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viernes, 14 de agosto de 2026

El teléfono maravilloso o que no decidan por usted

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me llega un aviso al móvil. Mi compañía me ofrece —con descuento— la adquisición de otro del que asegura que sabe lo que necesito antes de que yo lo sepa. Lo que se presenta como un gran avance es lo típico de cualquier dictadura: saben lo que queremos antes de que nosotros los sepamos. Y como la IA no se equivoca, los equivocados, dudosos, indecisos, etc. somos nosotros,  que vamos contra las evidencias de la decisión de que se ha elegido lo mejor de lo mejor.

Creo que vamos por un camino peligroso. Hay que empezar a reivindicar el error, el error propio, el que surge de nuestras decisiones y variaciones, cambios de gusto, etc. Esto de que una IA elija lo que necesitamos es una trampa de la que será difícil salir una vez puesta en marcha.

Nuestro televisor nos ofrece aquello que nos va a gustar; nuestro teléfono hace otro tanto y nos lleva a páginas o direcciones que nos dejarán contentos y satisfechos. Y así "porque te gustó X..., te ofrecemos Z" es la fórmula que se emplea habitualmente. Para ello se necesita nuestro historial de compras y ganarse la confianza del consumidor. La IA trabaja en ese sentido. Por eso necesita cantidades enormes de datos, para ajustar nuestro perfil de consumo. El resto es estrategia: conjugar aquello de lo que disponen con nuestras preferencias y venderlo bien, con toque de modernidad futurista: ¡qué moderno es usted!

Evidentemente, solo es una parte de la estrategia. Los intentos de vendernos algo que parece que hemos elegido nosotros está en el principio de la "labia comercial", del vendedor que te envuelve, el que te dice que la chaqueta nos sienta bien o que el color de la camisa nos hace más jóvenes,

Luego las máquinas han seguido con esta tarea. Son frecuentes las condenas a las tecnológicas por priorizar interesadamente, por dar preferencia en las búsquedas a productos predeterminados por los que obtienen beneficios extras. Los tribunales han condenado a Google en varias ocasiones por este tipo de práctica.


Pero ahora es nuestro es nuestro teléfono —nuestro nuevo "mejor amigo"— el que acaba ofreciéndonos aquello que no sabíamos que deseábamos con fervor, apasionadamente. Para conseguirlo, simplemente pásate a los nuevos modelos.

Pero las consecuencias, como señalábamos, son muy peligrosas. Tener un exceso de confianza en aquello que la máquina nos ofrece tiene consecuencias no tanto por la compra en sí, sino por lo que supone de abandono de la capacidad de decisión.

La función de estas máquinas ya no es ayudarnos, sino sustituirnos, que es otra cosa. Si fuéramos a una tienda y el comerciante nos mirara a la cara y decidiera qué es lo que necesitamos o nos diera lo mismo que otras veces porque ya sabe lo que queremos o necesitamos, seguramente reivindicaríamos nuestra libertad de decidir y no volveríamos a esa tienda. Pero parece que nos fiamos más de las máquinas que de las personas, algo que también es fruto de una serie de operaciones para ganar nuestra confianza, que va de la inocencia absoluta a presumir de tener la máquina perfecta (la vanidad es de siempre un resorte psicológico importante para las ventas).

Reducimos lo más valioso que tenemos: la capacidad de decidir, que está por encima de la posibilidad de acertar o equivocarse. Vamos avanzando claramente hacia un tiempo autoritario, cuya característica más clara es decidir por nosotros. Para que les funcione necesitan de una serie de recursos retóricos, que se centran en nuestro miedo a equivocarnos y en la superioridad atribuida al que decide, sea experto, dirigente o máquina.

La máquina se disfraza con la idea de que nos conoce bien, mejor que nosotros mismos. Los avances en tecnología se complementan con los que permiten controlar el comportamiento y la decisión. Hoy se hacen enormes inversiones en este tipo de procesos, que en última instancia son procesos de compra de voluntades y ventas de personas o bienes, ya sean de "consumo" comercial o político. 

Para decidir por usted tiene que conocerle bien, tener acceso y manejar todos sus datos, acciones, compras, lugares, etc. Todo eso se procesa y da un resultado. No se trata solo de que le satisfaga, sino de que esos datos son guardados y pueden ser usados más adelante para otro tipo de decisiones. Una vez ganada su confianza, el algoritmo pasa a tener un segundo objetivo que a lo mejor usted desconoce.

Que se diseñen máquinas o programas para decidir por nosotros, que estos se nos cuelguen en ese objeto múltiple que es teléfono móvil, no es una buena señal. Ya sea por pereza, por ignorancia o por un mal entendido sentido del progreso, no se debería renunciar a decidir, aunque uno se equivoque. Rectificar, nos decían, es de sabios. No equivocarse nunca es otra cosa.

Puede que su teléfono sea "inteligente", pero no por eso deje usted de serlo.



jueves, 26 de marzo de 2026

Crear adicción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hemos tratado aquí muchas veces el problema del crecimiento de problemas mentales, de las adicciones a las redes sociales y los efectos sociales que implican. En los últimos años aumentan los informes negativos de los efectos sobre los niños y jóvenes en los que se fomenta una relación absorbente con las redes. Son muchos los países —algunos ya lo han hecho— que buscan diversas formas legales para restringir el uso de la telefonía móvil y el acceso a las redes hasta llegar a ciertas edades, de los 14 a los 16 y algunos apuntan más lejos.

Me recuerda los problemas hasta que se reconoció que el consumo del tabaco tenía consecuencias para la salud. También entonces se intensificaron las mezclas para crear adicción por parte de las empresas, hasta que fue imposible negar los efectos nocivos del tabaco.

Hoy los medios nos informan sobre cómo se va estrechando el cerco legal sobre las grandes tecnológicas que controlan el mundo de las redes sociales y fomentan las adicciones. Citamos en extenso la información que nos ofrecen en RTVE.es: 

Un jurado en Los Ángeles, Estados Unidos, condenó este miércoles a Google —propietaria de YouTube— y a Meta —matriz de Instagram, Facebook y WhatsApp— a pagar tres millones de dólares en daños compensatorios y tres millones en daños punitivos en una histórica demanda por adicción a las redes sociales. Meta será responsable del 70% de esta cuantía y Google, del 30% restante.

