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jueves, 7 de agosto de 2025

Delgadez enfermiza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los medios de comunicación no son solo "información" en el sentido noticioso, sino que son sobre todo un muestrario de tendencia, marcadores sociales. No solo muestran el objeto, sino que muestran un camino, una forma aceptada que tiende a estandarizarse. Hay gente que va por libre, pero mucha otra acepta lo que los medios le ofrecen y desarrolla sus hábitos de conducta según lo marcado.

Esto significa que pueden hacer un gran bien, si lo que se muestra es bueno, pero también lo contrario, que pueden hacer un gran mal si lo que muestran es negativo y mueve hacia modelos y caminos que también lo son.

Hay una nueva polémica que afecta a la empresa española Zara en el Reino Unido. En 20minutos se nos da una detallada descripción del problema:

La Autoridad de Normas Publicitarias de Reino Unido (ASA) ha admitido una queja que alegaba que el cuerpo de las modelos era "poco saludable" y que los anuncios, publicados en mayo, eran "irresponsables". 

De los cuatro anuncios que se denunciaban, la ASA consideró que dos debían retirarse porque las, "presentaban una delgadez exagerada", por lo que las fotografías "eran irresponsables. Infringieron la norma 1.3 (Responsabilidad social) del Código CAP (Edición 12)".

Según cuenta el organismo, "consideramos que el diseño escotado de la camisa atrae la atención hacia la parte superior del pecho de la modelo, creando un punto focal alrededor de su clavícula, que sobresale. El estilo de la imagen hacía que su clavícula pareciera discurrir a lo largo del cuello de la camisa, convirtiéndola en un elemento destacado. Además, la posición de sus brazos, al llevar una camisa holgada, creaba la impresión de que sus brazos, hombros y pecho eran muy delgados. En general, consideramos que la pose de la modelo y la elección de ropa en el anuncio creaban la impresión de una delgadez exagerada".

Otra de las fotos retiradas se veía a la modelo "de pie con los brazos a los costados. Consideramos que las sombras sobre sus piernas las resaltaban, haciéndolas parecer notablemente delgadas. Llevaba el cabello recogido en un moño engominado hacia atrás, lo que resaltaba su cabeza, a la vez que la hacía parecer ligeramente demacrada. Había un contraste en la posición de los brazos y los codos, lo que hacía que su cuerpo pareciera ligeramente desproporcionado. Además, debido al estilo del vestido, la clavícula de la modelo sobresalía visiblemente. Por estas razones, consideramos que el estilo, la iluminación de la imagen y la elección de la ropa creaban la impresión de que la modelo tenía una delgadez exagerada".*

La compañía Zara se ha defendido con un absurdo: las modelos tienen un certificado de "salud", es decir, de estar "sanas". La respuesta es tan burda que apenas se puede creer, pues va contra la propia esencia del arte de la comunicación. Esa aludida salud, va por dentro, es decir, no es lo que se ve. Se trata de lo que se muestra, la delgadez, no la salud. La salud de las modelos —por la que nos congratulamos sinceramente— es personal; lo que se ve, sano o no, es la delgadez que es el objeto de la comunicación junto con la ropa. Modelo y ropa son un conjunto que transmite algo y entre las múltiples lecturas posibles está la de la delgadez exagerada, tal como se la denomina.

Podría darse la paradoja contraria, la de la modelo enferma de gravedad, pero que transmitiera una salud inmejorable. Lo que capta la cámara es lo relevante, no los datos reales. Por eso en la denuncia se toma tanto la delgadez como la ropa y el ángulo que la resalta en la fotografía.


Quizá algunos piensen que el objetivo se ha cumplido plenamente, que se ha atraído la atención sobre un producto con una modelo dentro. Es la paradoja publicitaria, la de la vía negativa. Lo importante es que hablen y este caso está en todas las portadas de Reino Unido y España. Es ya "el vestido que te hace delgada".

Presentar certificados de salud es una mascarada que, no solo no resuelve nada, sino que confunde y mantiene el problema, el de la imitación social. Puede que las modelos están sanas, pero el efecto de sus imágenes (no es culpa suya) puede hacer que la salud (física y mental) de muchas mujeres por todo el mundo se someta a prueba.

