Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de octubre de 2019

La relación con la esperanza

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Merece la pena leer la entrevista realizada a Paolo Giordano, el físico italiano con vida paralela de novelista. La entrevista se la ha realizado con buen gusto y buenas preguntas Irene Hernández Velasco para el diario El Mundo. El diálogo que es la entrevista cultural requiere de condiciones diferentes a las que los políticos y parecidos seductores usan. Necesita de cierta profundidad por parte del periodista para comprender el universo de la escritura del autor, cómo se ordena ese mundo.
Han sido once años los que separan su novela anterior La soledad de los números primos, la cuarta, un best seller mundial del que le separan once años de situación compleja, como el propio autor señala. La nueva obra abre un periodo distinto. Giordano ha conseguido algo que no es fácil, conseguir escribir una segunda novela con un tiempo amplio. No es fácil resistirse a las presiones editoriales cuando se tiene un primer éxito. El tiempo de los editores, siempre ávidos de autores que vendan y que vendan mucho y rápido, no es el mismo que el de los autores, que tienen una relación distinta, intensa y personal con sus propias obra. Contesta Paolo Giordano a una de las preguntas de la periodista:

Cuando se publicó en Italia este mi nuevo libro, Conquistar el Cielo, pedí expresamente que no llevara una faja como esta que lleva en la versión española que dice: "Por el autor de La Soledad de los Números Primos". Y es que un día tuve una imagen de mi lápida, con ese mismo texto grabado en ella.*



Es una imagen fuerte e irónica, pero real. Cuando una obra constituye un éxito importante supone un cambio en la vida de las personas que mantenían su escritura las más de las veces en el ámbito personal, íntimo y privado, lejos del éxito.
El éxito literario o artístico supone una ruptura importante para quien ha vivido haciendo huecos para escribir unas páginas, para quien ha dado vueltas y vueltas buscando el estilo, la forma o el acto que llena las páginas de esa futura novela. Una tumba con la banda que recuerda la primera novela representa perfectamente la cárcel que supone el éxito.
Hace muchos años, una hoy novelista famosa no era más que una querida alumna que acababa de ganar un premio importante. Recuerdo nuestra conversación angustiada. Todo lo que había sido la primera novela, una obra premiada, con giras por toda España incluidas, facilidades, felicitaciones, cariños, etc. se estaba convirtiendo en una tortura, presiones por todas partes, insistencias constantes, llamadas, en la segunda.
Por eso me parece muy bien que Paolo Giordano se haya conseguido alejar de esas presiones que hay que vivir para entender.


El arte en cualquiera de sus variantes es siempre un conflicto entre tres bandas: los autores, los mediadores (editores, marchantes, etc.) y el público. Cada uno tiene sus propios intereses, pero para el arte solo cuenta uno, las obras, su capacidad de permanencia, no en el mercado, sino en la memoria colectiva. Esto es, su capacidad de decir de forma continuada escapando a los peligros de la moda.
Son tiempos difíciles para el arte verdadero, corrompido por el mercado y las formas que lo reducen a una mercancía. Por mucho que hablen, son los editores los primeros que arrojan libros y autores por la borda cuando piensan que dejan de ser rentables.
La única garantía para los autores es tener lectores formados, algo cada vez más difícil por la degeneración que se ha ido produciendo tanto en el mundo editorial como en la educación, la cuna de todo. Ya las familias no consideran que la lectura sea más que un entretenimiento y es entretenimiento lo que busca y encuentran.
Los once años de separación entre las dos obras no garantiza la calidad de la segunda obra, pero sí dicen algo de cómo se lo ha tomado el propio autor, que ha conseguido por fin lanzar su segunda obra.
El detalle de la franja tampoco dice mucho de la obra en sí, pero sí del deseo de su autor de que tenga vida propia y que le arrastre a otros mundos diferentes. Al fin y al cabo, escribimos, pintamos, fotografiamos por el deseo de ver las cosas de otra forma o, si se prefiere, para dar forma articulada al bombardeo que recibimos en cada momento.
Me quedo con una respuesta de Giordano de sobre ese presente que le interesa retratar y que se aleja de nosotros como las galaxias:

Sería muy triste tener 20 años y no tener un horizonte de idealismo, no soñar con poder cambiar las cosas. Y más con lo que está ocurriendo con el cambio climático. Pero los jóvenes de hoy tienen una relación extraña con la utopía. Nosotros cuando pensamos en la utopía pensamos en un mundo ideal, en el que todo funciona, en el que todo es justo. Sin embargo los jóvenes de hoy ya parten de la idea de que hemos destrozado el medio ambiente y de que las consecuencias serán graves, para ellos la utopía es conseguir que esas consecuencias no sean tan graves. La suya es una relación extraña con la esperanza. Eso también está en la novela: no hay nunca una esperanza absoluta, es una esperanza ajustada a la realidad. Y ese es un cambio enorme. La generación de mis padres tenía una relación diferente con la esperanza, una relación mucho más progresiva. Y si cambia la relación con la esperanza cambia el modo de estar en el mundo.*



No es fácil dar sentido a esas palabras cuando vemos el mundo arder. Si trasladamos la preocupación por el medio ambiente, compartible por todos, es necesario comprender las formas de la utopía, la rabia que desata en un mundo que probablemente se ve sin esperanza en un sentido que habría indagar. 
Carecemos de las voces que pueden ayudarnos a entender este mundo que se centra en la radicalidad y en la violencia destructiva y que se vive por muchos como normalidad sin futuro. Pero hemos enterrado voces e inteligencias bajo la trivialidad y el consumo, los dos débiles pilares que sostienen nuestro mundo. La palabra se pierde y solo queda la acción.
De todo el mundo, por unas cosas u otras, nos llegan esas imágenes que llevan a la depresión ante la falta de perspectivas de futuro. No se trata ya de tener causas, sino excusas.
Cada generación tenía alguna obra que la describía, una obra que —de Werther a El guardián entre el centeno o Menos que cero— nos permitía entender el interior generacional de los otros. Creo que no la tenemos hoy, por más que se anuncien. Quizá la aceleración del tiempo no permita la claridad y solo el alejamiento, las distancias,  la confusión sean lo real. Creo que es, efectivamente, la relación con la esperanza, en un sentido u otro, lo que nos marca el presente. Quizá no nos queda mucha y el pesimismo nos lleva.
La entrevista con Paolo Giordano abre muchas perspectivas, llama a muchas ideas.  

