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miércoles, 23 de abril de 2025

Sobre el modelo educativo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El titular de RTVE.es no nos deja mucho margen para la duda: "España sufre una "significativa" falta de profesores en asignaturas como Matemáticas o Filosofía"* Sin embargo, las materias señaladas podrían señalarse como una excepción, pero lo cierto es que el titular nos desvía del verdadero problema, que las asignaturas apuntan. No, no es un problema solo de contenidos: es algo más profundo, algo que cualquiera que sienta preocupación por lo que significa la enseñanza respecto al modelo social percibe. Lo que nos cuentan son solo los síntomas exteriores de un mal mayor.

Y ese "mal mayor" es precisamente la carencia de un "modelo" de cultura y de "persona culta" en una sociedad como la nuestra. Frente a la cultura como formación de las personas, algo que conlleva muchas aristas, le oponemos el modelo del éxito, algo que se basa en otra forma de reconocimiento social  centrado en lo económico y en factores de superficie.

La creencia que la "cultura" no sirve para nada se ha ido extendiendo por nuestra sociedad convirtiéndose conceptos como "teoría", "filosofía", "ideas" o todo lo que represente falta de practicidad (es lo práctico lo que lleva al éxito) en lastres usándose muchas veces como formas de condena. No es de extrañar que se resalte "filosofía" o "matemáticas" como centros del problema educativo. Pero el artículo, que desarrolla la información de un amplio informe, va más allá, a los efectos que esto tiene en el propio profesorado, en lo que supone todo esto en la autoestima, incluso en su salud mental.

En la introducción se nos señala el problema general:

El mundo se enfrenta a una "escasez crítica de docentes" alimentada por factores como la sobrecarga laboral, los bajos salarios y la falta de reconocimiento. En el caso de España se refleja en la falta de profesores en materias como Matemáticas, Filosofía o lenguas autonómicas.

Así lo refleja el Informe Mundial sobre el Personal Docente, presentado este martes en Madrid, y publicado por la UNESCO, el Equipo Especial Internacional sobre Docentes para Educación 2030 y la Fundación SM. El objetivo, según remarcan en el estudio, es servir de "hoja de ruta que apunta a elevar el estatus de la profesión docente y garantizar una educación de calidad para todo el alumnado".

A nivel mundial, los datos son menos halagüeños, ya que se estima que hacen alta cerca de 44 millones de docentes en el mundo para lograr una educación universal en 2030. En el caso de Europa y América del Norte, más del 90% de los 4,8 millones de vacantes de docentes para ese año se deben al abandono de la profesión, especialmente en Educación Secundaria Obligatoria. Asimismo, en Europa, la jubilación es un factor clave, debido en gran medida a la elevada edad media de los docentes.*


La cuestión de "elevar el estatus" se suele traducir de forma habitual como "subir el sueldo", respuesta lógica que ya incluye parte del problema, pues el mayor o menor estatus dependerá de cuánto ganas. Es precisamente esta suposición lo que hace que la profesión docente se valore por el sueldo más que por su importancia cultural o social. Hay países que tienen en alta estima la profesión docente y no miran el sueldo sino su "valor social", su efecto. Pero si dejamos de valorar la cultura, la formación de las personas, la profesión y su valor se hunden. Compensar con subidas de sueldo lo que la sociedad no valora se hace complicado. Los sueldos bajos son una forma más de percibir la falta de valoración social.

Difícilmente se valorará positivamente la tarea del profesor si no se puede medir en términos de éxito y este en términos económicos. Una "buena educación" es la que permite alcanzar ese estatus deseado; lo demás no cuenta.


Hemos llegado a un punto en el que muchos jóvenes ocultan su interés por la cultura por temor a ser rechazados por sus compañeros. Hemos pasado, por ejemplo, de unas universidades en las que íbamos a clase con un libro a esconderlo en el caso de tenerlo. Cuente en el transporte público —la gran biblioteca— cuántos llevan un libro y cuántos van pegados a sus teléfonos. 
Son ya la segunda generación que no lee; no han visto libros en sus casas porque sus padres ya no lo hacían. No es de extrañar que sean las asignaturas consideradas como más culturales, es decir, que se perciben como menos prácticas las víctimas del abandono y de la baja autoestima de su profesorado, que está expuesto a la indiferencia del alumnado.

El sistema educativo no deja de ser responsable en gran medida de esto. Las armas para la promoción del profesorado se han dirigido hacia otros campos. También aquí se ha medido el "éxito" conforme a otros criterios, no siempre los más adecuados, lo que ha llevado a promociones en muchos casos sorprendentes.

Se nos señala en el reportaje de RTVE.es que: 

El informe subraya que la inestabilidad laboral del profesorado es otra de las principales inquietudes entre los profesionales. Según la OCDE, más del 20% de los profesores en España tiene contratos temporales. Una cifra que aumenta entre los menores de 30 años en comparación con quienes superan los 50 años y que se repite en países como Austria, Rumanía e Italia. En la Unión Europea, el 16% del personal docente se encuentra en condiciones laborales similares, con contratos de un año o menos.

El agotamiento y la baja moral están deteriorando aún más la profesión. Un análisis de la Fundación SM muestra que dos de cada cinco docentes se enfrentan a su trabajo con distanciamiento e indiferencia, y casi la mitad (47%) se muestra neutral ante la posibilidad de abandonar la profesión. Además, uno de cada tres docentes ha reportado haber experimentado una pérdida de motivación o ilusión, y dos de cada cinco muestran síntomas compatibles con agotamiento, ansiedad o depresión.

"Si creemos que los docentes son la clave para lograr una transformación personal y social a través de la cultura y la educación, y contamos con un profesorado agotado y desmotivado, difícilmente van a poder ocuparse de la complejidad que supone hoy educar. La profesión es mucho más que responder al contenido de un currículo", ha afirmado la directora de la Fundación SM, Mayte Ortiz.* 

Si no fuera porque puede empeorar, diríamos que la situación descrita está en el límite. Ese "distanciamiento y la baja moral" es la descripción de lo contrario que la enseñanza debe mostrar. Gran parte de la fuerza educativa se basa en el compromiso y el entusiasmo. El compromiso es la idea de que eso repercute en la mejora de la sociedad; el entusiasmo es la energía que se transmite mostrando que se cree en el valor de lo que se transmite.

