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jueves, 20 de junio de 2024

Rusia y la desestabilización de los Juegos Olímpicos

 Joaquín Mª  Aguirre (UCM)

La sección de la página de RTVE.es llamada "Una mirada europea" suele traernos artículos de interés. Son artículos publicados en las webs de los medios de toda la Unión sobre diversos temas. Se nos amplía así nuestra visión del conjunto de los temas que preocupan más allá de la perspectiva local, algo de agradecer dada la monotonía que nos acompaña.

Nos quedamos esta vez con uno de los temas que más interés y preocupación suscita en este complejo verano que tenemos por delante. Me refiero al de los Juegos Olímpicos de París en su variante referida a la seguridad, algo que preocupa en muchos centros dada su visibilidad. Si bien hay temor a posibles atentados, los miedos no se quedan ahí. 

En especial, el artículo —firmado en su original francés por Apolline Merle—se ocupa del problema de la manipulación informativa y lleva por título "Por qué Rusia busca desestabilizar a Francia y la organización de los Juegos Olímpicos". Su origen es la cadena FranceInfo y nos explican en él:

[...] Desde hace varios meses, Rusia lleva a cabo una campaña masiva de desinformación y desestabilización en toda Europa. Pero Francia, con los Juegos de París 2024, está especialmente en el punto de mira. Es incluso el país más afectado.

"Hace un año, Francia atribuyó oficialmente por primera vez a Rusia operaciones de amplificación artificial de contenidos en las redes sociales como Doppelgänger [artículos falsos de medios auténticos]. Desde entonces, Viginum, el servicio francés de vigilancia contra las injerencias digitales extranjeras, ha denunciado un número creciente de injerencias digitales del Kremlin", señala David Colon, profesor e investigador en Sciences Po y autor del libro La guerre de l'information (Ed. Tallandier). La lista continúa: vídeos manipulados mediante inteligencia artificial, publicación de artículos de prensa falsos y un número creciente de acciones destinadas a desestabilizar a las autoridades.

El 2 de junio, el Centro de Análisis de Amenazas de Microsoft (MTAC) publicó un informe sobre la "intensificación" de estas "campañas de influencia maliciosas" dirigidas y coordinadas por Moscú, dirigidas a Francia, al presidente francés Emmanuel Macron y al Comité Olímpico Internacional (COI). "Estas campañas podrían ser un presagio de amenazas en línea para la competición internacional de este verano", advierte.*


Lo que hasta no hace mucho se consideraba exageración, la posibilidad de Rusia de manipular a Occidente con sus campañas desinformativas en todos los campos, se da ya por hecho en prácticamente todos  los centros de investigación política. 

Rusia practica la "ley del embudo", es decir, aprovecha la apertura informativa de los países europeos y, al mismo tiempo, restringe sus propias condiciones informativas. Esta diferencia le permite aprovechar las ventajas que le conceden las condiciones europeas para la manipulación a la vez que guía la propia percepción de los rusos, convenciéndoles de ser las víctimas inocentes del malvado Occidente.

Una de las cosas de más interés que muestra el artículo es precisamente hablar de "guerra de percepción", es decir, señalar que los esfuerzos rusos se centran en actuar sobre la percepción que se pueda establecer sobre ciertos aspectos que les interesen. De esta forma se produce un descrédito institucional que hace perder la confianza de los ciudadanos manipulados.

El objetivo es modificar la percepción sobre algún aspecto estratégico. El artículo señala la opinión de diversos especialistas sobre lo que suponen estas acciones del Kremlin:

"El presupuesto de la Federación Rusa para 2024 para operaciones de influencia asciende a más de mil millones de euros, lo que no incluye los presupuestos de los servicios de inteligencia ni las sumas invertidas por actores privados en particular", detalla David Colon.*

La creación de un clima de temor en torno a los Juegos es una forma de ataque programable mediante rumores, noticias falsas y demás formas de este estilo. Se siembran confusión y temores sobre la celebración que afecta a los actos, al ambiente que le rodea.

Los aparatos del Kremlin llevan años actuando para crear todo ese "mal ambiente" y sembrar desunión y desconfianza en Europa. Los resultados de las elecciones europeas recientes así lo confirman, pues Rusia es responsable en gran medida del ascenso de los populismos y de la pérdida de valores de la Unión.

