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lunes, 9 de marzo de 2026

La ultraderecha contra el feminismo en la UCM

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Leo con preocupación, pero sin sorpresa, el titular de una noticia en 20minutos  "Denuncian un ataque de encapuchados en facultad de la universidad Complutense de Madrid"* La preocupación es por el nivel agresivo del negacionismo de la ultraderecha en nuestros campus —es mi universidad— y la falta de sorpresa es por los precedentes que avisaban de este crecimiento.

Hace un año una compañera tuvo que dejar una asignatura sobre feminismo que se impartía en la Facultad. Lo hizo por la presión agresiva que notaba en clase que le causó un estado avanzado de estrés. Lo grave es que era una asignatura optativa, es decir, las personas que estaban matriculadas habían elegido esa asignatura entre otras opciones, El hecho de que no fuera "obligatoria", de curso obligado, muestra con claridad que una parte de los que se matricularon lo hicieron con la intención de reventarla y especialmente de crear un mal ambiente que evitara que otras personas interesadas pudieran cursarla o que hacerlo conllevara riesgo al identificar a los matriculados con el feminismo.

Pregunté al profesor que se hizo cargo de la asignatura si había normalidad, a lo que me respondió que no, que seguía habiendo un sector decidido a crear un fondo agresivo en la clase optativa. Se matriculan en ella para reventarla. Son manipuladores que apuntan al centro, a las asignaturas que puedan ser tildadas de "feministas".

En el artículo de 20minutos leemos que han ido más allá de crear un mal ambiente, un ambiente agresivo, de reventadores, y han pasado a la acción violenta directa: 

Los decanatos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid han denunciado "los graves hechos" ocurridos a las 17:30 horas del viernes, cuando "aproximadamente 30 personas, la mayor parte de ellas encapuchadas y con el rostro cubierto" irrumpieron en edificios del campus.

A su paso por las facultades de Políticas y de Trabajo Social, increparon a algunas personas y provocaron destrozos, arrancando carteles, especialmente los relativos al 8 de Marzo, y pancartas reivindicativas para intentar colocar "una pancarta que, junto al símbolo de Falange, decía: Rechaza el feminismo, abraza la feminidad”, indican en un comunicado.

El personal de la facultad "impidió la colocación de su pancarta", pero el grupo de ultraderecha "se ensañó especialmente con el aula social del estudiantado, causando importantes daños materiales y en el mobiliario".* 

No es el primer incidente de este tipo que provocan, sí quizás uno de los más graves y que dejan al descubierto la estrategia de estos grupos y de los que están detrás.

Evidentemente algo está fallando en el forjado de los valores sociales y hace que estos grupos altamente ideologizados capten gente para estos fines. Claramente buscan un desmantelamiento cultural. Mientras otros grupos políticos se pelean por el poder, el objetivo de la ultraderecha apunta a la base, a la configuración cultural, a evitar que se forjen ideas de progreso, en especial las que refieren a las relaciones entre las personas  —hombres y mujeres, hijos y padres—, es decir, en las familias y a lo que podríamos llamar la romantización de los vínculos con lo que definen como "nación", una entidad "natural", según ellos. La idea de "lo natural" afecta a todas estas relaciones, que vendrían definidas desde el origen mítico, en este caso de la voluntad divina, de la que se consideran herederos y mantenedores.

UCM

Hemos tratado esto en diversas ocasiones porque no se acaba de entender. La fotografía de los pastores evangélicos rezando junto a Trump en la Sala Oval de la Casa Blanca es algo más que una anécdota. Es la demostración de que ellos no creen en la democracia como voluntad del pueblo y deseo de cambio. Para ellos existe lo "inmutable", que es aquello que les preocupa frente a lo que preocupa a los grupos políticos; ellos trabajan en lo "prepolítico".

Lo ocurrido en la Universidad Complutense, en su Facultad de Políticas; es un aviso más de su falta de democracia y de la necesaria vigilancia ante estos hechos que demuestran una clara voluntad de dejar fuera todo lo que ellos consideran que se desvía de lo canónico.

UCM

Avisamos cuando surgió tras el asesinato a tiros del activista de ultraderecha en los Estados Unidos. Había creado toda una poderosa red de grupos organizados por todas las universidades del país. Su muerte permitió que saliera el mapa de donde tenían creadas sus bases de acción. El ideólogo de la ultraderecha norteamericana, Steve Bannon, vino a Europa a establecer este modelo "cultural" o "anticultural", si se prefiere. Vox es un ejemplo claro de este funcionamiento. Los pactos con el PP son una forma de suicidio para estos últimos que creen que están jugando con las mismas reglas.

Hay que vigilar cuidadosamente las universidades españolas donde claramente están actuando para atraer gente a su causa y para hundir las de los demás. No es una simple lucha política; es el enfrentamiento de dos modelos incompatibles, de dos formas opuestas de ver a la persona, a las familias y a las instituciones. Que la lucha se dé en las instituciones educativas es una clara muestra de la estrategia elegida. No deben hacer retroceder los progresos en la igualdad de derechos, no deben silenciar las voces del progreso de todos.

 
* "Denuncian un ataque de encapuchados en facultad de la universidad Complutense de Madrid" 20minutos 8/03/2026 https://www.20minutos.es/madrid/denuncian-un-ataque-encapuchados-facultad-universidad-complutense-madrid_6943257_0.html

martes, 10 de septiembre de 2024

José Saramago y la crisis educativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Recupero para el camino de vuelta a casa un texto de las estanterías de mi despacho en la Facultad. Es una edición de una conferencia —aunque el autor se niega a darle ese estatus— dada en 2005 en el Foro de la UCM, titulada "Democracia y Universidad". El autor es el premio Nobel portugués, José Saramago, quien presume en la misma de no haber pasado por la Universidad, pero ser llamado por ellas como premiado escritor.

En la primera parte de la "charla" nos habla del destino cambiante de las palabras en el tiempo, de cómo una veces significan algo y después cambian su sentido. Nos habla también de errores de las palabras, como el uso que se le da a "educación", cuando es algo distinto a lo que se debería usar, "instrucción", que es lo que las instituciones y los profesionales deben hacer, instruir. "Educar", en cambio, ni es su papel ni pueden hacerlo por más que lo intenten.

Enlazo lo dicho por Saramago con un tema habitual en nuestras comidas universitarias, un espacio parea casi todo, incluido lo que nos encontramos cada año en las aulas. Hoy ha sido un día especialmente de debate en este sentido.

