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domingo, 1 de diciembre de 2024

Trump, Putin y el antieuropeísmo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La CNN dedica un artículo a hacer un repaso de los trumpistas, es decir, de la ultraderecha populista por Europa y sus expectativas con la llegada a la Casa Blanca. Tras la lectura del artículo, firmado por Sophie Tanno y titulado "Europe’s far right feels emboldened by Trump’s win but it could be short-lived"*, quedan en el aire una serie de preguntas, derivadas todas ellas de un hecho capital: ¿cómo es posible hacer compatible el "MAGA" de Trump con el "MAGA" de cada uno de los díscolos nacionalismos antieuropeístas?

Si gran parte de futuro "norteamericano" consiste en apretarle las clavijas a Europa, a China, a México y Canadá, en fin, a todos, ¿cómo se come esto? La respuesta —por nuestra parte— puede ser que los planes de Trump incluyen la "economía" (poder es poder), mientras que los demás deberán aceptar la superioridad norteamericana con sus condiciones y que deberán contentarse con los aspectos, por decirlo así, "morales" que pueden ser medianamente compartidos, como el "antifeminismo", el negacionismo del cambio climático, etc.

En el artículo se nos advierte de la diversidad de intereses de la ultraderecha europea:

However, Armida van Rij, a senior research fellow at Chatham House, stresses the importance of not viewing far-right parties in Europe as one homogenous group. Yet, there are common overlapping themes among Europe’s populists that are also present in Trump’s playbook.

Van Rij points to the “anti-woke, traditional values, anti-green transition and the anti-migration agenda.”

Europe’s Green Deal has faced backlash from far-right groups who want to weaken climate legislation or ignore climate action entirely. Similarly, Trump has promised to take a wrecking ball to virtually all of President Joe Biden’s efforts to reduce carbon emissions and accelerate the shift away from fossil fuels.*


Curiosamente, estas formas de populismo son los intereses claros de las grandes empresas, interesadas en barrer los límites a su expansión y daño al planeta, algo que debería preocupar a los pueblos, pues les va en ello el futuro. Desde España ya podemos afirmarlo desde lo ocurrido con la dana en la zona de Valencia, donde los expertos climáticos, en desarrollo, etc. responsabilizan del enorme daño causado al mal desarrollo y a la ignorancia de los peligros posibles. Los resultados están ahí.

El negacionismo de Trump se ve desde la ultraderecha europea como el camino al éxito en vez de al desastre. De esta forma, también intentar aprovecharse de las "ayudas" americanas, además de la estela de éxito que se vende por la victoria en la Casa Blanca.

La política norteamericana puede tener efectos inmediatos y que el sueño de primacía mundial sea a costa del sueño de Europa, sea este cual sea.

¿Puede Europa volver atrás, volver a ser un conglomerado de países con políticas no coordinadas, políticas divididas por los intereses particulares tras las políticas nacionales? ¿Tardarán mucho en aparecer las reivindicaciones territoriales previas en ese eterno hacer y deshacer del mapa que tanta destrucción y muerte ocasionó?

La construcción de una "identidad europea" cultural ha sido la mejor contestación a los emocionales y agresivos artificiales instintos "nacionalistas". Pero parecen que en estos tiempos mediáticos es fácil jugar con las emociones de siempre con la circulación de los símbolos y haciendo encenderse de nuevo el verbo para vender patria.

Si los nacionalistas recalcitrantes venden antieuropeísmo porque les resulta rentable política y económicamente, a los Estados Unidos de Trump también le resulta rentable, pues el "MAGA" no es más que una versión del imperialismo norteamericano en clave interna. La idea central de Trump es "¡vamos a meter al mundo en cintura!". Hay poco más que eso y, como envoltorio, el uso del conservadurismo evangelista como argumento paralelo de refuerzo. Hay que estar muy convencido para considerar a Trump, el que tiene pleitos por su "aventuras amorosas", como un líder moral y religioso, el nuevo mesías que Dios envía a la nueva tierra prometida, a USA. Pero hay gente para todo.

El antieuropeísmo viaja en dos direcciones, hacia los Estados Unidos y hacia Putin, que está recuperando apoyos, extendiendo sus fronteras formando países amigos, como en los mejores tiempos de la Unión Soviética, en los que se hizo con la mitad de Europa llenándola de amigables tanques del Pacto de Varsovia. Las denuncias de "pro Putin" entre sus nombramientos hacen ver por dónde va la próxima historia mundial y el papel que le toca a Europa jugar.

Habrá que defenderse del antieuropeísmo interno —los nacionalismos— y del antieuropeísmo trumpista, el exterior, que quiere eliminar competencia. A estos dos habrá que añadir el ruso, la nueva "santa Rusia" de Putin, que también ve obstáculos en una Europa fuerte, unida.

Algunos ponen velas en ambos altares, a Putin y a Trump, en un intento de sumar puntos ganadores. Los conflictos empezarán pronto. Lo veremos tras la toma de posesión de Trump.  

EFE

* Sophie Tanno "Europe’s far right feels emboldened by Trump’s win but it could be short-lived" CNN World  1/12/2024 https://edition.cnn.com/2024/12/01/europe/trump-win-europe-far-right-intl/index.html

martes, 16 de julio de 2024

Europa contra Viktor Orbán (y viceversa)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No hay política perfecta pero sí distintos grados de imperfección. El sistema rotatorio de la Unión Europea está diseñado para que todos participen y evitar roces y polémicas. Le toca al grande y al chico. Pero esta vez le ha tocado a Viktor Orbán, el primer ministro húngaro, y es eso no pensaron los que diseñaron el sistema. No pensaron en qué ocurriría cuando un antieuropeísta presidiera el Consejo de la UE; no pensaron en que el presidente se sintiera más contento con los enemigos de Europa que con el resto de los países que integran la UE.

Y eso es lo que ha sucedido y lo que nos queda por delante.

Hace algún tiempo que los antieuropeístas descubrieron que su tarea era más eficaz pudriendo la UE desde dentro, aprovechar lo que pudieran sacar y crear obstáculos. Lo que no se podía llegar a pensar es lo que ha hecho Orbán con el mayor descaro del mundo en una situación extrema, la de la guerra de Ucrania.

En RTVE.es nos dan cuenta de algunas de las medidas tomadas para tratar de frenar el abuso de Orbán:

Orbán ha sido acusado desde la CE de abusar de la presidencia rotatoria para debatir formas de lograr un "alto el fuego" en Ucrania, apartándose de la postura europea de apoyo total a Kiev y aislamiento de Rusia.

