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martes, 13 de julio de 2021

El "aspectismo" y la vida publicada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Vivimos en un mundo de pantallas e imágenes, de representaciones más que de realidades. Todo es ya mediación y el enfrentarnos a la realidad desnuda puede ser una experiencia demasiado frustrante cuando los estándares vienen del otro lado. De esta forma, cada vez nos es más difícil ser lo que somos y nos resulta más angustioso mostrarnos.

A ello contribuye un mundo donde ha aumentado la vulnerabilidad. Exponerse es algo real en los dos sentidos, el de mostrarse y el de arriesgarse. Los casos de acoso desde la más tierna infancia son ya un hecho. Cualquier elemento relacionado con el aspecto se vuelve peligroso si alguien decide que no le gusta y comienza una campaña contra ti a la que se pueden sumar miles de personas convertidas instantáneamente en jueces y verdugos, en tribunales implacables.

En The New York Times, el columnista David Brooks escribe sobre esta forma de condicionamiento con el artículo titulado "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?", que comienza de esta manera:

 

Un gerente en Estados Unidos se sienta en su oficina y decide despedir a una mujer porque no le gusta su piel. Si la despide porque su piel es morena, a eso le llamamos racismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel es femenina, a eso le llamamos sexismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel tiene marcas y la encuentra poco atractiva, bueno, de eso no hablamos mucho y en casi todo el país no existe ningún recurso legal contra eso. 

Es desconcertante. Vivimos en una sociedad que aborrece la discriminación basada en muchas características. Y, sin embargo, una de las principales formas de discriminación es el aspectismo, el prejuicio contra lo poco atractivo. Y esto no recibe casi nada de atención ni genera mucha indignación. ¿Por qué?*

 


No le falta razón al hacerse esa pregunta. Quien dice la piel, dice el pelo o el vestido o cualquier otra circunstancia. Creo que es precisamente es aleatoriedad de las críticas a tu aspecto lo que establece su gran poder destructivo. En una sociedad que te juzga de forma permanente, tu mente se vuelve anticipativa, "cómo gustar" está en tu mente, te sientes como desfilando en una pasarela sin fin bajo las miradas atentas del resto de la humanidad.

Gran parte de nuestra vida se ha hecho pública o, si se prefiere, se convierte en "publicada". No existir en las redes sociales —el mayor monstruo devorador creado por la humanidad— es sencillamente no existir, especialmente para aquellas personas que necesitan llamar la atención y todos los que buscan estímulo por su inseguridad. Los segundos sufren más que los primeros. A muchos les encanta ser criticados —es una forma de llamar la atención— y se dedican a provocar. Están, por otro lado, los inseguros, los que cada día sienten que deben pasar una prueba ante el mundo y donde los comentarios negativos sobre su aspecto pueden ser un drama.

Es frecuente ya que muchas personas que llevan una vida publicada intensa se rebelen. Actores y actrices, gente popular por cualquier motivo, llegan a un día en el que dicen "¡basta!". Es el día en que hartos de ver cómo su vida es un espectáculo deciden romper la baraja y se muestran como son en la realidad, con todas sus imperfecciones. Esto es algo que suele tirar por la borda el trabajo de años, pero eligen entre vivir o mostrarse.

En estos días los medios han recogido la implantación en Noruega de una ley que establece la obligación de notificar que las fotografías publicadas han sido retocadas. En Antena3 se señalaba:

 

El Ministerio Noruego de Infancia e Igualdad de Noruega ha aprobado una ley que prohibirá a los influencers y a las marcas publicar imágenes promocionales retocadas sin antes incluir una etiqueta que determine que estas han pasado por un filtro o un programa de edición de fotografías.

Esta iniciativa tiene el objetivo de terminar con la publicidad engañosa y los estándares de belleza que tantos problemas de autoestima e inseguridades ocasionan entre los usuarios de las redes sociales y los contenidos publicitarios, generándoles expectativas irreales de lo que es la belleza.

Es por ello que, los creadores de contenido que quieran compartir fotografías retocadas con un filtro o un programa de edición tendrán que avisar de ello con una etiqueta que habilitará el gobierno noruego.

Pero hay que recalcar que no solo se aplicará en las publicaciones de las redes sociales, sino también se tendrá en cuenta en los carteles publicitarios que se muestran en ciudades, revistas, marquesinas, etc. Mientras que los ciudadanos de a pie podrán seguir utilizando los filtros.**

 


El aspectismo, tal como lo definía Brooks, como un prejuicio contra lo que no consideramos "bello", es una forma de establecer la irrealidad como norma reinante. Los modelos de belleza, que sirven a múltiples intereses, tienen detrás sus propios sectores que lo promueven. Por eso, la ley noruega se ha dirigido directamente a los influencers, una figura en la que se combina la propia exhibición como modelo que debe ser imitado.

Las críticas al aspecto esconden muchos intereses de sectores que se promocionan a través de estos canales personales trucados. La propuesta es absoluta; no seguirla significa estar del lado negativo y peligroso. Los propios seguidores actúan como jueces de todos aquellos que no siguen los modelos que ellos siguen, que se imponen temporalmente como valores centrales.

Obligar a señalar que las fotografías son irreales, que están trucadas es una forma de mostrar la trastienda de la propuesta, mostrar que eso se sustenta en la ocultación o manipulación. Es una forma de decir que esos modelos que queremos seguir no son realmente así, que solo se puede ser así "fotográficamente". Pero esta vida, por otro lado, no necesita ser real, solo mostrarse a los demás, por lo que el efecto de la ley noruega puede ser un paso, pero en modo alguno una victoria sobre esa ficcionalidad representativa que supone el autoprocesamiento de la imagen para ser (mostrarnos) ante los demás.

El columnista de The New York Times va más allá en su denuncia. El problema no es, señala, que no exista una Asociación Nacional de Feos que defienda el derecho a no ajustarse al canon establecido. David Brooks señala:

 

Mi respuesta general es que es muy difícil oponerse a los valores centrales de tu cultura incluso cuando se sabe que es lo correcto.

En las últimas décadas, las redes sociales, la meritocracia y la cultura de las celebridades se han fusionado para formar una cultura moderna que tiene valores casi paganos. Es decir, pone gran énfasis en la exhibición competitiva, los logros personales y en la idea de que la belleza física es una señal externa de belleza moral y valor en general.

La cultura pagana tiene cierto tipo de héroe ideal: aquellos genéticamente bien dotados en el ámbito atlético, en el de la inteligencia y en el de la belleza. Esta cultura percibe la obesidad como una debilidad moral y una señal de que estás en una clase social más baja.

