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jueves, 20 de junio de 2024

Rusia y la desestabilización de los Juegos Olímpicos

 Joaquín Mª  Aguirre (UCM)

La sección de la página de RTVE.es llamada "Una mirada europea" suele traernos artículos de interés. Son artículos publicados en las webs de los medios de toda la Unión sobre diversos temas. Se nos amplía así nuestra visión del conjunto de los temas que preocupan más allá de la perspectiva local, algo de agradecer dada la monotonía que nos acompaña.

Nos quedamos esta vez con uno de los temas que más interés y preocupación suscita en este complejo verano que tenemos por delante. Me refiero al de los Juegos Olímpicos de París en su variante referida a la seguridad, algo que preocupa en muchos centros dada su visibilidad. Si bien hay temor a posibles atentados, los miedos no se quedan ahí. 

En especial, el artículo —firmado en su original francés por Apolline Merle—se ocupa del problema de la manipulación informativa y lleva por título "Por qué Rusia busca desestabilizar a Francia y la organización de los Juegos Olímpicos". Su origen es la cadena FranceInfo y nos explican en él:

[...] Desde hace varios meses, Rusia lleva a cabo una campaña masiva de desinformación y desestabilización en toda Europa. Pero Francia, con los Juegos de París 2024, está especialmente en el punto de mira. Es incluso el país más afectado.

"Hace un año, Francia atribuyó oficialmente por primera vez a Rusia operaciones de amplificación artificial de contenidos en las redes sociales como Doppelgänger [artículos falsos de medios auténticos]. Desde entonces, Viginum, el servicio francés de vigilancia contra las injerencias digitales extranjeras, ha denunciado un número creciente de injerencias digitales del Kremlin", señala David Colon, profesor e investigador en Sciences Po y autor del libro La guerre de l'information (Ed. Tallandier). La lista continúa: vídeos manipulados mediante inteligencia artificial, publicación de artículos de prensa falsos y un número creciente de acciones destinadas a desestabilizar a las autoridades.

El 2 de junio, el Centro de Análisis de Amenazas de Microsoft (MTAC) publicó un informe sobre la "intensificación" de estas "campañas de influencia maliciosas" dirigidas y coordinadas por Moscú, dirigidas a Francia, al presidente francés Emmanuel Macron y al Comité Olímpico Internacional (COI). "Estas campañas podrían ser un presagio de amenazas en línea para la competición internacional de este verano", advierte.*


Lo que hasta no hace mucho se consideraba exageración, la posibilidad de Rusia de manipular a Occidente con sus campañas desinformativas en todos los campos, se da ya por hecho en prácticamente todos  los centros de investigación política. 

Rusia practica la "ley del embudo", es decir, aprovecha la apertura informativa de los países europeos y, al mismo tiempo, restringe sus propias condiciones informativas. Esta diferencia le permite aprovechar las ventajas que le conceden las condiciones europeas para la manipulación a la vez que guía la propia percepción de los rusos, convenciéndoles de ser las víctimas inocentes del malvado Occidente.

Una de las cosas de más interés que muestra el artículo es precisamente hablar de "guerra de percepción", es decir, señalar que los esfuerzos rusos se centran en actuar sobre la percepción que se pueda establecer sobre ciertos aspectos que les interesen. De esta forma se produce un descrédito institucional que hace perder la confianza de los ciudadanos manipulados.

El objetivo es modificar la percepción sobre algún aspecto estratégico. El artículo señala la opinión de diversos especialistas sobre lo que suponen estas acciones del Kremlin:

"El presupuesto de la Federación Rusa para 2024 para operaciones de influencia asciende a más de mil millones de euros, lo que no incluye los presupuestos de los servicios de inteligencia ni las sumas invertidas por actores privados en particular", detalla David Colon.*

La creación de un clima de temor en torno a los Juegos es una forma de ataque programable mediante rumores, noticias falsas y demás formas de este estilo. Se siembran confusión y temores sobre la celebración que afecta a los actos, al ambiente que le rodea.

Los aparatos del Kremlin llevan años actuando para crear todo ese "mal ambiente" y sembrar desunión y desconfianza en Europa. Los resultados de las elecciones europeas recientes así lo confirman, pues Rusia es responsable en gran medida del ascenso de los populismos y de la pérdida de valores de la Unión.

Esperemos que los Juegos se puedan celebrar con el mínimo de interferencias. El cambio de estrategia no es tanto impedir que los juegos se celebren —eso queda para otros agentes exteriores—, sino en manipular la percepción de los mismos aprovechando su celebración desinformando, provocando descontento. 

Hoy no hay acto —de unas elecciones a unas Olimpiadas— que Rusia no trate de desestabilizar. Hay que ir acostumbrándose a ello y estar prevenidos. 

