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jueves, 13 de junio de 2019

La mala escucha

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Donald Trump está cambiando los estándares gesticulares en la televisión norteamericana. Me refiero a las caras que se les pone a algunos comentaristas cuando escuchan a Trump hablar o cuentan las que ha dicho o hecho. Solo el Brexit causa reacciones parecidas.
La debacle gesticular la ha provocado Trump con sus declaraciones a la cadena ABC en donde ha afirmado que no tiene inconveniente en escuchar lo que le digan gobiernos extranjeros sobre sus rivales de cara a las próximas elecciones. En términos comerciales es una especie de convocatoria internacional para que los países presenten sus interferencias en la política norteamericana. Es como si, por llevarlo al terreno nacional, el presidente de nuestro gobierno dijera que aceptaría informaciones comprometedoras sobre sus rivales electorales, de Casado a Iglesias sin dejar a ninguno fuera. El descaro y la inmoralidad de Trump son infinitos.


Los servicios de seguridad, de la CIA al FBI, se han llevado las manos a la cabeza. Con las investigaciones en curso sobre la interferencia de Rusia, Trump sale con estas. La labor de estos servicios, lógicamente es proteger de lo que su presidente no entiende que sea un peligro. Una vez más, el peligro es él.
Con el titular "Trump says he would accept dirt on political rivals from foreign governments", la CNN recoge y comenta lo dicho por el presidente en la entrevista con la ABC:

President Donald Trump says he would listen if a foreign government approached him with damaging information about a political rival -- and wouldn't necessarily report the contact to the FBI.
"I think you might want to listen," Trump said in an interview with ABC News that aired on Wednesday. "There isn't anything wrong with listening."
It was a stark -- if not entirely surprising -- expression of nonchalance from the President over foreign efforts to influence US politics. Trump has consistently downplayed Russian efforts to interfere in the 2016 contest, and cast doubts on US intelligence agencies' assessments of the meddling.
It's a crime for a campaign to knowingly solicit or accept items of value from foreign nationals.
In the interview, though, Trump seemed to suggest rebuffing foreign governments would be unwarranted -- and unnecessary to report to federal law enforcement authorities.*




El enorme problema de Trump (más bien de los Estados Unidos) es que nunca ha entendido qué es ser presidente. Cegado por la luz del poder (es más que una metáfora), Trump solo ve un lado. No ve la responsabilidad que supone ni mucho menos que sea el representante de un país con compromisos. Trump es Trump, una tautología reservada a la divinidad. Él no se sube al carro de la Historia porque son los Estados Unidos los que se han subido al carro de Trump. No hay más pasado que el error y no hay más futuro que él. Solo en esos términos es posible escuchar una frase como "No hay nada malo en escuchar".
El periodista perdió una gran oportunidad al preguntarle si le parecería bien, por ejemplo, que a sus próximos rivales a la Casa Blanca les llegara información "sucia" sobre él. Habría que estudiar su respuesta con detenimiento.


No hay sorpresa, no puede haberla cuando en plena campaña electoral hizo un llamamiento público a Wikileaks ("I Love Wikileaks") para que sacaran lo que pudieran sobre su rival, Hilary Clinton. Pero entonces era un espectáculo andante al que se le daban pocas posibilidades presidenciales. Pero lo que parecía imposible ocurrió. Y a los que le votaron no les pareció mal que invocara a fuerzas exteriores para derrotar a su rival. Ese es el enorme efecto perverso que Trump ha lanzado sobre el electorado norteamericano, ser culpables de llevar a un personaje inmoral como Trump hasta la Casa Blanca. Es peor que el caso Nixon, que les engañó y ellos pudieron acogerse al engaño para liberar su responsabilidad. Pero Trump no ha engañado a nadie; como narcisista, ha necesitado exhibirse en su campaña. Otra cosa es que nadie lo creyera posible, pero estaba ahí, en toda su indecencia.
Leemos en la CNN:

House Intelligence Chairman Adam Schiff found Trump's comment "stunning on the one hand and not at all surprising on the other," he told CNN's Erin Burnett.
"Donald Trump has made it clear that he will engage in any action, no matter how unethical or unpatriotic, that he will go right up to the line of what's legal and indeed it looks like he crossed that line many times," Schiff added.
Democratic Rep. Brenda Lawrence of Michigan told Burnett that Trump's meaning "is clear -- he didn't stutter, he said the FBI probably wouldn't understand it."
Accusing Trump of trying to determine "how he can violate the rules and policies of our country," Lawrence added, "It is past sad. It is past frustration. This is criminal. It is criminal, and we need to hold this President accountable."