En la lectura de Saramago, me quedo con una gran verdad que nos lleva a lo dicho en su conferencia y en nuestra sobremesa:

No hay solución para la universidad, para sus problemas, si no se encuentra solución antes a los problemas de la enseñanza primaria y media; todo es un bloque homogéneo y coherente, tanto en lo bueno como en lo malo. A la universidad tendrían que llegar alumnos instruidos y educados. ¿Cómo hacerlo? Habrá que encontrar las fórmulas. Lo contrario es no respetarse, jugar con malas cartas una partida que no puede acabar bien. Y recordemos que la mesa de juego es la sociedad. (35-36)  

Lo que plantea Saramago es cierto, no por ello sencillo de resolver. El problema con que nos encontramos los universitarios es precisamente la dependencia que encontramos para nuestro trabajo de "instrucción", de la doble transmisión del conocimiento y una cierta actitud, un cierto espíritu crítico, cuando precisamente nos encontramos con fuerzas que van en la dirección contraria.

No se trata en absoluto de liberar de su responsabilidad a la Universidad; la tiene... y mucha. 

La crisis, por decirlo así, es del sistema y abarca desde sus primeros escalones hasta los últimos. Desgraciadamente no hace falta  un exceso de sentido crítico para percibirlo. En estos años, profesores jóvenes han vuelto al borde de la desesperación del aula al darse cuenta de la distancia existente entre ellos y los que están sentados en sus aulas.

Lo que se reduce es la idea de ambición, de deseo de aprender, de ir más allá, que debería estar presente en un porcentaje suficiente entre el alumnado. Sin embargo, esto no ocurre. Hay como una especie de anestesia general, la muerte del deseo de saber, la idea de que el "saber" solo es "conocimiento", algo que existe fuera de nosotros y a lo que se puede acceder en cualquier momento.

La idea de que el conocimiento es algo exterior y almacenable fuera ataca la principal función de la educación y de la instrucción: la transformación de la persona. Hay una extraña distancia que hace creer que el individuo viaja en el tiempo accediendo a los conocimientos que necesita y deshaciéndose de ellos cuando no le hacen falta. Es un efecto del llamado presentismo, que es uno de los males actuales.

La cuestión es ya muy seria y debe comenzar, como bien señalaba Saramago, desde el inicio mismo de los procesos de instrucción y educación, por respetar la distinción hecha por el escritor, que señala:

La universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano; es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico tiene que florecer: un lugar de confrontación, no una isla donde el alumno desembarca para salir con un diploma. (36) 

Comparto la idea de Saramago: la Universidad no solo instruye, sino que debe formar "ciudadanos", una categoría que le sirve para afrontar la idea de democracia, el segundo concepto de la conferencia,

Han pasado casi veinte años. La gravedad ha ido en aumento y, lo que es peor, nos hemos ido acostumbrado a esta degradación cultural y cívica. Las ideas suplementarias de la IA y de los archivos de las redes no hacen sino agudizar esa idea. De las aulas salen "empleados" eficientes y menos "ciudadanos", críticos tal como señala Saramago. Cada vez esos empleados son menos necesarios ante los procesos de automatización. Queda frustración, ira y un desconcierto crecientes.

Hay mucho por hacer.


— Saramago, José (2005) Democracia y Universidad. Foro Complutense, Universidad Complutense de Madrid, 76 pp.

viernes, 24 de noviembre de 2023

Verdaderas investigadoras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ayer cerramos nuestros dos días de las V Jornadas de Mujeres de 3 Culturas "Aspectos culturales de la Misoginia". El nombre de las Jornadas procede de la variedad de mis alumnas de Doctorado. Ha habido algunos varones en años anteriores, pero desde hace ya unos cuantos años, son mujeres que proceden de China, Egipto, México, el Sáhara. Irán y España. Puedo decir, ajustándome a la más pura realidad, que es lo mejor que me ha podido pasar en mi vida académica y, sin duda, en lo personal. Es una rica experiencia para todos, todos aprendemos de todos y los intercambios son permanentes. Nuestras tesis, la realizadas ya y las que están en curso, son un ejemplo de diversidad y la mayor parte llevan dos marcas, la  de la interculturalidad y la del género, una combinación de gran interés por sus resultados.

Ayer, agotado tras las sesiones maratonianas desde la UCM y las virtuales compartidas con el TEC de Monterrey en México, que ha participado con importantes aportaciones en el programa de la Jornadas, pensaba en la enorme suerte de poder vivir cada año esta experiencia de diversidad cultural y temática, de este capítulo del proceso de formación investigadora, de profundización en el correspondiente tema de cada año.


Por la parte de la UCM, pudimos aprender sobre las raíces culturales que desembocan en la política del hijo único y sus consecuencias en la adopción internacional de niñas chinas (CUI Xiaoning), la introducción del humor femenino en China (LUO, Shan); las representaciones de mujeres asiáticas en el cine norteamericano (WU, Hongling); el tratamiento cinematográfico de la emigración femenina en el mundo árabe (Basant Kamal); la misoginia de Donald Trump a través de los memes (JI, Yuantong); la aplicación de los criterios de belleza masculinos a las mujeres y el sufrimiento que conlleva (WANG, Xiaoling); el tratamiento fotográfico de la misoginia por la española Laia Abril, Premio Nacional de Fotografía (Silvia Belloso); la misoginia en El callejón de los milagros, la novela del Nobel egipcio Naguib Mahfuz, y las variantes usadas en sus adaptaciones cinematográficas en Egipto y México.


Junto a esta aportaciones, las realizadas por el TEC de Monterrey, con sus profesoras sobre el tratamiento misógino de las noticias sobre feminicidios (Maricarmen Fernández Chapou y Carla Maeda); el tratamiento de las identidades misóginas (Ileana Delgado); sobre la construcción de espacios libres de misoginia en el ámbito universitario (Mildred P. Mendoza) y un estudio de la construcción de la identidad femenina en la obra literaria de Guadalupe Amor (Mª Guadalupe Mejía).

A esto hay que añadir la presentación a cargo de la catedrática UCM Asunción Bernárdez y de Anita Fuentes, de la obra Misoginia online: La cultura de la manosfera en el contexto español (ed. Tirant Humanidades 2023), un esfuerzo colectivo resultado de un proyecto de investigación UCM del grupo de estudios feministas.

