Mostrando entradas con la etiqueta nueva política. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nueva política. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de julio de 2023

Que se ponga

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo de la amenaza de Núñez Feijóo de llamar a los "barones del PSOE" para que enmienden la plana a Pedro Sánchez para que se abstengan y no tengan que dar cancha a Vox metiéndolo en los gobiernos es nuevo. Y no es fácil ser innovador en estas cosas ni a estas alturas. ¿Qué nos depara la campaña cuando empiece oficialmente? No me atrevo a imaginarlo.

El escenario apocalíptico que se está esbozando sobre la mesa electoral empieza a ser inquietante por las perspectivas que abre. Lo de la llamada es más de patio de vecindad, de guerra encubierta al descubierto, valga la paradójica contradicción.

En RTVE.es nos explican las intenciones de esta amenaza:

El presidente del PP y candidato a las elecciones generales, Alberto Núñez Feijóo, ha asegurado este martes que, si gana las elecciones generales del 23 de julio, pedirá al líder del PSOE, Pedro Sánchez, que le deje gobernar en solitario y, si se niega, llamará a "todos y cada uno de sus 'barones' para que le convenzan" porque, según ha dicho, aún quedan "algunos sensatos".*


La apertura de un nuevo frente, esta vez telefónico, nos deja con un infinito juego de llamadas entre partidos con variantes generacionales, ideológicas y hasta cómicas si tuviéramos entre nosotros al siempre añorado Gila.

— ¿Está García Page...? ¡Que se ponga!

Pero a nadie se le escapa lo que hay detrás de las posibles llamaditas de Núñez Feijóo. En el fondo es otra estrategia, la de desprestigiar a Sánchez haciendo ver que los que mandan de verdad son los "barones" y no él. Es una forma de ninguneo tradicional, pero con agravante telefónico. Creas primero el "sanchismo" (hay que ponerle nombre a las cosas para poder negarlas) y luego lo ninguneas haciendo ver que es intransigente.

La estrategia de Sánchez es la del victimismo, la del todos me odian, que es otra novedad, aunque no tanto. Lo del victimismo se combina con el apocalipsis de Vox en el gobierno denunciando los pactos posibles.

Si Sánchez advierte de que Vox tendrá carteras y vicepresidencia, el PP se defiende diciendo que es porque Sánchez lo quiere. Es una especie de partido de ping-pong pero con varias pelotas sobre la misma mesa. Los votantes mueven la cabeza intentando seguir la bola buena.


Quizá sea la forma de hacer política de siempre, pero ahora todo se ve intensificado y amplificado en este mundo mediatizado en el que vivimos bajo presión constante. Este multipartidismo conlleva una estrategia múltiple que eleva los intercambios a nuevas dimensiones. En un escenario de comunicación como este se hace necesario gritar más fuerte que el resto para imponer la voz propia. Pero la atención de los votantes oscila entre la saturación y el aburrimiento, por un lado, y la radicalización debida a sobre exposición por otro.


Si se produjeran las llamaditas, los barones se podrían dar el lujo del desplante, algo que pueden hacer ya en cuanto que algún inquieto periodista les pregunte "si ya les ha llamado Núñez Feijóo". "— ¡Me alegro que me haga esa pregunta! —indicará el interpelado, para dar después suelta a la parte que le han puesto en bandeja.

La verdad es que esto de la "nueva política" y de los "nuevos políticos" y sus nuevos hábitos y estrategias está empezando a ponerse incómodo y confuso. Los partidos se interpelan unos a otros en diferentes cruces sobre lo que van a hacer los demás. Las críticas se derivan hacia los pactos, posibles o imposibles. En el furor explicativo del futuro de los demás, cada partido trata de que los electores comprendan lo que nos espera si el otro gana.

Pero el futuro que realmente importa es el propio junto al partido con el que te toque compartir poder. Lo ocurrido entre PSOE y Podemos deja claro cuál es el resultado y lo que hay que hacer para deshacerse del problema.

