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viernes, 27 de junio de 2025

Clonados, la jungla virtual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Podría ser una simple anécdota, pero es un anticipo de problemas futuros, de problemas graves. Es un nuevo inicio de algo que estallará más allá de estos casos que a algunos hasta les parecerán divertidos y eso es parte del problema.

En 20minutos nos cuentan el caso de la falsa entrevista del periodista Manuel (Manu) Sánchez promocionando un producto. Se le han clonado imagen y voz creando un "texto audiovisual" que da el pego. Todo gracias a esa IA que a todos hace gracia y todos, según parece, saben usar, de niños de 12 años que realizan falsos vídeos sexuales con las caras de sus compañeras de clase, a publicistas y difamadores políticos. 

Manu Sánchez, presentador de Antena 3 Noticias, ha expuesto este jueves en Y ahora Sonsoles el uso fraudulento de su voz y su imagen en un vídeo creado mediante Inteligencia Artificial con fines delictivos. Los responsables de esta estafa, según ha explicado el periodista, han recurrido a esta tecnología para clonar tanto su rostro como el de la nutricionista Sandra Moñino y simular una entrevista falsa en la que ambos avalarían un supuesto producto milagroso para adelgazar.*


 Los "fines delictivos" no son otros que vender un "producto" adelgazante aprovechando la popularidad que algunos alcanzan. El producto será mejor o peor, pero necesita vincularse a algo conocido, que son las personas clonadas. En este sentido, la nueva tecnología sigue necesitando los viejos métodos, los del rostro conocido, que sirve para convencer a los que confían en aquellos que conoce. Es un sistema que parasita el prestigio que otros puedan tener para convencer de sus objetivos de venta, voto o cualquier otro.

Por todas partes —así concluye también el texto de Manu Sánchez— se pide que se regule el uso de la IA, a la que se le atribuye el origen de estos desmanes. Pero es como pedir que se regule los asaltos a los bancos o los asesinatos. ¿Cómo "regular" algo que ya nace perverso? Nos queda creer que no saben que están haciendo algo mal aquellos que las usan de esta forma perversa. No lo creo. Es demasiado ingenuo pensar que quien hace un vídeo porno poniendo la cara de una compañera de clase no sabe lo que hace. Si antes se decía que "sabía latín", ahora se "sabe de IA".

La pregunta es sencilla: ¿saben lo que hacen los que la crean y la hacen tan "asequible" los malos usos que se le pueden dar? Claro que lo saben, pero la cuestión no es esa. La respuesta sobre los usos es clara: "no es mi problema". Ellos hace la IA, otros la comercian y, finalmente, otros las usan. Es como el que utiliza un coche en un atraco, ¿es responsable la fábrica? Pues no, le dirán.

Pero las implicaciones del uso de la IA falsificando todo tipo de imágenes sonidos y lo que hay detrás son muchas y peligrosas. La primera es, evidentemente, qué se puede creer, de qué podemos fiarnos. De la publicidad a la política, de las pastillas para adelgazar a los efectos de un bombardeo, lo cierto es que nuestra capacidad para decidir se ve mermada por la posibilidad de ser engañados, seducidos o mal informados.

La expresión "ver para creer" es ya de otro siglo, de otra era. Hoy "ver" es un acto sometido a sospecha, que puede ser manipulado ante una realidad que desaparece en un mundo de pantallas.

Alfred Hitchcock dedicó algunas de sus mejores películas, como Vértigo (1958) o La ventana indiscreta (1954), a reflexionar sobre cómo el hecho de ver podía ser manipulado para hacer creer. Hoy, en un mundo repleto de cámaras fijas y movibles, observado desde todos los ángulos, nos damos cuenta de que podemos ser manipulados unos y reproducidos otros a partir de aquello que considerábamos creíble, lo que vemos y escuchamos. Es precisamente con ese desfase entre el papel de nuestros sentidos y los nuevos modos de captación y construcción de un universo virtual donde somos manipulables.

Hace un par de días comentábamos aquí la estrategia de José Luis Ábalos diciendo que no "se reconocía" en los audios grabados de sus conversaciones telefónicas; no había dicho aquello que se escuchaba. Dejaba así abierta una posibilidad de defensa, argüir que aquella voz no era la suya, sino una clonación de su voz realizada por alguien.

Lo que empezó siendo una protesta de los actores en Hollywood porque se podían usar sus voces clonadas es ahora un problema de otro orden, más abierto y complejo, entrando de lleno en lo delictivo, en la manipulación. Los más afectados no son solo aquellos que han sido clonados, sino el sistema informativo en su conjunto, que recibe un torpedo en la línea de flotación por la credibilidad.

