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domingo, 30 de julio de 2023

Los guardianes egipcios

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El diario estatal Ahram Online de hoy, día 30, despliega un gran titular: "Questioning the right of guardianship", un artículo firmado por Ameera Fouad. El texto pone el dedo en una profunda herida a la que nadie se atreve a poner remedio. Como en tanto otros caso, las viejas leyes hacen viejo a los países y son los interesados en que las cosas no cambien los beneficiados siempre.

Esta vez el dedo en la herida lo ha puesto —como en muchas otras ocasiones— una serie de televisión durante el Ramadán, un fenómeno social profundamente egipcio. En muchas ocasiones, el debate surge al ver dramatizados los problemas reales de la sociedad, aquellos con los que se tienen que enfrentar cada día.

La "custodia" (guardianship) se refiere a la pérdida de derechos de las mujeres sobre los hijos y herencias cuando fallecen los padres. No es nuevo, pero hay que poner el foco sobre ello, algo que ha hecho la serie Taht Al-Wesaya (En custodia) este Ramadán y ahora pone sobre el papel Ameera Fouad con gran claridad.

El artículo comienza estableciendo la realidad de lo mostrado en la serie; no, no es ficción, sino una situación en la que se encuentran cientos de miles de mujeres, millones, cuando fallece el "guardián", la figura en que se centra el problema. Una mujer sola es impensable; necesita de un "guardián" y este ha de ser un hombre. No, leyes y tradiciones no dan para más y se produce el auténtico bloqueo, el que diferencia una sociedad que quiere ir hacia adelante y otra que no quiere perder los indudables privilegios que tienen unos sobre otras.

Nos explica el artículo sobre la constitución de la figura del "guardián": 

The guardianship law that entered into law in 1952 says that “guardianship of money is legitimate and necessary to give the guardian the right to supervise a minor’s financial affairs.” It sets out rules to preserve the assets of a minor and invest them, including by signing financial contracts and disposing of any money for the benefit of the minor. 

According to the law, this right can only be given to the minor’s father, grandfather, or guardian appointed by the father such as a judge or trustee.* 


Se trata, como se ve, de controlar la vida de los menores por encima de los derechos de la madre, que en esa ley del 52 son ninguno. Conozco casos de chantajes para no quitar la custodia a la madre; los apetitos de los parientes masculinos (tíos, abuelos) se pueden calmar momentáneamente si sacan algo a cambio. La ley se lo pone fácil. La falta de consideración a la mujer hace el resto. Ella no es más que una intrusa que quiere privar a la familia paterna de "sus derechos" sobre la herencia. Ellos serán los que manejen los bienes y capitales que hayan quedado en herencia hasta que sea la edad mayoritaria del hijo varón. El camino de las hijas es más complicado, como es obvio; les será difícil su independencia y en ocasiones se les puede organizar un matrimonio con un primo, de tal forma que si se casa todo quede en la familia de nuevo. Lo que el tío administró, se lo llevará el primo.

La serie de televisión ha hecho visibles los muchos casos en los que las mujeres sufren estos efectos de la ley del 52. Son leyes del principio de la república árabe de Egipto. Los sublevados tuvieron que contar con los islamistas porque carecían de contactos sociales y fuerza en las calles. No les debió parecer mal —como tantas veces— ceder ante los islamistas que daban privilegios a la parte masculina de la sociedad egipcia. Las mujeres quedaban fuera y no sería la primera vez. Todo era muy "islámico" y las mujeres debían aceptarlo.

Todavía ahora, después de un tiempo de su muerte, siguen actuando en las redes sociales contra la voz que no cedió en ningún momento, la de la escritora y feminista Nawal el-Saadawi. Los textos, páginas, etc. dedicados a su memoria siguen siendo atacados por energúmenos fundamentalistas que celebran su muerte, en el nombre de Dios, y se la desean a todos los que siguen su ejemplo.

Es en las redes donde se da la lucha en Egipto, para bien y para mal. Es en las redes donde se ha manifestado el racismo por una posible Cleopatra negra, tal como mostró Netflix, o donde ahora se pelea por intentar denunciar y cambiar el estado de las mujeres en Egipto.

En el artículo se expresa al respecto con las opiniones de diferentes personalidades:

The idea of having a “male figure in their lives” was mentioned by many posts that went viral on social media. Mohamed Taha, a psychiatrist, said that the television series had exposed the dark truth that many women face.  

 “The fundamental truth behind the story reveals that Hanan [the female protagonist in the series] who is suffering from the loss of her husband, is exposed to the laws of guardianship. This is not only a matter for the children’s grandparents or uncle, who want to deprive them of their father’s fortune, but is also exemplified by her having to have male figures in her life so that she can keep on living,” he wrote in a Facebook post.

Women in Egypt and in many other eastern societies are treated as the equivalent of half a man in law, he said, even if they are ministers, judges, or are in a high-ranking position and even if the man in question is illiterate. Taha is the author of the bestselling book Ragel Sharki Monkared (Rare Eastern Man) and says that outdated laws must be revised in a way that preserves the rights of both men and women.* 

Más allá del fundamentalismo religioso, es difícil convencer a la mitad de la población que renuncie a un "derecho divino" sobre las mujeres, consideradas como se ha señalado en el texto, como "medio hombre" en su valor.

La mujer es percibida como un ser débil, incapaz de atender a los problemas, una máquina de cometer errores, etc. sin la ayuda del hombre, que debe siempre supervisarla.

El hecho de que gobiernos no islamistas hayan mantenido esta ley y sus consecuencias nos permite entender que hay dos niveles de lo político en Egipto (y otro países del mismo espacio cultural), el meramente político, que acaba siendo masculino, que evoluciona afirmando que el poder es cosa de hombres; y un segundo nivel, el profundo, en el que todo esto se fundamenta en la religión y en la tradición construida. Como ya explicamos hace muchos años, los islamistas y fuerzas tradicionalistas prefieren controlar el nivel profundo (el social) antes que moverse por el "político", que es siempre circunstancial, cambiante. Esto explica el desinterés democrático de una enorme parte de la sociedad egipcia, que tradicionalista prefiere mandar y controlar a esa porción de mujeres con las que se hace en su vida.

De esta forma, la mujer será vista siempre como una forma rebelde, destructora, que desea derribar el régimen masculino y todo lo que este representa. A muchos egipcios les da igual quién mande; pero no están dispuestos a dejar de mandar sobre las mujeres.

