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miércoles, 28 de agosto de 2024

El victorioso y rentable traje de Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cuando uno cree que lo ha visto todo, Trump nos sorprende de nuevo. Le hemos visto vender biblias, una especie de cromos de superhéroes en los que el superhéroe es, por supuesto, él... Un sinfín de objetos en los que no solo es el elemento material o virtual, sino aquello que le rodea, un plus añadido que, además de su propia figura,  una visión del mundo con una historia que le da sentido.

El titular de 20minutos —"Trump vende por pedazos el traje con el que "noqueó" a Biden en el debate presidencial"—  nos adentra en otra aventura de ventas: 

El expresidente y candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump, ha anunciado este martes la puesta en venta del traje con el que, asegura, "noqueó" al presidente Joe Biden en el debate del 27 de junio, tras el que la imagen del demócrata inició un declive que acabó con su retirada de la carrera a la Casa Blanca.

"Realmente es algo extraordinario. Cada tarjeta coleccionable física tiene una pieza auténtica de mi traje que usé para el debate presidencial y la gente lo llama el traje 'knockout' (...) y es un pedazo de la historia estadounidense", ha apuntado el expresidente (2017-2021) a través de un video publicado en redes sociales.* 

Con la venta de esos trocitos de traje, Trump no solo vende un material, sino que siembra una idea, la de que él ya ganó las elecciones presidenciales a Biden y que ahora afronta una "injusta segunda elección". Ya lo ha dicho y repetido: el ganó a Biden. Por eso la futura derrota será un fraude a los norteamericanos. Con llamada a las armas o sin ella, Trump se mostrará como vencedor. Su ego no admite otra versión.

Esa idea de que la gente llama al traje que llevaba el de "knockout" es una ocurrencia suya, algo que le permite decir "lo que la gente siente". Trump siembra y después recoge, aunque parezca lo contrario. Siempre recoge dinero, eso sí. Puede que no sea elegido, pero tendrán su trocito de ex presidente, su talismán Trump.

Si Estados Unidos y el mundo (una parte) logra librarse de la pesadilla trumpista, será recordado como un tiempo en el que se produjeron acontecimientos que cada vez parecerán más inverosímiles. ¿Podrá creer alguien sin sonrojo que los estadounidenses compraron esas piezas de "coleccionista"? ¿Podrán explicarles a sus hijos o nietos qué influencia, qué magnetismo les hizo adquirirlas? Tendrán que explicarles quién fue el expresidente... y no será fácil. Puede que muchos, por el contrario, las adquieran como "inversión" a la espera de lo que puedan valer en el futuro. 

No sé si Trump logra ingresar las cantidades que se calculan para cada una de esas colecciones de objetos. En el diario hacen el cálculo de lo que supone: 

En total saldrán a la venta 2.024 piezas del traje, que serán engastadas en tarjetas coleccionables físicas, que podrán adquirirse comprando tarjetas coleccionables digitales.

Una tarjeta digital, una especie de postal virtual con una imagen del expresidente, cuesta 99 dólares y sólo se tiene derecho a recibir la tarjeta física si se compran al menos 15 tarjetas digitales.

Es decir, tener un trozo del traje del expresidente, de poco más de cuatro centímetros cuadrados, cuesta la friolera de 1.485 dólares.* 

El trocito del "traje del knockout", del "traje de la casi victoria", el traje que asustó a Biden y los demócratas pasa a ser un hito de la moda de todos los tiempos. Multipliquen el precio de las 15 tarjetas por los 2.024 fragmentos y les dará un precio exorbitante, siempre por debajo del privilegio de haber rozado la piel ex presidencial.

Trump vende presencia e historia; a su manera, pero historia. Nunca se ha visto un caso, similar y esperemos que no haya otro.

* "Trump vende por pedazos el traje con el que "noqueó" a Biden en el debate presidencial" 20minutos / EFE 28/08/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5628334/0/eeuu-elecciones-trump-vende-por-pedazos-traje-con-que-noqueo-biden-debate-presidencial/

jueves, 16 de febrero de 2023

Debatir y discutir

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 

Las noticias en este país son cada día más aburridas. Sería interesante que se dieran los mapas de discusiones como si fuera el informe del tiempo, sobre un mapa, ofreciéndonos las "temperaturas" simbólicas, los "chubascos" y los poco probables momentos de bonanza, informes con previsiones de dónde se darán los momentos más calientes en los enfrentamientos que llegarán.

Una cosa es debatir y otra discutir. La primera es constructiva y necesaria, busca las mejores soluciones para problemas que se concretan y, por ello, pueden resolverse. En la discusión, en cambio, el problema es el otro, por lo que no hay solución posible ni interesa a nadie. En la política española se busca el hundimiento y no la convivencia, reconociendo que esta es precisamente el arte de debatir para la mejora, que la democracia es una forma de favorecer la convivencia pacífica y no la guerra por otros medios.

Lo peor es que la discusión significa atraer el foco en una sociedad mediática. Los políticos necesitan estar en pantalla, por decirlo así, y solo el deporte satisface más a los medios que las exhibiciones de conflictos llevados hasta la discusión.

