Mostrando entradas con la etiqueta ciencias sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencias sociales. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de mayo de 2018

Paridad y diversidad o no sin mujeres en las Ciencias Sociales


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Repasando las noticias, descubro en el diario El Mundo el titular "Más de 50 académicos se comprometen a no acudir a actos en los que no participen mujeres"*, fechado el pasado 16 de mayo. Se trata de un manifiesto —que acabo de firmar y animo a otros profesores a hacerlo— mediante el que adquirimos el compromiso de no participar en actos académicos o públicos en los que no haya una presencia de mujeres. La lista está encabezada por su objetivo, "Académicos españoles por la presencia femenina en las Ciencias Sociales", y cuenta en estos momento de la mañana con más de 500. En su presentación se señala:

«Los miembros de esta lista nos comprometemos públicamente a no participar como ponente en ningún evento académico (Conferencia, Congreso, Jornadas o similar) o mesa redonda de más de dos ponentes donde no haya al menos una mujer en calidad de experta. Asimismo, instamos al cumplimiento de lo establecido en la LEY ORGÁNICA 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.»**


Se preguntarán algunos —ya que no se explica— a qué viene esta parcelación de limitar la oferta a las Ciencias Sociales. ¿No es importante en los otros campos en los que solemos dividir el conocimiento? Por supuesto que sí, es importante no marginar a nadie por cuestiones de diferencia de sexo o de cualquier otra circunstancia.
Estas cuestiones están siendo importantes porque las universidades son instituciones altamente jerarquizadas y que tienden a la concentración de poder mediante el establecimiento de sistemas que tiende a reproducir el llamado "efecto mateo", es decir, ir acumulando beneficios con tendencia a que se concentren en unos pocos. Los que reciben ese poder tienden a usarlo y reproducirlo.
En un estudio realizado en 2017 por el diario El Mundo se recogen los datos sobre la proporción en el número de catedráticas existentes en la  universidad española:

En todo el país, cuatro de cada cinco catedráticos de universidad de los centros públicos son hombres. Las instituciones con mayor desigualdad entre sexos en dicho escalafón son la Universidad de Huelva, con solo un 6,78% de mujeres, seguida de la Politécnica de Cataluña (8,37%) y la Politécnica de Cartagena (10,87%). En la cuarta posición, se encuentra la Universidad de Cantabria (11,95%).***


El mejor dato es el de la Universidad de Burgos con un 33'33% y mi universidad está en el cuarto mejor lugar con un 27'45%. Como se puede comprobar, incluso las mejores cifras no son buenas, muy lejos de la paridad.
Siempre se señala (también lo hace el artículo), la superioridad femenina en los expedientes académicos en Grados y posgrados. Es algo que cualquier profesor puede experimentar en la mayoría de los campos. Es mi experiencia años tras año, tras décadas de docencia. La explicación de porqué eso no repercute en el profesorado es una pregunta de nota porque entran entonces otros muchos factores que se engloban en la sombra del sistema. Uno de ellos, por ejemplo, es la propia composición de los tribunales que han de juzgar. Pesa mucho también las formas en que se producen otros mecanismos que pueden actuar como filtros (publicaciones, por ejemplo) que, mediante ese efecto Mateo, pueden acabar  favoreciendo a unos en detrimento de otros.
Pero la cuestión que se plantea en el manifiesto es mucho más sutil. No se trata de la cuestión de la paridad, que ya está en la ley orgánica señalada. Es otra cuestión importante para el desarrollo y sentido de las propias Ciencias Sociales: se necesita otra perspectiva. Las cuestiones sociales no son "verdades", son percepciones, interpretaciones, representaciones, costumbres, relaciones, etc. La cuestión del "sesgo" es esencial para comprenderlas ampliando la visión.


Toda visión predominante se sostiene en alguna forma de poder. Está ahí no porque exista el destino, sino porque alguien la sostiene de forma consciente o inconsciente y la convierte en norma. Esos principios de poder se convierten en "naturales" dentro de la explicación. La cuestión aparece clara cuando se piensa que la ciencia pudo desarrollarse desde el momento en que se separó del pensamiento dogmático religioso, que imponía una visión del mundo.  Hasta el siglo XX se seguían dando en Occidente ante los condicionamientos desde la religión, que imponía su propio relato del mundo, desde la creación hasta los menores detalles, incluidos los de la vida social.
Los estudios, durante las últimas décadas, han ido desmantelando la idea de "objetividad" y se han concentrado en la intencionalidad tras la "verdad oficial" de cada momento, sobre la construcción social de discurso sobre la realidad. No se cree ya en un orden dado que hay que descubrir, sino más bien en cómo se construye lo que blindamos como orden social mediante diversos tipos de estrategias.


En el interesante artículo de la recientemente fallecida catedrática Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de La Laguna, Amparo Gómez, publicado en la revista Investigación y Ciencia de este mismo mes (nº 500 mayo 2018 pp. 50-51), realizó una síntesis de la evolución de las Ciencias en cada campo y en especial en el de las Ciencias Sociales. El título del artículo es "La filosofía de las ciencias sociales" e incide en una cuestión central en este campo. En primer lugar revisa los campos más rígidos, el mundo de la Física y la Biología mostrando los cambios producidos, para pasar después a comprobar los efectos en las Ciencias Sociales. En el punto titulado "La implicación del observador" explica Amparo Gómez:

Vayamos, por último, a la cuestión del sujeto investigador y su implicación en el propio objeto. Las prácticas de investigación han constituido un tema tradicional de la filosofía de las ciencias sociales. La atención prestada a esta cuestión se debe a que en ella se jugaba, en buena medida, la cientificidad de unas disciplinas que presentaban dificultades en el plano empírico. Téngase en cuenta que los experimentos sociales no resultan fáciles de llevar a cabo y suelen ser improcedentes, y recuérdese también que el investigador siempre está, de un modo u otro, afectado por la dinámica social que estudia.
Sin embargo, la situación ha cambiado. Se reconoce ahora que la normatividad clásica con respecto a la investigación difícilmente se cumple en ningún caso, ni siquiera en el de las ciencias naturales, por lo que el componente normativo de la filosofía de la ciencia se ha reducido y flexibilizado. Cualquier práctica científica integra factores de diversa naturaleza, incluidos los de naturaleza social, económica, política e incluso moral.
En suma, la filosofía de las ciencias sociales sigue abordando temas clásicos, como la causalidad, la intencionalidad, las leyes o la explicación. No obstante, lo que ha cambiado es el tratamiento filosófico de estas cuestiones. La filosofía de las ciencias sociales sigue incluyendo indicaciones normativas, pero estas son mucho más flexibles que las que se buscaban a principios del siglo XX. (p. 51)**

