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jueves, 16 de noviembre de 2023

Momentazos y pilladas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy asistimos a la consagración de una nueva especialidad periodística: la lectura de labios. El soberbio espectáculo de la investidura de Pedro Sánchez pasará a la Historia de Lo que Sea como el momento en el que finalmente tanto tiempo de entrenamiento, tantos días de sacrificio dan por fin fruto.

El acontecimiento se venía rondando desde hace tiempo. Se gestó, como tantos otros momentos transcendentales, en el campo de los deportes. La sensación que el hecho podía suceder en cualquier momento hacía que los entrenadores, que los jugadores en el banquillo, pusieran sus manos ante la boca para evitar ser "leídos" y posteriormente desvelados su más íntimos y comprometidos pensamientos exteriorizados en un momento de debilidad, de distracción infinita que les llevaba a ese vacío peligroso: la creencia en que nadie les observa, la peregrina idea de estar solos en el cosmos sin miradas, sin cámaras, sin micrófonos... es decir, la NADA.

Este vago sentimiento, quasi existencialista, en donde se sustituye el "ser-en-el-mundo", el dasein heideggeriano, por el "ser-para-las-cámaras" de este mundo de la aldea global eléctrica de McLuhan, se ha manifestado en la investidura, espacio de representación cuyo objetivo es alcanzar la plenitud presidencial.

Alejándonos del lenguaje filosófico, nos adentramos en el mundo factual, en donde lo empírico se define como "cazada", es decir, la revelación del sujeto en su plenitud cuando cree que nadie le mira.

Las polémicas científicas sobre si los gestos son universales o son culturales llevó a una interesante conclusión por parte de algunos investigadores: los gestos pueden ser naturales, pero nuestra convivencia hace que los escondamos ante la mirada ajena, y ahí entra la cultura. Es decir, cuando estamos solos somos iguales y en cuanto que sentimos que nos miran actuamos de forma esquiva y cultural, representamos. No queremos ser sinceros, sino actores que representan un papel sobre un escenario. ¿Hay mejor auditorio que la tribuna del Congreso de los Diputados? ¿Sinceridad? ¡Ni mencionarlo! La "sinceridad", nos advierten los expertos en comunicación política, es la madre del fracaso. De hecho, el éxito del político es evitar que la sinceridad fluya destruyendo el mundo que es eficaz para conseguir sus objetivos. "El político es un fingidor", parafraseando al gran Pessoa.

En el escenario del Congreso cada político que sale a la tribuna lleva su papel bien aprendido, con las indicaciones de gestos, movimientos, tonos, etc. perfectamente programados para que nada, en este siglo de la pantallas, se pierda, para que nada se malinterprete, para que nada sea retorcido por el contrario hasta sacarle punta, los colores o cualquier otro elemento.

Eso en la tribuna de los oradores, cuando las cámaras apuntan hacia ti, cuando millones de ojos y orejas, en cantidades aproximadamente iguales, se centran en ti. ¿Pero qué pasa en otros lugares? ¿Qué pasa con las respuestas o reacciones? Nada inquieta más a un político que no saber que le miran, que le escuchan o que le pueden leer los labios, que te pillen con la guardia baja, desprotegido, sin tu disfraz de Otelo, Lear, Ofelia, Desdémona, Viuda Negra o de Nora ibseniana, según toque el día.

Es como si te pillaran en paños menores, que se decía antes, pillar en bragas en versión actual. Para los interesados en este crucial aspecto, incluimos las versiones que el Wordreference, en su edición 2023, recoge: catch (sb) with their trousers down (UK) y catch (sb) with their pants down (USA). Estos conceptos básicos son la base de esta nueva rama que a falta de nombre académico definitivo podríamos adelantar como "Periodismo de Pillada". En Antena 3 se nos indican esas "pilladas" y diversos acontecimientos de foco desplazado, es decir, que en vez de darse en la Tribuna Central, se amplía el campo de la mirada para dirigirla hacia las distintas zonas ocupadas, ya sean los escaños o los asientos para los invitados más o menos ilustres. No sé si tiene que ver con eso que llaman ahora "periodismo 360", pero algo de eso hay.

