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viernes, 3 de abril de 2020

La complejidad de nuestras respuestas al COVID-19

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La crisis del COVID-19 se puede percibir desde muchos puntos de vista, en ocasiones en conflicto. No tenemos la misma percepción entre países y dentro de estos también existen numerosas diferencias en función de factores culturales y sociales. La primera gran división la hemos visto y la seguimos viendo entre Asia y Occidente. La estamos percibiendo ahora entre América Latina y África, cuyas percepciones son también diferentes a las iniciales asiáticas y euro norteamericanas, que por cierto también son distinta.
Vemos que, aunque al coronavirus no le importan nuestras diferencias, a nosotros sí. Por eso no es posible tomar medidas, explicar, comunicar, prevenir, etc. sin tener en cuenta nuestra cosmovisión (la vieja Weltanschauung de la que nos hemos olvidado) o nuestra percepción del mundo, nuestra interpretación de los que ocurre.
La prensa nos permite apreciar estas diferencias pues nos ofrece un momento privilegiado para hacerlo: una pandemia, algo que nos ocurre a todos, pero que muestras las diferencias.
Aquí ya hemos ido dando cuenta de algunas. Vimos a aquel islamista egipcio que desde Nueva York veía el contagio como un arma que Dios daba para llevarse por delante a los enemigos y herejes, pidiendo a los que estaban infectados que fueran a abrazar, a besar, a estrechas las manos de policías, jueces, funcionarios, a cualquier partidario de al-Sisi en Egipto. "¡No mueras solo!" era su grito, el coronavirus es un arma que Dios te da para que seas un mártir.


El diario El País de ayer, Juan Carlos Sanz titulaba desde Jerusalén "Israel declara zona cerrada una ciudad ultra ortodoxa por temor al contagio del coronavirus". En su artículo explicaba los conflictos que le suponen al gobierno combatir los contagios con gente que se dedica al estudio de las escrituras y no quiere tener contacto con los medios. A "porrazos" han tenido que confinarlos, se nos dice. Las comunidades ultra ortodoxas no entienden de pandemias ni de nada que las desvíe de sus líneas de actuación:

Los temerosos de Dios viven en sus guetos urbanos, encapsulados en otra era. “Muchos de ellos solo siguen los medios de comunicación de su comunidad ultrarreligiosa y no disponen de Internet ni de teléfonos inteligentes”, precisa el analista del diario Haaretz Amos Harel. “Tampoco suelen informar a las autoridades sanitarias cuando empiezan a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad”.
El rampante crecimiento demográfico de los ultraordodoxos –con proyecciones que apuntan a que representarán un 25% de la población israelí en 2050–, les ha llevado ya a residir en viviendas donde se hacinan parejas con siete o más hijos junto con alguno de sus progenitores. A pesar de que las concurridas yeshivas (escuelas rabínicas) fueron clausuradas hace dos semanas junto con el resto de los centros educativos, los jaredíes han seguido manteniendo hasta hace poco la práctica de acudir a rezar tres veces al día a una sinagoga junto con decenas o centenares de asistentes, multiplicando las ocasiones de contagio.
Observadores políticos como Daniel Kupervaser constatan que algunos de los rabinos más ultrarreligiosos están minimizado los riesgos de la pandemia con “anuncios arcaicos alejados de las recomendaciones de las autoridades”. En uno de ellos se cantan las virtudes del matza, el pan ácimo que los judíos consumen durante la Pascua, procedente del Chabad (organizaciones jaredíes), para protegerse del coronavirus. “Come matza del Chabad, que es un alimento medicinal, y te salvas del coronavirus”, reza un de reclamo de venta del pan ácimo pascual.*


La visión del mundo marca las respuestas. En estos casos extremos, se percibe que las ideas son más resistentes que los cuerpos. El problema es que una vez enfermado el cuerpo y muerto el teórico, las ideas quedan en evidencia. Pero eso no suele ser problema para los que encuentran explicación rápida a todo, la voluntad de Dios.
Otras visiones se centran en lo económico. El COVID-19 nos está sirviendo para percibir cuáles son las visiones del mundo de algunos, cuáles sus prioridades. Eso tiene de ventajoso, que muchos han de mostrar sus cartas de valores. El conflicto entre salud y economía ha servido para ver que algunos dirigentes mundiales consideran que la gente debe salir de sus casas y se resisten a los confinamientos.
En Egipto, el multimillonario Naguib Zawiris, el que compró Euronews. Egyptian Streets nos relata lo dicho por el empresario en una entrevista televisiva, en donde se mostró decidido partidario de que la gente no se quedara en sus casas y que no se paralizara la economía. Pero sus propuestas fueron más allá:

The billionaire’s most controversial comments came later on in the segment when he suggested workers be quarantined in factories. “There is another proposal that factory workers spend the night and live there and not go home to their families—they would be living and working there,” he said, explaining that reducing movement would be an added benefit.
When asked about the impact of Egypt’s partial lockdown on him, Sawiris said: “I don’t let my children meet their friends and I don’t meet anyone either,” adding that he maintained a social distance of four meters while working, and that the majority of his employees are working from home. He then stated that half his assets were invested in gold and that he predicted a rise in gold prices due to anticipated shortages, comparing it to “catastrophe insurance.”** 



La visión de Sawiris —como le afearon en las redes sociales egipcias— además de economicista es profundamente clasista. Los obreros deben estar en las fábricas confinados, trabajando para que nade se pare, mientras que él evita los contactos, al igual que su familia. Mientras los trabajadores están separados sus familias, el multimillonario Sawiris disfruta de la suya en aislamiento sin complejos.
En esta lista de partidarios de producir aunque se mueran los clientes (siempre quedarán algunos para mantener el mercado) hay muchos. Algunos se han tenido que alimentar con sus propios desengaños, como Boris Johnson, el apóstol del contagio nacional, ahora confinado en Downing St. (suponemos). Johnson partía de una visión del mundo demasiado darwinista en su versión social. Lo que dijo entonces era (y es) de una enorme frivolidad y muestra la visión de un país con una enorme distancia social, con unas élites distanciadas de los comunes, con una visión en la que hay una barrera que les separa y por ello les inmuniza a esas enfermedades barriobajeras, del populacho. Como se ha visto, del Príncipe Carlos para abajo, la enfermedad no ha hecho distingos. El estirado príncipe no se ha librado de ello, ni el elitista Johnson, ni el obrero que apura su pinta de cerveza en el pub, por usar un tópico. El COVID-19 no entiende de cunas ni de cuentas bancarias, ni de obreros ni directivos. Entiende de condiciones favorables y de obstáculos. Su vida es sencilla; son nuestra complejidad y diversidad de respuestas las que le crean las condiciones.


