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domingo, 18 de enero de 2026

El loco del botón rojo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

 Ocurrió en los inicios de su primer mandato, cuando surgieron artículos describiendo la personalidad del recién llegado a la Casa Blanca. Se arguyo que sin hacer una investigación directa del sujeto, los diagnósticos eran muy aventurados. La prudencia, imagino, ha sido sustituida por el miedo a tener que enfrente a un irritable sujeto y poder ser víctimas de sus ataques, probablemente miedo a tener que enfrentarse a un equipo de abogados que te lleven a los tribunales por difamación. Si discrepar sobre su política te convierte en anti americano, ¿en qué te convierte una descripción de su estado mental? Sin embargo, los rasgos está ahí, muy claros cada día que pasa.

En 2017, existió una reacción profesional sobre lo que ya muchos intuían sobre la situación del presidente y su adecuación al gobierno dada su personalidad:. En el diario SinEmbargo.mx recogían la situación de entonces:

La salud mental del presidente Donald Trump es tema de discusiones mucho más serias cada vez. Ahora, renombrados psiquiatras y psicólogos escribieron una carta al New York Times para alertar sobre la “incapacidad para servir como presidente de forma segura”.

Los expertos explican que existe una regla, establecida en la Asociación Americana de Psiquiatría en 1973, para evitar hacer evaluaciones psicológicas a personajes públicos, sin embargo consideran que dada la importancia del presidente Trump, no pueden quedarse callados.*

2017

Si entonces los profesionales de la Psiquiatría se sintieron obligados a manifestar su opinión sobre los rasgos y comportamiento del presidente, ¿qué podrían decir ahora con lo que estamos viendo cada día?

Los hechos venezolanos ya dan cuenta de la ausencia de límites; América, de cabo a rabo, es suya. Empezó cambiándole el nombre en los mapas al Golfo de México, que pasó a ser llamado, por su simple voluntad, como "Golfo de América". Así se lo hizo cumplir a Google, aunque estos no se atrevieron a que fuera así por todo el mundo y quedó convertido en "cuestión local". Lo malo ahora es que lo "local" se amplía, se extiende por el continente y se expande a otros lugares.

6/01/2018

Los Estados Unidos de Trump practican la política expansionista de Putin para Rusia: todo lo que está cerca debe ser controlado y deglutido, como ocurre con Ucrania. No se admite discrepancias fronterizas. Toda frontera es frontera de posible agresión y debe ser reducida. Los países fronterizos deben ser controlados y convertidos en títeres que sirven de parapeto. Es la política que practicó la Unión Soviética y acumuló distancias interponiendo países y ejércitos armados por la propia Rusia. Tras unos breves paréntesis por el derrumbamiento del "muro" y los países que retenía, todo pasó a ser peligroso para Rusia, que sigue anexionándose territorio y poblándolos de "prorrusos", como hemos tenido ocasión de comprobar estos años.

Esta idea de quedarse con los países fronterizos la padecen hoy México y Canadá, que por ser limítrofes, deben pasar a ser controlados desde Washington. El caso de Groenlandia es casi el mismo: se supone que debe estar ocupado para prevenir la ocupación por parte de otros países, Rusia o China. De esta manera, diciéndoselo él todo, la justificación está sobre la mesa.

18/02/2017


Unos por "narco estados" y otros por necesidades defensivas, USA se convierte en un paranoico estado imperialista, algo que todos deben aceptar como algo "natural". En apenas unas semanas se produce un cambio de orden en el mundo provocado por la paranoia presidencial, en donde se pierden absolutamente los papeles y las amenazas son constantes no solo a países próximos, sino que se pierden las alianzas estratégicas construidas tras la IIª Guerra Mundial.

Esta vez los enemigos de la seguridad norteamericana son ya los países aliados en una locura absoluta de interpretación del mundo y sus relaciones. Groenlandia es Europa y parte de los aliados de la OTAN, que se supone que están para defender un estado de libertades y valores, algo que los Estados Unidos de Trump ha destruido por sus iniciativas imperiales.

Nos dicen en RTVE.es sobre la opinión que le merece Dinamarca y Groenlandia:

El mandatario estadounidense ha incidido en su mofa de que los daneses actualmente en la isla solo cuentan "con dos trineos tirados por perros como protección, uno de ellos añadido recientemente" y que "tan solo los Estados Unidos de América, bajo la presidencia de DONALD J. TRUMP, pueden participar en este juego, ¡y con mucho éxito!", ha augurado.

Sobre las tropas europeas que han viajado esta misma semana a Groenlandia, Trump las desprestigia y dice que lo han hecho "con fines desconocidos". Para él, esta es "una situación muy peligrosa para la seguridad y la supervivencia de nuestro planeta" y acusa a sus propios socios atlánticos de estar llevando a cabo un "juego peligroso" de "un nivel de riesgo que no es sostenible ni defendible".

Por lo tanto, Trump considera imperativo que, "con el fin de proteger la paz y la seguridad mundiales", se tomen medidas enérgicas para que esta situación potencialmente peligrosa "termine rápidamente y sin lugar a dudas", lo que para él se traduce en la venta de Groenlandia por parte de Dinamarca a los Estados Unidos.*

Insistimos en que está hablando de los aliados. Ya se habían manifestado anteriormente sus opiniones y consideraciones sobre la Unión Europea, un "error" hecho contra los norteamericanos, algo para perjudicar a los Estados Unidos.

