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lunes, 15 de julio de 2024

Un mundo de bulos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El atentado contra Donald Trump es un mal misterio. Digo "mal" porque todo lo que no sea de una evidencia pasmosa apenas será tenido en cuenta. Este mismo fin de semana se estrenó la divertida comedia "Fly me to the Moon" (Greg Baerlanti 2024) que juega, pasados los años, con la idea de que se filmaba una versión en plató del alunizaje del Apollo 11 por si algo fallaba, una versión alternativa con la que frenar la propaganda de los soviets en la carrera espacial. Ya han pasado bastantes años y todavía hay mucho norteamericano que ni cree que se llegara a la Luna, que no cree que a John F. Kennedy lo matara "solo" Lee Harvey Oswald y otros clásicos de la incredulidad norteamericana.

El atentado de Donald Trump lleva el mismo camino. La oreja de Trump ya supera protagonismo a la de Van Gogh y la de Terciopelo Azul, la célebre película de David Lynch.

Antes de que Trump llegara al aeropuerto ya había distintas teorías de personas que, como usted o como yo, lo habían visto en la televisión. Eran teorías conspirativas de distinto signo. La publicación Newtral recoge una larga lista de rumores de toda procedencia y ningún fundamento sobre el atentado. Los hay desde los que lo consideran como un montaje de los propios republicanos hasta los que hablan de orden directa de Biden pasando por el "deep state". El que da primero da dos veces", dice el viejo refrán y esto parece ser una ley de la moderna sociedad de la información. El que da primero parece dejar a los que le siguen el trabajo de desmentir. Si para acusa no hacen falta pruebas, pero para desmentir, en cambio, sí.

El atentado ha convertido a Trump en una dulce oveja. Salen a relucir la caricaturas, las portadas, los chistes, etc. es los que se recogía su violencia verbal e ideológica (disparar contra los inmigrantes "a las piernas", por ejemplo) como injustas acusaciones contra este bendito candidato a la presidencia.

Es "normal" que esto ocurra. Del sospechoso acribillado en el tejado, el único detalle peligroso que se ha dado hasta el momento es que era muy bueno en matemáticas, por lo que ganó un premio. Por otro lado, han encontrado explosivos caseros en el coche y en su hogar.


Un gran titular de The Washington Post va al centro de la cuestión: "FBI searches for motive behind shooting". Esto, que es general, se ha convertido en el punto central del asunto. Y si no encuentran motivos, ya ha encontrado conspiraciones. La ausencia de algo claro nos lleva hacia lo oscuro y "lo oscuro" es ilimitado por definición. Cada uno verá lo que quiera ver en la oscuridad.

En Newtral, por ejemplo, se recogen las sospechas del momento que circularon sobre el autor:

Usuarios de redes sociales difundieron una imagen de un hombre vestido de negro, supuestamente llamado “Mark Violets” y miembro de Antifa, a quien señalaron como autor del tiroteo contra Trump, pero es falso.

La imagen mostraba al comentarista italiano Marco Violi sin relación con el atentado. 

Otros usuarios difundieron fotografías y un vídeo de un hombre de larga melena rubia que decía ser Thomas Matthew Crooks, autor del atentado contra Trump y que el FBI “había cogido al hombre equivocado”, pero es un bulo.

Se trataba de un usuario de X que se hizo pasar por el tirador y que, posteriormente, eliminó las publicaciones, como verificamos en Newtral.es

 

Se recogen igualmente las que hablan de un montaje republicano:

Poco después de reportarse el tiroteo contra el expresidente estadounidense, comenzaron a circular publicaciones señalando que el intento de asesinato era en realidad un montaje orquestado por la propia campaña de Trump para conseguir más votos en las elecciones presidenciales de noviembre. 

Los mensajes virales señalaban que las imágenes de Trump después del tiroteo —levantando el puño, rodeado de agentes del Servicio Secreto y con la oreja cubierta de sangre— eran “demasiado perfectas” como para no haber sido escenificadas, como señaló el investigador canadiense Amarnath Amarasingam especializado en extremismos.

La palabra “montaje” fue tendencia en X en las horas posteriores al atentado contra Trump, según The Washington Post, pero no hay pruebas de que el tiroteo fuera escenificado.* 

Por supuesto, las informaciones contra los demócratas salieron de todas partes:

Como informaron Bloomberg y The Washington Post, los bulos y las conspiraciones sobre el atentado contra Trump también se difundieron entre los seguidores del republicano. Muchos de ellos, incluyendo a legisladores republicanos, afirmaron sin pruebas que el tiroteo contra Trump había sido ordenado por Joe Biden.

El congresista republicano Mike Collins sacó de contexto unas declaraciones del presidente sobre el debate contra Trump para asegurar que “Biden dio la orden” y pidió cargos contra el demócrata por “incitar un asesinato”.

El senador republicano por Carolina del Norte Tim Scott afirmó que “fue un intento de asesinato ayudado e instigado por la izquierda radical y los medios corporativos”.

En esta misma línea, el usuario Shadow of Ezra, conocido por difundir desinformación y conspiraciones sin pruebas, publicó en X que “el Estado profundo intentó asesinar a Donald Trump” y que el tiroteo era “el precio a pagar [para Trump] por combatir a élites satánicas pedófilas” —haciendo alusión a la teoría de la conspiración QAnon.

De nuevo, acusó sin pruebas a la CIA y personalidades como Hillary Clinton o Barack Obama de estar detrás de la orden del atentado contra Trump.

El empresario y dueño de X, Elon Musk, también ha dado alas a los bulos y conspiraciones sobre el atentado de Trump cuestionando la labor del Servicio Secreto estadounidense.

Musk aseguró que el tiroteo se produjo por “extrema incompetencia” del Servicio Secreto o fue “deliberado”.* 

La información se cierra con las contestaciones por parte del Servicio Secreto a las acusaciones de que no cubrieron intencionadamente el acto. La desinformación es lo que parece cuando la información no lo hace. Es más, cuando lo haga será tal la cantidad de la desinformación circulante que dará casi igual lo que salga y se diga, nadie lo creerá.

¿Le importa a alguien? Me gustaría pensar que sí, pero no lo tengo tan claro en vista de la deriva que suelen tener estos casos. Nadie creerá lo que digan los demócratas, solo los demócratas. Los republicanos harán lo mismo, darán por buenas sus sospechas y desinformaciones. El reino de la desconfianza partidista, alentado por las distintas fuerzas que, sin duda, actúan —ya sea individuales, colectivas o bots controlados por IA— seguirá creciendo y reclutará sus locos vociferantes o silenciosos, armados con un rifle semiautomático, automático o manual.

¿A quién le importan los hechos? ¿Qué es un hecho? ¿Es posible frenar una sociedad que solo acepta lo que le gusta, que solo cree lo que quiere creer? ¿Cuántos locos nos podemos permitir? ¿Cuántos mentirosos? 