Es en el final del segundo párrafo recogido donde resida parte de la clave de la cuestión. No se trata solo del acceso a una verdad exterior que debe ser encontrada, sino de una comprensión de los factores que determinan nuestra capacidad de conocer y conocernos.  Como sujetos sociales, vivimos inmersos en una realidad olvidando que la hemos creado.
Uno de los factores determinante de la Historia en todas las sociedades es la práctica separación de la mujer de un conocimiento que ha sido definido como "objetivo", pero que en realidad es el resultado de una visión masculina del asunto tratado. Se puede debatir campo por campo cómo esto afecta al conocimiento, pero donde creo que es indiscutible es en el campo de las Ciencias Sociales, que son precisamente las que contemplan lo creado por nosotros mismos. Mucho de lo que se ha dado en llamar "objetivo" en este área no ha sido sino una interpretación desde una mirada esencialmente masculina que ha sido privilegiada como "verdad".


Tenemos sobre la mesa, desgraciadamente, el caso llamado de "La manada" en donde se ha visto cómo las diferencias de percepción de los hechos son increíblemente distantes de las posiciones sociales y de los propios expertos. El Derecho es un campo definitivamente claro de cómo las leyes son creadas desde percepciones distintas de lo que pueda ser justo en función del sexo. Pero también la Historia, que excluyó a las mujeres de su discurso y ha tenido que ser reconstruida desde la idea de la "invisibilidad" aplicada a las mujeres, a las que no se percibía como valiosas. Ni a ellas ni a sus actos. La Historia, como el Derecho, sigue luchando por buscar otras formas menos imperfectas. Puede que no exista la perfección, pero si la equidad. No se trata de encontrar en las Ciencias Sociales aquello a lo que ya no se aspira a llegar en otros campos, como señalaba Amparo Gómez; se trata de eliminar prejuicios y exclusividad.
En cuanto al muy polémico caso de la sentencia por "abusos sexuales" y no violación" que sacó a decenas de miles a las calles por toda España, la cadena SER informaba:

La sección penal de la comisión general de codificación compuesta por una veintena de catedráticos de derecho penal –todos hombres- contará con catedráticas de derecho penal para revisar los delitos sexuales del código penal a raíz de la polémica que ha generado la sentencia de la manada. El número está aún por determinar pero serán mujeres especialistas en esta materia para aportar la perspectiva de género necesaria para revisar los delitos de abuso y agresión sexual. Además, se pedirá opinión a distintas asociaciones de mujeres juristas y de víctimas de delitos sexuales. Ambas peticiones fueron realizadas por el presidente de la sección penal de esta comisión, Esteban Mestre.
Este órgano consultivo que se constituyó en la década de los 80 debe analizar si la redacción actual de los delitos sexuales en el código penal es o no confusa en supuestos límites de intimidación y consentimiento, tal y como se ha puesto de manifiesto con la sentencia del caso de La Manada. Las propuestas de esta comisión deben estar concluidas antes del 15 de junio.*****



Sabemos ya que la comisión tendrá más mujeres que hombres. El hecho de que todos los miembros de la comisión fueran catedráticos, es indudablemente un caso peculiar que desemboca en una forma interpretativa. Nadie es responsable de nacer hombre o mujer, pero sí somos responsables de cómo constituimos las comisiones.
Lo que la propuesta firmada por profesores se puede comprender mejor al hilo de este desgraciado caso, cuya única ventaja es haber sacado a la luz todas estas cuestiones haciéndolas evidentes.
La importancia de que haya hombres y mujeres en los distintos escenarios académicos tiene varias implicaciones:


1) la visibilidad: el conocimiento y la opinión dejan de ser algo exclusivamente masculino y se perciben voces autorizadas de mujeres.
2) el punto de vista o sesgo: no todo se percibe de la misma manera porque nuestras miradas son diferentes. Aunque vivamos en el mismo espacio físico: no es el mismo espacio de experiencias. La vida de un hombre y una mujer en la misma ciudad, por ejemplo, está llena de experiencias diferenciadas por su sexo. Las discusiones o el escepticismo de algunos tiene como causa la incapacidad de entender esta circunstancia: vivimos vidas distintas en función de muchos rasgos diferenciales, uno de los más básicos, si no el que más, es el sexo. Hay otros importantes: las diferencias religiosas, las económicas, etc. Muchas necesitan el esfuerzo de todos para reducirlas, pero el sexo no es reductible, es siempre una diferencia desde la concepción del propio cuerpo hasta las vivencias que produce. No dejamos de ser hombres y mujeres, pero sí podemos ser educados de muchas maneras o tener los mismos derechos. Esas experiencias diferentes dan lugar a visiones del mundo diferentes.
Si son los hombres quienes imponen las suyas como "normalidad", "objetividad", "verdad", etc., el mundo será machista. Lo que se pide en el manifiesto es no seguir contribuyendo a ello y tratar de aproximarse a las visiones múltiples de lo que percibimos.
Las Ciencias sociales no hablan de los átomos; hablan de los seres humanos. Y lo pueden hacer de muchas maneras, explicando el funcionamiento del mundo, tratando de acercarse a la realidad social en su diversidad, o contribuir a una visión segada del mundo, que ignora los privilegios de distinto orden y que ayuda a mantenerlo al ignorar sus problemas, opiniones, experiencias, etc.
El compromiso de no participar en aquellas actividades académicas o relacionadas con ellas que no tengan en cuenta la diversidad de los puntos de vista me parece adecuada en un mundo en el que se sigue privilegiando la visión unilateral masculina.

