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martes, 26 de enero de 2021

En los 10 años de la Primavera egipcia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Ayer, 25 de enero, se cumplió el décimo aniversario del levantamiento en Egipto, el posterior a lo ocurrido en Túnez, con la revuelta producida un mes antes. Un aniversario es solo un momento para el recuerdo y para comprobar cómo se recuerda, qué queda en nosotros de aquellos acontecimientos, cómo han cambiado o no el espacio en que se produjeron.

Túnez está hoy en el punto de mira. La crisis económica, la corrupción, los efectos de la pandemia —tanto sanitarios como económicos—, pero sobre todo la falta de soluciones a los problemas reales de la gente.

Los estados de la zona son construcciones artificiales cuya función es la más de la veces el control de la población, más que su desarrollo. Las diferencias sociales son abrumadoras, pero son incluso mayores las de las mentalidades que se establecen ante la disparidad de visiones de la vida, de su sentido, organización y control. Las élites no ven los estados desde una perspectiva nacional, sino desde la perspectiva de una burocracia controladora que sostiene un aparato mayormente corrupto, basado en los clanes, en las redes familiares o en los grupos religiosos.

En Egipto, el movimiento del 25 de enero fue un grito —como el de Túnez— surgido de un crimen y una injusticia. Hacía falta de la combinación de un elemento aglutinador —las pancartas con "We Want Facebook"— como el acceso a las redes sociales y el sentido de injusticia y rabia capaz de circular por ellas, para que se produjera el estallido social. Son gotas que colman los grandes vasos de la paciencia, un sentimiento que se transforma políticamente en aceptación jerárquica del poder, donde los que mandan, mandan siempre porque es su destino. Los que están por debajo tratan de sobrevivir molestando lo menos posible a los que ostentan el poder, crean sus propias redes de protección y pelean por conseguir favores, las migajas que los poderosos arrojan para que el pueblo vea su mano generosa un día, implacable otros.




Túnez, Libia, Egipto, Siria... eran entonces países con sus redes de poder y sus redes de supervivencia. La aparición de una estructura comunicativa basada en las redes sociales, los teléfonos móviles y los canales de TV satélites permitieron la vertebración, por primera vez, de un movimiento de respuesta y resistencia en las calles. ¿Hacia dónde?

Es esta pregunta, en mi opinión, reside la clave del funcionamiento de ese espacio a presión en el que se ha de levantar cada cierto tiempo la tapa para que no reviente todo. El caso de Egipto es claro: es el propio Ejército el que "jubila" a Hosni Mubarak para salvar algo mayor, el "estado", pero no en un sentido "político", sino como un entramado de intereses que mantiene el control del conjunto para sacarle el máximo provecho, creando una estructura de explotación escalonada. El poder corrupto se ejerce por tramos. Pueden ser las manzanas de un barrio, controladas por un policía corrupto —como nos mostraba el magnífico filme de Yusef Chahine "¿El caos?" (Heya fawda? 2007), el último de su carrera cinematográfica— o los contactos empresariales para vender productos a Israel.



Me llamó la atención que al producirse el levantamiento en Túnez, el gobierno francés ofreciera el envío de tropas y material antidisturbios. No ha cambiado mucho el sentimiento. La Primavera Árabe se murió por falta de ayuda, porque los que se levantaron con pretensiones de sacudirse unos regímenes corruptos pronto se vieron solos. Eso desarmó a los pocos demócratas que estuvieron al lado de la gente. Digo "al lado" y no "al frente" porque uno de los enormes dramas es la soledad democrática de muchas personas cuyas vidas oscilan oscilan entre ser encarceladas por los gobiernos o ser asesinados por los integristas islámicos de diverso pelaje.

El drama lo podemos ver en la actualidad ultraconservadora egipcia donde una feminista puede ser considerada "terrorista" y encarcelada por atentar contra los "valores sagrados de las familias egipcias", donde la crítica supone el arresto o la desaparición por "difamar a Egipto" desde un escenario, como le ocurrió a la cantante Sherine.

El poder egipcio ha aprendido a mantener un equilibrio entre los que se acogen a su sombra y los que eligen el otro lado, el islamista, con gran poder social y económico, que une a los parias y a élites económicas que les controlan. Saben que nunca va a desaparecer la amenaza y han aprendido a rentabilizarla, tanto por la ayuda exterior como porque su estabilidad pasa a ser un asunto crucial en la zona y, más allá, para Europa.

¿Pero cómo lo ven ellos? Los diez años no han dado para mucho. En la silente prensa egipcio de la actualidad, son escasos los testimonios y valoraciones que vayan más allá de la condena estándar: su valor es el del inicio, posteriormente se torció por los islamistas y gracias al "golpe de timón" militar, el pueblo recuperó su voz. La versión oficial es que el "pueblo" fue "obedecido" por los militares, incluso en las matanzas. De esta forma se ha creado una mitología, una narrativa satisfactoria que hace cuadrar la explicación con la realidad.

 


Por otro lado, lo que se trata de mantener en el recuerdo vivo, en el día a día de lo que fue entonces considerada como la "Revolución de los Jóvenes". Frente al "padre Mubarak", unos jóvenes se lanzaron a pedir futuro. Dos actos aceleraron todo: la muerte del joven torturado y arrojado a la calle como animal en Alejandría por la Policía en Alejandría, que es el acontecimiento "oficialmente" reconocido, pero también otro importante: la perspectiva social de que a los treinta años de gobierno de Hosni Mubarak bajo la "ley especial", se hablaba de dejar paso en el poder a su hijo Gamal, algo que difícilmente era soportable por muchos. Querían salid de la oscuridad en la que vivían, sin futuro, sin palabra, con la mirada fija en el suelo. El lema "¡Levanta la cabeza, eres egipcio!" conectaba con ese sentimiento de miedo y vergüenza en el que se vivía.

Leo en Egyptian Street un breve artículo que trata de recoger lo que fue con el titular "Marking 10 Years Since Egypt’s January 25 Revolution":

 

Today marks 10 years since the start of Egypt’s January 25 revolution.

This time 10 years ago, people of all ages and from all backgrounds gathered in the country’s squares, alleys, streets and boulevards to protest for bread, freedom and social justice. For some, the revolution continues to live in their hearts and minds. For others, the revolution was the darkest moment in Egypt’s modern history.

Today, countless articles will be written, statements will be made and tweets will be sent debating the outcome of the 18-day uprising that managed to overthrow the 30-year-rule of former President Hosni Mubarak and the current political, social and cultural landscape: was the revolution successful? To what extent were those calls for bread, freedom and social justice heard? Is life in Egypt better today than prior to the events of January 25?

These are questions that will continue to be debated for many decades to come. The pain, the loss, the hope, the unity. However, there is one beautiful outcome of the January 25 revolution that is undebatable and undeniable: the uprising sparked a wave of initiative, creativity and innovation.

Today, #Egypt’s population – especially its youth – are among the most creative in the world, taking initiative like never before. Gone are the days of waiting for ‘someone else’ to take action. The revolution showed the courage of Egyptians to stand up and take matters in their own hands.

Young, courageous Egyptians are shaping, improving and building their communities on their own initiative, pouring their hearts and souls into innovative and sustainable ways to tackle social, economic, cultural and even political challenges. Though the path to do so is not always easy or even safe, if bread, freedom and social justice have not yet become a reality, it is Egypt’s youth who will undoubtedly make it so.