En el artículo, Manu Sánchez se da cuenta de ello. El artículo señala que el periodista:

[...] ha lanzado un mensaje a la audiencia para que respalde del periodismo honesto y contrastado. "Que la gente siga confiando en nosotros, en los medios que debe confiar. Porque tenemos un problema los que nos dedicamos a informar de las cosas que pasan", ha subrayado.*

Efectivamente, pero el problema lo tenemos casi todos, pues lo que se hunde es la idea de confianza, base del periodismo. En un mundo en el que todos van provistos de teléfonos y cámaras, en el que se tardan segundos en que una noticia dé la vuelta al mundo, que sea reproducida por miles o millones de personas, jugar con la credibilidad y el prestigio de los informadores es un enorme peligro. ¿Cómo, una vez sembrada la duda, se recupera la credibilidad?

Una noticia falsa clonada con rostros y voces de confianza se convierte en un peligro instantáneo. No contentos con emitir noticias falsas, ahora necesitan hacerse pasar por verdaderas utilizando los rostros y voces que puedan hacer bajar las defensas. Los espectadores y oyentes confían, confían en quien les transmite una noticia y les ofrece credibilidad. Por eso, los maliciosos apuntan a esas personas y medios. La falsedad no es solo del hecho; está la falsificación de la forma, del cómo, del quién.

Muchos medios se han visto forzados a mantener sistemas de detección de falsedades porque saben que cuanto más prestigio tengan serán más falseados. La confianza en ellos les hace atractivos para ser falseados.

Es un serio problema que va más allá de la venta fraudulenta de productos para adelgazar. Vamos hacia una cultura que ha deshecho la confianza. Esto se puede traducir en indiferencia social hacia la información (¿qué me importa si todo puede ser mentira?) y en el uso constante de la falsificación.

En vez de tener una sociedad más segura, su conversión en virtual (que beneficia a las empresas que ahorran personal) nos ha abierto una nueva y peligrosa jungla en la que las estafas, las suplantaciones, las clonaciones, las falsas noticias, los falsos interlocutores, las falsas tiendas, etc. están a la orden del día. 

Todo lo que nos llega puede ser real... o no. 

 

* Rosa Chaneta "El presentador de informativos Manu Sánchez, tras el fraude con su voz e imagen: "Siento un profundo enfado"" 20minutos 26/06/2025 https://www.20minutos.es/television/presentador-informativos-manu-sanchez-tras-fraude-con-su-voz-imagen-siento-un-profundo-enfado-5725941/

miércoles, 25 de junio de 2025

No es mi voz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nos dicen que José Luis Ábalos "no se reconoce" en las grabaciones que le ponen a escuchar y algunos lo llaman "estrategia de defensa". Nos imaginamos que le preguntan algo así:

— ¿Es suya esa voz?

— ¿Esa? —responde. No me suena.

— ¿No se reconoce?

— Pues no.

— ¿No ha dicho usted eso?

— Pues no, no me suena.

Nosotros nos quedamos un tanto confusos. El medio nos tranquiliza diciendo que ahora nos explicarán los peritos cómo se pueden identificar las voces sin lugar a dudas. Pero el perito que sale en pantalla no nos dice eso, sino que hoy en posible falsificar las voces sin que se pueda distinguir la verdadera de la falsa.

Eso, en términos legales, supone que a los fiscales les va a tocar probar que esas voces que se escuchan son reales y que se van a tener que esmerar realmente. Los acusados, en cambio, solo tienen que repetir que no se reconocen, que no les suena que sea su voz la que les dan a escuchar.

En el MallorcaDiario.com nos lo cuentan de esta forma: 

El exministro de Transportes José Luis Ábalos ha asegurado este lunes ante el Tribunal Supremo que no se reconoce en las grabaciones que su exasesor Koldo García realizó entre 2019 y 2023 y que han sido recogidas en el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que les sitúa a ambos –junto al exsecretario de Organización del PSOE– en el epicentro de una presunta trama de amaños de contratos de obra pública a cambio de comisiones. Según ha declarado, dichos audios podrían estar manipulados.

Fuentes jurídicas han confirmado a Europa Press que así se ha pronunciado Ábalos en su declaración como investigado en el marco de la causa en la que se le investiga por presuntos delitos de integración en organización criminal y cohecho. Se trata de la tercera vez que comparece en este procedimiento: primero en diciembre de forma voluntaria y luego en febrero con la condición formal de investigado.