Tal locura tiene varias consecuencias, internas y externas. De las internas nos ocupamos ayer, de las externas tendremos que esperar a mañana a la reunión europea y ver cuál es el grado de contestación, de firmeza ante lo que es un insólito ataque y desprecio de unos países que son aliados.

En el mismo artículo se señala que

[...] los dos líderes del comité legislativo del Senado de EE.UU. centrado en la OTAN, la demócrata Jeanne Shaheen y el republicano Thom Tillis, quienes formaron parte de la delegación de congresistas que viajaron a Dinamarca esta semana para reunirse con funcionarios europeos, han criticado en un comunicado las acciones del mandatario, asegurando que los países que ha amenazado son "los aliados más cercanos" de Estados Unidos.*

Los norteamericanos que sean conscientes de la que su presidente está armando por todo el mundo, de Groenlandia a Venezuela, de Gaza a Irán, deben estar aterrorizados de lo que se prevé como un "anti norteamericanismo" global, hartos de las amenazas, desprecios e insultos que reciben del antiguo aliado.

Nadie en su sano juicio puede tomarse en serio esta presidencia. Se ha destruido cualquier imagen positiva anterior de lo que suponían los Estados Unidos. Es probable que la propia imagen de ellos mismos tenga que redefinirse a la vista de lo que hacen y de lo que dicen que van a hacer.

La nueva amenaza de aranceles contra los países que apoyen a Dinamarca y Groenlandia supone otro ejemplo de lo que se entendía como "mercado" convertido ahora en un espacio controlado por las amenazas de intervención, de sanciones y de obligación de comprar productos americanos con lo que te sacan por otro lado.

Unos Estados Unidos convertidos en estado policial, controlado a través de la censura mediática con ataques a los discrepantes, en agresora internacional, etc. no son los mismos que muchos norteamericanos se imaginan. ¿Creen lo que les dicen, los argumentos falaces presidenciales convertidos en doctrina oficial? ¿No van a reaccionar hasta que medio mundo salga a la calle a quemar banderas y retratos? ¿Considerarán entonces que su presidente tenía razón y el que el mundo se ha convertido en anti estadounidense? ¿Pensarán, por el contrario, que son las acciones de su presidente la que ha hecho romperse los lazos políticos, militares, económicos y culturales?

26/02/2025

Trump ha colocado en puestos claves a una serie de continuadores de sus doctrinas, lo que le asegura el control de las contestaciones que empezarán a darse si no han empezado ya, como vemos en las intervenciones de los líderes del Comité Legislativo del Senado entre otras señales.

La verdadera señal será, obviamente, el resultado de las elecciones de mitad de mandato, donde los norteamericanos tendrán la ocasión de manifestarse y podremos comprobar hasta qué punto han creído las historias de su presidente y hasta qué punto le respaldan en lo que hace, aunque sea lo contrario de lo que prometió en campaña. Habrá que esperar un poco y ver si Trump piensa que ha dado poca "medicina" y el mundo necesita más raciones de su remedio.

Veremos con que contundencia y argumentos contesta mañana la Unión Europea tras su reunión de urgencia. 

9/10/2016

* "Más de 30 psicólogos y psicoanalistas de universidades de EU: Trump no es apto para gobernar" Sinembargo.mx 15/02/2017 https://www.sinembargo.mx/3153289/mas-de-30-psicologos-y-psicoanalistas-de-universidades-de-eu-trump-no-es-apto-para-gobernar/

 * Diego Álvarez Patilla "Trump anuncia aranceles a Dinamarca y sus aliados hasta alcanzar un acuerdo de "compra total de Groenlandia"" RTVE.es 17/01/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260117/trump-amenaza-aranceles-dinamarca-aliados-alcanzar-acuerdo-compra-total-groenlandia/16898887.shtml

miércoles, 9 de abril de 2025

Salud mental, salud social

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La estrategia de presentar lo que son problemas sociales como problemas "personales" continúa cada vez que se nos dan datos sobre estas cuestiones. Pareciera que con llamar "enfermedad" a los problemas todo se vuelve... y se disuelve en unas generalidades de límites borrosos. Hay ocasiones en las que, obviamente, no se pueden eliminar, que se notan demasiado.

La confusión entre "felicidad" y "salud" es propia de unas sociedades que son incapaces de mirar en el interior de las personas, que se conforman con sonrisas y creen en los selfies como documentos reales, como muestras de un estado interior que, sin embargo, ha sido generado artificialmente para provocar una reacción en los demás. Vivimos en la sociedad de la apariencia, del selfie, por expresarlo metafóricamente.

Hace unos días hablábamos aquí  sobre un tema relacionado, convertir el dormir mal en un obstáculo para la salud sin preocuparnos de qué es lo que nos quita el sueño (falta de empleo, volatilidad, incapacidad de cumplir con los préstamos, etc.). Ahora en RTVE.es nos ofrece el siguiente titular "El Teléfono de la Esperanza atiende más de 173.000 llamadas y su chat crece un 27% en el último año". Se nos ofrece una perspectiva alrededor de otro concepto ya viejo, el de "esperanza", hijo de otra época, con otra visión implícita de los problemas y de lo que nos falta.

