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viernes, 4 de junio de 2021

La presión sobre China y sus efectos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La Vanguardia titula "Biden amplía las sanciones a empresas chinas" y añade lo que es desde hace tiempo una evidencia: "El líder demócrata mantiene la línea dura aplicada por Trump y veta las inversiones americanas en más compañías del gigante asiático". El hecho de que los republicanos y los demócratas estén de acuerdo en esto y, especialmente, que alguien esté de acuerdo con lo que hizo Trump en política exterior es indicativo de que lo que se ve es solo la superficie. Por decirlo directamente: los motivos aludidos para las sanciones son la cortina de humo para encubrir lo que es la rivalidad económica. No se niega con esto que los hechos existan, pero sí que las diferencias de valoración se hacen desde un parámetro, la economía, y con una intención, frenar como sea el desarrollo de China y eso se hace fundamentalmente a través de sanciones y, sobre todo, de la creación de un clima anti chino que impida el establecimiento de relaciones económicas intensas, es decir, cerrarle mercados y quitarle clientes.

Escribe Beatriz Navarro en La Vanguardia en la apertura del artículo señalado: 

 

China es uno de los pocos temas que en un momento de máxima división nacional en Estados Unidos sigue suscitando unidad entre demócratas y republicanos. El presidente Joe Biden confirmó ayer implícitamente que piensa mantener la línea dura aplicada por su predecesor, Donald Trump, en las relaciones con Pekín al añadir nuevas empresas más a la lista de compañías en las que los estadounidenses tienen prohibido invertir debido a sus supuestos lazos con el ejército chino. La mayoría pertenecen al sector de la defensa o la videovigilancia.

Oficialmente, la Administración Biden está  todavía inmersa en su reevaluación de sus relaciones con China para decidir por ejemplo qué hacer con los aranceles impuestos durante la etapa de Trump, que de momento se ha mantenido. La decisión adoptada ayer por Biden con la firma de una nueva orden ejecutiva que eleva a 59 la cifra de sociedades afectadas no augura de momento una relajación de la presión.

Algunas de las últimas 11 añadidas al listado son filiales de grandes empresas ya sancionadas como Huawei, la Corporación de Aviación Industrial o Hangzhou Hikvision Digital Technology, fabricante de las cámaras de videovigilancia y reconocimiento facial utilizadas por Pekín para vigilar a los uygures. Algunas de estas también están afectadas por la decisión de la administración Trump de sancionar a algunas empresas por su papel en la represión de esta minoría.*

 


Lo que sorprende e irrita es la utilización hipócrita, farisea, del caso de los uygures, Hong Kong o de la frontera india para encubrir lo que son las verdaderas intenciones norteamericanas, frenar el desarrollo chino, al que atribuyen su decadencia económica, que no es sino el resultado del propio sistema económico norteamericano, que dejó de producir para ponerse a comprar para obtener más beneficios. Es la codicia el mal que asola al sistema económico norteamericano. Hace años lo explicaban diciendo que Wal-Mart, la cadena de supermercados norteamericana, había ocupado el lugar de General Motors. Para obtener más beneficios, los norteamericanos cerraron fábricas y abrieron supermercados. Aplicando la lógica del mercado global, favorecida por ellos mismos, no se dieron cuenta que se producía el mismo fenómeno que en otros países, el hundimiento del mercado de mercado de trabajo y el aumento de la brecha entre ricos y pobres. Los ricos se hacían más ricos y los pobres más y más pobres. Los ataques de Trump a la inmigración no eran solo racistas, sino injustos. La pobreza al sur de la frontera del Río Grande es la garantía de mano de obra barata al norte. Por eso Trump exigió a las empresas su regreso a los Estados Unidos, su regreso de aquellos lugares en los que se habían asentado para producir barato. A esto se le suman la cuestión de elevar los precios de terceros países mediante la imposición de aranceles que reduzcan las diferencias de precios y, en tercer lugar algo muy importante: una guerra de desinformación y descrédito mediante una amplificación mediática de problemas, existentes o inducidos con este fin. Esta política tiene un inconveniente interior, tal como apuntaban hace unos días en The New York Times: el aumento de la violencia xenófoba y racista contra los asiático americanos, muchas veces ni siquiera de origen chino, pues al racista le basta con ver ojos rasgados. Aquí hemos comentado los casos de norteamericanos de origen coreano, por ejemplo, que han sufrido ataques racistas.



La coincidencia de fines entre demócratas y republicanos, radicalmente enfrentados con una brutal división evidenciada en las últimas elecciones, se diluye frente a China. La diferencia es solo el tipo de excusa utilizada por unos y otros. Los demócratas se basan en cuestiones de derechos humanos, mientras que los republicanos de Trump, que han ido por el mundo abrazando dictadores sin disimulo hasta niveles nunca vistos anteriormente, les basta con hablar de anti comunismo. Recordemos la expresión de Donald Trump refiriéndose a Abdel Fattah al-Sisi, el presidente egipcio, como "su dictador favorito".

Sorprendentemente, esta nueva guerra fría no se ha producido por cuestiones ideológicas, como se alega, sino cuando China ha logrado el desarrollo que hace peligrar el control norteamericano del mundo. El reciente escándalo del espionaje norteamericano a sus amigos y aliados a través de Dinamarca hace ver no hay "amigos" o "aliados", solo "competidores" y "compradores". Las ventas de armamento en Oriente Medio realizadas por Trump muestran dónde está el interés en "pacificar" la zona en los que iba a ser el "acuerdo del siglo", desarrollado por su yerno, convertido en enviado personal a hacer negocios de armas y acuerdos.

No le ha preocupado a Biden estos días que el reconocimiento del Sahara como territorio marroquí se hiciera con ventas de armas a cambio del reconocimiento del traslado de la capital a Israel. Parecen preocuparse mucho por los uigures, pero poco por los saharauis y por los acuerdos de Naciones Unidas sobre el referéndum. Es de nuevo la política de los "intereses" que se trata, con Biden, de camuflar entre olores a incienso y grandes palabras. Pero la realidad es la que es hay "dictadores buenos" y "dictadores malos" repartidos por el mundo y hay democracias que pueden ser espiadas si compiten, como hemos visto con el caso danés y los países de la Unión, incluida la "peligrosa Alemania".




