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jueves, 29 de enero de 2026

Juego de silencios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya hay voces que se levantan contra el olvido mediático del genocidio en Gaza. Existe lo visible y un conflicto es tapado por otro. Esto es mucho más patente si tienes el control mundial de la información y puedes regular los flujos y con ello los titulares. A esto se añade el mimetismo de los medios, que se imitan unos a otros en sus gradaciones del interés. Más allá de lo local, el mundo suena como una gran orquesta mediática bajo una misma e invisible batuta.

El espacio mediático es limitado y jerárquico. No todas las noticias caben y no todas pueden estar en la cabecera. Esto no tiene que ver estrictamente con la "importancia" de la noticia en sí, pues esto es un valor que se estima y determina por los propios medios. Lo que no llega o se relega adquiere menos notoriedad y por ello deja de estar bajo el foco. El mayor descubrimiento de la Ciencia o el acto más cruel y sanguinario solo logran este estatus mediante el tratamiento mediático. No se puede sentir alegría, dolor o indignación por lo que se desconoce y lo que conocemos o ignoramos depende de la exposición en los medios.

Sencillo, pero terrible por lo que implica o supone. Una noticia puede tapar otra desplazándola; unos grandes titulares silencian a muchos otros que no reciben la atención. A Trump le basta con anunciar un nuevo conflicto para que pueda actuar con silencio en otro, con menos protestas. A Putin le basta con que la atención mundial esté en Groenlandia para que se reduzcan sus titulares sobre Ucrania. A Netanyahu le vienen bien los conflictos de Groenlandia y Ucrania y Venezuela y México... silencien la labor de su ejército y los colonos haciéndose con los territorios de los palestinos.

Si a esto le sumamos los más o menos sofisticados medios de censura total o parcial relegando en las redes noticias que nos les gustan, tenemos un juego de silencios que trata de ser roto por los afectados o por los que tratan de ayudarlos tratando de evitar el olvido. Mientras unos buscan hacer ruido, a otro se les condena al silencio mediante la invisibilidad mediática.

En RTVE.es se nos habla de un intento de que no olvidemos lo que ha pasado y sigue pasando en Gaza, un genocidio y una ocupación y desalojo brutal de territorio:

58 guionistas, dibujantes e ilustradores se han unido en un cómic solidario para ayudar a los gazatíes que siguen intentando sobrevivir en Gaza, donde las condiciones de vida continúan siendo inhumanas. Un proyecto que se titula Paz. Antología solidaria por Gaza, con el que podéis colaborar mediante un crowdfunding en la plataforma Verkami, y cuyos beneficios irán destinados a Médicos Sin Fronteras y UNRWA. Hemos hablado con el organizador de esta iniciativa, el guionista David Braña, que, hace unos años, ya creó un cómic similar para ayudar a los Ucranianos.

"El proyecto nace de la necesidad -nos comenta David-. La más obvia, la de que los gazatíes, el pueblo palestino en general, reciban todo el apoyo y toda la ayuda posible; y también la necesidad de hacer algo, en la medida de nuestras posibilidades, para intentar que no se olvide el genocidio y la situación que se sigue viviendo en la franja, aunque ahora ya no cope los informativos y no sea noticia de primera línea. La necesidad de ser humanos y convertir las palabras en hechos. Esos son nuestros objetivos: recaudar todo el dinero posible para poder donar la mayor cantidad posible a las oenegés y hacer algo de "ruido" después del silencio que ha cosechado un plan de paz comandado por Trump, que es un verdadero despropósito".*


Ese "algo de ruido" es el que se debe producir para alcanzar la visibilidad y con ella actuar sobre la conciencia de las audiencias, mantenerlas atentas a lo que ocurre porque puede ser esencial en muchos casos para la supervivencia, en este caso, de los gazatíes.

Abrir focos de interés por algo o, la vertiente negativa, llevar a primer término una causa para tapar otras se está convirtiendo en la base de la comunicación en un mundo en el que hechos y causas compiten globalmente. Las grandes cuestiones compiten, además, con el uso de la trivialidad más obscena y absoluta. Miles de muertos compiten con la alfombra roja de turno; el hambre con los banquetes de gala, la desnudez con los desfiles de moda. Los partidos se acusan unos a otros de "provocar" polémicas para tapar sus propias maldades. El control de la información permite estirar los temas hasta la muerte de la atención, que hay que recuperar como sea.