Según dichas fuentes, el exministro ha sido tajante al afirmar que no se reconocía en dichas grabaciones; además de no reconocer su voz, ha sostenido que es imposible que haya mantenido varias de las conversaciones que recoge la Guardia Civil en su informe.*

Se reconozcan o no, las relaciones entre ellos no dejan de ser peculiares. A lo que se ve (o escucha), se dedicaban a grabarse las conversaciones... por si acaso. Esas grabaciones en las que Ábalos dice no reconocerse y no haber dicho cubren una serie de años de desconfianza. Han estado todo el día grabándose, a lo que parece. No se fiaban unos de otros y quieren tener seguros.

Pero ahora los avances tecnológicos les complican lo de las grabaciones. Si ahora es posible clonar casi todo, de la imagen al sonido, significa que es más fácil para el que ha sido grabado negarse a reconocerlo y para el que clona decir que, sin duda, es el otro el de las grabaciones.

Si los peritos logran dar con la forma de identificar con claridad de quién es la voz grabada, Ábalos y demás no se libran. Pero conforme avanzan las posibilidades de dar el pego decrecen las posibilidades de convencer con claridad.

Más allá de las infamias realizadas, de las comisiones cobradas, están las palabras dichas, una prueba clásica cuya utilidad irá cayendo en picado conforme aumenta la perfección de la falsificación.

En esto siempre había un caso natural que era el de los hermanos gemelos que se libraban de sus crímenes porque no se podía saber quién había cometido el delito. ¡Qué tiempos aquellos! Pero hoy han cambiado y parece que se ponen a favor del delincuente ampliando el repertorio de excusas.

No creo que Ábalos y demás que usen la estrategia del "no me reconozco" se libren porque habrá más cosas que sacar. Pero no deja de ser ilustrativo cómo se aprovechan algunos de la ciencia y la tecnología. O quizá ha ocurrido así siempre.


* "Ábalos no se reconoce en los audios y Koldo se niega a declarar" MallorcaDiario.com 23/06/2025 https://www.mallorcadiario.com/abalos-no-se-reconoce-en-los-audios-y-koldo-se-niega-a-declarar

viernes, 17 de enero de 2025

¿Hijos o mascotas? ¿Problema o tendencia?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Una de las cosas que hacían moverse el mundo era el deseo de los padres de que sus hijos tuvieran un mundo mejor. Creo que esto ha cambiado en algunos sentidos, especialmente cuando no hay un sentido claro de que haya un "futuro". En los 60 y 70 era el miedo a la guerra nuclear, al la destrucción del mundo. Ahora, esto ha sido sustituido por el miedo ecológico, el desastre planetario del cambio climático y de otras fórmulas de las que responsabilizamos a la acción humana. La palabra "futuro" ha cambiado se sentido en muchos aspectos, como lo ha hecho "progreso", volviéndose amenazantes.

Lo que en los años 60 y 70 fue un rechazo del mundo urbano, de la tecnología en una generación que decidió abandonar las ciudades, dejarse el pelo largo. Volver a lo básico y rechazar el sistema, es hoy todo lo contrario: tecnología, predominio de lo urbano y consumo. De los sueños, por disparatados e ingenuos que fueran, a lo virtual, otra forma de ensoñación que nos viene desde fuera, seduce y nos hace olvidarnos de lo que pueda ser lo "verdadero".

La ficción que hemos tratado aquí de poder "dialogar con los muertos", de "quedarnos" virtualmente "aquí" para narcisismo de los que se virtualizan mediante IA y los que los acogen como negación de la muerte, va en ese mismo sentido. Sin "muerte" no hay pasado, presente o futuro. La vida se vuelve paréntesis de la nada. Pero es confortable, entretenida, mejor que lo que hay "fuera".

También el negocio se extiende a las mascotas, que pueden ser clonadas por diferentes precios, como ya tratamos aquí. Un gran negocio con futuro.

En RTVE.es nos traen una interesante información (más que noticia) desde el lugar más privilegiado de su página web: "Las mascotas superan a los niños, el gran cambio en los hogares españoles: "La tendencia se va a consolidar""*. No me sorprende el dato en sí, sino la forma en que está desarrollado, su lógica de fondo, por decirlo así.

En España hemos desarrollado un pensamiento en el que un problema no es un problema hasta que alguien lo define como tal. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con la cuestión de la "vivienda", que ha sido definido "oficialmente" como "problema". Han tenido que salir miles de personas a la calle a protestar por el precio, la escasez, el endeudamiento, la proliferación de los "pisos turísticos", etc.