Incluso la discusión llega a ser un recurso que se supera por la descalificación, que es el discutir con el otro ausente haciéndole el eje del discurso propio. Es el modelo más habitual, esta especie de discusión sin el otro, en el que cada uno por separado despelleja al otro, lo describen e interpretan para crear un retrato llevado hasta el ridículo.

Con estos métodos, la política no es una forma de gestionar los recursos, favorecer la creación de leyes mejores ni de atender lo más importante y necesario, sino la forma de encontrar la discusión más rentable, la que tenga mayor atracción mediática y la que, finalmente, se traduzca en rentabilidad electoral dentro de un complejo sistema de hundimiento de los otros de forma continuada. Así visto, se trata de acumular carga negativa en la imagen del otro hasta convencer de la necesidad de su extinción.

Es la manera en que se vive "políticamente". Llevamos semanas, ya meses, de discusión a múltiples bandas sobre la Ley del "Solo sí es sí". La última polémica es si están debatiendo o solo discutiendo. La palabra "acuerdo" solo es posible después de un debate, poco o nada probable después de una discusión mediática, es decir, después de que las partes hablen ante los micrófonos, pero no lo hagan entre sí.

En estas semanas hemos comentado aquí la hipótesis de que realmente se saque más provecho electoral erosionando al otro que de una manera más calmada y debatiendo. Más allá, la discusión alcanza ahora al "con quién debatir", poniendo límites, como los señalados al PSOE si acepta debatir con el PP. Como el debate es casi imposible, es preferible apostar a discutir con los "socios" que a debatir con la oposición oficial. Es lioso de entender, pero es lo que tenemos cada día en pantalla, ondas y papel.

Los medios viven ya de estas discusiones, las tematizan convirtiéndolas en casi "secciones no oficiales", manteniéndolas vivas y atentos a la elevación del tono de las discusiones. Esto permite esperar el siguiente capítulo de la serie discutidora.

2015

Es indudable el efecto de un entorno mediático y de gran cantidad de flujos de información. Al ser mayor el espacio mediático, se busca una repercusión mayor. Esto requiere aumentar la intensidad y la frecuencia de las discusiones para mantener el foco. Las ruedas de prensa y declaraciones en pasillos se multiplican. Cualquier tontería hace correr hacia su opositor para que nos ofrezca su parte sustanciosa de comentarios. Comienza el ciclo discutidor.

Esta discusión permanente pasa a formar un fondo sobre el que se recortan los acontecimientos, que inmediatamente comienzan su deriva hacia la discusión y son absorbidos y modificados para el formato. El tono se dispara, las réplicas se multiplican y todo se crispa.

¿Es sano esto? Pues, sinceramente, no. Es una forma de vivir en tensión permanente y la que todo debe pasar por el foco atencional de la crispación. Rodeados de discusiones, los ciudadanos nos aburrimos o nos dejamos arrastrar por esas discusiones que se acaban multiplicando por redes sociales. Esto no es señal de que nos importe, sino que ocupa nuestra atención como la muleta cierra el campo de visión del toro y le arrastra en una dirección. Sí, nos torean.

Es interesante comprobar la proliferación de artículos en diferentes medios, muchos de ellos por "expertos" que tratan de enseñar a sobrevivir a las discusiones "políticas" en entornos en donde el daño puede ser irreparable, como en las familias. Los políticos se recuperan sin problema; es su campo el discutir. Los demás, los que son arrastrados a discutir durante una celebración familiar, puede que tarden años en hacerlo.

Pero para debatir hay que tener razones, datos, conocimientos; para discutir basta con saber perder las formas con gracia, tener un vocabulario suficientemente mordaz y ser rápido en la respuesta. Esta mucho más al alcance de todos.

2019

martes, 13 de octubre de 2020

La mosca o negro sobre blanco

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Normalmente un debate electoral como los que se producen actualmente en los Estados Unidos son el resultado de una intensa y meticulosa preparación. Se trata de tener todo controlado para evitar las sorpresas desagradables, por lo que se realiza un enorme esfuerzo para tratar de desarrollar una estrategia que el contrario no pueda desmontar y se analizan cuáles serán las suyas. La previsión se convierte en un ejercicio indispensable en la estrategia de los debates. Decenas de personas estudian las posibilidades y ofrecen alternativas para cada situación, estudian con detenimiento los detalles del vestuario, maquillaje, etc. para crear una determinada imagen de los candidatos. Hay ocasiones en que estas técnicas han sido tan precisas que ha hecho aparecer a ambos candidatos vestidos de la misma manera, con tonos y combinaciones idénticas.

Esto suele ser así, pero también es cierto que estamos en tiempos raros y no solo por la pandemia. El debate entre Trump y Biden difícilmente puede ser llamado así, dado el caos producido por el presidente, cuyo objetivo era desmantelar no el discurso del otro, sino imposibilitarlo. Algunos analistas lo ha llamado el "peor debate electoral de la historia" de los Estados Unidos. El "moderador", Chris Wallace, ha dicho que tardará años en volver a ver el espectáculo, reconociendo —además del bochorno pasado— la derrota al intentar que aquello no se le fuera de las manos. Si la estrategia de Trump era el caos, logró lo que quería, aunque, dadas las encuestas, no parece claro que haya logrado su objetivo. Harry Enten, en la CNN, explica que la ventaja de Biden sobre Trump es la mayor nunca registrada desde que se empezaron las encuestas, en 1936.