Ya sea para tapar o para mantenerse en el candelero, se distorsiona la idea de que es la ciudadanía la que necesita estar informada. La necesidad ciudadana se sustituye por la otra necesidad, la de los que son capaces de formar o deformar la agenda propia o la de otros. Ya no se informa para que nos enteremos de lo que necesitamos saber, sino que se nos informa de lo que otros necesitan que sepamos. Se rompen las jerarquías reales y se imponen otras parciales.

Hay intentos de romper estas dinámicas, pero tienen que usar las mismas técnicas de atracción, que se han convertido en leyes comunicativas.

Con todo, la noticia que trata de llevar a las conciencias de lectores y espectadores el genocidio de Gaza, la situación de su población, entre el hambre y las enfermedades, se olvidará pronto, perdida entre las notas de la cacofónica orquesta de la comunicación. Ha sido un momento, unas notas solistas, valiosas en lo que representan, que necesitarán buscar nuevas formas de llegar a esas volubles audiencias.

En otro medio, se nos informa de la chaqueta que ha usado la reina Letizia: "El poderoso mensaje de la reina Letizia tras su chaqueta más especial: hecha por mujeres supervivientes de trata"** Lo que antes era un cómic es aquí una chaqueta, algo que llamará la atención sobre un problema y unas mujeres afectadas y supervivientes de la trata.

Se necesita algo que llame la atención para hacernos conscientes de los problemas reales. Son dos causas y dos formas de hacer que veamos una situación. Son unos segundos restados a la devoradora presión circundante, que busca que nos centremos en otras cosas o que dejemos de fijarnos en ellas, según el día y los intereses. Hablar y ser escuchados o silenciar a otros es el juego. 

 

* Jesús Jiménez "'Paz': un cómic solidario para ayudar a los gazatíes que siguen luchando por sobrevivir" RTVE.es 28/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260128/paz-comic-solidario-para-ayudar-a-gazaties-siguen-luchando-por-sobrevivir/16911775.shtml

** Rut Garrido "El poderoso mensaje de la reina Letizia tras su chaqueta más especial: hecha por mujeres supervivientes de trata" 20minutos 28/01/2026 https://www.20minutos.es/mujer/moda/poderoso-mensaje-reina-letizia-tras-su-chaqueta-mas-especial-hecha-por-mujeres-supervivientes-trata_6926933_0.html

viernes, 23 de enero de 2026

Sobre las noticias y los hechos

  Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En el mundo ocurren acontecimientos y en el mundo se nos cuentan unos u otros, de una forma u otra. Contar implica seleccionar, aplicar un tratamiento u otro, darle una extensión mayor o menor. Contar significa olvidar otras cosas que suceden. La importancia de algo comienza a medirse en función de su extensión discursiva. Lo que no se cuenta no existe. La trivialidad, por el contrario, puede cubrirnos intensamente.

Me ha llamado la atención que en estos días de desagracia ferroviaria muchas de las personas entrevistadas, personas invitadas por los medios a contarnos lo que han vivido recurrieran a la expresión "como de película" o algunas similares, con el mismo sentido. Hemos aprendido a percibir y valorar la vida por lo que los medios nos muestran. Algo "de película" es lo máximo en una extraña gradación que parte de lo que se nos muestra. Antes se hablaba de una "vida novelesca" o "de novela"; después ha quedado la expresión una "vida de película" para expresar lo extraordinario. "Parecía una película" sirve para valorar lo que hemos vivido, una forma de etiquetarlo y valorarlo.

Esto lo saben los que tienen por misión impactar, ya sea por lo comercial —hacer de un producto algo extraordinario— o incluso por la vía del terrorismo, otro fenómeno publicitario.

El atentado del "11 de septiembre" fue un "atentado de película". No solo se cometió el bárbaro acto, sino que resultó un deliberado ejercicio de espectacularidad mediática. La elección del objetivo buscaba lo simbólico, pero especialmente lo espectacular, que fueran imágenes que quedaran grabadas en la imaginación colectiva. Muchos las confundieron. Hoy se invierte el proceso y muchos filmes se han alimentado visualmente del atentado.