"Si gano las elecciones, llamaré al líder del PSOE que me deje Gobernar. Y, si no lo hace, llamaré a sus 'barones' para que le convenzan. Aún tiene algunos sensatos, aunque quedan pocos", ha criticado.*

Las llamadas de Núñez Feijóo son otro giro tras el fallido "verano azul", otra forma de devolver la pelota. Desgraciadamente, este tipo de situaciones de pactos vienen obligadas por la matemática. La nueva política quería más partidos para garantizar una mayor representatividad y mostrar su malestar para con el comportamiento de los partidos grandes. Ahora tenemos otro malestar, el que se deriva de que los partidos grandes, con mayor representación en las urnas, dependan de los pequeños pero con el tamaño suficiente como para condicionar el resultado de las elecciones. ¿Hemos mejorado? Que lo decida cada uno. No hemos avanzado a una mayor representatividad sino que las minorías logran colocar ideas y colocarse ellos, lo cual nos asusta. Los grandes se señalan con el dedo acusándose unos a otros de tener que pactar con la radicalidad.

Salvo debacles inesperadas, esto es el futuro de la política española en todos sus niveles. Peor todavía, si los pequeños lo hacen bien sacándole partido a los puestos con los que se hacen en las instituciones, crecerán lo suficiente como para ser más necesarios. Es una fórmula que se ha instalado para quedarse porque ¿quién no quiere sacarle el máximo rendimiento a unos cuantos votos, consiguiendo con ellos cargos, programa y visibilidad?

* Diana Fresneda "Feijóo asegura que llamará a los 'barones' del PSOE para que "convenzan" a Sánchez de que le dejen gobernar si gana" RTVE.es 4/07/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230704/feijoo-barones-psoe-gobernar-elecciones-23j/2451166.shtml

jueves, 8 de junio de 2023

Un simple problema de poder

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El sistema de la llamada "nueva política" tiene una serie de problemas derivados de su propia naturaleza. El primero es la indefinición. Frente al esencialismo de los partidos de programas y definición nominal, ellos optan por repeler la palabra "partido", que les suena viejuna. "Plataformas", "movimiento", etc. para calificarse y metáforas como "Podemos", "Sumar", "Más...", etc. Este fenómeno de repeler las etiquetas claras en favor de las metáforas poéticas es una forma de enganchar con el electorado, que se mueve dentro del sistema con la ilusión del antisistema. Por la derecha, el caso de Vox es también metafórico, pero tienen una idea mucho más explícita de "partido", fruto quizá de sus propias raíces simbólicas. Están fuertemente unificados alrededor de su metáfora (la "voz") y no surgen discrepancias o divisiones.

La falta de definición es parte de una metáfora en la que lo prioritario, nos quieren decir, es el "pueblo" frente al "partido", si bien esto va desapareciendo conforme las estructuras se consolidan y acaban con los mismos males que denunciaban pero con una indefinición que les lleva a un segundo problema: la proliferación. Hemos visto que ese carecer de la idea de "partido" tiene un efecto centrífugo que hace que las estructuras locales acaben creando sus propias "plataformas" con las que luego, inevitablemente, tendrán que renegociar fusiones para poder obtener la renta electoral que permita seguir sobreviviendo a los políticos "no políticos"  dentro de los partidos "no-partidos".

El segundo problema, claro está, es que este constante cambio acaba produciendo fragmentaciones, divisiones, escisiones, etc. que dan la impresión de ser muchos aunque la realidad de las urnas demuestre que se reduce el número de votantes. Muchos grupos no son mucho votos y, menos todavía, muchos puestos, sino más bien lo contrario en un sistema electoral que deja fuera a los pequeños. Metafóricos y fragmentados no es el mejor estado para concurrir a unas elecciones con posibilidades de algo.

Como si fuera una película de acción trepidante, el foco electoral está en esas reuniones para tratar de unir lo que se ha separado previamente, dejando en evidencia la realidad de la situación. Podemos se resiste a abandonar el protagonismo que se reduce a un principio inconfesable: querer colocarse lo mejor posible en unas listas que garantizan la supervivencia del "no partido" y especialmente del "no político".


El problema está es que una cosa son los focos y manifestaciones, los mítines de verbo encendido, y otra la discusión a cara de perro con los que ya saben cómo funcionas. Podemos no quiere pasar de tener ministerios y cargos públicos a quedarse en un puesto marginal. Por más que la verdad de las urnas se niegue, no hay más cera que la que arde. De esta forma, el debate es entre los que no quieren que gobierne la "derecha" (no es lo mismo que "no gane") y los que quieren "gobernar en la izquierda" es cada vez más intenso.