Gracias a la tecnología, hemos podido reunirnos personas en tres continentes (Asia, América y Europa), en cuatro países (España, China, México, Colombia), algo que nos permite seguir trabajando como grupo a pesar de las distancias. Nos mantenemos unidos durante el año y ahora se ve el esfuerzo en estas Jornadas.

Con una gran cantidad de males, externos e internos, de las Universidades, que ceden a los cantos de sirena del comercialismo, el burocratismo, el individualismo por encima del trabajo conjunto, etc., son momentos como estos los que te reconcilian con el trabajo, con la institución universitaria y con sus fines, algo se que ha perdido o se está perdiendo en beneficio de otros que nos llevan a los peligrosos arrecifes. 

La alegría de trabajar juntos, el compañerismo, el poder compartir esfuerzos e ideas... es algo que debería estar presente cada día. Yo lo agradezco.

Ver a gente joven disfrutando con la investigación, creando caminos y recorriéndolos fuera de lo trillado, buscando un conocimiento ampliado y no reductivo del mundo, intentando dibujar y comprender su complejidad y no realizando esquemáticas reducciones en blanco y negro, es enormemente satisfactorio, gratificante.

Después de muchos años, creo que es esta la tarea real de la Universidad, formar investigadores. Somos docente e investigadores, pero también la síntesis de ambos concepto, que muchas veces concebimos separados. Separarlo es muy peligroso, destructivo.

En mi asignatura del Grado, esa misma mañana, antes del comienzo de las Jornadas, tuvimos un interesante debate para deshacer el equívoco entre lo que es "documentarse" e "investigar". Muchos alumnos de nuestras carreras confunden lo primero con lo segundo. Piensan que con documentarse es suficiente y que con repetir lo existente ya han cumplido. Esto no es así. Lo que se les pide como universitarios no es ser máquinas repetitivas, sino conocer lo existente para poder encontrar lo nuevo, que es lo valioso.

Eso es lo que algunos descubren en sus doctorados, que es algo más que un grado, que un título. Es sobre todo una actitud, una forma de ver el mundo planteándolo como problemas que se pueden resolver, que hay que intentar formular para seguir avanzando.

Lo más satisfactorio de nuestras jornadas es ver cómo cada una de esas ponencias han salido de sus tesis, que el conocimiento que han recogido produce algo nuevo, algo original, un enfoque, una conexión, el dibujo de una serie de puntos que se unen en la cultura y que nos permiten comprender primero y explicar después. Hemos tenido así, en conjunto, una visión múltiple de un problema, la misoginia, una visión intercultural e histórica que conecta el pasado con el presente, el principio filosófico de una traducción con su plasmación en aspectos de la cultura popular o de las políticas gubernamentales. Comprendemos conectando y no reduciendo.

Mi mayor satisfacción (y la de ellas) fue escuchar de personas externas, de gente del mundo académico, la expresión "¡qué interesante!". Es la frase que revela el sentido del trabajo del investigador, despertar el interés es algo que requiere novedad y, por supuesto, coherencia, los dos factores que se han de combinar. Investigar es dar sentido a lo nuevo, a lo que estaba ahí, esperando una explicación, una definición.

Quiero hacer pública mi satisfacción personal y académica por ese trabajo que explicaron a los demás, resultado de muchas horas, días y años (algunas terminan sus tesis este curso, otras ya eran doctoras y profesoras en diversas universidades). Muchas veces el trabajo largo se condensa en unos pocos minutos, pero esa es otra capacidad que los investigadores deben tener. Como investigadoras, además han introducido una perspectiva de género, estableciendo una visión necesaria para cambiar algo, la sociedad.

Gracias a nuestra Vicedecana de Política Científica y Doctorado, Dimitrina Jivkova Semova, que nos apoyó con su presencia en la inauguración y cuyas palabras sirvieron de impulso para estos dos días de trabajo. ¡Gracias!

Gracias también al TEC de Monterrey por esta forma colaborativa de trabajo, de intercambio de saberes y experiencias.

En Ciencias Sociales y Humanidades nos empeñamos muchas veces en trabajar como si estuviéramos en los campos de la Física. No es así. La finalidad de la investigación en nuestros campos es la Cultura, comprendernos a nosotros mismos para tratar de mejorar, para comprender nuestros problemas y fallos sociales. Por eso es tan triste el cerco realizado a nuestras publicaciones académicas en el "mundo exterior", esa comunicación entre pares y la penalización de la divulgación, entendida como intentar mejorar el conocimiento que la sociedad debe tener de sí misma. Hoy, que vivimos en tiempos de incultura y trivialidad extremas, es más necesario que nunca que esta investigación que explica nuestras carencias, nuestros lastres, nuestros errores perceptivos, etc. salga a la luz.

Por eso trataremos de que lo dicho en estas Jornadas salga a la luz, algo que también forma parte del ideario investigador. No para que nos den "puntos", enfoque utilitarista y burocrático del asunto, sino para que la sociedad se conozca mejor a sí misma.

Enhorabuena a Xiaoning, Shan, Hongling, Basant, Yuantong, Xiaoling, Silvia, Asmaa. Sois verdaderas investigadoras. Trabajáis para conocer, para saber y para mejorar el mundo que os rodea. 

Me siento muy orgulloso de vuestro trabajo, del esfuerzo personal y académico realizado y del que las Jornadas han sido un ejemplo y una prueba salvada sobre lo que se puede hacer, en el camino que nunca se detiene de la investigación. No es la primera vez ni será la última. Este año ha sido especialmente gratificante. Seguid adelante. Estáis en el buen camino y lo habéis descubierto al dar forma a lo que ya sabéis en esas valiosas ponencias.

¡Gracias y enhorabuena!

Vuestro orgulloso "profe".

sábado, 8 de octubre de 2022

Los peligros del ritual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¿Por qué defender lo indefendible? Sin embargo, se hace. La Comunidad de Madrid lo hace con más intensidad que el resto. Si ayer hablábamos del Vicepresidente madrileño y su deseo de enterrar en el olvido las muertes de ancianos en las residencias durante la pandemia para "no remover" el dolor de las familias, hoy es la presidenta la que marca el ejemplo con la polémica más absurda que se puede imaginar: el bochornoso espectáculo machista del Colegio Mayor Elías Ahuja, en la Comunidad y vinculado a la UCM, mi universidad.

