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martes, 22 de octubre de 2024

¿Quién escucha a los sinhogar?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mientras nuestros políticos discuten acaloradamente sobre lo que se dice o no de sus parejas, hermanos y afiliados, los problemas se acumulan y acaban siendo deglutidos por esos mismos políticos.

Los trenes se detienen, las viviendas son impagables, los trabajos efímeros y los sueldos decrecen. La gente está en la calle ante la indiferencia de la clase política, una especie de serial de cuatro temporadas en el que todos son gritones para lo suyo e indiferentes para lo demás. Duchos en el arte doble de la promesa y el insulto, nuestros políticos navegan su propia Copa América sorteando arrecifes, bravos oleajes y vientos huracanados.

No arreglan mucho, pero han aprendido el sutil arte de la estadística, la clasificación y el barrido bajo la alfombra. Con todo ello, son capaces de jugar con la realidad, que no es la que los demás viven, sino la que ellos cuentan. No hay más realidad que la oficial.

Pero la realidad es la que te obliga a esperar media hora en un andén mientras escuchas cómo el ministro dice, con todo convencimiento, que ya se han solucionado todos los problemas. Si lo dice el ministro...

Pero, más allá de los trenes, hay muchas otras situaciones que se deslizan desde el fondo de la realidad y resultan molestas. En RTVE.es nos hablan de los informes de Cáritas sobre personas sin hogar, del llamado "sinhogarismo":

Los datos no cuadran. Según recoge el INE en su última estadística correspondiente al año 2022, en España hay 28.552 personas sin hogar, lo que viene a ser un 24,5% más desde la última cifra publicada el año 2012. Por su parte, Cáritas Española ha acompañado a 42.336 personas sin hogar en 2023, un 7,2% más que el año anterior.

La diferencia es de 13.784 personas. La institución social de la Iglesia Católica en España está atendiendo a miles de personas que no aparecen en las estadísticas del INE, que no existen en los datos oficiales y son invisibles para las administraciones encargadas de prestar servicios sociales relacionados con la vivienda.

Los datos del INE dejan fuera muchas situaciones de exclusión residencial que contempla la clasificación ETHOS (Tipología Europea de Sin Hogar y Exclusión Residencial), así como aquellas personas que no han estado atendidas por los recursos asistenciales o que viven en municipios inferiores a 20.000 habitantes.

“Se prevé que el volumen real del sinhogarismo sea mucho mayor. Desde esta realidad también se creó la Estrategia Nacional contra el sinhogarismo en España 2023-2030 que debe convertirse en ley de obligado cumplimiento si queremos dar pasos hacia adelante”, apunta María Santos, responsable del programa de personas sin hogar de Cáritas Española.

El ‘sinhogarismo’ es un problema social que no solo aglutina a las personas en situación de calle. El número de personas afectadas por esta realidad varía en función del grado de exclusión residencial que se tome en cuenta.

De acuerdo con la clasificación ETHOS hay cuatro categorías: personas en situación de calle, personas sin vivienda, personas con una vivienda insegura y personas con una vivienda inadecuada.* 

¿Qué "realidad" es la "buena"? Creo que las manifestaciones por una vivienda que pueda ser pagada nos llevan a pensar que la preocupación es grande y las situaciones variadas. Los parámetros utilizados por el INE tienden a reducir la realidad del fenómeno y por ello del problema, que queda en el aire, invisible. Las cifras de Cáritas, en cambio, son sacadas del día a día, de aquellos a los que atienden.

Resulta sorprendente la baja calidad de nuestros políticos, más duchos en las artes retóricas y declamatorias, que en la resolución de los problemas reales que la gente tiene.

Es inmoral ver estas discusiones absurdas en las que se meten cuando, como nos dicen desde Cáritas, hay todas esas personas en la calle, literalmente. Contentarse, por ejemplo, con los empleos temporales como un gran éxito, como han hecho, con la baja calidad causada por la falta de control en las contrataciones y la maldición de la condena turística, cuyos efectos no eran difíciles de prever y que, sin embargo, han tenido que estallar por toda España ante un país diseñado por especuladores, del que quedan desplazados los habitantes de pueblos y ciudades, sujetos a la rapiña inmobiliaria.