La sentencia sienta precedente y podría influir en miles de casos similares contra las tecnológicas presentados por ‌padres y madres de menores, fiscales generales y distritos escolares en el país. El tribunal considera que sus aplicaciones y redes sociales fueron diseñadas para enganchar a los adolescentes, obviando el posible impacto en su salud mental

El caso de Los Ángeles se refiere a una joven de 20 años que afirma haberse vuelto adicta a aplicaciones como Instagram o YouTube en su adolescencia debido a su diseño llamativo. Los demandantes se han centrado en el diseño de las plataformas más que en el contenido, lo que ha dificultado a las empresas eludir su responsabilidad en este caso.

TikTok y Snapchat evitan la condena

La demanda de la joven, identificada como K.G.M., incluía a las herramientas TikTok y Snapchat, pero estas lograron alcanzar un acuerdo cuyos términos no han sido revelados para evitar el primero de una serie de juicios históricos contra las plataformas de redes sociales.

Esta resolución se suma a la sentencia dictaminada el martes por un jurado de Nuevo México que también encontró culpable a Meta de ocultar información sobre deficiencias en sus plataformas y prácticas comerciales que facilitaban la explotación sexual infantil y fue condenado a una multa de 375 millones de dólares (324 millones de euros).

Estos litigios forman parte de una ola más amplia de casos que cuestionan las prácticas de la industria tecnológica y podrían sentar precedentes sobre los límites de responsabilidad de las redes sociales en EE.UU.*

¿Cómo van a digerir y gestionar las grandes empresas estas sentencias que apuntan a su línea de flotación? El éxito de su negocio está precisamente en la adicción, que las convierte en un productivo escaparate para todo tipo de productos, en un espejo en el que reflejarse individual y colectivamente. Al igual que él tabaco, ¿son posibles unas redes "light"?

Nunca en la Historia se había dado una herramienta tan poderosa por su capacidad de influir, nunca hubo un medio tan capaz de manipular y deformar mentes, de aislarnos del mundo y hacer que nuestros ojos miren fijos lo que aparece en las pantallas. Hace unos días hablamos de este efecto del canal que destruye todos los otros, el teléfono móvil, algo con lo que caminamos, que nos acompaña noche y día y por lo que nos llegan un mundo polarizado, intenso y trivial, que nos convierte en receptores 24/7 y 365, como se expresa hoy en día. Es el medio que nos absorbe, que nos educa deformándonos, alejándonos de cualquier otro valor cultural que vemos como desaparece en prácticamente una generación.

Si anteriormente se planteaban que la lectura excesiva, como en el Quijote o Emma Bovary, podía hacernos falsear el mundo, si la televisión podía tenernos sentados en casa más tiempo del debido, etc. la combinación de redes y telefonía crean un entorno absoluto que dinamita muchas cosas, de la cultura a las relaciones de personas, familiares, laborales, etc.

Ayer nos daban en los medios las cifras de atropellos de personas por cruzar las calles mirando el teléfono. Usted, como yo, hará tenido que apartarse por personas que caminan mirando las pantallas, incapaces de desconectar.

No son solo los contenidos, como bien señala la sentencia. Es el diseño hipnótico, adictivo, lo que nos atrapa y modela. Son esas niñas que nos mostraban hace unos días grabando con sus teléfonos una feroz pelea entre compañeras. No es solo lo que vemos, es el deseo de sumarnos al proceso, la creación de una cultura que pasa por las pantallas, que se centra en ver y ser visto perdiendo valor lo que ocurre fuera de ellas y donde el deseo se sumarse a las imágenes nos lleva a esa mirada perversa. Un chiste gráfico me viene a la memoria: la cruz del Calvario rodeada de manos con teléfonos móviles captando la crucifixión.

¿Puede cambiar algo que ya nos ha cambiado? ¿Podemos intentar salir de la adicción masiva en la que nos encontramos? ¿Podrán reaccionar inteligentemente aquellos a los que se ha arrastrado hacia la estupidez del automatismo? ¿Podremos reconducir esta colosal herramienta? ¿Podremos alejarla de una concepción mercantil del mundo donde cualquier método es bueno para asegurar su eficacia y rentabilidad? 


* "Meta y Google, condenadas por fomentar la adicción a las redes sociales en una histórica sentencia" RTVE.es / AGENCIAS 25/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260325/meta-google-condenadas-adiccion-redes-historica-sentencia/16997413.shtml

domingo, 22 de marzo de 2026

La adicción telefónica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Durante décadas se habló de la televisión como "la caja tonta", pero creo que los teléfonos móviles deberían asumir esta denominación. Méritos no les faltan. Hemos creado la máquina de la estupidez perfecta pasiva y activa. Es pasiva por lo que dejas de hacer con tu tiempo, la falta de un tiempo aprovechable, y es activa por la cantidad de estupidez que te llega y absorbes.

Viajar en transporte público te da una perspectiva diferente del sentido del tiempo aprovechable. Ves cómo el mundo se divide en tres grupos: los que viajan durmiendo, los que aprovechan ese tiempo leyendo con un libro (en papel o digital) en las manos y, el grupo mayoritario, los que pasan el pulgar por la pantalla del móvil. Hay otros pequeños grupos, como los que van de charla porque coinciden en el trayecto.

En ocasiones tienes la ocasión de ver lo que tienen en sus pantallas. La posición elevada te permite ver lo que ellos ven. Es variado, pero lo interesante —es lo que han señalado investigadores— es el tránsito, el movimiento continuo de una pantalla a otra, un movimiento constante que no encuentra nada en lo que detenerse, una exploración de la trivialidad.



Un viaje reciente me permitió ver ese paseo continuo: varias pantallas de perritos, un breve clip que se repetía de un pequeño orangután... La nada en imágenes breves que el dedo pulgar iba cambiando. Yo contaba el tiempo que se permanecía entre cambios: uno, dos, tres... El tiempo era entre siete y diez segundos. No era mucho.