* FranceInfo: "Por qué Rusia busca desestabilizar a Francia y la organización de los Juegos Olímpicos" RTVE.es 18/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/

lunes, 21 de mayo de 2018

Las categorías y el orden del mundo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las cuestiones más delicadas en muchos, pero especialmente en el del Periodismo, es la "categorización", es decir, el proceso que tiene como resultado la creación de unas "categorías" en las que se encuadran elementos que tienen suficientes aspectos en común. Las categorías son, pues, formas de inclusión (de lo que tiene algo en común) y de exclusión (separación de lo diferente). Un buen sistema de categorización permite, en el caso del que hablamos, encuadrar correctamente las noticias.
Las categorías no son fáciles de establecer en algo tan complejo como es la realidad. No tenemos dudas en situar la victoria de ayer de Rafael Nada en el Máster de Roma en la "categoría" o "sección" deportiva. Pero no todo admite una clasificación tan clara. Hay sucesos que no son fáciles de situar en una categoría. Cuando lo hacemos, estamos situando la noticia en una perspectiva determinada que revela nuestra forma de clasificar, es decir, en realidad de "ver el mundo" y sus conexiones. Clasificando aprendemos la nitidez de las relaciones es una operación mental que es el resultado de nuestra forma de ver. Esa forma de ver, en el medida que se crea para que los lectores pueden encontrar las noticias o, de otra forma, sepan qué tipo de noticias van a encontrar en la sección, ese esencialmente social o, si se prefiere "cultural". Clasificamos pensando en que los demás deben compartir esa forma de pensar.
Un ejemplo, la noticia que comentamos hace dos días sobre el compromiso firmado por científicos españoles para no participar en actos académicos en los que no hubiera representación de mujeres, fue clasificado por el diario El Mundo en Yo Dona y en la sección "Lyfestyle". Las dos noticias anteriores son "El príncipe Carlos será el encargado de acompañar a Meghan hasta el altar" y "Vídeo Ejercicio de 15 minutos para aclarar tu mente" y las dos posteriores "Verónica Blume y María León nos descubren la Barcelona más chic en bici" y "Esta semana, Verónica Blume en la portada de Yo Dona". No sé si "Lyfestyle" es lo más adecuado para la noticia, Yo, al menos, no la buscaría allí; pero es allí donde se encuentra.


Clasificar implica poner en marcha un sistema de valores y de conexiones. Es cierto que hay cuestiones que no son fáciles de clasificar, pero también es cierto que los errores clasificatorios tienen consecuencias: nos hacen percibir las relaciones o valoraciones del mundo de una forma sesgada o falsa. Puede parecer que lo importante es que aparezca la noticia, pero dónde la encontramos está marcando nuestra percepción valorativa.
Dejé de ir a una librería importante porque era frustrante que se mezclaran en un mismo estante los estudios sobre ciencia y los de pseudo-ciencia, los estudios sobre historia de las religiones con los escritos de los líderes de las sectas, los estudios de Psicología con los que prometían llevarte a otra dimensión, etc. No sé si era confusión o depresión lo que me producía. Quizá ambas cosas a la vez.
Una cosa es la lógica blanda, lo "fuzzy", y otra muy distinta unas clasificaciones que son en realidad la consagración de estereotipos sociales y reduccionistas. La forma de clasificar impone un orden lógico sobre la realidad, que es vista a través de él. Si lo que hacemos es clasificar a través de estereotipos, lo que estamos haciendo es reforzándolos y dándoles validez, obligando a movernos a través de ellos. Esto es especialmente importante en las cuestiones de género, raciales, xenófobas, etc. que se pueden ver transformadas en valores consagrados por la estructura de categorías.
La realidad es compleja y nosotros debemos elegir verla desde unos ángulos u otros. Pero debemos ser conscientes que esa elección tiene consecuencias al crear un determinado contexto para la propia noticia.


La clasificación de libros es un ejemplo claro. Irán a unos estantes u otros en función de nuestras decisiones. Podemos enviar "Moby Dick" a la sección de "libros infantiles y juveniles", lo que nos llevará a percibirlo de una manera u otra y pensemos que no es adecuado para nosotros.
Pensemos —otro ejemplo— en las categorías de edad con las que son clasificadas las películas. Implica tener en mente una idea de la película, pero también de cómo son las personas en cada tramo de edad. Lo que yo piense de los niños y niñas determinará si la película resulta adecuada para una edad u otra.
Constantemente estamos estableciendo categorías y clasificando la realidad a través de ellas. En la medida en que existen instituciones y agentes sociales que desempeñan esta tarea percibimos en el mundo clasificado, con límites, que son los que las propias categorías establecen.
Probablemente, uno de los campos más claros sea el del género. En este caso, la visión clasificatoria viene determinada por la visión patriarcal en la cultura. Comprendemos claramente aquí el valor de las grandes clasificaciones culturales, como pueda ser, por ejemplo, la exclusión de las mujeres de ciertas lecturas (o de la lectura en su totalidad).
La película Yentel comienza con la llegada de un carromato del librero al pueblo. Los libros de un lado son para hombres, los del lado opuesto para las mujeres. Los de las mujeres, como le dicen, a la joven aspirante a conocer el mundo, cuentan historias y tienen dibujos. Los del otro lado son los que hablan de Dios, cosa de hombres. Son muchas las culturas que tienen esas categorías.


Somos seres clasificadores porque es una forma de manejar el mundo frente a nosotros y a nosotros mismos. Por eso es importa tanto conocer el sistema clasificatorio y corregirlo, eliminar los prejuicios y estereotipos que determinan las clasificaciones o, como decíamos el otro día, la necesidad de incorporar otras miradas en la explicación y ordenación del mundo.
Más allá de la prensa, en donde es un ejercicio constante, afecta al conjunto de la cultura. La introducción de nuevas categorías o la modificación de las existentes suponen una variación en nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos en él. Por eso, los errores y retrocesos son peligrosos. Implican cambios en la mentalidad. En el caso de los medios, la responsabilidad es grande porque ahora son una enorme maquinaria de clasificación y configuran nuestra percepción y valoración. La tentación estereotípica es grande por su comodidad. Por eso es importante que actúen en sentido contrario, mejorando el sistema.
La mejor forma de hacerlo es la revisión constante del sistema de clasificación, una revisión crítica, con miradas que aporten puntos de vista nuevos sobre el orden del mundo. Ampliar categorías para poder manejar su mayor diversidad y diferencias.