* "Imágenes falsas del tirador y conspiraciones sin pruebas: los bulos sobre el atentado contra Donald Trump" Newtral 14/07/2024  https://www.newtral.es/bulos-conspiraciones-atentado-trump/20240714/

jueves, 15 de junio de 2023

El tiburón conspirador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es evidente que el gobierno egipcio tiene un serio problema para intentar controlar la imagen del país y su proyección en el exterior. Son los problemas del aislamiento; de repente tu cabeza empieza a pensar de forma extraña, comienzas a hacer cosas raras que a ti te parecen normales y no entiendes las caras de asombro, horror, etc. de los que te rodean.

Hace cosas como, por ejemplo, convertir en delito dar información "falsa" sobre el tiempo, es decir, anunciar que va a llover y luego caen cuatro gotas, como comentamos hace unos días.

No hace mucho un tiburón se comió a un bañista ruso en aguas del Mar Rojo, en una zona turística. Los tiburones, por supuesto, no son turistas; viven allí, aunque no son exactamente "egipcios". Ante un hecho como este, se puede reaccionar asumiendo que los tiburones están ahí, que ese es su hábitat y que el turista es el que lo invade y que es cuestión de mala suerte que entre todos los bañistas llegue un tiburón y se coma medio turista ruso.

Como vivimos en los tiempos de la sociedad del espectáculo, tal como señaló Guy Debord, siempre hay alguien que paralizado por el espectáculo sangriento tiene la entereza suficiente como para mantener en alto su teléfono móvil y grabarlo.

Es cuando el gobierno egipcio se da cuenta, una vez más, se da cuenta que no puede controlarlo todo, que no puede evitar que el joven turista ruso esté en el momento equivocado en el lugar equivocado, delante de un tiburón que no mira el pasaporte. El inevitable ojo del móvil está también presente, por lo que el caso no se queda en algo entre el tiburón y su víctima, sino que el dúo se transforma en triángulo con el ojo que mira y, después, en eso que llamamos viral. Se difunde por las redes sociales y los medios de todo el mundo, atentos a estas cosas morbosas, le dedican sus páginas, como algunas que aquí mostramos, de la India a los Estados Unidos.

Lo que desde la perspectiva del tiburón no es más que un cambio de hábito alimentario dentro del normal de la naturaleza, en la que el fuerte se come al más débil, desde nuestra perspectiva cultural se convierte en algo más complejo: la CNN, por ejemplo, titula "Shark attack in Egypt kills a Russian citizen" (8/06/2023), ocho simples palabras que darían para varias tesis doctorales preguntándonos si, por ejemplo, el tiburón "sabía" que se trataba de un "ciudadano ruso" y de lo que suponen los ciudadanos de Putin para la economía egipcia cuando a los rusos los miran mal en muchos sitios a raíz de una "no guerra" entre Rusia y Ucrania. En un mundo en el que las presas se derrumban solas o los gaseoductos explotan solos en mitad del mar, ¿queda inocencia?

Inmediatamente, ante la avalancha de titulares y vídeos completos de asalto, el gobierno egipcio decide actuar para evitar lo que prevé será un desastre para su economía turística, la única que llegar realmente a la calle, aunque la privilegiada zona de Hurgada, en el Mar Rojo, es terreno acotado para muchos egipcios ante la prevención de posibles ataques terroristas anti turísticos (algo que hemos tratado en alguna ocasión en estos años). Nada hay sencillo en Egipto.

Ante lo viral del caso, el gobierno reacciona y lanza a la caza del tiburón a sus fuerzas disponibles. Hay que encontrar al asesino, al depredador desconsiderado que puede hacer tambalear los ingresos por turismo. Tiburones y mal tiempo son, junto a los terroristas, los enemigos a batir.

En la CNN se nos explican las reacciones y las medidas tomadas por las autoridades:

The incident took place in the popular tourist city of Hurghada on Egypt’s eastern coast.

Russian Consul-General Viktor Voropayev told Russia state-run TASS news that a Russian national who was born in 1999 “died as a result of a shark attack.”

“This has been confirmed by Egypt’s competent authorities,” Voropayev said, as cited by TASS.

Minister of Environment, Yasmine Fouad, ordered a committee to investigate the incident, according to a statement released by Egypt’s Environment Ministry.

She also directed local authorities to implement the “highest levels of safety for those who go to the beaches of the Red Sea, and to take all possible measures to avoid a recurrence of the shark attack incident again,” the statement said.

According to the statement, a specialized team was able to capture the “Tiger shark” that caused the incident “to examine it to find out the possible reasons for its attack and to indicate whether it is the same fish that caused previous accidents.”

The Environment Ministry issued a two-day ban on swimming starting Friday, including snorkeling and all other water sports activities in the area between Gouna to the north of Hurghada and Soma Bay to its south.

Over the past years, several similar incidents have happened in the Egyptian Red Sea.*

Toda la jerga oficial, toda la palabrería ministerial, acaba en la detención del tiburón. Intentar encontrar una explicación anti natural a un hecho natural quiere convertir el caso en resoluble, cuando el caso es claro: el tiburón siguió su propia naturaleza. El estaba donde tenía que estar, el joven turista ruso no.

La forma de frenar los efectos de este hecho convertido en mediático y morboso es la localización inmediata del tiburón y, de forma especial garantizar que es al que se le pueden imputar todos los "delitos" o ataques anteriores para tranquilidad de todos los bañistas.

Todos se lanzan a la captura... y lo logran. El tiburón es "detenido" y ejecutado sumariamente. Pero debe ser mostrado al mundo para tranquilidad turística y mantenimiento del flujo. Egipto es seguro.

Para asegurarse que es él se nos dan todo lujo de detalles sobre lo que encontraron en su estómago, como por ejemplo, la cabeza del joven bañista ruso para que haya duda alguna sobre su autoría.

Pero esto no es suficiente. ¿Todo acaba con la muerte del tiburón? No en Egipto. Las noticias nos hablan hoy de que el tiburón será "momificado" y expuesto en un museo. Supongo que es para convertirlo en una atracción más. ¿A quién le extraña que una momia en Egipto? Las hay de gatos que hicieron mucho menos. Me dicen que en los vídeos del tiburón cazado se escuchan diversos tipos de insultos al animal por intentar reventar el presente y futuro turísticos de la zona. Supongo que a los curiosos que vayan al museo, les seguirán los que escupirán a la momia del tiburón, maldiciendo su presencia.

En The New Arab se nos da cuenta del impacto del caso y de las interpretaciones que se han ido dando en ese mar de fuerte oleaje que son las redes egipcias: 

A deadly but rare shark attack is causing a media frenzy in Egypt. Some commentators even suggested a 'conspiracy' is behind the spike in such incidents.

A tweet by prominent Egyptian TV journalist Hala Sarhan on last week's attack seemed to suggest there was a plot targeting tourism in Egypt, one of the country’s key sources of national income. In a now-deleted tweet, she wrote: “I have been thinking…why it [the shark] came to us in the first place? A shark only lives in the deepest, dark depths. How could it move all this distance in water considered shallow to its [natural] environment [?]". 