Esa "complejidad" parte de la necesidad de comprender la verdadera dirección del problema. Si la sociedad no valora la educación más allá de las palabras bonitas, difícilmente se transmitirá esta en el acto educativo, el que compromete en un mismo momento al educador y al educando. Si no tenemos un modelo de persona más allá del éxito económico y social, si transmitimos la sensación de que formarse en un acto egocéntrico, difícilmente  servirá de algo la educación. Lo que vemos cada día tristemente nos lo confirma. La profesión, sí, es más que un currículum. Pero no basta con decirlo.

Si te pagan mal, tu empleo es precario, no te valoran socialmente y no le importa lo que dices al que tiene delante, ¿de qué crisis estamos hablando? No, no son las Matemáticas las que están en crisis; somos nosotros.


* "España sufre una "significativa" falta de profesores en asignaturas como Matemáticas o Filosofía" RTVE.es 22/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250422/espana-sufre-significativa-falta-profesores-asignaturas-matematicas-filosofia/16548942.shtml

martes, 10 de septiembre de 2024

José Saramago y la crisis educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Recupero para el camino de vuelta a casa un texto de las estanterías de mi despacho en la Facultad. Es una edición de una conferencia —aunque el autor se niega a darle ese estatus— dada en 2005 en el Foro de la UCM, titulada "Democracia y Universidad". El autor es el premio Nobel portugués, José Saramago, quien presume en la misma de no haber pasado por la Universidad, pero ser llamado por ellas como premiado escritor.

En la primera parte de la "charla" nos habla del destino cambiante de las palabras en el tiempo, de cómo una veces significan algo y después cambian su sentido. Nos habla también de errores de las palabras, como el uso que se le da a "educación", cuando es algo distinto a lo que se debería usar, "instrucción", que es lo que las instituciones y los profesionales deben hacer, instruir. "Educar", en cambio, ni es su papel ni pueden hacerlo por más que lo intenten.

Enlazo lo dicho por Saramago con un tema habitual en nuestras comidas universitarias, un espacio parea casi todo, incluido lo que nos encontramos cada año en las aulas. Hoy ha sido un día especialmente de debate en este sentido.

En la lectura de Saramago, me quedo con una gran verdad que nos lleva a lo dicho en su conferencia y en nuestra sobremesa:

No hay solución para la universidad, para sus problemas, si no se encuentra solución antes a los problemas de la enseñanza primaria y media; todo es un bloque homogéneo y coherente, tanto en lo bueno como en lo malo. A la universidad tendrían que llegar alumnos instruidos y educados. ¿Cómo hacerlo? Habrá que encontrar las fórmulas. Lo contrario es no respetarse, jugar con malas cartas una partida que no puede acabar bien. Y recordemos que la mesa de juego es la sociedad. (35-36)  

Lo que plantea Saramago es cierto, no por ello sencillo de resolver. El problema con que nos encontramos los universitarios es precisamente la dependencia que encontramos para nuestro trabajo de "instrucción", de la doble transmisión del conocimiento y una cierta actitud, un cierto espíritu crítico, cuando precisamente nos encontramos con fuerzas que van en la dirección contraria.

No se trata en absoluto de liberar de su responsabilidad a la Universidad; la tiene... y mucha. 

La crisis, por decirlo así, es del sistema y abarca desde sus primeros escalones hasta los últimos. Desgraciadamente no hace falta  un exceso de sentido crítico para percibirlo. En estos años, profesores jóvenes han vuelto al borde de la desesperación del aula al darse cuenta de la distancia existente entre ellos y los que están sentados en sus aulas.

Lo que se reduce es la idea de ambición, de deseo de aprender, de ir más allá, que debería estar presente en un porcentaje suficiente entre el alumnado. Sin embargo, esto no ocurre. Hay como una especie de anestesia general, la muerte del deseo de saber, la idea de que el "saber" solo es "conocimiento", algo que existe fuera de nosotros y a lo que se puede acceder en cualquier momento.

La idea de que el conocimiento es algo exterior y almacenable fuera ataca la principal función de la educación y de la instrucción: la transformación de la persona. Hay una extraña distancia que hace creer que el individuo viaja en el tiempo accediendo a los conocimientos que necesita y deshaciéndose de ellos cuando no le hacen falta. Es un efecto del llamado presentismo, que es uno de los males actuales.

La cuestión es ya muy seria y debe comenzar, como bien señalaba Saramago, desde el inicio mismo de los procesos de instrucción y educación, por respetar la distinción hecha por el escritor, que señala:

La universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano; es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer: un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma. (36) 

Comparto la idea de Saramago: la Universidad no solo instruye, sino que debe formar "ciudadanos", una categoría que le sirve para afrontar la idea de democracia, el segundo concepto de la conferencia,

Han pasado casi veinte años. La gravedad ha ido en aumento y, lo que es peor, nos hemos ido acostumbrado a esta degradación cultural y cívica. Las ideas suplementarias de la IA y de los archivos de las redes no hacen sino agudizar esa idea. De las aulas salen "empleados" eficientes y menos "ciudadanos", críticos tal como señala Saramago. Cada vez esos empleados son menos necesarios ante los procesos de automatización. Queda frustración, ira y un desconcierto crecientes.

Hay mucho por hacer.


— Saramago, José (2005) Democracia y Universidad. Foro Complutense, Universidad Complutense de Madrid, 76 pp.

jueves, 1 de febrero de 2024

La luna, el dedo y el móvil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La ministra Pilar Alegría ha pedido llegar a una política común sobre el uso de los móviles en los centros educativos. La expresión "política común" es una especie de utopía política, un estado de nirvana en el que el político se desprende de su carga ideológica, de sus estrategias de asalto y refutación, de intereses partidistas y personales, etc. y se eleva hacia la nada del acuerdo con dos posibilidades: enfrentarse a un problema o hacerse la foto.

Los titulares de los medios como "Alegría pide una respuesta "común y coordinada" para regular los móviles en los colegios y el PP le acusa de "llegar tarde"" (RTVE) o "Educación pide unidad para prohibir los móviles en las aulas y las comunidades replican que ya contemplan medidas" resaltan la petición de unidad, algo poco frecuente, ya sea porque no se pide o porque si se pide se rechaza para volver a la destructiva política de la gresca, en la que los políticos seleccionados para sus puestos se han criado. Este es parte del problema: se lleva mucho tiempo dando alas a este tipo de perfiles broncos y les cuesta adaptarse a las mesas.