La obsesión con el cuerpo es propia de una sociedad de la imagen. No afecta solo al peso. De vez en cuando, vemos en los medios las noticias de muertes en operaciones estéticas. En su mayoría, por no decir "totalidad", son mujeres que se deja la vida en operaciones con las que intentan dejar de ser lo que son y como son para mostrarse conforme a esos estándares impuestos o normalizados.

La respuesta de la empresa amparándose en los "certificados de salud" de las modelos es absurda y deja al descubierto varias cosas. La primera es que no están dispuestas a modificar el estándar de belleza pese a los efectos contraproducentes que tiene para la salud. Los expertos pueden repetirlo desde todos los ángulos, pero el negocio es el negocio y "soñar" forma parte del negocio de la moda desde siempre. Quizá lleguemos a la extraña conclusión que lo que se vende no es el vestido, sino la delgadez y que esta nunca es suficiente, como saben los psicólogos. Quizá hemos avanzado tanto en psicología de la comunicación que hemos llegado a esa conclusión. El vestido es la excusa y su compra produce el mismo beneficio económico si quien lo compra está sano o es enfermiza su adquisición.

Economía Digital

La moda no solo vende optimismo (lo que se puede lograr con la ropa); también hace crecer la frustración por no ser como se nos muestra, que es el deseo real. Por eso no se muestra "solo" el vestido, sino que hay que verlo "puesto".

Quizá sabemos demasiado sobre el comportamiento, las frustraciones y los deseos y sobre cómo manipularlos. Llegados a un punto, cualquier cosa se puede utilizar si sirve para cumplir el objetivo de mercado. 

The Independent

* Rut Garrido "Zara responde a las críticas por usar modelos "enfermamente delgadas": "Deben presentar un certificado médico que acredite su buena salud"" 20minutos / MUJER.ES 7/08/2025 https://www.20minutos.es/mujer/moda/zara-responde-criticas-modelos-enfermamente-delgadas-presentar-certificado-medico-acredite-buena-salud_6234686_0.html

miércoles, 16 de abril de 2025

La huida de la Ciencia USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Durante el primer mandato de Trump hubo personas que decidieron cruzar la frontera y marchar a Canadá. Sencillamente no querían estar bajo su mandato, les afectara más o les afectara menos. Era cuestión de principios.

En su segundo mandato, Trump ha puesto el país patas arriba. Ya no es solo cuestión de principios, sino algo más. En apenas un par de meses desde su llegada al poder acompañado de una jauría de negacionistas de todos los sectores, Trump está haciendo el país impracticable. En RTVE.es, Samuel A. Pilar nos habla de un sector importante, un sector sobre el que se ha construido gran parte del poderío estadounidense sobre décadas, la Ciencia, la investigación científica.

El totalitarismo trumpista ha puesto sus ojos y manos en ella a través de las subvenciones directas e indirectas a la universidades, unos centros sensibles... y críticos. Los titulares estos días se han centrado en los recortes de 2.000 millones de dólares a la universidad de Harvard ante las negativas del mundo académico a seguir las pautas de Trump y los suyos:

No corren buenos tiempos para la ciencia en Estados Unidos. Esta es la conclusión que se extrae de una encuesta realizada por Nature, una de las publicaciones científicas más prestigiosas a nivel mundial, en la que el 75% de los más de 1.200 investigadores que respondieron consideran abandonar este país. Muchos de ellos, según afirman, están buscando trabajo en Europa y Canadá.

Poco después de que esta encuesta viese la luz, otros 2.000 científicos enviaron una carta abierta al pueblo estadounidense, que se convirtió en una llamada de auxilio. En el texto, los investigadores pedían al Gobierno de Trump que cese su "ataque generalizado" a la ciencia y hablaban de "censura" y de "destrucción de la independencia". Los científicos, entre ellos varios premios nobel, mantenían que los recortes y los cambios en el sistema de investigación están "diezmando" la actividad científica.

