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domingo, 1 de diciembre de 2019

Los medios egipcios en coma (3) o prisioneros del amor

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La semana pasada dedicamos (tuvimos que dedicar) dos artículos a la situación de los medios informativos en Egipto. El detonante fue la detención de periodistas y la editora de Mada Masr, uno de los pocos medios independientes que quedan en un país asolado informativamente, aquejado de la enfermedad de la voz única y tratado con sobredosis de propaganda y adulación infinita al poder. Con alguna que otra excepción y medios exteriores selectos es posible entender lo que pasa en Egipto, incluidos los propios egipcios. El régimen escogió el camino que siempre acaba mal.
Cuando tuvimos que tratar de adivinar cuál había sido la causa que había llevado al régimen a la "máxima acusación estándar", el haber sido fundados por la Hermandad Musulmana y estar al servicio, por ello, de potencias extranjeras que difunden falsas noticias para destruir a Egipto y minar la confianza del pueblo en su Ejército, apostamos por una noticia que nos parecía evidente y, por si acaso, la reprodujimos en su integridad en el texto del día como un anexo.
Con el título "A few things you might like to know about us", Lina Attalah —la editora de Mada Masr y una de las detenidas— ha publicado un artículo en el que despeja las dudas y realiza un canto al Periodismo y a la libertad de información. Lo hace de forma bella, en un artículo en el que se centra en los fundamentos de la profesión.
El comienzo del artículo es una alusión a lo que les ha llevado a ser detenidos y gravemente acusados:

Here is the backstory to the piece that contributed to getting us into trouble. (In case you haven’t been following, our colleague Shady Zalat was arrested from his house in the middle of the night  on Saturday, our office was raided the following day, and 18 of us were detained inside incommunicado for several hours before three of us, myself included, were arrested and very briefly detained.)*


La palabra "piece" es un híper enlace que nos lleva al artículo que habíamos previsto, el que se refiere a la presión para quitar del medio al hijo del Presidente Abdel Fattah al-Sisi, mandándolo a Rusia para que deje de cometer pifias. Según parece es una nulidad y, como es tradicional en Egipto, ha acabado llegando más alto de lo que están dispuestos a aguantar los propios partidarios de su padre. En el artículo incluso se recogían fuentes internacionales (de Emiratos) en los que señalaban la importancia de deshacerse del primogénito por el bien del país y de su padre. El artículo explicaba en ese origen el pacto de mandarlo a Rusia (un buen sitio para que un egipcio pase el invierno), algo que Putin habría aceptado como "muestra de confianza". Ya se lo cobrará en su momento.


El artículo causante no se menciona nada más que con ese genérico e indefinido "piece". Lo demás es una explicación sobre algo que está en las bases mismas del Periodismo: ¿por qué complicarse la vida con el riesgo de acabar en alguna oscura cárcel egipcia, en una cuneta egipcia o en la nada egipcia? La respuesta no suele ser sencilla, pero Lina Attalah lo hace en un hermoso texto que merece ser considerado algo más que una respuesta. Es más bien una declaración de una forma de entender el Periodismo más allá de lo evidente:

Mada has always been a project of inquiry, of curiosity, one that particularly extends to the darker rooms of power, spaces that we barely see or know. When we started publishing in 2013, many thought of us as a media by and for the children of the 2011 revolution. We are indeed the children (and the makers) of 2011. But we are far more ambitious than that. 
We are specific to the context we are born in, the here and now: What does it mean to live in Egypt, in the shadow of a profound political transformation? We want to stitch together an account of this life and how it is changing, from all of its different angles: our society, our economy, our health, our urban environment, our education. We pay attention to culture and cultural production and how it interfaces with this reality. We bounce between negotiating and resisting a new-old type of authority, in a wide spectrum of practices for survival. This calls for a constant exercise of dissecting power, and this intellectual exercise can only start from an empirical place: information first. The story we published, and got punished for, belongs to that exercise.*


En el mundo periodístico hay dos tipos de personas: las que cuentan lo que ocurre y las que se preguntan por qué sucede. En los primeros es fácil resbalar por la fachada de la realidad. En nuestros tiempos las cosas no solo ocurren sino que son fabricados muchas veces. Ya no estamos en un mundo inocente, un mundo de facticidad inmediata, sino un mundo de ocurrencias programadas para acontecer ante nuestros ojos como la función de las 7 en el Circo. Podemos contar lo que ocurre, sí, pero eso ya no significa mucho. Preguntarse, en cambio, por qué ocurren las cosas cuando ocurren es tratar de saltarse la aparición y empezar a hacerse preguntas.
Podemos informar de que el hijo mayor del presidente sale destinado hacia Moscú y pasar a Deportes. O se puede, como han hecho en Mada Masr, dejar al descubierto el "por qué", darle un sentido en la vida política egipcia y ligarlo al problema profundo de la mentalidad del poder.
Mada Masr es algo más que un periódico y siempre lo ha sido. Las noticias son pocas, pero los análisis llegan muchas veces al fondo de los temas que están tras la producción de muchas otras noticias. Los hechos se superponen; las explicaciones nos hablan de las reglas del juego.