El gesto de Borrell de convocar una reunión en la misma fecha que la programada en Budapest quita la decisión de las manos de los ministros.

Desde hace tiempo, Viktor Orbán ha criticado las sanciones contra Rusia y la ayuda militar a Kiev, y ha frenado sistemáticamente los esfuerzos de la UE en este ámbito. También se opone a la perspectiva de que Ucrania ingrese en la Unión Europea.

Además, a pesar de la guerra, Hungría ha estrechado sus lazos con el Kremlin, en nombre de sus intereses económicos, sobre todo en el sector energético.*


Por muchas lecturas que se puedan hacer lo realizado por Viktor Orbán desde que comenzó su presidencia rotatoria, el resultado es siempre el mismo, el antieuropeísmo. Afortunadamente, la UE está diseñada para sobrevivir a sus propios errores dada la división de poderes y órganos comunes. Pero ello no quita que ostente una representación oficial que ejerza contra la propia Unión.

En estos quince días, Orbán se ha hecho la foto con Vladimir Putin, con el presidente chino —un poderoso aliado de Putin que le ayuda a resistir las sanciones— y con Donald Trump, ex presidente y candidato a la presidencia, que apoyó directamente la salida de Reino Unido de la Unión, el Brexit, y amenaza con dejar a Europa sin defensas en la OTAN. La línea de Viktor Orbán no puede ser más clara.

La información de RTVE.es se cierra constatando el malestar creado por el abuso del húngaro:

Un grupo de 63 eurodiputados ha vuelto a insistir este lunes en retirar a Hungría el derecho a voto en el Consejo de la Unión Europea ante el malestar que han generado los viajes de Orbán a Rusia y China.

La carta, dirigida a los presidentes de la Comisión Europea, el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo, acumula las firmas de 63 eurodiputados de diferentes colores políticos, desde el conservador Partido Popular Europeo hasta los progresistas de los Verdes/Alianza Libre Europea, aunque ninguno de ellos español.

"La presidencia húngara del Consejo acaba de empezar apenas y el primer ministro Orbán ya ha causado un daño significativo abusando del papel de la presidencia. Orbán ha hecho varias visitas diplomáticas en las que engañó de manera intencionada sobre su mandato", señala el texto.*

Como se puede apreciar, la situación está revuelta y ahora nos vemos en la tesitura de decidir  entre dejar que Viktor Orbán saque todo el provecho de su turno para tratar de debilitar y dividir la Unión Europea o dejarle claro que no pude hacerlo y acometer sanciones y boicots.

¿Qué consecuencias puede tener esto? Quizá haya que invertir la pregunta y pensar en qué consecuencias puede tener no hacer nada. Indudablemente este fraccionamiento es un triunfo —aunque sea por seis meses— del putinismo, una forma de entender y ejercer la política. Uno de los objetivos de este es hacer ver la eficacia de los sistemas autoritarios frente a la debilidad de los democráticos. La perversión del sistema europeo comienza por demostrar la astucia y el beneficio que supone una forma de entender la política como un gigantesco sistema beneficioso de intercambio.

Hungría —sí, aquella Hungría que se levantó contra el poder soviético invasor, contra un gobierno títere y opresor— se aprovecha de los beneficios de pertenecer a la Unión mientras cobra sus favores obteniendo energía a buen precio, algo que también consigue China. El control de Putin sobre el máximo valor, la energía, es absoluto y puede disponer de él como moneda de cambio. Rusia vende barato y compra caro lo que sus "aliados" y amigos le ofrecen, De esta forma, Orbán se asegura un beneficio al que otros pueden aspirar si se pasan al bando ruso, energía barata y una red comercial.


Putin ha practicado esta política con diversas dictaduras árabes y africanas. Putin no las critica, solo les pide fidelidad al modelo, que les resulta tentador. Saben que siempre que necesiten fuerza para resistir, Rusia se la ofrecerá, creando un modelo de dependencia y fidelidad. Aquí no hay críticas por la inexistencia de los derechos humanos.

Lo que está realizando Viktor Orbán tiene mucho de prueba en un sentido doble: prueba de los límites de aceptación europea de su conducta, por un lado, y prueba de fidelidad a Vladimir Putin. Aquí no hay sutileza, solo esas fotos oficiales que comprometen la unidad europea, su política común. Es el rostro del populismo nacionalista que se frena en otros lugares, pero que se ha asentado firmemente en Hungría, haciendo gala de autoritarismo, de manipulación de las instituciones, como las denuncias contra su política judicial.

Que Orbán se salga con la suya y demuestre al resto del continente que se puede hacer lo que se quiera en la Unión es peligroso para todo. Quitar el voto a Hungría es un acto de enorme gravedad, pero lo que está haciendo Orbán exige medidas. Si Trump, otro de sus "aliados" sale elegido, Europa se va a encontrar en una situación complicada y no se podrá permitir muchas situaciones como las actuales. 

* "La UE boicoteará una reunión de ministros en Hungría como rechazo a los viajes de Orbán bajo la Presidencia de los 27" RTVE.es / Agencias 15/07/2024  https://www.rtve.es/noticias/20240715/ue-boicoteara-reunion-ministros-hungria-rechazo-viajes-orban/16187196.shtml

lunes, 10 de junio de 2024

Más Europa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ya han pasado las europeas. Hay lecturas de todo tipo y se analizan al detalle las circunstancias de cada caso, partido por partido, país por país y en su conjunto. Pero seguimos sin ponerle futuro a Europa entre lecturas locales y repartos de poder.

Creo que es esencial redefinir los procesos y centrarse en los logros efectivos para la ciudadanía, que es lo que se está dejando de construir realmente. Se pide el voto para sostener un sistema, una forma de reparto, pero se pierde la consciencia de hacia dónde navega el barco.

El sistema fragmentado que se está desarrollando en Europa lo podemos ver también en sus efectos en España y en otros países. Las propias matemáticas electorales nos dicen que cuanto más fragmentado está un sistema más fácil es fragmentarlo todavía más. De nuevo España nos sirve de ejemplo de este fenómeno.

La consecuencia de ese principio es que el radicalismo vende, consigue votos desde la desinformación y sobre todo desde la frustración y el desengaño. No es difícil alentar esto cuando se dispone de una maquinaria informativa muy barata.

En el modelo político anterior, el sistema mediático actuaba como filtro, como control del sistema en su conjunto. En el actual, basado en un modelo comunicativo muy distinto, el de las redes sociales, el radicalismo de la diferencia permite un movimiento centrífugo frente al modelo anterior, de carácter centrípeto.