Esperemos que los Juegos se puedan celebrar con el mínimo de interferencias. El cambio de estrategia no es tanto impedir que los juegos se celebren —eso queda para otros agentes exteriores—, sino en manipular la percepción de los mismos aprovechando su celebración desinformando, provocando descontento. 

Hoy no hay acto —de unas elecciones a unas Olimpiadas— que Rusia no trate de desestabilizar. Hay que ir acostumbrándose a ello y estar prevenidos. 

* FranceInfo: "Por qué Rusia busca desestabilizar a Francia y la organización de los Juegos Olímpicos" RTVE.es 18/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/

viernes, 27 de diciembre de 2019

Putin y Cataluña o fum-fum-fum

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No acabo de entender muy bien la información del diario El País sobre la presencia de espías rusos en Cataluña. Tras leer sus idas y venidas, sus llegada a Barcelona y salidas por Italia, etc. me quedo un poco como estaba. ¿De verdad tenemos que echarle la culpa a los rusos del desastre catalán? No digo que no hayan echado una mano allí donde hay tendencia al caos, pero todo el mundo sabe que los rusos están allí donde sea necesario para molestar todo lo que puedan, liarla si es posible y tirar la cerilla final si hace falta. Hace mucho que la estrategia de algunos países es ayudar en los incendios a que no se apague el fuego.
Vamos a tener de presunto ministro o vicepresidente incluso a un señor que se hizo famoso en una emisora iraní y ¿le vamos a poner peros a los rusos? Vamos a tener el gobierno a personas financiadas por el chavismo y ¿nos vamos a quejar? No lo entiendo muy bien.
Tras contarnos muchas idas y venidas por España de horas o días, el diario El País cierra su información yendo al punto central:

Fuentes de La Moncloa y del Ministerio del Interior declinaron ayer comentar los nuevos datos sobre la presunta presencia de tres agentes de la Unidad 29155 en Barcelona. El Gobierno en funciones de Pedro Sánchez ha mantenido un estricto hermetismo sobre las supuestas actividades de este grupo en España desde que el pasado 22 de noviembre EL PAÍS desvelase que el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón había abierto una investigación que aún mantiene secreta. De las pesquisas se había hecho cargo la Comisaría General de Información de la Policía Nacional, responsable de la lucha antiterrorista.
Fuentes diplomáticas españolas admitieron ayer que las sospechas del Gobierno español sobre la existencia de interferencias rusas vienen de lejos. “A partir de la primavera de 2018, y con posterioridad al caso Skripal, los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses facilitaron información sobre diversas acciones de desestabilización de los rusos en suelo occidental, que en el caso de España se focalizaban en Cataluña”, señalan.
El Kremlin y el Ministerio de Exteriores ruso han negado rotundamente cualquier tipo de interferencia en Cataluña y en los asuntos internos de España. A finales del mes pasado el Gobierno ruso cargó contra lo que definió como un “interés enfermizo” de algunos medios españoles en “resucitar” un “tema medio olvidado”. Moscú habló entonces de una “campaña anti-rusa”.*



Después de darnos constancia de entradas y salidas, no deja de ser fascinante que tanto detalle se resuelva sin un solo dato de lo que hicieron, si se tomaron un bocata de butifarra, por ejemplo, nada. Las "nada" en estas noticias siempre son más sospechosas que los "algo".
No sé tampoco a que llaman el Kremlin y el Ministerio de Exteriores ruso un "tema medio olvidado", que es una expresión interesante para un tango, pero que aquí no sirve de mucho. La noticia quiere llegar a ser, pero se queda en una insinuación de algo que todo el mundo sabe que es más que una insinuación: la participación rusa en todos los movimientos europeos desestabilizadores y, especialmente, los que contribuyen al desmembramiento de la Unión Europea, algo en lo que coincide con Donald Trump (Mr Brexit, quiere que le llamen).