Se nos dice en Antena 3 con el curioso titular "¿Qué dijo Ayuso a Sánchez? El vídeo del momento en el que fuentes del PP aseguran que ha dicho "me gusta la fruta"": 

El debate de investidura de este miércoles en el Congreso de los Diputados está dejando auténticos 'momentazos'. A la carcajada de Pedro Sánchez, el abandono de Vox, la sonrisa de Irene Montero o el duelo por la cita de Antonio Machado se ha sumado una 'cazada' a Isabel Díaz Ayuso dedicándole unas palabras al presidente del Gobierno en funciones. Pero ¿cuáles fueron esas palabras?

Durante su turno de contrarréplica, Sánchez ha criticado a Feijóo por sus declaraciones sobre la corrupción: "Es bastante atrevido hablar de corrupción por parte del PP. Su antecesor (refiriéndose a Pablo Casado) apuntó a un posible caso de corrupción relacionado con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y su respuesta fue evacuar al señor Casado y echar tierra encima de ese caso", ha expresado el líder socialista.

Casualidades o no de la vida, en ese preciso momento las cámaras del hemiciclo han enfocado a la presidenta madrileña, que se encontraba presente en la tribuna de invitados. Es ahí, una vez ha escuchado que han mencionado su nombre, cuando ha pronunciado unas palabras que han desatado inmediatamente la polémica. 

"Me gusta la fruta"

Fuentes cercanas a Ayuso, concretamente del propio gabinete de la Comunidad de Madrid, han ironizado al asegurar que la presidenta ha dicho textualmente "me gusta la fruta". Ya después han confirmado que, en efecto, ha dicho lo que parece que ha dicho. Esta es la postura que defienden desde el PSOE, que acusan a la presidenta de la Comunidad de Madrid de insultar a Sánchez y llamarle "hijo de puta".*


Hay varios puntos interesantes en el texto. Me refiero a ese "casualidades o no"  sobre el momento de enfocar a Díaz Ayuso. Casualidad o confirmación de que hay un guion y una planificación en sentido plenamente visual, es decir, "planos" y "planes". Plano y contraplano, como exige el lenguaje narrativo. Evidentemente, quien no tenía el "guion" era Isabel Díaz Ayuso, pero el "neorrealismo" tiene estas cosas.

El otro aspecto obviamente es el de la verificación de lo dicho. A la tesis del "me gusta la fruta" que apuntaría a una campaña institucional en favor de la dieta sana, se suma la más devota de "La madre Teresa de Calcuta", a la que apuntan algunos medios.

Entre la fruta y la mención a la humilde Santa, junto con la hipótesis de la mención a otro tipo de madre, el nuevo "periodismo de pilladas" o de "momentazos", se irá desarrollando.

De la lectura de labios a la ampliación de las imágenes para captar gestos, peinetas, muecas, etc. el nuevo modelo de periodismo trata de aliviar ("instruir deleitando", decía la vieja máxima) lo rutinario, cansino, agotado, etc. que supone esta (mala) vida política. Las "pilladas", piensan algunos, son "momentazos". Una peineta, un insulto, un mal gesto, etc. cada cierto tiempo alivian el directo, dan juego en los noticiarios y siembran de comentarios los medios y las redes de memes.

Los gabinetes de comunicación de los partidos políticos deberán ensayar las reacciones posibles para que no les pillen en un descuido o una reacción desafortunada. La reacción espontánea frente a la réplica pensada. Los políticos en sus entrenamientos serían presionados con todo tipo de insultos, amenazas, gestos ofensivos, etc. mientras deben mantener cara de póquer. De esta forma se podrían defender de las cámaras indiscretas y las pilladas.

Que con lo que nos estamos jugando hoy en España la cuestión sea lo que dijo entre dientes Díaz Ayuso es una trivialización obscena, pero si ayer ponderábamos la necesidad de la defensa del Periodismo, este debe ser consecuente. Entender el "periodismo" como un elemento único es engañoso y poco práctico. Hay formas de ejercerlo de muy distinta manera y lo importante es la función que cumple. Si los políticos deciden "dar espectáculo" y son atendidos en sus deseos, lo extenderán al máximo porque esa es su necesidad y objetivo, llamar la atención. Cualquier mecanismo o procedimiento que sirva para ello será empleado, como ese señor que nos muestran que hace continuos gestos desde su escaño, una especie de versión de "cine mudo" del hemiciclo. Es una forma de llamar la atención.