En ABC, el corresponsal en los Estados Unidos, David Alandete se centra en la suspensión del segundo debate electoral previsto entre los candidatos y nos ofrece los siguientes datos: 

Los debates presidenciales se celebran de forma continuada desde 1972, aunque el primero fue entre Richard Nixon y John Kennedy en 1960. En 1967 ya hubo un debate remoto, entre el gobernador de California, Ronald Reagan, y el senador por Massachusetts Robert Kennedy. El primero estaba en Sacramento, el segundo en Washington. El tema del debate fue la guerra de Vietnam. Kennedy murió de un disparo un año después.*

 

Después del primer debate, surgieron muchas voces para indicar a Biden que no debía aceptar un segundo debate, debido al comportamiento destructivo de Trump. Y luego llegó el positivo. El hecho que Trump estuviera contagiado —él y media Casa Blanca— parecía suficiente para evitar el desprestigio para la democracia había supuesto la transmisión del primer debate. Pero la recuperación "milagrosa" de Trump, incluida sus gracias a Dios por haberle permitido "conocer por dentro" la enfermedad y salir —como rezan los titulares de hoy— con deseos de "besar a todos" al declararse "inmune", volvía a llevar la celebración del debate a primer término de la discusión.

La estrategia de Trump es repetir la fórmula o, más precisamente, arrinconar a Biden para que sea él quien se niegue a participar en el debate. Esto lo intentó ya antes de la cura milagrosa. En el "debate paralelo" de las actitudes, Trump trataba de dejar a Biden como cobarde mientras que él ha desafiado a la enfermedad y ha vencido, algo que tampoco está muy claro y de los que muy poco se fían, pues muchos datos siguen sin hacerse públicos pese a la insistencia mediática. Trump rechazaba el debate virtual, en donde las posibilidades de interrupción están en manos del moderador con solo sacarlo de pantalla o silenciarlo con un mero golpe de ratón. Trump necesita del escenario porque es lo suyo, el espacio en el que reinar mediante el caos.

Pero, por si no hubiera bastantes problemas, llegó el debate de los vicepresidentes entre el Mike Pence, el actual, y Kamala Harris, la aspirante demócrata a acompañar a Biden en la Casa Blanca. Todo el mundo tenía grandes expectativas después de lo ocurrido con Trump y Biden. El debate fue por otros derroteros, tenso, pero con unas personalidades distintas y una Harris que supo frenar los intentos de Pence de desestabilizarla o de reinterpretarla. Todos ponderaron que, tras el mal ejemplo, lo suyo había sido un debate como está mandado, firmeza y respetuosa aceptación de las reglas y de la figura de la moderadora.

The New York Times en español explica sobre el debate:

Fue civilizado. Fue convencional. No fue especialmente brillante o revelador. Pero eso fue una gran mejora con respecto a los gritos indisciplinados que los estadounidenses sufrieron la semana pasada en el primer debate presidencial. Incluso se sentía normal —con excepción de las placas de plexiglás en el escenario— ya que ninguno de los candidatos se centró en el desarrollo de la noticia más apremiante de la nación: que Trump haya contraído el coronavirus, su hospitalización y regreso a la Casa Blanca en medio de preguntas sin respuesta sobre su estado médico.**

Pero no están los tiempos para normalidades. Pronto se coló en el debate tan normal un inesperado visitante, una mosca. ¡Vanidad de vanidades! Es sorprendente que la atención mediática y social se haya acabado centrando en la mosca que se posó durante cinco minutos sobre el pelo impecablemente blanco de Mike Pence, a modo de helipuerto. Toda la preparación, el detalle, las ideas..., todo se va al traste al pasar a la Historia como el debate de la mosca. El debate, Pence, Harris, cualquier idea, etc. quedan desplazados por aquella mosca que se coló, como en una canción de Mecano, en la cabeza de Pence. Es el signo de los tiempos.

El idioma español es rico en referencias a las moscas: "estar mosqueado", "por si las moscas", "estar mosca", "distraerse con una mosca pasar", incluso el célebre poema de "a un panal de rica miel / dos mil moscas acudieron...", con el que Samaniego, en el siglo XVIII, nos trajo la fábula de Esopo. Pero está mosca era una, negra sobre blanco, en la cabeza de Pence. Y se convirtió en el centro, en la protagonista del debate en cuanto los espectadores se percibieron del aterrizaje.

La verdad es que no me interesa la mosca en sí, pero sí las reacciones populares que la han convertido en mosca viral, campeona indiscutible de los debates presidenciales en un momento en que el mundo está expectante con lo que pueda salir de la elección. Creo que nunca ha habido tanta implicación mundial, fruto todo ello, por supuesto, por el universal rechazo (salvo algunas patologías nacionales, que apuestan por él).

La CNN ha realizado un vídeo*** con distintas referencias populares a la mosca de Pence. Desde las intervenciones de los implacables presentadores de los "late shows" dedicándole sus monólogos hasta las cuentas creadas en redes sociales, convertidas en tendencia pasando por la ropa decorada con la figura de Pence y la mosca sobre su impecablemente ordenada superficie capilar.