Se nos dan los siguientes datos en su inicio: 

El Teléfono de la Esperanza registró 173.264 peticiones de ayuda en 2024, de las cuales 129.880 correspondieron a atenciones en crisis, frente a aquellas de tipo informativo o no completadas. Aunque ha habido una ligera disminución respecto a años anteriores, las necesidades de apoyo emocional siguen siendo elevadas, manteniéndose por encima de los niveles prepandemia.

El servicio de chat (de lunes a domingo, entre las 18:00 y las 00:00), implementado en 2022, ha registrado un aumento del 27% en un año, de 3.194 peticiones de ayuda en 2023 a 4.059 en 2024. Este canal se ha afianzado como una opción preferida por la población joven, convirtiéndose en un pilar clave en la estrategia de atención.

Por otro lado, el servicio telefónico, canal más utilizado por mayores de 46 años, experimentó una reducción del 5,7% en las demandas. Esta tendencia podría estar relacionada con la menor presión emocional tras la pandemia y la expansión de servicios alternativos, como la línea 024 de atención a conductas suicidas, puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad en 2022.* 

La misma forma de la expresión nos dice mucho sobre los enfoques, la falta de indagación en las causas y su reducción a cifras. Con expresiones como la "opción preferida por la población joven", "expansión de servicios alternativos" o la "presión emocional" se está dando una perspectiva que muestra que la cuestión es si "suben" o "bajan" más que otra cosa. La idea de "tendencia" automatiza el problema y lo reduce al ámbito numérico.

De nuevo, cuando se nos ofrecen los datos, se recurre a un lenguaje "técnico" que busca la clasificación de los problemas desde ciertas posiciones, ya que toda clasificación lleva implícita unos valores específicos y una forma de entender lo clasificado.

El texto señala:

Los datos muestran que las principales problemáticas gestionadas por el Teléfono de la Esperanza se relacionan con la soledad e incomunicación, el estado deprimido, la ansiedad y el riesgo suicida. Este último llegando a alcanzar los 14.064 casos, entre los que se incluyen crisis vital, ideación, crisis y actos de suicidio en curso.

Las cifras vinculadas al suicidio han disminuido respecto al año anterior, un descenso que podría estar relacionado con la primera reducción de muertes por suicidio registrada por el INE en 2023, así como con la disponibilidad de otros recursos de atención en crisis. No obstante, continúa siendo motivo de preocupación, especialmente cuando una parte significativa de estas intervenciones se realizaron a través del chat, donde se gestionaron el 16,3% de los casos de ideación suicida y el 15,4% de las crisis.

Estos datos refuerzan la necesidad de una estrategia integral a nivel nacional que ofrezca una respuesta efectiva ante los desafíos de salud mental que enfrenta nuestra sociedad.* 

Los datos sobre el suicidio lo reducen a un problema específico: se han reducido las llamadas, pero puede que sea porque hay otros tipos de atención, por lo que las llamadas se repartirían.


La propia clasificación del suicidio como "crisis vital, ideación, crisis y actos de suicidio en curso" nos dice mucho sobre el problema. El párrafo final citado demanda una "estrategia a nivel nacional", pero lo presenta como "desafíos de salud mental", sin entrar en lo que ese concepto implica: ¿es un problema individual (salud) o es una cuestión del estado de la sociedad (deshumanización generalizada)? ¿Uno "enferma" de suicidio o es presionado desde el exterior por las condiciones sociales y lo acaba realizando? 

Los casos tratados se incluyen en la categoría de "soledad e incomunicación, el estado deprimido, la ansiedad y el riesgo suicida", según indican la categoría de las estadísticas, pero ¿no llevan las tres primeras a la última, al suicidio?

Si pensamos en ellas vemos que afectan a jóvenes y mayores, que la soledad y la incomunicación se producen en una sociedad híper comunicada que cada día, sin embargo, produce más soledad y aislamiento.

Mi admiración y respeto por todos esos voluntarios que dedican horas diarias a tratar de frenar los efectos de esta sociedad maquinal y deshumanizada en sus raíces. Dan sentido pleno a su vida y permiten que sigan las de otros.

Albert Camus escribió en la primera mitad del siglo XX que el suicidio era el tema filosófico más relevante, pues se trata de valorar la vida que llevamos y la forma en que la vemos. Nuestros suicidios y crisis no son camusianos, son resultado de esa "sociedad feliz" que mostramos y a la que llamamos desde todos los rincones a través poderosas herramientas para descubrir después su vaciedad. Somos robinsones mirando al horizonte, esperando alguna llegada que dé sentido a nuestras ruidosas vidas.

Hay que cambiar lo que tenemos para poder vivir con plenitud, algo que hoy se define materialmente. Hay que desoír los cantos de las sirenas y empezar a escucharse a uno mismo y romper los silencios y soledades. La "esperanza" debe ser en algo posible, no autoengaño, y no dura siempre. 

* "El Teléfono de la Esperanza atiende más de 173.000 llamadas y su chat crece un 27% en el último año" RTVE.es 8/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250408/telefono-esperanza-crece-chat-suicidio/16532078.shtml

sábado, 5 de abril de 2025

El problema de Lola o de la salud mental de todos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mientras los medios se llenan de casos de violencia, de ataques sexuales, casos de suicidio, etc. nos dan la noticia de la aprobación de denominado Plan de Salud Mental 2025-2027, lo que es sin duda una buena noticia cuyo beneficio se debería notar en la disminución o control de los casos como los anteriormente citados.