 "Gobernar", en este caso, es un término muy amplio, que no necesariamente implica el ejercicio activo del gobierno, sino un simple "estar", formar parte de las élites, algo que va de los puestos en el partido o "no partido" a una amplia posibilidad de puestos y cargos en las administraciones locales, autonómicas o estatales. Hay mucha gente viviendo de la política en este país; muchos de ellos desde su más "tierna" juventud, por decirlo así.

La lucha por quién hace las listas es determinante en la vida política española. Hace mucho tiempo se pedían listas abiertas, que era la forma de que la voluntad popular estuviera por encima de la de los partidos, que son quienes deciden realmente quiénes van a acceder a los cargos públicos. Esa petición ha desaparecido de las pretensiones de los que aspiran a colocarse bien en las listas, a controlarlas para asegurarse el entrar en puestos que permitan salir elegidos. Cuantas menos probabilidades haya de salir en las listas —menor número de elegidos— obviamente se recrudece la lucha por subir en la lista o colocar a los tuyos en posiciones que posteriormente te permita controlar las acciones. No es un problema de egos, como se suele decir. Es un simple problema de poder.

En el diario El Mundo leemos tras el titular "Toda la presión sobre Podemos: amenaza de fractura interna y de marginalidad en la izquierda":

El tren de Sumar está a punto de partir y mucha gente de Podemos no quiere quedarse mirando cómo se va, sino que desea sentarse en un asiento de primera clase. Incluso hay a quien le valdría hasta ir de pie en la cafetería o donde sea. Porque en el andén sólo aguarda el frío.

La dirección nacional de Podemos llega a la recta final de las conversaciones sometido a una brutal presión interna y es consciente ya de que entre las consecuencias que tendría no pactar con Sumar está la amenaza de una ruptura de la organización por varios de sus frentes. Un desmantelamiento de cuadros y recursos que haría todavía más difícil afrontar una campaña electoral en solitario que sería a vida o muerte.* 


La retórica del "somos el pueblo" hace tiempo que no funciona. Yolanda Díaz ha mantenido en el limbo la formación de su ahora "plataforma". Ha hecho bien; sabía que si formalizaba un partido la situación se cambiaría. Con un "no partido" que ha de formalizarse como "coalición" para la que hay un angustioso plazo de pocas horas, el órdago se mantiene. Sabe que la entrada de Podemos es un conflicto y un lastre, que una etiqueta que ha fallado en las anteriores elecciones de forma escandalosa no es ni la mejor carga para intentar mantener un poder decisivo para el futuro postelectoral ni la mejor fórmula para negociar puestos en listas por lo que hemos explicado.

Veremos en qué queda esta angustiosa recta final en la que todos invocan el bien común, aunque no tengan claro quiénes son o quiénes van a ser. Los cambios continuos de etiquetas, las variaciones en cada nueva elección, las negociaciones y renegociaciones con las mismas caras pero distintas etiquetas, pasan factura con el tiempo.

Algunos hablan del retorno del bipartidismo (en España no ha habido nunca bipartidismo, pero es un lugar común que esconde a los nacionalismos y su papel histórico), unos para bien y otros para mal.

 

* Álvaro Carvajal "Toda la presión sobre Podemos: amenaza de fractura interna y de marginalidad en la izquierda" El Mundo 8/06/2023 https://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-generales/2023/06/08/6480a648fc6c83a5648b4581.html

sábado, 17 de diciembre de 2022

Mal avenidos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es difícil encontrar un punto ecuánime con el que juzgar el espectáculo de la política española. La verdad es que ya no quedan ángulos ni lugares. Tampoco cabe la posibilidad de pensar en otra cosa porque el espectáculo se nos mete por ojos y oídos a presión, casi como aquel personaje de La naranja mecánica, de Kubrick, al que le obligaban a tener los ojos abiertos.

La política española es cada vez más difícil de contemplar. La única posición sana es negar que todo esto sea la "política" y que es más bien una versión moderna de no se sabe muy bien qué género, qué suerte de culebrón es este con el que se nos tortura más allá de las campañas electorales, que en realidad se han extendido hasta el infinito y más allá, hasta abarcar la totalidad del universo conocido y en expansión acelerada. Esto es, sencillamente, insufrible, lo miremos por donde lo miremos, ya que es imposible evitar mirar.

