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domingo, 29 de agosto de 2021

El tamaño del error

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los analistas políticos norteamericanos se hace la pregunta sobre la Historia: ¿Quedará marcada la presidencia de Biden por lo ocurrido en Kabul, por la caótica retirada de los Estados Unidos? la preocupación por la Historia no deja de ser una trivialidad, un mirarse el ombligo en el qué dirán futuro. Sin embargo, este aspecto parece revestir una cierta importancia para algunos que ven el futuro en las próximas elecciones más que en los libros. No hay papel más importante en la política que las papeletas y Biden, desde luego, no las tiene todas consigo. Si se prefiere, dada la edad del presidente, el asunto preocupa más a la herencia que deje a su sucesor, ya sea la vicepresidente Kamala Harris o cualquier otra persona que los demócratas elijan para encabezar la próxima legislatura.

La Historia, como algunos juegos de mesa, camino recorrido a golpe de tirada de dados, con casillas y "pozos" en los que puedes caer y de los que no es tan sencillo salir. Biden parece haber caído en un pozo del que no le va a ser fácil salir. Pero en eso consiste la vida, en lo imprevisible.

Joe Biden había basado su estrategia, sobre todo, el éxito en el control del coronavirus con el plan de vacunación. No era mala elección porque el desastre causado por Trump era de tal magnitud que había llevado al ridículo universal, incluidas las intervenciones de Trump sobre la lejía y demás manifestaciones absurdas. Con el control de la epidemia y la lógica de mascarillas más vacunación, Biden esperaba una segunda acción doble en el terreno internacional. La primera parte era rehacer todo lo que Trump había deshecho, que era mucho. Con la segunda parte, la retirada de las tropas de Afganistán, Joe Biden esperaba unir de nuevo al pueblo norteamericano con algo que era una carga desde hacía 20 años. Pensó que ya se había hecho todo lo que había que hacer y dejar en manos del nuevo ejército afgano, bien armado y entrenado por los Estados Unidos. Pero todo lo que viene de Trump está gafado y se ha hecho para mayor gloria suya.


Trump había tenido la misma idea, es decir, que el abandono de Afganistán le traería votos para la reelección, pero la pandemia —el "maldito virus chino"—se le cruzó por el camino desbaratando sus planes. Joe Biden vio una oportunidad fácil de terminar lo que Trump había hecho y llevarse el mérito de cumplidor y buen ejecutor, a la vez de mostrarse como "experto" en relaciones internacionales, él conocía el mundo, a diferencia de Trump, que solo conocía campos de golf.

Sin embargo, Afganistán esta gafado. Todas las especulaciones, asesorías, cálculos, etc. se vinieron abajo porque es difícil aceptar que estás equivocado cuando eres presidente del país más poderoso del mundo y te encuentras especialmente cualificado en una cuestión. Son todos los requisitos para equivocarse. Y así ocurrió.

En el ámbito mediático, los analistas ya no preguntan si Biden se equivocó, algo que todos saben, sino cuáles van a ser los efectos de su error. En The Washington Post luce en estos momento el siguiente titular que nos puede servir de ejemplo, "Surprise, panic and fateful choices: The day America lost its longest war", y resume bastante bien el sentimiento generalizado de los norteamericanos que han pasado de las celebraciones gloriosas de las repatriaciones al desconcierto culpable por el caos agridulce de lo que creían era una retirada con la misión cumplida y ahora califican como derrota absurda, autoinflingida por la soberbia.

En la CNN, el analista de seguridad de la cadena, Peter Berger titula "Why Biden's views on the Afghan terror attack make no sense" y se lanza contra la imagen que el presidente Biden se empeña en mantener:

 

After the airport attack Biden spoke at the White House and continued to defend his withdrawal decision with a remix of specious arguments that he has made before.

First, that al Qaeda is gone from Afghanistan, while a recent UN report says the group has a presence in some 15 of 34 Afghan provinces.

Second, that Afghanistan has never been a united country, despite the fact that Afghanistan united as a country in 1747, before the US existed.

Third, Biden again hung his withdrawal decision on the agreement that former President Donald Trump had struck with the Taliban, even though the group didn't reject al-Qaeda, a key point in that agreement. Indeed, the UN issued a report in June that al-Qaeda and the Taliban "remain close, based on ideological alignment, relationships forged through common struggle and intermarriage."*



 Ante este tipo de críticas preguntarse por la Historia y el papel que Joe Biden tendrá en ella no tiene mucho sentido. Es el propio Biden quien se ha situado en la acera equivocada —¡la acera que no está de moda!, escribiría Oscar Wilde— de la Historia.

La cuestión ahora no es qué dirán, sino cuánto les queda por decir. Mucho me temo que lo ocurrido no es más que la punta del iceberg de lo que vendrá. La rápida respuesta bombardeando con un dron al autor intelectual de las bombas en el aeropuerto y en las cercanías, con ya más de 170 muertos y 13 soldados norteamericanos es el principio de una serie de acontecimientos que se irán produciendo encadenados.

Los tres puntos a los que se refiere Berger en la cita son de naturaleza distinta. El primero no admite mucha discusión: si Al-Qaeda estás allí, está allí. Lo que puedan hacer ya es otra cosa, pero ha comenzado el baile de la competición por ver quién lo hace mejor. Esa decir, Estados Unidos ha creado el escenario perfecto para ser atacado sin necesidad de jugar en territorio ajeno. Gracias a la infructuosa maniobra de huida, han quedado al descubierto como blanco fácil miles de afganos que pueden ser cazados uno a uno o mediante atentados.