Muchas veces me causa tristeza ver a tantos jóvenes perdiendo el tiempo, dejando cosas de interés, que pueden ser hasta divertidas, en beneficio de esta trivialidad embrutecedoras que no solo tienen efectos educativos, sino psicológicos, como nos avisan con frecuencia.

En 20minutos se vuelve a tomar la cuestión y los efectos:

 

Hace apenas unas semanas, Clara decidió poner remedio a la sensación de estar perdiendo cada rato libre entre notificaciones y scroll infinito. A sus 25 años, acaba de terminar el MIR y ha encontrado en el ganchillo una forma extraña de paz: "Cuando estoy haciendo ganchillo desconecto totalmente de todo, entro en un bucle en el que no paro, pero mi mente se va y el tiempo pasa volando", explica.

Lo que busca Clara es cada vez más común: jóvenes que han crecido entre pantallas, pero que ahora pagan por pintar un cuadro con vino, aprender crochet o sentarse a tejer en grupo para, literalmente, dejar el móvil a un lado. No reniegan de lo digital —de hecho, muchos llegan por TikTok o Instagram—, pero necesitan un espacio donde el resultado sea algo que se toca, se estrena o se cuelga en la pared.

En el distrito barcelonés de Sarrià-Sant Gervasi, el estudio de pintura de Belén Almodóvar, artista, bel.alma.art, lleva siete años abierto, pero hace dos y medio puso en marcha una actividad que se ha convertido en plan de culto entre grupos de veinteañeras y treintañeros: el Art and Wine. "La experiencia es tomarse una copita de vino mientras estás con tus amigos pintando un cuadro, con un poco de queso, almendras, buena música y mucha charla", resume Belén.

En los últimos años, cuenta que llegan cada vez más grupos de gente joven "cansados de estar haciendo siempre lo mismo" y buscando "experiencias distintas". Lo que le repiten es casi siempre igual: quieren "hacer algo con las manos, algo relajante, algo que no sea una pantalla" y que, al final, les permita llevarse a casa un objeto hecho por ellas mismas.*


No nos interesa la forma —el ganchillo y el vino—, sino la sensación de pérdida, de vacío improductivo que provoca ese siniestro "agujero negro" en que se han convertido los teléfonos móviles, una siniestra constatación de que Marshall McLuhan tenía razón: el medio es el mensaje.

El hecho de que cada vez más gente necesite alejarse del móvil es el síntoma de una adicción programada que ha hecho millonaria a una industria en diversos niveles que van desde las redes sociales a las tecnológicas, pasando por eso que llaman "creadores de contenido", publicitas, comunicadores, etc.

El vacío, la soledad, el imperio de lo trivial, etc. van generando una especie de enfermedad que nos convierte en víctimas activas de un modelo social que se basa en esa anulación de la inteligencia individual y colectiva. Se ha creado la herramienta perfecta para promover la nada, el tiempo improductivo en lo personal que hace ricos a los que están detrás con múltiples negocios. Incluso, crea el negocio de alejarse de la adicción, como se nos cuenta en el artículo de 20minutos. Como se suele decir, no es un problema, sino una oportunidad.

Llevamos el tiempo suficiente con todo esto para saber que no son exageraciones sino una triste realidad que se ha convertido en un gran negocio que transforma nuestro mundo global. Cuando se intenta promover medidas, las fuerzas poderosas se activan tratando de evitarlas.

Tenemos una sociedad cada vez más inculta, más manipulable. Lo que podría usarse para promover la cultura, se usa para destruirla. España es especialmente sensible a esto y los efectos los vemos en escuelas, institutos y universidades cada día. Falla todo aquello que debería promover un uso inteligente de esa nueva caja tonta por la que se accede al universo trivial.

El problema es complejo en su doble dimensión de lo que se transmite y los efectos de la exposición exclusiva. Quieren nuestro tiempo, todo nuestro tiempo, en este sistema de "economía de la atención".

No sé si la solución está en sustituir una forma de atracción por otra. Creo que hay muchas alternativas con consecuencias distintas, que permitan vivir más allá del "no móvil". Una adicción se sustituye por otra menos exigente que nos aleje de la primera. Hay que avanzar en algo que nos sea constructivo en lo personal y en lo social, No es fácil desde el nivel al que hemos llegado.

Nos centramos en niños y jóvenes, pero la realidad nos muestra una vez más nuestra hipocresía. ¿Cuántas parejas vemos cada uno con su teléfono? ¿Cuántos padres dejan a los niños mientras atienden a sus móviles? No, no es "algo de niños", sino algo que "empieza en la infancia" y avanza con nosotros. Pero es más fácil convertirnos en "defensores de los niños" que enfrentarnos al negocio de adultos y ampararnos en su libertad y responsabilidad.

 

* Andrea Gabarro "Tejer y pintar para no hacer 'scroll': "El reto de mi generación es concentrarse en algo que no sea el móvil"" 20minutos 22/03/2026 https://www.20minutos.es/nacional/tejer-pintar-para-no-hacer-scroll-reto-mi-generacion-es-concentrarse-algo-que-no-sea-movil_6948256_0.html

 

jueves, 14 de diciembre de 2023

La industria de la adicción

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La batalla por el teléfono móvil en los menores solo está comenzando. Aquí ya hemos dado cuenta en diversas ocasiones de las peticiones por su uso restringido  y hace unos días detectábamos ya las primeras manifestaciones televisivas de "expertos" con el eslogan repetido de que "está muy feo eso de prohibir" y que es mejor "enseñar a usar". Como ya lo hemos comentado anteriormente, no entramos más en este aspecto de contraofensiva de la industria.

Dentro de este "conflicto", nos encontramos con la imposibilidad ya de ocultar o esquivar este serio problema que nos puede dejar fuera de juego en Europa. En RTVE.es el titular ya nos orienta hacia el conflicto y su planteamiento: "Educación propone a las comunidades prohibir los móviles en Primaria y Secundaria durante el horario lectivo"*. Como ya habíamos previsto, el conflicto se desplaza de la familias (el origen, los que compran, dan, regalan los móviles a los niños) a su uso durante el periodo lectivo. Esto obliga a los centros a ser el "poli malo" frente a las familias que esperarán a la salida del cole con el bocata y el móvil, convirtiéndose en los "polis buenos" de la película.