Nuestra cultura pagana pone gran énfasis en el campo deportivo, la universidad y las pantallas de las redes sociales, donde la belleza, la fuerza y el coeficiente intelectual pueden exhibirse de la manera más impresionante.*

 


Coincido plenamente con este enfoque y en la "paganidad" señalada. Son valores, además, que carecen de empatía, que no perdonan la "debilidad", como vemos con frecuencia. El aspectismo tiene esa clara vertiente "supremacista" en la que se buscar apartar a aquellos que no son "estéticamente" compatibles con el modelo estándar. Esto se ha acrecentado en función del grado de presencia mediática que puedan tener las empresas o puestos. La necesidad de hacerse visibles conlleva la exigencia de ajustarse a los modelos.



La campaña contra la historiadora Mary Beard por su aspecto es una muestra clara de cómo actúa esta nueva intransigencia que exige la retirada de todo lo que no se ajuste a los nuevos cánones. Una especialista de prestigio mundial, gran comunicadora, parece ser demasiado para estos depuradores de las imágenes. Quieren que les hablen del mundo romano jóvenes atractivos. El rechazo  ha sido grande, pero muestra la obsesión aspectista.

Otro ejemplo. En estos días pasados, la dirección del Festival de Cine de Cannes ha tenido que llamar seriamente la atención a los asistentes:

 

El Festival de Cannes recordó el jueves a los asistentes que el porte de mascarilla es obligatorio en las salas, después de que en las redes sociales se difundieran imágenes de espectadores sin estas. 

«La mascarilla es la regla, la ley y la garantía de que el festival se realice hasta el final», dijo el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, antes de una proyección. 

Desde el arranque del festival el martes, se observó que parte del público asiste a las sesiones sin mascarilla y este jueves empezaron a multiplicarse los comentarios de indignación en Twitter.**

 


Es un ejemplo de la inversión que se produce en esta "cultura pagana". La mascarilla evita ser identificado. ¿Qué sentido tiene ir al Festival si los demás no saben que eres tú? El prestigio de los festivales es para que te vean y no para ver tú. En realidad, el Festival —como otros— es el reflejo de la importancia de los asistentes más que el de las películas. No se va a ver sino a que te vean... y la mascarilla lo evita. Basta ver las miradas hacia cámara de los que entraban sin mascarilla para comprender que buscaban ese conectar con quien estaba al otro lado. Si se salían a mitad de película, probablemente no le importara a nadie. El momento de gloria es el posado en la alfombra roja y este no se puede hacer con mascarilla. Son los propios medios los que han creado este engendro de la alfombra. A muchos medios no les importan las películas sino los asistentes; de la misma forma que a muchos asistentes tampoco les importan las películas sino el ser vistos. El festival, por otro lado, aumenta su prestigio en función de los asistentes y de la cantidad de medios atraídos por los famosos.

El aspecto es esencial. Lo exterior es lo importante. Lo mismo ocurre en el campo de la música, donde la voz pasa a ser secundario en beneficio del aspecto y la moda que se muestra. A muchas de las grandes estrellas de la canción o intérpretes les habría ocurrido hoy lo mismo que a Mary Beard. Los dioses paganos musicales no tienen porqué cantar bien; les basta con tener buena imagen para ser convertidos en éxito. En esto la MTV transformó el panorama. Sí, como decía aquella profética canción "El vídeo mató a la estrella de la radio". Doy gracias a que cantantes como Ella Fitzgerald, por poner un ejemplo, naciera en una época en la que una cantante se valoraba por la voz más que por su figura, su vestido o su peinado.

Desde hace algún tiempo muchos medios muestran la obsesión aspectista consistente en mostrarnos el "antes y el después" de personajes famosos del mundo de la música, del cine, del deporte. La gracia consiste en mostrarnos cómo eran hace 10, 20 o 30 años personas conocidas. Es una muestra de ese malsano interés por el aspecto que los propios medios cultivan porque saben que es contemplado desde esa crítica social que da juego para el mundo de las pantallas. Las ediciones digitales han dado cabida a este mundo de la imagen comparativa por su propia economía, ya que es un recurso muy barato. Las colecciones de personajes enfrentados al efecto del paso del tiempo parecen privar del derecho a envejecer, a que tu cuerpo cambie, a que tu rostro refleje el paso de los años. Envejecer es tratado como una enfermedad o, peor, como una curiosidad sujeta a crítica. Recuerdo que me impactaron las palabras de una presentadora de televisión sobre el actor James Spaader, el protagonista y productor de la serie The Blacklist, un comentario despectivo sobre estar "gordo y calvo". A nadie parecieron importarle. Supongo que los buenos resultados de la serie le compensarán por estos comentarios. Pero no siempre es así.



Lo malo de todo esto son los efectos que tiene sobre muchas personas. Conozco a algunas que son irreconocibles en sus fotos de las redes sociales ya que todas sus fotos están trucadas. La baja autoestima por la presión que sienten les hace vivir con miedo a las burlas, los ataques o que a alguien ponga que una foto no les gusta.

Una alumna me pidió hace unos años hacerse una foto al término de la defensa de su Trabajo de Fin de Máster. Mi sorpresa grande fue al ver su foto publicada en Facebook. Yo era yo, pero ella había sustituido su rostro completo por el de un personaje de "manga". No quería mostrarse ella misma, aunque no quería renunciar a un recuerdo con su "profe". La foto real la conservaría alejada de las miradas; a los otros les deba una ficción protectora.

El problema tiene ya cierta trascendencia porque la vida publicada se extiende y por la actitud cada día más beligerante y osada de estos supremacistas del aspecto, vendedores de mundos retocados y perfectos. Se extienden también sus efectos gracias a la amplificación de redes y medios. La legislación de diversos países exige que se avise de las fotos retocadas, pero eso es solo una parte del problema. El problema real, a pie de calle, es precisamente el que exige que la gente esconda su imagen bajo retoques defensivos. Hay conexión entre ambos, pero no creo que reduzca el problema del acoso, de la discriminación por el aspecto en sus diversos niveles, del escolar al laboral pasando por el puramente personal.

El problema es esa "cultura de la paganidad" convertida en cultura del éxito, en la apariencia llevada al extremo de ley social, a autoritarismo que supone sobre la vida de los otros.