Hemos llegado a la perversión frecuente de seleccionar muchas noticias por sus imágenes y su capacidad de impacto. Lo primero que hacen los regímenes totalitarios es controlar la salida de imágenes, crear cortafuegos para evitar que puedan dejarles en evidencia. Se expulsa a los periodistas y fotógrafos de las zonas de conflicto para evitar esa foto —sobre todo fotos o vídeos— que nos destruya la imagen fabricada en nuestro favor.

Al final una guerra se concentra en el horror de una fotografía. Desparecen los muertos tras un número, pero queda uno, el que la cámara captó, que queda instalado en nuestras memorias, que pasa a representar esa guerra y quizá muchas otras.

La lucha informativa ya no es tanto por la compresión, sino por lograr la atención, por la permanencia de la noticia. Las cadenas televisivas compiten por lograr las audiencias, muchas veces en aspectos informativamente triviales. Resaltan el número de personas que han accedido, como se ganan terreno unas a otras, algo que han convertido en "noticia" dentro de sus propios informativos. El medio o el periodista pasan a ser parte del espectáculo, como ocurre con los "tertulianos", una "modalidad informativa" que busca la atracción hacia la forma. Hoy la modalidad tertuliana invade con programas que contienen acaloradas discusiones sobre la nada o la trivialización de los grandes temas en beneficio del atractivo de la discusión.

En RTVE.es incluyen un titular que recoge una petición desde Radio Nacional: "N nos olvidemos de Gaza". Es algo más que una petición. Puede que los problemas se acrecienten, que crezca, pero eso no garantiza su atención ya que rivaliza con otros focos de noticias. Su presencia no depende del problema real, sino del foco mediático puesto en él, y este se coloca en función de la "atracción" que pueda provocar en las audiencias, que es el objetivo real.

El uso de la curiosidad en la titulación es otro fenómeno revelador. El titular ha cambiado de informar a buscar el atractivo del desconocimiento, para lo que se eluden datos. Una noticia intrascendente se puede esconder tras un titular que pique la curiosidad de los lectores. Todo lo que antes era una forma defectuosa de titulación se ha convertido en una forma de atraer lectores hacia la nada.

La perversión de los objetivos informativos se manifiesta en una creciente pérdida de información, lo que nos lleva a una pérdida de sentido crítico, algo esencial en las sociedades democráticas, donde la opinión es algo más que el resultado de las visitas a las páginas o lo espectadores televisivos. Sin buena información somos más manipulables. El problema hoy es que la manipulación no tiene necesidad de ser "política", aunque no deja de serlo, sino que se basa en la dirección de la atención hacia otros lugares más rentables desde otros puntos de vista, como es el comercialismo y el consumo.

Y lo primero que se consume es el propio medio. Ya no se trata del mcluhaniano "el medio es el mensaje", sino de algo más: el medio es el producto y la noticia el papel de envolverlo. Se crea así una relación peculiar —podríamos decir "perversa"— entre la noticia y los acontecimientos, por un lado, y entre la noticia y su receptor, lo que lleva a una comprensión distorsionada de muchos acontecimientos.

Quizá estos problemas se han dado siempre, pareo ahora en un mundo global e híper mediático, con el problema creciente de los "fakes" de todo tipo que buscan atraer nuestra atención, se hace más acuciante el ser conscientes de ello y sensibilizar a los medios y especialmente a los profesionales de la información que su función no es acumular lectores, que eso es solo el resultado, y que debería ser por la calidad de la información, entendida esta como la ayuda a la mejora de nuestra comprensión de los acontecimientos.


PD: esta página ha sido censurada mediante desplazamiento del feed, según lo definen los propietarios de la red. Como puede apreciarse no hay ninguna imagen que no forme parte del día a día. Se ha cambiado la primera imagen; no se ha quitado la del 11-S. Vivimos en un mundo controlado y arbitrario. Nos da la impresión de ser más libres, pero es una ilusión,

jueves, 25 de enero de 2024

La atención perdida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es se nos reta desde los titulares a terminar de escuchar un podcast: "Atención: ¿terminarás de escuchar este podcast?" El mismo titular juega con una doble lectura, el "atención" como una llamada de aviso, y la "atención" como centro temático del artículo, algo cada vez más preocupante en diferentes ámbitos: la incapacidad de mantener la atención, de tener una continuidad, de poder concentrarnos en lo que se nos dice o explica.