La noticia del traslado "forzado" del hijo mayor del presidente significa algo. Significar hoy es algo complicado para los analistas, cada vez más escondidos entre sus datos. En términos foucaltianos, lo que interesa en Mada es la formación de las instituciones del poder, cómo se ejerce en esa "nuevas-viejas" prácticas que mantienen los órdenes. Ningún régimen egipcio ha mantenido tan claramente su "voluntad de verdad" para imponer una realidad que se ha fabricado a golpe de discurso, de la creación de instituciones que lo regulan, empezando por el discurso periodístico, amenazado por la resurrección del "ministerio de Información", desaparecido en 2014. No sería más que el regreso a una súper institución que controlaría las tres creadas anteriormente para regular la información. De esa forma, el ministro de la Verdad oficial despachará cada día con el presidente, el poder centralizado, vivo y decisor. Al menos, por ahora, ya que ha habido algo lo bastante poderoso como para alejar al padre y al hijo. Ese es realmente el mensaje peligroso transmitido, que el faraón tiene un poder que le hace torcer su voluntad.


La reivindicación de Lina Attalah de la Revolución del 25 de Enero de 2011 es también importante. Significa que la estigmatización tramposa del régimen no ha llegado a convencer a los que la hicieron. Ellos son, nos dice Attalah, hacedores e hijos. Los discursos denigratorios del régimen tratando de convencer que ellos fueron los desestabilizadores, los que trajeron el mal de la inestabilidad que necesita de una mano fuerte para traer el orden, no han funcionado más que en aquellos que han vivido siempre bajo un orden autoritario cuya mano han besado sumisos para mantenerse dentro de la ficción.
El final del artículo es emocionante. Lina Attalah trata de encontrar algo que explique el propio sufrimiento en plena detención:

In the police truck, my colleagues Rana Mamdouh, Mohamed Hamama and myself were handcuffed to each other. We used the tight physical connection to press on each other’s hands, a gesture of it will be fine, we will be okay. And as our practical minds started doing calculations of what needs to be done (who do we tell where they have taken us, what can I do with the Christmas plans I promised my brother, that notoriously long draft report of our year’s work that has not been saved on my abducted computer, etc…), both Rana and Mohamed kept muttering to me: No place for guilt. We are here by choice. No place for guilt.
Ladies and gentlemen, meet the formidable team of Mada Masr. When Shady was arrested and we were still free, we were working around the clock to do everything possible to get him released. I was conscious of burnout (not knowing what would ensue in the coming days), so I told some of my colleagues to get some rest. In a message, I wrote to them about how moved I was by their dedication and their tireless engagement in this difficult time. One of them, Yasmin el-Rifae, responded briefly, sharply and poetically.
“Prisoners of love,” she said.
I leave you to more publishing, for as long as we can, with a gang of prisoners of love — who by now know best how to laugh in times of crisis.*

Ese estar ahí porque lo han deseado, porque su trabajo tiene sentido, porque es importante para otros, para el futuro, por la dignidad, frente a los que se dejan seducir por el poder, a los que miran hacia otro lado, ante los que callan. Es en ese furgón, esposados, donde las cosas tienen un sentido más claro, cuando se vive en riesgo. Sí, son "prisioneros" del amor a su profesión y a lo que significa para un país del que esperan poder decir plenamente que es el suyo, sin que se les considere sus enemigos por decir, por explicar, las raíces de sus problemas.


Mada Masr ha sido y es un ejemplo de comportamiento informativo más allá de una profesión en que muchos no están a la altura que debieran. La prensa egipcia tiene periodistas admirables y muchos otros meros aduladores del poder o, peor, perros guardianes del régimen, que usan sus micrófonos para insultar, descalificar, condenar a las personas.
Una vez más, el régimen ha conseguido atraer la atención sobre aquello que quería silenciar. Es como un mago torpe al que se le escapa el conejo del fondo de la chistera cuando dice que no hay nada dentro. Esto le ocurre de continuo y esta vez lo ha sido sobre un hecho especialmente sensible para la opinión pública que ya no se informa dentro, sino fuera por falta de credibilidad. ¿Qué se debe creer de las informaciones que se suministran sobre tantas cosas? La sospecha cae sobre el conjunto y los egipcios se agarran a informaciones que les llegan de fuera, en un vídeo de YouTube o de una página de Facebook. Justo lo que el régimen no quiere, pero lo que no puede anular. 


