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sábado, 10 de enero de 2026

El cántaro y la fuente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé cuándo ni dónde, pero esto tiene que reventar por algún punto. Conforme aumenta la complejidad, aumenta el riego pues es más difícil de controlar. Puede ser en Groenlandia, en Irán, en México... todos frentes abiertos por las amenazas de Trump erigido en dueño de los destinos del mundo sin que nadie se lo haya pedido. Cuanto más se abra el panorama, cuanto mayor sean los frentes, el riesgo es mayor.

La reunión con las petroleras es un acto descarado de su forma de tratar los temas: las empresas y él. No hay más interlocutores. No se debe tratar con una inexistente Venezuela, sino con él directamente, el dueño del país y de todo lo que contiene. No son los Estados Unidos; es él quien decide. No hay más.

Lo de Delcy Rodríguez se confirma. La asesoró bien la CIA cuando le dijo que es mejor un gobierno corrupto que uno presidido por gente que cree que tiene derecho a dirigir Venezuela. Delcy Rodríguez y los suyos han corrido a restablecer relaciones diplomáticas con el país que les ataca y secuestra a su jefe bolivariano, que se pudrirá en la cárcel y al que magnánimamente se liberará dentro de unos años, cuando no pueda ser peligroso.

La estrategia parece clara: lanzar amenazas contra aquellos países que protesten demasiado. Cuando protestas contra el acto imperialista contra Venezuela, te lanza la amenaza contra Groenlandia, seguida por la amenaza contra México. Los atacados lanza inmediatamente argumentos complacientes tratado de calmar al lobo estadounidense que va, soplando y soplando, derribando las pobres casitas mundiales.

Ya tenemos abierto, con más de cuarenta muertos, el conflicto en Irán. Los ayatolas apuntan directamente a Trump y a los Estados Unidos. Dentro de poco, Trump tendrá la ocasión de "salvar" otro pueblo de los malos gobiernos que les rigen.

Ahora apunta a un lugar más cercano, México, que ha sido crítico con sus acciones: 

El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha asegurado este jueves que su país está por iniciar ataques "en tierra" contra los carteles del narcotráfico, que según afirmó "están dirigiendo México".

"Vamos a empezar a atacar en tierra en lo que se refiere a los carteles", aseguró Trump en una entrevista con la cadena Fox News. El pasado mes de noviembre, el inquilino de la Casa Blanca ya apuntó que "no estaba contento con México" y no descartaba un ataque contra los carteles.

[...] "Los carteles están dirigiendo México. Es muy muy triste de ver y darse cuenta de lo que ha pasado en ese país. Pero los carteles lo están dirigiendo y están matando a 250.000 ó 300.000 personas en nuestro país cada año", añadió el republicano en la entrevista televisiva.

Desde el inicio de su segundo mandato, Trump ha dicho que combatirá con mano dura el tráfico de estupefacientes, especialmente el de fentanilo procedente de México y se ha ofrecido a enviar al ejército estadounidense para atacar al narcotráfico.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha declinado estas propuestas argumentando que México es un país soberano y que su Ejecutivo apuesta por una solución pacífica.*


Los argumentos contra Venezuela, ser un "narco estado", se aplican ahora en México, al que trata de hacer otro "favor". Es una pena que Trump no haya empezado por desmontar su propio "narco estado" ignorando la estructura criminal que lo reparte en los Estados Unidos. Según la teoría trumpista, los Estados Unidos son un pueblo inocente, bien intencionado, pacífico, etc. que se deja manejar desde el exterior por esas poderosas fuerzas que vienen desde "países de mierda" para corromperlos.

Primero fue la "ley seca" con el problema del alcohol, ahora son las drogas, dos problemas que necesitan de un mercado interior que fomenta el exterior. Si en Estados Unidos no hubiera demanda, la oferta se habría reducido. En Estados Unidos también las drogas son un negocio; es donde se encuentra el gran paquete de consumidores... y el mercado es el mercado. Pero Trump prefiere vender el relato del pueblo inocente atacado desde fuera porque le viene bien para sus fines.

