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viernes, 4 de junio de 2021

La presión sobre China y sus efectos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La Vanguardia titula "Biden amplía las sanciones a empresas chinas" y añade lo que es desde hace tiempo una evidencia: "El líder demócrata mantiene la línea dura aplicada por Trump y veta las inversiones americanas en más compañías del gigante asiático". El hecho de que los republicanos y los demócratas estén de acuerdo en esto y, especialmente, que alguien esté de acuerdo con lo que hizo Trump en política exterior es indicativo de que lo que se ve es solo la superficie. Por decirlo directamente: los motivos aludidos para las sanciones son la cortina de humo para encubrir lo que es la rivalidad económica. No se niega con esto que los hechos existan, pero sí que las diferencias de valoración se hacen desde un parámetro, la economía, y con una intención, frenar como sea el desarrollo de China y eso se hace fundamentalmente a través de sanciones y, sobre todo, de la creación de un clima anti chino que impida el establecimiento de relaciones económicas intensas, es decir, cerrarle mercados y quitarle clientes.

Escribe Beatriz Navarro en La Vanguardia en la apertura del artículo señalado: 

 

China es uno de los pocos temas que en un momento de máxima división nacional en Estados Unidos sigue suscitando unidad entre demócratas y republicanos. El presidente Joe Biden confirmó ayer implícitamente que piensa mantener la línea dura aplicada por su predecesor, Donald Trump, en las relaciones con Pekín al añadir nuevas empresas más a la lista de compañías en las que los estadounidenses tienen prohibido invertir debido a sus supuestos lazos con el ejército chino. La mayoría pertenecen al sector de la defensa o la videovigilancia.

Oficialmente, la Administración Biden está  todavía inmersa en su reevaluación de sus relaciones con China para decidir por ejemplo qué hacer con los aranceles impuestos durante la etapa de Trump, que de momento se ha mantenido. La decisión adoptada ayer por Biden con la firma de una nueva orden ejecutiva que eleva a 59 la cifra de sociedades afectadas no augura de momento una relajación de la presión.

Algunas de las últimas 11 añadidas al listado son filiales de grandes empresas ya sancionadas como Huawei, la Corporación de Aviación Industrial o Hangzhou Hikvision Digital Technology, fabricante de las cámaras de videovigilancia y reconocimiento facial utilizadas por Pekín para vigilar a los uygures. Algunas de estas también están afectadas por la decisión de la administración Trump de sancionar a algunas empresas por su papel en la represión de esta minoría.*

 


Lo que sorprende e irrita es la utilización hipócrita, farisea, del caso de los uygures, Hong Kong o de la frontera india para encubrir lo que son las verdaderas intenciones norteamericanas, frenar el desarrollo chino, al que atribuyen su decadencia económica, que no es sino el resultado del propio sistema económico norteamericano, que dejó de producir para ponerse a comprar para obtener más beneficios. Es la codicia el mal que asola al sistema económico norteamericano. Hace años lo explicaban diciendo que Wal-Mart, la cadena de supermercados norteamericana, había ocupado el lugar de General Motors. Para obtener más beneficios, los norteamericanos cerraron fábricas y abrieron supermercados. Aplicando la lógica del mercado global, favorecida por ellos mismos, no se dieron cuenta que se producía el mismo fenómeno que en otros países, el hundimiento del mercado de mercado de trabajo y el aumento de la brecha entre ricos y pobres. Los ricos se hacían más ricos y los pobres más y más pobres. Los ataques de Trump a la inmigración no eran solo racistas, sino injustos. La pobreza al sur de la frontera del Río Grande es la garantía de mano de obra barata al norte. Por eso Trump exigió a las empresas su regreso a los Estados Unidos, su regreso de aquellos lugares en los que se habían asentado para producir barato. A esto se le suman la cuestión de elevar los precios de terceros países mediante la imposición de aranceles que reduzcan las diferencias de precios y, en tercer lugar algo muy importante: una guerra de desinformación y descrédito mediante una amplificación mediática de problemas, existentes o inducidos con este fin. Esta política tiene un inconveniente interior, tal como apuntaban hace unos días en The New York Times: el aumento de la violencia xenófoba y racista contra los asiático americanos, muchas veces ni siquiera de origen chino, pues al racista le basta con ver ojos rasgados. Aquí hemos comentado los casos de norteamericanos de origen coreano, por ejemplo, que han sufrido ataques racistas.



La coincidencia de fines entre demócratas y republicanos, radicalmente enfrentados con una brutal división evidenciada en las últimas elecciones, se diluye frente a China. La diferencia es solo el tipo de excusa utilizada por unos y otros. Los demócratas se basan en cuestiones de derechos humanos, mientras que los republicanos de Trump, que han ido por el mundo abrazando dictadores sin disimulo hasta niveles nunca vistos anteriormente, les basta con hablar de anti comunismo. Recordemos la expresión de Donald Trump refiriéndose a Abdel Fattah al-Sisi, el presidente egipcio, como "su dictador favorito".

Sorprendentemente, esta nueva guerra fría no se ha producido por cuestiones ideológicas, como se alega, sino cuando China ha logrado el desarrollo que hace peligrar el control norteamericano del mundo. El reciente escándalo del espionaje norteamericano a sus amigos y aliados a través de Dinamarca hace ver no hay "amigos" o "aliados", solo "competidores" y "compradores". Las ventas de armamento en Oriente Medio realizadas por Trump muestran dónde está el interés en "pacificar" la zona en los que iba a ser el "acuerdo del siglo", desarrollado por su yerno, convertido en enviado personal a hacer negocios de armas y acuerdos.

No le ha preocupado a Biden estos días que el reconocimiento del Sahara como territorio marroquí se hiciera con ventas de armas a cambio del reconocimiento del traslado de la capital a Israel. Parecen preocuparse mucho por los uigures, pero poco por los saharauis y por los acuerdos de Naciones Unidas sobre el referéndum. Es de nuevo la política de los "intereses" que se trata, con Biden, de camuflar entre olores a incienso y grandes palabras. Pero la realidad es la que es hay "dictadores buenos" y "dictadores malos" repartidos por el mundo y hay democracias que pueden ser espiadas si compiten, como hemos visto con el caso danés y los países de la Unión, incluida la "peligrosa Alemania".




