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jueves, 12 de febrero de 2026

Del bolso de la ministra al trasero de la Kardashian

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé, pero todo es cada vez más raro o quizá el raro soy yo. Me entero ante la pantalla de mi televisor de que se han vendido miles de bolsos como el que lleva la primera ministra japonesa. Parece ser que ya no basta con votarla, sino que hay que comprarse un bolso como el suyo. Quiere también que la llamen "dama de hierro" porque resulta que es una admiradora ferviente de la británica Margaret Thatcher. Me imagino que si los japoneses no tienen problema con votarla e ir con su bolso a cuestas, tampoco van a tenerlo en llamarla como le gusta.

Según parece, ya no se trata tanto de argumentar y convencer. El nuevo mundo crea unos nuevos lazos entre el modelo general de "influencer" (sí, ser primera ministra hoy es ser influencer) y su versión política.

Poco después, la misma pantalla me muestra un programa sobre las habituales influencers y nos hablan de actrices que ya no actúan, sino que simplemente "lucen". Lucir es una profesión; tú luces y los demás te copian, corren a comprar lo que luces o a hacer lo que le propones.

Por ejemplo, el programa que vi daba consejos por parte de especialistas sobre cómo tener el culo de las Kardashian, un "objeto deseado" ampliamente. Se nos explica detalladamente el origen de las Kardashian y nos cuenta cómo cada una de las hermanas en una lucida propuesta, de tal manera que se reparten el mercado influido; entre todas cubren diversas expectativas de los influidos. Pero, nos explican, lo más codiciado es el trasero de Kim. Cómo conseguirlo nos lo explica con todo detalle un entrenador físico de famosas, un buen profesional de estas cosas.

Nos informan de esas actrices que no actúan pero se maquillan y pasean para lucirse por eso llamado alfombra roja. Las más listas (nos hablan de Jessica Alba como un modelo) lucen sus propios productos de maquillaje, por lo que no trabajan para otros sino que ganan sus buenos millones creando tendencias que, como el bolso de la dama de hierro japonesa, se venden como churros (aunque los churros ya no son tendencia, se sigue usando esta expresión coloquial).

Me ha costado recuperarme de toda esta información sobre cómo vivir del lucimiento, pero creo que se me han despejado muchas dudas sobre para qué sirven realmente las redes sociales. Ya no creo que haya conspiraciones; creo más bien que la estupidez se ha convertido finalmente en natural y nos permite liberarnos del oprobio de la inteligencia, de pensar que la gente desea ser más inteligente, más culta, más sabia.

No. Algún visionario ha sabido captar la realidad negada. El bolso ha sustituido a las ideas y el culo al cerebro. Debería decir que "es triste", pero los efectos televisivos, las cifras, las nuevas costumbres, la felicidad de la gente pasando frío para lucir un piercing en el ombligo o un tatuaje en japonés asomando en el límite de un trasero a lo Kardashian, etc. me hacen dudar de que estos tiempos sean los que hasta hace poco marcaban cierto sentido de la realidad.

El titular de The New York Times en Español afirma que "la primera ministra de Japón comunica a través de su bolso". Su bolso grande, nos dicen, aumenta su imagen de trabajadora, con lo que "refuerza su promesa electoral de trabajar, trabajar y trabajar". Quizá el bolso pese mucho y ya es un esfuerzo, pero si nos creemos que así se trabaja, pronto veremos a algunos de nuestros políticos portando una pala y un pico o vestidos con un mono azul o llevando con una caja de herramientas. No sé si comprarán todo esto porque el político lo muestre, pero los límites del lucimiento no han hecho más que empezar. Imaginemos por ejemplo un político que abandona una rueda de prensa por una llamada de una avería en las cañerías o cualquier otra urgencia metido ya en su trabajo. ¡Cómo no van a votarle!

¡Claro, Japón es otra cosa! El bolso ya tiene el nombre de la ministra, según nos dice el prestigioso diario norteamericano: "Oficialmente llamado Grace Delight Tote, pero a menudo conocido simplemente como el Sanae Tote..." (21/11/2025).

Hemos llegado a un mundo en el que todo comunica, del bolso de Sanae Takaichi al trasero de la Kardashian, pasando por el maquillaje lucido en las alfombras rojas. Todo es ya signo, todo comunica, todo influye. Las guerras son ya de comunicación, bolso contra bolso, trasero contra trasero. Lo que antes se criticaba como superficialidad de las apariencias ha destronado a todo lo demás y se vacían los escaparates de Japón y se agotas los maquillajes, vestidos, peinados, que son los que marcan tendencias y a los que quieres parecerte, luciendo de la misma guisa.

