Mostrando entradas con la etiqueta credibilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta credibilidad. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de septiembre de 2023

La realidad desmentida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Desmentidos de que Yolanda Díaz no ha viajado en Falcon para ver a Puigdemont, de un tsunami en Almería que resulta ser un temporal en Tenerife en 2018, de inundaciones viejas que pasan por nuevas... ¿El futuro de la información son las noticias falsas, las fake news? Los medios dedican ya una parte de su plantilla a desmentir: unos informan temerosos de ser engañados, mientras que otros verifican y desmienten. Eso es el futuro y gran parte del presente.

El sistema vertical de la información, con una clara separación entre agentes, medios y receptores permitía llamar "mentiroso" a un medio si se comprobaba que sus informaciones eran falsas, Hoy tenemos medios falsos que lanzar noticias falsas que millones de personas reproducen convertidas en cómplices. Tenemos medios que tratan de ser veraces ante la indiferencia de los que prefieren un engaño a la carta. Tenemos "explicadores", que son esas personas que nos explican el sentido de lo que otros hacen (como nuestros políticos), que elaboran sus informaciones desde sus propios preceptos.

Tenemos, en fin, un mundo extraño por el que discurrimos, como el caminante del soneto de Charles Baudelaire por aquel sendero en el que los árboles le hablan con un lenguaje olvidado que no logra entender. Nuestra variable del soneto es que los árboles nos hablan en lenguajes que sí entendemos pero en el que no sabemos ya qué creer. 

¡Qué poco se parece la sociedad de la información a las primeras visiones que de ella se tenían, a los augurios de una época de diálogo universal, instantáneo de expansión del conocimiento, del compartir recursos...! No digo que no haya de esto, sino de cómo el triunfo ha sido finalmente de los vicios de siempre apoyados en las tecnologías nuevas.

Hoy medios y profesionales de la información sufren en el debate interno de a qué palo quedarse, si al de la mentira y la desinformación, al de la trivialidad masiva o al de la pobre noticia confirmada por más de una fuente, en un mundo en donde de lo que no te puedes fiar precisamente es de las "fuentes", salida de los discursos preparados por gabinetes de expertos en retórica y en el nuevo terreno bélico de la información. Cada comunicado, cada declaración, etc. es un artefacto explosivo destinado a destruir o reparar una "imagen".

Los periodistas mueven los micrófonos como se mueve la cabeza en un partido de tenis sin descansos atendiendo a los numerosos comunicados, ruedas de prensa, comparecencias, etc. a las que se les reclama. Es a ellos a los que hay que convencer para que se recele menos; la etiqueta del medio es importante para el aumento de la credibilidad, el valor en crisis.

La Sociedad de la Información es también la Sociedad de la Desinformación. Lo que se refiere a la circulación de señales por los circuitos creados es indiferente a la verdad o falsedad de lo que circula. Pero desde el punto de vista sociocultural, la diferencia entre la verdad, la mentira o la creación de lo inexistente es esencial. La mayor parte de nuestros conocimientos no proceden de la experiencia propia sino de lo recibido como unidades informativas. Los mensajes llegados nos amplían el mundo, cambian nuestra perspectiva y determinan nuestras actitudes y comportamientos. Vivimos jerarquizando la credibilidad que concedemos a los agentes que nos hacen llegar informaciones en una red que incluye de los parientes cercanos, las personas de nuestro entorno social y laboral, la escuela y demás instituciones educativas... hasta llegar al mensaje que nos entra por el móvil. Putin reescribe los libros de texto para cambiar la "verdad" de un Stalin más asequible y una guerra más "necesaria" para "salvar" a los invadidos. Para los adultos propaganda, para los niños manuales escolares.


Muchas veces se nos advierte de no abrir correos poco fiables porque pueden ser los disfraces de otras intenciones o simplemente buscan engañarnos. El recelo se instala en nuestras comunicaciones y crea sus zonas creíbles. De una forma u otra, parcial o total, nos mostramos cada vez más a la defensiva frente a la información que nos llega. Ya sea porque busca engañarnos o dañarnos, percibimos la información de forma distinta. Sin embargo, la necesidad de información sigue siendo una realidad. La necesitamos para decidir, para mantener una actitud ante lo que nos rodea, ser conscientes de los problemas reales, de los propios y de los ajenos. Precisamente por ello somos conscientes de la importancia de la información y de la necesidad de tener confianza en ella. Buscamos desesperadamente poder confiar, encontrar fuentes fiables. Es algo que irá creciendo con el tiempo.

Puede que esto haya estado presente a lo largo de la Historia, pero lo cierto es que nunca hemos tenido tanta información, tantos medios de distintos tipos, como tenemos hoy. Del libro, que posibilitó, la duplicación, distribución y almacenamiento a la sociedad multimediática que nos envuelve y reclama nuestra constante atención. Hemos pasado en poco tiempo del pregonero en la plaza, de la lectura del periódico en un café... a tener en un teléfono acceso a todo el planeta, a todas las fuentes y noticias, a un inmenso entorno informativo que nos exige respuestas y reacciones.

La otra cara de este crecimiento de la desinformación es la producción de un tipo de audiencia que se deja llevar, que busca reforzar con la información su propia radicalidad. Es en lo que se basa ese populismo creciente, en la necesidad de la mentira refuerzo, la que los sujetos aceptan de buen grado porque coincide con sus propios prejuicios ya establecidos. Este aspecto es cada vez más preocupante. No hay aspiración a conocer la realidad, sino deseo de recibirla deformada, a nuestro gusto. Para eso se nos estudia, se analizan nuestros rastros digitales segundo a segundo.

Hoy la mentira se ha convertido en la norma en muchos regímenes políticos en los que se vive como en una burbuja, creyendo firmemente en los que se les dice y se cortan los lazos con el exterior. La tentación ha llegado a los países democráticos y eso hace todo más complejo porque es parte de la democracia informar bien sobre una realidad que quiere acercarse a la verdad o a algo que se le parezca. Pero entre la imposibilidad de una verdad última y una mentira intencionada sigue habiendo mucha distancia.


sábado, 23 de julio de 2022

Ser político es ser responsable

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cuando se lleva mucho tiempo con un blog como este, más de diez años, uno desarrolla un cierto sentido de "día de la marmota", de "déjà vu", de "eterno retorno" o como prefiramos llamarlo según nuestra visión de los ciclos.