Today, we celebrate Egypt’s youth and remember those who gave everything towards a better future for all Egyptians.*

 


En su brevedad, el artículo dice varias cosas ciertas y solo contiene una inexactitud: no ha habido miles de artículos analizando la Primavera egipcia.

Han sido los jóvenes, efectivamente, los que aprendieron una dura lección, que se tendrían que buscar la vida por ellos mismos, desarrollar sus iniciativas y tratar de mantenerse lejos del poder. Los intentos del régimen de hacerse con el control de los jóvenes ha sido burdos, como esas "jornadas mundiales" que servían a los jóvenes oficialistas para escuchar las palabras paternalistas del presidente Sisi en sus concentraciones lejos de El Cairo, en los lugares turísticos que le servían de promoción y tranquilidad. Era demasiado burda la maniobra, demasiado obvia. Los jóvenes de Egipto, con enormes dosis de creatividad, aprendieron pronto a separarse para poder cumplir sus objetivos vitales. No siempre es fácil pues el poder lo quiere todo y le molesta el protagonismo.

El reciente caso de la creación de aplicaciones de denuncia contra los impunes ataques sexuales contra mujeres a manos de las minorías económicas, de los hijos del régimen, ha despertado la indignación de muchos. La iniciativa ha partido de jóvenes, de estudiantes, que aplican su ingenio y conocimiento, su valor, a denunciar lo que los medios, silenciados por vía del miedo o de la compra, no se atreven a sacar a la luz.

 


En el estatal Ahram Online, se reproducen dos artículos sobre el aniversario. En el primero de ellos, firmado por Gamal Abdel-Gawwad Soltan** y titulado "The Arab Spring: Opportunity missed or disaster averted?"*** nos centra inicialmente en el problema básico para hacernos un recorrido por lo que sucedió con los países que se lanzaron a la calle:

 

The Arab Spring made it clear that in Arab politics there are too many Islamists and too few genuine democrats of a secular, leftist and liberal kind.

In Syria, militant Islamists marginalised the moderate Free Syrian Army (FSA) as well as the liberal intellectuals of the Syrian National Coalition (SNC) in the years after the Arab Spring protests began. The Islamic State (IS) group, with its capital in the city of Raqqa in northern Syria, provided a graphic illustration of the threats of militant Islamism in the Middle East.

In Yemen, the Sunni Islamist Islah Party led the protests against former president Ali Abdullah Saleh. In a later stage, the Shiite-based Houthi Movement occupied most of Northern Yemen, including the capital Sanaa, and since then Yemen has been embroiled in civil war.

In Libya the situation is complete chaos. Forces of tribalism, Islamism, regionalism, nationalism and ethnicity intermingled to produce the Libyan Civil War. Ironically, while the Islamists lost in the elections in Libya, they continue to exercise veto power over the political process in the country. In the Libyan House of Representatives elections in June 2014, the Islamists won only 30 seats out of the 200 contested. But they refused to recognise the results, challenging them in court and ultimately violently storming the House itself, forcing its relocation to the city of Tobruk 2,000 km east of the capital Tripoli.

In Egypt, the regime of former president Hosni Mubarak imposed heavy restrictions on political parties and civil society, but exerted only marginal control over mosques, which were turned into platforms for Islamist funding, organisation and mobilisation.

When young people led the 25 January Revolution and successfully breached the wall of silence in 2011, the Islamists took advantage of this opening, stormed the broken walls, and then marginalised any non-Islamists. The Muslim Brotherhood subsequently won the parliamentary and presidential elections, but failed to establish a broad-based government.**

 


 La frase que abre la cita describe una situación real —pocos genuinos demócratas, demasiados islamistas—, pero no entra demasiado en el por qué de ambas. La represión del poder siempre vio como enemigos intelectuales a los demócratas y como enemigos físicos a los islamistas. Por decirlo claramente, los demócratas no suelen poner bombas, ni cortar cabezas. Tienden a convertirse en líderes intelectuales, hablan para el conjunto del sistema y quieren sistemas en los que quepan todos aquellos que no tiendan a excluirse ellos mismos. Los islamistas son lo contrario: el programa ya lo tienen —la base religiosa—, lo que les garantiza que solo tienen que convencer a las masas de quiénes son sus enemigos, los que se oponen a la voluntad de Dios. Los islamistas viven de la ira y de redirigirla hacia los objetivos adecuados, contra los que quieren eliminar.

Las mentiras y engaños de los islamistas en Egipto se descubrieron en cuanto llegaron al poder. No tenían intención de gobernar más allá de lo de siempre,  dejando atrás sus falsos programas, con los que engañaron a mucho haciéndoles creer que no tenían intención de acceder al poder (mentira) y después que gobernarían para todos (otra mentira).

Bastó con dejarles hacer sus planes, para que la gente se arrojase de nuevo en brazos del Ejército, del que se huía con el levantamiento. Lo más sorprendente del Ejército egipcio es cómo supo hacer creer al país que ellos no tenían arte ni parte en la dictadura de Mubarak ni en la corrupción reinante. Hay estudios sobre la manipulación informativo nacionalista del Ejército, la creación de una figura heroica (que se responde poco con la realidad) tras el levantamiento de los Oficiales Jóvenes, que dio salida a la creación de la república egipcia tras siglos de tutelas, ocupaciones y demás imposiciones exteriores. El Ejército supo administrar y repartir el pan, por decirlo así, acostumbró a la gente a apiñarse tras los camiones militares recibiendo todo aquello que faltaba. Era lo suficiente como para mantenerlo alejado de la imagen de corrupción. La realidad, en cambio, muestra cómo la economía egipcia está controlada por las empresas militares, cómo participan en los negocios de forma oscura. Quizá habría que reformular la frase de la cita, pocos demócratas, muchos militares y muchos islamistas, para completar el mapa egipcio.

La pregunta que se lanza desde el título —¿oportunidad o desastre?— podemos considerar que se contesta con un párrafo hacia el final:

 

The following indicators can illustrate this. Between 2010 and 2019, Tunisian GDP declined by 12 per cent from $44.05 to $38.8 billion. Per capita income declined by 18 per cent from $4,130 to $3,370. With a lower political-liberties ranking and twice Tunisia’s rate of population growth, Egypt’s GDP increased by 34 per cent in the same period from $218.98 to $303.09 billion. Per capita income in Egypt increased by over 13 per cent from $2,370 to $2,690.**

 

La conclusión es clara: con una dictadura se vive mejor, se gana más. Los números son muchas veces una forma de repartir mal para que todo parezca mejor. ¿Se consuelan los egipcios marginados, silenciados, encarcelados, desaparecidos, etc. con los datos que nos ofrecen? Lo dudo. Egipto ha perdido a muchas personas creativas, emprendedoras, liberales, etc. por no apuntarse a ese carro conservador, cada vez más integrista, que supone el Egipto actual. Dudo mucho que consuelen más que a los que quieren ser consolados, que, por supuesto, están muy por encima de esas cifras. Son los favorecidos del régimen, los que dice que sí a todo y todo lo aprovechan.

Las denuncias contra Egipto vuelan desde muchos ámbitos, no solo los derechos humanos, que ya es un campo amplio. El país, gobernado por aquel al que Donald Trump llamó "su dictador favorito", se ha beneficiado precisamente de la inestabilidad que les rodea, aprovechando lo que podríamos llamar la "inestabilidad de hierro", que no es otra cosa que asegurar la represión para que acudan los capitales inversores y el turismo.