La cuestión ahora, una vez pasada la sorpresa, es si los países amenazados —incluida la Unión Europea con Groenlandia— van a responder de alguna forma. En Venezuela lo que ha hecho es descabezar al régimen y que le den las gracias por no haber hecho más. El caso mejicano es muy distinto. Una guerra abierta en las calles con los narcotraficantes tiene un coste muy distinto y seguro que le gusta menos a nuestro almirante retirado.

Un ataque de este tenor necesita el beneplácito del gobierno mejicano para reducir lo que puede ser una carnicería. En México no van a tener a una generosa Delcy Rodríguez, ni a una población dividida a favor o en contra del gobierno. La presidenta mejicana ya ha dicho que es una cuestión interna y que no admitirá entradas no deseadas. ¿Hará caso Trump?

En el caso de Groenlandia, Trump ya ha dado otro titular: si le dan a elegir entre Groenlandia y la OTAN, puede que prefiera la primera. Esto se veía venir y de nuevo la Unión Europea juega tarde. No era Trump quien nos debía dar la opción, sino nosotros a él: si atacas Groenlandia, despídete de la OTAN. Eso sería un mensaje claro, pero con el problema de que es el que desea Vladimir Putin para seguir comiéndose el continente. Antes de que Trump se inventara el destino, ya existía la idea de la "Santa Rusia" que les ha servido, como devotos ortodoxos o como devotos comunistas, para expandirse sin límites. Los Estados Unidos ya le compraron Alaska a Rusia en su momento.

Si volvemos a la idea inicial, con cada paso que Trump da se multiplica la posibilidad de que esto se nos vaya de las manos, que estalle un conflicto armado que comprometa el poder de Trump y se convierta en una carnicería. La osadía de Trump parece no tener fin y su baza más fuerte hasta el momento es amenazar con las armas. Puede que se vea envuelto en una guerra no deseada o, incluso, varios focos simultáneos. Cuando se abre una guerra, los enemigos pueden aprovechar para atacar por otros flancos.

¿Están los Estados Unidos —en sus dos  niveles, el trumpista en el gobierno y el pueblo— dispuestos a meterse en uno o varios conflictos abiertos? ¿Un nuevo Vietnam? Ya saben lo que dice el refranero del cántaro que va demasiado a la fuente. 

* "Trump dice que iniciará ataques terrestres contra carteles que están "dirigiendo" México" RTVE.es/Agencias 09/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260109/trump-dice-iniciara-ataques-terrestres-contra-carteles-estan-dirigiendo-mexico/16887530.shtml

sábado, 23 de diciembre de 2023

De Madrid... a la bronca política

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Algo pasa en Madrid. Ya es el segundo incidente en el que se sobrepasa la agresión verbal, que es un hecho "normalizado" ya en todos los lugares en los que se discute de política. Esto es ir por segunda vez "más allá".

No sé si sus señorías de todos los niveles son conscientes de lo que muestran y alientan. ¿Son conscientes de que contagian y se contagian de la violencia? ¿Son conscientes que lo que es una "palmadita" en un ayuntamiento puede suponer golpes en la calle? ¿Son conscientes de que golpear con unos papeles y hacer caer en la mesa una botella de agua vacía pueden ser pedradas en las calles?

La conexión entre lo que los políticos hacen en los foros públicos y lo que ocurre en las calles, esta interacción, una doble vía, es influyente, tiene trascendencia. ¿Pierden los nervios o son estrategias de provocación para convertirse en "héroes" de sus adeptos?

El "calentamiento político" es un hecho. No hay dudas de que sube la temperatura política y que los que han sido elegidos para resolver situaciones dejan en muy mal lugar todo el sistema cuando este se demuestra inútil para lo que es su función principal: evitar la violencia. La política no es la forma de encontrar a tu enemigo, sino la de buscar la mejor comprensión posible entre todos. Si las sesiones de un ayuntamiento, de un parlamento, llegan a las manos, por suave que sea el encontronazo, el sistema fracasa en su conjunto.

Es importante incidir en esto del "conjunto" porque esto no es cosa de dos, sino que afecta a la totalidad del sistema político, incapaz de ajustarse a las normas de convivencia de las que se debe dar ejemplo. Olvidamos o no queremos reconocer el carácter ejemplar de la política. Incidimos, en cambio, en su carácter de espectáculo, en su forma de promoción.