Las ciencias sociales son esenciales pues nos describen y explican. En la explicación está contenida la mirada formada socialmente. Todo nos parece transparente, pero eso es el efecto de nuestra propia educación, dedicada a convencernos de que las cosas son de una manera y no de otro.  
Dejar de lado el punto de vista, la opinión, la posibilidad de expresarse gracias a los filtros del mundo académico, informativos, creativo, etc. es cortar el mundo en dos y falsificar la mitad restante. Hacen falta más mujeres en la academia, sí, pero también en muchos otros campos en los que es necesario evitar la mirada exclusiva que se cree la única posible, la autoridad.
Se están observando por todo el mundo ciertas reacciones peligrosas, retrógradas, que hacen necesario que se escuchen con claridad las voces críticas y las formas diferentes de ver el mundo. La diversidad nos hace ser consciente que el mundo no es creación divina y leyes inmutables, sino una sucesión de controles sociales que le han ido dando forma desde una determinada visión del mundo. Que estas cosas se tengan que plantear en la academia significa que el propio sistema sigue fallando, que esas mujeres siguen sin pasar los filtros que se ponen como obstáculos para que la visión del mundo siga siendo la misma.


Hace unos años, tenía en el despacho una tutoría con una alumna del Máster de Investigación en Periodismo. Cuando terminé de leer el trabajo que había realizado para su TFM, le dije: "¿Sabes que podrías ser una magnífica investigadora?". Ella me respondió: "Nunca me lo habían dicho". Desde entonces lo hago siempre que se dan las circunstancias e intento que expresen esa visión específica que pueden aportar desde su propia visión del mundo, tan real como la mía. Hacen falta muchas investigadoras en el campo de las Ciencias Sociales. La paridad es solo una parte. Lo más importante es realmente dar cabida a la visión, escuchar las opiniones, los matices importantes sobre las formas de interpretar y explicar el mundo. Hay que romper el monolitismo. Se trata de ampliar, de debatir, de abrir nuevas percepciones de las que todos nos aprovecharemos. 
Que haya mujeres en todos aquellos actos académicos y científicos, me parece muy bien y que nos comprometamos a exigirlo o a negarnos a participar en ellos, creo que es correcto. Causará problemas en algunos casos, pero seguir ignorando estas cuestiones no es bueno para nadie, ni en lo personal ni en lo social, ni en lo académico.


* "Más de 50 académicos se comprometen a no acudir a actos en los que no participen mujeres" El Mundo 16/05/2018 http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2018/05/16/5afc47c0e5fdea50458b45ca.html
** No sin mujeres https://sites.google.com/view/nosinmujeres/inicio
*** "La universidad española lejos de la paridad en las cátedras" El Mundo 27/09/2017 http://www.elmundo.es/grafico/sociedad/2017/09/27/59b8e122268e3eae4f8b4672.html
**** Amparo Gómez "La filosofía de las ciencias sociales"  Investigación y Ciencia nº 500 mayo 2018 pp. 50-51
***** "La comisión de codificación contará con mujeres para revisar los delitos sexuales" Cadena SER 04/05/2018  http://cadenaser.com/ser/2018/05/04/sociedad/1525448174_204843.html






domingo, 17 de septiembre de 2017

Vivir entre conspiraciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La revista Mente & Cerebro de septiembre-octubre (número 86) nos trae una breve noticia sobre los resultados de un trabajo realizado por Damarin Graeupner y Alin Coman, de la Universidad de Princetwon, con el título "La exclusión social lleva a creer en las ideas conspirativas" (p. 7).
Hay dos fenómenos entre los que se establece conexión, el hecho de sentirse marginado socialmente y unas teorías conspirativas por las que se sienten atraídas las personas y que les sirven para explicar (presuponemos) su posición. Dicen los investigadores: "cuando a una persona que se considera marginada cree en las teorías de la conspiración, se la aparta todavía más de la sociedad. Pero el hecho de encontrar individuos que comparten ideas afines consolida sus convicciones. «Romper ese círculo vicioso sería la mejor opción para acabar con las teorías conspirativas», propone Coman. Ello sería posible, por ejemplo, si se reinsertara a estas personas en la vida social." (7)
Desconocemos la totalidad del estudio, pero los resultados son interesantes en un momento en el que la "teorías conspirativas" han llegado a un nivel de extensión realmente notable. La conclusión nos parece un tanto naif porque el concepto de "reinserción" contiene unas connotaciones que no son las que se pueden aplicar en casos en los que las propias teorías son utilizadas como forma de atracción hacia las comunidades en las que se refuerza esa actitud. El planteamiento del experimento y del estudio es: 1) existen personas marginadas socialmente; 2) se sienten atraídas por las teorías conspirativas; 3) y eso produce una marginalización mayor de esas personas. La "solución", por ello, está en romper lo que llaman un "círculo vicioso" y sacar a esas personas integrándolas en círculos más amplios.


En un principio, el planteamiento es correcto, ¿pero qué ocurre si la exclusión social no es un "problema" sino un "objetivo" para que el grupo de creyentes gane en fuerza? El estudio no considera que las "teorías conspirativas" tengan por finalidad sacar personas de un grupo y debilitar otro.
Hemos comentado varias veces el artículo-carta en The New York Times de un antiguo supremacista norteamericano con motivo de los disturbios de los neonazis y supremacistas en Charlottesville, un texto que nos parece relevante para comprender ciertos fenómenos relacionados.
En el texto se hablaba de cómo el autor había crecido en una comunidad supremacista. Lo que había escuchado en su casa, vecindarios, escuela, etc. le llevaban en un dirección única hasta formarlo como un miembro pleno de su grupo. Si hay algún tipo de teoría conspirativa que tiene fuerza (más allá de allá de los aliens y su conspiración gubernamental, de la que se alimentaba la serie Expediente X ) es la que afecta la supremacía blanca. En su conjunto, puede ser descrita (como cualquier otro grupo) como un grupo de teorías (enunciaciones) que son creídas para explicar la situación del momento como resultado de una historia manipulada.