 


* David Brooks "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?" The New York Times 6/07/2021 https://www.nytimes.com/es/2021/07/06/espanol/opinion/discriminacion-feos-belleza.html

** "Noruega prohibirá por ley los retoque de fotos sin avisar de influencers" Antena3 3/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/tecnologia/noruega-prohibira-ley-retoque-fotos-avisar-influencers_2021070360e0bd6e1bebaa0001748622.html

** "El Festival de Cannes llama al orden: ‘La mascarilla es obligatoria’" La Razón / La Revista https://www.la-razon.com/la-revista/2021/07/08/el-festival-de-cannes-llama-al-orden-la-mascarilla-es-obligatoria/

domingo, 4 de septiembre de 2016

Huntington, Brooks y los choques de civilizaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando un astrónomo adelanta que se producirá un eclipse tiene una seguridad: ni el sol ni la luna va a leer sus predicciones para hacer que se cumplan sus cálculos o burlarse de él. No ocurre lo mismo con los sociólogos, los historiadores y otros profesionales de la cultura, cuyas predicciones, ideas, etc. son conocidas por muchos de aquellos a los que afectan. La cuestión no es nueva y nos deja la pregunta de hasta qué punto conocer las predicciones inclinan la balanza hacia su cumplimiento.
Se van a cumplir los veinte años del libro de Samuel P. Huntington "The clash of civilizations and the remaking of world order", la obra en la que amplió y explicó su artículo seminal de 1993 que puso sobre la mesa el papel de las civilizaciones en el mundo que estamos y sus conflictivas relaciones. En el prólogo del libro Huntington explicaba:

El presente libro no es, ni pretende ser, una obra de ciencias sociales. Intenta ser más bien una interpretación de la evolución de la política global tras la guerra fría. Aspira a ofrecer una estructura, un paradigma, para ver la política global, que sea válida para los estudiosos y útil para los decisores políticos. La piedra de toque de su validez y utilidad no es si da cuenta de todo lo que está aconteciendo en la política global. Evidentemente, no da cuenta de todo. Su piedra de toque es si proporciona un filtro más válido y útil que cualquier filtro paradigmático análogo a la hora de considerar las nuevas circunstancias internacionales. Además, ningún paradigma es válido eternamente. Aunque una aproximación desde el punto de vista de la civilización puede ser útil para entender la política global a finales del siglo XX y principios del XXI, esto no significa que hubiera sido igualmente útil a mediados del siglo XX ni que lo vaya a ser a mediados del XXI.*

La lectura actual de la obra de Huntington es una lectura distinta, como él mismo sabía sobradamente, de la que se pudo hacer en su momento, una década después y ahora a los veinte años del libro y veintitrés de la publicación del artículo en el que se preguntaba (Huntington hizo notar la poca atención de que el título de su artículo en la revista Foreign Policy llevara una interrogación: "The Clash of Civilizations?") por el nuevo orden del mundo.
Es un principio teórico de la hermenéutica que no podemos escapar de nuestra época. Aunque los libros sean antiguos, quienes los abren son lectores que viven su momento histórico y no pueden prescindir de lo que saben o dejan de saber. Los lectores de hoy no son los lectores de ayer o de mañana, sino del momento, categoría que afecta al presente como contendor del pasado y de las expectativas de futuro que en él se cimentan. El momento es siempre donde habitamos y, por ello, donde leemos e interpretamos.
Leer o releer hoy, con lo que está ocurriendo en el mundo cada día, el libro de Huntington es una aventura reflexiva. El libro ha navegado por la Historia con lectores que han pasado por el 11-S, la Primavera Árabe y la actual guerra de Siria, forma incorrecta, anticuada quizá, de comprender un fenómeno de enormes dimensiones históricas reduciéndolo a un pequeño espacio geográfico. Desde que Huntington escribió su artículo y después su libros han pasado los años, pero sobre todo han pasado acontecimientos que son las puntas del iceberg de ese movimiento de placas tectónicas de la cultura.
La lectura hoy de la obra es un ejercicio apasionante. La lectura actual está afectada por lo que vemos y sabemos, por lo que podemos intuir y por nuestros deseos de que los movimientos vayan en una dirección que evite la catástrofe que amenaza las próximas décadas con inestabilidad constante. La obra, como dice su autor en el fragmento citado, es un "filtro", un modelo de paradigma en el que encajar los hechos, los que conocía, pero ahora también los que hemos vivido desde entonces y estamos viviendo.
El propio Samuel Huntington se encargó de establecer los principios generales de su propuesta y de cómo sería desarrollada en cada una de las partes de la obra:

Primera parte: por primera vez en la historia, la política global es a la vez multipolar y multicivilizacional; la modernización económica y social no está produciendo ni una civilización universal en sentido significativo, ni la occidentalización de las sociedades no occidentales.
Segunda parte: el equilibrio de poder entre civilizaciones está cambiando: Occidente va perdiendo influencia relativa, las civilizaciones asiáticas están aumentando su fuerza económica, militar y política, el islam experimenta una explosión demográfica de consecuencias desestabilizadoras para los países musulmanes y sus vecinos, y las civilizaciones no occidentales reafirman por lo general el valor de sus propias culturas.
Tercera parte: está surgiendo un orden mundial basado en la civilización; las sociedades que comparten afinidades culturales cooperan entre sí; los esfuerzos por hacer pasar sociedades de una civilización a otra resultan infructuosos; y los países se agrupan en torno a los Estados dirigentes o centrales de sus civilizaciones.
Cuarta parte: las pretensiones universalistas de Occidente le hacen entrar cada vez más en conflicto con otras civilizaciones, de forma más grave con el islam y China, mientras que, en el plano local, las guerras en las líneas de fractura, sobre todo entre musulmanes y no musulmanes, generan «la solidaridad de los países afines», la amenaza de escalada y, por tanto, los esfuerzos por parte de los Estados centrales para detener dichas guerras.
Quinta parte: la supervivencia de Occidente depende de que los estadounidenses reafirmen su identidad occidental y los occidentales acepten su civilización como única y no universal, así como de que se unan para renovarla y preservarla frente a los ataques procedentes de sociedades no occidentales. Evitar una guerra mundial entre civilizaciones depende de que los líderes mundiales acepten la naturaleza de la política global, con raíces en múltiples civilizaciones, y cooperen para su mantenimiento.*


