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lunes, 3 de mayo de 2021

El silencio del látigo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En muchas ocasiones en estos años hemos hablado aquí del peligro constante para las mujeres en Afganistán, de cómo lo que han conseguido hasta el momento, se perderá por ser una sociedad profundamente machista y retrógrada en todos sus estratos. Lo que han podido hacer las mujeres ha sido vigilado y anotado, por lo que  es más que probable que la salida de las tropas norteamericanas e internacionales del país sea seguida de un tsunami patriarcal que devolverá las cosas "a su sitio".

Los talibanes regresarán y lo harán con acuerdos con los que ahora están en el poder para retirar a las mujeres lo que han conseguido en educación, trabajo, toma de decisiones propias o cualquier otro de "veneno" a los ojos de los rígidos teólogos armados, de mano dura y castigo pronto, deseosos de reinstaurar el reinado de Dios entre los hombres, volviendo al orden natural que, a sus ojos, nunca se debería haber abandonado.

Con los talibanes no se puede negociar porque, para quien cree que cumple el orden divino, cualquier concesión es traición a ese mandato. Los talibanes, además, firmarán lo que haga falta y regresarán satisfechos por haber engañado a los infieles, agradeciendo su propia astucia y celebrando la estupidez de sus cándidos oponentes.



Antena 3 recoge una noticia que puede ser un anticipo de lo que ocurrirá en breve de forma generalizada. Lo hace con el titular "Un tribunal talibán condena a 40 latigazos a una mujer por hablar por teléfono con un hombre" y nos cuenta:

 

Una mujer ha sido sentenciada a recibir 40 latigazos después de haber hablado por teléfono con un hombre. En 80 segundos, la mujer fue sometida a este brutal castigo mientras se encontraba en medio de un círculo donde el resto de personas observaban.

Según informa 'France 24', el vídeo donde se muestra la ejecución de la condena fue subido a internet el 13 de abril de este año, pero se trata de un castigo que tuvo lugar a finales de 2020, aunque no se ha podido determinar la fecha exacta de la grabación.

Los hechos han sucedido cerca de la ciudad afgana de Herat y el vídeo subido a las redes muestra a una mujer arrodillada y vestida con un burka en mitad de un círculo de personas que han acudido a ver el castigo. Uno hombre con una larga barba blanca la guía hasta el centro del corrillo y después se une a otros tres hombres locales que son unos autoproclamados jueces a los que se les conoce como 'ancianos' y que han dictado sentencia.

Una vez allí, empiezan a darle latigazos durante un minuto y medio. Comienza a azotarla uno de ellos, y al rato, continúa otro. En mitad del brutal castigo se escucha a la mujer llorar y gritar mientras dice "me arrepiento, es mi culpa, me equivoqué".*

 


La brutalidad de lo descrito no es una excepción, algo que rompe la rutina, y debe ser considerado como el regreso a la "normalidad". No es una anomalía, sino un ritual, el regreso a la "verdadera ley". En el ritual se fija la "falta", el "castigo" que merece, la víctima y otros dos elementos esenciales: el pueblo que mira y aprende, por un lado, y quién es la autoridad que impone y ejecuta el castigo. Como es propio de esta forma de "justicia", la ejemplaridad es esencial porque es acto ese doble: castigo y aviso.

Es, sobre todo, un recordatorio de que Dios ha vuelto, pues todo esto, el castigo, se hace en su nombre, para reinstaurar ese orden que tiene al varón como responsable de corregir las acciones reprobables y velar porque no se produzcan.



La reproducción en las redes sociales es una forma de pregonar la vuelta del orden. Es lo mismo que hacían los yihadistas cuando elaboran vídeos con decapitaciones. Su efecto, como el de la antigua poesía, era hacer que el nombre de Dios llegara más lejos avisando a los que querían desafiarlo. El castigo en la intimidad no tiene sentido.

¿Volverá esto con la salida de tropas? Con toda probabilidad, porque nunca se ha ido. Los talibanes siempre han sostenido la idea de su regreso. Dios no puede ser derrotado, por lo que cualquier victoria enemiga solo puede ser provisional. Eso lo saben bien los afganos porque se lo habrán repetido una y otra vez.

