumbre que supone un fenómeno del que apenas sabemos nada, pero del que aprendemos cada día un poco más.

Las cadenas televisivas empezaron a poner películas sobre epidemias y contagios, en un intento de rentabilizar el interés. Lo mismo está ocurriendo con el volcán, que nos trae a la parrilla de las programaciones películas con volcanes que arrasan poblaciones enteras.


Pero la contemplación de la naturaleza en directo, hora a hora, la explicación de los que va ocurriendo hora a hora, la interpretación de los signos que nos ofrecen forma parte de una nueva forma de conocimiento en directo que es enormemente positiva cuando se hace bien.

Drones, realidad aumentada, etc. han logrado elevar a una nueva dimensión lo que es la presentación de este tipo de informaciones. Una mezcla de información directa y explicación didáctica que trata de llevar a los espectadores más allá de las meras emociones. Si esto se ha conseguido, será un gran logro mediático, una huida de la banalización, un riesgo constante.

Nada sabíamos antes de "fajanas", de volcanes estrombolianos o hawaianos, de los tipos de magmas, del nombre conforme a su tamaño de las rocas expulsadas... Muchas veces, los informativos, cuando cuentan con buenos profesionales, no solo nos dan cuenta de lo que ocurre sino que ofrecen algo que había desaparecido de la mayoría de las cadenas, la información científica.