Estas son las bases, pero los detalles en su desarrollo son muy interesantes al aplicarse a países y áreas. Muchas de las afirmaciones y previsiones de Huntington en la obra son perfectamente identificables en el presente. Como él señala, eso significa que el paradigma de las "culturas" funciona en la medida en que permite interpretar los hechos del presente.
A pocos días del estallido de la Primavera Árabe, el columnista David Brooks publicó en The New York Times un artículo titulado "Huntington’s Clash Revisited". En esos momentos, algunos de los supuestos de Huntington parecían removerse y debilitar el modelo. Los pueblos árabes se estaban sublevando contra los dictadores que llevaban décadas en el poder y parecía que un modelo democrático podría a triunfar. En la obra de Huntington ya está prevista la posibilidad de un levantamiento popular basado precisamente en el estallido joven producido por la expansión demográfica y la falta de oportunidades.
Brooks reconocía la importancia de la obra de Huntington y señalaba los aspectos que le parecían relevantes:

Samuel Huntington was one of America’s greatest political scientists. In 1993, he published a sensational essay in Foreign Affairs called “The Clash of Civilizations?” The essay, which became a book, argued that the post-cold war would be marked by civilizational conflict.
Human beings, Huntington wrote, are divided along cultural lines — Western, Islamic, Hindu and so on. There is no universal civilization. Instead, there are these cultural blocks, each within its own distinct set of values.
The Islamic civilization, he wrote, is the most troublesome. People in the Arab world do not share the general suppositions of the Western world. Their primary attachment is to their religion, not to their nation-state. Their culture is inhospitable to certain liberal ideals, like pluralism, individualism and democracy.
Huntington correctly foresaw that the Arab strongman regimes were fragile and were threatened by the masses of unemployed young men. He thought these regimes could fall, but he did not believe that the nations would modernize in a Western direction. Amid the tumult of regime change, the rebels would selectively borrow tools from the West, but their borrowing would be refracted through their own beliefs. They would follow their own trajectory and not become more Western.**


En esos momentos, la observación de Brooks era relevante. La predicción de Huntington, cuyo punto fuerte era la idea de relevancia de la "cultura" y, en particular, la "religión", parecía en el aire ante lo que estaba ocurriendo. En la teoría de Huntington, en su interpretación, son los elementos de la "cultura", esencialmente las religiones las que determinarían las relaciones y los agrupamientos futuros. La geografía, las fronteras, son menos determinantes que el aquello que hace formarse alrededor de valores.

La idea expresada varias veces por Huntington y tomada del título del libro del orientalista francés Gilles Kepel, la "revancha de Dios", apuntaba a que la religión sería determinante de las relaciones conflictivas. 
Todo indicaba un resurgimiento de la religión frente a un mundo, el Occidental, que había perdido la identidad religiosa al aceptar la visión escéptica de la Ciencia con la consiguiente pérdida de valores —si Dios no existe, todo está permitido, escribió Dostoieveski en plena época nihilista— y la soledad del individualismo. Las religiones representan, por el contrario, valores, comunidad y permanencia. Huntington daba por hecho el resurgir de las religiones —la revancha de Dios— y su peso en la reordenación social y en las relaciones conflictivas con otras culturas de religiones diferentes.
Brooks criticaba este planteamiento que llamaríamos "esencialista" de las culturas:

Huntington’s thesis set off a furious debate. But with the historic changes sweeping through the Arab world, it’s illuminating to go back and read his argument today.
In retrospect, I’d say that Huntington committed the Fundamental Attribution Error. That is, he ascribed to traits qualities that are actually determined by context.
He argued that people in Arab lands are intrinsically not nationalistic. He argued that they do not hunger for pluralism and democracy in the way these things are understood in the West. But it now appears as though they were simply living in circumstances that did not allow that patriotism or those spiritual hungers to come to the surface.
It now appears that people in these nations, like people in all nations, have multiple authentic selves. In some circumstances, one set of identities manifests itself, but when those circumstances change, other equally authentic identities and desires get activated.
For most of the past few decades, people in Arab nations were living under regimes that rule by fear. In these circumstances, most people shared the conspiracy mongering and the political passivity that these regimes encouraged. But when the fear lessened, and the opportunity for change arose, different aspirations were energized. Over the past weeks, we’ve seen Arab people ferociously attached to their national identities. We’ve seen them willing to risk their lives for pluralism, openness and democracy.*

La primera crítica de Brooks a Huntington, nos explica, se debe a haber pensado que lo que era circunstancial era sustancial y formaba parte de la idiosincrasia de los pueblos árabe musulmanes. La idea occidental de "universalidad", dice Huntington, es "occidental", proyectada a todos, no asumible por otras culturas —como la islámica esencialmente—, donde la religión lo llena todo. Es el argumento en el que algunos dictadores se amparan cuando dicen que la "declaración universal de los Derechos Humanos" no es "universal" sino "occidental", una imposición que no tienen porqué respetar. Los escuchamos con cierta asiduidad en políticos de regímenes con déficit de democracia, otro invento occidental según los mismos.
La tesis de David Brooks, por el contrario, rechaza las esencias invariables y se apuntan a las identidades contextuales: los pueblos son como pueden ser en función de las circunstancias. En esos momento, la Primavera Árabe era un movimiento general que reclamaba democratización y no solo modernización. Y el modelo de democracia estaba claro. Su ausencia en los países musulmanes era prácticamente total. Y al levantar la cabeza vieron un modelo posible: Turquía, un país musulmán y democrático, perteneciente a la OTAN y aspirante a Europa. Esa era una opción; podía haber democracia en un país musulmán y laicismo en el estado.
El análisis que Samuel Huntington hace de Turquía en 1997 deja abierta como una posibilidad (entre tres) el retroceso de la democracia a la occidental y la salida de Turquía hacia el mundo islámico, algo que, llega a decir expresamente. Lo que está ocurriendo hoy, el retroceso democrático a un estado autoritario, las purgas de miles de personas y la toma de las instituciones por su partido islamista, etc. muestran que la Primavera Árabe tenía un modelo poco estable en Turquía. Y da la razón a Huntington en su posible movimiento de retroceso hacia un estado islámico.
David Brooks critica la idea de cultura de Huntington precisamente para permitir la posibilidad de cambios y no el retroceso constante hasta un grado cero de la cultura:

I’d say Huntington was also wrong in the way he defined culture.
In some ways, each of us is like every person on earth; in some ways, each of us is like the members of our culture and group; and, in some ways, each of us is unique. Huntington minimized the power of universal political values and exaggerated the influence of distinct cultural values. It’s easy to see why he did this. He was arguing against global elites who sometimes refuse to acknowledge the power of culture at all.
But it seems clear that many people in Arab nations do share a universal hunger for liberty. They feel the presence of universal human rights and feel insulted when they are not accorded them.
Culture is important, but underneath cultural differences there are these universal aspirations for dignity, for political systems that listen to, respond to and respect the will of the people.**