Insistimos que el problema de los hijos con móvil y todos los efectos, de la salud al rendimiento escolar, pasando por el insomnio, está en los padres que lo usan para que estén tranquilos (y así poder consultar ellos sus móviles; vaya a cualquier parque o transporte público para comprobarlo). Ya se están produciendo movimientos de familias por la prohibición del móvil antes de los 16. Buscan así un refuerzo institucional para poder aplicar ese límite y no luchar solas.

El titular RTVE ya nos muestra el tono político del asunto. Cuando digo "político" me refiero a lo único que al político le interesa, desgraciadamente, trasladar el problema a otros pretendiendo ser "salomónico". En el texto leemos:

El Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes ha propuesto a las comunidades autónomas que en Educación Primaria y Secundaria no se utilice el teléfono móvil en horario lectivo.

No obstante, la propuesta de Educación permitiría la utilización del móvil en Secundaria en clase presencial cuando así lo establezca el profesor porque su proyecto pedagógico lo requiera.

Así lo ha anunciado este miércoles la ministra de Educación, FP y Deportes, Pilar Alegría, en rueda de prensa tras presidir la reunión sectorial de Educación.*


Del "poli bueno, poli malo", pasamos al "poli esquizo", que es el que permite que en unas aulas se use y en otras no porque el teléfono forma parte de la clase. ¿No son mensajes contradictorios? ¿No establece asignaturas "guais", con teléfono, y aburridas sin él?  De esta forma el ministerio suelta el problema a los centros educativos: la forma de evitar el problema en "oficializar" su uso en clase. ¡Qué listos! Al profesorado solo le quedará una opción si no quiere sublevaciones: que el teléfono forme parte de la clase.

De nuevo, la clase política de un ejemplo de cobardía. Nadie se enfrentará a los futuros votantes (18), menos ahora que se acaba de rebajar la edad del carnet de conducir a 17, otro logro político dirigido hacia la misma franja de futuros votantes juveniles. Es de esperar que cuando conduzcan no usen el móvil, aunque es una de las multas más frecuentes, con un crecimiento constante. Ya no se puede, según parece, estar sin el móvil en ningún espacio o lugar, en ninguna actividad o tarea. Tenemos noticias de conductores de autobuses de línea sancionados por usar el móvil en su trabajo, que es conducir, a otros que no pueden dejar de hacerlo en sus coches particulares o conduciendo camiones, con el peligro que resulta para todos, los que van en el autobús o los que se pueda llevar por delante.

Pero, ¿cómo dejarlo? ¿Cómo resistirse a este objeto que nos acompaña ya de la cuna a la tumba? que empezar a distinguir continente y contenido en esto de los móviles. Al aparato en sí podría se podría resistir, pero este es portador de programas diseñados en feroz competencia por hacerse con nuestra atención (cada vez hay más estudios en este sentido, convirtiéndose en un modelo cultural y económico (la llamada "economía de la atención").

En otra noticia de ayer mismo, recogida en el Telediario de RTVE y proveniente del Parlamento Europeo, ser nos da este titular, "El Parlamento Europeo pide diseños menos adictivos en los productos digitales" y se nos ofrece esta síntesis de la "pieza": 

Juegos en línea que se inician solos, redes sociales o notificaciones constantes en el móvil, el parlamento europeo advierte de que los productos digitales están diseñados para ser adictivos. Y pide una legislación para que les obligue a ser más éticos.**

La clave de todo ello está efectivamente en eso que niegan los interesados: la adicción. Por ello, cada vez se ha ido descendiendo en la edad, ayudados por padres y amigos. El uso del teléfono ha ido descendiendo y son los padres los que lo hacen y se refuerza en horizontal, por el sentido de pertenencia al grupo, del que quedas excluido si no estás en las redes sociales y dispones de un teléfono propio.

El teléfono móvil ha adquirido el grado de "rito de paso", como antes lo tenían los pantalones largos o la primera corbata. Es un indicador de un salto, de una mutación. Antes eras un ser aislado y pasas a ser parte de la comunidad; ya eres otro.

Si los expertos señalan y denuncian todo esto, esa suma de efectos psicológicos, sociales y culturales, ese ser abstraído por el mercado (no es otra cosa), sacado de ti mismo, impidiendo que accedas a lo que se supone que necesitas para educarte, formarte, culturizarte, etc. pero que la experiencia demuestra que no te sirve para nada y que puedes llegar a presidente de algún país "sin saber hacer la o con un canuto", como decía la sabiduría popular, que puedes ser un exitoso "influencer" solo con desparpajo y un buen maquillaje, etc. ¿para qué te vas a molestar? Hace unos días los profesores decían que la Constitución no se explicaba porque no interesaba a los alumnos. Con eso ya está todo dicho, del sistema y de los agentes del sistema. También de los catastróficos efectos o resultados.

La adicción no es más que el estado de consumo permanente de algo que te saca de ti mismo y te convierte en consumidor compulsivo de información. El medio es el mensaje, decía un señor de por ahí.

Pedir más "ética" a los que han diseñado sin ella este mundo adictivo, descendiendo las edades para que más adelante caminen, conduzcan o duerman con el teléfono móvil en la mano, para tener esas familias enteras, cada uno con su móvil, unidos por los movimientos de sus pulgares, etc. no sé si será eficaz. Pero no va a ser fácil enfrentarse a la industria de la adicción y a los propios adictos.

 

* "Educación propone a las comunidades prohibir los móviles en Primaria y Secundaria durante el horario lectivo" RTVE.es / Agencias 13/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231213/educacion-propone-prohibir-moviles-primaria-secundaria/2466956.shtml

* "El Parlamento Europeo pide diseños menos adictivos en los productos digitales" RTVE Play Telediario 2 13/12/2023 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/parlamento-europeo-adictivos-productos-digitales/7035037/

martes, 12 de diciembre de 2023

El teléfono móvil y el sueño

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Que los adultos tengan problemas de sueño puede tener su lógica en las preocupaciones o en robarle horas a la noche para el llamado "ocio nocturno", que se hace mientras el cuerpo aguante y las ojeras lo permitan. Pero lo de los niños es otra cosa.