Uno de los ejemplos más dramáticos que estamos viendo en estas últimas horas es lo ocurrido en Guayaquil, en Ecuador. La primera noticia saltó cuando le fue imposible aterrizar en su aeropuerto a un par de aviones, uno de Iberia, que iban a recoger a españoles y europeos que habían quedado allí sin poder regresar. La alcaldesa de Guayaquil decidió que se atravesaran coches y furgonetas para que no llegaran europeos a "su" ciudad, nadie que pudiera contaminarles. Los que estaban allí se tuvieron que ir a la capital para intentar regresar. La siguiente noticia que nos llegó de Guayaquil —una ciudad con más de dos millones de habitantes— fue el contagio de la protectora alcaldesa, que a lo que parece llegó tarde. Hoy Guayaquil está en todos los medios mundiales porque los cadáveres sin recoger están esparcidos por los barrios, sobre las aceras esperando que alguien vaya a recogerlos. Es un panorama desolador. Las gentes reclaman que alguien vaya a retirar esos cadáveres que quedan como "apestados".


Los cierres de ciudades o pueblos se han ido produciendo en muchos lugares del mundo, de España (Igualada) o Italia, siguiendo el modelo chino de Wuhan y ciudades próximas, consideradas el epicentro.
Pero estamos asistiendo a un tipo de aislamiento inverso, el proteccionista. Se trata de aislarse para no tener que acoger a nadie que suponga un riesgo. Si los países lo hace, ¿por qué no los pueblos?, parecen pensar.
El diario El País titula hoy "Pueblos blindados contra el virus y los forasteros" haciendo referencia a muchos municipios españoles que han decido que los otros son un peligro, por lo que han cerrado entradas y han puestos sus policías municipales o lo que haya hecho falta para asegurarse que no les llega nada de fuera. No le sirven de nada los ejemplos de los que se encerraron pensando que estaban a salvo para descubrir que ya estaba en casa. El diario nos informa de algunos casos. Lo ocurrido en dos de ellos nos sirve de ejemplo:

Una barrera de tierra pretende aislar del resto del mundo a Setenil de las Bodegas, un pueblecito gaditano de postal, de 2.700 habitantes, destino habitual de turistas de un día. Es la medida extrema que ha tomado el alcalde, el andalucista independiente Rafael Vargas, para controlar las entradas a su municipio, limitadas ahora a vías principales, en las que también funcionan controles de la Policía Local y arcos desinfectantes para vehículos. El consistorio justificó el pasado lunes la medida como una forma de facilitar el trabajo de los cuerpos de seguridad y pidió la colaboración vecinal para dar aviso “de movimientos de tráfico extraños”.
Setenil no está solo en Cádiz, una provincia acostumbrada a recibir mucho turismo, tanto de personas que tienen segundas residencias como de visitantes de sus famosos pueblos blancos. Zahara de la Sierra, gobernada por los socialistas, lleva días presumiendo de haberse convertido en una suerte de aldea gala, libre, por ahora, del coronavirus. Su consistorio ha cerrado con vallas y cadenas buena parte de los accesos, que se han quedado reducidos a uno, según un decreto municipal. Patrullas de la Policía Local y un arco desinfectan y paran a todos los coches, que no pueden acceder sin permiso expreso.***



Bonitos y amables pueblos que se desvivían por su trato afable a los visitantes han pasado a convertirse en hoscos lugares, gente a la defensiva. Da igual que les digan a algunos que no pueden tomar esas decisiones, pero si se les presiona, seguro que acaba declarando la independencia o algo por el estilo. Han cerrado incluso la llegada de los que tienen allí segundas residencias, porque los "fetén fetén" son los autóctonos, los que no salen de allí, a salvo de cualquier mal exterior.
Algo peor puede ocurrir en los Estados Unidos, donde cada casa puede convertirse en El Álamo. Las noticias de sobre los records en ventas de armas, consideradas como artículo de primera necesidad se completaban con la entrevista en una cadena televisiva en donde la dueña de una armería decía que el miedo de muchos era que se acabaran los alimentos y empezaran los robos y asaltos. Los de gatillo fácil y sentido de la propiedad pueden empezar a ponerse nerviosos ante una situación que llega al país a velocidad meteórica y que ha disparado el desempleo en menos de una semana a niveles impensables. Por muchos que Trump se queje de que no se le avisó con tiempo desde China, lo cierto es que ha sido su tardanza en creérselo lo que ha condicionado las medidas. 


La estructura de Estados y gobierno federal no es la más fácil de manejar sin un cierto sentido de cohesión, pero la mentalidad de muchos norteamericanos ve en el gobierno federal (muchos en cualquier tipo de gobierno) una amenaza sin necesidad de coronavirus. La instrucción de que se permanezca en casa es ya vista como una insolencia, como un ataque a la libertad del ciudadano, por lo que no va a ser fácil convencer a la gente. Las cifras de muertos y contagiados deberían servir de aviso, pero para los que todo esto no son más  fake news y maniobras de los izquierdistas demócratas contra Trump, o para aquellos que desean sacrificarse en nombre de la economía y del futuro, como dijo una autoridad tejana, puede no ser suficiente.


El que ha mostrado una vez más su vena autoritaria es Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas, que ha pedido a las fuerzas de seguridad que disparen a matar a todo el que viole la cuarentena y se resista.
Un artículo en la egipcia Mada Masr nos deja clara la influencia de las mentalidades, de la forma de ver el mundo y las reacciones. La palabra más empleada en el artículo de Hossam al-Khouly, titulado "Coronavirus? It’s in God’s hands", es "nihilismo". El autor nos deja un amargo sabor al señalar que ese sentido fatalista del que sea lo que Dios quiera no es otra cosa que la respuesta general al abandono histórico, al dejarlos a su suerte durante siglos, abandonados, ignorados. De ahí la pregunta y la respuesta. Todo está en manos de Dios. Como lo ha estado siempre: lo que llegue no viene de tu voluntad, siempre frustrada, sino desde algo exterior que así lo quiere.


