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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Venezuela y el lío español

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La capacidad española de liarlo todo comienza a ser legendaria. No hay nada que toquemos que no liemos, incluso en casos don ya está lío (¡y mayúsculo!), como ocurre en Venezuela.

Es cierto, que la crisis, por llamarla de alguna manera, venezolana ya tiene su propio lío con una impresentable Maduro y las instituciones fantasma que ha creado a su alrededor para mantenerse en el poder y transmitirlo al siguiente como si fuera un juego de "Tula". De esta forma, el chavismo empeora y se convierte cada vez más en una caricatura de sí mismo, como ha ocurrido con el anuncio del "adelanto oficial" de las Navidades por el presidente, ante el alborozado aplauso de sus sicarios. Lo pagan, claro está, todos los venezolanos, los que quedan y los millones que han tenido que salir al exterior ante la clara pérdida del sentido de la realidad que el régimen, a través de su mandatario, provoca.

Pero ahora Maduro, especializado —como Trump— en la insinuación a fuerza de tener que salvar con la palabra lo que no puede salvar con los hechos, la lía a distancia en España.

Por simplificar: se trata de establecer que el líder opositor y presidente electo pero no reconocido por el régimen, Edmundo González, ha salido de Venezuela gracias a un "acuerdo" entre España y Venezuela, vamos, que ha salido porque Maduro, amable, le ha abierto la puerta.

Desde el punto de vista extra gubernamental, González se ha ido: desde el punto de vista del oficialismo, le han dejado salir.

Para hacer creíble su versión, Maduro habla con todo el descaro del mundo, de que "¡si él hablara!...", pero no lo hace porque son "secretos de Estado". Las parecerá infantil porque lo es... pero le funciona.

No sé hasta qué punto los venezolanos de dentro y fuera se fían de lo que dicen Maduro y sus secuaces. Lo que es evidente es que el caso, más allá de la credibilidad del régimen, no solo divide al mundo en sus posibilidades (reconocer, no reconocer, exigir, condenar, etc.), sino que fracciona —más todavía— al muy débil y voluntarioso Reino de España.

Lo nuestro, ya no tiene nombre.

No contentos con el "lío Milei / argentino", en el que unos insultan o son insultados y otros dan las "llaves", nombran "hijo predilecto" o cualquier otra ocurrencia, ahora vamos a liarla y dividirnos con Venezuela.

La política española un museo de malos ejemplos, de lo que no debe ser un país que se tenga que mirar al espejo. Da igual que se renueven líderes. Pasados una horas, los que eran moderados, dialogantes, se convierten en áspides dispuestos a morder allí donde más daño hagan, cuellos, pechos o muñecas.

De verdad: insufrible.

Decían hace unos días en el informe sobre el aumento de los delitos de odio que la "polarización" era una de sus causas, ¡Pero quién no está polarizado en este país cuando se ha hecho de ello el eje de la política! ¿Hay alguien que "razone" sobre algo?

¡O te radicalizan o te aburren! Los estudiosos (los de verdad) saben que es una exigencia comunicativa producida por los propios medios, que necesitan un grado de crecimiento radical para ser visibles en el espacio político. ¡Al que no chilla, no se le ve!, sería la regla. No hace falta que se le entienda, basta con que haga girar las cabezas, desviar la mirada del otro. Y hace falta retenerla, claro.

El Diario

En la respuesta a la crisis venezolana, el gobierno ha tenido que sobreponerse al "historial Zapatero", los lazos del expresidente con el régimen de Maduro. 

Hace mucho tiempo que las dictaduras buscan apoyos financiando proyectos, candidaturas, etc., para garantizarse apoyos cuando les sean necesarios. Eso lo hace Rusia, lo hace Irán y lo ha hecho de continuo el régimen venezolano. No digo que otros no lo hagan, pero sí que las dictaduras lo hacen como una estrategia de apoyo o de creación de inestabilidad.

El protagonismo de Pedro Sánchez en el exterior para compensar sus debilidades internas o nacionales le hace abrir causas y alienta los ataques de la oposición, sea esta la que sea, e incluso de sus propios socios circunstanciales, que no quieren dejarse arrastra,

De esta forma, una vez más, somos incapaces de mantener la unidad necesaria en cuestiones internacionales, en las que la postura española debería ser, eso, "española" y no tanto de partido o de líder o facción.

Lo importante es Venezuela, que se haga lo mejor para deshacerse de un régimen tragicómico, ridículo en muchas ocasiones, brutal siempre. Todo lo que sea división resta eficacia. El deslinde del régimen de Maduro debe ser claro, clarísimo, y evitar que esta se pueda sentir respaldado o fuerte con cualquier de sus actos o insinuaciones. El gobierno y la oposición (con los socios de unos y otros) deberían mandar al régimen de Nicolás Maduro el mensaje claro de que el fraude electoral no es la vía se subsistencia, que la mayoría de los venezolanos no les quieren al frente, que se deben apartar y retirarse, Como es poco probable que el régimen haga esto, es esencial unidad y firmeza en el exterior, algo que evite la creencia en que el mundo permanecerá indiferente ante el destino robado al pueblo venezolano.

Nuestro apoyo a los venezolanos que aspiran a ser libres, responsables de sus vidas y de unas navidades cuando toca y no cuando lo dice Maduro. Ayer se manifestaron en Madrid, en su centro, con el apoyo de muchos españoles que no hacen cálculos políticos sino del sufrimiento, del exilio. Con ellos estamos, sin más colores que los de Venezuela.

El debate

martes, 2 de mayo de 2023

Los peligros de la lectura de nuestros pensamientos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

"Si ya es peligroso que te lean lo que tienes en el móvil, imagínate que te lean lo que tienes en la cabeza". Son palabras del neurocientífico Rafael Yuste, director del Centro de Neurotecnología de la Universidad de Columbia (NY). Están dichas en el vídeo reportaje de RTVE.es que lleva por titular "Un descodificador traduce el significado de lo que se oye o imagina a partir de imágenes de la actividad cerebral". Como suele ser cada vez más habitual en este tipo de investigaciones que se adentran en la naturaleza humana, la entradilla nos tranquiliza y trata de evitar los reparos que el propio título sugiere: "Se trata de un sistema que solo funciona si cuenta con la colaboración del usuario para preservar su privacidad" y "Los investigadores esperan que pueda ayudar a las personas que han perdido la capacidad de hablar".