Los personajes del programa se cerraban con alguien que se ha ganado ya el puesto hace muchos años: Paris Hilton. Se lo curra ahora como DJ en fiestas y se saca un pastón. Da un sabio consejo que nos trasladan directamente de su boca: lleva siempre contigo un vestido de repuesto por si llueve o te derraman la copa en la fiesta de turno.

Tomo nota.

martes, 30 de abril de 2024

Muerte de una influencer iraquí

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Qué diferentes son nuestras vidas! ¡Qué condicionadas por lo que nos rodea! Lo que en unos sitios es normalidad, en otros se convierte en afrenta que te cuesta la vida. La prensa internacional se hace eco estos últimos días de la muerte a tiros en plena calle de la influencer iraquí Om Fahad. En 20minutos leemos sobre las "causas": « Los vídeos de OmFahad incluían cosas inocentes en occidente, como bailar y ponerse ropa ajustada, además de no usar velo, entre otras cosas como hablar de maquillaje, moda o estilismo.»

Mientras debatimos cosas absurdas y nos complicamos la vida, nos rasgamos las vestiduras y nos sentimos el ombligo del mundo, en Iraq te pueden pegar cuatro tiros por esas "cosas inocentes en occidente", como se nos dice en el artículo.

Son muchos millones de personas repartidas por el mundo las que se encuentran bajo el mismo punto de mira por esto mismo, especialmente mujeres, que se ven sometidas a estos otros "influencers" radicales, jueces, jurados y verdugos de cualquier cosa que desafíe su punto de vista convertido en verdad absoluta.

¿Cuál era el "delito" de Om Fahad? Hablar de esas cosas triviales pero que en ciertas partes del mundo se consideran como maldades absolutas, la destrucción de los "valores". Se nos explica en el diario:

La influencer, que había sido condenada a seis meses de cárcel por sus vídeos en redes sociales, por "el delito de producir y publicar varias películas y vídeos que contenían lenguaje obsceno e indecente, violando la decencia y la moral públicas", según la ley iraquí, murió en la zona de Zayouna, al este de Bagdad. *

Om Fahad había sufrido dos condenas, la institucional, que se centra en esas "perversiones" por las que se le condenó, y la condena a muerte, en plena calle, infligida por algún "piadoso" ciudadano, respetuoso de la ley, de la norma, de la palabra, que decidió hacer un buen servicio "corrigiendo" la maldad que la influencer sembraba en las mentes de las mujeres destinadas a servir a Dios y a los hombres de Dios.

El delito de Om Fahad era mostrar en las redes que las mujeres se pueden preocupar de ellas mismas, que no son un objeto reproductivo destinado a satisfacer la mirada exclusiva de sus propietarios.

Como en otros casos, ese intento de relación hacia el exterior, no privada, se convierte en un desafío a la norma, que se disfraza de ley divina, de moral necesaria. La mujer debe estar bajo control, dado su tendencia a perderse y hacer perderse a los hombres. Sobre ese principio autoritario, disfrazado de virtud, se asienta la esclavitud de la mujer, convirtiendo al más miserable de los hombres en un dictador de su hogar, de su familia. Un poder repartido, sí, que oculta la falta de poder real, en manos de esas castas de ayatolas y similares repartidas por el mundo musulmán. Su voluntad no es suya, sino de Dios y por ello debe ser incontestable. Sirve para frenar cualquier perspectiva de cambio, reafirmándose como involución constante. El mundo no va hacia adelante —"progreso" es un término reciente, muy occidental—, sino que debe retroceder a los periodos de perfección en los que la "palabra" no era contestada, sino aceptada.

El mundo moderno, con sus tentaciones, es el mundo que llega desde Occidente y que se les infiltra a través de ese invento diabólico, que son los medios de comunicación, las redes sociales, etc. que permiten expandir las malas influencias, la perversión absoluta, como hizo Om Fahad hablando de cosas como el maquillaje y enseñando a las mujeres a seducir a los hombres, alejándolos de Dios.

El que se bajó de esa moto y le descargó varios disparos no hacía sino ejecutar la voluntad divina y, por ello, tiene ya un paraíso bien ganado, una eternidad para disfrutar de los beneficios de su hazaña.

Actos como este se repiten en una serie de países, auténticas cárceles, en especial para las mujeres. Los vemos en Afganistán, en Irán, en Iraq, de forma principal. En ellos la violencia contra las mujeres, una epidemia creciente, se hace en nombre de la virtud.

Nuestra violencia, la de países donde teóricamente somos libres e iguales, se reviste de otras formas. Debemos insistir en desmantelar esos instintos, vicios criminales que subyacen en muchas relaciones, que explotan llevándose vidas de parejas e hijos, una variante en terrorífico ascenso.