Antes de describirnos la aldea de la que no se debería poder salir por estar aislada, como ocurre en otras en diez provincias egipcias, al-Khouly escribe un bello y desesperanzado párrafo:

Leave your logic at the door and step with me into another world, one with its own logic and context — a world we will try to think about together without the Orientalist theorizing that flattens understanding with the confidence of university credentials while ignoring the school of life.****



Es la realidad próxima, la más distante, es allí donde las diferencias económicas, de educación, de salud... establecen barreras físicas y mentales precisamente porque no comparten las mismas lógicas.
Hay diferencias entre cultura, pero también entre barrios, entre pueblos. Se reacciona de forma distinta porque se percibe el mundo de forma distinta. Lo hemos visto claramente con las edades desde el principio. Lo que más ha costado en que los jóvenes entendieran el coronavirus desde una perspectiva más allá de su teórica invulnerabilidad. Han tenido que morir jóvenes para que muchos entendieran que no eran unas vacaciones.
La cultura, el modelo económico, la riqueza, la desigualdad, la educación, las diferencias locales, regionales internacionales, religiosas, filosóficas... todo introduce matices o contrastes vívidos en nuestra forma de percibir y entender el mundo. La respuesta es global, pero terriblemente variada en función de nuestras creencias y vivencias. Pero da igual cómo pienses porque al COVID-19 no le importa nada. Solo le interesan las facilidades que tú y tus creencias en la invulnerabilidad o en la eternidad agradecida les das. 



* Juan Carlos Sanz "Israel declara zona cerrada una ciudad ultraortodoxa por temor al contagio del coronavirus" El País 2/04/2020 https://elpais.com/internacional/2020-04-02/israel-declara-zona-cerrada-una-ciudad-ultraortodoxa-por-temor-al-contagio-del-coronavirus.html
** "Egyptian Billionaire Naguib Sawiris Draws Criticism Over Calls to Reopen the Economy Despite COVID-19 Pandemic" Egytian Streets 1/04/2020 https://egyptianstreets.com/2020/04/01/egyptian-billionaire-naguib-sawiris-draws-criticism-over-calls-to-reopen-the-economy-despite-covid-19-pandemic/
*** "Pueblos blindados contra el virus y los forasteros" El País 02/04/2020 https://elpais.com/espana/2020-04-02/pueblos-blindados-contra-el-virus-y-los-forasteros.html
**** Hossam al-Khouly "Coronavirus? It’s in God’s hands" Mada Masr 2/04/2020 https://madamasr.com/en/2020/04/02/feature/society/coronavirus-its-in-gods-hands/

martes, 10 de septiembre de 2019

La polémica del estrechamiento de manos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
¿Costumbres o mala educación? "No es nada personal", vienen a decir los varones iraníes. "No damos la mano a las mujeres, no las miramos y no las queremos cerca". Ese ha sido el mensaje de "distensión" de las autoridades en el conflicto del estrechamiento de manos que se ha planteado como protocolo en el Congreso de los diputados. Luego, inmediatamente, acusan a "Occidente" de tratar de "imponer sus costumbres". Un problema protocolario pero que plantea el problema al que lo tiene que aceptar en su propio territorio.
Algo importante que hay que tener en cuenta. Se trata de un saludo, que es una forma de manifestar precisamente una actitud. Uno puede hacerlo de muchas formas, pero no negarlo. El planteamiento iraní no es solo una costumbre, sino negar el saludo y el reconocimiento, por tanto, a las mujeres que les ponen delante por el hecho de serlo. Es discriminación.
El diario El País contaba así lo ocurrido la semana pasada en el Congreso:

Una visita protocolaria de una delegación extranjera de políticos, habituales en el Congreso y que suelen pasar inadvertidas, provocó el martes un incidente diplomático. La nación era Irán. El asunto derivó en una agria disputa nacional, ya casi en plena precampaña electoral en España, sobre cómo abordar la relación de ese país con las mujeres.
Vox capitalizó el frente de la derecha parlamentaria contra el pragmatismo de acudir a la cita tras alertar desde el servicio de protocolo del Congreso que la Embajada de Irán había avisado de que sus delegados no consentirían en el saludo informal ningún contacto físico, ni siquiera con la mano, con las políticas españolas. Ciudadanos se sumó inmediatamente al boicot y el PP lo respaldó este miércoles. La izquierda optó por acudir a la reunión y expresar en la misma sus quejas contra la falta de derechos e igualdad de la mujer en Irán. El embajador iraní en Madrid, Hasan Qashqavi, explicó molesto, al final del encuentro, que esa costumbre forma parte de su cultura y pidió "respeto".
La cita era este pasado martes, a las seis de la tarde, en una sala del Congreso con los componentes de la comisión de Exteriores. Acudía una delegación con un alto representante del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Mahmoud Barimanique, otros asesores y el embajador en Madrid. Apenas tres horas antes un mensaje a la prensa de Vox reventó la reunión y desató una carrera contra el reloj para situarse políticamente o evitar un incidente diplomático con un país con el que las relaciones son siempre delicadas.*



Los conflictos con los iraníes son constantes y prácticamente irresolubles como demuestra la práctica. Esto deja pocas posibilidades incluso en temas de cortesía o de amistad. La visita al parlamento es una cuestión amistosa hacia un país que está empezando a abusar del hecho que los demás traten de mantener las relaciones que Estados Unidos ha tirado por la borda. Está tomando esto como una cuestión de "debilidad" de lo que han llamado "Europa" con un tono despectivo sin tener en cuenta que es Europa precisamente la que está intentando mantenerles el tipo.
El problema planteado por el protocolo tiene varias alternativas a lo que es la falta de reconocimiento a las mujeres. Eso no es una "tradición"; es una mala costumbre, que es otra cosa. No sirve de ningún consuelo que en su propio país se nieguen a tocar o as mirar simplemente a las mujeres que no sean de su familia. La "costumbre" tiene consecuencias para las personas que el régimen de los ayatolás ignora amparándose en esa costumbre. Uno puede tener sus propios gustos, pero las costumbres que implican que los demás deben obedecerlas —ya sean en Teherán o en Riad o en cualquier otro lugar— están en cuestión.


Las soluciones son complicadas porque implican precisamente las relaciones entre dos países que entienden la cortesía de forma distinta. El hecho de que sean los demás quienes deben cambiarlas en su propia casa no es más que una muestra del desprecio y el sentido de la superioridad que el iraní considera que tiene sobre los demás. Son la muestra de esa superioridad frente a los impuros que nos las practican. No es una costumbre, en el sentido humano; es un mandato que ellos, seguidores fieles de las leyes divinas, practican frente a la ignorancia y zafiedad del resto del planeta. Esto se disfraza de muchas maneras, pero es la evidencia del trato la que lo demuestra. No es privativo suyo, ya que no se trata de una "costumbre de Irán", ya que se practica también en algún otro país que rechaza tener cerca a las mujeres que no son de la familia.
Recuerdo el argumento de un juez egipcio contra la entrada de las mujeres en la magistratura: "¿cómo iban a reunirse a deliberar varios hombres con una mujer en la misma sala?" Lo podemos llamar "costumbre" o también "discriminación". En algunos países esas viejas y añejas costumbres claramente discriminatorias se pueden debatir. En Irán no, porque tienen otras "costumbres" contra quien discrepa de las costumbres. Algunas de esas costumbres acaban muy mal para algunos. Una vez un profesor iraní me dijo que no nos equivocáramos, que Irán era un país con una gran base laica. No sé quién se equivocaba, por supuesto, pero el hecho es que decir que eres laico en ese contexto tiene unos riesgos que muy pocos asumen.