Como en la representación del paradigma kuhniano, existen unas teorías normales (centrales) y otras periféricas. Estas últimas disputan la "autoridad", es decir, la "verdad" a las teorías y enunciados normales (aceptados socialmente). En la Ciencia, que es donde Thomas S. Kuhn lo aplicó para mostrar su evolución, los mecanismos de lucha se centran en la capacidad de dar mejores explicaciones y aportar demostraciones de lo erróneo de la teoría central, que domina el paradigma cultural, por parte de las teorías que aspiran a ser centrales. Más allá del campo de la Ciencia, la competencia entre teorías centrales y explicaciones alternativas se dan en muchos otros. Solo que, a diferencia de los mecanismos de demostración científica (experimento, predicción, etc.) en el campo social se trabaja con mecanismos mucho más complejos. La Ciencia moderna tuvo que romper el viejo paradigma de explicación teocrática última aportando pruebas de su eficacia. Las teorías no solo resisten por su mismas, sino que están ensambladas en sistemas de creencias muchos más complejos que eluden ciertos tipos de pruebas mediante argumentos de autoridad. Es lo que le permite a los creacionistas cristianos o islámicos negar la "evolución", es lo que le permite a Erdogan, por ejemplo, marginar las teorías de Darwin o la genética de las escuelas básicas borrándolos de los libros de texto.
El ejemplo del supremacista norteamericano, contado por el mismo, mostraba que la salida, efectivamente, es la integración. Había modificado sus puntos de vista tras discusiones intensas con sus compañeros al llegar a la universidad. En vez de marginarle en su nuevo espacio, el círculo vicioso del que hablan los investigadores, lo que hicieron fue someterlo a una batería de cuestionamientos hasta que agotara sus respuestas. Sus teorías alternativas conspirativas sobre la destrucción de los Estados Unidos a manos de gente de color (afroamericanos, asiáticos, latinos, et.) con  las que había crecido fueron cayendo una a una hasta percibir lo falso de todas ellas. Había salido del grupo conspirativo y se encontraba al otro lado.


¿Pero qué ocurre cuando no tratamos con personas individualmente, sino que nos enfrentamos a la situación inversa? ¿Qué ocurre cuando la mayoría cree en las teorías extravagantes? ¿Qué ocurre cuando millones de personas creen, por ejemplo, que China conspira para que Estados frene su producción esparciendo las teorías sobre el "cambio climático"? ¿Qué sucede cuando ocurren este tipo de situaciones?
Tampoco hay que recurrir a ejemplos de laboratorio porque son los procesos que vemos a través de las comunidades virtuales (a través de las redes sociales), que son un mecanismo de refuerzo del que no es fácil salir. El efecto que había tenido el traslado del pueblo pequeño a la comunidad universitaria del joven ex supremacista no está garantizado al haberse creado comunidades virtuales de refuerzo. Lo que vemos es un proceso distinto al de la exclusión social, ya que los mecanismos que actúan en este caso son dobles: inclusión de un grupo y exclusión de otro. Muchas veces es la autoexclusión de la corriente principal, como ocurre con los jóvenes que se radicalizan a través de los grupos y las redes sociales para entrar a formar parte del Estado Islámico aunque sea de forma virtual.
La "teoría conspirativa" ya no es cosa de que se nos oculte la llegada de los extraterrestres, el asesinato de los Kennedy o una falsa llegada norteamericana a la Luna. Las teorías sobre la conspiración de Occidente contra Oriente, sobre los intentos de destrucción de los países, etc. son usadas por los propios gobiernos y autoridades, están cada día sobre la mesa en titulares de periódicos, en columnas de opinión, en discursos políticos, etc. formando un universo discursivo inmenso e intenso, que lleva a la gente hacia los puntos en que son más manejables, creando miedos, fobias sociales.


La pregunta que se hacían hasta hace muy poco los expertos era "¿qué ocurriría cuando regresaran los yihadistas a sus casas europeas?". Se ha comprendido pronto que eso es solo una pequeña parte del problema. Se basaba en la falsa suposición que entre la acción terrorista y la "normalidad" hay un salto. Lo que hay es una enorme comunidad virtual, con grados diferentes de adhesión a la teoría, que espera para dar el salto al reclutamiento que lleva a la acción. La teoría se convierte en explicación primero y en justificación después. 
El marco social hoy es el del recelo. La paranoia de la vigilancia es muy fuerte. Los propios discursos de la cultura popular las convierten en series, películas, novelas, etc. Hoy los gobiernos protestan por el reflejo que se hace de los países en las ficciones. Es difícil separar lo real de lo irreal, distinción que ha cedido ante lo "creíble" o lo "verosímil" y lo increíble. La duda se esparce como un mecanismo destructivo que hace vivir entre sombras. Creemos que es fácil distinguir entre lo real y lo ficticio, pero no todos tienen esa capacidad, como sabemos. Después, la unión crea el refuerzo y las personas que excluidas de un mundo al que no creen e inmersas en un intenso estado emocional que les hace sentir la nueva teoría con la que se crea un sentimiento de persecución.


No es casual lo ocurrido en los Estados Unidos con la elección de Donald Trump. El aprovechamiento de las teorías conspirativas de más arraigo ha sido una de las señas de identidad de la campaña desde el principio. El estado de miedo que Trump creó frente a los enemigos que destruían el país comenzó por volver a sembrar las dudas sobre si Obama era "norteamericano" o no, que en la lectura "conspirativa" que llenaba las webs interesadas lo convertía en un "infiltrado musulmán radical", Siguió estigmatizando a todo el sur del Continente, llamando "violadores", "asesinos" y "narcos" a los trabajadores ilegales que llegaban de México o estaban allí durante décadas. Trump esparció viejos rumores sobre los diferentes opositores de las primarias, como después hizo con Clinton. Finalmente, los Estados Unidos están hundidos hoy en una serie de campañas conspirativas que incluyen ya al Kremlin y a los distintos miembros del equipo que han ido cayendo unos tras otro por revelaciones escandalosas. Es un contexto en el que lo que pueda ser verdad o mentira es objeto de una lucha feroz. Los ciudadanos no son indiferentes a esto, que hará encastillarse dentro de la comunidad con la que se comparten las creencias sobre lo que es cierto. Son los efectos amplificadores de un universo mediático en el que nada se deja al margen.
La clase política tiene mucha culpa en esto. Y el resultado es el ascenso de los grupos que tienen explicaciones conspirativas sobre el mundo y su funcionamiento, por lo que el fanatismo abre una enorme brecha social al imposibilitar el diálogo. Los grupos pasan a ser incompatibles al ser incapaces de compartir nada y, por el contrario, considerar a los rivales como los creadores y beneficiarios de la conspiración. Los otros son el enemigo dispuesto a destruir el orden específico que pasa a ser sagrado. El feminismo, por ejemplo, no es visto en Oriente Medio como un "movimiento de igualdad de las mujeres", sino como una conspiración occidental para destruir las familias musulmanas. El Estado Islámico es un invento occidental, piensa otros, para desprestigiar al islam. Las torres gemelas fueron destruidas el 11/S por los servicios secretos norteamericanos para justificar las acciones posteriores, es otro de los clásico. Los ejemplos podrían multiplicarse.