La gran cantidad de partidos con los que se inició la democracia española se resolvió mediante un proceso de fusiones de partidos menores que se acaban integrando en los grandes o creando coaliciones electorales. Por la derecha, se comenzó con AP (Alianza Popular, 7 partidos aliados), que pasó a ser más tarde CD (Coalición Democrática, otros 3 partidos) y finalmente el PP actual. Por la izquierda, los dos grandes partidos socialistas, se fundieron ofreciendo la presidencia del PSOE a Enrique Tierno Galván. Los grupos en torno al PC se federaron en Izquierda Unida.

Con el cambio de modelo, comenzó a ser rentable la escisión. Cuanto más fragmentado esta el sistema electoral en sus resultados, más rentable resulta. Desaparecen las mayorías absolutas y se introducen en los gobiernos pequeños partidos cuya función es permitir conseguir gobiernos estables. Lo que no se consigue en las urnas, se consigue en los pactos posteriores, un reparto de cargos.

Este sistema transforma la dinámica política y aleja a los partidos de sus verdaderos fines, pues cada elección es agónica, se aplica el voto del descontento, algo que se fomenta a través de muy diversas fórmulas. La disputa es constante y los que gobiernan juntos en algún nivel se despellejan en otro. Los socios europeos pueden ser enemigos a muerte en el nivel local.

Los partidos, lejos de llegar a acuerdos, se enfrentan cada día esforzándose en marcar diferencias que justifiquen su existencia. Si tratan de acercarse a otros, son acusados de traidores por parte de los que están a su derecha o izquierda.

Europa necesita, en cambio, grandes acuerdos que mantengan una política firme de construcción identitaria e institucional. Sin embargo, los grupos que tendrán que trabajar unidos en ciertas líneas de construcción, también se enfrentan, permitiendo que se creen fisuras que aprovechan los antieuropeístas de diversa naturaleza. Estos han señalado la estrategia de la destrucción desde dentro —hacer ineficaz Europa y sus instituciones—, que diseñaron con detalle hace unos años. La primera consecuencia fue el Brexit, aplaudido desde la Casa Blanca por Trump ("¡Llamadme Mr. Brexit!") y desde el Kremlin por Vladimir Putin, que necesita romper la unidad europea para tener más facilidades para sus planes.

La casi inexistencia de una política comunicativa europea, amortiguada por el ruido de los fragores locales, es un grave problema, especialmente ante una juventud que va engrosando los cifras de electores pero que desconoce qué es Europa y es manipulable en extremo dada su falta de referencias históricas y políticas. La juventud de las generaciones últimas es la víctima socioeconómica de las crisis padecidas y, por ello, presa fácil del desinterés, de la abstención, cuando no de la radicalización. No es casual que los partidos más radicales pidan que la edad de voto descienda a los dieciséis años. Los ven como presas fáciles de manipular ante su falta de perspectiva, un futuro oscuro y precario. El ejemplo más claro lo tenemos en España con los tres escaños europeos logrados por "Se acabó la fiesta", un "movimiento" personalizado, radical y antisistema basado en el desprestigio institucional a través de una política comunicativa agresiva. La receptividad ente este tipo de mensajes debería mostrar dónde están los problemas para aquellos que hacer realmente una política digna de ser llamada así.

Creo que son esos dos factores —el comunicativo y el generacional—  los que nos pueden debilitar o destruir la idea del europeísmo. El ataque constante y la falta de oportunidades son dos factores que deben atajarse. El primero, sin duda, se debe responder dando una mayor presencia y actividad en las instituciones, que los ciudadanos sientan que existen a los ojos de Europa, que tengan sus propios objetivos más allá de evitar que ganen unos u otros, el móvil al que se reducen las elecciones.

Europa es joven. Es ahí donde debe estar su potencial de atracción. Durante estos años, Europa era el objetivo de muchos jóvenes para alejarse de sus espacios locales. 

La España "hostelera" es una meta muy pobre que cada vez se critica menos. Por el contrario estos días asistimos a los ataques a una juventud que estudia y se resiste a ser "camareros" y similares.

La TV nos sorprendía ayer mismo con un reportaje en el que se recogía el caso de un bar en el que su oferta de empleo exigía, ante la falta de "motivación profesional" de los jóvenes, de personas mayores de 45 años. Todo un ejemplo de lo que ocurre. La queja de la patronal de que no encuentra camareros para la temporada que comienza es muy representativa de algo que ocurre y se agrava cada año. 

Europa ha sido una salida para muchos jóvenes que estudian (¡el problema es la sobrecualificación!, como ya hemos tratado en varias ocasiones aquí) y se preparan para otros puestos. Muchos profesionales se forman aquí y se van a trabajar por Europa, donde son bien valorados y mejor pagados. Una Europa cerrada, una Europa sin movilidad, proteccionista, sería un enorme fracaso.

Necesitamos más Europa por los más jóvenes, por todos. Necesitamos transmitir la imagen de una Europa constructiva que necesitamos y nos necesita. De poco servirán las elecciones si no se traducen en la integración necesaria, que es como se puede hacer una Europa más sólida y solidaria. Las elecciones no las deben ganar los partidos, sino los ciudadanos. Ganar en derechos, en mejor economía, en salud, en convivencia... Todo lo demás es algo entre partidos que aleja a los jóvenes de Europa y los convierte en presa fácil en su desesperación creciente.


sábado, 16 de marzo de 2024

Orbán arremete contra Europa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En nuestros líos domésticos le prestamos cada vez menos importancia a lo que es relevante en la dimensión europea. Hay que empezar a entender que la existencia de la Unión Europea es una garantía para todos en este revuelto mundo continental, el euroasiático.

Como espacio democrático, la Unión Europea tiene que luchar contra varias cosas: el ascenso de grupos antidemocráticos, populistas y nacionalistas que tienen a la Unión en su punto de mira, que quieren sembrar antieuropeísmo y destruirnos desde dentro, obstruir el funcionamiento institucional y sembrar discusiones; por otro lado está el peligro exterior, es decir, estar rodeados de países que tratan de debilitar el peso de Europa, el más obvio es la Rusia de Vladímir Putin.

Un peculiar espacio es el de la vieja Europa del Este, cuyo legado soviético reaparece de vez en cuando de la mano de dirigentes que se ven más cerca de su pasado que de su presente o futuro. Rusia ya no representa el "comunismo", sino una de sus formas de nacionalismo populista. Rusia les parece menos exigente a algunos, que saben que el Kremlin "lo perdona todo" y paga bien la "fidelidad" a su neo imperialismo. Rusia es la potencia que solo valora la fidelidad y no te va a poner problemas a lo que hagas para sostenerte en el poder.