Me ha resultado ingeniosa la réplica de la ministra ante las críticas, en este caso, mediante la alusión cultural: 

En cuanto a las críticas vertidas por las comunidades, la ministra ha dicho que es importante "mirar la luna y no quedarnos con el dedo", por lo que ha instado a centrar la atención en "que estamos adoptando una respuesta común". "Había una preocupación social, ya no solamente de las familias, sino también del profesorado, que nos pide una regulación en la que ellos también se sientan protegidos a la hora de saber cómo actuar", ha apuntado.*

El dedo del político no apunta a la Luna sino directamente al ojo del contrario con precisión mayor o menor. Por supuesto, ella se reserva el papel del "sabio" que apunta a la Luna y deja el papel del "tonto" al que se queda mirando el dedo.

La Luna, en este caso, es el problema verdadero de los móviles en el medio escolar. Las evidencias sobre la distracción (robo de la atención), sobre sus efectos secundarios en el comportamiento disperso, además de los usos indebidos e incluso delictivos (acoso, con insultos, amenazas, etc.) que van saliendo cada día ya no se pueden obviar.

Lo malo es que eso es solo un parche. El uso infantil del móvil en el espacio escolar es solo una parte, ya que si esta prohibición se realizara en las familias, que es donde corresponde, se podría solucionar algo que se pretende solucionar como un problema de atención en clase y es algo mucho más grave.

El problema reside en el tamaño de la Luna, por seguir la cita de la ministra Alegría. Es en las familias donde reside la raíz del problema. Es en la familia donde se entrega el móvil a los niños.

Cualquiera que salga a la calle un rato verá madres y padres paseando a sus hijos mientras consultan sus móviles. Los niños, en sus sillitas, van mirando sus propias pantallas. La edad ha ido descendiendo y son menores de un año los que han perdido el chupete y les han abonado a los dispositivos móviles, teléfonos y tabletas. Se les ha dado en llamar y la "generación Ipad" por algo.

Cuando comenzó el COVID uno de los argumentos de los psicólogos y otros especialistas era que los niños perderían su empatía al no poder "ver" los gestos de sus padres debido al uso de las mascarillas. Aquello produjo una especie de asombro y temor. Sin embargo, son hoy los padres los que se esconden detrás de los teléfonos móviles y, para no ser molestados mientras consultan sus teléfonos, dejan en manos de los niños dispositivos.

No, el problema no lo causan los centros educativos. Allí se manifiesta un problema por el que les piden cuentas: el bajo rendimiento en el aprendizaje. Pero el problema real viene de casa, donde los padres son ya la segunda generación de móvil. Es en los padres más jóvenes en donde se manifiesta con más intensidad este fenómeno del "móvil barrera". Son los padres los que no pueden estar sin consultar el móvil, por lo que los hijos —que necesitan su atención para el aprendizaje— se ven dirigidos hacia las pantallas anestésicas, las que evitan que les molesten. Así de claro.

Por ello, el problema de los móviles debe desglosarse con claridad: el problema escolar  de rendimiento del problema psico-atencional. No es casual que la petición del ministerio se produzca después de que aparecieran las disparidades de rendimiento entre las comunidades y la pérdida en Matemáticas y en comprensión lectora, que dejan en evidencia la falta de acuerdos frente a algo muy obvio y que se va haciendo más imperativo ante las medidas que toman otros países de nuestro entorno europeo y en otros lugares.

En 20minutos podemos leer sobre esa motivación para realizar una "política común": 

Precisamente con ese afán de lanzar un "mensaje común" a la comunidad educativa, el Ministerio de Educación ha trasladado a las autonomías una propuesta de mínimos —muy en línea con la que planteó el Consejo Escolar la semana pasada—. En ella sugieren que el alumnado de Infantil y Primaria no lleve el teléfono móvil al colegio, salvo excepciones como motivos de salud; y que en la ESO, Bachillerato y Formación Profesional (FP), si lo llevan, lo mantengan apagado durante todo el horario lectivo, a no ser que el profesor decida utilizarlo con "fines pedagógicos".

"El aumento exponencial del uso de los teléfonos móviles ya desde edades muy tempranas es un hecho constatable, que ha hecho aflorar una problemática que viene alarmando a la comunidad educativa y que se traduce en problemas de convivencia, de bajo rendimiento escolar y, en algunos casos de afectación sobre la salud y el bienestar emocional de nuestros escolares", incide el documento remitido por Pilar Alegría.** 

Como puede apreciarse, todo es un ejercicio de "matizaciones", un mundo lleno de excepciones temiendo lo que no se dice: que el tamaño de la Luna sea mayor de lo que se reconoce y que las familias acaben negando la propia Luna y hasta el "dedo" que la señala. No hace falta mucha imaginación para empezar a imaginarse las respuestas de algunos grupos gritando los derechos familiares a decidir. Pronto esto se convertirá en un conflicto en cuanto que los centros empiecen a detectar los resultados frente a las familias.

Cuando uno ve la salida de un colegio contempla cómo los padres que recogen a niñas y niños les llevan el bocadillo que devoran tras el día de cole. La tradición se cambiará: las familias llevarán el móvil a la salida para calmar la impaciencia acumulada ante la falta del móvil. No hay que ser necesariamente pauloviano para verlo.

Este es un asunto de primera urgencia, no para el juego político de frases y réplicas. Nos olvidamos que, como dijo el poeta Wordsworth, "el niño es el padre del hombre". Eso niños que vemos salir de las escuelas son la próxima generación y su formaciones y deformaciones irán marcando el destino social. En las universidad, aunque se habla menos de ello, tenemos un problema similar. 

Los males más peligrosos son aquellos que creemos controlar, aquellos a los que no concedemos importancia. Es urgente que se defina el problema —ya está hecho desde distintos campos y estudios— y se apliquen los medios necesarios. No basta la prohibición. Hay que educar a los padres, los mayores mal educadores. 


* "Alegría pide una respuesta "común y coordinada" para regular los móviles en los colegios y el PP le acusa de "llegar tarde"" RTVE.es / Agencias 31/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240131/educacion-comunidades-autonomas-regulacion-moviles-colegios/15949509.shtml

** Elena Omedes "Educación pide unidad para prohibir los móviles en las aulas y las comunidades replican que ya contemplan medidas" 20minutos 31/01/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5214273/0/educacion-unidad-prohibir-moviles-aulas-comunidades-replican-contemplan-medidas/

domingo, 29 de enero de 2023

El nuevo fraude educativo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace unos días una compañera me envió un enlace a una noticia: se había creado una herramienta informática que permitía burlar los sistemas "antiplagio" que se utilizan habitualmente por parte de las universidades y demás centros educativos para intentar detectar los plagios. La herramienta permite realizar los cambios suficientes en el texto plagiado como para que este no sea detectado.