El segundo punto es más discutible. ¿Hasta qué punto "país" (o "estado") significa lo mismo para un occidental que para un afgano o, más específicamente, un talibán? ¿Estamos hablando de lo mismo? Lo primero que han dicho los talibanes es que van a crear un "emirato islámico", fórmula que está próxima al "estado islámico" o a la idea del "califato", una fusión de elementos organizativos  basados en una ley, la Sharia, un espacio islámico en el que el musulmán piadoso puede ser feliz cumpliendo y, esto es importante, haciendo cumplir la leyes divinas dadas a los seres humanos. Son términos provisionales, pues la aspiración es que el islam, como no podría ser de otra forma, cubra la faz de la tierra, momento de la máxima perfección. Recuerden, por ejemplo, el particular y divertido empeño del presidente turco al decir convencido que Cristóbal Colón vio minaretes de mezquitas cuando llegó a América. La cultura es la cultura y tiene poco que ver con la verdad si no pones un poco de tu parte.



Desde luego, Afganistán no era un "estado", concepto que surge en otro contexto cultural y diferentes raíces. ¿País? Puede haber cierto sentido de pertenencia geográfico. 

Recordemos que el Estado Islámico, por ejemplo, sigue pensando en reconquistar Andalucía, algo que "les quitamos". Da igual que sea una tontería, pero el que quiere creerlo, lo cree. De igual manera, "sociedad tribal", "suma de tribus", "señores de la guerra", "clanes", etc. son etiquetas que le ponemos a la realidad y que no todos comparten. Es evidente que los que se van tienen un sentido distinto de Afganistán respecto a los que se quedan o a los recién llegados, que vienen con otra idea de qué es Afganistán. 

Las decenas de miles de yihadistas que han acudido a Afganistán en los meses últimos lo ven de otra manera, como ocurrió en Siria, donde decenas de miles —incluidos españoles y españolas, muchos europeos— se sintieron especialmente motivados para ir a dar tiros, a buscar pareja o ambas cosas. Los que van ahora a Afganistán, los que están ya allí, ya saben a qué van, a cumplir un sueño, a hacer realidad a sangre y fuego lo que les enseñaron, aprendieron y les prometieron, tanto en este mundo como para el otro.



Es evidente que el patrullar de los talibanes no va a hacer de Afganistán un lugar más seguro, ni siquiera más controlado. Afganistán no es Irán, donde sí existían unas estructuras previas que aprovecharon. A Irán, por ejemplo, le viene bien esto. Muchos ya dan por sentado que han estado detrás de los movimientos en Afganistán. Se puede alejar el foco de ellos y siempre podrán actuar como "mediadores" si las cosas se complican con Occidente. 

Los pocos afganos que resisten y se han refugiado en una provincia dicen que no existe el grupo del Estado Islámico que atentó en Kabul, que son los propios talibanes los que han provocado esto para ejercer presión sin responsabilidad directa. Son discusiones importantes, pero menores en comparación con las que los norteamericanos se están haciendo ahora mismo sobre el ayer —del 11 de septiembre en adelante—, del presente —¿cuántas vidas va a costar la retirada caótica y que consecuencia tiene para su "prestigio" y relaciones internacionales?— y el futuro, abierto a cualquier situación por parte de unos y otros.



El aviso de otro atentado en pocas horas por parte de los servicios de Inteligencia occidentales puede librar a algunos, pero no a todos. Evitar los atentados no está en manos de los norteamericanos, solo avisar y anticiparlos. Son los muertos norteamericanos los que Biden trata de evitar. Estos se irán dando porque él mismo cometió el error de marcar la fecha de salida, como le recuerdan ahora los comentaristas. Por muchas personas evacuadas que haya, nadie va a poder frenar el drama.

La cuestión ahora es si los atentados y sus réplicas de castigo se van a limitar al espacio afgano o los golpes pueden ser más audaces, en cualquier lugar del mundo o en los propios Estados Unidos; está en si la rivalidad entre grupos busca el prestigio general para captar fondos y yihadistas para sus filas. También los terroristas se preocupan por su "legado".

Conforme pase el tiempo, las preguntas ganarán en intensidad porque se irán acumulando situaciones más complicadas y fuera de control. Los talibanes, nos dicen los que huyen o los que se quedan allí, van puerta por puerta.



La crisis migratoria está servida con su efecto caótico. Aumento del populismo xenófobo, radicalización política, conflictos por desavenencias según los intereses de cada uno, medidas unilaterales, aumento del poder estratégico de terceros...

Biden, sí, ya ha entrado en la Historia por una puerta por la que es difícil desandar lo andado. No es fácil calcular el tamaño del error cometido por los que tomaron la decisión. Parece que Biden sigue firme en ello. No creo que rectifique en ningún momento. La cuestión está en saber si las decisiones futuras se seguirán tomando bajo premisas equivocadas. Los demás se irán alejando de quien les puede llevar a un desastre. Esa es otra consecuencia, que los demás no están dispuestos a asumir mancomunadamente los errores del jefe.

Creo que ya nadie se pregunta sobre si Biden se equivocó; en cambio muchos se están preguntando ahora por el tamaño de su error y las consecuencias para todos en el futuro. 

 


Peter Bergen "Why Biden's views on the Afghan terror attack make no sense" CNN 28/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/28/opinions/bidens-views-afghan-terror-attack-make-no-sense-bergen/index.html

sábado, 28 de agosto de 2021

Caer del cielo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las víctimas mortales del doble atentado de Kabul ascienden ya a 160 muertos más los heridos. Los terroristas suicidas deben haber sido recibido con gran alegría en el otro mundo; lograron su objetivo.

La mayoría de las veces los muertos no tienen historia; se esconde tras la frialdad numérica de la cifras, que se van actualizando como si fueran índices de precios o cualquier otro dato.

De las imágenes que hemos visto, las más impactantes inicialmente fueron las de los cuerpos cayendo desde el cielo al soltarse de los trenes de aterrizaje a los que algunos se habían aferrado para no se sabe muy bien qué hacer, aunque su intención era clara: salir de allí, huir de los talibanes. La acción era irreflexiva, quizá guiada por la primera euforia de haber conseguido entrar y agarrarse a los trenes de aterrizaje. Sabemos de cadáveres congelados encontrados dentro de la carcasa de los trenes de aterrizaje en gente que huye de sus países para intentar entrar en otros de la forma que sea.