lunes, 13 de octubre de 2014

A vueltas con la marca

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Cree realmente alguien que es posible controlar la "imagen" o "marca" de un país? Una y otra vez se insiste en lo de la "marca España" como si realmente fuera posible controlar de forma eficaz lo que proyectamos hacia el exterior. El titular que el diario El País resalta de su entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, “Confío en que a la larga el caso del ébola no dañará la Marca España”, así parece indicarlo. Es cierto que esa frase, como tal, no aparece en la entrevista de esa forma, pero la pregunta sobre la "marca" está ahí:

P. El impacto mundial de la noticia del primer contagio por ébola fuera de África ¿no dañará el prestigio de la marca España?
R. Yo confío en que, cuando todo pase, sea al revés. Ante un acontecimiento que puede afectar a cualquier país, la sociedad española ha demostrado que es solidaria y a la larga se verá que nuestro sistema de salud es de los mejores del mundo.*

La respuesta de García-Margallo puede desglosarse en cinco planos: el de la confianza (él confía), el de la remontada (lo que ahora es negativo, será positivo), el de descarga de responsabilidad (puede afectar a cualquier país), el canto al todo de la sociedad española (es solidaria) y, por último, el canto a la parte (defensa de la gestión del sistema sanitario).
Todo comienza con la confianza: "yo confío". No creo que sea suficiente.
La idea de la "marca España" es también la creencia o confianza en que un país puede controlar la imagen que proyecta hacia el exterior. Se buscan parámetros de medición para ir verificando su trayectoria y compararlo con las de otros países. Es una idea gerencial reconvertida desde el mundo empresarial. El "National Branding" no es más que eso, la creencia en que se puede gestionar a base de campañas la "imagen" o reputación de un país. ¿Es esto posible?
Si entendemos que la "imagen" es la representación que los otros se hacen de algo o alguien, veremos que es algo bastante difícil de controlar, pues supondría el imposible objetivo de hacer llegar a los demás lo que quiero que piensen de mí. La importancia de un país hace más compleja su "imagen" y se corre el riesgo de reduccionismo si solo se considera un factor para comunicar y rentabilizar su imagen.
En primer lugar, la reputación de un país es un elemento multidimensional, no se construye solo desde un único factor. La imagen que cada uno pueda tener de un país es una percepción compleja construida por experiencias personales, información actual y mucho de un pasado tópico con el que tendemos a identificar los países. Eso implica que la experiencia de cada uno cuenta mucho, que esa experiencia se ve confirmada o desestimada por los datos que nos llegan de la realidad diariamente y que ambos se construyen sobre el fondo histórico de cada país. Este último no es nuestra "historia", sino el papel que jugamos en la historia que otros escriben de su propio devenir; somos actores secundarios o meramente episódicos, casi siempre "villanos" y alguna vez "aliados". Esas historias no las escribimos nosotros y difícilmente logramos cambiar la perspectiva o el reparto de papeles.


No es fácil escapar del papel que otros han escrito para nosotros. Estereotipos, clichés y prejuicios también existen y son difíciles de erradicar. Los países luchan contra ellos e invierten ingentes cantidades para tratar de mejorar sus reputaciones internacionales, que son distintas en cada caso.
Hay países de los que no tenemos referencia ni sabemos muy bien dónde están. Tampoco hay historia en común, por lo que es más fácil crear una imagen. Pero eso no significa que carezcamos de prejuicios sobre ellos. Los prejuicios se trasladan a concepto o "marcas" más amplios, como "asiáticos", "latinoamericanos", "europeos", "africanos", "árabes", etc. Es decir, lo que haga alguno de los países con los que estamos englobados por la marca genérica —vamos a llamarla así— también nos afecta. ¿Injusto? ¡Por supuesto!, pero es lo que hay. En ocasiones este englobamiento te favorece y otras te perjudica, pero lo que me interesa resaltar es el carácter de incontrolable de este aspecto. No depende solo de ti, sino de los demás.

En muchas ocasiones no depende de lo que hagas ahora, sino de tu "historia", algo que tampoco has hecho tú, sino que otros han escrito. Podemos considerar que la "conquista de América" fue un logro colosal; es nuestra escritura. Pero el día que celebramos ayer, el de la Hispanidad, es celebrado por otros como un día nefasto que supuso el exterminio de razas.
El Huffington Post recogía en el año 2012 las diferentes percepciones del día doce de octubre según los países:
ALGUNAS DENOMINACIONES PARA EL 12 DE OCTUBRE
Día de la Raza (México y Colombia)
Día de la Resistencia Indígena (Venezuela)
Día de la Lengua Española (ONU)
Día del Descubrimiento de Dos Mundos (Chile)
Día del Respeto a la Diversidad Cultural
Día de las Américas (Uruguay)
Día de Colón (Estados Unidos)
Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural (Perú)
Día de la Interculturalidad (Ecuador)
Día de la Descolonización (Bolivia)
Día de la Diversidad Cultural Americana (Argentina)**

Como se puede apreciar, las diferencias son bastante grandes y no todos celebran lo mismo ni se celebran los mismos papeles en la obra. El Huffington Post explicaba algunos casos muy señalados:

La celebración del 12 de octubre está relacionada con el proceso de colonización de América que el Reino de España impuso desde el siglo XVI, por lo que algunos países han rechazado considerar esta fecha como fiesta. Tal es el caso de Bolivia y Venezuela donde la efeméride ha sido aprovechada para honrar a los pueblos indígenas de estos países y para celebrar su multiculturalidad. Un significado opuesto al de la hispanidad.
El proceso, por ejemplo en Venezuela, no ha sido fácil. En 2002, el presidente Hugo Chávez cambió el Día de la Raza, percibido como una expresión de distinción y discriminación de las personas por su origen, por el Día de la Resistencia Indígena. Tras el rechazo abierto del Gobierno venezolano hacia esta festividad, el movimiento indigenista Pachamama derribó, en 2004, una estatua de Cristóbal Colón en Caracas que desde entonces no ha sido reemplazada.**


Pretender que todos vean de la misma manera un hecho histórico es de una gran ingenuidad. No es lo mismo celebrar la "lengua común" que el "día de Colón" o el mismo concepto de "raza" adquiere matices distintos, incluso opuestos. Es solo un ejemplo.
Hay países que por falta de conocimiento y contacto se dedican a trabajar su "imagen" a través de las campañas institucionales o de otro tipo de campañas financiadas de forma indirecta. Es curiosa la persistencia en la cadena Euronews de algunos países como Kazajistán, por ejemplo, del que se nos dan referencias culturales (festivales de cine, ópera, etc.) y deportivos (judo, deportes de invierno), con una frecuencia inusitada. También abundan los reportajes sobre los beneficios para todos de invertir allí todos. Las informaciones "negativas" son las mínimas. Es indudable que esto no es casual. El objetivo es construir una imagen "europea" de Kazajistán. Trate de encontrar en otros medios tantas noticias sobre Kazajistán como en Euronews. No encontrará ni la décima parte.


El ministro García-Margallo cree que puede controlar la imagen exterior de España, confía en ello. Sin embargo no puede impedir que las primeras páginas den cuenta de un accidente de tren en Galicia o de un caso en ébola. El esfuerzo para aparecer positivamente en los medios mundiales es titánico; aparecer por una desgracia es de lo más sencillo. Todos ceden sus titulares principales para casos como el del ébola, pero poco lo hacen para señalar que el FMI señala que España tendrá el mayor crecimiento de Europa en el año que viene. Así de duro es el mundo informativo.
Y es el foco principal de construcción exterior de una imagen. Los millones de turistas que llegan a España cada año ven confirmadas o no sus expectativas. Su fuente es directa y depende de pequeños detalles. La primera vez que pisé Viena, una mujer a la que preguntamos mandó a su hijo a que comprara dos billetes de autobús y nos acompañara hasta la parada asegurándose de que lo cogíamos. Da igual lo que haya ocurrido o haya sabido de Austria con posteridad; en mi mente estará siempre esa imagen de amabilidad como un contrapeso a los aspectos negativos que me puedan llegar.
La apuesta de la marca Opel por la reafirmación de Alemania como productora de coches ha sido arriesgada en un momento en el que mucha gente se manifestaba en contra de Alemania por las políticas de austeridad defendidas por la canciller Angela Merkel. Opel ha seguido una estrategia basada en que por mucho que critiquemos a Alemania, sus productos son sólidos y seguros. La "marca Alemania" va más allá de los acontecimientos y es fruto de la experiencia de mucho tiempo. Habrá gente que boicoteé los productos alemanes o despotrique contra ellos, pero seguirán comprando un coche alemán.


No creo que la "marca" nacional sea controlable. Su control depende de la cantidad de informaciones que se puedan generar y de romper el techo de la aparición negativa. Entiendo por aparición negativa la situación informativa de países que solo aparecen en los medios cuando se da un desastre. Es la queja de muchos países: solo se muestra su lado negativo. Otros en cambio han logrado pasar el umbral del desastre y son noticia positiva o negativa. Es necesario saber qué ocurre entre sus fronteras porque son centrales y no periféricos. Son países en los que se descubren cosas y se inventan otras.
Para tener una buena imagen son necesarios los buenos hechos. No solo confiar. La idea de que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, que el ministro expresaba, no se consigue con decirlo, sino en hacerlo realmente eficaz. La imagen positiva de los países se logra en el arte, en el deporte —en eso somos buenos, nos dicen—, pero también en la economía, en la ciencia y en la investigación, en la cooperación internacional, asumiendo los retos internacionales. Es ahí donde hay que invertir. Porque eso es la "imagen" de un país que hay que transmitir: la de su realidad, no la de sus excepciones o sus excepcionalidades.


Si funcionáramos bien en muchas cosas, no tendríamos que estar pendientes de una "marca", ni del qué dirán. España ha descendido en puestos en muchos sectores importantes, como la investigación o la industria. Es de eso de lo que hay que preocuparse, no de unas apariencias externas.
No necesitamos que nos aplaudan la Sanidad; necesitamos que cumpla su tarea con eficacia por el bien de todos. Y si así lo hace estaremos satisfechos. Ojalá que la auxiliar de enfermería que se ha contagiado del ébola al tratar al sacerdote repatriado se cure y todos los que están en cuarentena puedan salir tranquilos. Pero a los errores no hay que darles la vuelta; hay que solucionarlos para evitar que se repitan.
No es la imagen lo importante, sino la realidad que tenemos delante. No caigamos una vez más en el error de pensar que todo es cuestión de comunicación. No lo es.