The attack claimed the life of a Russian tourist in the Egyptian Red Sea resort city of Hurghada on 9 June. 

"It was said dead sheep were thrown into the water [from a ship] and were followed by the shark. [Let’s] think for a while of who could benefit from this…..It seems the shark has been sent deliberately to afflict…a source of foreign currency that has recently flourished," Sarhan added in the tweet. 

The tweet in question, which Sarhan removed shortly afterwards, outraged Saudi social media users who considered it directed against their homeland, which sits across the Red Sea from Egypt.** 

La incapacidad de muchos egipcios para reconocer que los tiburones viven en el agua y que los bañistas no; que los bañistas son bien recibidos a los ojos de un depredador que está en su medio, les lleva a buscar explicaciones realmente increíbles que se repiten cada vez que un tiburón sigue su naturaleza.

No es la primera vez que se invocan teorías de la conspiración. Recuerdo una antigua entrada del blog en la que se bromeaba sobre dónde había sido entrenado los tiburones asesinos para perjudicar directamente a Egipto.

Si no se puede echar la culpa al pueblo —algo tradicional y denunciado por diversos intelectuales— recurso habitual del poder, hay que echar la culpa a alguien. En este caso, es la competencia turística saudí la que saca provecho del incidente, como es denominado.

El comportamiento social egipcio, modelado por el gubernamental, el papel descarado de los medios y sus propios influencers con forma de presentadores, han creado una entidad de funcionamiento diferente al resto del mundo. No creo que haya un caso igual.

Los visitantes del museo donde pongan al tiburón asesino, el depredador conspirador, confirmarán cómo, una vez más, la rapidez y eficacia del gobierno egipcio, pudo conjurar los ataques desde la sombra de aquellos que les envidian.

Si la situación y las cifras egipcias empeoran, ya sabemos quién tiene la culpa: los mandaron al tiburón y los que lo difundieron después. Ellos cumplieron y como prueba ahí está el maligno escualo "momificado" en el museo.


 

* Mohammed Tawfeeq "Shark attack in Egypt kills a Russian citizen" CNN 8/06/2023 https://edition.cnn.com/2023/06/08/middleeast/shark-attack-egypt-red-sea-intl/index.html 

** Thaer Mansour "aws-dropping speculations: Shark attack in Egypt sparks conspiracy theory" The New Arab 13/06/2023 https://www.newarab.com/news/journalist-touts-jaws-dropping-egypt-shark-attack-conspiracy"

domingo, 20 de septiembre de 2020

La tarima como púlpito negacionista

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En la Universidad Autónoma de Barcelona hay quien se ha subido al púlpito a sacar pecho negacionista aprovechando que el público estaba en el aula. La Vanguardia se refiere a él como "el profesor negacionista" y lleva varios días escandalizando al personal, quizá, mejor, provocando a aquellos que cree que deben escucharle. No sé que tienen las tarimas que para algunos son tronos imperiales, sillas de San Pedro, monte Sinaí desde el que descender con sus opiniones esculpidas en piedra, tablas de la Ley de obligado cumplimiento. La cuestión central no son sus disparatadas opiniones sino el hecho que tengan los demás que escucharlas desde una tarima destinada a causas mejores. Nos cuenta el diario: 

El docente, Antonio Galera, que imparte Didáctica de la Educación Física a los alumnos de 3.º de grado de Educación Primaria, afirmó que no estaba dispuesto a respetar “medidas absurdas impuestas por un experimento social masivo”, según un portavoz del Consejo de Estudiantes de la facultad.

Además, les pidió que si querían llevar mascarillas en clase debían firmar un documento de responsabilidad. “Yo no llevo mascarilla porque no voy a atentar contra mi salud”, respondió ante las quejas de los universitarios, y les indicó que si no querían morir, que no se las pusieran. Alegó también que “las multas que impone el Gobierno son ilegales, y la distancia social es solo para controlarnos con el 5G y saber dónde estamos en cada momento”.

Los estudiantes se quejaron de la actuación del docente y de su discurso negacionista sobre el coronavirus al decanato de la facultad de Educación que inmediatamente lo trasladó al rectorado.

La portavoz de los estudiantes manifestó que ya se advirtió al decanato en junio que este profesor estaba difundiendo propaganda negacionista. “Si hubieran mediado, esto no hubiera pasado”, lamentó, aunque celebró la celeridad actual.*


 ¡Todo un paquete de ideas negacionistas! Incluyen teorías de la conspiración, negación de los hechos y de la eficacia de las medidas de prevención, en fin, todo un personaje en cuyas palabras resuenan ecos ya escuchados en diversas fuentes. Nos dice el diario que este docente ya acumulaba quejas por sus ataques al lenguaje inclusivo y algunos otros temas que no deben estar en su programa de formación en Educación Física, que debe ser su fuerte. Pero la tarima anima a compartir genialidades y memeces con los que tienen que estar abajo, pueblo al que se pastorea.

En estos días en que los docentes damos vueltas y más vueltas a la cabeza intentando lidiar con las incertidumbres de esta situación, en que tratamos de encontrar métodos, técnicas que permitan reducir el riesgo del COVID-19 al mínimo a la vez que evitamos la pérdida de nuestros programas, buscando equilibrios entre la seguridad de todos y las obligaciones docentes, nos entristecen personajes como el que La Vanguardia nos describen.

No ponerse la mascarilla ante los alumnos es malo, pero incitarles a que se la quiten es algo peor, mucho más grave. No sé las dudas de las autoridades académicas en la apertura de las diligencias y no sé si son los únicos que deben intervenir, cuanto menos alejando a este predicador de conspiraciones. Esto —lo repetimos una y otra vez— no tiene nada que ver con la libertad de expresión o con cualquier otro tipo de libertad. La prueba más evidente es que quien ha atentado contra ellas ha sido el docente al exigirles la firma de documentos a los que llevaran la mascarilla, como cuenta el diario. Es él quien ha atacado a los que, por ser sus alumnos, debían tragarse toda su perorata negacionista.

Ser negacionista es una desgracia, pero intentar imponérselo a los demás con riesgo de sus vidas y en contra de los protocolos de su propia universidad es algo más que un incidente. Es una provocación que, al igual que hicieron los colegios de médicos con aquellos que empezaron a negar las evidencias mostrando una grave irresponsabilidad, debería cortarse con claridad.

Los negacionistas necesitan de esa vehemencia delirante con la que se lanzan a la calle. Aquí el caso es distinto, ya que no ha salido a la calle con una pancarta, sino que ha exigido a sus alumnos unos actos que van en contra de ellos mismos. Aquí no hay ni libertad de cátedra ni libertad de expresión; hay, por el contrario, un abuso de poder claro.