Uno de estos casos es el de Hungría, curiosamente una de las primeras revoluciones que Rusia aplastó en su periodo soviético. En el Independiente en español nos recogen las diatribas que Viktor Orbán acaba de lanzar contra Europa con motivo de las próximas elecciones en la Unión:

El primer ministro húngaro Viktor Orbán intentó movilizar el apoyo para su tipo de populismo de derecha en un discurso de día festivo el viernes, instando a sus espectadores a ayudarlo a “ocupar Bruselas” en las elecciones de la Unión Europea a realizarse a mediados de año.

En su discurso, que coincide con la conmemoración de la fallida revolución húngara contra el gobierno de los Habsburgo, Orbán arremetió contra la Unión Europea y —de manera similar a otros de sus discursos en años recientes— la comparó con los ocupantes imperiales que han dominado a Hungría a lo largo de su historia.

El primer ministro nacionalista, que habló desde la escalinata del Museo Nacional en el centro de Budapest, presentó un marcado contraste entre su país y el “mundo occidental” al que acusó de ser una fuente de desarraigo y destrucción.

“Inician guerras, destruyen mundos, modifican las fronteras de los países y se alimentan de todo como langostas”, dijo a la multitud. “Nosotros, los húngaros, vivimos de otra manera y queremos vivir de otra manera”.

El mandatario pronunció su discurso a menos de tres meses de las elecciones de la Unión Europea, en que se espera una oleada de partidos de derecha en todo el continente que comparten muchas de las posturas más importantes de Orbán.* 

Ante estas palabras, lo lógico sería que Orbán abogara por un referéndum tipo "Brexit" y por la abstención en las elecciones próximas —esas que, cómo veíamos aquí hace unos días, algunos académicos españoles ven como de "segundo orden"—. Sin embargo no es así. Lo que pide Orbán es hacerse con la representación de todos los diputados húngaros en Europa para dinamitarla desde dentro.

El último párrafo advierte de que esto no es solo una "cuestión húngara", sino un asalto generalizado para destruir la Unión desde dentro. Ese es el verdadero reto que se nos plantea.

Metidos en sus campañas locales, los partidos políticos se están dejando ganar el terreno considerando que lo propio es más importante que lo común. Sin embargo, los cálculos que están haciendo desde los independentistas locales hasta los independentistas europeos, por mantener el concepto, es muy diferente. Para debilitar Europa, ya que de eso se trata, hay que disolver su unidad que se ha ido constituyendo en un obstáculo para las distintas tendencias de corte imperial que tenemos hoy sobre el mapa del planeta,

En la confluencia de Trump y Putin se puedo apreciar qué es lo que tenían en común y que les suponía disgusto. El caso de Putin es claro, seguir la tendencia que Rusia ha mantenido de la expansión territorial. Durante décadas tuvo un sentido "soviético" internacionalista, lo que no le evitaba el deseo de presidir ese "orden". Pero, sin ceder en su expansionismo, hoy lo hace de otra manera, promoviendo gobiernos que acaban siendo autoritarios y dependientes. Lo que estamos viendo en Ucrania no deja muchas dudas; sus amenazas nucleares a Europa tampoco. El cierre de Estados Unidos es otra amenaza que ya se vio con Trump y que se corre el riesgo de repetir si vuelve a la Casa Blanca. Sus advertencias sobre la OTAN han sido escándalo de los países miembros que temen que intenciones provoquen las de Putin.

En este contexto, las elecciones europeas pasan a ser de "primer orden" por lo que nos jugamos. Si la estrategia (de nuevo) es llevar el máximo de representantes populistas nacionalistas para dinamitar la Unión, para practicar el obstruccionismo, etc. es necesario algo que es cada vez más difícil, que haya acuerdos de los partidos y ciudadanos europeístas. Podemos dejar de ser "europeos" si no somos "europeístas". Puede que usted no sepa quién es Viktor Orban, pero lo importante es que él sí sabe quiénes somos nosotros, el resto de Europa. Y le molestamos.

El europeísmo tiene que darse cuenta de la importancia de valorar Europa como algo más que un "mercado", como lo fue en sus inicios, y considerarse un espacio de convivencia, pero ¿cómo hablar de convivencia europea cuando somos incapaces de convivir dentro de las mismas fronteras, como nos está empezando a ocurrir?


Toda esta polarización local sin límites choca con la necesidad de convivir en Europa, de delimitarla como un espacio en el que se pueda buscar la armonía, donde sea posible encontrar acuerdos que repercutan en beneficio y progreso de todos. Desgraciadamente, las luchas locales dejan poco espacio para la concordia. Y eso se fomenta desde fuera azuzando a los de dentro a que desatiendan Europa.

Si no pensamos que Europa es importante, corremos muchos riesgos. En estas elecciones ya, como podemos entender por las palabras de Orbán, se trata de debilitar la Unión, de convertirla es espacio de conflictos y rupturas. Ya no se trata de discrepancias en la forma de actuar, sino en la obstrucción que impida actuar, que anule cualquier postura común en un momento en que es esencial para el destino de Europa, con una guerra en sus puertas.

Volvemos a repetirlo: las elecciones europeas son esenciales para poder tener unas instituciones que defiendan valores y espacio común. Pensar que son secundarias y dejar que las ocupen los antieuropeos no solo es un error sino un suicidio. 

* Justin Spike "Primer ministro húngaro arremete contra UE y Occidente" Independent en Español 15/03/2024 https://www.independentespanol.com/noticias/mundo/europa/primer-ministro-hungaro-arremete-contra-ue-y-occidente-b2513382.html

domingo, 1 de octubre de 2023

Eslovaquia en manos prorrusas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los preocupantes avances de este nuevo modelo de ultraderecha ya incluyen declaración expresa del apoyo a Rusia, de la que esperan sacar algo más que lo que sacan de Occidente, al que evidentemente rechazan desde diferentes perspectivas.

Asistimos desde hace algún tiempo al crecimiento de este tipo de grupos y, como ahora, un avance electoral claro convirtiéndose en la primera fuerza de un país como Eslovaquia. Es evidente que los países pertenecientes a la ex Unión Soviética mantienen unos lazos ideológicos con las siguientes generaciones diferentes y peculiares. Rusia ya no es el país contra el que se sublevaban los pueblos pidiendo "libertad", sino un destino mejorado respecto a lo que esperaban obtener de Occidente y Europa.