Los Estados Unidos puede tener sus estrategias y jugar sus bazas, pero ya no es sostenible ni el altruismo ni la superioridad moral, ni por lo que ocurre dentro de sus fronteras ni por sus acciones exteriores, Como señalamos hace unos días, la teoría de que el inquilino de la Casa Blanca recién llegado supone borrón y cuenta nueva, que lo anterior debe ser olvidado y lo nuevo reinterpretado, hace mucho que dejó de funcionar por los propios cambios en su política. Solo cambia el lenguaje. Lo que acaba siendo una constante, en cambio, es la voluntad de dominio, es decir, de que todos se deben ajustar a su visión. En la medida en que esa visión es cada día más ajustada a sus intereses, los conflictos que se presentan son mayores, situando a los aliados en tensión permanente. En este sentido la presidencia de Trump ha tenido el valor de quitarse la máscara y mostrar cómo es la fuerza y el interés propio lo que se ha ido imponiendo como línea de acción.

No es el mejor camino, especialmente para una Europa a la que se intenta igualmente debilitar y dividir. Citemos de nuevo a Trump, "¡llamadme Mr. Brexit!", donde dejó claro cuál era la postura que más interesaba a los Estados Unidos; recordemos que la visión de la OTAN como un "servicio de protección" que había que pagar y su enfado cuando Europa empezó a moverse hacia un ejército defensivo común y especialmente producir armamento europeo y no comprar el norteamericano. El enfado (y las amenazas) de Trump fueron monumentales y se tradujeron en mayores conflictos en los bordes de Europa, de Turquía a Irán y a todo el Mediterráneo, a las fronteras ucranianas. De esta forma, la inseguridad creciente obligaba a ceder. Los países europeos más "fieles" a Trump han sido precisamente los más próximos a la frontera con Rusia.

En Asia el procedimiento ha sido igual. Aumentando los niveles de crisis con China, los países que la rodean se sentían amenazados y las esperanzas iniciales de crear una zona asiática de comercio se fueron al traste. La creación de conflictos con China en pocos meses, de las fronteras con la India a el temor a ser invadidos en Taiwán a las preocupaciones por el potencial militar de resistencia de Japón al miedo de Corea del Sur obedecen a una bien orquestada campaña de sembrar el miedo como las diseñadas por Trump, probablemente porque sigan siendo los mismos que los que las orquestan con intenciones iguales.

El descubrimiento de que Estados Unidos ha sido rebasado en su propio terreno, el de la globalización, en el intento de convertir el mundo en mercado de los productos norteamericanos ha tenido justo el efecto contrario: los propios norteamericanos rebajaron su producción y se dedicaron a comprar y a producir fuera de sus propias fronteras, como hemos señalado. 

Los mismos Estados Unidos que dejaron tirada a la OMS por la pandemia, que se salía los tratados climáticos, de los grandes grupos de países para no tener que dar cuentas a nadie de sus acciones, etc. trata ahora de aislar a China para frenar su desarrollo. El propio Biden, no Trump, ha señalado que su objetivo es frenar el desarrollo de China. Ante esto, no queda mucho que explicar.

Cuando Estados hace algo por el mundo es muestra de su generosidad; cuando lo hace China, es propaganda. Lo hemos visto con la pandemia cuando China ha enviado mascarillas o material sanitario a terceros países. Deja de ser "ayuda humanitaria" y es un intento de tapar su imagen, que es la que se debe ver en los medios norteamericanos más activos en la política anti China.



En estos instantes, el artículo destacado en la CNN se titula y parte de un juego de palabras contra Nueva Zelanda: de "New Zeland" a "New Xi Land", un típico juego de propaganda memética para descalificar a la primara ministra del país, la valorada Jacinda Arden, que no se ha sumado a los ataques contra China no firmando una declaración de los "Five Eyes", los cinco países que tienen su propia alianza de "inteligencia" con la que cubren los frentes europeo (Gran Bretaña) y asiático (Nueva Zelanda y Australia) y americano (USA y Canadá). La simple composición muestra la base del imperio británico ahora liderado por su colonia principal, los Estados Unidos.



El "delito" de la primera ministra neozelandesa es no sumarse a los bloqueos a China. En la CNN, el titular es "New Zealand is a Five Eyes outlier on China. It may have to pick a side" y está firmado por  Julia Hollingsworth. En él se señala al inicio:

 

"Could it be that New Zealand is turning into ... New Xi Land?" questioned an ominous voice over.

It was part of a preview for an incendiary segment of Australian TV show "60 Minutes" premised on the idea that New Zealand is so desperate to keep China, its biggest trading partner, onside that it has cast aside both its morals and its friendship with Canberra.

The clip quickly spread online, and on Monday Australian Prime Minister Scott Morrison flatly denied its suggestion that New Zealand's approach to China was jeopardizing its relations with Australia.

"Australia and New Zealand are trading nations, but neither of us would ever trade our sovereignty or our values," Morrison said after talks with Prime Minister Jacinda Ardern in New Zealand's star tourist attraction, Queenstown.

The phrasing of the 60 Minutes clip may have been bombastic -- New Zealand is hardly "New Xi Land" -- but it spoke to ongoing questions over New Zealand's close relationship with Beijing at a time when other countries are taking a tougher approach to China.

In the past year, other members of Five Eyes -- a Cold War-era partnership to share intelligence between the United States, Canada, United Kingdom, Australia and New Zealand -- have stepped up criticism of Beijing over alleged human rights abuses in Hong Kong and Xinjiang, even labeling Beijing's actions in the latter a "genocide." New Zealand has shied away from going that far.

On Monday, Ardern rejected suggestions New Zealand wasn't taking a strong stance on "incredibly important issues" relating to China, and said it had no intention of abandoning the five-nation alliance.

"When it comes to the matter of Five Eyes, we remain a committed member. That is not in question, not in doubt," Ardern said.

