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domingo, 27 de diciembre de 2020

Brexit, Escocia, Erasmus y otras incertidumbres

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Por muchos acuerdos que se puedan alcanzar, el Brexit abre un estado de incertidumbre. Intentar estipular todo lo que puede ocurrir en cada ocasión es prácticamente imposible porque no hay inteligencia capaz de abarcar los efectos que se pueden producir, las situaciones que se pueden presentar. Cuando se quitan restricciones se abre el campo de posibilidades y el tiempo depura los problemas cuya resolución está en manos de los afectados que usan esa capacidad que les da la propia apertura para auto regularse. Negocian con buena voluntad.

Por el contrario, el camino del cierre es un constante ir y venir tratando de establecer con enorme precisión lo que se puede y no se puede. Habría que tener varias vidas largas para sentarse solo a plantear los problemas posibles en esta situación de cierre. Para abrir todo es buena voluntad; para cerrar todo es letra pequeña y recelo.




La fanfarronería (por no decir otra cosa) de Boris Johnson es infinita. El Brexit es su bandera y como tal debe venderse a los británicos como ondeando ante una rendida Unión Europea a la que, no lo olvidemos, comparó con la Alemania Nazi vendiendo las negociaciones como la Batalla de Inglaterra. Ni el COVID-19 ni la tradicional residencia del 10 de Downing Street le han conferido algo se sabiduría responsable a Johnson que sigue haciendo populismo a lo Trump pero en una situación de muy inferior condición al juguete que son los Estados Unidos para el presidente saliente, al que ya no saben qué hacer para que se esté quieto ni los propios republicanos.

La responsabilidad del Partido Republicano en Estados Unidos es bastante parecida, a la de los tories británicos. También Johnson ha jugado la baza del "Make Great Britain Again". Las colas de camiones a ambos lados del canal han hecho ver que la cuestión populista es muy distinta allí y aquí en Europa. El acopio de todo tipo de productos por parte de los británicos en estos días por temor a quedarse con neveras y armarios vacíos indica que el Brexit y la recuperación de la soberanía ultrajada por la Unión dejan una situación cuanto menos compleja.




Todos los analistas coinciden en la aritmética esencial: 1 contra 27. Será el Reino Unido quien se lleve la peor parte, lo que tiene algo de justicia. Después será, en lo económico, España la segunda gran perjudicada por sus lazos británicos de turismo y residentes fijos, muchos de los cuales han preferido cambiar de nacionalidad, jubilarse como británicos y morirse como españoles. Y es que el sol tira mucho. La verdad sea dicha, languidecer en la brumosa Gran Bretaña, pudiendo hacerlo en los pueblos de la Costa del Sol, Canarias y Baleares, cuesta. Británicos por dentro, bronceados por fuera.

No fue por mucho los que ganaron el Brexit y con alguna que otra argucia en cuanto a las fechas, alejando a los jóvenes de las urnas. Ellos eran los que estaban más comprometidos con Europa. Hace unos días se anunciaba que se cerraba el Programa Erasmus, una forma de construir Europa conjuntamente. Quizá por eso ha sido de las primeras cabezas cortadas. Ahora —ya lo hace Johnson— se trata de justificar lo hecho haciendo anti europeísmo y sacando todos los días la banderita a pasear en cada acto público.




El Reino Unido tiene  un problema añadido que no se ha resuelto, Escocia. La primera ministra de Escocia lleva advirtiendo de la convocatoria de un referéndum de independencia en cuanto que tenga ocasión porque se sienten más "europeos" que cerca de la colonial Inglaterra, es decir, salirse de la Unión y regresar a la Unión Europea de la que se sienten parte. Indudablemente la geografía y la historia juegan en su contra, pero hay también otros motivos por los que la cuestión no es sencilla. La explicación en cambio sí lo es: abrir la caja de los separatismos en una cuestión muy problemática. Escocia es una golosina envenenada. En estos tiempos de apoyo al caos, de la desinformación y del apoyo a terceros para producir confusión, alentar el separatismo escocés es correr el riesgo (en España lo sabemos bien) de que los nacionalismos se animen más de lo que están.