Tampoco esta vez hay límites para la interpretación: es lo que es. Los argumentos de Isabel Díaz Ayuso comparando el comportamiento exhibido con las "pintadas en favor de ETA" en la Universidad, es una nueva cumbre de la desvergüenza. Según la presidenta Díaz Ayuso es un nuevo caso de "politización" porque nadie se ha fijado en otros acontecimientos, pero en este sí. La comparación con ETA y sus pintadas es un insulto a la inteligencia y una demostración más de una forma peligrosa de hacer política, el "frontón", todo se devuelve como si viniera del "enemigo" que son en este caso y de forma incomprensible, unas actitudes machistas primarias, bárbaras y desvergonzadas.

La Universidad Complutense había puesto el énfasis este principio de curso en evitar las novatadas, que era lo que solía salir a la luz cada año. Pero esto no solo es malo por sí mismo, sino porque ha sido públicamente "defendido" por personas que deberían condenarlo con rotundidad. Pero creo que la Comunidad se ha perdido en un mar tenebroso confundida con los resultados electorales de la "reina de los bares", la presidenta que presumía de mantener el negocio del alcohol abierto en Madrid, sin restricciones, durante la pandemia. Madrid era el punto al que todos venían a hacer, según confesaban ellos mismos, lo que nos les dejaban hacer por sus tierras (de Reino Unido a Francia, especialmente a esta última). Eso ha hecho envalentonarse a la presidenta de la Comunidad, convertida en una especie de Agustina de Aragón del neoliberalismo imprudente y descarnado.

Los líderes del PP temen lo que llaman el "efecto Díaz Ayuso", una tontería política que los políticos aprovechan para hacer lo que quieren. Creo que fruto de ese "efecto", la Comunidad de Madrid se han convertido en lo que es ahora, una chulería detrás de otra. Creo que se equivocan.

Todo el mundo ha estado de acuerdo en calificar esas actuaciones como vergonzosas. Lo digo como persona y como profesor universitario. Es un comportamiento que va contra todo lo que supone que es una Universidad y así se ha entendido por la comunidad universitaria. En RTVE.es leemos la opinión del ministro: 

El ministro de Universidades, Joan Subirats, ha calificado de "deleznables" los insultos machistas del Colegio Mayor Elías Ahuja de Madrid y ha opinado que se trata de "una forma de machismo y de violencia de género revestida de una lógica de tradición" que "no es aceptable" y "no se puede consentir a estas alturas".

 "No quiero que la sociedad piense que los colegios mayores son como lo que hemos visto en esas imágenes deleznables", ha señalado este viernes en una entrevista en La Hora de la 1 al ser preguntado por la polémica suscitada por la actitud de los residentes del Colegio Mayor Elías Ahuja contra las estudiantes de la residencia femenina Santa Mónica, situada justo enfrente.* 


Llamarlo "tradición" es abusar del concepto. Es simplemente un vergonzoso comportamiento ritual. No todo lo que se repite es una tradición y no todas las tradiciones son positivas.

Si mañana se insultara a los diputados del congreso al entrar cada día, difícilmente se consideraría una "tradición" y si solo se hiciera contra las diputadas, alguien diría algo en contra de "la tradición" de marras.

Entre las entrevistadas, parece haber algunas chicas que lo consideran una "broma". Da igual cómo consideren que las llamen a gritos "putas ninfómanas" desde el edificio de enfrente. Es inaceptable socialmente y menos como parte de la "tradición" universitaria. Si les divierte, estamos ante un problema mayor de lo que pensamos. Los informes que hablan de cómo se asume la violencia de género como "normalidad" por una parte de la juventud española se confirman. Hay mucha tarea por hacer y entender qué significa "respeto".

Lo que sí es ya una "tradición" son las respuestas absurdas dadas por la Comunidad, que cree que todo lo que se condena en Madrid es un "ataque electoralista". No es más que una forma de disculparse por lo que siembra indirectamente con sus excusas continuas negando todo. Si el acto es negativo, lo es doblemente al tratar de "normalizarlo".

Pediré, como miembro de la comunidad universitaria, que se condene este comportamiento en las instancias en las que participo; que se condene en todos los ámbitos, porque defenderlo o ignorarlo es formar parte de ello. 


* "Subirats califica de "deleznables" los insultos machistas en el colegio mayor: "Es una forma de violencia de género"" RTVE.es 7(10/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221007/subirats-califica-deleznables-insultos-machistas-colegio-mayor-forma-violencia-genero/2405390.shtml



viernes, 23 de junio de 2017

Palabras finales para viajar hacia el futuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Este año se me pidió que hablara en representación del profesorado en el acto de clausura del "Máster en Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación" 2016-2017. Estas son las palabras dichas frente a unos compañeros y unos alumnos muy queridos ambos. Espero que les acompañen en el futuro que se abre para todos tras finalizar sus estudios.

Quisiera centrar mi intervención en una frase que he leído en tres o cuatro ocasiones, en términos muy parecidos, en los Trabajos de Fin de Máster, mientras los revisaba y que me han hecho reflexionar sobre muchas cosas que perdemos en la enseñanza actual y que, sin embargo, creo que deberíamos recuperar.
En estos últimos días, quizá por efecto de los finales de curso, los medios nos han traído reportajes celebrando mucho algunas experiencias de cursos sin asignaturas y sin libros. Los niños aprenden a “hacer”, nos dicen, a trabajar en equipo para realizar determinadas tareas, concepto hacia el que se enfoca el aprendizaje. "Objetivo" y "saber hacer" centran los nuevos modelos educativos en los que ponemos la esperanza de futuro.
En estos años, la educación en España y en gran parte del mundo ha dado muchas vueltas y parece que seguirá dándolas por mucho tiempo. Pero me sorprende el énfasis puesto por los medios en trabajar sin asignaturas y sin libros como una especie de liberación mental, un asalto final a una forma de enseñanza y de considerar su papel en la sociedad.
La frase que he leído en varias ocasiones —debo decirla ya— es "esta lectura ha cambiado mi forma de pensar" o "ha cambiado mi forma de ver las cosas". Escrita en medio de un trabajo de investigación del Máster tiene un sentido importante para mí porque lo tiene para quien la escribe.
Acostumbrados a escuchar cierto desdén ambiental por las lecturas, en especial las académicas, el reconocimiento de que un libro, un artículo, ya sea impreso, fotocopiado o digital —que no afecta demasiado el soporte para esto—, puede cambiar nuestra forma de pensar nos hace volver a la finalidad de la enseñanza que no es otra que cambiar nuestra manera de pensar, es decir, sacarnos de nosotros mismos, de nuestros prejuicios y llevarnos a nuevos "juicios", a nuevos "pensamientos".
El hecho mismo de que esto se manifieste en una frase es el reflejo de la importancia que quien lo escribe ha dado a ese momento en el que el mundo cambió porque él o ella cambiaron y eran conscientes del cambio.