El protagonismo de la mosca ya es en sí una noticia sobre el comportamiento social, sobre cómo lo imprevisto reina sobre lo previsible, sobre la implacable mirada social, el efecto instantáneo de los medios en la actualidad y también ¿por qué no? sobre el hartazgo político y la saturación informativa. La atención mediática se distrae con facilidad en un mundo en el que pugnan esas dos fuerzas contrapuestas, como el yin y el yang, atención y distracción. Mientras unos luchan por quedarse con nuestras miradas, las fuerzas de lo imprevisto, en forma de mosca, trabajan para aguarles la fiesta.

En un mundo trivial, la trivialidad masiva se despierta con el más mínimo incidente y se convierte en eje. Tras el titular sobre el debate, The New York Times resalta: "La senadora trató centrar el debate en Donald Trump, el vicepresidente trató enfocarlo en la economía. Pero, al final, una mosca generó el revuelo."** Y el diario es un medio serio, pero hoy esta condición puede ser un obstáculo para el fin de atraer la atención. La CNN habla de "fly-mania".

La mosca es ya un icono. Es un elemento fácilmente adaptable en todo tipo de discursos y contextos. ¿Quién lo puede sacar punta a una mosca? Es y será la "mosca de Pence" porque el destino así lo quiso, porque la mosca tomo posesión de la cabeza de Pence como otros alunizaron. Podía haberse posado en cualquier otro lugar, pero fue en Pence y ante las cámaras, ante millones de espectadores que se distrajeron contando los minutos que pasaba sobre su cabeza, cinco, según el registro oficial. La mosca es el signo abierto, interpretable, ajustable.

Podemos jugar con la mosca, preguntarnos "por quién habría votado", si era demócrata o republicana; decir que la mosca "era Trump" que no se resistió a salir en pantalla; vender camisetas... De ocurrir en España, se le habría hecho una falla valenciana a la mosca... La mosca es el signo de los tiempos; es la mosca icónica, la famosa "mosca cojonera" lanzada a la fama, chupando cámara. No llega a ser mosca de J-P Sarte ni el rinoceronte de Ionesco; se queda más bien cerca de Beckett, de un necesariamente reescribible Esperando a la mosca, donde el tiempo pasado sin ella era una espera eterna. 

Y la mosca, finalmente, llegó, probablemente para quedarse, becerro de oro de la trivialidad, distracción o consuelo, indiferencia o nueva normalidad.

* David Alandete "Cancelado el segundo debate entre Trump y Biden" ABC 10/10/2020 https://www.abc.es/internacional/elecciones-eeuu/abci-cancelado-segundo-debate-entre-trump-y-biden-202010100053_noticia.html

** Shane Goldmacher "El debate vicepresidencial entre Kamala Harris y Mike Pence en seis claves" The New York Times 8/10/2020 https://www.nytimes.com/es/2020/10/08/espanol/debate-kamala-harris-pence.html

*** Jeanne Moos "Merchandise got a fly makeover after the VP debate" CNN 8/10/2020 https://edition.cnn.com/videos/politics/2020/10/08/fly-mike-pence-debate-merchandise-vice-president-moos-pkg-ebof-vpx.cnn




jueves, 1 de octubre de 2020

Nueva política, viejos insultos (La bronca 2)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¿Es tan difícil ponerse de acuerdo? Dos no discuten si uno no quiere, dice el refrán. Pero, ¿y si a los dos les apetece discutir? Hemos tenido un ejemplo de lo que pasa en el debate entre Trump y Biden. Algunos columnista y políticos le reprochan a Biden haberse dejado arrastrar "al barro" para pelear. Los intentos de mantenerse impertérrito ante insultos, interrupciones y todo tipo de desaires, impensables antes, se han convertido en una triste realidad política de división.

Trump se presentó como un nuevo modelo político, el "no político". Bueno, es lo que le interesaba. Llegó diciendo que él no era hombre de medias tintas, que diría siempre lo que pensara. Es cierto, pero el problema es que no ha dicho más que mentiras, medias verdades e inexactitudes, según los —gracias a él— muy desarrollados métodos de "fact check" que ha movilizado a cientos de periodistas e investigadores de cada una de sus afirmaciones. Pero Trump les ha agotado. A una mentira le seguía otra y otra y otra... Los investigadores tenían que hacer horas extra para conseguir mantener el ritmo del presidente más mentiroso de la historia. Trump ha dejado a Nixon como un querubín, que ya es decir. A Nixon le sacaron los colores y se tuvo que marchar con ese gesto tan gráfico desde el avión, ese adiós con giro de muñeca y sonrisa impostada. A Trump tendrán que desalojarle los marines de la Casa Blanca porque se atrincherará en el búnker y se llevará a casa el botón nuclear si no lo cachean al salir.

Trump lo ha empantanado todo y cuando se vaya lo hará con un taponazo de champán universal que recorrerá el planeta en su totalidad, la celebración mundial del cese de una pesadilla.

