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sábado, 14 de febrero de 2026

El casco ucraniano de la memoria

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace mucho tiempo que el sistema olímpico patina y es sometido a críticas. Partir de un principio de que existe un mundo, el deportivo, ajeno a lo que ocurre en el mundo mismo es un disparate que cada vez se hace más notorio por la propia complejidad del mundo.

Las autoridades del olimpismo se convierten así en cómplices con sus decisiones de lo que dicen querer evitar, la mezcla del deporte y un genérico concepto de "política". Lo hemos visto ya con los problemas del Festival de Eurovisión e Israel, con el genocidio de Palestina cuyas reacciones son silenciadas porque se supone que reconocerlo es un "acto político". Eso no impide que el propio Israel politice sus actuaciones y, especialmente, que use el escenario y los votos como un plebiscito de su popularidad mediante votos de pago que el sistema permite. Con todo, los sancionados son aquellos que osaran criticar o tan solo mencionar el genocidio en Gaza.

Tanto las Olimpiadas como Eurovisión son certámenes, competiciones internacionales. Parten de un viejo y hoy ilusorio principio, el de que estos eventos son formas de paz frente a la guerra. Según parece, en la guerra se habla mucho, mientras que en estos escenarios se compite noblemente y se canta pacíficamente. Hace mucho tiempo que esto pasó a la Historia y, como vemos cada día, no hay evento que no se convierta y use como altavoz de causas.

El problema es que el sistema olímpico, armado con sus sacrosantos principios, no siempre entiende bien sus resultados o efectos, al igual que le ocurre  al Festival de Eurovisión. Ambos viven una ficción: que es posible matarse, invadir, bombardear, etc. y luego confraternizar sobre una pista, cancha o escenario. Todos esos bonitos principios de que el deporte y la canción ·están por encima" de política y guerras no es más que un mantra que nos gusta repetir hasta que la realidad lo pone en su sitio. Ni el deporte ni la canción frenan o atenúan las guerras; es más, se han convertido en nuevos espacios para el conflicto.

La sanción por parte del Comité Olímpico al deportista ucraniano pone sobre la mesa de nuevo la justicia o hipocresía de todo esto. En RTVE.es leemos:

El competidor ucraniano de skeleton Vladyslav Heraskevych, abanderado de su país en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina, ha rechazado la decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de impedirle usar un casco que recuerda a algunos atletas fallecidos en la guerra en su país.

"Lo usé en la ronda de entrenamientos y lo usaré en la competición", ha dicho el deportista en una rueda de prensa este martes, solo unas horas después de que el COI informara de que no le autorizaba a llevar ese casco en aplicación de la Carta Olímpica, cuya regla 50.2 establece que "no se permite ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en los sitios, sedes o áreas olímpicas".

Heraskevych, de 26 años, llevó en la sesión de entrenamiento del lunes un casco en el que aparecen las imágenes de varios deportistas ucranianos fallecidos durante el conflicto con Rusia, como la halterófila Alina Perehudova, de 14 años; el boxeador Pavlo Ischenko, de 33, y el jugador de hockey sobre hielo Oleksiy Loginov, de 23, entre otros, informa Efe.* 

La cuestión que se plantea es cómo se define "política", "propaganda" o la suma de ambos términos. Lo que ha hecho el deportista ucraniano es un acto en memoria de otros deportistas, sus compatriotas. Se trata de una forma de recuerdo. Una cosa es la propaganda y otra la memoria, un acto de afirmación sobre sus compatriotas muertos. No hay mención de los que causaron su muerte ni petición de acción. El dolor no es propaganda. Prefiero un deportista que recuerde a sus compañeros muertos que a otro que los olvide, ignore o no tenga el valor de mostrarlos. Sin embargo, el silencio parece que se considera un valor olímpico.

El mundo del olimpismo se distancia así del mundo real sobre el que se supone que debería actuar. Esos llamados "valores del deporte", de los que deberíamos aprender todos se transforman en el valor del "silencio", de la ignorancia del destino de los propios deportistas. Claramente es algo que permite quedar satisfecho a los agresores y perjudica a los afectados por duplicado, la muerte y el silencio que la envuelve gracias a esa regla 50.2.

Como en el caso de Eurovisión, lo que realmente está sobre la mesa es la supervivencia de unos acontecimientos que fueron creados en un mundo distinto y que hoy es complicado sostener.  Sancionar a países supone cerrarse audiencias en un mundo en el que parece que las audiencias lo son todo. No se trata de valores sino de dinero, de ingresos si empiezan a retirarse países. No hay fines nobles en todo esto si el sancionado es aquel que recuerda a sus compañeros deportistas muertos.

Como esto lo tiene la mayoría claro,  no es percibido como un canalla, sino como lo contrario, como alguien que está poseído por valores humanos y que no prescinde de ellos por una competición. ¡Que se metan las medallas...!

El COI y el olimpismo, por contra, se ven debilitados, irracionales e injustos, con una idea falsa de la realidad donde no existen las guerras ni las muertes. Su "nobleza" se volatiliza y se ve por qué compiten realmente los países y todos los negocios que hay detrás.

Zelenski le ha concedido ya la única medalla que merece la pena, la del sacrificio y la nobleza del recuerdo dolorido de los deportistas muertos. 


* "El ucraniano Heraskevych dice que desafiará la prohibición del COI y llevará el casco alusivo a la guerra" RTVE.es 10/02/2026 https://www.rtve.es/deportes/20260210/coi-prohibicion-casco-guerra-ucrania/16932293.shtml

jueves, 21 de agosto de 2025

Raras paces

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las noticias sobre unas hipotéticas paces logradas por Donald Trump no son nada buenas. Pese a su propia retórica, ni Ucrania ni Gaza tienen buenas perspectivas, es decir, algo que se pueda llamar sin sonrojo "paz".

