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sábado, 17 de marzo de 2018

El derecho a saber si tu marido se casa con una segunda esposa


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mientras se avisa de la terminación de la muy restrictiva y autoritaria ley de medios egipcia con la que el gobierno trata de evitar las críticas y erigirse en portavoz de la única verdad posible, se abren nuevos focos de intransigencia. Lo que el gobierno cierra por un lado, trata de abrirlo por otro, pero lo que se siembra es lo que se recoge.
Es difícil tratar de crear ambientes más abiertos cuando lo que se está fomentando es la visión única de la realidad. Eso convierte en conflictivos muchos movimientos que algunos ministerios tratan de hacer, ya sea con lo que otros hacen o con la sociedad misma, que se vuelve mucho más conservadora y rechaza cualquier perspectiva distinta a la tradicional.
Esto ocurre en especial con uno de los puntos más sensibles de cualquier transformación: las mujeres. Ellas han jugado un papel importante desde el 25 de enero de 2011, fecha en que salieron a la calle a pedir más libertades políticas y sociales. La respuesta fue usar las violaciones y el acoso sexual, los humillantes exámenes de virginidad practicados por los no criticables por decreto médicos militares, que se lanzaron a realizarlos para garantizar a las familias que la "mercancía" se encontraba en "buen estado".
El gobierno ha intentado mostrar un lado progresista respecto a las mujeres desde su constitución. Primero lo hizo aumentando el número de mujeres elegidas para el parlamento. Han tenido que aguantar desde que llegaron hasta la opinión sobre su vestimenta a cargo de sus colegas. Tampoco han tenido mucho protagonismo. En la última revisión del gobierno, se incorporaron más mujeres a los ministerios con gran publicidad. Pero la distancia está en la calle, en la realidad ultra conservadora que se está creando desde la intransigencia.
Son varias las noticias en los últimos días que vuelven a poner a las mujeres en primera línea y, en especial, a sus vigilantes y detractores. Egypt Independent nos trae una noticia sobre la Universidad de Alejandría:

Vice president of Alexandria University Mohamed Ismail decided to apply a fine of LE50 for misconduct of students on campus, including smoking, dumping rubbish, and writing on the wall. He also announced the prevention of entry for those who wear torn or ‘inappropriate’ clothing.
Ismail confirmed that this decision was approved by the board of the Alexandria University and all the deans of the faculties of the branch, in order to preserve the values and ethics of the community and educational establishments.
Dean of Faculty of Agriculture at Alexandria University, Tarek Sorour, issued a decision banning torn pants and excessive jewellery on female students in September 2017.
Sorour claimed that torn trousers and revealing clothing that ‘stir up feelings’ among young people may cause sexual harassment incidents.
In statements to Al-Masry Al-Youm, Sorour said that torn trousers show students’ bodies, which he considered a breach of university traditions.*


El argumento de que es la vestimenta de las mujeres la que justifica las violaciones es el más retrógrado de todos porque convierte a la víctima en culpable y al culpable en víctima de la causalidad: Si ella no hubiera vestido así yo seguiría siendo virtuoso. Las mujeres egipcias ya constaron en antiguos carteles, cuando salieron a la calle, que no les dijeran cómo tenían que vestirse sino que enseñaran a sus hijos a comportarse y respetarlas.
La cuestión de los pantalones rasgados ya le ha valido controversia y cárcel —como informamos aquí—a ese abogado vociferante que pidió públicamente, en un debate televisivo, que se violara a las mujeres que salieran a la calle con pantalones rasgados. El energúmeno lo planteó como un deber patriótico que todo piadoso egipcio debía realizar para encarrilar la vida desaforada de las mujeres que se alejan del bien, la moral y la religión, que es todo lo mismo. Tal fue el escándalo que tuvieron que enjuiciarle y condenarle, como no podía ser de otra forma, por más que a muchos les pesara.
Hemos mencionado antes que lo primero que hicieron los diputados egipcios cuando se constituyó el parlamento último fue advertir a las diputadas sobre su vestimenta, manía masculina egipcia. Nada más correcto que las diputadas, que ya se saben bajo el constante escrutinio visual y moral de sus compañeros. Nada agrada más a un varón patriótico egipcio que hacer alarde público de su virtud afeando a los demás, verdadera enfermedad.


