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miércoles, 18 de diciembre de 2024

El tiroteo (y postdata)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

[ver postdata final]

Hay algo. No sé qué es, pero hay algo raro que hace que la gente piense y actúe de forma cada vez más extraña. Lo vemos en las noticias que nos llegan cada día con gente rara, rara.

La chica nos mira desde la foto que se nos muestra en pantalla. Parece muy normal, pero vemos que a su derecha hay un rifle automático. Nos fijamos en su vestimenta y vemos que luce una camiseta con el rostro del Joker, un personaje también raro en un universo también raro. La imagen del Joker es además la del actor australiano que se suicidó a los 28 años con un Oscar y un Globo de Oro a sus espaldas el año que interpretó el papel en el filme El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan 2009). Todo un poco raro y sirvió para construir la leyenda negra del filme y del actor, que quedó unido a la considerara por la crítica como mejor película de superhéroes. Eso representa la foto de la camiseta de la chica. Todo muy raro: un personaje que representa una variante enloquecida del mal acaba en la camiseta de la chica del rifle automático.

Todo encuentra su explicación (¿?) en el titular que nos cuenta porqué está la foto allí: " Una estudiante de 15 años que promovía el odio a los hombres fue la perpetradora del tiroteo en el colegio de Wisconsin":

Las autoridades han identificado a la estudiante Natalie Rupnow, de 15 años, como la perpetradora del tiroteo en una escuela cristiana en Madison (Wisconsin, EE.UU.) en el que murieron tres personas, incluida la agresora, informó este lunes la policía.

La sospechosa se disparó a sí misma y fue declarada muerta de camino al hospital, detalló en rueda de prensa el jefe de policía Shon Barnes, quien había informado más temprano que, al llegar a la escuela Abundant Life, poco antes de las 11:00 am hora local (17:00 GMT), hallaron a "múltiples víctimas heridas por arma de fuego".

Las primeras informaciones señalan que la adolescente usaba el nombre en línea 'Sam' o 'Samantha' y ha abogado por el exterminio de todos los hombres, desde los bebés hasta los ancianos.*


 

Los acontecimientos son raros, pero hay que reconocerle cierta coherencia contextual, es decir, toda la rareza va en el mismo sentido, todo pasa a ser irracionalmente coherente. La chica odia a los hombres y aboga por su extinción, para lo que se pone una camiseta del Joker, coge un rifle automático, mata y se suicida.

Hay una normalidad extraña como la que la foto misma transmite. Natalie o Sam o Samantha luce normal, nos mira normal y nos da a entender que el exterminio masculino empieza hoy en un colegio cristiano. Todo normal.

No sabemos qué tipo de experiencias han llevado a la joven a tomar esa determinación, pero eso ¿dónde nos lleva? ¡Vaya usted a saber! Cuando se alcanzan estos niveles de normalización de violencia que se resuelve en un simple ejercicio contable de matar al máximo posible tirando de gatillo, ¿qué sentido tiene preguntarse por la "nueva normalidad"?

Los medios nos dan simplemente la cifra del número de tiroteos en escuelas e institutos de los Estados Unidos, el número de muertos que han causado y recuperan los datos de los más numerosos para que sepamos cómo ha sido el nuevo tiroteo. En las escuelas norteamericanas, nos vienen a decir, se estudia, se mata y se muere. ¡Ah! y se hace deporte.

También se debate sobre el porcentaje del profesorado que no quiere lleva armas. Un titular de BBC Mundo tras una matanza escolar de 19 alumnos y dos maestras, producida en mayo de 2022, da voz a una superviviente: "Si me hubieran dicho que para ser maestra en EE.UU. se requiere estar armada, no me habría convertido en maestra"** Diríamos que su sentido de la "normalidad" ha cambiado. Ha salido viva de esa "experiencia docente", ha sobrevivido para contarlo y poder decidir si llevará armas o no en la escuela, una extraña decisión que ella nunca se imaginó que tendría que tomar para sobrevivir en un entorno educativo.

BBC Mundo

La nueva normalidad se basa en este tipo de situaciones en las que se le pide a uno que tome decisiones que uno nunca pensó que tendría que tomar.

Vi hace un par de día la película butanesa "El monje y el rifle" (Pawo Choyning Dorji 2023) que recomiendo y donde quizá la apreciación de otra normalidad dé alguna respuesta, aunque abierta. Ya saben, Bután es el único país que tiene un ministerio para la Felicidad, cuyo índice es medido cada año.

Quizá vamos por el camino equivocado; quizás los raros somos nosotros. Quizá estamos ya convencidos de que la felicidad no existe que no nos molestamos en buscarla.

