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martes, 12 de marzo de 2024

No lo llames "incidencia" un 11-M

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En el espacio de desmentidos de VerificaRTVE.es se descartaba que, como se aseguraba en diversas cuentas de las redes sociales, ayer —aniversario de los atentados en Madrid del 11-M, ocurridos en la red de ferrocarriles—hubiera habido un atentado  en el Metro de Madrid, en la estación de Moncloa.

No fue un "atentado", dice la compañía; solo fue una "incidencia". La claridad del primer término, "atentado", contrasta con la ambigüedad de "incidencia", un término de la jerga empresarial que no explica nada, no aclara nada, puede ser cualquier cosa. No sabemos qué ocurrió, pero sí sabemos que no ocurrió lo que dicen que ocurrió, un atentado. Se oyó "ruido", pero no fue una "explosión", sino el causado por la "incidencia". La gente no fue desalojada por un "atentado", sino por la "incidencia". La persona que fue atendida por un ataque de ansiedad por los servicios sanitarios fue porque ignoraba que se trataba solo de una incidencia.

Los verificadores de RTVE.es lo dejan muy claro:

En redes sociales, varios mensajes de internautas han dado por hecho que lo que se ha escuchado dentro de los vagones del Metro de Madrid correspondía a una "explosión" pero la empresa pública ha respondido que lo que han oído es "el ruido" por la "avería" registrada. "No hubo ninguna explosión, lo que oyó pudo ser el ruido que produjo la avería en el tren". "Podemos confirmarte que no hubo ninguna explosión", ha señalado en respuesta a otro usuario el perfil de Metro de Madrid. También hemos consultado a Emergencias Madrid si ha tenido que atender a algún viajero por la evacuación del Metro en Moncloa y nos responde que sus trabajadores han atendido a una persona que presentaba una crisis de ansiedad y que ha recibido el alta en el lugar, sin que haya sido necesario el traslado a un centro médico.

Los mensajes de redes sociales que hablan de una explosión en la estación de Moncloa de Metro de Madrid a raíz de las imágenes de la evacuación de pasajeros se difunden el día en que se cumple el vigésimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en la capital, unos ataques que acabaron con la vida de 192 personas.*


Mucho ha tenido que insistir Metro de Madrid para convencer lo que propia ambigüedad inicial no aclaraba, que se trataba solo de una incidencia. Los intentos para evitar con la jerga la presencia de un término "accidente", que utilizan el resto de los mortales, hizo aparecer otro más temido, el de "atentado".

Bastaban las imágenes del desalojo de muchos y del pánico de algunos para concluir, sumando la fecha y la incidencia a lo que algunos sumarían, la presencia de múltiples equipos de televisión, decididos a ser más "veraces" haciendo sus informativos desde la estación de Atocha, uno de los centros de los atentados, para que unos creyeran o hicieran creer que la "incidencia" era otra cosa.


Son tiempos extraños estos en los que construimos nuestra realidad en esta rara mezcla en la que desconfiamos de lo que se nos dice y, sin embargo, nos engañamos con lo que creemos dando entrada fácil a casi cualquier cosa que nos llega a través de las redes. Y lo que vemos en ellas nos hace mirar lo que tenemos delante de otra manera en un complejo círculo vicioso.

Entre la ambigua jerga de las empresas, instituciones, partidos, etc. y el lenguaje directo, dramático y apresurado de las redes se sitúa nuestra experiencia de la realidad, lo que nos hace más manipulables y crédulos que nunca.

La fecha de ayer, con una auténtica inflación de noticias sobre el 11-M por sus veinte años pilló a muchos con la guardia baja. La distancia, los veinte años entre el momento de los hechos y el día de hoy, ha tenido esos efectos. Son veinte años de gatillo flojo informativo, del "aquí lo pillo aquí lo mando·, del "grabo primero y pregunto después".

No sé si esta vez ha sido un deseo deliberado de desinformación o si se trata simplemente de sumar dos más dos en un día saturado de información sobre unos atentados antiguos que conviven con una "incidencia" ruidosa y que crea pánico en algunos. Creo que hay más de lo segundo que de lo primero; creo que hay una enorme metedura de pata que cree que se puede comunicar en cualquier momento de la misma manera prescindiendo de las circunstancias. La base de la buena comunicación es precisamente pensar en el contexto en el que se recibe entendiendo que este condiciona la recepción.