Eso se puede expresar cuando las calles de varios países están llenas con millones de personas reclamando libertades frente a unos sistemas corruptos. Pero qué ocurre con esas aspiraciones de "dignidad", "democracia" y respeto al deseo del pueblo cuando lo que tenemos en estos momentos es un retroceso democrático o una situación bélica con la excepción de Túnez, que ha conseguido resolver las dificultades y donde esas aspiraciones han conseguido mantenerse.
Creo que con lo que no contaban ambos, Huntington y Brooks, es con el fenómeno de la conflictividad interior de las culturas hasta niveles como los vistos en estos momentos. Me estoy refiriendo esencialmente al fenómeno del Estado islámico y lo que representa realmente dentro de la cultura.
La última crítica a Huntington por parte de Brooks es breve: «Finally, I’d say Huntington misunderstood the nature of historical change. In his book, he describes transformations that move along linear, projectable trajectories. But that’s not how things work in times of tumult.» Para el articulista de The New York Times, la Historia no se mueve como señala Huntington, sino a través de los pequeños pasos que la gente va dando. Pero lo que finalmente ha ocurrido es que los pasos que se deban comenzaron a ir en direcciones distintas, creando el conflicto que hoy tenemos, cuyas consecuencias son imprevisibles y en cadena.


Una cuestión importante: Brooks está hablando de lo que acaba de ocurrir; es más sencillo. Huntington, en cambio, está hablando de un futuro descrito en 1993 que es posible discutir en 2011, como hace en el artículo. El de Huntington puede seguirse discutiendo mucho tiempo; el descrito por Brooks ya tiene que ser interpretado de otro modo desde que el fenómeno Al-Qaeda se transformó en el Estado Islámico cuyo papel es muy diferente. Lo que era un grupo terrorista es hoy la punta del iceberg de la radicalización cultural que quiere regresar a una raíces fundamentales e imponerlas a los que considera propiedades culturales.
Parte del problema que hoy vivimos es precisamente heredero de un concepto propietario y esencialista de las "culturas": las personas son propiedades de los que se han erigido en autoridades omnipotentes. Lo que los propios musulmanes padecen tras el paso de los yihadistas no tiene precedentes en los tiempos modernos porque suponen una inversión de la Historia hacia un estado mítico, que es el de los antepasados, fuera del cual solo hay muerte.
Todo esto fue disparado por el fracaso de la Primavera Árabe o, si se prefiere, por su éxito al derribar a los dictadores. Huntington los describe como confirmación de su teoría. Todos los dictadores árabes laicos se habían vuelto religiosos para evitar ser criticados y poder continuar con sus manejos y controlar la sociedad. Todos creyeron que podrían controlar a los islamistas cuto programa parte del principio de que "El islam es la solución", cerrando cualquier esperanza evolutiva hacia modelos centrados en las libertades, al igualdad, etc.

Creo que todos estos dictadores habían leído a Huntington. ¿Por qué no hacerlo si les confirmaba que el futuro era suyo, un futuro religioso y antioccidental? Lo habían leído también los gobiernos occidentales que apostaron por partidos islamistas —por los Hermanos Musulmanes o por el de Erdogan en Turquía, por ejemplo— creyendo que, como era inevitable, mejor tener amigos conocidos que enemigos por conocer. Lo había leído cabalmente también los intelectuales árabes, que decidieron que el modelo de libertades occidental era un fracaso y que era mejor intentar encontrar uno bueno que, por cierto, todavía no han encontrado, por lo que se limitan a la crítica de Occidente.
Por mi parte solo quiero hacer una pequeña crítica a la obra de Huntington, que me parece de un enorme valor: la ausencia de las mujeres.
La obra, como tantas otras, tiene una visión masculina de la Historia y de sus motores y cambios. Carece de un elemento que me parece clave en la transformación cultural interna hacia el futuro: son las mujeres las que están manteniendo mayoritariamente el espíritu de la revolución porque la vieja cultura las deja fuera, las ignora y reprime. Las culturas que describen son masculinas, patriarcales.


La revolución de las mujeres es de otro orden y de otra visibilidad. Al igual que el Estado  Islámico es una reacción al intento de conseguir sacudirse el imperativo cultural de una generación que efectivamente —como señala Brooks— aspiraba a una universalidad de la dignidad personal y de la representación colectiva en la Historia, los ataques a las mujeres son la reacción con la que se intenta frenar su revolución en países como Pakistán, que han dado un referente como Malala.
Son las mujeres las que pueden cambiar el mundo y sus civilizaciones. Es la reclamación de la dignidad y de la igualdad femenina la que mantienen en alto el conflicto en el interior de las culturas. A Huntington (y a muchos otros analistas) les falta por comprender el papel de esa otra batalla que son las cuestiones de género, que llevan su propio ritmo según los espacios.


La incapacidad para entender hechos culturales como el del "burkini" es grave. Que las mujeres puedan participar en las olimpiadas como nadadoras, levantadoras de pesa, tenistas, vóley, etc. es una batalla que la cuestión del velo no debe hacer malinterpretarse. Es un gran logro y abre muchas puertas en sus países, las mejores defensas contra el integrismo. La tontería de Manuel Valls solo demuestra que nunca ha conversado con mujeres con velo para comprobar lo que hay debajo.
Comprender las culturas es esencial, como señalaba Huntington. Su modelo es muy válido, pero necesita de una reconsideración constante de los factores que las hacen moverse. Su idea, como expresa ya en el título, era cómo habían dejado de valer las agrupaciones producidas por la Guerra Mundial y la Guerra Fría posterior y se preparaba un nuevo orden o quizá un nuevo desorden, algo que también es visto por Huntington si las civilizaciones no consiguen tener un elemento central fuerte que controle las periferias. Los bloques, concluye, ya no funcionan y habrá que establecer otro tipo de relaciones, que consideraba que serían conflictivas durante un tiempo pero no eternamente. El mundo, al final, se reordenaría.


Cualquier visión que maneja grandes unidades corre el riesgo de perder de vista a las personas. En esto Brooks tiene razón: son los pasos de las personas las que hacen avanzar la Historia. Lo malo es cuando se tira en distintas direcciones y una de ellas es hacia un pasado imposible. Lo que en los sistemas democráticos se decide entre un partido y otro, en una cultura no democrática la pugna se eleva a niveles dramáticos. Todo está en juego.