Lo que Putin propone a Trump como "paz" no es más que la consolidación de la conquista de territorios ucranianos y asegurarse que Ucrania quede lejos de la OTAN y de Europa. La guerra es un poderoso instrumento de propaganda interna ante la que cabe poca resistencia. El control de los medios por parte del Kremlin garantiza que la resistencia a Putin se tenga que producir lejos del territorio, Muchos rusos se han creído lo de las necesidades defensivas y ven normal su comportamiento que, por otra parte, ha sido una constante rusa, hacerse con todo el territorio. La cita en Alaska con Trump sirvió para recordar a los rusos que antes fue "suya", pero que son un "país generoso". Los que opinan de otra manera mantienen silencio ante las perspectivas de la represión, ya sea por caídas de ventanas y puentes o ser mandados a la otra punta del país, en la mejor tradición del uso de Siberia.

Lo que ocurren en Gaza tampoco puede ser llamado "paz", aunque sea también una forma de manipular el lenguaje por parte de Benjamín Netanyahu. Aquí el caso es muy diferente porque no se trata de un "enemigo" tradicional, como es el caso de Rusia, sino de un "amigo tradicional", Israel. La "paz" de Netanyahu consiste en la destrucción del otro. La excusa es esa "necesidad existencial" que presenta la destrucción absoluta del otro como objetivo final. Tampoco evidentemente es paz o al menos lo que se entiende en el resto del planeta.

La frustración de Trump aquí es relativa porque cree que Israel hace lo que debe, aunque se trate de un "genocidio" en toda regla. La hipocresía de Netanyahu al pedir el Premio Nobel de la Paz para Trump es uno de los actos más descarados que hemos visto en décadas. Nos muestra la "simpleza" ególatra de Trump y cómo Netanyahu le tiene tomada la medida.

Rusia acaba de decir que lo del encuentro con Zelenski requiere "mucha preparación" mientras intensifica los ataques sobre Ucrania en un intento de conquistar más territorio y que este se consolide como "ruso" en el caso de que la paz de Trump llegue en cualquier momento.

La visita de líderes europeos a Trump apoyando a Zelenski en su defensa del territorio ucraniano anexionado —también el anexionado en diversos episodios anteriores— muestra al presidente norteamericano que Ucrania no está sola. No sería inteligente dejarla sola porque la experiencia europea sabe hasta dónde puede llegar Rusia en su proceso de expansión, algo comprobado tras la II Guerra Mundial y la creación de repúblicas títeres de Moscú.

Las guerras de Ucrania y en Gaza son guerras imperialistas, territoriales, lo que afecta a cualquier proceso de paz o similar. Las condiciones de Putin son inaceptables para los ucranianos que luchan por liberar su territorio invadido y rusificado, que es la estrategia que siempre ha mantenido. La paz rusa incluye desplazamientos de población y su sustitución por emigrados rusos. La paz de Netanyahu incluye la anexión de territorios y su repoblación por colonos israelíes.

Las dos guerras desembocan en conceptos diferentes de lo que se entiende por "paz". Por eso se suele hablar de "paz justa" y en este caso no lo son ninguna de las dos. Para Donald Trump, la "paz" es la posibilidad de hacerse una foto estrechando manos mientras sonríe a la cámara.

Hemos visto el proceso seguido en Ucrania en lo que Putin y él han llamado la "guerra de Biden" en un intento de desmarcarse de sus propias acciones. En el caso de Putin está claro; en el de Trump, incluyen chantajes sobre defensa e información y el cobro de servicios usando los depósitos de "tierras raras" ucranianos como garantía. Con Trump, la paz tiene un precio. Los testimonios de los ucranianos señalan que no han muerto miles de personas para que luego se regalen sus tierras en un proceso llamado de "paz".

En el caso de Israel, ya sea por la interpretación peculiar de promesas bíblicas o el simple fanatismo político, la "paz" incluye el exterminio, al final del cual no habrá enemigo, una absurda idea que garantiza justo lo contrario.

Puede que Donald Trump sea un genio de la retórica, pero desde luego no lo es de la política y menos de la política internacional. Pese a lo que crea de sí mismo y su misión, no hay paz verdadera a la vista. Lo malo de esto es que a los conflictos existentes se les suman los nuevos, que son imprevisibles.

jueves, 22 de mayo de 2025

Ambigüedades bélicas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces las expresiones cristalizan y pueden dejar de tener sentido. Simplemente se usan, quedan bien y, si no se escarba demasiado, sirven para salir del paso. Algo sí ocurre con la expresión "paz justa y duradera" que se usa a menudo en las informaciones sobre la guerra en Ucrania.

Podemos verla en el artículo de 20minutos:

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, habló este miércoles con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, sobre los esfuerzos para la paz y del "apoyo continuo" que la Alianza Atlántica presta a su país. En un post en la red social X, Rutte informó de su "buena llamada para ponerse al día con Zelenski hoy". "Hablamos de los esfuerzos para garantizar una paz justa y duradera", ha señalado el líder de la Alianza.*

Es casi seguro que si se preguntara a las tres partes implicadas —Ucrania, Rusia y la OTAN— sobre la idea de "una paz justa y duradera" tendrían opiniones muy distintas e incluso que les costaría expresar a qué se refieren.

Vemos que los dos conceptos por separado tienen un sentido muy diferente. Podemos definir con más claridad la "duración", pero nos resultará muy complicado definir "justa", sobre lo que seguramente no se pondrán de acuerdo. La duración se puede medir con el calendario en la mano; la justicia, no.

Y es ahí, sin embargo, donde reside el problema, en que lleguen los tres a una consideración conjunta de lo "justo", algo harto problemático, por jugar también nosotros con la ambigüedad de las palabras.