El artículo de Lucía González sí vincula el problema de la vivienda, de los bajos sueldos, con la falta de hijos y la proliferación de mascotas. Pero no acaba de ir más allá, a lo que supone o representa.

En los últimos años, España ha sido testigo de un fenómeno social que ha transformado la estructura de las familias. El número de mascotas ha crecido exponencialmente y supera al de niños en el conjunto de los hogares.

"Es más fácil hacerse cargo de un perro que de un hijo", cuenta a RTVE.es Laura Fernández. "Y mucho más barato", recalca con una sonrisa. Esta joven de 29 años, que comparte un perro con su pareja, reconoce que le gustaría ser madre, pero cree que no puede hacer frente a lo que supondría: "Entre los gastos que conlleva y la conciliación laboral, es misión imposible".

Según los últimos datos publicados por la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), que recoge los animales censados a mediados de 2023, en nuestro país había 10.165.498 perros y 967.834 gatos. Mientras, en enero de ese mismo año había 1.786.406 niños de entre 0 y 4 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Este crecimiento en la población de mascotas no es casual; responde a una serie de factores que han llevado a los españoles a optar por la compañía animal en lugar de la crianza de niños.*

El artículo lleva mucha información de interés, pero tiende a dar por hecho eso que define como "fenómeno social". Que la gente no pueda (o quiera) tener hijos porque; a) no puede tener una vivienda en condiciones; b) no tenga un sueldo suficiente; y c) no pueda conciliar no es un "fenómeno social" es una "crisis social" que determina algo más que una moda o tendencia. Es, como decimos, una "crisis" en toda regla surgida de una serie de problemas encadenados, como los tres enumerados a los que se podrían añadir algunos más.

Una parte del artículo enfoca el "fenómeno" como para una "oportunidad" para la economía correspondiente, el negocio de las mascotas, algo que va de las vacunas, las peluquerías, el cortado de uñas, las clínicas veterinarias, la clonación, etc. Lo que ya está llevando a una intensa campaña mediática a favor de los negocios de las mascotas. En las TV ya se ven anuncios sobre los seguros para las mascotas, un negocio floreciente según parece.

Lo preocupante para mí es el paso de un problema real, la falta de hijos debido a problemas de otro orden que son los que involucran a las mascotas. No se trata de enfrentar a hijos y animales, sino de entender los graves problemas derivados, los que irán apareciendo aquí, como han aparecido en otros lados.

Tomemos el problema desde una perspectiva que hemos desarrollado en ocasiones aquí, el de los Estados Unidos, en donde el tener o no tener hijos ha pasado a ser una cuestión política de primer orden que ha favorecido el ascenso y consolidación de Donald Trump y la ultraderecha de corte tradicional o evangélica.

Se ha calificado a los demócratas como gente que no tiene hijos y prefiere las mascotas. Kamala Harris era una "mujer con gato", una idea sobre la que ha girado la campaña. Preferir "gatos" a "hijos" significaba debilitar los Estados Unidos frente a la inmigración que se va "apoderando de América". Los inmigrantes tienen la fuerza de su crecimiento frente a la decadencia norteamericana. La ultraderecha ha hecho de los hijos, de tenerlos o no tenerlos, una de las bases populistas que se están extendiendo por el mundo. Ese es un aspecto puramente político.


La respuesta cruel de la administración Trump fue separar a las familias, separar a los hijos de los padres. Veremos medidas de este tipo en los próximos meses, pues la inmigración y sus familias pobladas siguen en la retórica populista. Los verdaderos norteamericanos tienen hijos, no mascotas alternativas. La ultraderecha europea ha captado el mensaje y ya lo usa.

Evidentemente se trata de una forma de manipulación, pero no por ello es menos real y, sobre todo, encubre los problemas reales y los traslada a otro plano, señalando un origen del problema falso.

El descenso de la natalidad tiene que ver, como se ha repetido, con la necesidad de cubrir puestos de trabajo ante la falta de personas nacionales. Esto acaba creando una espiral en la que lo que es necesario se convierte en problemático. Efectivamente, el problema de los que no pueden tener hijos se acaba convirtiendo en el problema de los que tienen que cubrir el empleo. La manipulación política hace el resto.

Como se suele decir, las mascotas crean nuevas oportunidades. Si hemos mencionado los anuncios de seguros para mascotas, también podemos ver cómo ya aparecen otros anuncios en los que su propone a los jóvenes formarse como "ayudantes de veterinario", una profesión con "futuro" según se nos anticipa. El titular de RTVE.es lo confirma, claro.