Unos se pelean por conseguir el poder, otros por quedarse en un rinconcito del poder y, finalmente, los que se pelean porque no están en el poder pero tienen que hacer ruido para poder llegar a algún punto de este falso vacío, lleno de energía política oscura.

La salud democrática se opone ya a la salud a secas, pues este espectáculo múltiple del poder hecho añicos puede causar dos enfermedades democráticas: la rabia y la indiferencia. Cada día echamos la moneda al aire para saber qué senda escoger con la esperanza de que en grandes tiradas estos dos sentimientos se equilibren en algún momento.

Cada día se suman testimonios de políticos que tiran la toalla ante el espectáculo parlamentario (de alguna forma hay que llamarlo) y se retiran a sus lares autonómicos o directamente a su casa en casos de más gravedad y desesperación.

Aquí no hay punto de paz. Ya no hablo de espacio, sino de punto, la mínima expresión. Los partidos han disuelto en la práctica la idea de "oposición", que era unan referencia espacial e implicaba una cierta posición respecto a lo que se suponía que era el "poder" contra el que los demás luchaban con intento de ocupar su lugar.

El Independiente 10/12/2022

Pero ahora tenemos partidos en el poder que se siguen pelando unos con otros y partidos en el borde de la nada, como ocurre con Ciudadanos, que es capaz de luchar por... confieso que no sé porqué. Me he perdido en el razonamiento eslogan de Edmundo Bal sobre que no puede refundar un partido quien esté al frente, especialmente, viniendo de su portavoz. Es como si estuvieran eligiendo el menú mientras se hunde el Titanic, aunque en este caso sea un pequeño bote de remos en el estanque del Buen Retiro.

En RTVE.es leo sobre el conflicto del PP con Vox, algo denominado "socios prioritarios", que también se me escapa, pero que debe ser otra aportación de la política española del caos:

Vox se planta así en el 'no' a los Presupuestos de Isabel Díaz Ayuso, que hasta finales de noviembre no corrían peligro porque había acuerdo entre ambos partidos, pero la relación entre los 'socios prioritarios' se ha tensado en las últimas semanas tras no ser admitidas las enmiendas de Vox.

Sin acuerdo cerrado y con acusaciones de que el PP "humillaba" a sus votantes en la negociación, Vox registró fuera de plazo sus enmiendas parciales al articulado a principios de diciembre y la Mesa de la Asamblea, donde los 'populares' tienen mayoría, no las admitió.

Según Vox, registró con seis minutos de retraso sus propuestas por "un fallo informático", que fue desmentido por un informe elaborado por la Dirección de Informática, Tecnología y Transparencia de la Asamblea de Madrid.

 

Creo que igual que existen "socios prioritarios", sería mucho más interesante crear figura como las del "socio fijo discontinuo" o las de la "oposición prioritaria", que puede que nos ayudaran algo en este galimatías.

En términos bíblicos, se podría decir que es como si Caín y Abel hubieran nacido después de Babel y además alguien les descubriera un día que son adoptados e hijos de diferentes padres.

Todo esto, no lo duden, es el resultado de lo que en su momento se llamó —y que apenas recordamos— "nueva política". Está claro que era nueva, lo que no lo está tanto, como decíamos al principio, es que a esto se le pueda llamar "política". En España, el término "política" siempre ha tenido mala fama y se usa en ocasiones como un eufemismo para evitar tener que decir cosas peores. Pero la imagen que tengamos de la política es la que los políticos nos muestran con sus acciones, palabras y todo tipo de gestos, para bien o para mal.

La proliferación de partidos que se continúan escindiendo por incompatibilidad de sus miembros más díscolos o enfadados no es un síntoma de "diversidad", sino de incapacidad de asumir lo que debería ser el centro, el ciudadano y sus problemas. Aquí no hay diversidad, sino perversidad.

Que los socios de gobierno se dediquen a pelearse dentro del propio gobierno, incluso que ya se estén manifestando divergencias y enfrentamientos dentro del PSOE, entre de Unidas Podemos y el PSOE, entre Unidas Podemos y Yolanda Díaz y su proyecto, etc. no es signo de "diversidad alguna", sino una incapacidad congénita o adquirida, como quieran, para navegar los mares con esa nave que se llama estado. A esto le sumamos las divergencias entre gobiernos autonómicos y el central o, como hemos visto en el caso madrileño, entre los que gobiernan y sus "socios prioritarios" o el caso de Ciudadanos en el que se disputa la refundación de la partícula más que del partido, el panorama es realmente penoso. Y eso que estamos a las puertas de la Navidad.