Estados Unidos siempre ha sido uno de los mejores lugares del mundo para desarrollar una carrera científica. Invierte más en investigación y desarrollo que ningún otro país, cuenta con una red de universidades e institutos del máximo nivel (como Harvard, MIT, Stanford o Caltech), y tradicionalmente ha atraído talento internacional. Además, la colaboración entre el sector público y el privado favorece la rápida transferencia del conocimiento científico a aplicaciones prácticas, lo que se ha traducido en la creación de algunas de las empresas más punteras a nivel mundial.

Sin embargo, los profundos recortes de la Administración Trump están provocando que muchos científicos del país reconsideren su situación. El nuevo Gobierno ha disminuido drásticamente la financiación de la investigación y ha paralizado amplios sectores de la ciencia sostenida con fondos federales, en el marco de una iniciativa gubernamental de recorte de gastos liderada por el multimillonario Elon Musk. Un protagonismo político, el de este último, que aunque parece estar llegando a su fin, no deja de resultar chocante, ya que sus dos principales empresas, Tesla y especialmente SpaceX, han recibido miles de millones de dólares en ayudas públicas en los últimos años, tanto de forma directa como indirecta, a través de contratos gubernamentales, subvenciones y beneficios fiscales.*


En el resto del artículo se nos habla del programa español mediante el cual se quiere atraer a los investigadores que se sienten descontentos o incluso amenazados por las políticas agresivas del trumpismo en este campo. Las declaraciones de algunos de ellos que están ya dispuestos a asentarse en España o otros en países europeos confirma lo inhabitable que está siendo Estados Unidos para muchos.

Los negacionismos elevados al poder prohíben hablar de cuestiones como el "cambio climático", uno de los objetivos clave del trumpismo. Cualquier investigación que se dirija a este sector es considerada "peligrosa" y sancionado el proyecto y la entidad que lo sustenta mediante la retirada de fondos.

Durante décadas, los Estados Unidos han sido activos en lo que se llamó la "fuga de cerebros". Esto —de lo que nunca hablan Trump y los suyos— ha sido determinante del avance en la investigación de sectores punteros y, en la otra dirección, en la descapitalización científica de países enteres que veían impotentes cómo se le marchaban los científicos que habían formado con esfuerzo e inversión. La conversión de la Ciencia en un "mercado", con oferta y demanda, aseguraba la riqueza norteamericana y la pobreza de los demás, que apenas podían desarrollarse en ciertos sectores. En cuanto que esos sectores se convertían en atractivos, se escuchan los cantos económicos desde los Estados Unidos. Las promesas de mejores sueldos, inversiones y fluidez de recursos necesarios convencían a la mayoría.

BBC

Ahora esto ha cambiado. La administración y las empresas norteamericanas ya no tienen esa capacidad clara, especialmente en ciertos campos que se ven comprometidos. En el caso de Eric Hill, uno de los científicos que abandonan los Estados Unidos de Trump, señala en el artículo de RTVE.es:

Hill opina que el "clima de miedo" es "especialmente fuerte en agencias gubernamentales y centros de investigación, donde la gente teme perder sus empleos", aunque cree que "no se detiene ahí", ya que "incluso en instituciones académicas no gubernamentales, como las universidades, existe un riesgo real de perder subvenciones activas y futuras oportunidades de financiación". "Estados Unidos ha sido históricamente reconocido por la investigación científica, en gran parte debido a la significativa cantidad de financiación gubernamental que apoya la investigación básica, y este estatus está en peligro", advierte.

Además, critica la "decisión de la Administración Trump de cuestionar ciertos términos como cambio climático o desigualdad en salud, y desaconsejar fuertemente su uso a través de órdenes ejecutivas", lo que a su juicio "interfiere con la capacidad de los científicos para comunicar su investigación claramente", y "está a solo unos pasos de la censura explícita".* 

Hill es directo señalando los males que se han producido en esta locura norteamericana, como lo señalan otros entrevistados.