Lo que en otros lugares se disfraza como "voluntad de Dios" no necesita aquí mucho ropaje; es la voluntad propietaria, el sentido de que el otro es mío. Es necesario empezar a comprender ese sentido patológico de la propiedad ("la maté porque era mía", un tópico que renuncia al disfraz y revela el sentido profundo de la agresión), alejarnos de tópicos y teorías globales para entrar en los casos y comprender su sentido. De otra forma será difícil combatirlo.

Descanse en paz Om Fahad cuyo único delito fue intentar sentirse libre, sentirse ella misma y compartirlo con otras que deseaban serlo. Es ella la que entrará en el paraíso, mal que les pese. ¡No olvidemos a las mujeres iraquís!

 

* "Matan a tiros en Bagdad a la 'influencer' iraquí OmFahad, que había sido perseguida por "violar la moralidad pública"" 20minutos 29/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5240707/0/matan-tiros-bagdad-influencer-iraqui-omfahad-que-habia-sido-perseguida-por-socavar-moralidad/

jueves, 10 de agosto de 2023

40.000 locos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Decía el novelista Kurt Vonnegut Jr que en todos los países puede haber 40.000 locos, pero lo malo es si se organizan. Cuando Vonnegut escribió esto no existían las redes sociales, es decir, la posibilidad de que 40.000 locos se organicen.

Es raro el día en que no aparece alguna noticia que pone en realidad esta idea de Vonnegut. La de hoy "Un centenar de menores intentan robar en Londres después de planear el "asalto" en TikTok"* La noticia de Antena 3 es una más de este género en el que unos pocos hacen un llamamiento a esas concentraciones desatadas para conseguir lo que buscan. Nos explican que en este caso se trataba de ropa deportiva: 

La policía londinense tuvo que desplegarse en una de las calles principales de Londres, Oxford Street, en la tarde del miércoles. El motivo de esta acción fue la de impedir que un número considerable de jóvenes, la mayoría de ellos menores de 16 años, pudieran entrar en las tiendas a robar. Al parecer se había planeado este "asalto" en la red social de TikTok.

Gracias a la acción policial, se evitó que ninguno de los jóvenes, que sumaban más de un centenar, pudieran llevar a cabo sus planes de hurto. Por el momento hay un detenido.

La convocatoria se filtró y llegó a oídos del alcalde, Sadiq Khan, que hizo un llamamiento a través de los medios de comunicación, aludiendo a la "cordura" y mostrando su preocupación al respecto. Ni el propio alcalde, ni los medios de comunicación dijeron que este "movimiento" se estaba promoviendo en TikTok, para poder evitar que alguien más pudiera sumarse. Además, mandó un mensaje tranquilizador para el resto de la población, haciendo alusión de la preparación y asistencia al lugar de la policía para poder frenar el cometido de los jóvenes.

El objetivo de esta concentración era la de entrar en la tienda de moda deportiva, a partir de las 15:00 horas del miércoles.*

 

Para que acciones de este tipo se produzcan basta con que alguien las convoque. Siempre habrá una cantidad suficiente de personas que se sumen para crear el desconcierto que permita realizar el intento programado. La Policía londinense se ha tenido que emplear a fondo para evitar que se produjera el asalto desistiendo muchos de los que fueron.

Desde hace mucho tiempo se detecta en otras manifestaciones que son formas de encubrir en las protestas a personas organizadas para el robo y el pillaje, que se ha convertido en parte de ese ritual de la violencia. Está la política en las proclamas y el destrozo y el pillaje para aquellos que no diferencias. Los hemos llamado "antisistema", por decir algo.

Lo que sí se detecta es un cambio de criterio. No dudo que haya simples rateros que crean esas maniobras de despiste gracias a las convocatorias en las redes sociales. Pero eso no funcionaría si se estuviera acumulando ira, rabia o rebeldía.

Siempre se ha dicho que se comprende al que roba para comer él o su familia. Pero lo que estamos viendo es otra cosa muy diferente, la concentración es muchas veces para hacerse con prendas de lujo. Es como si la continua presión mediática para el consumo estallara en aquellos que no tienen al alcance de su mano conseguir este tipo de objetos que se les ofrecen. En otras ocasiones, se trata de venderlas después. El asalto y pillaje se ha convertido en una especie de profesión en algunos casos. Viven con lo que sacan.

La violencia se desata en cuanto que tiene ocasión. En el encuentro de fútbol Español-Barcelona se produjeron incidentes violentos. La prensa detecto, a través de las imágenes grabadas, el comportamiento violento de dos personas jóvenes que resultaron ser candidatos municipales del PP.