El mundo afortunadamente no es tan ordenado como queremos y en ocasiones es el azar de una lectura en una asignatura inesperada lo que nos hace encontrarnos con un momento de transformación.
Se mueve antes una montaña que una idea; es más fácil arrancar un inmenso bosque que un prejuicio. Los individuos y los pueblos se agarran a lo que tienen y muy pocos son los que se arriesgan a la aventura de las nuevas ideas.
La esencia de una enseñanza universitaria es cambiar nuestras ideas y sembrar un estado de duda que nos haga salir de nuestras seguridades. Solo así la Universidad es lo que debe ser, lugar de cambio y motor de cambio. El cambio personal es el que nos llevará a creer en la posibilidad de los cambios colectivos hacia un futuro mejor.
En este curso habréis recibido muchas ideas que podrían cambiar vuestra forma de pensar. Han llegado en palabras dichas en clase, en lecturas, en conferencias, etc. que habéis recibido. Si una sola de esas ocasiones ha servido para que cambiara vuestra forma de pensar en algún punto, habremos conseguido la parte esencial de la enseñanza. Esa idea puede ser muy buena, pero no debe ser la última.
Es más importante comprender la necesidad del cambio, de la revisión, de la crítica y la autocrítica, que el cambio mismo, que es más circunstancial. Muchas veces se nos dice que lo que se nos enseña es "lo último" y que ese es su valor principal. Puede que en muchos campos sea sí, pero no necesariamente en los que sostienen nuestros pensamientos y actúan como suelo sobre el que construiremos después esos edificios de ideas que constituirán sistemas. Hay viejas ideas nuevas y nuevas ideas viejas. Aprender la diferencia es importante.


Ya os dediquéis a la Comunicación o a su estudio, es necesario tener la habilidad de poder comprender el mundo que nos rodea en su complejidad. No hay mundos sencillos; solo explicaciones simples, nos dirá Edgar Morin. La mayor o menor complejidad dependerá de nuestra capacidad de comprensión y, lo más importante, de nuestra flexibilidad, de nuestra capacidad de modificar nuestro propio pensamiento.
Nuestra tarea como profesores en este curso ha sido tratar de ampliar los puntos de vista y dotaros de herramientas intelectuales y prácticas con las que desentrañar el mundo y los discursos que lo reflejan a través de filtros particulares.
Comunicar, hemos aprendido, no es dar cuenta de un hecho único, sino que comienza por la construcción discursiva misma del hecho y le confiere un sentido y una forma en un contexto histórico y también genérico.

La tarea del Periodismo es algo más que contarnos lo que ocurre en el mundo. La crisis actual de la información está haciendo reaccionar a los verdaderos profesionales sobre cuál es su verdadera razón de ser y su decisiva importancia para la marcha social.
Los grandes medios de todo el mundo han hecho suyo una especie de eslogan: "El periodismo importa". En su sencillez, la frase tiene una trascendental importancia frente a los que consideran que la comunicación es solo el arte de seducir, manipular y alcanzar unos objetivos poco claros. Por eso el Periodista y el Periodismo comienzan con una actitud y un compromiso: somos conscientes de las limitaciones de nuestras herramientas y de nuestra capacidad de comprender. Pero no nos rendimos. No rendirse es precisamente tener esa capacidad humilde de modificar la mente, de saber que por muy bien que podamos hacer las cosas siempre habrá una mejor y así hasta el infinito. El periodista o el investigador satisfecho es un mal ejemplo, una perversión de los principios que rigen su vida, mente y actitud.
Por eso, las palabras leídas en algunos trabajos de final de Máster han conseguido traerme las gotas de optimismo que a los profesores nos ayudan a cruzar el desierto. Cada promoción dará sus frutos. Esta, muy buena, también lo hará. Algunos han empezado a cambiar su mente, que es principio necesario para cambiar el mundo.


jueves, 7 de julio de 2016

Información, medios y violencia de género

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El día de ayer lo pasé en El Escorial asistiendo al curso de verano de la UCM, organizado por mi compañera de Facultad y amiga Isabel Tajahuerce con el título «La intervención en violencia de género desde distintas profesiones». Le tocaba ayer al Periodismo —medios y profesionales— dar cuenta de lo que hace o deja de hacer respecto a esta lacra. Participaba también otra amiga, la periodista egipcia Sahar Talaat, que habló sobre la cuestión en Egipto y en los países musulmanes de la zona; el periodista Javier Juárez, hoy profesor de Comunicación en Medellín (Colombia) y especialista en la representación mediática de la violencia de género —en cuya tesis doctoral sobre los feminicidios de Ciudad Juárez tuve el honor de formar parte del tribunal—; finalmente, la sesión de la tarde nos trajo a otra compañera de Facultad, Carlota Coronado, quien trató de las ficciones televisivas y la creación de estereotipos, ponderando el papel de los profesionales a través de los cambios en los discursos de ficción, sacando de viejos estereotipos y ofreciendo nuevas posibilidades a la imaginación.
En los dos debates que se produjeron hubo intervenciones interesantes sobre el papel de los medios y los profesionales enfrentados a una realidad: la violencia de género y cómo informar sobre ella. Desgraciadamente, pocas veces se siguen las recomendaciones sobre cómo abordar este tipo de hechos y se busca.
Entre las múltiples cuestiones que se plantearon en los debates, me gustaría desarrollar aquí algunas de las cuestiones que plantee allí y que siempre quedan a medias por tiempo y respeto  a los demás participantes.


