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lunes, 25 de noviembre de 2024

La violencia reincidente

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy, 25 de noviembre, es el día internacional contra la violencia de género, una lacra de la que nos ocupamos aquí a lo largo del año. En las páginas de los medios descubrimos los resultados de estudios, como el presentado por Elena Olmedes en 20minutos, tras el preocupante titular "Una de cada cuatro menores de 25 años afirma haber sufrido algún tipo de violencia machista en el último año"*, que nos da cuenta de las dimensiones del problema y de cómo ha ido creciendo imparable.

La variable de edad afecta al tipo de vida y ambiente en que se pergeña la violencia. Hoy mismo, también en 20minutos con información de EFE, leemos otros casos de violencia: "Muere una menor de 15 años por cuchilladas en el cuello en la costa alicantina"**. Hace tiempo que este tipo de violencia tiene asiento en España, crímenes que muestran una violencia callejera subida de nivel. Las muertes por arma blanca o a patadas y golpes empiezan a tener presencia habitual en nuestros medios, reflejo de un ambiente violento.

En RTVE.es leemos una información sobre el peligro de la reincidencia, publicada el día 21: "Más de 16.000 víctimas de violencia han sido alertadas de que su agresor ya había maltratado a otras mujeres"*** Son ya grandes cifras que nos dan información sobre las dimensiones del fenómeno más allá de los hechos puntuales.

Un total de 16.400 víctimas de violencia de género han sido avisadas por distintos cuerpos policiales de que su maltratador ya ha agredido a otras mujeres y presenta un perfil agresor con un mayor nivel de riesgo asociado tanto para ella como para sus hijos e hijas.

Fuentes del Ministerio del Interior han precisado a EFE que la Policía Nacional ha advertido a 6.948 mujeres de que el maltratador es un agresor persistente; la Guardia Civil, a 6.767; las policías locales, a 2.605; la Policía Foral de Navarra, a 13; y las unidades adscritas de la Policía Nacional en las comunidades autónomas, a 67.

En 2023, Interior comenzó a informar a algunas víctimas de los antecedentes de estos agresores. Una labor que se hace de forma individualizada tras evaluar que esta realidad suponga "un factor de riesgo especial" tanto para ellas como para los menores a su cargo.

El departamento de Fernando Grande-Marlaska aprobó una instrucción para ello, en la que se especificaba que se informará a las víctimas cuando hacerlo sea "proporcional y necesario" y, en tal caso, la comunicación se limitará a transmitir que el agresor tiene antecedentes por violencia de género y que eso conlleva un riesgo especial.

Los cuerpos policiales en ningún caso dan información adicional de la naturaleza de los hechos en los que el maltratador ha estado implicado previamente.

Esta medida se adoptó después de constatar que la peligrosidad de estos agresores es superior y que son responsables de un importante número de feminicidios. Suelen quebrantar más medidas de protección y en cada nueva relación recurren a la violencia antes y con una mayor lesividad. *** 

La medida es sin duda necesaria. La reincidencia abre una perspectiva de necesidad de advertencia de una serie de patrones en los agresores. Si leemos sobre el gran aumento de las agresiones entre jóvenes y del alto porcentaje de sufrir reincidencia entre la población maltratada, el panorama no es demasiado favorable.

De la "advertencia" a la "protección" va un largo trecho de posibilidades que hacen ver la necesidad de otro tipo de medidas y enfoques de los problemas reales. En un día especial, como lo es hoy, hace falta algo más que manifestaciones en las calles. La violencia de género es un problema "real" en cualquiera de sus fases y que revela algo más que una patología individual. Aunque lo sea, sus consecuencias son sociales, como lo son sus dimensiones.

Esa alta probabilidad de reincidencia tiene que tener algo más que los "avisos" detrás, necesita con urgencia otro tipo de medidas que lo eviten. Es cierto que no es fácil, pero seguro que se puede hacer algo más que advertir del riesgo.

Nos dicen en RTVE.es:

El nivel de riesgo al que está expuesta una víctima aumenta cuando el agresor tiene antecedentes por violencia machista, con la misma mujer o con parejas anteriores.

Este perfil de maltratador es manipulador, mentiroso y muy celoso, según Interior. Suelen tener muchas relaciones sentimentales, a veces al mismo tiempo, y presentan bajos niveles de empatía. Interior tiene identificados a agresores que han llegado a agredir a cuatro, cinco y hasta a 13 víctimas.

Aunque en VioGén hay registrados decenas de miles de agresores persistentes, los cuerpos policiales solo se ponen en contacto con las víctimas cuando analizan un nivel elevado de riesgo.