No sé si fueron las redes, pero el contacto estaba ya en el hecho deportivo, en el campo. A este se llaga muchas veces ya calentados a través de las redes sociales o los propios medios de comunicación. La violencia se ha convertido en algo natural para muchas personas. Muchas veces se dice que algunos no diferencian entre la realidad y los videojuegos. Puede que sea verdad.

El influencer Kai Cenat ha sido acusado de promover disturbios en Nueva York con sus convocatorias a través de las redes. Lo que comienza en la sala de Cenat acaba convertido en reacción violenta en las calles estadounidenses. Le basta decir que están regalando consolas en un punto de la ciudad para que miles de jóvenes se lancen a pelearse con otros por conseguir las inexistentes máquinas. Es simplemente el poder, saber que con unas palabras puedes desatar el caos lo que seduce.

Pero no es necesario rebuscar mucho. ¿Qué sino esto hizo Donald Trump en sus insinuaciones para que fuera asaltado el Congreso un 6 de enero? Él tuvo también sus 40.000 locos dispuestos a creerle e ir a tomar el Congreso de los Estados Unidos.  Ahora, como hemos vistos en días pasado, las autoridades judiciales le han prohibido difundir por las redes sociales material que se le ha suministrado para preparar su defensa. Trump quería "mover" las redes y la experiencia del asalto ya ha mostrado bastante,

El poder, como vemos, no está solo en la cumbre; está también en también en lugares más modestos, que se pueden ver sacudidos por una llamada. Esa sensación de poder desatar el caos es muy seductora y tenemos ya la herramienta perfecta.

No es fácil saber qué incita a qué. ¿Son los violentos los que utilizan las redes para promover la violencia real en las calles o es la violencia en la sociedad la que lleva a crear estos mensajes violentos? Puede que haya un poco de todo mezclado. Lo cierto es que el resultado es el que vemos: aumento de la violencia en las redes (acoso, insultos...) y violencia en las calles. Y va creciendo.

Kurt Vonnegut Jr

* "Un centenar de menores intentan robar en Londres después de planear el "asalto" en TikTok" Antena 3 10/08/2023 https://www.antena3.com/noticias/mundo/centenar-menores-intentan-robar-londres-despues-planear-asalto-tiktok_2023081064d49deb51e7e10001f4b868.html

martes, 27 de junio de 2023

Que te miren

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se puede analizar de muchas formas, pero llegas siempre al mismo resultado: la necesidad de que te miren crea sus propios destinos. En una sociedad de pantallas de todo tipo, si no te miran no eres nadie y no ser nadie es la nada. La existencia de la imagen es la que garantiza la existencia. La imagen precede a la esencia y la existencia me la dan los otros. Los viejos dichos existencialistas se quedan en nada cuando la realidad, como señaló Jean Baudrillard, llega después del simulacro.

Es difícil vivir en esta sociedad donde necesitas imperiosamente de la mirada de los otros para saber que existes, que son los otros los que te crean y para los que te creas. Cada día tenemos pruebas de ello. Lo último nos lo traen en 20minutos cuando nos hablan del comportamiento de una "tiktoker" (¿entendemos qué significa realmente que el medio sea el mensaje y que el mensaje somos nosotros?) ahora detenida.

El titular de 20minutos ya nos da cuenta de lo que nos vamos a encontrar: "Quién es Maeb, la 'tiktoker' que ha sido detenida por agredir sexualmente a una amiga y publicarlo". La noticia se acompaña por esa pregunta, ¿quién es Maeb? Los indicios a partir de lo mostrado son inquietantes: 

Con esta noticia, muchos han recordado que, a pesar de ser conocida por hacer gracia, la supuesta influencer mostraba muchos comportamientos violentos en sus directos. Por eso, se han preguntado: ¿quién es Maeb en realidad? 

La tiktoker, de apenas 30 años, es una estudiante de estética que vive aún con sus padres y que ya contaba con antecedentes y denuncias previas por acoso en redes sociales.

Se hizo famosa por sus vídeos hablando sin tapujos y respondiendo a los que la criticaban por su aspecto físico o sus hábitos. En TikTok, donde actualmente cuenta con 20.000 seguidores tras haber cambiado de perfil en numerosas veces, sigue triunfando con contenido comiendo, eructando o incluso orinando en directo. * 

La necesidad de ser "mirada" hace que la escalada sea continua en un mundo donde "compites" por hacerte con las miradas con miles, millones de personas capaces de arrebatarte el ser en cada momento. La descripción de la tal Maeb no deja de ser una manifestación más del horror acumulado necesario necesario para estar ahí, en ese mundo virtual, la nueva realidad. No hace falta volver a Sartre. Esta vez "el paraíso son los otros".