Corremos el riesgo de aceptar una definición de "salud mental" excesivamente clínica ignorando las desviaciones sociales hacia aspectos que no pueden clasificarse como parte de una "buena salud".

La "salud mental" no es fácil de tipificar más allá de las definidas como "enfermedades", que es una forma paralela a las enfermedades del cuerpo, ya sean genéticas o adquiridas.

Se nos dice en el texto, tras contarnos las vicisitudes políticas por las que ha pasado el Plan hasta su aprobación, que: 

Una de las novedades más destacadas del plan es su enfoque en la integración de la salud mental en el ámbito laboral. Se establecerán directrices para que las empresas adopten medidas de prevención y apoyo a trabajadores con problemas de salud mental, promoviendo entornos laborales saludables y evitando la discriminación.

Asimismo, el plan contempla la implementación de programas de educación emocional en colegios e institutos para sensibilizar a los más jóvenes sobre la importancia del bienestar psicológico y la detección temprana de trastornos mentales.

Sin embargo, el plan no incluye medidas específicas para la prevención del suicidio, ya que esta cuestión cuenta con un documento aparte, aprobado el pasado mes de febrero, con su propia financiación.* 

Son tres elementos de diferente orden ya que los dos primeros son el inicio —escuela y trabajo—, por decirlo así, mientras que el tercero —el suicidio— es el resultado.

Me llama la atención que en los artículos relacionados, que RTVE.es muestra en el señalado, haya uno cuyo titular es "El sueño también es cuestión de dinero: "Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien""** y que lleva la siguiente explicación en su entrada: "Así dormimos (o no) en España: un análisis con datos, testimonios y expertos sobre cómo las condiciones económicas y emocionales afectan al descanso, y cómo dormir poco o mal influye en la productividad.**

El texto es medianamente claro, pero el enfoque final, la preocupación por la productividad, nos aleja de las causas. El problema deja de ser nuestra salud y pasa a ser que producimos "menos" o "peor". La preocupación ya no somos nosotros como personas, sino como "productores", es decir, si somos "rentables".

El hecho mismo de que se dé esto como perspectiva ya repercute sobre nosotros, pues pasamos a ser conscientes de que importamos poco, que se nos cuida como a alguien que debe producir bajo unos estándares definidos y no alcanzados. Una empresa entenderá que su plan de mejora de la salud se debe traducir en un aumento de la producción, sino ¿para qué? La felicidad o la satisfacción se deben traducir en más y mejor trabajo, el elemento final de medición de todo. No hay "persona feliz", sino "empleado productivo". Eso es todo.

Muchas veces se mueven en las empresas variables como, por ejemplo, el color de las paredes o el mobiliario, las ventanas, etc., pero como se señala en el titular, el empleado no llega a final de mes por el sueldo miserable que hace "feliz" al empleador, por el miedo al despido o cualquier otro factor de intranquilidad que acabe afectando a la salud mental.

Si pasamos al entorno escolar, me imagino que al ser inimputables los agresores se siente "felices" por sus acciones, sino no las harían. En cambio, los que las padecen tiene difícil superar su infelicidad y si se suicidan, como se han dado casos por el acoso constante, pasan a otro nivel, del que apenas se tocan las causas.

En el texto referido al sueño, se comienza con el caso que se ha mencionado en el titular:

Lola no duerme bien. En realidad, nunca lo ha hecho. Creció en un barrio humilde, en una familia sin recursos y con demasiadas preocupaciones económicas como para descansar tranquila. “No se duerme igual cuando no tienes un puto duro”, resume contundente la joven de 28 años. Arrastra desde la adolescencia, junto a la ansiedad, préstamos familiares y deudas que no han dejado de crecer. “Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien”, asegura.

Su caso no es una excepción. En España, la mayoría de la población duerme entre siete y nueve horas, pero esa horquilla esconde realidades muy distintas. Cada vez más personas se despiertan con cansancio y con la sensación de no haber tenido un sueño reparador. Dormir, como alimentarse bien o acceder a una vivienda digna, también depende del entorno, el trabajo, la salud mental o el nivel de ingresos.


La salud mental engloba demasiadas cosas y a veces se confunden causas y efectos. Todo lo que percibimos, vivimos y padecemos contribuye a la configuración de nuestro estado y a nuestra forma de responder al entorno. Pero obviamente hay aspectos más decisivos. No se trata pues de hacernos percibir los problemas de otra manera, con otro ánimo, sino de tratar de eliminarlos o, al menos, de mejorar la situación.

El problema de Lola no se soluciona intentando que vea sus problemas de "otra manera", sino de hacer que llegue a final de mes y no tenga que endeudarse, con lo que dormirá mejor seguramente. Sea como sea, lo cierto es que los problemas crecen y su percepción empeora.

Hay personas que recurren a la agresividad como auto terapia, lo pagan con los demás. Se sienten fuertes en un aspecto, imponiendo su brutalidad a terceros, como en el caso del maltrato reciente a un compañero escolar con discapacidad mental y en silla de ruedas que ha impactado al país por la crueldad mostrada. ¿Están "sanos" los agresores? ¿Son el fruto de una enfermedad mental social? ¿Está sana, más allá de la idea de eximente, la persona que mata a una niña de cinco años para hacer daño a su expareja? ¿No hay un tipo de patología que no consideramos detrás de muchos comportamientos? Muchos de ellos solo son considerados cuando llegan al ámbito legal, cuando han entrado en el delito. ¿Pero no son los delitos un reflejo de nuestra sociedad? Son acciones castigadas, pero que esconden los caminos hasta ellos.