Los Estados Unidos puede tener sus estrategias y jugar sus bazas, pero ya no es sostenible ni el altruismo ni la superioridad moral, ni por lo que ocurre dentro de sus fronteras ni por sus acciones exteriores, Como señalamos hace unos días, la teoría de que el inquilino de la Casa Blanca recién llegado supone borrón y cuenta nueva, que lo anterior debe ser olvidado y lo nuevo reinterpretado, hace mucho que dejó de funcionar por los propios cambios en su política. Solo cambia el lenguaje. Lo que acaba siendo una constante, en cambio, es la voluntad de dominio, es decir, de que todos se deben ajustar a su visión. En la medida en que esa visión es cada día más ajustada a sus intereses, los conflictos que se presentan son mayores, situando a los aliados en tensión permanente. En este sentido la presidencia de Trump ha tenido el valor de quitarse la máscara y mostrar cómo es la fuerza y el interés propio lo que se ha ido imponiendo como línea de acción.

No es el mejor camino, especialmente para una Europa a la que se intenta igualmente debilitar y dividir. Citemos de nuevo a Trump, "¡llamadme Mr. Brexit!", donde dejó claro cuál era la postura que más interesaba a los Estados Unidos; recordemos que la visión de la OTAN como un "servicio de protección" que había que pagar y su enfado cuando Europa empezó a moverse hacia un ejército defensivo común y especialmente producir armamento europeo y no comprar el norteamericano. El enfado (y las amenazas) de Trump fueron monumentales y se tradujeron en mayores conflictos en los bordes de Europa, de Turquía a Irán y a todo el Mediterráneo, a las fronteras ucranianas. De esta forma, la inseguridad creciente obligaba a ceder. Los países europeos más "fieles" a Trump han sido precisamente los más próximos a la frontera con Rusia.

En Asia el procedimiento ha sido igual. Aumentando los niveles de crisis con China, los países que la rodean se sentían amenazados y las esperanzas iniciales de crear una zona asiática de comercio se fueron al traste. La creación de conflictos con China en pocos meses, de las fronteras con la India a el temor a ser invadidos en Taiwán a las preocupaciones por el potencial militar de resistencia de Japón al miedo de Corea del Sur obedecen a una bien orquestada campaña de sembrar el miedo como las diseñadas por Trump, probablemente porque sigan siendo los mismos que los que las orquestan con intenciones iguales.

El descubrimiento de que Estados Unidos ha sido rebasado en su propio terreno, el de la globalización, en el intento de convertir el mundo en mercado de los productos norteamericanos ha tenido justo el efecto contrario: los propios norteamericanos rebajaron su producción y se dedicaron a comprar y a producir fuera de sus propias fronteras, como hemos señalado. 

Los mismos Estados Unidos que dejaron tirada a la OMS por la pandemia, que se salía los tratados climáticos, de los grandes grupos de países para no tener que dar cuentas a nadie de sus acciones, etc. trata ahora de aislar a China para frenar su desarrollo. El propio Biden, no Trump, ha señalado que su objetivo es frenar el desarrollo de China. Ante esto, no queda mucho que explicar.

Cuando Estados hace algo por el mundo es muestra de su generosidad; cuando lo hace China, es propaganda. Lo hemos visto con la pandemia cuando China ha enviado mascarillas o material sanitario a terceros países. Deja de ser "ayuda humanitaria" y es un intento de tapar su imagen, que es la que se debe ver en los medios norteamericanos más activos en la política anti China.



En estos instantes, el artículo destacado en la CNN se titula y parte de un juego de palabras contra Nueva Zelanda: de "New Zeland" a "New Xi Land", un típico juego de propaganda memética para descalificar a la primara ministra del país, la valorada Jacinda Arden, que no se ha sumado a los ataques contra China no firmando una declaración de los "Five Eyes", los cinco países que tienen su propia alianza de "inteligencia" con la que cubren los frentes europeo (Gran Bretaña) y asiático (Nueva Zelanda y Australia) y americano (USA y Canadá). La simple composición muestra la base del imperio británico ahora liderado por su colonia principal, los Estados Unidos.



El "delito" de la primera ministra neozelandesa es no sumarse a los bloqueos a China. En la CNN, el titular es "New Zealand is a Five Eyes outlier on China. It may have to pick a side" y está firmado por  Julia Hollingsworth. En él se señala al inicio:

 

"Could it be that New Zealand is turning into ... New Xi Land?" questioned an ominous voice over.

It was part of a preview for an incendiary segment of Australian TV show "60 Minutes" premised on the idea that New Zealand is so desperate to keep China, its biggest trading partner, onside that it has cast aside both its morals and its friendship with Canberra.

The clip quickly spread online, and on Monday Australian Prime Minister Scott Morrison flatly denied its suggestion that New Zealand's approach to China was jeopardizing its relations with Australia.

"Australia and New Zealand are trading nations, but neither of us would ever trade our sovereignty or our values," Morrison said after talks with Prime Minister Jacinda Ardern in New Zealand's star tourist attraction, Queenstown.

The phrasing of the 60 Minutes clip may have been bombastic -- New Zealand is hardly "New Xi Land" -- but it spoke to ongoing questions over New Zealand's close relationship with Beijing at a time when other countries are taking a tougher approach to China.

In the past year, other members of Five Eyes -- a Cold War-era partnership to share intelligence between the United States, Canada, United Kingdom, Australia and New Zealand -- have stepped up criticism of Beijing over alleged human rights abuses in Hong Kong and Xinjiang, even labeling Beijing's actions in the latter a "genocide." New Zealand has shied away from going that far.

On Monday, Ardern rejected suggestions New Zealand wasn't taking a strong stance on "incredibly important issues" relating to China, and said it had no intention of abandoning the five-nation alliance.

"When it comes to the matter of Five Eyes, we remain a committed member. That is not in question, not in doubt," Ardern said.

Ardern and her Foreign Minister Nanaia Mahuta have previously played down criticism they could be doing more on human rights, saying New Zealand is merely forging its own international relations path.

That position presents Arden with a delicate balancing act: she needs to be seen to be backing her Five Eyes allies and their criticism on China, but without being so outspoken that New Zealand is landed with the type of sanctions Beijing has imposed on Australia.

For some, it's not just trade that's at stake: if New Zealand is seen as failing to take a strong stance on China, it risks damaging its reputation as a moral leader on human rights.**

 


Los "Cinco Ojos" parecen tener que mirar en la misma dirección y ver lo mismo. ¿Hundirán a Jacinda Ardern con campañas internacionales como forma de presión? Ahí es donde los medios orquestados actúan a la perfección. En el mismo artículo de la CNN se incluye un enlace: "Just what are the Kiwis up to now? TONIGHT on #60Mins, we thought they were our best friends, but it looks like they've ditched us for a fast Chinese buck." Los neozelandeses son los "kiwis" y su pobre "moralidad" les lleva a venderse al "dinero fácil" del comercio con China. Nueva Zelanda es ahora la traidora "Xi Land". Que esto venga de Australia precisamente, muestra hasta qué punto se está llegando en el cerco.