Cada día es más difícil saber qué creer en un mundo en el que la información es un arma y la ambigüedad un estilo. La demostración de cómo los partidos políticos están usando su propio interés manipulando en su favor unos atentados con casi doscientos muertos es lo suficientemente clara como para no verla. Pero ellos no hablan a sus opositores; nos hablan a nosotros, que debemos escuchar sus refriegas una y otra vez. Nosotros somos los destinatarios universales, los receptores finales de la inmundicia.

Habrá gente que haya evitado ayer el tren, que habrá sentido angustia al paso por Atocha y otros lugares; gente que se haya sentido mal al escuchar que un "atentado" ha hecho evacuar unos vagones de metro. Lo ha creído porque ha estado rodeada de testimonios, de imágenes, de lugares en los que sí ocurrieron las cosas terribles durante unos días. ¿Por qué no, si ya ocurrió?

Cuando corremos lo hacemos porque nos lo piden o porque vemos a otros correr. Los que ven a otros correr se imaginan por qué corren y es lo que les hace correr. Forman unas creencias que se van acumulando con lo que no sabemos y lo que imaginamos, que pronto son lo esencial en el caos generado. Entonces aparece la cámara que capta la huida, el desalojo, los gritos, los atropellos... y lo vemos.

La gente lo vio así:

“Explosión en Moncloa”, dice un mensaje compartido más de 800 veces en la red social X desde el 11 de marzo. La publicación adjunta dos vídeos que muestran a varios operarios de Metro desalojando a viajeros de un tren parado en una estación y una tercera grabación en la que se ve a los pasajeros subiendo rápidamente por unas escaleras mecánicas. Las mismas grabaciones las difunde otro perfil con el siguiente texto: "Hoy, 11 de marzo, sobre las 15.00 horas de la tarde, se ha escuchado una explosión en uno de los vagones de Metro Madrid, provocando una estampida". "URGENTE Ha habido una explosión en el metro de Moncloa", asegura otro mensaje de X que comparte los mismos vídeos.* 

Mucha de la gente que está a esa hora por Moncloa son los estudiantes que salen y entran camino de la Universidad. Para la gran mayoría de ellos, el recuerdo del 11-M es inexistente, no lo vivieron. Es algo visto en esas representaciones mediáticas que les habrán impactado induciéndoles a creer que no era esa "incidencia" desconocida, imaginada, sino una "explosión" lo que provocaba el humo, el ruido y el desalojo. Lo demás son teléfonos.

A lo que ocurra en Renfe o Metro podrás llamarlo "incidencia" todos los días menos en el aniversario del 11 de marzo de 2004. Esa jerga de los servicios técnicos, es palabra que lo cubre todo —y por lo mismo deja imaginarlo todo— puede usarse en cualquier otra circunstancia, pero no un 11 de marzo. 

* "No se ha registrado una explosión en el Metro de Madrid, es falso" RTVE.es VerificaRTVE 11/03/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240311/no-se-registrado-explosion-metro-madrid-falso/16010036.shtml

domingo, 23 de julio de 2023

El túnel conspiranoico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los votos lo transforman todo, nos cambian la forma de ver el mundo, especialmente, si puedes ganar o perder el poder. Leo con sorpresa la noticia del tren detenido en la línea Valencia-Madrid. Ya el titular en El Mundo, que a las 11:30 nos decía con angustia "Suspendida la circulación de trenes entre Valencia y Madrid por una incidencia "muy grave" en un túnel". A lo que añadía con detalle: "Hay seis trenes detenidos en Valencia (cuatro), Madrid y Cuenca desde primera hora de esta mañana".

Tras una descripción del caos en las estaciones, se va entrando en materia. Algunos iban en ese tren para votar y volver; otros, iban a Madrid a coger un vuelo hacia otros destinos.

El caso de los votantes bloqueados pasa a primer término del artículo. Atrás queda el incendio, los bomberos, el agua que sale del túnel... Solo queda el voto:

Cientos de viajeros se agolpan en la estación. Es el caso de Ana María Pérez y su marido, que están de vacaciones en Gandía y decidieron viajar en tren a Madrid para votar este 23-J.