Con el titular "Los expertos alertan del aumento de melatonina en niños y piden que se haga con receta médica", en RTVE nos explican: 

Se calcula que un tercio de niños y adolescentes en España tiene algún problema con el sueño y muchas familias han optado por darles melatonina. Es una hormona natural que regula el reloj biológico pero que, dicen los médicos, deberíamos usar con receta o vigilancia médica.* 

Ayer mismo, mientras se nos ofrecía imágenes de padres solicitando la prohibición del móvil hasta los 16 años, las cadenas empezaron a introducir las voces oscuras de los "expertos" que tratan de justificar lo contrario: está muy feo eso de prohibir y es mejor enseñar a usarlo. Es la "razonable" contra campaña con la que se espera frenar la prohibición (en realidad las ventas) de teléfonos a menores. El argumento lo repitieron un par de personas ante las cámaras.

El problema empieza a tomar forma en toda su crudeza, como un conflicto de intereses entre lo que es bueno y lo que buen negocio. No hay experto serio que diga que el teléfono es bueno para los niños. Pero hay muchas maneras de salirse del embrollo sembrando la duda o dándole la vuelta con la fealdad de prohibir. Pero los efectos son ya difíciles de ocultar y uno de ellos, como ya hace tiempo que se señala para adultos, es el de los móviles u ordenadores antes de dormir. Se recomienda no usarlo antes de ir a dormir y, a ser posible, no tenerlos cerca durante el sueño.

El gobierno mexicano, a través de su Secretaría de Salud, recoge la opinión de los expertos médicos de un centro especializado:

El uso excesivo o por tiempos prolongados de dispositivos móviles como teléfonos y tabletas puede generar alteraciones del sueño y del ritmo circadiano, Unidad de Trastornos del Movimiento y Sueño del Hospital General “Manuel Gea González”.

Al estar expuestos por tiempos prolongados a pantallas de dispositivos, disminuye la secreción de melatonina, hormona que regula el ciclo del sueño y vigilia, y aumenta los niveles de cortisol, hormona del estrés. Esto impide a la persona dormir de forma adecuada.

Para evitar complicaciones se deben establecer horarios de descanso y evitar el uso de dispositivos móviles por lo menos dos horas antes de dormir, con el objetivo de conciliar el sueño de inmediato.**

 

Es el uso de la melatonina que se pierde, lo que en España preocupa que se administre sin la supervisión médica, pero España siempre ha tenido el vicio de la automedicación, favorecido por el propio Estado que ahorra mucho en recursos de todo tipo al ahorrarse los médicos y los medicamentos, que son asumidos por el (im)paciente. Ahora se denuncia el uso abusivo de la melatonina y se mira especialmente a los niños.

¡Un tercio de los niños españoles tienen trastornos del sueño! ¿Sabemos lo que eso supone realmente? Algunos lo habrán traducido a términos de "mercado" y habrán hecho sus cálculos.

Hemos tratado aquí en varias ocasiones el hecho de que España esté a la cabeza mundial del consumo de ansiolíticos. Ya sabemos desde qué edades comienza todo esto. La continuidad entre niños y adolescentes que no duermen y en adultos que no duermen por estar angustiados es clara.

Basta salir a la calle, donde hay que ir esquivando personas que van mirando el móvil, sin levantar la vista de la pantalla, para entender que no son esos adultos los que van a enseñar a sus hijos a usar correctamente el teléfono. Es más frecuente, como hemos señalado hace unos días, acercar el teléfono encendido al bebé menor de una año, para que calme su ansiedad y llanto. Basta un trayecto en metro o tren, darse un paseo por el parque para comprobarlo de primera mano. Yo lo veo cada día.

Ahora ya tenemos en las televisiones esos "expertos" que nos hablan de lo feo que está prohibir cosas a los niños. Son muchos millones en teléfonos que se compran o regalan a los niño o, más frecuente, dejar al niño el móvil antiguo para aprovechar y cambiar el del adulto.  ¿Se lo vas a quitar? ¡Qué feo!


* "Los expertos alertan del aumento de melatonina en niños y piden que se haga con receta médica" RTVE.es Telediario 11/12/2023 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-1/expertos-alertan-aumento-uso-melatonina-ninos/7032678/

** "Uso excesivo de dispositivos móviles provoca alteraciones del sueño, advierte especialista" Secretaría de Salud (Gobierno de México) 29/05/2023  https://www.gob.mx/salud/es/articulos/uso-excesivo-de-dispositivos-moviles-provoca-alteraciones-del-sueno-advierte-especialista#:~:text=Al%20estar%20expuestos%20por%20tiempos,persona%20dormir%20de%20forma%20adecuada



jueves, 23 de noviembre de 2023

La puerta de entrada telefónica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Seguimos sin asumir que lo que se aprende hoy es lo que se hará mañana. Seguimos pensando que la infancia y la adolescencia tienen una puerta que se cierra cuando se termina el proceso. Seguimos con una imagen idealizada de la infancia. La realidad nos muestra lo contrario: el descenso de la violencia, de los ataques sexuales en colegios e institutos. Nos decían ayer que uno de cada cuatro menores cree que la "violencia de género" es "ideología", siguiendo la fórmula de los "tradicionalistas" y "defensores" de las familias "como Dios manda". Pero la realidad es otra.

La puerta de entrada a la infancia la hemos facilitado nosotros: el teléfono móvil, que vuelve a estar en el centro de cada caso de perversión hacia la infancia. En RTVE.es nos informan del último caso masivo detectado:

La Ertzaintza investiga dos grupos de Whatsapp con mensajes de contenido pornográfico, machista, racista, homófobo y franquista, a los que están siendo invitados cientos de alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) de varios colegios de San Sebastián, después de la advertencia de un centro escolar donostiarra que detectó el contenido y está estudiando medidas colectivas y cómo apoyar a los afectados.