The Washington Post le ha puesto rostro e historia a una de esas pequeñas figuras, apenas unas manchas en el cielo, captadas en su caída por los teléfonos móviles de los que, a falta de libertad, recogían el testimonio del desastre que se producía ante sus ojos. Hay muchas imágenes de caos y desesperación en el Kabul tomado por los talibanes en una de las peores operaciones que se han visto en décadas.



La historia es la de Fada Mohammad, de cómo salió de su casa sin que supieran dónde iba y cómo cayó sobre una casa a varios kilómetros de Kabul. The Washington Post ha titulado el artículo "The story of an Afghan man who fell from the sky" y los firman Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe:

 

As the Taliban encircled Kabul on Aug. 15, Fada Mohammad told his family about what he’d seen on Facebook: Canada and the United States were airlifting anyone who wanted to leave out of the Kabul airport.

But if Fada wanted to go himself, recalled his father, Payanda Mohammad, he didn’t mention it.

The young dentist never reached either country. The next day, he didn’t make it beyond a rooftop four miles from Kabul airport, where his body was found after he plunged from a U.S. military plane as it took off — one of the most tragic and indelible images in the final chapter of the U.S. campaign in Afghanistan.

In the 10 days since then, many details of the chaotic events at Hamid Karzai International Airport remain unknown. Fragments of videos taken by bystanders, which quickly went viral on social media, showed glimpses of an extraordinary scene as hundreds of Afghan civilians swarmed the Air Force cargo transport on the tarmac in a desperate attempt to get on board.

In one video, at least a dozen people were on top of landing gear hatches as the aircraft accelerated down the runway. In another, two bodies fell from the plane as it climbed skyward.

Yet another smartphone clip showed the aftermath: at least four motionless bodies on the airport tarmac, randomly spaced along the length of the runway. A promising teenage soccer player was among those who died. So was Fada.

The Air Force said a C-17 crew decided to “depart the airfield as quickly as possible” that day because of the deteriorating security situation. U.S. officials later found crushed human remains inside the wheel well. The Air Force has pledged a thorough investigation to “prevent a situation like this from happening again.”

In Kabul, residents are grappling with questions of their own.

Wali Salek, who has lived 20 years in Kabul’s Panjsad Family neighborhood, wonders how misfortune could strike from the sky, sending two bodies, including Fada’s, crashing onto his cracked roof like “an explosion” going off.

 

Es imposible ponerse en la situación de alguien que vuela esas millas desde el aeropuerto hasta caer sobre el tejado de una casa, ver el mundo desde esa altura que el avión llevaba. Y caer.

Pero sí podemos ponernos en la posición de espectadores, ya sea horrorizados o indiferentes. Las cadenas nos advierten que van a mostrarse imágenes molestas, que pueden herir nuestra sensibilidad, como suele decirse. Nos advierten para no mirar, para no ver las consecuencias reales de lo que ocurre en una realidad demasiado dura para hacérsenos real. Pero el hecho de no mirar, como avestruces, no evita que las cosas ocurran y que ocurran como ocurren. Los que tuvieron que retirar los restos de las personas que quedaron atrapadas en el tren de aterrizaje del avión saben que no siempre se tiene ese recurso de dejar de mirar, reservado a privilegiados

Hay un detalle al inicio de la historia. Fada ha oído que todos los que lleguen al aeropuerto podrán salir hacia Estados Unidos y Canadá. Creo que es relevante porque Fada fue a su muerte engañado. ¿Se trataba de crear un caos en el aeropuerto? Sin duda. Los talibanes sabían lo que ocurriría y su "inteligencia" puedo perfectamente colapsar la retirada mediante el recurso de asegurar que cualquiera que llegara podría subirse al avión de salida. Serían así las fuerzas en retirada las que tendrían que rechazar a los afganos desesperados que no estaban en lista alguna. La estrategia del caos es la más barata, bastan unos cuantos twits, un par de mensajes en las redes sociales para crear el caos en una situación de desesperación.



En el artículo, se da paso a la palabra del padre de Fada. Era el mayor de sus diez hijos el que había muerto. Toda la vida fue, como primogénito, en el que se invirtió: se le pagó una universidad para que se hiciera dentista, se pidieron préstamos para que pudiera montar una clínica con un socio al terminar, más préstamos para organizar su boda. Y ahora Fada había sido encontrado sobre el tejado de una casa a más de diez kilómetros de Kabul. La vida es absurda:

 

In the city’s outskirts, Fada’s father wonders why his eldest son went to the airport that morning without telling him. He asks why the pilot lacked “humanity” and decided to take off even as people hung on.

“If somebody is clinging onto the plane, does the pilot have the right to fly? Is this lawful?” Payanda said Tuesday. “It was like killing a mosquito that you do not even consider human.”*

 

Su pregunta sobre la "licitud" del despegue no deja de ser un intento de dar sentido al absurdo responsabilizando al piloto. Pero el piloto no tiene mucho que ver con lo ocurrido. Ya tiene bastante en la vida con ver las imágenes de la gente cayendo desde el avión que pilotaba, estampados contra el suelo de la pista. La historia de Fada, si llega hasta él, pondrá cara e historia a su imaginado dolor.

El artículo se mueve por las opiniones de pilotos expertos tratando de explicar que los que pilotaban en ese momento no podían ver a los que estaban enganchados al tren de aterrizaje y que si se hubieran detenido el caos habría sido mayor y los efectos peores. Pero eso siempre es especulación.

Nos dicen que Fada había crecido en un Afganistán y que sus deseos de mejora le hacían soñar con salir del país. Formarse, como en tantos otros países de miseria, es la puerta de salida, el camino a un empleo mejor que lo que tu propio país te puede dar. No es solamente en Afganistán donde esto ocurre. Lo explica su primo, con el que compartía los sueños de huida que no compartía con su padre y hermanos, que lo veían como una inversión, como una forma de mejora del grupo familiar.