De ahí el odio a mujeres que como Nawal el-Saadawi reivindicaron su propia autonomía y mantuvieron a los hombres fuera de su propia esfera. Son tan desiguales las leyes para hombres y mujeres, que cualquier comparación resulta ridícula.

Para los que niegan la violencia de género, aquí tienen un claro ejemplo de cómo las instituciones, bajo dominio patriarcal, consiguen hacer que sean las leyes las que repriman y controlen a las mujeres. Egipto tiene en muchas de sus mujeres el futuro que se merece. Lo hemos dicho antes y lo repetimos ahora. Pero no es un futuro fácil. Las fuerzas del tradicionalismo fundamentalista están incrustadas en las instituciones y en la vida social rigiéndola. Saben que perder el control es perderlo todo.

Ahora una serie de TV lo ha puesto todo patas arriba. A ver hasta dónde pueden llegar. ¡Ánimo!

* Ameera Fouad "Questioning the right of guardianship" Ahram Online 30/07/2023 https://english.ahram.org.eg/NewsContent/50/1210/505449/AlAhram-Weekly/Living/Questioning-the-right-of-guardianship.aspx

martes, 18 de mayo de 2021

La historia en colorines

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El régimen egipcio no tiene bastante con silenciar las voces críticas y opositoras, reduciendo al silencio, a la promoción turística o a la gloria del Presidente, regalo de la providencia al país. No tiene bastante con haber hecho que desaparezcan los periodistas que se la jugaban contando lo que pasaba o los corresponsales, cuyos medios recibían discretos avisos sobre la necesidad de relevar a los que eran demasiado "críticos" con el paradisiaco estado donde no existe la corrupción. 

Recordemos que ponerle cifra a la corrupción egipcia hizo dar con los huesos en la cárcel al Auditor Jefe del Estado, simplemente por hacer su trabajo. Recordemos cómo acabaron con sus huesos en la cárcel todos aquellos que osaron presentarse a las elecciones para la presidencia del país, todos en la cárcel y teniendo que buscar rápidamente un opositor de cartón entre los más fieles para hacer el paripé ante el mundo.

Los medios han sido reducidos a la nada política. Son una sucesión de fotos del presidente y sus ministros, con discursos uniformes, y el hallazgo continuo de momias y enterramientos, ciudades bajo la arena, etc. con los que tratan de atraer la atención internacional y algo más: que el Egipto antiguo tape al Egipto moderno. El caso más surrealista fue el organizado desfile del traslado de las momias del Museo de El Cairo a su nueva residencia. La mascarada nos mostraba a egipcios disfrazados, camiones camuflados de carrozas y un respeto reverencial por aquellos muertos de las viejas dinastías faraónicas, ahora receptores del respeto ante el espectáculo montado, una fantasía mezcla de Disney y de Cecil B. DeMille.



Pero el mundo egipcio de fantasía acaba de dar un paso más, tal como recoge en un excelente artículo de Marc Español en el diario El País, titulado "Egipto reescribe su sombría historia reciente en las series de televisión del Ramadán". El régimen de al-Sisi nos deja un ejemplo de libro sobre lo que es la propaganda y la reescritura orwelliana de la historia. No en vano el libro de George Orwell 1984 se convirtió en una posesión peligrosa en Egipto. El régimen nos acaba de dar un ejemplo sobre cómo actuar sobre la memoria colectiva, seleccionando, distorsionando y eliminando a voluntad los acontecimientos y representándolos unidos por una trama unitaria narrativa que sustituye lo ocurrido con las emociones de las ficciones "inspiradas en hechos reales".

El escándalo ha saltado allí donde puede, fuera de las fronteras. Son muchos los medios que consideran impresentable esta reescritura descarada de la historia, que por algo escriben siempre los vencedores. Pero hay ciertos límites al descaro que el gobierno egipcio ha hecho mal en traspasar, porque al igual que ha hecho "su" serie, los medios internacionales han sacado a la luz de nuevo las brutalidades ahora recogidas con justificaciones o convirtiéndolas en irreconocibles.

De esta forma lo que el régimen de al-Sisi pretende tapar y recolocar los recuerdos, se ve sometido a un fuego cruzado de acusaciones de manipulación y al refresco de los hechos, con matanzas incluidas.



La vallas publicitarias de las ciudades egipcias incitan a permanecer en casa "degustando" estas series, que siempre incluyen alguna que otra polémica, pero que este año han desbordado las discusiones habituales.

Nos cuenta Marc Español en el inicio de su crónica:

 

A lo largo del mes musulmán del Ramadán, durante el que las telenovelas viven su gran momento del año, una serie ha atraído especial atención ―y una dosis igual de polémica― en Egipto. El propio presidente del país, Abdelfatá al Sisi, le dedicó elogios en su recta final, y la icónica plaza de Tahrir de El Cairo se llegó a cerrar brevemente para tomar una foto de equipo, un honor reservado solo a grandes ocasiones de Estado.

La serie, llamada La elección, representa un ejercicio inédito de revisión histórica de la lucha antiterrorista en el país entre 2013, coincidiendo con el golpe de Estado de Al Sisi, y 2020, fiel a la narrativa del régimen. La descripción de la productora, vinculada a los servicios secretos del país, no deja espacio a la duda: “basada en hechos reales”, la telenovela “revela el verdadero heroísmo de las fuerzas de seguridad para proteger a nuestro país del terrorismo”.

“Nuestras fuentes para la precisión [de la serie] provienen del Ministerio del Interior y las demás fuentes que hemos obtenido de diferentes entidades de confianza en Egipto”, asegura Hossam Saleh, el jefe de operaciones del Grupo de Medios Egipcios, el conglomerado que posee la productora. “Para la información sobre los personajes, en la mayoría de casos conocimos a sus amigos, personas y familias, y los detalles vienen de ellos”, añade Saleh, que señala que la serie ha llevado un año de trabajo y ha llegado a millones de personas.