Muchos científicos muestran su preocupación por la proliferación de explicaciones pseudocientíficas y la reducción de "simple teoría" al conocimiento científico considerado válido. Se aprovecha el carácter provisional del conocimiento científico para darle un baño de relativismo. Se pervierte el sentido crítico de la Ciencia desde una distorsionadoras ideas que no se someten a revisión crítica porque se consideran dogmas, verdades intocables frente al conocimiento científico. Exigen "respeto" para creencias y mitos prohibiendo su revisión, mientras acusan a la Ciencia de estar cambiando. Su verdad es "inmutable"; la Ciencia , una acumulación de errores. Cuando se ven muy apurados, el crimen se convierte en acto heroico de defensa de las ideas sagradas.
El interés hoy por el retroceso de la racionalidad, de los mecanismos de prueba experimentales, lógicos, etc. en favor de unas creencias sin más fundamento que la tradición, es grande porque nos lleva a profundos problemas sociales en el futuro próximo.
No hace falta recurrir a las ficciones utópicas o a la Ciencia-Ficción para comprobar que en muchos espacios son los científicos los que van siendo excluidos, ya sea mediante los ataques físicos por herejes o blasfemos o mediante los recortes de presupuestos para la investigación.


El experimento de los científicos de Princetown es solo la medición de algo sabido. Pero es difícil experimentar con situaciones más amplias como las que vivimos. El problema no es que se excluya a una persona y que esta sea proclive a creer teorías conspirativas. El problema real afecta a millones de personas que pueden explicarte sin pestañear, mientras tomas un café, las más increíbles historias sin fundamento. Cuando intentas pedir una explicación, la respuesta suele ser la misma: existe una conspiración para que no lo sepamos. Las pruebas son quemadas, los individuos desaparecen si intentan contarlo. Si le pides algo más, te dará la dirección de una web en la que todo queda perfectamente claro.
Hoy las teorías conspiratorias se extienden. Convierten en sus gozosas víctimas a las personas cuya situación difiere del destino que creen merecer. Como individuos y como grupos, nos permiten habitar un espacio de resistencia ante los que nos rodean. Son los "otros", aquellos que se empeñan en que no salgan nuestros planes ni se cumplan nuestros destinos gloriosos. Son los "otros", perpetuos conspiradores, celosos de nuestra realidad que quieren destruir.
No son unos pocos los que piensan así. Y tienen muchos que lo corroboran. La conspiración ya no se hace en la sombra, sino bajo las luces del circo mediático. El creciente número de publicaciones, de todo tipos —de ensayos a los resultados de experimentos, pasando por la prensa diaria— muestran que es un fenómeno social preocupante. En el estudio citado, el reingreso a la sociedad era la solución frente a la exclusión. ¿Pero qué ocurre cuando la sociedad deja de tener ese beneficio y vive la confusión como normalidad? ¿Cómo vivir entre conspiraciones?




* "La exclusión social lleva a creer en las ideas conspirativas" en Mente y Cerebro nº 86 (septiembre-octubre), p.7.






lunes, 16 de enero de 2017

La necesidad de las Ciencias Sociales en Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La publicación egipcia Mada Masr trae un interesante artículo dedicado a la decadencia de los estudios de Ciencias Sociales en las universidades del país, la caída del interés y trata de explicar este fenómeno desde distintos puntos. El artículo se titula "What happened to the social sciences in Egypt?", está firmado por Mai Shams El-Din, y ha sido publicado en colaboración con Al Fanar Media. La inclusión de algunos estudios que incluiríamos dentro de las Humanidades nos da cuenta de la percepción "histórica", antes que crítica, que se tiene de ellas.
Tras constatar la pérdida de alumnado por parte de las universidades, se señala la falta de interés de estas (“The university considers social science departments as decorative”, señala una de las personas entrevistadas). Pero son básicamente dos las presiones que existen sobre ellas. La primera es una tendencia general que afecta a Egipto como a otros países, la "corporativización" de la educación, con una perspectiva más de empresa (recortes de gastos, supresión de cursos o materias no rentables, etc.) y, algo más específico, el clima político que hace que las Ciencias Sociales se vean con ciertos recelos:

She [Reem Saad, profesora asociada de Antropología en la UAC] points to a political environment that is not open for critical research in social sciences at large. For example, she cites an amendment in the Penal Code in 2014 that made penalties on the receipt of foreign funding more severe, restricting funding for social science research in the country.
According to Saad, “funding is very important to research. This amendment was tailored to target human rights organizations, but it also affects research. This will affect anyone wanting to conduct serious and critical research in the social sciences.”
Sadda agrees, adding that academic freedoms and work in the field of social sciences become easily affected when political and civil rights are suppressed.
“When we talk about threats against academic research, we are directly talking about political threats against research in disciplines like history, philosophy and literature, more than scientific studies. The public sphere is getting narrower, and universities are a microcosm of society,” she says.*


Si ayer hablábamos de los problemas de las ONG y su financiación exterior, los fondos para investigar llegan muchas veces de fuera. La arbitrariedad y el recelo, la sanción a las personas incómodas, etc. harán que muchas de esas investigaciones tengan todo tipo de problemas. El tema mismo de investigación se convierte en problemático si es percibido como tal por la escala jerárquica que va de los departamentos de las facultades a los ministerios.
Ese estrechamiento señalado de la esfera pública está matando, junto a la vida política, la intelectual. Cada vez son menos los temas sobre los que se puede investigar porque todos pasan a ser considerados peligrosos en el momento en que cuestionan la perfección del régimen o de la situación del país. El miedo s hacer preguntas pasa a ser esencial y no puede investigarse la sociedad sin tratar de establecer lazos con la sociedad misma, que pasa a ser un objeto temido y borroso, algo de lo que hablar es peligroso.
No quiero entrar en detalles sobre esto, pero mis experiencias directas confirman lo dicho en al artículo, el miedo pasa a instalarse en el investigador, que debe medir cuidadosamente sus objetivos y con quién se relaciona. No todos están dispuestos a afrontar los riesgos, máxime cuando la vida de los investigadores está ligada a subvenciones estatales, salidas al extranjero, paso por tribunales para sus plazas, etc. Manifestarse especialmente interesado en temas sociales, políticos, culturales, etc. conflictivos puede ser considerado como un suicidio académico.