Ardern and her Foreign Minister Nanaia Mahuta have previously played down criticism they could be doing more on human rights, saying New Zealand is merely forging its own international relations path.

That position presents Arden with a delicate balancing act: she needs to be seen to be backing her Five Eyes allies and their criticism on China, but without being so outspoken that New Zealand is landed with the type of sanctions Beijing has imposed on Australia.

For some, it's not just trade that's at stake: if New Zealand is seen as failing to take a strong stance on China, it risks damaging its reputation as a moral leader on human rights.**

 


Los "Cinco Ojos" parecen tener que mirar en la misma dirección y ver lo mismo. ¿Hundirán a Jacinda Ardern con campañas internacionales como forma de presión? Ahí es donde los medios orquestados actúan a la perfección. En el mismo artículo de la CNN se incluye un enlace: "Just what are the Kiwis up to now? TONIGHT on #60Mins, we thought they were our best friends, but it looks like they've ditched us for a fast Chinese buck." Los neozelandeses son los "kiwis" y su pobre "moralidad" les lleva a venderse al "dinero fácil" del comercio con China. Nueva Zelanda es ahora la traidora "Xi Land". Que esto venga de Australia precisamente, muestra hasta qué punto se está llegando en el cerco.

El intento de tener una política propia es visto como un desafío imperdonable. Puede prepararse Nueva Zelanda y su primera ministra a recibir todo tipo de campañas y boicots si decide mantener una línea independiente.



No es casual que sea Australia quien ataque a Nueva Zelanda de forma más personalizada. Es el país que peor parado ha salido de la confrontación con China, que ha respondido con firmeza a los intentos australianos de imponer sanciones.

Una cosa es clara: el tamaño de China es muy grande en dos sentidos, como potencia productiva, pero sobre todo como mercado. Las sanciones contra ella se pagan porque China tiene un potencial de respuesta económica muy amplio y en muchos niveles, que van desde la producción y la compra a su influencia sobre el dólar. Los intentos de ningunear a China se pueden pagar caros.




En la BBC comentaba el nuevo lanzamiento del sistema operativo de Huawei, que se vio obligado a crear uno propio ante las prohibiciones de los Estados Unidos de que se le permitiera acceder a las aplicaciones, convirtiendo en el teléfono en un modelo de aislamiento como el que se quiere aplicar a la propia China. De encarcelar a la hija del jefe de Huawei a las afirmaciones de que el futuro (¡gran capacidad visionaria!) Huawei serviría al gobierno chino a vigilar a toda la Humanidad (algo que por cierto hace Estados Unidos, como hemos visto con lo ocurrido en Dinamarca), casi logran hundir la compañía en la parte telefónica. Un teléfono que no puede utilizar las aplicaciones de otros teléfonos se ve limitado, lo que sirvió para que los potenciales compradores de occidente se alejaran de un teléfono que se había convertido en líder mundial. Eso no se perdona, al igual que el desarrollo de la red 5G que Europa quería desarrollar y que desencadenó las iras norteamericanas.

La BBC anuncia que Huawei ha lanzado su sistema operativo. Esta es la descripción que se hace:

 

China's official Xinhua News Agency reports that the Shenzhen-based tech giant is anticipating 300 million devices to be equipped with HarmonyOS by the end of the year.

There has been great excitement ahead of the launch inside China, said the BBC's China media analyst Kerry Allen.

"Social media users have picked up on how the characters for 'harmony', 'hong' and 'meng', mean 'ambition', and 'kindness'", she said.

"Divisions of China's youth movement, the Communist Youth League, and even fire rescue and official courthouse accounts, have been promoting the new system. In the last week, more than 17 million Weibo users have read posts that include the hashtag 'TheHarmonySmartphoneSystemIsHere'."***


 

Si los Boy Scouts compraran todos un iPhone y se pasaran todos a Apple, el presidente Biden les daría las gracias con lágrimas en los ojos por ese gesto patriótico. Se haría una gran celebración y se invocarían a todos los héroes americanos. Pero si los ciudadanos chinos, hartos de ser atacados, deciden comprar teléfonos Huawei se trata de una maniobra opresora del Partido Comunista Chino. Que los chinos deseen comprar su propio teléfono es considerado manipulación por lo visto de la BBC y no como una reacción (ni la primera ni la última) de hartazgo a ser considerados como ciudadanos de tercera categoría sometidos a los dictados despóticos de un nuevo emperador.

Que los españoles consuman productos españoles, por ejemplo, es un acto solidario y patriótico; que lo hagan los chinos es parte del lavado de cerebro, de la manipulación. Si un país democrático como Nueva Zelanda decide mantener su propia política con China, es traidora a la Humanidad y su primera ministra una vendida y depravada, insensible a los derechos humanos. Es siempre la ley del embudo, donde se parte de esa visión mesiánica que ha cegado a los Estados Unidos para ver sus propios defectos y problemas, hasta que le estallan, como ha ocurrido este año y sigue ocurriendo. Estados Unidos ver ridículo lo que llega de China e ignora cómo se sienten o dejan de sentir los chinos porque realmente no le preocupa. Y eso es lo más irritante, que se tanto con las palabras. No se puede apoyar dictadores retrógrados del mundo árabe, poseedores del petróleo, y después juzgar al mundo o atacar a Nueva Zelanda por mantener relaciones comerciales. Hay que ser congruentes.