Esa es la actitud de las autoridades de la Universidad de Alejandría, cuya función es "to preserve the values and ethics of the community and educational establishments" como se señala en el artículo. No hace mucho aparecieron pancartas por las calles de Egipto —lo comentamos aquí— exigiendo a los padres que vigilaran la vestimenta de sus hijas. Es un recordatorio de que no existe "individualidad" para la mujer, siempre sometida a la supervisión de alguien, padre, marido, hermano, hijos o el varón más cercano. Y así llegamos al que la viola como escarmiento, para ejemplo de otras mujeres.
Es una lástima que las tradiciones universitarias a las que apelan las autoridades académicas no se dirijan hacia la tolerancia y la defensa de las libertades de las personas. De esta forma el retroceso social hace que las universidades se conviertan en recinto de atraso y no de progreso. El progreso no es solo poner centrales nucleares o enviar satélites al espacio, fabricar móviles nacionales (aunque luego te roben las 15.000 batería encargadas a China), etc. sino en poder asistir a los partidos en los estadios de fútbol sin que se conviertan en masacres (los partidos son a puerta cerrada) o poder salir a la calle sin que te violen o agredan si eres mujer.
La contestación no se ha dejado esperar:

Feminist activists rejected the decision and described it as “unacceptable,” saying he had no right to define a particular garment for students, emphasizing that harassment can not be linked to dress.*

Pero como todo el mundo sabe en Egipto, las feministas son conspiradoras al servicio de Occidente para destruir la sacrosanta familia egipcia, un centro de valores, por más que se siga manteniendo la mutilación genital como uno de los grandes males del país, una verdadera guerra contra las mujeres, o que eso mismo santos varones se conviertan muchos de ellos en agresores sexuales cuando salen a las calles y dejan a sus familias a buen recaudo.


Las tasas de divorcio son del 60,7%, lo que preocupa al gobierno. Con esas cifras no se puede convencer al mundo de que la familia egipcia es un modelo y un remanso de paz. Egypt Independent titulaba en noviembre pasado "National Women Council to launch workshops to fight high divorce rate"**, mostrando la preocupación existente desde hace mucho tiempo por este dato y lo que implica.
Por muy buena voluntad que se pueda tener y por mucha confianza que se tenga en el poder del seminario para cambiar la vida a la gente, a nadie se le escapará que es más una campaña para acallar las quejas que dejan en evidencia los argumentos sobre la defensa de las familias desde la moralidad general. Está claro que el matrimonio actúa aquí como un reflejo negativo de la situación social y de las grandes diferencias. Hay unas tasas admisibles de divorcio basadas en la incompatibilidad, pero unas tasas como las egipcias reflejan algo más profundo. Los motivos pueden ser, como se señalaba desde las propias instituciones, otros:

Shawky stressed that the reason behind the high divorce rates is that couples decide to get married at a very young age. Problems such as lack of finances and responsibility, as well as interference by relatives and friends were found to be the main problems resulting in marriages to fail.**


La tendencia a bajar la edad del matrimonio tiene consecuencias graves, porque es la edad de la mujer la que se reduce. Se trata precisamente de obtener una mujer dócil, sin experiencia alguna en la vida, que acaba sintiéndose prisionera en un entorno al que se ha condenado. Ese gesto del estrechar la mano entre el novio y el padre de la novia, como se señala en el artículo, define el planteamiento. El uso de las mujeres para "conectar" familias es otra de esas tradiciones que acaban muchas veces con la infelicidad y la ruptura, cuyas cifras podrían ser mucho más altas de no ser por las resistencias familiares o por la incapacidad de las mujeres de tener autonomía que les permita subsistir tras el divorcio. Muchas no han tenido opción a formarse por la edad en que se casaron o deben hacer frente al cuidado de los hijos, acabando de regreso con su familia y estigmatizadas socialmente. De esto último nos hemos ocupado en varias ocasiones en estos años, pues la vida de las mujeres divorciadas está llena de restricciones, problemas y estigmas.