El colegio Aldapeta María Ikastetxea de San Sebastián ha sido quien ha alertado a los padres de que alumnos de la ESO del centro están recibiendo una "invitación para participar en un grupo de whatsapp" cuyo contenido es "altamente desagradable e inapropiado para jóvenes de esa edad" e insta a los afectados a denunciar los hechos ante la Ertzaintza.*


El teléfono es la conexión horizontal de los grupos, que redistribuyen la información. El descenso de la edad de tenencia del móvil los convierte en presas fáciles para aquellos, legales e ilegales, que desean hacerse con ellos.

El teléfono es la vía del consumo, el dispositivo que nos convierte en receptores finales de todo tipo de información. Del teléfono móvil depende cada vez más la economía presente y futura. Seguimos sin aceptar el efecto adictivo que el uso del móvil tiene. Hagan algún recorrido en transporte público y verán. Personas de todas las edades abstraídas en sus pantallas. Son adultos, pero en niños es la entrada a la vida social.

Ese aspecto central, el de la adicción, en conjunción con la adquisición de valores negativos, lleva la creación de consumidores compulsivos. Pero eso tiene unos efectos secundarios: la distorsión de la realidad y el aprendizaje de modelos de comportamiento negativos. El aprovechamiento de la curiosidad, la sorpresa, el compartir lo prohibido, etc. crean un clima que se traduce ya en el descenso de la violencia grave, en el acoso, en la sexualidad agresiva que lleva a las violaciones en grupo en colegios e institutos.

La noticia anterior es algo más que preocupante. Los contenidos que se señalan en los canales que se les ofrecen son deformadores, pésima influencia en la formación, que pasa a ser distorsión. Los perversores saben lo que hace: negocio actual y siembra para el futuro.

El diario ABC le dedica un intenso reportaje en el que el titular habla de la posibilidad de que los chats hayan sido creados con Inteligencia Artificial por alguien, dado que observan algunas peculiaridades en su funcionamiento. ABC nos describe los chats:

El primero animaba a «meter a gente hasta llegar al millón» y el segundo, a «meter a gente hasta que nos hagamos famosos». Así se inició una cadena que ha ido creciendo y que se ha extendido como la pólvora en la capital guipuzcoana. Según fuentes de la dirección de Aldapeta María, el suyo no es el único centro afectado. Eizmendi ha explicado a los medios de comunicación que le constan «más de mil» usuarios de diversos centros educativos, la mayoría con edades que rondan los 12-14 años. Comprobó, además, que eran «al menos dos grupos» diferentes los que albergaban la misma tipología de mensajes. Al cierre de esta edición, a la denuncia inicial ante la Ertzaintza se había formalizado una segunda, también de otro centro concertado de San Sebastián.**

Las ideas de "hacerlo crecer" como un reto y "hacerse famosos" apunta directamente a una motivación simple pero eficaz. Como en todo este tipo de acciones, la conversión en viral es esencial. No basta con "consumir", es necesario "distribuir", hacer crecer. La técnica es sencilla para implicar a cada uno en esa totalidad en la que se sienten formar parte de algo.

El lugar central de la página web de El Mundo lo ocupa la historia de ludopatía, con el titular "Unai, de ludópata a 'salvachavales': "Los chicos de hoy lo tienen muy difícil, los móviles son como droga"". No se puede decir más claro. Hoy se busca la adicción como forma de generar una esclavitud, una dependencia respecto a algo, en este caso el juego. Pero igual que el juego puede ser la violencia o la sexualidad.

Nos falla el sistema. La sociedad es una forma de civilizar lo que llevamos dentro para posibilitar la vida en común. La violencia, las adicciones diversas, están ahí y solo el efecto civilizador es el que hace surgir en nosotros el deseo positivo de ver el mundo. Igualdad, solidaridad, apoyos, etc. no surgen en nosotros por las buenas sino porque estamos rodeados de ejemplos que nos incitan a seguir su línea. Pero si lo que recibimos son estímulos hacia la violencia, al odio, etc. creceremos con esas peligrosas raíces. La base de la perversión no es otra.

Se entremezcla esto con la facilidad y la codicia, que hace que una vez institucionalizada cualquiera crea que la vía más rápida para el enriquecimiento, el poder, etc. es la mejor. La idea de negocio es esencial en esto. Detrás del uso del teléfono a esas edades está el deseo de ampliar el negocio. Su valor sube si llega a más gente y amplía los mercados, tanto los legales como los ilegales. La mezcla de la codicia de unos, con la inoperancia de otros, el ampliar las bases de la perversión como ampliación de comunidad futura, hace que sea difícil escuchar respuestas reales más allá de los afectados directamente. Pero ¿cuántas familias están dispuestas a la lucha diaria para no dejar un móvil hasta los 16 años, como algunos proponen? ¿Cuántos centros escolares están dispuestos a prohibir la entrada de móviles? ¿Cuántas administraciones estarían dispuestas a multar a centros y familias?

El problema no son solo esas redes, con IA o sin IA. El problema es no ir a la cuestión que está en la raíz, la falta de acuerdo por comodidad. Cada vez será más complicado cerrar la puerta de entrada porque cada vez hay más personas que ya han crecido con un teléfono permanentemente en las manos. Habrá más ludópatas, más violentos, más abusadores, etc. Es lo que se aprende. 