¿No lo es la forma de llevar sus guerras comerciales y contra la inmigración (o la mezcla de ambas, como acaba de hacer con México), no lo es casi todo lo que hace? En Estados Unidos, todo aquel que no se manifieste en contra de lo que hace Trump se convierte en parte de esa inmoralidad. Las llamadas a WikiLeaks se aplaudían en sus mítines, como se aplaudía los comentarios, racistas, machistas o contra la prensa, a la que definió como la enemiga del pueblo.
Un presidente de un país no puede decir que atenderá lo que le tengan que decir otros sobre sus rivales electorales, sobre sus enemigos políticos. Es fácil de entender si no eres Donald Trump, que no ha conseguido entender que el mundo de los negocios no es el de la política, que no se trata de hacerse rico o de arruinar a sus rivales recurriendo a cualquier truco sucio, sino de otra cosa muy diferente. No entenderá nunca que el país está por encima de él. Por eso hundirlo lo deja a su altura. 



* "Trump says he would accept dirt on political rivals from foreign governments" CNN 13/06/2019 https://edition.cnn.com/2019/06/12/politics/donald-trump-abc-political-dirt-foreign-country-rivals/index.html

domingo, 5 de marzo de 2017

El pinchazo y la furia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Hasta dónde? Me imagino que esa será la pregunta que muchos se hacen ante la infatigable escalada del presidente Trump contra la realidad. A cada escándalo producido por los múltiples casos que afloran por los lazos con Rusia y sus consiguientes dimisiones o auto recusación, como acaba de ocurrir con el Fiscal General Jeff Sessions, el presidente responde con una acusación cuyo principal rasgo es que carecen de pruebas o fundamentos.
Trump acusó  de "fraude electoral" a los demócratas sin que nadie haya encontrado nada en ningún sitio cuando las cifras de votantes de Clinton le superaban en casi tres millones de votantes. Fue su primera rabieta al comprobar que su victoria se debía al "colegio lectoral" y no al "voto popular". Anteriormente se había negado a confirmar si aceptaría cualquier otro resultado que no fuera su victoria. Con posterioridad a esto, Trump ha ido soltando todo tipo de perlas acusatorias sin fundamento alguno, una coletilla que la prensa le aplica ya en cada afirmación.
Ahora, tras su segundo escándalo con el equipo que está creando, se lanza a acusaciones graves: ha sido espiado en la Torre Trump. El hombre que pedía a Rusia que espiaran a Hillary Clinton y a Wikileaks (¡amo a Wikileaks!, llegó a decir) que lo difundiera —algo que, efectivamente, se hizo junto con los correos de los demócratas—, habla de "macartismo" mientras se rasga las vestiduras.
Nos cuenta The New York Times:

President Trump on Saturday accused former President Barack Obama of tapping his phones at Trump Tower the month before the election, leveling the explosive allegation without offering any evidence.
Mr. Trump called his predecessor a “bad (or sick) guy” on Twitter as he fired off a series of messages claiming that Mr. Obama “had my ‘wires tapped.’” He likened the supposed tapping to “Nixon/Watergate” and “McCarthyism,” though he did not say where he had gotten his information.
A spokesman for Mr. Obama said any suggestion that the former president had ordered such surveillance was “simply false.”
During the 2016 campaign, the federal authorities began an investigation into links between Trump associates and the Russian government, an issue that continues to dog Mr. Trump. His aides declined to clarify on Saturday whether the president’s allegations were based on briefings from intelligence or law enforcement officials — which could mean that Mr. Trump was revealing previously unknown details about the investigation — or on something else, like a news report.*


Los asistentes de Trump empezarán a ingresar en clínicas para curarse el estrés que les debe producir cada sonido del teléfono avisando que hay un nuevo tuit del presidente. El pulso les debe temblar. Las acusaciones lanzadas ahora por el presidente desde su cuenta de tuit no pueden quedarse ahí y tendrán consecuencias inevitables.
El daño que está haciendo a la Presidencia y a los Estados Unidos es inmenso. El deterioro de la imagen que está provocando con sus obsesiones muestra al mundo una debilidad en el liderazgo realmente notable. Por contra a lo que el presidente cree, el liderazgo no se basa en la fuerza militar sino en la confianza y ¿existe alguien hoy, incluidos los republicanos, que pueda confiar en Donald Trump?
Los primeros síntomas los manifestó ya cuando cogió el teléfono cuando llegó a la Casa Blanca. Los que han creído que podrían controlar al presidente una vez en el poder se han equivocado. Cada escándalo que surge alrededor de su equipo o la simple promoción de la marca de ropa de su hija, se convierten en casos de estado con réplicas delirantes por parte del padre y presidente. En Trump todo puede ser conflictivo, especialmente la familia; son todos un entramado oscuro de intereses cuyas conexiones se desconocen en gran medida.


Pero lo malo no está solo en la desconfianza política que está provocando sino el clima terrible que ha creado en los Estados Unidos, especialmente en la cuestión xenófoba y racista. Trump ha recogido el odio subyacente a lo diferente que ha sido alentado especialmente por esta versión retrógrada del nacionalismo, en el que se entremezclan la idea de "tierra prometida" con la de "pueblo elegido" a los visionarios protestantes de la supremacía blanca. La América agazapada, la que ve el progreso como desprecio a las leyes divinas y al orden que se debe respetar. Eso incluye ver los derechos de las mujeres como un atentado a la familia; el ataque a lo se salga de su estrecha visión de la sexualidad (a pesar de las promesas de Trump); el desprecio al conocimiento científico, como contrario a lo dicho en la Biblia; y una vocación aislacionista, por un lado, e imperialista por otro.