De nuevo, Egypt Independent nos acerca a la cuestión de las mujeres con un titular "Draft law proposes jailing husbands who remarry without telling first wife"***, que nos lleva a algunas cuestiones sociales fundamentales:

A new law draft will soon face the legislative body of parliament, calling for jailing husbands who remarry without telling their first wives for six months. The law was submitted by MP Abla Hawary and has stirred debate between Islamic scholars and women’s rights advocates.
Hawary told Egypt Independent she considered the law to be necessary, “we are fighting polygamy at its core. Even if it is permitted by Islam, we should at least try and moderate it.”
Hawary said the law should not come as a surprise as it protects the most basic rights of women, “a wife has the right to know,” she said. “To begin with, Maazouns [Islamic clerics], cannot remarry a husband unless he [informs] his first wife. However, now we are trying to fight the problem at its core.”
Hawary defended a wife’s right to know if her husband is getting remarried. Firstly, she said, “she cannot live a lie, secondly, she cannot [discover] the surprise that her husband had remarried, after he dies, as this affects inheritance. Third, in case the husband has children with the second wife, the children should not grow up not knowing who their brothers and sisters are.”
Beyond that, Hawary argues that the law protects the new wife as much as the first one. “The fact that a man was not willing to tell his first wife he was going to get remarried makes me doubt that he will tell the second wife in the first place. So now [he] is violating the rights of two women.”***


Esta es la explicación del problema social. Muchos hombres ocultan a su esposa que se han casado por segunda vez. La cuestión de la poligamia y sus derivados es algo más que una cuestión social: es política y religiosa en un mundo donde la mayoría de las cosas se confunden entre ambos conceptos. No es casualidad que allí donde llegan los islamistas lo primero que modifican son las edades del matrimonio bajándolas y fomentando la poligamia. Así ocurrió en el año de Morsi, en el que se buscó facilitar los créditos bancarios para los casos de "adquisición" de una segunda esposa.
La expresión de la diputada Able Hawary "even if it is permitted by Islam" para referirse al problema es importante. Es donde se plantea la cuestión de la "modernización" y las "reformas" y, por ello, el lugar de la resistencia. No se plantea que la poligamia sea un "problema", sino el hecho de que los maridos que se casan por segunda vez no adviertan a sus esposas primeras que lo han hecho. En ese caso, los problemas se plantean tras la desaparición del marido. Al menos inicialmente, porque los problemas planteados se producen en cascada, con un efecto dominó. Los tres casos señalados por la diputada son solo aspectos incuestionables: vivir engañando, la cuestión de la herencia y el desconocimiento de ser parte de la familia con otros hermanastros. Como veremos después estos elementos pueden ser reivindicado en favor del propio "derecho superior" del hombre.


La violación del derecho de las mujeres a saber que su marido está casado con otra u otras mujeres no importa mucho si se considera que esas mujeres están supeditadas a la voluntad del varón, que para variar tiene a Dios de su lado, de ahí la importancia de la expresión de que no todo lo permitido es justo, algo que plantea un serio problema.
Nos explican en Egypt Independent:

However, some Islamic scholars view this law to be in direct conflict with the essence of marriage in Islam. Speaking on the ‘Huna Al-Kahera’ show, Asharaf Tammam, Moderator of the National Council of Egyptian Families, described the draft law as a conspiracy from the west to destroy Egyptian families. “I am not against women’s rights,” says Tammam, “A woman has the right to get an education, join the workforce, and get married to the one she chooses.”
“However,” he continued, “my problem with this law that it opposes the basis of Sharia (Islamic Law), as having several wives is a base rule in Islam.” Tammam believed that “those who are trying to get this law to pass can’t make a law that allows women to have more than one husband, so they are pushing for this instead.”
“Is God’s law a crime?” he went on. As for lying to one’s wife about being married to another, he explained, “While lying is generally forbidden, God cited a few circumstances that makes it permissible.” Tammam argued that a man remarrying without telling his wives is one case where lying is permitted, because a husband is doing it to protect his wives’ feelings.***

Es fácil preocuparse teóricamente por los derechos de las mujeres y luego invocar el derecho divino de los varones, que las deja supeditadas al deseo de ellos. La inamovible Sharia es invocada para bloquear los derechos de las mujeres en lo que respecta a la cuestión de los matrimonios.
Vuelve a escucharse por boca de ese representante del Consejo Nacional de las Familias Egipcias que "the draft law as a conspiracy from the west to destroy Egyptian families", la consabida acusación contra todo lo que se quiere denigrar y suscitar rechazo en la población. Como hay muchos que quieren escucharlo, funciona. Occidente, parece ser, tiene un interés especial en que los maridos digan a sus primeras esposas que se han casado con otras.
Recordemos que no hace mucho recogíamos aquí otra polémica, la del divorcio sin avisar a la esposa, otro privilegio masculino. También se trataba de limitar los derechos masculinos y, por ello, los clérigos y demás piadosos se lanzaron contra la iniciativa.