El primer párrafo ya nos introduce en el problema que se plantea y se nos remite al podcast correspondiente... si han sido capaces de captar nuestra atención, claro:

¿Notas que últimamente te cuesta mantener la atención? ¿Te distraes enseguida de lo que estás haciendo? ¿Se podría decir que tenemos un problema atencional a nivel social? ¿Cómo puede afectarnos esto en la forma de relacionarnos? En un nuevo capítulo del podcast Esto merece una explicación reflexionamos sobre el valor de nuestra atención, sobre cómo funciona este mecanismo del cerebro y de qué manera se ve capturado por distintos estímulos y dispositivos que conforman la economía de la atención.*

El problema se amplía en un sistema que está intentando captar nuestra atención desde múltiples puntos y llamadas. Estamos situados en un universo en el que se nos reclama de forma permanente... y nosotros estamos a otras cosas. Las estrategias de comunicación tratan de realizar esa conquista de dimensiones épicas, que les atendamos, ser suyos durante el mayor tiempo posible... que es cada vez menos.

Este proceso se repite en ámbitos como la educación (nadie aguante mucho atendiendo, a todos se les van los ojos a los teléfonos escondidos entre las rodilla), los medios de comunicación o la simple conversación de amigos o de parejas, a los que ves cada uno concentrado en su pantalla y compartiendo con el otro algún momento que les resulta chocante antes de pasar al siguiente.

El sistema recoge como problema lo que ha sembrado como virtud. El "salvaje oeste" en que se ha convertido el mundo mediático se ha expandido a sus receptores que son ahora incapaces de atender... y entender. Todas estas polémicas en España sobre la "comprensión lectora y las matemáticas", por ejemplo, tienen como origen los mismos males, la incapacidad de estar un tiempo concentrados en algo que requiera cierto esfuerzo mental. Somos víctimas del bombardeo de lo trivial al que vivimos sometidos.

Hacía algún tiempo que no entraba en The New York Times y en The Washington Post y me ha sorprendido la "simplificación"  a que se han visto transformados, tanto en el tipo de diseño como en el aumento de la trivialidad. El mismo problema percibido en la BBC desde hace tiempo. Son medios considerados "serios", para entendernos. Sin embargo el sistema les lleva a simplificarse y a un aumento de lo espectacular.

¿Consiguen lectores de esta forma? No lo sé, pero sí sé qué perfil tienen los que se sientan atraídos por las trivialidades. Un lector de periódicos ahora es el lee el periódico, una cuestión meramente causal. Lo que ha cambiado es el motivo por el que la gente lee periódicos y los motivos para que sean leídos. Es el efecto destructivo de la trivialidad. Se empieza y no se puede acabar. El periódico, el periodismo y la información se acaba degradando ante la idea de la cantidad antes que la calidad. Desgraciadamente, los negocios sobreviven por la "cantidad".


El telediario matinal de RTVE.es se ha abierto hoy con la explicación sobre la pena de muerte en Alabama por el sistema de hipoxia por nitrógeno y al que otros medios, como 20minutos, dedican pelos y señales. Que se abra un telediario con esa noticia no es más que el viejo principio de empieza por lo horrible, una forma de fijar la atención. Antena 3 en alguno de sus informativos matutinos lo suele practicar. El morbo no falla.

La paradoja de la atención no es que la gente no atienda, sino que no puede dejar de atender. El problema es que no suele atender más 5 o 7 segundos... y se pasa a otra cosa. La cuestión entonces es que cuanto más se informe menos se entiende. Eso tiene consecuencias evidentes, como es la falta de comprensión. Lo que nos lleva al siguiente problema, el de que se consumen trivialidades. Los medios han generado el "universo estúpido", un espacio creado artificialmente, para el que se han escogido personajes absurdos, superficiales, etc. cuyas circunstancias —una escenificación, la mayoría de las veces— no deberían importar a nadie por intranscendentes, pero que llaman la atención y nos hace fijarnos con poco más de un titular. Esta focalización en lo intrascendente debe funcionar en los medios porque todos las practican. Con ello, de nuevo, se vuelve a agravar el problema porque, al copiarse unos a otros, la atención también deja de percibir diferencias y se reduce.