* Irene Hernández Velasco  "Paolo Giordano: "Todos tenemos la posibilidad, e incluso la tendencia, de hacernos radicales" El Mundo 20/10/2019 https://www.elmundo.es/papel/cultura/2019/10/20/5d9f4be0fc6c834d778b4724.html

sábado, 23 de septiembre de 2017

Los Hermanos en la novela "Partir", de Tahar Ben Jelloun

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La obra novelística del escritor marroquí asentado en Francia Tahar Ben Jelloun merece ser revisada tanto por sus valores literarios (Ben Jelloun es premio Goncourt) como por la necesidad de penetrar en mundos opacos desde el otro lado de la cultura. Entre sus muchos valores, la Literatura nos permite ver el mundo desde principios y perspectivas distintas a las que poseemos. Cada texto es una reproducción del sistema cultural en el que surge recogiendo sua enciclopedia y una enunciación que coincide con la nuestra o, por el contrario, nos permite adentrarnos en un camino diferente en el que podemos encontrar piezas del gigantesco rompecabezas que es este mundo globalizado en el que la culturas se encuentran y chocan entre malentendidos y distorsiones, estereotipos y cegueras.
"Partir" (2005, 2006 en España) es una novela particularmente interesante para los españoles ya que nos muestra cómo es percibida "España" desde el otro lado del estrecho. Nos mete en la mente de los que desde suelo marroquí contemplan las luces de nuestras costas. Nosotros somos parte de un sueño, de unas expectativas que la contemplación diaria, los relatos de los que están aquí o regresan a su tierra, las experiencias coloniales, etc. han creado.
La carrera literaria de Tahar Ben Jelloun (1944) comenzó en 1970 e incluye una larga obra dedicada principalmente a la novela, pero  también en la poesía y con interesantes incursiones en el ensayo. Fue en esta modalidad que reseñamos aquí su librito sobre la "Primavera árabe", que Alianza había publicado al hilo de los levantamientos. Ben Jelloun ha usado la literatura para explicar a los más jóvenes qué es el islam o qué es el racismo tratando de ser sencillo y eficaz. Se le ha concedido por ello y por sus obras literarias premios y doctorados honoríficos por diversas universidades. Posee, además, algunos de los más importantes premios literarios en lengua francesa.
Ya habrá ocasiones de entrar en otros valiosos aspectos de su obra. Me interesa ahora recoger un tema de actualidad en el mundo árabe musulmán: la cuestión de los Hermanos Musulmanes.


En su visita a Naciones Unidas estos días, el presidente Sisi llevaba de nuevo en su maleta un tema que resulta incómodo para todos: la declaración de "grupo terrorista" a la Hermandad Musulmana. La cuestión es compleja porque implica muchos niveles y muchas cuestiones en diversos frentes.
El primero de ellos es el hecho de que el actual presidente egipcio fuera el ministro de Defensa del gobierno presidido por el Hermano Mohamed Morsi derrocado por el "no-coup" y la posterior matanza de islamistas. Esto es un hecho histórico, lo que no significa que sea reconocido e interpretado por las partes de la misma manera.
La responsabilidad que los egipcios atribuyen a la administración Obama con Hillary Clinton en el apoyo de los Hermanos Musulmanes en el gobierno no puede obviar que fueron los propios egipcios los que votaron a Morsi y a los salafistas dándoles una amplísima mayoría parlamentaria que les permitió hacer lo que quisieron sin preocuparse por los demás. Responsabilizar a los Estados Unidos (que sí tenía responsabilidad) no significa limpiar hipócritamente su propia responsabilidad como electores. De no haber jugado sus cartas tan rematadamente mal los restos del Estado de Mubarak y haber apoyado unas fuerzas democráticas plenamente, el resultado habría sido otro. Sin embargo (con conspiración o sin ella) lo cierto es que empujaron a los votantes egipcios a los brazos de unos islamistas, que una vez más, engañaron con su palabrería de gobernar para todos. Recibieron tanto poder que se les hincharon las ambiciones, causando finalmente su propia destrucción por los errores cometidos. Aquí hemos repetido muchas veces —porque hay algunos muy desmemoriados— que la Unión Europea, por boca de Merkel, recriminó la forma sectaria de hacer política de Morsi marginando a minorías (los coptos) y a las mujeres. Pero es más útil (y muy peligroso) considerar que Occidente apoyaba a los Hermanos. En este sentido, la manipulación mediática es parte del mundo egipcio, con lo que se cierra apoyos que podría tener y no el recelo hacia sus actitudes.


Los Hermanos Musulmanes no son un partido político (tuvieron que hacer uno) ni un grupo político. Son una red, con funcionamiento adaptativo eficaz, para el cumplimiento de un único objetivo: la islamización doctrinal y política de los países. Los Hermanos buscan la creación de un estado islámico mediante la islamización social, por eso les molesta que los términos se asemejen a los del Estado Islámico. Todos buscan lo mismo pero difieren en los métodos. El objetivo de todo los grupos —y por lo que rivalizan en su influencia— es la islamización, término positivo con contrapartida negativa: la desoccidentalización, antimodernización y la sustitución de una "democracia" a la occidental por un liderazgo islámico, en el que lo único que se discute es quién es está más cerca de la estrategia para conseguir los fines comunes, que son indiscutibles: el asentamiento musulmán en el mundo. La reislamización se puede hacer por abajo (socialmente, controlando la comunidad mediante diversos servicios asistenciales y atacando al estado por sus carencias) y por arriba (desde los gobiernos, como actualmente en Turquía o en el Egipto de Morsi). El arriba y el abajo se encuentran separados o actuando conjuntamente.

Como grupo es adaptable a las circunstancias. Los medios para conseguir los fines fijos son variables y pueden ser violentos o políticos según sea más eficaz. Siempre veremos la cara que desean mostrar.
Los Hermanos Musulmanes se diferencian de otros grupos del mundo árabe en que son antimonárquicos (así pueden llegar al poder, por eso Arabia Saudí no lo quiere) e internacionalistas (por eso los nacionalistas se enfrentan a ellos y se acusa a Morsi de traición por sus contactos con Hamas, etc.). Como todo grupo islamista, busca el control absoluto de la sociedad y la extensión del mensaje. En su origen, los textos de Hassan el-Banna se orientaban a una estrategia común para vencer al colonialismo, es decir, la ocupación inglesa de Egipto. Eso les hizo ganar fuerza de piadosos y anticoloniales. Nasser los aprovechó por su base social y luego se enfrentó mortalmente a ellos por ser antimodernos. El hecho real es que, en la cárcel o no, su poder se extendió (y se extiende más allá de las fronteras de Egipto y allí donde anidan se hacen rápidamente con los accesos del poder. han sido acogidos en distintos países, en donde han tenido cuidado por dar su cara más "amable" hasta que se hacen con el poder, en cuyo caso esa cara desaparece y comienza el uso de la fuerza de la imposición. Erdogan es un caso claro de islamismo desenmascarado: una vez conseguido todo el poder, el retroceso democrático, las purgas, la censura, etc. se pone en marcha. Mohamed Morsi, vanidosamente egipcio, lo quiso hacer en meses y labró el rechazo mayoritario de los que le había apoyado anteriormente. Esto fue aprovechado para volver a la casilla de salida y reponer parte del régimen de Mubarak.
Lo anterior requeriría muchos matices y complementos, pero creo que es suficiente para leer los fragmentos de la novela de Tahar Ben Jelloun, "Partir", que escrita en 2005 se aleja de las perturbaciones y malentendidos causados por los efectos de la Primavera Árabe.
Creo que se debe seguir la secuencia que la propia novela presenta al mostrarnos la llegada del joven marroquí Azel y de algunos otros personajes que tienen sus encuentros con los Hermanos Musulmanes.
En estos fragmentos se nos muestra su presencia en España y el papel que juegan en las vidas de los recién llegados:

En cuanto llegó a Europa, su tío se hizo cargo de él. Lo alistó en un grupúsculo liderado por él que se congregaba todas las noches para leer el Corán y escuchar las charlas religiosas que daba un egipcio, que se decía ulema, sabio en religión. Esas reuniones tenían algo de lúgubre. Mohamed Larbi, adoctrinado por su tío, escuchaba atentamente y cumplía con las consignas del ulema. Cada vez se trataba un tema: la relación del hombre con la mujer, cómo mantener la superioridad absoluta del hombre sobre ésta, contrarrestar la propaganda occidental que intenta aniquilar el poder masculino, cumplir con el deber conyugal sin caer en el vicio…   
El ulema hablaba de manera muy directa:  
 —No lo olvidéis jamás, las astucias de las mujeres son terribles, Dios nos lo ha enseñado y nos ha avisado, sabed que el Mal se origina en el cuerpo y el corazón de la mujer, pero el Bien también puede encarnarse en ellas, pensad en vuestras madres… Estad muy atentos al porvenir de vuestras hijas, aquí, en tierra de cristianos… ¿O acaso no os habéis enterado de que la policía de este país convocó hace unos días a uno de mis amigos, un hombre virtuoso, para que explicase la paliza que había dado a su hija mayor que lo desobedecía? ¡Quería salir de noche, maquillada y dispuesta a cualquier aventura! ¡Dios nos libre! ¿Os dais cuenta de que aquí se castiga al padre de familia porque vela sobre la virtud de su hija? Occidente está enfermo y nosotros no queremos que contamine a nuestros hijos. ¿Habéis oído hablar de esas leyes que permiten a los hombres casarse entre ellos e incluso adoptar niños? ¡Esta sociedad está perdiendo la cabeza! Por eso, debéis reforzar la vigilancia con vuestros hijos, con vuestras hijas sobre todo, para que no caigan en la moda del vicio. ¡Mirad las paredes de Bruselas! Dicen que es sólo publicidad: ¡mujeres medio desnudas que enseñan las nalgas para anunciar un coche! ¡Hombres maquillados como mujerzuelas posando para vender un perfume! Nosotros no tenemos nada en común con esos vicios, ese olvido de los valores, de la familia, del respeto a las personas mayores, nosotros vivimos aquí porque ése es nuestro destino, Dios lo ha querido y estamos entre las manos de Dios que nos observa y nos pone a prueba. ¿Vamos a entregar a nuestros hijos a esta sociedad impía? ¿Vamos a dejarlos actuar sin reaccionar, sin decir nada? No, hermanos. Somos musulmanes, responsables y solidarios, pertenecemos a la misma casa, a la misma nación, a la Umma Islamiya. Nadie escapa de esta gran casa. Hemos nacido musulmanes y musulmanes volveremos al Creador…   
El ulema, por supuesto, no hacía más que repetir lo que otros inmigrantes comentaban en los cafés. Sus charlas no aportaban ningún elemento original. Probablemente, Mohamed Larbi había oído ese discurso en el mismo Tánger, y, en particular, en verano, cuando las familias de los emigrantes regresan para las vacaciones. ¿O acaso no se acordaba de esos adolescentes arrogantes y engreídos, esos niños mal criados, violentos, ni europeos ni marroquíes, que se paseaban ostentosamente en coches lujosos?*


Aunque la referencia no es directa a los Hermanos Musulmanes en cuanto a la organización, se incorpora  el concepto de "hermandad" que sirve de metáfora a la organización y a la idea de control sobre los otros por encima de cualquier circunstancia: se nace musulmán y se muere musulmán.
En estos momentos en los que se debate el papel de los imames tras los atentados de Cataluña en los que se había creado una comunidad a su alrededor es interesante acercarse de forma novelística a lo que escuchamos y leemos de forma habitual en muchos diarios de Oriente Medio. El discurso de la "pureza" frente a un occidente "perverso", en decadencia moral, es común a todas las prédicas. Todos deben permanecer unidos frente al peligro de la degradación occidental. La obediencia al ulema es la aceptación de la palabra de dios, de la que es transmisor, y el reconocimiento del pecado.
El discurso, se nos dice a través de la reflexión del personaje, se escucha aquí (en Europa) y allí para evitar la seducción por parte de los que regresan cargados de bienes y lujos, luciendo lo conseguido durante su estancia en el exterior. Los mediadores religiosos tratan de evitar la emigración y de neutralizar el regreso. Se asientan en las comunidades (como ha ocurrido en Cataluña) para evitar que los jóvenes escojan un camino de alejamiento. Montan también (como ha ocurrido en Alemania con la llamada "Policía de la Sharia") la vigilancia de los barrios y comunidades poblados por musulmanes.
Especial relevancia tiene en el fragmento la vigilancia de las mujeres. La indignación ante las denuncias por los maltratos "correctores" a hijas o esposas es una forma habitual de evitar que se pueda cambiar la perspectiva patriarcal como efecto de la vida en el exterior. Los conflictos con las hijas son importantes y se resuelven imponiendo la autoridad, evitando que la idea de un derecho de las mujeres surja en ellas.