A nadie se le oculta que en los planes de Putin está la destrucción de la Unión Europea como tal. Desde hace años ha mantenido medianamente claras y algunas muy oscuras relaciones con grupos y partidos con los que esperaba crear el antieuropeísmo suficiente como para mantener entretenido al continente. Eso grupos han ido de los ultraderechistas franceses de LePen y los partidarios del Brexit a los independentistas catalanes, visitantes todos ellos de Moscú en diferentes momentos.


Estos grupos son "populistas" y viven de la confrontación, de crearla y mantenerla, como un signo distintivo de su forma política de estar. Del Kremlin reciben distintos tipos de apoyo y asesoría. Europa debe estar en estado de preocupación y disolución. Su manejo de las fuentes de información hace que lleguen las informaciones en los momentos adecuados. Crear problemas y utilizarlos para conseguir el control o el descontrol es su objetivo.

En RTVE.es nos trazan así el perfil del ganador de las elecciones en Eslovaquia:

El veterano político Robert Fico, de 59 años, ha sabido explotar el descontento generado entre las clases más desfavorecidas y en el ambiente rural por la inflación, la caída del poder adquisitivo y la gestión errática de la coalición de centro-derecha, que perdió el pasado diciembre una moción de censura.

Fico se opone a las cuotas de reparto solidario de refugiados en la Unión Europea que propone Bruselas, promete que si gobierna Eslovaquia dejará de prestar ayuda militar a Ucrania y también que volverá a reforzar sus lazos con Rusia.

En el pasado ha dicho que la llegada de migrantes de países musulmanes supone el riesgo de la entrada de terroristas, y prometió en su día vigilar estrechamente a cada musulmán que viviera en Eslovaquia. Igualmente, se opone a equiparar los derechos de los homosexuales con el de resto de ciudadanos al negarse a aceptar el matrimonio de personas del mismo sexo.*


Como puede apreciarse, es un programa oportunista y plenamente populista. Como ya es normal, la política se convierte en el arte de reinterpretar los problemas. La crisis económica provocada por la pandemia y por la propia guerra de Putin contra Ucrania es reinterpretada y redirigida como la causante del hundimiento. La solución, les ha dicho, es dejar de apoyar a Ucrania (romper la unidad europea) y pasarse al lado ruso. Ya tenemos en Europa más prorrusos en distintos países con diferentes grados de control.

Pero resulta interesante darse cuenta de los otros dos factores "culturales": el "racismo" y la "anti homosexualidad", que son dos factores constantes entre los diversos movimientos. El elemento oculto es el "anti feminismo", implícito en la forma de "defensa" de la familia "tradicional". Es más, todos estos elementos definen una forma retrógrada y violenta de entender la vida social y personal que se identifica con leyes naturales y divinas, que muestran un deseo de fijar unas líneas estándar fuera de las cuales, se es "enemigo del pueblo". 

La creación de foros y medios en los que se reafirma este mensaje-programa acaba calando en aquellos que aceptan que todos sus males provienen de la "inmigración" y de la "desnaturalización" de la familia. La creación de un estado emocional que establece el organicismo de tierra, religión y lazos sangre como el fondo explicativo de cualquier problema tiende a buscar ahí las respuestas a los problemas.

Estamos fallando en el sostenimiento de la unidad e identidad europeas. No me refiero solo al caso de Eslovaquia, que pasa de la tiranía rusa al amor por ella. Me refiero también a España en la que este espectáculo que estamos viviendo no solo es destructivo por sí mismo, sino que lo es para el futuro, permitiendo con este caos la proliferación de los populismos de distinto signo pero con un mismo objetivo.

Como siempre ha ocurrido, se trata de fomentar el rechazo hacia lo que se hace responsable de las crisis. El deterioro de la vida social y económica es patente. Pronto lo único que será necesario es buscar los responsables adecuados para los fines deseados. Los nacionalismos ya lo hacen: el "estado español" es el responsable.

Tenemos cerca los mecanismos usados en Reino Unido para lograr convencer a la gente de que votaran a favor del "Brexit", porque la Unión Europea era la responsable de todos sus males. Hoy vemos que no ha sido así y muchos desean volver a Europa, de donde piensan que nunca debieron salir. 

El caso eslovaco es preocupante por muchos motivos. Cada país que se vuelve "prorruso" en Europa es un doble mensaje: la propaganda y lazos rusos le funcionan a Putin y Europa es incapaz de darse cuenta del problema o no sabe cómo atajarlo. La política de enfrentamientos a cara de perro entre facciones en Europa hace que se olviden los verdaderos enemigos, los retos reales. Hay que empezar a aclararse en esto antes de que sea muy tarde.

* "El socialdemócrata prorruso Robert Fico gana las elecciones en Eslovaquia" RTVE.es / EFE 1/10/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231001/eslovaquia-elecciones-gana-prorruso-robert-fico/2457239.shtml

miércoles, 27 de julio de 2022

El escándalo de Víktor Orbán

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Unión Europea tiene muchos retos. Es difícil —muy difícil— mantener unidos y con cierta cohesión y coherencia a un ya elevado número de estados que afirman su deseo de permanecer unidos y compartir una serie de valores, derechos y problemas. No es nada fácil, desde luego.

No es fácil porque no se plantean una fusión dada su diversidad, tanto histórica como cultural. "Europa" es una idea en la que confluyen muchas que tienen que ver con la nueva identidad que deseamos crearnos, a veces en tensión con nuestro propio pasado. Pero hay gente que está en Europa y se crea su identidad frente a Europa, un sinsentido identitario, pero no hay que pedirle demasiado a la realidad de algunos, que necesita reafirmarse. Un momento europeísta de la historia te lleva a desear formar parte de esa construcción común. Pasadas unas décadas, descubres que te es más rentable sacar lo puedes de ella y llevar la contraria a todos.

Es el caso de la Hungría de Víktor Orbán, cada vez más incompatible, donde cada día se rompen lazos con la Unión mediante acciones y discursos que alientan contra Europa, por un lado, mientras que por otro  se crea una identidad incompatible.

En estos momentos el titular principal de la edición en inglés de Euronews recoge en sus titulares la noticia de la renuncia de una antigua colaboradora de Víktor Orbán, una amistad de 20 años, por el discurso que califica de nazi, pronunciado hace unos días.

A long-time adviser to Viktor Orbán has resigned over a speech that the Hungarian prime minister gave in which he criticised what he labelled as "race mixing", sparking international outcry.