"Cuando el presidente convocó las elecciones, tenemos casa en Gandía y no nos fiábamos de votar por correo así que dijimos vamos a coger un billete de ave para irnos en tren. Llevamos desde las 8 esperando el tren que salía a las 10", cuenta ella enfadada. Su plan alternativo es ir en coche, pero asegura que la carretera también está congestionada. "Íbamos a volver mañana después de votar, íbamos exclusivamente a votar porque no nos fiábamos de correos, pero ahora ya no nos fiamos ni de la Renfe. No nos podemos creer esto", cuenta ella.* 

Estas elecciones han creado la desconfianza en todo y en todos. A la tradicional desconfianza hacia los políticos, estos han respondido con su desconfianza de todo lo que tienen por delante, trasladándola a los votantes. Especialmente lo han hecho contra Correos de forma poco ética. Cualquiera que haya estado en una sucursal de Correos en este tiempo habrá visto el desbordamiento del trabajo que han padecido. Para algunos, los carteros formaban parte de una conspiración.

Estamos copiando lo peor del trumpismo entre unos y otros. Todo es conspiración, todo es echar insinuaciones sobre conspiraciones desde los lugares del "estado profundo" para impedir la victoria cantada antes de cazar el oso. Nunca se había echado tanta sospecha sobre tanta gente. Insisto es la táctica trumpista para "justificar" ineptitudes, desvaríos y meteduras de pata.

Y ahora le toca a la RENFE, claro. En ABC leemos el titular: "El PP exige una actuación «inmediata» ante la suspensión de trenes entre Valencia y Madrid en la jornada electoral". A este titular se le añaden las dudas expresadas por el político de turno: 

El secretario general del PP en Madrid, Alfonso Serrano, ha criticado «que los trenes repletos de madrileños no puedan salir de Valencia por un problema en un túnel» justo en el día de las elecciones y ha exigido una actuación «urgente e inmediata».

«Que casualidad ¿no?», ha expresado Serrano a través de su cuenta de Twitter. Además, ha puntualizado que «nadie» les dice «nada» y ha afeado que Adif que no plantee alternativas en buses. «¿Pretende alguien que se den la vuelta?», ha sugerido.

Sin embargo, fuentes de Adif aseguran que se está haciendo todo lo posible y con la mayor celeridad para poder dar solución al incidente.**

La diferencia entre un país serio, con una democracia consolidada, y un chiringuito playero con los políticos tomando el sol y un granizado son estas cosas. Creo que en estas elecciones se han perdido las perspectivas del país en el que estamos, de las instituciones con las que nos regimos y movemos. Se ha perdido el respeto al propio país negando su consistencia, quizá por la mala conciencia de los propios políticos, muy por debajo en todas las tribus del pueblo español al que aspiran a gobernar. Sembrar dudas sobre las instituciones, de Correos a los trenes, es lo peor que puedes hacer porque habrá gente que, mareada por todas estas cosas, las pase a creer.

Saldré a votar en unos minutos, cuando termine este artículo. Pero lo haré con la conciencia de que muchos, independientemente de sus ideas, no respetan la propia dignidad democrática de los votantes. Minar la confianza en todo es trumpismo puro. Dejar la duda, gane que gane, pierda quien pierda, es indigno de una democracia como la española.

Las jornadas electorales no están exentas de incidentes y accidentes. Creer que es una conspiración es algo que se repetirá poniendo en duda todo. Un país así de manipulable necesita de más respeto democrático por parte de quienes la gobiernen y de aquellos que la describen en los medios.

Espero que de aquí a los quinientos metros que me separa de las urnas no me quede encerrado en el ascensor, no me secuestre nadie, no me caiga un rayo, no me atropellen y me encuentren en el censo. Cualquiera de estas posibilidades me hará dudar de su resultado. 

Creo que en esta campaña se han superado demasiadas líneas de sensatez. No podemos seguir trasladando los conflictos porque alguien acabará dejándose llevar y estallando. Se impone, creo, un periodo de seria reflexión tras la elecciones, gane quien gane.