Yo mismo he tenido ocasión, en un viaje a El Cairo hace unos años, de escuchar el mismo discurso sobre la "vileza occidental". La moralidad es un privilegio exclusivo del que sigue la verdadera doctrina y la hace cumplir para evitar el desastre de la corrupción, conspiración mediante la que Occidente trata de destruir al islam.
Unos pocos párrafos más allá en el texto, se vuelve a recuperar la presencia del ulema:

Casualmente, esa misma semana el ulema regaló a Mohamed Larbi un teléfono móvil. Lo hizo en previsión de un próximo viaje a Egipto, donde debía seguir unos cursos de religión. Una buena oportunidad, le había dicho su tío.   
—Te has ganado la confianza del ulema, no debes decepcionarlo. Vais a viajar unos diez jóvenes a El Cairo, allí los Hermanos se ocuparán de vosotros. Ya verás, El Cairo es una ciudad muy bonita, los Hermanos son buena gente, buenos musulmanes en guerra contra la corrupción y el vicio.   
La primera llamada fue para Nadia. Atendió el ulema que reconoció el número. No se enfadó, no dijo nada, se encerró en su cuarto e hizo algunas llamadas de teléfono en lenguaje codificado. Ese día, se selló el destino de Mohamed Larbi. De Egipto lo enviaron a un campo de entrenamiento en Pakistán, desde el que nadie lo vio jamás regresar.*

En este segundo párrafo se establece la conexión del genérico "hermanos" (todos los musulmanes) al concreto "Hermanos" (la organización) en donde se nos da cuenta de sus actividades. El ulema ha actuado como "reclutador"; ha localizado a los más receptivos al mensaje antioccidental y los ha enviado a El Cairo. Allí se encontrará con los verdaderos luchadores, no solo habladores. La definición de los "Hermanos" como "buenos musulmanes", como se hace en el texto, es importante ya que se nace y muere "musulmán", pero se puede ser mal musulmán. Ser "buen musulmán" implica aquí dos fases, la primera es la estar "en guerra con la corrupción y el vicio"; la segunda la lucha activa. Una vez que se ha identificado el mal —"corrupción y vicio"— y se ha establecido que es el estado natural de Occidente, la guerra contra Occidente es una consecuencia lógica, por lo que el joven acabará en un campo de entrenamiento terrorista en Pakistán.
Recordarán los hipotéticos lectores de estos textos, la importancia que dimos al tuit de uno de los jóvenes terroristas que decía desear destruir a "occidente y los malos musulmanes". En esta última categoría entran todos los que se han dejado seducir por Occidente (origen del mal) o simplemente que no siguen sus cada vez más estrictas y estrechas normas.
La remisión a El Cairo no es casual. No se trata de que sea el origen histórico, el Egipto de los años 20, sino de ser el centro organizativo en el que se formarán doctrinalmente y enviados posteriormente a Pakistán. Tahar Ben Jelloun no dice cuánto tiempo pasaron los jóvenes en El Cairo antes de salir para Pakistán a recibir el entrenamiento terrorista, pero es previsible que fueran "revisados" y "reforzados" antes de ir a su destino formativo final. Después serían enviados a cualquier lugar en el que fueran necesarios para un atentado.
Una tercera situación de la novela nos muestra otros aspectos interesantes de cómo actúan los Hermanos:

Mientras soltaba ese discurso, un hombre sentado en una estera en el fondo de la minúscula tienda, tosió varias veces. Azel preguntó quién era.   
—Es Hammu, un tío que quemó una parte del mar en una barca y el resto a nado. Cogió una pulmonía o algo parecido. Tose, escupe flemas asquerosas, tendríamos que encontrarle un médico que no lo denuncie a la policía, tu amigo podría arreglar eso, ¿no?   
Azel no quería mezclar a Miguel en aquella historia.   
—Yo podría conseguir algo de dinero para comprarle medicinas.   
—No, olvídalo, creo que los Hermanos van a ocuparse de él. Les gusta ayudar en ese tipo de situaciones.   
Azel entendió perfectamente que los «Hermanos» eran los islamistas. No hizo ningún comentario, pero Abbas notó el gesto de desagrado de Azel.   
—Bueno, ya se sabe, los Hermanos no hacen nada gratuitamente, se presentarán luego y pedirán que les haga algún favorcillo, hasta el momento yo no he querido que me ayuden, por eso te he hablado de tu amigo, pero si es imposible, voy a verme obligado a aceptar su ayuda, tienen entre ellos médicos, abogados, gente con dinero, están bien organizados, nunca hubiera imaginado que los musulmanes se pudieran organizar tan bien.  
 —¡Qué racista eres!   
—Uno no puede ser racista contra los de su propio campo, eso no es racismo, eso es conocer. Yo no he estudiado una carrera, me las voy apañando, la escuela de la vida me ha enseñado mucho, por ejemplo, si quieres salir adelante, tienes que aceptar oír cosas no muy agradables sobre tu propia comunidad. ¡Ojo! Hablo así contigo, con los spaniulis, por el contrario, soy más árabe que Gadafi.*


El fragmento es interesante porque nos muestra ambas caras, a amable y la interesada. Los Hermanos han ganado el prestigio asistencial en unas sociedades corruptas en la que atención de las personas (sanitaria en este caso) ha fracasado. Ante las carencias más básicas, los Hermanos ejercen una "caridad" crítica, es decir, la usan para contraer deudas —cobrarse los favores— con las personas creando redes de dependencia y servicios.
Es interesante también la alusión a la "organización" de los Hermanos, a su buen orden en un mundo caótico. Este es su valor más importante pues es lo que les lleva a poder ganar unas elecciones en Egipto, Túnez o Turquía. Allí donde actúan, los Hermanos imponen su orden sobre el caos. Los Hermanos no son un partido, pero pueden producirlo en pocos días gracias a su organización, como hicieron en Egipto, y ganar unas elecciones haciéndose con el poder. Los partidos no son más que instrumentos (a la occidental) para un fin, conseguir el poder.
No son solo organización; también son inmensas cantidades de capitales que se mueven por el mundo comprando negocios o cadenas de televisión, invirtiendo en  empresas, etc. Los Hermanos son una internacional, no un fenómeno egipcio exclusivamente. La llegada al poder de Mohamed Morsi en Egipto movilizó rápidamente a los hombres de negocios de países como Turquía para que se pusieran en contacto con los islamistas empresariales egipcios. Los negocios florecen entre ellos y parte de los beneficios (además de los negocios oscuros de sus dirigentes, como Erdogan y su familia) vuelven a la organización que los invierte allí donde sean más necesarios.
La Hermandad se asemeja a una organización proteica, que muestra la cara que le interesa que otros vean. Evidentemente, los hay que de buena fe piensan que son una alternativa democrática al caos de Oriente Medio. Los islamistas no son nunca demócratas. La democracia implica la voluntad humana, el control del destino propio y común, y para ellos solo hay "sumisión" al mandato divino, que ellos dicen interpretar correctamente.


La pregunta, por tanto, no es si los islamistas pueden ser "demócratas" sino si es posible que haya democracia en los países árabes. Esa es la lucha de muchos que han quedado en medio, que recelan de Occidente y de los islamistas. Mientras no haya una reconstrucción sincera y honesta de las relaciones que levanten los recelos, es muy difícil que los que quieren una democracia real puedan tenerla pues carecen de lo que a los Hermanos les sobra: organización y apoyo.
La última de las apariciones de los Hermanos Musulmanes en la novela "Partir" tiene un sentido aclaratorio sobre el destino de los que no siguen su juego o ellos consideran que pueden obstaculizar sus avances y poner en peligro sus fines:

La portera del edificio dijo haber visto la víspera a Azel acompañado de dos hombres, moros, precisó la mujer. Una vez arriba, el policía llamó al timbre insistentemente pero nadie abrió. Pidió refuerzos para tirar la puerta abajo.
Azel yacía en el suelo, degollado, con la cabeza en un charco de sangre. Como un cordero del Aid el Kebir, los Hermanos lo habían pasado a cuchillo.