Es característico de este tipo de noticias, las que se acercar a los límites, asegurar que son las buenas causas las que las motivan y no otros pensamientos. Las dos entradillas tratan de tranquilizarnos: a) no se puede hacer contra nuestra voluntad, y b) es una ayuda para las personas. Una buena causa. Es la forma de mostrarse hacia el exterior y eliminar resistencias y temores, de tranquilizar y evitar corrientes de opinión pública. Sin embargo, la opinión del profesor Yuste en el mismo vídeo del noticiario refleja dos cosas, la opinión de un especialista en el campo y el temor que se nos ha colado a todos al leer el titular.

En el texto de la noticia se nos explica el adelanto: 

Un grupo de investigadores estadounidenses ha desarrollado un descodificador semántico que puede traducir, en un flujo continuo de texto, el significado aproximado de la historia que una persona escucha o imagina en silencio a partir de imágenes de su actividad cerebral.

Un estudio que publica este lunes Nature Neuroscience presenta este descodificador, que funciona a partir de la resonancia magnética funcional (IRMf) y que, a diferencia de otros, no requiere de cirugía neuroinvasiva para su uso.

El objetivo de la decodificación del lenguaje es hacer grabaciones de la actividad cerebral del usuario y con ellas predecir las palabras que estaba oyendo o imaginando, ha explicado en una rueda de prensa virtual el coordinador del estudio, Alexander Huth, de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU).

El nuevo dispositivo "no recupera las palabras exactas, eso es muy difícil usando este enfoque, pero se puede recuperar la idea general", ha agregado otro de los firmantes, Jerry Tang, del mismo centro educativo.  Aproximadamente la mitad de las veces, cuando el descodificador ha sido entrenado para monitorizar la actividad cerebral de un participante, la máquina produce un texto que, aunque no es literal, se acerca mucho al significado previsto de las palabras originales.

"Esperamos que la decodificación del lenguaje pueda ayudar a restaurar la comunicación a las personas que han perdido la capacidad de hablar debido a una lesión o enfermedad", ha expresado Tang.* 


La "imprecisión" del sistema producido se ejemplifica así: "... un participante que escuchó a un orador decir: "Todavía no tengo el carné de conducir", sus pensamientos se tradujeron como: "Ella todavía no ha empezado a aprender a conducir"." No es muy tranquilizador, la verdad. De nuevo, esta falta de literalidad absoluta intenta ser ejemplo del éxito y, a la vez, tranquilizadora por su "imprecisión". Como puede apreciarse, la "imprecisión" es mínima. No conviene todavía que sea demasiado precisa por los peligros que pueda suponer.

En estos tiempos en que se ha puesto encima de la mesa el problema de la Inteligencia Artificial y de sus posibles efectos en distintos campos y aplicaciones, la cuestión del "control", de la "responsabilidad" empieza a ser preocupante. La IA también ha participado en este proyecto "aprendiendo" las pautas del pensamiento de los sujetos y convirtiéndolo en salida de palabras. Evidentemente, la IA no es responsable de nada; son los que la usan aplicándola a diferentes tareas los que tienen la responsabilidad. Por eso siempre se nos dicen los grandes beneficios que tienen para la "humanidad", aunque luego estos se traduzcan en otra cosa.

La investigación hoy está controlada por la industria; es quien la financia y la que espera resultados que permitan su comercialización o aplicación en determinados campos. Los científicos cuentan poco o nada. Entregarán los resultados de sus investigaciones y algunos rezarán para que se usen en una buena causa. Eso ocurre desde los productos químicos, la energía nuclear hasta llegar a la Inteligencia Artificial y sus aplicaciones hoy en día.

Muchos dirán que no es su responsabilidad lo que otros hacen, pero no es un consuelo. Gran parte de la investigación de este tipo está siendo bien aprovechada por parte de las dictaduras para poder mantener su control sobre la sociedad. Así ocurre con muchas tecnologías, que son rápidamente aplicadas al control y vigilancia. Estos países, buenos pagadores, utilizan el desarrollo tecnológico para reforzar su poder. Se controla lo que se gasta, dónde se van, con quién se habla. Y ahora, lo que se piensa.

El desarrollo incontrolado de la IA en las democracias basándose en las libertades del mercado y la ausencia de responsabilidad es solo una parte. En realidad, el control que tienen las grandes compañías de nosotros, consiguiendo nuestros datos, comerciando con ellos, aplicándolos a nuestra manipulación se hacen en nombre del mercado, que es cada vez menos una opción de libertad y más un espacio de control.

Todos dicen que es para "mejorar nuestra experiencia", según reza en las páginas que nos obligan a aceptar para acceder a los servicios. La democracia es irrelevante; lo importante es la compra venta de datos, algo que permite acceder a nuestro pasado, presente y futuro. En realidad, que se pueda leer nuestros pensamientos es un hecho de confirmación, porque ya se comprenden nuestros comportamientos, igualmente predecibles. Pensar es casi un hecho accesorio cuando nuestros pensamientos son inducidos, estimulados a través de otras técnicas que las neurociencias ponen a disposición del mercado.

Los "problemas" de los que nos hablan no son más que pequeñas limitaciones que se disuelven en la nueva potencia de procesamiento de datos. No somos tan diferentes (¡un penoso descubrimiento!) como nos imaginamos y siempre es posible mejorar. El reportaje de RTVE.es señala: 

Tampoco se puede entrenar el decodificador con las IRMf de una persona e intentar usarlo con otra, pues los resultados no son válidos. Los autores indicaron que se tomaban "muy en serio" la preocupación de que un dispositivo de este tipo pudiera llegar a usarse con malos fines y han trabajado para evitarlo.