Este formato de "periodismo de pilladas", de "momentazos", es una forma degenerada de la información política causada por la propia degeneración de la política y sus integrantes. Encontrar el "ángulo divertido" a lo que no lo es no es un buen camino, por muchas visitas que pueda tener el artículo y mucha circulación por redes sociales, retuits, o cualquier otra forma que extienda este planteamiento complaciente con el gusto zafio.

Ya es bastante bochornoso el espectáculo en sí como para decorarlo con "pilladas" y "momentazos", que dan lugar a absurdas polémicas e hipócritas rasgados de vestiduras. No lo fomentemos. Vayamos a la política, no en la forma en que ellos quieren, sino en la que como ciudadanos, como lectores o espectadores necesitamos.

 

* "¿Qué dijo Ayuso a Sánchez? El vídeo del momento en el que fuentes del PP aseguran que ha dicho "me gusta la fruta"" Antena3 15/11/2023 https://www.antena3.com/noticias/espana/que-dijo-ayuso-sanchez-video-momento-que-fuentes-aseguran-que-dicho-gusta-fruta_2023111565550cdab276150001b4b00e.html

miércoles, 8 de noviembre de 2023

La calle

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


"Salir a la calle" es una expresión con sentidos diversos. Van desde el que sale a darse una vuelta porque está aburrido en casa hasta salir a manifestarse. Hay otra más tensa "echarse a la calle", como existía la de "echarse al monte", que implica según el DRAE salirse de la legalidad.

"Echarse a la calle" tiene el sentido de protesta, de desacuerdo y manifestarlo. La manifestación del desacuerdo es la que da sentido al término "manifestación", en donde se realiza un interesante juego retórico. Evidentemente uno puede manifestarse de muchas formas, una de ellas es "echarse a la calle". Pero, todavía más preciso,  "echarse a la calle Ferraz", que es lo que estamos viendo, tiene ya una rotundidad que resulta hasta escabrosa.

El lío en el que nos ha metido Pedro Sánchez con su deseo de cambalache para conseguir la investidura a cualquier precio está creando una situación extrema como la que hace mucho tiempo que no se producía. No hay duda en estos dos aspectos: primero, es responsable porque es él quien juega con blancas. En segundo lugar, esto se desboca y crea un conflicto que lleva a la calle Ferraz y que en estos momentos de la noche se ha convertido en una batalla campal.

No es la España que me gusta.

La España del echarse a la calle debería quedar donde estaba ante lo que es una aspiración democrática en la que todos deberíamos coincidir. Pero no es lo que ocurre. La versión de unos y otros diferirá, pero eso no impide que ambas formas debiliten nuestra forma de entender lo que debe ser democrático. No es democrático jugar con los principios y sostener, como se muestra en el vídeo circulante del ministro Bolaños, una cosa y justo la contraria unos meses después. La hemeroteca es el peor enemigo del político descarado.

En este tiempo hemos criticado desde aquí muchas prácticas que considerábamos contraproducentes para el sistema democrático en su conjunto. Ahora llegamos a la calle, el punto al que no se debería llegar, a la calle Ferraz, para ser de nuevo precisos.

No me gustan las manifestaciones intimidantes, estas formas de presión. Algunos dirán que no han dejado otra. Puede que sea verdad, pero no por eso me gusta ni lo disfruto. Más bien me avergüenza que se haya tenido que llegar a este tipo de situaciones, que nos denigran y nos restan credibilidad democrática.

Lo que ocurre es grave. Lo es porque es el final de un proceso, con la violencia, de toda una serie de actuaciones escabrosas para conseguir el poder a cualquier precio. Y no es el poder lo que importa a la gente. Como decía hace unos días un socialista, los fines no justifican los medios y los medios no justifican los fines, poniendo énfasis en esta segunda parte: no todo lo que es legal es bueno por el simple hecho de serlo. Pero nadie hace caso a lo previsible.

Para España es muy malo esta imagen ante la sede del PSOE en la calle Ferraz. No me refiero a los extranjeros, que me importan poco; me refiero a nosotros mismos, a nuestra propia valoración.