El intento de tener una política propia es visto como un desafío imperdonable. Puede prepararse Nueva Zelanda y su primera ministra a recibir todo tipo de campañas y boicots si decide mantener una línea independiente.



No es casual que sea Australia quien ataque a Nueva Zelanda de forma más personalizada. Es el país que peor parado ha salido de la confrontación con China, que ha respondido con firmeza a los intentos australianos de imponer sanciones.

Una cosa es clara: el tamaño de China es muy grande en dos sentidos, como potencia productiva, pero sobre todo como mercado. Las sanciones contra ella se pagan porque China tiene un potencial de respuesta económica muy amplio y en muchos niveles, que van desde la producción y la compra a su influencia sobre el dólar. Los intentos de ningunear a China se pueden pagar caros.




En la BBC comentaba el nuevo lanzamiento del sistema operativo de Huawei, que se vio obligado a crear uno propio ante las prohibiciones de los Estados Unidos de que se le permitiera acceder a las aplicaciones, convirtiendo en el teléfono en un modelo de aislamiento como el que se quiere aplicar a la propia China. De encarcelar a la hija del jefe de Huawei a las afirmaciones de que el futuro (¡gran capacidad visionaria!) Huawei serviría al gobierno chino a vigilar a toda la Humanidad (algo que por cierto hace Estados Unidos, como hemos visto con lo ocurrido en Dinamarca), casi logran hundir la compañía en la parte telefónica. Un teléfono que no puede utilizar las aplicaciones de otros teléfonos se ve limitado, lo que sirvió para que los potenciales compradores de occidente se alejaran de un teléfono que se había convertido en líder mundial. Eso no se perdona, al igual que el desarrollo de la red 5G que Europa quería desarrollar y que desencadenó las iras norteamericanas.

La BBC anuncia que Huawei ha lanzado su sistema operativo. Esta es la descripción que se hace:

 

China's official Xinhua News Agency reports that the Shenzhen-based tech giant is anticipating 300 million devices to be equipped with HarmonyOS by the end of the year.

There has been great excitement ahead of the launch inside China, said the BBC's China media analyst Kerry Allen.

"Social media users have picked up on how the characters for 'harmony', 'hong' and 'meng', mean 'ambition', and 'kindness'", she said.

"Divisions of China's youth movement, the Communist Youth League, and even fire rescue and official courthouse accounts, have been promoting the new system. In the last week, more than 17 million Weibo users have read posts that include the hashtag 'TheHarmonySmartphoneSystemIsHere'."***


 

Si los Boy Scouts compraran todos un iPhone y se pasaran todos a Apple, el presidente Biden les daría las gracias con lágrimas en los ojos por ese gesto patriótico. Se haría una gran celebración y se invocarían a todos los héroes americanos. Pero si los ciudadanos chinos, hartos de ser atacados, deciden comprar teléfonos Huawei se trata de una maniobra opresora del Partido Comunista Chino. Que los chinos deseen comprar su propio teléfono es considerado manipulación por lo visto de la BBC y no como una reacción (ni la primera ni la última) de hartazgo a ser considerados como ciudadanos de tercera categoría sometidos a los dictados despóticos de un nuevo emperador.

Que los españoles consuman productos españoles, por ejemplo, es un acto solidario y patriótico; que lo hagan los chinos es parte del lavado de cerebro, de la manipulación. Si un país democrático como Nueva Zelanda decide mantener su propia política con China, es traidora a la Humanidad y su primera ministra una vendida y depravada, insensible a los derechos humanos. Es siempre la ley del embudo, donde se parte de esa visión mesiánica que ha cegado a los Estados Unidos para ver sus propios defectos y problemas, hasta que le estallan, como ha ocurrido este año y sigue ocurriendo. Estados Unidos ver ridículo lo que llega de China e ignora cómo se sienten o dejan de sentir los chinos porque realmente no le preocupa. Y eso es lo más irritante, que se tanto con las palabras. No se puede apoyar dictadores retrógrados del mundo árabe, poseedores del petróleo, y después juzgar al mundo o atacar a Nueva Zelanda por mantener relaciones comerciales. Hay que ser congruentes.



Lo que está muy claro es que vamos a pagar entre todos la estudiada y anticipada decadencia americana o su atraso en muchos campos y su incapacidad de asimilarla. Las contradicciones de un orden mundial diseñado por ellos ha tenido como efecto la emergencia de agentes nuevos, como la propia Unión Europea y la misma China, que no hizo sino aprovechar las condiciones del comercio creadas. Que el sistema es imperfecto, desde luego, pero la forma de nivelarlo no es crear una nueva guerra fría como la que se ha montado por causa del comercio; tampoco lo es crear conflictos internacionales para asegurarse la venta de protección y armas, convirtiendo el mundo en un lugar más inseguro. Si hay que sentarse a redefinir las reglas, que se haga, pero este juego ya no da más de sí,

A Reino Unido no le ha salido bien el Brexit, alentado desde Estados Unidos, con un Nigel Farage de visita a la Torre Trump a estrechar lazos; las venidas de Steve Bannon a Europa a organizar los movimientos populistas de ultraderecha cuya finalidad es promover la inestabilidad social y la ingobernabilidad; armar o establecer pactos con países fronterizos con China, como se está haciendo con la India, etc. no son las políticas más adecuadas para un mundo más tranquilo y pacífico. Desde USA la obsesión con China se extiende a los países que se quieren sumar a esa política de frenarlos. Especialmente ocurre desde que el país se ha convertido en un mercado esencial en la economía mundial, es decir, desde que China se ha desarrollado con éxito aumentando el nivel de riqueza interior.



Mientras China era solo una fábrica barata, no había problema de "derechos humanos" o de invasión de ningún lugar próximo. Cuando China es un mercado poderoso de 1.400 millones de personas, capaz de dejar de comprar productos de fuera, dejar ver películas en las que se les caricaturiza, cuando compran sus propios productos, etc. entonces todo son males.

Necesitamos una urgente redefinición de las relaciones internacionales basadas más en la busca de acuerdos y de establecimiento de relaciones que en la forma de frenar el desarrollo de otros, entre otras cosas porque se está jugando con fuego y en cualquier momento se puede producir una situación no deseada. Cuando se enciende un fuego, no siempre es fácil controlarlo, sobre todo si se ha estado echando gasolina en la zona durante mucho tiempo. 