Sin embargo, Tang ha reconocido que todo puede cambiar, dependiendo de hacia dónde avance la tecnología en general, por eso hay que seguir investigando las implicaciones para la privacidad mental y ser proactivos con políticas que la protejan.* 


Pero desgraciadamente, las implicaciones para la privacidad, como se señala, no reciben las mismas inversiones. Los que advierten no suelen tener la misma fortuna que los que avanzan hasta conseguir la financiación para proyectos cuya aplicación positiva, por mucho que se diga, será marginal en relación con aquellos a los que eso de la privacidad  importa poco, a la que consideran un obstáculo absurdo que se interpone entre ellos y sus beneficios.

Por mucho que se vigile y se advierta, el provecho real está en los desaprensivos, por un lado, y en los dictadores, que ven una nueva ventaja, llegando más lejos que los dictadores a los que suceden. En las democracias y países ricos, parece que estamos dispuestos a vender nuestros pensamientos muy baratos. No le damos importancia y vendemos nuestra intimidad. Pero allí donde el poder es implacable, hay que guardar a buen recaudo pensamientos y acciones por lo que pueda pasar.

Puede que a usted le dé igual que le lean la mente, que piense que no tiene interés para nadie. Se equivoca. Sus pensamientos interesan a los que quieren saber quién es usted, lo que puede hacer en el futuro en cualquier dimensión, ya sea política, económica o de cualquier sentido. Entre unos y otros, usted —que se cree tan libre— acaba siendo un juguete. Puede que se arreglen algunos trastornos del leguaje, pero seguro es que en muchas zonas del mundo que se les cambiará la vida a muchos. Si su móvil ya no tiene secretos, su cabeza pronto tampoco los tendrá. Es la Sociedad del Monitoreo, que amplía su campo de acción. Palabras, conducta, acciones y ahora pensamientos.

Toda tecnología tiene dos caras, se puede usar para el bien o para el mal. La Historia nos dice que el mal le saca mejor provecho.  

* "Un descodificador traduce el significado de lo que se oye o imagina a partir de imágenes de la actividad cerebral" RTVE.es / EFE 1/05/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230501/descodificador-cerebral-traduce-significado-se-oye-imagina/2442886.shtml

miércoles, 24 de febrero de 2021

¿Cambios en el modelo de ciberespacio?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El conflicto desatado entre Facebook y Australia ha estado estos días en el debate mediático trayendo de nuevo el problema de las relaciones a tres bandas entre gobiernos, medios de comunicación y las grandes tecnológicas, un debate que no se resuelve nunca y de difícil acuerdo por la propia dinámica interna de la red, que hace que unos planten las semillas y otros recojan las flores.

Cuando tenía una asignatura en la que hablaba de estas cosas, les solía proponer a los alumnos una pregunta: ¿quién gana siempre en un partido de tenis? La respuesta era el dueño de la pista. En este caso, los dueños de las pistas son los que se aprovechan de los que corren por su superficie, los creadores de las redes, lo beneficiarios de los contenidos que otros aportan. Puede que haya ganadores parciales, pero al final, al igual que en los casinos, es la banca la que gana.

Nos olvidamos del nombre con el que se creó esto: las "súper autopistas de la información", término creado por el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, y presentado como una forma de expansión norteamericana al mundo. Evidentemente, Gore no pensaba en el beneficio de los demás, sino en la exportación de algo que entonces se entendía como un gran poder estadounidense, la información, la forma en que se podía gestionar y rentabilizar algo que era "conocimiento", que se consideraba entonces algo propio del país que había llegado a la Luna y exploraba el universo. La tecnología de la información sustituiría en ganancias a la economía industrial porque la información era un flujo inagotable que crearía la "nueva era americana".



Gore acertó en muchas cosas, pero no creo que pudiera percibir que el estímulo informativo serviría para que otras potencias le recortaran la ventaja a los Estados Unidos y que este finalmente perdiera el control del escenario que había creado. Las grandes compañías sobre las que se asienta Internet son norteamericanas de origen y globales en su desarrollo. Han supuesto la creación de nuevas consideraciones frente a los sectores tradicionales. Como "red de redes" (ya no se usa este nombre, pero sigue siendo útil por lo que nos dice), sobre una serie de redes locales se crean conexiones que la expanden. Es la parte "física" del asunto. La información que circula desde cualquiera de sus puntos es distribuida al resto de las redes interconectadas, convirtiendo en valor precisamente la posibilidad de acceder a ella desde el resto de los puntos, salvo que se desconecte o filtre el acceso.

Internet debe su valor a la interconexión, lo que quiere decir que cada vez que una red se conecta a la red general aumenta su valor y, por la misma lógica, cada vez que se limita disminuye. Eso está claro. Todos los programas de redes que usamos buscan favorecer el uso continuado ofreciéndonos posibilidades de acceso, nos presentan "personas que quizá conozcamos", sugerencias de amigos y contactos; nos ofrecen publicidad y nuevos contenidos con los que estar más tiempo en las redes. Eso abarca las noticias, los amigos o las partidas online; los canales televisivos, las videoconferencias, los podcast, la prensa digital... Todo se ha convertido en un flujo informativo que se distribuye por los canales creados, las redes literales, con sus conexiones, cables, satélites, wifi, etc. Sobre esas redes locales unidas hasta formar el gran mapa, se superponen las plataformas que dan soporte ya las acciones humanas, que adquieren "forma" y "sentido" para nosotros. Sus funciones son distintas, las hay grandes, de tamaño global, y más pequeñas que sobreviven mejor o peor, porque las redes en este plano son competitivas, funcionan mejor o peor, acogen en su "espacio virtual" lo que hacemos. Pueden bloquear al mismísimo presidente de los Estados Unidos, la persona más poderos del planeta, al que se le borran los tuits. Creo que este es el ejemplo más significativo de los redes en estos últimos tiempos y lo que, indirectamente, ha sembrado inquietudes en la clase política, pues han descubierto que en el mundo existe una forma paralela de poder que les sobre pasa, la de aquellos que pueden desconectarte, borrarte del sistema y dejar en cero tu "fuerza" comunicativa, como en el caso de Trump. Hemos ido construyendo un mundo global en el aspecto informativo, de flujos globales... que ha creado sus propias instancias de poder que ahora entran en colisión.



La idea de la neutralidad de la red y de su carácter global comienza a tambalearse. Los jueces del mundo se preocupan porque la decisión del silenciamiento se les escapa de las manos; los políticos se preocupan ante este poder "norteamericano" capaz de censurar al presidente de su país o de adjuntar mensajes a los suyos señalando que lo que dice es mentira o que no se corresponde con los hechos. Ya no es solo un mega poder, sino un meta poder.