Se entenderá ahora que la pregunta sobre si la Hermandad Musulmana es un grupo terrorista o no tienen una inmensa cantidad de matices que dependerá de la perspectiva del momento y de lo que le interese mostrar. Por más que intente ser valorada por sus caras sonrientes y sus aspiraciones modernas, no se debe dejar de mirar a sus maneras autoritarias disfrazadas de piedad religiosa. Lo que perciben como obstáculo, sencillamente lo destruyen. Puede que algunos no piensen así, pero eso no es obstáculo para la organización, que siempre tendrá miembros que creerán estar sirviendo a Dios cortando cuellos o volando edificios para traer la paz al mundo.
Lo que hemos visto descrito en estos cuatro fragmentos de la novela es un recorrido por una organización que es capaz de estar presente en medio de la comunidad marroquí en España, que está en Marruecos, en Egipto o en Pakistán; una organización que es capaz de atender situaciones médicas o mandar personas de España a El Cairo y Pakistán. Es una organización capaz de ganar las elecciones en Marruecos, en Túnez, en Egipto y en Turquía, que controla parte de Palestina con Hamas, etc. Está fuertemente jerarquizada desde el líder supremo a la casa más humilde y exige obediencia en todos sus niveles.


Es difícil luchar con ella porque tras esas luchas siempre existen oscuras relaciones con el poder. Los Hermanos han infiltrado en mayor o menor medida los medios, la judicatura, el ejército, la policía, los sindicatos (especialmente los médicos)... y la universidad de Al-Azhar., en la que siguen las luchas internas Hay miembros conocidos y muchos otros desconocidos que sencillamente actúan como buenos y obedientes miembros, imágenes amables en sus comunidades y orientadores de la opinión, hasta que sean reclamados para cumplir en los puestos para los que sean designados por la organización.
En las primeras elecciones egipcias en que participaron, muchos jóvenes se les rebelaron porque no estaban dispuestos a aceptar aquella jerarquía que les sustraía algo esencial en una democracia: la libertad de a quién votar. Ellos quería obediencia ciega.
Una novela es una novela, pero es también una mirada. Lo que se cuenta se hace con un grado mayor o menor de fidelidad a lo que ocurre. Pero es importante ver cómo, en medio de una trama, se crea un fondo en el que no solo los personajes sino también las personas reales se encuentran inmersas. Creo que lo reflejado por Tahr Ben Jelloun en "Partir" es una forma de verdad novelesca que ofrece, con los rasgos del arte, una realidad sobre un lienzo literario.
"Partir" es una novela muy interesante, más allá de la cuestión que traemos hoy. Habla de sueños y frustraciones, de atracción y repulsión, de amor y odio. Nos permite entrar en esa vida difícil e ignorada de la que solo vemos aquello que nos ofrecen. En estos tiempos en que los periódicos se llenan de noticias sobre cosas que no llegamos a entender, es bueno entrar en la realidad por otras puertas y ventanas. La novela de Tahar Ben Jelloun no ofrece una de ellas.



* Tahar Ben Jelloun. "Partir". Traducción de Malika Embarek. El aleph. Barcelona, 2006. 236 pp.



viernes, 14 de octubre de 2016

Dylan, forever young

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es muy difícil para esta generación actual imaginarse lo que fue Dylan para otra, la de los años 60, que es cuando se forjó como figura. La industria del entretenimiento ha creado un concepto de "ídolo" que se encuentra en las antípodas de lo que Bob Dylan era y representaba para millones de personas en todo el mundo.
Para mí fue una enorme alegría llegar a casa y enterarme de que a Dylan se le reconocía con el premio Nobel. En 2007 se le concedió el Príncipe de Asturias de las Artes, igualmente merecido pero que no abría la polémica sobre la "literatura" que algunos parecen interesados en mantener aunque solo sea por llevar la contraria.
Por dejar claro el asunto por mi parte, señalaré lo siguiente: en 1991 realicé la oposición a profesor Titular de Literatura Universal Contemporánea, para lo que tuve que realizar un programa de la asignatura, como es preceptivo. Incluí, sin dudar, a Bob Dylan en mi programa de Literatura como muestra de la poesía popular norteamericana. Me pareció absolutamente normal, pues Dylan es un poeta, un juglar callejero ascendido —no sé si a su pesar— a icono de la sociedad de masas, de un mundo mediático que necesita completar con imágenes, historias o misterio las figuras de las que se alimenta. Frente a los que ya cuestionan su poesía o el Nobel, mi más ferviente defensa del mismo. Habrá otros buenos poetas marginados, como siempre. Pero no hay duda de que Bob Dylan es una gran poeta y además un poeta influyente, en la gente y en otros poetas, algo que no todos lo son.


Miro lo muchos artículos que se publican entre ayer y hoy. Cada uno se fija en las muchas caras de Dylan porque todos tenemos el nuestro, el momento en que fijamos a una personalidad única en nuestra vida, el día en que Bob Dylan nos habló. Otros se limitan a recoger los tópicos necesarios para intentar describir lo que Dylan pudo representar.
Dylan es un poeta, sí, pero sobre todo es lo que los norteamericanos llaman "singer songwriter", algo importante, pues si se quiere entender a Dylan no hay que "analizarlo" separando sus partes, sino manteniendo la unidad compleja que representa su arte único. No se debe separar la palabra de la música de la voz, tres elementos propios cuya específica unión nos dan a Dylan.
Dylan insertaba imágenes poderosas en canciones que iban del himno a la intimidad con una voz única, cuyo efecto inicial era como el sabor del primer trago de cerveza, pero que acababa seduciendo por su capacidad de transmitir.
Basta con ver las fotografías de juventud de Dylan para comprender lo que es el carisma, una energía seductora. Dylan es carismático y lo fue desde sus inicios, algo que se conjuntaba perfectamente con su versión de profeta de los nuevos tiempos que habían de cambiar.