En la otra guerra en curso, el genocidio de Gaza, es también rico en ambigüedades. El titular de RTVE.es sobre las declaraciones de otro genio de la ambigüedad y el descaro, Benjamín Netanyahu también nos llevan a cierta perplejidad pese a la asiduidad de este tipo de manejos, "Netanyahu advierte que la invasión de Gaza "no cesará" hasta cumplir con el plan de Trump para la Franja". Aquí se produce una especial lectura por parte de Netanyahu de lo que ocurre. Se nos explica en la información: 

La comunidad internacional ha pedido a Israel que pare su nueva ofensiva sobre la Franja de Gaza, pero sus llamamientos no han tenido efecto sobre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. El mandatario israelí ha sido claro al respecto: la invasión de la Franja no cesará hasta que se cumpla el plan de su homólogo estadounidense, Donald Trump, consistente en la "expulsión total de Hamás" y establecer "condiciones claras que garanticen la seguridad de Israel".

Bajo esta premisa, Israel pretende desplazar a la población gazatí, de unos 2,1 millones de personas, a una zona en el sur "limpia de Hamás" a medida que tome el control del territorio, según declaraciones de Netanyahu. El Ejército israelí ya ha exigido la evacuación de varias zonas del norte de la Franja, lo que anticipa una nueva oleada de ataques en el sector.**

 

Sin duda, la idea que es Israel quien se limita a seguir los planes de Trump para Gaza, no es precisamente un ejercicio de claridad, especialmente tras las palabras del presidente norteamericano sobre su enfado con Netanyahu por no hacerle caso, realizadas hace unos días.

Netanyahu devuelve la pelota mostrándose, para mayor confusión, como un seguidor de los planes del "resort" de lujo para la Franja, algo ilustrado con un escandaloso vídeo falso repleto de lujos y estatuas doradas plantadas en las calles de esa imaginaria "nueva Gaza" frente a la devastación de la Gaza real que se nos muestra cada día, un amasijo de ruinas, de destrucción y hambre.

Netanyahu se escuda (¿esconde?) tras lo dicho por Trump. Si Trump juega a la ambigüedad —¿qué otra cosa es su gira por los países árabes ricos vendiendo y comprando?— tras los rechazos y condenas internacionales, Netanyahu juega a algo más complicado: Israel sigue obedientemente los dictados de Trump, los que él mismo colgó en su cuenta web.


¿Existe mayor ironía en que sea un vídeo falso, ofensivamente absurdo, el que marque el horizonte de una guerra terriblemente real, dolorosa? Puede que el signo de los tiempos sea la ambigüedad en las palabras y la irrealidad en las imágenes, además de los intercambios entre ambas. De esta forma, puede plantearse como meta algo que nunca llegará, ese resort lujoso construido sobre la sangre de decenas de miles de palestinos, víctimas de los hechos de Hamás y de las reacciones aprovechadas de Israel junto a los delirios trumpistas.

Hay algo que une con claridad a Putin y a Netanyahu: ambos se amparan para sus ofensivas en la idea de defensa (más ambigüedad), de estar amenazados. Nadie invadió a Rusia, sí a Israel en un incompresible fallo de inteligencia y seguridad. Los recelos sobre si la incursión de ida y vuelta de Hamás con la toma de rehenes fue una excusa han pasado ya, aunque fueron fuertes en su momento. ¿Buscaba Israel una buena excusa para realizar ese plan total sobre Gaza? No sé si llegaremos a saberlo en algún momento, pero los hechos posteriores no admiten mucha duda, así como los objetivos de vaciado de la Franja y superposición de ese "resort" que aparece en la imaginación calenturienta de Trump y en sus vídeos falsos.

Entre las palabras vacías y las imágenes falsas, la realidad de las guerras deja en evidencia muchas cosas, de los intereses económicos a los políticos, de la repulsa popular al sistema de votos en Eurovisión, por atar cabos.

Demasiada ambigüedad en ambas guerras y una sola realidad, la del sufrimiento y la destrucción, la de las ambiciones depredadoras. Será difícil alcanzar cualquier tipo de solución que se vea aceptablemente "justa" para ambas partes (las guerras son cosa de dos) y es difícil que un tercero sea aceptado por ambos. Lo esgrimido es más de cara a la galería internacional, una justificación de la situación ante las "amenazas" que tratan de conjurar. 

 

* "Rutte aborda con Zelenski el apoyo continuado de la OTAN en busca de una "paz justa y duradera" para Ucrania" 20minutos / EFE 21/05/2025 https://www.20minutos.es/internacional/rutte-aborda-zelenski-apoyo-otan-paz-justa-para-ucrania-5714489/

** "Netanyahu advierte que la invasión de Gaza "no cesará" hasta cumplir con el plan de Trump para la Franja" RTVE.es 21/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250521/guerra-gaza-israel-bombardeos-diplomacia-sanciones-ayuda-humanitaria/16589631.shtml

sábado, 17 de mayo de 2025

Tiempo de promesas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Trump necesita del éxito y el éxito se le resiste en casi todos los ámbitos. Esto está empezando a ponerle nervioso. A la "certeza" les siguen las "promesas" de futuro y las acusaciones directas a los responsables de que el mundo no siga sus instrucciones y visiones claras.

Trump empieza a descubrir que Putin siempre le ha estado tomando el pelo, que no tiene mucho interés en otra paz más allá de quedarse con los territorios conquistados a Ucrania de lo que retirarse sería una señal de debilidad, algo que no se puede permitir.

Se está enfadando ya con Benjamín Netanyahu  porque la situación de Gaza, el genocidio que se está produciendo allí, es impresentable en cualquier foro, interior o exterior. La idea de una Gaza convertida en "resort" israelí es tan impresentable como nauseabunda. El mundo ya no acepta más muertes con las excusas habituales, incluidas las que se dan con las muertes de periodistas a los que se pretende silenciar para que no cuenten al mundo los horrores que ven.