Que la serie fue una de las principales apuestas del año se desprende de la calidad de su producción, que contrasta con una historia y narrativa maniqueas, simples y masticadas para el gran público. Las fuerzas de seguridad aparecen siempre dispuestas a sacrificarse, exhiben una actitud heroica, son intuitivas, inteligentes, meticulosas, tienen sangre fría y derrochan valentía y cierta chulería para completar el prototipo de masculinidad. Frente a ellos se encuentran personas conducidas por su interés personal, cobardes, mentirosas, manipuladoras, drogadictas y con el cerebro lavado. El blanco principal son los miembros del movimiento islamista de los Hermanos Musulmanes, que aparecen demonizados y como el origen de cualquier grupo extremista.*

 


Transcurridos diez años de la Primavera Egipcia, lo que queda es un país transformado en esta opereta, en este cómic maniqueo con pretensiones de verdad histórica. Pero, como le enseñó el León a Hércules en la fábula de Esopo, el que hace las estatuas es el que da su visión del mundo. La estatua triunfante, valerosa, patriótica, etc. está escrita por los mismos que silencian muchas cosas, que han detenido a muchos que todavía no se sabe dónde están, que han hecho salir del país a periodistas, a académicos, que ha creado un imperio mediático entre los medios controlados directamente por la Inteligencia Egipcia o los ofrecidos como ofrenda por los amigos deseosos de aparecer como afines al poder adulándolo.

En todo este tipo de control de al-Sisi hemos visto crecer un "tradicionalismo" musulmán opuesto al de los islamistas, pero con los mismos resultados, eliminar a los "liberales", a los demócratas, que abogan por un Egipto menos dogmático e intransigente. Bajo la apariencia de defenderse de los Hermanos Musulmanes, el gobierno egipcio se ha construido sobre una imagen doble, virtuosa y piadosa. No en vano fue Sadat el que se le apareció en sueños, según su propia confesión, a al-Sisi para decirle que se hiciera cargo de mando del país como alternativa al caos, preconizado siempre por unos hipotéticos enemigos de Egipto desde el origen de los tiempos y que no cesan en tratar de destruirlo, de frenar su llamada a la grandeza, envidia de la humanidad, que se lo debe todo.



La construcción del nacionalismo egipcio es de gran interés, pues es efectivamente allí donde tiene lugar el nacimiento de las fuerzas en pugna, del nasserismo panárabe a los mismísimos Hermanos Musulmanes, fundados en los años 20 y en los que Nasser mismo se apoyó para conseguir emanciparse de los ingleses, más interesados en el canal que en las pirámides. Finalmente, Nasser engañaría a los Hermanos y comenzó una compleja lucha, de atentado en atentado, de encarcelamiento en encarcelamiento. Al-Sisi decidió crear un mix entre el piadoso Sadat y el moderno Nasser, que le sirve para todo menos para convencer a los que sufren su acoso. Detrás el enorme y oscuro tinglado del Ejército, auténtico amo de Egipto, llave del poder y garantía de permanencia.

La serie de Ramadán es un monumento a la figura de ese Ejército, de esa Policía convertida a los ojos del ciudadano en garantes ante la denunciada intención de destruir el Estado, concepto que a al-Sisi le gusta manejar en sus discursos. Los enemigos de Egipto (muchos y variados), nos dice, siempre están intrigando contra nosotros. Con ello se adula el ego de los egipcios, que viven en un complejo mundo, sobreviviendo los que pueden, acostumbrados a las vías intrincadas y paralelas para resolver problemas, siempre diciendo lo que tienen que decir para no molestar a los que les pueden complicar la vida.

Por lo que nos cuenta Marc Español, no hay tópico que no se añada al discurso televisivo, no hay detalle que no se haya añadido para hacer verosímil algo que muchos egipcios aceptarán gozosos, mientras que otros, en silencio, moverán las cabezas.



El Ejército no admite más discurso que el propio y eso es extensivo a todo el aparato de Seguridad del Estado, un aparato que no se renovó después de la dictadura, que no se renovó con los islamistas de Morsi y que sigue con esa sensación de impunidad y eternidad que le da ser el fabricante de las versiones oficiales, de sobrevivir a todos. El mismo al-Sisi era el encargado de la Inteligencia cuando se produjo la "auto caída" de Mubarak y era el siniestro ministro de Defensa cuando el Ejército derrocó a Morsi. Era el militar que prometió que tras el golpe Egipto no tendría un militar al frente. Una interesante trayectoria, desde luego.

Hace tiempo que no saltan a los medios historias sobre los métodos de la Policía egipcia, sobre la facilidad con que se tiran por las ventanas los detenidos o con la que mueren en las celdas las personas que entraron sanas. No es por falta de casos, sino más bien por falta de guionistas que acepten escribir estos argumentos basados de verdad en hechos reales.



No estaría mal hacer una serie para el próximo Ramadán con el secuestro, tortura, asesinato y abandono del cadáver en una carretera del estudiante italiano Giulio Regeni, solo culpable de escoger Egipto como lugar para realizar su tesis doctoral. Tampoco estaría mal una serie emotiva sobre la muerte, tiroteada en plena calle, de Shaimaa al-Sabbagh, la poeta de las flores, muerta por llevar unas flores para conmemorar a los caídos un 25 de enero, día de la Revolución. 

Ellos y muchos otros darían para series interesantes sobre los derechos humanos, sobre el deseo de libertad para todos los egipcios que tenían los que han sido encerrados y  se encuentran aislados entre la disputa de militares e islamistas, aplaudidos unos y otros por aquellos que quieren imponer su vida y pensamiento a los demás. Muchos son oprimidos voluntarios, con gusto, que besan sin rubor los retratos de su dominadores.



La burbuja del poder egipcio es cada vez más envolvente, cada vez quedan menos resquicios por los que entre la realidad. Con las redes vigiladas, las instituciones controladas, con los medios cerrados, silenciados o convertidos en propaganda, a Egipto solo le queda, efectivamente, sacar a las momias a la calle y llevarlas a sus nuevas sedes. Entre viajes, las series exitosas del Ramadán permiten aplaudir mucho de lo que se debería llorar.

Egipto ha entrado en una fase aguda de teatralidad. Al trajín de las momias  se suma ahora el de la historia reciente, lo que es tentar demasiado a la suerte.