Su repertorio de mensajes iba de la intimidad susurrada en una noche de amor a la advertencia sobre el apocalipsis, de la denuncia de los mecanismos que controlan el mundo a la épica de las vidas pequeñas.
Hasta el momento el carisma lo habían tenido en el mundo de la cultura popular personas como Sinatra, Elvis o Chevalier, entre otros. Pero no tuvieron un pensamiento propio, en el sentido de ser creadores de sus propios mensajes. Dylan sí. Es sobre todo un "creador", alguien que tiene que decir, no solo un "intérprete". Y lo que dijo enganchó a una generación.
Y lo más importante: lo que tenía que decir es lo que una generación ávida de cambios deseaba escuchar. Dylan fue la conciencia de la generación en la que la cultura joven se emancipó finalmente, liberándose de la visión paternalista y ñoña en la que se trataba de encuadrar. El liderazgo social cambió de manos. Los jóvenes dejaron de ser los consumidores natos de una cultura diseñada para ellos y muchos empezaron a tener su propia visión del mundo. Los sesenta avanzaban.

Woody Guthrie

Dylan es el representante de una conexión única en un momento de la historia norteamericana entre el mundo de lo popular y el de las élites universitarias. Dylan unía a los cantantes sociales que recorrían, como habían hecho sus maestros Woody Guthrie (al que rinde homenaje con sus poses y canciones) o Pete Seeger, fábricas y huelgas, movimientos de protestas, con la sofisticada poesía de los degustadores universitarios del arte. Dylan hablaba a unos y otros, era una síntesis especial y única capaz de emocionar a ambos.

Con Dylan culmina la voz de los desheredados, que la izquierda norteamericana había cantando, dándole una dimensión universal —el this land is your land, como cantó Woody Guthrie, se hacía universal con Dylan— y se funde con la vanguardia del Village, se pasa del mitin y la huelga, a los gigantescos conciertos de los 60.
No lo he visto recogido en los artículos y me parece un dato relevante para comprender su influencia y alcance: muchos grupos de música de los más diversos estilos, muchos cantantes incluían en cada disco un tema compuesto por Dylan. Durante años lo hicieron, Dylan era la palabra, la música esperadas; eran el mensaje que había que transmitir.


Dylan ha creado las más bellas canciones de amor, las más bellas canciones de soledad, los más bellos himnos... Todo es poesía, no porque rime sino porque habla al corazón o a la cabeza, según toque. Unos días celebraba la alegría del quedarse; otro, los dolores del partir. Unos días cantaba la verdad y otros celebra la duda, el desconcierto de lo humano. Real y surrealista, épico y lírico.
El premio Nobel es un reconocimiento importante para alguien que lo ha sido de una forma que muy pocos escritores lo han logrado, penetrando hasta el tuétano, tocando el alma, virtud de la canción que nos posee de una forma diferente a como lo hace la prosa. Dylan cantaba su poesía y los demás cantaban a Dylan.


Los que amamos a Bob Dylan lo hacemos porque sus palabras han significado algo en nuestras vidas, porque cuando nos han faltado las palabras las hemos encontrado en él con más frecuencia que en otros. 

I'm a-thinking and a-wonderin' walking down the road
I once loved a woman, a child I am told
I gave her my heart but she wanted my soul
But don't think twice, it's all right.
So long honey, baby
Where I'm bound, I can't tell
Goodbye's too good a word, babe
So I'll just say fare thee well...
                            (Don't think twice, it's all right)




El Nobel de Literatura es merecido, sin duda. Se amplía, como se han ampliado los límites de la Literatura y del arte en la sociedad de masas. Hoy la sociedad es diferente y sus formas de popularidad se basan más en la extravagancia que llama la atención y consigue seguidores y la estandarización del gusto global. Entonces eran otros tiempos, que habían cambiado, pero que lo harían todavía más.
Dylan no era simplemente un cantante. Era un poeta que recitaba sus poemas acompañado de una guitarra. Era el signo del momento, la forma de llegar más allá del papel para una generación que se reunía, se manifestaba o simplemente compartía sus sentimientos e ideas. Recogió una tradición y amplió los públicos. Tenía algo que decir y el mundo le escuchó, aunque era joven.
¡Enhorabuena!


martes, 2 de agosto de 2016

Europa y el señor Schmetterling

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Las personas, cuando reciben las cosas, tienden a olvidar pronto los esfuerzos que cuestan. Ocurre algo así con Europa (también con nuestra democracia española). Parece que fuera algo de lo que hay que protegerse en vez de algo que hemos construido con mucho esfuerzo y con una finalidad precisa: la paz y concordia europeas.
Federica Mogherini, la alta  representante de la Unión Europea en el exterior, publica un necesario artículo en el diario El País con el título "Una estrategia para unir Europa". Tras hablar de desafíos e incertidumbres, de economía y fines, el artículo se cierra así:

El pueblo de Europa necesita unidad de propósito y acción entre nuestros Estados miembros. Un mundo frágil exige una UE más segura y responsable, equipada con una política exterior y de seguridad que mire hacia afuera y hacia adelante. La nueva Estrategia Global nos guiará en nuestro progreso hacia una Unión que verdaderamente cumpla con las necesidades, esperanzas y aspiraciones de sus ciudadanos; una Unión que se base en el éxito de 70 años de paz; y una Unión lo suficientemente fuerte como para contribuir a la paz y la seguridad en nuestra región y en todo el mundo.*


Es evidente que así debe ser. La cuestión es cómo. En estas décadas de unión, Europa ha tejido una maraña de lazos, un intrincado ovillo de relaciones en todos los sentidos, de la economía a la defensa, de las universidades a los transportes, pero Europa está mal preparada en un sentido especial que hemos podido apreciar por la salida de los británicos de la Unión. Europa ha sabido tejer sus relaciones, pero no ha sabido crear sus símbolos. El aspecto simbólico, por el que pasa la construcción de la identidad, no ha sido reforzado sino que se ha ido debilitando por las estrategias nacionales durante sus crisis, lo que hemos podido comprobar con el "Brexit".
Una de las noticias que menos se ha aireado, pero que los británicos han puesto rápidamente en sus portadas es que han sido precisamente las zonas más beneficiadas con las inversiones de fondos europeos las que han votado con más fuerza a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión. Pudiera parecer una paradoja, pero no lo es; tiene su lógica. Se ha invertido allí donde más se necesitaba y esa necesidad la han sabido transformar en insatisfacción contra Europa escamoteando la parte positiva, la inversiones. Ahora estas zonas están aterrorizadas porque el gobierno británico ha paralizado el reparto de los fondos. Empiezan a ver a Europa como una pérdida real. Todos hablaban de lo que daban pero nadie de lo que recibían de Europa.


Este problema va a ser especialmente grave en la investigación donde se ha impulsado la creación de grupos europeos con miembros de diferentes países. Los británicos dejarán de ser incluidos en los grupos investigadores y, por supuesto, dejarán de recibir los fondos que hasta el momento habían recibido. Van a usar la libra más de lo que les hubiera gustado.
Los enemigos internos de la Unión poseen algo poderoso: el imaginario nacionalista, de fuerte enganche emocional. Madre nos hay más que una y esa es la patria. A los británicos se les pedía el voto para la salida y se les ha bombardeado con héroes y heroínas, batallas de la Historia, con toda una serie de aspectos simbólicos que sale de las relaciones conflictivas entre los países. La cuestión más clara en el caso británico es la identificación de Europa con Alemania y de Alemania con Adolf Hitler y el nazismo.