Entre las cuestiones que se tienen en cuenta para ponderar ese riesgo y decidir informarlas están una valoración policial de especial relevancia, medio, alto o extremo; adicción a sustancias; amenazas, episodios exagerados de celos o que la víctima haya expresado su intención de romper la relación.

También que la violencia denunciada sea grave o muy grave (sexual, física o amenazas de muerte) y el nivel de vulnerabilidad de la víctima.***


Evidentemente, la eficacia del aviso depende de la calidad de la información. Las posibilidades de avisar sin infringir las presunciones de inocencia son un problema pues la ley actúa cuando ya puede ser demasiado tarde para la víctima. Creo que hay que avanzar en la idea de responsabilidad social en la protección de las víctimas. Con demasiada frecuencia lloramos en grupo lo que pudimos evitar creando una red protectora.

La violencia de género es un hecho, un hecho creciente. Nos dicen los especialistas que cada vez que las mujeres conquistan un derecho, hay una serie de hombres que no lo aceptan, que no están dispuestos a aceptar la igualdad o la competencia. Esto, como hemos señalado ayer mismo, forma parte de esa toxicidad ideológica que se traduce en machismo militante.


Creo que gran parte de la solución es pedagógica, enseñanza a proteger, a responsabilizarse de este tipo de desafíos socialmente. No me vale la idea de "crisis de identidades" masculinas y otras bonitas ideas atenuadoras. La violencia es violencia y es inadmisible como sociedad que se detecte el aumento de su aceptación por una parte cada vez mayor de la juventud, que acabará arrastrando el problema.

Hay un individualismo creciente, unas ideas de autosuficiencia cada vez más peligrosas en la medida en que hay una inhibición social y, en parte, institucional. No se puede dejar crecer la idea de que la "igualdad" es una mera "ideología" y que el "varón atacado" responde así a los ataques.

Algo falla en las medidas, pero algo falla también en la percepción social de los problemas y en la busca de soluciones. Los estudios son necesarios, pero también es necesario tomar medidas eficaces después. 


* Elena Olmedes "Una de cada cuatro menores de 25 años afirma haber sufrido algún tipo de violencia machista en el último año"  20minutos 25/11/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5656248/0/una-cada-cuatro-mujeres-jovenes-afirma-haber-sufrido-algun-tipo-violencia-machista-ultimo-ano/

** "Muere una menor de 15 años por cuchilladas en el cuello en la costa alicantina" 20minutos / EFE 25/11/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5657442/0/muere-una-menor-15-anos-por-cuchilladas-cuello-costa-alicantina/

*** "Más de 16.000 víctimas de violencia han sido alertadas de que su agresor ya había maltratado a otras mujeres" RTVE.es / EFE 21/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241121/victimas-alertadas-agresor-habia-maltratado-otras-mujeres/16340414.shtml

viernes, 25 de noviembre de 2022

Contra la violencia de género

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En el Día Internacional contra la Violencia de Género los mensajes deberían ser claros, unificados y contundentes. Y, sin embargo, no lo son.

La cuestión se ha convertido en motivo político de conflictos cuando debería serlo de unión. La lucha política acaba haciendo que haya empecinamientos y cuestionamientos. La desunión política impide llegar a acuerdos frente a algo que es pre político, una forma de violencia bruta y que se transmite a través de modelos de comportamiento que se adquieren en familias, pero también en otras instituciones sociales que hacen de las mujeres el objeto de la violencia.

La violencia va de lo físico a lo moral, que es la degradación de su imagen a través de muchos mensajes que nos rodean, muchos de ellos con el beneplácito general. Hace unos años había un consenso sobre la sexualización de los mensajes. Hoy vemos que de la publicidad a los videoclips, de la presentación de los programas televisivos al cine, se ha retrocedido en este aspecto.

Más allá de las grescas políticas, que contribuyen a generar esa imagen impresentable de desunión, lo más preocupante es la proliferación de la idea de que el feminismo es una "ideología", por un lado, y el detectado incremento del machismo sexista entre los jóvenes, que ven justificada la violencia. De esto nos dan cuenta las encuestas y estudios, los análisis sociológicos realizados con periodicidad. Apuntan en el mismo sentido, al aumento de actitudes machistas, de violencia de género.


Hubo momentos en nuestra historia reciente en los que las diputadas, senadoras, etc. anteponían su ser de mujeres sobre sus roles políticos. Entendían que era importante que se mostraran unidas por encima de la política. Hoy, sin embargo, no hay nada por encima de la política, en la percepción de nuestra clase dirigente. Todo momento es momento de confrontación, algo que se ha convertido en la verdadera ideología dominante, la del desencuentro, la del enfrentamiento y la descalificación.

Pero la violencia de género tiene unas raíces profundas y unas causas próximas; es una conjunción de desajustes personales en la percepción de uno mismo y de sus relaciones con los demás; es un desarrollo marcado por la violencia como modelo de resolución de problemas o como forma de control del poder.