Las que lo asumen principalmente son las mujeres desafiando la imposición del velo. Lo hacen con fotos y vídeos en los que los lanzan a aire o simplemente se lo quitan. Hay algo de alegría liberadora en ese acto de arrojarlo.
En España, lo nuestro es discutir. El País informa de cómo los partidos españoles, dentro de sus pugnas, no quisieron que nadie se llevara la foto de la oposición a algo difícil de aceptar, por lo que todos manifestaron su rechazo. Así fue el encuentro:

Los delegados iraníes acudieron a la hora programada, el encuentro se llevó a cabo, los portavoces de todos los partidos españoles expresaron dentro de la sala sus reparos por el trato a la mujer en Irán y por la falta de igualdad. Tras dos horas de discursos, la cita parecía haber acabado cuando el embajador de Irán en Madrid, Hasan Qashqavi, pidió la palabra. Y subrayó que entendía que a los políticos españoles no les gustase ni comprendiesen las normas culturales por las que se rigen en su país (la sharía o código de conducta del Corán no permite ese contacto físico con las mujeres entre desconocidos) y acabó: "No les pido que lo compartan, pero sí que lo respeten".*

El problema es que eso no es cierto. Siempre hay un cierto tono de hipocresía en las manifestaciones oficiales de las autoridades iraníes. Lo del "respeto" suele ser algo que ellos mismos no practican. Están mal acostumbrados a que se plieguen a sus exigencias. Lo que llama "normas culturales" (bien elegido el término) son el resultado de la imposición de una revolución que cambió toda la situación de Oriente Medio, intensificando el radicalismo islámico en países que eran mucho más de convivencia. Fue la revolución retrógrada de Irán la que activó la mayor parte de los integrismos que habían tenido menor impacto hasta el momento y generó otros nuevos entre el islam suní.
Hoy mismo tenemos en la prensa el anuncio por parte de Arabia Saudí del comienzo de un programa nuclear que puede tener derivaciones militares, como han señalado ellos mismos. Es la respuesta al enriquecimiento de uranio con el que Irán chantajea a la comunidad internacional tras la llegada de Donald Trump. El calentamiento a tres bandas —Irán, Arabia Saudí e Israel— es un motivo de preocupación para todos.


Las respuestas protocolarias ante la negativa a dar la mano (nadie da la mano si no quiere) pueden ser variadas. Unas ya se han elegido, lanzarles discursos reivindicativos sobre los derechos de las mujeres, negarse a asistir. Pero hay otras, como que nadie les dé la mano creando así la costumbre de la "grosería selectiva", una anticostumbre española, o enviar solo mujeres a hablar con ellos y allá se las apañen, hasta que solo vayan las mujeres. Las posibilidades son muchas.
Hay una falsedad hipócrita en las palabras dichas por el embajador: Irán no pide "respeto"; Irán exige que los demás se plieguen. Las palabras dichas sobre que en España se besan, recogidas por la prensa, son absurdas porque eso refleja un nivel de confianza que se corta en el momento en el que la mujer extiende la mano. Una cosa son los tipos de saludo, que pueden variar, y otra negarlo por principio.
Es raro que nadie haya recordado con motivo de este pequeño conflicto de costumbres lo ocurrido con la visita del presidente Rohani a Italia en 2016. El titular de ABC fue entonces fue "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní":

Las estatuas con desnudos, como las Venus de la época romana, que se encontraban en el recorrido que realizó ayer el presidente de Irán, Hasán Rohaní, en los Museos Capitolinos de Roma fueron cubiertas por respeto al mandatario, según informan hoy los medios de comunicación italianos.
Las imágenes de bloques de contrachapado blanco que cubren las estatuas del Museo que ayer visitó el presidente iraní aparecen hoy en los diarios locales y han suscitado alguna polémica entre los políticos.
Según el diario "Il Messaggero", la delegación iraní pidió que se cubriesen las Venus desnudas y otras estatuas por respeto a su cultura, así como también pidieron un cambio en la «escenografía» de la sala de los Museos Capitolinos donde aparecieron ante la prensa Rohani y el primer ministro, Matteo Renzi, tras su reunión. Según este periódico de Roma, no les gustaba que apareciese la enorme escultura ecuestre en bronce de Marco Aurelio, la gran joya de los museos.**


El hecho de tener que tapar las estatuas por las que todos pueden pasar por delante menos los dirigentes iraníes es ya un indicativo del grado de exigencia. La estupidez italiana de entonces se sigue pagando ahora. Cuando un país tiene que cubrir sus monumentos para evitar que el visitante se ofenda, las visitas carecen de sentido. Quizá debería celebrarse las sesiones con ellos mediante video conferencia o en un islote sin historia en las que sus costumbres (las que imponen los ayatolás) no se vieran impedidas o perturbadas. Tampoco se sirvió vino "por no ofender", algo absurdo que muestra la intolerancia. No se trata de no beber, sino de que no se beba en su presencia. Una forma más de hipocresía desde países que beben en las casas, lejos de las miradas de los censores. No se trató tampoco de respeto, sino de imponer a otros sus condiciones desde esa superioridad divina que les caracteriza.


Nuestra Facultad, que ha tenido decana durante ocho años, pudo comprobar los mismos desprecios del saludo a quienes se invitaba amablemente para mostrar su cine, la única herramienta de propaganda del régimen que le funciona en el exterior, pese a las limitaciones a la creación. La utilizan bien.
Quizá haya que replantearse las relaciones formales mediante nuevos protocolos. El argumento, tan querido por los poscolonialistas, de que Occidente quiere cambiarles elude la diferencia entre las costumbres y las imposiciones, especialmente en las cuestiones de género. Las sociedades evolucionan a menos que se las encierre, que el caso de muchos países en los que se esconden tras la idea de "cultura" para mantener sus dispositivos de control social y ausencia de libertades. El mundo se ha hecho global y es muy difícil evitar los cambios. Hacia dónde vayan esos cambios es difícil de predecir. Unas veces van en un sentido y otras en clara involución eliminando de sus sociedades a aquellos que van en contra de la "costumbre", vieja o nueva.