No se puede ignorar en este punto lo ocurrido con el doctorando italiano Giulio Regeni, llegado a la Universidad Americana de El Cairo para hacer su investigación de campo sobre los movimientos sindicales después el 25 de enero de 2011, caso que hemos tratado de continuo aquí:

After the tortured body of Italian PhD student Giulio Regeni was found on a highway near Cairo in January of last year, evidence that he could have been targeted by Egypt’s security apparatus continued to emerge. While the truth behind his murder remains uncertain, the prospect that he might have been a target for his research activities sent shock waves in the academic community. He was researching labor organization in Egypt.*

No hace falta certeza. La única necesaria es la que nos dice lo que estudiaba, que hacía preguntas en las calles y que se informó de él a la Policía por parte de los vendedores callejeros, que actuaron de informantes policiales. El caso sigue abierto para desesperación de Italia, gobierno y familiares. Fue un avisó claro de lo que puede ocurrir al que investiga en estos campos.
La obsesión conspirativa egipcia convierte en espía a todo el que hable otro idioma y vaya preguntando, como el caso de los comensales que denunciaron como terroristas a los de la mesa junto a ellos porque hablaban en inglés; resultó ser un periodista y unos universitarios comentando la situación política del país. Fue en noviembre de 2014 y The New York Times lo contó entonces. **


Hasta qué punto es obsesión o se trata de una justificación ritual de la intransigencia es una cuestión importante. La profesora Mona Abaza publicó, con el título "Social Sciences in Egypt: The Swinging Pendulum between Commodification and Criminalization".  En su introducción se decía:

Specialists who have closely observed the evolution of the fields of sociology and anthropology in Egypt seem to agree that there are insurmountable paradoxes that continue to loom in the professional and academic sphere due to the intricate relationship between intellectuals and the long history of the authoritarian military state.***

En este sentido, compartimos la raíz del problema: el autoritarismo y la incapacidad de abordar la crítica. El estado ha exportado la mentalidad cuartelaria en el que no se concibe ni la crítica ni el debate ni el simple diálogo.


En el artículo —publicado en una Universidad de Taiwán— se indagaba el caso del profesor de la Universidad Americana de El Cairo, Saad Eddin Ibrahim, conocido sociólogo, encarcelado dos veces por sus críticas al presidente Mubarak y acusado de recibir fondos de la Unión Europea para "difamar a Egipto", que en lenguaje normal quiere decir que recibió una financiación internacional para sus investigaciones. Señala la investigadora:

This paper explains the culmination of “criminalizing sociology” through the cause célèbre of the trial of the sociologist Saad Eddin Ibrahim, who was charged with allegedly spying, spreading false information and tarnishing the country’s reputation. The gathering of empirical data and the practice of sociology as a profession have a long history of eliciting distrust from the regime. Ibrahim’s case can be read as a logical continuation of a “public culture” produced by a long history of clashes with an authoritarian state that neither needed nor understood why sociological investigation should exist. (3)***

Es un conocido caso, del que dio cuenta la prensa internacional dado el prestigio —receptor de varios premios internacionales, que son considerados por el régimen siempre como muestra de traición— y su defensa de los derechos humanos. Su caso, como el de la muerte de Regeni está presente en todo aquel que mira lo que le rodea y siente la tentación de explicarlo.


Si Egipto sigue con la política de no escuchar, no ver, no hablar, que es la que se está practicando, los efectos van a ser terribles para su futuro. A la crisis económica que padece habrá que añadir otras. Más allá de la política, Egipto tiene que afrontar muchos campos problemáticos, como la cuestiones del acoso sexual y las relaciones de género, el sectarismo, el aumento de la intransigencia, las distancias generacionales, etc. Es absolutamente necesario tener información sobre esto y no declararlo, como sucede, tabú:

 [Hoda al] Sadda explains that other than being a vehicle for intellectual progression, the study of social sciences is important in fostering national development.
“Social sciences are important for providing knowledge in different development areas, either directly or indirectly. Social research in these fields is important to offer policy advice for the government in fields of education, development, economy, among other fields,” she says. “Studying social science is not a matter of luxury.”**

No lo es. Es una necesidad nacional esencial. Lo es, además, en un país cuya degradación intelectual no ha dejado de producirse por la imposición del conservadurismo tradicionalista, el radicalismo religioso y el autoritarismo acrítico. Como hemos dicho muchas veces, Egipto necesita a sus intelectuales para poder combatir los males que le aquejan, de la corrupción estatal al integrismo religioso de los islamistas que se ha filtrado durante décadas por el tejido muy debilitado del mundo de la educación y de la investigación. Sin referencias intelectuales que muestren la verdadera realidad de la sociedad egipcia, esta vive en una enorme y fantasiosa burbuja en la que le endulzan los oídos con canciones alegres. Es el "estado civil moderno" del que hablaba increíblemente el portavoz del gobierno y que tratamos ayer aquí, una fantasía más.
El poder político y militar no puede seguir dictando a escritores, cineastas, investigadores, científicos, etc. cómo deben contar el mundo, como deben describir a Egipto. 