La primera cuestión que se planteó y que comparto plenamente es la formación de los comunicadores para el adecuado tratamiento de las noticias relacionadas con la violencia de género. Esta es una labor fundamental que nos compete a la parte responsable de la formación de los profesionales. La formación no es solo un protocolo, una recomendaciones sobre cómo desarrollar una noticia, qué términos emplear, etc. Eso es demasiado superficial y rutinario, que es lo contrario de lo que se busca en la información. Hace falta ir más allá y ahondar en las causas, para producir una mejor comprensión.
Sin una comprensión de los fenómenos, difícilmente se puede informar correctamente de nada. Existe la creencia generalizada de que se puede contar sin entender y se hace, de hecho, pero se cuenta mal y contar mal en estos casos tiene unas consecuencias profundas.




La violencia de género no es un hecho puntual, sino que forma parte de una violencia institucional, una violencia que tiene múltiples grados. Es una violencia que se realiza con la mirada, con las palabras, con un desprecio, con un golpe o con un asesinato. Los medios pueden informar de estos últimos, pero si no se entiende la unión que hay en todos esos elementos, puede que el mismo hecho de informar se convierta en una forma más de agresión, como sucede en múltiples ocasiones. La víctima, además de la agresión, sufre la agresión mediática. Por eso es bueno que los profesionales de la información comprendan que no están hablando de algo concreto sino de otra manifestación de una forma de violencia cuyo origen está en la creencia de la superioridad del hombre sobre las mujeres, una violencia que se puede ejercer de forma natural o divina, según las justificaciones de unos y otros.
Todo lo que se haga en formación de los profesionales será poco. Muchas veces es despertar la conciencia de lo que ocurre y desautomatizar las rutinas informativas para que entiendan que todos somos parte de una sociedad cuyas raíces son injustas y violentas, que están profundamente arraigadas y las absorbemos de continuo a través de múltiples fuentes en la vida diaria, desde las construcciones del lenguaje —depósito de machismo de siglos— hasta los modelos de comportamiento social y los roles asignados por el sexismo.



En segundo lugar, la labor de los medios no se puede circunscribir a las noticias sobre violencia de género. Muchas veces tenemos la condena de la violencia en una página y en el resto del periódico o programa se practican todo tipo formas de violencia contra la mujer a través de los medios. Los medios, insistimos, informan de la violencia, pero son también generadores de violencia. La vigilancia de esto debe ir más allá de la mera redacción de los artículos puntuales y debe extenderse a la totalidad del medio. Igual que hay un "defensor de los lectores" en la mayoría de los medios, estos deberían tener personal o asesores que revisaran y realizaran informes periódicos sobre el tratamiento de género para corregirlo. No es fácil, pero esto debe empezar como responsabilidad de las empresas e instituciones informativas.

Se planteo en el debate la cuestión ética del profesional y el rechazo que algunos manifiestan a lo que llaman convertirse en "activista". La respuesta dada por Javier Suárez, desde mi perspectiva, fue correcta. Añadir la perspectiva de género a la información no es hacer activismo, es corregir un desvío, una distorsión, una ceguera. No se trata de hacer discursos, sino de salirse del discurso central para poder hacer una sociedad más justa e igualitaria. Si son esos los ideales del profesional y su medio, informar desde una perspectiva de género no es hacer activismo (que para algunos sería erróneamente lo contrario a la objetividad informativa), sino, como decía, corregir un sesgo que tiende a justificar, distorsionar u ocultar la violencia subyacente y a veces la manifiesta. La alternativa, pues, no es "objetividad" versus "activismo", sino "discurso patriarcal interiorizado" versus "discurso crítico consciente".
La labor de los medios es relativa si no se intensifica la percepción de la violencia del sistema al conjunto de la sociedad. Debe hacerse, además, desde las escuelas, que es donde comienza nuestra vida social y donde se transmiten muchos de los roles que decidirán nuestra visión del mundo y lo que consideremos como comportamiento aceptable. Sin la escuela, sin la educación, se pierden muchas batallas y no acabará nunca la guerra. Cuando digo "escuela" me refiero a la totalidad del sistema educativo, profundizando en cada fase en aquellos aspectos que vayan haciéndonos conscientes de los fundamentos de la sociedad en que vivimos y en las diferencias entre lo que dicen las leyes y el papel de las costumbres y hábitos culturales, que pueden estar en franca contradicción.


Si se consigue introducir esa conciencia y se somete a crítica en las instituciones sociales, es posible mejorar. De otro modo, el papel de los medios es muy pobre porque por cada noticia correctamente enfocada tendremos miles que siguen ahondando en el sexismo. La sociedad es un sistema y los medios son parte de él, como todas las otras instituciones (familia, educación...) que transmiten informaciones con las que nos forjamos. La sociedad solo se transforma si se despierta en ella el deseo de cambio desde la conciencia de su imperfección. Es la crítica la que nos sacude y nos impulsa a abandonar nuestros defectos. En esto, el papel de las ficciones (o cualquier otro tipo de discurso, como la Publicidad) es también importante en la medida en que son los que nos permiten a través de ellas entender el mundo. Todos los discursos son reelaboraciones diversas de un discurso cultural central del que se impregnan. Ese discurso es el fundacional, el que implícitamente establece el origen de las relaciones sociales y las primeras son las de la pareja y después la familia. Sobre ese modelo patriarcal se construye la sociedad. La democratización de las sociedades representa el paso de una sociedad desigual a una igualitaria. Es un proceso lento y conflictivo.
El tercer aspecto que me interesa resaltar es el papel del ciberespacio. En el debate expresé el problema que supone equiparar los medios tradicionales con los medios que se desarrollan a través de las redes. Creo que se comete un  error cuando se equiparan los medios tradicionales y su función con la realidad que ha surgido, profundamente diferente, a través de las redes. Hace muchos años escribí algo que considero que sigue siendo cierto: El ciberespacio no es un medio, sino un universo, un espacio social de convivencia. Que en ese espacio hayan surgido sus propios "medios" no implica que sean lo mismo.
En las nuevas generaciones (los llamados nativos digitales), los medios tradicionales han perdido influencia y muchos ya no se exponen a ellos en ninguno de sus formatos tradicionales (televisiones generalistas, periódicos, emisoras de radio...). Son consumidores de información en un universo sin reglas (o donde cada uno decide las suyas). La violencia de género, el racismo y la xenofobia, etc. puede circular con menos cortapisas. Basta con pensar las complicaciones legales que tienen las compañías que dan soporte a las redes para eliminar las páginas, vídeos, podcast, etc. que vayan contra las reglas generales de convivencia. Piensen en la dificultad de borrar los mensajes de los grupos terroristas como para pensar en la eliminación de millones de textos, vídeos, etc. de índole sexista. He visto muy pocas veces el "este vídeo ha sido borrado por incitación al odio".