Es un país que ha olvidado las muertes masivas de las personas ancianas en una pandemia que anteponía los negocios de las residencias a la salud de las personas, como tuvimos ocasión de ver y padecer; un país que eliminaba restricciones para que los turistas de los países cercanos pudieran venir a hacer aquí lo que no les dejaban hacer en su país, con trenes de turistas que llegaban en plena pandemia. La resistencia a las mascarillas provenía de los establecimientos de ocio que pensaban que iba a recortar sus beneficios.

Los datos crecientes del sinhogarismo son muy preocupantes. Ahora bien, ¿a quién preocupan?

El 29,9% de las personas sin hogar declara además no tener ninguna fuente de ingresos. “Entender estas causas es esencial para desarrollar estrategias efectivas que aborden el sinhogarismo desde sus raíces, ofreciendo apoyo integral y soluciones sostenibles para quienes se encuentran en esta situación”, añade la responsable de la campaña.

 “De forma alarmante, Cáritas es testigo de cómo sigue en aumento la vulnerabilidad en muchas personas y familias que no pueden acceder a su derecho a una vivienda digna y adecuada. Por ello, es necesario y urgente seguir sensibilizándonos como sociedad y continuar interpelando a las administraciones públicas, garantes de los derechos humanos, y al resto de la sociedad acerca de la realidad que están viviendo estas personas”, explica María Santos, responsable del programa de personas sin hogar de Cáritas Española.* 

No sé si la interpelación servirá de mucho. Los manifestantes por el derecho a una vivienda son decenas de miles por toda España. Las personas sin hogar son una versión distinta de un mismo problema: el deterioro conjunto de una España desatendida. 

Hace falta callar el "ruido" político para que la política llegue a ser otra cosa, que atraiga a personas más sensibles a los problemas y sea capaz de resolverlos. Las excusas que escuchamos cada día se están agotando junto con la paciencia. 

* Santiago Riesco "Cáritas atiende a 13.784 personas sin hogar que son invisibles para las estadísticas oficiales" 21/10/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241021/caritas-atiende-13784-personas-sin-hogar-invisibles-estadisticas-oficiales/16296433.shtml

miércoles, 11 de abril de 2012

Pobres sin perfil, gente como nosotros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El Mundo nos cuenta hoy la historia del exitoso publicitario, director de videoclips, que distingue de lejos la figura de un viejo amigo, compañero de profesión, al que sigue y ve entrar en un comedor de Cáritas*. Podría ser perfectamente el argumento de un spot, pero desgraciadamente, no lo es. Es la historia del publicista Alejandro Toledo, quien comenta que en los comedores se ha encontrado «gente como nosotros, no con el clásico perfil del pobre, de la persona sin recursos».* Toledo ha reaccionado realizando un trabajo —él y el equipo— gratuito para la organización humanitaria, un videoclip promocional.
El planteamiento de que exista una pobreza manifiesta y otra subyacente, una visible y pobreza sumergida; una que nos preocupa, nos ofende o nos es indiferente, y otra que nos sorprende, nos habla de varias cosas. Toledo se sorprendió cuando vio a su colega, perfectamente trajeado, en un entorno y situación en el que no esperaba verlo. Era alguien como él. Ya no es un inmigrante, un sin techo, un mendigo lo que se ha encontrado allí, el perfil "clásico" de la pobreza. Su ojo se ha acostumbrado ya a encontrar en los comedores sociales a esos “pobres sin perfil”, a esa “gente como nosotros”, como él.
Toledo ya ha conseguido romper la barrera psicológica que impide identificarse —no solidarizarse— con la pobreza. Puedo sentirme solidario con la pobreza; identificarme es otra cosa. La pobreza ya no es algo que le ocurre a los otros, a los que puedo ayudar, sino algo que puede ocurrirme a mí.


Nuestras sociedades endeudadas dan unos nuevos perfiles de pobreza que no son los del pobre que no tiene, sino del pobre que no tiene para pagar lo que debe. En las novelas de Dickens teníamos los casos de la prisión por deudas. En David Copperfield, el señor Wilkins Micawber, tras la quiebra de su fábrica, es enviado a la prisión por deudas. El propio escritor vivió la experiencia personal de que su padre corriera la misma suerte durante un tiempo. Es el paso de una forma de vida a otra sin cambiar de traje.