Cuando se da un golpe de estado, como ha ocurrido en Myanmar o ya ocurrió en 2011 en Egipto, los que tienen el poder de cerrar las comunicaciones obligan a las compañías telefónicas a cerrar. Se produce un vacío en el que podemos comprender el poder de la información, pero también el poder que puede tumbar toda la estructura. Eso nos deja un panorama complicado.

Desde hace tiempo, los gobiernos de los países han comenzado a poner límites al poder de las compañías. Las infraestructuras de redes puede ser controladas con un cierre, pero no ocurre lo mismo con las propias empresas creadas, que se encuentran fuera de su jurisdicción. El conflicto entre Australia y Facebook es uno más de los intentos en ponerle puertas al campo, por un lado, pero también de cazar al zorro en ese mismo campo y demostrar quién manda.



Los medios de comunicación, que se adaptaron a la llegada de las redes digitalizándose con la promesa de millones de personas en sus audiencias mundiales, descubren que esos lectores quieren hacerlo gratuitamente, que la publicidad de va a los abiertos y que, sin saber muy bien cómo, se encuentran en declive de forma general y en bancarrota de forma específica muchos. Se encuentran también con que los medios son comidos por los micromedios, que son los favorecidos por las redes para aumentar el tráfico de las redes, que se han llenado de "YouTubers", de "Influencers" y demás que desde su casa, con una mínima inversión, tienen más seguidores que varios medios juntos, y se hacen ricos marchando a Andorra para evitar impuestos. Mientras ellos se quiebran la cabeza pensando qué diablos pueden poner en sus páginas que sea barato y atractivo, encontrándose reproduciendo para sobrevivir las tonterías que los usuarios producen y cuelgan de las redes. La locura de los medios es intentar producir información de calidad cuando son millones los que quieren consumir (y producir) trivialidades, estupideces infinitas que les dé unos segundos de popularidad. Tiene que ser muy desmoralizante ver cómo tu información importante, profesionalmente preparada, es superada por una gracieta de un gato o una caída haciéndose un selfie en un barranco. Y ruinoso. Pero esto es parte de ese contagio que la producción en cantidad, no en calidad, buscan desde ese nivel superior, donde no importan los contenidos, solo los flujos, las cantidades.

En la CNN, Rishi Iyengar publicó ayer un artículo titulado "The worldwide web as we know it may be ending" donde nos da algunas pistas sobre la transformación que se está produciendo o, al menos, sobre el comienzo de esas hostilidades que se han abierto desde los gobiernos hacia las grandes compañías tecnológicas. Escribe Iyengar: "A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition."*

En efecto, la multiplicación de casos es un hecho, el resultado de que una vez se ha dado el paso por parte de los estados, estos sirven de orientación a los siguientes, que buscan establecer sus normas en las relaciones con las grandes compañías, estableciendo un mapa confuso y, desde luego, cada vez menos uniforme y global.




En el texto se hace repaso de algunos precedentes en la cuestión del uso de la información procedente de los medios por parte de las compañías. Se cita incluso el caso español, donde los medios también intentaron obtener beneficios sobre la recogida que Google hacia mediante los enlaces a sus noticias.

En el artículo se va precisamente a la cuestión de esta lucha de poderes abierta:

 

A fight over news in Australia is a relatively small part of the clash between tech and governments, which has largely been focused on issues such as censorship, privacy and competition. But the response to Facebook's move in Australia has shown that a more international effort to rein in Big Tech may be gathering momentum -- and with it, the potential for additional fracturing of how internet services function from one country to the next.

As his government faced off against Facebook last week, Australian Prime Minister Scott Morrison issued a warning to the social media giant: what you do here may come back to hurt you in other countries.

"These actions will only confirm the concerns that an increasing number of countries are expressing about the behavior of Big Tech companies who think they are bigger than governments and that the rules should not apply to them," he said in a Facebook post. "They may be changing the world, but that doesn't mean they run it."*

 


La frase que cierra el párrafo muestra con claridad el sentido del enfrentamiento, una cosa es cambiar el mundo y otra dirigirlo, muestra claramente que la lucha está abierta. La transformación provocada por las creación de aquellas "súper autopistas de la información" de Gore, ha excedido lo que se pensaba inicialmente por todos, tanto por los que las crearon, como por los empezaron a usarlas. Los sueños que se tenían respecto al mundo virtual se han ido transformando conforme sus efectos de transformación eran mayores y se iban convirtiendo en una maquinaria global de poder y dinero. Las dictaduras mostraron los caminos del control y el bloqueo. Las democracias no siguen ese camino, pero sí tratan de frenar la deriva de quienes pueden controlar una vida —social, política, económica— que dependen cada vez más de unas pocas compañías que se reparten el pastel y obligan a pasar por el aro a los que quieren estar conectados.



Los problemas derivados de un mundo controlado por grandes empresas tecnológicas cuyo poder aumenta por la participación creciente e intensiva son muchos y crecientes. La ausencia de regulación no es buena, pero tampoco es fácil, sencillo ni claro. Hay muchas cosas que sopesar porque los beneficios son evidentes. La cuestión, pues, es política. Se refiere a la jerarquía, a los límites y al orden social. Se refiere, en última instancia, como diría Michel Foucault, al "orden del discurso", a su regulación, pues quien lo controla tiene el verdadero poder.

Ahora solo falta ya que se enfrenten al nuevo gran negocio: la recogida de datos masivos, que pese a las regulaciones de protección se sigue siendo un conflicto sin resolver. Es otro grupo de intereses que vive de nuestro movimiento en las redes que habrá, tarde o temprano, que controlar con eficacia y cuya opacidad es manifiesta más allá del primer escalón.

Quizá Trump pase a la historia por algo que no pensaba, por haber mostrado el camino y los límites al ser silenciado por Twitter después de haber sido su vehículo favorito para extender falsedades. Ironías de la Historia.