En política económica, no hay cambios respecto a Trump. Lo que hay es una especie de nuevo mesianismo de Biden frente a la brutalidad de Trump, pero no hay cambio real. El mundo se hace cada vez más pequeño, complejo y complicado. Lo que consigue la presión sobre China es precisamente fortalecer el liderazgo del Partido Comunista y cerrarse al exterior creando un intenso sentido nacionalista que se identifica. Eso es lo que están consiguiendo con estas políticas, mayor control y más identificación desde abajo con los de arriba. Es algo sencillo y fácil de ver y entender. Pero lo que está claro es que les importan muy poco los efectos, solo los propios resultados económicos. Frenar a China, como dijo Biden, es la consigna. Hoy es China, mañana será cualquier otro que trate de desarrollarse lejos de la tutela, como vemos ya en Europa, castigada con aranceles.

El papel de Europa tiene que ser otro distinto y no dejar solo la "opción rusa " hacia la que se empuja a los países que disienten de los Estados Unidos, algo válido de China a Turquía o Latinoamérica. Esta estrategia del conflicto y el aislamiento encadenados es muy peligrosa. La polarización mediática contra China trata de crear un clima negativo que llevar a las restricciones, pero eso tiene muchos costes y riesgos. La agresividad comercial no está solo del lado chino, como vemos cada día. Cerrar los cauces diplomáticos, los foros internacionales y crear un mundo contra China no tiene sentido. Está claro que China no va a "caer" como la Unión Soviética. Cuanto antes se den cuenta, mejor para todos.

 


* Beatriz Navarro "Biden amplía las sanciones a empresas chinas" La Vanguardia 04/06/2021 https://www.lavanguardia.com/internacional/20210604/7504445/china-eeuu-estados-unidos-sanciones-videovigilancia-uygur.html

** Julia Hollingsworth "New Zealand is a Five Eyes outlier on China. It may have to pick a side" CNN 4/06/2021 https://edition.cnn.com/2021/06/03/asia/new-zealand-xinjiang-china-intl-hnk-dst/index.html

*** Zoe Kleinman "Huawei operating system coming to smartphones in Asia" BBC 04/06/2021 https://www.bbc.com/news/technology-57316621






domingo, 5 de abril de 2020

El fastidio chino

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Como estaba previsto, conforme Estados Unidos avanza hacia el caos crecen las críticas hacia China. El caso de la pandemia era considerado como un ejemplo de la "inoperancia" de la China comunista —el blanco de sus ataques desde que estaba en la campaña para las elecciones presidenciales que le llevaron a la Casa Blanca. El tono va subiendo de tono en las acusaciones cada vez más virulentas contra China. Lo que antes era ejemplo del mal funcionamiento chino y mostraba la superioridad del sistema y de la forma de vida norteamericana, dejando claro el liderazgo mundial, irresistible, de los Estados Unidos, ahora es ahora presentado con una nueva narrativa.
El espectáculo dado por Trump a lo largo de esta crisis es tan penoso que no resiste más allá de las fronteras mentales republicanas, cada vez más encastilladas. Sin embargo, el movimiento anti chino va más allá de Trump y es sostenido por los medios no necesariamente favorables a Trump. Ven cuestionado, más allá de Trump, el papel de los Estados Unidos. Y lo cierto es que lo está, pero esencialmente por su propia inoperancia. Si Estados Unidos cree que su imagen mejora solo por criticar a China, es muy libre de creerlo, pero no es así como funciona el mundo.


El liderazgo mundial no se logra echando la culpa a los demás, sino demostrado el verdadero potencia, la generosidad del que tiene poder. Sin embargo, no es eso lo que vemos. Como en otros lugares, la pandemia deja en evidencia las retóricas huecas y enseña que el futuro no es de los cañones, sino de la Ciencia, algo que el propio Trump y su administración ha estado hundiendo en su propio espacio mediante recortes y cierres. Entre ellos está, aunque no le guste que se lo repitan, el centro de investigación que se dedicaba a estas cosas, cuya investigadora fue retirada de China, donde trabajaba, en julio de 2029. Ella podría haber dado datos de primera mano sobre los casos del inicio, advirtiendo. Pero a Trump le van más los brujos que los científicos.
Y ahora se encuentran con un problema de narrativa a escala interior y exterior. En esto colaboran los medios y analistas que sin tener a Trump como amigo si ven a China como enemigo.
Los tres titulares de la CNN que copan la primera línea en su página de apertura son: "Taiwan's stellar virus response", "Trump put American lives in China's hands" y "Asian men’s hairlines are receding faster than ever before. Here's why".
El primero de ellos pondera el papel de Taiwán en la lucha contra el coronavirus. Por supuesto, se recalca el papel negativo de China sobre Taiwán, a la que veta en todas las organizaciones mundiales, incluida la Organización Mundial de la Salud. Como es sabido, China considera la isla de Taiwán como un territorio propio, una enajenación fruto de la guerra civil, que llevó hasta allí a millones de chinos nacionalistas que huían del ejército popular, el bando triunfador que dio nacimiento a la república comunista.
En el artículo, firmado por James Griffiths, podemos leer:

In particular, Taiwan's rapid and transparent response -- with medical officials holding daily briefings on the matter -- has been held up as an example of how democracies can still rein in epidemics, even as some were claiming only an autocratic government like China's could effectively control such a rapidly spreading virus. Taiwan also avoided the type of strict lockdowns that characterized the response in China and many other countries.
Taiwan is in such a strong position now that, after weeks of banning the export of face masks to ensure the domestic supply, the government said Wednesday that it would donate 10 million masks to the United States, Italy, Spain and nine other European countries, as well as smaller nations who have diplomatic ties with the island.*


