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lunes, 14 de septiembre de 2026

Crisis cultural y violencia

 Joaquín Mª Aguirre 

Si juntamos los datos que nos llegan sobre la juventud española, el caso pasa a ser preocupante. Estos días pasados, el tema de la falta de comprensión lectora y de rendimiento en determinadas áreas ha pasado a las primeras páginas de los medios y expertos de todo tipo, políticos, educadores han manifestado su preocupación por lo que el Informe PISA no dice.

Pero hay más. El problema es que nos resistimos a hacer la operación final: unir los datos ya que se trata del mismo sector. Acostumbrados a lecturas parciales, nos resistimos a aceptar que estamos hablando de los mismos. Esto muestra un problema más complejo, pero los especialistas, como tales, solo tratan con sus datos y trasladan una situación engañosa. La realidad es interactiva y no parcelada. Que los especialistas traten sus temas, no significa que el resultado este separado de otros factores que no aparezcan reflejados en sus propios estudios, pero que sí pueden aparecer en otros.

En RTVE.es recogen un reportaje aparecido en los noticiarios, con el titular "Preocupación en la Fiscalía por el aumento de casos de violencia de género entre menores", emitido el pasado día 10, del que se nos ofrece el siguiente resumen: 

Sinopsis

La memoria anual de la Fiscalía muestra su preocupación por el aumento de casos por violencia de género en menores. En 2025 se registraron 1.023 causas, un 15% más que el año anterior. En el texto se apunta a que estos datos reflejan que no están calando en los jóvenes los esfuerzos que se están haciendo en materia de igualdad.

En cuanto a los delitos contra la libertad sexual protagonizados por menores, también han aumentado casi un 36% en el último año. La Fiscalía lo califica como "una alarmante espiral que no deja de crecer" y lo vincula directamente con el acceso temprano a la pornografía que genera en los menores una concepción equivocada de las relaciones consentidas.

La ciberviolencia afecta, asimismo, a la población más joven y en los adolescentes: casi de tres de cada diez menores de 16 y 17 años han sufrido acoso digital.


Entre el juego de separar a los jóvenes de los adultos, como ya tratamos aquí, y el otro juego que lleva a la separación de los datos como si no fueran las mismas personas, el panorama es mucho más que preocupante.

Los datos de pérdida cultural dado por el Informe PISA y los datos de la Fiscalía se refieren a la misma población, los jóvenes españoles, que son los "españoles a secas" en un par de años. También son alarmantes los datos de suicidios de menores, otro factor cultural, un reflejo principal de la violencia que otros datos nos dan. Todo se junta sobre los mismos.

El especialista nos dirá que él solo trata los datos de su investigación, pero los sujetos de las investigaciones son los mismos. ¿Cómo vinculamos una cosa con la otra? No es necesario. Es la manía del "efecto-causa", cuando lo revelador es la visión sistémica, las interacciones. Todo lo que extraigamos del estudio de la juventud española por separado sale de una misma realidad y esta es muy preocupante.

El crecimiento de la violencia de género entre los jóvenes no es solo efecto de la pornografía temprana; lo es también de las enormes lagunas que la educación deja en la formación de los jóvenes, lagunas que no se cierran con la edad, sino que —simplemente— su estudio es tarea de otro especialista, publicado con otras etiquetas, en otro medios.

La protección de datos de los jóvenes que delinquen, su borrado o la imposibilidad de la imputación impiden comprender quién es el agresor adulto, saber su historial. Pero las bases de las agresiones sexuales no aparecen de repente; salen de unos precedentes y de una visión del mundo que no se hace en el momento. Pero eso lo desconocemos por un mal entendido de la protección y una ingenua visión de lo que es el comportamiento humano.

La violencia entre los jóvenes que nos describe el informe de la Fiscalía casa con el aumento de otros tipos de violencia: son peleas, robos, luchas con armas blancas, ciberataques, ataques en grupo a chicas, homofobia... Es una perversa normalidad que no podemos ignorar o buscar sus raíces fuera. Falla el modelo,

Mientras no juntemos los datos, podemos vivir en un cierto estadio de inocencia. Pero la realidad es otra: todos esos datos provienen de los mismos sectores. El crecimiento de la ignorancia no favorece precisamente una sociedad y sus valores positivos. Pero es más fácil echarle la culpa a las pantallas o a la pornografía, aunque no se haga nada por remediarlo.


