Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa de casi todo el mundo anunciaba ayer una gran
pérdida, la muerte de la egipcia Nawal El-Saadawi, una de las referencias del
feminismo mundial y, en especial del mundo árabe, que pierde una de sus
referencias intelectuales más destacadas.
Biografías apresuradas compuestas de unos cuantos datos es
lo que los medios nos ofrecen en estas circunstancias dejando a otros la tarea
de profundizar en el sentido de las figuras que desaparecen en un mundo en el
que la memoria parece ser de peces.
Nawal El-Saadawi ha sido una referencia para varias
generaciones que podían acceder a sus escritos y declaraciones contundentes. La
retirada de Turquía del acuerdo europeo contra la violencia de género y en favor
de la igualdad ha coincidido fatalmente con la muerte de El-Saadawi, una
especie de pérdida doble, una doble mala noticia, pero es también una ocasión
para comprender mejor la figura de una "intelectual", palabra cada
vez menos usada e incluso menospreciada, que adquiere en ella pleno sentido.
Nawal El-Saadawi no se presentaba como una especialista, que
lo era en diversos campos, sino como una mujer que trataba de entender los problemas desde su
complejidad. Su voz era la contraria al "experto", la figura centrada
en algún aspecto específico para quien el resto es una zona oscura. El-Saadawi
sabía que para comprender hay que conectar, hay que buscar los lazos con los
que está entretejida la cultura, el entorno en el que nos movemos. Sin
comprensión no hay cambio y el cambio era el objetivo.

El pensamiento feminista de El-Saadawi era genuino y
firmemente anclado en conocimientos teóricos y prácticos de la vida, otro
aspecto esencial de la comprensión. Por eso sus bases para el análisis eran
esenciales para su explicación o interpretación de los fenómenos en un mundo
hostil para las mujeres y para todos aquellos que desearan la libertad. Nawal
El-Saadawi se dirigía a la mujer buscando la mujer libre en un entorno de
libertad. Este ideal es complicado en un entorno como el que le tocó vivir.
Entre las lecturas de artículos publicados ayer, me quedo
con unas palabras suyas publicadas en Ahram Online, el diario estatal egipcio:
In 1981, she founded a feminist magazine called
Al-Moawgaha (The Confrontation).
Later that year, she was imprisoned by
then-President Anwar El-Sadat, who deemed her views too radical for society and
the state.
El-Saadawi once stated in an interview, “I was
arrested because I believed El-Sadat. He said there is democracy, and that we
have a multi-party system that allows for criticism. So, I started criticizing
his policy and ended up in jail.”
While in prison, she formed the Arab Women’s
Solidarity Association, which was one of the first legal and independent
feminist groups in Egypt.
While in prison, she decided to write her
memoirs, but she was denied a pen and paper, so she used a black eyebrow pencil
and a small roll of toilet paper to record her thoughts.
After her release from jail following Sadat's
death, she published her memoirs under the title ‘Memoirs from the Women’s
Prison’.*
Dos aspectos importantes en estas líneas. El primero, la
pasión incansable, inagotable por hacer, por trabajar. Ni la cárcel es capaz de
frenar su actividad constante. Encerrada crea grupos; sin papel ni lápiz
escribe con lo que tiene a mano. Todo es experiencia, todo forma parte de ese
diálogo constante con la vida.
Pero hay también un segundo aspecto: la traición de Sadat,
la falsedad de su democracia, algo que no se ha terminado en la farsa egipcia,
especializada en representar al exterior una
normalidad de la que se carece en realidad. No nos olvidemos que fue un
fantasmal Sadat el que se le apareció en sueños —según confesión propia— al
actual presidente, Abdel Fattah al-Sisi, para que se presentara. El piadoso
Sadat y el piadoso al-Sisi, ambos con una imagen tradicionalista de la sociedad
que considera a las mujeres como parte de una estructura férrea. No dudo de la
intencionalidad del redactor al seleccionar esas palabras de El-Saadawi, suele
ocurrir en el diario.

No hay semana que no nos traiga la prensa egipcia el
encarcelamiento de activistas feministas, algo que nos demuestra que su causa
sigue en pie. El islamismo y el tradicionalismo que volvió en la época de Sadat
con la vuelta a casa de muchos que había estado en el Golfo y con las
reacciones ante lo que fue la expansión de la revolución islámica en Irán,
empezó a crear una brecha en el pensamiento sobre las mujeres, que comenzó a
reprimir el feminismo.