Como puede apreciarse, la propuesta trata de combatir lo que temen desde hace tiempo: los efectos de una mala influencia china al ver que han conseguido salir de la pandemia con una serie de medidas que fueron calificadas como "autoritarias", características de un sistema represivo comunista, pero que después hemos tenido que tomar todos los países, confinando a las personas en sus casas para evitar la extensión del COVID-19, el "virus chino" para Trump, que es ya hoy universal (la Antártida que libre por ahora, nos dice hoy mismo).
Si hay que tomar algún "modelo asiático", tomemos a Taiwán, parecen decirnos. Cualquiera antes que a China. Todo forma parte del nivel de combate que la administración norteamericana desarrolló en plena guerra comercial contra China, previa al COVID-19. La guerra de Trump contra todos —China, Europa, Irán, Corea del Norte...— formaba parte de su estrategia de mostrarse ante los estadounidense como el verdadero amo del planeta, capaz de poner de rodillas a sus socios de la OTAN, a sus vecinos del Sur a base de muros o los europeos diciéndoles que redes 5G debían instalar en sus países.
El fragmento citado es un canto a la eficacia de Taiwán, a su democracia (las primeras elecciones presidenciales democráticas fueron en 1996), pero es sobre todo una crítica a China. Se trata por todos los medios de que nadie vea que China ha vencido a la enfermedad, sino que fue China la que la causó.
Sigue sorprendiendo este juego retórico en la "nacionalidad" del virus, esta insistencia en la narrativa del origen y del retraso de la información. Pero es más insistente cuanto mejores noticias lleguen de China. Si Estados Unidos vence a la enfermedad, es un éxito de la democracia y del liderazgo en todos los órdenes; por el contrario, si China lo hace se trata de propaganda, desinformación y con toda probabilidad de datos falsos, dada la opacidad, tendencia natural a la mentira, etc. del gobierno comunista.


Todo esto lo hemos visto anteriormente, pero sigue creciendo y lo seguirá haciendo conforme Estados Unidos se hunde en su propio caos, producido por factores como la propia falta de preparación ante los que se consideraba un problema chino. Pronto se vio que no era solo chino. Todavía en los Estados Unidos siguen debatiendo si se quedan en casa o cualquier otra medida. Como a muchos otros países, les ha pillado desprevenidos, pero en el caso norteamericano son los "últimos desprevenidos". Alegar que no han sido informados es ciertamente un abuso. Da igual cuándo lo hubieran hecho. Las fases recorridas y la falta de preparación hubieran sido las mismas. El problema ya no es cuándo China informó, sino cuándo reaccionó Estados Unidos. Y eso es responsabilidad exclusiva suya.
Los intentos de Trump y de la Fox en borrar los rastros de su negacionismo son hoy frutos irónicos que cuelgan maduros en los árboles mediáticos. Los medios recogen la trayectoria de declaraciones de Trump, desde presumir que nadie muere en los Estados Unidos hasta hoy que pide al pueblo que se prepare para cifras espectaculares de muertos. En medio, las acusaciones de la Fox a los medios de comunicación de exagerar o de conspirar contra la Casa Blanca para desalojar su sabio inquilino. No, Estados Unidos no necesita invocar la maldad china para explicar lo que ocurre; le basta con mirar a la Casa Blanca y ver reflejado en ella la propia estupidez de las decisiones, la presunción, la prepotencia en los planteamientos. Tanta retórica para nada.
El segundo de los artículos está firmada por Samantha Vinograd, asesora de seguridad de la CNN, ex miembro del consejo de seguridad de la administración Obama y también de la George Bush. El título del artículo es "Trump put American lives in China's hands" y supone el más virulento ataque contra China que he podido observar, usado además para arremeter contra Trump. La narrativa que se propone en este caso es que si China es malísima, Trump es un incompetente peligros que, desde el título se nos advierte, ha puesto el destino de América en manos de los chinos, el enemigo.
De nuevo, el argumento del que se parte es que China no informó, algo que según los propios datos norteamericanos se hizo el día 1 de enero con recepción oficial el 3 de enero. Mencionamos de nuevo que es en plena guerra comercial iniciada por Trump.
El artículo de Sam Vinograd es directo y arremete contra Trump desde el inicio, dando una voz de alarma:

American lives are in China's hands.
China: A country that the White House has called a "strategic competitor"; a country engaged in active influence operations against us; a country the State Department describes as an authoritarian state that engages in gross human rights abuses; a country that the White House said has "consistently taken advantage of the US economy"; a country whose leadership Secretary of State Mike Pompeo described as a "substantial threat to our health and way of life"; a country Trump administration officials are blaming for covering up the truth about the coronavirus outbreak.
China: The country the United States is relying on to supply equipment to save American lives.
In a perverse -- and avoidable -- twist of fate, the country that was arguably responsible for the virus' spread because of its attempts to cover up the initial outbreak is now the one best positioned to profit from its fatal impact.
The US intelligence community has warned that China is intent on expanding its global economic reach. Now, as the epicenter of the pandemic has shifted to the United States with more than 300,000 confirmed cases of Covid-19 as of April 4, Trump's lack of preparation has given China an opening to expand that reach quickly.
The Trump administration should have had a strategy in place to adequately stockpile and distribute key supplies before the pandemic hit the homeland. It did not.
To make matters worse, President Donald Trump hesitated for weeks to use the Defense Production Act, which he finally invoked to help direct materials and other resources to domestic manufacturers to produce ventilators and N95 masks. On Friday, he moved to curtail the export of lifesaving personal protective equipment -- after more than 7,000 Americans already died.**


¿Podrían estar las vidas de los americanos en "peores manos"? La respuesta norteamericana es, desde luego, que no. Que los respiradores se fabriquen en China (también antes se hacían allí) parece el destino más cruel y peligroso al que se enfrenta el pueblo, arrojados a las crueles fauces del dragón rojo.
Con Trump, los Estados Unidos se han contagiado de su narcisismo. Necesitan mirarse al espejo —espejito, espejito— y verse la más bella. Cuando esto no ocurre, se desatan las iras, las amenazas, como sucedió hace unos días cuando Trump afirmó enfadado que la normativa europea de calidad estaba pensada para rechazar los productos norteamericanos, que son —¿alguien lo duda?— los mejores. Eso afecta al tratamiento que se da; si compras, todo va bien. ¡Great Job! Los dictadores de todo el mundo lo aprendieron rápido.
Trump sigue empeñado en que el COVID-19 es una competición por el prestigio y no una cooperación por salvar vidas. Y ha contagiado al país, cuyos votantes han estado alimentados con un revanchismo contra el mundo, llamados a hacer una "América grande de nuevo", lo que todos entendieron como la necesidad de humillar al mundo, ese conjunto de parásitos que se alimentan del genio y generosidad estadounidenses. La idea de Trump es que paguen por ello. Este era el escenario que Trump vendía y vende en sus mítines semanales recorriendo el país con su "Travelling Show". Pero los sueños que vendía mientras todos movían la cabeza asintiendo no se corresponden con la realidad. De la creciente influencia rusa en Oriente Medio a la crisis del COVID´19, no es liderazgo lo que se aprecia. La retórica de la grandeza contrasta con la realidad de la pérdida de credibilidad por una política agresiva hacia sus propios aliados. Es lo que ocurre con la Unión Europea; respeto, ninguno. En todo caso, temor a las arbitrariedades y amenazas que Trump ha lanzado unilateralmente.
El artículo de Vinograd es un ataque a Trump por cometer el mayor error: ponerse en manos de China. Pero para mostrar el error de Trump necesita la condena sin paliativos de China, convertirla en un monstruo aprovechador de los males que ha desencadenado en el mundo. El artículo va creciendo en su retórica condenatoria volviendo a los peores tiempos de la Guerra Fría:

In a perverse -- and avoidable -- twist of fate, the country that was arguably responsible for the virus' spread because of its attempts to cover up the initial outbreak is now the one best positioned to profit from its fatal impact.
The US intelligence community has warned that China is intent on expanding its global economic reach. Now, as the epicenter of the pandemic has shifted to the United States with more than 300,000 confirmed cases of Covid-19 as of April 4, Trump's lack of preparation has given China an opening to expand that reach quickly.
The Trump administration should have had a strategy in place to adequately stockpile and distribute key supplies before the pandemic hit the homeland. It did not.
To make matters worse, President Donald Trump hesitated for weeks to use the Defense Production Act, which he finally invoked to help direct materials and other resources to domestic manufacturers to produce ventilators and N95 masks. On Friday, he moved to curtail the export of lifesaving personal protective equipment -- after more than 7,000 Americans already died.
Despite Trump's latest moves, the United States is still not producing enough equipment to meet the needs of health care workers and the sick.
The administration's failure to prepare for the pandemic has left people with no other choice than to find supplies where they can. New York Gov. Andrew Cuomo, who said Saturday that the Chinese government helped facilitate the donation of 1,000 ventilators to the state, already ordered 17,000 ventilators from China. Meanwhile, private citizens such as Patriots owner Robert Kraft have desperately sourced masks from China.
China's top medical device maker said that the demand for ventilators, for example, is now 10 times higher than what's available at hospitals globally. While data from Chinese sources is far from reliable, a Chinese government official indicated that China has 21 invasive ventilator makers and that Chinese manufacturers have orders for 20,000 ventilators from abroad. At this rate, orders for Chinese products will continue to surge.
China is cashing in on a crisis they played a large part in creating.**

Quizá preferirían que no hicieran ventiladores o que se negaran a venderlos o a regalarlos y se los quedaran ellos. Si los venden están haciendo "cash"; si los regalan, están haciendo "propagando comunista"; si no los dan, son "perversos egoístas" que buscan hundir el sistema. La retórica norteamericana de Vinograd parte del principio de la necesidad de la supremacía norteamericana en el mundo. Sin embargo, sus amistades con dictaduras autoritarias populistas no son la mejor garantía; su apoyo a la desunión de Europa tampoco es un buen inspirador. El mundo ya se estaba preparando para una menor dependencia de Estados Unidos (la necesidad de un ejército europeo, por ejemplo) mucho antes de la pandemia. Ahora, irónicamente, dependen de los respiradores, mascarillas, etc. importados de China.


Estados Unidos es muy libre de ver el mundo desde su perspectiva frentista, de súper depredador vigilante del planeta. Trump se ha presentado —y lo sigue haciendo— como el enmendador de la política de los presidentes anteriores de los Estados Unidos, todos equivocados. Debió ser un error la "diplomacia del ping-pong" de los 70. Todo ha sido un error... todo lo que él no haya hecho está mal. Debe ser enmendado para que prevalezca el control real de los Estados Unidos, no para que el mundo vaya a mejor. Cualquier escenario en el que Estados Unidos no esté en la cima es, de hecho, malo.
El ejemplo más claro lo tenemos en el negacionismo del cambio climático o de las mismas vacunas, no lo olvidemos. H. Holden Thorp escribía en The Guardian el día 13 de marzo un artículo titulado "Trump’s rhetoric will make the pandemic worse. Words are now a matter of life and death", que llevaba una clara entradilla: "Trump used to flirt with anti-vaxxers. Now he is demanding a coronavirus vaccine". ¿Se nos ha olvidado? ¿No nos acordamos de la revista norteamericana Scientific American, que publicó —por primera vez en su larga historia— un editorial mostrando su preocupación científica por las opiniones que sostenía el candidato a la presidencia, Donald Trump? ¿Se han olvidado los norteamericanos, el resto del planeta, de esto?
En el artículo, Thorp escribe:

China has rightfully taken criticism for squelching attempts by scientists to report information during the outbreak. Now, the United States government is doing similar things. Informing Fauci and other government scientists that they must clear all public comments with Mike Pence, the vice-president, is unacceptable. This is not a time for someone who denies evolution, the climate crisis and the dangers of smoking to shape the public message. Thank goodness Fauci, Francis Collins, the director of the US National Institutes of Health (NIH), and their colleagues across federal agencies are willing to soldier on and are gradually getting the message out.
While scientists are trying to share facts about the epidemic, the administration either blocks those facts or restates them with contradictions. Transmission rates and death rates are not measurements that can be changed with will and an extroverted presentation. The administration has repeatedly said – as it did last week – that virus spread in the United States is contained, when it is clear from genomic evidence that community spread is occurring in Washington state and beyond. That kind of distortion and denial is dangerous and almost certainly contributed to the federal government’s sluggish response. After three years of debating whether the words of this administration matter, the words are now clearly a matter of life and death.***


¿Debemos creer todos seriamente que lo que ocurre en Estados Unidos es culpa de China? Las maniobras de distracción de la propia inoperancia son obvias. Pero los votantes y el colegio electoral, con los votos republicanos, han colocado en la administración actual a personas que no creen, como señala Thorp, en la ciencia, en la sanidad pública, en la evolución, en el cambio climático..., personas fuertemente imbuidas de un radicalismo político poco dúctil y adecuado para enfrentarse a una crisis de este tipo en el que se nos trata de convencer de que los virus son comunistas y que con oraciones y rezos se pueden parar, como señalaban los propios medios norteamericanos enfrentados a la realidad de las congregaciones contagiándose unos a otros en el nombre de un Dios que les debe inmunizar. Pero ni la religión ni la ideología tienen mucho que ver con los coronavirus. Sí nuestros prejuicios, capaces de llevarnos a la tumba.


El artículo de Samantha Vinograd es digno de la peor época de la Guerra Fría. Es xenófobo, radical y populista; se centra en eso que se ha dado llamar los "intereses norteamericanos", una expresión que ha ido ganando terreno en los discursos y supone una justificación universal. 
La preocupación de que China tome ventaja es una preocupación suya, puesto que se trata de una carrera que les ha gustado empezar y que querían ganar, mostrándose en cambio en pobre forma atlética. Y eso es demasiado para la autoestima norteamericana, cargada con la retórica populista de Trump.