Las relaciones interculturales son esenciales, pero también lo es entender que las culturas no pueden ser cárceles esencialistas, objetos cerrados y estáticos, en las que todo es siempre igual. 
El gran drama del mundo islámico es precisamente que a lo largo de la Historia se ha evitado su transformación y evolución. Se ha perseguido a los que abogaban por reformas capaces de hacer unas sociedades habitables en las que fuera posible vivir sin las tensiones actuales. 
Si no se cambia, algo natural en todo lo humano, la vida se vuelve trágica en todos sus momentos porque sentimos que habitamos un mundo que no es el nuestro, aquel que podemos construir para intentar ser felices. Se nos obliga a vivir en un mundo construido por otros, convertido en pesadilla.
La Primavera Árabe fue un intento, pero la persecución constante de las personas que podían haber contribuido a los cambios necesarios lo ha frustrado en muchos lugares. Pero su fuerza continúa por debajo de la superficie.
A diferencia de la Naturaleza, como decíamos al principio, la Historia es leída e interpretada, y de ella sacamos consecuencias y consejos. No es una "ley", solo un discurso que recoge nuestra comprensión de lo que hemos hecho, hacemos o podemos hacer. El libro de Huntington merece leerse no tanto por ver si acertó o no (describió bien mucho de lo que vendría) sino para evitar cometer los errores que nos llevan por los malos caminos.



* Samuel P. Huntington (1997 4ªr 2001) "El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial". Paidós, Buenos Aires.

** David Brooks  "Huntington’s Clash Revisited" The New York Times 3/03/2011 http://www.nytimes.com/2011/03/04/opinion/04brooks.html

miércoles, 7 de enero de 2015

Una vida con sentido

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times nos trae un interesante artículo de su columnista David Brooks con el título "The Problem of the Meaning". No es un artículo de actualidad si la entendemos como lo que ocurre, pero sí lo es si lo pensamos como una radiografía de nuestro estado interior. Muchas de las cosas que ocurren lo hacen por esas causas invisibles que requieren de otras herramientas de diagnóstico.
David Brooks comienza citando un discurso de graduación ante los alumnos de Stanford a cargo del líder civil John Gardner, un importante activista de los derechos civiles en los sesenta, promotor de iniciativas sociales y que tuvo el honor de ser colocado en la lista negra oficial de enemigos de Richard Nixon.
Brooks recoge estas palabras del discurso de Gardner:

“The things you learn in maturity aren’t simple things such as acquiring information and skills. You learn not to engage in self-destructive behavior. You learn not to burn up energy in anxiety. You discover how to manage your tensions. You learn that self-pity and resentment are among the most toxic of drugs. You find that the world loves talent but pays off on character.
“You come to understand that most people are neither for you nor against you; they are thinking about themselves. You learn that no matter how hard you try to please, some people in this world are not going to love you, a lesson that is at first troubling and then really quite relaxing.”*

Gardner había enseñado Psicología, que era su formación académica, luchó por hacer comprender el valor de la juventud y la necesidad de reformar la forma de educar. Que dirigiera esas palabras a los jóvenes estudiantes que se graduaban es muy significativo. Brooks le habla a los que empiezan la nueva etapa de su vida desde su experiencia, advirtiéndoles de lo que de verdad tiene valor y cuyo significado no se revela más que en la propia vida. Son esos descubrimientos que se van haciendo en el tiempo. A los que salen en busca del "éxito", Gardner les habla del "sentido":

“Meaning is something you build into your life. You build it out of your own past, out of your affections and loyalties, out of the experience of humankind as it is passed on to you. ... You are the only one who can put them together into that unique pattern that will be your life.”*


Las hermosas palabras de John Gardner son una mezcla de psicología y filosofía existenciales. No confundir el éxito con una vida acomodada porque la satisfacción verdadera viene de metas más profundas que las que habitualmente nos ponemos. La idea de la construcción del sentido de la vida y no de su descubrimiento es importante porque implica que se va desarrollando hasta que se revela su forma. No es una sorpresa en el camino, sino una lógica interior que se manifiesta cuando se han cumplido las etapas. Ni se recibe ni se encuentra o, si se prefiere, se encuentra cuando la hemos dejado germinar en nosotros.
Para John Gardner, la vida era un desafío que nos permitía sacar lo máximo de nosotros mismos, activar nuestro potencial creativo. Decía, con razón, que muchas veces damos a los jóvenes flores muertas en vez dejarles cultivar su propio jardín.


Creo que la advertencia de John Gardner a los alumnos de Stanford debería hacernos reflexionar sobre las metas que nos proponemos y, sobre todo, las que promovemos a través de una cultura del éxito y su motivación en nuestro sistema educativo. Si era malo recibir las flores muertas, tampoco es bueno que nuestro jardín sea una propiedad cerrada a los demás, por usar su símil.
David Brooks, tras reflexionar sobre las palabras de Gardner, resume su posición de lo que ese "sentido" representa:

The first thing we mean is that life should be about more than material success. The person leading a meaningful life has found some way of serving others that leads to a feeling of significance.
Second, a meaningful life is more satisfying than a merely happy life. Happiness is about enjoying the present; meaning is about dedicating oneself to the future. Happiness is about receiving; meaningfulness is about giving. Happiness is about upbeat moods and nice experiences. People leading meaningful lives experience a deeper sense of satisfaction.
In this way, meaning is an uplifting state of consciousness. It’s what you feel when you’re serving things beyond self.*

El "sentido" no está ni en el éxito material ni en la simple vida feliz. Una vida con sentido está más allá de estos dos indicadores. Decimos habitualmente que "el dinero no trae la felicidad", pero sí lo hace si reducimos la palabra "felicidad" a unos mínimos con los que es fácil contentarse. Es la felicidad estándar; la que los otros perciben como tal y la que damos como válida a falta de algo mejor.
El "sentido" es otra cosa. Qué sea realmente es difícil de determinar, porque será lo que cada uno encuentre en su camino vital. Es un "sentido" necesita ser propio porque solo podemos vivir nuestra propia vida. Gardner y Brooks nos dan algunas pistas, pero no se debe ir mucho más allá. Es el camino personal con el que se vence al absurdo. Por eso lo definen como aquello que sentimos cuando servimos cosas más allá de nosotros mismos.
Eso se puede quedar en palabrería y en saldos de autoayuda, pero significa que la satisfacción más plena se encuentra en los demás. Como sociedad y como personas nada hay más destructivo que el egoísmo y el egocentrismo, es decir, la incapacidad de ir más allá de nosotros mismos. Las personas que no son capaces de encontrar un sentido más allá de su propia satisfacción son de temer porque los demás son obstáculos o instrumentos en su camino.
Quizá debiéramos insistir en nuestra educación en valores más allá del individualismo, como hizo John Gardner; señalar que puede haber momentos en los que, en mitad del éxito perseguido, se descubra, como les ocurría a los personajes de Stendhal, que solo era eso.
La cuestión importante, lo que está implícito en la palabras de John Gardner, es que cuando eso se descubre ya es demasiado tarde y la vida se ha consumido. Por eso lo dice antes de que esos estudiantes salgan a la vida, la asuman en sus manos. Al igual que hemos ido construyendo con nuestras acciones esa forma con sentido, podemos encontrarnos con una vida cuya trayectoria no podemos ya cambiar.