* “Confío en que a la larga el caso del ébola no dañará la Marca España” El País 12/10/2014 http://politica.elpais.com/politica/2014/10/12/actualidad/1413137293_143082.html

 ** "El Día de la Hispanidad: ¿Quién lo celebra más allá de España?" El Huffington Post 12/10/2012 http://www.huffingtonpost.es/2012/10/12/el-dia-de-la-hispanidad-q_n_1961442.html









lunes, 28 de abril de 2014

El juego ilusionista

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay dos cosas que podemos no percibir: las que son demasiado rápidas y las que son demasiado lentas. Eso ocurre en varios niveles de la vida. Percibimos cambios y diferencias, pero la velocidad de esos cambios es determinante para que lo podamos procesar. En la entrevista que le realizan en el diario El Mundo a la psicóloga neurocientífica, especializada en la magia ilusionista, Susana Martínez-Conde, se resalta esta característica de la percepción:

Es curioso porque se dice que Picasso cambiaba frecuentemente los objetos de su casa para poder verlos.
—No conocía esa anécdota. El sistema nervioso se habitúa a lo que no cambia. Y Picasso es otro ejemplo de la intuición que tienen los artistas que, aunque no cuenten con formación en neurociencia, son grandes estudiosos de la percepción y del comportamiento humano. Picasso es un gran ejemplo porque sus obras demuestran lo bien que conocía el sistema visual, quizás de forma intuitiva.*


Lo que es la base del "ilusionismo" es la creación del ritmo del cambio para dirigir la percepción hacia lo que debe y lo que no debe ver. En eso consiste su secreto, en dirigir la mirada, en hacernos ver lo que no hay y en ocultarnos lo que tenemos delante volviéndonos ciegos.
La anécdota que le refieren a Susana Martínez-Conde Picasso sobre Picasso es muy reveladora y está bien traída por la periodista Ángeles López: la rutina produce ceguera. Lo que tenemos delante debe cambiar lo suficiente como para que podamos evitar que desaparezca tragado por el efecto destructor de lo rutinario. Si, como decían, el que se mueve no sale en la foto, el que no se mueve también desaparece devorado por el vacío de lo repetido, como el tic-tac que dejamos de escuchar porque nuestro cerebro lo da por inevitable y se dedica a atender otros estímulos. Y lo que es válido para la magia lo es para muchas otras circunstancias de la vida: la rutina se traga todo; es la atención la que reclama cambios.


Nuestro mundo tiene mucho de ilusionismo más allá de las pistas y escenarios. El descubrimiento del hecho rutinario hace que estemos bombardeados por pseudocambios cuya función es que nuestro cerebro, aburrido, no los ignore. Aquellos cambios que sean demasiado rápidos también quedan también ocultos al cerebro, que no los procesa. La mano, decimos, es más rápida que la vista.

El principio ilusionista hace, por ejemplo, que Crimea desaparezca de nuestra vista antes de que se pueda reaccionar y donde veíamos "Ucrania" ahora veamos "Rusia", en un acto de escamoteo clásico. El mundo está lleno de ilusionistas, desde lo que se aprovechan de la velocidad de los mercados para especular antes de que los demás se den cuenta hasta los que sacan alumnos de la nada para estafas en cursos de formación. Están los que te hacen ver fortunas en las preferentes o te hacen ver grandes palacios en las euforias de las burbujas. No todo el ilusionismo acaba en aplausos; muchos terminan en llanto cuando ves la realidad y al mago le ha fallado el truco y el cuerpo del voluntario queda en dos mitades o el billete que hemos dado para el juego no reaparece. Entre malos aficionados y verdaderos maestros hay que tener cuidado con cierto ilusionismo.


Nos dice Susana Martínez-Conde que están trabajando también sobre otro gran aliado del mago:

Además de la atención, ¿el humor es un aliado de la magia?
—El humor es muy importante para el mago, tanto como herramienta de vínculo para el público como de manipulación de la atención. En nuestro laboratorio estamos desarrollando investigaciones inspiradas por los magos para desentrañar cómo las emociones afectan a nuestros procesos atencionales. Uno de los magos con el que colaboramos, John Thompson (el Gran Tomsoni), nos dice que cuando el público se ríe el tiempo se para, y entonces el mago puede hacer lo que quiera. Desde el punto de vista de la empatía, al mago le interesa tener una personalidad simpática para que la gente se alíe con él y su trabajo sea mucho más fácil porque el público querrá que el mago triunfe. Lo mismo pasa en otras ámbitos, como en la educación o en la empresa.*


Interesante y verificable esa idea de la detención del tiempo atencional en la risa. Si la base de la atención es la percepción de peligros y amenazas, la risa es la liberación del instinto de defensa aunque sea momentáneamente. La atención entonces se relaja y se percibe con menos detalle lo que ocurre ante nosotros. Los chistes del mago son bombas de humo y cerramos los ojos y nos relajamos placenteramente en la risa, momento en el que se aprovecha para lograr los objetivos buscados.
Hoy los magos son aliados de los científicos y lo podemos apreciar a través de programas como "Brian Games" (National Geographic) en el que se recurre a la magia para explicar el funcionamiento del cerebro y las ilusiones de la mente. Cumplen así la teoría y la práctica, ya que el asombro es otra forma de captar la atención. Nos enseñan con humor. Nacemos curiosos y se nos van los ojos detrás de lo que se mueve, para bien y para mal.