En la pregunta “Is God’s law a crime?” es donde reside todo el radicalismo, lo mismo para evitar decir a la primera esposa que se ha vuelto a casa, como para divorciarse sin aviso, para el matrimonio infantil, etc. Es lo que se invoca por los reaccionarios egipcios y por los miembros del Estado Islámico, la Hermandad Musulmana o los salafistas. Es el argumento que acaba con todos los argumentos y sobre el que manifestar dudas te lleva a la cárcel (ofender al Islam) o a la muerte (ofender a Dios). Por eso la valentía de la diputada diciendo que aunque esté permitido no debería permitirse.
Los conflictos ante el argumento total se amplían:

However, MP Ghada Agami disagrees, “religion says if she [the first wife] is not accepting the fact that he has a second wife, she can demand divorce. Not telling her takes away this right from the first wife.”
“You [men] have the right to get a second wife for any reason that you please, but she [the wife] has the right to choose whether she accepts this life or not, if not, then God says you must ‘let her go peacefully.'”
“Which is why,” continued Hawary, a husband must “tell her, because her not knowing is a harm, and while religion allows men to get married, it forbids bringing harm to the wife.”***

Los argumentos se deslizan sutilmente para ignorar la cuestión central, la poligamia, que es intocable. Si el varón tiene el derecho a casarse varias veces, se dice, no tiene porqué ser haciendo daño a su esposa o mintiendo o no informando de algo que algunos opinan que tiene derecho a saber. Pero ¿por qué se va a complicar la vida el varón que se puede permitir, con el visto bueno divino y legal, tener dos esposas separadas e ir a pasar el rato con la que le apetezca sin dar más explicaciones?
No pensemos que esto es solo una lucha de sexos. Pronto saltan más contendientes a la arena el debate social:

Mona Abu Shanab, creator of the ‘Having Several Wives’ movement, which aims to help society accept the concept of a man having several wives, told Egypt Independent, “there isn’t a single Quranic verse or a Hadith that makes it mandatory for a man to let his wife know he is remarrying. He is free to do what he wants because he has superiority, according to Quran.”
“We do not even have a law that makes it a crime for a woman to marry more than one man at the same time, a practice I assure you happens. So where is gender equality in that law?”
“I created my movement because I am trying to help people accept a phenomena that happens a lot. While statistics say only 4 percent of men who have more than one wife. My independent research tells me the number is closer to 40 percent.”
“This bill is an indirect message for society’s abandonment of morals, and an implicit invitation for discrimination against second wives.”
As for the wife’s right a get a divorce according to Quran, Abu Shanab answered, “divorce is only permissible if life becomes impossible, which is not the case here. Therefore, a wife has no right to demand divorce if her husband remarries, so telling her will not change the facts.”
Waleed Ismail, a Salafi scholar agrees, “a woman has no right to demand divorce if a husband remarries, because no harm has been inflicted upon her,” he said on the ‘Huna Al-Kahera’ television program.***

No es la primera vez que aparecen estas mujeres ultra conservadoras que consideran que lo mejor que puede hacer una mujer es aguantar, con la ayuda de Dios, todo lo que le caiga encima junto con el marido. La obligación de la mujer es aguantar, sin más. Por eso la mujer que reclama derechos o se resiste es acusada de atentar contra esa extraña moral que se considera sagrada. El hombre puede divorciarse sin necesidad de dar explicaciones. La mujer, en cambio, no tiene ese derecho, debe aguantar lo imposible. Solicitarlo ya supone una afrenta a Dios, que las ha mandado al mundo a sufrir y obedecer.