Elegir las sedes para manifestarse no es una buena idea. Es un salto cualitativo, un cambio que es difícil de ignorar. No es bueno lo que ha tratado de hacer Pedro Sánchez porque las acciones deslegitiman realmente el poder obtenido y las instituciones ocupadas en los compadreos, pero tampoco me gusta volver a las imágenes de la violencia callejera. Es realmente un retroceso para quienes tienen la memoria de otra época. Y ese retroceso es muy triste.


Hubo un tiempo en que países que querían salir de forma pacífica de las dictaduras venía a España a intentar comprender lo que aquí se había llamado "la transición". Lo sé porque tuve ocasión de participar directamente en una sesión con representantes de grupos políticos de un país que había vivido una dictadura y quería salir en paz, a la española. Éramos ejemplo; lo fuimos durante mucho tiempo porque los partidos eran capaces de centrarse en lo esencial y aparcar diferencias para conseguir un fin común, que viviéramos mejor, con más conciencia de unidad.

Hoy mostramos lo contrario, la peor cara. Es la cara de la violencia en la calle y de la instrumentalización de la política; se tira por la borda algo que costará años reconstruir. La violencia es el estado en el que los radicales se mueven mejor. Es lo suyo. Comienzas citando en la calle y no se sabe cómo acabará todo. O quizá sí. Los contendores incendiados que nos muestran las imágenes están quemando demasiadas cosas; peor las simbólicas que las reales.


Esto no es algo casual. Es el triste destino de lo que se ve venir de lejos, el deterioro de la convivencia y el desaire a los problemas reales de la gente con el foco en la mera llegada al poder. La política debería ser otra cosa; los políticos también. Su fin es la convivencia de todos, no sacarnos a la calle.

Hay poco más que decir. Triste. No sé cómo acabará la noche. Pero mañana escucharemos los reproches de unos y otros intentando responsabilizar al otro de lo que haya ocurrido. Palabrería. Dará igual. 

Perdemos todos.



PD: La noche, nos dicen ya en la madrugada, ha dejado 36 heridos, la mayoría policías, y 7 detenidos. Triste. Los reproches y señalamientos ya han saltado a titulares.



martes, 22 de agosto de 2023

El peor ejemplo político

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Entre degollamientos, besos robados y copas de campeonas; entre olas de calor e incendios que arrasan; entre noches en vela e inflación, entre consultas para cuál es la mejor hora para poner la lavadora y consultar la gasolinera más barata... sigue el culebrón español veraniego: quién gobernará España, esta España de todo lo anterior, de gruñidos continuos y descalificaciones, de prófugos con poder y votos útiles e inútiles.

España, sí, tiene problemas, pero el "meta problema" es el de la gobernabilidad, que es el que afecta a las soluciones posibles, que se hacen improbables, en este galimatías cacofónico y aburrido, este espectáculo del desgobierno político.

En mitad del calor y del caos, leemos la noticia en el diario El Mundo:

Miles de profesores, intelectuales, empresarios, economistas, ingenieros y juristas defensores del constitucionalismo han firmado un manifiesto difundido este lunes, en el inicio de la ronda de consultas del Rey a los partidos, en el que piden al PP y al PSOE que "recuperen la cordialidad política" y abran un proceso de diálogo de cara a la investidura para evitar que la gobernabilidad de España dependa de "opciones extremas o independentistas".

La carta, apenas cuatro párrafos redactados por la plataforma Consenso y Regeneración, insta a los dos partidos mayoritarios a "entablar un diálogo encaminado a forjar acuerdos de gobierno o de legislatura, donde la diversidad ideológica y el pluralismo no sean obstáculo para entenderse y para pactar políticas fundamentales en interés de todos los españoles y de nuestra propia democracia".

El empresario Joaquín Villanueva, coordinador de la plataforma, explica a EL MUNDO que hay dos motivos que explican este manifiesto. El primero es "no ser un país vergonzoso y hacer el ridículo, porque que se forme gobierno en España con un prófugo de la Justicia [Carles Puigdemont] que la propia España reclama es una enorme contradicción".

"¿Qué van a pensar los jueces belgas que tienen que decidir sobre la extradición de este prófugo cuando vean que es el que decide el Gobierno de España?", se pregunta Villanueva, que apunta a un segundo motivo: "España necesita, además, un acuerdo para sacar adelante reformas como la de la educación o la de las pensiones, que sólo se pueden hacer con el concurso de los dos grandes partidos". 