Al final, no cuentan las personas, sino la fuerza que es posible emplear para mantenerlos en los carriles adecuados de la costumbre. Hay muchos iraníes que no están de acuerdo con esas costumbres; lo que ocurre es que tienen que callarse o irse. Los largos brazos del poder les llegan aunque están fuera de su país, pues las embajadas —no son los únicos— vigilan.
Si no quieren o pueden dar la mano, nadie les puede obligar. Pero tampoco debemos entonces nosotros a dárselas a ellos, aunque nos cueste. La cuestión de que haya mujeres cerca o si hay que mirarlas de frente o de lado, es un problema suyo. Vendas, parches o gafas oscuras están a su alcance. En Italia no debieron cubrir las estatuas, sino tapar los ojos del que se sentía ofendido.
El titular de El País hace referencia a una supuesta "batalla del saludo" ganada por la derecha parlamentaria. No creo que esa sea la cuestión relevante. Es casi ofensiva para las mujeres que se juegan en Irán y en otros lugares la vida o la cárcel por cuestiones de este tipo. No es cuestión de complejos o de intereses extraños. Es una cuestión más profunda y que nos afecta a todos por encima de banderías. Algunos pueden quedar en evidencia, pero eso es cuestión suya.




* "La derecha gana la batalla del saludo a la delegación iraní en el Congreso" El País 5/09/2019 https://elpais.com/politica/2019/09/04/actualidad/1567618282_623283.html
** "Italia tapa estatuas de desnudos por la visita del presidente iraní" ABC 27/01/2016 https://www.abc.es/internacional/abci-italia-tapa-estatuas-desnudos-visita-presidente-irani-201601261457_noticia.html

viernes, 10 de mayo de 2019

Un abrazo, besitos, cuídate o los correos y la comunicación intercultural

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El mundo es cada vez más pequeño gracias a nuestras comunicaciones y viajes. Nuestros espacios, además, son fecundamente diversos y nuestras amistades se reparten por todo el planeta. Mis clases y seminarios son más cada día espacios de diversidad enriquecedora. En grados, posgrados y doctorados
Ayer una compañera, que no había estado muy convencida al principio, me confesaba que estaba encantada dirigiendo la tesis de una alumna extranjera porque en vez de pensar en términos de oscuridad lo estaba haciendo en términos de su propia claridad. Estaba ampliando su conocimiento, por un lado, y ampliando su propia experiencia personal. Y con ambas estaba encantada. había pasado el ecuador de la extrañeza.
Me alegré mucho porque esa es y ha sido siempre mi experiencia. Allí donde otros ven "peligros" he visto durante toda mi vida la posibilidad de aprender y de descubrir cosas que nuestro paletismo, soberbia y eurocentrismo nos impide ver. Parece que a algunos ya traspasar las líneas del barrio le suponen algún tipo de angustia vital. Me recuerdan aquellas salidas del pueblo para hacer la mili.  Todavía en los 70 había gente que salía entonces por primera vez de su pueblo. Hoy esto ha cambiado.


Las oleadas nacionalistas se vuelven de un folclórico acartonado porque se empeñan en que como la tierra de uno no hay nada, una de las afirmaciones más tontas que se puede uno echar a la cara. Es la ignorancia orgullosa la que hace decir estas cosas.
Vivimos en una sociedad diversa o, si se prefiere, podemos encontrar en nuestra sociedad una enorme riqueza a nuestro alcance en el trato con las personas que tienen un equipaje cultural diferente. Podemos viajar igualmente por gran parte del mundo.
Cada vez nos comunicamos más entre personas de lugares muy diferentes y con costumbres distintas. Es bueno, pero necesita de ciertos aceites para que no se produzcan malentendidos. Muchas veces los malentendidos ascienden a conflictos sencillamente porque no entendemos y nos empeñamos en que sean los demás los que se deben ajustar a las normas. "When in Rome...", suele decirse, o nuestra versión equivalente "donde fueres...". Pero hace falta mucho más, por eso está adquiriendo especial importancia el estudiar no ya solo las costumbres (las diferencias o similitudes culturales) sino la forma de comunicación.
Ya no se trata del campo de las relaciones internacionales, que afecta a las instituciones y los países, que acabaron creando un grupo y un lenguaje, el diplomático, para evitar que un error de contacto arruinara negocios o desencadenara un conflicto. Tampoco de las lenguas francas o de las versiones estandarizadas de lenguas.

El estudio de las relaciones interculturales es esencialmente el estudio de la forma de relacionarse en diferentes estratos. Su centro debe ser la comunicación en un sentido muy amplio y su objetivo doble, la eliminación de obstáculos y la detección de malentendidos. Para mejorar la comunicación es esencial conocer la cultura del otro, la maquinaria del sentido, y que el otro conozca la nuestra, que haya simetría. W. Somerset Maugham, que pasó dos años en China recorriendo el Río Yanzí, cuenta en su precioso libro (En un biombo chino) la anécdota del británico que llevaba 30 años allí y presumía de no hablar chino. La actitud lo es todo. Hay muchas personas así por el mundo.
La BBC nos trae un artículo interesante para comprender las diferencias que implica la forma de relacionarnos a través de la comunicación. Se refiere a algo aparentemente tan sencillo como la forma de cerrar los correos electrónicos y las diferencias entre países y culturas. 
Lo que en uno puede ser una forma de expresar interés o cariño, en otro puede ser considerado excesivo o incluso ofensivo. Christine Ro, la autora, comienza señalando que ya está acostumbrada a "ofender" con su inglés a los británicos. Muestra lo que son aceptables en algunos países mientras que en otros lo son menos porque pueden parecer muy confianzudos o impertinentes. 
Los saludos y despedidas están cargados de elementos propios de la cultura y no todas las culturas ven lo mismo en ellos. En ocasiones, las palabras son sustitutas de actos y contactos ("Besos", "un abrazo", etc.) con lo que se puede tomar de forma diferente por parte de quien lo envía y de quien lo recibe.


Dice la autora: «The few words at the end of an email can provide insight not just into social status, gender, relationship dynamics and workplace culture, but also the broader culture.» Este tipo de análisis es de gran interés porque uno es el lenguaje de los diccionarios y otro del que da forma a las acciones y afectos.
Estamos en contacto y nos comunicamos, pero dependemos de nuestra buena voluntad, de la del interlocutor y de nuestra capacidad de observación.  No se trata ya de estas cuestiones de protocolo o si Mariano Rajoy le dio la mano, en un arrebato latino, al divino emperador de Japón, ahora retirado en beneficio de su hijo, al que probablemente advirtió sobre los españoles.