La mujer debe aceptar una segunda esposa sin derecho a solicitar divorciarse, según el clérigo salafista citado en la polémica. Sería también ir contra Dios, al que llevan todos los caminos de este diseño masculino hacia el paraíso, pasando por encima de las mujeres que le pongan a su paso.
El texto sigue mostrando más puntos de controversia, como el esgrimido por el salafista señalando que si se encarcela al hombre que no avisa a su primera esposa, se perjudica a la familia al completo, etc. A la crítica de que Dios prohíbe mentir, los clérigos citados en el texto, señalan que esta mentira tiene como objeto no hacer daño a la mujer, por lo que está permitida y debe ser aplaudido el buen corazón del piadoso marido. Hay contestación para todo, claro.
No sabemos si la diferencia entre el 4% de poligamia señalado oficialmente y el 40% señalado en el artículo por la defensora de poligamia es real. Probablemente ni una ni otra son ciertas y la verdad esté en algún punto intermedio. Pero la discusión sobre este punto que, recordemos, no cuestiona la poligamia sino solo la obligación del marido en informar a su primera esposa que se ha vuelto a casar, nos muestra que es un problema real que refleja las tensiones de la sociedad egipcia bloqueada por el tradicionalismo de los ultra conservadores que la arrastran hacia una oscuridad medieval.
Todo ello —la vestimenta, las tasas de divorcio, las edades de los casamientos y la cuestión de los avisos en la poligamia— nos lleva de nuevo a la idea inicial: las cuestiones centrales son las relacionadas con las mujeres. El sistema patriarcal, fundamentado en la ley divina, plantea muros al desarrollo y a los derechos de las mujeres. La sociedad egipcia no acaba de resolver o plantear cuestiones que lo mantienen atado y si lo hace se encuentra con la contestación social.
Por ello el silenciamiento de los medios de comunicación que supongan crítica y modernidad se vuelve contra la propia sociedad y el régimen mismo. La detención o silenciamiento de las voces que puedan llevar a la sociedad hacia el cambio es un suicidio que deja el poder en la calle a los más conservadores. El régimen cree que puede controlarlo, pero lo que hace es fomentar el anclaje en las ideas más retrógradas. Derrocó a los islamistas Hermanos para caer en manos del salafismo retrógrado y ultra conservador que se percibe. Cuando quiere sacar un proyecto que implique algo de modernidad, se encuentra encerrado en sus contradicciones. Y las mujeres son ese punto.
La modernidad de una sociedad se basa en la igualdad de derechos y sobre ese concepto es posible ir construyendo y avanzando. Pero una sociedad que establece legalmente la desigualdad de derechos es difícil, por no decir imposible, que se modernice.
La lucha de muchas mujeres egipcias —no todas, como hemos visto— es el centro del cambio. Por eso se han recrudecido desde 2011 las medidas contra las mujeres, se ha fortalecido la vigilancia. La idea de que sus peticiones son maniobras de occidente para destruir las familias, el estado y el islam es infantil y demuestra la falta de recursos y voluntad para resolver algo que no se considera problemático. Mantener el poder sobre las mujeres es esencial para los que quieren mantener un control social a través de diversos caminos autoritarios.
La cuestión de las reformas desde arriba choca con la resistencia de los que controlan la sociedad desde abajo, esencialmente, a través de la invocación religiosa, fundamento de toda legalidad y de la legitimidad del gobernante. Estas son las consecuencias de tratar de hacer funcionar un imposible.


* "Alexandria University to fine students wearing torn clothes" Egypt Independent 16/03/2018 http://www.egyptindependent.com/alexandria-university-to-fine-students-wearing-torn-clothes/
** "National Women Council to launch workshops to fight high divorce rate" Egypt Independent 14/11/2017  http://www.egyptindependent.com/national-women-council-to-launch-workshops-to-fight-high-divorce-rate/
*** "Draft law proposes jailing husbands who remarry without telling first wife" Egypt Independent 9/03/2018 http://www.egyptindependent.com/draft-law-proposes-jailing-husbands-who-remarry-without-telling-first-wife/



sábado, 16 de septiembre de 2017

La poligamia o el patriarcado contraataca

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer contábamos aquí el caso de la hija que demanda a su padre por "negligencia emocional", aduciendo que habían pasado más de veinte años del divorcio y que nunca se había dirigido a ella, ni en su boda ni en su viudez. Era ya el segundo matrimonio de su padre, un conocido político, que presumiblemente se encontraba en su tercero (al menos). La demanda, decía su autora, trataba de sacar a la luz uno de los muchos problemas que aquejan a la sociedad egipcia en lo relativo a la vida familiar, lo que afecta especialmente a las mujeres, esposas o hijas, casadas, viudas o divorciadas.
El sistema es tan desequilibradamente patriarcal que a muchas mujeres no les queda más remedio que armarse de valor y tomar decisiones de este tipo para mostrar su desacuerdo y su deseo de cambio.
Sin embargo, el deseo de cambio de las mujeres trae diversos tipos de contestaciones y presiones sobre ellas. Vimos no hace mucho cómo diversas ciudades lucían pancartas en sus calles incitando a los padres a una mayor vigilancia sobre la vestimenta de sus díscolas hijas. Es la forma habitual de responsabilidad a las mujeres por el acoso, por los ataques que sufren en las calles. La prensa daba cuenta hace también pocos días cómo se incluía en los informes policiales de las denuncias de ataques la descripción de las ropas que las mujeres llevaban en el momento del ataque, como si esto fuera una disculpa. La presión sobre el velo se basa en la falsa creencia (según las estadísticas) y en la mentira sin más de que la mujeres que lo llevan se perciben como "virtuosas", mientras que las mujeres que no lo llevan se merecen el ataque porque lo están "pidiendo" tácitamente. La cruda realidad, como han demostrado gráficamente algunos, es que todas son atacadas por las hordas callejeras de machos que se escudan tras sus intenciones "piadosas" correctoras para el magreo y la violación.