Las cosas caen por efecto de la gravedad o por su propio peso, como rezaba un viejo chiste. Esto es lo que es porque no podía ser de otro modo. Esa es la cuestión. Los alegres voceros de la "nueva política", de la política basada en la fragmentación hasta el infinito del espacio político y del enfrentamiento a cara de perro, se encuentran en un callejón sin salida. 

No, la "nueva política" ya ni es nueva ni es política. Y no lo es porque una política basada simplemente en la aritmética, que lleva a unirse a personas que solo tienen en común su deseo de sacar rentabilidad a sus pocos votos para llegar al gobierno no es "política", a la que habrá que buscar un nombre para salir del error.

No, la política no es esto. 

La iniciativa de la que nos habla el diario El Mundo no es simplemente una anécdota. Es la punta del iceberg del aviso a esta nueva "casta" generada por los que no querían castas.

Los que no querían bipartidismo, se encuentran ahora con un exacerbado "personalismo"; los que no querían ideologías se encuentran con la promoción desmesurada de la "imagen" pasada por los talleres de comunicación, que son los sastres de la política. Se comienza con una persona a la que se promociona hasta que se va formando el grupo a su alrededor. El objetivo es conseguir los votos suficientes como para que los demás te necesiten para ser investidos. Ese es tu momento, cuando tu miserable voto puede hacer girar el mundo a tu alrededor. Eso es poder.


¿Cómo dar un giro a una política construida sobre la descalificación sistemática del otro? Es la estrategia político comunicativa que aleja a los grupos del acuerdo moderado, de los pactos constructivos y los lleva hacia un radicalismo del descontento. Hemos llegado al punto en el que la contradicción se hace evidente. Esto no es gobernar; es ocupar sillones, repartir carteras, hacer amigos que esperan beneficiarse de las relaciones con el poder. No se buscan personas capaces de construir, sino personas capaces de destruir dialécticamente al otro en cada manifestación que realizan. Cada vez que haces eso, te ves más arrinconado en un radicalismo que te consume.

La moderación no es solo una cuestión expresiva. Es una actitud que implica el diálogo y, sobre todo, el diálogo para llevar a la sociedad donde sea mejor para todos. Por el contrario, esta política se basa en que no exista un "todos", una comunidad, sino una sociedad fraccionada e irreconciliable, que elija sus "generales" para la gran batalla. Hemos vuelto a las cruzadas políticas, a la guerra abierta entre fracciones irreconciliables.

Los grandes beneficiarios de esto son los radicales, ideas minoritarias, que ven reducido su esfuerzo consiguiendo más poder con menos votos, imponiendo sus líneas frente a las mayoritarias de la sociedad moderada, en la que caben muchas mejoras gracias a los diálogos. 

La lucha de los radicales por ambos lados es conseguir los mínimos eficaces, es decir, el número suficiente de votos como para poder ser el voto que necesitan los demás. Para ello es prescindible que no haya acuerdos mayoritarios, sino esta agrupación minoritaria oportunista. Todos quieren sacar algo, que lo que no consiguen en las urnas les llegue en las negociaciones. De esta forma la democracia se convierte en una tiranía brusca minoritaria.

Los partidos silencian a los díscolos. Evitan la quiebra la unidad de la acción comunicativa, un elemento esencial para provocar la erosión del otro, que es el verdadero objetivo, aislarlo y lanzar contra él miedos e ira. De esta forma, se vota con el rechazo airado y no por las ideas, que apenas se exponen y se verán transformadas por las posteriores negociaciones para llegar al poder.


¿Cuántas legislaturas se pueden aguantar de esta forma? ¿Cuánto tardarán en estallar el aburrimiento, el descontento o la ira contra el sistema? Ya estamos padeciendo síntomas de los tres estados posibles. Pero el principal efecto es la desconexión social, el sentirse no concernido por el sistema democrático, por la convivencia, que es lo que estamos viendo en ciertas tendencias juveniles primero y luego adultas. No hay reglas, solo poder; no hay respeto, solo deseo, coger aquello que puedo conseguir, porque si no otro lo hará.