Algo así me sucedió hace un par de días cuando escuché en un noticiario que el gobierno hacía cambios para "explicar mejor sus logros a la ciudadanía". En esta frase —ya escuchada— se expresan una serie de conceptos propios de la política española. El primero de ellos está implícito: los gobiernos lo hacen muy bien, pero la gente no lo llega a saber con claridad. El segundo se deriva del primero: todo es comunicación en política.

Tanto el primero como el segundo son falsos, pero son los que mejor ayudan a explicar los cambios cuando llegan las vacas flacas. Cuando un gobierno, casi al final de su legislatura, ve que se van perdiendo elecciones autonómicas una tras otra, que las encuestas tienen muy mala pinta, saca esas teorías de que la gente tiene un problema y no comprende la magnitud de los logros alcanzados. Hay un problema comunicativo.

En RTVE.es leemos hoy sobre los cambios: 

Con un PP que lleva tiempo viendo un “cambio de ciclo” y al que las encuestas, incluida el CIS de José Félix Tezanos, dan como vencedor en unas hipotéticas elecciones generales, Sánchez ha optado por cambiar la estrategia de comunicación con dos nuevas caras visibles al frente de sus portavocías. "Fuerza", "carácter", "impulso"... Esto es lo que, según fuentes socialistas, persigue Sánchez con estos cambios. El objetivo es mejorar la coordinación entre el Gobierno y el PSOE y la comunicación a los ciudadanos de la gestión socialista. Y repiten el lema del discurso de Sánchez durante el debate sobre el estado de la nación: "Vamos a por todas".* 

 

El párrafo anterior concentra lo que acabamos de exponer y que hemos comentado las diversas ocasiones en las que en los últimos años de nos ha dado la misma explicación que parte de ese principio implícito de que el electorado/audiencia es idiota o, si se prefiere, tiene dificultades para entender lo que es mejor para ellos o el país.

Se recurre así a personas con "buena imagen", pedagogos políticos, etc. para reparar el fallo comunicativo, la brecha del lenguaje. En política de poco sirve hacer bien las cosas si no se saben contar, algo que tiene un peligroso y tentador principio contrario: no hace falta hacer bien, sino solo contarlo bien. Se cae entonces en esos logros infinitos que, sin embargo, no vemos por ninguna parte. "Lo que se ha hecho es lo que se ha podido,  pero queda mucho por hacer", "vóteme si quiere completar el paraíso....", etc. son los mensajes que se envían cuando se ha llegado a un punto crítico en las encuestas.

Pero lo que tenemos es lo que hay. Aquí hemos estado discutiendo si se puede dejar al perro en la puerta de un supermercado mientras los precios del supermercado se disparaban; se ha discutido sobre el consumo de carne cuando la inflación ha hecho que muchos hogares no puedan disfrutar de ella más que de uvas a peras. Por cierto, la fruta está por las nubes.

La "comunicación" forma parte de lo que se llamó la "nueva política". La "utopía auditiva" de Yolanda Sánchez, con toda su buena intención —que no la dudo— es más de lo mismo: todo es un problema de "escuchar" y con una gira se solventa todo. Todo parte de la misma idea, hay un problema de comunicación, cuando el único problema es el propio sistema político que se ha dedicado a priorizar lo que da más popularidad dejando de lado lo sustancial, como lo del consumo de la carne o de las mascotas en la puerta del supermercado.

Decir que hay que consumir menos carnes le sale muy barato al ministro que lo dijo y muy caro al sector. Puede que el ministro vaya a por el voto vegano, pero lo cierto es que ha perdido zonas en las que miles de personas se debaten entre la vida y la extinción. Como todo es comunicación, el presidente sale ante los micrófonos ponderando las virtudes del chuletón en su punto. Y así sucesivamente.

El político eficaz es el que responde con rapidez e ingenio, el que se gana cada día el espacio en los titulares, el que sabe contar, quien dice que "ha llegado el tiempo de la sonrisa" cuando se van a retirar precipitadamente las mascarillas en plena pandemia. El político comunicativo es el que te dice lo que esperas escuchar mientras te mete la papeleta en el bolsillo electoral de tu cabeza. Como en la buena magia, lo que hace una mano distrae de lo que hace la otra. Y la gente ya no está por la magia de la palabra, sino por la eficacia de los hechos.

El País, 23/07/2022

Estamos en una brutal crisis que no es de ahora, sino que lleva arrastrándose tiempo, pese a que no se reconozca como tal. Esta se traduce esencialmente en el drama del empleo, en su precariedad y baja remuneración, en su estacionalidad por el efecto del turismo. Es algo que desencadena una serie de problemas unidos y derivados, de la incapacidad de acceder a la vivienda o construir una familia hasta la despoblación y abandono de regiones enteras que van perdiendo servicios básicos y calidad de vida. Son problemas reales y que se acumulan ante el cortoplacismo político y la negativa a emprender iniciativas reales de transformación. La solución es amplificar lo hecho, por poco o inútil que sea, porque "la gente no lo valora", se nos dice.

Si los políticos tienen que hacer una gira por España para que les cuente los problemas reales, es que la clase política está mucho más encerrada que Buda en su infancia, absolutamente desconectada de la realidad, que es precisamente su obligación, pues no es otra cosa de lo que deben responder sino del estado en que se encuentra la realidad. Irse de gira a escuchar es distanciarse de lo que tenían que haber hecho, una especie de disculpa (comunicativa), decir "yo no soy responsable de lo que hay" cuando la clase política es la responsable de todos y cada uno de nuestros problemas porque esa es la esencia de la política en un sistema democrático, estar en contacto con la realidad ciudadana para que esta mejore y aumente la calidad de vida.

Lo que estamos viviendo estos días, de los incendios imparables a las muertes por golpes de calor de barrenderos, los cierres de fábricas por los precios de las energías y la inflación, etc. es responsabilidad de la clase política por más que el arte de la justificación y de responsabilizar a otros sea una de sus destrezas.

El País 23/07/2022

Ser político es ser responsable, no ponerse cada día delante de un micrófono a explicar que no les entienden. ¿Son unos incomprendidos? Más bien lo contrario; muchos han perdido la capacidad esencial de comprender a los ciudadanos, no de forma retórica, como es fácil decir, sino de forma real, anticipándose a los problemas, resolviendo las crisis. No es lo que escuchamos a unos y a otros. Es fácil señalar los errores de los demás en cada espacio político. No es tan fácil, por el contrario, entender que todos —sean del color que sean— son responsables, les guste o no, lo reconozcan o lo nieguen.