El empresario Micawber, de David Copperfield
La crisis en cadena, una crisis en las que son las deudas las que determinan la extensión de la cadena, producen estos pobre sin perfil. Producen pobres porque, a su vez, son víctimas de otros pobres involuntarios que tampoco tienen la posibilidad de pagar sus deudas al no recibir el pago por lo que otros les deben. Yo no te puedo pagar porque otros no me pagan a mí. El famoso efecto multiplicador keynesiano de la inversión económica tiene su reverso en la deuda. Se multiplica el desastre cuando dejas de recibir lo que te deben y te hundes. Y vives del ahorro hasta que se agotan las reservas, momento en el que empiezas a depender de lo que los demás hayan ahorrado —tu familia, amigos…— mientras les dure.

La pobreza del endeudado es esa pobreza sin perfil que se produce cuando llega una crisis y se ha desincentivado el ahorro y sobrestimulado el consumo, en el que se ve el único factor de crecimiento. Hay países (y personas) que logran equilibrar el consumo y el ahorro, no teniendo grandes deudas, por lo que pueden resistir mejor que aquellos que han construido economías aparentemente sanas y florecientes, pero que están jugándose la apuesta de que todo vaya bien. El gran casino que acaba siendo la economía —un  mundo de apuestas—, en el que uno apuesta al pedir un crédito, al cambiar de trabajo, etc. tiene el riesgo que de pronto las cosas dejen de ir bien. Especialmente cuando no dependes de ti mismo, sino que formas parte de un sistema altamente interconectado basado en la confianza en que vas a recibir lo que debes recibir.
Los pobres sin perfil son los que han quedado al descubierto con un gran paquete de deudas por el que deben aplicar los recortes a su propia economía doméstica, que pasa a ser de subsistencia. Si tienen un sueldo, tendrán que estirarlo. Si no lo tienen, estirar su subsidio. Y si no lo tienen…
Entre despidos e impagos, el panorama se complica. Los niveles de desempleo previos y la precariedad del existente son otros factores que están agravando la situación, al reducir la capacidad de resistencia personal e institucional. Con sueldos bajos, se resiste menos; con muchos subsidios, hay menos para repartir. Los subsidios surgen de los que tienen y estos son cada vez menos.


Tendremos que irnos mentalizado sobre los dos aspectos que hemos apuntado, la variación del “perfil” —algo que llevan tiempo avisando las instituciones humanitarias—  y el “como nosotros”. Es de esperar que la pobreza sin perfil clásico, se transforme en pobreza de perfil clásico cuando el nivel de necesidad y dependencia aumente. Tendremos que detraer recursos para poder atender a aquellos que necesitarán de subsidios. Y tendremos que plantearnos de dónde detraerlos.
Nosotros mismos —nuestro país— hemos pasado a tener ese perfil atípico de pobreza en el que la pobreza ya no significa “tercer mundo”, sino la incapacidad de pagar tus propios gastos. Ya no hablamos del “mendigo”, sino de ese pobre correctamente trajeado que va al comedor social. Somos un país bien trajeado y con muchas deudas.

Como sociedad tenemos que ir mentalizándonos sobre el choque traumático que supone asumir el estado en que nos encontramos. Asumir que debemos abandonar muchos planteamientos egoístas que se han primado hasta el momento en todos los niveles. Y especialmente cambiar el modelo.
El titular del diario El Mundo habla de la "caída del caballo" del publicista, en referencia al caso paulino. El clip nos muestra a un padre y su hija recorriendo un mundo de escaparates luminosos y anuncios de cosas ya inalcanzables, durmiendo entre cartones y, al final del recorrido, comiendo unas lentejas, recogidas en un comedor social, en un banco de la calle. Hay demasiados escaparates iluminados y cada vez menos gente que pueda entrar. Y esos escaparates se van apagando y poniendo el cartel de "se traspasa".
El gasto sin riqueza no se puede mantener, porque solo significa deudas. Y eso es lo que están verdaderamente castigando los mercados, la trivialidad de nuestra economía.

* "Cuando el publicista de éxito cayó del caballo... y trabajó gratis para Cáritas". El Mundo 11/04/2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/04/09/madrid/1333988017.html?a=0eae628e04e616d41134c642c22aa748&t=1334121618&numero=