Las consecuencias de la exposición a este espacio de tan bajo nivel de control y autocontrol hace que muchos de los comportamientos rechazados en los medios convencionales (sometidos a las leyes, a los códigos deontológicos y hasta a los libros de estilo) se refugien en ella. Allí encuentran refuerzo y desahogo los que se sienten incómodos o afectados por las críticas al sexismo (o al racismo y la xenofobia, por poner dos ejemplos claros y actuales). Se puede uno plantear corregir la actitud de los medios convencionales, pero es una labor imposible tratar de corregir lo que se publica en el ciberespacio porque se enfrenta uno a millones y millones de discursos de los que se desconoce casi todo si así se desea.
La forma de combatirlo es considerar que las personas que difunden esos mensajes, como todos los demás, pasan por instituciones —la educación, como señalamos anteriormente— sobre la que debe recaer la fuerza de la transformación. Si la educación no funciona al tratar de reducir el sexismo y la violencia de género, difícilmente se tendrán profesionales o receptores sensibles al problema y capaz de plantearlo. El sistema educativo es el más grande medio de comunicación jamás inventado, por eso es el que hay que cuidar para evitar que luego haya que corregir demasiado. Las sociedades más avanzadas desde la perspectiva del género disponen de los buenos  y eficaces sistemas educativos. No se trata de trasmitir solo conocimientos, sino también de formar ciudadanos para la sociedad, que debe tener aspiraciones de mejora.
La última preocupación que manifesté fue sobre la globalización y la percepción diferente de los mensajes en sociedades distinta. Lo que puede parecernos un mensaje progresista puede ser percibido de forma muy diferente en otras sociedades.


La perspectiva introducida por la periodista, investigadora y activista Sahar Talaat sobre los países musulmanes fue en este sentido muy interesante porque permitió comprender a los asistentes la diversidad de los problemas en diferentes niveles. La cuestión del género presenta unas perspectivas diferentes a otras culturas y los grados y cifras de violencia, incluso las formas que adopta, son diferentes. Es muy importante que los medios y los profesionales informen correctamente y no a través de estereotipos de la cuestión cultural de género. Una de las tareas o compromisos de este blog es precisamente con esa cuestión. La universalidad de la violencia adquiere formas específicas junto a otras comunes. El diálogo intercultural es también importante en las cuestiones de género, por lo que la información no debe acumular malentendidos sino tratar de explicar las circunstancias de algo que ejerce la violencia del estereotipo exótico sobre las personas. Padecen la violencia en sus espacios y el malentendido en los otros. Para ello, son esenciales profesionales bien formados en las culturas de las que informan.
La complejidad de la información sobre la violencia de género es grande. Por eso, días como el de ayer en el que se reflexiona sobre ello son importantes. Debates como los celebrados ayer son muy necesarios.
Gracias a Javier, Sahar y Carlota y a la organizadora, Isabel.





domingo, 5 de febrero de 2012

El pájaro y el gusano

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con motivo de la concesión del doctorado Honoris Causa por la Universidad Complutense, en 2004, a Muhammad Yunus, que recibió también el premio Príncipe de Asturias (1998) y el Nobel de la Paz (2006), el economista de Bangladesh pronunció una conferencia en Madrid con el título “Un mundo sin pobreza”. Yunus ha sido —a través de su idea de los microcréditos y su aplicación a través del Banco Grameen— una de las personas cambiaron los enfoques sobre el tratamiento de la pobreza para buscar remedios y erradicarla. La experiencia de los microcréditos se ha mostrado compleja y complicada en su desarrollo y en los distintos países en los que se ha implantado. Pero ¿qué no lo es en este terreno? Que los pobres tengan más problemas para devolver sus créditos que algunos más ricos no debería extrañarnos.
Pero no se trata hoy de hablar de Economía, sino de unas interesantes observaciones sobre la educación que realizó al hilo de su intervención en nuestra Universidad. Escribe Yunus lo siguiente:

El profesor transmite su propia mentalidad a los estudiantes. Mientras están en las aulas, éstos la cuestionan, la ponen en entredicho, pero al final caen en la trampa y explican las cosas tal como su profesor se las explicó a ellos y empezaron a creérselas. Cuando salen de la universidad, todas sus dudas, todo lo que les pertenecía ya no existe; se han convertido en los protectores de esas ideas heredadas que han trasladado sin más desde su pasado, y desde allí explican las cosas y se comprometen con ellas. Esto es algo para lo que tenemos que encontrar un modo de liberación, habría que revisar una y otra vez nuestro sistema educativo en general —en Bangladesh o en cualquier otra parte— para ver cómo puede liberarse a los alumnos de la forma de pensar de sus profesores, de modo que puedan formar su propio pensamiento, sin verse encajados en el modelo del punto de vista del profesor, que les llevaría a convertirse en profesores de tal o cual escuela. (14)*


Hay dos partes distintas en el problema que señala Muhammad Yunus. La primera es el mecanismo psíquico que hace primero rebelarse y después, en la distancia, aceptar. Y una segunda parte, que son las consecuencias que esto tiene en el sistema de las ideas y su desarrollo.
La primera parte es un mecanismo que se da de igual forma en las familias: los hijos se rebelan ante la autoridad de los padres y luego reproducen muchos de los patrones y normas que a ellos les aplicaron con su propia descendencia. Por alguna ley, avanzamos hacia aquello de lo que huimos. Escapamos de una forma de autoridad para reproducirla en muchas de sus formas. Aunque no se reproduzca exactamente, la tendencia es a recurrir a las formas de autoridad que aprendimos desde las formas que nos aplicaron. Tiene su lógica; se reproduce el modelo al cambiar de rol, de posición.