España ha dado muestra de su capacidad de entendimiento en muchos momentos. Desgraciadamente, también de lo contrario. Cuando se produce un momento tan denso en el caos como el que estamos viviendo, alguien debería pedirle a Santa, a los tres reyes, algo de cordura. Pese al momento pre navideño no tengo mucha esperanza, porque esto es el resultado de una suerte de evolución negativa, que en vez de seleccionar a los más capaces y dialogantes, ha ido seleccionando lo contrario, por lo que es difícil sacar de donde no hay. Aquí sale un político "moderado" y a los quince días ya es un "incendiario"; del susurro al grito, de la mano tendida a la pedrada..


Conforme aumenta la presión selectiva por la proximidad de elecciones, los partidos, grupos o grupúsculos se disparan en sus relaciones negativas intentando hacerse la pascua unos a otros, responsabilizar a los demás de sus errores y apuntarse lo poco bueno que hayan podido hacer. Esto se produce en todos los niveles políticos y de la administración. La nueva política ha traído mucha debilidad, por lo que las presiones son las que vemos, los condicionamientos y chantajes; los conflictos surgen de la debilidad y de la creencia en lo que ahora se repite de forma interesada, se ha acabado el tiempo de las mayorías. ¿Significa que estamos condenados a seguir sufriendo esto por los siglos de los siglos? Probablemente si no hay algo que lo remedie en forma de sensatez repartida, que alguien lance la idea y se le empiecen a sumar personas. Tendrán en contra la ira de los mínimos, que son los que más partido le sacan a tanta división, pero habrá que afrontarlo. Los partidos se alternan, solo el caos permanece siempre. Y esto hay que evitarlo.

No es fácil asistir a este espectáculo cuando hay tantas cosas y problemas que arreglar, la política entre ellos. 


* "Vox tumba los Presupuestos de Ayuso para 2023 antes de que lleguen al debate en el pleno" RTVE.es / Agencias 16/12/2022 https://www.rtve.es/noticias/20221216/vox-bloquea-presupuestos-ayuso/2412086.shtml

sábado, 12 de febrero de 2022

Siguen las puñaladas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La estrategia de Unidas Podemos estaba cantada y así lo escribimos ya hace meses. La campaña desarrollada en las elecciones de Castilla León ha sido clara, un mensaje más allá de las regionales: ellos son la izquierda y el PSOE solo es un partido tibio, que busca pactar con la derecha. Así lo manifestaron con descaro ante su público Ione Belarra y demás presentes en el cierre de campaña ayer. Ellos son ellos y no existe otra posibilidad.

Todo esto no es más que la verbalización de lo que han estado haciendo con burda estrategia desde hace meses y con el fondo de la debilidad de Sánchez en el gobierno. Nunca un grupo pequeño le ha sacado tanto provecho a sus votos contados y nunca se hizo con tanto descaro.

Las campañas electorales tienen un indudable fondo teatral, pero también un punto de apuesta, un órdago en el que hay que poner sobre la mesa lo que se tiene. Y lo que tiene podemos es una arma fácil y una lengua descarada. Durante estos meses últimos, los enfrentamientos entre ambas facciones del gobierno han sido claros y rotundos, cada vez más venenosas. Las propuestas que salían de los ministerios gobernados por Podemos eran cada vez más imposibles. La estrategia era sencilla: no se trataba de llevarlos a cabo sino de cortar la hierba a los pies del PSOE, dejarlos en evidencia ante el electorado. Ellos son los serios, los que apuestan claramente por la "izquierda", mientras que el PSOE es un partido "cobarde", incapaz de llevar adelante reformas claras, tendente a pactar con todo el mundo en cualquier momento. En esto ha sido bastante claro lo ocurrido con la rocambolesca Reforma Laboral, un auténtico zafarrancho político, no por el despiste del diputado popular Casero, sino por el mapa de alianzas que puso sobre la mesa.