 

* Noelia Marín "Suspendida la circulación de trenes entre Valencia y Madrid por una incidencia "muy grave" en un túnel" El Mundo 23/07/2023 https://www.elmundo.es/economia/2023/07/23/64bcddd3e85ecea51a8b4592.html

** "El PP exige una actuación «inmediata» ante la suspensión de trenes entre Valencia y Madrid en la jornada electoral" ABC / Europa Press 23/07/2023 https://www.abc.es/espana/madrid/pp-exige-actuacion-inmediata-ante-suspension-trenes-20230723113829-nt.html

martes, 21 de febrero de 2023

Lo gratis sale caro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La forma de zanjar las crisis dice mucho sobre las crisis mismas. La chapuza de los datos erróneos dados a los fabricantes cuyo resultado eran trenes que no cabrían por los túneles tenía que estar a la altura. La solución es cortar las cabezas de dos responsables más y trenes gratis hasta 2026, fecha en que llegarán los trenes con las medidas ajustadas a la realidad de los túneles. Así, la chapuza se controla mediática y políticamente. ¿Trenes gratis durante tres años? Los usuarios dejan de protestar y la deuda sigue subiendo. Pero por algún lado tendrán que ingresar, a menos que nos concedan el premio Nobel de Economía por encontrar la empresa que se alimenta del aire, que por muy limpio que esté, no produce las calorías económicas suficiente. Lo gratis lo pagamos todos, aunque lo disfruten unos pocos.

La chapuza se va instalando cada vez más como una realidad tangible, próxima, cotidiana. Se centra en elementos muy variables, desde los jurídicos, con leyes cuya aplicación consigue lo contrario de lo que pretendía, a estos trenes que no caben. Pero a las chapuzas se le suman las negligencias, una variable peligrosa que, como en el campo de la sanidad, causa muertes. Es raro el día en que no tenemos noticias de chapuzas y negligencias en algún sector, que salga a la luz algún desastre.

¿De dónde sale todo esto? Un primer factor es indudable: mucha gente no está donde debería estar o, lo que es lo mismo, está donde no debe. Los malos nombramientos son una peste contemporánea que hace que coloquemos a personas en lugares para los que no están capacitados. Pero el hambre de cargos es un mal difícil de controlar, sobre todo porque constituye una cadena de confianza, una forma de colocar personas próximas que viven a la espera de un cargo. Esa proximidad es la que se da en los partidos políticos en muchas personas que esperan su momento, el del cargo remunerado en un sector del que muchas veces desconocen casi todo. 

La otra causa es también indudable: los recortes de personal, que acumula errores por agotamiento, simultaneidad de tareas, etc. Esto se ve igualmente en todos los sectores, donde se producen chapuzas por la falta de la atención necesaria causada por prisas, como estamos viendo en los errores de diagnósticos médicos, cada vez más frecuentes. ¿Son peores los profesionales? Probablemente no, pero las condiciones en las que trabajan o los recursos de que disponen no facilitan sus tareas. Si tienes, por ejemplo, menos tiempo para reconocer, menos fondos para gastos y todo se hace igual en cada proceso, los resultados no dejan de empeorar.


Hemos tenido accidentes trágicos por la negligencia, por ejemplo, en la revisión de las medidas de seguridad de atracciones de feria. La cantidad simbólica de revisores deja en el aire la idea de "seguridad". Todo se deja al azar, a las probabilidades bajas de que ocurra algo. Pero la crisis modifica los factores: al reducir los ingresos y aumentar los gastos, esto repercute en las revisiones de seguridad, tanto por parte de los inspectores como por parte de los propietarios. Y los problemas aumentan.

¿Es la gratuidad de los trenes una solución a las chapuzas? No. Es una "solución" a su coste político, para salvar las protestas y el ridículo. Pero la falta de ingresos puede significar un aumento de las probabilidades de que se produzcan problemas de diverso orden. La falta de ingresos tendrá que repercutir en algún grado sobre lo que hay hoy y el deterioro se irá produciendo porque forma parte del ciclo de vida de los materiales. Lo que no se renueva, se vuelve contra ti.


Los políticos han medio salvado la cara. Han escenificado su indignación frente a sus electores y han cortado cabezas para mostrar que no son tolerantes con las negligencias, aunque los responsables no sean ellos. Pero da igual. Es más barato cortar unas cuantas cabezas que te recorten unos cientos de miles de votos que se pueden llevar por delante a miles de cargos surgidos en los despachos del poder.