Gardner no tuvo la pretensión de hablar del sentido de la vida, sino de una vida con sentido; algo que sí esta en nuestras manos. Él mismo señaló que la vida le marcó el camino de la acción cuando él solo esperaba el de la reflexión, en referencia a su vida académica. Fue ese el camino hacia el sentido que él encontró, el del activista, el del político reformista y reformador educativo.
No es necesario hacer grandes cosas, ser un héroe o un líder. Solo sentir que el mundo no acaba o empieza en usted; hacer sentir a los demás que no son parte del paisaje o del mobiliario. Esa es la primera piedra en el camino de la vida.
Al igual que se habla de un sentido de la vida, se puede hablar de un sentido de las instituciones, de los grupos y comunidades, de los países mismos. Nada más nocivo que ese andar a la deriva llevados por el simple impulso del paso de los días, sobreviviendo de crisis en crisis, siguiendo los ciclos. También se deben fijar metas colectivas para que la vida en común tenga un sentido.
En el obituario que la Universidad de Stanford le dedicó en 2002, se recoge el deseo de la familia de que nadie enviara flores a su funeral, que se destinara ese gasto a promocionar la causa en la que cada uno creyera, a los programas de becas que llevaban su nombre en Stanford y UC-Berkeley, o al John W. Gardner Center for Youth and their Communities, en la U. de Stanford. Le parecía que era la mejor contribución que se podía hacer.



* David Brooks "The Problem With Meaning" The New York Times 5/01/2015 http://www.nytimes.com/2015/01/06/opinion/david-brooks-the-problem-with-meaning.html





sábado, 14 de julio de 2012

Niñatos y lobbies o por qué las elites apestan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El artículo más leído hoy en la edición digital de The New York Times, por encima del de Paul Krugman (en segundo lugar), es del de David Brooks, con el expresivo título "Why Our Elites Stink". Plantea Brooks un tema candente cuando se despierta, el problema del liderazgo social, su origen y su responsabilidad, algo que lleva coleando de la Revolución francesa en adelante, con explicaciones sociológicas o filosóficas, según los casos y momentos.
La tesis de Brooks, que ha merecido hasta estos momentos 537 comentarios, muchos de gran interés, se centra en que las antiguas oligarquías, al convertirse en hereditarias, conllevaban un fuerte sentido de la responsabilidad, puesto que las actuaciones negativas afectaban a las líneas enteras de las familias. Uno era hijo y nieto de quién era y estaba obligado a actuar respetando la memoria de sus antepasados, por la que era medido y juzgado. Señala Brooks que la meritocracia, que se planteaba como un sistema más democrático, ha fallado estrepitosamente. Liberados de las tradiciones —nobleza obliga—, los nuevos advenedizos que controlan hoy los mecanismos del poder al que han llegado por sus méritos, seleccionados por sus resultados exitosos, han fracasado como "dirigentes" y se ha mostrado sobre todo como una clase "inmoral", sin principio alguno, ni heredado ni adquirido. Escribe Brooks:

Today’s elite is more talented and open but lacks a self-conscious leadership code. The language of meritocracy (how to succeed) has eclipsed the language of morality (how to be virtuous). Wall Street firms, for example, now hire on the basis of youth and brains, not experience and character. Most of their problems can be traced to this.
If you read the e-mails from the Libor scandal you get the same sensation you get from reading the e-mails in so many recent scandals: these people are brats; they have no sense that they are guardians for an institution the world depends on; they have no consciousness of their larger social role.*

Como no podía ser de otra manera, el debate es encendido y los lectores le señalan, creo que con razón, que esto no es una verdadera "meritocracia", sino más bien una plutocracia, que esos jóvenes exitosos, esos "mocosos" (brats), "niñatos", no han sido seleccionados solo por sus méritos, sino que sus méritos son el resultado de una selección previa: la fortuna de sus familias que les ha permitido obtener una educación mejor para llegar a sus puestos.
La cuestión es importante y puede llevarnos en diferentes direcciones: la desigualdad social en las oportunidades de ascender, el reparto, la moralidad, la responsabilidad social, la eficacia, etc.. Aunque sean direcciones distintas, no son fenómenos separados en la realidad, en la que se dan entremezcladas.
El denominado Principio de Pareto establecía una distribución 20-80 del poder. Wilfredo Pareto señaló que en la sociedad hay una división entre un veinte por ciento de personas que constituyen la elite y concentran el poder, y el ochenta restante, la "masa", que es quien produce para que esa elite permanezca donde está. Cuando se habla hoy del 1 y el 99% para significar las desigualdades de recursos, poder, etc., se está invocando una especie de "Principio de Pareto": el poder reside en unos pocos que se benefician del esfuerzo del resto.

El artículo de David Brooks es un comentario al libro del periodista Christopher Hayes, “Twilight of the Elites”. La idea de Hayes se centra en la corrupción de esas elites que se hacen con el poder y no lo sueltan, pervirtiendo la fluidez del sistema para impedir el paso de los mejores a los puestos de dirección social. Tratarían de bloquear los ascensos de otros más competentes, asegurándose su permanencia en el poder. Cada vez habría menos circulación social y estaría más restringida a ciertos grupos minoritarios que crearían sus propias elites.
La cuestión clave de la "meritocracia" es qué es un "mérito", algo que solo es posible establecer dentro ya de un sistema de valores. Un "sistema de valores" no significa un "sistema de buenos valores"; solo que existen unos criterios definidos como beneficiosos para la persona o la institución. Lo que se ha ido devaluando es la creencia en los aspectos globales de la sociedad (lo que sea bueno para muchos) y el afianzamiento, por el contrario, de la creencia individualista, personal o corporativa. La idea cínica de que la moral es solo para los débiles, fruto de las malas lecturas nietzscheanas, genera una sociedad en la que "triunfar" significa prescindir de cualquier lastre moral. El infierno económico (no hay más) son los otros. El interés propio o el de los que me pueden beneficiar es el norte de la conducta. Solo, o en compañía de otros, busco lo mejor para mí.