 

 

* Rishi Iyengar "The worldwide web as we know it may be ending" CNN 23/02/2021 https://edition.cnn.com/2021/02/23/tech/splinternet-tech-regulation-facebook/index.html

 



domingo, 26 de julio de 2020

El autoritarismo de Trump o los terroristas son los otros

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Donald Trump está batiendo todos los estándares de lo que debería ser un presidente. Hace algunas semanas advertíamos del peligro de su necesidad de dar la vuelta a los resultado de las encuestas que lo muestran en picado con su desastrosa gestión de la pandemia, el deus ex machina que no estaba escrito en su guión presidencial. Temíamos que en su busca de algún factor que le llevara a primera líneas, se viera afectado, especialmente en el terreno exterior el precario orden que ha ido dejando como herencia al que le suceda en la casa Blanca y, de paso, al resto del mundo. Aunque Trump salga de Washington, su herencia no será fácil de llevar, ya que son muchos los problemas que nos dejará.
Parece que Trump ya ha elegido cómo tratar de recuperar el terreno perdido en su electorado. Las dos estrategias se perfilan como las que tendrán como función mostrarlo como el presidente indispensable que Estados Unidos y el mundo necesitan.
En la parte exterior, juega a lo seguro: recrudecimiento de los ataques a China. Sus principales bazas son la responsabilidad por la pandemia, intentando mostrarse como un líder mundial capaz de encabezar un potente movimiento internacional anti China. Pero para ello solo ha logrado, hasta el momento, reclutar a los que ya estaban en sus huestes, Australia (que se enfrenta a duras sanciones de China, de quien depende en muchos aspectos por sus exportaciones), Reino Unido (a regañadientes con el tema del 5G y más "motivada" con la cuestión de Hong-Kong). Sin embargo, son ya muchas las voces de analistas que critican las últimas maniobras de Trump contra China como maniobras electoralistas, jugadas de cara a la galería, como ha ocurrido con las detenciones de científicos chinos en Estados Unidos o el cierre del consulado de Houston. No puede ser de otra forma porque hasta el momento, los Estados Unidos solo han lanzado acusaciones sin poner una prueba encima de la mesa en  ninguno de los casos que Trump ha abierto contra China. 

La Vanguardia
El caso más claro son las acusaciones contra Huawei, basadas en la posibilidad de que la empresa entregara información al gobierno chino. No hay más que especulación que le sirve para frenar a los competidores mundiales, que ya son reales, en el campo tecnológico, un aspecto que deja en evidencia al declive norteamericano o, si se prefiere, el ascenso de China. Trump ha tenido en esta línea poca contestación porque nadie se atreve a salir a decir claramente que no ha habido pruebas de ningún aspecto utilizado. Pero la culpabilidad tecnológica de China cuadra bien a una mentalidad nacional que en vez de aceptar que ha sido adelantada en muchos sectores punteros, establece que los avances del contrario se basan en el robo intelectual, algo que no explica por qué esta tecnología tan potente norteamericana no sale a la luz. Más bien, lo que ha hecho Trump es dar una excusa política para deshacerse de los rivales tecnológicos e imponer por la fuerza a los demás (caso de Reino Unido) que se siga dependiendo de los estados Unidos, algo que no había supuesto un choque directo cuando creíamos en la palabra "aliados" que Trump, con su mentalidad comercial y autoritaria ha transformado en "clientes cautivos", algo que hemos tenido ocasión de analizar aquí en múltiples ocasiones en estos años de su mandato. Puede que no haya sido el primer presidente que lo ha hecho, pero sí el primero que alardea de ello y no se molesta en convertirlo en exigencia.
Hay estrategia de presión, de amenaza en nombre de ese concepto mágico que todo lo autoriza, llamado "intereses norteamericanos". Estos van desde prohibir comprar a un país, eliminar una marca extranjera, amenazas de aranceles, etc. Todo se considera justificado por los intereses norteamericanos, incluidos sus empresas o ciertos particulares. 
Cuando se llega a ese límite, nada es discutible, todo está justificado, del chantaje a la fuerza bruta de la intervención. Te sirve para bombardear, eliminar mediante comandos a los que has fijado como tu "objetivo", imponerte aranceles como forma de chantaje o cualquier otra medida que el norteamericano trumpista aplaude como forma de revancha, convencido que el mundo es ingrato y necesita una lección. El maestro corrector, claro, es Donald Trump.



Pero es el interior, el otro aspecto, en donde Trump se está volcando con más fuerza y jugando las bazas más peligrosas. El presidente ha mantenido múltiples conflictos con estados o ciudades, no le ha importado nada entrar en insultantes debates con gobernadores o con alcaldes. Pero esta vez puede que haya calculado muy mal su jugada para intentar reforzarse ante las bases republicanas. Me refiero al uso de fuerzas federales para intervenir directamente en las manifestaciones antirracistas que se producen en muchas ciudades norteamericanas, casualmente demócratas.
La CNN ha publicado un artículo firmado por Angela Dewan con el titular "Trump is calling protesters who disagree with him terrorists. That puts him in the company of the world's autocrats". El artículo tiene tres partes definidas, comenzando por la descripción de las actuaciones de fuerzas que llega a calificar como "paramilitares", una segunda parte donde trata de esclarecer el sentido del término "terroristas" aplicados a los manifestantes y finalmente una comparación con figuras autoritarias del ámbito internacional que ha hecho algo similar, del egipcio Abdel Fattah al-Sisi al turco Erdogan, pasando por otros dirigentes autoritarios a los que Trump pondera, imita o inspira.