Hemos pasado del negocio de la infancia a los de las mascotas. Sigue creciendo, en cambio, el de los ancianos, que es verdadero negocio nacional, como demostró la pandemia con las residencias y las elevadas muertes que ocurrieron en España en ese periodo. Conservarlos, en cambio, es un negocio mientras duran, de los medicamentos, a los terapeutas y cuidadores, a las residencias con más o menos servicios y de calidades muy variables.

Cuando cada mañana me dirijo a coger el tren, me cruzo con innumerables ancianos que, acompañados de amables personas extranjeras, les acompañan mientras espera ser llevados a las residencias cercanas. Las otras personas que me encuentros son padres y madres que llevan a sus hijos al cole y, cada vez más, gente paseando a sus perros. Los ancianos van desapareciendo por ley de vida; los niños crecen y las mascotas se renuevan.

Muchos ya los cuentan como de la familia. Dicen en el artículo que la soledad hace mucho en esto de las mascotas, que llena un hueco. Este es otro problema, que supongo también entra en los "fenómenos" sociales. Si en los 70 el problema era la "incomunicación", ahora es que hablamos más con los animales.

Una cosa es tener mascotas y otra muy diferente creer que son sustitutos de los hijos, especialmente cuando se hace de forma masiva. Decimos que llenan la soledad. Vayamos al problema, no a pseudo soluciones. Decimos que es lo que nos permite la falta de espacio y el bajo suelo. Vayamos a los problemas en el origen. ¿Conciliación? Lo mismo, vayamos al problema.

Si no vamos a los problemas reales, taparlos no es más que una ilusión que tiene también consecuencias. Pero si no hay "futuro", ¿por qué preocuparse? 

 

* Lucía González "Las mascotas superan a los niños, el gran cambio en los hogares españoles: "La tendencia se va a consolidar"" RTVE.es 17/01/02/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250117/mascotas-superan-ninos-espana-cambio-familiar/16277666.shtml

martes, 18 de junio de 2024

La industria de la ilusión de la vida eterna

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ocurrió hace apenas un par de meses y le doy vueltas de vez en cuando. Me dirigía a hacer la compra cuando al cruzarme en la calle con una mujer que hablaba por teléfono escuché: "—Sí... Estoy en la calle con los niños". Los "niños" eran un par de perros cuya correa sostenía con la otra mano mientras hablaba.

¿En qué sentido hablaba de "niños"? No me pareció percibir algún juego de palabras, algún doble sentido, sino una normalidad cotidiana, una forma habitual de referirse a ellos. Esto, en una país cuyo índice de natalidad está por los suelos, me pareció significativo, de un proceso de sustitución del llenado de un hueco emocional que los animales, todo tipo de mascotas, cubren.

Cuando me trasladé a mi residencia actual hace treinta años, estaba llena de niños y de mujeres embarazadas. Hoy, camino de la estación, veo más gente sacando a los perros que llevando a los niños al colegio, ¿El signo de los tiempos?

Hoy leo en RTVE.es el titular " El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros". Allí se nos explica: 

La clonación de animales se trata de una práctica habitual en el caso de los caballos, cuyos fines suelen ser económicos. Sin embargo, una clínica de Marbella ha abierto el abanico y ofrece ya la clonación de animales de compañía como gatos y perros por unos 55.000 euros. Sin embargo, pese a que el método sea legal en España, los expertos plantean serias dudas desde un punto de vista ético y moral.* 

Y un poco más abajo en el texto, en el epígrafe titulado "un negocio en auge", se señala: 

La clonación de animales de compañía se ha convertido en un negocio en auge en países como Estados Unidos, China o Corea del Sur, a los que ahora se suma España. En 1996, un grupo de científicos del Instituto Roslin de Escocia consiguió clonar un mamífero a partir de una célula adulta por primera vez en la historia. Nacía así la oveja Dolly, que se convirtió en un hito científico y abrió la puerta a un mundo nuevo, el de la ingeniería genética.

Desde entonces, la clonación de animales se ha popularizado y es una práctica habitual en el mundo de los camellos o los caballos, que puede llegar a costar unos 75.000 euros. El embriólogo, fundador y director ejecutivo de los centros de reproducción asistida Grupo OVO, Enrique Criado, ha comentado a EFE que lo que motiva a la clonación de mascotas es la conexión emocional. *


 

Hace unos días hablábamos aquí de la "clonación" mediante Inteligencia Artificial de los familiares fallecidos, de cómo nos abrían la posibilidad de seguir escuchando su voz clonada, de ver su imagen clonada, de dialogar con pantallas en las que podemos verlos, casi tocarlos.