Hay en todo este desastre un sentimiento —lo veíamos aquí ayer— de conexión con el 11 de septiembre, con Vietnam, con los destres  que han marcado la vida norteamericana desde el comienzo del siglo y que les llevó a Afganistán en 2001. Las asociaciones son inevitables para muchos:

 

The final days “may create more panic, uncertainty and more tragic images at Kabul airport,” said Gohel, who compared the airport videos to the photos of people falling to their deaths after jumping from the burning World Trade Center towers on Sept. 11, 2001 — the terrorist attacks that triggered the U.S. war in Afghanistan.

Each of the people touched by Fada’s death remains deeply shaken.

Salek says he understood anxieties were running high in Kabul. Many shops in Mandawi market were closed. Women had largely disappeared from the streets.

“Of course people need to flee,” he said. “But as a doctor, someone educated, [Fada] should have some logic, to know better than cling onto a plane.”

Mohammad has a different view. His son must have known the danger, he says, but believed the aircraft would never take off in that situation and that he would then have had a chance to negotiate a passage to the United States.

“We all have a sense of humanity, so [the pilots] knew better than to take off,” he said angrily. Instead, they “created an image that dehumanized the Afghan people.”

Fada’s cousin is still struggling to explain his loss.

“His time was over,” Basir has decided. “It was written in his destiny.”*

 

Entre el odio a los pilotos, que pronto crecerá hacia los occidentales y el destino escrito hay poco margen. Fada tiene nueve hermanos que crecerán en un Afganistán distinto, indudablemente con menos probabilidades que las que el joven caído tuvo. La pobreza y el odio son mala combinación allí donde se dan. Los islamistas son especialista en la manipulación del odio y del resentimiento. Es la forma en que manipulan para crear sus brazos ejecutores. Pronto alguien irá cada día a recordar al padre de Fada cómo murió su hijo, a manos de quién lo hizo y de la falta de "humanidad" de los occidentales, para quienes su falta de religión les impide actuar como deben. ¿Qué se puede esperare de ellos?

Da igual que se cumpla en su familia, lo harán en las de otros. Como ocurrió en zonas de Oriente medio abandonadas a sus suerte, la seducción se irá imponiendo para poder salir de la vida pobre, sin sentido y darle uno precisamente a través del sacrifico, de la inmolación. No es casual que los mecanismos de captación se dieran en personas sin demasiado futuro. La familia de Fada ha perdido sus esperanzas y ahora solo le queda el odio y recibir las condolencias. El primo Basir, en cambio, es fatalista. "Se le había terminado su tiempo", señala. Fue su destino; estaba escrito. Nada de lo que ocurre no lo está.

Pero ahora, al margen del destino, la historia de Fada Mohammad está también escrita, esta vez en las páginas reales y virtuales de The Washington Post. Sus lectores las verán como destino, como crueldad, como inoperancia, como caos, como desesperación. Cada uno sacará sus consecuencias sobre ese joven que cayó del cielo huyendo del infierno. Vivió, como el país, en una ilusión que la realidad ha puesto trágicamente en su sitio. Se le había terminado el tiempo.

 


*  Gerry Shih, Niha Masih y Dan Lamothe  "The story of an Afghan man who fell from the sky" The Washington Post 27/08/2021 https://www.washingtonpost.com/world/2021/08/26/story-an-afghan-man-who-fell-sky/

viernes, 27 de agosto de 2021

Futilidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En estos días, con el fondo del caos afgano, hemos insistido en la rivalidad por la pureza islámica, es decir, por la existencia de grupos que consideran "débiles" o "traidores" a otros grupos reclamando el poder de dirección o control social. Ya tenemos sobre el papel los resultados, los cruentos atentados de ayer, como más de 60 muertos y más de cien heridos. De los fallecidos, trece son norteamericanos, lo que complica más las cosas a Joe Biden y a los propios Estados Unidos, además de condicionar las operaciones de todos los países.

Por caótica que fuera la situación, los talibanes han sido los más interesados en que los occidentales no tuvieran demasiados impedimentos para su propia salida, manteniendo la fecha del 31 de agosto como límite con "consecuencias", como ha repetido en diversas ocasiones. El límite es el fin del control del aeropuerto y se comprometían a la salida de vuelos civiles, algo que no era merecedor de mucha confianza por parte de las fuerzas militares. El objetivo es el control del aeropuerto, por un motivo obvio: el que lo controle decide quién sale y quién no. Mientras el aeropuerto lo controlen los Estados Unidos y demás fuerzas, serán ellos los que decidan. Cuando esté bajo control talibán, serán ellos quienes lo decidan. No hay que tener demasiada imaginación para entender lo que ocurrirá.



El atentado del aeropuerto nos muestra varias cosas. La primera es que los grupos rivales están ahí, activos. La segunda, que los talibanes, pese a su constante patrullar, no controlan lo que ocurre en Kabul, en su aeropuerto o en cualquier otra zona. Si hay zona controlada es el aeropuerto, con su doble cordón, el talibán y el norteamericano. El suicida ha conseguido salvar el primero y acercarse hasta el segundo, donde se ha hecho explotar.

En la CNN leemos el artículo de Stephen Collinson titulado "Kabul terrorist attack highlights Biden's Afghanistan dilemma":

 

America's longest war is ending as it began, with the nation mourning the dead of a terrorist attack and an outraged President vowing to hunt down the culprits in Afghanistan.

The bloody coda to a tortured 20 years -- the loss of 13 US troops and more than 60 Afghans in blasts outside Kabul's airport on Thursday -- exemplified the human tragedy and ultimate futility of a conflict that failed in its core purpose: purging Afghan soil of terrorism. In a cruel irony, the latest Americans to die perished in an attack conceived in the very same land as the al Qaeda assault on September 11, 2001, that triggered the war they were trying to leave.*

 


Hablar de "futilidad" tras veinte años de conflicto debería servir de algo, al menos para ver que ni el fondo ni las formas han funcionado, que un país no se transforma desde el exterior a menos que se den ciertas condiciones, que están todavía por dilucidar cuáles son y si son las mismas para todos. La transformación profunda de Japón se hizo sobre un país derrotado, pero que era el más avanzado de Asia en esos momentos, el que más había avanzado en el progreso económico e industrial. 