Cuanto más estrictas tengan que ser las medidas, más buscarán titulares mediáticos con las que esparcir las absurdas doctrinas del 5G y cualquier otra memez importada de los Estados Unidos de Trump, de donde no sale una idea buena desde hace tiempo. Hay muchas cosas buenas que se podrían imitar, pero no desde luego estas paranoias sin fundamento que han ido creciendo aprovechando la expansión que las redes sociales y las nuevas tecnologías permiten. Lo que antes era solo un chiflado repartiendo panfletos en una esquina ahora es un flujo de información que se expande por el mundo gracias a los "amigos" que les financian y reproducen para crear caos desde la desinformación.

Hay que tener cada vez más cuidado, estar más atentos, para evitar que siembre el desconcierto y el descontento. Se aprovechan de los errores de comunicación, de las contradicciones nacidas de esa manía de intentar prometer para tranquilizar, que acaba volviéndose contra ti cuando las profecías de calores que matan virus o de vacunas inmediatas no se cumplen.


Creo que ya tenemos bastantes tonterías circulantes, tan tóxicas como el coronavirus pues nos acaban llevando a sus puertas. Son tiempo de apelar a la responsabilidad de todos y cada uno, de hacernos sensatos para poder salir cuanto antes de esta dramática situación.

El mensaje es muy sencillo y las evidencias están ahí; pueden pasar por las UCI a comprobarlo. No son tiempos de pánico, sino de frialdad y seguridad, de toma de decisiones inteligentes para encontrar alternativas a lo que no puede ser. Deberíamos estar más preocupados en encontrar alternativas que nos permitan seguir adelante que perdernos en tonterías o en debates interminables sobre una casuística infinita, tal como estamos haciendo y nos hemos cansado de repetir.

España era, según todos decían un país donde "se vive muy bien". Parece que ese bien no iba más allá de las cervecitas y el ocio nocturno, de las celebraciones cada fin de semana o de las consulta sobre dónde hay fiestas. Eso se nos ha hundido y muchos se empeñan en mantenerlo con los efectos que vemos cada día. El sacrificio de muchos no vale si hay una parte que sigue sin entenderlo y no quiere renunciar a esta forma de vivir que está expandiendo el contagio cada día. Pienso que son los que más se juegan —familia, empleo, salud— los que deben ser los más responsables, pero no lo tengo tan claro. El ejemplo de La Vanguardia no muestra lo contrario: una persona que tiene responsabilidades que llama a la irresponsabilidad.


Ha fallado la política de "abrir rápido". Sin duda. Ha sido como contener la respiración y luego estallar expeliendo el aire. Muchos han salido del confinamiento como el toro sale del toril, acelerado y buscando bronca. En esto se han equivocado los que pensaban que la gente había aprendido algo sobre lo que ocurría. Se les ha lanzado a tratar de recuperar lo perdido y hemos perdido lo poco que nos quedaba, con la sombra de nuevos estados de alarma encubiertos porque no se puede ya mencionar la soga, porque se te echan encima los poderes económicos.

Llámenlo como quieran, pero está claro que somos cada uno de nosotros los que debemos de tener la responsabilidad de nuestra salud y de los que tenemos cerca. Las reglas no son difíciles, si se quieren seguir. Volver a la cifras anteriores a la inefable "nueva normalidad" no significa estar siempre encerrados, sino tener cuidado y valorar lo importante para seguir adelante, dejando lo superfluo para más adelante y darnos entonces nuestros cotidianos baños de trivialidad.

La Vanguardia recoge las quejas de los alumnos, algo esperanzador: 

Los estudiantes se quejaron de la actuación del docente y de su discurso negacionista sobre el coronavirus al decanato de la facultad de Educación que inmediatamente lo trasladó al rectorado.

La portavoz de los estudiantes manifestó que ya se advirtió al decanato en junio que este profesor estaba difundiendo propaganda negacionista. “Si hubieran mediado, esto no hubiera pasado”, lamentó, aunque celebró la celeridad actual.* 

Hay siempre miedo a tomar decisiones, pero si no lo haces se vuelven contra ti. Los rectorados tienen que tener un papel menos político y más eficaz. Corren el riesgo de encontrarse entre dos aguas, la indignada que les llega desde abajo por la falta de medios y la que les llega desde los políticos empeñados en prometer sin los cumplimientos inmediatos que la situación requiere. Sigue siendo increíble que no se hayan tratado estas situaciones de manera clara hasta finales de agosto, más allá de las medidas que cada Universidad planteó, básicas, ante la falta de definición política, solo centrada en no perder la "campaña turística de verano".

Lo que tenemos por delante en nuestras universidades requiere mucha inteligencia y ejemplaridad para poder recorrer lo que tenemos por delante. Ya son bastantes los problemas que tenemos para que se den casos como estas llamadas negacionistas al incumplimiento.

Hay muchos intereses detrás del negacionismo, de la economía a la desinformación pasando por los conflictos políticos. Estamos cayen en el mal de las sociedades modernas que regresan a la brujería y a los dogmas.  Son sociedades de rumor, de plazas y foros. No hay que dejarse arrastrar y cortar tajantemente lo que atente contra la salud de todos. La universidad no puede ser un púlpito del negacionismo porque iría contra sus propios principios. El negacionismo no es "pensamiento crítico", sino puro mito y dogma.


 * Carina Farreras "El profesor negacionista del coronavirus regresó el jueves a la UAB sin mascarilla" La Vanguardia 19/09/2020

https://www.lavanguardia.com/vida/20200919/483539443693/profesor-negacionista-uab-coronavirus-barcelona-mascarilla.html

lunes, 12 de agosto de 2019

La tinta del calamar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No llego a imaginarme la tarea de los biógrafos de Donald Trump. Solo con el análisis de sus informaciones falsas habrá varios tomos. Por el contrario, si se trata de esquivar, se corre el riesgo de no saber qué decir. Del arte de la negociación pasaríamos al arte de la insinuación. Creo que nunca se ha producido un retorcimiento del lenguaje para decir y no decir simultáneamente.
En apenas unas horas ha conseguido llevarse a la opinión pública y los medios de sus ataques racistas a las cuatro congresistas norteamericanas a la nueva polémica sobre el suicidio en la cárcel del millonario acusado de mantener una red de abuso de menores, pasando por las polémicas de El Paso y Dayton. ¡Apenas unos días y ha conseguido tapar con sus siguientes escándalos los anteriores! 
En la CNN, Jeremy Diamond titula su artículo "Trump promotes Epstein-Clintons conspiracy theory, the latest in a pattern of baseless claims spread by President" para anunciar que el presidente ha cambiado de tercio con la idea de salir del embrollo en el que se había metido en El Paso. De esta forma, cuando se ve en aprietos, Trump introduce una nueva polémica. Tenían razón las congresistas demócratas atacadas por Trump: es una maniobra de distracción.
Todos los presidentes de todos los países, da igual de cual, usan los medios o tratan de hacerlo. Pero no creo que haya precedentes de un presidente como Trump. No hay precedentes de tanto descaro ni de la conversión de los tuits desde la Casa Blanca en fuente de desinformación e insinuación, como lo ha hecho el actual inquilino.