Los vacíos se llenan con construcciones artificiales, de diseño. Su función es llenar huecos, pero —sobre todo— mantenernos dentro de una ficción en la que nada se pierde, todo se puede conservar. No tenemos hijos, pero podemos llenar el hueco con mascotas y cuando estas desaparecen podemos clonarlas.

Esa "conexión emocional", de la que se nos habla respecto a las mascotas, se mantiene como una adicción, como algo de lo que no podemos prescindir y, lo peor, que se puede mantener como negocio. Esto implica que se nos enseñará a depender, a intentar retener lo que, como vida, se escapa de nosotros. La vieja idea de la resignación, de entender que todo tiene un final, es sustituida por la comercial idea de que puedes retener cualquier cosa... si la pagas. Se crea todo un negocio alrededor de las mascotas —de restaurantes que te permiten entrar con ellas (no con molestos niños) hasta la clonación—, como se crea alrededor de la muerte de familiares intentando vencer ilusoriamente a la muerte o la separación. Podemos "comprarlos" para seguir a nuestro lado en un mundo en el que la soledad es cada vez mayor.  Cada debilidad, cada necesidad... provoca un hueco de mercado.

Hay medios que tienen ya una sección fija sobre mascotas. En ellas se nos ofrecen consejos de todo tipo llenado nuestra necesidad de información y, especialmente, haciéndonos sentir esa conexión emocional de sentirnos cerca de nuestros "niños", ya sean perros, gatos o loros. Hacia cualquiera de ellos se nos dirige con intensidad emocional para desvivirnos, para sentirnos próximos a ellos, que son únicos.

Este proceso se dirige finalmente —todo un mercado por delante— hacia la clonación, la constatación de que no podemos vivir sin ellos, la errónea idea de que podemos "retenerlos", tenerlos para siempre junto a nosotros.

Evidentemente esto no es cuestión de los perros o gatos, sino de nosotros. Es a nosotros a los que se nos envuelve con esa sensación emocional que nos deja vacíos tras la pérdida de la mascota que ha llenado nuestros propios huecos y carencias.

Da igual que se nos explique por parte de los expertos que el animal clonado no es "nuestro" animal anterior, que se le puede parecer, pero que no todo está en los genes, que la epigenética cuanta, que vivirán otra vida, con experiencia distintas. Todo está en nuestra cabeza, en cómo se nos dice que debemos interpretar el mundo.

Me da la impresión de que estamos educándonos mal, que esta sociedad del consumo ilimitado, sin fronteras, donde puedes obtener cualquier fantasía si eres capaz de pagarla, no nos enseña a ir hacia la muerte, como diría la poeta Ana Blandiana, nuestra reciente premio Princesa de Asturias, de la que me acuerdo ahora: 

Sé hacer muy pocas cosas:

Ni melocotones como los melocotoneros,

Ni uvas como la vid,

Ni siquiera nueces

Como los nogales de amarga sombra

Con su tenue susurro de hojas;

Pero una cosa sé hacer

Con singular destreza:

Sé morir. 

("Un paso más", en El ojo del grillo (2024), Col. Visor de Poesía, p. 109. Trad. Viorica Patea y Natalia Carbajosa)

¿Estamos aprendiendo a morir? Esta idea de que todo se puede "retener", "fabricar", "producir"... ¿es sana? La industria de la ilusión de la vida eterna, aplicada a seres queridos de cualquier naturaleza y pelaje, del padre, madre, marido, esposa, hijos, mascotas, etc., avanza con toda su enseñanza.

El artículo se cierra con las palabras de un experto:

Para Macip, que es licenciado en Medicina y doctor en Genética Molecular y Fisiología Humana, clonar a una mascota supone "gastar el dinero en algo que no tiene ninguna utilidad real", pero admite que, si es legal, "cada uno con su dinero puede hacer lo que quiera". *

Eso se llama "mercado". Ya solo se trata de convencerte de "lo que quieres". La industria de la ilusión de la vida eterna antes se llamaba "religión". Ahora la puedes encontrar en las páginas amarillas o en cualquier buscador. 

 

* "El negocio de la clonación de mascotas en España: una clínica en Marbella clona a tu perro por 55.000 euros" RTVE.es / Agencias 17/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240617/negocio-clonacion-mascotas-marbella-espana/16151080.shtml

martes, 7 de noviembre de 2023

La (otra) guerra de los clones o la huelga de Hollywood

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


El sindicato de actores de los Estados Unidos lleva más de cien días en huelga, lo que ha paralizado muchas series televisivas y retrasado muchos proyectos. En RTVE.es nos dicen que la huelga, que hasta no hace mucho implicaba también a los guionistas, ha costado ya 6.000 millones de euros y el despido de 45.000 personas en el sistema anclado básicamente en California.