En muchos de los titulares se habla de "tirar la botella", "lanzar una botella", incluso "una lata". He repasado las imágenes y lo que veo es que Ortega hace caer una botella que estaba sobre la mesa al agitar los papeles ante las narices del que estaba en el escaño. Tal como ha sido descrita por algunos "tirar la botella" es equivalente a "lanzar una botella", algo que no veo por ningún lado.  Puede apreciarlo en la foto que sirve de entrada a este texto: la botella caída sobre la mesa.

No sirva esto como disculpa hacia Ortega Smith, sino una crítica a los medios que juegan con "botellas lanzadas" o "latas lanzadas" aumentando el acto de la agresión. El hecho es grave en sí mismo como para acompañarlo de estas "morcillas" de los medios. Si lo hecho por Ortega es malo, se puede contar también de formas perversas envenenando los mensajes. Entre la información y la manipulación puede haber distancias cortas. Las imágenes son claras; las palabras no tanto, en este caso. Que no se contagien los medios de esta lucha en la que vale todo.

Tanto el vídeo como la fotografía desde otros ángulos muestran lo mismo: Ortega Smith agita los papeles y hace caer la botella de agua que el concejal tiene sobre la mesa. No ha "lanzamiento" alguno, ni de botella ni mucho menos de la "lata"; solo el "derribo" de la botella sobre la mesa. Querer convertir esto en algo que no vemos es malo para la credibilidad de los políticos y de los medios. Pero muchos se quedarán en titulares.

Condena absoluta de lo hecho por Ortega Smith; condena absoluta de la manipulación informativa y política. Ya recogen los titulares los ataques a Núñez Feijoo por lo ocurrido con Ortega Smith. Los hechos se reciclan.

En España se veían estas cosas en imágenes de parlamento de otros países, en los que no había asentada una verdadera democracia. Los telediarios reproducían las imágenes de peleas y tumultos en el extranjero. Aquí esto no pasaba, pensábamos. Ahora pasa y el espectáculo bochornoso por el mundo somos nosotros.

Dar el espectáculo fuera es malo, pero es peor su influencia entre nosotros. Habrá quien se sienta abochornado, pero habrá otros muchos que alienten este tipo de comportamientos e incluso les parezca poco.

Los populistas oficiales y los que van por libre gustan de esta forma de violencia que es gesto de desprecio, de mostrar lo poco que nos importa el otro, el que piensa distinto. Discute las ideas, pero respeta al menos el espacio en el que te encuentras, el de la práctica democrática, que está reñida con esta violencia.


Lo que ha hecho Ortega Smith está mal, se lo haya hecho a quien se lo haya hecho. Es él mismo el que se denigra y se pone en evidencia. Que sus oponentes le saquen provecho es algo cada vez más normal. Hace poco tiempo ocurrió el caso de los "cachetitos" al alcalde Almeida. Demasiados casos de mala educación, primero, de violencia después. Las provocaciones, los gestos insultantes, "la fruta" y demás nos van rodeando y forman ya parte del circo político. Algunos ya piensan la próxima.

Habrá que plantearse por qué están ocurriendo estas cosas en Madrid, por qué tenemos que llegar a la manos en la capital. En Madrid se juega fuerte y los excesos están al día. Las consecuencias son este mal ambiente del que disfrutamos. Los medios se fijan en los desplantes más que en las propuestas. Una grosería, dada o recibida, garantiza la atención mediática y esta es la antesala de los votos. Los propios partidos premian estas formas de popularidad dando cancha a los agresivos más vistosos. Seguro que Ortega Smith ha subido enteros entre sus seguidores que se habrán preguntado por qué la botella no estaba llena o no usó algo más contundente que unos papeles. Y es de esto en contra de lo que hay que ir.

El siguiente paso en esta escalada violenta será la agresión real, el golpe contundente. Las palmaditas nos sabrán a poco y dejarán paso a hechos más graves.