Hemos señalado en varías ocasiones que el movimiento trumpista no sabe o no quiere ver los efectos que causan y causarán sus movimientos. No hay que pedirle "inteligencia" a los que creen que pueden controlar los efectos en cadena que sus acciones producen a lo largo de todo el sistema. La idea desarrollada del ataque desde todos los ángulos hace imposible la prevención de sus efectos, máxime cuando se tocan sectores esenciales, como es la Ciencia y la investigación científica, una verdadera columna vertebral del desarrollo industrial.

Mientras por aquí discutimos si hay que hablar con China o cuándo es momento de viajar, los Estados Unidos de Trump tienen una auténtica pérdida de energía para su buen funcionamiento. Esto hay que aprovecharlo no solo de forma "política", sino desarrollando programas de investigación que conecten las universidades y centros de investigación con la industria.

RTVE 3/02/2025

Esto no es tan sencillo pues estamos viviendo malos tiempos para las universidades públicas por falta de inversión y estamos viviendo también malos tiempos para las empresas centradas en el desarrollo. El mayor problema es el modelo de sociedad y de persona que estamos produciendo en un país dominado por el modelo turístico, que es un regalo envenenado, destructivo del resto del tejido nacional, como vemos en el ascenso de la vivienda como el principal problema percibido. Somos prisioneros de nuestro modelo absorbente de riqueza, que absorbe recursos materiales y humanos.

La crisis que la enseñanza que padecemos en el ascenso de un modelo que solo necesita camareros y vendedores para aprovechar el turismo. Necesitamos trasladar nuestros recursos a algo con futuro y no algo que las danas se llevan por delante.

Tenemos que colocar la Ciencia en el centro y colocar el desarrollo científico en el lugar de la productividad, sino ocurrirá como tantas veces ha ocurrido, que los programas de investigación, las inversiones sirven solo para justificar la subsistencia de los sectores implicados, pero no van más allá.

Hay que aprovechar los errores del trumpismo, que acabarán llevando a los Estados Unidos al desastre y, algo peor, al militarismo como única fuente de influencia. La autonomía que se reclama debe ir más allá de lo militar y dejar de estar obligados a ir a remolque de sus políticas.

Hay que desechar la idea de que el trumpismo se acaba con Trump, pues lo importante es lo que han dejado al descubierto esas decenas de millones de votos, que independientemente de cualquier otra consideración seguirán reclamando su visión del mundo y el mesianismo del "destino manifiesto".

No es casual que sean los científicos las primeras víctimas, pues son ellos los que contribuyen a nuestra definición e interpretación del mundo, de lo posible. El trumpismo es autoritario y dogmático, rechaza el pensamiento crítico y la posibilidad de estar "equivocado", lo que lleva a esa inversión del conocimiento, a la huida de los nuevos Estados Unidos de todos aquellos que son incapaces de aceptar las falsedades como verdades indiscutibles y ser sancionados por ello.

Es el momento de invertir en educación, de hacerlo inteligentemente y con fines claros. Es el momento de atraer a los mejores y formar mejor en todos los sectores, de las humanidades a las ciencias básicas, pasando por las sociales y las aplicadas. No se trata solo del "empleo", palabra sagrada en un país con desempleo y malos empleos, se trata de formar mentes cultas, bien formadas en todos los sectores. Se trata de alejarnos de esos modelos fáciles, triviales, embrutecedores que llevamos cultivando a imitación del "modelo norteamericano", que vemos hasta dónde les ha llevado. Ellos importaban, compraban lo que necesitaban. Ahora el modelo se ha invertido y los mejores se van.

No cometamos los mismos errores. Invirtamos en ciudadanos inteligentes, aprovechemos lo mejor que nos llegue para recuperar el tiempo y energía perdidos. Demos sentido a la formación, a la buena formación, y dejemos de ver la educación como una mera cuestión de competencia; veámosla como una cuestión de ciudadanía, algo que abarque todo.

La ausencia de un auténtico diálogo social sobre nuestro modelo, sustituido por la gresca continua, hace que no aprovechemos las oportunidades y que seamos carne de mercado. Ahora podemos ver en los Estados Unidos de Trump el destino que nos espera con la expansión del modelo. Hace falta ciencia, buena ciencia; hace falta educación, buena educación. De no ser así, el futuro será entregado en bandeja al autoritarismo, al negacionismo. Será cuestión de tiempo, pues es de la incultura de sonde sacan el apoyo social que se acaba traduciendo en votos y estos en poder destructivo. 