Ayer nos mostraban en TV un reportaje del exterior en donde las escuelas obligaban a meter los teléfonos móviles en unas bolsas cerradas magnéticamente durante la jornada escolar. Era obligatorio encerrar el móvil para favorecer la sociabilidad, nos decían, pero el dato relevante eran los 20 euros que costaba el dispositivo, la bolsa para guardarlo. Son muchos los intereses alrededor de las causas y mucha la ceguera.

Es difícil solucionar problemas cuando algunos problemas suponen beneficios para muchos sectores. La sociedad que hemos creado ha crecido sobre intereses y no sobre valores. Discutimos sobre los peligros de la IA, pero nadie la va a frenar salvo un desastre real. Muchos aspectos de esta sociedad afectan a la formación y desarrollo de los ciudadanos desde la infancia, pero son muchos los intereses para que se modifiquen. Son, para unos, simples efectos secundarios; para otros, no es su problema.

Nunca ha sido fácil ser joven, pero en España se está poniendo especialmente difícil. Aumentan la incultura y la violencia. No es una novedad. Lo que sigue fijo es el beneficio que muchos obtienen de ello. La infancia refleja lo que ve y vive. La sociedad futura que se atisba no es precisamente relajada.

 

* "Preocupación en la Fiscalía por el aumento de casos de violencia de género entre menores" RTVEPlay 10/09/2026 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-1/preocupacion-fiscalia-aumento-casos-violencia-genero-entre-menores/17220118/

viernes, 25 de abril de 2025

El estudiante que adoraba a Hitler y no estaba radicalizado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En Francia, los políticos dicen que están preocupados por la cada vez más frecuente aparición de casos con armas blancas en colegios e institutos o en sus proximidades. No es el único país en donde aumentan este tipo de casos con armas blancas, algo que parece que  se está convirtiendo en parte del equipaje cotidiano para salir de casa. La cartera, el bocadillo... y la navaja.

Las navajas son asequibles, no necesitan cargarse y se ocultan fácilmente entre la ropa o dentro de un táper. Lo frecuente de los casos ha llevado a las autoridades francesas a promover algún tipo de detector que permita el control de la entrada en los centros de navajas, machetes y cuchillos de diversos filos y tamaños.

Si detectar metales es relativamente sencillo, detectar los instintos criminales, frustraciones, complejos, abusos etc. no es tan sencillo o, por expresarlo así, conlleva otro tipo de riesgos. Entre ellos el de poner a prueba nuestro sentido de la "normalidad", tanto individual como colectiva, nuestro concepto de convivencia, incluso de lo que supone ser "joven" hoy en día a la vista de los adultos, tanto familia como autoridades de diferentes niveles. Una vez concretado que no es "normal" llegar a clase con una navaja y emprenderla a navajazos con los compañeros muestra ciertos signos peculiares, por no calificarlos, los problemas van pasando de unos tejados a otros.

En RTVE.es se nos explican algunas circunstancias del caso:

El incidente ha tenido lugar hacia las 12:30 en el centro educativo privado de secundaria Notre Dame de Toutes Aides y el autor era uno de los alumnos. El resto de estudiantes del centro, de dos pisos de altura y que acoge a 2.000 adolescentes de entre 14 y 18 años, fueron evacuados a la sala polivalente y las autoridades enviaron un equipo de asistencia psicológica.

El autor del ataque no estaba radicalizado ni tenía antecedentes policiales, sino un perfil más bien depresivo, han apuntado fuentes de la investigación a la radio pública France Info. Uno de los heridos está muy grave, mientras que los otros dos no están en peligro, según los medios locales. * 

Los detalles precisos —la hora, el lugar, los pisos, el número de personas, la "sala polivalente", el envío un equipo psicológico... — son formas de "tranquilizar", de dar a entender que esto está controlado, aunque no lo esté. El procedimiento informativo se repite aquí y allí. Los términos técnicos dan a entender igualmente que tener un término técnico supone "comprensión" y que esta supone a su vez un cierto "control" sobre el mundo, algo que no es cierto.