 

 

* Marc Español "Egipto reescribe su sombría historia reciente en las series de televisión del Ramadán" El País 18/05/2021 https://elpais.com/internacional/2021-05-18/egipto-reescribe-su-sombria-historia-reciente-en-las-series-de-television-del-ramadan.html



martes, 12 de junio de 2018

La foto de Nasser o no me cuentes cómo pasó


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No es fácil contar el presente, tampoco el pasado. Lo que gusta a unos, incomoda a otros. Y conforme pasa el tiempo, todos tienen su "verdad", que tampoco es eterna, sino mudable con los cambios.
El Egipto de hoy tiene la piel fina y suele saltar a la primera en que siente que los demás cuentan las cosas alejados de sus propios puntos de vista, algo inevitable. El último incidente no ha ocurrido con The New York Times o The Guardian, sino con sus vecinos los saudíes, con los que se llevan bien gubernamentalmente y no tanto desde el pueblo llano. En especial con aquellos que aprendieron en sus libros de texto que las islas de Tiran y Sanafir eran egipcias para descubrir después que su presidente opinaba lo contrario y se las ofrecía en bandeja al rey Salman un día que pasaba por allí-
Lo ocurrido nos lo traen los titulares de Egypt Today, que nos da la causa, "SCM officially protests MBC 'insult' against late leader Nasser"; y de de Egypt Independent, que nos ofrece el efecto, "Saudi Arabia omits TV series scene burning Abdel Nasser’s image".
Egypt Today nos contaba hace unos días de forma escueta:

CAIRO - 5 June 2018: Head of the Supreme Council of Media Regulation (SCM) Makram Mohamed Ahmed on Monday sent an official letter to the Saudi Minister of Information protesting a Middle East Broadcasting Center (MBC) offensive against late president Gamal Abdel Nasser.
A scene of Saudi series Al Asouf (Winds of Change) showed a photo of Nasser being burnt.
"It represents an insult to a great Egyptian and Arab symbol", the complaint read.
He called on the Saudi minister to remove the scene and to issue firm directives to the channel as well as production companies to stop offending Arab symbols.*


En la explicación entrecomillada se da una explicación lógica y un añadido. Podemos entender la consideración de Nasser como gran egipcio, pero la extensión de "símbolo árabe" implica que los demás están obligados a reconocerlo como tal. Y no siempre ha sido así.

Quizá tenga bastante que ver la manipulación del propio Nasser a manos del régimen actual, que se lo ha apropiado por encima de los partidos nasseristas forman parte de la oposición. La retórica del gobierno es clara: el nasserismo puede ser de quien quiera, pero Nasser es del presidente, como prueban las imágenes en las que se junta a ambos como el uno continuación del otro. Si, simbólicamente, al-Sisi es una reedición de Nasser sin nasserismo, quemar una foto tiene peligrosas implicaciones, aunque sean también simbólicas. Los presidentes egipcios (Morsi es la excepción y Mubarak está en ello) forman una línea unitaria que representa la continuidad del "estado" y el "ejército" y como tal deben ser interpretados por el pueblo que ha de ver en ellos los valores supremos. Esto es sencillo porque cada uno tiene su carácter heroico: Nasser el héroe Sadat el mártir. Mubarak está en proceso de beatificación.
Pero vayamos al origen de la cuestión, es decir, la serie saudí que ha levantado las protestas por la quema de la fotografía de Nasser. Al Asouf (Vientos de cambio) es una especie de Cuéntame cómo pasó, pero en versión saudí. En mayo de este año, Al-Arabiya nos daba cuenta de la serie con este titular, "‘Winds of Change’ series shows shifts in Saudi Arabia before and after the Sahwa". Pero antes, ¿qué es la "sahwa" o "despertar"?
En los cincuenta y sesenta, gracias a Nasser, se produjo una salida masiva de Egipto de los Hermanos Musulmanes. Nasser los puso en el punto de mira y ellos a él. La represión fue enorme y los Hermanos salieron del país. Muchos de ellos acabaron en Arabia Saudí, en donde se encastillaron y promovieron el "movimiento del despertar", es decir, un movimiento islamista y anti Nasser, que representaba en esos momentos un socialismo árabe que trataba de modernizarse desprendiéndose de los islamistas retrógrados, opuestos a las políticas del momento.
Al-Arabiya describe así la serie Vientos de cambio:

The series which is now broadcasted during the month of Ramadan displays the developments, transformations and the intellectual revolution that have took place during the late 1970s in Saudi Arabia and in the five decades since.
[...] The series, set sometime before 1979, centers around a Saudi family in a typical Riyadh neighborhood. That family takes in the abandoned baby while their neighbors refusing the action while others reluctantly accepting. There were also some scenes of a woman with long black hair wearing a black fabric without the long robed abaya who appears to be flirting with young men, contrary to what is accepted, while the market vendors beat a man who was harassing women.
The script writer, the late Abdulrahman al-Wabli who also wrote the story for “Haret al-Sheikh” took great care in introducing some Saudi details. There is a cleric who is seen encouraging people to read and memorize Quran, in a symbolic reference to the presence of the people of the Levant in the Kingdom. He also highlighted the role of the series’ mother figure Hila, considered the pillar and matriarch of the house. She accepts nurses the baby, and all along the episode persuades her own blood family that he is a blessing from God, not a curse, as her children went to work and bought milk which was a characteristic of that period.
The TV series succeeded in drawing attention to remind the world of the negative effects of what is known as the Sahwa, or awakening, phenomenon on Saudi society through what the series portrays how Saudis lived before 1979.**


Evidentemente, la serie es un ejemplo de la incipiente renovación saudí, que trata de ofrecer un auto análisis sobre su propia historia. La visión negativa de los efectos de la "sahwa" es una prueba de ello. No es que Arabia Saudí fuera precisamente un vergel liberal ante de la llegada masiva de los Hermanos Musulmanes, pero la llegada supuso un proceso de radicalismo religioso que fue más allá del país, pues es cuando se produce en otros lugares del mundo musulmán. La expulsión o huida de los Hermanos musulmanes supuso la transformación de muchas sociedades tranquilas en focos de radicalismo cuyos efectos padecemos hoy.
Parece que lógico que en el período que se nos describe, esa Sahwa islámica, a algún personaje le dé por quemar una foto de aquel que les expulsó de Egipto, mandó a muchos a la cárcel y a otros a lo desconocido. Lo extraño es que no lo hicieran.
Los islamistas, que habían tenido un papel anti colonial, perdieron su influencia cuando trataron de imponer al socialista y no alineado Nasser su programa conservador y retrógrado. Desde entonces, las relaciones fueron a peor. Si quemaban fotos, era a falta de poder quemarlo a él.
En Al-Arabiya se nos dice ya en el primer párrafo del texto y como recreación del ambiente de la época:

On the walls of the old houses made with mud hanged the image of the founder of Saudi Arabia, King Abdul Aziz and the image of Egyptian President Gamal Abdel Nasser.
One could hear the voice of the Egyptian singer Farid al-Atrash from an old recorder while Mohsen writes a letter to his loved one in Egypt, in addition to some nostalgic shots of vehicles that have long but disappeared.**


Pero la coexistencia saudí de las dos fotos no ha sido fácil en el tiempo. Hoy tienen un valor simbólico, pero la quema de la efigie de Nasser en la serie muestra que en algún momento, en esa Sahwa, la relación se torció con la exigencia de los radicales.
Hoy los vientos, como dice el título de la serie, son de cambio en otro sentido. Las transformaciones son lentas pero perceptibles, lo que no significa que los efectos de aquella radicalización conservadora ya no existan. La resistencia es grande todavía y Arabia Saudí es una fuente de conservadurismo religioso a la que le queda mucho por hacer para situarse en límites aceptables.
Como final de la presentación de la serie en mayo, Al-Arabiya señala lo que hace única a la serie y las reacciones iniciales:

Al-Salman said that the events and the general nature of the series is unique and have never been treated before, especially the period of time between the late sixties and the beginning of the seventies when the awakening impacted the Kingdom.
The Saudis tweets about this episode were contrasted; some criticized the view that the presence of a bastard child was evidence of decay in the society, while others denounced the portrayal of women in the show.
Other critics alerted that the series is an artistic vision that doesn’t necessarily present the image of society at that time accurately.
Other writers have argued that the small criticism against the show is bred from ideological and political backgrounds because the series corresponds with openness and for women to be free to wear whatever they want in addition to granting them the possibility to drive.**

Las tres tendencias en los tuits nos muestran las reacciones lógicas ante una serie que no solo rompe barreras dentro, sino que molesta a los egipcios. La reacción egipcia es sorprendente y visceral. Sorprendente porque quemar el retrato de Nasser forma parte de una ficción que representa el desengaño que produjo en los islamistas, lo que debería ser interpretado positivamente. Es decir: son los radicales islamistas los que queman su foto, algo histórico y, sobre todo, beneficioso hoy en que se lucha contra ellos.  Y visceral porque, para variar, no se ha reflexionado sobre lo anterior y quedan como irreflexivos.
La quema de la foto de Nasser ha hecho que se piense en términos actuales y no en los de entonces. Así nos lo cuenta Egypt Independent:

“Al-Asouf”, airing on MBC Channel, features a scene that shows the burning of Abdel Nasser’s picture.
Culture and Information Minister Awad Bin Saleh ordered the deletion of the scene upon a request from the head of Egypt’s Supreme Council for Media Regulation Makram Mohamed Ahmed.
Ahmed called on Monday for the Saudi information minister to delete the scene, to take necessary action against MBC, and to warn production companies against insulting Arab national figures.
Ahmed received a call on Thursday from Undersecretary of the Saudi Ministry of Culture and Information Nasser al-Hujailan saying the scene has been removed and stressed the continuation of communication, good relations and cooperation between Saudi Arabia and Egypt.
He thanked the Saudi minister for the quick response, adding that the scene represented an “insult to a great Egyptian and Arab symbol.”***


Desde la perspectiva de lo expuesto, todo parece absurdo. Una vez más, el gobierno egipcio quiere dar muestras de su poder y eficacia rectificando a los demás, por más que no tenga razón. Nadie insultaba a un "gran egipcio y un símbolo árabe"; simplemente estaban reproduciendo una situación histórica que se dio en el pasado en Arabia Saudí. Nasser sería un héroe para muchos, pero no lo fue para otros, que lo vieron como una especie de hereje, castigado además por Dios por su impiedad con la pérdida de batallas frente a Israel.
El gobierno egipcio de hoy quiere a Nasser como símbolo fotográfico que juntar con su presidente, pero lo es muy poco en el contenido, de ahí que parte de la oposición sean socialistas y nasseristas. Se enfrentó a los Hermanos y también al wahabismo saudí, de hecho el único dirigente árabe que no asistió a su funeral fue el rey de Arabia Saudí, ironías de la Historia.


Hoy se retira, a petición del Supremo Consejo que regula la información, la imagen en la que se quema la imagen de Nasser, pero está claro que su intención es contar el pasado saudí y no atacar a Nasser hoy. Señalan en Egypt Independent:

Mazen Hayek, spokesman for the MBC media group clarified that the removed scene was natural and is by all accounts in line with the dramatic events of the series.
Hayek said in an interview with Asharq Al-Awsat on Wednesday that the scene was intended for dramatic purposes only and was not aimed at defaming or insulting Nasser.***

Sí parece evidente, en cambio, el gusto actual por la figura de Nasser al ir identificándose progresivamente con la del liderazgo de al-Sisi. Los símbolos son importantes. Los responsables de la serie no han dudado mucho en quitar la imagen aunque reivindican suavemente que la Historia es la Historia.
En 2016, Makram Rabah escribía sobre la conflictivas relaciones entre Arabia Saudí e Irán y proponía como modelo de los cambios lo ocurrido entre el Egipto de Nasser y la Arabia Saudí del rey Faisal:

Ultimately, the history of Egyptian-Saudi relations and the current events that have unfolded stand as an example of how regional changes might unfold. While Nasser wanted to destroy and topple the Saudi monarchy, his current successor President Abdel Fattah al-Sisi has agreed to relinquish sovereignty of two Egyptian Islands to Saudi Arabia, which will be used to link both countries via a suspension bridge.****


Los tiempos cambian, sí. Lo que no se debe cambiar con demasiada rapidez es lo ya hecho, que solo puede ser contado de otra forma o ignorado. Las relaciones de Arabia Saudí con el Egipto de Nasser no fueron especialmente buenas y dieron acogida a los que el presidente egipcio expulsaba y perseguía. Así suele funcionar la política local, alojando a los enemigos de tus enemigos. Es probable que se quemaran muchas fotos de Nasser entonces en el Reino, incluso en el propio Egipto. Hoy no se puede contar sin protestas.