Heavily armed, unidentifiable security agents dressed in camouflage have been snatching anti-racism protesters off the streets of Portland, Oregon, and bundling them into unmarked cars, with no clear justification. They're scenes you might expect to see in authoritarian countries, not in America.
It turns out that among the hodge-podge of paramilitary-style officers wearing no name badges were many from the Department of Homeland Security, established after 9/11 primarily to deal with terrorism. More specifically, the officers were from the department's Customs and Border Protection agency, which is supposed "to safeguard America's borders" from dangerous people and materials. 
US President Donald Trump has repeatedly branded anti-racism protesters in the country as "terrorists," and his promise to "surge" his paramilitary-style units from Portland to other Democrat-run cities in coming weeks shows he is willing to employ the repressive tactics used by autocrats to vilify those who challenge them.*



Es este último aspecto el que preocupa desde muchos medios e instituciones. Desde el 11/S Estados Unidos abrió la fábrica del etiquetado del "terrorismo", incluyendo en las listas a quien le parezca bien. Diversos autócratas han imitado el modelo y bajo la etiqueta "guerra al terror" se mete a países enteros, a estados, a organizaciones, a personas, etc. muchas veces con el fin de acallar las meras críticas. Aquí lo hemos podido ver con frecuencia en el caso egipcio.
La idea de "guerra al terror" deja las manos libre frente a la "declaración de guerra" tradicional y sus implicaciones. Puedes bombardear una casa en un tercer país diciendo que allí se encontraban potenciales enemigos o que se estaba preparando un atentado contra tus intereses, etc. No hace falta traer muchos casos, porque son algunos recientes. Estados Unidos lo ha hecho contra sus enemigos exteriores. Los dictadores lo han hecho contra sus enemigos o críticos interiores, sirviéndoles para limpiar sus calles e instituciones de críticos u opositores. Es lo que le permitió a Erdogan desmantelar instituciones, de los jueces al ejército pasando por las universidades, abogados, etc. Basta con llamarlos "terroristas" para que el mundo se calle o, al menos, los gobiernos aliados que encuentran una excusa para evitar condenar, como ocurre con los casos citados de Turquía o Egipto. El hecho de tener casos de terrorismo real sirve para fabricar este terrorismo imaginario que sirve para hacer limpieza de opositores. Los jóvenes activistas egipcios de la Primavera Árabe languidecen en las duras cárceles egipcias o desaparecen etiquetados como "terroristas". Trump llamó a esto un "gran trabajo".


Pero en Estados Unidos no se ha pasado del "terrorismo doméstico" para tipos que realizan atentados tipo "Unabomber" (Theodore Kaczynski), con sus cartas bombas y otros de los que no hay duda. Pero el término "terrorista" ha ido tomando un carácter cada vez más amplio en boca de Trump, que se ha ido aplicando a los que discrepan o se le oponen abiertamente.
Trump está llamando terroristas a sus opositores y eso le ha servido para justificar el uso de medios paramilitares federales contra los manifestantes. No ha tenido bastante con el empleo de sus teorías de la conspiración y ahora necesita de terroristas en las calles para hacer su exhibición de fuerza y orden, el segundo factor para ganar ante la mirada de sus decepcionados seguidores.
Trump no ha tenido bastante con simpatizar con los "supremacistas blancos" y otras organizaciones, a la luz o en la sombra, sino que ha rizado el rizo al etiquetar a los que protestan como terroristas.
Escribe Angela Dewan en la CNN:

Definitions have been a major problem since 2001, Conor Gearty, a professor in human rights law at the London School of Economics, told CNN.
"What you had was the UN saying 'Get out there and do counter-terrorism and we'll let you decide what terror is.' And that was just a gift horse for authoritarian regimes," he said. 
While the picture in the US may not be as grim as in places like China, Turkey and Egypt, the events in Portland, as well as an earlier crackdown on protesters outside the White House recently, are just the latest signs that Trump is looking to those countries for inspiration, said Gearty, who describes Trump as an "aspirant authoritarian."
That should give Americans cause for concern, he said.
"What Americans should also be worried about is the apparent support for this from the rank and file, and the absence of any very senior voices opposing this," he said.
Not only does the country's security apparatus lack vocal opponents of the repression seen in Portland, some of its most senior members are suddenly taking an active part, even though they are supposed to be independent of domestic politics.
On Monday, acting Homeland Security Deputy Secretary Ken Cuccinelli retweeted videos and images of Portland, describing the situation there as "terrorism."
The nation's top military official, Gen. Mark Milley, apologized after criticism over his appearance with Trump in a photo op outside a church near the White House. Police used rubber bullets and pepper spray projectiles to clear protesters only moments earlier to clear a path for the President.*



En efecto, la preocupación por los hechos no debe distraer de las reacciones que ha provocado. El autoritarismo latente se está mostrando a través de estos comportamiento silenciosos o cooperantes con este uso de la fuerza exterior llevado por el presidente hasta Portland. Los que lo apoyan magnifican las protestas para justificar su intervención que, a su vez, crea protestas más violentas en una espiral que solo beneficia a Trump, dando a entender que hace falta mano dura y que las ciudades de electorado demócrata necesitan de esa mano dura por estar llenas de "terroristas". Es la estrategia de la dureza interior para tratar ganar votantes, recuperándolos dado que los 4 millones de contagiados y los más de 140.000 muertos pesan en la campaña.


Definir el terrorismo no es sencillo, efectivamente. Pero para Trump, jugador habitual con las palabras y sus excesos, eso no es problema. Construye inmediatamente un relato que justifica cualquier cosas, ¿por qué no el terrorismo tras las protestas anti raciales? ¿No equiparó en el pasado a los manifestantes anti racistas con los racistas? ¿Qué le impide hacerlo? Esa es precisamente la pregunta que se hacía en la CNN a los expertos, ¿cómo no hay nadie que pueda frenar una acción de este tipo en la Casa Blanca?
El pasado día 24, la CNN informaba en sus titulares "Judge in Portland bars federal officers from arresting or using force against journalists and legal observers" y explicaba:

A judge in Portland, Oregon, barred federal law enforcement officers from arresting or using physical force against journalists and legal observers mixed in with the crowds at nightly protests near a complex of government buildings there if they're not suspected of committing crimes.
Federal Judge Michael H. Simon issued the temporary restraining order Thursday evening ahead of another night of expected protests in the city's downtown. Videos taken by news crews there have captured harrowing moments -- like when the city's mayor was overcome by tear gas deployed to disperse a crowd on Wednesday -- and the American Civil Liberties Union had filed suit against the Department of Homeland Security and the US Marshals Service, which command the officers, detailing several examples of identified journalists allegedly being abused by the authorities.
The order, which Simon opened with a series of quotes about the importance of the free press, also says journalists can ignore dispersal orders issued by authorities.
The order could present federal law enforcement with new challenges as it continues to carry out its mission of protecting federal property. For the past two months, rioters have regularly torn down fencing and attempted to break into the Mark O. Hatfield Courthouse -- where Simon's chambers are located -- in a confrontation that has been seized on by President Donald Trump and spun into a political hot-button issue featured in his reelection messaging.**