Hace unos años, en estas fechas se nos daba cuenta de los partidos de fútbol entre rivales en el congreso, entre fuerzas de seguridad y diputados, etc. Eran formas de escenificar la normalidad de las relaciones, que tras las discusiones parlamentarias había un "fair play". Recuerdo estos momentos en los que se trataba de dar buen ejemplo y ofrecer a los españoles una señal de confianza en las instituciones. No es lo que veo ahora.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Tres cachetes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ser o no ser en un mundo de pantalla, los quince minutos de gloria... ese detalle que hace que se fijen en ti en un instante que pases a ser en la historia "el del pico" o cualquier otro elemento que dura apenas unos segundos y que se convierte en un pasaporte a la fama, un vuelo sin retorno a la gloria, aunque pierdas por el camino la identidad, aunque te dejes el pasado encima del piano.

En estos actos no eres ; te transformas en esa acción viral, serás recordado por ella. Pronto se olvidarán del nombre Rubiales y solo será "el del pico". De la misma forma, la prensa nos habla hoy de de las tortitas en la cara de Almeida. Lo primero que se pierde es la identidad: " "Un concejal del PSOE expulsado del Pleno por tocarle tres veces la cara a Almeida: "Es usted un violento y no se lo voy a permitir"", nos dicen en El Mundo. Solo más adelante se nos dice que se llama "Daniel Viondi", algo que olvidaremos aunque nos muestren el vídeo una y otra vez. En RTVE.es se insiste en el mismo modelo, la acción sustituye al agente: "Expulsado del pleno un concejal del PSOE de Madrid después de que Almeida le acusara de "tocarle la cara tres veces"".

La expresión "tocarle la cara tres veces" es interesante porque, a primera vista, podrían entenderse como una especie de acto ritual con algún significado que se nos oculta. Sin embargo, el hecho y su sentido está claro: son tres tortitas, un gesto chulesco tradicional de superioridad y ninguneo, un "aquí están estos tres cachetes" desafiante y "tienes más cara que..." (a elegir).

Si hubiera ocurrido en un campo de fútbol, Almeida se hubiera tirado al suelo y se habría llevado las manos a la cara con gritos y expresiones de dolor hasta que el árbitro le hubiera sacado la tarjeta roja mandándolo hasta el vestuario. Pero a Almeida, cuya relación con el fútbol es escasa, como prueban esos enormes patadones que hacen jugarse la vida a los asistentes cada vez que le invitan a hacer algún saque de honor en algún acto deportivo, le pilló por sorpresa la entrada del concejal socialista en el pleno y apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Eso de ir a dar palmaditas en la cara a los alcaldes en los plenos sienta un mal precedente. No solo es grosero y zafio, sino que apenas ayuda a relajar esta crispada política española, cada vez más bronca y barriobajera.

Haría bien el PSOE en tomar alguna medida que mostrara que está mal lo de los cachetitos, que no es el camino para la política española o que no debería ser. Hago la matización porque algunos pueden pensar que eso de hacer discursos es aburrido y que es más mediático hacer estas cosas.

Si los políticos se contentan con llamar la atención en vez mostrar los beneficios del diálogo, estamos abocados a un destino incierto. Ser empieza con los cachetes y se sigue por las collejas. El siguiente salto es imprevisible y peligroso, algo de temer. Ya no vales los gestos airados desde los escaños y tribunas, los cartelitos sacados en la tribuna. Llegar al contacto físico es dar un salto cualitativo con final imprevisible.

Si el de las tortitas buscaba promocionarse con ese "acto valiente" y "desvergonzado", captado por las cámaras de todo el universo habitado, buscaba promocionarse, se ha equivocado de medio a medio. Queda como un grosero, un maleducado y uno que de "sobrado" por la vida. Los que se lo consientan quedarán en el mismo grupo de maleducados. Hay cosas que no se pueden dejar. Se empieza con un cachete de nada y se termina con la guerra de las galaxias. Eso de tocar la cara tres veces no tiene ni mística ni educación; es simple grosería. 

Por más que lo tratemos con cierta ironía, el acto es vergonzoso en un ayuntamiento de un sistema democrático y nos confirma que en política hay que saber estar, saber comportarse, que no todos los que están deben estar ahí. 

De las noticias vistas sobre el incidente, la más clara es la de 20 minutos, que llama a las cosas por su nombre, "cachetear", y al agresor por el suyo. ¿Por qué andarse con eufemismos y cursilerías? Ahora falta ver cómo las califica el "equipo" del susodicho.