El diario AlBawaba nos trae, con el título "" un muestra de la parte reaccionaria que el movimiento de autonomía de la mujer:

Cairo - “A married woman is fared far better than the unmarried.” “Sharing a husband is better than never [having one].” That’s how Mona Abu Shanab, founder of a self-styled ‘Polygamy Campaign,’ explained her pro-polygamy campaign initiative. 
Polygamy is the practice or custom of having more than one wife at the same time.
In this regard, Abu Shanab deprecated family status law as being "totally unfair to men, women and children, and the cause of the two chronic, social ills in Egypt, namely spinsterhood and divorce.
She explained: “The Family Law makes it difficult for divorced men or women to be given custody of the child in case of remarriage. That’s why many divorcees resort to common marriage (Urfi) in order to keep custody of the child or the alimony of the husband.”
In an exclusive statement to the Al-Bawaba News Portal, Abu Shanab affirmed women still suffer from repression and maltreatment in society despite the great strides they have made.
She explained: “When in her 40s, I think the wife is usually led to believe that she is the center of the house, and that she has the final say in the house. This attitude or mindset makes her a ‘nagging wife’ who is asking for trouble, and nothing seems to please her, while her husband is looking for inner peace and emotional stability.”*


Es difícil encontrar posiciones más cavernícolas salidas a la luz. No dudo de que estas opiniones sean compartidas por muchos hombres que verán explicados en ellas los "problemas" y actitudes que se encuentran en sus casas. Mona Abu Shanab, por fin, les deja claro, que tienen razón y que son víctimas de mujeres quejicas que se creen el centro del mundo y eso va contra el orden del mundo.
Los dos eslóganes con los que arranca el texto son rompedores: "una mujer casada es mejor que una soltera" y "es mejor compartir marido que no tener ninguno". Funcionan bien en tuit, camiseta y banderola. Breves, concisos, directos.
¿Forma parte la sonriente Mona Abu Shanab de alguna conspiración machista y patriarcal que en las mujeres el tormento de los hombres? Da igual. Ella es otro ladrillo en el muro del conservadurismo islamista para el que la poligamia es la solución. Frente a la soltería, poligamia; frente al divorcio, poligamia. Mejor un mal marido que un emir azul, que no calientan las noches frías. Mejor saber que tu marido está con su segunda, tercera o cuarta esposa que no saber dónde está.
Lo que más conmueve es la visión de Mona Abu Shanab de la evolución separada: los hombres avanzan en busca de la "paz interior" (inner peace) y la "estabilidad emocional" (emotional stability) mientras que las mujeres se convierten en "esposas quejicas" y tienden al desorden emocional. ¿Qué mejor recurso para el hombre que ir cambiando de esposa según tengan el día?


A Mona Abu Shanab le da igual que muchas mujeres se enfaden porque el marido aparece con una segunda (tercera o cuarta) esposa sin consultar. ¿Para qué consultar? Ellas no comprenden que su marido es el centro del mundo y que sobre él cae la responsabilidad de los destinos del mundo. No comprenden, además, su generosidad al acoger mujeres en sus casas evitando que se conviertan en eternas solteras, que mueran sin conocer varón (re-conocido).
Le preocupa que la gente se case en secreto (mediante el matrimonio urfí) para evitar así que las divorciadas puedan abusar de su ex maridos recibiendo pensiones mientras caen en brazos de otros que solo "consumen", pero no pagan la "consumición".
En fin, Mona Abu Shanab es una mujer preocupada porque las mujeres no sean un estorbo en la vida de los hombres. Sabedora de que las mujeres independientes son bastante más molestas que las sumisas o las díscolas interiores, cuyas formas de reparación están bien claras en la tradición, trata de evitar de que caigan en la tentación de la soledad. Una mujer sola es un peligro público y el principio del fin de las civilizaciones.
No lo hemos oído todo de ella. Albawaba recoge más ideas:

She also added that during this age the wife neglects her self-care, both emotionally and physically. Her overriding concern becomes how to feed, educate and eventually marry off her children at the expense of the hapless husband. On the other side, the husband does not even find a morsel of love, care and attention.  At this critical age, the man finds himself still young enough to engage in another relationship, whether extramarital or otherwise in his pursuit to gratify his unbridled desires. That is why I am campaigning for the reinstatement of the divine ruling of polygamy which has been ordained by God –Almighty- to specifically solve a set of social, emotional, psychological and racial problems.*

La mujer que se descuida porque tiene ya a su marido —¡pobrecito!— bien agarrado se enfrenta entonces a la llegada a casa de la competencia interna. Ha desatendido a su marido por fruslerías como los hijos, en los que se ha centrado. Y ahora llegan nuevas mujeres que lucharán por ser las favoritas, rivalizando en las atenciones para atraer al huido por aburrimiento o sobrecarga. Así es el mercado con el centro en el marido consumidor.


Dios dio la poligamia por algo. Los que la atacan, atacan a Dios y sus designios, especialmente los que se refieren a las mujeres. El varón piadoso se merece el cielo (y sus beneficios) por atender a tanta mujer que podría quedar suelta por el mundo con la cabeza llena de tonterías, sin vigilantes.
Como les explican a las familias de los refugiados que huyen de Siria, ¿dónde van a estar mejor sus hijas que en manos de algún varón de mediana edad que velará por ellas —al menos una temporadita—? En efecto, la palabrería con la que se acercan a los campamentos está llena de este tipo de razonamientos para evitar que haya mujeres solas. La poligamia es la afortunada institución que permite al varón paciente sortear el caos acogiendo diversas mujeres que le alejan del pecado aliviando bajos y le otorgan la paciencia infinita mediante la labor de educación de esas mujeres a su cargo, cuya tendencia natural es imitar a Eva y traer el pecado al mundo. Ellos heroicamente lo evitan.
Los políticos buscan soluciones a los problemas que crean ellos mismos con sus malas leyes, piensa la piadosa promotora de la poligamia:

Abu Shanab asserted that the National Council for Women pays very little attention to the divorced and [older] single women. What it provides is only directed to dependent women who are the breadwinners of their families.
Abu Shanab also pointed out that she was fiercely attacked by a lot of women when she took her campaign initiative of polygamy to society, saying: “In the past, the father used to  seek a spouse for his daughter, in stark contrast to what is going on now. Today, families ask for bundles of money in dowry and jewelry, while losing sight of the disastrous consequences of their unreasonable conditions on the groom. It might end up that their daughter becomes what generations of the past would call an 'old maid', making the parents the real culprits. Similarly, the mother would be tantamount to the mother of her son-in-law. However, now most divorce cases are blamed on mother-in-laws.”*

Sin regulaciones de pensiones y sin forma de presionar —una diputada ha pedido que se asegure una pensión mínima a las mujeres desatendidas tras el divorcio— a los ex maridos, la extensión de la poligamia es una forma de crear todavía más conflictos, especialmente porque mediante el divorcio exprés no hay que dar explicación alguna. Por cada una que entre, el piadoso marido puede dar salida a otra, reponiendo así el parque matrimonial.


Las ideas de Mona Abu Shanab no son inocentes ni casuales. Como otras peticiones (test de virginidad para entrar en la Universidad, menos resistencia a la ablación, rebaja de la edad del matrimonio, etc. que se han escuchado en el parlamento ante el asombro de muchos, o las campañas de vigilancia sobre las hijas), todas están enfocadas a un modelo tradicionalista represivo para la mujer y representan la visión de los islamistas que vuelven a atacar por la base social, por las costumbres, que es lo que les interesa.
Los islamistas desprecian la democracia, un juego occidental. No hay más que una ley que seguir y ya está hecha. Lo demás son detalles. Lo que a ellos les interesa es modular la sensibilidad social haciendo ver, mediante este tipo de críticas a la situación de hombres y mujeres, que los gobiernos desatienden (o causan) los verdaderos problemas para los que ya existe una solución: la poligamia en este caso. El desorden del mundo proviene de la falta de obediencia a la ley divina, que es perfecta, lógicamente. Los problemas surgen cuando no se cumplen.
Cuando el presidente al-Sisi intenta frenar el divorcio exprés, que permite al hombre desentenderse, Al-Azhar le contesta que es conforme a la Sharia. Cuando hay se trata de igualar la herencia de mujeres y hombres (la propuesta en Túnez), Al-Azhar salta diciendo que va contra la ley divina. Cuando se habla de que una mujer musulmana se pueda casar con un hombre que no lo sea, Al-Azhar salta diciendo que un hombre lo puede hacer porque a la mujer su marido le impone la religión sin rechistar.