Por el contrario, se ha perdido una enorme ocasión de haber recuperado el prestigio dando muestra de lo que debe ser un aspirante a líder: una fuente de inspiración para los demás. Pero el liderazgo de Trump es sumisión y humillación, retórica hueca patriotera y supremacismo norteamericano, destino manifiesto. El liderazgo del "mundo libre" o del "mundo a secas" lo había perdido ya anteriormente con su forma de enfocar las relaciones. La crisis del COVID-19 solo ha hecho confirmar esta falta de cualidades para el liderazgo.


¿El tercer artículo en la CNN? Sí. Pues es sobre los problemas de la calvicie en China y cómo la generación de los que tienen ahora 35 años van perdiendo pelo más que antes y se plantean tratamientos estéticos Ocurre tanto en China como en países vecinos como Vietnam, Corea o Japón. Un problema que preocupa y mucho.
Sí, para Trump, China es un fastidio. Más allá del problema que creyó que nunca sería un problema, deja en evidencia su falta de perspectiva, lo limitado de su capacidad de reacción, lo prejuicioso de su comportamiento. Y algo peor: que el mundo no está de su lado, como se vio en la última reunión de G7, en donde se negaron a ser firmantes de sus declaraciones sobre el "virus chino". Nadie quiere ser cómplice de una política en estos momentos absurda. La idea de que sí China vence a la pandemia o encuentra una vacuna o fabrica respiradores necesarios esto se va a interpretar como un triunfo ideológico, una victoria del comunismo, es infantil y digna del peor escenario macartista que tanto daño hizo, incluidos los Estados Unidos. Pero el mundo de Trump es simple. La retórica del dominio asoma las garras en muchos artículos. Estos artículos no solo aparecen en USA, sino también se encuentran alineamientos parecidos en función de la influencia del trumpismo que ha prendido en los grupos nacionalistas y populistas, además de otros meramente económicos. Deberían ser más sensatos y entender que no es momento de esto y que el futuro debe ser redefinido en la cooperación y no en la competencia por la cima.
Debemos estar preparados porque cuando esto empiece a "normalizarse", la presión norteamericana sobre Europa va a ser muy fuerte. Si antes había amenazas para comprar, ahora serán con sanciones a los que se alejen de su influencia y mercado. La excusa china entrará en juego forzando a los países a quedar bajo el ala norteamericana. Es el fondo que hay tras todo este "fastidio chino", un futuro de dependencia. Los europeos, los demás países, deberán elegir lo que Washington diga bajo amenazas de nuevos aranceles y volver a la guerra que el COVD-19 tapó. No se ha ido, solo ha sido sustituida por nuevos tipos de episodios.
Es el momento de la Ciencia y de la solidaridad entre países. Los que no vean más allá, tendrán un problema.



* James Griffiths "Taiwan's coronavirus response is among the best globally" CNN 5/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/04/asia/taiwan-coronavirus-response-who-intl-hnk/index.html
** Samantha Vinograd "Trump put American lives in China's hands" CNN 5/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/04/opinions/presidential-weekly-briefing-trump-american-lives-china-vinograd/index.html
*** H Holden Thorp "Trump’s rhetoric will make the pandemic worse. Words are now a matter of life and death" The Guardian 13/03/2020 https://www.theguardian.com/global/commentisfree/2020/mar/13/trump-coronavirus-antivaxxer-vaccine
**** "With hair loss on the rise, Asia's men grapple with what it means to be bald" CNN 5/04/2020 https://edition.cnn.com/style/article/asia-men-hair-loss-bald-scn-wellness/index.html








domingo, 22 de marzo de 2020

La importancia de la información

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay muchos niveles desde los que se puede ver y analizar la situación que estamos viviendo. Van desde lo que le pasa a cada uno en particular a lo que nos pasa a todos como Humanidad. Incluso, más allá, están los efectos sobre el propio planeta, que también los tiene como están aprendiendo a percibir. Las imágenes de los satélites que nos muestran los efectos del parón de la actividad humana, debería hacernos reflexionar sobre las diferencias. También —especialmente— sobre las prioridades que rigen nuestras vidas. Los momentos de crisis suelen ser especialmente adecuados para echar una mirada sobre nosotros mismos, más en esta época de velocidad, de prisa incontrolada, de estar pensando siempre en donde deberíamos estar y no en dónde estamos.
Es tiempo de soluciones prácticas y de reflexiones generales. Ambas cosas son necesarias porque, más allá de cualquier dramatismo —que no es mi intención en absoluto—, es importante aprender y reorientarnos hacia un futuro que haga que esto no tenga las mismas consecuencias trágicas. Debemos reordenar nuestras mentes y arreglar lo que nos hemos dado cuenta que no funciona. Por eso es necesaria la lucidez antes que la histeria, el realismo antes que el sensacionalismo. El empeño de algunos en hacer avanzar sus guerras muestra que se sigue pensando en esto como en juego en que unos ganan y otros pierden. No han entendido nada. Y cuanto más tarden en entenderlo será peor para todos.


Los esfuerzos de reflexión para ir más allá de la demagogia, el partidismo o los prejuicios de todo tipo son necesarios. En este sentido, creo que es recomendable la lectura del profesor Yuval Noah Harari, conocido mundialmente por sus obras entre el ensayo y la divulgación, en donde se nos habla desde una perspectiva "humana", como "Sapiens" para hacernos ver nuestra propia evolución e Historia conjunta. Es una perspectiva hoy más adecuada que la muy estrecha de los países.
El diario El País ha conseguido una entrevista, firmada por Guillermo Altares, en la que se le pregunta (vía correo electrónico) por su percepción de esta crisis. Cuando le preguntan sobre la falta de una respuesta global de los gobiernos y la inexistencia de ese plan conjunto para enfrentarse a esta crisis, Harari explica lo que este plan debería abordar:

Uno, compartir información fiable: los países que están pasando por la epidemia deberían enseñar a los que todavía no la están atravesando. Dos, coordinar la producción mundial y la distribución equitativa de equipo médico esencial, como material de protección y máquinas respiratorias. Tres, los países menos afectados deberían enviar médicos, enfermeras y expertos a los países más afectados, tanto para ayudarles como para adquirir experiencia. Cuatro, crear una red de seguridad económica mundial para salvar a países y sectores más afectados. Cinco, formular un acuerdo mundial sobre la preselección de viajeros, que permita que un pequeño número de personas esenciales sigan cruzando las fronteras.*


Es un plan de medidas muy concretas aunque de aplicación global y que tiene un principio claro: el intercambio de información fiable, contrastada. Hay muchos enemigos en esta crisis: los prejuicios, la xenofobia, la insolidaridad, la inconsciencia... y la mala información.