Ayer hablábamos de la bronca como estrategia para la distracción. Un clavo saca otro clavo. Un problema lo es por su contenido o por la atención que le dediquemos. Ignorar los problemas reales y centrarse en los artificiales, los creados especialmente como una cortina de humo tiene sus riesgos políticos. Pero forman parte de esa nueva-vieja forma de hacer política, amplificada gracias al manejo de los medios de comunicación por su ideología (resulta rentable adscribirse a una en estos tiempos de segmentación de los mercados, incluidos los electorales) o por su necesidad de seguir con la mirada la mano del ilusionista. "Todo por aquí, nada por allá" es el nuevo lema de estos demagogos de la distracción atencional.

Desgraciadamente, el método Trump, por darle el nombre de su más "ilustre" practicante, se está extendiendo peligrosamente y ya tiene franquicias por todo el mundo, de Johnson en el Reino Unido a Jair Bolsonaro en Reino Unido pasando por algunos países europeos que hacen populismo nacionalistas a costa de la Unión, con unos toques demagógicos y peligrosos de un Erdogan, por ejemplo. Y España...

Estamos elevando la bronca a niveles históricos. Tenemos ya el triste récord de poder discutir sobre cualquier cosa. El tono de las discusiones aumenta en función de la propia debilidad del sistema y sus integrantes. Todo está tan fraccionado, la derecha y la izquierda, y pulverizado el centro, que solo queda discutir. A la razón de los hechos o los argumentos, se le opone esta retórica hueca, atamborrada, que convierte a España en una concentración en la plaza de Calanda. Como se suele decir, ¡con la que está cayendo!

No hay persona que te encuentres que, tras la mascarilla, se sienta indignada con lo que ve y escucha. Estamos llegando a unas cotas en las que la venda del partidismo o la ideología se caen de los ojos ante tan tontería y mala fe generalizadas como vemos y escuchamos cada día. No hay día que no tengamos una nueva-vieja polémica. Los desbaratadores del país se están empleando a fondo, pronto no quedara piedra sobre piedra, solo un insulto que se irá repitiendo como un eco hasta perderse en la nada. Y es que es ahí a donde vamos, al agujero negro que todo se los traga. Cuando digo todo, quiero decir todo. No hay posibilidad de hundimiento de los políticos sin que nos arrastren. No hay quórum en la Historia, al abismo vamos todos.


Nunca he visto a la poca gente que veo tan pesimista. Doy gracias a que gran parte de mis conversaciones son con personas de otros países y hablando de cosas que nada tienen que ver con nosotros. Son mi Shangrila, del que soy desalojado de una patada cuando enciendo el televisor para ver las noticias. Regresas pasadas unas horas hablando de cosas interesantes, de problemas reales del mundo... para encontrarte con los "nuevos políticos" insultando, los "viejos políticos" camino del trullo y con los "futuros políticos" asistiendo al seminario de comunicación corporal que toca esta semana.

Toda la virulencia exhibida no es más que precisamente la carencia de la fuerza necesaria para tomar decisiones que no erosionen su ya desgastada imagen. No es otra la preocupación, solo el desgaste político. La fragmentación política no ha traído diversidad, sino radicalidad y debilidad, por lo que se está en un constante cálculo de los efectos de la contestación. Los gritos intentan tapar las vergüenzas, distraer de lo propio y señalar lo ajeno.

País de discutidores, nos dejamos arrastrar somnolientos, irritados, hartos. ¿Hay límite? Tenemos abiertas todas las heridas, incluso las más viejas y cerradas porque forma parte de la estrategia de provocación de unos y otros para que le miremos, para que no dejemos de hacerlo ni un segundo. Tienen miedo a que les sobrepasen por lado o por otro. Los márgenes son estrechos para unos y otros. Los recién llegados se aprovechan, por lo que la radicalidad avanza como forma teatral de la política.

Me doy cuenta que este es el tercer post seguido en el que la bronca es el tema principal. Son gritos desesperados por regresar a un silencio imposible ya, el de esos pájaros que escuchaba regresar en pleno confinamiento. Nuestros medios nos lanzan a la cara cada día toneladas de detritos políticos. Ya es difícil de soportar.

En país moderno y verdaderamente democrático es aquel en el que los progresos realizados permiten la confluencia de las fuerzas y la limitación de tensiones. Nosotros estamos volviendo a la época de las Cruzadas. Si lo que aumentan son las distancias, las desigualdades y las disidencias, es que algo está fallando gravemente.

Estamos en un mundo de Cecil B. de Mille, para quien una película "debía comenzar con un terremoto y seguir ganando en intensidad". Lo malo es que aquí los terremotos son de verdad y no efectos especiales.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

La bronca

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


No es fácil suscitar reacciones como las que ha generado el debate electoral entre el presidente reinante Donald Trump y el aspirante Joe Biden. Las descripciones van desde las apocalípticas a las surrealistas. Estos son algunos de los titulares de ahora mismo en The New York Times: "After That Fiasco, Biden Should Refuse to Debate Trump Again", "Will You Leave the Country if Trump Is Re-Elected?", "Trump Has Sold Off America’s Credibility for His Personal Gain", "Trump Won’t Condemn White Supremacy; Policy Talk Is Drowned Out", "With Cross Talk, Lies and Mockery, Trump Tramples Decorum in Debate With Biden"...  Más allá del titular, en las frases que preceden al texto, encontramos afirmaciones como "Amid a volcanic performance full of untruths and bulldozer-style tactics, President Trump notably refused to condemn white supremacy when asked" o esta otra "Both he and Joe Biden lobbed personal attacks and expressed a level of acrid contempt for each other unheard-of in modern American politics."