Zsuzsa Hegedüs said in a letter sent to Hungarian news outlet hvg.hu that while she doesn't believe Orbán is racist as a person, the comments he made on Saturday "turned into an openly racist speech".

"I don't know how you didn't notice that you were turning your previous anti-migrant [rhetoric] and anti-Europeanism into a pure Nazi text worthy of [Joseph] Goebbels," she said. "But I cannot, because of the severity of the fact, even with our friendship of nearly 20 years, overlook that this time."

Orbán denies the allegations, blaming the media for misrepresenting his comments. In a letter responding to Hegedüs ' resignation, he said his government takes a "zero tolerance" approach to anti-semitism and racism. "You can't seriously accuse me of racism after 20 years of working together," Orbán said.*

Son muchos años diciendo que los medios le malinterpretan, para que le funcione la excusa a Orbán, cuyos discursos han ido creciendo en intensidad antieuropea conforme aumentaba la tensión con Rusia, de la que es el mejor apoyo dentro de la Unión, un habitual boicoteador de las medidas y sanciones.

La particular idea de que una persona que no sea racista pueda proferir discursos racistas no se sostiene. Somos lo que hacemos y decimos, por más que nos podamos considerar seres arcangélicos en nuestro interior. Orbán no lo es ni lo ha sido nunca. Es un político manipulador y oportunista, con una rica trayectoria en este tipo de situaciones. Es un manipulador retórico que convence a los húngaros de las maldades de la misma Unión mientras manipula desde su interior.

En varias ocasiones hemos hablado aquí de esos dirigentes que juegan al nacionalismo transfiriendo sobre Europa todos los males que ellos provocan en muchas ocasiones. Los organismos europeos se pueden equivocar, hacer malos cálculos, como cualquier otro organismo de gobierno de cualquier país. Lo que no se puede es hacer antieuropeísmo como línea de actuación y manipulación dentro de la propia Unión, aunque parece parte del destino de la comunidad tener en su interior periódicamente este tipo de comportamientos, es decir, miembros antieuropeos.

¿Qué dijo Víktor Orbán que hizo que su amigo de más de veinte años le llamara "nazi" y le presentara la dimisión como asesor? ¿Qué ha hecho que se desaten las iras contra él? En el mismo medio, Euronews, lo veíamos hace unos días:

Hungary's prime minister caused outrage Saturday after he bashed western European countries for "mixing" European and non-European populations in a keynote speech.

Viktor Orban claimed "the west is split in two", arguing that countries where European and non-European people intermingle "are no longer nations".

The ultra-nationalist conservative leader idealised an "unmixed Hungarian race", during his annual address at the Tusvanyos Summer University in Romania.

“We [Hungarians] are not a mixed race … and we do not want to become a mixed race,” he said, which prompted a huge public outcry.

Ethnic Hungarians are a mix of Finno-Ugric Magyars and various assimilated Turkic, Slavic, and Germanic peoples, according to Encyclopedia Britannica.

Katalin Cseh, an MEP from Hungary's opposition Momentum party, criticised Orban's speech.

 “His statements recall a time I think we would all like to forget," she said. "They really show the true colours of the regime,” she said.

Orban alleged that the West, Brussels, and the "troops" of long-time Fidesz enemy George Soros were trying to "force migrants" on Central Europe.

The Romanian MEP Alin Mituța also responded angrily to Orban’s comments.

 “Speaking about race or ethnic ‘purity’, especially in such a mixed region such as central and eastern Europe, is purely delusional and dangerous. And so is Mr Orban,” he wrote on Twitter.**

La identificación de "raza", "nación" y "territorio" es volver a las bases románticas del nazismo; le ha faltado la "lengua", pero está implícita en el mensaje. Hubo que crear la "naciones" diferenciadas para que surgieran las "razas puras", con todos sus mitos fundacionales, como le recuerdan los que le señalan las complicadas mezclas que las migraciones, invasiones, movimientos de todo tipo, han creado los actuales países europeos.

Hay que tener cuidado con los mitos de este tipo porque te acaban jugando malas pasadas. Y a Orbán se la juegan siempre porque son las bases retóricas de su forma de controlar el poder, las bases de su populismo.

Orbán se ha empeñado en la existencia de una "raza húngara pura" que se ve amenazada en su "pureza" e "integridad", por peligros exteriores. Unos días, el exterior comienza en sus fronteras y Europa amenaza; otros días, en cambio, el exterior comienza en las fronteras de Europa y es de allí de donde viene el peligro. Él, Víktor Orbán, es el mesiánico defensor tanto de Europa como de Hungría.

Por supuesto vivimos en muchas peligrosas guerras que él nos anuncia para advertirnos del mal camino europeo:

"There is a war, an energy crisis and war inflation, all of this draws a screen before our eyes," he said. "It draws a screen between us and gender and migration".

"In fact, the future raises these questions," Orban continued. "This is the great historical battle we are fighting: on demography, migration and gender. This is precisely what is at stake in the left-right fight."**

La guerra es contra la migración y el feminismo. Orbán es hijo del populismo ultraderechista, que alienta la pureza en todas sus formas. La mujer debe jugar su papel reproductor en la familia. El lo que nos señaló el Vicepresidente de Vox de la Junta de Castilla y León, que comentamos aquí hace unos días, denunciando la "hipersexualización juvenil" y que solo los inmigrantes tienen hijos, que es (una vez más) herencia ideológica de la doctrina de la extrema derecha norteamericana de la "Gran Sustitución), según la cual existe un plan maquiavélico para hacer que seamos sustituidos por los hijos de la inmigración.

20/05/2022

Género y migración son los dos elementos clave para mantener esa pureza. Por motivos obvios, en esta visión es la visión androcéntrica la que asigna los papeles a las mujeres, piezas útiles en manos de los varones, que tratan de evitar que se desvíen de sus misiones históricas; los emigrantes, de igual forma, son enviado a Hungría para que se entremezclen (hasta sexualmente, ¡uf!), para que se vayan haciendo con las ciudades, los barrios, las escuelas... ¡todo!

Todo esto es puro nazismo. Las demás razas son inferiores y la "propia", que es la superior, solo puede sobrevivir "dominando", manteniendo "distantes" a los otros y, si te dejan, exterminándolos. Orbán jura que no es antisemita. No hace falta. El nuevo nacionalismo de la pureza no va contra los judíos; ese era el viejo, el antiguo. Por eso no se siente nazi, solo nacionalista húngaro. El rechazo a todos los demás le parece normal en beneficio de lo que él llama la "raza húngara", que ha ascendido por alguna línea biológica independiente.