Lo que Hariri trata de señalar es algo que importante que se vea pronto: la necesidad de un trabajo conjunto y solidario. Desde que esta crisis comenzó hemos estado señalando que había que dejar de lado las consideraciones nacionales y políticas, que se trataba de un problema sin pasaporte y sin fronteras. Hay personas en que siguen pensando, actuando y escribiendo en términos de Guerra Fría. Es un enorme error que dificulta lo esencial: la colaboración. Este COVID-19 va a requerir los esfuerzos de toda la comunidad científica, de todos los países colaborando no para ver quién se hace rico con una vacuna sino cuántas vidas podemos salvar de lo que solo está empezando.
Para esto es esencial compartir la información, tanto compartir la buena como evitar la mala. La información es un arma de doble filo porque es la que regula nuestras acciones. Desde ella actuamos conforme nuestro conocimiento aumenta.
Ahora podemos percibir con claridad un mal de estos años: el dinamitado de las grandes instituciones internacionales por las políticas parciales, especialmente desde la llegada a la casa Blanca del presidente actual, apóstol del aislamiento y del unilateralismo.
Esa políticas mundial tiene que cambiar y son más necesarias que nunca las vías de colaboración, para las que es esencial la colaboración y la confianza, por los que aquellos que siguen empeñados en enfoques de Guerra Fría. 
Resalto esto porque en nuestro país, al modo de Trump, determinados medios están empezando a publicar artículos dignos de la época del macartismo, tratando de crear problemas y levantar barreras cuando lo importante es la colaboración.


En la entrevista de Pedro Altares en el diario El País. Harari explica la importancia de la información:

La gran ventaja de los humanos sobre los virus es la capacidad de intercambiar información. Un coronavirus en Corea y un coronavirus en España no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Pero Corea puede enseñar a España lecciones valiosas. Incluso el aislamiento requiere información. El aislamiento contra el sida es muy diferente del aislamiento contra la Covid-19. Para aislarse contra el sida es necesario usar un condón mientras se tienen relaciones sexuales, pero no hay problema en darle la mano a una persona con VIH. Covid-19 es una historia diferente. Para saber cómo aislarte de una epidemia en particular, primero necesitas información fiable sobre sus causas. ¿La producen virus o bacterias? ¿Se transmite por los fluidos corporales o del aliento? ¿Pone en peligro a los niños o a los ancianos? ¿Hay una cepa o varias que han mutado?

Social y personalmente es necesario filtrar la información para evitar desastres, manipulaciones y cometer errores fatales. Las personas necesitan información fiable y contrastada.
Comprobamos entonces que las fuentes que nos guían dependen de muchos factores culturales (creencias), sociales (relaciones) personales (nivel educativo, acceso a los medios, etc.).


Estos últimos días hemos tratado aquí algunos de ellos, como el islamista egipcio que instaba a la personas portadoras a ir a contagiar a policía, jueces, funcionario o militares del régimen de al-Sisi, considerando la enfermedad un arma que Dios les daba contra el mal; o los ciudadanos de Kansas que consideraban que aquello era una mentira izquierdista y confiaban en Dios, sin más. Son aspectos culturales y sociales que acaban condicionando las acciones individuales.
Las creencias se transforman dando finalmente sentido a los actos dentro de un marco interpretativo. Desde fuera no somos capaces de percibir esa "lógica", pero podemos estar inmersos en otros condicionantes.
La Vanguardia nos trae un caso de problemas en los que se entremezclan los problemas sociales y la mala información:

Al menos veinte personas han muerto y 34 han sido hospitalizadas en Estambul por consumir alcohol adulterado siguiendo los falsos rumores de que protege contra el coronavirus, informa este viernes el diario Milliyet.
Todos los afectados son ciudadanos de Turkmenistán que habían consumido alcohol macerado con hierbas para “protegerse contra el virus”, según explicó uno de ellos a la Policía, que inició una investigación al detectar el aumento de intoxicaciones.
Los afectados bebieron el alcohol metílico, que puede usarse como anticongelante o disolvente, creyendo que se trataba de un tipo de aguardiente que se consume en Turkmenistán para protegerse de enfermedades infecciosas.
Once personas han sido detenidas por vender el producto en colmados y peluquerías de los barrios afectados.
Medios turcos han recomendado falsamente estos días el consumo de bebidas alcohólicas y de alimentos como el ajo, el yogur o la melaza para combatir el coronavirus.**



Este tipo de información la que puede causar más muertos que el propio COVID-19. La aceptación de una información que no son más que bulos peligrosos puede llevar a esas muertes absurdas, producidas por una mezcla de codicia y estupidez, dos enemigos mortales.
No todo el mundo tiene acceso a la información fiable y muchos tienen acceso a información peligrosa si la siguen, como en ese caso en Turkmenistán, pero también en otros en los que han circulado informaciones frívolas e irresponsables. Ya sea por maldad o por ignorancia, la necesidad de combatir la desinformación y la falta de información es creciente. Para ello hay que establecer fuentes fiables y accesibles.


Algunos medios están teniendo acceso directo a fuentes oficiales. Otros se asesoran por expertos. Uno de los mayores peligros es la gente que explica lo que no entiende. La crisis ha ido mostrando la necesidad de la información fiable y de la especializada. Los peligros del tecnicismo y los peligros de la frivolización se han mostrado en un curso acelerado y mortal.
La información —tiene razón Harari— es la clave en todos sus flujos y circuitos, de los científicos y médicos a los institucionales y los medios son un factor determinante por su propio papel de distribución. Por eso es tan importante el cuidado de los medios y la formación de los profesionales sobre la que nunca se insistirá bastante.
La capacidad de transmitir y compartir información ha sido nuestra gran fuerza frente a los desafíos de la naturaleza en la evolución humana. Es nuestro poder real poder compartir y defendernos en grupo. Desgraciadamente, es también un arma y un peligro cuando nos lleva a la ignorancia de los problemas o a las soluciones erróneas. 



* Pedro Altares "Yuval Noah Harari: “La mejor defensa contra los patógenos es la información”" El País 22/03/2020 

** "20 muertos en Turquía por beber alcohol adulterado al pensar que protege contra el coronavirus" La Vanguardia 20/03/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20200320/474268757562/muertos-turquia-beber-alcohol-adulterado-protege-coronavirus.html