Y a Trump se le acaban los argumentos para explicar que todo lo que iba a cambiar con su llegada a la Casa Blanca no cambia y, peor, se recrudece en algunos ámbitos en los que le han tomado la medida a sus fantasías.


Putin y Netanyahu saben cómo manejar a Trump para conseguir sus fines. Trump necesita venderse como el gran conseguidor y para ello necesita de amigos y enemigos. Lo malo es que el modelo se extiende y ya son varios conflictos los que aspiran a tenerle como "pacificador" tras haber conseguido sus objetivos. Creen que Trump consentirán en apoyarles con tal de vender al mundo que ha conseguido "algo". Trump ha dado muchas pistas sobre cómo manipularlo para sacar el máximo partido.

La visita a los países árabes ricos se ha saldado con compras y ventas, pero sin ningún avance en lo que le preocupa al mundo, las muertes de decenas de miles de personas, inocentes en su gran mayoría, el desplazamiento y destrucción de ciudades enteras para impedir los regresos.

De todo ello es responsable igualmente Trump al amparar las ansias de los ultras sionistas con Benjamín Netanyahu al frente. La visita a los árabes ricos ha mostrado, una vez más, de qué se trata: de hacer negocios y dinero, de aprovechar la escandalosa protección a Israel por parte de estos países en los que el dinero es el auténtico habitante. Son los países que no quieren tener palestinos por miedo a lo que pueda ocurrir, por lo que se traen sus propios "esclavos" de Oriente, como ya vimos en otra ocasión.

Trump ha realizado estas operaciones comerciales con ellos como una señal a los Estados Unidos de que está "trabajando" para ellos o, al menos, para sus empresas. Algunos medios han alertado de que la operación se ha hecho con tanta precipitación que no se han tomado las medidas suficientes para garantizar que esa tecnología que se ha vendido no sea aprovechada por China, el gran temor. Es el problema que tiene el hacer negocios con prisa. 

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha cerrado su gira de cuatro días por Oriente Medio diciendo que en Gaza pasarán "cosas buenas", pero sin mencionar los bombardeos de Israel en los últimos días, que han dejado tan solo este viernes más de 50 muertos.

Preguntado por la intensificación de los bombardeos, Trump se ha limitado a decir que "muchas cosas buenas van a pasar a lo largo del próximo mes y vamos a tener que ayudar a los palestinos también". "Mucha gente se está muriendo de hambre en Gaza. Tenemos que mirar a ambos bandos, pero haremos un buen trabajo", ha añadido antes de que despegara el Air Force One.

Trump ha mencionado brevemente también la situación durante un encuentro empresarial en Abu Dabi: "Tenemos situaciones muy serias y estamos vigilando lo que pasa en Gaza y tenemos que ocuparnos de eso porque mucha gente está muriendo de hambre. Muchas cosas malas están pasando".

[...]

Durante su visita, Trump ha pasado de puntillas por temas de dificultad geopolítica relacionados con la región para poner el foco en los "tres o cuatro billones de dólares" en acuerdos comerciales entre empresas estadounidenses e inversores del Golfo, especialmente en defensa, semiconductores y aviación. El jueves, en la parada de Doha, Trump aseguró que quería que Gaza se convirtiera en una "zona de la libertad", de nuevo, sin mencionar el recrudecimiento de los ataques en la Franja.

Los líderes árabes tampoco le han presionado sobre el tema, aunque el más claro fue el príncipe heredero y líder de facto de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, que pidió a Trump trabajar para poner fin al sufrimiento del pueblo palestino. "Gaza ha sido un territorio de muerte y destrucción por muchos años", aseguró Trump el jueves en Catar, donde añadió que tiene "conceptos para Gaza que creo que son muy buenos".*


Como puede apreciarse, una retórica hueca, una indefinición constante. A las preguntas sobre los problemas reales, Trump responde con evasivas y con acuerdos comerciales, sin darse cuenta que no es él quien controla, sino el que maneja los billones de dólares, algo que le sobra a los países ricos árabes y con lo que compran habitualmente las reticencias a sus políticas retrógradas y represivas.

Los beneficios para las empresas norteamericanas no dejan de ser retrocesos del papel de los Estados Unidos, cuya imagen está destrozando Trump con sus manejos. El presidente no puede seguir prometiendo en una dirección mientras la realidad de los hechos va por otra.  No puede seguir haciéndolo cuando le han tomado la medida y saben que les necesita para vender protagonismo.

* "Trump cierra su gira por Oriente Medio diciendo que en Gaza pasarán "cosas buenas" y sin mencionar los bombardeos" RTVE.es 16/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250516/trump-finaliza-gira-oriente-medio-emiratos-arabes/16582906.shtml

miércoles, 19 de febrero de 2025

El nuevo apóstol de la paz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Donald Trump sigue adelante con sus ideas, algo que los demás deben aceptar sin más. Algo extra debe tener el voto en Estados Unidos que permite decidir sin consultar sobre lo que ocurre en el resto del mundo.

Si hace unos días el enviado de Trump a la conferencia de Múnich, J.D. Vance, se permitía el lujo de criticar a Europa por la situación de la "libertad de expresión" viniendo de un país en el que están retirando libros de las escuelas, deportando a decenas de miles de personas, ampliando cárceles extraterritoriales como Guantánamo y alquilando otras, etc., es ahora el momento de "llevar la paz" a Ucrania dando a su invasor lo que pide.

Lo que está haciendo es algo más que en erigirse en rey del planeta, algo más que ningunear a Europa, aplaudiendo a su enemigo declarado con hechos. Trump está destrozando el sistema, el orden mundial que — por muy imperfecto que sea — es mejor que dinamitar las alianzas, sembrar el recelo y adentrarnos a todos en una oscuridad para la que no hay más garantías que su voluntad de ser el autoproclamado apóstol de la paz.