Es un tópico señalar el feminismo de las abuelas egipcias,
decreciente en la generación de las madres, y dividido en las hijas actuales,
en donde el pensamiento tradicionalista y el liberador están repartidos entre
las mujeres, unas lanzadas a la Revolución en 2011 y otras en el campo de la
tradición.
Los movimientos islámicos siguen un modelo patriarcal que
refuerza sus propias visiones sobre cómo debe ser la sociedad, arrastrándolas hacia el pasado. La sociedad
egipcia se enfrenta a un proceso neotradicionalista en el que se vigila
especialmente a las mujeres, cuyo activismo se teme a la vista de sus efectos de
emancipación personal y social.
El-Saadawi supo ver bien cómo todo este proceso afecta a la
mujer, pero es más amplio ya que se extiende por todo el tejido social. No es
tanto cuestión de una polarización "masculino femenino", sino de un
modelo patriarcal que absorbe su propia definición de lo femenino incluyéndola
en el proyecto que impone.
He retomado su obra "La cara desnuda de la mujer
árabe" (1977) y creo que en su introducción explica con gran claridad cómo enfrentarse al
problema que determinó su lucha durante prácticamente toda su vida. En estos
párrafos podemos apreciar concentrado el objetivo de sus acciones:
Quizá muchos piensen que este
estudio va a tratar exclusivamente sobre la mujer —su familia, hijos, marido,
etcétera— y sobre las presiones emocionales y sexuales a las que se ve sometida
en su vida cotidiana. Desde siempre, los estudios que han abordado el tema de
la mujer han sido relegados a un puesto secundario porque se consideraba que se
centraban en un tema muy específico, reducido a un grupo de población especial
con unos problemas muy concretos. Porque ¿no es cierto que el mundo de las
mujeres se reduce a la familia, los niños y la casa? ¿Cómo un mundo tan
limitado va a poder competir con los asuntos que en la actualidad nos
conmocionan y nos hacen reflexionar tanto, con los temas de gran trascendencia
política y humana como pueden ser la libertad, la justicia o el futuro del
socialismo?
Pero, sin embargo, si
intentáramos estudiar la condición de la mujer en la sociedad con profundidad y
sin considerarla únicamente como un instrumento de reproducción, terminaríamos
sin duda examinando una serie de aspectos de la vida humana mucho más amplios.
De hecho, acabaríamos planteándonos problemas políticos generales o, más
concretamente, el tema de la mujer se convertiría en una causa política de
primer orden, estrechamente relacionada con la eterna lucha por alcanzar la
libertad y la verdad.
Porque, en cualquier país, lo que
llamamos “política de alto nivel” se conforma como un edificio construido a
partir de pequeños ladrillos, de detalles que componen el todo y que no son más
que las necesidades, los problemas y los deseos personales de cada individuo.
En la política de un país, es el análisis de la vida y de las exigencias
personales de la gente lo que debe actuar como fuerza directriz y motriz de la
voluntad y el quehacer político. Y parece evidente que en la vida personal de
cada uno se incluyen los problemas sexuales, las relaciones hombre-mujer, y las
relaciones de producción y división del trabajo. Así pues, los que menosprecian
los problemas de la mujer o la sexualidad ignoran o no entienden los principios
en los que se basa la política. Ya no podemos cerrar los ojos ante el hecho de
que la discriminación de la mujer y su atraso relativo conducen al retraso
general de toda la sociedad. Y, por eso, hay que concebir la emancipación de la
mujer como parte integrante de la lucha contra cualquier forma de opresión y de
los esfuerzos que se han llevado a cabo para liberar, tanto desde un punto de
vista político como sexual, a todas las clases y grupos sociales explotados.**

La claridad expositiva permite acceder a la claridad de
ideas. En efecto, la cuestión de la mujer es la prueba de fuego que la sociedad
debe superar para poder avanzar realmente. De no hacerlo, el atraso está
garantizado por más que se pueda prosperar en algún sector. El-Saadawi parte de
una concepción global y compleja de la sociedad, donde los hechos están
determinados por las reglas interiores, por las concepciones que son las que
limitan los movimientos definiendo lo posible para cada uno de los agentes
sociales.