Japón era Japón antes y después de la ocupación y transformación cultural. Pero Afganistán no es Japón, con mucha claridad. Es uno de los países más pobres y corruptos, con una economía basada prácticamente en el opio; sin estructuras sólidas de estado ni algo que se le parezca, un lugar para que prospere el fanatismo antes que la educación. Incluso las elites está marcadas por su propia pertenencia a los grupos favorecidos y no ven más allá de los intereses de familia o clan. 

Evidentemente, las recetas (si es que son posibles) tienen que ser otras más allá de la contención por la ocupación, en un entorno también muy distinto e incontrolable de países que le rodean y en el marco de un enfrentamiento global con los movimientos de corte islamista, con flujos de capital que les llegan desde oscuros rincones del mundo donde tienen sus piadosos simpatizantes dispuestos a ganarse el cielo financiando grupos terroristas.



Joe Biden ha hecho lo que cuatro presidencias anteriores no han hecho. Pero no se ha preocupado de porqué no lo hicieron. Indudablemente, hay motivos. Cuando vemos las toneladas de armamento norteamericano que ha caído en manos de los talibanes, abandonado por el ejército afgano, empezamos a entender parte de los intereses. Por otro lado, no podía ignorarse el poder de los talibanes por muy lejos que estuvieran. La baza de la propaganda anti occidental (especialmente anti norteamericana), como hemos analizado en muchas ocasiones en estos años en el caso egipcio, es perfectamente compatible con ser financiados por los Estados Unidos, como allí ocurre. El ejército egipcio está pagado por los Estados Unidos, pero el pueblo es profundamente anti norteamericano, tanto por ser occidentales (infieles) como por ser los defensores de Israel. Todo esto es usado por islamistas y rusos para hacerse con la influencia social y las estrategias geopolíticas. Curiosamente el mayor grado de antiamericanismo se daba en Turquía, país de la OTAN y con aspiraciones (imposibles ya) a entrar en la Unión Europea. Los norteamericanos han financiado el ejército de Afganistán como financian generosamente el de Egipto. Esperemos que no haya que tomar partido en un futuro.



En su lúcido artículo, Stephen Collinson recuerda esa futilidad por la ironía que revela, tanto gasto y sufrimiento para acabar de nuevo en el principio y recuerda la similitud en la palabras de Bush cuando los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, y las que Joe Biden ha dicho ahora con los atentados en Kabul.

 

At a time of national tragedy, nations turn to their leaders. Biden, who spent much of the day in the White House Situation Room, emerged in the late afternoon for a televised speech. Torn between grief and resolve, he vowed vengeance. "We will not forgive. We will not forget. We will hunt you down and make you pay," the President told the terrorists in remarks that mostly seemed aimed at projecting strength to Americans at home.

"We will respond with force and precision at our time, at the place we choose, and the moment of our choosing," the President said. Biden's withdrawal marks the symbolic reversal of the US arrival in Afghanistan launched after 9/11 and the strategy of putting troops on the ground in foreign states to fight terrorism.

But ironically, his pledge of revenge mirrored one made by ex-President George W. Bush days after the world's worst terrorist attacks. "This conflict was begun on the timing and terms of others; it will end in a way and at an hour of our choosing," Bush said at a prayer service at Washington National Cathedral.*

 

¿Vuelve la Historia a repetirse? ¿Ha entrado en un bucle en el que un ataque lleva a otros y este a otro indefinidamente? ¿Cuándo llegará la venganza de la venganza? ¡Cuánta futilidad! ¡Cuánta ironía!



Frente a los países y estados, unidades estables y con responsabilidades nacionales internacionales, los grupos terroristas carecen de ellas y sus objetivos y justificaciones se mueven en diversos tipos de ambigüedades, alentados por el fanatismo. Son una mezcla de dogma y caos, donde existe a la vez disciplina y caos. Las estructuras de red los han convertido en autónomos y la existencia de los llamados "lobos solitarios" en absolutamente impredecibles. La estrategia estructural diseñada por Bin Laden funciona bien, genera el suficiente desorden como para producir un patrón teórico y una impredecibilidad práctica. El atentado cumple su función propagandística, provocadora y sangrienta, y, a la vez, es prácticamente imparable. Los norteamericanos sabían que se iba a producir un atentado, pero no saben quién o dónde.

Cuando un grupo terrorista quiere ir más allá del "terror" y convertirse en alternativa estable, una parte se escinde y sigue manteniendo la violencia como eje de actuación, acusando a los que han abandonado las armas de "traidores". Nos dicen que la variante del Estados Islámico de Afganistán es declarada enemiga de los talibanes. Los motivos los reseñados, cualquier movimiento de normalización talibán será respondida negativamente por los nuevos terroristas, que ven en ello una forma de congraciarse con los más radicales entre el pueblo y los grupos de otros países.



El gran cambio entre este terrorismo y los de corte nacionalista-independentista, es que forman redes extensas y deslocalizadas. No son nacionalistas, sino profundamente ideologizadas, en este caso, alrededor de la religión. Esto es esencial porque sus objetivos dejan de ser geográficos —por ejemplo, la descolonización— y pasan a ser "espirituales" (me resisto a llamarlos políticos), lo que los convierte en "no negociables", es un todo o nada. Si a esto le añadimos una percepción santificada del suicidio, en la que se es mejor tratado en la otra vida cuantos más enemigos te hayas llevado por delante, mucho me temo que la situación del pueblo afgano va a empeorar mucho más de lo pensado. Harán pasar a los talibanes por "moderados".