Su aumento es correlativo a las causas que actúan, que van de la incontinencia a la propia frustración personal. La violencia de género es una forma de inmadurez que se esconde tras la fuerza; es el signo de una incapacidad. Sus estallidos violentos son de impotencia real para llevar los problemas por cauces de sensatez.

La violencia de género se produce desde una desfasada visión del mundo. Cualquier uso de la violencia lo es, pero en el caso de la violencia de género se produce una visión transmitida por los entornos próximos que no se corresponde con los modelos en los que nos reconocemos. Es una visión paralela. La violencia machista existe, lógicamente, porque sigue existiendo el machismo y esto es un problema que evidencia el fracaso del modelo educativo, incapaz de enfrentarse a los desvíos que surgen tanto del ámbito social como del directo familiar. Muchos aprenden y practican sus primeros ataques machistas en el ámbito escolar; hacen lo que ven.

Escuela, medios de comunicación, comportamientos violentos en el deporte, en la política, en cualquier ámbito son granos que acaban germinando en las mentes de los que tienen ya un terreno abonado por lo que les ha llegado por diversas vías.

Me viene a la mente el caso de los colegios mayores y sus insultos a las mujeres del colegio femenino frente a ellos. Se produjo al comienzo de curso. Los intentos de atenuar su significado real no sirvieron de mucho. Es probable que muchos de los que participaran se dejaran arrastrar por el efecto del grupo y su presión. Pero el hecho es que descubrieron que eran capaces de participar. Era un rito de iniciación en el machismo y una forma clara de infravalorar, de insultar a las mujeres.


Los colegios mayores se han dedicado a tratar de evitar las "novatadas", que son también una forma de ritualizar las agresiones contra los más débiles. Son ritos de paso en la violencia, ya sea contra las mujeres, contra los débiles. En estos casos, los participantes hacen suyo el mensaje del ritual, del rito de paso. Todo rito es una representación simbólica de una acción. En el caso de los insultos de los estudiantes del colegio mayor está demasiado claro su objetivo, una suerte de violación verbal simbólica.

Hay muchos actos de este tipo y son la antesala a la normalización de unas formas de violencia que acaban siendo físicas. No he escrito "reales" porque la violencia simbólica es real. Lo es para quien la vive simbólicamente. El hecho de que se transforme en una violencia física, en un ataque, agresión, en forma de asesinato, paliza o violación es cuestión de que se produzcan las circunstancias adecuadas. La semilla está echada.

De todos los fenómenos que vemos dentro de la categoría, el más preocupante es el de los ataque en grupo, ya sean violaciones o cualquier otra forma. Mucha de la violencia se produce en la familia, en la pareja. Pero lo que está creciendo son esas violaciones o ataques en grupo con agravante social: se hacen para compartirlas en las redes sociales. Allí se cuelgan los vídeos o fotografías de las víctimas.

Esto representa una intensificación social de la violación, que se ha convertido para ellos en una forma de "prestigio", lo que es muy preocupante por lo que representa de retroceso. Ya no se trata de un ataque anónimo, sino de una forma de escenificación que necesita de un público y de una víctima. Es un ritual de violencia que se ejerce contra ella y cuya gratificación es la "admiración pública" con el número de visitas.

Estamos desligando la violencia de género de este tipo de otros marcadores sociales de un embrutecimiento que avanza a grandes pasos y frente al cual no se encuentran los frentes adecuados, los capaces de frenar este tipo de deterioro que se detecta en las encuestas y estudios.

El hecho de que las violaciones en grupo difundidas por las redes esté creciendo nos dice que se ha incorporado al perfil del maltratador, del agresor, unas características que antes no tenía: la bonificación de un público que se crea para estas ocasiones.

Es esencial profundizar en las causas y modelos de estas formas de violencia que se acaban cebando en los que consideran inferiores, los débiles sociales (de inmigrantes a cualquiera en el que perciban debilidad), y sobre las mujeres, que serían la eternamente débiles, las víctimas ancestrales sobre las que depositar su frustración transformada en reivindicación de su propia altanera impotencia.

Para frenar estas dinámicas, es esencial la unidad, clara y precisa, frente a esto. Hoy por hoy, nuestra desunión política nos incapacita para entender que hay causas comunes, necesariamente comunes.

En el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres no hay motivo de celebración, solo de reflexión, de comprender qué hacemos realmente por evitarlo, algo para lo que es imprescindible tratar de entender las causas profundas que los causan y las superficiales que lo difunden. Tanto la indiferencia como el uso de tópicos dificultan poder erradicar o reducir estas formas de violencia que se han adaptado a nuestras sociedades mediáticas.