Las preguntas entonces son: ¿quién construye la imagen europea? ¿Cuáles son los elementos con los que debe ser construida? Todos estos símbolos tienen que salir del mismo sitio que sacan los eurófobos los suyos, de la Historia. Marie Le Pen se sitúa bajo la estatua de la Doncella de Orleans, de Juana de Arco, combatiendo ingleses; es la imagen perfecta del nacionalismo combativo.
 ¿Y Europa? Europa necesita de algo más que de una bandera y un himno. Son los rituales, los símbolos de la cultura, los que hacen unirse a las gentes. Los mecanismos identitarios son los mismos, aunque los símbolos sean diferentes. Hay que dotar de sentido a Europa. Si no se hace, solo será un enemigo, una madrastra cruel de cuento para asustar niños en las noches. Es en eso en lo que la han convertido por acción los eurófobos y por omisión los que no han sabido ver.


Es sorprendente la ausencia de Europa en la mayor parte de nuestro sistema educativo. Somos todos los que hemos convertido la Unión Europea en una "institución" distante, pensándola en términos de una ventanilla o unos políticos que discuten sobre cosas muy complicadas que nadie entiende. Escuchamos las quejas pero no nos cuentan demasiado los beneficios.

Pero la mayor fuente de símbolos es la cultura y está repartida por toda Europa. Esa es nuestra poderosa herramienta y consiste en hacer propio lo que es europeo y europeo lo que es propio.
En estos día me han regalado dos libros de poesía: "Fresas blancas" (2001), de la polaca Ewa Lipska, y "La piedra habla (antología poética)" (2010), del rumano Lucian Blaga. Agradezco doblemente el regalo —¡gracias Iuliana e Isabel!— porque me permite conocer la Europa escrita en nuevas vertientes. Europa es una fuente inagotable, rica de cultura. No los veo como autores "extranjeros" sino como parte de una herencia ampliada que me permite conocer mejor el presente y, sobre todo, pensar mejor en un futuro común compartiendo ideas, sentimientos, versos.
Me encuentro en el libro de Ewa Lipska, publicado en el 2000 en su edición original, un poema en prosa titulado "El señor Schmetterling reflexiona sobre la Europa unida". Nos va describiendo en pequeños detalles la vida de ese hombre que ha vivido como niño una primera experiencia política: agarrado a la pierna de su padre mientras vitorean a un  Hitler triunfal. Hoy, nos dice Lipska, el señor Schmetterling "tiene 66 años y admira su higiénico país". El señor Schmetterling, un funcionario obediente, "piensa con escepticismo en la Europa unida. Considera esta idea una desacertada oferta turística". Al señor Schmetterling la democracia le "parece una medicina para el estómago" con dañinos efectos secundarios. Nos dice la poeta: "El Señor Schmetterling se unifica con su soledad. No necesita para nada la nueva Europa".


El poema de Ewa Lipska retrata a un "euroescéptico" preventivo. Su vida ha sido "obediente", desde la invasión nazi a la invasión soviética. Para Lipska, la ruptura de ese estado viene de Europa, de una Europa unida, en la que es posible frenar la inercia de esos mundos pequeños sometidos a violencias, dictaduras, invasiones, anexiones, etc. Como para los ucranianos hoy, Europa es sobre todo una Europa unida, un concepto que contrata con esa "unificación en la soledad", expresión irónica y reveladoramente poética. No es Francia, Alemania, etc.: es Europa, un espacio simbólico y geográfico, un paisaje con sentido.
Tiene razón Federica Mogherini, pero hay que abrir otras puertas para que esta Europa sea capaz de encontrarse a sí misma, pueda encontrar otros discursos, los de su propia construcción, y pueda escribir los nuevos que tiendan lazos entre todos y con el espacio exterior, las nuevas fronteras. Lo imperdonable del euroescepticismo es que quiere alejarnos de nosotros mismos, de una Europa que es deseo de paz, voluntad de convivencia y construcción de libertades. Pero lo primero es definirnos conjuntamente como "europeos".


Hay demasiada ignorancia orgullosa y muy poca curiosidad por lo que nos espera en cada rincón de una geografía cultural que no es solo turismo o comercio, sino otra cosa más profunda. Solo el carácter superficial de estos tiempos confunde el conocimiento de los pueblos, la apreciación de su riqueza con lo que ofrecen los tour operadores. Antes se llamaba "cultura" y tiene que ver con las ideas, con los principios generadores de símbolos y discursos de identidad. Hay que buscar también este tipo de estrategias necesarias para que Europa se forme ante nuestros ojos desde la cultura inagotable.
Leyendo a esos dos poetas, en su diversidad, aprecio más el mundo al que pertenezco, me siento más europeo, y escapo de la "unificación conmigo mismo", tentación narcisista en la que es fácil caer dejándose llevar por los vientos de enaltecimiento del casticismo. Despreciar lo que no se conoce y embelesarse con lo propio no es el mejor camino para el futuro. Conduce a la estupidez satisfecha e higiénica del Señor Schmetterling.




* Federica Mogherini "Una estrategia para unir Europa" El País 2/08/2016 http://elpais.com/elpais/2016/07/16/opinion/1468701804_322725.html
** Ewa Lipska "Fresas blancas" (2001) Huerga & Fierro, Madrid.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Los hablantes enfrentados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace unos días tuvimos ocasión de ver en nuestro seminario de trabajo doctoral una notable película, una película de esas que pasan desapercibidas para el gran público. Se trata de la película del director norteamericano de origen chino, Wayne Wang, y su título es "Mil años de oración" (A Thousand Years of Good Prayers 2007). En España, mereció la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, de lo cual me alegro mucho.
A diferencia de otras películas muy comerciales de Wang, "Mil años de oración" es una pequeña joya intimista —así la calificaron con razón algunos críticos— basada en un relato de la escritora china, también afincada en los Estados Unidos, Yiyun Li. Entre sus grandes producciones de Hollywood (Sucedió en Manhattan, El club de la buena estrella, Las últimas vacaciones, etc.), Wang introduce algunas piezas independientes como la también celebrada y premiada Smoke (1995) para la que contó con material literario de Paul Auster. Nos muestra así la doble cara de un cineasta que, como muchos otros, se embarcan en los proyectos de la industria y salvan su alma mediante estas películas en las que puede expresar otro tipo de cosas.