El atentado cambia bastante el panorama y, por lo que dicen, introduce una cuenta angustiosa de los días que restan para la salida ante el temor a otros ataques. Por lo pronto, ya tenemos noticias que los Estados Unidos está "compartiendo información" anti-terrorista con los talibanes, algo impensable hace 24 horas. Como ha explicado un jefe militar norteamericano, ahora tienen "objetivos comunes", evitar los atentados.



Una vez producido, es el momento de tratar de predecir en qué dirección se mueve el conjunto. Tratar de entender cuál es la lógica del atentado, qué se busca, puede resultar infructuoso o demasiado obvio. La intención de quien lo realiza no tiene por qué ser el resultado final. Es mejor intentar comprender el dibujo que esta piedra lanzada al agua del estanque producirá.

De la misma forma que el constante patrullar de los talibanes por las calles no significa "orden", parece que la retirada de las tropas y el abandono del aeropuerto no van a significar "paz" alguna, pese a lo que digan los talibanes si realmente no hay control sobre el país, por más que haya vigilancia. El aeropuerto de Kabul, además, es la forma perfecta de ofrecer un blanco concentrado para posibles atentados porque los que quieran irse, por definición, son los enemigos, a los que hay que castigar. Si las relaciones entre Occidente y los talibanes eran complicadas, la entrada en escena de un tercer grupo, los terroristas del Estado Islámico, puede tener efectos imprevisibles, incluso los de colaboración señalados. The Washington post habla hoy de encuentros de dirigentes talibanes  y de la dirección de la CIA. Toda la vigilancia montada durante años ha servido de poco y ahora hay que pasar los datos al enemigo porque ha surgido otro enemigo mayor.

"Futilidad" significa que todos tus esfuerzos se muestran como inútiles, que no han servido para nada de lo que pretendías. Muchos han comparado Afganistán con un castillo de naipes. Y así ha sido. Lo que parecía sólido a algunos, se ha mostrado de una pasmosa debilidad en su vertiginosa caída.

El artículo de Collinson se cierra con una frase: "(...) Thursday showed, presidents for all their power, are often hostage to horrific events beyond their control." Nada más cierto. Creer que controlas todo es malo. Nada es más peligroso que los errores debidos a la soberbia del poderoso. 



* Stephen Collinson "Kabul terrorist attack highlights Biden's Afghanistan dilemma" 27/08/2021 CNN https://edition.cnn.com/2021/08/27/politics/joe-biden-kabul-airport-terrorist-attack-afghanistan/index.html

jueves, 19 de agosto de 2021

El liderazgo implosivo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las consecuencias del caos generado por la retirada en Afganistán se están dando en todos los planos y en todos los lugares del mundo. Las consecuencias son de tres tipos: 1) las dramáticas consecuencias para la parte del pueblo afgano que ha querido modernizar el país en los últimos 20 años; 2) las consecuencias para Estados Unidos en las relaciones con los aliados; y 3) las consecuencias para la política bipartidista doméstica norteamericana. El primer tipo nos angustia y preocupa; el segundo nos irrita y preocupa; y el tercero, visto lo visto, no nos sorprende y apenas nos preocupa.

La visión del aeropuerto y de lo que está ocurriendo a su alrededor es una muestra del más absoluto fracaso de la inteligencia norteamericana, pero también del Ejército, que se concentra en un especio reducido, el aeropuerto, y deja libre la totalidad del territorio, mostrando que su único interés era salir como fuera sin la más mínima preocupación por el resto. El fallo de inteligencia, del que se habla, es una maniobra de distracción, una cortina de humo, puesto que todo el mundo sabía desde hace años lo que ocurriría. Basta con revisar la hemeroteca para leer todo tipo de advertencias sobre esto. Desde La historia militar, tampoco es posible hacerlo tan mal, pues la más elemental estrategia señala que el perímetro no tenía que ser el aeropuerto, sino un cinturón protegiendo la ciudad hacia la que ya sabían que todo el mundo se dirigía para salvar la vida ante el avance talibán.

Esto plantea una cuestión espinosa, ya que es tan clamorosa la estrategia errónea que puede pensarse que no fue un error de cálculo y fue intencionado, es decir, que sabiendo que todo el mundo lo había se protegía el aeropuerto no de los talibanes sino de los propios afganos en su huida desesperada. De hecho, son los talibanes los que han establecido ese segundo cordón alrededor del aeropuerto. Son ellos los que controlan quiénes pasan y quiénes no, dejando para el control de "seguridad" norteamericano a aquellos que han decidido primero que pasen. Esa es la queja que escuchamos en nuestras televisiones de los colaboradores afganos del Ejército español, que ellos y sus familias no pueden acceder al aeropuerto, ya que no hay puestos de control militar de nuestro ejército.



El aspecto que moralmente nos pueda producir el ejercicio puramente pragmático norteamericano ha sido ya calificado por los propios medios norteamericanos como "egoísta", desinteresándose por el destino de los que quedan atrás. El discurso de Joe Biden ha terminado de arreglar las cosas con sus dosis de cinismo, que ya comentamos, diciendo que lo que ocurra allí no es cosa suya e insultándoles llamándoles cobardes por no defender su país. Quizá no hayan visto tantas películas norteamericanas como debían para motivarse.

En la CNN se va más allá y se habla del cambio del dialogante Biden a la nueva situación, inexplicable para todos, dentro y fuera. Con el titular "Biden promised allies 'America is back.' Chaotic Afghanistan withdrawal is making them fear it's still 'America First.'" , Kevin Liptak y la redactora Jefe en la Casa Blanca, Kaitlan Collins, ponen el dedo en la herida mostrando tanto la sorpresa de los aliados como de los propios norteamericanos ante esta actitud del "nuevo" Biden:

 

Visiting Brussels earlier this summer, President Joe Biden was single-minded in his message to American allies.

"America is back," he declared in the lobby of the European Union's headquarters, repeating a mantra he had uttered at nearly every stop of his first trip abroad, during which leaders welcomed him as a salve to four years of Trump-era angst.