El editorial del diario El País es rotundo en su valoración de lo que supone para todos esta nueva situación. Tras unas críticas iniciales sobre el reconocimiento a Rusia y la validación de su invasión, el editorialista cierra con diversas advertencias y consideraciones:

Pero el diálogo ruso-estadounidense empezó marcado también por otros presagios. Además del calculadísimo desplante a los europeos, abundan los síntomas de pobreza e improvisación negociadora. Las declaraciones del secretario de Defensa de EE UU, que dio por descontadas cesiones de calado a Moscú antes siquiera de empezar a hablar, son una prueba de ello. En la Administración Trump, ni la voluntad ni la capacidad resultan tranquilizadoras.

Rubio señaló la disposición de EE UU a explorar nuevas posibilidades de relación con Rusia si se logra un final del conflicto. Esa preocupante disposición y la guerra comercial contra la UE desatada por Trump horas antes de anunciar su conversación con Putin deben llevar a los europeos a una reacción unida, firme, ambiciosa y rápida.

Es preciso seguir intentando persuadir a Donald Trump con los argumentos de la lógica, de los principios y de los intereses. El diálogo ruso-estadounidense es incipiente, no todo está perdido y, si bien no parece creíble lograr un cambio completo de actitud, tal vez se puedan al menos contener algunos daños. Pero en paralelo es imperativo empezar a adaptarse con urgencia al nuevo mundo que la conferencia de Múnich y la reunión de Riad esbozan: uno en el que Europa ya no puede confiar ciegamente en su aliado histórico. Hay que despejar esa ilusión y actuar para vivir en este nuevo escenario sin renunciar a la libertad, la seguridad y la prosperidad. Ni al Derecho internacional. Si Trump se ha convertido en un problema para Europa, la solución pasa por una mayor integración de la UE.*

 

Puede que algunos no entiendan que, por muy cercanos que se encuentren a la ideología de populismo trumpista, Trump no acepta más que la sumisión sonriente, el halago constante, que acabarán viendo su papel de simples peones en una partida mundial a dos bandas, cuyo tablero es Europa. Trump impone sus propias condiciones (y negocios) en Ucrania y pretende que el mundo le salude como mensajero de paz. Las expresiones anteriores sobre que con él en la Casa Blanca no habría habido guerra o que acabaría con la guerra en 24 horas con una llamada telefónica no solo eran bravuconadas, sino bravuconadas posibles impuestas.

Excluir a Ucrania y a Europa, a los que impone decisiones sobre algo que les afecta, como es su territorio y su futuro, es muy grave. Para ello tiene que hacer creer que Europa está "enferma" —para eso envió a Vance y ahora a Marco Rubio con ese mismo mensaje implícito— y que por ello no puede alcanzar la paz. Eso es algo que el mundo deberá a Trump, pues para ello ha sido enviado, el nuevo mesías.

Toda esa retórica ridícula, destinada sobre todo a consumo interno, en el caso de Trump es algo más que palabras; son, como hemos dicho, bravuconadas posibles. Su concepto de "eficacia" le lleva a intentar cumplir cualquier disparate porque no tiene ya a nadie con cabeza alrededor, algo de lo que se ha encargado nombrando un equipo que ya levantaba chispas en los titulares conforme se iban anunciando, de corruptos a racistas, pasando por agresores sexuales. Todo está ahí para la Historia.

 

* Editorial "Nefasto diálogo entre EE UU y Rusia" El País 19/02/2025 https://elpais.com/opinion/2025-02-19/nefasto-dialogo-entre-ee-uu-y-rusia.html 

viernes, 14 de febrero de 2025

El gran vendedor

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Es interesante ver cómo Trump se dispone a negociar con Putin (al que dice conocer bien) el futuro de Ucrania, es decir, el futuro de una parte de Europa. Ucrania es doblemente europea: por geografía y por expreso deseo de serlo. Rusia, por los mismos motivos, en sentido inverso no lo es: ni lo ha sido, ni ha querido serlo. No hay una "santa Europa", sí una "santa Rusia". Hubo un tiempo en que se disfrazó de "Unión Soviética" y de "Pacto de Varsovia", pero no engaño a muchos, que se dieron cuenta rápido de lo que era un tanque ruso. Pese a ello, Moscú sembró Europa de nostálgicos prorrusos, que han ido accediendo al poder en sus respectivos países.

Y ahora llega Trump.

Todavía es pronto, pero tengo curiosidad por saber que dirá la Historia (cualquiera de ellas, aunque serán muy distintas) de Donald Trump. El editorial del diario El País, titulado  "Ucrania no está en venta", es bastante preciso sin necesidad de esperar a que los historiadores nos hablen de él:

Una sensación amarga entre el desasosiego y el desen­gaño recorre las cancillerías de la Unión Europea desde que el miércoles por la noche el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, revelara con insultante informalidad que había hablado por teléfono con el autócrata ruso, Vladímir Putin, para iniciar una negociación que ponga fin a la guerra de Ucrania. A punto de cumplirse tres años de la invasión rusa, más de 12.000 civiles ucranios muertos después y tras incontables llamamientos solemnes a la defensa del orden mundial basado en reglas, Ucrania y Europa se asoman a la posibilidad real de una resolución humillante: una llamada de teléfono, un reparto de territorio ajeno negociado por potencias y un final impuesto por decreto, a espaldas de la historia, de los principios y de los muertos.