La cultura de la chapuza avanza porque la eficacia tiene un elevado coste de mantenimiento. Que las cosas funcionen, que el candidato ideal esté en su puesto, etc. tiene un coste en muchos planos. Por lo pronto, una persona responsable exige las medidas necesarias para que su servicio o sector funcione como debe. Pero la cultura de la chapuza adora a los jefes y maltrata a los subalternos, a los que azuza con la vara. De esta forma, empieza a cundir el desánimo y un pensamiento que no se siente vinculado al estado general. Las advertencias desaparecen una vez que han sido desatendidas.

Esperemos que la chapuza de los trenes que no caben no sea superada por problemas derivados de la gratuidad del servicio.

viernes, 10 de febrero de 2023

Ira en los andenes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El problema de los trenes que no caben por los túneles no es nada en comparación con el problema ferroviario creado en Madrid por las obras que se realizan en la importante estación de Chamartín, un auténtico súper nudo de comunicaciones, con una duración prevista de diez meses, hasta diciembre. Los caos a todas horas, las carreras de unas vías a otras, entrechocándose los pasajeros que suben y bajan con peligro físico una estrechas escaleras —con bicis, maletas, patinetes, coches de bebé...— y nerviosismo crecientes.

Ayer veía la noticia del incidente público provocado por los retrasos y paros de trenes en la estación de Atocha, otro centro neurálgico del transporte madrileño, conexión —al igual que Chamartín— con media España. Desde estas estaciones salen y llegan no solo los transportes de la península, sino que la línea de Cercanías, la que une las poblaciones a esa red que recorre la gran capital, a la que acuden cada día millones de ciudadanos (entre los que me encuentro) para ir al trabajo, estudiar, etc.

Madrid tiene un enorme entramado de sistemas de comunicación (trenes, autobuses, metro...) que tejen una red que los usuarios combinan para desplazarse a través de la ciudad y de la Comunidad, con salidas y llegadas hacia el aeropuerto que la une al mundo. Todo esto tiembla y se convierte en un caos por el corte de una estación previsto para diez meses, no para un par de semanas.

9/02/2023

Pese a los esfuerzos de toda una flota de personas (mayormente jóvenes) desplegados por las estaciones para suministrar informaciones, lo que tenemos es un sistema que va al caos, sin posibilidad de concretar lo que se le pide al transporte: regularidad, puntualidad, etc., es decir, la posibilidad de saber cuánto tiempo se va a usar en realizar ese trayecto que se repite cada día y que da tranquilidad. Lo que existe ahora es un sensación caótica que impide saber cuánto se tardará, que acumula miles de personas nerviosas preguntándose unos a otros "¿a dónde va este tren?", si va hasta un destino determinado, si pasa por tal estación, etc. Se produce un caos que se intensificará cada día creando, además, una ansiedad que acabará estallando, tal como recogen lo ocurrido en la estación de Atocha:

En El Confidencial se nos relataba el incidente:

La mayoría de las líneas de Cercanías de Madrid se han visto afectadas por una avería en Atocha y el caos se ha incrementado por las obras y el corte del túnel entre Sol y Chamartín. El suceso ha ocurrido a las nueve de la mañana, en plena hora punta, y el servicio no ha recuperado la normalidad hasta la 1 de la tarde, según informó Cercanías a través de su cuenta de Twitter. 

El colapso de las Cercanías, con retenciones en la C-1, C-2, C-3, C-4, C-5, C-7, C-8 y C-10, también ha afectado a los trenes de Media y Larga Distancia. Los trenes más afectados fueron los de origen Aranjuez y Atocha de la C-3 y por ello, los viajeros han tenido que concluir sus recorridos en Villaverde Bajo, teniendo que hacer trasbordo hacia la C-4.

En redes sociales, no dejaban de llegar las quejas a @CercaniasMadrid. Los usuarios compartían fotos de andenes desbordados. Además, justo estas aglomeraciones, se producen con el primer día en el que las mascarillas ya no son obligatorias en el transporte.