Siempre han existido perturbados. Lo preocupante ahora es su carácter ejemplar, cómo llegan a constituir esas legiones de zombis que no pueden apartar la mirada de ellos, que son público fiel de esas distorsiones, de esas patología y miserias que son escenificadas para ellos.

¿Recordamos el caso de la bofetada para conseguir más "me gusta"? Esto no es un caso aislado, sino unas corrientes fomentadas con el fin de conseguir más tráfico por parte de unos y más "likes" por parte de otros. Cuando consiguen una audiencia suficiente se convierten en promotores contratados de todo tipo de productos, servicios o simples aberraciones rentables.

Lo que iba a ser la liberación informativa gracias a las redes, la utopía de un reino sin límites, un compartir gratuito para la mejora de todos, un ideal ilustrado, se ha convertido en un infierno de psicópatas, de desaprensivos, donde todo se hace por un beneficio, donde apenas se muestran virtudes y son las aberraciones las que arrastran las miradas.

Ser visto o no ser visto. Ahí reside todo. No eres nadie si no te miran y vale cualquier cosa para conseguir esa mirada que te da el ser.

Todo esto se produce por un enorme vacío. Hemos creado una sociedad de impacto, pero sin trascendencia. Es como ir en la cresta de la ola, siempre hacia adelante buscando estímulos que nos hagan sentir "vivos". Hay una generación que vive pagada a una maleta. No puede detenerse, necesita viajar constantemente y es alentada a ello. De la misma forma, se establece el viaje a través de las redes. Basta con observar el comportamiento de muchas personas pegadas a sus teléfonos a la espera constante, en continua exploración de algo que les saque de ese estancamiento. Hemos vaciado a la persona y le hemos dado la vuelta como si fuera un viejo abrigo. Solo cuenta lo exterior, que es lo que se percibe, lo que otros ven y los demás miran. Es la petición de mirada constante que lleva a eructar, a orinar en público, en violar a una amiga drogada, como se nos cuenta.

Faltan referencias reales, capaces de atraernos hacia nosotros mismos sin encontrar un vacío horripilante. Este vacío sigue creciendo, día a día, mirada a mirada. Se han cortado los lazos positivos con valores, con ejemplos que nos hagan mejorar y se nos manda a un vertedero moral en donde algunos degustan los olores recreándose en las porquerías.

Una generación crece ya con esto como normalidad. No tienen lazos con casi nada, no entienden más que lo inmediato. Eso lo percibimos en el campo de la educación, pero basta con salir a la calle cada día para darse cuenta de lo que se ha perdido y de lo que está ahora presente. Ese mundo de porquería reivindica su poder con la complacencia de aquellos inaprensivos que se hacen ricos, millonarios por facilitar el acceso a un mundo salvaje y vacío, sin reglas, solo con el horizonte del beneficio. 

* Lidia Fernández Segura "Quién es Maeb, la 'tiktoker' que ha sido detenida por agredir sexualmente a una amiga y publicarlo" 20minutos 27/06/2023 https://www.20minutos.es/noticia/5141526/0/quien-es-maeb-tiktoker-que-ha-sido-detenida-por-agredir-sexualmente-una-amiga-publicarlo-br/

sábado, 30 de abril de 2022

De lectores e influencers

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Creo que uno de los primeros artículos que publiqué siendo profesor se titulaba "Crisis de la lectura, lectura de la crisis", en la revista Crítica. Se centraba en una campaña del ministerio para la promoción de la lectura cuyos carteles nos mostraban a un chimpancé rascándose la cabeza. Durante mi etapa de profesor de Literatura Universal contemporánea, casi veinte años en el departamento de Filología Española III, hoy diluido como Sección departamental de otro en la Facultad de Filología, todo mi empeño era que la gente leyera. Y leían. Leían sobre todo porque además de las lecturas comunes que iban de Santiago el Fatalista y su amo o el Cándido de Voltaire, con las que empezábamos y llegaban a Camus y Sartre, a Beckett, a Ibsen, a Ionesco, a autores como Graham Green, con El poder y la gloria, tenían que escoger sus propios autores y géneros. Así, con asignaturas anuales, debían elegir un trabajo de autor, que entregaban a la vuelta de navidades, para el que leían 6 o 7 obras, algunos más, para entregar a final de curso otro trabajo de género, en el que entraba de la Ciencia-Ficción al relato policial, la novela de aventuras o cualquier otro que ellos elegía. Para este segundo trabajo debían leer otras 10 o 12 obras.