La solución trumpiana es la soñada por Putin. Los términos de salida adelantados por la Casa Blanca suponen que Kiev debe asumir que va a perder parte de su territorio; deberá renunciar a unirse a la OTAN tal como exige Putin como garantía de seguridad, y deberá compensar a EE UU dándole acceso prioritario a la explotación de sus tierras raras. La seguridad de Ucrania, a partir de ahí, dependería de Europa. Ucrania quedaría así como un territorio tapón entre Rusia y la UE, con su soberanía en entredicho, al servicio de la explotación norteamericana de sus recursos y bajo la amenaza permanente del expansionismo ruso. Un país al que se le niega cualquier ambición de incorporarse al bloque europeo de seguridad y prosperidad, como sus ciudadanos ansían masivamente.* 

El texto muestra algo más que crítica; revela una profunda irritación ante lo que es un desprecio, una prepotencia de enorme calado. Los Estados Unidos de Trump ya solo pueden "presumir" de fuerza, de ser una "dictadura exterior", un concepto que habrá que empezar a explicar como "puro imperialismo". La "grandeza norteamericana" es puro bullying para el resto del mundo, que se ve sometido a chantajes, amenazas e insultos por parte de unos desconocidos Estados Unidos. Con Trump ha entrado en la Casa Blanca algo más que un presidente; lo ha hecho una agenda prepotente que entiende que su "grandeza" es pisotear a los demás, auténticos parásitos de la bondad inocente, de la buena voluntad norteamericana.

Para ello, la estrategia trumpista necesita de una "pinza", la que Vladimir Putin, un dictador sin careta, le ofrece, alguien con el que negociar a su altura. De esta forma, el Trump que ha dicho que si hubiera sido presidente en vez de Biden no habría habido guerra en Ucrania, puede presentarse ahora como "guardián de la paz", como "benefactor de la humanidad".

La pregunta que hemos hecho repetidamente sobre "cuánto van a aguantar los norteamericanos a Trump" debe modificarse por falta de sentido. La nueva pregunta es mucho más acuciante: ¿cuánto va a aguantar el resto del mundo a Donald Trump? ¿Van a poder afrontar los Estados Unidos la cantidad de frentes abiertos a mayor gloria de Trump y sus heroicas gestas?

Trump es el "gran vendedor". El problema es que lo que vende no es suyo, como Ucrania. El cree que sí, que los Estados Unidos ha "prestado" tanto que es hora que se lo devuelvan con intereses.

Ya tiene revuelto a Oriente Medio, a Europa, a Ucrania, a Panamá, a Canadá y México, por hacer una lista breve que seguro que irá creciendo. Ideas como las de la "Riviera de Oriente Medio" en Gaza, anexionarse Groenlandia, quedarse con la tierras raras de Ucrania, etc. chocan con principios y el sentido común. Trump va del autorizar otra vez el uso de pajitas de plástico a reivindicar Marte como meta. Entre ambas, el desastre, el abuso, el chantaje y la amenaza. Niega la Ciencia, el cambio climático, las vacunas, las fronteras, los mapas...

¿Echará la culpa al mundo de lo que ocurra? 

El Mundo 14/02/2025

* "Ucrania no está en venta" El País 14/02/2024 https://elpais.com/opinion/2025-02-14/ucrania-no-esta-en-venta.html

miércoles, 25 de diciembre de 2024

La navidad rota ucraniana

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Eso que llamamos "espíritu navideño" nace de la "voluntad", se quiere o no se quiere. Hoy, día de Navidad, se nos habla de los ataques esta misma mañana a las infraestructuras eléctricas ucranias.

El ataque es una forma más de guerra, no un descuido ante el calendario. Atacas donde más daño haces, en lo físico y en lo moral. Pedir "espíritu navideño" a la guerra es "pedirle peras al olmo", según la expresión coloquial española.

Los bombardeos rusos se hacen en el momento que más las interesa. Podían elegir otro, pero eligen ese. No se trata de justificar la guerra, sino por contra definirla como lo contrario a lo que supone ese espíritu navideño que predicamos como "universal", pero que es el resultado del querer específico, una muestra de la "buena voluntad". ¿La tiene Putin, la tiene su Ejército? Evidentemente no.

Los ataques al sector eléctrico tienen varias finalidades. La primera obviamente es el uso del llamado "general invierno", la llegada del frío intenso y que sin electricidad será más difícil de enfrentarse a él. El frío ha salvado tradicionalmente a Rusia de muchos ataques e invasiones, como nos contaría Napoleón y el ejército francés si tuvieran oportunidad. Lo hacen en su lugar los historiadores. La inmensidad de Rusia y el frío han sido parte intensa de su historia bélica. Nos ayuda, en cierto, sentido, la forma en que entienden el espacio —en las guerras se gana o pierde espacio— los rusos y dónde quieren situar los confines de su territorio.

La segunda intención es comerle la moral a los ucranianos, hacerles ver con el frío que no tienen posibilidades, complicarles el día a día. Esta intención está entre lo físico y lo psicológico. La esencia de esta guerra es el territorio, por lo que no moverse es parte esencial. La intención de Putin es obviamente hacerse con el territorio, por lo que cuanto más difícil sea vivir allí antes se irán las familias dejando libre el territorio, listo para ser ocupado.

Cuando tenga suficiente territorio ocupado y un poco en exceso, Putin se sentará a negociar renunciando al que no necesite. Los ucranianos lo saben. Por eso procuran no dejarle espacios que pueda ocupar.

Hay un tercer motivo, el religioso. Ucrania "trasladó" hace un año la Navidad a las fechas europeas, alejándose de las fechas coincidentes con Rusia. La navidad de los ucranianos se celebra hoy, como un signo, como el resto de Europa. Los rusos, por su parte, lo harán en sus fechas tradicionales. De esta forma, "a la rusa" no se está atacando la mañana de Navidad, sino un día como cualquier otro. Sus soldados celebrarán la suya cuando les toque; hoy, en cambio, lo de siempre, bombardeos como en un día cualquiera.