Magos ilusionistas son también los políticos que tratan de hacernos ver el mundo guiando nuestra percepción. Si el mundo es construcción interna con lo que percibimos filtrado de fuera, la lucha por controlar nuestra atención, por usar nuestros modos naturales de percepción sin forzar la voluntad, es constante. Ilusionismo es lo que practican los medios de comunicación al reconstruir para nosotros lo que nos ponen ante los ojos. Son la voz del mago que nos hace percibir el mundo a través del filtro de imágenes o palabras.
Picasso tenía el control de los cambios para mantener viva su atención. Cambiaba su espacio para no perderlo de vista. La mayor parte, por el contrario, deja de percibir lo que tiene delante por efectos de esa rutina y es seducido por los llamativos trompeteos que nos distraen y nos reclaman. Quizá el recurso final para sobrevivir entre olvidos y estridencias sea, como hacía Picasso, hacer el esfuerzo de ser conscientes de lo que es importante para evitar que nos lo escamoteen en el juego cotidiano del secuestro de la atención. Las cosas más relevantes corren el riesgo de dejar de ser valoradas cuando se convierten en rutina, del amor a las libertades.
  

* ENTREVISTA Susana Martínez-Conde 'El cerebro es el gran compinche del mago' El Mundo 28/04/2014 http://www.elmundo.es/salud/2014/04/28/533efa7022601d961b8b4582.html?a=2a42c35f2973d0fcabad3af57a421ade&t=1398662147




viernes, 21 de marzo de 2014

Narices

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa de ayer se hace eco, sorprendida, de unos estudios sobre la capacidad olfativa humana. Nos cuentan que somos capaces de distinguir un "billón de olores". A nadie parece sorprenderles los logros de la vista o el oído, pero la mención de esas cifras relacionadas con nuestras posibilidades olfativas nos dejan anonadados. ¡Qué barbaridad!, piensan algunos. Todos los artículos que recogen los resultados del estudio entonan el mismo canto: el modesto olfato, el sentido más pobre, etc. Por ejemplo, ABC comienza así su información:

Puede que sea el sentido humano más menospreciado, en un mundo en el que, muy probablemente por fortuna, imperan los desodorantes, los jabones, la comida empaquetada y todo tipo de productos de limpieza. Sin embargo, nuestro anestesiado olfato es mucho más potente de lo que creemos. Investigadores del Laboratorio de Neurogenética de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, aseguran que la nariz humana puede distinguir más de un billón de mezclas de olores, mucho más de lo que se creía.
Hasta ahora, se aceptaba de manera general que los seres humanos diferenciamos entre 10.000 olores. Los expertos creían que este número era «ridículamente pequeño», pero hacía falta una prueba científica real.*

Creo que este asombro tiene que ver con la incomprensión del papel del olfato y su funcionamiento peculiar respecto a los demás sentidos de que disponemos para crearnos nuestra imagen de la "realidad". Esto que llamamos "realidad" es la recreación que nuestro cerebro realiza de los externo con la información que obtiene a través de nuestros sentidos y la mediación de la memoria. En esa "construcción" tiene especial importancia la vista, sentido del que obtenemos grandes cantidades de información y que consume una parte importante de nuestros recursos.
Las comparaciones entre "cantidades" de la percepción de cada sentido no son muy adecuadas, pues cada uno de ellos trabaja de una manera distinta y cumple una función diferente. El olfato tiene las suyas y su propia manera de trabajo.


Todos los sentidos trabajan de forma diferente y complementaria con una misma función: la recreación del entorno para la supervivencia. Si nosotros, por ejemplo, careciéramos de un órgano olfativo, nuestra recreación del mundo evidentemente no incluiría los olores. Cuanta más información se maneje, más compleja será nuestra "realidad". El papel del olfato es diferente al de otros sentidos, especialmente, a los que nos dan "imagen" del mundo, vista y oído.
Repasemos la descripción inicial del mundo que se nos hace en esa novela que se dedicó a la nariz privilegiada y al sentido del olfato, El perfume, del alemán Patrick Süskind:

En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, si, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.*

"Apestaban" es una característica que se nos dice de algo, como se puede decir de una tela que es "roja" o de una puerta que "chirría". Sin embargo hay una diferencia: pasado cierto tiempo el cerebro deja de percibir ese olor, se acostumbra y no nos transmite.
Durante más de veinte años de mi vida fui fumador de pipa, degustando diferentes tipos de tabacos aromáticos, realizando mis propias mezclas y buscando sabores y olores especiales. Cuando dejé hace diez años de fumar, descubrí algo: un mundo como el reflejado por Süskind, un mundo lleno de olores que me golpeaban por sorpresa como nunca me había imaginado.

Me resultaba repulsivo el tiempo de espera en un semáforo porque me llegaban lo olores ascendentes de las alcantarillas; entrar en un mercado era recibir un golpe en el estómago, de una intensidad insufrible, por los olores de los pescados. Subido en un avión empecé a preguntar por un preocupante olor a quemado, que detectamos inicialmente una viajera ciega y yo, que resultaron ser unos cables. El viajar en metro era un autentico sufrimiento. Solía explicar a mis amistades que cuando entraba en un vagón miraba a ver si descubría quién se estaba comiendo un caramelo de coco cuyos olores me llegaban desde la puerta del vagón.
El mundo se me había vuelto dolorosamente oloroso. Todas esas sensaciones habían estado ocultas por el tabaco, saturador del gusto y el olfato, que ahora recuperaba al abandonarlo. Descubría lo mal que olía el mundo en un estado muy parecido al descrito por Süskind. Pero, afortunadamente, las cosas volvieron a sus cauces y pronto mi cerebro empezó a ajustar la intensidad de los olores, a "olvidarse" de los habituales y a detectar solo las novedades que pudieran llamar la atención.
Si la vista y el oído principalmente nos ayudan a construirnos una imagen estable de lo que nos rodea, el olfato, en cambio, es más bien un avisador de novedades, de cambios olfativos que puedan entrar en nuestro entorno. Hay un campo olfativo como hay un campo visual. Lo que entra en él es detectado como novedad, como una diferencia. Nuestro cerebro va realizando un control de los olores habituales y detecta las variaciones que se producen. Le interesan más las novedades porque así previene los peligros.

