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jueves, 26 de abril de 2012

Por la cara

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La violencia es condenable; el vandalismo es violencia, Cualquier persona sensata prefiere la paz a la violencia, la legalidad a la ilegalidad. Y además desea que las leyes sean justas y que los que  actúan en su nombre lo hagan correctamente.
De nuevo salta la polémica por las actividades puestas en marcha por la Consejería de Interior de la Generalitat catalana, es decir, por don Felipe Puig, alguien que se pone él solo en el punto de mira y al que parece gustar estar en boca de todos.
A la mayor parte de los ciudadanos nos gustaría que aquellas personas que vulneraron la ley y el derecho de manifestación pacífica agrediendo a personas y destrozando los bienes de los demás paguen por ello como deben, pero a la mayoría de las personas nos gustaría también que la ley siga su curso porque es la garantía que todos tenemos. La Ley, como las carreras ciclistas, sigue sus etapas en un orden que no debe ser alterado.


Los Mossos, después de la campaña con el tema de las pérdidas de ojos por causa de las pelotas de goma (que en la Consejería de Interior del gobierno vasco ha retirado con buen criterio tras la muerte de una persona hace unos días), se enzarzan ahora en una acción que, según denuncian ya algunas agrupaciones de jueces y otras asociaciones legales, hace equilibrios sin pértiga en lo alto del alambre de la constitucionalidad.

A imitación de lo que hizo la policía británica cuando los disturbios del pasado verano en los barrios de Londres, aquí —imitadores de Scotland Yard, pero no de la BBC— la policía autonómica ha abierto una  web con una galería fotográfica con los presuntos participantes para pedir la colaboración ciudadana, es decir, la identificación de aquellas personas a las que ellos consideran responsables de los disturbios.
Los británicos inundaron las pantallas callejeras de la ciudad con imágenes extraídas de los vídeos logrados por distintas fuentes. Todos recordamos días después las distintas secuencias en las que se recogían los asaltos a las casas de los “identificados” y denunciados. Grupos armados asaltando domicilios para sacar a rastras a adolescentes de sus sofás y camas. Un alarde de fuerza, como diría el señor Puig, disuasorio.
Como los periódicos de Barcelona ya avisan de que don Felipe Puig se está preparando para lo que algunos ya llaman “la batalla de Barcelona” para mayo, el Consejero ha debido dar el visto bueno a este proyecto mediático que el diario El País llamaba “una web para delatar”*. Dicen los responsables que la página está pensada para tener un efecto disuasorio, algo que no se entiende muy bien con la ley en la mano, porque es sencilla y llanamente, condenar a las personas saltándose tres o cuatro etapas de la vuelta ciclista de la legalidad, por seguir con el símil.

El alcalde de Londres y las fotos de los sospechosos
Los jueces y fiscales han sido ignorados. Poner las fotos de las personas y señalarles con el dedo es claramente vulnerar los derechos de las personas y la Generalitat se arriesga una vez más al desprestigio institucional y, algo peor para Barcelona, a otra nueva campaña sobre el peculiar sentido del orden que allí se trata de imponer. Hay mecanismos mucho más sutiles y eficaces que la provocación permanente que la Consejería hace. Es el ejemplo perfecto del bombero pirómano. Cuando ocurren los incidentes, el señor consejero siempre mueve la cabeza diciendo “ya lo decía yo”. Alguien tendría que explicarle la teoría de los actos de habla o lo que es una profecía autocumplida.

Hay muchas formas de enfrentar los problemas de orden público, pero de todas la peor es, sin duda, el reto, el desafío permanente a los más violentos, que suelen aceptarlo. La mejor política de seguridad es la que produce el mínimo de disturbios y vulnera el mínimo de derechos. Parece obvio, pero no siempre es así. No se pueden publicar fotos de personas, acusarlas públicamente —por muy evidente que sea— sin que haya un juez por medio. La labor de la policía es presentar sus pruebas ante la instancia correspondiente para que se realice el procesamiento como es debido, con plenos derechos. Todos los tienen. Después, que les caiga la pena que la justicia estime pertinente, la fuerza de la ley. Ellos habrán actuado mal, pero la justicia y la policía habrán actuado como manda la ley para garantía de todos.
El diario El País recoge algunas opiniones de fuentes jurídicas en este sentido:

La página, sin embargo, despierta recelos en distintos ámbitos, empezando por el Colegio de Abogados de Barcelona. "Tenemos serias dudas de su legalidad. La exposición de las fotografías debería ser autorizada de forma expresa, mediante una resolución motivada del juez", sostiene el portavoz del colegio, Jordi de Tienda. "Los hechos son graves, los ciudadanos tienen que colaborar con la justicia, pero no todo es válido", añade.
A la crítica se ha sumado la asociación Jueces por la Democracia, que cuestiona que se difundan imágenes de personas que no están imputadas. "La web roza la inconstitucionalidad de forma clarísima", ha señalado el portavoz de la entidad, Xavier González de Rivera, en declaraciones a Efe. También subraya el peligro de que la web incluya imágenes de menores y critica la "apreciación subjetiva" de la que se han valido los Mossos para establecer la edad de las personas a las que acusan.*

El orden público no es solo la tranquilidad de las calles. Es un concepto de “orden” mucho más complejo que lo que algunos responsables quieren entender. Implica no solo que uno camina en paz por la calle, sino que además lleva encima todos sus derechos. Implica también, por supuesto, que los responsables del orden velen por ellos. Cualquier estrategia que no arregla nada, agranda los problemas y crea otros nuevos, debería considerarse poco eficaz.

* "Puig lanza una web para delatar" El País 24/04/2012 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/04/24/catalunya/1335287580_335515.html

** "Interior no informó a la fiscal superior sobre la web para delatar a violentos". El País 25/04/2012 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/04/25/catalunya/1335364651_568458.html




viernes, 13 de abril de 2012

Un ojo de la cara y el sistema

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario romano La Repubblica se hizo eco ayer de la siguiente campaña: “Vacaciones en Barcelona. Podrían costarte un ojo de la cara”.* No se refieren al precio de hoteles, restaurantes o de cualquier atracción turística sino a las pérdidas de visión por impactos en los ojos de pelotas de goma lanzadas por la policía catalana.
La campaña —que comienza diciendo que Barcelona es una ciudad maravillosa— se centra en el caso de Nicola Tanno y otros tres italianos que han perdido allí alguno de sus ojos por el efecto de los impactos. Nos dicen que, desde 1990, son veinticinco personas las que han sufrido las consecuencias de este material antidisturbios usado por la policía. Nicola perdió uno de sus ojos cuando se sumó en las calles de Barcelona a las celebraciones por la Copa del Mundo en julio de 2010. Una vez más, lo que era una celebración se convirtió en batalla campal. Y alguien lo ha pagado por el resto de su vida.


Hoy las guerras son económicas y todos han aprendido que nada es más caro que construirte una imagen y mantenerla. La forma de presión no es solo la recogida de firmas, sino el deterioro de la imagen de la ciudad. Estos rostros dañados y los espacios ennegrecidos por gases y humos no son un buen reclamo publicitario. Una sola página dedicada a esto anula las campañas financiadas para promover el turismo y los que dependen de ello se ve afectados.

En la misma página digital de La Repubblica se ha insertado automáticamente un anuncio de la compañía de aviación Iberia —de Business Plus— que dice: “Il viaggio che hai sempre sognato”. El viaje soñado que nos prometen en la clase “business” nos dicen que se puede convertir en una pesadilla si llegas en la “turista”. Entre los dos extremos publicitarios, el viaje caro y el que te puede salir caro, se mueve el problema de las luchas informativas.
Pero más allá de las formas de presión —la campaña lógicamente lo es y ya hay otras como las de Stop Bales de Goma o Amnistía Internacional sobre esta cuestión— está el problema real, el de la violencia y su respuesta policial y legal, además de la política.
El Blog de Nicola Tanno
El consejero catalán de interior, el célebre Felip Puig —un estadista hobbesiano— reclamaba no hace más que unas semanas el endurecimiento de las penas por las alteraciones  de orden público "no para que entre más gente en prisión sino para que haya más gente que tenga más miedo al sistema y que no sea tan osada"**. Hombre de frases, ideas y acciones poco afortunadas, Puig carece de la sensibilidad —vamos a decirlo así— para encontrar líneas retóricas más allá del miedo.
Los ciudadanos no deben tener miedo al “sistema” —es la sutileza de establecer un enfrentamiento implícito entre “sistema” y “antisistema”—, sino que lo que el señor Puig llama el “sistema” está para proteger a los ciudadanos y no para que les tengan miedo. Cuando se dice “proteger”, el señor Puig pensará que, efectivamente, él está para proteger a los ciudadanos de los “anticiudadanos”, a los del sistema frente a los antisistema. Pero esto es una falacia semántica que él mismo ha creado.
Independientemente de que alguien se quiera considerar, llamar o etiquetar como “antisistema” —que me parece un genérico como el de los medicamentos o una marca blanca—, las autoridades no pueden aplicar esa mentalidad maniquea a la población clasificándola así. Corremos el riesgo de que ocurra como en Valencia y se acabe hablando de los manifestantes —los estudiantes— como “el enemigo”, expresión que causó tanta o más indignación que las propias actuaciones, que.