25/12/2023

Este tercer aspecto no debe desdeñarse pues tiene un fuerte componente político y cultural. Rusia ha controlado otros países a través de las autoridades ortodoxas rusas, es decir, controlándoles el clero y el calendario. Hoy parece distante, pero los enfrentamientos entre Ucrania y Rusia en el terreno religioso han sido cuestión esencial, pues la religión determina el "imperio". Se imponen lenguas, alfabetos, ritos y calendarios. Es la forma de crear el imperio, de hacer sentir que tu lugar está junto a los que son como tú. El énfasis en la lengua explica la forma rusa de trabajar. Los "rusófonos", de los que tanto se hablaba en el inicio para justificar las invasiones, no son más que la creación rusa para "normalizar" el territorio. Los rusófonos consideran que pertenecen a la cultura rusa, que donde ellos estén está Rusia. Y Rusia los invoca para invadir.

La ruptura del calendario religioso era una necesidad estratégica para Ucrania. Por el mismo motivo, lo es para Rusia la contestación bombardeando en este día en que los ucranianos se sienten europeos, compartiendo la Navidad.

Es bueno acordarse de ellos en este día de Paz... para algunos. 

sábado, 7 de diciembre de 2024

Ucrania avisa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las perspectivas para el año 2025 no son buenas. Los conflictos llaman a los conflictos en una estrategia de dividir la atención y los recursos. La guerra de Gaza, por ejemplo, "distrae" de la de Ucrania; ahora comienza el conflicto con Siria. Es como si fuera una programación meticulosa, calculada del inicio de los conflictos internacionales, de la misma forma que son programadas huelgas de diversos sectores ante puentes y festivos, en busca de mayor presión y eficacia.

Todo parece fruto del azar, pero casi nada lo es. Sin necesidad de teorías de la conspiración extravagantes, la teoría del incidente programado oportunamente tiene más visos de funcionar. Hay mayor presión y muchas veces, como ocurre en las guerras, hay que dividir recursos de todo tipo. Los recursos son limitados y destinarlos a uno u otro frente es una decisión estratégica que supone dejar de presionar en otro lado.

Este es el temor de Ucrania, el de convertirse en una guerra olvidada, desactualizada por las necesitadas en otros lugares. Los ucranianos temen convertirse en rutina y tratan de alertar de los riesgos que esto tiene para Europa.

En RTVE.es podemos leer cómo los ucranianos tratan de actualizar los avisos de riesgos ante los posibles cambios que se avecinan:

Vitali Portnikov insiste en las comparaciones con los años 30, con la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial: "Comparar hoy Rusia y su capacidad militar con Ucrania es como comparar la Alemania nazi con Eslovaquia o Polonia en 1938. ¿Recordáis que se obligó a Checoslovaquia a entregar territorio -los Sudetes- 'con garantías'? Al año empezó la guerra mundial y la ocupación alemana llegó a Francia, Bélgica, Holanda... El plan de Donald Trump —que volverá a presidir Estados Unidos el 20 de enero— si es lo que se ha publicado la prensa es eso, que Ucrania ceda territorio a Rusia y el resto del país no moleste a Moscú. Es el plan de Putin, sería el fin de Ucrania como país independiente, y el inicio de la Tercera Guerra Mundial".*

El aviso viene rodeado de precedentes, especialmente los que se refieren a la Guerra Civil española y lo que siguió inmediatamente, la Segunda Guerra Mundial. Nuestra actual forma de ver el mundo es bastante más relajada y nos impide ver los árboles del bosque, tentados como estamos permanentemente por el consumo y los intereses de terceros. Pero el citado plan de Trump supondría un serio problema para Europa en su conjunto y, obviamente, para Ucrania.

Pretender que distanciándonos de Ucrania nos vamos a distanciar de Putin es algo más que ceguera, es estupidez. Hoy Putin tiene tentáculos de todo tipo —políticos, económicos, informativos...— por Europa en un claro intento de avance directo e indirecto. Creo que no hemos llegado a entender el término "prorrusos" que sin embargo usamos de forma frecuente.

Los incidentes que afectan a las elecciones generales en cada país de Europa, el fomento del antieuropeísmo haciendo crecer el nacionalismo populista, etc. forman parte de una realidad que busca algo.

Los que solo ven lo que quieren ver porque les beneficia hablarán de "exageración" y se irán volviendo "prorrusos" indirectos: "eso" es cosa de rusos, mejor no nos metamos, dirán algunos. Pero ser europeos ya nos sitúa dentro. El siguiente paso será "¡pues dejemos de ser europeos!", que es precisamente lo que Vladimir Putin quiere.

La estrategia rusa de siglos es tener vecinos débiles y Europa es una posibilidad demasiado fuerte para Rusia, un país visionario en la Historia, mesiánico, que necesita mostrar con hechos sus sueños de grandiosidad. Curiosamente, el MAGA de Trump, el "Hagamos grande América de nuevo" tiene su equivalente ruso, el "Hagamos grande a Rusia de nuevo", el "MARA".

Rusia no quiere una Europa fuerte; los Estados Unidos de Trump tampoco. La quiere lo suficientemente amenazada para ser dependiente, como ya anunció el renovado presidente. Ucrania avisa.

Hay demasiados intereses para volver a la Guerra Fría, con zonas calientes. 

* Anna Bosch "El grito de Ucrania a Europa: "Estamos dejando nuestras vidas por la libertad y no os queréis enterar"" RTVE.es 7/12/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241207/grito-ucrania-europa-guerra-libertad/16361786.shtml.

lunes, 18 de noviembre de 2024

El peligroso adiós de Biden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La guerra de Ucrania es extraña. Creo que no ha habido otra con tantas condiciones y miramientos. Vladimir Putin, Ucrania y Occidente —ahora hay que incluir también a Corea del Norte, por lejos que les pille— ha puesto cada uno sus propias condiciones. Parece que se tratara de un juego negociado, aunque cueste cada día centenares de muertos.

En esta extrañeza de la guerra, donde se nos dan noticias como la recuperación rusa de viejos tanques soviéticos utilizados en los estudios de cine rusos para la realización de películas, hay una extraña advertencia: los ucranianos pueden ser invadidos y bombardeados en cualquier lugar del territorio, pero en cambio Ucrania no puede bombardear el interior de Rusia con los misiles dados por Occidente. Un poco raro, ¿no? Es una guerra en la que se le exige al invadido que no ataque al invasor.