Sabedor de que el que "golpea primero, golpea dos veces", Trump tiene la ventaja de poder elegir siempre el movimiento arrojando, como el calamar, la tinta de sus tuits o declaraciones en cualquier lugar. Los medios se han jurado no dejarse arrastrar, conocedores de sus mañas, pero es imposible. No se puede ignorar al presidente de los Estados Unidos, aunque sea una máquina de fabricar noticias falsas e insinuaciones sin fundamento.
En cuanto que empezaron a salir las viejas fotografías de Jeffrey Epstein con Donald Trump, se veía venir. Epstein, se dice, presumía mucho de su bien cuidada lista de amistades poderosas, dinero y política o ambas cosas. Los Clinton estaban también en la listas, junto a otros, como uno de los príncipes de Gran Bretaña. La estrategia de Trump fue lanzar contra los demócratas el nombre de los Clinton en una teoría conspiratoria sobre el suicidio.
Escribe Jeremy Diamond resumiendo algunas otras campañas difamatorias de Trump a través de su Twitter:

Lawmakers and government officials have called for inquiries into Epstein's death, but none have gone so far as to even suggest that political rivals were behind it.
Unlike any other President before him, Trump has repeatedly promoted evidence-free conspiracy theories and falsehoods without regard for the consequences of his rhetoric.
Even before he was a candidate for President, Trump grew his following on the political right by promoting the conspiracy theory that President Barack Obama was born in Kenya -- and not the United States -- even after Obama released a birth certificate showing he was born in the US.
During his campaign for President, Trump spread a conspiracy theory linking the father of his then-GOP presidential rival Sen. Ted Cruz to the assassination of President John F. Kennedy. The Cruz campaign denied it was Rafael Cruz and Cruz, a Texas Republican, responded at the time by blasting Trump as a pathological liar.
And in the second month of his presidency, Trump accused Obama without evidence of tapping his phones in Trump Tower during the 2016 campaign. More than two years later, there is still no evidence that Trump's phones were wiretapped during the 2016 campaign.
Trump has also repeatedly claimed without evidence that millions of people voted illegally in the 2016 election; has fed conspiracy theories about a "deep state" of government officials working against him; and has also falsely smeared former special counsel Robert Mueller's investigation as a "witch hunt" and called the investigation into Russian interference in the 2016 campaign "treason" -- among many others.**


La lista de Diamond la integran algunas de las más conocidas, pero podrían recogerse otras muchas, algunas de ellas de gravedad para la propia reputación de los Estados Unidos.
La carencia de sensatez y su instinto agresivo son las condiciones que hacen de Trump un peligro para la política norteamericana y para los propios Estados Unidos, cuyo nivel de credibilidad desciende a la par que su presidente.
Los seguidores se encuentran pronto dentro de una burbuja envolvente que les explica la "realidad" según "teorías" carentes de pruebas, pero llenas de coherencias. Mediante estos relatos, Trump les distrae de la realidad que provoca y, a la vez, les va sumergiendo en un universo maniqueo lleno de coherencia. Trump no es un caos.
En su universo, todo es coherente. Los malos son siempre malos y los males siempre los provocan los mismos. Ellos —es conjunto de figuras invitadas, de Obama a los Clinton, de la prensa a China, de los mejicanos a Angela Merkel— son los responsables de todo lo negativo; él., por contra, es el remedio universal. Trump ofrece sentido, no realidad ni verdad, entes complejos y desprestigiados.

The Washington Post

Las preguntas que surgen, al margen del caso en sí, son sobre las posibilidades de mantener una democracia "sana" en un contexto de falsedades rápidamente construidas a través de los nuevos medios, muchísimo más rápidos que los convencionales. A diferencia de la información seria, que debe ser investigada, las mentiras se improvisan o simplemente se inventan. El viejo "sin comentarios" con el que muchos salían al paso en los momentos complicados, se ha sustituido por las riadas de comentarios en todo momento. Es el efecto de la carencia de filtros mediáticos.
Los nuevos medios, digitales (instantaneidad, velocidad, extensión, reproducción) y sociales (directos desde la fuente, sin control, anónimos si interesa) han transformado la forma de hacer política o, mejor decir, han incorporado a nuevos "políticos" que imponen sus maneras en un sistema de opinión pública basado en la atención.
Cuando Barack Obama ganó las elecciones, los analistas explicaron como un gran avance el papel que habían jugado las redes de comunicación para atraer votantes a su causa. Lo de Trump es distinto. Es un arma destructiva.


Trump tiene la misma cuenta que pueda tener el Twitter cualquiera. El poder se lo da la audiencia que consigue, con la que mantiene una relación intensa, convertido en su fuente de "verdad", en su desahogo de frustraciones y satisfacción de sus odios acumulados. Lo hace transmitiendo lo que los demás ya esperan. Se han hecho adictos a esta información que el presidente les sirve, en la que se plasma mediante insinuaciones sus deseos de destruir a los personajes a los que desean ver pisoteados. Los Clinton cumplen esos requisitos en los votantes de Trump. Recordemos los gritos de "¡enciérrala!" en sus mítines electorales y postelectorales. Trump canalizó todo el odio hacia ella y el ex presidente. Si Obama era malo, los Clinton eran peores.
En The Washington Post, Abby Ohlheiser titula "The dangerous cycle that keeps conspiracy theories in the news — and Trump’s tweets" en un análisis más intentando comprender el funcionamiento de Trump, sus argucias para tapar lo suyo y llevar la atención hacia otros mediante las teorías conspirativas:

Conspiracy theories aren’t fueled by facts; they are fueled by attention. On Saturday, a baseless conspiracy theory about the death of Jeffrey Epstein gorged itself on a feast of the stuff, as a viral hashtag spammed by believers trended on Twitter. In less than a day, a viral tweet from a conservative Internet personality promoting that hashtag — #ClintonBodyCount — was retweeted by the president.
This rapid spread on Twitter of an unsubstantiated claim (one, in this instance, that is in conflict with information from Trump’s own Justice Department) is not an aberration. It’s part of a cycle that represents social media platforms working as intended, showing users the things they are most likely to share and click.
Twitter in particular, as the platform of choice for many national journalists as well as Trump, has become the perfect vehicle for conspiracy theories, misinformation and racist screeds to find massive audiences, as messages grow from a few viral tweets, to a trending topic, to news coverage, to a tweet from the president’s popular account. The rapid spread of #ClintonBodyCount indicates that things aren’t really getting any better.**



En efecto, el futuro no pinta bien. Trump está mostrando un camino que le funciona (por ahora). La atracción a la política de personas sin escrúpulos, interesadas tan solo en el poder, está transformando nuestros sistemas de forma negativa. El aumento de las falsedades, de las insinuaciones, de la agresividad, etc. no pueden ser un buen sustrato para la convivencia o el bien común, palabras de las que los expertos en comunicación política se ríen por lo bajo. Sin embargo, deberían ser las bases políticas en los sistemas democráticos. Hay que recuperarlas y  abandonar la lucha marrullera del golpe bajo continuo. 
Trump está enseñando que cuando algo pinta mal, basta con echar pequeños ríos de tinta, los que caben en un tuit, que no son muchos pero que, por ahora, le valen.
De nuevo algunos analistas recomiendan a los medios no seguirle el juego. No es sencillo. Es un problema que se planteó desde el principio de su mandato, qué hacer con sus mentiras e insinuaciones. Mientras se piensa en una solución, el tejido social norteamericano sigue enfermo salpicado por esa tinta que el presidente esparce o da la señal de hacerlo a sus sicarios informativos.
La tinta del calamar tiene dos funciones, nublar la vista de su perseguidor e impulsarle en dirección contraria alejándose del peligro. Son los dos objetivos de Trump. Pero puede que en alguna de estas quede atrapado.