Se han registrado multitud de incidentes en varias estaciones. En Atocha, algunos usuarios han golpeado los trenes e increpado a los conductores de los vehículos. Un hombre decidió elevar su protesta bajando a la mitad de las vías, poniendo en riesgo su vida, según informa Telemadrid.* 

Hace algún tiempo, quizá entre tres y cuatro meses, es decir, desde bastante antes de que empezaran las obras de remodelación de Chamartín, que se estaban produciendo distintos tipos de incidencias con los horarios, retrasos, provocados por accidentes o paros de trenes en determinadas líneas, algo que los propios servicios de megafonía explicaban ante la impaciencia de los viajeros, que se movían nerviosos con sus teléfonos móviles llamando a decir que se retrasaban, saliendo de la estación a buscar medios alternativos, etc.

Los incidentes no han hecho más que comenzar y es previsible que conforme aumente la indignación vaya a más, como ya ha ocurrido en Atocha y se nos contaba en el texto de El Confidencial. Este estado de irritación se acaba pagando con los que tienen un trato directo con el público o simplemente están a la vista. La capacidad de expresar indignación traduciéndose en actos violentos aumenta gracias a las posibilidades de interacción (compartir vídeos del caos), la repetición de los hechos y los efectos que se puedan transmitir por causa de la complejidad del sistema en su conjunto.

Lo que ocurre en las redes ferroviarias desvía parte de sus viajeros hacia otros tipos de transporte. Es probable que empiecen a aumentar los atascos en las carreteras, lo que afectará a las entradas en Madrid desde la periferias. El aumento de autobuses, por ejemplo, provocará más atascos junto con el aumento de coches. Eso, a su vez, generará más caos, más accidentes, más nerviosismo, etc.

No dejemos de pensar en que esto serán 10 meses, no un par de días. Ya hay protestas a través de los ayuntamientos; pronto las habrá directamente.

Si mencionábamos la chapuza de los trenes grandes en Asturias y Cantabria y un retraso de tres años para que se solucione el "problema", es decir, que lleguen los nuevos trenes, el caso de las obras de Chamartín puede crear un gigantesco incidente, por así decir, que provoque cada día diferentes estallidos populares.

Ayer pude ver la primera de las caídas. Un señor que intentaba subir corriendo las escaleras cayó y tuvo que ser levantado por las personas. Esas carreras por los túneles de Chamartín son un gran peligro por la cantidad de personas y la ausencia de escaleras mecánicas en las galerías subterráneas que conectan la estación ferroviaria con el metro de Madrid. Lo que es el tráfico normal para llegar a los andenes se convierte en una carrera de obstáculos desesperada y peligrosa para todos los que intentan alcanzar el tren.

Otro mal diseño: los carteles luminosos están colocados sobre las boca de la salidas a los andenes. Esto implica que la gente se para allí y obstruye la subida y bajada de las escaleras, que se concentra en esos puntos porque no hay fiabilidad en las pantallas al cambiarse de unas líneas a otras según el caótico tráfico, lo que implica bajar corriendo a contracorriente con los que suben también corriendo, además de que la mayor parte de la gente se concentra en el mismo punto, otro peligro.

Se eliminaron los murales con los planos generales de las líneas de los trenes. Teóricamente como se mira en Internet... Pero lo cierto es que al indicar el destino y no las estaciones intermedias no existe indicación de por dónde pasa el tren, por lo que la pregunta "Este tren pasa por X", se la realizan los viajeros unos a otros, no sabiendo la respuesta la gran mayoría.

Las máquinas expendedoras de bebidas están situadas en los puntos de acceso, junto a las escaleras, que es donde se concentra el paso de viajeros. Eso ahora es un problema porque los andenes están saturados de gente.

Como señala la información, todo esto hace que se llenen los trenes y que estén tiempo parados esperando la orden de salida. Esto ocurre precisamente con el momento de retirada de la obligatoriedad de llevar las mascarillas en el interior. Mucha gente no se la quita, pero es probable que pronto tengamos nuevas cifras de contagios de diverso tipo, no solo de la COVID.