La atención tiene ya su propia teoría económica y modelo, tanto psicológico como social. Desde las neurociencias, desde el Big-Data, desde la sociología, etc. se investiga esta reducción progresiva de la capacidad de atención y de todos los efectos que arrastra. Indudablemente, todo aprendizaje se ve debilitado; es más, todo conocimiento que requiera una cierta profundización se convierte en una lucha titánica. Son los modernos cantos de sirena ante un Ulises atado con cintas elásticas al palo mayor de su nave virtual.

¿La solución? Hay varias soluciones según lo que se considere que es el problema real. Unas intentarán ayudarnos a resistir las tentaciones y tratar de que tengamos algo más de consistencia en la vida, Otras, por el contrario, seguirán indagado sobre como saltarse nuestras defensas y rendirnos ante los estímulos triviales ante los que debemos responder con cualquiera de las formas programadas. Mucho me temo que los avances irán por esta segunda línea.

La lectura del artículo sobre la atención que da entrada al podcast tiene un tiempo estimado de dos minutos. Todos estamos tan ocupados que necesitamos saber cuánto tiempo quieren mantener nuestra atención.

Me pregunto si el lector de este artículo habrá llegado hasta aquí. 

* Marta Viceo (RNE) "Atención: ¿terminarás de escuchar este podcast?" RTVE.es 25/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240125/atencion-terminaras-escuchar-este-podcast/2464333.shtml

lunes, 18 de septiembre de 2023

La atracción del teléfono

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me ha sorprendido, pero a grandes males, grandes remedios, dice el refrán. A veces lo más costoso es darse cuenta de lo evidente, de que las cosas no van a cambiar por mucho que nos empeñemos.

Les cuento. Durante décadas se nos enseño que las personas debían mirar a derecha e izquierda antes de cruzar la calle, que había que cruzar por donde hubiera un semáforo o un paso de cebra y que el semáforo se cruza en verde. Sí..., pero de qué sirve todo esto si no miras el semáforo, es más, no te das cuenta ni de que existe porque ¡vas mirando el teléfono!

El teléfono móvil, el celular, como lo queramos llamar se ha convertido en un ¿problema? para muchas cosas porque concentra nuestra atención, nos absorbe y quizás hasta nos abduce.

Recuerdo las primeras noticias de gente que se caía en alcantarillas abiertas por ir mirando el tiempo. ¡Jajajaja!, nos reíamos entonces, "¡Cómo se puede ser tan despistado!", decíamos con la sonrisa burlona. Sí, eran otros tiempos. Ahora nos pasamos paradas por ir mirando él móvil, contamos nuestra vida a voces sin importarnos lo que contamos. ¿Recuerdan cuando hablar por teléfono en un vagón de tren recibía fulminantes miradas por parte de todos los viajeros y había que salirse del vagón a hablar?

¿Recuerdan cuando hablar por teléfono móvil era una anomalía y no está aplastante normalidad que se ha llevado por delante nuestra forma de vida? Los bebés chupan los teléfonos forrados de silicona cuando les duelen loa dientes que luchan por salir; la gente consume tiempo y pulgares pasando pantallitas con rítmico aburrimiento... Los perros pasean aburridos ante unos imperturbables amos que miran el móvil y les ignoran. El otro día vi cómo se le escapó el cochecito del bebé en una cuesta cuando soltó la mano para ver un chat; menos mal que reaccionó...

El otro día hice un recuento rápido en el tren y habría como un 75% de personas colgadas al teléfono, los demás dormitaban y solo dos íbamos con sendos y gruesos libros camino del trabajo.

Antena 3 nos trae una noticia con el siguiente titular "Instalan semáforos en el suelo de Sabadell para los despistados que miran el teléfono hasta para cruzar". Se nos dice que se han tomado las siguientes medidas: 

Cada vez son más las personas que no miran los semáforos al cruzar la calle por culpa del teléfono. Sabadell refuerza la seguridad de los viandantes con la instalación de los semáforos de tierra con el objetivo de captar la atención de los peatones.

Una medida que se ha empezado a aplicar en las principales arterías de la ciudad desde julio y que tiene el visto bueno de los vecinos. Para muchos, es una buena medida e incluso algunos nos han dicho que los despistados que van siempre con el teléfono "no se fijan si se pone en verde". Otra vecina de Sabadell nos decía: "Deberíamos no ir tanto con el móvil, ya que esto no lo vamos a cambiar y así evitamos los sustos"

La alcaldesa, Marta Farrés, asegura que estos semáforos sirven para "que la gente no cruce sin mirar y que tengamos un susto con algún peatón herido".*


El ayuntamiento se planteó multiplicar las multas y aceptar los accidentes o seguir la doctrina del Judo y aprovechar la fuerza del contrario. Si el peatón no mira donde debe, pongámosle el semáforo allí donde mira, es decir, hacia abajo. Por lo menos estará más cerca de su visual que hacia arriba, hacia donde no mira.