Por eso hemos insistido tanto en la busca del silencio de los medios por parte del régimen. No se trata solo de los medios egipcios, sometidos a un control férreo, sino también del enfrentamiento constante con los medios internacionales, a los que se acusa de mentir sobre Egipto y servir a los intereses de la Hermandad Musulmana, Turquía, Irán, que son las tres piezas —junto a un global "occidente"— responsables de la "mala imagen" egipcia en el exterior.

Hoy mismo, Diaa Rashwan, director del Servicio Estatal de Información egipcio, se queja en Ahram Online del mal trato mediático dado a Egipto en el exterior:


Head of the State Information Service (SIS) Diaa Rashwan said on Monday the agency monitors via its nine offices worldwide everything raised about human rights in Egypt by foreign media outlets and all 1,500 foreign correspondents in the country.

Rashwan made the remarks during a meeting of the House of Representatives’ Human Rights Committee to debate the SIS’s role in confronting claims of international organizations and foreign media about human rights in Egypt.

During the meeting, chaired by MP Tareq Radwan, the SIS head noted that there have been positive and negative points over the past four years.

The total of what has been accomplished in Egypt is ignored externally, which, he said, is considered a negative matter as well.

The criticism leveled against Egypt’s construction phase in such a transitional period that follows two revolutions entails a huge injustice, Rashwan said, noting that the foreign media depends on individual sources, and listens to those who always complain without receiving an Egyptian response.

In this regard, the SIS head underscored the importance of giving an Egyptian response, emphasizing that most of the time lack of rapid action on any allegations turns them into facts.

Rashwan cited the Human Rights Watch’s report on alleged cases of torture in Egypt’s prisons, adding that the prosecutor general launched a relevant investigation and demanded that the organization presents the evidence it has.

The result was that no evidence has been presented, and therefore the investigation was closed, he said.***

 


Se olvida Rashwan en continuo lamento de lo que suele ocurrir a los que denuncian. No deja de ser curioso que mencione el más claro de todos los casos, el de las torturas y muertes en las cárceles. Pero ¡qué se puede esperar de un gobierno al que se deja en evidencia con un caso como el de Giulio Regeni, secuestrado, torturado y asesinado! La falta de colaboración, la negación descarada de lo evidente, etc. han caracterizado al gobierno egipcio en cualquier investigación. Solo son diligentes sus jueces en la liberación de los policías acusados de torturas o directamente de asesinatos, como el de Shaimaa Al-Sabbagh. Los juzgan si el escándalo es grande, para volverlos juzgar pocos meses después, cuando ha pasado el escándalo y liberarlos. Se podría seguir aportando casos, pero todo es falso para el gobierno egipcio, conspiración, envidia.

El último de los artículos, el segundo mencionado en Ahram Online, es un conocido politólogo, Amr El-Shobaki, de tendencia liberal que ilustra muy bien el sentimiento que se ha ido adueñando para hacer concordar la realidad y el deseo. Finalmente han preferido seguir la corriente a mantener algo en lo que no creen.



La idea de El-Shobaki es que la idea inicial era buena y justa, "reformista", pero que los islamistas intentaron una "revolución" propia, no las reformas que la gente quería. Recuerdo en su momento las discusiones con amigos egipcios sobre "si había que parar" tras la dimisión de Mubarak o "había que seguir" hasta que cambiara el régimen. El matiz era algo más que matiz y pronto se vio la diferencia entre los que ya "habían tenido bastante" y aquellos que consideraban que el viejo régimen ya "había durado demasiado".

El-Shobaki se apunta así al oficialismo faraónico. Fueron los "revolucionarios" los que destruyeron las posibilidades "reformistas" que el régimen dejaba abiertas. La verdad es que eso era más de lo mismo, el mismo perro con distinto collar, algo por lo que los jóvenes principalmente no querían pasar. Recuerdo los conflictos entre unos y otros. Los que habían vivido (y viven) a la sombra protectora del régimen, metidos en sus estructuras y entramados, de universidades a empresas, la casta que se creó a la sombra de Mubarak no quería perder lo que habían conseguido en décadas de aceptación silenciosa.

El final del artículo está lleno de ese sentido propietario del pueblo, donde un grupo decide qué se hace, quiénes participan, en qué condiciones, etc.

 

The scene of young men and women cleaning Tahrir Square after the fall of former president Hosni Mubarak was unprecedented in the history of popular revolutions. It was a declaration that the protests had ended and that rebuilding must now begin. It also epitomised the true energy of the revolution and was consummately reformist. As the majority of the demonstrators withdrew from the city streets, they reaffirmed their confidence in the Egyptian armed forces, chanting that “the people and the army are hand in hand.”

When Mubarak stepped down on 11 February 2011, Egypt was ready to reach a consensus over an alternative from within the establishment or even the old regime, as long as this could be brought about through a consensual process and elections. Such a route would have strengthened the chances of a reformist alternative.

Unfortunately, while this option was eminently feasible, the Muslim Brotherhood’s thirst for power intervened. In one of the group’s reversals of position, it decided to field a candidate for president, fully aware of the consequences. When this closed and secretive ideological group entered the elections, it refused to obtain the necessary permits and comply with electoral laws. In short, it considered itself to be above the law.

Another development contributed to the derailing of the Egyptian experience. After Mubarak stepped down, the revolutionary coalitions opted to sustain their marches and protest demonstrations. This permanent mobilisation and occupation of city streets and squares alienated broad swathes of public opinion, which wanted to see an end to anarchy and lawlessness. As public opinion turned against the protesters, the discourse of the “need for stability and a return to normal” prevailed.

Finally, a revolution is an exceptional event to which peoples are driven when they are no longer able to tolerate oppression and marginalisation. After a revolution has taken place, the task should be to build democracy, justice and the rule of law and not “revolutionary councils,” “revolutionary courts” and emergency laws.

The 25 January Revolution in Egypt indicated powerful aspirations that have not yet been attained. These aspirations are towards a reformist, democratic and civil alternative, not one that shields itself behind the language of revolution, religion or patriotism while granting itself extraordinary privileges and the right to exclude opponents and opposing views.

The alternative that Egypt expects should seek to reform the institutions of government, not to destroy or to take revenge against them. It should work to broaden democracy and the rule of law. That was the true spirit of the January Revolution, and it is one that has not completed its mission yet.****

 


Convertir la limpieza de las calles por parte de los jóvenes egipcios, algo que recuerdo perfectamente, como una bendición al régimen anterior, es un ejercicio hipócrita que alguien debería recordarle a El-Shobaki algún día. Los jóvenes dieron ejemplo de civismo, no de aceptación de un régimen que les había dejado fuera. Pensar que el problema de Egipto era Mubarak es solo una maldad más de las muchas acumuladas para enterrar lo que supuso.

No se pueden ignorar ni las maniobras por parte de los servicios de inteligencia entre los manifestantes ni la posterior actividad de los mismos en la agitación que ocurrió con el derrocamiento de Mohamed Morsi, un pésimo político y gobernante, al que le tocó por eliminación encabezar las listas, después que los jueces egipcios fueran eliminando uno tras otros a los candidatos islamistas. Posteriormente lo harían con los candidatos reformistas, nasseristas y ex islamistas que trataron de disputarle la presidencia a al-Sisi. No se hable, por favor, de los jueces y la justicia egipcia, de su imparcialidad.