"It's overwhelmingly in the interest of the United States of America to have a great relationship with NATO and with the EU," Biden said. "I have a very different view than my predecessor did."

Two months later, the same group of allies is now wondering what happened to that Joe Biden. The humiliating end to the war in Afghanistan has fanned lingering concerns over an "America First" foreign policy that some allies fear did not completely disappear with former President Donald Trump. And the chaotic fall of Kabul, which caught American officials off-guard and prompted a major scramble by the US and other countries to evacuate diplomats and Afghans who assisted the war efforts, badly undercut Biden's promise to restore competence to American foreign relations.*

 


Evidentemente, si los propios norteamericanos no lo entienden, difícilmente podrán hacerlo los demás, incluidos los afganos. Nadie dice que Estados Unidos debería estar otros 20 años en Afganistán, pero entre eso y lo que hemos visto hay muchísimas posibilidades, lo que apunta precisamente a la hipótesis de que sabían perfectamente que medio país querría irse y no estaban dispuestos a asumirlo.

También se preguntan analistas y medios norteamericanos sobre el deterioro de la imagen, que tiene que ver precisamente con el siguiente grupo de consideraciones. Si Trump había dejado la imagen norteamericana por los suelos, Biden ha acabado de enterrarla al mostrar, como la propia CNN señala, que no existe diferencia en la política exterior norteamericana a la vista de los sucedido.

En el mismo texto, podemos leer algunas opiniones en este sentido:

 

"It's a lack of communications, of honesty, with the American people and with allies around the world who are deeply disappointed with a Biden administration that they felt would be much more multilateral, especially on an issue where the allies have been fighting with the Americans for 20 years now," said Ian Bremmer, director of the Eurasia Group. "The decision on how and when to leave was made unilaterally by the Americans, and that's not the way you treat your allies, frankly."*

 

El texto deja claro el descontento producido y sobre todo la falta de confianza en algo en lo que Estados Unidos utilizó las representaciones internacionales para crear esa imagen de "aliados" que se fue complicando al quedar reducidos a meros comparsas. En efecto, ¿en qué queda ese "America is back!" si no en un mero eslogan, en pura retórica?

Si la política de Trump respecto a China pronto se ha visto asumida en gran medida por Biden, la de Oriente Medio y de las zonas como Afganistán han tomado el mismo camino, mostrando que el desacuerdo interno norteamericano no lo es en política exterior, donde los demócratas han asumido la de los halcones republicanos, lo que equivale a decir que tienen unos mismos intereses detrás y unos mismos objetivos. Que el discurso de Biden sea "he hecho lo que los otros presidentes no se atrevieron a hacer", suena más a Trump que a otros. Y eso tiene sus consecuencias.


En textos anteriores hemos insistido en la pérdida del liderazgo norteamericano. Una cosa es ser una súper potencia y otra ser un líder. Estados Unidos puede seguir siendo una súper potencia, pero difícilmente puede ser considerado ya un líder. El liderazgo consiste precisamente en los contrario de lo que Biden ha hecho, es hacer sentir a los demás que forman parte de algo, que hay grupo. Biden ha pulverizado la poca confianza que Trump había dejado en pie y ha mostrado que poco ha cambiado en la Casa Blanca.

De nuevo nos encontramos con una forma de liderazgo implosiva. En vez de tratar de liderar hacia fuera, las fuerzas políticas se centran cada vez más en los aspectos internos, en distanciarse de los problemas del mundo, muchos de los cuales han contribuido a crear. El exterior se percibe como un territorio hostil y parasitario, sobre el que hay que imponer esa fórmula de los "intereses norteamericanos" que todo lo justifica. Recordemos cómo la primera misión de Donald Trump en el exterior —en Yemen— fue una fallida operación, precipitada y chapucera, que costó la vida a unos marines. 



En este sentido, Biden ha defraudado profundamente. Su discurso —que ya analizamos— planteaba Afganistán como una cuestión de gasto, que ya se había cumplido el objetivo de acabar con Bin Laden, sonaba más a Trump que a Biden, al menos al Biden que había hecho campaña. Pero las campañas son para llegar al poder; luego, lo objetivos pueden ser otros. De esto hemos tenido ya muestra incluso con la inmigración desde México a cargo de presidente y vicepresidenta, Kamala Harris.

Con el titular "Kamala Harris afila su imagen con un franco mensaje sobre la migración" firmaba Zolan Kanno-Youngs un artículo en la edición en español de The New York Times. En él señalaba:

 

CIUDAD DE MÉXICO— Antes de volar a Guatemala y México en su primer viaje al extranjero, la vicepresidenta Kamala Harris enfrentó preguntas sobre cómo enfocaría su papel como emisaria del plan del presidente Joe Biden para apuntalar la región y disuadir la migración a Estados Unidos.

Tras semanas de críticas por parte de los republicanos y de algunos demócratas moderados que argumentaban que el gobierno carecía de una estrategia clara en materia de migración, Harris llegó a Centroamérica con una respuesta contundente: el gobierno se centraría en afirmar el control de sus fronteras, incluso si eso significa, por ahora, rechazar a aquellos que huyen de la persecución y la pobreza y a los que la vicepresidenta ha prometido ayudar a largo plazo.

Harris fue igualmente sincera en cuanto a la necesidad de abordar las causas fundamentales que impulsan a los migrantes a emprender el largo y peligroso viaje hacia el norte desde Centroamérica, a pesar de los cientos de millones de dólares gastados por Estados Unidos para mejorar las perspectivas en la región. En Guatemala, anunció que Estados Unidos ayudará a un panel anticorrupción que ha sido denunciado por el presidente Alejandro Giammattei, incluso frente al líder guatemalteco.