* Jeremy Diamond "Trump promotes Epstein-Clintons conspiracy theory, the latest in a pattern of baseless claims spread by President" CNN 11/08/2019 https://edition.cnn.com/2019/08/11/politics/jeffrey-epstein-trump-conspiracy-theory-clintons/index.html 
** Abby Ohlheiser "The dangerous cycle that keeps conspiracy theories in the news — and Trump’s tweets" The Washington Post 11/08/2019 https://www.washingtonpost.com/technology/2019/08/11/dangerous-cycle-that-keeps-conspiracy-theories-news-trumps-tweets/




sábado, 1 de septiembre de 2018

Creacionistas y conspiradores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Quedo perplejo tras la lectura del artículo publicado en el diario El País, con el título "Un fallo en el pensamiento que une a creacionistas y conspiranoicos". A veces uno tiene que leer varias veces los artículos divulgativos para poder llegar al meollo de lo que se afirma. Lo primero que llama la atención —para eso están, dirán algunos— es el sorprendente titular. ¿Qué es un fallo en el pensamiento? Desde luego, llama la atención por lo que expresa en sí y por lo que podemos entender.
Tras el titular, nos adentramos en esos pequeños resúmenes que nos adentran el tema propuesto y que, en este caso, nos cuenta lo siguiente: "Investigadores señalan aspectos comunes entre quienes creen que Dios lo creó todo tal cuál es hoy y los que afirman que los grandes sucesos siempre tienen conspiradores detrás". Me sigo quedando perplejo
Se excluye el llamado "deísmo", aquella "causa primera", que crea y se retira de la creación a contemplar cómo funcionan las cosas, sin conspiración alguna, entre otras cosas porque no tendría necesidad de ello. Está también el llamado "fatalismo" —sí, como el "Jacques el fatalista", el personaje de Denis Diderot— de los que creen que todo está ya escrito. Para estos, la historia de cada uno—no solo los "grandes sucesos"—  estaba ya "prevista" por Dios, por lo que aunque creamos ser libres, lo que ocurre ya lo sabía Dios. En eso se basa la idea de la omnisciencia, el conocimiento del pasado, presente y futuro. Nosotros nos creemos libres de decidir, pero (Dios) ya sabe qué vamos a decidir. La libertad, en este planteamiento, no es más que una ilusión. ¡Bendita ilusión!


En 2015, la BBC publicó un artículo titulado "El lado oscuro del genio Isaac Newton"**, acercando su figura y desmitificándola, es decir, señalando que era humano, hijo de su tiempo. Newton fue inspiración de los deístas de la ilustración, especialmente de Voltaire, que lo convirtió en su referencia. Él creía en el "Dios de Newton", un dios que hace leyes y no necesita de milagros o revelaciones, un "relojero" que pone en marcha el mundo y lo deja seguir. El artículo hace un recorrido por su vida y se cierra así:

Sus leyes del movimiento y teoría de la gravedad apuntalan mucho de la física e ingeniería moderna.
No obstante, él creyó que había sido puesto en la Tierra para descifrar la palabra de Dios, estudiando tanto las Sagradas Escrituras como el libro de la naturaleza.
Para él, la teología y las matemáticas eran parte de un proyecto para descubrir un sistema único del mundo.**


El Dios de Newton ya era una forma de despegarse de la creencia del Dios controlador, no del Dios creador. La idea de un "plan de Dios" está como tal en las religiones abrahámicas, no creo que lo esté tanto en las orientales, que buscan otro tipo de relación con el mundo. Pero el artículo da por descontado un dios "occidental".
José Manuel Sánchez Ron escribe en su obra "El jardín de Newton" sobre la importancia primera que para Newton tenía la teología. Las cuestiones estaban en los debates de su tiempo. ¿Había Dios creado un orden y unas leyes para después saltárselo milagrosamente? ¿Había contado sus planeas a alguien, eran posibles los profetas? ¿Era Cristo el "hijo" de Dios?
En el texto de Sánchez Ron se resalta esta preocupación teológica newtoniana:

De hecho, ni siquiera los Principia están libres del Newton teólogo. En la segunda edición —publicada en 1713, cuando tenía setenta y un años—, decidió cerrar su gran monografía con unas páginas dedicadas a la divinidad. Se trata del célebre «Escolio General», en el que pretendía poco menos que definir a Dios:   
Es eterno e infinito, omnipotente y omnisciente; esto es, dura desde la eternidad hasta la eternidad y está presente desde el infinito hasta el infinito: lo rige todo; lo conoce todo, lo que sucede y lo que puede suceder. No es la eternidad y la infinitud, sino eterno e infinito; no es la duración y el espacio, sino que dura y está presente. Dura siempre y está presente en todo lugar, y existiendo siempre y en todo lugar, constituye la duración y el espacio.   
En ese mismo «Escolio» también es posible adivinar algo que el propio Newton se esforzó por ocultar durante toda su vida: que era un hereje arriano, que su Dios no era trino, sino uno: «Dios —escribió allí— es uno y el mismo dios siempre y en todo lugar»***


La conclusión de un Newton no solo religioso sino herético, es decir, desviado de la religión desviada (el hereje no se considera hereje, sino que son los otros los que se apartan de la verdad que él sostiene) no debe extrañarnos, a menos que tengamos una visión simplista de cómo se ha ido desarrollando tanto la Ciencia como el "conocimiento", distinguiendo así la primera como actividad y el  segundo como resultado.
La idea de científico es relativamente reciente frente a las fases anteriores, "pre científicas", en donde se entremezclaban todo tipo de ideas, fines y creencias. Razón y experimentos son la combinación que permitió dar el salto hacia un mejor conocimiento, que nunca es final pero que aspira a ser mejor que el anterior, a explicar más y mejor.  
Newton buscaba en la Naturaleza una idea de dios plasmada en ella. Unos párrafos antes, Sánchez Ron nos desvela algunas de las creencias de Isaac Newton:

Las descripciones que en algunos de sus manuscritos hacía del monoteísmo primitivo y de los rituales de adoración después del diluvio, tal y como se practicaban en lugares como Egipto, Babilonia o Caldea, identificaban estrechamente la primera ciencia con la teología. Los sacerdotes y líderes religiosos de aquellas antiguas civilizaciones también fueron, argumentaba, sus científicos y filósofos. La astronomía había comenzado entre los sacerdotes egipcios y caldeos, que al decorar sus templos habían hecho de ellos réplicas exactas del universo. De hecho, atribuía a los antiguos el conocimiento del heliocentrismo copernicano. Los rituales religiosos escondían significados científicos: el movimiento de las procesiones de sacerdotes entre los egipcios, por ejemplo, demostraba que su teología estaba basada en la ciencia de las estrellas; de manera análoga, cuando los sacerdotes judíos se aproximaban al altar, daban vueltas alrededor del fuego, encendiendo siete lámparas para representar los planetas que se mueven en torno al Sol (Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y la Luna, considerada también como un planeta).***

En cierto sentido, Newton no solo creía en la "creación" (Dios lo había creado todo y no incluía idea de la evolución) sino también conspiranóico, como se aprecia claramente en el texto de Sánchez Ron.


La creencia en que todo había sido ya descubierto y que ese conocimiento total se mantenía en secreto se alimentaba de los logros olvidados de las civilizaciones extinguidas, especialmente —como ocurre ahora para algunos— de la egipcia, cuyos saberes se ignoraban completamente. La creencia en que los sabios se ocultaban para no revelar los secretos de la naturaleza a los comunes mortales sigue alimentando sueños conspiranoicos en la actualidad. Si los conectamos con los extraterrestres el cuadro nos queda completo para muchos que andan sueltos.
En el artículo de El País se habla del estudio académico realizado sobre las conexiones entre los creacionistas y los teóricos de la conspiración:

“Ambos sistemas de creencias comparten un sesgo cognitivo muy poderoso que conocemos como pensamiento teleológico”, apunta Dieguez. “Es una forma de enfrentarse a asuntos complejos pero que son fáciles de entender si disponemos de una causa lejana y última que hizo todo tal como está ahora”, continúa. “En el caso del creacionismo, esa causa última es Dios, que lo creó todo tal y como lo conocemos”, añade.
Esa manera de pensar dificultó la aparición de la teoría de la evolución, porque era una forma menos intuitiva de entender el mundo. “La forma de pensar que dice que los árboles tienen hojas para darnos sombra o que el sol sale para calentarnos, parece ser algo muy intuitivo y es la manera en que funciona el cerebro de manera espontánea, viendo que las cosas sirven para algo”, indica Dieguez. “Los niños pequeños, en su mayoría, piensan así, sean hijos de una familia religiosa o no. Y tampoco es una manera de pensar completamente estúpida, porque decir que los osos blancos son blancos para esconderse en la nieve tiene sentido. Esa manera parece la más fácil de asumir para el ser humano, pero el progreso científico y especialmente la teoría de la evolución de Darwin nos ha dado otra forma de ver la realidad”, remacha.*



Como todos estamos un poco "conspiranoicos perdidos", la idea de que "creacionistas" y "teóricos de la conspiración" estén "unidos" por algo supone ya una forma de teoría de la conspiración, ya que ambos tienen una dimensión "política" y no son excluyentes. Ahora bien, lo sorprendente es que esa unión no es algo que les caracterice a ellos solos —como parece darse a entender—, sino una forma humana de pensamiento. Es decir —y como se ha dicho muchas veces— nuestro cerebro busca explicaciones causales, conexiones, y no digiere bien la idea de "casualidad", "azar", "probabilidad", etc., conceptos esenciales hoy en muchas disciplinas
Nuestro cerebro se mueve mejor con explicaciones que se elaboran desde nuestra capacidad de manejar información con nuestros propios filtros cognitivos, que son causales. Por eso se hace la comparación con la forma de pensar infantil, que establecen este tipo de conexiones hasta que comprendemos que nos induce a errores en ciertos campos. Pero para andar por casa, por decirlo así, la Naturaleza nos ha dado un cerebro "suficiente"; este tiene que esforzarse en alejarse de sus mecanismos causales para poder avanzar hacia otro tipo de conocimientos.

Esto viene a decir lo que señalaba Augusto Comte en su explicación del "positivismo": cuando la humanidad no dispone de datos claros con los que elaborar teorías "científicas", desarrolla teorías "mágicas" o "religiosas". Para él, esta era la etapa primitiva de la Humanidad, la teológica. En ella se satisface esa necesidad de nuestro cerebro, la conexión entre lo que ocurre y una idea que lo justifique. Cuando no sabemos qué es un rayo, se lo apuntamos a Zeus. Hoy no tiene sentido hacerlo.
El progreso científico se produce precisamente por la capacidad de ir elaborando explicaciones (teorías) menos imaginativas y más basadas en los hechos (positivismo) y experimentaciones, cuando se puede. Para Comte, basarse en los hechos, en lo positivo, lo mensurable, era un signo de madurez histórica, de progreso, al que se oponían una serie de fuerzas históricas, la religión (estadio teológico) e incluso la abstracta filosofía (estadio metafísico), que elaboraban explicaciones sin fundamento o hablaban de cosas tan raras como los "entes" o de lo metafísico, algo que nadie había visto.
Al igual que pasaba con Newton, muchos de los científicos del siglo XIX seguían siendo creacionistas, al igual que seguían creyendo hasta el XX en que existía una cosa llamada ´éter" que les servía para cuadrar sus ideas del universo. No eran teóricos de la conspiración, sino —como Newton— hijos de su tiempo. Los cambios no siempre son tan obvios, especialmente, tal como ocurre en los siglos XIX y XX en que se realizan una serie de descubrimientos y se formulan una serie de teorías que cambian todo el pensamiento anterior y sacuden las bases de la cultura.
Cuando todo el mundo es creacionista, es decir, se piensa que Dios ha creado todo así desde el principio, no hay "creacionistas". Son el pensamiento "normal". Los creacionistas de hoy se caracterizan, en cambio, por llevar la contraria a las evidencias o a las teorías comúnmente aceptadas en el campo científico, lo que les hace negar la ciencia. Se ha invertido la situación. Hoy un "creacionista" es un negacionista de la evolución, en la medida en que no solo dice que ha sido Dios quien creó todo, sino todo a la vez y que esto no ha cambiado. Un teórico de la conspiración, además, es alguien que cree que existe un plan trazado para evitar que se sepa una verdad a la que ellos tienen acceso por medios diversos.
La idea creacionista muestra cómo el conocimiento científico tiene que luchar para convencer, no solo demostrar. No aceptamos lo que se nos demuestra, sino que muchas veces lo rechazamos por nuestros prejuicios, que son con los que se ha construido en el tiempo la cultura en la que vivimos. Hay que vaciar de vez en cuando la mochila de la Historia para seguir el viaje.