Cada vez más, la enseñanza se está convirtiendo en un campo de batalla, no solo de profesores y alumnos, sino de en el de una guerra informática en la que cada uno combate con las armas disponibles, unos tratando de falsear sus conocimientos y otros de detectarlo. La enseñanza se ha desequilibrado hacia esta forma bélica de ver el mundo. El profesorado tiene la sensación de que el alumnado conspira contra él de diversas maneras; el alumnado se deja arrastrar hacia ese uso fraudulento de herramientas que le liberan de... ¿aprender?

RTVE.es nos ofrece en su sección de textos recogidos de Europa un artículo de FranceInfo titulado "Inteligencia artificial: una universidad privada francesa prohíbe el uso de ChatGPT a sus alumnos". Reproducimos la totalidad del artículo —tres párrafos—  para que los lectores puedan apreciar sin recortes la dimensión del problema que se plantea: 

Un uso prohibido. El Instituto de Estudios Políticos de París (IEP) ha anunciado la prohibición de utilizar ChatGPT, un robot conversacional creado por la start-up californiana OpenAI, "o cualquier otra herramienta que utilice" la inteligencia artificial, en una carta del director de formación e investigación de la institución, dirigida a los profesores y hecha pública el miércoles 25 de enero por BFMTV. Disponible para el público en general en noviembre de 2022, ChatGPT es un software que da la impresión de chatear con un humano, capaz de escribir un texto largo simplemente basándose en una pregunta formulada y cierta información dada.

"Esta herramienta, que utiliza la inteligencia artificial (IA), cuestiona fuertemente a los actores de la educación y la investigación en todo el mundo sobre el tema del fraude en general, y del plagio en particular", escribe Sergei Guriev en su texto. El director de formación e investigación de SciencesPo París recuerda que algunos países "ya han prohibido su uso en sus escuelas y universidades". De hecho, las autoridades de Nueva York y otras jurisdicciones han prohibido el uso de ChatGPT en las escuelas.

Si un alumno del IEP de París utiliza una herramienta de inteligencia artificial "durante la elaboración de un trabajo escrito u oral", se expone a "sanciones", "que pueden llegar hasta la exclusión de la institución o incluso de la enseñanza superior", afirma Sergei Guriev en su carta. La única excepción a su uso sería el "uso educativo supervisado por un profesor". El director anuncia la próxima publicación de "una nota sobre el tema", así como una "conferencia sobre la enseñanza y la investigación del futuro, en un ecosistema en el que la IA ocupa un lugar cada vez más importante".

Este artículo ha sido traducido con ayuda de la Inteligencia Artificial*

 Lo rotundo de las medidas hacer ver la dimensión real del problema. Aunque podamos separar de forma abstracta el "aprendizaje" de la "evaluación del aprendizaje", lo cierto es que ambos conceptos se dan la mano en la realidad: no tenemos constancia del aprendizaje logrado si no se evalúa de alguna manera, lo que hace que este tipo de cuestiones pasen a ser de primer orden.

Durante décadas se ha atacado —con razón— las formas de evaluación centradas en los exámenes  tradicionales, a los que se acusaba de memorísticos, poco fiables, demasiado centrados en unos momentos, generadores de tensiones, etc.

Hace muchos años que no realizo este tipo de exámenes en ninguna  de las materias que imparto. Siempre he buscado formas alternativas que evitaran concentrar conocimientos en un fecha (pasada la cual se olvidaban); he tratado de que los conocimientos fueran aplicados, que pasaran de la teoría a la práctica a través de prácticas, análisis, ensayos, etc. Era la forma de hacer comprender mejor que con otras puramente repetitivas.

Pero lo que estamos viendo nos replantea de nuevo todo el proceso.

Una enseñanza basada en pequeñas investigaciones aplicadas queda bajo sospecha con la capacidad de producir textos automáticamente. Son creados por inteligencia artificial que dispone de grandes cantidades de datos y es capaz de manejarlos. Gracias a estas herramientas una parte importante —como ya ocurre— del trabajo de los docentes se verá desviado hacia tareas de verificación cada vez más complejas, "inteligencia" contra "inteligencia". Pero queda por resolver el problema de la desigualdad en la batalla, uno contra muchos.

La prohibición en la universidad francesa del uso de este tipo de herramientas es un camino que se irá abriendo con más instituciones que intentarán frenar este proceso que desvirtúa la enseñanza.

Durante un tiempo hemos manifestado el temor de que el profesor fuera sustituido por inteligencias artificiales y se despersonalizara la enseñanza. Vemos que el problema se ha reformulado en otro sentido: es el alumno el que se sustituye a sí mismo dejando que las máquinas hablen por él, que sean ellas las que realicen sus tareas.

Si antes era relativamente sencillo detectar los trabajos copiados en parte o plagiados en su totalidad, ahora se usan estas herramientas para camuflar su origen. Seguro que podrán crearse herramientas informáticas capaces de revertir esos procesos, es cuestión de tiempo, pero ¿es esa la solución?

El hecho de que el proceso educativo esté cada vez más invadido por todo este tipo de prácticas nos debería hacer pensar en la educación misma, en su sentido para quien la da y quien la recibe.

En muchas conversaciones realizadas este año con compañeros he detectado una misma preocupación, hay una actitud diferente, más agresiva por un lado y defensiva por otro en el alumnado. Algo ha cambiado. Podemos echarle la culpa a la pandemia, que ha producido una franja educativa de dos años alterada, o a cualquier otra circunstancia. Sea como sea, ha variado la actitud.

¿Tiene algo que ver la aparición de estas tecnologías "tentadoras"?

Hace poco más de un mes, en diciembre 2022, La Sexta se hacía eco de la prohibición de teléfonos móviles en colegios e institutos en diferentes comunidades españolas y de países de la Unión Europea:

El Gobierno italiano ha prohibido el uso de teléfonos móviles en colegios e institutos. El país ya tenía una norma de 2007 pero esta vez el ministro de Educación ha mandado una nueva circular a todas las escuelas para borrar los smartphones de las aulas. Asegura que son "elemento de distracción para los estudiantes". laSexta Clave se ha propuesto analizar si existen medidas similares en otros países o si España plantea algo similar.

En España no hay una normativa nacional que prohíba el uso del móvil en las aulas. Sí que llegó a estar sobre la mesa del Gobierno, en 2018, cuando la ministra Isabel Celáa deslizó esa posibilidad a imagen y semejanza de Francia. Pero en España la decisión se deja en manos de las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias de educación.