La carta que firman muchos intelectuales, como los denomina El Mundo, es una muestra de cómo se evoluciona hacia la disgregación con esta forma de entender la política. Pueden tardarse décadas en recuperar una cierta normalidad de convivencia y sentido de ciudadanía. 

La carta no pide que uno u otro sea quien gobierne; eso es cosa de los acuerdos. Lo que no quiere es que quien gobierne España salga de los más oscuros pactos y cambalaches, asociado a los más sórdidos nombres y grupos.

El ejemplo político es importante porque se supone que nos representan, pero también que nos vemos representados en ellos. No les va mal, piensan algunos, y eso es muy negativo para el conjunto.

Que el gobierno de España pueda depender, como señala en el artículo Olga R. Sanmartín, de un prófugo, efectivamente no es un buen ejemplo. Solo de que todo vale... y ese es el peor ejemplo.

* Olga R. Sanmartín "Intelectuales defensores de la Constitución piden que el PP y el PSOE abran un proceso de diálogo para la investidura" El Mundo 21/08/2023 https://www.elmundo.es/espana/2023/08/21/64e3484ce9cf4a6b748b4585.html

lunes, 22 de julio de 2019

Insoportable parchís

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cada vez es más perceptible el sesgo que la política española está tomando. Cada vez más los ciudadanos tenemos la sensación de que solo somos un medio para llegar a una mesa a discutir del futuro de sus señorías, de los excelentísimos señores y señoras que se ocupan de aparentar discutir sobre nosotros. ¿Pero importamos realmente? He puesto en cursiva el "realmente" para mostrar mi escepticismo sobre el hecho en sí. Por mucho que lo digan, es difícil que les creamos.
Nada hay más deprimente que escuchar los interminables telediarios, desayunos, post informativos en los que, durante muchas horas al día, toda una serie de profesionales de la información hacen abstracción de cualquier cosa que pase en el mundo para dedicarse a una noble tarea: intentar adivinar las intenciones de nuestros políticos, interpretar sus más nimias palabras o sus más complacientes silencios. Horas y horas, días y días.
España, nuestro país (hay que recordarlo), salió de una dictadura larga y aburrida; salió además de la ser un país aislado y vuelto hacia sí mismo, asumiendo una vocación europeísta que se encuentra entre las más intensas de una Europa tensa. Salimos con un acuerdo general que dio lugar a una constitución (hay que recordarlo también) en la que todos cabíamos, salvo las reservas mentales de algunos. Nos enfrentamos a momentos delicados como el terrorismo de ETA, una verdadera lacra, y un intento de golpe de estado que tuvo el rechazo generalizado. Hay que recordarlo todo porque nuestra tradicional mezcla de optimismo y pesimismo, nos vuelve ciclotímicos y aquejados de olvidos clamorosos y recuerdos intensos como si fueran de ayer por parte de personas que nos los han vivido, pero les da igual.


Ahora tenemos en pleno una nueva generación, la de los que rondan los 40 años, es decir, los que nacieron con la democracia encima de la mesa. Están en todos los partidos. Ya no hay excusa. La política está prácticamente en sus manos. Son los más listos, los más guapos y los mejores políticos, según la versión oficial. Todos han estudiado mucho, nos dicen, aunque hay demasiado currículum chapucero, sacado en el tiempo libre que les dejaba el partido, al que habían llegado jovencitos. La gran mayoría solo ha hecho lo que está a la vista: plató, rueda de prensa, foto, discutir. No dan para mucho más.
En su artículo titulado La insoportable levedad del ajedrez, Xosé Hermida se despacha a gusto con todos ellos:

Estas nuevas vicisitudes a las que se enfrenta la democracia española suelen interpretarse como resultado de la fragmentación de los partidos. Más allá de eso, asoma también una forma novedosa de acción política en la que parece que sentarse a una mesa, sacar documentos y discutir programas se ha convertido en una antigualla. Lo que más se escucha en estos días son palabras como ajedrez y relato, dos de los mantras de los asesores de comunicación. La política entendida como un descarnado juego de fuerzas cuyo único fin es construir un discurso de éxito para consumo de la audiencia.
La batalla ya no se juega en largas reuniones de gente armada de planes y estadísticas. El ajedrez político del siglo XXI se dirime en las redes y en los platós de televisión. Un caso ejemplar lo ofrecen las versiones dadas por los protagonistas de una de las últimas conversaciones telefónicas entre Sánchez e Iglesias. De creer a ambos —y ninguno ha desmentido la versión del otro— ni Iglesias le habría dicho a Sánchez que se disponía a convocar una consulta entre sus bases ni Sánchez le habría comentado a Iglesias que preparaba una oferta para incluir en el Gobierno ministros de Podemos “con perfil técnico”.