El olfato se relaciona con elementos primarios: la sexualidad, la vigilancia y la seguridad de lo que podemos comer. La sexualidad tiene sus propios olores, algo que compartimos con otros animales, que pueden oler a distancia las posibles parejas o rivales. Detecta también los olores relacionados con presencias peligrosas en nuestro entorno, de un depredador a un incendio en la distancia. Y nos avisa del estado de los alimentos, algo que seguimos detectando al abrir una nevera y recibir el impacto de algo en mal estado; nos fiamos más del olor que de la visión del alimento.
Los publicitarios que son epistemólogos comerciales han desarrollado un campo llamado "marketing olfativo" a sabiendas de que los olores son un mecanismo importante por su poder asociativo con las marcas y también la capacidad de "seducción" que poseen. No es fácil resistirse a un "buen olor", que tiene mucho terreno ganado. Las investigaciones de los olores en aspectos relacionados con la atracción sexual han sido igualmente desarrollados, pasando de la psicología al marketing, que rentabiliza los estudios para conseguir más atracción. El uso de los perfumes como forma de atracción se ha conocido siempre aunque solo fuera por sus efectos prácticos. Hoy sabemos sobre las feromonas y cómo nuestra nariz nos lleva a los centros del deseo.


Los poetas han jugado siempre con los olores y la ensoñación. Tenemos un retrato olfativo de las personas como lo tenemos visual o acústico. Podemos evocar los olores de la persona ya sea el propio o el asociado con los perfumes que usen. Hay alucinaciones olfativas, como las puede haber visuales o auditivas, y la memoria puede hacernos sentir la presencia de alguien reproduciendo su olor. O podemos, como señalaba el poeta Verlaine, entrar en la habitación "donde palpitan los perfumes de ella". Este hecho es importante porque el olor permanece impregnando los espacios aunque el objeto o persona lo haya abandonado. Eso no ocurre con ningún otro sentido. Podemos guardar objetos porque conservan el olor que nos gusta. A mí me cuesta tirar las cajas de dulces que algunos amigos me traen de El Cairo. De vez en cuando, abro las cajas para recibir de nuevo los olores que se asocian con espacios, momentos y personas. Es la gran capacidad asociativa e imaginativa de los olores, su poder para desencadenar sentimientos y recuerdos.

Por ser quizá el sentido menos "racional" —piense en los metafóricos anuncios de perfumes—, es difícil de frenar y se desencadenan los recuerdos, como los poetas nos han contado o como tenemos ocasión de experimentar por poco que nos dediquemos a cultivarlo o, simplemente, a quitarle obstáculos. Hemos perdido la naturalidad de los olores. Nos educamos en distintos olores y sabores dentro de cada cultura. Hace poco me contaban un caso de problemas de convivencia en un piso de estudiantes de distintos países porque lo que unos consideraban un manjar traído desde su país despertaba las náuseas en los compañeros de otros países. Cuando se quejaban de los malos olores, se sentían sorprendidos: ¿qué malos olores?
En un universo saturado de olores, ese billón de posibilidades queda reducido a casi la nada pues estamos envueltos —como me ocurrió a mí con el tabaco— en neblinas olfativas que nos impiden percibir el conjunto. En esa categoría podemos incluir los envolventes humos de los coches que tenemos en nuestras ciudades, anestesiando nuestras narices.
No me sorprende que seamos capaces de percibir tantos olores, aunque no tengo intención de contarlos. Nuestras narices no están para esos trotes. El mundo está lleno de buenos y malos olores y una nariz afinada disfruta con unos y sufre con los otros. La gran mayoría permanecen ocultos, sepultados por los olores estridentes que acaban por aburrirnos y dejamos de percibir.
Los que se dedican al uso comercial de los olores tendrán que tener en cuenta que el mundo se nos llenará de una extraña e intensa mezcla de olores que la nariz podrá distinguir por separado pero veremos cómo reacciona ante el conjunto. Lo que si parece cierto es que nuestras narices empiezan a ser tenidas en cuenta, al menos en ciertos aspectos. Los especialistas en esto del olfato le auguran un gran futuro. Si antes se decía que "las cosas entran por los ojos", ahora habrá replanteárselo.


* "La nariz humana puede distinguir más de un billón de olores" ABC 20/03/2014 http://www.abc.es/ciencia/20140320/abci-nariz-humana-puede-distinguir-201403201723.html





viernes, 22 de febrero de 2013

De lo nuevo a lo extraño

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hace muchos días trajimos aquí noticia sobre un libro reciente, "Los neandertales cantaban rap" (The Singing Neanderthals), de Steven Mithen, catedrático de la Universidad de Reading [ver entrada]. Lo relacionábamos con las ideas de Rousseau sobre el origen expresivo, comunicativo del canto, previo al habla abstracta, racional. El diario ABC nos trae hoy una entrevista con la psicóloga de la Universidad de Toronto, la profesora emérita Sandra Trehub, una especialista en la investigación de los efectos del canto sobre los niños y la universalidad de esta práctica mediante investigaciones de campo por todo el mundo y experimentos de laboratorio. Ella misma define los objetivos de su trabajo en la página de su Universidad así: «One goal of this work is to document the similarities and differences in the nature of singing to infants across different languages and cultures. Another is to determine the effect of such singing on infant listeners.»*