Hay muchos que llegan a la política pensando que todo es comunicación, que basta con los cursillos que se les dan para triunfar. El triunfo político es el de los hechos, no el de las palabras; no es el de los aplausos, sino el de una realidad objetivamente mejor, un cambio en la calidad de vida. Pero para eso hay que saber algo más que discutir, que ser ingenioso, que tener fotogenia, etc. las virtudes del político comunicativo. Hay que ser competente en muchos campos, tener experiencia, saber analizar problemas, proyectar mejores futuros, saber dialogar y tener en la cabeza un conjunto de problemas que son condicionantes de nuestras vidas. No es fácil, pero no hay nada que no arregle un buen discurso.

En estos día estamos viendo ejemplos en diversos lugares del mundo, de Sri Lanka a Latinoamérica, de los efectos de la "política" basada en palabras, incapaz de resolver problemas. Son reacciones fruto de años de indefensión frente a clases políticas inútiles y egoístas, "comunicativas". Han hecho muchas giras "escuchando", pero muy pocas "resolviendo". No esperemos a llegar a esos niveles. Merecemos algo mejor y hay que luchar por ello. Lo que significa: hacer mejores leyes, no dejarlas aparcadas para que se pudran, aunar el máximo de voluntades, agilidad y eficacia, menos amigos y familiares, menos comisionistas, más autoexigencia política, menos mirar a las urnas y más a los problemas de la realidad. El problema no es "conservar" el poder, sino qué se debe hacer desde él por el bien general. La falta de eficacia política es la que determina las crisis de credibilidad democrática y el ascenso de los populismos. 

La idea de que los electores somos "cortitos" y que nos tienen que explicar las cosas varias veces es muy burda y contraproducente en muchos casos. Pero parece que la cosa no da más de sí. Será que no les entendemos.

 


* Rocío Gil Grande "Sánchez refuerza su núcleo duro y rearma al PSOE de cara a un 2023 electoral en el que se lo juega todo" RTVE.es 22/07/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220722/sanchez-refuerza-nucleo-duro-rearma-psoe-ciclo-electoral-2023/2390301.shtml

 


viernes, 6 de marzo de 2020

Ahora se juega en USA

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El enfrentamiento a la crisis del COVID-19 tiene en los Estados Unidos una peculiaridad y algunas circunstancias. La peculiaridad es que tiene por presidente a una persona cuya relación con la verdad es, por decirlo técnicamente, bastante problemática. En cuanto a las circunstancias, me refiero a la peculiar posición que la sanidad tiene en la política norteamericana; basta con pensar el odio (realmente odio) al llamado "Obamacare" de los republicanos con la llegada de Trump al poder.
Con estos dos puntos de partida, los Estados Unidos, en pleno año electoral, se enfrenta a la crisis lejana que se fue acercando. Es una crisis sobre la que su papel de potencia mundial ha ejercido de juez, fiscal y jurado, verdugo en ocasiones. También es el escenario de un desafío mundial entre dos potencias, una que está logrando salir de una crisis durísima mediante férreas medidas de control de la población, de autodisciplina y muchísimo sacrificio, con la reducción de casi un punto en su crecimiento. En la otra esquina del cuadrilátero, el país al que le está tocando saltar a demostrar que, además de hablar, es capaz de combatir en su propio terreno los efectos de esta crisis.


Pero las armas de los Estados Unidos, en este tipo de crisis —las que no se solucionan con drones o mandando portaviones a la zonaؙ—, no van a funcionar con la eficacia que se presumía.
En la CNN se ha publicado el artículo, "Coronavirus testing crunch exposes White House to fierce backlash"*, firmado por Stephen Collinson, en el que se recogen parte de las críticas a la Casa Blanca por la gestión hasta el momento y el papel jugado por el presidente Trump. El artículo se cierra así:

Despite all the grim news, Trump is continuing to downplay the sense of crisis, in a way that contrasts with Pence's reliance on scientific and government experts.
"With approximately 100,000 CoronaVirus cases worldwide, and 3,280 deaths, the United States, because of quick action on closing our borders, has, as of now, only 129 cases (40 Americans brought in) and 11 deaths. We are working very hard to keep these numbers as low as possible!" the President tweeted, before the numbers rose later in the day.
Later, in a Fox News town hall in Pennsylvania, he boasted about poll numbers related to his management of the crisis that are now three weeks old.
"We've gotten the highest poll numbers of anybody for this kind of a thing," Trump said. "We were given tremendous marks -- you look at Gallup polls, you look at other polls."
Earlier in the day, the President was fuming about a backlash to his remarks of a day before that had appeared to indicate he was relaxed about people with the virus going to work. In a phone call with Sean Hannity on Fox News, he also suggested that World Health Organization estimates of the death rate for the coronavirus of 3.4% were wrong. "I think the 3.4% is really a false number," Trump said. "Now, this is just my hunch."
It is possible that when all the post-epidemic data is evaluated the death rate will be below the WHO estimate.
But it was another example of Trump speaking imprecisely at best, misleadingly at worst and offering disinformation about a crisis that could have profound reverberations for him in his reelection year if it causes a major economic downturn.*


Trump tienen muchos problemas, pero el principal es que no puede dejar de ser "Donald Trump". "Ser" Donald Trump significa, en términos políticos, "soy  el arregla todo", "nadie puede hacerlo mejor que yo", "soy la máxima garantía", etc. En circunstancias normales, esto le funciona ante su electorado, que quiere creerle. Pero —la psicología lo explica bien— conforme creer lo que dice el presidente pone en riesgo real la vida de las personas o hace aumentar el miedo al peligro, es más difícil creer en él. El miedo, con el que Trump ha jugado a lo largo de su campaña y presidencia, se vuelve contra él cuando las noticias informan que existe un riesgo real diferente al que quiere hacer creer. La credibilidad se derrumba.