Los que hayan creído que un cambio es posible empezarán a hacer maletas o arriesgarse a una muerte más que probable. Ya son muchas las mujeres que, tras su educación o tareas profesionales en estos años, han enfilado un exilio anticipado. Saben que serán las primeras víctimas del regreso de los talibanes. Pocos países han cambiado tan poco en esto. Afganistán ha sido un país comunista en la época soviética y luego tomado por los Estados Unidos y fuerzas aliadas. Bin Laden luchó junto a los estadounidenses para "liberar" Afganistán de los ateos comunistas. Lo que hizo después lo sabemos todos. Afganistán se convirtió en su principal centro de operaciones y desde allí creó Al-Qaeda.



Las mujeres temen más que nadie el regreso de los talibanes. Saben que lo que han conseguido les será retirado por una sociedad patriarcal en la que muchos hombres agradecerán la devolución de su autoridad perdida, que ellas serán el camino por el que ellos mostrarán su virtud fiel. Como ha ocurrido también en otros lugares, el castigo a la mujer es la forma de mostrar su sentido correcto de la justicia a costa de las mujeres de su propio entorno. No hacerlo, por el contrario, sería tomado como un símbolo de "dejadez", de "debilidad", de "traición a Dios", en suma. Ellas serán el camino para el prestigio ya sea por la obediencia plena a las normas o por ejecutar castigo o señalar la falta denunciando para que este se cumpla.

Afganistán es el país del burka, de las narices cortadas, del ácido en la cara. Está considerado como uno de los peores países en los que ser mujer, si no el peor. Pruebas hay de su militancia contra las mujeres y cualquier avance que signifique perdida de la autoridad patriarcal en un pueblo endurecido como la propia tierra. Ya sea por lo que dicen o por lo que hacen o simplemente por hablar, las mujeres afganas son culpables y el inicio de un castigo virtuoso que debería extenderse al mundo.



Me gustaría equivocarme, pero mucho me temo que pronto llegarán historias como esta o peores. Esta vez el crimen ha sido hablar con un hombre por teléfono, dentro de poco será tener el teléfono. El silencio a las mujeres se impone a latigazos en Afganistán. Después, las muertes de las insumisas serán aplaudidas como muestras de piedad.



El teléfono es un vínculo con el mundo, con los otros. El castigo no es casual, no solo es por hablar con un hombre. Va más allá y busca aislarlas, como lo hace el burka, dejarlas fuera, convertirlas en figuras fantasmales y silentes. 

Basta la sospecha; hay que evitar la tentación de la llamada. Cada mujer que tenga un móvil será ya culpable y tendrá que aceptar su castigo. Eso es lo que han hecho los viejos sabios. mostrar el camino a todos, mostrar que la virtud finalmente vence y regresa para devolver el orden perdido. La mujer será pronto controlada, devuelta a su lugar en el silencio y en la invisibilidad. 

El látigo ha vuelto a imponer su silencio; pronto solo quedará su sonido sobre los gritos del arrepentimiento, hasta llegar al silencio final, solo roto por las llamadas a la oración.

 


* "Un tribunal talibán condena a 40 latigazos a una mujer por hablar por teléfono con un hombre" Antena 3 Noticias 0/2/05/2021 https://www.antena3.com/noticias/mundo/tribunal-taliban-condena-40-latigazos-mujer-hablar-telefono-hombre_20210502608e894ccfc90e0001880136.html

sábado, 3 de septiembre de 2011

Coloreando el odio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En Estados Unidos se acaba de publicar un libro conmemorativo del 11-S, «We shall never forget 9/11: The Kid’s Book of Freedom», del que sea hecho eco ampliamente la prensa. Nadie duda del derecho al dolor, a la indignación y al recuerdo de las víctimas de uno de los grandes actos criminales de la historia moderna, el atentado del 11 se septiembre en Nueva York. Muchos no pondrán siquiera en duda la acción que llevó a la muerte al terrorista Osama Bin Laden, responsable último de aquel y otros crímenes, con dos millares de muertos inocentes de cualquier culpa.
Pero lo que repugna de esa publicación conmemorativa es la instrumentalización que asoma tras el hecho de ofrecer a los niños la posibilidad de colorear la situación de la muerte de Osama Bin Laden. En un post anterior criticamos la negativa de las autoridades palestinas a que se enseñara en las escuelas montadas por la ONU el holocausto del pueblo judío en manos de la Alemania nazi. Nos parecía entonces que la enseñanza nunca debe ocultar la verdad y que este hecho no es más que una forma de manipulación de las personas más indefensas intelectualmente, los niños. Una cosa es la enseñanza, que supone respeto, y otra el adoctrinamiento, que crea servidumbre.
Con la misma contundencia se debe condenar una visión de la educación que confunde el recuerdo positivo de los muertos con la recreación simbólica, pues no es más que eso pedirles que recreen el dibujo coloreándolo, de la muerte del asesino. Hay cosas que no se pueden simplificar porque no lo son.  Deberíamos, a la vista de lo que hay, tener más cuidado con las semillas que lanzamos. El recuerdo de los crímenes de Noruega están demasiado próximos. Demasiado dolor creado por el odio.