Vuelvo de nuevo a conectar el caso de lo ocurrido en Turquía,
donde se da como explicación para dejar desprotegida y limitada a la mujer la
presión de los grupos conservadores que ven en la mujer más libre un peligro
para la familia (es decir, para su estructura jerarquizada), la retiran del
trabajo (es decir, deja puestos libres a los hombres) y reducen los conceptos
de agresión (es decir, la vuelven indefensa. Como decía una mujer turca
entrevistada ayer: "¿Cómo vamos a ir a denunciar las agresiones si los
policías nos dicen que "perdonemos" a nuestros maridos?"

El pensamiento de Nawal El-Saadawi no debe ser olvidado como
tampoco su ejemplo de vida luchadora. Más allá de la noticia de su
fallecimiento, es el momento de revivirla en un comprensión de una mujer libre
en una sociedad libre y la necesidad de luchar por ambas, pues la una sin la
otra es solo una ficción. Los intentos de gobiernos musulmanes de crear unas
falsas democracias, como decía El-Saadawi del engaño de Anwar El Sadat cuando
la encarceló, es hoy una constante. Países que se dicen democráticos aceptan,
sin embargo, que la mujer es ciudadana de segunda categoría, sujeta al control
de dos estados, el político y el patriarcal.
En 2017, con motivo de la publicación de su novela La mujer
que buscaba, se le hizo para ZendaLibros una breve entrevista a cargo de Susana
Rizo, que transcribimos aquí:
—¿Quién le enseñó a luchar contra la injusticia en la sociedad? ¿Hubo
algún suceso en su infancia que determinó su posterior compromiso?
—Mis padres, especialmente mi
madre me influyó desde que era muy joven. No solo hubo un suceso, fueron
muchos.
—¿De dónde procede su fuerza para afrontar las adversidades?¿Dónde
deposita su esperanza?
—Mi fuerza interna procede de la
confianza en mí misma.
—No entiendo muy bien por qué Fouada (protagonista de La mujer que buscaba) no logra avanzar.
Se hace demasiadas preguntas que la llevan a deprimirse.
—Fouada era una mujer joven
rebelándose contra un sistema opresivo. Ella buscaba la libertad y realizarse
como persona, no estaba deprimida.
—¿Qué buscaba Fouada? ¿El amor, romper las reglas…?
—Buscaba su verdad a través del
amor y a través de la rebeldía contra todos los obstáculos que se le ponían
delante.
—¿El enfado ha sido un motor para su creatividad o en su vida? ¿Por qué
decidió ser escritora?
—No solo la ira. La ira por sí
sola no es suficiente. Me hice escritora porque me encantaba, me producía un
gran placer escribir.
—¿En qué punto nos encontramos ahora en la situación de la mujer?
—Se está avanzando, a pesar de
las recaídas y retrocesos.***
No es difícil intuir que tras esa "mujer que
buscaba" se encuentra la propia Nawal El-Saadawi. Buscar su verdad a través del amor podría ser
una buena descripción de ese movimiento existencial que definió su vida
negándose a aceptar aquello en lo que no creía. Frente a la comodidad que podía
haber tenido mirando en otras direcciones, el genio de El-Saadawi era la
confianza en ella misma y su incapacidad para aceptar lo inaceptable, garantía
de la buena vida del conformista.
Su pérdida es enorme para
Egipto, el mundo árabe y las mujeres de todo el mundo que tenían en ella una
voz sin miedo a alzarse fueran cuales fuesen las circunstancias.
Novelista, ensayista, médico, luchadora, rebelde... la mujer que buscaba. El-Saadawi ha dejado palabras y testimonio con sus
acciones para ser inspiración futura. Ahora es tarea de todos evitar que se pierda en la débil memoria colectiva. Sus palabras, su ejemplo, son más necesarios que nunca por causa de la ola de retrocesos que hace que muchos avances se pierdan cada día, como vemos en Turquía, en Afganistán, en el mismo Egipto.
Descanse en paz.
* Mohammed Saad
"Renowned Egyptian feminist, author, activist Nawal El-Saadawi dies
at 89" Ahram Online 21/03/2021
https://english.ahram.org.eg/NewsContentP/18/407474/Books/Renowned-Egyptian-feminist,-author,-activist-Nawal.aspx
** Nawal El-Saadawi
"La cara desnuda de la mujer árabe". Ed. Horas y Horas 1991.
Traducción de María Luisa Fuentes.
*** Susana Rizo "La
historia de todas las mujeres" (crítica / entrevista) Zenda 24/11/2017
https://www.zendalibros.com/mujer-que-buscaba-nawal-saadawi/