No parecen estar describiendo un debate electoral sino un violento encuentro entre dos personas que se odian. Y quizá sea exactamente lo que parece.  En la CNN, Chris Cillizza escribe en su sección "The Point!": 

I have been an unapologetic lover of politics for decades. I love the pageantry, the competition, the strategy, the history, the battle of ideas. And at the top of the list of what I enjoy most about politics and campaigns has always been debates. They have long been an effective distillation of the mix of performance and policy required to not just be elected president but also to do the job well. Because I love politics so much, it was deeply disappointing to watch the debacle on my TV screen on Tuesday night. It didn't make me mad. It made me sad. Because politics is -- and has to be -- better than this.* 

 El momento soñado por todo comentarista político, el debate electoral por la presidencia se convirtió en una gresca barriobajera, en la que lo único positivo que la prensa ha encontrado es no estar el lugar del pobre moderador, Chris Wallace, que se ha ganado dos o tres reencarnaciones positivas y un descanso final de iluminado. El propio Cillizza le dedica un apartado que comienza señalando: 

Look, no one -- and I mean not any person currently alive on Earth -- could have effectively handled this debate. Trump is like a rhetorical pile driver -- he just talks and talks and talks. He has zero regard for rules. Or other people. Or politeness. Or answering questions. You get the idea.* 

Sí, es difícil no hacerse una idea a la vista de la unanimidad de los comentarios. En la CNN, Jack Tapper, siempre comedido, se ha referido al debate como "Sh*tshow", en donde ese asterisco pudorosamente colocado no evita el tufillo que ha dejado en los platós televisivos y redacciones desde donde se ha seguido y comentado.

Los periodistas han tenido que ampliar su repertorio y lanzarse a zonas casi sin explorar, recuperando palabras olvidadas en este tipo de debates para poder describir esas sensaciones.

La CNN ha hecho una encuesta entre los asistentes al debate, donde los que han contestado sitúan a Biden con un 60% de aceptación mientras que Trump no llega al 30%. El presentado rápidamente no explica que no es una encuesta general, sino solo entre aquellos que lo seguía. Se trata de evitar así llevar a confusión.

La pregunta realmente es ¿esperaba usted otra cosa de Donald Trump? Tiene que tener cuidado Biden porque ese es el terreno de Trump, el de la gresca y el insulto, el de llevar al oponente a un punto en el que sea incapaz de desarrollar una idea. Los suyos le aplaudirán, los de Biden se lo imaginarán y los indecisos se quedarán como estaban. Y eso es peligroso porque es la única baza que le queda a Trump, la de la marrullería.

Esto es lo que ha hecho toda su vida allí donde no los controla. Es lo que ha hecho con los periodistas díscolos en las ruedas de prensa. No va desencaminado el titular de Frank Bruni, antes citado, "After That Fiasco, Biden Should Refuse to Debate Trump Again". Pero si Biden se retira, Trump se declarará "ganador" por abandono y ese será el centro de la campaña, un triunfo anticipado por huida del contrario. Así que Biden debe aguantar el tipo y encontrar la estrategia para dejarle en evidencia sin que parezca que Trump gana terreno. No es fácil, nada fácil con un navajero consumado.

La prensa se ha encontrado horrorizada ante lo que ha visto. No deja de sorprenderme porque esperar otra cosa a esas alturas de la presidencia y de la vida de Trump sería mucho —demasiado— pedir. Trump es el jugar que tira el tablero cuando va perdiendo o le pega fuego a la casa. Cualquier cosa se puede esperar de él.

La salida de los temas relacionados con los impuestos no va a descolocarlo porque Trump es un toro herido esperando el descabello que te puede dar una mala cornada en cuanto que te descuides. No acabo de entender cómo, con el entrenamiento de la prensa y los políticos con Trump es posible que se haya producido ese violento enfrentamiento. Trump incumple, como señalan, todas las reglas, pero es lo que hace siempre. Esperar que fuera un debate limpio, como decimos, es confiar demasiado en los milagros.

Leyendo el lenguaje corporal de Trump, se mostraba muy tenso, sabe lo que se juega. No le vemos como cuando domina con la autoridad presidencial y sabe que hay un punto de ventaja en su favor. Aquí ha salido como un aspirante que va 20 puntos por debajo de su contrincante. Biden debe establecer otra estrategia, sabiendo que no va a haber moderador que le modere y que nadie va a expulsar al Presidente de los Estados Unidos del escenario. Aunque quizá sería un precedente interesante para el futuro.

El debate ha sido tan agrio que me parecía estar en España.