Los "méritos" en la meritocracia son el baremo del ascenso social, lo que se privilegia en cada caso para entrar a formar parte de esas elites interconectadas. La meritocracia establece conexiones entre el sistema político y el empresarial y financiero, sin excluir otros, como el académico. El enlace se establece desde una definición de los méritos de la persona en función de los intereses de la institución que lo selecciona. El hecho de que los políticos acaben en los consejos de administración de bancos y empresas u otro tipo de instituciones significa que esas instituciones los consideran "valiosos", por los motivos que sean, para su propio beneficio. Y el político lo sabe y se autolimita.

En junio se ha producido una interesante sentencia del Tribunal Supremo sobre el problema de los entramados políticos y empresariales. Los límites del Derecho no dan de sí todo lo que debieran en ocasiones y la capacidad de enfrentarse a situaciones nuevas con leyes viejas o desde perspectivas inadecuadas suele producir agujeros con consecuencias. La sentencia se refería a un político contratado por una empresa directamente para influir sobre la administración pública. La sentencia y la explicación sobre la cuestión de la reglamentación española sobre los lobbies tiene interés porque lo que se inicia como una disputa sobre la validez de un contrato, acaba siendo una muestra de estas connivencias de las que hablamos. La lectura merece la pena:

CUARTO.- Motivo primero. Infracción de lo dispuesto en los arts. 1261, 1274, 1276 y 1306 del Código Civil, pues la circunstancia de haber contratado la recurrente al Sr. Leandro en atención a las influencias que este pudiera tener en el ICS [Institut Català de la Salut] justifica la ilicitud de la causa del contrato de 22 de noviembre de 2002, lo que debe llevar consigo, en contra de lo que dispone la sentencia recurrida, la nulidad del mismo.
Se desestima el motivo.
Entiende el recurrente que el contrato es nulo por ilicitud de la causa, pues el Sr. Leandro (demandante) ofrecía sus servicios por la supuesta ascendencia política que tenía sobre los responsables del Servei, tratándose de un contrato de lobby o de influencias.
En el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se recoge el término "lobby" mencionando que se trata de voz inglesa, de Grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses.
El lobby o el lobbying (actividad de lobby) se intentó recoger, durante la elaboración de la ponencia constitucional, dentro del art. 77 de la Constitución (1978), sin éxito, siendo posteriormente objeto de varias proposiciones no de ley, sin resultado positivo. La última propuesta sobre la creación de un registro de "lobbies" o "grupos de interés" data del 10 de abril de 2008 a petición de Esquerra Republicana-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, que fue rechazada.
Dentro de las instituciones comunitarias está regulada la presencia de lobby, tanto ante la Comisión como ante el Parlamento europeo bajo los principios de honestidad, transparencia e integridad.
El resto de los Estados de la UE fluctúan entre la regulación y la tolerancia, pasando por el Reino Unido que apuesta por la autorregulación del sector, con estrictas normas deontológicas, ante la imposibilidad de someter a normas jurídicas a una actividad en constante proceso de transformación y adaptación a las necesidades de los clientes.**

El hecho de que alguien pueda ser contratado específicamente por sus conexiones políticas y su capacidad de "influir" sobre la administración, ya nos dice algo sobre el funcionamiento conjunto del sistema y del concepto de "mérito". Entiendo que la sentencia trata de recriminar a la clase política no haber sido capaz de resolver el problema de los lobbies desde la redacción de la Constitución hasta el momento. Lo enfocan desde donde pueden, con las armas legales disponibles.


La sentencia se articula sobre un concepto de "influencia" en la que se da por supuesta la autoridad de uno sobre otro, forma absurda de entender lo que es un lobby. Según esto, el delito solo estaría en políticos en activo, no en personas que, desde fuera, trataran de influir sobre las instituciones basándose en sus contactos y cargos anteriores. El lobby queda a salvo, puesto que no es el influyente si está fuera de las instituciones quien peca, sino el que pudiera ser influido. Lo demás se deja bajo otro tipo de figuras, como el "soborno", la "prevaricación", etc., ya tradicionales. Pero queda fuera el lobby y su esencia,  la conexión abierta, pues no está definido por aquellos que serán sus máximos beneficiarios en el futuro, los políticos que hoy legislan. Hay un lobby "anti regulación de los lobbies", por decirlo así. La sentencia nos lo recuerda al hacer historia.
Dejándolo en el aire, los políticos se aseguran sus retiros en las empresas, en las que son contratados por sus contactos con los que toman las decisiones políticas; la cadena no se rompe. Se constituye así una "clase puente" entre el mundo de las decisiones económicas, empresariales y financieras, y la clase política.


La cuestión que planteaban Brooks y Hayes —que el columnista de The New York Times zanja simbólicamente diciendo que él es partidario de la Revolución Americana, mientras que Hayes lo sería de la Francesa— es crucial para los próximos tiempos, pues las reformas que el sistema requiere para la supervivencia de todos están en manos de los propios y principales beneficiarios del sistema y los que lo han llevado al límite. Los "mocosos", los "niñatos" que han llegado como nueva hornada a las finanzas americanas no son más que la nueva generación surgida de la anterior, la que sembró la semilla; son los hijos de ese maridaje de elites, los que además de asistir a las mejores escuelas de negocios, tienen los negocios en casa. 


La clase se ha convertido en casta. La elites, como dice Brooks, "stink", apestan, y lo hacen sobre todo por falta de ventilación, porque se han convertido en sistemas endogámicos, sin apenas renovación. Nuestra actual crisis es, en gran parte, el resultado del fracaso conjunto de las elites económica y política, que se han ido fundiendo en sus intereses cada vez más desde los años ochenta en adelante. El sistema de lobbies a la americana e inglesa, se ha ido extendiendo más allá de sus fronteras y hoy tiene sus efectos ya globales.
La política y la economía acaban siendo problemas de fontanería: las cañerías sociales están obstruidas. Por eso huelen.

* David Brooks: "Why Our Elites Stink" The New York Times 12/07/2012 http://www.nytimes.com/2012/07/13/opinion/brooks-why-our-elites-stink.html?src=me&ref=general
** "Sentencia del Tribunal Supremo de 11 de junio de 2012 (D. FRANCISCO JAVIER ARROYO FIESTAS)" - Civil – Contratos. Contrato de lobby o de influencias. Notas de Jurisprudencia y Doctrina Civil, Mercantil, Penal y Procesal 9/07/2012 http://notasdejurisprudencia.blogspot.com.es/2012/07/civil-contratos-contrato-de-lobby-o-de.html