El anuncio oficial de la muerte de Osama Bin Laden
No hay nada que cuestionar: Bin Laden era un asesino. Pero no se trata de eso, sino del ejercicio manipulador, de la perversión del dolor que conlleva. Aprendí que no había que celebrar la muerte de nadie, ni de mi peor enemigo, ni celebrar las desgracias de otros. Llorar a los muertos y pedir justicia es loable. Recrease en el castigo y hacer que se instaure esa práctica en la mente de los menos protegidos, los niños, es un hecho repudiable. No tiene nada que ver con la memoria.
La responsabilidad de esto es siempre de quien lo hace. Hay muchas personas en Estados Unidos que señalaron en la muerte de Bin Laden que sus sentimientos les pedían llorar a sus muertos, pero no salir a festejar la muerte de su asesino. Estas dos actitudes diferentes retratan a quienes las mantienen. Hay una diferencia entre poder descansar cuando desaparece tu enemigo y la recreación permanente de su ejecución.

Hay un cuento sufí en el que dos hombres van por un camino  y, ante la vista de una prisión cercana, uno de ellos le comenta al otro que estuvo allí preso hace años y que desde aquel día no ha dejado de odiar a sus carceleros. «Pues entonces nunca has sido libre» —le comenta el otro— «siempre has estado entre sus muros». El que mantiene vivo el odio es preso del odio, como el recluso que nunca abandonó mentalmente su celda porque no pudo olvidarse de sus carceleros. Las verdaderas cadenas son nuestros odios, que son los que nos dirigen y condicionan. El que odia nunca es libre.
Afortunadamente son muchas más las personas que prefieren no dejarse llevan por esas cadenas que envilecen y poder seguir el camino de la vida libres del fardo de los odios. La mochila de la ilusión es más ligera que la del pesimismo; la de la alegría, más gratificante que la del odio.
Lloremos a los muertos y a los mártires, pero no convirtamos esas lágrimas en riego del futuro porque contienen la sal que todo lo seca, la del odio. Enseñar el odio o el escarnio solo es sembrar espinas para el mañana. Nos les enseñamos a superar el pasado, sino a repetirlo.
El odio no se puede colorear. Es siempre en blanco y negro.