De entre todos los motivos y reivindicaciones alegados en este caso, hay uno que destaca por su novedad: 

El tema de la IA para crear dobles digitales de los intérpretes, ha sido uno de los temas más sonados y de mayor conflicto a lo largo de la huelga que ha mantenido paralizado a Hollywood por meses.

Según han reportado algunos medios especializados, en la última propuesta la AMPTP abordaba el tema de la IA ofreciendo un aumento de los salarios a los profesionales que permitan ser replicados virtualmente. Sin embargo, no se comprometía a dejar de entrenar sus sistemas de IA.

No obstante, el SAG-AFTRA ha abogado por un modelo regulado con cláusulas específicas que los protejan ante este tipo de prácticas.

 

En resumen, lo que el futuro nos depara es unas películas sin actores, programas de televisión presentados, por ejemplo, por un Bogart en sus mejores años o un Fred Astaire con nuevos números coreográficos y a todo color. La animación ya no serán Mickey y Donald, sino de seres reconocibles o no, sacados del pasado o de un presente más barato.

En el mundo del cine, hasta el momento, los "dobles" eran las personas que se parecían a los actores caros, aquellos cuya lesión en acciones difíciles podía disparar el presupuesto. Eran los llamados "dobles de acción" o "especialistas". Pero ahora se trata de otra cosa diferente, de la creación de actores exprofeso o de imitaciones tan perfectas que las podemos dejar actuar con total confianza.

Los dobles digitales son para el mundo del cine y la TV lo que las máquinas automatizadas en las fábricas, una forma de ahorro de puestos de trabajo. La industria lo da por hecho y por eso apuestan por las cláusulas de autorización a la réplica virtual, como se señala en el artículo. Trabajas una vez y se crea contractualmente el derecho a usar tu imagen, tu voz, tus gestos, etc. hasta que los espectadores se aburran de ti.


Recordarán la expresión los "replicantes" en Blade Runner, la película de Ridley Scott basada en un relato de Philip K. Dick, "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". Por ahora no caminarán por las calles, sino que desfilarán por las pantallas. Por ejemplo, el citado Bogart podría aparecer en "El halcón maltés II", una jovencita Judy Garland en "Más allá del arcoiris", un Gene Kelly en "¡Ya está bien de lluvia!" o un Pepe Isbert en un "¡Adiós, Mr Marshall!" o un "Yanqui Go Home!", título aún por decidir.

En el filme de Scott los actores hacían de clones. La cuestión ahora es la inversa: los clones harán de actores. No se trata de crear nuevos actores virtuales, sino de clonación, es decir, de copia y reproducción de lo existente. Imagen y voz, gestos, pueden ser reproducidos a la perfección. El actor solo es la materia prima inagotable con la que se pueden producir nuevas películas.

Unos actores o actrices de éxito en la primera temporada ofrecerían material virtual analizando todos los capítulos como para seguir temporada tras temporada hasta que dejaran de tener gancho con el público. Probablemente se les podrían aplicar algoritmo de envejecimiento y voz carraspeante de fumadores si el guion así lo exigiera.

¿Ciencia ficción? ¡Qué va! El futuro cada vez le deja menos espacio al presente y de la idea al hecho solo transcurren unos meses. Así de rápido va todo.

Las productoras ven un filón de ahorro en ello, pero ¿no estarán matando la gallina de los huevos de oro? ¿Qué vamos a ver al cine (los que todavía vamos)? Pues en cierto sentido, el trabajo de los actores bajo la cámara. Son ellos los que transmiten su humanidad a los personajes que han escrito otros. Aunque bien pueda ser que en poco tiempo otro algoritmo sustituya a los guionistas y estos queden para dar algunos retoques a lo que la combinatoria de acciones haga en otra máquina.


La revolución industrial cambió el mundo cambiando el trabajo. La máquina hacía lo que varios o muchos hombres realizaban. Se fue avanzando en eso. En realidad lo que llamamos progreso es una sustitución de lo humano e imperfecto por lo maquinal y preciso. Las máquinas se ajustan; los seres humanos envejecen.

En la clonación de los actores hay un principio utilitarista que niega la esencia individual del arte, nuestra forma de expresión en diferentes ámbitos. Las máquinas no necesitan la genialidad, quizá porque carecerán de ella. Sí pueden, en cambio, imitarla cuando esta se produce. Por eso a la industria solo le preocupa la primera vez, es decir, que lo bueno que hagas se pueda reproducir sin contar contigo. Cuando un actor, cuando una actriz tienen éxito sube su caché. Ahora, una vez clonados, pueden aprovecharse de su éxito sin contrapartida.