Los autores que elegían muchas veces eran de actualidad, con publicaciones recientes; recuerdo trabajos sobre Bret Easton Ellis, que entonces estaba en boga con su provocativa Menos que cero. Lo importante era dar la oportunidad de leer, de seguir una senda que te permitiera leer más y, sobre todo, mejor.  Era una senda individual, un descubrimiento propio, un tanteo por un mundo amplio, rico, diverso.

Mi labor era tentar, algo diabólico, atraer, ofrecer puertas posibles después de preguntarles "¿qué te gusta?". Cuando ya tenía un cierto perfil lector, lanzaba una propuesta inicial: "¡Lee esto, ya verás como te gusta!" Si no conectaban, existían muchas otras alternativas hasta conseguir esa sintonía. No había plan premeditado de imponer nada.  Había una parte común, variable cada año, y otra parte de libre elección de cada uno. 

Lo importante era que les gustara, que encontraran en la lectura un espacio de búsqueda y satisfacción, que comprendieran que era un universo inagotable, algo más que el marco rígido de un programa con unos autores fijos. Ya habrá tiempo de leer otras cosas, pero no se puede prescindir de la formación del gusto lector y del gusto del lector, que son dos cosas distintas. Hay libros, obras maestras, para todos y no solo esa dieta igualitaria que al final nadie acaba por leer. 

Leer es un aprendizaje en paralelo a la vida, un camino al que se recurre según los estados de ánimo, según el cambiante perfil que ofrecemos. Hay momentos Moliere, como hay momentos Dostoievski; hay momentos Byron, como hay momentos Ionesco; días Hölderlin y ratos Pavese. Todo lo demás es invadir y militarizar la península de nuestra mente. ¡Cuánto daño han hecho nuestros programas y clases empeñándose en crear panteones ilustres a edades indebidas en lugar de formar lectores que depositaran sus homenajes en los momentos adecuados! ¡Cuántos desertores de la lectura creados por la imposición de libros que había que leer porque lo decía el Ministerio!

Cuento todo esto al hilo de la noticia que nos daban en RTVE.es con el titular "Los jóvenes dedican siete horas diarias al ocio digital y uno de cada tres desearía ser 'influencer'" y que recoge los resultados de un estudio presentado estos días. En él se señala:

Ver películas, series y vídeos, escuchar podcast, jugar a videojuegos online en grupo o escuchar música en streaming son algunas de las numerosas opciones que tienen los jóvenes para consumir ocio digital, una actividad a la que dedican, de media, siete horas al día.

En este ecosistema tecnológico, los creadores de contenido, los llamados influencers, se han convertido en estrellas o referentes a los que cada vez más chicos y chicas quieren parecerse. Tanto es así que uno de cada tres jóvenes españoles de 15 a 29 años afirma que le gustaría dedicarse a ello y uno de cada diez declara que está actualmente intentando hacerlo.

Son datos que revela el estudio ‘Consumir, crear, jugar. Panorámica del ocio digital de la juventud’, realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación FAD Juventud y presentado este jueves.

El propósito de la investigación era profundizar en las experiencias, percepciones y motivaciones de adolescentes y jóvenes sobre sus prácticas de ocio digital, para lo que se ha realizado una encuesta online a 1.200 jóvenes de entre 15 y 29 años.* 

En todo el detallado artículo no se incluye una sola vez la palabra "lectura" o "leer", tampoco "libro". Se utiliza "ocio digital", pero el ocio ya no se vincula con la formación personal, sino con el "consumo", que es el único criterio que une producción y recepción. Es una actividad de "mercado" en la que el tiempo empleado, 7 horas al día, supone una forma variada de actividad económica. Los jóvenes son introducidos en un mercado que absorbe 7 horas diarias de su vida en un periodo esencial ya que en él se decidirán los gustos, aficiones y líneas vitales posteriores.

El fenómeno no es nuevo, pero ya no parece importarle a nadie. ¿Y por qué iba a hacerlo? ¿Por qué iba a hacerlo en un país con la mayor tasa de desempleo juvenil de la Unión Europea? ¿¿Por qué iba a hacerlo en un país en el que los jóvenes forman parte de un sistema de explotación institucionalizado a través de un empleo precario, mal pagado y peor valorado? ¿Para qué hace falta formarse en un país de pinches y camareros, de empleo de temporada? No vemos a los jóvenes como ciudadanos ni a España como un espacio común, sino como un mercado y una bolsa de desempleados mal pagados, sustituibles. Los que tienen más formación lo ocultan porque puede ser hasta un obstáculo para su contratación. ¿Qué se puede hacer cuando las propias instituciones educativas hacen negocio con la formación de los parados?