A la maldad islamista, hay que sumar la torpeza interesada por parte del Ejército y del aparato del Estado, la burocracia poderosa, etc. que se vio amenazada por un movimiento que surgía desde abajo. Era mejor soltarle un poco de cuerda, dejar que se cansara, para que todo siguiera igual. Nuevas caras y más de lo mismo. Había que fabricar un héroe para satisfacer la mitomanía personalista egipcia.

Si vemos los cuatro textos en su conjunto, tenemos una percepción de estos años. Lo que ha quedado es parte de ese impulso y creatividad que ha logrado sobrevivir en un país faraónico, donde hay pocos demócratas, muchos islamistas y mucho militares.

El 25 de enero, diez años después, sigue mostrando que se incumplió aquella ilusión, que ha sido taponada con propaganda constante, con el culto a la personalidad de un presidente que seguirá y seguirá, que era militar y dijo no gobernaría un  militar, que aseguró que no quería presentarse a la presidencia, pero que se presentó, se volvió a presentar y ha modificado los textos legales para poder seguir haciéndolo. La excusa es que el espíritu de Anwar El-Sadat se le apareció en sueños y le exigió que lo hiciera. Él, obediente, lo hizo. Su rostro está presente por todas las calles de Egipto, por las salas y despachos. La sisimanía fue un hecho que llegó, en el pudoroso Egipto, hasta la ropa interior. Fue el hombre al frente de los Servicios de Inteligencia durante el levantamiento de 2011; fue el ministro de Defensa durante el golpe de Estado, el "no-coup"; es el presidente. Es lo que El-Shobaki llamaría un "reformista" para la eternidad, gran invento egipcio. ¡Lo de siempre!



Se trata, desde la propaganda, de cimentar el mito de que Egipto se hundiría sin los militares. Los propios militares lo hace cierto con su actitud., con el bloqueo de las iniciativas sociales, de los grupos políticos. Solo es bueno lo que perpetúa la situación. Todo lo ocurrido en la Primavera, dice, han sido desgracias, destrucción... solo Egipto se salva del caos de otros países. Pero no es un "milagro", solo lo que se ha querido crear y creer.

Quedan en pie los sueños de los jóvenes. Sufrieron en Tahrir del acoso y violación a las mujeres manifestantes a las cargas de los policías. Las jóvenes sufrieron exámenes de virginidad por los médicos militares. Fueron enviados contra ellos tanquetas y camellos. Eran arrastrados y muchos desaparecieron. Trataron de proteger a los periodistas del mundo para que vieran lo que allí ocurría frente al hostigamiento y ataque a los corresponsales. Los periodistas lo contaron, lo fotografiaron, les entrevistaron. Por eso la queja del director del SIS es solo una broma sin gracia.




Sirva este artículo de recuerdo, tras diez años, de todos aquellos que se dejaron vida e ilusiones en la Plaza de Tahrir y por todo Egipto, a los que llamaron primero "mártires" y luego "traidores", "enemigos de Egipto", "sicarios extranjeros"... Algunos murieron después, como Shaimaa al-Sabbagh, de un tiro en la cabeza y por la espalda, llevando flores a los mártires. Por eso ofende la idea de que no supieron ser "reformistas".

Para todos los que un día quisieron un Egipto mejor y no el Egipto de siempre. ¡Mis mejores deseos siempre!


 * "Marking 10 Years Since Egypt’s January 25 Revolution" Egyptian Streets 25/01/2021 https://egyptianstreets.com/2021/01/25/marking-10-years-since-egypts-january-25-revolution/ 

 ** Gamal Abdel-Gawwad Soltan "The Arab Spring: Opportunity missed or disaster averted?" Ahram Online 24/01/2021 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/399202/Opinion/The-Arab-Spring-Opportunity-missed-or-disaster-ave.aspx

*** "'Foreign media ignores accomplishments in Egypt,' SIS head says" Ahram Online - MENA 26/01/2021 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/399625/Egypt/Politics-/Foreign-media-ignores-accomplishments-in-Egypt,-SI.aspx

**** Amr El Shobaki  "The 25 January Revolution: Aspirations vs reality" Ahram Online 24/01/2021 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/399203/Opinion/The--January-Revolution-Aspirations-vs-reality.aspx

miércoles, 26 de febrero de 2020

Los tres días del héroe o la incómoda muerte de Hosni Mubarak

Joaquín Mª  Aguirre (UCM)
En plena crisis internacional del COVD-19, la muerte del ex presidente egipcio Hosni Mubarak ha pasado de puntillas, pero no ha sido desatendida.  Su fallecimiento, a los 92 (o 91) años, según las fuentes, es un test recordatorio de un país con memoria frágil y emocionales cambios en el recuerdo.
Con su paso a otra vida, Mubarak es ya un recuerdo colectivo medianamente manejable. Una vez muerto, lo que queda es lo que se quiera recordar y como se quiera recordar. Lo que no se podía decir en vida, es posible convertirlo en canto, loa y biografía oficial Egipto, el gobierno y sus seguidores, han decidido convertirlo en héroe post mortem.


Pero no es fácil hacer olvidar o manipular el recuerdo. Pese a todo, Mubarak, fallecido a los 91 años en su cama hospitalaria, fue el presidente que cayó, que fue derribado por la ira de una fuerza que hoy solo aplaude. Al-Sisi es ya el único presidente vivo sobre la faz egipcia. Puede que la Iglesia católica tenga dos papas, pero esa situación era muy incómoda en Egipto, porque Mubarak no se retiró, sino que lo retiraron. La historia oficial egipcia, la única permitida, ha estado buscando excusas para aquello desde 2011 que se produjo. Desde esta perspectiva, los casi diez años últimos de su historia han tenido como fin complicado la reinserción de Hosni Mubarak en la memoria colectiva, que era la manera de hacer aceptable el duro presente y justificar cómo se ha llegado a él.


La reinserción de Mubarak en la vida oficial mediante tres días de luto nacional es un claro ejemplo de lo que ha ocurrido en Egipto, que no es otra cosa que el desempoderamiento del pueblo frente a la necesidad del líder. En el simbolismo político, el pueblo es masa y estallido sentimental —¡cuánto se ha insistido en que la revolución de 2011 fracasó porque carecía de liderazgo!—, frente al líder, la mano fuerte que forja la historia. El simbolismo político plantea que es la masa popular la que debe ser canalizada, reorientada frente a su tendencia a la apatía o a los estallidos de furia e indignación. Al caos social se opone el orden militar, que no se debe percibir como dictadura (aunque lo sea), sino como una salvación en la unidad. De ahí esa reivindicación egipcia del Estado y del líder. Ejército y Estado forman unidad, acogen al pueblo, y son liderados por la mano firme del héroe.