Este problema no es ajeno a otros políticos, pero en el caso de Trump tiene los agravantes de la mentira reiterada, el uso constante del miedo y la sobrevaloración de su persona. Al "dios Trump" le pueden estar abandonando sus creyentes, sencillamente, por instinto de conservación.
Con la economía encogiéndose, a Trump le empiezan a surgir conflictos que difícilmente podrá resolver solo con palabras. En el artículo de Collinson leemos:

Trump met airline executives at the White House on Wednesday and they asked him not to publicly discourage Americans from taking planes since their business were at risk, a person familiar with the meeting told CNN's Kevin Liptak.
The plea by the CEOs points to the difficult challenge the administration faces. It wants to keep America moving, to shield the economy from damage and to keep life as normal as possible.
But it also has a duty to tell the American people the truth at a time of an emergency. And it must must weigh every word that could cause a stock market slump or have devastating commercial reverberations.*


Difícil tesitura, desde luego, pero que un dirigente en su sano (y recto) juicio debería sopesar desde el "deber", que no es la economía, sino el control de la enfermedad.
Todos los países se están enfrentando a este dilema, en niveles que va desde los ayuntamientos a los gobiernos nacionales. Pero es evidente que si se decantan por los intereses comerciales, lo único que se generará es un pánico caótico que arrastrará igualmente la economía y hasta el orden público.
Las críticas a Trump se están volviendo más virulentas cada día que pasa. La experiencia nos dice que el hecho de haber pasado a Mike Pence la gestión de la crisis será incapaz de dejar de intentar subirse al escenario, entre otras cosas porque se lo exigirán. Va a ser difícil preservarlo del desgaste que pueda suponer todo esto. Es especialmente claro que los ataques contra el sistema sanitario anteriormente le van a pasar factura si no se la están pasando. Es algo que dará, además, alas a los demócratas que traten de ampliar los servicios sanitarios.


En The New York Times, por ejemplo, tenemos titulares de este cariz en estos momentos: "Trump’s Calamitous Coronavirus Response" (Michelle Goldberg), "When Coronavirus Quarantine Is Class Warfare" (Charlie Warzel), "Coronavirus Could Threaten U.S. Economy Even More Than China’s", "The Rich Are Preparing for Coronavirus Differently"...
Como puede apreciarse, le abren tres frentes: el personal (calamitosa gestión), la cuestión del dinero (los ricos se buscan su propia protección y aislamiento pero exigen que los pobres mantengan la vida normal para sostener la economía), China se recuperará antes.


Conforme sus palabras dejen de tranquilizar, Trump tendrá que ir aumentando su nivel de declaraciones, creando sus propios conflictos. Ahora es la prensa enemiga la que le ataca, pero pronto la conservadora no podrá defenderle si esto sigue así.
Ahora China le está devolviendo el golpe propagandístico y el presidente Xi Jinping se siente más fortalecido por el creciente orgullo nacionalista debido a los ataques exteriores, como era previsible.
No va a haber ganadores en esta crisis que afectará a todos, pero sí puede haber grandes perdedores: los que queden ante las opiniones públicas como inoperante, falsos y tendenciosos. Si la crisis sigue creciendo en los Estados Unidos, si lo hace más que en otros lugares o si, simplemente, la versión de Donald Trump difiere cada día más de la realidad, está claro quién habrá perdido más. 


* Stephen Collinson "Coronavirus testing crunch exposes White House to fierce backlash" 6/03/2020 https://edition.cnn.com/2020/03/06/politics/coronavirus-mike-pence-donald-trump-politics-congress/index.html




lunes, 17 de junio de 2019

Nadie a quien creer o el lobo con piel de pastor

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El ataque en aguas del estrecho de Ormuz a dos petroleros ha elevado el nivel de alerta ante el peligro de que se produzca una escalada tras un hecho oscuro. La rapidez con la que los Estados Unidos de Trump se ha lanzado a responsabilizar a Irán no ha gustado en todo el mundo, especialmente en Europa que prefiere ser más cauta. Las imágenes ofrecidas por los Estados Unidos no han resultado convincentes más que para ellos. Pero la credibilidad de los Estados Unidos en estos casos quedó minada tras la Guerra de Irak y la inexistencia de sus "armas de destrucción masiva", las que nunca aparecieron, uno de los mayores fraudes de Inteligencia de la era moderna.
Las sospechas no solo vienen de fuera. La relación entre la Casa Blanca y los Servicios de Inteligencia no pasan por su mejor momento. En la guerra que Trump tiene contra el universo, se encuentra con que ahora necesita apoyarse en los servicios que él mismo ha boicoteado con motivo de las informaciones sobre la conexión rusa y desestimando sus informes sobre la participación del príncipe heredero de Arabia Saudí en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Los informes de la CIA responsabilizaban directamente al príncipe del secuestro, tortura y asesinato del periodista afincado en los Estados Unidos en la sede diplomática en Turquía. Esto, junto a otros casos, ha ido minando la credibilidad.
La ex asesora del presidente Obama y analista de seguridad nacional en la CNN, Samantha Vinograd, escribe sobre la cuestión del descrédito de los Estados Unidos producido por la llegada y acciones de Donald Trump a la Casa Blanca:

But because of Trump's own track record of wielding big sticks when it personally suits him, and then putting them down based on his mood that day, we are no longer viewed as a trustworthy partner. Since assuming office, Trump has withdrawn from the Paris Climate Accord, the Trans-Pacific Partnership and the Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty -- just to name a few.
In other words, the cost-benefit analysis of supporting US foreign policy initiatives is far more complex. Countries may question whether working with the United States is a lot of pain and no gain. And consider this: we asked our allies to work with us on the Iran deal. They did, and then we withdrew from it -- so getting them on board with more coordinated action on Iran will be more difficult.*


La idea de Vinograd es que los apoyos a un país se consiguen en la línea contraria a la que ha emprendido la administración Trump. No se puede jugar golpear a todos y después pretender que te crean y te apoyen.
La comunidad internacional, despreciada por los Estados Unidos, ha pedido calma y pruebas. Trump da lo contrario, grandes calentones y pocas pruebas. Como señala Vinograd en la primera línea de su artículo, "sembrar desconfianza tiene consecuencias". Lo ha hecho Trump, pero ha ido mucho más allá de la desconfianza por sus dudas y descalificaciones con el FBI o la CIA. Estados Unidos ha dejado de liderar.
La primera consecuencia del "America First!" es la pérdida del liderazgo. El concepto de liderazgo de Trump, curtido en las guerras sucias empresariales, conlleva la incomprensión absoluta del concepto además del fallo en la comprensión del otro, algo de lo que carece como competencia personal. La agresividad de Trump, la falta de empatía con el resto del mundo —es una persona a la que le tienen que escribir las preguntas que debe hacer a un niño, como ha ocurrido—, tienen como consecuencia esta falta de alineación con sus llamamientos. Con la excepción de los aspirantes a líderes del Brexit, los candidatos conservadores británicos a la presidencia del gobierno, el mundo no se cree a Trump.