Por ahora solo hay tres regiones en las que se prohíbe por ley usar el móvil en todos los colegios de la región. Castilla-La Mancha fue pionera en este sentido, en 2014; Galicia se unió un año más tarde; y la última en hacerlo fue la Comunidad de Madrid, el curso pasado. En el resto se deja en manos de cada colegio, que puede regularlo a través de su normativa interna. Incluso, puede hacerlo cada profesor en sus clases aunque no lo prohíba el centro.**

El teléfono es un problema de distracción en las aulas que se ha visto ampliado por el uso, al menos en las aulas universitarias, de los ordenadores portátiles que, al estar conectados a las redes, permiten desconectarse del aula con múltiples distracciones. ¿También habría que prohibir tablets, ordenadores, portátiles...?

Lo que en las enseñanzas medias es grave, lo es más en las aulas universitarias, donde el ordenador es una herramienta importante. La mayoría de los alumnos ya no toman notas, teclean. Muchas veces, esos apuntes acaban en las redes sociales, desde donde son ofrecidos evitando tener que tomarlos. Se siente así muchos "liberados" de asistencia o de atención. El aula pasa a ser una forma de socialización, de encuentro con los colegas antes que un lugar de aprendizaje. Esto lo escuchas y lo ves.

Habría que plantearse qué significa aprender, estar en un aula. El aprendizaje negativo, el del mínimo esfuerzo, comienza pronto y se va perfeccionando conforme se escala en los caminos educativos.

Esto se va a ir intensificando. Las dificultades para la educación llegan de la potencia de las herramientas creadas y de su uso indiscriminado. Si el teléfono distraía, las potentes herramientas descritas convierten a los potentes ordenadores en terminales en red mediante los cuales se pueden crear todo tipo de textos camuflados para ajustarse a lo que se pide pero creados por chatbots como los que se describen en la noticia de FranceInfo.

Lo que está cambiando no es solo la tecnología. Creo que es, sobre todo, una actitud hacia la educación, que se ve absolutamente infravalorada ante lo que es la tecnología y esa "memoria común" que es el depósito de información en las redes, bancos de datos, etc. De esta forma, la escuela o cualquier otra institución es vista por algunos como un "obstáculo" que franquear y no como una oportunidad de aprendizaje. El profesorado es visto como un elemento "judicial", un sistema de vigilancia, que sortear, al que se debe engañar para obtener la mejor calificación.

La noticia que nos llega de Francia puede que pronto empiece a llegar de otros lugares. De esta forma, el sistema educativo se convierte en un sistema de vigilancia, rompiendo lo que debería ser su estado más natural, un espacio colaborativo de aprendizaje, de desarrollo vocacional, de descubrimiento continuo, un espacio humanizado y humanizador. Pero no es eso en lo que se convierte entre el desprecio de unos y otros. Un espacio en el que lo central pasa a ser evitar el fraude no es ya educación ni para uno ni para otros.

Siempre han existido infractores y personas de mala voluntad, por decir así, en la enseñanza. El problema es cómo se percibe esta cuestión, que proviene sobre todo de un fuerte contagio horizontal, de la facilidad del acceso a las herramientas, de un mal ejemplo social (donde el ascenso no premia a los mejor formados, sino a los más "espabilados").

Ante todo esto, mucho me temo que el sistema va a girar hacia un mundo cara a cara, sin  mediaciones, oral, con exigencia de la presencia en el momento de la evaluación que será la única forma fiable de evaluar los conocimientos. Esto devolverá al aula muchas actividades que antes ser dejaban fuera ante la falta de confianza en los resultados.

La única forma de evitar una enseñanza policial polarizadas será tener la garantía de que lo que se hace está hecho por las personas y no por herramientas. Será la forma de tratar de evitar una cultura del fraude impune que amenaza a la esencia y a las circunstancias educativas.

Hemos ido distorsionando la educación. Hace unos días se preguntaban en los medios si no había "demasiadas universidades" y unos pocos días antes si no había "demasiados universitarios". Todo esto no es más que el resultado de una visión utilitarista de la educación y de las propias personas, exclusivamente al servicio del empleo, que es ya precario y barato. Es la negación del humanismo educativo que se centra en la formación de la persona más que en su empleo. Las personas no son sus empleos, sino seres con valor propio, con apertura de mente, y la formación es un elemento importante porque les hace verse a sí mismos de otra manera, valorarse.

La crisis educativa no es más que una versión más de una más amplia que es la social, la de los valores. No se puede degradar a la persona dentro del sistema, reducirla a lo útil, y esperar de ella grandes valores. Es la versión educativa de la crisis de corrupción que cada día denunciamos en las instituciones. La falta de principios es la misma. Empiezas en la escuela, pasas por la universidad y acabas defraudando desde las instituciones. Esa es la gran enseñanza que la corrupción nos da cada día: el camino más rápido es el más valioso; el más cómodo, el más confortable. Nada hay suelto; todo está conectado.

Los malos ejemplos se acumulan en nuestros medios: de políticos que han falsificado sus currículums hasta los que han sido regalados con tesis y títulos. Si ellos lo hacen ¿por qué no los demás? Otros se aprovechan de las instituciones para medrar y enriquecerse, como ha ocurrido en el Parlamento Europeo. El "¡pa'la saca!" se ha convertido en el grito de guerra para muchos; es lo que han aprendido y enseñan. Da igual lo que estudies o cuánto estudies, ese es el mensaje: lo que te espera fuera se rige por otras normas y valores. La enseñanza tiene que luchar contra ese "aula de la vida" que se nos ofrece cada día, intentar cambiar los valores. Pero lo que está ocurriendo es justo lo contrario. La enseñanza, como valor, es torpedeada cada día por el utilitarismo antes mencionado. Eso obligará a replantearse sus métodos y fines, volver a situaciones que garanticen la formación de las personas, algo insólito, pues supone tener que darles algo en lo que nos creen, pues eso supone en realidad el fraude.

Los medios están llenos de explicaciones sobre lo que supone el ChatGPT, sobre qué se le puede sacar de provecho y cómo otros están trabajando en alternativas más productivas. ¿Por qué preguntar al profesor cuando la máquina te da la respuesta correcta? 

El mercado del fraude está lleno de expectativas; todos compiten por el mejor borrado de huellas; la casi seguridad de que lo que hagamos no podrá ser detectado por otras medidas defensivas de los educadores es un aliciente más para el desarrollo del negocio. ¿Por qué no? 