La decisión del ayuntamiento me parece acertada. Es eso o llenar los hospitales y juzgados.

Me imagino que no falta mucho para que se le ocurra a alguien la solución digital, que sería que los teléfonos se conectaran directamente a los semáforos mediante una "app", con lo que se podría tener el rojo y el verde en pantalla sin tener que levantar la mirada.

Todo llegará. Por ahora, Sabadell es puntera en salvar la vida no a los despistados, como dice el titular, sino a los que viven pendientes de sus pantallas. ¿Cómo vamos a dejar las trivialidades fascinantes que nos llegan a través de ese rectángulo? ¡Antes la muerte que dejar de mirar! Lo peor es que ese mirar absorbente no tiene ninguna finalidad más que el hecho mismo de mirar; es, literalmente, el secuestro de nuestra atención, el bien más productivo del que disponemos. El teléfono móvil se lo traga todo. En ese todo estamos nosotros incluidos.

Por más que queramos competir con el teléfono haciendo semáforos monísismos, la atracción del teléfono es absoluta.

Las víctimas del teléfono no son los atropellados, que a lo mejor escarmientan. Somos todos, que pasamos media vida (contando por lo bajo) mirando es pantallita, venga a cuento o no. Lo triste no es que la gente no pueda quitar la vista de los teléfono; lo triste es que muchos no sabrían qué hacer sin él.

Un sistema similar fue instalado en Holanda por el mismo motivo, los miradores de teléfonos. Fue en 2017 y el diario El Mundo informó de ello. Ahora toca en Sabadell y me temo que serán necesarios pronto por toda España.

  

* Albert Castilla "Instalan semáforos en el suelo de Sabadell para los despistados que miran el teléfono hasta para cruzar" Antena 3 17/09/2023 https://www.antena3.com/noticias/sociedad/instalan-semaforos-suelo-sabadell-despistados-que-miran-telefono-cruzar_2023091765069dd21fb4a6000138aa8d.html

domingo, 3 de septiembre de 2023

Educación y atención

 Joaquín Mª Aguirre (ABC)

Se desahoga bien el filósofo Gregorio Luri en su entrevista en el diario ABC, si bien titula de una forma un tanto segada, dejando en los profesores la responsabilidad por la pérdida de comprensión lectora, que sigue descendiendo. Es cierto que es la tarea de la escuela enseñar, pero cuando se dan también otras circunstancias de impacto deben señalarse. ABC elude la crítica que el propio Luri realiza a otras instituciones, pero lógicamente la responsabilidad es escolar, pues es allí donde se exigen los resultados. El problema es de la escuela y de los maestros y profesores; son los que deben lidiar institucionalmente con él.

En estos días de comienzo del curso escolar se acumulan titulares. Hace unos días, una catedrática de Universidad se quejaba de que alumnos que llegan con buenísimas notas, descubre nada más llegar que están mal preparados para la universidad. Parece existir una especie de división de dos mundos entre lo que se aprende en las escuelas e institutos y lo que se desarrolla posteriormente en la universidad.

Este año pasado ha sido especialmente duro en esto. Era raro (creo que lo comenté aquí) ver a dos docentes hablando sin que estuvieran comentando el panorama que se habían encontrado en el curso, el bajón espectacular respecto al gradual que se va percibiendo año tras año. Casi todos responsabilizaban a los efectos culturales de la pandemia, ese par de años en el que se ha producido un cambio notable.

En realidad, Luri explica que el problema va más allá de la escuela, pero que es en la escuela donde se deberían corregir y que, sin embargo, no se hace. Aquí se critica a políticos de grandes palabras y pocas soluciones.

Hay sin embargo, una cuestión que no vemos abordarse en la entrevista. No solo se educa en la escuela. La "educación" es parte del efecto del entorno socio-cultural. No solo aprendemos lo que se nos ofrece empaquetado, sino que absorbemos mucho de nuestro entorno. Ya sea como contenido o como motivación, lo que nos rodea nos afecta.