* Samuel A. Pilar "España afina sus redes para pescar en el río revuelto de la ciencia de Estados Unidos" 16/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250416/espana-afina-redes-para-pescar-rio-revuelto-ciencia-estados-unidos/16515973.shtml

* Samuel A. Pilar "España afina sus redes para pescar en el río revuelto de la ciencia de Estados Unidos" 16/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250416/espana-afina-redes-para-pescar-rio-revuelto-ciencia-estados-unidos/16515973.shtml


domingo, 20 de junio de 2021

Las 7 magníficas o cómo cambiar bares por librerías (sí, ha leído bien)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La noticia me ha dejado anonadado. Leí el titular pensando que se trataba de un error, de otro país, de otro planeta. Pero, no, era aquí. Así lo presentaban en RTVE.es: "Un pueblo de la Costa Brava busca abrir siete librerías y convertirse en una villa de libros". La noticia ocupa 1:04 minutos; el texto está falto de acentos y hay hasta un inexplicable rótulo sobreimpresionado que confunde "Calonge" con "Catalogne". Pese a todo ello  lo que se nos cuenta es positivo, sorprendente, mágico. El texto resumen que acompaña a la breve pieza (una vez revisado en su falta de acentos)  es este:

 

Calonge es un pequeño pueblo de la Costa Brava, con un núcleo medieval que pasa desapercibido entre los turistas... Para revitalizarlo, el ayuntamiento quiere convertirlo en una villa de libros... Han hecho un llamamiento a los libreros y aspiran a tener 7 librerías... Y para conseguir que las librerías se instalen en el casco antiguo, donde ahora solo hay bares, el ayuntamiento ofrece ayudas de hasta 16.000 euros y otros incentivos...Ya se han interesado libreros, editores e ilustradores... El ayuntamiento quiere implantar el modelo de Urueña, en Valladolid, cuya atracción turística son los libros y la cultura.*

 


¿Es posible? ¿Es posible que se cierren bares y se abran librerías? ¿Es posible en España, tierra de bares y sombrillas? ¿Es posible en la Costa Brava, zona turística por excelencia?

El propio reportaje nos muestra el escepticismo de unos ("¿Siete librerías, aquí en Calonge? No sé..." o "Faltaría gente para tanta librería, yo creo...") al posibilismo de otros desde el sector, que ven que es posible sobrevivir si las librerías se especializan para evitar hacerse la competencia unas a otras.

Con todo, poner la librería sirve de poco si no hay lectores por los que competir. El problema de la competencia entre librerías solo se da una vez que se ha ganado la batalla primera, que es despertar el interés por la lectura. De poco sirven las librerías si no hay lectores. Aquí se nos plantea cierto problema del "huevo y la gallina".

Creo que uno de los mayores problemas de nuestro país, en lo que se refiere a la cultura, viene de pensarlo en términos de competencia —es lo primero que se les ha pasado a todos por la cabeza— y no en términos de conjunto, de sistema, por decirlo así.

Podríamos representar el descenso hispano a los infiernos de un bar por cada 170 personas sin que nadie se plantee aquí cuestiones de competencia. Parece que hay para todos. Aquí, curiosamente, nadie dice "No sé si habrá bebedor para tanto bar..."

Las librerías, como los cines, han sufrido fuertemente una reducción de su papel con la transformación de nuestra sociedad, modelada desde intereses económicos de desarrollo salvajes, entendiendo por este término que no se paró nadie a pensar demasiado en las consecuencias. También que se ha reducido todo a dinero. Siempre que se empieza a hablar de cultura, se acaba hablando de dinero. Habría que hacerlo cuando se tengan claras las causas y, sobre todo, los objetivos. Si se piensa en la supervivencia del sector no saldremos de aquí. Hay que trabajar sobre el país primero para que estos sectores culturales puedan sobrevivir.