* "Investigan dos chats con cientos de alumnos de varios colegios de San Sebastián con contenido pornográfico" RTVE.es 22/11/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231122/investigan-chats-alumnos-colegios-san-sebastian-contenido-pornografico/2461556.shtml

** "Unai, de ludópata a 'salvachavales': "Los chicos de hoy lo tienen muy difícil, los móviles son como droga"" El Mundo 22/11/2023 https://www.elmundo.es/papel/2023/11/22/655e3d8cfc6c8379098b45d7.html

sábado, 11 de noviembre de 2023

La batalla del móvil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En su Comprender los medios de comunicación (1964), el canadiense Marshall McLuhan escribió:

La descomposición de la tribu por la capacidad de leer y escribir y sus efectos traumáticos sobre el hombre tribal es el tema de un libro del psiquiatra J. C. Carothers, The African Mind in Health and Disease (Organización Mundial de la Salud, Ginebra, 1953). Gran parte de su material apareció en un artículo de la revista Psychiatry, de noviembre de 1959: «La cultura, la psiquiatría y la palabra escrita». Una vez más, es la velocidad eléctrica la que ha revelado las líneas de fuerza que, desde la tecnología occidental, operan incluso en las zonas más remotas de la sabana y del desierto. Un ejemplo de ello es el beduino montado en camello y escuchando la radio. (trad. Patrick Ducher)


Para el McLuhan profeta de los medios, ese ejemplo representan el punto en el que la tribalización vuelve a reinar tras el episodio de la individualización de la escritura. Escritura y lectura nos distancian, mientras que el mundo oral es colectivo. La electrificación, señala McLuhan, nos lleva a las tribus, representadas por ese beduino sobre su camello escuchando la radio, la nueva oralidad eléctrica.

Hoy el beduino no tendría una radio en su mano, sino un teléfono móvil con el que podría estar conectado por videoconferencia con sus colegas tribales o de cualquier parte del mundo, chatear, escuchar música, hacer fotos desde lo alto de su camello recogiendo la belleza de las puestas de sol y podría tener una aplicación para saber la posición de los animales que vigilara, entre otras muchas cosas.

El mundo del beduino ya no es solo eléctrico, como el descrito por McLuhan, sino digital y global. Todo pasa por su móvil y su móvil es el centro de su mundo. Desde allí recibe todo y desde allí emite todo.

En cierto sentido, todos somos ya ese beduino en lo alto de un camello, conectados al mundo y, a la vez, lejos de él. El móvil conecta y aísla simultáneamente. Estar conectados, además, implica una dimensión teatral. No somos más nosotros mismos, sino más el resultado de las miradas de los otros, que nos modelan con sus imposiciones. Cuantas más conexiones, más dimensiones del yo en marcha.

El teléfono móvil se ha convertido en un centro absorbente de atención que nos aísla a la vez que nos conecta. Nos aísla de todo lo que no aparase en la pantalla, escenario feroz de una guerra no declarada, una "operación especial", que diría Vladimir Putin, en nuestro cerebro.

Los psicólogos y educadores nos lo advierten. Los profesores universitarios lo padecemos como en cualquier otro nivel. Lo padecemos de dos formas. A) desde la perspectiva de los contenidos, han empleado la mayor parte de su tiempo en atender lo que el móvil les demanda, olvidando atender muchas otras cosas; sencillamente se han movido por el mundo durante unas décadas ya ignorando todo aquello que no aparece en las pantallas. Nada de Literatura, cine, etc. solo lo que el móvil les manda para tener la sensación de que están "conectados" al mundo. B) como nos explican psicólogos y economistas, el descenso de la edad de uso del móvil busca generar una adicción. Esto cambia el sentido del tiempo y se produce una incapacidad de mantener la atención, algo que constituye la queja en colegios, institutos y universidades. La atención fija se convierte en un imposible de sostener cuando el hábito es el cambio permanente, la necesidad de fijar la mira en el móvil el deseo incontrolable de verificar si se han puesto en contacto con los nosotros. He proyectado películas mientras los alumnos eran incapaces de fijar la mirada en la pantalla y esta se les iba irresistiblemente hacia sus teléfonos.

Hace unos días asistí a una comida en la que el hijo, mayor de 20 años, mantuvo todo el tiempo el teléfono bajo la mesa. Sus ojos iban del plato a la pantalla, entre bocado y bocado. No había otro movimiento; no dirigió una palabra a sus padres en toda la comida.

La guerra del móvil va a comenzar ya. Más bien se trata de una "reconquista" de un territorio, el atencional, para poder llenarlo de contenido antes de que se convierta en eso que han llamado "memoria de pez", algo que apenas dura unos segundos.

La guerra por recuperar la atención se presenta fuertemente disputada, épica. Se trata de convencer a las víctimas de que lo son, de que está perdiendo gran parte de su vida en cosas efímeras por definición, una larga cola de instantes intranscendentes.

Los libros se acumulan sobre esta cuestión. A los que viven de ella no les importan. Lo disfrazan como parte de la "nueva economía", la que se disputa nuestra atención, la que le pone precio. El problema es que su objetivo es formar adictos distraídos, gentes incapaces de separar sus ojos de esas pantallas que hoy muchos piden prohibir en los colegios. Como a todo adicto, la supresión de su materia de adicción conlleva efectos de irritación, violencia, etc.  Los padres que han dejado a sus hijos teléfonos para poder estar tranquilos mientras consultan los suyos experimentarán ahora los efectos de esos años con el móvil en la mano, ojos y mente.

Por allí han dejado de pasar libros, películas, etc. Es la conexión al momento y la negación del pasado como legado. Generaciones ligeras, cargadas solo con el presente, incapaces de conectar con la cultura. Esto es ya un hecho y la diferencia entre los que son incapaces de dejar el móvil y los que han sido educados de otra forma empieza a ser abismal. Afecta directamente a la educación y, por ello, a nuestras vidas en lo personal, lo relacional y lo cultural.

Solo beduinos en el desierto, con el móvil en las manos. No hay más. Una nueva forma de tribu, aislada y a la vez conectada a través de los móviles o dispositivos que les hacen sentir que hay algo más allá de las pantallas, un estímulo constante y adictivo a la virtualidad.

 

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Los niños, los móviles y la atención

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En Antena 3 plantean de nuevo la posibilidad de que las Comunidades Autónomas, que son las que tienen las competencia educativas, prohíban el uso de los teléfonos móviles en las aulas de los centros públicos a los menores de 15 años. El artículo recoge algunos países donde esa medida se está implantando ante los resultados del uso de los móviles.