En la enseñanza, sin embargo no solo se transmiten “formas” y “actitudes” —que son importantes— sino ideas que han de ser revisadas para mantenerlas vivas. La idea de “revisión” no es aceptada de forma general. Nos atrevemos a decir que es precisamente la excepción. Todos nuestros mecanismos sociales y psíquicos parecen diseñados para mantener un aprendizaje reproductivo o mimético. Las sociedades son primero tradicionales, se basan en la reproducción mimética. Solo muy recientemente se ha valorado el papel de la “innovación” en las culturas o, por plantearlo en los términos de Yunus, la huida del pensamiento de los mayores, que representan la autoridad. En casi todos los órdenes de la vida, se tiende a rechazar lo nuevo, que solo sale adelante demostrando unos valores muy claros respecto a lo viejo. Prejuicios y resistencias son las auténticas barreras sociales a la innovación.
Solo nuestra cultura reciente se basa en el cambio como motor social. Hasta el romanticismo, ser original era ser excéntrico, es decir, estar alejado del “centro” normativo, la tradición o el clasicismo. Nosotros hemos hecho, en gran medida, de la extravagancia una norma y de la innovación una ley. Pero son leyes antinaturales porque aunque la sociedad progrese por la innovación, la especie avanza desde la imitación. Por eso las personas que se atreven a pensar de forma excéntrica son las menos, ya que de otra forma viviríamos en el caos. El camino de los genios (los que siguen sus propias reglas) hasta el reconocimiento suele ser un auténtico calvario de resistencias. Las ideas nuevas lo tienen más difícil que las que ya están socialmente asentadas. Esto suele ser la norma. Y la educación transmite lo aceptado.
Para solucionar el problema educativo señalado por Yunus se han diseñado asignaturas bajo la denominación de “Creatividad”, que están a mitad de camino entre la Psicología y la Pedagogía, que tratan de desarrollar métodos de aprendizaje que permitan alejarse de la repetición, que suele ser la norma. Necesitamos un número suficiente de personas que sean capaces de pensar por ellas mismas. La cuestión está en cuántas está dispuesto el sistema a admitir.


La segunda parte de la cuestión, la que afecta al desarrollo de la ideas, es el resultado de nuestra conciencia de lo incompleto. Desde que terminamos con el concepto de "perfección", dejándolo del lado de la Utopía, las ideas necesitan estar permanentemente en movimiento, revisadas para sacarles el mejor provecho. Somos conscientes del gran valor de las ideas y, a la vez, de lo efímero de su eficacia. Quizá esto nos haga ser injustos con algunas ideas que siguen siendo válidas o, al menos, mejores que sus alternativas. Por eso se produce muchas veces el retorno de algunas que son recuperadas porque se liquidaron antes de tiempo. Buscamos desesperadamente ideas nuevas y no todas son siempre, por nuevas, eficaces.

Hay un segundo problema que Mohammad Yunus apunta en la educación, que me parece más complejo. Señala que en nuestro deseo de abarcar y conocerlo todo, reducimos el mundo a abstracciones y datos, que son los elementos con los que operamos:

[…] eres como un ave que desde arriba puede verlo todo y sabe dónde está lo que le convertirá en un erudito, en un sabio, en una persona docta. Sin embargo, al realizar mis proyectos en las cercanías de la aldea, empecé a tomar conciencia de que veníamos cometiendo un error en nuestra enseñanza. Mientras yo era un ave que volaba alto, enseñaba todo los que sabía sobre Bangladesh, todo lo que sabía sobre la vida de los pobres de Bangladesh, pero al aterrizar comencé a darme cuenta de que todo lo que había enseñado y aprendido estaba en mi imaginación, que eran representaciones sobre la vida de la gente, sobre las reacciones de la gente, construidas por nuestros libros de texto. Cuando te encuentras con los pies sobre la tierra y tocas a las personas, hablas con ellas, adviertes que éstas no siempre se ajustan al prototipo, al estereotipo que tienes en la cabeza. (14-15)

El problema es aquí de un orden distinto, pero también muy dañino en sus consecuencias. Nuestra forma de producir “conocimiento” es a costa de una pérdida importante de realidad. En el caso en el que nos enfrentamos con grandes regularidades, como ocurre en las Ciencias, no es tan dañino como en aquellos casos en los que abstracciones o generalizaciones suponen la eliminación de muchas de las diferencias, algo que ocurre con frecuencia en las Ciencias Sociales.

Muhammad Yunus es economista, una profesión en la que se tiende a convertir las diferencias humanas en cifras, en magnitudes que representen esas diferencias hasta hacerlas operables, útiles en fórmulas que tiendan a explicar o describir el comportamiento humano. Si estudiamos solo lo que podemos traspasar a un papel, estamos siendo esclavos de nuestras propias ilusiones, la que generan nuestras clasificaciones y datos. Pero hay muchas cosas que esos papeles no recogen ni pueden recoger: las diferencias que hacen a los humanos distintos aunque estén metidos en un mismo porcentaje. Por eso señala Yunus:

Ahora, en mis viajes, estoy en contacto estrecho con la persona implicada, estoy abandonando la perspectiva del ave, ya que he experimentado que cuando vuelas alto no puedes ver muy claro, y cuando no puedes ver lo que necesitas o buscas, entonces lo creas con la imaginación y empiezas a pensar que lo ves porque eres una persona sabia. Es decir, lo que estoy haciendo es abandonar el punto de vista del ave y tratar de adquirir la perspectiva del gusano. Ya saben, un pequeño insecto que camina sobre la tierra.
El punto de vista del gusano es para mí una opción mejor, ya que puedo observar claramente cualquier cosa que veo. Es real, es concreto, y si me encuentro un obstáculo en el camino puedo rodearlo porque lo veo —su forma, su tamaño, su naturaleza— y puedo dar media vuelta y llegar a mi destino. (15-16)

Lo que hay en esa imaginación, lo que nos hace pensar que somos sabios, pueden ser precisamente las ideas repetidas y sobre las que ya no realizamos juicio crítico alguno. La reivindicación del punto de vista del gusano frente al aparentemente más noble y completo del ave es esencial en los casos en los que nos enfrentamos no a los datos sino a las personas. Yunus tenía que decidir respecto a personas en la concesión de sus microcréditos y se daba cuenta que una cosa es lo que uno se imaginaba desde los informes y otra frente a las personas, en su propio territorio y no sobre un papel. Las teorías y datos recibidos a veces no dejan ver el bosque.



Estos dos problemas —los que afecta a la transmisión y renovación de las ideas y los que posibilitan su mayor o menor ajuste a la realidad— son el núcleo de las cuestiones educativas. Y lo son porque no son problemas estrictamente educativos, sino más amplios, derivados de nuestra propia naturaleza y comportamiento social. Haríamos bien en tenerlos en cuenta siempre. O el pájaro acabará con los gusanos.

* Mohammad Yunus: ¿Es posible acabar con la pobreza? Editorial Complutense, Madrid 2006.