sábado, 14 de mayo de 2011

Los mensajes póstumos de Osama Bin Laden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Entre la documentación obtenida en el refugio de Osama Bin Laden se han encontrado mensajes grabados de audio apoyando los alzamientos populares de Túnez y Egipto. Llama la atención de las fuentes citadas en la información de EFE/El Mundo* que el mensaje, a pesar de haber sido grabado a finales de abril, no haga mención de los procesos en marcha en Libia, Siria y Yemen.
Sin embargo, creemos que nada más natural. Egipto y Túnez son procesos en una fase distinta que los del resto de los países mencionados. Los mensajes de Bin Laden no son un “blog” de opiniones. Son armas verbales cuya intencionalidad va más allá de lo que se expresa. Es ingenuo pretender que manifiestan su opinión y no su estrategia.
Por más que algunos quieran que se perciba otra cosa, la mayor parte de los países árabes no están ni han estado del lado de Bin Laden, al que veían como un peligro incontrolado y contraproducente. Bin Laden estaba refugiado en un país musulmán, Pakistán, pero no árabe. Esto no debe olvidarse.
 Debemos entender estos mensajes grabados en los contextos estratégicos de los dictadores y del terrorista. La estrategia de los dictadores vendiendo “protección” a Occidente frente a Bin Laden y Al Qaeda era una forma de asegurarse apoyos exteriores y su mantenimiento interior. Han sido perseguidores de sus propias fuerzas de oposición en el nombre del antiterrorismo. No debe llamar la atención de que Bin Laden se felicite por la caída de estos enemigos relativos.
Lo que nos puede llamar la atención —y debe ser analizado— es por qué no manifiesta su apoyo a los pueblos en lucha. La razón es muy sencilla: no se ha decidido nada todavía. Las espadas están en alto. Dentro de sus planes no está el apoyar a unos o a otros, sino utilizar al que gane. Bin Laden no creía, como buen islamista radical, en los estados, creía en la unidad religiosa, en una unidad superior, el Islam, el reino de dios. Los enemigos serán finalmente barridos. El convencimiento de su triunfo era absoluto porque es el deseo de dios y nada se opone a sus designios. Lo que le toca al hombre es hacer desaparecer a los que los obstaculizan y para ello tiene libertad de recurrir a cualquier método o estrategia. La más adecuada es felicitarse porque se han eliminado algunos enemigos en el camino. Bin Laden sabía que su función no era entrar en las ciudades con una espada de fuego al frente de ningún ejército. Era visionario, pero en absoluto un loco. Sabía que su función era hacer el daño suficiente como para que los pueblos "dormidos" tuvieran en mente la debilidad de sus contrincantes. Los atentados de Bin Laden son osados porque además de ser destructivos buscaban la insolencia, mostrar al enemigo su vulnerabilidad. También intentar levantar a los pueblos contra cualquiera que se oponga a su visión del Islam. El problema para Bin Laden es que los pueblos no se han levantado siguiendo sus instrucciones y metas, sino las suyas propias. Ahora la estrategia es otra. Por eso es importante evitar que intente sembrar el descontento en los países que se escapen de sus objetivos de futuro.

 
Llama la atención a los informadores, finalmente, que no haya apoyado al pueblo libio en contra de Muamar El Gadafi, sabiendo el desprecio que le tenía. Es algo completamente lógico porque el primer empeño de los libios ha sido dejar claro que ellos no son terroristas ni tienen nada que ver con él. Tanto Gadafi, Bashar Al Asad, como Ali Abdullah Saleh han acusado y siguen acusando a sus pueblos de ser terroristas de Al Qaeda para poder masacrarlos. Gadafi es el extremo opuesto a Bin Laden. Gadafi es un dictador narcisista y enloquecido, sediento de culto a su grotesca figura, el centro de las miradas. Gadafi es un actor; Bin Laden era un guionista, alguien que escribe la historia.
Como ya señalamos, el enemigo número uno de los países árabes es Bin Laden [ver entrada]; no persigue fines materiales o de progreso, sino otro tipo de metas. Ninguna de las reivindicaciones de los pueblos en rebelión tiene nada que ver con las pretensiones de Al Qaeda. Por eso ven con recelo cualquier tipo de cambio que no vaya en la dirección que a ellos les interesa y simplemente intentan no dejar en mal lugar a los apoyos radicales que puedan tener en cada país hoy o en el futuro. La astucia y la adulación siempre han sido armas útiles. ¿Por qué crearse enemigos?
Cualquier intento de hacer ver que pudiera haber un interés común en las revoluciones populares de Egipto y Túnez con los intereses de Al Qaeda es ir en contra de los evidencias diarias, es cometer una gran injusticia para con millones de personas que son etiquetadas contra sus deseos y ven cómo se pervierte el sentido de sus reivindicaciones. Los integristas de cada país han sido los últimos en sumarse a las revueltas, recelosos como siempre de saber qué podía interesarles más. Tendrán sus propias estrategias, pero no las podemos extender a la mayoría. Los que esperan que la historia se cumpla no suelen tener una prisa excesiva y confían más en las estrategias que beneficien en cada paso que en los grandes esfuerzos inútiles. Tienen la eternidad por delante.

* "Bin Laden muestra su apoyo a las revueltas en Túnez y Egipto en su última grabación" El Mundo 14/05/2011 http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/14/internacional/1305339812.html

martes, 3 de mayo de 2011

Ritos y latidos sincronizados


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El tradicional pisado de las brasas en el pueblo de San Pedro Manrique (Soria) en la noche de San Juan ha servido para un interesante descubrimiento realizado al monitorizar a los participantes. Normalmente, el interés se centra en saber porqué no se queman, la relación con el dolor, etc. Pero esta vez el experimento, según nos cuenta The New York Times*, se ha centrado en otros campos.