Pero fueron sus comentarios sobre la migración —al decir “no vengan” a los migrantes en Guatemala— los que provocaron una nueva oleada de críticas. Los defensores de la migración acusaron a la vicepresidenta de socavar la ley de inmigración y la promesa de Biden de restaurar un sistema de procesamiento de asilo en la frontera suroeste de Estados Unidos.**

 


A la luz de esto —ocurrido en junio de este año— quizás adquiere algo más de sentido lo realizado por Biden en Afganistán. En efecto, el mensaje es el mismo: a) ya hemos gastado mucho dinero; b) son ustedes unos corruptos; y c) no vengan.

Esto es ya algo más que un problema de liderazgo; es una cuestión dogmática en la que el mismo país que ha asaltado su propio Capitolio, que ha intentado corromper a su propia administración electoral y judicial, y en el que hay escándalos de todo tipo relacionados con la presidencia anterior (de económicos y políticos a sexuales), se erige en juez moral del mundo y decide qué ellos son el bien y los demás el mal, que solo debe escucharse a sí mismo y despreciar a los demás, de sus aliados europeos al pueblo afgano o de Río Grande hacia abajo. El mundo, como dijo Trump, está lleno de "pozos de mierda" y los "Bad Hombres" quieren venir aquí porque esto es el paraíso.



También Trump consideraba la OTAN y a los aliados como unos "parásitos" que se aprovechan de la fuerza y magnanimidad norteamericanas para vivir como vagos, para gastarse el dinero en lujos o corrupciones. De ahí que quisiera cobrar por la "protección" en la mejor tradición mafiosa que Estados Unidos ha mostrado al mundo en innumerables veces.

El de Estados Unidos es un liderazgo implosivo. Vemos que Trump no creó nada sino que se limitó a recoger y aprovechar ese nuevo integrismo norteamericano de la nación pura que debe aislarse del mundo para no ser contaminada por los vicios del mundo.

Me imagino que las críticas contra Biden le harán entender el mensaje del mundo. Pero también el interno. Muchos políticos y analistas, como señalamos, consideran que al igual que Trump quiso presentarse como el hombre que sacaba a Estados Unidos de un caro "pozo de mierda" mediante un "maravilloso deal", su especialidad, Biden decidió evitar que Trump lo usara contra él, algo que no ha logrado evitar, ya que —como veíamos ayer— ya está pidiendo su dimisión. A Trump le falló el "acuerdo del siglo", encargado a su yerno, que debía llevar la paz a Oriente Medio; se quedó a medias cuando se dieron cuenta que intentaba sacar votos de ello. Lo trató con los talibanes, pero salir de la Casa Blanca le desbarató el acuerdo firmado que Biden trataba de rentabilizar para las propias elecciones norteamericanas por llegar.


Biden gano por unos millones de votos, pero los delegados en los estados adecuados, pueden dar un vuelco. Hay tres de ellos en los que la diferencia se reduce a unos 40.000 y que les darían el triunfo a los republicanos en su momento. No olvidemos que Hilary Clinton ganó, como lo hizo Al gore. Pero ambas presidencias se las llevaron los republicanos, Bush y Trump. No solo importa ganar, sino dónde.

En la CNN se cita a Angela Merkel refiriéndose a la retirada de las tropas:

 

"This is a particularly bitter development. Bitter, dramatic and terrible," Merkel said during a press conference this week.

Behind the scenes, people familiar with the matter say she has been more critical of Biden's decision, telling members of her party that "domestic political reasons" led him to decide on a withdrawal.*

 

Que esa creencia se extienda —y parece que ya lo está, justificad con creces— será un punto más en la ruptura del liderazgo y volverá a plantear con fuerza las alternativas que ya se vieron con Donald Trump.



No creo que sea tiempo de esperar a "recuperar la confianza". Hay unidad en lo que ocurre, lo que expresa una voluntad y una actitud firmes, una línea de actuación que se mantendrá. Con la profunda división existente en el interior de los Estados Unidos, no sé si la actitud de Biden hacia el exterior es la más adecuada. Si lo hace es porque cree que esto va a tener repercusiones positivas tratando de lo que fue su objetivo declarado ya en su toma de posesión, reunificar al pueblo norteamericano. ¿Implica esto el repliegue sobre sí mismos que anuncian las palabras de Biden y Kamala Harris? Pues si se ve que existe ese apoyo popular fuerte a dejar de estar por el mundo, una vez vistos los resultados, mucho me lo temo.

Ese repliegue ha ido acompañado de la fuerte campaña contra China (ya Trump lo ha había hecho), a la que responsabilizan de haber crecido mientras los norteamericanos menguaba. ¿Hará Biden de forma más discreta lo que Trump hizo descaradamente, sancionar a todo el que negocie con China? Parece que ese es el camino, otro discurso que el público doméstico aplaude. Con Trump ya no había liderazgo, solo amenazas directas. ¿Ocurrirá con Biden lo mismo?

Ahora Biden y Harris tienen que intentar reconstruir algo que ellos mismos han derribado, porque después de Trump, era difícil encontrar una actitud más receptiva al cambio. Pero todo ha quedado en palabras. Y de los hechos, mejor no hablar. The Washington Post habla de "error épico" de Biden, señalando que no es el primero, y de la caída de las valoraciones del presidente, señalando que debería preocupar a los demócratas. ¿Será esto lo que guíe el liderazgo implosivo en un intento de hacerse con la opinión pública norteamericana, cada vez más "doméstica"?

Puede que por querer deshacerse del lastre de lo exterior le acabe costando la presidencia. Las relaciones con medio mundo y el liderazgo ya le han costado.

 


* Kevin Liptak and Kaitlan Collins "Biden promised allies 'America is back.' Chaotic Afghanistan withdrawal is making them fear it's still 'America First.'" CNN 19/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/18/politics/america-is-back-joe-biden-afghanistan/index.html

** Zolan Kanno-Youngs "Kamala Harris afila su imagen con un franco mensaje sobre la migración" The New York Times 8/06/2021 https://www.nytimes.com/es/2021/06/08/espanol/kamala-harris-mexico.html