* "SCM officially protests MBC 'insult' against late leader Nasser" Egypt Today 5/06/2018 https://www.egypttoday.com/Article/1/51550/SCM-officially-protests-MBC-insult-against-late-leader-Nasser
** "‘Winds of Change’ series shows shifts in Saudi Arabia before and after the Sahwa" Al-Arabiya
*** "Saudi Arabia omits TV series scene burning Abdel Nasser’s image" Egypt Independent 10/06/2018 http://www.egyptindependent.com/saudi-arabia-omits-tv-series-scene-burning-abdel-nassers-image/
**** "Burning bridges: The Saudi Arabia-Iran conflict in historical context" Middle East Eye 13/04/2016 http://www.middleeasteye.net/columns/burning-bridges-saudi-iranian-conflict-historical-terms-729682967



lunes, 29 de diciembre de 2014

Las series sentadas o la tecnología como perversión narrativa

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es un hecho indudable que muchos avances tecnológicos, sobre todo los referidos a las comunicaciones, tienen como objetivo que estemos el día sentados delante de la pantalla de un ordenador. Trabajamos delante de una pantalla y nos divertimos delante de una pantalla, ya sea para disfrutar de películas y videojuegos o para ver la televisión o navegar por internet. Estar sentados produce dinero. Quizá por eso nos hemos vuelto —los que lo han hecho— más viajeros y se nos urge a que cojamos maletas y maletines, mochilas y neceseres para hacer ese turismo programado que comienza con nuestros sueños ante una pantalla. Allí descubrimos un paisaje precioso, unas costumbres exóticas, y, tras adquirir los billetes por la misma pantalla, nos adentramos en la realidad, retocada para que se parezca a la de nuestras pantallas.

Todas esas tecnologías —"móviles", "portátiles", etc.— nos hacen estar sentados o, si nos movemos, llevar la oficina y el trabajo puestos, como si se tratara de un traje en la calle o de un batín en casa. Todas estas cosas afectan a nuestra forma de vida. Cambiar un canal de televisión a mano, levantarse a contestar el teléfono, etc., se han vuelto gestos de un pasado atribuible a la época de las Cruzadas, al menos. Cada vez las cosas vienen más hacia nosotros y nosotros vamos menos hacia las cosas. Nos dicen que nos hemos vuelto sedentarios y es verdad. Moverse es más una acción complementaria que la principal.
Lo que no se estudia tanto es el efecto perverso de este mundo en las llamadas películas de acción y especialmente en las series televisivas que se distinguen, por su presupuesto mayor o menor, en el grado de movilidad que tienen sus protagonistas. Muchas se ambientan ya en épocas preTIC porque permiten el desarrollo de intrigas que mantengan alguna tensión. Ahora, por ejemplo, tienen que recurrir a trucos como la rotura del teléfono móvil o la pérdida de cobertura para que el argumento mantenga alguna tensión. Cuando hoy se hacen rescates gracias a las llamadas de los móviles que permiten localizar a personas perdidas o enterradas bajo edificios, cuando disponemos de GPS para saber dónde estamos, los héroes tienen que someterse a la humillación de la descarga de sus baterías o a trepar por una ladera para encontrar cobertura.


Los teléfonos móviles son tan útiles y están tan a mano que una civilización que tiene más números que personas, según qué países, tiene que hacer esfuerzos para conseguir tramas imaginativas. Hoy sería poco natural preparar una trama como la que hizo Alfred Hitchcock en "Asesinato perfecto" (Dial M for Murder). Aunque la gente tenga todavía teléfonos fijos muchos son inalámbricos y no tenemos uno sino varios repartidos por la casa.


Todas las películas que se han basado en que a la gente le cortan el cable telefónico para aislarlos y después hacer fechorías, quedan desestimadas. El famoso y socorrido "¡Han cortado el teléfono!" era un indicador del peligro que llegaba; ahora es más probable que sea por falta de pago que por situaciones de violencia en ciernes.
Pero lo que más afecta es Internet. Eso sí que ha supuesto un duro golpe para las películas de acción y en especial para las series televisivas. El cine lo combate a fuerza de explosiones, derrapes y volcados de coches, asteroides que se acercan peligrosamente, amenazas extraterrestres, etc., busca tramas que se alejen de la facilidad tecnológica de hoy en día para muchas cosas. Pero la televisión no tiene esos presupuestos y las facilidades tecnológicas les suponen un gran ahorro de muchas cosas.

El cine oriental ha sabido, en cambio, convertir estas tecnologías en demoniacas, por lo que las ha convertido en el eje narrativo de sus relatos terroríficos. Hay películas en las que tener un móvil y atender una llamada tiene sus castigo de ultratumba; pantallas de ordenadores de las que puede salir cualquier cosa o dentro de la que pueden acabar como te descuides. Han sabido convertir el mundo cotidiano de las comunicaciones tecnológicas en un infierno del que salen todo tipo de seres espectrales y niños con cortes de pelo inquietantes y miradas aviesas. Pero eso es cosa de japoneses y coreanos. Los americanos han hecho sus remakes, pero no es lo mismo.
Hay ciertas series que resuelven gran parte de su tiempo delante del ordenador, pegados al teléfono o, una variante importante, dentro de una sala de autopsias. ¿Lleva alguien la cuenta de cuántas autopsias vemos a la semana? ¿Hay mayor negación de la movilidad que estar quince minutos por capítulo hablando delante de un muerto? Cronometren. Luego se pasan otro tanto dándose los informes y, si no hay otro remedio, salen a la calle, que apenas vemos. Se han construido, además, unos laboratorios casi circulares por cuyos pasillos se dedican a dar vueltas sin cesar comunicándose las novedades de lo que han encontrado en el hígado, el ADN o debajo de las uñas. Ahora no es que los muertos hablen, como en las películas de ultratumba, sino que son parlanchines incontenibles de los que los protagonistas llegan a ser meros portavoces.


Sé que Henry James decía que la acción se encontraba en el interior de las mentes, que era algo interno, pero era porque le interesaba un cierto tipo de novela que requería de esos movimientos mentales que salen a la luz gracias a las conversaciones. Aún así, sus protagonistas al menos viajan de Europa a América y de América a Europa, según toque.
Pero me refiero a algunas series que tienen ya en su reparto un papel fijo, el "informático", los expertos en acceder a todo lo que se les pida (la mayor parte de las veces de forma ilegal). Basta con decirles con energía "X, localízame lo que se sabe de Z" o "¡intervén sus llamadas telefónicas!" o "¡dame el estado de sus cuentas bancarias!" o "¡Búscame los parientes hasta tres generaciones!", etc. Pasamos otro tiempo esperando a que otras máquinas nos den sus resultados. Esto ocurre con los bancos de datos de ADN o de huellas dactilares. La tensión llega muchas veces por lo que tarda en salir de la maquinita el dato necesario para resolver el caso.