Lo que está muy claro es que vamos a pagar entre todos la estudiada y anticipada decadencia americana o su atraso en muchos campos y su incapacidad de asimilarla. Las contradicciones de un orden mundial diseñado por ellos ha tenido como efecto la emergencia de agentes nuevos, como la propia Unión Europea y la misma China, que no hizo sino aprovechar las condiciones del comercio creadas. Que el sistema es imperfecto, desde luego, pero la forma de nivelarlo no es crear una nueva guerra fría como la que se ha montado por causa del comercio; tampoco lo es crear conflictos internacionales para asegurarse la venta de protección y armas, convirtiendo el mundo en un lugar más inseguro. Si hay que sentarse a redefinir las reglas, que se haga, pero este juego ya no da más de sí,

A Reino Unido no le ha salido bien el Brexit, alentado desde Estados Unidos, con un Nigel Farage de visita a la Torre Trump a estrechar lazos; las venidas de Steve Bannon a Europa a organizar los movimientos populistas de ultraderecha cuya finalidad es promover la inestabilidad social y la ingobernabilidad; armar o establecer pactos con países fronterizos con China, como se está haciendo con la India, etc. no son las políticas más adecuadas para un mundo más tranquilo y pacífico. Desde USA la obsesión con China se extiende a los países que se quieren sumar a esa política de frenarlos. Especialmente ocurre desde que el país se ha convertido en un mercado esencial en la economía mundial, es decir, desde que China se ha desarrollado con éxito aumentando el nivel de riqueza interior.



Mientras China era solo una fábrica barata, no había problema de "derechos humanos" o de invasión de ningún lugar próximo. Cuando China es un mercado poderoso de 1.400 millones de personas, capaz de dejar de comprar productos de fuera, dejar ver películas en las que se les caricaturiza, cuando compran sus propios productos, etc. entonces todo son males.

Necesitamos una urgente redefinición de las relaciones internacionales basadas más en la busca de acuerdos y de establecimiento de relaciones que en la forma de frenar el desarrollo de otros, entre otras cosas porque se está jugando con fuego y en cualquier momento se puede producir una situación no deseada. Cuando se enciende un fuego, no siempre es fácil controlarlo, sobre todo si se ha estado echando gasolina en la zona durante mucho tiempo. 


En política económica, no hay cambios respecto a Trump. Lo que hay es una especie de nuevo mesianismo de Biden frente a la brutalidad de Trump, pero no hay cambio real. El mundo se hace cada vez más pequeño, complejo y complicado. Lo que consigue la presión sobre China es precisamente fortalecer el liderazgo del Partido Comunista y cerrarse al exterior creando un intenso sentido nacionalista que se identifica. Eso es lo que están consiguiendo con estas políticas, mayor control y más identificación desde abajo con los de arriba. Es algo sencillo y fácil de ver y entender. Pero lo que está claro es que les importan muy poco los efectos, solo los propios resultados económicos. Frenar a China, como dijo Biden, es la consigna. Hoy es China, mañana será cualquier otro que trate de desarrollarse lejos de la tutela, como vemos ya en Europa, castigada con aranceles.

El papel de Europa tiene que ser otro distinto y no dejar solo la "opción rusa " hacia la que se empuja a los países que disienten de los Estados Unidos, algo válido de China a Turquía o Latinoamérica. Esta estrategia del conflicto y el aislamiento encadenados es muy peligrosa. La polarización mediática contra China trata de crear un clima negativo que llevar a las restricciones, pero eso tiene muchos costes y riesgos. La agresividad comercial no está solo del lado chino, como vemos cada día. Cerrar los cauces diplomáticos, los foros internacionales y crear un mundo contra China no tiene sentido. Está claro que China no va a "caer" como la Unión Soviética. Cuanto antes se den cuenta, mejor para todos.

 


* Beatriz Navarro "Biden amplía las sanciones a empresas chinas" La Vanguardia 04/06/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210604/7504445/china-eeuu-estados-unidos-sanciones-videovigilancia-uygur.html

** Julia Hollingsworth "New Zealand is a Five Eyes outlier on China. It may have to pick a side" CNN 4/06/2021 https://edition.cnn.com/2021/06/03/asia/new-zealand-xinjiang-china-intl-hnk-dst/index.html

*** Zoe Kleinman "Huawei operating system coming to smartphones in Asia" BBC 04/06/2021 https://www.bbc.com/news/technology-57316621






viernes, 2 de abril de 2021

Antes del coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La CNN nos trae un reportaje sobre la caída de la compañía Huawei de su primer puesto en ventas mundiales de teléfonos inteligentes. Antes del Coronavirus estaba Huawei.

Antes de que saltaran las alarmas por el coronavirus, por el "virus chino" de Trump, estaba el desafió del liderazgo de Huawei en el sector de los teléfonos inteligentes. Y todo empezó a enrarecerse cuando Europa decidió apuntarse a lo que en China estaba más desarrollado que en el resto del mundo, las redes 5G, el futuro de la llamada "Internet de la cosas", la interconexión entre todos los elementos de nuestra vida cotidiana, para lo que se necesitaba superar el 4G y adentrarse en redes más potentes, redes capaces de canalizar toda esa información. El tráfico de datos se dispara con las posibilidades que se contemplan y se necesitan bandas más rápidas, casi instantaneidad de los contactos para que todo funcione como debe. El problema era que esa tecnología no llegaba desde Estados Unidos, sino desde China, el gran rival, convertido en segunda economía mundial, al que todos habían abierto las puertas por calidad y precisos, una vez superada a gran velocidad las reticencias sobre los productos provenientes de China debidamente utilizadas.



Pero el hecho que Gran Bretaña decidiera sumarse inicialmente a la tecnología de Huawei para sus 5G desató una tormenta política y comercial. 

El sentido de los negocios de Trump decía que cualquier arma en tus manos puede ser utilizada. Esta vez los poderes políticos serían usados como arma comercial. Tal como hizo con el propio Biden, cualquier rumor creado intencionadamente se convertía en excusa para desatar el sistema de vetos, aranceles y sanciones. No creo que se haya visto hasta el momento una política de tal agresividad en un mundo que hace del comercio una garantía de paz. Trump, una vez más, usaba sus armas para desatar batallas y ganar guerras. 

Conforme aumentaba la resistencia del mundo a aceptar sus puntos de vista, la estrategia de usar el poder político de Estados Unidos para imponer sus propios negocios aumentaba; eso iba desde ataques a la moneda turca a sancionar las importaciones de aceite español. Se llamó "proteccionismo", pero no deja de ser una política de matones, negadora del principio del mercado y de la competencia. A Trump le bastaba invocar la "seguridad nacional" y así frenar cualquier cosa. Sin necesidad de prueba alguna, solo invocando una seguridad vulnerada que supone simplemente que cualquier producto fabricado en China es sospechoso, de la misma forma que el Oscar a la película coreana Parásitos le parecía un desperdicio injusto y añoraba los viejos filmes como "Lo que el viento se llevó". Para Trump el poder era poder hacer lo que quisiera y, especialmente, no tener que dar explicaciones por ello.