No sé si el camino a solucionar los problemas es cuestión de atención médica o si esta es solo el final del camino, cuando ya poco se puede hacer. Somos uno de los países en los que se recetan más pastillas, lo cual es un mal signo, un signo de impotencia.

El sensacionalismo mediático no ayuda mucho en una sociedad angustiada. Es un estilo informativo que atrae a los que viven en miedo permanente aumentándolo. Debería señalarse esto y tratar de corregir sus efectos.

Nos alegramos de que se apruebe en nuevo Plan, pero creo necesario hacer cierta revisión sistémica de cómo se vinculan efectos y causas, de cómo se manifiestan en la realidad en aspectos que no consideramos como realmente patológicos.

Hay una cierta distorsión en la forma en que pensamos, que puede que no entre en nuestras categorías de enfermedad mental, pero que son sin duda males. No creo que sea cuestión solo de los médicos, sino de los agentes sociales que deberían ampliar su visión contemplando los problemas de forma más ajustada. No todo es efecto directo, sino de acumulación de secundarios.

* "Sanidad aprueba el nuevo Plan de Salud Mental: más atención comunitaria y menos internamientos forzosos" RTVE.es 04/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250404/sanidad-aprueba-nuevo-plan-salud-mental/16520872.shtml

** "El sueño también es cuestión de dinero: "Cuando pague los 7.000 euros que debo, entonces dormiré bien"" RTVE.es 30/03/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250330/radiografia-sueno-espana-dormir-cuestion-dinero/16511259.shtml

martes, 13 de agosto de 2024

La realidad y el deseo olímpicos y la salud mental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá deberíamos preguntarnos con total sinceridad "qué son" unas "Olimpiadas" para nosotros. El primer paso quizá debería ser desmenuzar ese "nosotros", el que está al otro lado de las pantallas y de los periódicos recibiendo todos los días información desde meses antes. Es un "nosotros" que va desde el espectador al aficionado que acude al aeropuerto a recibir a los deportistas galardonados

Si el asunto de los deportistas es competir, el de los medios es vender emoción, valoración, gestionar la decepción por las expectativas y, sobre todo, generar audiencias con esas expectativas creadas.

Más de una vez en estas retransmisiones he cambiado de canal al sentirme "manipulado" por aquellos que retransmitían el evento deportivos. El principal obstáculo para mí era la forma en que describían a algunos deportistas y los resultados obtenidos, alejados de "sus" previsiones de triunfo.

El deporte es uno de los campos con mayor densidad identitaria. Los deportistas salen desfilando con un abanderado, llevan los colores nacionales y gana o pierden las medallas para "España". Desde ahí, la retórica va creciendo hasta jugar con esas expectativas emocionales en las que se "siente" la patria como triunfadora o perdedora. Todo esto tiene grados de ficción que la mayor parte de la gente entiende, pero con la que se juega en la mediación. Son los medios, sus profesionales, los que gritan para emocionar, los que expresan la frustración, etc. Todo medio busca crear en la comunicación un tipo de receptores finales, que son aquellos a los que se les piden sumergirse, dejarse llevar por la emoción deportiva en una montaña rusa en la que se sube y baja. La retransmisión puede ser "distanciada" o, por el contrario, "inmersiva", con todos los grados intermedios posibles.

En estas olimpiadas se ha jugado demasiado con las expectativas, responsabilizando a los atletas por no haber alcanzado lo que se suponía que tenían ya, las medallas. No es lo mismo "ganar una medalla" que "perder una medalla".

En estos tiempos en los que la cuestión de la salud mental de los deportistas está en primer plano, apenas hemos tenido en cuenta los efectos de la presión y de las palabras sobre ellos. "Perder", "decepción", etc. se han escuchado con demasiada frecuencia en nuestras transmisiones. En ocasiones, escuchamos a deportistas que se han dejado la piel sobre la pista, pedir disculpas por no haber podido hacerse con la medalla o sentirse culpables por no tener el oro y quedarse "solo" con las "plata".

En RTVE.es, pasadas ya las olimpiadas leemos, con el titular "Lo que esperas vs lo que consigues: ¿cumple España las previsiones de medallas en los Juegos Olímpicos de París?", en donde el término "España" tiene una doble lectura, la de país y la de equipos, Está la España que espera y la España que no cumple, la que genera frustración.

Leemos: 

España tenía grandes esperanzas de cara a los Juegos Olímpicos de París 2024. Y aunque los pronósticos apuntaban a que España rompería su récord olímpico, el cómputo global se ha quedado a cuatro medallas de igualar las históricas 22 de los Juegos de Barcelona 1992. 

Tales eran las expectativas a pocos días de encender el pebetero que ‘la bola de cristal’ de los diarios especializados L’Equipe y Sports Illustrated predecía que España ganaría 31 y 28 metales, respectivamente. Una porra menos ambiciosa -y finalmente acertada- hacían The Athletic (The New York Times) y Gracenote (Nielsen), ambos otorgaban a la delegación 18 preseas. 