El que sean los conservadores británicos los que creen a Trump, pese al rechazo popular demostrado, es una evidencia del aislamiento al que se ha condenado el Reino Unido. "UK Second!, debería ser su grito de guerra, supeditado ahora a los vaivenes de Trump.
Hay muchísimas dudas sobre la autoría de los ataques en el Estrecho. La primera es sobre quién se beneficia de unos ataques absurdos a un petrolero japonés en el momento en el que el primer ministro japonés visita Irán.
Lo que sí es evidente es que alguien quiere crear una gran tensión en la zona cuyos resultados pueden ser muy graves para todos los países más allá de la zona. Los efectos sobre la economía pueden ser destructivos con una elevación repentina de los precios del petróleo ante el temor al cierre del estrecho.


La guerra entre los servicios de inteligencia norteamericanos y su presidente minan la credibilidad mutuamente para los propios norteamericanos. El gobierno de Trump está siendo destructivo en todos los planos, internos y externos. Como ya señalamos hace unos días, sus muchas guerras tienen sus consecuencias. La primera es la credibilidad. Cuando un presidente ha conseguido que se cuenten sus mentiras diarias y se establezcan estadísticas al respecto, como ha hecho algún medio, no se puede esperar que te crean si más. Trump también ha desacreditado a los medios, así que no queda más instancia de verdad que... ¿queda alguna?
La historia del pastor, el lobo y las ovejas está en la mente de todos. Hay cambios importantes en los personajes. En esta fábula, el pastor lleva piel de lobo y el lobo de traje de pastor. Las ovejas están desnudas intentando saber quién tiene razón o a quién seguir. Estados Unidos se enfrenta a la evidencia de la pérdida de liderazgo por sus propias políticas y la Casa Blanca a su propia incongruencia y pérdida de credibilidad dentro y fuera.



* Samantha Vinograd "Trump's Iran problem: he's blown America's credibility" CNN 16/06/2019 https://edition.cnn.com/2019/06/16/opinions/donald-trump-iran-problem-distrust-intelligence-vinograd/index.html

viernes, 25 de marzo de 2016

El (¿falso?) final perfecto o #iononcicredo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si el Ministerio del Interior egipcio tuviera un mínimo de credibilidad, muchos podrían pensar que el final del caso del secuestro, tortura y asesinato de Giulio Regeni había llegado. La cuestión es que el Ministerio del Interior no tiene la más mínima credibilidad a fuerza de falsear y negar la realidad misma. No decimos que no sea verdad lo que dicen, sino que su bien trabajado desprestigio hace que nadie crea lo que dicen. Son los riesgos de estar falsificando pruebas durante años y ofreciendo las más increíbles historias.
Recordamos, por ejemplo, que la huelga de los médicos y los conflictos actuales se producen por las presiones y violencia que la Policía ejerce sobre ellos para obligarles a falsear parte médicos que puedan ser utilizados posteriormente como acreditativos de lesiones.
La historia que se pretende que se crea es la siguiente: La Policía se enfrenta a una banda de atracadores especializados en robar a extranjeros y que se hacen pasar por agentes de Policía. Matan a todos y posteriormente se encuentran los documentos (en impecable estado) de Regeni: pasaporte, carné de la UAC, carné de la Universidad de Oxford, de la que provenía.


El final es perfecto: no eran policías, sino delincuentes disfrazados de policías, que —no se sabe muy bien por qué— torturaron a Regeni (quizá para que creyera realmente que eran policías), lo matan y lo dejan abandonado cuando las autoridades italianas exigen que aparezca, una semana después de muerto. La Policía egipcia se enfrenta a ellos y no deja con vida a nadie. Los documentos de identidad y otras pertenencias aparecen.
Por empezar por el final, reproduzcamos el tuit con el que el ex primer ministro italiano, Enrico Letta, ha contestado a esta versión del asunto hace un par de horas y ha sido reproducido por La Stampa: "Mi spiace, #iononcicredo. #Regeni. #Egitto. Non fermarsi a chiedere #veritapergiulioregeni"*. Me pasa lo mismo que a Letta: #nomelocreo.


La prensa egipcia empezó diciendo que sí, que se creía que los cinco muertos estaban conectados, después pasó a desmentirlo y finalmente la página web del Ministerio del Interior nos da el comunicado de confirmación y añade las tres fotos con los documentos.
Independientemente de la falta de credibilidad que merece la Policía egipcia en su larga tradición represora y falsificadora de pruebas, el caso en sí es poco creíble. Se podrían citar muchos casos de falsificaciones, desde la tortura y asesinato de Khaled Said (uno de los detonantes de la explosión revolucionaria en 2011, el Día de la Policía precisamente) o el de Shaimaa al-Sabbagh, muerta de un disparo a bocajarro, con testigos y grabaciones, y que se intentó colgar a sus propios compañeros de manifestación, que fueron a declarar como testigo y los metieron como sospechosos. Los últimos incidentes de muertes a manos de policías en plena calle también han empezado con versiones inverosímiles ante lo que eran casos tan sencillos como sacar un arma y volar la cabeza a la persona con la que discutías por el pago de un transporte. Dejamos aparte las muertes en comisarías en interrogatorios.


La historia es absurda en sí porque una banda de estas características no hubiera hecho aparecer el cadáver cuando las presiones internacionales eran mayores, se hubiera desecho de él quemándolo o enterrándolo y, sobre todo, no hubieran guardado las pruebas que los comprometían con el crimen, es decir, habrían destruido inmediatamente los documentos. No nos molestamos en decir que hubieran desaparecido una temporada del panorama porque nos parece obvio.
La prensa italiana está en la misma línea de Enrico Letta, no se lo creen. Il Corriere della Sera señala:

Le immagini diffuse giovedì mattina dal quotidiano egiziano “Al Tahrir” mostravano un minibus bianco crivellato da una trentina di proiettili e, all'interno, i cadaveri di due giovani in jeans. Venivano descritti come due dei cinque presunti criminali, accusati di essere «specializzati nel rapimento di stranieri», che sono stati uccisi dalle forze speciali egiziane in una sparatoria alla periferia del Cairo. Che queste persone fossero legate al caso di Giulio Regeni, il ricercatore italiano torturato e ucciso al Cairo due mesi fa, lo avevano suggerito, oltre a “Al Tahrir”, anche altri due giornali egiziani - “Al Mogaz” e “Al Watan” - tutti in qualche modo vicini al regime. Le indiscrezioni - considerate l'ennesimo depistaggio - erano subito state accolte con un misto di critiche e di derisione sui social media, e anche con qualche frenata e cautela da parte di altri giornali egiziani. Poi nella notte “la tesi del legame” tra i due casi è stata sposata dalle autorità del Cairo. Non dicono esplicitamente che Giulio sarebbe stato assassinato da questa banda, ma l'omicidio viene inserito in quella pista della criminalità che sin dall'inizio i potenti d'Egitto hanno perseguito, negando strenuamente le accuse di torture e sparizioni forzate per mano delle proprie forze di sicurezza.**