Sorprende tanta insinuación en la noticia catalana cuando se han dado muchos más detalles de los contactos con los grupos populistas europeos, de Marine LePen a Nigel Farage, las maniobras rusas en Ucrania antes del derrocamiento del infame Víktor Yanukovich y con las posterior intervención. Tampoco hay que dejar las sonrisas rusas a países como Hungría, con otro destrozador de Europa, Víktor Orbán, o las visitas interesadas y circunstanciales de Turquía cuando se le aprietan los tornillos (aunque Turquía ya no sabe a qué jugar ya). Tampoco hay duda del papel que está jugando actualmente en países como Venezuela, ya directamente, sin necesidad de Cuba.
En fin, parece que el único sitio donde se actúa con sigilo es en Cataluña, una pieza de libros de la desestabilización desde que se persiguiera a los políticos catalanes en 2011 por las calles y alrededores del "parlament" y estos decidieran ponerse detrás en las persecuciones y no delante.


Desde que Rusia fue sancionada por la Unión Europea por lo ocurrido en Crimea y la frontera con Ucrania anexionándose territorio y levantando a los "prorrusos", vistiendo a los soldados de "civiles" (las madres rusas protestaron porque no sabían nada oficialmente de sus hijos, que según el ministerio estaban de "vacaciones", y querían pensiones por los muertos en esa guerra tan rarita).
Los intereses de los Estados Unidos de Trump han coincidido con la visión del mundo de Putin, reducción de Europa y China, con estrategias diferentes. A China le interesa un mundo en paz porque su fuerza es el gobierno; a los Estados Unidos, un mundo en guerra porque su negocio ha pasado a ser la protección y la venta de armamento, como bien saben los saudíes, egipcios, etc., principales compradores de armas. La OTAN ha pasado a ser un negocio norteamericano que no quieren que se les escape por exceso de "paz".


Los intereses rusos están muy claros en el debilitamiento de Europa, como lo están los de los Estados Unidos. Ya nadie habla del cerebro de la ultraderecha y del supremacismo blanco norteamericano, que se vino para Europa de "sembrar", el ex asesor de la Casa Blanca y cerebro estratégico, mente del sitio de noticia difusor de mentiras y conspiraciones Breitbart, Steve Bannon. De ese se habla poco, aunque no se sepa nada de los rusos, en cambio, de habla mucho si decir nada, porque nada dice El País en su artículo navideño.
Rusia está por toda Europa de forma presencial y virtual, suministrando informaciones y difundiéndolas, financiando y propagando noticias, a ser posible falsas, que son más baratas. Hoy eso es un hecho contra el que todos los países europeos han levantado defensas logísticas, digitales y legales, en especial durante las épocas electorales.


Ponerse a hablar de espías, divisiones especiales, etc. no es más que marear un poco la perdiz, hablar de dado por hecho y de lo que interesa es saber los detalles, como han salido a la luz en algunos países con detalles claros de financiación, viajes de políticos al Kremlin, etc.
Puede que se sepa tanto y tan suculento que no se pueda decir, pero no es la impresión que da. Traería mucha más cuenta dejar en claro las cosas que sabemos que imaginarnos las que podríamos saber.
El problema catalán puede tener salsa rusa como la puede tener barbacoa. Lo que se está construyendo estos días es un castillo de naipes en el que un estornudo (no sé si ruso o de otra nacionalidad) dará con todo al traste desde el momento en que alguien diga ¡basta! o las líneas rojas lo sea de vergüenza. Quizá estamos tan pendientes del detalle (la investidura) que no estamos viendo el aspecto del salón en el que pretendidamente se va a realizar la ceremonia de la confusión.
No, no hacen falta muchos rusos para este disparate propio. Estas cosas vienen ya de antes del zar Nicolás. No creo que haya unidad de inteligencia rusa que lo entienda y al que se lo cuenten después no se lo cree. Si no lo entendemos nosotros, ¡ya me contará los rusos! A lo mejor hay que pedirle sus notas a los espías rusos para acabar de aclararnos. ¡Quién sabe!
Si los rusos están invirtiendo en desestabilizarnos, se lo pueden ahorrar.


* "Tres espías de la unidad rusa investigada viajaron a Barcelona en 2016 y 2017" El País 27%12/2019 https://elpais.com/politica/2019/12/26/actualidad/1577390796_094918.html