La primera ministra escocesa ha publicado en la página oficial un carta a los europeos en donde se refleja el sentir escocés y se da garantías a los europeos residentes allí:


I would like to thank you for all you have done during this time as we have faced, and continue to face, this challenge together. You are of course our friends, family and neighbours in a year when the importance of these relationships cannot be overstated. 

I believe that EU citizens in Scotland should not need to apply to protect the rights you already have to live, work and study here, but nevertheless there is a requirement, however unwelcome, to apply to the UK Government’s EU Settlement Scheme. 

Thankfully, many of you have now applied to the EU Settlement Scheme and secured your status. Yet many of you are still to secure your status, and I must sadly reiterate that it remains critical that everyone who wishes to stay in Scotland must complete an application by the 30th June 2021. Any EU citizen who is resident in Scotland before the 31st December 2020 is eligible to apply, and I encourage you to do so.  

The Scottish Government’s Stay in Scotland campaign provides practical guidance and support to help you protect your rights and complete your application to the UK EU Settlement Scheme.*




Como se puede apreciar, una estrategia y actitud muy diferente a la practicada por Boris Johnson y los suyos respecto a Europa. Strugeon cumple lo estipulado, pero manifiesta su distanciamiento de lo que considera una imposición inglesa y sobre todo aporta su simpatía hacia Europa, hacia sus ciudadanos y les anima a quedarse. Muy lejos de la antipatía británica de Johnson y los suyos, que han jugado a la eurofobia. La primera página del sitio oficial está engalanada con banderas europea y ya en su primer párrafo se recuerda que en el referéndeum de 2016, Escocia eligió quedarse y que ese sigue siendo su sentimiento.



Indudablemente a los amantes del Brexit —como a los Estados Unidos de Trump y como igualmente a Rusia— les interesa una Europa inestable, conflictiva, de difíciles acuerdos en cualquier cosa, con la que sea posible establecer relaciones en condiciones favorables. Es lo que Rusia ha conseguido por el Este, con los países llegados a Europa y que mantienen lazos oscuros. Estos países, como Polonia y Hungría, juegan las bazas anti europeas y del nacionalismo populista. Las amenazas a las prácticas nada democráticas de los grupos en el poder hacen que se resienta la unidad europea, que debe ser sobre todo de principios, de valores, de cultura.

Un tema sensible es precisamente el Programa Erasmus de intercambio de estudiantes europeos, uno de los mayores logros unitarios de efectos, más allá de los estudios, sobre el sentido identitario europeo.

La BBC nos dice:

Prime Minister Boris Johnson has announced that the UK will not continue to participate in it and will be replacing it with a new scheme named after the mathematician Alan Turing.

He said leaving Erasmus had been a "tough decision" but that under the new scheme, students would "have the opportunity... not just to go to European universities, but to go to the best universities in the world".

The EU's Brexit negotiator Michel Barnier said he regretted the decision.

Students at universities in Northern Ireland will continue to participate in Erasmus, as part of an arrangement with the Irish government.

The UK government has already introduced a new immigration regime for students.**

 


Esperemos que los estudiantes no sean tan maltratados como lo fue el pobre Alan Turing, llevado al suicidio por la intransigencia social e institucional hacia su homosexualidad. No sé si la idea de mandar a los estudiantes británicos por el mundo es precisamente lo que ellos esperaban. De un programa sobre la identidad y el conocimiento mutuo europeo, Johnson creará un programa turístico a base de acuerdos bilaterales. No será, indudablemente, lo mismo.

De la misma forma que Reino Unido rechaza el acuerdo del Programa Erasmus de intercambio de estudiantes, en unos países en los que se presenta también a Europa como una invasora, una destructora burocrática, la aparición del sentimiento anti europeo es cuestión de tiempo. Se trata de crear condiciones de imposibilidad a través del enrarecimiento de la situación, de la presentación negativa del otro y de redirigir la frustración hacia la Unión Europea. Es lo que han hecho los Farage, LePen o Salvini de turno y en España la huestes de Vox, que han calcado esas maneras viejas de nacionalismo a la contra con las que demostrar su amor ferviente a patrias y raíces sacrosantas. Es lo que hacen en Polonia y Hungría, lo que hace la ultraderecha alemana o de cualquier otro país.