En este caso, el de Mil años de oración, Wang contó con el material literario de la escritora china Yiyun Li (contó con ella para La princesa de Nebraska, 2008), quien tiene una gran valoración por parte de la crítica norteamericana que la considerada una autora relevante de su generación. Li llegó a Estados Unidos para estudiar Ciencias y se decantó por la Literatura, que también es una forma de ver el mundo, pero desde las irregularidades universales. Yiyun Li realizó el guión de la película, una magistral descripción, a través de detalles, palabras y silencios de las relaciones entre una hija, Yilan, y su padre que va a visitarla a los Estados Unidos después del divorcio de ella tras doce años de no verse.


De todos los riquísimos contenidos y motivos de reflexión, me interesa resaltar aquí el que se refiere al problema del lenguaje tal como es expresado a través de la comunicación entre el padre, portador de una visión del mundo, y la hija sufridora de esa visión paterna y superviviente a través de la distancia.
En uno de los momentos cumbre de la película el diálogo se centra en la distancia enorme entre lo que ella puede expresar en su lengua natal, el chino, y lo que puede expresar en su lengua cotidiana adoptada, el inglés.
El trabajo magistral de los dos actores (Henry O, el padre, y Faye Lu, la hija) permite comprender el cambio que ambos experimentan cuando usan el idioma que no es el suyo. Allí donde el padre usa un inglés imperfecto, que tiene que recurrir al gesto, a la onomatopeya para ser medianamente entendido, la hija se comporta de una manera muy distinta. Hasta la risa le cambia a Yilan cuando habla en inglés por teléfono, detalle que no se le escapara a su padre, quien la calificará como "risa obscena".


Evidentemente no se trata de que el idioma chino tenga dificultades para mostrar los sentimientos o establecer la comunicación. Toda la película nos muestra el esfuerzo real de las personas por comunicarse con los de otras lenguas y nos muestra cómo tienen problemas comunes con sus familias respectivas. Les es más fácil comunicarse con extraños que con los más próximos.
En la película, el caso más evidente es el personaje de "Madam", una mujer mayor iraní que chapurrea algo de inglés, pero que se dirige al padre de Yilan en farsi, de la misma manera que él se dirige a ella en chino cuando les faltan las palabras en inglés. 


El minucioso trabajo de recopilar las palabras que no entiende escribiéndolas en su pequeña libreta nos muestra la voluntad comunicadora del señor Shi, el padre de Yilan. Los primeros planos de la película nos lo muestran con las amistades que ha hecho en el avión deurante el viaje a los Estados Unidos y el último nos lo muestra explicando sus fantasías en un tren a su compañera de viaje. El señor Shi es un gran comunicador... menos con su hija Yilan y su difunta esposa. En su vida comunicativa familiar solo ha levantado barreras y sembrado mentiras, impostura y fingimiento.
La lengua sirve de excusa para mostrar que la callada Yilan solo lo es ante su padre. No es la lengua, sino la lengua encarnada, la lengua viva que se cristaliza en las relaciones entre las personas delimitando las formas y posibilidades de comunicación entre ellas. Como ella explica muy bien a su padre, el hecho de no poder hablar de sus sentimientos con él ha hecho que le sea más fácil expresarlos en una lengua nueva, lejos de las cortapisas que las relaciones familiares le imponían.

Cuando Yilan recibe llamadas, se encierra en su cuarto porque la mirada del padre es ya un obstáculo para poder expresar sus sentimientos. En este sentido, la película es un ejercicio magistral de demostración de que la lengua es algo más que las palabras, que los diccionario son abstracciones de la vida y que las palabras y la forma de comunicarlas forman una unidad pragmática.
Frente a lenguaje explicado como código lingüístico, la Pragmática trata de establecer las condiciones contextuales en las que se da la comunicación. A la estabilidad de la gramática, que garantiza la legibilidad por la cohesión del discurso, la semántica empieza a tener variaciones con el uso de los sujetos para quienes las palabras pueden tener vinculados sentidos peculiares, especiales en función de su experiencia. Pero más allá de esto, están los hablantes enfrentados.
El diálogo es diferente en cada situación y muchas de ellas son traumáticas, como ocurre en el caso de Yilan y el señor Shi, su padre. Toda palabra está cargada entonces de las circunstancias de la vida entera; sobre cada sonido caen los ecos de las palabras dichas en situaciones que la memoria evoca en un ejercicio automático de recuperación, muchas veces involuntario. En diálogo, la comunicación, se realiza bajo tensión.


Es el peculiar oído del escritor y del actor en estos casos el que puede convertir el diálogo de un relato en un acto de realidad, de autenticidad lingüística si más allá de la norma de la lengua logra plasmar en las palabras la encarnación de sus personajes, de sus historias y motivos. Hay un diálogo trivial en el que solo pretendemos hacernos ver ante los otros y no mostrar nada, pero hay otras situaciones en las que el acto comunicativo —en el que el cuerpo acompaña al sonido en su tensión, porque el cuerpo responde antes que la mente consciente— se convierte en espacio traumático en el que desembocan los ríos de toda una vida de conflictos reprimidos, de sentimientos escondidos. "No te quiero herir", es la frase —que aparece en la película—  que se dice después de ser pensada millones de veces.

Me interesaban sobre manera las respuestas de mis estudiantes chinos ante la película. Después de verla se suscito un animado debate y pudimos escarbar en lo que hay tras las palabras. Ellos también tienen un lenguaje nuevo en el que expresar emociones nuevas o las que tenían antes y no podían expresar en el propio, como en el caso de Yilan y su padre. Durante la película pude escuchar risas en muchos momentos de ironía, momentos del desvelamiento de la figura del padre y también silencios profundos en los momentos en los que afloraban los dramas de la debilidad descubierta, de las falsedades repetidas una y otra vez porque es el papel que se elige o te imponen para representar. Dice Yilan en la película que si las familias fueran felices no existiría la literatura tradicional china. Probablemente la de ningún lugar. El gran misterio es porque las relaciones con las personas que amas se acaban convirtiendo en traumáticas y los roles familiares acaban construyendo muros insalvables a los que solo la distancia pone algún pobre remedio. Sí, los literatos tienen mucho material a su disposición en todas las culturas. 
La fluidez de la comunicación debería avanzar frente a la rigidez de los papeles familiares. Las nuevas generaciones viven el impacto de esas distancias que los roles imponen. Hablar —y hacerlo sinceramente— no es siempre posible. El mundo cambia muy deprisa los roles familiares no tanto porque se reproduce el modelo aprendido. Y con él, las distancias.

Les he pedido que escriban sus ideas sobre esta película y así volcar en palabras lo que les parece. Así aprenderé yo de ellos todas esas cosas que se nos quedan en los ángulos muertos de la ceguera cultural, que son muchas. En el coloquio, algunas personas que habitualmente hablan poco, esta vez hablaron mucho.