Nuestros conocimientos se traducen en infinitud de aspectos culturales de los que son versiones cotidianas. Quedan reflejadas en el lenguaje, por ejemplo, pero también forman parte del entramado de ideas.
Cuando la resistencia se hace insostenible desde la creencia, se produce el fenómeno de la conspiración, que sirve para agrupara a todos aquellos que se niegan a aceptar —por los motivos que sean— algo que ha sido asentado. En las sociedades modernas, las falsas creencias (no solo las indemostrables) pueden sobrevivir gracias a la articulación de los grupos, es decir, formando una sociedad consagrada al mantenimiento de esa creencia. Si Newton consiguió mantener en la sombra sus ideas para evitar ser considerado un hereje, hoy, en un ambiente más liberal e interconectado, los teóricos de la conspiración en cualquiera de sus versiones —religiosa, científica, política...— pueden manifestar sin temor aquello en lo que creen.
La idea ilustrada de que existiendo un mayor y mejor conocimiento de cómo funciona el mundo, iba a ser aceptada la visión científica se ha demostrado bastante ilusoria. Los teóricos de la conspiración abundan en un mundo de webs esotéricas o en la presidencia de los Estados Unidos, ocupado hoy por un astuto conspiranoico.


Lo que vemos, por el contrario, es que ese "fallo" de la mente que se nos dice que une a creacionistas y teóricos de la conspiración (en realidad el "creacionismo" hoy es una alternativa frente a la conspiración de los "materialistas" y "ateos"), sigue ahí. No es algo que les "una", sino que es la forma del pensamiento teleológico, es decir, que necesita de una explicación. El problema no son las "causas", algo importante en sus diversas formas explicativas, sino sostener explicaciones sin fundamento, demostración o experimentación, algo que las religiones reveladas dicen no necesitar porque parte de una verdad que les ha sido entregada ya. Les sobra lo demás, que perciben como atentado contra su creencia.
El gran salto dado por la Humanidad a través del conocimiento científico es la superación de dos cosas: la ignorancia (no saber) y el error (tener un conocimiento equivocado). La ignorancia se corrige ofreciendo conocimientos contrastados; los errores también se corrigen gracias al pensamiento crítico. Lo malo es cuando no queremos salir de los errores o nos contentamos con un "conocimiento alternativo" que no tiene más respuesta que la tautología. Es verdad porque lo ha dicho Dios y lo ha dicho Dios porque es verdad. Cualquier cuestionamiento de este principio dogmático supone hoy en muchos lugares la muerte.


La idea de que este tipo de pensamiento religioso dogmático impedía la penetración de la idea de la "evolución" es una obviedad enorme, de la que el propio Darwin se dio cuenta. No es fácil oponerte al pensamiento de tu tiempo y ser considerado hereje. Newton no veía contradicción entre el conocimiento de la Naturaleza y sus creencias teológicas.  Pero la idea de Darwin no hablaba del movimiento de los cuerpos, de los planetas, de la gravitación, etc. sino de la vida y nos unía con el resto de la Naturaleza, algo que muchos no llevaron ni llevan bien. El problema no es la causalidad sino el prejuicio. El problema real no es un "fallo" (también sería esto una teoría causal), sino no aceptar lo que puede someterse a experimentación y crítica, quedándose en "explicaciones" míticas o mágicas (en el sentido de Auguste Comte) sobre el funcionamiento de las cosas.
Los creacionistas del siglo XIX se enfrentaron a Darwin, pero entonces, esa era la doctrina oficial, igual que se usaba la Biblia para datar la edad del universo y se hablaba de lo antediluviano. Se inventaron teoría sobre catástrofes (el catastrofismo) para explicar las extinciones y los registros fósiles. Se trataba de justificar una idea sin más fundamento que la Biblia: que todo se había creado a la vez. Grandes eminencias de las mejores universidades lo sostenían. Hacerlo hoy sería absurdo y algo más que una conspiración. Formaría parte, como el título de la divertida novela de John Kennedy Toole, La conjura de los necios.


Buscar causas (o explicaciones) en lo que ocurre no es el problema en sí; de hecho, es la base de la Ciencia. Lo difícil de aceptar es el azar o que haya un plan premeditado (como bien se explica en el artículo original, al hablar de teleología). El problema que se plantea es poder pensar sin esa premeditación de la que la naturaleza no nos habla, pero cuya voz nosotros creemos escuchar. Por eso, llegados a un punto, la Ciencia tiene que luchar con nuestros conceptos básicos de la realidad, que se resuelven de forma contra intuitiva. La Naturaleza hizo nuestro cerebro para sobrevivir, no para ser "científicos". El serlo supone sobreponernos a nuestras propias percepciones y tratar de establecer las "leyes" que rigen el mundo, aunque sean de forma caótica. Hoy hablamos de caos, de complejidad, etc. comprendemos mucho mejor nuestras limitaciones. Algo importante: sabemos que hay cosas que no sabemos, algo esencial para dirigir las investigaciones. 
Hay científicos que tratan de mejorar los vacíos que haya en la teoría de la evolución o en cualquier otra. No es lo mismo que intentar negarla desde posturas dogmáticas y anticientíficas. El creacionismo o fijismo es negación de la ciencia y negación de la información de que disponemos en favor de dogmas.
La ciencia trabaja de otra manera o, simplemente, trabaja frente a la pasividad resistente. Hoy la Ciencia plantea problemas y establece tiempos y recursos para enfrentarse a ellos. Buscamos mejores soluciones, más elegantes, dentro de la provisionalidad del conocimiento en su marcha explicativa.
Teóricos de la Conspiración y creacionistas (fijistas), en cambio, son grupos cerrados, estáticos,  impermeables al cambio. No hay un fallo en el pensamiento; hay un no querer ir hacia adelante, apegarse a lo que se cree, inmovilismo. Pero como se suele decir, hay gente pa' to'. Lo preocupante es la fuerza que están cogiendo gracias a medios económicos, comunicativos y un ejercicio constante de proselitismo. Aprovechan dos cosas, lo complejo de las explicaciones científicas y una especie de apatía de la ciencia convertida en profesión. Y, por supuesto, la extensión de la trivialidad por todas partes como decorado de nuestras vidas.

 NOTA: Esta es la entrada 3.000 de Pisando charcos, un ejercicio diario que agradece al que está al otro lado de la pantalla su presencia habitual o esporádica. Gracias, lector y lectora, por acompañarme en estos viajes.

El artículo publicado en Current Biology "Creationism and conspiracism share a common teleological bias"

* "Un fallo en el pensamiento que une a creacionistas y conspiranoicos" El País 28/08/2018 https://elpais.com/elpais/2018/08/27/ciencia/1535387566_706330.html 
** "El lado oscuro del genio Isaac Newton" BBC 19/07/2015 https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150707_isaac_newton_secretos_oscuros_finde_dv 
*** Sánchez Ron, José Manuel (2009) "El jardín de Newton. La ciencia a través de su historia". ed. Crítica.