 
El descubrimiento realizado se refiere a las sincronizaciones cardiacas que se producen entre los que están sobre las brasas y las personas más allegadas, como los familiares o amigos. El experimento, realizado por científicos daneses, norteamericanos y neozelandeses de distintos campos (neurociencias, antropología, cognitivistas) ha llegado a la conclusión** de que en este tipo de rituales intensos se establecen conexiones diferentes entre las personas con las que compartimos algo y con aquellas que nos son distantes. El experimento revela que entre los caminantes y sus más allegados asistentes, por un lado, y los simples espectadores hay diferentes formas de vivir las experiencias que están compartiendo:

This indicates that the mediating mechanism may be informational, because participants and related observers had very different bodily behavior. This study demonstrates that a collective ritual may evoke synchronized arousal over time between active participants and bystanders.**

El estudio busca ahondar en el conocimiento de la función de cohesión social de los rituales y hacerlo a través de indicadores biométricos, como los monitorizados en los participantes y asistentes. Que los rituales tiene como función la cohesión social es una intuición que podemos tener todos, pero que es necesario demostrarlo por medio de este tipo de experimentos. Lo interesante es la diferencia de reacciones en función de la proximidad afectiva de los participantes.
Estamos rodeados de formas rituales de cohesión. Las más a la vista han sido las manifestaciones que se han producido en estos meses, en los que la cohesión se ha mantenido a prueba entre manifestantes enfrentados a duras pruebas de resistencia física y psíquica. La fortaleza que muestran muchas personas está tomada del conjunto mediante mecanismos de trasvase o intercambio —el carácter informativo al que hacía referencia el artículo— entre unos y otros. Para que eso exista tiene que darse, como señala el estudio, la conexión previa que el ritual representa, una comunidad, unos lazos, un compartir simbólico.

 
Los estadounidenses que celebran en las plazas de su país la muerte de Osama Bin Laden están viviendo una forma ritual  que refuerza sus vínculos ya existentes. También los que se manifiestan en otras partes del mundo en contra de la muerte del terrorista están recreando los suyos. La alegría y el dolor son mecanismos de cohesión con los que se comparten. Puedes ser simple espectador o miembro de la comunidad.
El argumento para no enterrar a Osama Bin Laden y enviar su cuerpo al fondo del mar*** ha sido evitar que el lugar se pudiera convertir en un santuario, en un lugar de peregrinación, un espacio simbólico capaz de transmitir energía. Se ha evitado la celebración de un ritual, del enterramiento por temor a las consecuencias de esa sincronización emocional y sus derivas. Puede que tenga su razón de ser y sus efectos positivos, pero no impedirá que Bin Laden tenga una vida imaginaria, una vida en ausencia. Solo ha cambiado su estatus simbólico. Sin el cuerpo, dicen algunos expertos, se corre el riesgo de que le vean cabalgando por las colinas, como al Emiliano Zapata de ¡Viva Zapata!, la magnífica película de Elia Kazan.
No solo vivimos juntos. Somos, además de sociales, animales rituales; vivimos a través de los actos simbólicos que producimos. Con ellos creamos y reforzamos nuestros vínculos, sea pisando brasas, celebrando victorias o llorando derrotas. Nuestros corazones laten sincronizados en cuanto tienen ocasión.

*”Hearts Bits as One During a Fire-Walking Ritual” The New York Times 03/05/2011 http://www.nytimes.com/2011/05/03/science/03firewalker.html?hpw
** “Synchronized arousal between performers and related spectators in a fire-walking ritual” Proceedings of the National Academy (PANS) 2/05/2011 http://www.pnas.org/content/early/2011/04/26/1016955108.abstract
*** “EE UU anuncia que ‘sepultó’ el cuerpo de Bin Laden en el mar” El País 3/05/2011 http://www.elpais.com/articulo/internacional/EE/UU/anuncia/sepulto/cuerpo/Bin/Laden/mar/elpepuint/20110502elpepuint_26/Tes