No sé muy bien cuál es el espacio para la especulación porque todos los informes existentes y, mejor todavía, las experiencias de los docentes apuntan a lo mismo. Es más, cada vez hay más estudios y publicaciones que hablan de los efectos negativos. Esto además incluye un factor esencial: los efectos se producen en el momento "natural" del aprendizaje, en un periodo en el que se forman y que se ve alterado por toda una serie de efectos y también por una pérdida de tiempo que se debería dedicar a la formación real, a lo más valioso. Si al teléfono le sumamos el tiempo que consume el otro gran devorador de tiempo y atención, los videojuegos, veremos que el panorama es realmente penoso.

Ayer hablábamos aquí de los semáforos en el suelo en Sabadell instalados porque la gente cruza las calles sin quitar la vista de la pantalla, con el peligro que esto supone. Pero si esto es crucial en la infancia y adolescencia, basta con ver los efectos en los adultos, en la pérdida de demasiadas cosas, de la conversación a la atención a los que nos rodean. Hablamos de los niños, pero ¿y los padres? Acérquese a un parque y verá lo que sucede. Durante la pandemia, los psicólogos y los medios especulaban sobre aquellos pobres bebés que crecerían sin ver las caras de sus padres y demás porque llevaban mascarillas. Hoy vemos pasear a bebés en cochecitos, aburridos, sin estímulo alguno, mientras sus padres consultan el teléfono. Muy poquitos van con las manos libres y miran a sus hijos, les hablan. Sobre todo en las edades más tempranas, la indiferencia es enorme. La cara de los niños lo refleja a la perfección. ¿Qué de extraño tiene que quieran pronto un móvil, como sus padres?

La generación que no lee, no ve cine, ni escucha algo más que lo que le ofrecen está ya en los niveles universitarios. Ya te hablan de videojuegos de la misma manera que antes te hablaban de la literatura, el cine o cualquier otro arte con capacidad de desarrollo formativo.

Hay dos libros que les recomiendo encarecidamente. Son muy diferentes pero con un mismo tema, el robo de la atención, es decir, la forma en que se secuestra para evitar que se centre en algo que no sea rentable para las grandes empresas de las comunicaciones que han creado este nuevo mundo y su capitalismo tecnocrático. El objetivo de las mismas es crear esa adicción que basta con que se suba a un transporte público para comprobar: miles de personas con la mirada perdida en el móvil. Ya son de todas las edades porque esto no comenzó ayer.

Son dos libros muy diferentes en extensión y enfoque. El primero de ellos fue declarado libro del año por The New York Times, se titula "Mercaderes de atención: La lucha épica por entrar en nuestra cabeza" (Capitán Swing, 2017, ed. española 2020) y está escrito por Tim Wu, un profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Columbia. Su traductora es Paula Zumalacárregui. Esa "lucha épica" que describe da lugar a una interesante historia de algo a lo que hemos llegado hoy, pero que comenzó precisamente con la llegada de los periódicos en las primeras décadas del siglo XIX cuyo objetivo era buscar la contratación de la publicidad a la que somos vendidos. El libro son quinientas páginas en las que se va comprobando cómo cada nuevo medio creado acababa al servicio de ese mercadeo atencional que nos saca de nuestro pensamiento y nos sumerge en un flujo que nos arrastra consumiendo nuestro tiempo, es decir, nuestra vida. La obra avanza paso a paso mostrándonos los nombres de aquellos que fueron diseñando este espacio en el que nos encontramos. Del XIX al XXI, nos muestra todos los pasos dados. Puede decirse que es una historia de las comunicaciones modernas desde esta perspectiva, desde ese secuestro atencional.

La otra obra tiene un estilo muy diferente, un tono y enfoque que apunta directamente al problema y no se anda con contemplaciones. El dedo señala de forma continuada a los responsables de este mundo alterado. El autor es Bruno Patino, decano la escuela de Periodismo Sciences Po y director de Arte France, y su título es "La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención" (Alianza Editorial). Apareció en 2019 en su versión original francesa y está traducida por Alicia Martorell. Está en su cuarta reimpresión en 2023.

Allí donde Wu saca sus dotes de analista histórico, Patino se lanza a la yugular y expone las distintas patologías desarrolladas por este sistema viciado. "Ha llegado —nos dice— el momento de combatir, no para rechazar la civilización digital, sino para transformarla en su naturaleza y recuperar el ideal humanista que movía a los primeros utopistas de la eclosión del mundo digital" (20).

So dos libros importantes para comprender esta realidad reductora, adictiva y trivial, que comercia con todo con tal de que no apartemos los ojos de ella. El teléfono, como nos señala Wu, no es el origen sino una pieza más en un proceso de transformación del capitalismo que ha adquirido tal poder sobre nosotros que es difícil de resistir o evitar.

La polémica de nuestros responsables educativos es una polémica tonta más que añadir a nuestra lista nacional o regional. El daño causado es grande y no cesa. Puede que a muchos no les importe estar rodeados de personas que ya no hablan, solo discuten, que son movidos como títeres por los hilos atencionales. A otros sí nos importa, especialmente cuando la enseñanza es tu trabajo y vocación. Es triste ver cómo algo tan grande, tan poderoso, queda en manos de manipuladores con enorme capacidad económica (es el negocio del siglo) y muy pocos escrúpulos. Han puesto a su servicio la tecnología y, sin duda, la propia Ciencia, que investiga para ellos, para realizar una más sutil manipulación de las mentes y del comportamiento consiguiente. Desgraciadamente, en muchas de nuestras Facultades de Comunicación es ya el camino reglado. Enseñar a manipular es el objetivo declarado sin tapujos.

Una de las cosas en las que inciden los libros sobre economía de la atención es que no se trata de una imposición, sino de una adicción. Son las personas las que reclaman más. Por eso la atención a la infancia es un objetivo: es allí donde se forman los consumidores futuros que, sin defensas, demandan más dejando su tiempo ante las pantallas en un continuo explorar mecanizado, sin más sentido que la incapacidad de hacer otra cosa. El libro de Bruno Patino, por ejemplo, explora las diversas patologías que se han formado en este proceso creciente.

Qué hacer con los menores y los teléfonos en las escuelas es una pregunta con poco sentido cuando miramos la sociedad que pasa ante nosotros. Quizá ya es tarde.