Eso de las contrapartidas está sobre la mesa de las negociaciones. Los nuevos sistemas de plataformas digitales necesitan ser alimentados las 24 horas del día 365 días al año. Hasta ahora se basan en la reproducción de las temporadas enteras de series de los últimos veinte años y a veces más. El filón de seguir reponiendo "Friends", por ejemplo, hace que se llenen cientos y cientos de horas de programación. De eso se quejan también todos los involucrados: directores, guionistas, actores... Su trabajo sigue produciendo beneficios cuando está de sobra amortizado y ellos no reciben apenas nada. Quieren negociar esto y recibir por lo que es una repetición de su trabajo alguna compensación, que es lo justo.

Pero la cuestión de los dobles virtuales va más allá. Los actores poseen un bien, que es ellos mismos. Ellos son la herramienta de trabajo y el resultado de la misma. Eso se recoge en una pantalla y se somete a un lenguaje, el visual, el cinematográfico o televisivo. El resultado es ese filme o programa. Si yo puedo producir películas sin ellos, pero con su imagen, el arte resultante es extraño o al menos diferente. Cuanto más preciso sea el resultado, más extraño o alienado será. Cuando seamos incapaces de distinguir en pantalla al Bogart genuino del Bogart virtual, el clonado, se habrá producido un cambio sustancial. Todo arte es fingimiento, pero ese fingimiento es el trabajo real del artista. Cuando no hay artista, ¿hay arte o solo lo imita? ¿Sueñan los espectadores con actores eléctricos?, podríamos preguntarnos.

En un mundo donde las novelas se escribirán con IA, los acores serán reproducidos con IA, la música será escrita con IA, la pintura se realiza con IA, etc. tal como se nos aventura que ocurrirá (y ya ocurre) sobre lo que hay que preguntarse es sobre los receptores, sobre el público y sus motivaciones para acceder a todo ello. Aquí tenemos dos respuestas. La primera es optimista: el público rechazará esas creaciones sin alma, fabricadas por máquinas. La segunda es realista y se basa en la experiencia del embrutecimiento del consumo artístico masivo a través del que se busca ese terrible "matar el tiempo" y no dotarlo de sentido. Puede que el público de hace cincuenta años lo hubiera rechazado, pero el público actual es una mera prolongación de un sistema diseñado para el consumo. Se crea para él, lo que aceptará, de lo que se encargan otros protocolos que se basan los datos recogidos. Ya no se trata de acceder al público y romper sus gustos establecidos, como hace el arte convertido en provocación del sistema, sino que se trata ahora de darle un placer básico satisfaciendo sus demandas. Aunque puede que no sea todo el público y algunos prefieran ver las viejas películas con "humanos", la mayoría apostará por los clones actualizados.

El olvido de las viejas películas es una enfermedad cultural grave, como lo es el de las obras literarias que nos muestran un mundo que no es el nuestro. Nuestro narcisismo es tal que solo queremos un selfie absoluto, multidimensional. Estas clonaciones permitirán una nueva forma de empatía, una forma distinta de producir películas controladas por una industria insaciable y a la que le interesa una parte del arte: la taquilla.

Podremos, por ejemplo, votar para que una película la "interprete" nuestro actor o actriz favoritos. Incluso podríamos, pasado un tiempo, disponer de menús para elegir entre varios actores en la película que podamos ver igual que ahora elegimos el idioma en nuestros discos digitales. ¿Por qué no? Todo lo que vende es posible y deseable.

La cuestión paralela es ¿irán los snobs al teatro? O quizá ¿existirá el teatro? ¿Tendremos interés en ver alguien que crea en directo? Las artes forman un sistema y lo que ocurre en un sector modifica de una manera u otra a los demás.

Por mi parte, me comprometo a no ver esas nuevas películas sin actores reales. Aunque no creo que sirva de mucho. Ya hay películas en las que los actores son "doblados" en las acciones, "rejuvenecidos" digitalmente, etc. No, no es ya ciencia-ficción. "La guerra de los clones" está empezando.


 

* "El Sindicato de Actores de EE.UU. mantiene diferencias con la propuesta de los estudios en puntos como la IA" RTVE.es / Agencias 7/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231107/sindicato-actores-eeuu-mantiene-diferencias-propuesta-estudios-puntos-como-inteligencia-artificial/2460233.shtml