El hecho de haber sacado adelante la Reforma al margen de los pactos de investidura tiene posibles múltiples consecuencias, pero cuáles sean está por ver. Lo que parece evidente es que es un gol que se les ha colado en propia puerta al "socio parasitario" del gobierno.

¿Era esto la "nueva política"? Parece ser que sí. Esta se basa en un pragmatismo absoluto y en una retórica radical y agresiva. Cada punto que consiguen sacar adelante es coreado como una victoria contra "la derecha" y a la vez contra "el conservadurismo socialista", al que no parar de ningunear y dejar en evidencia.

En estas semanas últimas hemos podido comprobar el ímpetu en las propuestas, en saltarse los ministerios y vocear las suyas. Saben sobradamente que no saldrán, pero de lo que se trata es que estén en los medios para así poder lanzar en sus proclamas la debilidad electoral congénita del PSOE.


En estos momento, el descaro es tal que casi podemos hablar de "estado de rebeldía", en donde el socio minoritario puede hacer lo que quiera a sabiendas que el mayoritario queda en evidencia ante el electorado. Unidas Podemos es gobierno y oposición: es gobierno cuando saca algo adelante, oposición cuando vocea sus propuestas aprovechando su posición. De esta forma se percibe la firmeza frente a la debilidad. Ya lo han dicho en Castilla-León: "¡somos la izquierda!".  Esto deja en una posición difícil a los que están tratando de hacer una labor más integradora. Mucho me temo que las luchas internas acaben marcando también a los que juegan doble.

¿Qué le queda al PSOE? Muy poco margen, desde luego. Creo que una cosa es segura: esta situación se irá incrementando conforme avance el tiempo y consumiéndose el periodo de mandato. A medida que se vayan acercando las elecciones generales, veremos a gran escala lo mismo que estamos viendo hoy en Castilla-León y cuyos resultados electorales se verán mañana.


Los peores ataques al PSOE, a su línea de flotación, van a llegar en el futuro desde su izquierda. Eso es lo que vemos y ahora. Lo que se trata de evitar es que el partido socialista pueda encontrar apoyos en el centro para cualquier otra ley importante, como ha ocurrido con la de Reforma Laboral. Si esto ocurre, pierden el control del partido mayoritario. Este juego —que hemos comentado en varias ocasiones — consiste en sacar rendimiento a la fragmentación; con pocos votos se tiene mucho poder, que se usa para conseguir más votos. De esta forma, gobernar es invertir en promoción para la siguiente, desprestigiar a los que te pueden disputar el voto y así mostrarse como la única opción futura.

¿Qué le queda a Sánchez? Muy poquito que hacer. La única jugada es muy arriesgada, que sería el adelanto de las elecciones unos meses con la excusa del propio Podemos; señalar que es imposible gobernar ante tanta deslealtad y abrirse a otro tipo de pactos futuros más fiables. Esto es un gran problema dada la naturaleza fragmentada del espacio político español, cuyas divisiones no son solo ideológica derecha-izquierda, sino nacionales e independentistas, parlamentarios o callejeros.

Muchos partidos han dejado de regirse por ideas (reducidas a eslóganes) y ahora lo hacen por fobias. Es más fácil manipular aspectos emocionales (la simpleza de Díaz Ayuso, "comunismo o libertad"), como son el odio o el miedo. De esta forma, se trabaja sobre polarizaciones muy diversas, cada vez más radicales y en ocasiones inesperadas (nación/separatismo, religioso/antirreligioso, carne/vegetariano, granja/macrogranja etc.). Esta radicalización se lleva hasta las macrogranjas o al Benidorm Fest, como hemos podido ver en fechas recientes. 

Todo es político, todo permite segmentar en dos, que es el objetivo de la nueva política frente al bipartidismo clásico. Esta fragmentación  radicalizada nos está bloqueando muchas cosas e impidiendo tener una presencia exterior que no haga el ridículo con sus llamadas lastimeras a Bruselas.

La política se ha convertido en un espectáculo en el peor sentido de la palabra. Lo ocurrido con la ley de Reforma Laboral es un episodio digno del vodevil. Se está produciendo un enorme desprestigio de los políticos, la política y las instituciones. Estas últimas son de todos y los ciudadanos podemos y debemos exigir un comportamiento más digno a su frente. Se nos está haciendo daño a todos.