 


* Chris Cillizza "Hits and misses from the first Trump-Biden debate" CNN 30/09/2020 https://edition.cnn.com/2020/09/29/politics/first-presidential-debate-hits-and-misses/index.html



domingo, 8 de abril de 2018

Argumentos y debates


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Muy interesante y nos debería hacer reflexionar el artículo de ayer de Berta González de Vega en su blog "Mejor educados", del diario El Mundo. Con el título De cómo el debate ayudó a los chicos de Parkland con el #NeverAgain", la periodista da cuenta de la importancia que ha tenido para la reacción posterior a la matanza de 17 jóvenes en el instituto de Parkland el hecho de que algunos líderes del movimiento estuvieran entrenados en las técnicas de debate y argumentación, practicadas en su Club de Debate, una actividad a la que muchos dan importancia esencial.
La matanza ha servido para poner en marcha un importante movimiento por todos los Estados Unidos que traduce en diversas acciones (manifestaciones, debates, entrevistas, etc.,) la indignación que se produce tras cada asesinato en las escuelas. A las manifestaciones en las calles, se junta algo importante: la capacidad de organizar esa causa en ideas razonadas, en argumentos que convenzan a los que han sacralizado las armas como una forma "norteamericana" de vivir.
Señala la periodista en su blog:

[...] Si el asesinato de 17 chavales del instituto Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida, ha sido de alguna manera un punto de inflexión se debe a un grupo de sus alumnos, algunos de ellos miembros del equipo de debate que nunca imaginaron que toda la documentación que estaban  estudiando para argumentar a favor y en contra de un mayor control sobre la posesión de armas les iba a servir para algo más que un torneo.  Esos chavales son los que han argumentado con políticos  en las televisiones con un aplomo, con una corrección, que incluso provocó que teorías conspiranoicas dijeran que eran actores y no estudiantes para desprestigiar el movimiento #NeverAgain. Unas afirmaciones que uno de sus líderes, David Hogg, agradeció por la publicidad que les dieron.*


El mejor indicador de la calidad de las argumentaciones de los alumnos de Parkland ha sido la cantidad de insultos, amenazas y descalificaciones personales a las que se han visto sometidos, para vergüenza de muchos.  Se han enfrentado a políticos dejándolos en evidencias, arrinconados, pulverizadas sus excusas sobre el dinero que reciben en las campañas electorales de los donantes de la Asociación Nacional del Rifle. Han sabido controlar en los debates a los muy entrenados representantes de la Asociación, artistas en el manejo de las justificaciones, pero que de poco les ha servido.
No han tenido bastante con sobrevivir a una matanza en su instituto. Han debido soportar de todo en su camino hacia su objetivo, el control de las armas. Se demuestra así la enfermedad de las armas como causante de eso constantes incidentes en los centros de educación. La violencia de las armas, la violencia verbal por encima de la argumentación, de la racionalidad. A la argumentación racional, sus opositores solo han sabido oponer insultos o "falsas conspiraciones" (son actores, espías, etc.).
A una de sus líderes, Emma González, le han gritado a modo de insulto "¡lesbiana!" y por sus apellidos la han ligado en su paranoia con la Cuba de Castro. Tener un apellido hispano ya da todo por explicado. Se ve aquí la pobreza de los argumentos.


Berta González de Vega señala la diferencia con el sistema educativo español, aunque habla de "un momento dulce en nuestro país", en alusión a los campeonatos escolares desarrollados en torno a la Cánovas Fundación. Queda, pese a ello, un enorme recorrido por hacer en este país en el que se habla mucho y se dice poco en todos los niveles, de una pobreza escandalosa en lo que a argumentación se refiere. Más allá de los loables intentos escolares (¿participa la enseñanza pública?), el panorama es desolador ante las evidencias de los mínimos niveles de argumentación y expresión, oral y escrita, con los que nos encontramos. Es una enorme sorpresa encontrarse con alumnos que sean capaces de argumentar, exponer de forma ordenada argumentos y, más difícil todavía, defenderlos.
Hay una enorme diferencia entre lo que es la argumentación y lo que es hablar bien en público. La argumentación tiene una primera fase analítica en la que se diseccionan las ideas y se encuentra su fortaleza. En esta fase se estudian sus puntos fuertes y débiles tratando es organizar tanto el ataque como la defensa desde el punto que se defiende. Implica conocer profundamente las ideas, dominarlas y poder así, construir argumentos sólidos, expresión metafórica con la que tratamos de representar su impenetrabilidad a los ataques exteriores. La segunda fase es aquella en la que las ideas se transforman en expresiones claras, sin ambigüedades que las hagan débiles ante los ataques del contrario. La argumentación es una maquinaria muy dinámica y precisa. Necesita establecer una estrategia inicial y una adaptación constante a los movimientos del otro. No basta con tener una estrategia; hay que observar cuál es la del contrario y decidir rápidamente la mejor respuesta, la que deshaga sus argumentos.


Los beneficios del debate argumentativo son muchos: capacidad de análisis, anticipación, rapidez de reflejos, elasticidad mental, adaptabilidad, estrategia, precisión expresiva... Frente a una educación estática o basada en la mera habilidad, trabaja con conceptos y con construcciones de conceptos; necesita de una importante capacidad verbal y de precisión léxica.
El debate no es la "exposición", un mero hablar bien. Va mucho más allá. Se puede exponer si saber lo que se dice (algo más frecuente de lo que pensamos), pero no se puede debatir si no se tiene el conocimiento suficiente de lo propio y lo ajeno, es decir, de nuestra postura y la de los otros.
No tenemos modelos. Basta con ver la práctica ausencia de debates reales en el parlamento. Se leen las preguntas y se leen las respuestas, es decir, no hay diálogo, sino una escenificación hacia el exterior, hacia un público al que se trata de satisfacer con lo ya sabido.