Librerías y cines poblaban la ciudad de mi infancia y juventud... hasta que empezaron a desaparecer. Dedicaba muchas tardes de sábado a recorrer librerías simplemente paseando y entrando en ellas a ver qué había. Eso era posible porque tenían lo que se llamaba "fondo". Podías encontrar una gran diversidad de títulos, libros de décadas atrás, libros importados de Hispanoamérica. Llegado el fin de la tarde, regresaba a casa cargado de libros. Otro elemento, los puestos de prensa acristalados tenían la parte trasera y los laterales convertidos en expositores en donde se alineaban los libros de bolsillo. Eran también librerías, es estos quioscos, lo recuerdo, puede comprar los Cuentos completos, de Voltaire,  El vicario de Wakefield  o el teatro de Pierre Corneille, por citar solo algunos que me vienen a la mente. Todavía forman parte de mi biblioteca.



Las sesiones de videoconferencias durante la pandemia permiten comprobar que nuestras casas hoy carecen de libros. Esta generación siguiente ha crecido lejos de los libros, acostumbrada a las bibliotecas y a la búsqueda de información en Internet. Los ha visto como un gasto inútil y una ocupación de espacio. El ocio se rellena con otras cosas más allá de la lectura en forma mayoritaria. No se trata ya de reencontrarse en el ocio, como ocurre con la lectura, que es un acto concentrado e individual; sino que, gracias a las redes sociales, a la digitalización social masiva, se trata ahora de un tiempo compartido, relacional, absorbente y que compite por nuestra atención, como saben ya los economistas y psicólogos. Todo nos impulsa a salir de nosotros mismos y a encontrarnos fuera, ya sea en espacios virtuales (redes) o en espacios públicos (del botellón a la terracita). Y no hay equilibrio.

Por ello, sustituir bares por librerías es algo más que una cuestión de competencia entre negocios. Es más un cambio de modelo cultural y de vida. Hay muchos espacios, la Costa brava, es uno de ellos en los que ya se ha llegado a un nivel en el que la dependencia del modelo bar-turístico ha desbordado la paciencia de los residentes que no saben cómo cambiarlo, lo que acaba produciendo enfrentamientos entre los que llegan a disfrutar del exceso, los que se benefician de él y los que lo padecen.

Abrir 7 librerías tiene algo de "colonizar" el salvaje Oeste, intentando cambiar el modelo existente, atraer a otro tipo de visitantes con intereses distintos modificando la oferta. Crear librerías en vez de bares también ayuda a "silenciar" la zona, a cambiar por decirlo así su "banda sonora" de fondo. Es la forma de modificar el ruido de fondo y a traer un turismo más tranquilo.

Abrir librerías es un aviso, una forma de comunicar un deseo, una intención y una visión de otro futuro. Pero eso no bastará, más allá del problema de la "competencia".

Para que el modelo funciones, hay que diseñar un plan más amplio dotando de actividad a las librerías, no plantearlas como un antídoto frente al ruido y el exceso, sino convertirlas en centros de actividad. No hay que esperar a que alguien entre, sino que más allá de la recomendad especialización para evitar la competencia, lo que hay que hacer es crear una rica oferta cultural acorde con los perfiles que se han buscado, los de personas que disfrutan de la lectura y buscan la paz necesaria para poder realizarla.



Si yo fuera el Concejal de Cultura estaba ya diseñando proyectos para ofrecer a esos colonos lectores que vienen a traer "civilidad" un panorama de actividades culturales rico y variado, algo que haga que el turismo que les llegue desee algo más que beber y recuperarse en la playa.

Una vez que se ha apostado por el libro, habría que hacerlo por las actividades lectoras, por atraer autores a explicar sus obras, conferenciantes sobre temas relacionados con la cultura, atracción por el Arte y la Ciencia, encuentros para hablar sobre la lectura, concurso literarios, etc. Hay un sinfín de actividades que pueden ayudar a crear esa burbuja libresca a la que el libro es la puerta de entrada.

Uno puede ir a un lugar turístico porque hay muchos bares o porque hay representaciones de teatro, conciertos de cámara, jazz o recitales de cantos profanos o religiosos, antiguos y modernos; uno puede ir a un sitio donde la alternativa nocturna no sea qué bar elegir, sino a qué conferencia, recital o representación se va a asistir.