Todo se junta. Todo forma parte de la complejidad. Es evidente que la planificación de unas obras de 10 meses en la estación de trenes de máximo tráfico de está mal planificada y peor desarrollada, que tiene unos efectos colaterales debido a lo complejo del sistema de comunicación en una ciudad y región como la madrileña con una densa red de comunicaciones. Los cambios en esta tienen efectos en el sistema laboral (la gente va y viene del trabajo), va a tener costes en términos de accidentes y sanitarios (aumentos de enfermedades), afectará a los demás subsistemas de transporte (metro, autobuses, taxis, etc.) por atascos, retrasos, accidentes, etc. Hará que estos subsistemas se vean tensionados, como ya ocurre en el metro, que absorbe muchos pasajeros que no pueden usar el tren. El mayor uso provocará un deterioro más rápido por el uso, que los menguantes servicios de reparación y mantenimiento (reducidos en los últimos años, en los que el tiempo, por ejemplo, de reparación de una escalera mecánica se ha multiplicado).

Lo peligroso es que toda esta variedad de situaciones las padecen los mismos. Bajo la etiqueta de "viajeros" están las mismas personas, que acabarán estallando y pidiendo, como ya hacen, cambios y responsables. Son las víctimas diarias.

Telemadrid


La brillante campaña publicitaria —"Perdonen las mejoras"— puede hacer perder la paciencia a aquel que tiene la perspectiva de que le descuenten una y otra vez dinero de su sueldo por llegar tarde o cualquier otra circunstancia que modifique la vida diaria y que se verá afectada, en mayor o menor medida, por lo que supone desplazarse. Diez meses enfadados por conflictos de todo tipo puede ser demasiado. "Perdonen los cabreos" será la contra campaña con la que se pueden encontrar en breve. El problema es que ese estado de ánimo es fácil que se vaya de las manos y se traduzca en más violencia.

¿Han infravalorado lo que significa en términos sistémicos las obras de Chamartín? Me temo que sí. Lo que ocurre en Chamartín, no se queda en Chamartín, como aseguran. Los efectos son múltiples y crecientes. Por lo pronto está dejando a la vista muchas otras carencias, modificaciones que parecían no tener importancia (como retirar puntos de información hacer pequeños y distantes los letreros luminosos, etc.) y que ahora la tienen.

Desgraciadamente, pronto esto irá a más, tal como la paciencia irá a menos. Demasiadas chapuzas que pagan siempre los mismos, que caen sobre las mismas espaldas. Esto es un paso más hacia ese caos de inoperancia, que sentimos que nos rodea. Da igual que sea verdadero o solo una ilusión. Con las ilusiones, en ambos sentidos, se hacen muchas cosas y no todas se pueden controlar cuando se ponen en marcha. No es lo mismo estar enfadado en casa que estarlo en un andén con cientos o miles de personas en estado de irritación. Me temo que pronto lo comprobaremos. La gente levanta las manos para grabar con sus teléfonos el caos... por ahora.

* EC "Caos en el Cercanías Madrid: golpes a los trenes e insultos a maquinistas por los retrasos" El Confidencial 8/02/2023 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2023-02-08/cercanias-madrid-atocha-andenes-aglomeraciones-cortes_3572337/

jueves, 9 de febrero de 2023

Un tren de chapuzas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El diario ABC se refiere al caso de los trenes que no caben en los túneles con el titular en portada "El Gobierno usó una jubilación y un cese ya previstos para simular la purga del fiasco de los trenes" y en el interior otro no menos directo, "Los ceses de Transportes por la chapuza ferroviaria eran salidas ya previstas". ¿Otra chapuza?

El término "chapuza" está presente cada vez más en nuestra vida cotidiana y en ese entorno mediático que es ya nuestra naturaleza boscosa, nuestro ecosistema informativo. "Chapuza" se ha utilizado con profusión para la Ley del "solo sí es sí" y ahora llega lo de los trenes que no caben por los túneles. 

La chapuza del "solo sí es sí" es jurídico política, fruto de la incapacidad de entender la relación entre efectos y causas. Es chapuza e incompetencia por parte de quienes lo pergeñaron en los centros de decisión del Ministerio. Pero en vez de darse cuenta, siguen insistiendo en su validez y en que los equivocados son los otros, es decir, todos los demás, porque en esto se han quedado solos, aunque con el aplauso de los abogados de los que salen libres y su gratitud.

Lo de los trenes, en cambio, es una chapuza por inercia, porque crees que todo es estándar y que los trenes se construyen para pasar los túneles y los túneles para que pasen los trenes, algo que se ha demostrado que no es cierto.