Claro que todo viene de una definición original del problema: es Rusia la que dice sentirse atacada e invadida por los ucranianos. Según la propaganda de Putin, son los rusos los que se defienden de las agresiones imperialistas de su vecino del que reivindican el territorio. Ya saben, el truco está en el secuestro y la repoblación. Rusia se ha llevado a miles de niños ucranianos (en España esto nos suena con los "niños de Rusia, los secuestrados durante la Guerra Civil y mandados a Rusia). Con ellos, en el futuro, se repoblarán zonas que acabarán siendo "pro-rusas" y justificarán las invasiones y anexiones.

Pero los medios de ayer y hoy tenían una noticia sobre el cambio de actitud de Joe Biden a dos meses del recambio:

La administración del presidente Joe Biden ha levantado las restricciones que impedían a Ucrania utilizar armas proporcionadas por Estados Unidos para atacar en territorio ruso, según tres fuentes familiarizadas con el asunto consultadas por Reuters y The Washington Post, en un cambio significativo de la política estadounidense en el conflicto Ucrania-Rusia.

Ucrania planea llevar a cabo sus primeros ataques de largo alcance en los próximos días, han revelado las fuentes, sin revelar detalles debido a preocupaciones de seguridad operativa.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ya advirtió a Occidente de las consecuencias de otorgar este permiso a Kiev, ha dicho la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova. "El presidente ya se ha pronunciado al respecto", ha afirmado al portal RBC, en una aparente referencia a unas declaraciones de Putin del pasado septiembre, cuando dijo que esto cambiaría la "esencia" y la "naturaleza" del conflicto en Ucrania. "Significará que los países de la OTAN, EE.UU. y los estados europeos, están combatiendo con Rusia", dijo Putin entonces.*


Como es claro en una guerra, lo de menos es la verdad o el sentido común. La pretensión de Putin es absurda, lo que no quiere decir que sea improbable y no se haya tenido en cuenta. ¿Tiene interés Rusia en una guerra abierta, en una guerra mundial? Indudablemente, entre sus estrategias está la de evitar que se usen armas en su contra, especialmente en territorio ruso, lo que enfrentaría a los ciudadanos rusos al sufrimiento directo de los efectos bélicos, algo de lo que ahora solo "disfrutan" los ciudadanos ucranianos y los soldados rusos que mueren en el frente. La propaganda oficial tendría problemas al enfrentarse a la realidad de la guerra en primera persona.

Ya hemos tenido precedentes de las manifestaciones de las familias de los soldados al ver que no regresaban y que "oficialmente" no estaban en "guerra", lo que repercutía en pensiones y demás. Si ahora empiezan a llegar misiles a Moscú, pongamos por caso, Putin necesitaría dar explicaciones más allá de la propaganda oficial. Hasta ahora ha podido vender sus mensajes, pero ¿podría seguir haciéndolo si los misiles empiezan a caer en Moscú o en cualquiera de las grandes ciudades?

Pero la decisión de Biden de autorizar el uso de los misiles norteamericanos en el ataque al interior de Rusia hay que verla desde la amenaza de que Donald Trump deje de mandar armas a Ucrania, algo en lo que ha insistido como parte de su campaña- Parte de esta ha consistido en hacer ver que los intereses de Estados Unidos están en los Estados Unidos. La sospechosa alineación con los intereses rusos ha perseguido a Trump desde hace mucho, ¿sería capaz de ignorar la situación con la que Putin amenaza a Occidente, léase directamente a Europa?


La "ley del embudo" practicada por Rusia parte de la amenaza nuclear. Ya no se trata de un problema de "guerra fría" entre superpotencias, sino de una forma de imperialismo colonial practicada por Putin. Rusia siempre ha llevado la estrategia de absorber a sus vecinos para convertirlos en muros frente a lo que considera su territorio. 

De esta forma, colonizando, como anteriormente señalamos, y estableciendo gobiernos títeres en su periferia se asegura relativamente las defensas, al menos en primera instancia. Es lo que hizo al convertir media Europa en su franja de protección. Cada vez que algún país se sublevaba, sus tanques lo invadían. Su función no era otra que servir de amplia frontera protectora. Lo sigue haciendo y la función de los grupos políticos promovidos desde Rusia no es otra que salirse de la estrategia común europea y romper la unidad. Eso es lo que hacen los Víctor Orbán y similares en Europa, conseguir la desunión y fomentar el antieuropeísmo en países que estaban en tiempos bajo el dominio soviético.

Biden se va y deja una situación complicada para Trump. Zelenski tiene dos meses para usar los misiles norteamericanos antes de que Trump tome el control. Son dos meses en los que una situación estancada, que difícilmente Putin puede definir como victoriosa, se produzca.

El resultado de la jugada es imprevisible, puede pasar de todo. En cualquier caso, la amenaza rusa está ahí. El salto de armas convencionales a las nucleares crearía una situación nueva en las puertas de Europa y la frontera con la OTAN.  Será Trump a quien le toque decidir finalmente sobre los resultados. Putin aprovechará las indecisiones del relevo, experto como es en debilidades, en la selección del momento adecuado.

¿Esperará Putin a que llegue Trump a la Casa Blanca, si se produce antes el ataque autorizado por Biden? ¿Qué efectos tendrá en la OTAN? ¿Cuáles sobre Europa? Muchas incógnitas y mucho peligro.

 

* "Biden levanta la prohibición de que Ucrania utilice armas estadounidenses para atacar dentro de Rusia" RTVE.es / Agencias 17/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241117/biden-levanta-prohibicion-ucrania-utilice-armas-estadounidenses-atacar-dentro-rusia/16334680.shtml