lunes, 2 de mayo de 2011

Las otras víctimas de Bin Laden


Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La muerte de Osama Bin Laden cierra y abre una etapa de nuestra historia contemporánea. Lo que comenzó un 11 de septiembre en Nueva York, se ha señalado frecuentemente, fue una nueva forma global de la política en la que el terror pasaba a ser un telón de fondo permanente y un sangriento protagonista ocasional. Lo que hasta entonces tenía transcendencia local en sus efectos pasó a ser un condicionante de la vida política y una variable importante económica. La acción del 11-S fue un golpe que desvió la trayectoria de la Historia. Desconozco si el propio Osama Bin Laden fue consciente de lo que hizo o simplemente buscaba la muerte del mayor número posible de personas.
Además del elevadísimo número de víctimas en los múltiples atentados, anteriores y posteriores —entre los que se encuentran los doscientos muertos de los atentados de Madrid en el 11 de marzo— organizados por el terrorista y su organización, la principal víctima de sus acciones ha sido el mundo árabe. El terrorismo de Osama Bin Laden sirvió para estigmatizar al conjunto de los países y convertirlos en potenciales enemigos y nidos de terroristas a la vista del resto de la comunidad internacional. Bin Laden ha sido su peor enemigo.
Los dictadores de los países árabes utilizaron la excusa del terrorismo de Al Qaeda para reprimir a sus propios pueblos. Hasta hace unos días, el dictador Muamar el Gadafi seguía invocando el nombre del terrorista muerto como muestra de sus favores a Occidente. La amenaza del terrorismo islamista ha sido la excusa para la ausencia de libertades y el aumento del control social. Todos estos dictadores se han presentado como el freno a Al Qaeda. Cada muerto por la represión, también puede sumarse a la negra y larga lista de Bin Laden. Los muertos por la libertad son también sus víctimas.
En las manifestaciones en Libia, en Marruecos —las penúltimas víctimas, hace unos días—, se han exhibido carteles señalando "no al terrorismo", “no somos terroristas, queremos libertad”, etc., porque el efecto simplista de los atentados del 11-S, de Londres y Madrid, fue meter en el mismo saco a todo el que tuviera su origen en un país islámico. El mundo árabe y el Islam fueron condenados en su conjunto. Con presentar a los que buscaban libertad como terroristas, Occidente miraba hacia otro lado. Eso se ha terminado o debería hacerlo.


Bin Laden dividió en dos al mundo árabe islámico; por un lado quedaban los que daban rienda suelta a su anti occidentalismo acomplejado y odio a Israel celebrando las muertes de Nueva York, Londres o Madrid como auténticos logros y, por otro lado, los que entendían que la sangre derramada allí no iba a suponer ningún beneficio a la causa árabe, sino más bien un recelo universal. Osama Bin Laden consiguió que las imágenes que salieron al mundo tras los atentados criminales fueran las de las celebraciones callejeras en muchos lugares, manifestaciones en última instancia de la impotencia para llevar sus causas por otros derroteros. Era el socorrido recurso a la alegría por el mal ajeno, la impotencia recreándose en su propia incapacidad.
Hoy el mundo árabe y la percepción que tenemos de él han cambiado. Desde que comenzaron en enero los levantamientos populares, hemos visto a cientos de miles de personas ansiosas de libertad y desmarcándose del estigma terrorista y de la simpatía o connivencia con sus métodos. Personas que han dado su vida y la siguen dando por ideales honestos que se han ganado las simpatías de todo el mundo. Todas esas personas que salen a decir que no son terroristas saben que el camino que han emprendido es el de la convivencia internacional, el de la ruptura del victimismo tradicional que ha hecho crecer su resentimiento en vez de reunir las fuerzas para reconstruir sus países. En última instancia, lo que Bin Laden prometía era un lugar en el paraíso y muy pocos cambios en la tierra. Su discurso no daba para más.
Entre el camino de Osama Bin Laden y el de la libertad, mayoritariamente se han decantado por el segundo, el que pone una esperanza de futuro en su propio esfuerzo y no en la muerte o desgracia de los demás.
El triunfo de la democracia en estos países, hoy levantados por su auténtica causa, la de su libertad y progreso, será el golpe definitivo a la falsa causa del terror. Tendrán que convencer a los reticentes del abandono de la vía violenta y dejar de usarlos como chantaje para conseguir beneficios. Ni la vía del terror ni la de negociar su control son las que crean futuro. Hasta ahora solo han traído muertes y represión.
La verdadera desaparición de Osama Bin Laden se producirá cuando la vía que abrió deje de ser una tentación y se vea rechazada por los mismos pueblos para los que se diseñó. Esperemos que Occidente haya aprendido la lección en lo que le afecta. Hay que apoyar democracias y no dictaduras porque la factura por nuestra seguridad hoy puede ser el germen del terror de mañana. La democracia es siempre la mejor causa.