Europa no debe caer ni en la trampa del enfrentamiento ni en la de la pasividad que dé aliento a lo que crece en muchos de sus rincones, alentados por unos y otros desde el exterior. La actuación europea en la vacunación, nos dicen algunos, será decisiva para demostrar que Europa funciona, que lo hace equitativamente y de forma solidaria.

Es importante que dejemos de hablar de Europa de una forma retórica y hueca y lo hagamos como un elemento identitario importante. Tenemos mucho sobre lo que construir por encima de muchos otros factores. Pero hay que elegir los cimientos adecuados y construir con solidez, no sea que el edificio se resienta ante lo que queda por llegar.

 


* "First Minister’s letter to EU citizens in Scotland: December 2020" Scottish Government 18/12/2020 https://www.gov.scot/publications/first-ministers-letter-to-eu-citizens-in-scotland-december-2020/

** Anthony Reuben Erasmus: What could happen to the scheme after Brexit? BBC 26/12/2020 https://www.bbc.com/news/education-47293927



sábado, 6 de junio de 2020

Se vende normalidad en buen estado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Seguro que todos tenemos nuestra visión particular sobre lo que es más o menos seguro, de lo que es prioritario y lo que no lo es en este proceso llamado de desescalada y que se está empezando a ver por algunos como un descenso en rápel. Cada uno tiene su escala de prioridades y echa en falta unas cosas más que otras. Como en todo frenazo, se nos ha quedado un sabor amargo respecto a las cosas que hemos dejado de hacer.
Pero ha llegado el tiempo de los estímulos. Con las aceleraciones, se pretende captar rápidamente ese ahorro récord —ahorro nada virtuoso, sino sobrevenido— que se ha producido al no poder gastar. Por mucho que se eche de menos una terraza, no se lo va a gastar uno todo en sesiones de patatas y cerveza hasta reventar o dejar la cuenta a cero.
Sabemos que el deseo de consumo reprimido debe tener un estallido inicial para después regularizarse. Yo, por ejemplo, echo de menos todos los DVD y BD que no he podido comprar en este tiempo y mis sesiones de cine de fin de semana, placeres pequeños que trataré de compensar hasta regularizar mi deseo.

Para captar ese impulso similar al que sale de la cárcel y va a tomarse su primera cerveza, a comerse un chuletón o deleitarse con un cappuccino, las empresas despliegan sus estrategias de recuperación de lo perdido. Se inicia la guerra entre lo que no hemos gastado porque no podíamos y  lo que algunos consideran que les hemos robado al no gastarlo.
Me recuerda el razonamiento de los personajes de nuestra película "Atraco a las 3", de los empleados que van a robar su propia sucursal bancaria y miran a los que van a retirar dinero de sus propias cuentas como "ladrones" que les están robando. Aunque se trate de una comedia, el razonamiento psicológico es bastante razonable. Todos creen que lo que hemos dejado de gastar les pertenece y han de recuperarlo en feroz competencia. 
Pero ¿qué ocurrirá tras el primer impulso, tras las primeras compras? ¿Culpabilidad por gastar demasiado teniendo tanta incertidumbre por delante? ¿Gasto o aprovechar lo ahorrado? Esa es la cuestión. Nos dicen que el ahorro español está en máximos.
Indudablemente, para muchos está claro: hay que gastar, en ellos a ser posible. Pero para otros, nadie va a velar por ti mejor que tú mismo y se debe guardar para el futuro. Al final sabemos que la economía no es tan racional y funciona entre pánicos y delirios, que lo importante es encontrar los resortes adecuados. Es eso lo que se ha reconocido con los Premios Nobel durante las últimas décadas, la forma de estudiar los miedos en la economía real.


La BBC publicó el día 28 un artículo titulado "Stranger Danger", firmado por Douglas Fraser, el editor de Negocios/Economía del área de Escocia. El artículo es precisamente un recorrido entre lo que planifican para nosotros y lo que nosotros podamos pensar al respecto, con especial incidencia sobre comportamiento del movimiento turístico. ¿Vamos a ir a donde esperan que vayamos? ¿Cómo se perciben los "riesgos"? En el fondo nuestras decisiones como consumidores son decisiones tomadas evaluando los riegos que asumimos. Quizá nuestra percepción no coincide con las de otros, que esperan de nosotros un comportamiento distinto.
El artículo de Douglas Fraser termina con una reflexión y una advertencia:

Persuading the government to let business premises open up for trading is only the first part of the challenge. It's the relatively straightforward one.
Getting over customer hurdles of anxiety and fear will be more complex and nuanced, and doing so will surely take a lot longer.*



En efecto, levantar muchas barreras solo es la primera parte. Luego serán las personas las que deciden si se mueven o no, si gastan o no y en qué lo harán si lo hacen. Las imágenes de los insensatos que se dedican a saltarse las normas no son formas precisamente de aumentar la sensación de seguridad. El incidente del pasajero del vuelo a Tenerife no es lo que lleva a tener ganas de meterse en un avión por más que nos lleven a un destino idílico. Por mucho que se nos sonría y se nos empuje (a veces ambas cosas) no se va a vencer el miedo y la resistencia que provoca. Lo único que vence al miedo es la seguridad, no la declaración de la "normalidad" por decreto. Es más, creo que los movimientos de aceleración que estamos viendo no son precisamente los que están creando sensación de seguridad. En muchos casos pueden estar sirviendo para lo contrario, crear una mayor sensación de riesgo.
Fraser resume así lo mostrado por las encuestas realizadas en Escocia:

Respondents liked the idea of self-contained self-catering, in caravans or camping, allowing families to cut off from other people. There's less appetite for going out for meals while renting on holiday.
The preference is for the countryside and beaches, rather than cities and towns. None of these findings will come as a surprise, but it's not good news for the immense tourism infrastructure in cities including Edinburgh, which will be without its festivals this summer.
There's reduced interest in indoor activities such as visits to arts and cultural venues. Purpose-built attractions will have less appeal, post lockdown.
Attendance at events and festivals and mixing with locals both have much less appeal now than previously.
"Given the importance of Scotland's 'friendly welcome' messaging, navigating around this will require a lot of thought," the survey compilers observe.
In general, the survey found that 11% of people are nervous and very wary of a return to travel, while 17% of those surveyed said nothing has changed, and they'll return to the way things were before.

Parece claro y con bastante sentido. No sé hasta qué punto podemos tomar nota por nuestras diferencias (lo que un escocés imagina y asocia como "playa" y lo que imaginamos nosotros). Recordemos las quejas de muchos municipios por la llega del "turismo bronca" a sus poblaciones y barrios. ¿Es eso posible?


La sensación de seguridad, una vez más, nos la da el comportamiento a nuestro alrededor. Creo que estamos obteniendo la evidencia de la división en dos de la población. Descubrimos que hay personas que, desde su aparente normalidad, tienen un sentido muy diferente a nuestro (presupongo que los lectores son sensatos, pero puede incluirse en el bloque que le parezca acorde con su propia personalidad) en cuanto a la prevención y el respeto de las normas. Probablemente no sean más que variaciones del que cruza en rojo, el que se cuela en el supermercado, no devuelve cuando debe lo que le prestan y camina con zuecos de madera sin importarle la hora. Sí, es probable que todas sean manifestaciones de un mismo tipo psicológico, el de la persona que le traen al fresco los demás. Son esos que ve caminando frente a usted sin mascarilla porque han descubierto que si van sin ella son los otros los que se apartan y se ahorra el gasto. Sí, hay muchos de esos. En el otro lado están los que se las ponen, guardan dos metros y esperan su turno. No sé si los dos tipos son necesarios para la humanidad y en qué proporción, pero lo cierto es que los hay.