 

* "Una estudiante de 15 años que promovía el odio a los hombres fue la perpetradora del tiroteo en el colegio de Wisconsin" 20minutos 17/12/2022 https://www.20minutos.es/noticia/5664645/0/eeuu-tiroteo-una-estudiante-15-anos-fue-perpetradora-tiroteo-colegio-wisconsin-ee-uu/

** "Si me hubieran dicho que para ser maestra en EE.UU. se requiere estar armada, no me habría convertido en maestra" BBC Mundo 14/06/2022 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61727580

Postdata con nocturnidad (20:34):

Más raro todavía. La foto que se nos mostraba en las informaciones citadas resulta ser falsa, lo que convierte en texto anterior en deliciosamente inexacto. Los datos son ciertos, la reflexión no deja de ser reflexión, pero la imagen publicada no es de la persona señalada, lo que le da un tono distinto, pero no menos ejemplar. No deja de ser una paradoja que, con tan poca fiabilidad, los medios deberían poner en su primera página aquello de "inspirado en hechos reales", que es a lo que nos vamos acercando.



En RTVE.es se nos desvela que ella es otra ella, que no sabemos cómo es, que la foto que se etiquetaba como procedente de redes sociales es de una persona distinta, que no ha matado a nadie, que sepamos. No se nos dice que sea "falso", solo "engañoso" que es una categoría que hará la delicia de los epistemólogos.

Nos dicen en VerificaRTVE:

Esta fotografía no muestra a la presunta autora del tiroteo en una escuela de Wisconsin. La persona que aparece en la imagen es una actriz estadounidense sin relación con este ataque. En VerificaRTVE hemos realizado una búsqueda inversa y constatamos que la fotografía original se publicó en el perfil de Instagram y de X de una actriz estadounidense el 5 de julio. La propietaria de estas cuentas y que aparece en la fotografía es Dasha Nekrasova, conocida por su actuación en series de televisión como Succession o la película The Scary of Sixty-First. Además, Nekrasova mostró actividad en su perfil de X en las horas posteriores al tiroteo. ***

Y también se señala como cierre:

Este tiroteo ha sido objeto de otros contenidos desinformativos. El verificador estadounidense Politifact ha desmentido publicaciones que afirman que Natalie Rupnow era una mujer trans. En VerificaRTVE ya te explicamos que en redes sociales tratan de desacreditar a la comunidad LGTBI a través de publicaciones que atribuyen la autoría de tiroteos a personas trans. ***


Sí, volvemos a la "rareza", que es de lo que se trataba. Parece que es ya no es suficiente fiarse de los medios fiables. Esto supone que deben dedicar tiempo y esfuerzo a saber si lo que creen que es cierto es cierto, lo que puede generar todo un sistema que colapse.  La sociedad de la información es un espacio donde la verdad, siempre apreciada, se esta convirtiendo en algo cada vez más difícil de establecer. Los que salen beneficiados son los escépticos, claro, y todos aquellos interesados en colarnos cosas, como se nos dice al final del texto.

*** Sara Marco / Javier Menasalvas "Esta fotografía no muestra a la presunta autora del tiroteo en una escuela de Wisconsin" Verifica RETVE  18/12/2024 | 17:14 horas https://www.rtve.es/noticias/20241218/fotografia-no-muestra-a-presunta-autora-tiroteo-escuela-wisconsin/16378062.shtml

domingo, 13 de octubre de 2019

Máscaras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Debo confesar que me ha perturbado la imagen que aparece en Ahram Online. No es por su crudeza, sino más bien por su irrealidad. La fotografía está tomada de una de las múltiples batallas callejeras que se están desarrollando en alguna parte del mundo. Esa parte es Ecuador, pero podría estar tomada en casi cualquier, allí donde haya protestas. Es más fácil encontrar un lugar donde no las haya.
La imagen nos muestra un primer plano de la máscara de Pennywise, el payaso diabólico salido de la mente de Stephen King en su obra "It", recuperada desde los 70 en dos partes, recientemente estrenada la segunda parte como "It Chapter 2".
No es la primera vez que saltan las máscaras de la ficción a las manifestaciones reales. La más conocida es la que se extendió desde los ochenta, la máscara de Guy Fawkes, quien intentó dinamitar el parlamento británico y a la que se dio forma fijándola por parte de la novela gráfica y posteriormente la película V de Vendetta. Con ella, la rebelión pasaba a tener "cara" más allá del grupo de haktivistas Anonymus. La ficción contribuyó a dar forma a la realidad exterior.