Hay una línea en el texto que nos notifica la dimisión de su asesor: "EU 'shot itself in the lungs' with sanctions against Russia, says Orban."** No es casual que Putin sea el valedor europeo de Orbán y viceversa.  Víktor Orbán forma parte de ese tejido creado por Putin por el mundo, ese oscuro entramado que le sirve para tratar de boicotear las iniciativas contra él desde la retaguardia. En línea con Putin y Orbán hay muchos grupos políticos, no siempre en el poder, pero que cuando lo están vemos lo que hacen. Lo estamos viendo en Italia, donde han dinamitado el gobierno otros buenos amigos de Putin, incluyendo a Mateo Salvini, otro populista ultranacionalista del mismo corte. Todos hablan de sus "razas" usen el término o usen otros; todos buscan dinamitar el orden conjunto europeo para crear eso que han llamado "Europa de las naciones", que es precisamente de lo que se huía.

Hay un interesante párrafo en el artículo sobre las declaraciones de Orban. Con él se cierra el artículo de Euronews: 

According to the Hungarian prime minister, the Ukraine war will not end until 2024, after the upcoming elections in the US. He suggested Russia would not have invaded its neighbour if Donald Trump had remained in the White House.*

 ¿Captan el mensaje, lo que se quiere decir? La guerra de Ucrania se ha producido por la salida del poder de Trump y concluirá cuando él regrese a la Casa Blanca. 

La amenaza de que Trump esté en la Casa Blanca de nuevo es una realidad. Conforme se cierra el círculo a su alrededor por el asalto del 6 de enero al Capitolio, sus esfuerzos son mayores y la necesidad de que esté allí es esencial para Putin... y para Orbán y demás de su calaña. Sin la presión de la Casa Blanca con Trump en el poder, las posibilidades de sanciones a Rusia por parte de Europa quedarían reducidas a cero.

Las palabras de Víktor Orbán más allá de la guerra a los derechos de las mujeres o de las barreras a la migración. Víktor Orbán forma parte de esa Europa no-unionista, de la Europa Antieuropea, populista, ultranacionalista y que ve en Putin el modelo perfecto en el que reflejarse. La mezcla de nacionalismo, religión  (contar con las bendiciones del Patriarca de Moscú para sus guerra, persecuciones de homosexuales, etc.) y militarismo que está floreciendo por medio mundo gracias a los apoyos de amigos tan poderosos como los que están instalados en el Kremlin y, en ocasiones, en la Casa Blanca.

El problema de los populistas con los medios que no controlan es que tienen que hacer sus discursos encendidos, llenos de emociones y señalando enemigos. Cuando controlas los medios, como Vladimir Putin en Rusia, sabes que solo van a decir lo que te interesa por la cuenta que les trae. Pero en Hungría, por mucho control que tenga de los medios oficiales, no puede silenciar desde allí a todos los medios europeos, que han recogido sus encendidas palabras sobre la "raza húngara" y los peligros de la mezcla. ¿Sirve de algo? Es necesario, aunque su público, dentro y fuera de Hungría, siempre se emocionará.

La conexión de la política mundial lleva a crear extraños, insospechados triángulos, como ocurre con los Estados Unidos, Rusia y Hungría. Un pequeño cambio y las fichas se pueden precipitar en cadena.

El peligro, claro está, es el hundimiento de Joe Biden, el nuevo ascenso de Trump —que sigue con millones de seguidores y comparten igual populismo— y que sigan proliferando los Orbán por toda Europa y por diversas partes del mundo con sus gobiernos autoritarios, como está ocurriendo. La idea de desgajar Europa es algo que satisface por igual a Rusia y los Estados Unidos. Trump apoyó el Brexit, como lo hizo a media luz Putin, recibiendo y financiando a Nigel Farage y al UKIP y a otros separatista europeos, que han sido aupados hasta el propio Parlamento Europeo para, desde allí, dinamitar la Unión.

El discurso de Víktor Orbán es inamisible en boca de un dirigente de la Unión Europea. Es anti europeo, racista y de odio. Europa no se lo puede permitir ni lo puede permitir. La forma de hacerlo es complicada, pero necesaria.

* "Long-time Orban ally resigns over Hungarian PM's 'pure Nazi' speech" Euronews / AFP 27/07/2022 https://www.euronews.com/2022/07/27/long-time-orban-ally-resigns-over-hungarian-pms-pure-nazi-speech

** "Outrage as Orban bashes Europe for 'mixing with non-Europeans' Access to the comments" Euronews 24/07/2022 https://www.euronews.com/2022/07/24/outrage-as-orban-bashes-europe-for-mixing-with-non-europeans

sábado, 9 de abril de 2022

Los europeligros

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá sea el sino de la Unión Europea estar en el filo de la navaja, en constante equilibrio entre fuerzas interiores y exteriores que buscan su debilitamiento y hasta destrucción, conforme a la radicalidad de las propuestas que en cada país se ponen encima de la mesa en cada elección.

Es el sino democrático frente al modelo autoritario que Rusia y su federación representan hoy en día. Frente a los gobiernos títere de los aliados rusos, Europa propone un modelo muy distinto, en el que se dan conflictos entre instituciones y países y entre países mismos en cuanto que existen discrepancias sobre qué políticas seguir. Rusia "resuelve" sus discrepancias con invasiones y anexiones, como estamos viendo hoy mismo en Ucrania, a la que Rusia considera "suya", un "territorio invadido" que va recuperando en cada mordida, de Crimea al Dombás.

Europa, por su parte, está sujeta a fuerzas centrífugas, como las que determinaron el Brexit. Las opiniones públicas de cada país se ven sacudidas, muchas veces manipuladas, presentando los problemas nacionales como conflictos con Europa. Es la línea seguida por los "populismos" de diverso pelaje que han reivindicación de un nacionalismo aislante, de una renegociación permanente que actúa sobre la estabilidad de Europa. Los efectos perjudiciales del Brexit sobre Reino Unido, cuyas colas kilométricas de camiones ante el Eurotúnel se nos muestran hoy, no han sido suficientemente explicados.

Desde el punto de vista de la educación europea, parece que se ha llegado a alguna especie de tope mental que las ideas nacionales identitarias no quieren llegar. ¿Para cuándo una "educación para la ciudadanía europea" en nuestras escuelas y facultades? ¿Para cuándo el poder  decir "somos europeos" de una forma natural? Es lo que permitiría realmente otra perspectiva y otra forma de actuación.