Con todo, en Calonge el año tiene los mismos doce meses que todos los demás lugares. Esto quiere decir que, más allá del periodo vacacional, está el día a día de todos los lugares en los que se están formando esas personas capaces de valorar, de apreciar un verano cultural, donde entrar a una librería sea un acto relajado e interesado. Si se trata solo de bajar la densidad de bares de las zonas, no llegarán demasiado lejos. Si, por el contrario, hacen una apuesta por el cambio de modelo, necesitarán más apoyo, más difusión, crearse una identidad clara que permita saber que los libros y las librerías no son anecdóticos.



El experimento de Calonge no es trivial. Es una elección que debe ser apoyada y estudiada. A lo mejor somos capaces de ajustar nuestra demanda cultural. Debería ser un toque de atención a la situación cultural real, no lo que produce económicamente, que parece ser lo único que importa a los sectores. Hay que reorientar nuestro sistema educativo básico, hacer que esa reforma llegue al propio mundo universitario, que adolece de una serie de enormes carencias en sus estamentos, condenado a estar separado de la sociedad por los propios sectores universitarios y culturales, que lo condenan a una comunicación entre pares y lo estigmatizan como sin interés para barrer la absurda competencia.

Cuando haya siete librerías en Calonge tendré envidia. Vivo en moderno pueblo, con mucho profesorado universitario por la proximidad a la Universidad Autónoma, con un elevado nivel cultural y económico, donde apenas existe una librería, especializada en literatura infantil primordialmente. Hubo alguna que prácticamente vendía los libros recomendados para su lectura en los colegios y los libros de texto, que han sido los que han mantenido la vida de estas pequeñas librerías, algo que no eran realmente, sino puntos de venta de algunas editoriales que les presionaban para vender sus bestsellers.

Las librerías han ido reduciendo su tamaño en las grandes superficies reajustándolas a lo que se vende y reduciendo su fondo. Lo mismo que se percibe en las Ferias de libro, todas las librerías tienen un fondo muy similar, de rápida reposición donde el libro desaparece pasados unos meses, desplazado por la siguiente apuesta editorial.

La editoriales pequeñas, que hacen una enorme labor, sobreviven con venta online o sirviendo a las librerías cuando los clientes les piden algo específico. Las librerías online han ido desplazando a las librerías físicas o, si se prefiere, ocupando un espacio que quedaba vacío por los cierres.

Nuestro problema es educativo y, en un nivel más profundo, de modelo social, de país que ha dejado de valorar la cultura social y personalmente, metido en un pragmatismo reduccionista y una limitación de posibilidades que nos embrutecen. No valoramos la educación porque solo le pedimos aspectos prácticos, porque no somos capaces de encontrar cuál es su sentido en un mundo cortoplacista y enfocado a un tipo de éxito basado en el dinero y poco más. El mundo digital nos ha pillado con una cultura sujeta con alfileres después de la explosión de los años 70 y 80, curiosamente los de la entrada en la democracia y en Europa, por lo que la responsabilidad de nuestra clase política es clara: no han sabido tener un modelo de país más allá de lo obvio. La caída de los medios de comunicación en un espectáculo trivial, llenos de personajillos fabricados para entretener (llevan décadas), faltos de responsabilidad y convertidos en promocionales más que de difusión cultural completan el cambio de pasar de una sociedad que aspiraba a la cultura a una sociedad que solo aspira a salir de la precariedad mientras nada en lo zafio.

Por eso iniciativas como esta de Calonge son gratificantes. Les deseo que se conviertan en un ejemplo de cómo se puede dar un giro al destino, que nada es irremediable mientras exista un punto de esperanza. Ellos han dado un primer paso. Tendrán resistencia y les llamarán locos. Eso lo hace más emocionante. Las 7 magníficas.

 


* "Un pueblo de la Costa Brava busca abrir siete librerías y convertirse en una villa de libros" RTVE.es 19/06/2021 https://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario-2/pueblo-costa-brava-busca-abrir-siete-librerias-convertirse-villa-libros/5947268/