La orden no frena a las fuerzas actuantes, pero impide que sean eliminados los testigos de la prensa, algo importante en el clima de impunidad creado al no ir identificados los agentes que intervienen en la represión, una medida que habla por sí sola sobre lo que se está haciendo en Portland.
El hecho de que la prensa esté allí, además de un elemento histórico y testimonial, es también un freno al exceso. Las imágenes puede que sirvan a los partidarios de Trump como solaz, pero también sirven para mostrar cómo el autoritarismo se ha ido extremando, dentro y fuera del país.
Las imágenes del alcalde de Portland gaseado y afirmando que no ha habido ninguna provocación son lo suficientemente claras e impactantes como para que no quede en la oscuridad lo que ocurre.


Trump es una personalidad autoritaria, narcisista y marrullera. El poder le da una energía que puede salir por cualquier sitio, ya que el mundo es para él un tablero de juego, un juego al que siempre tiene que ganar aunque haya que derribar la mesa. Por eso, estos meses finales ante las elecciones son muy peligrosos para todos. Puede desencadenar cualquier crisis, como ya ha hecho, y elevarla a niveles insospechados,  y dejar herencias políticas envenenadas. Ya ha dejado suficiente veneno en los Estados Unidos creando una división terrible, como no se había visto. Igualmente, lo ha hecho en la medida que ha podido fragmentando los acuerdos internacionales y los consensos sobre múltiples aspectos.


Trump ha iniciado una deriva muy peligrosa, tanto por los actos en sí —que se van extendiendo a otras ciudades— como por la aprobación que pueda tener desde las instituciones, los políticos republicanos que se ven compromeetidos ante los hechos, y el electorado. Una vez más, Trump pervierte el sistema envileciéndolo, llevándolo al límite. Él es el "orden", los demás son "terroristas". 



* Angela Dewan "Trump is calling protesters who disagree with him terrorists. That puts him in the company of the world's autocrats" CNN 26/07/2020 https://edition.cnn.com/2020/07/25/politics/us-protests-trump-terrorists-intl/index.html
** David Shortell "Judge in Portland bars federal officers from arresting or using force against journalists and legal observers" CNN 24/07/2020 https://edition.cnn.com/2020/07/23/politics/portland-ruling-federal-officers-stop-arrests/index.html?iid=ob_lockedrail_topeditorial

sábado, 18 de julio de 2020

Juegos malabares de palabras

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Por increíble que parezca y debido en gran parte al caos del liderazgo (o la falta de él) en Estados Unidos se sigue en pleno debate sobre las mascarillas. Sabemos por qué no se la pone Trump. ¿Habrá que entender que muchos no se la ponen porque Trump no lo hace? ¿Es un mero proceso imitativo? ¿Un razonamiento en paralelo, quizá? ¿Ausencia de razonamiento, tal vez?
No es difícil entender que alguien no lleve la mascarilla. Es un incordio, da calor, resta expresividad, etc. Todo eso lo sabemos. Pero la razones norteamericanas son de un orden distinto ya que se refieren en unos casos al mandamiento (nadie decide por mí) y en otros al negacionismo (el coronavirus no existe, es una conspiración de los demócratas para sacar a Trump de la Casa Blanca). En un caso de niega la autoridad; en el otro es la realidad lo que se niega.
Estados Unidos es en estos momentos un país dividido en muchas cosas, por no decir en casi todo. Hemos llamado muchas veces a Trump "el Gran Divisor", la persona cuya estrategia es la división, provocar el enfrentamiento. Los libros sobre él de ex colaboradores y familiares (no tiene amigos) inciden en este rasgo o estrategia de su personalidad. Probablemente no hay ningún presidente que haya ido tan lejos en este sentido.
La cuestión de la mascarilla es crucial. Por aquí se va imponiendo porque por muy contestones que seamos, la evidencia se nos manifiesta sensiblemente en el bolsillo y en la autoconservación. Sigue habiendo gente díscola, pero los regresos en las etapas del confinamiento van abriendo los ojos a lo que puede ocurrir si no se consigue mantener a raya al coronavirus, que es lo mismo que decir a nosotros mismo.


Mientras la Naturaleza no piensa, nosotros podemos pensar estúpidamente o elegir el camino razonable. Por eso, el caso de los Estados Unidos, un país considerado educado, rico y con conocimientos científicos suficientes, es tan llamativo. Todo lo que sería positivo para vencer a la enfermedad, se convierte en negativo por una cuestión de perverso liderazgo.
Dentro de las múltiples facetas que este problema plantea, me parecen de interés estas reflexiones recogidas por Libby Cathey en la cadena ABC News sobre en el marco de la denominada "Mask battle". El titular ya nos dice el fondo de lo que está ocurriendo, "Republican governors break from Trump amid growing calls for mask mandates". Conforme se acerca la fecha de las elecciones presidenciales y las posibilidades de Trump se van diluyendo a la vista de las encuestas, se hace más difícil sostener ante los electores las acciones de Trump. Los muertos y contagiados siguen creciendo, batiendo récords todos los días en muchos estados. En este contexto de enfrentamiento político se recogen estas opiniones:

Dr. Sara Tariq, a professor of medicine and associate dean at the University of Arkansas Medical School, acknowledged that existing data showing masks prevent the spread of the novel virus is "not yet comprehensive, but it is compelling."
"There are more and more facts coming out supporting that in addition to physical distancing, we need to have 100% mask use," said Tariq. "Our leadership should be compelled to be thinking really hard about mandating mask use when the level of harm without it, in most people's opinion, is morally unacceptable."
"Our sense of self-liberty is very strong, but I worry that it's those same things that make us amazing -- our liberty, our individualism, our freedom -- in this situation, are really harming us," Tariq said. "Our country is going to have to atone and reconcile how poorly we have responded to this pandemic."
She also said because the pandemic came to the U.S. later than in Asia and Europe, the U.S. missed the chance to slow the spread from the start.
"The disease came to us a little bit later, so we had an opportunity to take a look at the data from other countries which, recognizably was limited at the time, but we had an opportunity to implement things like social distancing and masking," Tariq said. "We've lost that opportunity because of lack of data, poor understanding of the disease, a slow response, and because we culturally are a different nation."
"I do believe though, we should be able to change ourselves," she added. "We have no choice but to change ourselves when we see data."*