La argumentación, por otro lado, va más allá del debate. Es la construcción lógica de un discurso para que el argumento se sostenga en pie y no caiga en contradicciones. Su ausencia la percibimos en exámenes y redacciones. Argumentar es ordenar las ideas hacia un fin determinado, nuestra conclusión, aquello a lo que hemos llegado. Es un viaje intelectual. En un debate, se juega con la solidez de los argumento frente a los intentos desestabilizadores del contrario. Lo contrario del debate argumentativo es precisamente el diálogo de sordos en el que vivimos.
Antes estudiábamos los discursos políticos, los ensayos filosóficos, etc. piezas en las que se ordenaban las ideas para ser expuestas. Un movimiento anti argumentativo es la base del llamado "storytelling", que es la conversión del discurso racional en emocional a través de la personalización del relato. El storytelling es una forma de narrativizar buscando la empatía con el receptor. La idea se transforma en historia que trata de vencernos más que convencernos. Ha sido un cambio de modelo comunicativo desde hace unas décadas que ha buscado precisamente vencer resistencias por esa vía más emocional. Lo ha utilizado con profusión la comunicación política. Frente a la idea, la imagen; frente a la construcción lógica, la lógica emocional del relato. ¿Qué otra cosa hacen los populismos, los nacionalismos, los fundamentalismos, que apelar a las emociones frente a las razones? Con cualquiera de ellos, el razonamiento es imposible porque sus historias están hechas para ser recibidas emocionalmente.


Necesitamos urgentemente introducir la argumentación en el sistema educativo. Se percibe en muchos la incapacidad de construir un argumento de forma lógica, la incapacidad de construir por pasos razonados, en donde uno te lleva al otro.
Argumentación y debate son necesarios más allá de la formación de líderes, obsesión constante de algunos. Pensar con lógica no debe ser una exclusiva, sino por el contrario debe estar al alcance de cualquiera como forma de pensar.
Hoy estamos empeñados en que las máquinas piensen por nosotros, que tomen decisiones  evaluando las situaciones con mejores resultados. Puede que las máquinas hagan cosas mejor que nosotros, pero no por ello se debe renunciar al pensamiento ni a la libertad e independencia que nos da. Hemos llegado a la conclusión equivocada de que como las máquinas lo hace, no debemos hacerlo nosotros. Un enorme error.
Hay de recuperar la idea de autonomía como formación, es decir, la de una persona capaz de pensar por sí misma, capaz de reconocer la fortaleza de sus argumentos o su debilidad, capaz de dialogar escuchando al otro como fuente de corrección de los argumentos propios. El debate no es solo ganar al otro, sino construir ideas que puedan ser mejor para todos.


Hace décadas que se comenzó un movimiento de desprestigio de la teoría y de las ideas con las que se construyen. Todo el mundo quería aprender por la práctica. No del cerebro a la mano, sino de la mano al cerebro. Hoy lo pagamos con la enorme incapacidad de pensar con lógica, con la reducción del sentido. Somos víctimas así de aquellos que han profesionalizado la seducción. No somos capaces de oponernos a sus prácticas que nos atrapan sin poder salir de ellas.
Los alumnos de Parkland han dado un ejemplo de capacidad de resistencia ante la seducción pensando por ellos mismos, rechazando la fragilidad emocional y construyendo argumentos sólidos con los que han puesto contra la pared a muchos políticos y periodistas de medios afines. La formación en debates les ha sido de enorme ayuda. Han sabido exponer sus razones, que no han dejado a otros. Han arrinconado a los que querían jugar con ellos.
Ojalá se hiciera esto en más lugares. Nunca se sabe cuándo se va a necesitar, cuando van a envolverte en redes de mentiras, a acallarte con insultos, a fabricar conspiraciones para estigmatizarte.  La mejor defensa son las ideas sólidas.


Hace mucho que carecemos de un modelo de "persona" o "ciudadano". Nos limitamos a enseñar sin modelo, de forma centradas en las asignaturas y no en las personas. Todo parece muy "moderno", pero solo es tecnocrático. Nos preocupan más lo que quieren las empresas de nosotros que lo que nosotros podemos aportar a nuestro entorno, incluidas las empresas.
La terrible frase "no te pagan por pensar" se traduce hoy en la proliferación de protocolos y algoritmos con los que la importancia de la mente se diluye y con ella la persona en favor de máquinas y procedimientos que nos eximen de pensar. Por eso es cada vez más importante aprender a pensar, a argumentar, a expresarse con precisión, el aprender a debatir. A muchos no les interesa, pero debería ser una tarea prioritaria ante las carencias diarias terribles que observamos. 


* "De cómo el debate ayudó a los chicos de Parkland con el #NeverAgain" blog Mejor Educados, El Mundo 7/04/2018 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/mejoreducados/2018/04/07/de-como-el-debate-ayudo-a-los-chicos-de.html