Que los propios egipcios, a través de las redes sociales, se lo tomara a broma ya es bastante indicador del nivel de credibilidad que merece el asunto. Que hayan sido periódicos afectos al régimen, como señala Il Corriere, tampoco es trivial. Sale de ellos la conexión que inicialmente no estaba confirmada, es más, diarios como Mada Masr recogieron la negación del ministerio. Tienen ahora dos artículos con titulares distintos, los que niegan y los que afirman.
La vieja idea de que los muertos no hablan se aplica aquí a rajatabla. Parece que se hubiera estado esperando la ocasión de tener los muertos para que aparecieran los documentos de Regeni, insisto, en estado impecable, como si hubieran estado guardados con todo esmero.
Los documentos son el único elemento que vincula a los delincuentes muertos con Regeni. Es sencillo sacarlos del cajón y fotografiarlos cuando se da la ocasión propicia para fabricar el caso. Tienes los muertos, se sacan los documentos. Insistimos en que no hay ninguna razón para conservar una prueba que te incrimina. Hay que presumir algo más de inteligencia a los ladrones que a esta Policía. El caso es perfecto: mueren todos los incriminados y aparecen los testigos. No hay nadie que contradiga la versión oficial. Por ahora, claro.
La prensa británica reacciona de la misma manera que la italiana, con escepticismo. The Guardian titula: "Egyptian government claims Cambridge student’s belongings found after whole gang dies in shootout – though human rights groups point to security services"***. Tampoco les convence.


Il Corriere no puede dejar de hacerse las preguntas que cualquiera se haría ante lo que el gobierno propone:

I tanti interrogativi
Il ritrovamento della presunta borsa di Regeni nella casa dei criminali - che sono tutti morti, dunque incapaci di raccontare la propria versione - difficilmente verrà accolta come una soluzione da chi cerca la verità per Giulio. La ricostruzione lascia aperti molti interrogativi. Se la banda era specializzata nel rapire stranieri, come mai non si è mai avuto notizia di altri sequestrati da loro? Mentre il giornale Tahrir parlava di ben 40 rapine, il ministero dell'Interno sostiene che i criminali avrebbero fatto nove rapine nella zona di Nasser City e di New Cairo: ad essere derubati sarebbero stati un italiano identificato come David K, un portoghese di nome Carlos, un nigeriano e sei egiziani. Certo: tre stranieri sembrano pochi per una banda "specializzata in stranieri". A questo punto, le loro testimonianze sarebbero preziose: spunteranno mai fuori? Ma se anche fosse vero che quei nove sono stati derubati, perché mai Regeni è stato l'unico straniero di cui si ha notizia ad essere ritrovato morto con chiari segni di tortura?**

Hasta hace pocos días seguían corriendo rumores que eran desmentidos poco después, entre ellos la existencia de una grabación de vídeo de seguridad en la que se recogería un incidente violento entre Regeni y otra persona. Los rumores y especulaciones han sido constantes. Los desmentidos iniciales del ministerio negando vínculos entre el caso de Regeni y los delincuentes acribillados seguían en la misma línea. Después, aparecen los documentos.
El caso reaparece también en un momento específico: tras los atentados de Bruselas, es decir, en un momento de conmoción mundial en el que la atención informativa y los recursos se concentran en otras cuestiones. Parece que se buscara diluir el caso entre el torrente de informaciones y de atención distribuida. Si yo tuviera que hacerlo, también elegiría un momento así.


Como suele ocurrir en estos casos, el gobierno está pagando su falta de credibilidad. Que nadie le crea en lo que afirma es mérito exclusivamente suyo. Hoy mismo el ministro de Asuntos Exteriores —que debería fusionarse con el de Defensa— sigue sosteniendo que no hay persecuciones a las ONG de la misma manera que el de Interior dice que no hay tortura en su cárceles o que no ha desaparecido nadie, pese a las denuncias y condenas internacionales desde todos los ámbitos. Egipto está permanentemente a la defensiva; es el fruto de sus errores constantes.
En febrero, Mada Masr nos informaba de quién era el oficial de Policía encargado de esclarecer la investigación:

A senior police officer in charge of the preliminary investigation into the murder of visiting Italian student Giulio Regeni has a prior conviction for torturing a man to death and forging a police report, according to rights activists.
Alexandria Criminal Court sentenced Major General Khaled Shalaby to one year in prison in 2003 on charges of complicity in the abduction, torture, and murder of an Egyptian man, identified as Shawqy Abdel Aal, as well as falsifing official documents, according to human rights reports. However, Shalaby, along with two fellow officers from Alexandria’s Montazah Police Station, was issued a suspended sentence.
Shalaby, who currently serves as chief of Giza’s General Directorate for Police Investigations, was involved in Egypt’s fact-finding committee investigating Regeni’s brutal murder. He claimed Regeni died in a traffic accident, the privately owned Al-Shorouk newspaper reported, stating that there is no suspicion of foul play in the death of the 28-year-old Italian doctoral candidate. Preliminary findings revealed no signs of gunshot or stab wounds on Regeni’s body, Shalaby alleged.****


Con semejante elemento al frente de la investigación, no podía esperarse una mejor resolución del caso. Son acciones como estas las que le cuestan la credibilidad. Es el coste de no haberse desprendido de la corrupción y de la represión. Egipto está reivindicando las prácticas de la época de Mubarak a través de los hechos. Incluso los que fueron condenados por torturas y falsificación en la misma época de Mubarak son ahora puestos al frente de la maquinaria del Estado. No es trivial ni casual: es la constatación del enterramiento de los ideales de la revolución como democracia con futuro frente a la consagración de la represión y la falsedad institucional.
La cuestión que se plantea ahora es si empiezan a surgir contradicciones, testimonios, etc. que vayan en contra de la versión oficial. ¿Cómo se justifica entonces la tenencia de los documentos y demás pertenencias de Giulio Regeni? El "final perfecto" se habrá venido abajo y con él lo que le quede de crédito al gobierno. No creo que nadie se de por satisfecho con este final de la historia.
El caso de Giulio Regeni no está ni mucho menos cerrado. La crisis ministerial —otra más— intenta cubrir el desprestigio y la ineficacia de las distintas carteras del gabinete. El caso Regeni es otro de los enormes errores cometidos por el gobierno.
Habrá que decir con Enrico Letta: o siento, pero #iononcicredo.