Las reflexiones de la doctora Tariq están llenas de sensatez y van al centro del problema. Uno puede ser un país amante de muchas cosas buenas, pero sirven de muy poco ante la tozudez de la realidad y los datos. A diferencia de lo que algunos filósofos pensaran, dejar de mirar la realidad no la cambia. En términos de Trump, es el equivalente a dejar de hacer tests para que las cifras de contagiados disminuyan, una de las mayores estupideces escuchas en la historia de la Humanidad, una defensa de la ignorancia indigna de un país moderno. Con ella, Trump se sitúa al nivel del integrismo más retrógrado, en el que realmente se mueve, en el de la magia. Es como si evitar que hagan test de inteligencia evitara que uno fuera idiota.
La doctora Tariq, en cambio, muestra la actitud humilde de la Ciencia sin renunciar al sentido común: Hay cosas que no se pueden demostrar al cien por cien, porque la Ciencia llega hasta donde llega, es un saber abierto y de márgenes, mejorable. Los hechos, nos dice, avalan al ciento por ciento el uso de la máscara y la distancia, no digamos, ya la higiene.


El lamento más profundo viene de comprobar cómo se usan las palabras nobles para una causa infame, como lo es mantener el ego de Trump con sus negaciones narcisistas e ignorantes. Lo hemos resaltado en ocasiones, pero lo más triste es cómo la manada se tira por el barranco siguiendo ciegamente a un líder que jamás ha estado a la altura de las circunstancias pero ha tenido que meterse en todos los fregados sencillamente por su afán de protagonismo, por su endiosamiento mesiánico que le hace sentirse por encima de todo el universo.
No, Estados Unidos no tiene excusas. Ha tenido más tiempo, más recursos y más información que nadie. Sencillamente, ha pisoteado todo ello con un desdén orgulloso e ignorante, calculador y economicista, dirigida a satisfacer el ego de un ignorante.
Lo malo es que puede que Trump desaparezca del mapa político, pero el mal que ha hecho al país y su imagen internacional quedará. No lo hará solo fuera, sino dentro, quebrando todavía más a los Estados Unidos.


Trump sigue dividiendo. Los gobernadores republicanos ya no saben cómo parar los hechos y los matones que se pasean armados, disfrazados de patriotas y de defensores de las libertades, no podrán ser argumento frente al cierre de las escuelas, las fábricas, bares y la saturación insostenible de los hospitales.
Da igual. Trump seguirá sosteniendo que ha hecho un "gran trabajo", que de no hacer lo que ha hecho habrían muertos millones, que la culpa la tiene China, que no existe el cambio climático, que basta con tomar las medicinas que solo él y Bolsonaro defienden.
Un último punto. Me preocupa el enfoque "Trump-Bolsonaro" (y algún otro más), que supone plantear las restricciones sanitarias como un "asunto de libertades". Leo en El País "Las comunidades vuelven a recortar libertades mientras los casos siguen subiendo". La frase se repite dos veces de la página principal y también junto al titular del artículo. Sin embargo no aparece en el texto del artículo, lo que hace sospechar que no es el planteamiento del periodista, pero sí del que ha titulado y hace dudar que sea la misma persona.


Este mismo problema lo hemos visto en algunos medios que mantienen una actitud, vamos a decirlo así, más "económica", es decir, ven las limitaciones como desastres que hay que evitar. La presión económica tiende a detectarse en estos pequeños detalles cuando nadie es capaz de salir a defenderla claramente con la excepción, claro está, de nuestra celtibérica versión del trumpismo.
Jugar a poner etiquetas de "libertad" a lo que son medidas de orden sanitario ante la irresponsabilidad algunos es un juego peligroso no debemos imitar, pues las consecuencias son divisivas y perdemos todos. Lo que hay que hacer es ahondar en las medidas de seguridad precisamente para que, además de libres, sigamos vivos. No imitemos lo peor y más cuando están a la vista los desastrosos resultados obtenidos allí donde se practican estos juegos malabares de ideas y principios.
La enfermedad no tiene nada que ver con la "libertad" sino con la "seguridad" de todos. Es cierto que ambos conceptos entren en conflicto en ocasiones, pero las "libertades" que aquí se reclaman afectan a terceros. Las imágenes del la red que muestran a un joven que se graba, entre risas, dando lametones a los productos de una tienda, no muestran un ejercicio de "libertad", sino una acción criminal estúpida, como lo puede ser un adelantamiento en una curva o violar la velocidad establecida. No creo que a nadie le quiten las multas de tráfico apelando a la libertad de ir a la velocidad que quiera o adelantar donde le parece. Es la seguridad de otros lo que limita mi propia libertad. Es lo que diferencia al suicida del "terrorista-suicida". Los médicos no tienen la "libertad" de dejar de atender al que se ha contagiado por irresponsable, aunque quizá esto cambiara el panorama. Si todos somos libres, ¿por qué no?
Como muy bien señala la doctora Tariq, hay que empezar por cambiar para poder dejar de ser un irresponsable con el que los demás deben cargar. Pero cambiar suele ser una muestra de inteligencia cuando se hace para bien y aquí hay que cuestionar ambas cosas, la inteligencia y la bondad de muchos. 
¿Diferencias culturales? Sí y no.  La sensatez no es cuestión de "cultura". Aquí hay que darle al césar lo suyo... y a los que apoyan al césar.  Hacer creer que es la "sumisión" lo que justifica el uso de la mascarilla, mientras que la "libertad" justifica lo contrario, rechazarla, es una completa idiotez. Es seguir jugando peligrosamente con la palabras. 


* Libby Cathey "Republican governors break from Trump amid growing calls for mask mandates" 17/07/2020 https://abcnews.go.com/Politics/republican-governors-break-trump-amid-growing-calls-mask/story?id=71818051&cid=clicksource_4380645_6_film_strip_icymi_hed