Se nos dice que el primer ministro ha "sugerido" la posibilidad de instalar controles en las entradas de los centros escolares, lo que queda muy bien dicho, pero es más complicado tanto en lo económico como en lo social al transmitir que los centros y sus alumnos son algo más que jóvenes y niños deseosos de aprender. No es muy fácil vender tranquilidad y cultura cuando pasas por un detector o te cachean.

Se nos dice que

El autor ha sido internado en un hospital psiquiátrico tras un examen que determinó "la incompatibilidad de su estado de salud con las condiciones de una detención", según ha informado el fiscal de Nantes, Antoine Leroy.*

Desde que se empezó a identificar la "muerte" como "la incompatibilidad con la vida" hemos dejado de intentar comprender fenómenos muy humanos o sociales dejándolos sometidos a la oscuridad terminológica, es decir, al intento de ir más allá de las palabras o, al menos, de la palabrería.

Pero lo asombroso nos llega un poco después cuando se nos explica:

Varios alumnos han indicado que recibieron en la mañana un extraño correo electrónico de varias páginas que había sido enviado por otro estudiante. El texto se titulaba "La acción inmunitaria" y señalaba, entre otras cosas, que "la revuelta es la mayor victoria que podemos alcanzar".

"La gente conocía al alumno del instituto como un depresivo, decía que adoraba a Hitler. Envió un correo electrónico de 13 páginas a todo el mundo explicando todos sus problemas a la hora de comer", ha indicado a Afp una estudiante del centro.

Tras el ataque, el centro ha sido rodeado por la Policía y los servicios de urgencias y las autoridades han enviado un equipo de asistencia psicológica para los alumnos y el personal del centro.

Se nos ha dicho inicialmente que el alumno atacante no estaba radicalizado; se nos dice ahora que el calificado como "depresivo" por todos decía que "adoraba a Hitler". No entiendo como la adoración por Hitler no encaja en la idea de "radicalización". A lo mejor jugamos con otro tipo de significados que se me escapan, pero sí yo conozco a alguien que dice "adorar a Hitler", debería empezar a sopesar algunas posibilidades.

A lo mejor, "lo que todo el mundo sabía" habría debido servir para algún tipo de vigilancia o seguimiento. Mandar después al 7º de caballería francés a rodear el instituto no es más que una medida para tapar los errores en cadena cometidos. A lo mejor, insistimos, hubiera sido más útil mandar a los psicólogos a preocuparse del "violento no radicalizado y admirador de Hitler con problemas de la comida" que hacerlo después para atender a sus víctimas.

Llama la atención las palabras de los políticos:

El ministro de Interior, Bruno Retailleau, ha sido muy duro al afirmar que "hace falta reconstruir la autoridad. Vamos a una sociedad asalvajada". Retailleau ha responsabilizado a "una sociedad que ha fomentado el laxismo, que ha debilitado la autoridad", en declaraciones junto a la titular de Educación, Élisabeth Borne.

Es una pena que los políticos extiendan su dedo acusador y no se sientan nunca responsables de lo que ocurre. Parece que su fuerte son los sermones y no las soluciones a los problemas, aunque sean de su propio ministerio, como es el caso. Pero es probable que se suman en discusiones entre ministerios intentando dilucidar de quién es la responsabilidad, si de Educación o de Interior. Ninguno querrá asumir la responsabilidad de estos casos y es mejor echarle la culpa al conjunto, en el que nadie se da por aludido. "Laxismo", "autoridad", "sociedad asalvajada"... muchas palabras y pocos hechos. Parece que el ministro del Interior pasaba por allí,

Quizá deberíamos todos pensar en el origen de todo esto o, al menos, debatirlo de forma sana, es decir, intentando ir más allá de la palabrería y las acciones tardías e inútiles. Habría que empezar a ver muchas cosas de otro modo. 