El miércoles, el día antes de la presentación, formé parte de una mesa redonda en la Facultad sobre la formación del comunicador pero en la que se acabó debatiendo el papel de los videojuegos y en concreto en la necesidad de formar guionistas de videojuegos. En la sesión anterior, la interviniente dijo entre sonrisas algo ya sabido, que el negocio de los videojuegos mueve más dinero que el del cine, los audiovisuales y el mundo editorial juntos. Se dijo con cierta sorna y superioridad. Todo se ve desde el dinero que produce.

Si creemos lo que nos dice el informe significa que estamos hablando con gente que solo coge algún libro esporádicamente, que dedica 7 horas al "ocio digital" y poco más, porque el día tiene 24 y otras 8 se dedican al descanso para poder seguir. Eso en España, en donde, por cierto, tenemos las mayores cifras europeas de abandonos y en donde a 4 de cada 5 les gustaría dedicarse, claro, a lo que hacen: dedicarse al contenido digital, a ser influencers. Sustituimos al sabio por el experto y al crítico por el influencer. ¡Hasta Putin tiene una hija influencer! No hay famoso o famosillo que no tenga una hija influencer dispuesta a lanzarse al mundo.

Hace unos días, la prensa española del corazón desvelaba un gran momento, aquel en el que la hija adolescente de no sé quién revelaba su futuro: quería ser influencer. Maquillada y vestida a la última, ya estaba lista para sorprender al mundo con su ingenio y desparpajo.

En 27 años, desde 1995, hemos creado un mundo que ha hundido la idea de cultura sustituyéndola por un concepto de mercado del ocio que requiere toda nuestra atención (Economía de la Atención), que absorbe todo el tiempo posible porque vive de él, da igual lo que hagamos, lo importante es estar conectados. El sistema económico descubrió pronto que los jóvenes nacido en un mundo de pantallas digitales se alejaba de los canales publicitarios y de dirección orientada del consumo, que necesitaba usar ese mundo, sus lenguajes y sus propios intérpretes. La inversión ha sido grande y la rentabilidad alta. Pero ha tenido sus costes en otros términos.

En vano psicólogos, sociólogos y pedagogos han advertido de los riegos de la adicción, pero no ha servido de mucho. Sabemos que la edad con la que se accede al teléfono es cada vez menos porque nadie quiere quedar excluido del grupo, un hecho fundamental que los psicólogos sociales nos cuentan y que es muy importante en las relaciones sociales.

Llevamos 27 años y esta industria cultural ha superado a todas las formas anteriores y sigue extendiéndose porque ya no hay formas de defensa en escuelas ni familias. Estamos ya en la segunda generación, es decir en la de familias que no han leído, que solo consumen cultura al dictado de la moda, que es un mecanismo sin memoria, de mera sustitución: se lee solo lo último, lo que está de moda y se olvida cuando deja de estarlo.

La adicción es poderosa y los es también el vacío que deja. Lo malo es que para ser consciente de ello hay que ser crítico y este mecanismo lo devora, es consumista y adictivo. No se plantea la crítica de su propia situación.

La gente en esta estado es mucho más manipulable y se mueve por estados emocionales. No es crítica, solo irritable. Con saber cómo provocarla es suficiente. De eso se encargan los analistas tras los equipos que analizan las estrategias de comunicación apoyados en lo que nuestros datos en la red revelan.

La cuestión es grave. Solo nos fijamos en los casos extremos, como el asesinato de los padres y una hermana por parte de un joven de 15 años al que se le quitó el teléfono móvil y se le prohibió acceder a las redes por su bajo rendimiento escolar. Deberíamos leer de forma crítica ese informe y observar con más detenimiento el deterioro y empobrecimiento de nuestra sociedad, especialmente desde el sistema educativo.

Hemos hecho negocio de todo, especialmente de la ignorancia, que siempre ha sido rentable, pues deja las puertas abiertas a más. No ofrecemos la aspiración a una sociedad mejor, sino más entretenida, más consumista, centrada en el ocio. Ese ocio digital del que se nos habla tiene sus paralelos en esa obsesión con el ocio como centro de la vida económica que hemos vivido en esta pandemia donde son más importantes las discotecas que las fábricas y los chiringuitos que la agricultura.

Necesitamos que la gente piense en salir y salir, dónde vaya ya se lo disputarán las Autonomía, los lugares de ocio. Hay que tener puentes y más puentes para ir a esos centros de ocio o a pasarlos, acompañados del teléfono o la consola.

Es raro ver a alguien leyendo en el transporte público. La gente mira sus teléfonos abstraídos, robotizados, aislados. Están produciendo, trabajando en el trabajo que se disfraza de ocio y requiere todas nuestras horas.