Al final nos quedará de nuevo la enseñanza cara a cara, en un aula llena de cortafuegos, aislada; con exámenes orales, cara a cara, de los que pueda uno fiarse; volver a aquellos interminables exámenes finales, recorriendo los pasillos, mirando cada movimiento sospechoso, etc. ¡Es volver a todo aquello que creíamos superado! ¡Es triste, sí! Y, sobre todo, desmotivador. Al final muchos pensarán, de qué sirve enseñar al que no quiere aprender. 

La cultura de la fiesta, en sus múltiples formas,  se acaba imponiendo. No es ciencia-ficción; es una triste realidad. La tecnología al servicio del menor esfuerzo posible.

La noticia francesa es solo un anticipo. Por cierto, según se nos dice al pie del texto, la noticia ha sido traducida con "inteligencia artificial".

* "Inteligencia artificial: una universidad privada francesa prohíbe el uso de ChatGPT a sus alumnos" RTVE.es / FranceInfo 27/01/2023 https://www.rtve.es/noticias/ Localización original: https://www.francetvinfo.fr/internet/intelligence-artificielle-sciencespo-paris-interdit-l-utilisation-de-chatgpt-a-ses-etudiants_5625743.html 

** "¿Prohibir el móvil a los menores en las aulas? Así se regula en España y los países vecinos" laSextaClave 23/12/2022  https://www.lasexta.com/programas/lasexta-clave/prohibir-movil-menores-aulas-asi-regula-espana-paises-vecinos_2022122363a61ddae6e6b80001c9343e.html

sábado, 22 de octubre de 2022

La crisis educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada vez es más frecuente que una conversación entre profesores acabe con un lamento por la mala preparación con la que nos llegan los alumnos. Esto era antes frecuente en profesores con larga trayectoria, pero ahora te lo dicen igualmente profesores con experiencia más corta en las aulas. Indudablemente, hay algo que falla.

La cultura es un sistema de referencias y conexiones, tiende a la amplitud. Sin esa macro red es muy difícil construir conocimiento, comprensión. Nuestro problema es que hemos aceptado un modelo educativo vinculado a un modelo socio-cultural que no funciona, que es un fracaso. Todo ello en un entorno cada vez más degradado, en el que no es la cultura lo que fluye sino la trivialidad más absoluta. Esa falta de sentido se basa en un modelo cultural basado en la atención, el sistema de captación en medio del caos que nos rodea. La profusión de fuentes solo producen cacofonía, ruido en el que se trata de percibir algún tipo de orden o sentido. Pero el único sentido es desplazarse de un lado a otro partiendo de las llamadas competitivas que se nos realizan desde los 360 grados a nuestro alrededor. Somos un centro sensible en mitad de un torbellino de ruidos.

Las quejas más generalizadas se refieren a la falta de referencias, a la incapacidad de construir un universo ordenado o, si se prefiere, conectado, de relaciones, de consecuencias. Igualmente sobre la atención débil, la incapacidad de mantener un tiempo determinado la atención centrada. Hay un tercer efecto que preocupa: la exteriorización de la memoria. No hay voluntad de retener porque existe la idea de que todo está fuera, al alcance de un clic. ¿Para qué "recordar" si basta con "recuperar"?, se preguntan.

Estamos pagando la crítica desinformada a la memoria, donde se confundió el "aprender de memoria" (repetir sin comprender) con el verdadero sentido de la memoria, la clave de la identidad: somos nuestros recuerdos. Esto se ha sustituido por un vacío constante en donde apenas se retienen los conocimientos en beneficio de ciertas experiencias comunes que refuerzan el sentido de grupo, que viene a ser como una memoria artificial sostenida por el sentimiento de pertenencia.

La presión mediática exterior es absorbente. Nos saca de nosotros mismos y nos aísla, por un lado, y nos da sentido grupal, por otro. De esta forma se crea pronto una dependencia enfermiza de la conexión, que pasa a ser el flujo vital que nos llega de fuera en contraposición al crecimiento propio interno. Nos lo dicen todos los días, pero son demasiadas cosas las que dependen de esta sociedad-mercado de la información.

Hace apenas unos años, la gente salía del vagón del tren para hablar por teléfono. Hoy un vagón de tren se convierte en un locutorio en el que todos tienen el teléfono en sus manos, aunque realicen funciones diferentes, hablar, chatear, revisar las cuentas, etc. Es la alternativa constante a la realidad, que es la que queda fuera del foco de la atención.

Esto ha ido descendiendo cada vez más. Ya nadie se pregunta a qué edad deben tener los niños "su primer móvil". No tenerlo los convierte en parias aislados.

Los efectos los tenemos, pero no conviene airearlos demasiado no sea que nos tengamos que enfrentar a fuerzas cada vez más dependientes y resistencias más fuertes. Hoy es difícil que se atienda en un aula porque la dependencia de móviles y de ordenadores hace que entre en competencia el discurso educativo en la clase con los múltiples discursos que están entrando por los dispositivos de comunicación. La capacidad de atención se ha reducido y la fatiga aparece inmediatamente. No ha costumbre de concentración en un mundo lleno de ruidos y llamadas. No hay mástiles a los que atarse para no apartarse del camino atencional concentrado. Se nos pide que saltemos de una cosa a otra, que atendamos al fragmento frente a la totalidad, que ignoremos las conexiones profundas en beneficio de las superficiales.

La cultura de la memoria externa ha producido un efecto "resumen", que es la forma de reducir lo externo a lo que se solicita, la operación fundamental. Acostumbrados a esta forma de trabajo es muy difícil poder producir una información propia, valiosa, personalizada, crítica, etc. que serían los valores que la educación debería transmitir.

La experiencia que te transmiten los compañeros es la de enfrentarse a un muro de resistencia, un muro poderoso de hábitos. El sistema educativo no se ha enfrentado a ellos o si lo ha hecho ha cosechado un estruendoso fracaso que ha ido ascendiendo por todo el sistema. Hoy solo es posible educar tratando de invertir el proceso, deseducar en los malos hábitos, y tratar de crear otros nuevos con los que el estudiante se pueda reconstruir. Esto no es fácil porque no existe la conciencia de ello más que una minoría, planteando resistencia muchos de ellos. El camino fácil es difícil de rechazar; muchos prefieren seguirlo.

Frente a este muro no solo se encuentran los profesores, como si fuera una guerra de trincheras. Se encuentran también alumnos que han seguido otras mecánicas de aprendizaje, ya sea por las familias o por haberse encontrado con profesores y maestros que consiguieron cambiar la orientación general. Estos se mantienen muchas veces en un segundo plano porque la presión del grupo es fuerte. Es misión de los educadores detectarlos primero y poner a su alcance comprensión y materiales que no frenen su desarrollo personal.