Cadena SER

* "Una estudiante muerta y varios heridos en un ataque con cuchillo en un instituto de la ciudad francesa de Nantes" RTVE.es / Agencias 25/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250424/muerto-heridos-ataque-cuchillo-instituto-secundaria-frances/16553017.shtml

lunes, 7 de noviembre de 2022

La violencia aumenta

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo hemos comentado en varias ocasiones y no debemos dejar de hacerlo: la violencia aumenta cada vez más rápido. No me refiero a las guerras y demás ejercicios clásicos de la violencia. Me refiero a la que nos ronda en lo cotidiano, la que lleva a que una boda acabe con cuatro muertos y diversos heridos, la que lleva a violaciones por parte de menores como diversión, al acoso escolar..., a todas esas cosas a las que nos estamos acostumbrando y que forman ya parte de la vida cotidiana en barrios, colegios, familias.

No sabemos muy bien el origen, pero algunos piensan que los encierros por la pandemia trajeron el desquiciamiento de muchos. Estar encerrados, la convivencia forzosa, el roce continuo sin posibilidades de desahogo ha traído unas mayores dosis de violencia.

Pronto saltaron las cifras de la violencia doméstica. Era esperable, ya que la convivencia forzada de aquellos que son poco compatibles o directamente incompatibles. No hay unas leyes específicas de la violencia, pero está sí sigue ciertas tendencias en las que se percibe el aumento.

Los violentos se ceban en las víctimas, que no tienen muchas posibilidades de aislarse. Después, las tensiones nerviosas provocadas por la ruptura de los hábitos, se traduce en más intensidad en los conflictos hasta que finalmente se estalla contra la otra persona. Ha habido muchos más casos de violencia de género en este tiempo y parece que las nuevas condiciones disparan la crispación.

A la pandemia le ha seguido la presión económica y laboral, que también son formas que hacen crecer la tensión, que salta a la más mínima. En el caso de los jóvenes, no hay fin de semana que no haya reyertas con armas blancas, principalmente. El hecho mismo de salir a divertirse con las armas ya es un indicador claro del clima que se percibe como lo habitual.


Las noticias sobre este tipo de incidentes son constantes y se han convertido en habituales en los medios, que tratan ya de ellas como parte de la vida cotidiana, no como excepcionalidad. Parece que hemos asimilado que la violencia es la forma de resolver problemas.

Falla algo más que la educación, que lo va dejando como problema irresoluble y procura que la violencia no estalle en los centros, pero lo hace en el fin de semana.

Pero la cuestión no se refiere solo a los jóvenes. Han aumentado los casos de violencia entre personas mayores, entre ancianos que acaban resolviendo en asesinatos sus conflictos o ejercen la violencia en los lugares que comparten.

El caso del asesinato de la esposa en una pareja de británicos en Benalmádena, con él padeciendo Alzheimer, es otro de los casos que nos sorprenden estos días. Ha habido otros entre compañeros de habitación en una residencia. No, los mayores tampoco se libran.

¿Es una falsa percepción de la violencia como resultado de un aumento de la crispación por el empeoramiento de las condiciones de vida? ¿Estamos pagando algún tipo de estrés que se resuelve en violencia? ¿Nos crean los medios esta percepción al centrarse en demasía en la violencia? Quizá hay una mezcla de todo.

Pero lo que sí hay es una queja de la falta de atención, de cuidado, de observación de todo esto. Cuando se describe la situación, encontramos fallos de prevención, ignorancia de las posibilidades reales, como el caso de la mujer asesinada y a la que no atendieron debidamente aquellos a los que recurrió. No es un factor irrelevante, pues muchos de estos casos podrían evitarse con una mayor atención e investigación de las causas. Pero lo que tenemos como otra constante es la queja por la falta de personal, por el deterioro de la atención, que la crisis económica lleva a sus peores extremos.

Si aumenta la tensión sobre las personas y estas estallan con más facilidad, la falta de prevención es un enorme riesgo. Como suele suceder, la falta de recursos aumenta la falta de prevención, por lo que los casos crecen. La exposición constante a estas noticias sangrientas genera igualmente tensiones. En fin, todo rema en la misma dirección.