Parece que la idea de que los nuestro es correcto y superior sigue siendo lo que determina nuestra comunicación. No vamos más allá de la curiosidad, lo raros que son los otros, en vez de pensar que el mundo es diverso y que eso supone una enorme riqueza personal para todos.
Estudiar nuestras comunicaciones es comprender que su sentido depende de muchos factores. Está la lengua, pero esa lengua vive, más allá del diccionario, en la vida práctica, que es la del contacto, la de la interacción. Es la cultura la que da coherencia y se refleja en la lengua. Muchos dicen que quieren aprender la "lengua", pero que no les interesa la cultura. Difícil tarea ya que cada palabra, cada expresión está marcada. Solo que lo hemos automatizado y ya no pensamos en ello.
Interesarse por los otros es el primer gesto, comprender y ser comprendido. Explicar cómo somos y comprender cómo son los otros es también un buen ejercicio de auto reflexión, algo necesario para no quedarse aislado. Hay que empezar a sentirse más ciudadanos del mundo, lo que no significa perder la identidad, sino abrirla a nuevas experiencias.
Desgraciadamente, nuestra educación no nos saca muy lejos de nosotros mismos. Por eso me siento afortunado por tener cerca cada día personas que vienen de lejos y de las que aprendo cada día algo nuevo. Muchos vienen a aprender y tienen mucho que enseñar. Está en nuestra actitud sacar provecho de estos encuentros.



* Christine Ro "The beautiful ways different cultures sign emails" BBC 10/05/2019 http://www.bbc.com/capital/story/20190508-why-the-way-you-close-your-emails-is-causing-confusion

lunes, 6 de noviembre de 2017

Cultura e información

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Publicado en 1993, el texto de Jesús Mosterín "Filosofía de la cultura" tiene su comienzo sobre del concepto básico de "información". Nos ha llevado muchas décadas introducir este concepto y hacerlo operativo en su diversidad, por un lado, pero también en su propia unicidad.
Ya desde su primer capítulo, "Cultura como información", Mosterín se distingue de otros enfoques de la idea de cultura. El planteamiento de Mosterín pertenece al paradigma informacional y sobre esos principios se adentra en el recorrido de la idea en ámbitos de diferente nivel de complejidad:

Los seres vivos son entidades improbables y enormemente alejadas del equilibrio, sistemas frágiles e inestables que navegan contra corriente, oponiéndose a la tendencia universal hacia la entropía y el desorden, resumida en la segunda ley de la termodinámica. Es sorprendente que haya seres vivos, y que no todo se reduzca a rocas y gases y plasmas. Estos sistemas tan excepcionales sólo pueden surgir, mantenerse y reproducirse a base de detectar, procesar, almacenar y usar información. La existencia, por efímera que sea, de un ser vivo es casi un milagro, es algo tan inverosímil y asombroso, que sólo puede explicarse por la aplicación simultánea y coordinada de miles de trucos sofisticados. Por muy rebuscado e improbable que sea un truco, una vez descubierto, registrado y almacenado, puede ser aplicado una y otra vez en millones de ocasiones y en millones de organismos. Un truco es información. Y, sin esa acumulación de información, la vida sería imposible. El uso de esa información acumulada nos permite a los organismos remontar la universal corriente entrópica y seguir avanzando como funámbulos sobre el abismo. Y aquí estamos nosotros para contarlo.
Los animales superiores poseemos dos sistemas procesadores de información: el genoma y el cerebro. El genoma procesa la información de un modo extraordinariamente lento, pero es sumamente fiable como mecanismo de transmisión y almacenamiento. El genoma procesa la información de un modo extraordinariamente lento, pero es sumamente fiable como mecanismo de transmisión y almacenamiento. El cerebro procesa la información de un modo incomparablemente más rápido, aunque es menos fiable y eficiente en su transmisión y almacenamiento. Allí donde los cambios del entorno son lentos y a muy largo plazo, el genoma es el procesador más eficiente. Pero cuando los cambios son rápidos y a corto plazo, el genoma no da abasto para habérselas con ellos directamente. Algunas líneas génicas han resuelto el problema inventando el cerebro. Los cerebros son capaces de registrar los cambios al instante, y de procesar la información rápidamente. Además son capaces de transmitir esa información de cerebro a cerebro, creando y acumulando así una creciente red informacional, que recibe el nombre de cultura. La cultura es la información que se transmite entre cerebros, es decir, la información transmitida por aprendizaje social.*


Del caos al orden y del orden material a la vida. No hay vida sin un procesamiento, aunque sea mínimo, de la información. Como humanos manejamos más información y más compleja. Nuestros cerebros se unen para crear los sistemas culturales. Nuestro lenguaje complejo permite tener y transmitir una visión más compleja de lo que nos rodea, de un entorno que ya no es solo material sino altamente simbólico. El mundo es interpretado, pero todos nuestros códigos, nuestros lenguajes y signos, ponen en marcha un entorno simbólico en el que pasamos a ser "intérpretes", es decir, seres que someten a interrogatorio el mundo que les rodea que deja de ser un escenario silencioso y pasa a ser causa de estímulos constantes.

Poseemos una extraordinaria capacidad expresiva, junto con la posibilidad de ser interpretados por otros. Hablamos y escuchamos; expresamos e interpretamos lo que otros dicen, voluntaria o involuntariamente. No dejamos de comunicar, de intercambiar información que otros perciben y dan sentido.
La Ciencia misma es una evolución de la curiosidad, un continuo preguntarse ante el mundo para comprender, un proceso abierto y que aspira a los mayores retos. Las sociedades creativas son las que no dejan de considerar el mundo como un texto abierto a lectura y escritura, a relectura y reescritura continuas. Las dogmáticas, en cambio, tratan de hacer creer que ya está todo dicho, que no hay preguntas que hacerse. Tremendo error que las paraliza y produce su debilidad bajo apariencia de solidez.
Cerebro y genoma. Pero ese cerebro es algo más que información. De él surge la identidad, fabricada por el juego de la memoria, que es un decirse desde la experiencia. La información almacenada no es procesada por una máquina, sino por un complejo órgano que se encuentra entre lo propio y lo ajeno. La memoria no es la inscripción de una lápida. Por el contrario, se trata de un proceso sometido a variación constante en función del propio momento del recuerdo. Recordar es recuperar una información desde el hoy, tal como la Historia se escribe inevitablemente desde un punto límite de sí misma, el presente cambiante por la autocomprensión.
Intercambiamos información con los otros. Hemos expandido nuestras posibilidades de diálogo y podemos hacerlo a distancia física y en el tiempo. La lectura es una forma de diálogo doble, con nosotros mismos y con los otros. Es un ejemplo de nuestro estar en el mundo. Somos, pero somos dentro de flujos culturales que nos ponen límites, líneas reguladas dentro de la cultura en la que estamos. Eso cambia con la comunicación intercultural, que abre nuevas posibilidades de identidad y definición.
En estos tiempos que corren es esencial llegar a definiciones de lo humano en las que la cultura no sea un elemento separador sino una oportunidad de crecimiento a través de compartir la información.  
Puede que estemos hechos para procesar información, pero también es cierto que son necesarias nuevas competencias comunicativas para afrontar el gran reto del futuro: la diversidad de la información que recibimos. Los tiempos de las culturas aisladas se acabaron. Esto ya solo se puede hacer de forma artificial y autoritaria. La tendencia de las dictaduras es a elevar murallas que eviten los intercambios de información.
La información que recibimos nos centra en nuestra propia cultura, pero debemos prepararnos para la diversidad cultural. Nuestro mundo se ha hecho pequeño. Hay que afrontar la diversidad y los conflictos que produce. El futuro es híbrido una vez rotas las barreras del tiempo y el espacio. Por ello quizá estamos sujetos a una de las etapas más virulentas de los localismos —a través de populismos y nacionalismos, movimientos claramente cerrados sobre sí mismos, que tratan de aislar cerrando las entradas de información.
Las noticias que nos llegan de muchas partes del mundo son cada vez más preocupantes. Nos muestran la voluntad reaccionaria de regresar a un pasado que va contra la propia lógica y el desarrollo históricos. Vamos hacia unidades superiores en las que se resuelve la identidad histórica; ese es el sentido de nuestra constante amplificación comunicativa. Pero la resistencia aumenta en favor de formas rígidas que entrechocan.
Mientras nuestro conocimiento aumenta por el intercambio de información, los choques se multiplican por el mismo proceso. Si no hay cambio, lo que se produce es choque. Escribe Jesús Mosterín:

El proceso de difusión cultural parece conducir a una situación caracterizada tanto por una mayor variación intracultural como por una mayor homogeneidad intercultural. Los acervos culturales de las diversas poblaciones humanas cada vez se parecen más entre sí, a la vez que internamente se diversifican más y más, mediante la creciente admisión de memes exógenos. Las culturas más pobres se van enriqueciendo con nuevas dimensiones y funciones culturales importadas y con nuevas alternativas para el desempeño de las funciones ya previamente poseídas. En definitiva, la oferta cultural aumenta. La competición entre los memes homólogos puede producir una selección cultural, una adopción diferencial por parte de la población de esos memes homólogos que la cultura ampliada ofrece, debida fundamentalmente a la decisión de los individuos de adoptar un meme más bien que otro alternativo, porque —en su estimación— el primero contribuye más que el segundo a optimizar la satisfacción de sus necesidades e intereses, dadas las condiciones locales. Lo cual, teniendo en cuenta la relativa homogeneidad genética (previsiblemente incrementada en el futuro por los flujos migratorios) de la humanidad, a la larga acabará conduciendo a una cultura universal única, provista de una oferta cultural muy rica, aunque modulada geográficamente por variaciones estadísticas en la distribución de los memes en función de variables puramente ecológicas.*


Los "memes" son el equivalente externo de los "genes". Son los paquetes de información que constituyen nuestras culturas y que transmitimos a gran velocidad en el tiempo mediante el aprendizaje. La competencia cultural se manifiesta como la genética. El futuro, desde la perspectiva de Mosterín, es dual: mayor convergencia intercultural, mayor divergencia intracultural. Oponerse al futuro es oponerse al cambio hacia fuera y hacia adentro. Queda por resolver el problema de las identidades grupales, de sus señas y formas diferenciales.
Nuestros medios son ya globales. El intercambio de información con gente de todas partes del mundo se produce de forma cotidiana a través de los medios o se percibe en la diversidad de nuestras aulas o calles. Educación, turismo, cooperación internacional, empresas, arte, cocina... todo es información y todo nos llega desde cualquier parte del mundo. Y aumentan también las resistencias en forma de negación: racismo, xenofobia.
Son muchos los desafíos que se presentan por la expansión informativa de las relaciones interculturales. Quizá la aceleración de los cambios que la propia dinámica cultural informativa produce no sea fácil de asimilar. Pero el inmovilismo, la diferenciación a ultranza, tiene también unos efectos corrosivos.
El cuatro de octubre falleció Jesús Mosterín. Había nacido en Bilbao, se licenció en Madrid (UCM) y se doctoró en Barcelona (UAB). Se formó en medio mundo y difundió sus ideas por todo el planeta. Descanse en paz.




* Jesús Mosterín (1993). Filosofía de la cultura. Alianza, Madrid.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Espacios fronterizos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Desde la perspectiva de Yuri Lotman, el semiólogo ruso y cabeza de la Escuela de Tartu, la cultura es un sistema abierto en cuyo interior existen una variedad de lenguajes que producen textos, en un sentido semiótico amplio. El texto es lo que tiene sentido precisamente porque es la concreción de un lenguaje, está gramaticalizado. Para Lotman esos sistemas en los que las cosas tienen sentido son las "semiosferas", universos semióticos que se relacionan con lo exterior a través de unas "fronteras", que son las líneas de transformación a los lenguajes propios, los comprensibles para los que conviven en él. Fuera del espacio con sentido está lo que no tiene sentido, el espacio alosemiótico, y lo que tiene otro sentido, es decir, otras semiosferas o culturas con las que se pueden establecer diálogos mediante esos procesos de "traducción" que se producen en los límites fronterizos.
Esas fronteras son espacios físicos de encuentro, lugares en los que se producen los contactos entre culturas, espacios de convivencia o conflicto. Pero fronteras son también las semióticas, las que afectan a la organización de lo textual y sus sentidos. La frontera simbólica es el proceso de paso de un sistema semiótico a otro.

No se ha estudiado suficiente o con suficiente profundidad la existencia de manifestaciones de ese proceso semiótico fronterizo, de transformación. La visión imperante es economicista y esta no entiende de semiosferas o culturas, sino de mercados y sus posibilidades. Los fabricantes de cualquier producto, por ejemplo, saben que deben "adaptarlo" para que sea aceptado por el nuevo mercado receptor. Esto es en sí un proceso de traducción en el sentido de Lotman: hay una transformación en el paso de un espacio cultural a otro. Los cambios se entienden como una forma adaptativa al nuevo espacio.
Un ejemplo claro es el de la comida. Probablemente nada define mejor una cultura que sus sabores, fruto de una depuración milenaria del gusto. La alimentación forma parte de nuestra vida y constituye una memoria colectiva que se ha ido formando como tradición culinaria. Nos educamos en los sabores y en los colores que les acompañan. Hemos desarrollado técnicas y rituales para la elaboración de los alimentos, instrumentos específicos para su preparación. Las comidas configuran nuestro gusto, pero también muchos otros elementos, como el calendario social, pues hay platos específicos que la tradición reserva para determinadas fechas.
La globalización ha traído la posibilidad de intercambiar alimentos con los que nos enfrentamos a las texturas y sabores, a colores y formas que son desconocidas en nuestras culturas. Los supermercados suelen tener unos estantes especiales en los que se ofrecen algunos productos traídos expresamente para satisfacer el gusto de los residentes de otras culturas. Hay versiones nacionales de esos productos, pero suelen ser adaptaciones destinadas al gusto de los residentes. Los nativos de otras culturas suelen rechazar esos productos adaptados porque están alejados de sus sabores originales; están hechos para ser aceptados por el nuevo mercado, no para ellos.