En gran obstáculo va a ser el miedo, el hecho de que nos sintamos más seguros en casa, lo que llaman el "síndrome de la cabaña" y que se produce tanto por miedo al contagio como por el espanto que causan los inconscientes. Como el inconsciente español suele presumir de sus bravatas y le gusta, como a Don Juan, alardear de sus "conquistas", que para eso las hace, muchos son detenidos gracias a ese narcisismo que les lleva a colgar en YouTube sus olímpicos saltos de las normas. "Por la boca muere el pez", decimos. Y así suele ser, en efecto.
¿Qué se puede hacer ante estos comportamientos negativos que hacen que muchos decidan no montarse en un avión o tren? ¿Qué hacer ante estos botellones, ante reuniones en mitad de la calle, con niños o sin niños, con perros o sin perros? ¿Broncas todos los días afeándoles lo que hacen? ¡Pero si les encanta! ¡Son provocadores narcisistas, a lo Trump, les va la marcha! ¿Qué hacer con estos Luis XIV del asfalto, con estos Nerones de terraza? ¿Que hacer con los que han decidido que han nacido guapos y que la mascarilla no le hace justicia?
La solución turística de Douglas Fraser, la que le dicen las encuestas en Escocia, es coger una caravana e irse a lo más lejos posible de cualquiera. Piérdase. En nuestro caso, es probable que se vuelva al veraneo de chalet frente al de hotel, a la casita aislada frente al turismo masivo del bullicio y el balconing. Se acabó eso de de montarte en el avión en Hamburgo por la tarde, noche de juerga en Ibiza y regreso pedo perdido a Hamburgo por la mañana. Al menos, eso espero. Un verano atípico, si.
Me temo que va a haber una importante batalla para definir qué es "normal" dentro de la "nueva normalidad". Va a haber mucha discusión semántica sobre los dos términos. Y puede que haya que mirar con cuidado lo que nos venden y vendemos. Ya hemos oído a algún experto decir que es "normal" que haya "rebrotes". ¡Claro! Incluso que haya "rebrotes estúpidos". Gajes del oficio, dirán algunos.



* Douglas Fraser "Stranger Danger" BBC 28/05/2020 https://www.bbc.com/news/uk-scotland-scotland-business-52839660

domingo, 21 de septiembre de 2014

Las apuestas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Durante los días previos a la realización del referéndum sobre la escisión de Escocia del Reino Unido era un tópico informativo repetir que la decisión estaba en manos de los indecisos. El juego de palabras describe en este caso la realidad o quizá solo lo parece. La BBC se hace una pregunta desde sus titulares: "¿Por qué las apuestas predijeron mejor que las encuestas el referendo de Escocia?". La idea general del artículo es la mayor fiabilidad de las apuestas frente a las encuestas, lo que llaman "intuición vs. predicción":

El resultado del referendo de Escocia de este jueves ha vuelto a poner en cuestión el trabajo de los encuestadores políticos.
En los días previos a la consulta, las principales encuestas arrojaban un resultado muy ajustado.
Aunque la mayoría de las encuestas acertaron que el No ganaría, el margen final de 10 puntos dista mucho de ser una victoria por la mínima.
El No a la independencia se impuso 55%-45% al Sí.
Si uno hubiese seguido los resultados de las casas de apuestas británicas, la predicción habría sido más fiable, argumentaba este viernes en The New York Times el profesor de la Universidad de Michigan, Justin Wolfers.
Para las casas de apuestas, el No siempre fue favorito. En Betfair, los apostadores estimaban la probabilidad de victoria del No en un 80%.
Y en cuanto al margen, quienes jugaban su dinero predecían que el No ganaría por unos 4 puntos, un margen menor que el del resultado final, pero más aproximado que el de muchas encuestas.*


La cuestión entonces es preguntarse qué tipo de mecanismo se pone en marcha en cada uno de los casos. La apuesta tiene sentido cuando existe un cierto nivel de incertidumbre y se guía por la intuición, que no es una simple corazonada, sino el resultado del procesamiento de múltiples factores de forma "ambiental", podríamos decir. Tampoco significa que todas las apuestas sean iguales. Quiero decir que no es lo mismo apostar sobre el resultado de un partido de fútbol que sobre el resultado de un referéndum, pongo por caso. En el caso de las apuestas sobre un partido, el grado de incidencia sobre el juegoo debería ser nulo (aunque podría decidir a alguien a amañar el partido). Pero en las apuestas sobre un proceso político, como ha sido ahora, la influencia es doble: puede influir sobre la decisión de los votantes (por eso se prohíben en algunos países dar a conocer los resultados de las encuestas) y refleja la propia decisión de los votantes si estos realizarán la apuesta (lo que apuestan refleja su deseo o intención). ¿Por qué fallan las encuestas y aciertan los apostadores?, se pregunta la BBC.