Mientras que se puede seguir discutiendo hasta el infinito sobre la ley, echando la culpa a los demás, lo de los trenes es otra cosa: si no caben, no caben. Sencillo, rotundo, incontestable.

Lo que nos dice ABC es que esas cabezas estaban ya "cortadas" o, si se prefiere, amortizadas, una por jubilación y otra por un cese ya previsto. Son ceses de cara a la galería antes de que los leones empiecen a afilarse los dientes.

En El Confidencial, Carlos Prieto nos ofrecía hace dos días una perspectiva de interés en este caso de los trenes:

El fósforo que enciende la pradera en Asturias lo sostiene Revilla en Cantabria con indignación campechana.

He aquí una historia que merece la pena contar al revés, empezar por el final y acabar por el principio.

Adif cesó este lunes al jefe de Inspección y Tecnología y Renfe al responsable de Gestión de Material.

La ministra de Transportes, Raquel Sánchez, había prometido dimisiones por el fiasco de los trenes diseñados para Asturias y Cantabria que no cabrían en sus túneles. En 2019, Renfe lanzó un concurso para renovar 31 trenes de cercanías y media distancia en el norte del país, adjudicado a CAF por 258 millones de euros, pero los gálibos -dimensiones máximas de altura y anchura de los trenes- estaban mal en el contrato. Aunque el fallo interno se descubrió durante el diseño, es decir, antes de la fabricación, el caos burocrático demorará la entrega de los trenes al menos tres años.

La ministra dijo compartir el “enfado e indignación” del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, que convirtió el trenicidio en drama nacional. Adrián Barbón, presidente del Principado de Asturias, se sumó a Revilla y a la ministra: "Hay que ver quiénes son los responsables de esta chapuza y cesarlos". Todos de acuerdo pues… a toro pasado

 Ocurre que algo falla en esta indignación coordinada entre el Gobierno, Asturias y Cantabria. Un fallo en el sistema que explicaría varias cosas interesantes sobre el funcionamiento del laberinto territorial español: por qué unas noticias tienen impacto y otras no, cómo funcionan los escándalos políticos cuando llegan a los medios, por qué Revilla la lía cada vez que abre la boca, qué pasa en el silencioso oasis socialista asturiano y por qué en España se maltrata a los trenes que no van a alta velocidad.*

Son muchas cuestiones, desde luego, y todas ellas relevantes... si son capaces de llegar a la opinión pública. La idea de Carlos Prieto es que todo esto se sabía, fue dicho, pero hasta que no lo dijo Revilla y pidió cabezas no se creó el escándalo y la chapuza alcanzó entonces dimensiones mediáticas nacionales. Está bien visto porque la realidad es esa confluencia entre intereses de unos y de otros que finalmente llega a resolverse con esos dos ceses, uno por cada lado, que no generan coste alguno y sirven para salvar otras cabezas.

Son más chapuzas las que Prieto añade a las visibles; son las chapuzas del silencio, las de unos medios que no profundizan, las de una oposición local que no se entera, el abandono de las redes de cercanías frente a la alta velocidad, etc. Muchas, sí.

20 minutos

La cuestión importante es cuántas chapuzas se puede permitir un país sin que las consecuencias le afecten de forma grave. Está claro que la chapuza de la Ley del solo sí es sí tiene unos costes políticos importantes, a la vez que sociales, y esperemos que esas personas que salen beneficiadas no busquen a sus víctimas y tengamos pronto una desgracia más. 

La lista de chapuzas se puede extender a muchos campos. No todo atrae la misma atención mediática y a veces necesita de un conflicto de fondo para que salte. Lo que ya estaba dicho solo adquiere fuerza cuando a alguien le interesa. Un día de estos hablaremos de las chapuzas educativas, si es que le interesa a alguien. 

* Carlos Prieto "Cómo Revilla explotó el fiasco de los trenes de Renfe (y dejó a Asturias con el culo al aire)" El Confidencial 7/02/2023 https://www.elconfidencial.com/espana/2023-02-07/como-revilla-exploto-el-fiasco-de-los-trenes-que-no-caben-en-los-tuneles-y-dejo-a-asturias-con-el-culo-al-aire_3570867/