En ocasiones, mis alumnos extranjeros cuando regresan de sus vacaciones o estancias familiares, me traen algún alimento de sus zonas para que lo pruebe. Te enfrentas a sabores que nunca has apreciado antes. Esa primera experiencia es única y tratas de que sea consciente. Tu cerebro percibe con intensidad las diferencias respecto a tu base de recuerdos de los sabores para intentar encontrar una experiencia aproximada. En ese momento eres la frontera, el límite en el que se está produciendo ese proceso de incorporación a tu espacio personal. Esa experiencia podría, por ejemplo, pasar a la memoria colectiva mediante la producción de textos que irían desde la reproducción del plato (su adaptación o imitación) que otros podrían degustar, la publicación de su receta, un reportaje, un libro de cocina, etc. Ese elemento externo quedaría así convertido en diversos textos circulantes que formarían parte de nuestra memoria colectiva, de nuestra cultura. Aunque lo calificara como "plato exótico", ya formaría parte de nuestro sistema dentro de una categoría.


Hablamos de comida, pero podríamos hablar de relatos que nos llegaron de la India, Persia o China y que se convirtieron en parte de nuestra tradición textual, en partes de obras de Cervantes o de Chaucer; en colores que nos llegaron de lugares en los que sabían fabricar tintes; en especias que se trajeron de muy lejos u acabaron siendo nuestras; en bailes y cantos que salieron con emigrantes y se convirtieron en típicos. El chotis o chotís madrileño, como dice los castizos, tan típico de nuestra capital, nos dicen que vino de Bohemia, que los vieneses pensaban  que venía de Escocia (Schottisch) y que se hizo popular por toda Europa, pasando a América. El castizo que lo reivindica como negación de lo foráneo se equivoca ingenuamente. Ocurre con muchas cosas que una vez las investigamos, aparecen sus raíces llegadas de lugares distantes.

El hecho de tener alumnos extranjeros es una energía para ampliar tus propias fronteras. El mero diálogo con ellos ya es un proceso de adaptación constante. Explicar a un público tan distinto y a veces heterogéneo es una de los mayores ejercicios mentales que se pueden realiza, en ocasiones agotador, pero un ejercicio imaginativo estimulante. ¿Cómo explicar simultáneamente a personas de tres culturas totalmente distintas algo?  Se crea así un espacio fronterizo fecundo de intercambio de ideas e informaciones en las que se puede percibir el efecto que los medios de comunicación y el avance de los transportes han creado para facilitar el encuentro y el diálogo con los otros.
Lo que distingue hoy a los países —y también a las personas— es su voluntad de adaptación a un mundo cambiante por su propia aceleración, pero también por la multiplicación de los espacios de encuentro. Hemos hablado de la comida, pero podríamos hacerlo de todos los actos en los que ampliamos nuestra experiencia cultural mediante el acceso a personas y textos. Eso implica ver otro cine, leer literatura, medios de comunicación, etc. en los que se dan esas situaciones de diferencia que nos estimula.
Pero allí donde algunos ven estímulo, otros, en cambio ven agresión y peligro. La multiplicación de las posibilidades de encuentro, el aumento de las fronteras y sus mecanismos de traducción, lleva también a un refuerzo defensivo, a un intento de encastillamiento, es decir, al surgimiento del casticismo. El rechazo de lo exterior por ser distinto es uno de los males que nos alejan de nuestra capacidad de evolucionar.


Nada hay más negativo que el aislamiento. Asistimos en los últimos tiempos a campañas desde ciertos gobiernos contra Internet como una forma de agresión no ya por contenidos "censurables" sino porque perciben que es un acelerador de los cambios. Esa idea de cambio es una transformación de la semiosfera, de nuestro espacio de significación. Se modifican nuestros códigos sociales y personales.
El conocimiento nos cambia. Como sostienen las teorías de base evolutiva, las culturas que están alejadas evolucionan de forma distante; crean sistemas que se hacen ilegibles para las más alejadas. Los tiempos en los que se podían construir murallas o decretar la prohibición del desembarco de extranjeros, como hizo Japón en el siglo XIX, por ejemplo, ya han pasado. Por eso se recrudecen las medidas de censura y vigilancia. Como ocurrió con el surgimiento de la imprenta, se han desarrollado técnicas de prevención contra los nuevos medios, que son los que ponen hoy en contacto a las culturas, convirtiéndose en los espacios fronterizos, aquellos en los que se llevan a cabo los procesos de diálogos interculturales.


Queremos que sea posible parcelar las culturas filtrando los textos que nos interesan y dejar fuera los nocivos para nuestros sistemas de control. Una semiosfera no son solo textos: son formas de ordenamiento, de inclusión y exclusión. Tras el sentido, está el poder. Como memoria colectiva, no es automática. Una parte de su contenido está sujeto a restricciones y controles. El ser sociales implica siempre unas relaciones de orden que aseguren la permanencia y se resista a los cambios. Pero el cambio es consustancial a la vida y también a la dimensión intelectual de las sociedades. El cambio se produce precisamente por la constante introducción de elementos nuevos, estimulantes dentro del sistema. Una sociedad rica es una sociedad abierta, dinámica y receptiva. Una sociedad cerrada, por el contrario, se vuelve retrógrada, convierte su identidad en una parodia autoritaria de sí misma; se vuelve castiza. Muchos de los conflictos que percibimos hoy son resistencias a los cambios porque existe una relación entre identidad (fijada) y poder. Se impone el ser identitario, limitando a las personas, a las sociedades sus posibilidades de evolucionar a través de los intercambios. La tentación del aislamiento está cada vez más presente en ultranacionalismos e integrismos religiosos, que tienen sus propios diseños identitarios fuertes y tratan de evitar los desvíos de sus modelos mediante el cierre de los espacios fronterizos, físicos o de información, como ocurre con las censuras.

Como docente y como persona me siento gratificado cada día por poder encontrarme en las aulas y fuera de ella con personas de otras culturas, de otros países. Son puertas de entrada gratificantes a toda aquella inmensidad que me es desconocida y a la que trato de acercarme para que deje de serlo. Exponernos a lo diferente es cambiar y el cambio es la base de la vida. Hay gente que tiene especial interés en no cambiar nunca porque valora su ego sobremanera. No es mi problema, desde luego.