Los medios extranjeros resaltan que Mada Masr es de los pocos medios independientes que se mantienen. Unos y otros resaltan la pobreza informativa egipcia y el valor de los que quedan para dar testimonio del hacer del régimen.
Cuanto menos medios queden libres, cuantos más periodistas renuncien a su labor con la intención de no complicarse la vida o hacer negocio, más valor tendrá lo que hacen los independientes, siempre bajo la amenaza. Desde el fondo de un furgón policial se ve el mundo de otra manera, con más claridad. Comprenden que para lo que han estado trabajando tiene sentido. Son Prisioneros del amor por la información y por su país. Puede que no se lo agradezcan nunca, pero probablemente les dé igual.


* "A few things you might like to know about us" Mada Masr 28/11/2019 https://madamasr.com/en/2019/11/28/opinion/politics/a-few-things-you-might-like-to-know-about-us/





domingo, 14 de julio de 2013

En los márgenes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es difícil encontrar una situación en la que exista tanta divergencia interpretativa y tal confusión de términos como ahora en Egipto. Los islamistas se han lanzado a los discursos "legitimistas" y "democráticos", cuando ha sido su falta de sentido democrático lo que llevó a Egipto a esta situación, mientras que los militares se han lanzado, por su parte, al "discurso de la revolución" que se hizo contra ellos, el verdadero sostén del régimen. En medio, el pueblo egipcio con sus deseos de democracia y sus tentaciones de partidismo.
Cada vez son más las voces cuidadosas con lo que los militares están realizando. Son ellos los que crearon esta situación ingobernable cuando "supervisaron" de forma desastrosa la primera fase de la transición egipcia. No le va a la zaga la Hermandad Musulmana que intentó hacerse con el poder social más que con el democrático. Ni la Hermandad ni los militares son bases para construir una democracia en Egipto. Hasta hace un año, el pueblo se manifestaba contra la SCAF, revelando parte del misterio egipcio: las coincidencias se dan siempre contra un tercero. Más allá, no suele haber acuerdo que dure. Es siempre la alianza circunstancial la que obliga a unir fuerzas contra otros, la que determina las actividades y su valoración de lo que ocurre.

Tamarod ha sido un movimiento popular que ha mostrado que el pueblo egipcio puede llegar a tener una voz propia si se consigue articular desde la sociedad misma. El otro día trataba de desligar la Revolución de las acciones que se puedan hacer en su nombre. La Hermandad Musulmana se apropió de ella cuando llegó al poder y la enterró con la redacción de la Constitución. El texto constitucional —que no contó con el respaldo más que de los islamistas, pues fueron ellos los que lo redactaron casi en su totalidad— era el "fiel reflejo" de la Revolución, según ellos. Los que habían hecho la Revolución, por supuesto, lo negaban. Por lo menos una parte, los que reclamaban un estado democrático y laico. Pero la Constitución aprobada no refleja la vocación de una "democracia" sino que es el marco que permite al islamismo el control de la sociedad. No busca la convivencia de las diferencias, sino la hegemonía y referencia religiosa. Los islamistas, con todo el poder, no desaprovecharon la ocasión para desplegar su toma de las instituciones. Todo a lo que se habían comprometido, desapareció.
A la división surgida entre islamistas y el resto, se añade otra ahora, la de los que consideran que la acción de los militares no ha sido una continuación de la Revolución sino, una vez más, su secuestro interesado. Tras un año de gobierno islamista, los recelos sembrados son grandes y las acciones militares no están contribuyendo precisamente a restituir la calma en el país. El gobierno da bandazos intentando forzar una imagen de autonomía respecto a los militares que, como siempre, son los que disponen de la fuerza. Y eso es lo que muchos temen.

La falta de sentido político de Morsi ha sido la otra pieza de este juego infernal en el que se desangra la nonata democracia egipcia. Podía haber abortado la intervención militar" estableciendo un calendario de acciones para unas elecciones anticipadas. Habría sido un mal menor, le habría permitido ganar tiempo y habría dejado en evidencia al Ejército si hubiera continuado con su amenaza. Pero no lo hizo. Preferían las calles. Y allí están ahora.
La desconexión entre la sociedad civil, desarticulada, y las famélicas élites políticas, incapaces de diálogo constructivo, de establecer objetivos para hacer salir a Egipto del impase en el que se encuentra, es la principal responsable de esta situación de estancamiento. Las iniciativas sociales reclamaron el abandono de Morsi y la convocatoria de elecciones; las fuerzas políticas lo han interpretado a su manera.