Hoy se celebra a Mubarak no como presidente. Se justifican los tres días de luto oficial por el héroe que llevó a ganar batallas, el signo del favor divino, porque nada hay que saque al egipcio del convencimiento de ser un pueblo elegido. Eso ha dado lugar al especial nacionalismo egipcio y a la imposibilidad de un movimiento pan árabe que no esté liderado desde Egipto, donde todo comenzó.
La prensa recoge la muerte de Mubarak. Algunos se limitan a la loa, otros quieren dar las dos caras de la moneda y los críticos procuran que no se les note mucho. El análisis comparado de las biografías de Mubarak, resaltando unos aspectos u otros, es una experiencia sobre cómo funciona ese imaginario y qué lugar ocupa Hosni Mubarak en él.
Creo que es interesante el artículo aparecido en Egypt Independent, por la fotografía que lo encabeza y por el texto dividido que ofrece. En la primera parte se nos dan las virtudes por las que se le celebra oficialmente:

The Egyptian Presidency has announced three days of mourning following the death of former Egyptian President Mohamed Hosni Mubarak, who passed away on Tuesday morning at the age of 92 after a battle with illness.
A statement from the Egyptian Presidency said that Mubarak did a lot for his country as one of the “leaders and heroes” of the 1973 October war, commenting that he had commanded the Egyptian Air Force during the war, which “restored dignity and pride” to the Arab nation.
The Presidency extended its sincere condolences to Mubarak’s family, with the three days of mourning to begin on Wednesday.
The General Command of the Armed Forces also mourned the late president as one of the leaders of the October War, extending condolences to his family, officers of the armed forces, and Egypt’s soldiers.*



Salta a la vista inmediatamente que se ha elegido un Mubarak militar, como "héroe" al que rendir homenaje, prescindiendo total y absolutamente de referencias a su mandato de treinta años sobre el país. Se puede decir que no se despide y celebra al ex presidente, sino al pre presidente. Sobre los treinta años se corre un velo.
Algunos podrán pensar que es una forma de censura o reprobación de su mandato. Es ahí donde entre el juego de sutilezas que se han desarrollado desde 2011 tratando de encajar las piezas rotas. Mubarak ha sido reivindicado muchas veces por miembros del parlamento en el régimen actual. Por mucho que se le celebre como héroe, no se puede obviar que el cadáver que va en el féretro es uno y solo uno. Es un fenómeno de "disonancia cognoscitiva", la confrontación interna de dos visiones o ideas distintas del mismo personaje. Celebrarlo como héroe es darle un empujoncito a un sentido frente a otro.
Mubarak tiene que ser celebrado porque lo que realmente vale, el uniforme. Es de ahí de donde proviene su fuerza. De esta forma, la constancia del Ejército al frente del país es también celebrada.

El ejército egipcio consiguió ser celebrado al ponerse "del lado del pueblo" frente al héroe hoy despedido como militar, acusado entonces de ordenar la muerte de cientos de manifestantes. Ese fue el motivo principal de su encarcelamiento tras ser derrocado. Sin embargo, esa caída del régimen no se produjo nunca porque el Ejército /y el aparato de seguridad) siempre mantuvieron el control del país. Solo su nefasto planteamiento queriendo imponer un candidato militar frente a los islamistas hizo que Morsi llegara al poder, en donde duró un año. De nuevo el Ejército se manifestó como brazo del pueblo, ejecutor de su voluntad. Toda la represión y los muertos se hacen en Egipto en el nombre del pueblo, como al-Sisi les recuerda cuando es criticado y denunciado internacionalmente. Es el castigo del aplauso a los dictadores. Al-Sisi, hoy amado presidente, estaba al frente de los servicios de Inteligencia, por lo que tuvo que ver con la represión a los revolucionarios; fue ministro de Defensa con Morsi, al que destituyó en el "no-coup"; y reprimió con violencia extrema la protesta contra la destitución de Morsi.
Por su propia naturaleza, el régimen actual es heredero de Mubarak y ha ido más allá en muchos sentidos. Es casi un tópico ya considerarlo como más represivo que el de Mubarak.
Tras el Mubarak héroe militar, se incorporan al artículo unas loas internacionales. En este caso se reducen a las del ministro de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, que le recuerda en la guerra para liberar Kuwait y lo presenta como un líder sabio que evitó crisis en el mundo árabe. Es la fase de transición que, por escueta y centrada, sorprende.
En la tercera parte, el diario se deja de lágrimas y cantos fúnebres para dar otra visión de Mubarak. En ella se señala:

Mubarak ruled Egypt for 30 years until he was ousted on February 11, 2011 during an 18-day uprising, part of the larger Arab Spring.
Mubarak also previously faced charges of corruption, as well as charges of complicity in the killing of protesters during the uprising that led to his overthrow.
He was sentenced to life imprisonment in 2012 after a court convicted him of complicity in the killing of demonstrators during the revolution, but Mubarak was later retried and subsequently acquitted and released in 2017.*

De nuevo, se ignora o no se dispone de argumentos para describirlo de otra manera. Es el Mubarak derrocado por la presión popular. Es el que siembra el desconcierto en Tahrir cuando dice hablar "como un padre" a los egipcios y egipcias que están allí son moverse, aguantando todo tipo de ataques y vejaciones, hasta que abandone el poder. Es el Mubarak que destituye a su primer ministro, pero el pueblo sigue cantando que quieren la caída del régimen. Finalmente, no hay otra salida que la detención. Al-Sisi, el militar que dijo que nunca aspiraría a la presidencia y que Egipto tendría un gobierno civil, el que se hizo con el control del país.
Tras la caída, las farsas egipcias de juzgar, condenar y después ir anulando condenas, fueron constantes. Tanto para él como para su familia. Las imágenes de su enfermedad, de su juicio en camilla tras las rejas, etc. fueron quedando en la memoria, tanto como las anteriores que hacían mofa revolucionaria del caracterizándolo como "la vaca que ríe". Los chistes sobre Mubarak circularon a lo largo de su presidencia por Egipto como un elemento popular de crítica. Hoy se persiguen los chistes en las redes sociales sobre al-Sisi y los hay en la cárcel por reproducir un meme presidencial en su páginas o tenerlo en sus teléfonos.


El fallecimiento de Hosni Mubarak produce un cierre en falso en la historia y la memoria egipcias. Mubarak se va como un héroe, con tres días de luto oficial.
No podemos dejar al margen la fotografía que abre el artículo. Quizá sea la foto menos adecuada de todas. Nos muestra un momento clave:

Image: In this Oct. 6, 1981 file photo, Egyptian President Anwar Sadat, right, and Vice President Hosni Mubarak sit on the reviewing stand during a military parade just before soldiers opened fire from a truck during the parade at the reviewing stand, killing Sadat and injuring Mubarak. Egypt’s state TV said Tuesday, Feb. 25, 2020, that the country’s former President Hosni Mubarak, ousted in the 2011 Arab Spring uprising, has died. Mubarak, who was in power for almost three decades, was forced to resign on Feb. 11, 2011, following 18 days of protests around the country. (AP Photo/Bill Foley, File)

¡Extraño pie de foto! De nuevo una imagen pre presidencial para ilustrar la historia del ex presidente. El recordatorio del hecho que le llevó al poder, no sus heroicidades, sino el asesinato de Sadat a manos de militares islamistas que los ametrallaron durante ese desfile. La traición del piadoso Sadat al pactar la paz con Israel era el motivo. Pero el salto explicativo posterior nos lleva al otro borde de su presidencia, al día en que fue derrocado o forzado a renunciar, que sería, efectivamente más ajustado a la realidad.
La muerte de Mubarak no es un hecho cómodo. Sume al país en una enorme ambigüedad y muestra el constante reto que supone la aceptación de la historia. Mubarak pasa a ser símbolo, no político sino militar, se acoge a la imagen del héroe. Sin embargo, no es posible negarlo todo.