Por muchos lugares, fuera de España, surgen muchas críticas a un modelo de universidad industrializado y burocrático que ha perdido el sentido de la formación de la persona. Esto se ha convertido en un auténtico lastre para una sociedad que ha dejado de ver la Universidad como un modelo en el que inspirarse, del cual salen al unísono conocimiento y crítica. Vivimos en una sociedad mercado que nos usa, en donde los elementos que priman no conllevan la corrección de desvíos y sencillamente se deja llevar, arrastrar por los flujos de los beneficios de unos pocos, olvidando la mejora del conjunto que es visto simplemente como una "oportunidad" de negocios sin ninguna esperanza de mejora. Nos arrastra simplemente.

La crisis no es solo cuestión del alumnado; afecta de lleno al profesorado, que se ve encerrado entre estrechos límites en su producción y una carrera de obstáculos para su promoción. La competencia no ha dado los resultados que se esperaba, centrándose en realidad en una forma de repartir puntos para las trayectorias académicas, reduciendo la creatividad necesaria para la investigación en rutinas de repetición, en valoración de los proyectos o las carreras en función de la financiación lograda, etc. La resistencia es también grande porque el que ha programado su promoción por estos caminos no quiere que se cambien.

Están apareciendo libros, artículos, reseñas, etc. sobre este grave problema del que una sociedad aparentemente festiva esconde entre sus miserias y defectos. Los que sienten que es necesario replantearse el sistema educativo son cada vez más. No es fácil, pues el sistema se mueve por su propia inercia, sin revisarse críticamente, confundiendo el concepto de "resultados" y "eficacia" con unos sentidos bastardos que nos alejan de la responsabilidad social. No es asunto nuestro, dicen. Pero sí lo es. Si no se tienen claros los criterios sobre lo que realmente necesitan las personas para no dejar de serlo para no convertirse en meros recambios de la maquinaria social, la Universidad deja de ser tal y renuncia a su propia "misión", que es la de mantener vivo el deseo de mejora del conjunto, de una vida más consciente, más culta y conectada vertical y no solo horizontalmente. Es el resultado de romper las conexiones con el legado cultural y adentrarse en el futuro imaginario que nunca llega; es el resultado de presentismo que nos lleva a un utilitarismo vacío que pierde el sentido de lo apropiado, de lo que realmente se necesita para hacer una sociedad mejor en un sentido profundo del término y no en uno superficial y efímero que tiende a generar cada vez más desigualdades sin que ellos le preocupe. Hay que recuperar el sentido de la Universidad, su idea ilustrada de mejora no solo de la sociedad, sino de la persona, buscando un sano equilibrio entre ambas. 


viernes, 24 de junio de 2022

Sobre la deshumanización educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La lectura de la obra de Mayka Lahoz, La trama de la memoria (Tusquets 2022) nos ofrece un extraordinario viaje a través de nosotros mismos en un ensayo que merece todos los honores que se le puedan tributar por su lucidez, estilo y oportunidad. Es un trabajo que merece una detenida lectura porque necesita de la reflexión en cada párrafo, en cada página de este texto singular. Es una radiografía de lo humano en sus dimensiones más profundas que son sobre las que se cimenta nuestra construcción como humanos y como personas, lo general y lo específico que hace de nosotros seres únicos, diversos y en constante construcción y reconstrucción. Desde una base existencial hermenéutica o desde una hermenéutica existencial, Lahoz va desgranando lo que nos hace ser ante los otros y ante nosotros mismos, con nuestras paradojas que el tiempo alimenta.

Una de las dimensiones que se van explorando en la obra de Mayka Lahoz y que va ganando importancia conforme avanzan sus páginas es la cuestión educativa, algo cuyo debate se ha ido desplazando de su esencia y objetivos primeros a unos debates mecanicistas, economicistas y burocráticos que padece una serie de males que nadie se atreve a afrontar desde su interior y que se hace necesario abordar.

La educación va surgiendo en determinados momentos del texto, como no podía ser de otra manera dado su carácter básico en nuestras vidas. Hemos confundido la educación, como transmisión y formación, con el "sistema educativo", organización modeladora que recibe unos fines exteriores y que ajusta a ellos a las personas. El objetivo no es hacer que las personas se encuentren consigo mismo, sino que se ajusten a lo exterior, a las necesidades del sistema. Esto es, a mi entender, una fuente de distorsión de la persona que deja de ser un objetivo para convertirse en un medio del sistema para alcanzar sus necesidades o cubrir sus carencias.

En la obra de Lahoz, la experiencia es la que modela al ser humano a través, por ejemplo, del dolor, connatural al sentir y por ello al vivir mismo. La educación, por el contrario, se ha convertido en la inculcación de un conocimiento exterior para cumplir unas funciones y objetivos del sistema. Este desequilibrio lo vive cualquiera que esté en la enseñanza y vaya más allá de las instrucciones que llegan "de arriba" y que se siguen acrítica y pasivamente convirtiendo a los docentes en meras piezas de transmisión para el cumplimiento de lo que se ha marcado. La robotización de la docencia a través de todo tipo de protocolos y protocolos está deshumanizando la enseñanza en cuanto a la relación entre los miembros del sistema. El fin es una mal entendida "objetividad" que convierta a cualquier docente en otro docente y a cualquier alumno en otro alumno más. Hoy vivimos un mundo curioso en el que las máquinas pueden dirigir la formación de las personas mediante la inteligencia artificial gracias a programas de auto aprendizaje asistido y en el que los humanos ayudamos a las máquinas a "aprender" mediante el control y corrección de sus aprendizajes (deep learning).

El mundo de la enseñanza se nos ha llenado de "distantes" objetivos, de burócratas obsesionados con formularios, de equidistantes emocionales, de aspirantes a máquinas de segunda mano y de "protocolarios" inseguros. El efecto de todo esto es un sistema cada vez más despegado de sus fines humanos y más plegado a las necesidades del sistema, considerando que el ser humano solo necesita saber aquello que le permite trabajar con el mejor rendimiento posible. Hemos llega a convertir la "eficiencia" en un valor educativo porque no medidos los "éxitos" del sistema más que desde la empleabilidad, como reza la publicidad de la universidades que cifran el éxito en este parámetro. De esta forma, la educación solo sirve para encontrar empleo, algo que es medible y por lo que debemos rastrear a los egresados de nuestras universidades para luego poder contárselo a las autoridades competentes que nos gratificarán con algún tipo de puntuación.