Evidentemente esta política fue apoyada por las cámaras norteamericanas y ha llegado, como consecuencia última, a esos ataques a personas de rasgos asiáticos en las calles de sus ciudades. Lo que comienza en un punto, tiene consecuencias en otros. La mezcla de estrategias comerciales y de ataques indiscriminados ha causado un aumento del racismo convertido en "nacionalismo populista". "Tú no perteneces a este lugar", le gritaba el valiente patriota afroamericano a la ciudadana asiático norteamericana de 65 años mientras la pateaba brutalmente en el suelo. Las puertas se cerraban a su alrededor, indiferentes. Era una asiática. 

Con Trump, autor de El arte del acuerdo, el mundo ha aprendido sobre cómo hacen negocios los poderosos. En la CNN leemos:

 

Just eight months ago, Huawei reached its longtime goal of becoming the world's biggest smartphone maker. Now, it is not even in the top three.

On Wednesday, the Chinese tech giant acknowledged that its smartphone business was suffering as US sanctions continue to stifle its growth, cutting off the company's ability to obtain critical components for its devices.

"Because of the unfair sanctions placed on us by the US, our mobile phone business saw a revenue decline," Huawei chairman Ken Hu said at a press conference in Shenzhen following the release of the company's latest earnings report.

The private company declined to specify how much revenue the unit lost last year, but the admission came as little surprise. According to data from Gartner and Counterpoint, Huawei is no longer the market leader in China, let alone globally.

Sales of Huawei's other consumer electronics — including laptops, tablets and wearable devices -— jumped 65% last year compared to 2019. Huawei has expanded its lineup of connected devices in recent years, and the latest results gives "us more confidence in our strategy," Hu said.*

 


La caída de ventas de los teléfonos inteligentes de Huawei se produce ante la prohibición de que instale los sistemas operativos producidos por las tecnológicas norteamericanas. Sin esa pieza, el teléfono funciona, sí, pero deja de poder usar las apps con las que nos manejamos. Su plan de hacer un software compatible para que los usuarios no se vieran mermados en sus posibilidades y, lógicamente, condicionados en su decisión de compra, no ha funcionado, lo que ha supuesto la caída de las ventas. Pese a ello, la compañía ha aumentado las ventas de sus otros productos, altamente competitivos.

Me sorprende ver el doble rasero de los medios norteamericanos y británicos cuando tratan del boicoteo chino a los productos o marcas extranjeras. Demuestran una ingenuidad pasmosa o una desvergüenza insólita. Después de cercar los productos que provienen de China y compiten con los suyos, después de establecer gravámenes, difundir rumores para desacreditarlos, etc. ¿pretenden que los compren?



Las interpretaciones del boicot a las compras y otros aspectos de las relaciones comerciales son realmente sorprendentes, ya que parten del principio extraño de que todo lo que hacen los chinos es inducido por el gobierno y el Partido. Los 1.400 millones de ciudadanos chinos son marionetas en manos de un gobierno que les dice qué deben comprar, azuzados por lo que llaman una "ola nacionalista". Eso dicho después de cuatro años de "America First!" y de abrazar la bandera en los actos público con cara libidinosa puede parecer una ironía, pero sorprendentemente forma parte del marco interpretativo simplista que la política norteamericana tiene al interpretar el mundo, un planeta que, según sus términos, se divide en "chicos buenos y chicos malos".

El día 26 de marzo, la CNN interpretaba así el rechazo de muchas celebridades chinas a permanecer en marcas que atacan a su país o participan en campañas de boicot:

 

Chinese celebrities are finding it increasingly difficult to stay out of politics.

Due to China's tight restrictions on free speech, most of the country's stars have been outwardly apolitical by default. But as China embraces a new wave of apparent nationalism -- promoted by the ruling Communist Party and amplified by state media -- it seems staying silent is no longer a viable option.

Over the past two days, Chinese actors, singers and models have spoken up en masse to defend Beijing's policy on Xinjiang, as a nationalist-fueled backlash erupted against some international clothing brands for expressing concerns over allegations of forced labor, and refusing to use cotton produced in the western region.

Human rights groups have accused Beijing of detaining Uyghurs and other Muslim minority groups in internment camps across Xinjiang, and using them for forced labor, which they claim is part of global tech and retail supply chains, either directly or indirectly.

Recent sanctions from the United States and other Western countries over Xinjiang have sparked a renewed pushback from the Chinese government, which calls the camps "vocational training centers" designed to combat terrorism and religious extremism. China has repeatedly and vehemently denied accusations of forced labor in the camps.

In December, the US government said it would block imports of cotton produced in Xinjiang over concerns it "may have been made by slave labor in some of the most egregious human rights violations existing today."

However, in a striking move this week, more than 30 Chinese celebrities have ended their promotional partnerships or said they would cut ties with brands they accused of "smearing" cotton produced in Xinjiang, including H&M, Nike, Adidas, Puma and Calvin Klein.

The stars include A-list actress Yang Mi, top pop idol Wang Yibo, Uyghur actress Dilraba Dilmurat, Hong Kong Cantopop singer Eason Chan and Taiwanese cellist Ouyang Nana.

The scale of the celebrity exodus is unprecedented -- so much so that on Chinese social media, March 25 has been dubbed "contract termination day" among China's entertainment circles.**

 


El texto es insólito desde su primera frase. Da por supuesto que todos los que rechazan los ataques a su país lo hacen forzados por su siniestro gobierno comunista. Boicotear productos chinos no es un "acto político"; abandonar las empresas o romper contratos, en cambio, sí lo es. Interesante forma de ver el mundo desde los medios de comunicación de un país que dice públicamente, por boca de su presidente, que hará todo lo posible para impedir que China sea un país rico y poderoso.