La escuela es un "medio de comunicación"; hace lo mismo que los otros medios, pero de una forma diferente. Mientras unos transmiten la "actualidad", otros trasmiten el legado cultural o los conceptos necesarios para entender la realidad que nos rodea de una forma u otra. Es difícil enseñar y aprender (son los dos lados de la moneda) en un entorno hostil, que reclama toda nuestra atención hacia objetos triviales. Eso es lo que vivimos en lo que algunos teorizaron como "Economía de la Atención".


Frente a otras etapas de la sociedad, ésta en la que vivimos es de acoso mediático. No somos nosotros los que buscamos la información, los que la seleccionamos, sino que por contra es ella la que nos busca a nosotros gracias a dos cosas; 1) su capacidad envolvente de presión y 2) su capacidad selectiva.

Por su capacidad de envolvernos, los diferentes medios están frente a nosotros —visibles o invisibles— las 24 horas del día. Entran por nuestros dispositivos móviles, por lo que nos acompañan en todo momento. Siéntese en un banco del parque o avenida y lo percibirá claramente: gente paseando absortos en sus teléfonos. Veo cada día a padres y madres que sujetan con una mano el carrito de los bebés mientras que con la otra sostienen el teléfono. Pronto el bebé tendrá su propio teléfono.

El segundo elemento es que la capacidad selectiva hace que la información que nos llegue sea más seductora. El aumento de la potencia de procesamiento y el perfeccionamiento de los algoritmos hace que todos nuestros movimientos sean procesados y convertidos en ofertas que llegan hasta nosotros. Hace una semana compré unas cajas en un hipermercado. Como siempre pague con mi tarjeta. Desde entonces no hago sino recibir dos tipos de publicidades, una que me ofrece mudanzas y otra que me ofrece trasteros. En ningún momento he planteado la posibilidad de una mudanza, pero el algoritmo que ha procesado mis compras ha establecido que si compro cajas es porque me voy a mudar y me ofrece lo que cree que necesito. Para esos sirven la mayor parte de la cookies que se descargan en nuestro ordenador y cuyos datos son procesados.


En un entorno de este tipo, absorbente, al que no le hemos puesto límites, es fácil crecer en esta especie de hipnosis que nos convierte los demás procesos culturales en algo lento, complicado y dificultosos. Estamos recogiendo lo que sembramos culturalmente hablando.

Queremos que crezca gente capaz, inteligente y competente, culta, en un entorno que no ofrece más que lo contrario, basura mediática. Nos pasos el día dirigidos hacia distracciones sin importancia o a las que se da una importancia desmesurada simplemente para tener enganchada a la gente.

Quizá fuera preferible estar leyendo a Dostoievski en vez de estar colgado todo el día con el destino de Rubiales o de un descuartizador en Tailandia, pendientes de lo que ocurre con Mbappé (algo transcendental), elegimos algo rosa para ver ir Barbie (una película que las niñas no entienden), etc.

¿Y luego queremos que la gente hablé bien, piense mejor y sea más leída? En varias ocasiones hemos señalado que estamos ya en la segunda generación, algo que se elude. Esos niños que hoy se expresan mal, que no leen ni se interesan más que por lo que les ofrecen, son ya padres y madres de familia. Viven en casas en las que no hay un solo libros, solo una gran pantalla, usada para ver el deporte y programas basura en donde personas sin gracia presumen de ello ante las carcajadas del auditorio.

En algunas partes del mundo se han dado cuenta de ello. Pero en la España turística y del chiringuito, lo importante es qué pasa con el ocio nocturno y dónde son las fiestas más cercanas para mantener en pie la economía.

Si no se comienza un movimiento de rearme cultural que vaya directo al problema o esto seguirá así, perdiendo palabras, perdiendo ideas, en cada encuesta, cada día más pobres culturalmente. No hemos sabido aprovechar el enorme potencial cultural que hemos desarrollado tecnológicamente. Ahora el efecto es claro.


* Josefina G. Stegmann "Gregorio Luri: «Me sulfura la mediocridad satisfecha de los docentes»" ABC 3/09/2023 https://www.abc.es/sociedad/gregorio-luri-sulfura-mediocridad-satisfecha-docentes-20230827203925-nt.html