* "“Regeni ucciso da una banda di rapinatori”" La Stampa, 25/03/2016  http://www.lastampa.it/2016/03/25/italia/cronache/regeni-ucciso-da-una-banda-di-rapinatori-FsCoYFK8pqyOP6nlM2eNjL/pagina.html
** "L’Egitto: «Uccisi i killer di Regeni»" Il Corriere della Sera 25/03/2016 http://www.corriere.it/esteri/16_marzo_25/passaporto-tesserini-universitari-hashish-egitto-borsa-giulio-mano-criminali-5e5a9054-f224-11e5-b685-3157f420423f.shtml
*** "Giulio Regeni murder: student's bag found 'with dead criminal gang'" The Guardian 24/03/2016 http://www.theguardian.com/world/2016/mar/24/giulio-regeni-students-bag-found-dead-criminal-gang
**** "Officer investigating Giulio Regeni death previously convicted of torture, murder" Mada Masr 10/02/2016 http://www.madamasr.com/news/officer-investigating-giulio-regeni-death-previously-convicted-torture-murder









miércoles, 2 de diciembre de 2015

No hemos sido nosotros o porqué nadie cree las razones americanas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El titular que abre en estos momentos la edición digital de The Washington Post podría sorprender a muchos: "Iraqis think the U.S. is in cahoots with the Islamic State, and it is hurting the war"*. Sin embargo, el titular se queda corto. Aquí lo hemos tratado en varias ocasiones: es una creencia asentada en todo Oriente Medio que Estados Unidos es el que está detrás del Estado Islámico, empeñados en destruirles. Y no se trata de algo de gente desinformada. Aquí dimos cuenta de la opinión del Papa copto en el mismo sentido. Para millones de personas, esto es una "verdad" incuestionable. 
A la pregunta de "¿por qué nos odian?", que se formuló tras el 11-S, habría que plantearse "¿por qué no nos creen nunca?", cuestión que es necesario plantearse urgentemente.
Comienzan así su análisis de esta situación en el diario:

BAIJI, Iraq — On the front lines of the battle against the Islamic State, suspicion of the United States runs deep. Iraqi fighters say they have all seen the videos purportedly showing U.S. helicopters airdropping weapons to the militants, and many claim they have friends and relatives who have witnessed similar instances of collusion.
Ordinary people also have seen the videos, heard the stories and reached the same conclusion — one that might seem absurd to Americans but is widely believed among Iraqis — that the United States is supporting the Islamic State for a variety of pernicious reasons that have to do with asserting U.S. control over Iraq, the wider Middle East and, perhaps, its oil.
“It is not in doubt,” said Mustafa Saadi, who says his friend saw U.S. helicopters delivering bottled water to Islamic State positions. He is a commander in one of the Shiite militias that last month helped push the militants out of the oil refinery near Baiji in northern Iraq alongside the Iraqi army.
The Islamic State is “almost finished,” he said. “They are weak. If only America would stop supporting them, we could defeat them in days.”*


Es la batalla que los Estados Unidos siempre pierde: la de la información. Puede resultar paradójico que en un mundo diseñado a imagen de los Estados Unidos, poblado de redes de información creadas por ellos, desarrolladas desde su mentalidad y exportadas al mundo como forma de expansión de la forma de vida americana, estén perdiendo esta batalla. Es paradójico, sí, que lo que Al Gore llamó pomposamente y con orgullo las "superautopistas de la Información", la consagración de la "era americana" a través de la revolución tecnológica, se hayan convertido en sus mayores enemigas generando una contra propaganda capaz de hacer creer las ficciones más sorprendentes a aquellos que quieren verlas.
Si esta distorsión se produjera solo en el territorio iraquí sería grave, pero su alcance es mucho mayor y afecta a la falta de credibilidad americana en su conjunto. Si la gente cree ver a los helicópteros norteamericanos apoyando al enemigo, es porque esa posibilidad les parece plausible. Por los mismos motivos, asumirán cualquier otra circunstancia que les parezca que forma parte de esa forma de actuar conforme a lo que creen y no a lo que ven. Contrariamente a lo que el dicho afirma —ver para creer—, lo cierto es que el mecanismo es precisamente el contrario: creer para ver. Si consigues que la gente crea algo, podrás hacerles ver lo que te interesa, que interpreten desde el marco que les has creado. De otra forma, es muy difícil hacerlo.


La poderosa maquinaria propagandística norteamericana ha perdido la gran batalla, la definitiva batalla por la creencia. Eso hace que todo aquello que se percibe sea reinterpretado en las claves que marcan las creencias. ¿Cómo ha comenzado esto, por qué se da esta situación que lleva a la gente a afirmar haber visto o haber recibido informaciones en las que se afirma lo contrario de lo que es?
Sin duda, las mentiras de la guerra de Irak a cargo de la administración de George Bush han tenido mucho que ver. El daño que hizo Bush a la credibilidad norteamericana no es fácil de evaluar. Consiguió que la gente acepte que cualquier tipo de acción de los Estados Unidos solo depende de sus propios intereses. Pero no es solo eso. Las décadas de política exterior apoyando dictadores en la zona también tiene mucho que ver en la percepción de los valores americanos.


La gente percibe como un "doble lenguaje" el hecho de que mientras los políticos se llenan la boca de palabras como "democracia" eso se traduzca en el mantenimiento de dictaduras en sus terrenos. Eso ha servido para fomentar el antiamericanismo en todos los niveles. Los demócratas de la zona han sido ignorados en beneficio de grupos cuyo atractivo era prometer (no siempre cumplir) a los Estados Unidos ser sus aliados y asegurar —la odiosa frase— "los intereses norteamericanos en la zona". La frase está destinada a justificar internamente sus propias decisiones, pero externamente se ve como una ausencia de generosidad: Estados Unidos solo interviene en función de lo que le pueda beneficiar.