La aparición de Pennywise entre las figuras de una manifestación supone un paso más en esta interacción política entre la realidad y ficción. La máscara ha tenido una doble función: ocultar y mostrar. Hace desaparecer la individualidad y hace nacer una personalidad colectiva, la de aquellos que eligen un rostro, el de Pennywise, en este caso.
Han coincidido "casualmente" dos películas con la máscara deformada del payaso en estos meses, la del Joker y la de payaso alienígena Pennywise. Los dos son deformaciones grotescas de un circo que ya ha desaparecido en todo el mundo, sustituido, precisamente por los personajes de la ficción. 
Aquellos rostros antiguos, aquellas más caras del "augusto", del "clown", ya no tienen sentido en un mundo en el que los trapecistas se tenían que disfrazar de Spiderman para que los niños los admiraran. Eso ya ocurrió hace muchos años y hoy los niños interpretan las máscaras de los payasos como de grupos de atracadores, como ocurría en El Caballero oscuro. La máscara es otra y otro su sentido.
Los 70 y 80 fueron pródigos en máscaras de villanos, de Scream a Jason, pero no creo que llegaran al nivel profundo que estas de payaso llegado. Al final no había que crear nuevas, sino llenar de dolor, de resentimiento, de ira las viejas.


Ha muerto su comicidad. Son ahora un elemento intimidador en la realidad de las calles en las que se ponen al frente del caos. Parece que han saltado desde la pantalla.

Han triunfado las máscaras del mal, las de Joker y Pennywise, frente a su tradición cómica.  Esto se llegó a escenificar en un cortometraje presentado en el programa de James Corden donde se representaba el encuentro de ambos villanos con unos apesadumbrados clowns tradicionales porque dejaban de tener atractivo para los niños en sus fiestas. 
Ahora, un par de años después, un Pennywise corona el vaso del menú infantil en las salas de cine. Los niños lo quieren. Se olvidan de Georgie.
Hemos escuchado y visto en decenas de películas ese miedo de los niños a los payasos, algo sorprendente si tenemos en cuenta el muestrario de horrores al que son sometidos los niños actualmente dentro de una estética feísta que constituye nuestro entorno. 
El rostro del payaso tiene un atractivo profundo cuyo sentido es necesario explorar por nuestra salud mental. Es peligroso hacer de estos enloquecidos personajes el centro de nada. Pero nos enganchan y actúan como mediadores entre la furia interior y la violencia exterior, a la que se suman.


Cada época es distinta. La nuestra no solo es distinta, sino que es cambiante a enorme velocidad, por lo que los elementos que quedan permanentes en el cambio son de interés. Dicen mucho de nosotros cuando sobreviven a la moda.
Estamos empezando a vivir en un mundo en el que algunos ya no saben distinguir lo real de lo ficticio. Las propias imágenes se vuelven equívocas, como las fakes news que nos marcan un presente irreal. La violencia que habita en nosotros busca excusas y máscaras para salir.
Vista así, como parte de una manifestación en Ecuador, se me ha hecho presente como una imagen a la vez real e irreal. Es la presentación del estado intermedio en que vivimos. 
He intentado ponerme en la mente de quien la eligió para lanzarse a la calle intentado encontrar sus motivos más allá del anonimato. No lo he conseguido.



viernes, 27 de julio de 2012

Asesinatos en escena (o Shakespeare no mató a César ni a Lincoln)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En un desafortunado —a mí juicio— artículo de opinión en The New York Times, titulado "Don’t Blame the Movie, but Don’t Ignore It Either", el crítico Stephen Marche, liberando de responsabilidades a Christopher Nolan (¡faltaría más!), establece una serie de confusas comparaciones en las que parte de una bonita frase: "The theater, the place where we are supposed to purge our pity and horror, has been converted into a wellspring of horror itself."* Realiza una inversión de la función de la purga, en donde la gente ya no se libera en el teatro (o cualquier forma escénica, como el cine), sino que, por el contrario, se carga de violencia. El debate es viejo pero, por lo visto, no está superado.
No es lo mismo hablar del arte violento que de la violencia del arte. El arte es "violento" doblemente: en el sentido de que rompe con la tradición buscando nuevas formas y en el de buscar romper nuestra percepción del mundo. Eso ocurre, al menos, en el arte moderno, desde el siglo XVIII, en el que el modelo neoclásico de la "bella naturaleza" pretendió un arte que no molestara a nadie, que transcurriera como "un riachuelo en un prado". Una parte del arte dejó de querer entretener y se dedicó a ahondar en la naturaleza humana dando forma a sus demonios. Se convirtió en una forma de indagación en nosotros mismos, en lo bueno y en lo malo. La aspiración a estar en paz con los dioses deja paso a la revelación moderna de lo humano, demasiado humano.
The Joker no es un modelo de actuación; es la destilación estética de un mal vivo, que existe repartido por el mundo, y que el artista que le dio forma consiguió sintetizar. A las personas normales les resulta repulsivo y desasosegante; que exista gente que se pueda identificar con él, solo significa que partía de una verdad viva. El arte siempre imita a la vida. Y cuando la vida imita al arte, es porque el arte acertó previamente.