 Alimentaban el optimismo algunos de los nombres más conocidos de la delegación española, muchos de ellos campeones mundiales, europeos o estrellas de otros Juegos Olímpicos. Este es el caso del doblete de Carlos Alcaraz y Rafa Nadal -conocidos como Nadalcaraz-, de las vigentes campeonas de la selección de fútbol o de Alberto Ginés, oro olímpico en escalada deportiva en Tokio 2020.

Muchos de esos nombres no han llegado a subir al podio. A cambio, esta edición de los Juegos también ha tenido su ración de sorpresas y los reveses se han compensado con algunas de las medallas más inesperadas de la historia olímpica de España.* 

La generación de "pronósticos" solo tiene un fin real, la generación de expectativas que hagan aumentar las audiencias. Se vende la piel del oso antes de cazarlo, por usar el popular refrán. Si luego el oso se nos escapa, la culpa no es de quien predijo su caza, sino de quien no lo cazó. Es decir, al deportista es responsable de "no haber cumplido las expectativas", de no haber sido capaz de alcanzar la "medalla segura".

Todo esto se arropa con las expectativas mediáticas de "superar" los trofeos de una frontera histórica, las Olimpiadas de Barcelona 92, a la que debemos mirar como una referencia, aunque no se entienda muy bien por qué. Es sencillamente un "tópico", algo de lo que hablar.

Son muchos los tópicos olímpicos, como que el que ganó una medalla "debe" volverla a ganar o que el que ganó bronce debe hacerse con la plata o que el que consiguió plata debe hacerse con el oro. Y todo "por España".

¿De dónde salen esas expectativas de los entre 31 y 28 metales? Son las llamadas cuentas del "Gran Capitán". Son las expectativas que mantendrán a los espectadores fijos en su butaca a la espera de esa medalla que llegará "seguro"... o no. ¿De dónde salen?

¿Podemos imaginarnos el estado de ánimo de un deportista que se enfrenta a la opinión de que "su" medalla está ganada y que no conseguirla es "perderla", "defraudar", etc.?

Un ejemplo lo tenemos en la extraordinaria final de tenis individual, que ponían ya en manos de Alcaraz. Los titulares sobre el estado de ánimo tras el partido son muy claros: sentía haber "decepcionado" a España. Luego asimiló lo ocurrido, demostrando gran fortaleza mental. No es lo mismo "ganar la plata" que "perder el oro". Esto último ha sido el enfoque mayoritario. Es lo que ha permitido jugar emocionalmente con el campeonato de tenis. Alcaraz iba subiendo lentamente hacia su destino, el oro.

En estos tiempos en los que tanto hablamos de la salud mental de los deportistas, sin embargo hacemos poco para cuidarla. Cada vez son más los deportistas que hablan de esa presión que no viene del competir sino de la espiral creciente del deporte y los medios, con los anunciantes de por medio. En la medida en que el deporte genere más atención, la necesidad mediática de presionar, de crear tensión crece y, con ello, la presión sobre el deportista que lucha contra la idea de que unas fuerzas poderosas, un destino, da por segura su medalla. Si se "pierde", toda la responsabilidad cae sobre el deportista que ha de ser capaz de resistir.

La deshumanización del deportista, pensado como una máquina que no puede permitirse fallos, una máquina que genera ingresos y cuyo futuro depende de ello, afecta a su salud mental, a la necesidad de apoyo psicológico específico de profesionales que tratan de aislarlos en la medida de lo posible o, como el equipo femenino norteamericano de gimnasia encabezado por Simone Biles, con perro de terapia para la descarga del estrés generado, que no es solo por la competición sino por todo aquello que la rodea y procede del negocio deportivo y mediático.

Medios y patrocinadores se necesitan mutuamente para generar sus ingresos. La materia es el juego realizado sobre la transmisión de las actuaciones de los deportistas. La retórica del éxito y del fracaso ignora el esfuerzo del deportista y lo señala de una forma u otra. Las expectativas de medallas son la vara de medir, con independencia de lo que depare el futuro. Pero si se cumplen o no cae sobre ellos: ellos son los que las han perdido. Todos confiaban en ellos y les han defraudado.

Dos de los medios citados por RTVE daban 18 medallas, lo que ha sido la realidad; los otros, entre 28 y 31, han jugado con una expectativas que han acabado pagando los deportistas. La retórica de las transmisiones ha jugado con esas expectativas como un destino incumplido. "Defraudar", "fracasar".. ha sido términos demasiado empleados por algunos. El que da todo en la pista no defrauda. Pero muchos medios no lo han entendido o no lo han querido entender. Es más fácil lo otro, que es algo que servirá a los patrocinadores para desprenderse de los que no han cumplido las expectativas.

La retransmisión no solo "muestra"; también nos dice cómo debemos interpretarlo, cómo debemos sentirnos, la emoción —de la alegría a la decepción frustrada— que debemos albergar. 

Me hubiera gustado escuchar más empatía con los deportistas, más respeto en ocasiones. El oso no estaba cazado. Ninguna ley dice que quien ha ganado una medalla debe ganar la siguiente. Y sobre todo, ninguna ley dice que las cuentas previas del medallero son un problema de los deportistas y sí, en cambio, de quien hace los pronósticos y se equivoca. Son formas de reclamo de la atención del público que frustran si no se cumple.