La creencia narcisista que se crea es la de que todos están deseando escucharnos, convertirnos en creadores de contenidos, la imagen que el espejo de la pantalla nos ofrece de nosotros mismos, dar el salto al otro lado, al del influencer.

Una compañera, con la que ya había compartido un libro-fórum, me ha dicho que va a hacer uno en la facultad. Le he dicho que cuente conmigo. Volveremos a la aventura de descubrir libros valiosos, un "deporte" al que ya ninguno se dedica porque el gimnasio no deja tiempo.

¿Para qué leer? Te convierte en un amargado, tus amigos te consideran raro y nadie te paga por ello, los tres pecados sociales de la lectura. En estos tiempos son imperdonables. No deja de ser un signo de esta época lo poco rentable que resulta ir contra corriente. Hay que dejarse llevar por el mainstream y sacarle el provecho. Son los tiempos de los comisionistas de las mascarillas, héroes populares. ¡Ellos sí que saben! Si no puedo ser influencer, me gustaría ser comisionista. Mejor eso que enlazar ocho contratos en un año y eso si tienes suerte, claro.

No tengo nada contra el ocio digital en sí. Lo tengo contra la creación de adicciones y contra un ocio que barre la Historia, la Cultura y todo el legado de un plumazo, en una generación, a la que se llena de momentos divertidos pero a la que a la vez se explota a través del ocio y del negocio. Los jóvenes son mercado importante desde los años 50 del siglo pasado; se fueron creando nichos cada vez más aislantes, generacionalmente hablando, pero nunca se llegó a estos extremos separadores que ahora vemos.

Desde hace mucho he intentado diversas fórmulas para promocionar lo que considero valioso en el cine, en la literatura, el pensamiento o la música. Al final es difícil penetrar esta costra española que nos envuelve y acabas con alumnos extranjeros que llegan desde lugares que tienen más clara la distinción entre el ocio y la cultura, entre este presente constante y el flujo cultural de la historia. Este desprecio a lo anterior por viejo, por ser en blanco y negro, por no tener ilustraciones o por cualquier otra característica que te mande al olvido es muy español; es fruto de un país que pasó de la pobreza a la riqueza en una generación, pero que no asimiló la necesidad de la cultura en su desprecio orgulloso. ¡Que inventen ellos!" fue un grito mal interpretado. Ni inventamos ni pensamos, solo vivimos en el ocio, un agujero de consumo que nos consume. Durante siglos, el ocio era precisamente el espacio del que uno disponía para la reflexión, para poder comprender el mundo serenamente. ¡Qué lejos de lo que hoy llamamos ocio!

Es terrible tener que buscar trincheras en las que defenderse de esta ola de abandono que hemos aceptado solo porque produce dinero, poderoso caballero. Pero si podemos morir por dinero para que la economía funcione, ¿por qué no morir incultos cuando ya vivimos incultos? ¿A quién le importa?

Lo más terriblemente irónico es que todo está ahí, en las redes, en repositorios y bibliotecas digitales, casi siempre gratuito. Hay cultura para estar entrando en ella varias vidas seguidas, de todo lo que queramos: libros, revistas, música, pintura, cine... Todo está allí... Pero falta el ánimo de unos para promocionarlo, las ganas de otros para acceder a ello. La atención se nos roba en un mundo en el que produce beneficios lo intranscendente mientras que lo valioso se ignora aunque se regale. Nada es valioso, solo aquello que nos atrapa y le renta a otros.

Sé que hay gente que usa su influencia para buenas causas. Muy loable. Pero el problemas es el método, la forma en que nos acostumbramos y acaba formando nuestros hábitos comunicativos y culturales. Esto no es inocuo, tiene sus efectos. Nunca en la Historia se ha dispuesto de una maquinaria tan poderosa de manipulación mental de la cuna a la tumba y en todos los rincones del globo. 

¡Qué pena que se cierren iniciativas culturales sencillamente porque no asiste nadie, mientras que son muchos lo que se matan por ocupar asientos ante cualquier ingenioso que nos cuenta chascarrillos de actualidad! Muchos le miran con envidia desde sus asientos con el secreto deseo de poder ganarse la vida de la misma forma, rellenando la vida de tantos otros de olvido, del momento que se acaba antes de pasar al siguiente.

Nunca se vendió el alma por tan poco. Nunca se olvidó lo valioso tan rápido porque hemos dejado de valorarlo. Simplemente desaparece; es de otro mundo, no del nuestro.


* "Los jóvenes dedican siete horas diarias al ocio digital y uno de cada tres desearía ser 'influencer'" RTVE.es 28/04/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220428/jovenes-estudio-ocio-digital-influencers/2343044.shtml