* "Egyptian Presidency announces three days of national mourning following Mubarak’s death" Egypt Independent 25/02/2020 https://www.egyptindependent.com/egyptian-presidency-announces-three-days-of-national-mourning-following-mubaraks-death/



lunes, 30 de diciembre de 2019

Memoria de casi una década

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La llegada de una nueva década, los años 20 del siglo XXI, hacen que las tradicionales reflexiones y repasos sobre lo ocurrido, típicas de final de año, se extiendan, con una perspectiva más amplia de los hechos y de sus consecuencias.
Este blog nació en 2011 como consecuencia de lo que después se llamaría la Primavera Árabe. Empezó para dar cuenta y visibilidad a lo que le pasaba a unos compañeros y amigos egipcios con los que entonces compartía trabajo, ideas y alumnos. A algunos la revuelta del 25 de enero de 2011 les pilló por tierras españolas; a otros allí, con un corte de comunicaciones que les aislaba del mundo.
En la CNN, Tamara Qiblawi, hace un ejercicio de memoria con el artículo titulado "A decade of protests has reshaped the Arab world -- and more change is on the way" y recoge testimonios e interpretaciones:

"It (the 2011 protest movement) was a combination of a rejection of stasis ... and unemployment challenges, especially youth unemployment," said Timothy Kaldas, a Cairo-based political analyst and non-resident fellow at the Tahrir Institute for Middle East Policy (TIMEP).
"That cocktail is toxic and infuriating. And once Tunisians broke that barrier of fear and demonstrated that popular uprisings can actually effect change, you saw that have a domino effect," he told CNN.
For a while after the 2011 uprisings, it seemed that Arab countries might share a unified fate. But after toppling their leaders, Libya, Yemen, Egypt and Tunisia went down vastly different political paths.
Libya and Yemen have descended into civil war. Failed uprisings in Bahrain and eastern Saudi Arabia were followed by years-long crackdowns. In Syria, President Bashar al-Assad laid waste to huge swathes of the country as he fought an armed opposition and has managed to hold on to power. And in Egypt, the popular movements that deposed former President Hosni Mubarak have had to reckon with another equally repressive regime, led by President Abdel Fattah el-Sisi.*



Es una sencilla descripción de los inicios, pero hay muchas más cosas. Quedarse en lo que se ha dicho hasta el momento en cuanto a la frustración por el desempleo, los jóvenes, etc. es quedarse muy corto. Si no se da sentido a todo esto, se queda en tópicos, como suele ocurrir a menudo.
La idea de que la sublevación se produjo por el desempleo y factores económicos es uno de los enormes malentendidos que se han buscado. Eso significa que todo irá bien sin la economía va bien, un principio pragmático que no siempre funciona, sobre todo si se combina con la fuerza represiva. Ese parece ser el modelo: autoritarismo y mejora económica. Pero la triste realidad es que el autoritarismo no logra controlar la corrupción endémica , por lo que la pobreza se mantiene. Y lo hace básicamente por dos aspectos: apenas se combate y no hay interés en recortarla pues es la mejor perspectiva de mantener el sistema de dependencia de un pueblo empobrecido que mira a los poderosos para una salida de sus situación. Esa salida es tener acceso a la subsistencia y a una porción del pastel que se reparte desde el poder.


Es cierto que fue una revolución iniciada por los "jóvenes", pero también es cierto que esos jóvenes lo que rechazaban era un paternalismo que les obligaba a la obediencia bajo un supuesto claramente patriarcal: el pueblo es una gran familia que se pone bajo la batuta de aquel que está ahí por voluntad divina y busca lo mejor para ellos. Hasta los más laicos de los dictadores, han usado a Dios o su voluntad como forma de vencer la resistencia. Eso ha llevado siempre la lucha a la deslegitimación, a la erosión y distorsión de las figuras del poder y, como contrapartida, al ejercicio abusivo de la propaganda de los estados.

¿"Guerra civil"? No sé si el término es adecuado desde dentro. Pensemos en Siria, en lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo. En unos casos se ha planteado como una "guerra religiosa" entre creyentes y radicales, donde el radical es el otro. Hay otra variante: entre creyentes y ateos, donde tampoco se plantea como una "guerra civil", sino como una amenaza exterior. A veces se combinan las dos.
Esta dimensión religiosa, fuentes de conflictos, se suele ignorar por los medios de información, que tienden a etiquetar de forma sencilla a los contendientes. Pero se trata de un mundo increíblemente complejo, en donde una cosa es lo que se es, otra lo que se dice ser y una tercera cómo los otros quieren que seas percibido. Adentrarse en Oriente Medio es moverse en un mundo de discursos grandilocuentes en entornos miserables y discursos miserables en entornos de lujo sonrojante; un mundo de medios controlados, donde la independencia se paga con la vida y las mentiras a precio de oro.
Esto afecta incluso a la percepción del propio Occidente. Un mismo gobierno puede estar alentando a su pueblo acusando a Occidente (un término confuso, pero eficaz y siempre negativo) para firmar contratos o recibir ayudas pocas horas después. Se puede jugar al antioccidentalismo callejero y al pro occidentalismo gubernamental simultáneamente dentro de unas formas políticas que solo sienten que tienen una obligación: conservar el poder a todo trance.


Lo hemos visto en todos los dictadores. La triste realidad es que en casi todos los lugares a los que miremos nos encontramos con un tipo de dictadura u otro. No hay, ni se dejará, una experiencia democrática verdadera. Túnez es lo más aproximado que se tiene y está en constante equilibrio inestable. Han sido las mujeres las más fervientes activistas, las que han entendido qué es dejarse llevar, ceder ante los grupos islamistas a los que controlan en el poder.
El de las mujeres es el único discurso real, con un sentido liberador propio ya que desafía la cuestión primera que toda democracia debe responder, la igualdad entre hombres y mujeres. Para muchos es una ofensa intolerable.
Sin experiencia democrática es difícil que esta prospere en ningún espacio. Lo ocurrido con Jamal Khashoggi, su asesinato por orden de las autoridades de Arabia Saudí, es solo un escándalo relativo. Es un episodio más de cómo los que mantienen el poder no admiten que se les cuestione en modo alguno, recurriendo a las prácticas más infames para hacerlo. Nadie renuncia a tener a Dios detrás o delante, pero siempre a su lado. El conflicto, de cara a un pueblo al que se ha manipulado por siglos, es mostrarse más piadoso que los demás. Eso garantiza años por delante de más conflictos y terrores. Nadie puede pactar, todo lo más fingir que lo hace y esperar un nuevo asalto.


A diferencia del anterior "club de los dictadores", la situación hoy se ha modificado con alianzas alrededor de Arabia Saudí y de Qatar, cabeza del grupo de las simpatías islamistas, con intervenciones de Rusia, Irán y Turquía en la zona. Hoy es más que nunca un polvorín, con una Libia recalentada. La política suicida norteamericana de la administración Trump anticipa nuevos conflictos, cuando Rusia especialmente se haga con el control de una parte significativa de la zona.
Tras casi diez años, los que se mantienen en el poder siguen haciendo lo mismo o peor, como se decía en la CNN. Ellos sí han aprendido a estar prevenidos. Es muy difícil que pueda haber democracia en la zona por dos aspectos, porque no haya suficiente gente que la quiera (no es fácil cuando se identifica con el caos y la pérdida de seguridad y, en segundo lugar, se necesita un "modelo" democrático en la zona, un modelo que permita la libertad en todos los planos (especialmente la religiosa) y que funciones como tolerancia y eficacia. Mientras no se cumplan estos dos importantes condicionantes, la inestabilidad estará garantizada por mucho tiempo.
¿Ha sido una década perdida? No lo creo, pese a todo. Al menos ha permitido ver las dimensiones de los problemas reales y a manifestarse a los agentes que forman parte de un conflicto múltiple. Ya se sabe hasta dónde llegarán algunos y de dónde no pasarán otros, quiénes son los comprometidos y quienes desaparecen.