Las lágrimas de Alcaraz, las de tantos deportistas que han dado mucho pero no ha sido suficiente para satisfacer las expectativas de terceros, no deben ser motivo de tristeza. Ha sido una final que ha hecho historia, aunque no fuera la que estaba escrita por algunos. Ya estar allí es mucho, dar lo que se tiene, eso lo que se pide. Las medallas no se pierden; otros las ganan porque no les importan nuestras expectativas.



Los medios deberían hacer cierto examen de conciencia, ver las implicaciones de las formas de presentación del deporte, las consecuencias de las identidades nacionales como factor emocional de implicación del público, etc. Algunos medios incluyen una lista, nombres y fotografías, de las "decepciones" al no ganar medallas. Hay que ser muy fuerte mentalmente para resistir esto, que es además profundamente injusto.

El gesto de la jugadora china de bádminton con el pin de la bandera española, que no representaba a "España", sino a Carolina Marín, debería enseñarnos algo.  

 

* Lucía Montilla / DatosRTVE "Lo que esperas vs lo que consigues: ¿cumple España las previsiones de medallas en los Juegos Olímpicos de París?" RTVE.es 12/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240812/cumple-espana-expectativas-medallas-juegos-olimpicos-paris-2024/16215776.shtml

viernes, 14 de junio de 2024

El proletariado generacional y la salud mental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Este es un tema recurrente en estos años. Llevamos diciendo desde hace una década al menos que la gran sacrificada de las crisis económicas españolas ha sido la juventud, convertida en una suerte de proletariado generacional. Hoy esto se ha normalizado, se ha convertido en una verdad que no se discute, que se evita, pero que no por ello deja de tener consecuencias en diversos niveles.

En su momento empezaron a aparecer mensajes del tipo "una generación que vivirá peor que sus padres". Esto es terrible porque se supone que parte del trabajo de una generación es, como suele decirse, "dejar un futuro mejor para sus hijos". La aceptación de esto como un hecho —de nuevo— "natural" supone una concepción de la vida ligada al presente, una vida concebida como "gasto", como "consumo" más que como inversión de futuro. Lo terrible de esta concepción económica egoísta y egocéntrica es cómo ha modificado nuestras vidas y la visión de su sentido. El "sistema" da por hecho que ha de extraer el máximo posible y dar lo menos posible. Es el lado oscuro de neoliberalismo radica surgido de la era Reagan-Thatcher y que sigue reinando como mentalidad dominante, incapaz de ofrecer una visión solidaria intergeneracional que permita un avance de mejoras hacia el futuro, en el que una generación dedique una parte de su esfuerzo para crear un futuro mejor en diversos sentido.

Con una juventud convertida en proletariado generacional, a la que solo se dedica atención en su condición de consumidora (extrayendo a través de ella los recursos de la generación anterior, la paterna), el siguiente paso de conseguir fondos es la llamada "silver economy", es decir, recoger los recursos de las generaciones anteriores (ahorros, inversiones, etc.). La economía tripartita generacional funciona como un engranaje preciso que busca explotar a unos y ofrecer a otros las posibilidades de gasto.

Pero todo esto tiene sus consecuencias más allá de lo económico, que no es más que un nombre para evitar decir que esto afecta a la totalidad de nuestras actividades, momentos, decisiones, etc. ya que todo, absolutamente todo, se ha convertido en transacción mercantil de un tipo u otro. Los negocios fraudulentos durante la pandemia, los negocios con las guerras, etc. nos muestran y demuestran que no hay límites, no hay fronteras ni principios que resistan al beneficio. Los nuevos tipos de delincuencia con los que nos enfrentamos no son más que la concepción del espacio social como una jungla en la que vale todo, donde explotas y eres explotado. La política, los negocios, el crimen, etc. se funden en esa jungla en la que vale todo hasta que te pillan.

EFE 13/06/2024

La explotación de la juventud, su ausencia de perspectivas de futuro, tiene consecuencias en eso que llamamos "salud mental", de la que cada día surgen noticias más preocupantes, pero que no preocupan a los que debían preocupar. Su transformación en un nuevo negocio muy lucrativo es todavía más preocupante. De los fármacos a la asistencia, todo tiene un precio. De la misma forma que hay una "silver economy" que incluye las residencias, los cuidados y tratamientos, los viajes organizados, etc., los jóvenes ofrecen nuevas posibilidades de negocio. El sistema estresa y cobra por calmar el estrés. Una persona joven me comentaba hace unos días su ida al psicólogo por la que le cobraron 180 euros, más otros 125 euros por las pastillas que le recetaron. España es el país con mayor consumo de antidepresivos. ¡Buen negocio!

En RTVE.es vuelven a publicar los datos de la salud mental juvenil: 

Los problemas de salud mental entre la juventud española se han multiplicado por seis en los últimos diez años. Así lo ha confirmado un nuevo informe llamado Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual, realizado por el Consejo de la Juventud de España y Oxfam Intermón.

Además, el 55,6% de las personas jóvenes con carencias materiales severas tienen problemas de salud mental frente al 37,7% que no tienen estos problemas económicos. Este estudio se centra en la precaria situación económica y social que obliga a las personas jóvenes a realizar equilibrios cuando tienen que combinar estudios con trabajos precarios y alquileres inalcanzables.