Ninguna de las acusaciones contra Huawei tuvo el más mínimo respaldo de pruebas. Es más, países como Alemania dijeron a través de sus agencias nacionales de Seguridad que habían repasado todo y no habían encontrado nada extraño. El Reino Unido de Boris Johnson cedió en no utilizar la tecnología 5G en sectores sensibles de seguridad para no enfrentarse a Trump.



Pero la ausencia de pruebas es indiferente para la administración norteamericana, que no se amilana. El argumento final es solo uno: Huawei podría dar datos al gobierno chino en el caso que estos se lo pidieran. De nuevo, el argumento surge en un país donde las empresas tecnológicas han tenido que recurrir a los tribunales para poder defenderse de las presiones gubernamentales para entregar datos, algo que las compañías tecnológicas norteamericanas han tenido que asegurar a sus clientes para asegurar su privacidad. El espionaje a los teléfonos de gobernantes como Lula o Merkel provino de las agencias norteamericanas de Inteligencia. Eran "aliados", pero ¿qué significa este término para los Estados Unidos ahora? Es una cuestión bastante peliaguda a la vista de los hechos de estos últimos años, agravados con Trump. El propio Obama se tuvo que disculpar en algunas ocasiones al quedar en evidencia.



Es patriótico negarse a comprar productos chinos. En cambio, es un acto servil de obediencia que los chinos boicoteen las marcas norteamericanas o de aquellos que se suman a las campañas contra ellas.

Ya hemos mencionado que mientras con Trump todo patriotismo era poco, para China solo se reserva la sumisión y el control. Todos actúan, nos vienen a decir, por miedo al todopoderoso Partido.  Si les dejaran, todos saldrían a besar tierras americanas. Por contra, gran parte de la responsabilidad del crecimiento nacionalista de China se debe a las presiones y acosos llevados a cabo por la administración norteamericana y ahora a los graves incidentes de xenofobia realizados contra los residentes asiático norteamericanos. Se lo están poniendo en bandeja, por usar un término claro. La idea del "sueño chino" les parece incompatible, casi ofensiva, ante la idea del "sueño americano".



La búsqueda de alianzas anti China que comentábamos ayer, están creando el sentimiento real de acoso y cerco al país. El gran error es que esto que hacen es contraproducente y logra el objetivo contrario, además de aumentar el riesgo en muchas zonas.

Las mejoras en la situación de China no van a venir en absoluto de estas maniobras económico políticas. Por el contrario, estas condiciones servirán para crear nuevos conflictos y restricciones. Los errores en las estrategias de desarrollo de estas décadas pasadas son responsabilidad de quienes los cometieron, no de quienes los aprovecharon.

La estrategia de Trump, repartir conflictos por todo el globo e intensificar los ya existentes, ha sido asumida por la administración Biden. Desgraciadamente, esto nos trae a todos más inseguridad cada día, tanto en lo económico como a medio plazo en la seguridad. Los conflictos y crisis económicas acaban traduciéndose a otras formas conflictivas.

 


* Michelle Toh "Huawei has lost its smartphone crown. It may never get it back" CNN 31/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/31/tech/huawei-earnings-smartphone-business-intl-hnk/index.html

** Nectar Gan "Chinese celebrities rush to defend Beijing's Xinjiang policy by cutting ties with international brands" CNN 26/03/2021 https://edition.cnn.com/style/article/chinese-celebrities-xj-cotton-intl-hnk/index.html

 






sábado, 6 de marzo de 2021

Objetivo: boicot a China

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La desaparición de Donald Trump de la Casa Blanca (no de la vida política norteamericana) no ha supuesto un descenso del sentimiento contra China, que se ha convertido en una verdadera obsesión mediática en continuo crecimiento. La lógica de esto, mucho me temo, es evitar que Biden pueda establecer cualquier tipo de puente para reducir las tensiones con China y seguir así una política que es cada vez más arisca. Se entiende que Biden debe recomponer la presencia norteamericana en el exterior, pero no se entiende que China forme parte de ese "exterior" susceptible de arreglo. Cada vez más, las líneas de ataques están más perfiladas y sus objetivos son más definidos, concluyendo con un futuro boicot o cerco a China.

La crisis en la que está inmerso Estados Unidos es de varios niveles, pero el más importante en estos momentos es la de "credibilidad". Son incontables los análisis que ven poco probable que Biden pueda restaurar las relaciones anteriores a Trump por un elemento evidente: Trump es la punta del iceberg. Y Europa, sobre todo, ha comprendido los límites de las relaciones ante el peligro de que aparezca un segundo Trump o un Trump por segunda vez, perspectiva todavía peor.


Una parte de los poderes fácticos norteamericanos veían con buenos ojos el trumpismo porque era una forma de recuperar el terreno perdido frente a China, convertida en la segunda potencia mundial. La gota que ha colmado el vaso es el manejo de la pandemia. Lejos de las paranoias absurdas sobre la fabricación del virus "chino" (no hay un experto creíble que lo sostenga) y la redirección de la inoperancia que ha superado el medio millón de muertos ha dejado de funcionar. La mantienen los grupos ultras que siguen pensando que Trump ganó y que los chinos crearon el virus para... no se sabe muy bien qué. Pero el hecho es que China gestionó la pandemia mejor que Estados Unidos. Le podemos echar la culpa a las tradiciones chinas, al comunismo o al arroz glutinoso, pero lo cierto es que así ha sido, Y esto escuece porque la teoría es que China se debía haber hundido como la Unión Soviética, rendirse en la carrera, pero lo cierto es que no es eso lo que ha ocurrido y la Historia no tiene marcha atrás, hay lo que hay.

A todos los países ricos les interesó deslocalizar sus empresas y producir en China, donde se tragaban la polución y hacían la mayor parte del trabajo duro. China aprovechó lo conseguido para avanzar como país y desarrollar tecnologías punteras en campos de investigación, entre ellos la Inteligencia Artificial, el desarrollo de las redes 5G, la telefonía, etc.