No nos interesa, en cambio, los valores de las personas o sus padecimientos que les puedan arrastrar a depresiones, estados de ansiedad, incluso suicidios, ya la primera causa de mortalidad entre nuestros jóvenes.

Lo más sorprendente es la aceptación que todas estas prácticas de protocolos y evaluación constante de rendimientos han tenido en la propia profesión docente. Quizá porque ella misma está sujeta a constante evaluación y sometida a protocolos, quizá porque sean los adeptos a esta forma del mundo los que llegan más arriba e imponen desde sus alturas olímpicas está visión deshumanizada de la educación, precisamente la más necesitada de humanidad ya que son personas las que salen de la empaquetadora final. El único argumento que se esgrime cuando alguien tiene la osadía de preguntar sobre las razones es que es "lo que quieren arriba", siempre bajo amenaza de ser evaluados negativamente. El sistema ha generado su sistema de recompensas y castigos dentro del mejor conductismo mecanicista.

En su quinto capítulo —"Memoria y dolor. Tragedia y sabiduría"—, que comienza con una cita de Cioran —"El dolor impide el adormecimiento en la felicidad; disuelve y rehace el mundo. Por eso se pierde el Yo; por eso vuelve a empezar."— reivindica la humanidad del dolor y del sufrimiento, algo a lo que la persona está sujeto como ser sufriente y reivindica el valor experiencial: "...motivo por el cual la educación debería hacerse cargo de manera reflexiva, como receptividad conmovedora, del discurso de nuestras vidas, sobre todo en lo que a sus aspectos negativos se refiere: vivencias personales, deseos, aspiraciones, intereses, victorias, frustraciones, inseguridades, miedos, prejuicios, problemas, afrentas, ultrajes, esperanzas, proyectos... Para ello debería dar primacía a la capacidad de escucha entre educador y educando, y no tanto a una serie de actuaciones y de interacciones racional y deliberadamente instauradas por el primero, encaminadas a la consecución de una formación o de un devenir objetivos, eficaces, positivos y evaluables por parte del segundo." (pp. 168-169)

Centrar la educación en el rendimiento y no en la persona, en sus dimensiones humanas, no ayudarles a integrar la experiencia en su propia vida, es crear seres artificiales y, sobre todo, inmaduros, incapaces de enfrentarse al mundo que les aplaude (y envidia) cuando triunfan y les ignora (y desprecia) cuando fracasan.

Esa "receptividad conmovedora" es un concepto básico, algo que crea el lazo con la propia experiencia, el que abre el camino propio, el diferencial que nos lleva a nosotros mismos al hacernos y reconocernos.

Hace unos días tratábamos aquí un artículo de La Vanguardia con el titular "Cómo educar a los niños en un mundo de mentirosos de éxito" (16/06/2022), firmado por Eva Millet. El titular plantea con claridad el sentido de "educar" en un mundo en lo que se valora es el éxito y se perdona la mentira. Mayka Lahoz se plantea otra cuestión, cómo educar a ser humanos en un mundo que olvida que somos personas, que somos distintos, que sufrimos, que caemos y debemos poder levantarnos, que debemos tratar de llegar a comprendernos en nuestras contradicciones, en nuestras múltiples capas contradictorias, entre máscaras contradictorias.

No me gusta el sistema educativo que veo; no me gusta el empeño de muchos en crear este sistema protocolario que reduce a la persona a una serie de datos que sirven para la propia promoción del sistema. Hay muchas excusas para hacerlo así, pero son poco convincentes. La única que se acaba entendiendo es esa reducción de los miembros del sistema, que deben aceptarlo para su propia promoción. Todo se debe poder explicar en un gráfico, input y output; la ilusión de precisión la dan los números decimales, las barras de los gráficos y la jerga usada.

De todas las instituciones sociales, la educación es el centro ya que se ocupa de las personas y las acompaña en su trayecto vital. Todo lo que nos haga similares, nos trate de forma similar, ignora nuestra diversidad y nuestra propia diferencia, produce el sufrimiento igualitario mediante el cual las personas son convertidas en parodias de sí mismas, de lo que podrían ser si no les impusiera el molde igualador.

Escribe Mayka Lahoz: "La educación es relacionalidad, compromiso encuentro personal, escucha, comprensión, vivencia responsable de uno mismo, del mundo y de los otros. Es, en definitiva, interés por el misterio que cada un de nosotros representamos, y que contrasta fuertemente con el frío desinterés de la ciencia objetiva. Y ese interés se traduce en una doble praxis: por un lado, la vivencia activa por medio de las experiencias pedagógicas, y, por el otro, la reflexión, la teorización hablada o escrita no ya solo en torno a esas experiencias vividas, sino también en torno a las condiciones que las han configurado. Dicho de otro modo: urge construir una educación responsiva, sensible al contexto específico que conforman las diversas historias personales." (149)

En estos tiempos en que sientes frustración por la deriva educativa, por el desprecio fabril al que se ha llegado en ella, el libro de Mayka Lahoz (ha sido profesora de Teoría de la Educación, nos dice la solapa de la obra) es un respiro en un mundo cada vez más distante en aquello de lo que debería sentir proximidad. Hay una reivindicación a lo largo de la obra del papel de las humanidades.

Desde hace años no dejo de sorprenderme cuando los alumnos me hacen una pregunta "¿puedo poner lo que pienso?". Mi respuesta es siempre la misma: "¡es lo único que me interesa!". Pero la monstruosidad de la pregunta debería hacernos reflexionar sobre cómo perciben los alumnos el entorno en el que se forman, esa falsa y absurda "objetividad" que todo lo mecaniza.

Algunos pensarán que hoy nos hemos salido de la "actualidad". No. Ningún problema es más actual, más presente, más doliente que el educativo. Para algunos se acaba encontrando un colegio cerca de casa o entrando en la facultad que has solicitado. Pero eso es anecdótico. Necesitamos reflexionar sobre la educación, no desde los éxitos laborales sino sobre el desarrollo de las personas, sobre algo más interior y sensible. La felicidad no se puede medir, pero si vivir. Mientras nuestros objetivos sean convertir a las personas en partes del sistema productivo y no nos preocupemos porque se (re)conozcan ellos mismos estaremos incumpliendo la finalidad de la educación, seguiremos construyendo sociedades en las que se nos hace cada día más difícil, más angustioso vivir

Cioran, Ricoeur y Gadamer

Lahoz, Mayka (2022). La trama de la memoria. Una filosofía del recuerdo y del olvido. Tusquets, Barcelona.