Otro aspecto crítico es el acceso a la terapia, ya que solo el 17% de los jóvenes afirman haber sido atendidos por especialistas de la sanidad pública en menos de un mes, y casi el 38% confiesa que no busca ayuda profesional debido al alto coste. Recibir terapia privada no es asequible para muchas personas, dado que dos sesiones mensuales representan el 15% del salario medio de un joven. Esto refleja una brecha de desigualdad en la atención sanitaria que afecta especialmente a las mujeres, a la juventud con carencias materiales severas y a aquellos que están en paro.

“Para la generación de personas jóvenes es complicado soñar con un futuro estable, ya que tiene que lidiar con la precariedad laboral, la temporalidad y el desempleo, viven en un constante estado de desequilibrio económico” indica Raquel Checa, responsable del programa Desigualdad Cero de Oxfam Intermón.* 


 

Hay que dejar de tratar la salud mental como una "fatalidad" y empezar a hacerlo como un "causalidad"; hay que empezar a derribar ese paraíso vacacional que vendemos cada día, esa "barización" hostelera, esta "festivalización" constante, etc. para afrontar esta realidad que se nos dice en las últimas palabras citadas: "Para la generación de personas jóvenes es complicado soñar con un futuro estable, ya que tiene que lidiar con la precariedad laboral, la temporalidad y el desempleo, viven en un constante estado de desequilibrio económico", que repetimos y deberíamos entender sin maquillaje.

Hemos hecho un país a la medida del turismo, donde la mitad está vacía y en la otra mitad es imposible vivir. Las manifestaciones últimas en zonas turísticas contra el precio de la vivienda, la temporalidad y precariedad del empleo ajustado a las temporadas turísticas tras las cuales vas a la calle a esperar que llegue el siguiente puente o cualquier festivo, etc.


Estos días hemos visto los lamentos hosteleros diciendo que los jóvenes están "poco motivados" para servir mesas y los horarios necesarios para los que tienen la suerte de poderse pagar estos lujos a su medida. Los mensajes desde distintos lugares atacan lo que llaman la "sobrecualificación", es decir, la formación de los jóvenes para tratar de escapar del destino de servir mesas. Eso fastidia a los propietarios y a los que le producen lo que hay que consumir.

No hay solidaridad; que tu futuro no modifique mí presente. ¿Por qué nos extraña el estado de la salud mental de los jóvenes? ¿Qué futuro es el que tienen por delante si lo que ven es solo explotación y un interés limitado a los beneficios a los que apenas tienen acceso con malos sueldos?



Esto no es solo un problema de salud mental. Es un problema que se agrava cada día. Los precios suben y las sueldos bajan; el empleo de deteriora y se rebajan las expectativas, reducidas a un aquí y un ahora.

Los gobiernos se limitan a "proteger" este sistema, pues consideran que si no es futuro, sí es un presente continuo sostenido por los intereses de las poderosas patronales de los sectores implicados. La especulación inmobiliaria, los efectos de los pisos turísticos, la subida constante de la inflación, etc. hacen que ese futuro positivo deseado se vea cada vez más lejano y oscuro.

Hemos perdido el sentido de comunidad y de solidaridad. Las luchas constantes de intereses, la conversión en espectáculo de todo —de la política al deporte— etc. no nos permiten tener confianza en que el futuro será mejor, algo esencial para los jóvenes y sus motivaciones. Sin esperanza de futuro, el mundo se vuelve oscuro, los ánimos desaparecen y con ellos la motivación vital, la alegría de vivir porque se ve un mundo por delante.


Sin embargo, en vez de combatir los males, los convertimos en negocios. ¿Para qué vamos a combatir la ansiedad, la depresión, el estrés, etc. si podemos hacer negocio con ellos? Las generaciones que viven esta situación perversa es lo que han aprendido y lo que transmitirán a las siguientes. Como les trataron, tratarán ellos a los siguientes jóvenes. Transmitirán el mismo nihilismo (no se me ocurre otra palabra que lo exprese mejor) que recibieron. Explotación y beneficio; es sencillo.


Muchas veces se echa la culpa al sistema educativo. Este, se dice, no forma para los trabajos. El problema es que los trabajos no requieren mucha educación (de ahí el énfasis en la sobreducación como elemento negativo). Esto ya no vale. El alumnado se escinde entre los optimistas que creen que pueden salir adelante con más y mejor formación y los pesimistas, para los que no creen que les sirva de mucho y se fijan los mínimos suficientes. Hay sectores que necesitan mejor formación, pero el peso del sector turístico y afines es cada vez más fuerte. Las tensiones crecen.

Las consecuencias van más allá. Esa salud metal es una parte; la otra es la falta de fe en la sociedad que nos rodea. Sin futuro, todo se vuelca en la agresividad del presente, convirtiéndolo en una lucha en la que vale todo. El aumento de la violencia, de las escuelas a los espacios laborales, los estallidos en las calles, con peleas, apuñalamientos, etc. es palpable.

Todo esto va ya en una segunda generación. Muchos no resisten; otros comprenden que solo el más fuerte sale adelante y continúa el juego. Aumenta la violencia social, la de género, etc. No somos peores, pero es fácil caer en muchos males cuando no sientes que vives en un mundo mejor o que a nadie le importas.


* "Empeora la salud mental entre los jóvenes españoles: "Viven en un constante estado de desequilibrio económico"" RTVE.es 13/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240613/problemas-salud-mental-jovenes-espanoles-sextuplicado-ultima-decada/16145706.shtml