La cultura popular tampoco les ayuda mucho. La industria cultural norteamericana se ha dedicado a ser su mejor propagandista negativa, de tal manera que cualquier teoría de la conspiración ha tenido una alta probabilidad de haber nacido entre sus fronteras. Eso incluye desde la llegada a la Luna hasta los motivos para la intervención en las guerras. Ya nadie cree nada. En el artículo de The Washington Post se sorprenden de las creencias en Iraq, pero se sorprenderían mucho más si realizaran encuestas en los propios Estados Unidos al ver la cantidad de gente que también ha acabado creyendo en las propias conspiraciones de sus gobiernos.
Sin embargo, los responsables norteamericanos no se lo acaban de creer:

U.S. military officials say the charges are too far-fetched to merit a response. “It’s beyond ridiculous,” said Col. Steve Warren, the military’s Baghdad-based spokesman. “There’s clearly no one in the West who buys it, but unfortunately, this is something that a segment of the Iraqi population believes.”
The perception among Iraqis that the United States is somehow in cahoots with the militants it claims to be fighting appears, however, to be widespread across the country’s Sunni-Shiite sectarian divide, and it speaks to more than just the troubling legacy of mistrust that has clouded the United States’ relationship with Iraq since the 2003 invasion and the subsequent withdrawal eight years later.
At a time when attacks by the Islamic State in Paris and elsewhere have intensified calls for tougher action on the ground, such is the level of suspicion with which the United States is viewed in Iraq that it is unclear whether the Obama administration would be able to significantly escalate its involvement even if it wanted to.
“What influence can we have if they think we are supporting the terrorists?” asked Kirk Sowell, an analyst based in neighboring Jordan who publishes the newsletter Inside Iraqi Politics.*


Preguntarse por los comienzos de estos recelos, de esta falta de credibilidad nos llevaría  probablemente a las décadas de los sesenta y setenta, tiempo esencial en la configuración de la mentalidad norteamericana y en su visión exterior; un tiempo marcado por el asesinato de Kennedy, la crisis de Cuba, los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy camino de la Casa Blanca, la guerra de Vietnam, Chile y la traca final del caso Watergate (con el "Trick" E. Dixon, de Philiph Roth, en La pandilla de fondo). Muchos de esos acontecimientos minaron la confianza en los Estados Unidos y también la confianza de muchos norteamericanos en sus propias instituciones.
La pregunta que se hacen los analistas al final del texto citado —“What influence can we have if they think we are supporting the terrorists?”— tiene, pues, su lógica. La palabra "influencia" que se utiliza tiene además una profundidad que nos lleva más allá de las cuestiones económicas. "Influencia" implica "credibilidad" y "prestigio", algo que las autoridades norteamericanas se han encargado de ir minando con su doctrina proclamada de los "intereses norteamericanos", con lo que se justifica una guerra en Oriente Medio o el espionaje del móvil de Angela Merkel.


Cuando fui por primera vez a El Cairo, me enseñaron orgullosos el salón de la Universidad en el que Obama había hecho su discurso al mundo árabe. Poco más de un año después, la gente se manifestaba por la calles con la imagen barbuda de un "Obama-Osama" en la que se exigía a los Estados Unidos que dejara de "apoyar al terrorismo" en la zona. La credibilidad que se esperaba de Barack Obama se perdió tras la Primavera árabe. Es difícil ver tal cúmulo de errores estratégicos y diplomáticos, hasta de sentido común, en la política norteamericana en la zona. No tiene sentido preguntarse ya por su origen; el hecho es que está ahí, alimentada por errores y aprovechada por los que son maestros en el argumentación de base por décadas de entrenamiento en hacer ver lo que quieren ver. Si alguien es capaz de convencer a otro para que salte por los aires, convencer a otros que la bomba se la han entregado los Estados Unidos es pan comido. Poseen el conocimiento psicológico del que todos los expertos en comunicación estadounidenses juntos carecen.


The Washington Post ha encontrado el origen de esto. Esta, nos dicen, en la propaganda iraní:

The allegations of U.S. collusion with the Islamic State are aired regularly in parliament by Shiite politicians and promoted in postings on social media. They are persistent enough to suggest a deliberate campaign on the part of Iran’s allies in Iraq to erode American influence, U.S. officials say.
In one typical recent video that appeared on the Facebook page of a Shiite militia, a lawmaker with the country’s biggest militia group, the Badr Organization, waves apparently new U.S military MREs (meals ready to eat) — one of them chicken and dumplings — allegedly found at a recently captured Islamic State base in Baiji, offering proof, he said, of U.S. support.
“The Iranians and the Iranian-backed Shiite militias are really pushing this line of propaganda, that the United States is supporting ISIL,” Warren said. “It’s part of the Iranian propaganda machine.”
The perception plays into a widening rift within Iraq’s ruling Shiite elite over whether to pivot more toward Iran or the United States. Those pushing the allegations “want to create a narrative that Iran is our ally and the United States is our enemy, and this undermines Abadi, who is America’s ally,” Sowell said.*


¡Qué ingenuidad! Nos son más que pequeños ejemplos de propaganda, pero no son el origen ni el principio que proviene de los propios errores norteamericanos, en la falta de claridad que muchos perciben. Es desde la ambigüedad desde donde se puede crear esas manipulaciones que acaba creciendo de forma espontánea por la densidad de los rumores esparcidos. Los saltos retóricos entre "aliados" y "países" identifican a uno con los otros, cuando no se trata más que de políticos poco creíbles, incluso odiados por sus poblaciones pero respaldados por la administración norteamericana. ¿Qué prestigio o credibilidad conseguían los "Estados Unidos" estrechando la mano de personajes "aliados" odiados en países como Afganistán o Irak? Muchas de las manos estrechadas carecían del respaldo de sus propios pueblos que los veían como "colocados" por los Estados Unidos, como marionetas. De esta forma, cada atrocidad o arbitrariedad, cada injusticia cometida por aquellos cuyas manos se han estrechado pasaba a engrosar el antiamericanismo galopante. Pero no se aprende la lección de que a los dictadores hay que tratarlos como tales, te brinden su apoyo o no. El aliado, para los norteamericanos, es el "gobernante" no el "país". Eso es un error que tiene consecuencias duraderas y favorece la falta de credibilidad sobre las razones que mueven a actuar.
Está bien que se produzcan estas preguntas en los medios. Es señal de que se percibe claramente este doble proceso de descreimiento y creencia. No se creen los argumentos norteamericanos, mientras que se aceptan sin problema las teorías más peregrinas. Eso es lo que ocurre cuando se pierde la confianza y la credibilidad. 
Gracias a la democratización de las comunicaciones, favorecida por la tecnología estadounidense, el mundo se ha convertido en un pequeño pueblo en el que los rumores crecen rápidamente. Y la principal víctima son los propios Estados Unidos, cuya maquinaria propagandística no es capaz de convencer a sus propios aliados de que está de su lado.




* "Iraqis think the U.S. is in cahoots with the Islamic State, and it is hurting the war" The Washington Post 1/12/2015 https://www.washingtonpost.com/world/middle_east/iraqis-think-the-us-is-in-cahoots-with-isis-and-it-is-hurting-the-war/2015/12/01/d00968ec-9243-11e5-befa-99ceebcbb272_story.html