Se puede expresar de diferentes formas, pero creo que se ajusta bastante al perfil de los políticos que tenemos delante. No son únicos; no tenemos el privilegio de la chapuza política, solo una versión a la española, la que nos toca.
Obsesionados con la imagen, su único capital, son incapaces de entender que su obligación es hacer que el país funcione y se acerque a la armonía del entendimiento. Por el contrario, como viven de la división y la trifulca, necesitan crear nuevo problemas con los que enganchar a la sociedad para que les siga como los ratones al flautista
Hemos creado escenarios, por lo que necesitamos actores. Los guiones se los escriben los asesores de comunicación, los que están con la toalla y el agua en el rincón jaleando cada intervención. Esto solo funciona con lo que la lingüista Deborah Tannen llamó La Cultura de la Polémica (1999) hace veinte años. Todo pasa por los medios, es decir, todo tiene espectadores. No se actúa para el que se tiene enfrente, sino para el que está al otro lado de las pantallas por las que circula la vida política, la deportiva, la artística... todo. Los efectos en estos campos han sido la degradación de los valores, la comercialización, el partidismo, la llamada a la violencia. El activo principal es el rapto emocional del otro.
Esto actúa como filtro y el moderado es desplazado por el histriónico, por el que tiende a polarizar a la sociedad. No llegamos a los extremos de Trump porque nuestro sistema político es diferente. Aquí hemos optado por hacer parcelas más pequeñas. Todavía hace unos días salía algún genio de la política diciendo que en España todavía espacio para algunos otros agentes político diferentes. Es la misma estrategia de colocación de los productos en los supermercados.


No sé cuál será el resultado del debate de investidura que ha comenzado hace unas horas. No está en mis manos y por ello mi pensamiento solo va en contra del conjunto, del sistema que hemos creado para acceder al poder. El espectáculo ha sido bochornoso y aburrido hasta la desesperación. Las discusiones sobre consejerías y ministerios deberían hacerles sonrojar de vergüenza si tuvieran capacidad para ello.
Vuelvo al principio: son hijos de la democracia que tanto costó. No se trata de una cuestión de canas sino de responsabilidad ante la sociedad española en su conjunto. La obligación del poder político en una sociedad democrática es siempre organizar la convivencia, no forzar hasta el límite las polaridades. Y es, sin embargo, esto lo que se ha ido haciendo.


Cada vez son más las sociedades en las que vemos que se implanta la violencia en las calles como forma habitual de "practicar" la política. No es el mejor camino. Solo lleva, como ha ocurrido, a la aparición de los extremismos desgarradores.
Mucho me temo que el articulista ha pecado de demasiado optimista al hablar de "ajedrez" como juego político. Es demasiado juego, intelectualidad, para unos políticos que se pierden ellos mismos el respeto y a la ciudadanía. Es más bien un insoportable parchís a golpe de encuesta.



* Xosé Hermida "La insoportable levedad del ajedrez" El País 22/07/2019 https://elpais.com/politica/2019/07/21/actualidad/1563737023_374109.html

martes, 2 de julio de 2019

Sin acuerdos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No han tardado mucho. La gente ya está hablando de "bipartidismo" de otra manera y los cantos a la diversidad atomizada ya van teniendo tonalidad más trágica. Poco a poco, en tertulias y páginas, impresas o virtuales, la gente hace cuentas o simplemente mira el espectáculo. Lo sorprendente es la cantidad de pruebas que es necesario aportar para darse cuenta de algo tan obvio.
Este espectáculo de la negociación para pactos que te llevan a la tumba es lo suficientemente elocuente. Nuestros dirigentes descubren con horror que la única forma de sacar adelante sus resultados electorales es pactar con aquellos que te arrastrarán al fondo del abismo como en una película de terror de serie B, que es lo que más se parece a la situación actual.
De nuevo se abre el fantasma electoral... y es algo más que una forma de presión para llegar a un acuerdo. Pero, ¿cómo se llega a un acuerdo con fuerzas que han quedado deficitarias, como es el caso, del PSOE con Podemos, o que te arrastran a la tumba, como el PP con Vox? Queda, de forma patética, Ciudadanos, al que desde la izquierda acusan de no pactar y desde la derecha de querer quedarse con los votos.