Se abren tres frentes en los que cada uno, según sus preferencias, puede descargar (purgarse, ya que estamos) su análisis: el de la crítica al arte violento; el de la crítica a las armas y a la violencia social que implica; y el de la psiquiatría, que se centraría en el asesino como conjunto de motivos e intenciones.

Vayamos primero el segundo punto —el de las armas—, que fue el primero que se planteó como petición a los candidatos a la presidencia, la reacción social ha sido el aumento espectacular de la venta de armas. Ya sea porque unos se sientan con miedo o porque otros teman el recrudecimiento de las condiciones de compra, lo cierto es que la sociedad norteamericana se ha rearmado tras el incidente de Aurora. No sé quiénes han sido, si eran personas dudosas sobre la posesión de armas y que se han decidido por miedo, o personas que han aprovechado para renovar su armario con armamento a la última moda. Las cifras son las cifras y no entran en la mente de la gente.
En el tercer punto, sí se trata de entrar en la mente de James Holmes. Las informaciones que han salido a la luz son confusas, pero parece que algunos psicólogos albergan ciertas dudas sobre su "locura" y creen que puede estar fingiendo. Es pronto para decidirlo, aunque llama la atención que alguien que comete una matanza de este tipo acumule tantos detalles para manifestar su locura. Contrasta en esto con el asesino Breivik, el criminal de Utoya y Oslo, cuya obsesión es que su causa política y racista no sea contaminada con la locura. Allí donde Anders Breivik desea ser considerado cuerdo, parece que James Holmes quisiera ser evaluado como loco. La sonrisa firme y desafiante de Breivik contrasta con la mirada perdida de Holmes; la pulcritud del primero, con el desaliño y descuido personal del segundo. También hay un importante contraste entre la locuacidad del noruego y el silencio verbal —no corporal— del criminal de Aurora. Ambos son asesinos, sin duda; está por ver si ambos están locos, de qué tipo y en qué grado.


El debate sobre la locura tiene también su camino sobre la prevención o detección de los casos. La sociedad pregunta a familia y vecinos sobre si no notaron nada extraño y la respuesta suele ser la misma: personas normales, atentas, cuidadosas, etc. En el caso de Holmes, ya se nos ha mostrado un vídeo de hace tres años en el que se ve a un joven estudiante presentando ante la clase unas dispositivas, exponiendo un trabajo. Todo normal. El envío a un profesor de su universidad, un psiquiatra, de un cuaderno con anotaciones y descripción del crimen que pensaba cometer —tal como ha informado toda la prensa—, es otro dato más que hay que tener en cuenta. Sin embargo, el sobre con el cuaderno no fue entregado durante una semana al profesor y, solo después de la matanza, la Universidad llamó al FBI al ver el nombre del remitente. Parece que Holmes tenía mucho interés en que su domicilio saltara por los aires con las bombas incendiarias, pero que tenía un interés especial en que ese cuaderno estuviera a buen recaudo.

Vayamos ahora con el primer punto. Decíamos que el artículo de Stephen Marche en The New York Times nos parecía desafortunado por dos aspectos. El primero de ellos es la comparación del caso de Aurora con el asesinato de Abraham Lincoln, el 14 de abril de 1865, cometido en un teatro. 
Durante la representación de la comedia Our American Cousin, aprovechando unas frases especialmente divertidas en las que el público, que conocía bien la obra, soltaba grandes carcajadas ("Don't know the manners of good society, eh? Well, I guess I know enough to turn you inside out, old gal — you sockdologizing old man-trap."), el actor John Wilkes Booth aprovechando el ruido, disparó al presidente Lincoln en la cabeza. Lo hizo al grito de "Sic semper tyrannis!", frase atribuida a Bruto durante el asesinato de Julio César. La frase está incluida desde 1776 en el escudo del estado de Virginia y se consideraba una advertencia a los tiranos.
Establecer la conexión entre el asesinato de Lincoln porque se produce en un teatro, con los asesinatos de Aurora, porque se producen en un cine, no aclara nada y sí trae más confusión, demasiada. 
El asesinato de Lincoln es un crimen político, parte de una conspiración de la que John Wilkes Booth fue el brazo ejecutor. Booth no era un loco y, por supuesto, el momento y lugar no tenían ninguna influencia sobre él, sino que fue el momento en que al asesino le vino mejor y en un espacio que como actor conocía bien. Booth no entró en la sala a matar a cualquiera, sino a su odiado presidente, a un tirano. Por eso la conexión es oscurecedora.
Señala en su artículo Stephen Marche:

Christopher Nolan — the director of the Batman trilogy — is no more to blame for the Aurora rampage than Shakespeare was to blame for the assassination of Lincoln. But just because there’s no responsibility doesn’t mean there’s no connection. The drama was both at the forefront of Booth’s crime and deeply in the background. He chose the location to give his violence a spectacular quality and he was motivated, at least in part, by its power. James E. Holmes’s madness, or whatever name we eventually come up with for what motivated him to kill 12 people and wound dozens more, also ran on the power of drama. He allegedly said “I am the Joker” before opening fire, and an employee at the jail where he was arraigned told a reporter, “He thinks he’s acting in a movie.” Real life had become drama. His rampage was theatrical in every sense.*

El meter a Shakespeare por medio es para establecer la asociación con la obra Julio César y por entender el crítico que Booth estaba representando fuera de la escena el papel de Bruto. Al no resultar rentable establecer conexiones con la farsa que se representaba en el escenario, Marche tiene que recurrir a una supuesta obra mental en la que Booth se vería como Bruto y Lincoln sería forzado a representar el papel de César. Muy interesante, pero ¿qué tiene esto que ver con el crimen de Aurora? Además, Bruto y César —se olvida de ello Marche— eran personas reales como lo fue su asesinato. Shakespeare no mató a César, no fue fruto de su imaginación.


Si es cierto que James Holmes gritó "I am the Joker" su elección fue una forma más de aterrorizar a sus víctimas en plena sesión de la película de Batman, en la que el recuerdo de The Joker estaría obviamente presente en los asistentes. No forma parte de su locura sino de su plan de acción en un entorno específico. Una inteligente y medida forma de paralizar a sus presas. Holmes iba disfrazado; Booth, no.
Lo peligroso de los razonamientos de Stephen Marche es que, por eliminación, lo único que queda coherente es la elección del espacio simbólico, el teatro mismo, el espacio de la representación: "just because there’s no responsibility doesn’t mean there’s no connection". Aristóteles indagó, además de en la idea de purga, también en el silogismo y la causalidad. "Conexión" es demasiado confuso. 
Pero Marche va más allá:

A new cliché has taken hold, though, one that insists on an absolute separation between violent art and real violence. Only a few hours after the shooting, Indiewire proclaimed: “Don’t blame the movie.” As if an army of cultural warriors was poised over the hill, ready to charge Warner Brothers.
The truth is that real violence and violent art have always been connected.*


La teoría de Marche se cierra con esa afirmación sostenida en un equívoco importante, como hemos visto. La violencia del arte y la violencia de la vida están conectados no por las causas que señala Marche, sino porque ambas forman parte de la experiencia humana. Es de una gran hipocresía pensar que en una sociedad rodeada de violencia, que hace de ella un gran negocio y una fuente de poder, la gente carga sus pilas en el arte. Pero lo más visible —el arte— siempre es mejor candidato que lo semienterrado —la violencia social—. No tenemos explicación para cuando el arte representa lo violento; sí tenemos, en cambio, toda clase de excusas para la violencia real —económica, religiosa, bélica, familiar...—.

Marche soslaya que John Wilkes Booth asesinara a Lincoln durante una comedia y en mitad de un chiste. Su crimen no tuvo nada que ver con el arte, ni con Shakespeare, ni con César. O tuvo que ver en la misma medida en que todo lo que experimentamos o conocemos nos moldea de mayor o menor forma. Pero no todo el mundo reacciona de la misma manera a los mismos estímulos.
Todas las personas que fueron a ver la película lo hicieron para divertirse. Todos menos uno, al que no le interesaba la película. Elaborar una teoría sobre la excepción es complicado. Hay personas que usan los objetos artísticos como los que utilizan la gasolina para prender fuego a edificios. La mayoría de la gente la usa para mover sus coches. Podemos establecer una teoría entre asesinos y gasolineras, si nos place. 
Habrá que esperar para conocer las verdaderas motivaciones que le llevaron a elegir el disfraz. El largo camino que le lleva a teñirse el pelo de naranja es el interesante; no la media hora de peluquería.

* "Don’t Blame the Movie, but Don’t Ignore It Either" The New York Times 26/07/2012 http://www.nytimes.com/2012/07/27/opinion/dont-blame-the-movie-for-the-aurora-shootings.html?hp