Ha tenido que producirse una muerte en Bilbao para que la policía autonómica vasca decida retirar las balas de goma del material cotidiano de trabajo (no de la Brigada Móvil) con fecha de uno de enero de 2013. A diferencia del señor Puig, el señor Ares, consejero vasco, ha pedido perdón a la familia por la “injusticia” y el daño con la muerte de Iñigo Cabacas por una pelota de goma disparada por la fuerzas de orden público. No sirve de mucho, pero ya es algo.
Es una irresponsabilidad política considerar a una parte de la población como “enemiga” o como “antisistema” y actuar desde esa premisa, especialmente si se busca de esta forma la justificación de actuaciones posteriores y la división social. Lo dijimos cuando políticos irresponsables mencionaron la posibilidad de desalojar la Puerta del Sol a base de militantes. Las instituciones o las personas que están al frente no están para amenazar para buscar lo mejor para el conjunto de los ciudadanos llevando el diálogo hasta más allá de lo posible. La amenaza no debe formar parte de una democracia.


La violencia es injustificable siempre y la respuesta institucional a ella no puede ser ni irracional ni injusta; tampoco puede significar una pérdida de derechos de los ciudadanos —aunque ellos se consideren otra cosa— porque eso es inaceptable e intolerable en un estado democrático. Tampoco la estigmatización de nadie.
Las declaraciones realizadas sobre las convocatorias de actos por las redes sociales son un despropósito  porque nadie convoca una “manifestación violenta”. Convocan una manifestación y luego acaba pacíficamente o no. El ministro del Interior, el señor Jorge Fernández,  mucho me temo, está cayendo en la misma dinámica del señor Puig, que es contagioso: que se tema al sistema.  Las medidas que dice que su departamento está estudiando —junto con Justicia— sobre el “delito de integración en organización criminal,” “alterar gravemente el orden público” o “concertar concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación como Internet y las redes sociales” ya han sido matizadas desde el propio Partido Popular porque son innecesarias ya que, como ya han señalado juristas, hay herramientas más que suficientes en nuestra legislación. Considerar la resistencia pasiva como un “atentado contra la autoridad” es una barbaridad que habrá hecho moverse las cenizas esparcidas de Gandhi por todo el universo y soñar a los nostálgicos del imperio colonial británico.


Si además de afrontar una crisis económica, tenemos que afrontar violencia y recortes de derechos o retorcimientos jurídicos, no nos va a ir demasiado bien. Creo que es mejor para todos llamar a la sensatez y no al encrespamiento social ni institucional. Así no se va a ningún sitio. Al que le interese la violencia o la demagogia, que lo deje claro. Las medidas que necesita nuestro país son otras y llevar el debate al orden público no es más que distraer la atención de los problemas reales creando otros que acaban siempre mal. Hay que condenar la violencia y el vandalismo; hay que hacerlo con los que lo instrumentalizan demagógicamente y exigir que no sean excusas para recortes de derechos, que deben ser defendidos por todos. Jalear la violencia de unos o la represión de otros es, sencillamente, un despropósito.
La gente se tranquiliza con mejoras no con amenazas. Hacen falta menos balas de goma y más trabajo.  Todos los ojos son pocos. No perdamos más o, como dice la campaña, nos saldrá caro a todos.

 * ""Barcellona ti costa un occhio della testa" la battaglia di Nicola contro i proiettili di gomma". La Repubblica 12/04/2012 http://www.repubblica.it/esteri/2012/04/12/news/vacanze_a_barcellona_ti_costano_un_occhio_della_testa_un_italiano_lancia_la_campagna_contro_i_proiettili_di_gomma-33203511/?ref=HREC2-2

** "Puig quiere endurecer el Código Penal "para que haya más miedo al sistema"". Público 03/04/2012 http://www.publico.es/espana/428181/puig-quiere-endurecer-el-codigo-penal-para-que-haya-mas-miedo-al-sistema

El diario La Reppublica, de Roma, se hace eco de la campaña

Campañas contra las balas de goma