Dividiendo la tarta en tantos trozos, los que menos tienen han conseguido, sin embargo, un enorme poder. Tienen lo que otros necesitan, produciéndose así una enorme distorsión del sentido del voto, amplificando lo que las urnas ha negado. A todo este jaleo, súmale los despropósitos en Cataluña.
Los pequeños de los extremos viven felices al saber que los grandes se encuentran con la paradoja de que no se pueden ir hacia la estabilidad de grandes números, sino hacia el torbellino contradictorio de los que quieren sacar tajada.
De hecho, el mal ejemplo ha cundido. Cuantos más partidos aparezca en escena, mejor para los que con muy poca inversión tienen la suerte de sacar poderoso brillo a sus miseria, pero tacita a tacita...
Ya aparecen encuestas, como la de El Mundo, sobre los estragos de la repetición de elecciones. El titular es elocuente tras la encuesta de Sigma-DOS:  "La repetición de elecciones hundiría a Ciudadanos y Vox".* Pero también lo son estos otros de El Mundo de hoy mismo, como "Vox hace en Murcia la primera demostración de su capacidad de bloqueo", "El equipo económico de Rajoy pide un "Gobierno de consenso"", "Vox condiciona su apoyo a Díaz Ayuso a que Cs firme un pacto a tres" (El País), "El desacuerdo entre Cs y Vox deja en el aire la investidura en Murcia" (El País), "Podemos denuncia el bloqueo parlamentario de Sánchez: «Están pasando cosas raras»" (ABC)... Podríamos seguir con todo tipo de noticias y perspectiva. Pero el origen de todo es lo mismo.


Desgraciadamente este panorama no se resuelve en unas horas porque es el resultado de muchos pequeños desajustes que ha ido dando forma a la política española. No hay estabilidad, como reclaman algunos desde los diarios, porque todo empuja en la dirección contraria.

Los partidos políticos se hacen para las elecciones y no debería ser así. Aprovechan, como se suele decir, las oportunidades o fallas del sistema para potenciar sus resultados. Lo que deberían hacer es estabilizar el sistema y no tratar de llegar a situaciones de todo o nada, como reflejan algunos de esos titulares citados y muchos otros. El ofrecimiento de pactos no busca estabilizar, sino alcanzar un poder traducido en asientos, puestos, posiciones en el sistema.
Los cantos al bipartidismo son un intento de poder respirar. Sin embargo, el bipartidismo no es bueno por sí mismo, necesita la flexibilidad interna que hoy no vemos en su exterior. Desde luego, "bipartidismo" no es lo mismo que "frentismo", que es la versión española. El primero trata de conseguir una estabilidad absorbiendo de forma flexible la diversidad política para alcanzar la estabilidad del estado. El segundo, en cambio, provoca inestabilidad radicalizando la situación, buscando crecer con ella. Sin embargo, lo que se consigue es precisamente lo contrario, como salta a la vista.
España es una democracia. El objetivo de los partidos debe ser la gobernabilidad, no el obstruccionismo como forma de hacer política. La obstrucción se produce cuando no hay grandes acuerdos y este efecto del frentismo lo recogen los minoritarios, que ven aumentada su fuerza ante el enfrentamiento de los grandes.
Parecía poco probable que se hablara de nuevas elecciones, pero ya se está haciendo. Puede que los grandes hayan pensado que es la mejor forma de deshacerse de los que les rodean ofreciendo sus votos y evitar así cuatro años de suspense diario. 
La decisión final la veremos pronto.



* "La repetición de elecciones hundiría a Ciudadanos y Vox" El Mundo 30/06/2029 https://www.elmundo.es/espana/2019/06/30/5d17a044fdddff5e138b4669.html