* "What happened to the social sciences in Egypt?" Mada Masr 15/01/2017 http://www.madamasr.com/en/2017/01/15/feature/society/what-happened-to-the-social-sciences-in-egypt/

** "Life Imitates Propaganda in Egypt. Journalists Detained for Talking Politics in Cairo Cafe" The New York Times 12/11/2014 https://www.nytimes.com/2014/11/13/world/middleeast/journalists-detained-for-talking-politics-in-cairo-cafe.html *** Mona Abaza "Social Sciences in Egypt: The Swinging Pendulum between Commodification and Criminalization" s/f [aprx. 2010] Instituto de Sociología. Academia Sínica http://www.ios.sinica.edu.tw/cna/download/proceedings/12.Abaza.Egypt.pdf



sábado, 27 de febrero de 2016

La enfermedad métrica o ¿hacen falta unas 'ciencias de la individualidad'?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dicen que la virtud está en el medio, pero también que no hay que estar en medio como los jueves. El "medio", la "mitad", el "promedio"... la "normalidad", en suma, se ha convertido no tanto en un valor propio, como en una forma de medición de todo, una suerte de relativismo que —unas veces para bien y otras para mal— te define respecto a un hipotético centro. En unas ocasiones estar allí es bueno; en otras, un desastre. Pero, sea como sea, ese medio que define lo normal y, por ello, lo anormal —de una talla, de una actitud, de un gusto...— se ha convertido en una poderosa herramienta para la vida social. Está alcanzando un  peso importante en muchas decisiones y divisiones sociales porque crean unos espacios relativos a esa normalidad que puede extenderse a casi todos los ámbitos de la vida. Nuestras sociedades van buscando ese punto central, el medio, que define alrededor una serie de distancias y posiciones que incluyen valores y valoraciones. Por mucho que se definan matemáticamente, no por ello son aspectos objetivos ni neutrales ya que la decisión de construir dicho espacio es humana, demasiado humana. Siempre se hace por algo y para algo.

Había tenido una conversación online sobre el papel de la Humanidades en la educación de la persona y sobre esa idea de Martha Nussbaum que había recogido en algunos "Charcos" y fuimos derivando a las reacciones que se están dando dentro del sistema educativo norteamericano a planteamientos determinados por su conversión en lo que podríamos llamar una burocracia de mercado, en la que las personas cuentan poco y sí los procedimientos para medirlos. Hablamos de lo que algunos llaman la "burbuja educativa", producida por los endeudamientos de los jóvenes (y sus familias) para poder pagarse una educación que les permita ser "competitivos" dentro del sistema. Los efectos no están garantizados, ya que las instituciones educativas se han transformado en esas fábricas de educación con la vista puesta en lo que el sistema les pide y no en lo que las personas necesitan para tener un conocimiento del mundo y de sí mismos enriquecedor. Pero el término "enriquecedor" ha quedado reservado para todo lo relacionado con las cuentas bancarias. Las personas no existen; existe lo que el sistema necesita para seguir en marcha. Se van desplazando hacia el exterior todos aquellos que no se ajustan a las necesidades del sistema productivo, que lo más que ofrece (y le importa) son estímulos para la eficiencia.


Todo nuestro conocimiento científico, todo nuestro esfuerzo académico, se dirige hacia esas metas de gestión de los recursos humanos para optimizar los recursos sociales. La cuestión está en que esta "optimización" solo favorece a los grandes beneficiarios de la traducción económica del esfuerzo ajeno que convierte una pequeña parte en "estímulos" para que haya una dinámica que presione sobre las personas que asegure que nadie está satisfecho, palabra tabú en este sistema ya que implica, como en el Fausto de Goethe, detenerse y por ello la muerte del sistema.
En España ha entrado esta fiebre —verdadera enfermedad métrica— de forma explosiva, ya que de ella viven muchas personas e instituciones. Es además —y es importante— una forma de poder y de control del campo. Es un sistema que vigila y castiga, en la mejor tradición teórica foucaultiana. Mientras en Estados Unidos comienzan a señalar los estragos que esto causa, aquí lo consideramos un gran avance porque nos permite camuflar como "ciencia objetiva" lo que no son más valores y juicios numerizados. Es poder que se ejerce directa e indirectamente. Los márgenes definen si estás dentro o fuera y la penalización o el premio consiguiente. Si no quieres correr en esta carrera absurda, el sistema te sanciona igualmente. Es el poder de la normalización, esta vez en el sentido de las acciones. La "anormalidad" es pronto detectada y eliminada.


Como me dijo hace tiempo una profesora española que enseña en los Estados Unidos desde hace muchos años, España ha desarrollado lo peor de los dos mundos, lo peor del sistema americano y del europeo: un sistema que pretende ser competitivo con una burocracia infame. Competir no tiene como fin la mejora del sistema (que sería un criterio que habría que definir en valores) sino el control de los recursos (es decir, una forma combinada de reducción general y reparto selectivo). Con ello el sistema educativo se ha convertido en una jungla en la que escasea el alimento. Que sobreviva el que pueda. No es la mejor escuela educativa, desde luego. La moralidad es la misma que la existente en un avión caído sobre los Andes. Y estos son los valores que directa o indirectamente está extendiendo (reproduciendo) el sistema educativo.


Como siempre, nuestros burócratas educativos y tiburones de la excelencia —una combinación explosiva— se han hecho con el control de sistema que garantiza la ignorancia suficiente, definida por el recorte del gasto, y la excelencia rentable, definida por la inversión selectiva. Con ello hemos puesto la educación —y todo lo demás— en manos de un sistema productivo salvaje —copiando sus malas maneras— que no quiere formar personas sino personal y que este tenga el know-how suficiente para no pifiarla dentro de la cadena de trabajo.
Tras nuestra conversación trasatlántica, me fijé en la  reseña de un libro reciente, The End of Average, reseñado en The New York Times, por Abigail Zuger. El libro ha sido escrito por Todd Rose, un académico de la Facultad de Educación de la Universidad de Harvard, que incide en estas cuestiones. 