Pero, por el contrario, lo que está creciendo es un populismo extremo y radical que juega con la idea identitaria nacionalista, haciendo el juego a las fuerzas interesadas en una Europa débil y fragmentada, necesitada de protección y con cada negociación convertida en tortura y riesgo permanentes.

Ayer hablábamos del riesgo que supone cada elección francesa, algo que podremos comprobar mañana mismo. En el diario ABC leemos sobre la candidata de la extrema derecha populista francesa: 

Los institutos de opinión se dejan un margen de error de 2 a 3 puntos. Según esos cálculos, la elección de Le Pen «es posible, aunque no sea probable». El riesgo de una abstención excepcional complica todas las previsiones. Sentencia que ha provocado una escalada de alarmas francesas y europeas, que Eric Maurice, analista de la Fundación Robert-Schuman, analiza de este modo: «En el programa de Marine Le Pen ha varias proposiciones claramente prohibidas por los tratados europeos. En caso de victoria, se plantearían muchos problemas de fondo, a la vista de su complicidad con varios Estados euroescépticos, como Polonia y Hungría». «Las instituciones europeas no sobrevivirían a una victoria de Marine Le Pen», comenta François Miguet, especialista en asuntos europeos.

En el programa presidencial de la candidata de extrema derecha hay varias proposiciones que son una suerte de 'Frexit' (salida de Francia de la UE), presentado con calculada ambigüedad.

Le Pen propone medidas que pudieran amenazar la libertad de circulación de bienes y personas, la matriz del mercado único, el cimiento capital de la UE. Le Pen propone una 'renegociación' de legislación y tratados para afirmar la superación del derecho nacional, francés, contra el derecho europeo, abriendo un frente inflamable para toda Europa.*


La amenaza no es trivial ni imaginaria; es real y de enorme trascendencia, como se puede apreciar. Pero también va más allá de la extrema derecha de Le Pen y se extiende al otro extremo del espectro político. Señala Juan Pedro Quiñonero en su artículo: "Gane o pierda, el crecimiento de las corrientes euroescépticas francesas, extremas derechas (Le Pen, Zemmour) y extremas izquierdas (Mélenchon), es un muy mal augurio nacional y europeo."* En efecto, el crecimiento envolvente de los grupos antieuropeístas y euroescépticos, por diferenciarlos aunque busquen lo mismo, es una muy mala noticia para la Unión Europea.

¿Es el olvido del desastre de las Guerras Mundiales lo que está llevando a las generaciones nuevas a perder el impulso europeísta? ¿Son los propios errores europeos, entendidos como falta de respuestas a los problemas que nos sacuden desde hace casi veinte años, como consecuencia de una crisis económica mal resuelta? Lo más probable es que sea una mezcla de olvido e interpretación sesgada del presente.


Europa tiene una serie de condicionamientos por su propia posición dentro de un espacio que cada vez es más necesario entender e incluso ampliar, Eurasia, un espacio que debe ser reconsiderado como "mediterráneo" ya que los problemas del norte de África no llegan y se amplían por todo el desplazamiento de problemas continentales hacia el norte, especialmente, de violencia (terrorismo) e inmigración (desplazados por guerras, por causas políticas y por la mezcla de enfermedades y pobreza). Son precisamente estas dos situaciones las que son utilizadas por los extremismos populistas para atacar a la Unión Europea reivindicando el nacionalismo como alternativa. Las amenazas de Le Pen son parejas a las de los populismos de otras áreas de Europa y la soluciones siempre las mismas, un mundo fraccionado, protegido por los cierres de fronteras, con aumento del racismo y reivindicación de la identidad nacional. Esto vale desde la extrema derecha española a la polaca o húngara, pasando por la francesa, la alemana y las de otros países comunitarios. No es un fenómeno exclusivo de Europa, pero es en Europa donde existe un objetivo específico: romper su unidad.

En estos años, hemos podido hablar aquí de muchos momentos en los que los grupos populistas pasaban de ser simplemente euroescépticos a ser activos militantes para dinamitar las instituciones desde dentro, buscando amplia representación en espacios decisorios, como el Parlamento Europeo, para utilizarlo contra Europa. Así lo hicieron los británicos anti europeos del Brexit y otros grupos de distintos países.


Lo que está ocurriendo con el boicot de Orbán a las medidas contra Rusia es un ejemplo del problema europeo. Orbán utiliza la Unión como una diana sobre la que lanzar los problemas propios. Es muy difícil con actitudes así que Europa avance y sin embargo fácil que retroceda.

Lo que suceda en estas elecciones presidenciales en Francia es importantísimo para el destino futuro de Europa ya que Francia juega un papel destacado en muchos sentidos. Hay que replantearse la política comunicativa europea si queremos que Europa siga existiendo y creciendo como un espacio común. Hay que empezar a enfrentarse a este tipo de movimientos populistas desde una perspectiva europea y europeísta, si es que nos importa algo esta construcción común. Hacen falta esfuerzos de explicación, vencer las tendencias al fraccionamiento y a que se vea como un escenario de lucha de intereses de los países más poderosos frente a los más débiles. Si se utiliza Europa como una forma de control y predominio de unos sobre otros, será poco probable que podamos mantener el sistema en su conjunto funcionando como debe.

Todo esto se hace dentro de un marco democrático, es decir, sujeto a la posibilidad de cambios que caracterizan a estos sistemas. Los regímenes no democráticos aprovechan la posibilidad de estos cambios para presionar y reducir su eficacia. El efecto es que en países en los que han entrado, como Polonia o Hungría, empiezan a retroceder las libertades que garantizan el sistema, aumentando los problemas con el resto de los países de la Unión. ¿Es posible reducir este problema de una libertad que se usa contra un sistema de libertades, es decir, que se vuelvan autoritarios? El experimento europeo de unidad es algo bastante insólito y no valen muchas otras experiencias más que a modo de ilustración. Europa es un camino por explorar con los consiguientes riesgos que esto implica. Por ello es fundamental mesura, reflexión y construir un camino convergente. Los radicalismos locales tienden a trasladarse a las instituciones europeas aprovechando sus fisuras.

Nunca hemos tenido, en las últimas décadas de Europa, tan claros los peligros que nos acechan y la necesidad de más y mejor democracia, la necesidad de resolver los problemas que surgen de nosotros o los que nos lanzan. Europa es desafío y confianza ahora que las oscuras alternativas están claras.


* Juan Pablo Quiñonero "El euroescepticismo de Le Pen y Mélenchon alarma a la UE" ABC 9/04/2022 https://www.abc.es/internacional/union-europea/abci-euroescepticismo-y-melenchon-alarma-202204090137_noticia.html