Entre forenses e informáticos se nos ha ralentizado la acción de las películas de acción. En algunas series de televisión llega a ser exasperante, ya que una vez que has descubierto este sencillo truco narrativo, una vez que has llegado a desautomatizarlo, se te vuelve obsesivo y no puedes dejar de notarlo. 
En ocasiones, un largo texto explicativo se fragmenta entre los diversos suministradores de datos, que van y vienen trayendo los papeles que han salido de sus impresoras o, si la serie es muy moderna, con sus tablets en las que leen para que parezca más natural. "¡Hemos encontrado que el sospechoso X fue a l guardería con el sospechoso Z!", se cuentan. Todo está ahí, en la red. Una vez que se lo han contado todo, lo analizan y se congratulan de lo listos que son y deciden ir a por el sospechoso. Eso en el mejor de los casos, porque es bastante habitual que manden a algún acólito a por él o ella y nos los encontremos ya en el tercer lugar favorito de las series tras las alas de autopsias y los ordenadores: las salas de interrogatorio.


De nuevo más aislamiento, más sillas y mesas. Hay actores que ganan peso en el trabajo. Se convierte en un alarde interpretativo levantarse de golpe y lanzar una silla para intimidar al interrogado. Entran y salen interrogadores, abogados y todo el que tenga justificación para estar allí. Se les interroga de dos en dos, en salas paralelas; más sillas, más mesas. Nos muestran a los personajes sentados y a los miran tras el espejo y especulan sobre lo que acaban de escuchar.
Los guionistas trabajan armonizando todo esto, que supone unos grandes ahorros en producción frente a las series de "exteriores" (también las hay baratas), con movilidad, que se vea la luz del sol o la de las farolas si es necesario. Ahorran en varios capítulos de interiores para luego poderse permitir el derroche de salir a interrogar de puerta en puerta, de encontrar cadáveres en los parques o campos. Pero esto solo se lo pueden permitir las series de más éxito y más ingresos. A las de tipo medio se les permite algún ligero paseo por la ciudad llevando un café en la mano o parar a comprar un "hot dog" o arrinconar a un sospechoso en una acera, frente a su casa. Pero sin excesos, que luego los de producción se quejan.


Hay series en las que esto se llega a hacer insufrible. Han llegado a ser lo que Gila decía en una de sus celebradas intervenciones, la "radio en colores": conversaciones interminables, llegadas de datos y más datos (del censo, de la seguridad social, del FBI, de tráfico...). Se va de sala en sala: de las autopsias a los ordenadores, de los ordenadores a los interrogatorios y vuelta a empezar. Se ha trasladado lo que eran aquellas comedias (y son) en las que los personajes entran y salen de una habitación y hablan y hablan, a las series llamadas de acción, en las que va quedando poca.


Hay grandes series y los guionistas saben camuflar muy bien las costuras de los guiones para evitar que se noten demasiado las limitaciones. Pero en otras, los zurcidos cantan estrepitosamente. Es el ingenio y el saber narrativo el que permite superar limitaciones de espacio y presupuesto. Una buena realización puede hacernos olvidar que estamos dando vueltas por el mismo sitio desde hace diez minutos. Pero no siempre es así.
La serie "Sexo en Nueva York" destacaba porque se pasaban la mitad del día en la calle y la otra mitad en la cama o hablando de ella. Así es posible que se montaran tours turísticos por la ciudad recorriendo los lugares de la serie, sus bares, clubes, restaurantes y tiendas, para satisfacción de sus fans. Hoy las series sentadas nos enseñarían salas de autopsias, de ordenadores y de interrogatorios, y poco más. Los fans no tendrían mucho que ver.




miércoles, 23 de julio de 2014

El espejo y la pantalla o el crítico patriota

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online acaba de publicar un artículo del reputado académico egipcio, Dr. Abdel Moneim El-Mashat —economista y experto en cuestiones de defensa y relaciones internacionales, miembro de varias universidades y asesor y ex asesor de diversos consejos—, sobre un tema siempre controvertido en Egipto: las series televisivas del Ramadán. Las quejas cada año sobre el tono, los hechos reflejados, argumentos, lenguaje, etc., en las series se repiten. Hay de todo tipo y para todos los gustos, tanto quejas como series.
Para el mes de ayuno se reservan series capaces de mantener atención y discusión que hagan pasar el día hasta el esperado momento de la ruptura del ayuno con la llegada de  la noche. Sin embargo, la cuestión planteada por el articulista no se refiere solo a las intrigas y sus resoluciones, que no le gustan, sino a la vieja cuestión especular de los medios artísticos, qué deben reflejar. Pero también hay algo más que una simple cuestión de opinión estética.
El artículo comienza fuerte desde el título, que no puede ser más claro "Ramadan TV offers only rampant degradation and a false image of Egypt":

Thinking about the multitude of drama television series aired during Ramadan, one question comes to mind. Which genius, may God never forgive him, made a correlation between the holy month of Ramadan on one hand and the flood of shoddy series on the other?
Every Ramadan, I take a look at the dozens of series being broadcast to see whether they express the national spirit, and whether they are connected to the Egyptian and Arab reality.
This year, I am concerned by the appearance of artistic degradation on the Egyptian and Arab screen, a year after the most important modern revolution by the Egyptian people -- on 30 June 2013. This revolution uprooted theocratic authoritarian regimes from Egypt and the Arab world once and for all.*


Para el Dr. Abdel Moneim El-Mashat las infames series que se ofrecen por Ramadán pierden la ocasión de reflejar la situación creada por la "más importante revolución moderna" del pueblo egipcio, la del 30 de junio (en segundo lugar estará la del 25 de enero que tuvo la desgracia de acabar trayendo el islamismo, algo que se remedió después, "once and for all"). Se desespera porque no ve reflejados en las series ni a la "nueva mujer egipcia" ni al "nuevo hombre egipcio" (les dedica párrafos separados). ¿Dónde están? ¿Qué les pasa a los creadores de series?
Sus expectativas de lo que deberían ser las series de esta nueva época se han visto frustradas:

I thought, like many others, that the authors and scriptwriters would direct their efforts towards studying the Muslim Brotherhood mindset, and its relation with the forces of political Islam.
On the contrary, degradation was rampant in this year’s series in their entirety. The really frustrating thing is that a limited number of marginalised authors and some minor directors and producers control the taste of Egyptians and shape their false awareness through characters and stories which encapsulated an illegitimate blend of narcotics, cheap sex, domestic violence, deceit, lying and conspiracies.*


Allí donde se esperaba la radiografía analítica del islamismo y la Hermandad, el escalpelo flaubertiano diseccionando la realidad dejada atrás, se encuentran lo de siempre: sexo, violencia doméstica, etc. Lo de siempre, claro.
La ira académica se vuelve contra estos manipuladores del gusto nacional, que son incapaces de dar la imagen adecuada de los "nuevos egipcios" y siguen insistiendo, machacona y comercialmente, en lo que ya oficialmente no existe y no debería ser mostrado. Lo que hay que mostrar es la lucha, codo con codo, nos dice, del hombre y la mujer egipcios en las revoluciones, 25 de enero y 30 de junio, para la creación del nuevo país.