A treinta años de estancamiento social y político, le siguen dos años de hiperactividad enloquecida, de movimientos pendulares en nombre de la "Revolución", que es el nombre político del deseo. Quizá sea el tiempo de dar forma racional al deseo más allá de lo emocional. Los que han logrado dar un sentido político a su deseo de libertad parecen condenados a los "márgenes", como señala Lina Attalah en su artículo "Back to the margins", en Mada Masr —la nueva publicación que agrupa al equipo del presionado Egypt Independent— mostrando su descontento con la "centralidad" de la Revolución, una centralidad pasional sobre la que es difícil construir un futuro de convivencia. Quizá los revolucionarios, señala Attalah, formen parte de una "arquetípica marginalidad" y no les quede más remedio que permanecer en ella, eludir los cantos de sirena del "centro" pasional:

We remain who we are, we continue to do what we do, but operate from our predetermined and archetypal marginality. But we still hold on to the thought that a revolution was born from this marginality.*


Terrible idea, que condena a los ideales revolucionarios a permanecer puros en los márgenes y distorsionados en el centro de la vida política, a olvidarse de su origen o a aislarse en él. La Historia está llena de casos. La democracia, se ha dicho muchas veces, es defender los derechos de tu enemigo. No es fácil de cumplir y sí de olvidar. Algunos ni siquiera tuvieron necesidad de aprenderlo. Creo que una gran mayoría del pueblo egipcio está deseando dar a ese deseo de libertad forma de convivencia, en donde "libertad" signifique realmente ser libre. La gente firmó la iniciativa de Tamarod porque no se sentían ni mejor ni más libres con lo que Morsi y la Hermandad les proponían y hacían.

Es difícil que esta situación evolucione a mejor; ninguna de las acciones hasta el momento permite ver demasiada luz. Una vez iniciada la senda única de la "legitimidad" por la Hermandad, la reivindicación de la restitución de Morsi, y su defensa de que ellos son la revolución, solo queda ya el pulso en las calles; para los islamistas, lo que salga de las urnas, si es que llegan a celebrarse elecciones, carecerá de valor porque el primer consenso que una democracia requiere es el del conjunto de los jugadores. Y la historia política reciente es de retiradas y abandonos, de poco consenso y demasiada imposición. Poca generosidad y demasiada agenda oculta. A muchos les ha importado más el poder que Egipto.
La actuación de los militares, por más que se invoque el deseo popular —el descontento es legítimo y real— por motivos de hartazgo y de abuso e incumplimiento de la Hermandad, interrumpe el juego que necesita de todos los jugadores para ponerse de nuevo en marcha. No parece que la Hermandad esté dispuesta a ceder en nada y sí, por el contrario, a demostrar su fuerza. Si para ello tienen que morir cientos de personas, no harán sino aumentar su capital de mártires. Cuando la política necesita de muertos, malo; deja de ser política.
Cuando los historiadores revisen en el futuro este momento de Egipto, se les mostrará la poca generosidad e inteligencia que tuvieron algunos y lo tremendo de sus equivocaciones y manejos. Ante tanto error, el espíritu que llevó a la Revolución, la voluntad de acuerdo y convivencia contra una dictadura, debe perdurar, aunque sea en los márgenes, no dejarse arrastrar por el deseo y mantener claros los ideales.
Escribió Lina Attalah sobre su sensación al abandonar una sentada:

I left the sit-in feeling stifled over how it stands against everything we are fighting for, namely the end of patriarchy, be it in Islamist attire or military uniforms. It goes against our want of the end of tyranny — that relegated those with different political opinions to prison and torture cells...*


La cuestión es cómo establecer un sistema de convivencia con aquellos que solo quieren dominar y con los que no hay retorno, con los antagonistas patriarcales. El riesgo es acabar defendiendo lo mismo que rechazas, convirtiendo en júbilo lo que debería ser tu preocupación. Es más cómodo, pero muy peligroso. Los jóvenes de Tamarod han dicho que vigilarán ahora el cumplimiento de los deseos de la revolución, que ver caer a los presidentes no es suficiente, que hay que vigilar lo que se construye después. Ojalá que logren enderezar esto.
No hace muchos días, la televisión española recogía las manifestaciones de júbilo en nuestras calles de algunos egipcios que habían pedido el abandono de Morsi. Una manifestante explicó: "No estamos contra los Hermanos Musulmanes, pero no queremos que estén en el gobierno". Es como tirar lo dados y no querer que salga el cinco. La única forma de evitarlo es organizando la sociedad civil para que se tenga muy claro cuál es el riesgo de los islamistas en el poder. Muchos ya lo han visto y padecido. Ahora se trata de construir con inteligencia, que quienes estén democráticamente en los márgenes sean los que no son partidarios de la democracia o quienes la entienden a su modo particular.
Todas las revoluciones son idealistas. Es la gestión de sus resultados, de las voluntades que aglutinaron, lo que resulta complicado.


* "Back to the margins" Mada Masr 29/06/2013  http://www.madamasr.com/content/back-margins