Y entonces llega Mona Abu Shanab y su vieja modernidad dispuesta a solucionar los problemas creados por las mujeres a los hombres y a ellas mismas, convirtiéndose en "esposas quejicas" que atormentan a los hombres con sus tonterías en lugar de dejarles llegar a la beatitud.
La solución de Mona Abu Shanab es la estándar, la que considera que se va del orden al desorden y que solo la aplicación de las soluciones "contrastadas" salvará al mundo o, en su defecto, a los que cumplan la ley.
Mientras cientos, miles de mujeres del mundo árabe musulmán tratan de salir del impase cultural que evita que puedan se autónomas, decidir y actuar en el mundo de una manera participativa e igualitaria, Mona Abu Shanab lanza el mensaje contrario porque es la voluntad divina, como ella misma señala. Hay muchas mujeres que han perdido la vida porque los varones pensaban que eran sus amos por voluntad divina y eso debe derecho a pensar por ellas, decidir por ellas y tenerlas a sus servicio cuando se las necesita y lejos, por no molestar, cuando tratan de encontrar esa "paz interior" que a las mujeres les está vedada o que solo alcanzan al servicio de los hombres.


El artículo se ilustra con una insólita imagen: un grupo de mujeres norteamericanas desfilando para reclamar la "poligamia". No, no es cosa de Trump ni es de hoy. Se les olvida decir que son mormonas y que la imagen es de 1900, que ha llovido mucho desde entonces (incluso en Egipto). No ha llovido tanto, en cambio, sobre las calenturientas cabezas de algunos. Y algunas.  La imagen de las mormonas marchando es una manipulación contextual para hacer ver que el mundo avanza hacia la poligamia, que los pueblos del mundo la aceptan y que solo las conspiraciones lo evitan.
Pese a lo que diga, no es mejor estar mal casada que soltera o divorciada; no es mejor tampoco compartir lo que te toque de un hombre a no tener ninguno. Lo bueno o lo malo está en el control de tu propio destino, en encontrar los caminos sin que los demás te los marquen. El retroceso educativo permite el avance de lo retrógrado y opresivo para la mujer, como es el caso. Puede que las batallas se ganen en el campo, pero las guerras se ganan en libros y leyes que marquen el camino claro del progreso.


Sus palabras finales son: “Our society suffers from a sort of disorder in the relationship between men and women in general and there must be proper solutions. She described those who attack her campaign as people who cannot come up with solutions for these social ills within the scope of Islamic law, as her campaign calls for.”* Con esos argumentos, hay poco que decir porque siempre se parte de la superioridad de los islámico. Dudar de ello es pasar a ser sospechoso o algo peor. Mona es la cara amable, pero los que están detrás no lo son tanto.
Las opiniones vertidas no son una extravagancia. Son un bien tejido conjunto de ideas que los islamistas y otros grupos salafistas difunden a sabiendas de que dará argumentos y visibilidad a los que las quieren escuchar y seguir. La poligamia es legal en Egipto, pero otra cosa es hacer campaña favoreciéndolo, como ya hicieron los hermanos en época de Morsi. Se trata de evitar lo que más temen: la igualdad de derechos y la autonomía de la mujer. Para ello responsabilizan a los cambios por los problemas actuales, cuando estos no son más que el resultado de su resistencia al cambio. El patriarcado se sigue defendiendo y tratando de hacer retroceder los progresos que tanto cuestan.
Imaginamos a Mona Abu Shanab felizmente casada en multipropiedad y un feliz marido disfrutando de la paz interior mientras ella se vuelca en sus campañas.



* "Egypt: 'Polygamy campaign' to combat social stigma attached to women!" AlBawaba 06/07/2017 http://www.albawabaeg.com/93090