  
* Tamara Qiblawi "A decade of protests has reshaped the Arab world -- and more change is on the way" CNN 30/12/2019 https://edition.cnn.com/2019/12/30/middleeast/middle-east-decade-in-review-intl/index.html







martes, 18 de junio de 2019

Morsi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras los medios mundiales abren sus primeras páginas o programas con la muerte de Mohamed Morsi, el expresidente egipcio, durante uno de sus múltiples juicios, el diario estatal Ahram Online mantiene su ya tradicional fotografía del presidente al-Sisi con algún mandatario en casa o visitando países. Esta vez la fotografía nos lo muestra en Belarús pasando revista a las tropas que le rinden honores a su llegada. En la columna descendente de noticias, la de Morsi es la quinta fotografía. Debe competir con varias noticias de fútbol, con varios ministros, incluso con la tercera, la del fiscal general dando cuenta de su muerte.
La noticia de su muerte es muy escueta. Se limita a unas pocas líneas:

Egypt's ex-president Mohamed Morsi, who was ousted in 2013 following a popular uprising, died on Monday in Cairo after suffering a heart attack during a trial session in an espionage case, according to Egyptian state TV.
Morsi, who was 67, was pronounced dead shortly after fainting during the session, which he attended as a defendant.
Before his demise, the presiding judge allowed Morsi to speak upon his request.  
According to informed judicial sources, Morsi was treated in accordance with the law while in detention, and was being examined by doctors on a regular basis.
Morsi's body has been transferred to an unnamed hospital.*


Es difícil encontrar una nota más distante e indiferente. La noticia se ofrece citando a otro medio, la TV estatal egipcia, un indicativo ostentoso de la falta de interés que la noticia les merece. Al menos esas son las apariencias. Todo ha sido correcto, pero Morsi cometió la impertinencia de morirse.
El alicaído Egypt Independent es todavía más escueto en una nota con encabezamiento de Reuters:

Former Egyptian president Mohamed Mursi has died in court, state television reported on Monday.
It said Mursi had fainted after a court session and died afterward.
Mursi, a top figure in the Muslim Brotherhood, was toppled by the military in 2013 after mass protests against this rule. He had been serving a seven-year sentence for falsifying his candidacy application for the 2012 presidential race.**


"Se desmayó y se murió después" es un ejercicio de simplificación, casi una causalidad forzada. ¡A quién se le ocurre! Todo muy lógico.
Pese a la indiferencia, el régimen sabe que es un mal momento, un renovarse de las tensiones internacionales y un volver a escuchar reproches. Por eso se finge la indiferencia o el desprecio ante la muerte del ex presidente derrocado por el "no coup", lo que el presidente —su ex ministro de defensa— y el régimen consideran una "rectificación" de la Revolución de 2011. Los malos pasos dados desde entonces, dice la narrativa oficial, llevaron a que el Ejército, siguiendo los llamados del pueblo, tomara las riendas.
Desde fuera, a Morsi se le sigue aplicando el "primer presidente elegido democráticamente", una coletilla demasiado simple para una realidad como la egipcia, compleja y engañosa, ficción y burbuja, en donde el poder siempre llega con una versión de la realidad debajo del brazo. La elección democrática es solo una parte dentro de un sistema que no lo ha sido nunca. Digamos que los Hermanos poseían la única estructura organizativa con capacidad de moverse como alternativa al estado, controlado por el régimen de Hosni Mubarak, que se deshizo de él para poder continuar ante la alternativa de una imprevisible situación de enfrentamiento.
Recuerdo las enormes dudas de amigos egipcios sobre a quién votar, sobre la incongruencia de hacer una revolución contra un gobierno y después tener que votar a sus herederos como alternativa a los islamistas. Muchos votaron a Morsi porque no querían votar a un candidato que planteó su elección como una confirmación histórica del régimen anterior. ¿Es posible un error mayor? Pero Egipto es el país de lo enormes errores de estrategia que después se pagan entre todos.


¿Cómo es posible si no entender que militares e islamistas juraran que no tenían ningún interés en el poder? Esa fue la estrategia de los islamistas mientras se iban deshaciendo de los candidatos "civiles" y del mariscal Abdel Fattah al-Sisi tras el "no-coup", luego se le apareció en sueños el difunto presidente Sadat y le explicó cuál era su deber. Las opciones reales en Egipto, desgraciadamente, pasan siempre por el autoritarismo. Es lo que hay ahora y lo que hubo tras la llegada de Morsi al poder.
Este blog nació con la denostada Primavera Árabe, por la que Egipto en especial recibió apoyos y simpatías de todo el mundo. Todo eso se dilapidó por la preferencia de muchos por la seguridad que les daba mantenerse dentro de un régimen que se volvía hacia el pasado reivindicándose, que hacía de la violencia una herramienta de mantenimiento del poder ante la mirada hacia otro lado de muchos de los que habían sido críticos. Quedó una minoría que paga su independencia ingresada en prisión y soportando que se les considere agentes extranjeros, traidores o peor, personas que buscan la destrucción de Egipto o del Islam. Otros muchos que apoyaron la caída de Morsi se han distanciado ante la deriva del régimen, constantemente denunciado desde todas las instancias internacionales.
La CNN da un retrato breve pero denso de la figura de Morsi:

A strict Islamist who was educated in southern California, Morsy was voted into power in June 2012 following the 2011 Arab Spring uprising that toppled Hosni Mubarak's longstanding rule.
A senior member of the Muslim Brotherhood, Morsy had campaigned on appealing to the broadest possible audience.
But, during his year in power, critics say he became an authoritarian leader who forced through a conservative agenda.
In 2013, Morsy and the political wing of the Muslim Brotherhood movement were ousted in a coup, with the Muslim Brotherhood banned by the government after the military seized power and declared it a terrorist organization.
Roughly 1,000 Egyptians -- many of them Morsy supporters -- were killed during protests against the military government.***



Creo que es correcto. En efecto, Morsi se presentó como una persona abierta a todos, que gobernaría para sacar a Egipto hacia un sistema de convivencia y libertades. Pronto se vio que no era más que una estrategia. Si los lectores se tomaran la molestia de hacerlo, tienen aquí un diario detallado de lo que fue el año Morsi, de cómo lo que había prometido se incumplió.
La mayoría que consiguieron los islamistas, secundados por los salafistas (que luego les traicionaron  sumándose al "no coup" con astucia), les dio una seguridad impensada. Habrá que recordar que no fueron sus enemigos los que les criticaron. Fue la propia Angela Merkel, en nombre de la Unión Europea, la que le tuvo que decir a Morsi en su visita al continente que debía gobernar con todos y no marginar a cristianos y mujeres, como hizo desde su llegada. El difunto Morsi dio la respuesta como buen dirigente egipcio: nadie le dice a un egipcio lo que debe hacer, nada hay que aprender. Se lo hemos escuchado a todos.
Morsi engañó a todos hasta que llegó al poder. Hasta sus carteles contenían dobles mensajes, unos para los islamistas otros de apertura para los que no lo eran. La llegada al poder fue una revuelta que iba de las universidades a la Ópera de El Cairo, de los policías dejándose barba para manifestarse como islamistas a las propuestas económicas para favorecer créditos ventajosos para los segundos matrimonios. Pronto los incidentes se multiplicaron a pie de calle. Un día llegaba la noticia de un diputado que había hecho interrumpir la proyección en un vuelo de Egypt Air porque la consideraba escandalosa a policías que eran sacados a golpe de escoba de una peluquería por entrar a recriminar a las mujeres que estaban allí.