Hay dos aspectos, el de la sinceridad y el del compromiso. En el propio reportaje de la BBC se señala que mucha gente teme manifestar su opinión cuando es preguntada. Pero ese temor va más allá de manifestarlo a los encuestadores. Debería existir un factor de corrección que estableciera la relación entre manifestar la opinión y el miedo ambiental. Me refiero con este miedo a la intimidación o simple presión que se puede sentir para emitir un voto.
En el reportaje se señala:

"Un cierto sector de la población en Escocia quería seguir formando parte de Reino Unido pero avergonzado por decirlo abiertamente", le dijo Rothschild, economista de Microsoft Research, a BBC Mundo.*


En Escocia ha existido "libertad" para emitir el voto en un sentido u otro, pero eso es una cuestión abstracta. En la vida real existe una presión directa que va desde el vecino a las propias familias, de los amigos al trabajo. En uno de los múltiples reportajes que se han emitido estos días por todas las cadenas de televisión, una mujer mayor confesaba cómo sus hijos la presionaban para que cambiara su voto en favor del "sí". Esto ocurre en todas partes y el nivel de presión depende del grado de confianza. Si hay una gran presión, los que temen verse presionados tienden a manifestar menos su opinión para evitar el conflicto y las tensiones con los que les rodean, que pueden llegar a ser muy incómodos. Estamos hablando de un país democrático, Reino Unido, en el que ambas partes han tenido posibilidad de exponer sus intenciones, si bien esto es siempre sobre el papel pues las instituciones no son neutrales y juegan un papel importante. El "sí" jugaba con blancas y tiene el aparato del poder y las instituciones de su lado o, para ser más precisos, son su herramienta de trabajo en el "sí".


Los argumentos en este tipo de referéndum son siempre básicamente emocionales e implican acusaciones convirtiendo las opciones en maniqueas. Los escoceses que han votado "no" siempre pueden ser acusados de "traidores" o "renegados" desde la perspectiva local, que defiende el "sí". Eso es un gran peso. Es lo que nos indica el voto "escondido". ¿Por qué razón, si no, hacerlo?
El voto del "sí" es el oficialista, el que juega con las razones "locales" y la apropiación de las señas de identidad. El "sí" se adueña del kilt y la gaita, por decirlo así, de la historia nacionalista y de las señas de identidad —banderas e himnos, poetas y músicos— que se han cultivado durante décadas para alcanzar una diferencia visible y doctrinal respecto a la historia común, la del Reino Unido.
Pensar que en las elecciones la gente se encuentra en condiciones "ideales" de laboratorio es una gran falacia. Hay una gran diferencia entre las consultas soberanistas e identitarias y las elecciones generales o de otro tipo. La presión psicológica y social es muy fuerte en los primeros. Se juega con muchos más factores emocionales y pueden llegar a provocar una angustia brutal.


En los casos identitarios, como el de Escocia, se realizan además tras una pedagogía institucional de décadas orientando el sentimiento tanto positiva como negativamente. El sistema educativo y demás instituciones van orientando hasta alcanzar el nivel de "conciencia social" suficiente como para que el referéndum permita dar el salto de la ruptura. Los nacionalistas escoceses, pensarán ahora, necesitarán un par de décadas más para hacer "madurar" al pueblo antes de plantear la consulta de nuevo.
Uno de los factores que más se ha comentado es precisamente el factor de edad y sexo en la votación escocesa. Los más jóvenes se decantaban por la independencia, mientras que los adultos (y mujeres) eran más proclives a mantener la unión. Los jóvenes son los que reciben el primer adoctrinamiento en las escuelas; son más fáciles de manipular porque carecen de referencias y es más fácil prometerles "futuro" si el presente no es bueno. Los nacionalistas han aprovechado la crisis para plantear su consulta; siempre es mejor prometer futuro con el presente complicado.
Los jóvenes que han votado "sí", piensan los nacionalistas, mañana lo seguirán haciendo, y los adultos que votaron "no" estarán lejos de este mundo. La presión debe aumentar entonces sobre el sistema educativo y desde las instituciones consolidando la idea victimista que se quiera establecer. Por eso nunca hay bastante "autonomía", pues no es más que un paso para fabricar el ansia de "independencia", de separación. Cualquier cambio realizado es solo un peldaño más que se utilizará para generar la insatisfacción que permita seguir avanzando en la misma ruta.