En la página de la organización Wild Music dedicada a Sandra Trehub, se nos describe algunos de sus trabajos experimentales:

Los bebés responden al cambio de una manera natural y prestan atención a cualquier cosa nueva o diferente. La señora Trehub y sus colegas usan este dato para averiguar si los bebés reaccionan a los cambios musicales. En un experimento, un bebé sentado en el regazo de su madre observa un espectáculo de marionetas. Se puede escuchar una melodía simple de un altavoz que se encuentra a un lado. En puntos al azar, una nota individual cambia. En la mayoría de los casos el niño se da la vuelta hacia el altavoz, indicando que notó la sutil diferencia. Experimentos como estos han demostrado que los bebés reconocen diferencias en tono, melodía, clave y ritmo tan bien como los adultos, e incluso mejor a veces.**

Una de las bases evolutivas de nuestro cerebro consiste precisamente en la detección de variaciones, en la reacción a los cambios. Somos especialmente sensibles a las modificaciones o alteraciones de los patrones que detectamos previamente. Es la relación entre orden y modificación lo que hace que nos fijemos. Primero detectamos el patrón, después las alteraciones que se puedan producir. El sentido del oído es muy sensible y permite la percepción de cambios mínimos, tal como nos indica el experimento de Trehub citado. Un variación de una nota es percibida como la interrupción de una expectativa de orden.
Trehub ha venido a dar una conferencia en CosmoCaixa y ha realizado algunas observaciones muy interesantes y sensatas sobre la música, el oído que la escucha y el sistema educativo que nos aleja del orden natural para introducirnos en el orden artificial de la educación y las diferencia culturales, que suponen el afianzamiento de ciertos patrones respecto a otros. Le preguntan en ABC sobre las cualidades naturales de los niños:

—¿Tienen un mejor oído musical que los adultos?
—No es que nosotros no podamos escucharlo, es que es más difícil. Necesitamos desaprender cosas para poder aprender cosas nuevas. Los bebés detectan cambios en canciones de culturas extranjeras, que los padres solo detectan en ritmos familiares. Para los bebés nada es familiar o extranjero, todo es nuevo.


El movimiento hacia la cultura implica un campo de diferencias que nos cierran posibilidades de escucha. Los adultos restringimos nuestra posibilidad de detectar esos cambios porque establecemos una frontera entre "lo nuestro" y "lo ajeno", que pasa a ser lo extraño, lo extranjero. Es por la acumulación progresiva de lo que deja de ser "nuevo" como nos construimos la identidad cultural.

Tendrá que pasar algún tiempo para que el bebé perciba como "extraño", incluso estridente, anómalo, lo que desconoce, suscitando su rechazo. Eso supone, por ejemplo, que si ponemos una canción de cuna china a un bebé, será capaz de apreciarla hasta que detecte que no pertenece al conjunto de la cultura en la que se encuentra. También detectará anomalías en la canción hasta que se distancie totalmente de esa forma musical, que es lo que le ocurre al adulto. De ahí la idea expresada por Sandra Trehub de que necesitamos "desaprender para aprender cosas nuevas". Esa idea es esencial para entender el sentido que tiene la educación y especialmente el concepto de "creatividad", que intenta precisamente resolver la paradoja del cierre perceptivo e imaginativo que supone muchas veces "aprender". Lo que nos adentra en unos caminos nos cierra otros:

—¿Y por qué si los bebés son musicales por naturaleza, al crecer se alejan de la música?
—Olvidan lo mucho que la disfrutaron, porque los adultos la convertimos en algo escolarizado, con tareas, calificaciones y metas a futuro. Pierde toda la diversión que antes tenía, pero el interés sigue ahí.


Placer, disfrute, alegría.. son mecanismos que favorecen el aprendizaje estableciendo un vínculo emocional gratificante con lo aprendido. Y con el deseo de seguir aprendiendo, desde luego. La enseñanza se transforma muchas veces en estrés y angustia, anulando el principal motor, el disfrute. Nuestra "seria" cultura competitiva nos aleja de los dos principales factores: el placer de aprender y la pertenencia al grupo para compartir. Cada vez más, nuestra "cultura" nos junta para competir. Y eso pretenden algunos que sea la base de la educación.
Introduce Sandra Trehub una gran verdad olvidada:

—Un buen maestro de música no solo debe ser buen músico, debe comprender a los niños y hacer cosas para caerles bien. No hay mejor motivación para un niño que querer agradar a su maestro.


En estos tiempo de "gracia" artificial, de adulación seductora, "agradar" es un verbo pervertido. La profundidad de sus implicaciones solo se pueden comprender si lo enmarcamos en la educación como un acto generoso, placentero y gratificante. Se hace "con agrado" y "se hace por agradar", dos formas que expresan el deseo de placer y complacer, de ir más allá de lo rutinario, de estar involucrado.
La cultura es el camino de lo nuevo a lo extraño; de la experiencia que sorprende a lo que no logramos comprender o disfrutar porque es ya lo otro, lo ajeno. Una educación que comprenda esto debería tratar de ser más abierta para que el placer de descubrir no se convirtiera en el temor de lo diferente.

* "Las madres afinan automáticamente cuando le canta a sus hijos" ABC 22/02/2013 http://www.abc.es/sociedad/20130222/abci-sandra-trehub-201302212217.html
** http://www.utm.utoronto.ca/psychology/people/faculty/sandra-trehub
*** Wild Music: http://www.wildmusic.org/es/research/trehub