Pronto surgió un movimiento popular, Tamarod, que se planteó reunir firmas con una serie de propuestas frente al gobierno de Morsi. La idea era obtener más cartas que votos había obtenido Morsi al cumplirse el año de su elección. Aquí la historia empieza ya a oscurecerse. ¿Hasta qué punto los servicios secretos, campo de al-Sisi, tuvieron participación en el movimiento Tamarod? Hay fuentes que los vinculan.
De ahí a las grandes manifestaciones pidiendo la renuncia de Morsi y la convocatoria de nuevas elecciones. No se aspiraba a más, pero la vía del golpe de estado se veía en el horizonte. Ante el cariz que tomaba, el ministro de Defensa, hoy presidente, y el del Interior (un eterno del puesto), dieron un ultimátum al presidente: renuncia al cargo o intervención. Morsi no lo aceptó y dejó expedito el camino al "no-coup", que se realizó con el acuerdo fotográfico que iba de los políticos liberales a los salafistas y reunía a las autoridades religiosas de Al-Azhar y la iglesia copta. Todos estaban contra Morsi, aislando a los Hermanos Musulmanes.
La narrativa oficial dice que los mil muertos a los que se refería la CNN tuvieron el consentimiento del pueblo egipcio, casi el mandato, como le ha gustado decir al presidente al-Sisi (la última vez en el Foro de la Juventud). La versión del régimen es que el pueblo fue el que se deshizo de los islamistas y que la sangre fue una forma de hacer ver la seriedad del compromiso. Lo que pedían las cartas de Tamarod era dimisión y convocatoria de elecciones. Lo que se les dio fue una matanza y un gobierno militar hasta que se deshizo de los rivales políticos no islamistas reduciéndolos a comparsas.
La promesa de al-Sisi de que los militares solo crearían las condiciones para el ejercicio de las libertades se resolvió colgando unos cuantos días a la semana el uniforme (no en las inauguraciones solemnes, como la del tramo del Canal de Suez). Finalmente, como señalamos, Egipto vive en un régimen controlado por los militares, con un crecimiento del poder en distintas áreas y una justificación de autoritarismo en nombre de la defensa frente al terrorismo que sirve para mantener la represión, con una modificación de la constitución para ajustarla a la presidencia actual, que se perpetuará en el poder, como se ha denunciado desde todas las instancias e instituciones internacionales. Hoy Egipto es deudor de Arabia Saudí hasta llegar a defender el asesinato de Jamal Khashoggi en uno de los más vergonzosos ejemplos de sumisión. No hubo bastante con entregarles las islas de Tiran y Sanafir en contra de la voluntad popular; había que aceptar con normalidad el crimen de estado. En esto el gobierno egipcio fue congruente, pues lo había practicado con el estudiante italiano de doctorado Giulio Regeni, secuestrado, torturado, asesinado y abandonado en una cuneta ante la presión italiana.
Es difícil cometer más errores políticos en tan poco tiempo, como cometió Mohamed Morsi. La situación política actual es en gran parte responsabilidad de lo que hizo. Podemos especular que podría haber sucedido de otra forma, pero sucedió como sucedió. Lo que sucedió tras su derrocamiento es un ejercicio cínico para justificar el encarcelamiento. Para muchos, las acusaciones son fantasiosas en muchos casos. Se trata en gran medida de justificar lo hecho mostrando conspiraciones y traiciones contra Egipto, algo que el Ejército tiene en exclusiva. Pero lo injustificable es el trato humano dado. Las denuncias de mal trato, de aislamiento o de falta de asistencia médica adecuada son serias y deben ser investigadas porque es responsabilidad del que encarcela. El sistema de venganza que está tras el sentido de la justicia egipcio no vale en el plano internacional. Los presos tienen derechos. Las cárceles egipcias no son un modelo precisamente y las denuncias por muertes en sus celdas y en las de las comisarías son bastante frecuentes.
La BBC se pregunta ¿qué sucedió en la corte? y es esta su respuesta:

Morsi collapsed moments after addressing the court in Cairo at a hearing related to charges of espionage emanating from suspected contacts with the Palestinian Islamist group Hamas, which had close ties to the Muslim Brotherhood.
He spoke for five minutes from a soundproof glass cage which officials said was designed to prevent him disrupting proceedings. The cause of death was not immediately confirmed but Egypt's public prosecutor said an initial report showed no signs of recent injuries on the body.
Last month, his family said authorities had repeatedly denied access to him and that they knew little about his health conditions, a situation that "violate[d] constitutions applied all over the world".
In March last year, his youngest son, Abdullah, said officials were "doing this on purpose, since they want to see him dead 'from natural causes' as soon as possible"****



A causa de todas estas denuncias y advertencias, el gobierno de Egipto se encuentra hoy bajo sospecha de la muerte, ya sea por acción u omisión. El cuidado y atención de los presos es una obligación del carcelero. La muerte de Morsi, desde el punto de vista informativo, no es la de otros detenidos. Tiene relevancia informativa y política. De nuevo, el gobierno egipcio se ve en entredicho. La estrategia de no dar importancia al caso y dejarlo en escuetas notas que dan por zanjado el asunto solo vale (y relativamente) en el espacio controlado. Fuera de él, hay más ruido del deseado. Pero la política egipcia se basa en dejar pasar en tiempo. Todo se calma, pero poco se soluciona.
Morsi no fue un político inteligente, entendiendo por inteligencia poder llegar a satisfacer las necesidades del pueblo egipcio en su conjunto y haber transformado el país llevándolo hacia una democracia, pero eso interesaba a muy pocos. Fue sectario en cuanto que tuvo el poder o lo que él consideraba ingenuamente el "poder". Tenía su agenda oculta, como es costumbre.  Con su precipitación e intransigencia aceleró el regreso de los militares, prestos a cualquier deterioro para reaparecer, como así sucedió. La única ventaja es que hizo ver las orejas al lobo en Túnez, moderando el discurso islamista y abriéndose a la sociedad. Cada uno es ejemplar como puede.
La figura de Morsi representa una enorme ironía histórica. Accedió a la candidatura porque los jueces egipcios iban desechando candidatos con tecnicismos; el juicio al que se enfrentaba era por haber falsificado, nos dicen, sus credenciales. Elegido democráticamente, con sus errores autoritarios, puso en bandeja la llegada de los militares, que esperaban agazapados.
Ayer murió en una de esas jaulas en las que se encierra a los procesados, enfrentado al enésimo juicio. Ha sido el último.



* "Mohamed Morsi dies during trial session" Ahram Online 17/06/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/336334/Egypt/Politics-/Mohamed-Morsi-dies-during-trial-session.aspx
** "Egypt’s former president Mursi dies: state television" Egypt Independent 17/06/2019 https://www.egyptindependent.com/egypts-former-president-mursi-dies-state-television/


Egypt Today