El segundo aspecto es el del "compromiso". Si le sumamos al apoyo institucional —ese jugar con blancas— la motivación del cambio, existen fuertes diferencias entre el compromiso del que quiere cambiar y el del que quiere seguir con la situación existente. Eso implica un activismo más enérgico y visible por parte de los que quieren el cambio de situación. Y esa energía y visibilidad tiende a hacerse eufórica, mientras que los oponentes prefieren trabajar de forma más discreta o sencillamente no manifestar sus opinión y hacerla efectiva en las urnas. La gran parafernalia, las multitudinarias manifestaciones, la presencia constante y apabullante de los símbolos se utilizan para generar ese clima de unanimidad al que se suman muchos eufóricamente pensando que todo es inevitable.
Finalmente, Escocia votó "no" a deshacer lo que la historia había ido forjando en siglos. El secesionismo es el tercer peligro que supone una amenaza para la construcción europea. Los otros dos son el "euroescepticismo" y el "ultranacionalismo". Estos tres movimientos pueden coincidir en ocasiones. Pero el secesionismo tiende a no ser antieuropeo, mientras que los otros dos sí lo son. Los secesionistas saben que pueden quedar aislados tras su separación y aspiran, precisamente, a ser reconocidos por la comunidad internacional, que sería la construcción global de su identidad: ellos y los demás los ven como diferentes.


Curiosamente, este deseo de separarse de unos para unirse a otros tendrá efectos secundarios. ¿Qué sentido tiene demandar más autonomía para luego perder soberanía ante las instituciones globales europeas? Europa es una cesión de soberanía. Aunque sea hacer "política ficción" esa contradicción solo se resolverá cuando estos movimientos secesionistas se separen, primero, se incorporen a Europa, en segundo lugar. Cumplidas esas dos fases, su propia inercia les llevará a desarrollar movimientos euroescépticos, que inicien movimientos de retroceso en cuanto que vean que las promesas que les han ido alentando en cada fase no se materializan.
No hay ninguna garantía, más allá de los discursos políticos, de que realmente a Escocia o a cualquier otra parte de país en proceso secesionista, les vaya a ir mejor. Los secesionistas se quieren separar de sus países; los euroescépticos quieren hacerlo de Europa. Hacerlo es creer en lo que nos cuentan y tomar decisiones irreversibles y conflictivas. Si alguien piensa que salir de Europa o separarse de un país solo trae felicidad es que está soñando despierto. Al final no se trata de vivir en unas Arcadias románticas en las que ir cada día con el traje regional al trabajo, sino de asuntos mucho más complejos, difícilmente calculables por más que todos los pongan sobre la mesa.


El "no" de Escocia es importante y tendrá efectos psíquicos y sociales en los países inmersos en procesos similares. La aventura europea es una fase que se ha podido emprender por considerar que el mapa europeo era estable. La inestabilidad de los estados tendrá un efecto sobre el proyecto europeo. Digan lo que digan los que solo ven ventajas, el conjunto ser verá modificado y eso afectará a las partes.
Cuando a los que se separan no les cuadren las promesas con la realidad, comenzarán a buscar culpables y los candidatos serán el país del que se han separado (la herencia) y Europa (como hacen hoy muchos otros países en los que avanza el euroescepticismo). Ocurra lo que ocurra en cada caso, de lo que tengo pocas dudas es que el futuro se parecerá poco al que nos han pintado entre todos.
La BBC cierra el artículo con una sección titulada "lecciones":

Los expertos en encuestas políticas ya están intentando extraer lecciones de cara a futuros referendos.
Fischer dijo que en general las encuestas previas a referendos tienden a dar más peso al voto por la independencia.
Fischer dijo que es algo que ya ocurrió en Quebec, en 1995, se ha observado en el caso de Escocia, y podría suceder con las encuestas previas al referendo de independencia que Cataluña pretende celebrar el 9 de noviembre.
"Los encuestadores tendrían que tomar en cuenta esto para no sobreestimar el voto del Sí".*

Que sean las casas de apuestas las que están más cerca de la verdad de lo que ocurre no deja de ser una ironía, pero muy reveladora. Puede que la vida sea un arriesgarse continuo, pero también es cierto que hay unos jugadores imprudentes y otros más sensatos que prefieren moderar sus apuestas.



* ¿Por qué las apuestas predijeron mejor que las encuestas el referendo de Escocia? BBC 19/09/2014 http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/09/140919_casas_apuestas_encuestas_escocia_fp.shtml