Pero todo esto, creo yo, ya lo inventó el arte soviético, empeñado en convertirlo todo en didáctico e ideal. Al final, esos buenos revolucionarios que luchan codo con codo y tienen hijos revolucionarios (a veces contra ellos) no suelen aparecer por ninguna parte porque se convierten en seres perfectos sin presencia real en ningún sitio. Son los riesgos de intentar reflejar la perfección, que nunca es suficiente.

Los medios egipcios, a través de algunos articulistas, la necesidad de "consolidar" una situación extraña, convirtiendo el "nacionalismo" en el eje del discurso frente al "islamismo". Esto es entendible como estrategia, pero pretender hacerlo a base de serie televisiva o de cualquier otro tipo de discursos "normalizadores" es ingenuo. La repetición de que el mundo es perfecto no lo convierte en tal.
La condena de las series de Ramadán es, por un lado, la de una imagen que no gusta y, por otro, la queja por la ausencia de la que gustaría ver, que está por escribir, pero que ya tiene sus musas inspiradoras de sobre qué y cómo escribir para el pueblo.
Se señala en el artículo:

With the beginning of forging a new way of governing that reflects a future vision for Egypt and Egyptians, we definitely don't demand a ban on broadcasting, but we need a committee of intellectuals and independent specialists who revise such writing and decide whether it fits the purpose of building a national consciousness among Egyptians or not.
Undoubtedly, this basic intellectual process, which forms the soft power of Egypt and is one of manifestations of the Egyptian state's influence, rests on the shoulders of President Abdel-Fattah El-Sisi, who cannot possibly look with favour on this artistic absurdity which demeans Egyptians.
Such distorted images directly affect the audience. There is nobody in these series, bar a few characters, who represents a respectable role model for Egyptian children or young people to emulate. What their minds store is too negative and needs revision and verification. Moreover, the mental image which these series create among foreigners about Egyptians is also extremely disagreeable.*


No sé dónde ve el Dr. Abdel Moneim El-Mashat la "novedad" de esto. Se llama "adoctrinamiento" y la protección del pueblo o la infancia, como en este caso, es la excusa más vieja del mundo. La formación "liberal" del articulista evita, al menos, que se exija la prohibición, pero sí la creación de ese "comité" que se dedique a la construcción de la "conciencia nacional" y decida qué o quién cumple. Es necesidad de revisar y verificar las mentes de los demás es una aventura que se empieza con alegría y termina siempre en el mismo sitio.
El final del artículo hace un llamamiento a todos para que la imagen del Egipto real —o ideal, según se mire— prevalezca en las pantallas y mentes que las reflejan:

Isn't it high time to totally separate the holy month of Ramadan from this serial degradation? Could it be possibly done in a legal or realistic way? Can't all of us, artists and audience -- and we are all patriotic Egyptians -- join forces in order to enhance public taste and participate in creating a national awareness of the graveness of the current stage in building contemporary Egypt?
Can we join forces in producing a realistic image of Egypt that reflects its potentialities and capabilities, through which we anticipate that Egypt's regional and international role will develop? Can the artists demonstrate their creations which they used before to energise the spirits of Egyptians, as was the case during the building of the High Dam, 1967 defeat and 1973 victory and other decisive events in Egypt's history?*


La mejor manera de velar por los patriotas egipcios, incluido el Dr. Abdel Moneim El-Mashat, que puedan salvar los escollos que tienen por delante, que no son pocos, es intentar reducir el nivel de conflicto para que se puedan recuperar la calma y la paz, que son dos cosas distintas.
La preocupación por las series televisivas de Ramadán muestra, una vez más, la pérdida de sentido de la realidad, de dónde se encuentran los verdaderos problemas del pueblo egipcio —económicos, políticos, etc.—. Pensar que esto se trata de una cuestión de "poder blando" es realmente irónico si no revelara el fondo trágico de una situación penosa que padecen todos y que no se clarifica. Es probable que los egipcios puedan agradecer más su esfuerzos como economista para salvar el desastre económico, que como crítico televisivo o ideólogo esteta. Una vez demostradas sus fidelidades y preocupaciones, debería ponerse a solucionar problemas reales, que falta hace.


Y si el Dr. Abdel Moneim El-Mashat quiere algunas buenas historias "revolucionarias" —ejemplares, didácticas— para el próximo Ramadán, podría interesarse por las de los revolucionarios del 25 de enero que se encuentran en la cárcel por protestar contra la ley anti protesta, versión moderna de la "ley de excepción" de la época de Mubarak y que estuvo en activo durante treinta años. Saldrían unas historias muy interesantes, con jóvenes idealistas luchando codo con codo, hombres y mujeres, contra las dictaduras y a favor de un régimen que no les diga cómo tienen que pensar desde ningún comité o mezquita. Las "recomendaciones" a las mezquitas para los sermones de Ramadán ya se hicieron para evitar "separaciones", que es un eufemismo. Las de las series también. Algunas se perdieron por el camino porque no eran gratas y no precisamente por motivos religiosos. No necesitan una pantalla idealizada, sino una realidad satisfactoria. Veremos si hay cambio en las series del próximo año, si hay nueva inspiración y ese consejo de sabios espectadores patrióticos sale adelante para cuidar de ojos y mentes durante el mes de ayuno.  



* Abdel Moneim El-Mashat "Ramadan TV offers only rampant degradation and a false image of Egypt" Ahram Online 19/07/2014 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/106602/Opinion/Ramadan-TV-offers-only-rampant-degradation-and-a-f.aspx