Antes de que llegara la pandemia, los Estados Unidos de Trump habían desarrollado unas feroces campañas contra China, esta vez centrada en la campaña contra el 5G y la compañía que lo desarrollaba, Huawei. Estados Unidos no quiere renunciar al control que tiene sobre las comunicaciones a través de las tecnológicas, que por cierto, le estallaron a Trump en pleno rostro. Se trataba de hundir a cada empresa china que tratara de seguir adelante con sus propias líneas de desarrollo. Los chinos pueden fabricar lo que queremos, pero no pueden fabricar lo que quieren ellos, es decir, no pueden tener una política comercial tal como la practican las empresas norteamericanas y del resto de Occidente.

Al ser competitiva en precios y calidad, muchos países han enlazado con China que, como otros, abren sus propios intereses. Las acusaciones son ya un clásico: los chinos lo copian todo y cualquier herramienta china está puesta al servicio del gobierno comunista de Pekín. La primera es una continuación del viejo principio —que ya se le aplicó a Japón— de una especie de congénita falta de imaginación, reservada a los occidentales. Se olvida que el desarrollo occidental se debe sobre todo a los descubrimientos chinos: la pólvora, la brújula, la tinta y la imprenta, a los que se podría añadir la seda. Estos inventos chinos fueron sacados con malas artes y puestos al servicio del colonialismo, ya que permitió los viajes primero y las conquista después, además del desarrollo comunicativo por la imprenta. Pero todo esto es agua pasada, por más que sea reinterpretada interesadamente cuando se dice que China "roba" porque son incapaces de inventar. Por otro lado, la fuga de cerebros desde Asia es constante, lo que permite a Estados Unidos (y otros países) creer en su potencial inventivo, confundido con el económico. No olvidemos cuál fue el destino, por ejemplo, de los "sabios" alemanes reciclados del nazismo a las fuerzas norteamericanas. Hoy Estados Unidos capta a los valores exteriores atrayendo con el poder económico el capital intelectual. Ningún reproche pues cada uno desarrolla su vida como puede, pero la idea de que todos copian lo que se hace en Estados Unidos es solo un mito autogestionado. Por eso las evidencias de superación de cualquier país son tal mal recibidas y necesitan de alguna "explicación" que la justifique, como ocurre con la cuestión del COVID-19. Hoy Estados Unidos hace un uso selectivo de la inmigración aceptando personas de aquellas áreas que le interesan, como ocurre con los matemáticos de la India o sus informáticos, por citar solo un ejemplo.



La segunda obsesión interesada contra China es la de que cualquier dispositivo que se tenga, de un teléfono a un ordenador pasando por un televisor, tienen línea directa con el gobierno chino, que se entera de lo que haces o dices. De los únicos que tenemos esta seguridad es precisamente de las grandes compañías tecnológicas norteamericanas que son precisamente las que nos "espían" y comercian con nuestros datos, como bien han denunciado las comisiones de la Unión Europea. Y además, como estamos viendo estos días, su fiscalidad es un atentado a la competencia y a la responsabilidad corporativas, es decir, sencillamente ganan y no cotizan desde paraísos fiscales o desde países que insolidariamente de dejan seducir, donde sitúan sus sedes. Todo esto es conocido y diario.



La noticia en primera línea de la CC vuelve a traer otro titular espectacular en donde "advierte" que la flota China ya es mayor que la norteamericana, algo sobre lo que, al parecer, deben pedirle opinión. El éxito de la estrategia de Trump consistió en intentar repetir con Rusia una falsa guerra fría. El tema es muy orwelliano, dividir el mundo en zonas de influencia que actúan como clientes permanentes. Trump lo dejó muy claro: el que quiera seguridad, que la pague. Creo conflictos por todo el mundo —de Oriente Medio al Mar de China, pasando por el Sahara—, ya fueran nuevos o intensificación de los viejos, de tal manera que todo el mundo reclamara la "protección" norteamericana y, especialmente, comprar ingentes cantidades de armas.

El crecimiento de la armada china forma parte de ese juego de provocar conflictos (la presencia constante de buques norteamericanos en la zona), hacer que el otro se arme y proclamar posteriormente la inseguridad. No es un método nuevo, y siempre es peligroso porque lleva a escaladas. Con Putin le ha funcionado y pudimos ver cómo chantajeo a Ucrania para mandarle protección en su conflicto ruso. Pero, como todos sabemos, estaba encantado con Putin y la política rusa porque necesitaba un "malo" controlado en sus películas. Pero con China es ya otra cosa. Porque es una potencia consolidada que, nos guste más o menos, está ahí y nadie obviamente le ha regalado nada. Pero cuestiona la primacía de Estados Unidos en campos que le hacen perder credibilidad (el fracaso de la respuesta a la pandemia ha sido por la pura obcecación de Trump, como se está viendo tras su salida) y sobre todo corre el riesgo de perder "clientes" aliados.

En este sentido, toda aportación china al conjunto es tratada directamente como "propaganda", cosa que no se puede aplicar a los mismos hechos cuando con realizados desde Washington. Si los chinos envían vacunas o mascarillas, es considerado sorprendentemente un "acto hostil", una bajeza mediática, un lavado de imagen.



Los medios norteamericanos han fijado una serie de posiciones sobre esta estrategia, que es la que se está desplegando a través también de un aliado principal, Reino Unido con Johnson como apoyo. La política de Reino Unido, obviamente parte de la cuestión de Hong-Kong, de gran complejidad, pero también alentada desde los antiguos colonizadores, que nunca han dejado de controlar la política de la isla. La jugada más evidente la tenemos en la oferta de traslado a Reino Unido de todos aquellos que quieran abandonar Hong-Kong, una jugada insólita en las relaciones internacionales y cuya finalidad no es otra que cubrir el vacío continental que provoca el Brexit, además de los ataques a China. Capital y capital humano permitirá a Reino Unido salvar su crisis interna y seguir jugando a su aventura colonial a distancia.