El clima en los Estados Unidos ha cambiado para todos aquellos que vivan sus diferencias, ya sean religiosas, étnicas o sexuales. Hace unos días dábamos cuenta aquí del primer crimen racista producido en USA al disparar contra dos ingenieros hindúes y matando a uno de ellos. Quien lo hizo fue detenido a unos cuantos kilómetros de allí, en pleno corazón de América, mientras lo contaba en la barra de un bar. Había disparado al grito de “get out of my country”, según pudimos ver hace unos pocos días. Le habían parecido, en su ignorancia y odio, originarios de Oriente Medio.
The Washington Post no informa de un nuevo caso de ataque xenófobo. Esta vez la víctima es un sij, tampoco un musulmán.

The 39-year-old Sikh man was working on his car in his driveway in Kent, Wash., just south of Seattle, when a man walked up wearing a mask and holding a gun.
According to a report in the Seattle Times, there was an altercation, and the gunman — a stocky, 6-foot-tall white man wearing a mask over the bottom part of his face — said “Go back to your own country” and pulled the trigger.
Authorities are investigating the shooting as a suspected hate crime, the newspaper reported.**


Las declaraciones de uno y otro hacen ver el odio acumulado a los que están en el país y no presentan los perfiles adecuados para pasar por un "norteamericano". Más allá de los "hispanos" y de los "musulmanes", los ataques están teniendo lugar por la apariencia.
Los afroamericanos comentaban que habían notado el cambio al día siguiente de las elecciones, me dicen residente en los Estados Unidos. Los medios empezaron a recoger rápidamente testimonios de odio racial a través de las cuentas de Facebook o Twitter, como la descripción de Michelle Obama como "mona con tacones", que fue denunciada. Los vídeos de teléfonos recogidos en almacenes en los que se insultaba a hispanos y se les espetaba para que hablaran inglés o se fueran a su país también empezaron a hacer acto de presencia en los medios que recogían y denunciaban los casos. Para algunos, se notaba, era la ocasión soñada de salir del armario racista. Los suyos habían llegado, parecían pensar con alegría. Y los suyos son los racistas, los supremacistas blancos, el KKK, etc. todos los que celebraron la llegada de Trump al poder.


En este clima, los tuits de Trump son incendiarios pues los que le han creído a lo largo de la campaña, le creen a pies juntillas en su presidencia. Creen  en la existencia de una conspiración destinada a evitar que el salvador de la América verdadera logre su misión de devolverles la grandeza que han perdido.
Esto llevará, como ya lo está haciendo, a enfrentamientos cada vez más virulentos. Las imágenes de seguidores y detractores peleando en las calles muestran que esto no va a cesar. Y no lo hará porque es el ambiente que Donald Trump necesita para mantener su posición victimista.
Su estrategia es hacer ver —como ha acusado a los jueces, a la prensa— que existe una barrera, que la administración está infiltrada por los restos de Obama, que le pinchan teléfonos y le jaquean los ordenadores para sacar información. Todo es un llamamiento a enfrentarse, a calentarlos para el próximo encuentro en vivo, en cualquier pueblo de los Estados Unidos para contarles de primera mano que Paris ya no es lo que era o lo que ocurre en Suecia, sí, ¡en Suecia! Es es el terreno en el que se encuentra cómodo; también el más peligroso.
Donald Trump no va a aceptar nunca una responsabilidad en algo, como estamos viendo cada día. Siempre hay algún enemigo, alguna circunstancia que se le opone. Hace unas semanas, describía el periodo de transición como el descubrimiento de Obama de que admiraba a Trump. Lo decía con todo el desparpajo del mundo a su asombrado entrevistador: al ex presidente le gustaba, aunque no estuviera dispuesto a admitirlo. Irónicamente titulamos entonces "Obama me ama". Hoy toca "Obama me odia" y ha dejado pinchados mis teléfonos.



* "Trump, Offering No Evidence, Says Obama Tapped His Phones" The New York Times 4/03/2017 https://www.nytimes.com/2017/03/04/us/politics/trump-obama-tap-phones.html?hp&action=click&pgtype=Homepage&clickSource=story-heading&module=a-lede-package-region&region=top-news&WT.nav=top-news&_r=0

** "‘Go back to your own country’: Sikh man shot in his driveway in suspected hate crime" The Washington Post 4/03/2017 https://www.washingtonpost.com/news/post-nation/wp/2017/03/04/go-back-to-your-own-country-sikh-man-shot-in-his-driveway-in-suspected-hate-crime/?hpid=hp_hp-more-top-stories_sikh709pm%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.189ab2ec8801