Todd Rose es además cofundador del Center for Individual Opportunity, cuya autodescripción señala: "At the Center for Individual Opportunity, we are committed to solving this problem. Leveraging powerful new insights from the science of the individual, we are working to change public mindset and transform our social institutions in ways that will nurture potential, expand talent, and ensure the promise of opportunity in modern society." Expresado de esta manera, parece que el lenguaje de la excelencia ya lo impregna todo.
Señala Zuger en la introducción de su reseña de la obra:

All of us want to be normal, yet none of us want to be average.
We march through life measuring ourselves on one scale after another, from developmental markers through standardized tests and employment evaluations, cardiac risk and bone density scores. Not to mention the ready-made clothes that never fit anyone quite right.
Does it have to be that way? Must the tyranny of the group rule us from cradle to grave? Absolutely not, says Todd Rose in a subversive and readable introduction to what has been called the new science of the individual.*


Que tengamos que llamar, tras unos miles de años de civilización, a un cuerpo de conocimientos "nuevas ciencias de lo individual" no deja de ser una paradoja, especialmente cuando la retórica del Sistema insiste tanto en el fracaso histórico del "colectivismo" y otros bonitos discursos. La batallas ideológicas, a estas alturas del siglo XXI, parece que solo han servido para decidir quién dirige la fábrica y cómo establecer el sueldo de los directivos, algo que suelen decidir los propios directivos. Hay una colectividad que surge de la ideología igualitaria y otra, la que padecemos hoy, que surge de la mentalidad fabril y de la eficiencia, es decir, de las cadenas de montaje, con su cronometría y análisis de los resultados.
Los que sospechan que el mundo está regido por las grandes corporaciones se quedan cortos. No es una cuestión de despachos en la sombra, sino de mentalidades extendidas por todas las capas del sistema social, de la sanidad a la educación.
La reflexión sobre la educación se hace imprescindible dado el nivel de despersonalización que está atacando al sistema educativo, controlado por una burocracia de hierro que ha creado un sistema de vigilancia y control, de puntuaciones, evaluaciones, etc. que lo está haciendo realmente asfixiante para todo aquel que no comparte estos principios de selección y formación.


Es una mecánica deshumanizada. Desgraciadamente se está imponiendo entre nosotros con efectos devastadores sobre la formación y el modelo de persona que se produce.
La petición de unas ciencias de la individualidad puede parecer una frivolidad y quizá esté impregnada de la misma filosofía "cientifista" que pretende evitar. Puede que ya no haya otra forma de relacionarse más que a través de una "disciplina" que nos divida en observadores y observados, en investigadores y objeto de estudio. Nadie se libra, pues el sistema genera observadores para los observadores, que también se ajustan a los mismos procedimientos. Si son eficaces para los otros, también lo serán para ellos.

De esta forma el sistema deja de tener sentido y simplemente se ajusta a las cifras establecidas. Es un sistema que tiende a desarrollar mecanismos contantes de medición para que esas cifras que representan a las personas sean más ajustadas a los fines que se busca cumplir, es decir, la eficiencia en cualquiera de los campos.
En el mundo educativo este planteamiento supone un verdadero cáncer que se va haciendo con el conjunto del sistema. La educación es el máximo sistema reproductivo social. Da forma a las personas. Si las élites ya no son críticas con el sistema sino su perfecta consagración, el sistema se condena a avanzar ciegamente, convencido de su propia eficacia. Y las élites del sistema hace mucho que ya no lo son sino su perfecta imagen especular. El propio sistema se encarga de eliminar a los críticos y hace ascender por sus escalinatas de la excelencia a los que mejor cumplen los requisitos. La única opción es tratar de ignorarlo, algo cada vez más difícil por la presión brutal, por la exigencia continua y la amenaza constante.
Señala en su reseña Abigail Zuger:

One suspects that humans have always informally compared themselves with one another. Dr. Rose lays the blame for our modern obsession directly at the feet of Adolphe Quetelet, a 19th-century Belgian mathematician. Quetelet was an early data cruncher, the first to apply statistical tools to large groups of people.
Among his accomplishments was devising the body mass index, a ratio of weight to height that we still use to decide if people are too big or small. For him, the average was the optimal; normal was the best thing any human could ever possibly be.
Not so for one of his intellectual heirs, Francis Galton of Britain, who agreed that averages were excellent tools for understanding individuals. Ultimately, though, he came to the conclusion that the average defined not the optimal but simply the mediocre, a mark to be measured only so that it could be surpassed.
These two incompatible concepts of the norm have endured, a permanent tension defining an era Dr. Rose calls “The Age of Average,” populated by “averagerians” (a term coined in 1864) who rely on group averages to understand individuals and predict individual performance.*


En ocasiones se busca en los márgenes; en ocasiones se hace en el centro. Pero el principio es el mismo: el reduccionismo de la persona para que entre en las variables aplicadas. La selección conforme a la posición
La ideología triunfante es finalmente la de la maquina ciega que sigue su programa indefinidamente, refinándose en cada vuelta de tuerca, detectando cada vez mejor quienes son los obstáculos en su camino y eliminándolos. Todo muy eficaz. Quizá más que ciencias de la individualidad (Foucault diría que se trata de constituir un saber que controle de nuevo), lo que habría que tratar de recuperar es el sentido mismo de la persona y de su valor como tal. Mientras la pensemos como algo al servicio de un fin extraño a sí mismo y fijado exteriormente, siempre se convertirá en objeto de manipulación.


Como personas, nos formamos en una relación con los otros. No somos islas, decía el poeta; somos un punto de equilibrio entre el yo y el nosotros. Si se limita el yo en sus posibilidades y el nosotros es jungla competitiva, la sociedad cae por el peso de su propio egoísmo. Las crisis que vivimos confirman que, sin ese equilibrio, vemos a los demás como peligros, obstáculos en nuestro camino. Llamarle "nuestro" es quizá una ironía, pues realmente somos empujados a él mediante distintos recursos, muchos de ellos muy sutiles, otros más burdos.
De todas las corrientes de pensamiento que han surgido de la Ilustración hasta hoy, hemos elegido como triunfadora, por su uso apabullante, la que proviene de las máquinas, haciendo que las personas se comporten como tales. 
Las propias instituciones educativas deberían plantarse estas cuestiones si es que queda en ellas la capacidad de hacerlo. De no ser así, el sistema expulsará aquello de donde pueda surgir su corrección haciendo imposible el cambio. Nos condenamos a tener cada vez menores márgenes para que esa "individualidad", convertida en materia de estudio alternativo, pueda sobrevivir a la maquinaria diseñada.
A unos no les importa; otros no se dan cuenta. Alguna voz discordante puede resonar en el camino, pero no es más que un pequeño ruido que es pronto reparado.




* "Review: In ‘The End of Average,’ Cheers for Individual Complexity" The New York Times 22/02/2016 http://www.nytimes.com/2016/02/23/science/book-review-the-end-of-average-todd-rose.html