Desde Estados Unidos son dos los focos en los que se concentran.  Hong-Kong es evidentemente uno de ellos. El otro es la cuestión de los uigures y los derechos humanos. No deja de ser una curiosidad que se hayan centrado en esta cuestión teniendo en cuenta las políticas seguidas por Trump. En China hay 56 etnias, pero para Estados Unidos solo existen dos problemáticas: Tíbet y los musulmanes de la región Uigur. Se soslayan muchos problemas creados desde estados musulmanes limítrofes y la propagación del islamismo.

El otro foco de tensiones que parecen buscadas son las relaciones con la India, que pasan también por una relación complicada. Visto en su conjunto, parece que reinan demasiados conflictos en las fronteras chinas como para pensar que se trata de causalidad. Es sabido que un conflicto llama a otro porque supone aprovechamiento mediático, captando la atención, pero también porque divide los recursos. Los conflictos se le acumulan a China del Mar de Japón a la India.



La noticia de que China tiene una flota superior a la de Estados Unidos es llamativa e interesada. Es una llamado doble, a más inversión militar y a atacar la propia idea de defensa de China. Según esta teoría, China realiza una defensa agresiva, idea que parte de los conflictos creados con Japón y la cuestión enquistada de Taiwán.

La demonización de China solo consigue que China se sienta acosada y refuerce sus defensas porque lo que se percibe en su interior es precisamente un rechazo y un acoso. No dudo que haya un "orgullo chino" que tiene que ver con su poder, pero tampoco tengo dudas que es la presión exterior la que hace que se refuercen las defensas ante el sentido de amenazas. Si China se siente acosada en sus fronteras y en su interior, rodeada de desconfianza, si siente que hay apoyo exterior para los conflictos internos, China intensificará su política de defensa, lo que será visto desde el exterior como un crecimiento de la amenaza hacia el mundo.

Todo esto coincide precisamente con el desarrollo de China que se ha hecho siguiendo el modelo globalizador y de comercio propuesto por Occidente. Los problemas comerciales o de expansión se pueden resolver de muchas maneras, evidentemente. Pero es seguro que será difícil solucionar cualquiera porque, a mi modo de ver, no existe esa intención, sino, por el contrario, cercar a China, lo que podría ser entonces sí más peligroso.



Hay varías ofensiva en el horizonte. Mucho me temo que ya se han iniciado los movimientos para el boicot internacional a la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en China. Ya hay muchos artículos en la prensa norteamericana sobre esta cuestión, que se está sembrando. El riego, obviamente, es la corriente de noticias sobre China que buscan crear una corriente negativa hacia sus productos, personas y todo aquello que se pueda crear y amplificar.

Desde el punto de vista de la creación de corrientes y de la propaganda resulta interesante ver la formación de este periodo, señalando el peligro que se corre al crear estas situaciones. Si se quiere una mayor liberalización política de China, no es la mejor vía presionar, ya que lo único que se hace es elevar el nivel de las defensas. Lo único que se ha conseguido, por el contrario, es una mayor solidaridad interna ante los ataques exteriores que muchos no entienden y consideran una provocación.

Otro de los objetivos de la línea mediática es repetir cada día que el presidente Xi Jinping es cada día "más poderoso", intentado convertirlo en una especie de Gengis Khan al frente de una hordas bárbaras que han copiado la tecnología ajena y salen conquistar el mundo.



Por supuesto hay muchísimos problemas en China, la mayor parte de ellos la padecen los propios chinos. Pero lo que está muy claro es que las políticas desarrolladas desde Estados Unidos y Gran Bretaña, también por parte del amigo australiano, no solo no ayudan a una mejor convivencia planetaria y a solucionarlos sino que, por el contrario, son contraproducentes.

La CNN tenía el mismo día en sus páginas dos artículos, el primero de ellos era claramente en contra de China; el segundo era denunciando la situación del creciente racismo contra las personas de origen asiático. ¿Esperaban otra cosa si responsabilizan a China de todos los males, como se ha hecho con Trump?



¿No tiene más sentido sentarse a discutir y negociar? Pero parece que hay sectores económicos, industriales y militares que quieren seguir creciendo con políticas del miedo y el boicot, lo cual afectará a las políticas de alianzas en Europa, pero también en África y Latinoamérica.

Trump quería un mundo repartido con su admirado Putin, donde cada uno supiera sus zonas con claridad, crecer con el miedo. Parece que este plan no parece tan descabellado a los nuevos políticos en la Casa Blanca.



La política exterior china tiene que aprender mucho y no pensar que el poder económico lo es todo. La formulación de una Eurasia como zona geopolítica y económica es compleja y requiere medir cada paso, no aprovecharse de las crisis más de lo debido y que nadie se sienta desposeído o que está cayendo en manos de otros.

China falla en su comunicación. Tiene una obvia falta de práctica e innumerables errores; los vemos desde perspectivas de terceros que no siempre son sinceras. No es bueno que una generación crezca pensando que el resto de mundo es el enemigo al que hay que ganar, comprar y vender.



La época de Trump ha sido negativa, pero no se ha terminado. La crisis de la pandemia es demasiado importante y pocos van a aceptar que China, según nos decían ayer mismo, crezca al 6% cuando los demás entrar en recesión. Pero esto no es cuestión de China sino nuestra, de organizarnos de mejor forma.

Las relaciones internacionales en un mundo como el nuestro no pueden seguir estableciéndose con modelos de poder del XIX y de la posguerra mundial. No son válidos para solucionar conflictos, solo para intensificarlos. Hay que encontrar vías que posibiliten reformas y crecimiento sostenible y no llevar al límite bélico cualquier situación. La política internacional debe ser internacional y no una mera fachada de los intereses particulares. Desgraciadamente es esto último lo que tenemos. Ver a lo otros favorablemente si son "mercados" a los que vender y enemigos si pretenden vender en nuestro suelo no es una política adecuada. No importó a nadie la política de China cuando fabricaban para nosotros; ahora compiten y pasan a ser amenazas y todo se mira con lupa. Hay muchas cosas que corregir en la política china, especialmente para beneficio de los propios chinos. Pero esta hipocresía que vemos no es le mejor camino para solucionar nada, ni dentro ni fuera.