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domingo, 6 de septiembre de 2026

Lo que dicen los mapas

 Joaquín Mª Aguirre

Nuestra credulidad habitual ante lo que tenemos delante nos impide pensar en que las cosas no sean como las vemos. A muchos les habrán pillado por sorpresa los titulares sobre la controversia de los mapas. Son más frecuentes las disputas por fronteras, con guerras incluidas, donde no solo se enfrentan varios países sino varias versiones de los mapas en los que son representados.

Pero ahora ya no se trata de adjudicarse, de conquistar, sino de algo más complejo, por un lado, pero también más evidente, por otro. Se trata del tamaño, es decir, cómo son los continentes y cuáles sus relaciones proporcionales,

El tema lo tenemos en la prensa. Podemos leer en RTVE.es:

El mundo tal y como nos lo han enseñado en las escuelas durante casi 500 años fue trazado por el cartógrafo flamenco Gerardo Mercator. Togo se ha propuesto desmantelar ese paradigma cartográfico y la máxima instancia diplomática mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas, le ha dado la razón.

La iniciativa, impulsada bajo la campaña Correct The Map ("Corrige el mapa") con el respaldo de los 55 Estados miembros de la Unión Africana y organizaciones como Speak Up Africa y Africa No Filter, busca sustituir la histórica proyección por la denominada Equal Earth (creada en 2018). El objetivo principal es que este último modelo sea adoptado por la ONU, la UNESCO y los sistemas educativos internacionales para erradicar a Mercator de los libros de texto escolares y universitarios.*



Se creó el modelo hace 500 años y pocas cosas duran tanto. Pero en este caso, los intereses para que duraran han sido claros. Los mapas han variado mucho con el surgimiento de países, los momentos coloniales, etc. Pero se entendía que el formato del mundo, los continentes y sus relaciones, sus proporciones, etc. eran ajustadas. No tenemos otra forma de ver el mundo directamente. Lo que vemos en planos y esferas lo damos por bueno.

Pero los planos son la traducción del poder sobre el territorio; son una forma de afirmación del poder. No solo "muestran", sino que "dicen" sin palabras mucho sobre el poder.

El texto del artículo señala que

El objetivo de la iniciativa de Togo es claro: proyectar la dimensión real de África, un continente que en los mapas tradicionales se ve equiparado en tamaño a Groenlandia, cuando en la práctica es 14 veces mayor.

La disputa diplomática se enmarca en un momento de reconfiguración del poder en el planeta donde los países del Sur Global demandan mayor protagonismo. Mientras resoluciones recientes impulsadas por África en la ONU sobre reparaciones históricas han contado con el rechazo de Estados Unidos y la abstención del bloque europeo, el resultado de la votación sobre la cartografía medirá el peso del bloque africano. Países como Estados Unidos suelen oponerse aduciendo razones metodológicas y de estandarización técnica. Aunque, en el terreno doméstico, administraciones como la de Trump no han dudado en renombrar sus golfos y lagos fronterizos apelando al nombre del propio continente.*


El caso norteamericano con Trump va más allá. Aquí hemos citado los casos de golfos (cambiar "Golfo de México" por "Golfo de América") o lagos ("lago Ontario" por "lago de América"), pero lo que se obvia en que "América" es ambiguo, ya que el sentido que le da el trumpismo imperante no es el de "continente", sino el del los Estados Unidos "de América".


Nos olvidamos, por ejemplo, que hemos reducido el nombre real de los "Estados Unidos de Brasil" o de los "Estados Unidos de México" a "Brasil" y "México", Por contra, los "Estados Unidos de América" juegan a la ambigüedad expansiva siendo para una cosa "Estados Unidos" y para otra "América", El "América" que Trump cambia a golfos y lagos es el del país, no el del continente. Esto lo podemos observar y comprender con claridad en el "MAGA", donde la primera "A" representa al país (USA, "América") y no al resto del continente, que Trump se encarga de hacer "pequeño", dependiente y colonial, como vemos con Venezuela y las amenazas a Canadá, al que quiere convertir en nuevo estado. Afortunadamente, el mundo se ha dado cuenta y solo Google lo presenta con esos nombres coloniales de apropiación. Pero es una muestra clara de lo que significa poner nombres al mundo. No se creó el planeta con etiquetas ni países. Son mitificaciones de sueños del origen, de ahí el absurdo de muchas afirmaciones de corte nacionalista, con Dios por medio o no.

Lo que África pide es ser representada justamente y no desde la óptica deformada de las que fueron sus potencias coloniales o quieren serlo. Hacer que los países tengan su tamaño "real", guarden las proporciones adecuadas con otros es importante. Los mapas mundi actuales representan a Europa en el centro, porque eran el "centro" del poder. Desde allí, salía todo. Lo vemos como lógico y natural, es lo que nos enseñaron como real, sin embargo no es más que una decisión sobre la forma de representar.



Hoy tenemos otro sentido del mundo, pero seguimos con los viejos e inexactos mapas. No es de extrañar que Trump quiera hacerse con Groenlandia si la ve desproporcionadamente grande y apetitosa. No es de extrañar tampoco que Rusia se sienta "grande", "potente", cuando observa que es el único país que se representa en los mapas al este y al oeste del plano. Quiere volver a sus propios viejos mapas.

Que los políticos quieran más territorio encaja con sus mentalidades. Lo preocupantes es cómo se pliega a su mandato Google o cualquier otro al que recurramos como garantía.

 El acto de nombrar o representar y nombrar es siempre un acto político. Implica ya un cierto sentido propietario. Ahora se trata de hacer que sean las Naciones Unidas las que lo aprueben. Pero siempre nos quedarán otros que, como Trump, demuestran su poder poniendo nombres.


 

* Víctor García Guerrero "La guerra de los mapas: la ONU aprueba modificar el mapamundi y representar correctamente África" RTVE.es 4/09/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260904/guerra-mapas-togo-onu-fin-plano-mercator-aulas/17212771.shtml

lunes, 31 de agosto de 2026

USA vs Canadá (y el resto del mundo)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El inquilino de la Casa Blanca expande su territorio. No es solo el presidente de los Estados Unidos, sino que alguien le ha debido elegir para gobernar el resto del planeta. El daño que está haciendo al mundo y en especial a la credibilidad de los Estados Unidos es inmenso. No está cambiando el mundo, sino que será el mundo el que rehaga el papel de los Estados Unidos.

La doctrina Trump reduce el mundo libre a su propia libertad para hacer lo que desee con el resto del mundo, que queda supeditado a sus vaivenes constantes y contradictorios. Se anexiona territorios y reclama países; ataca y se queda con los productos que produce. Niega el papel de la voluntad en el mercado libre y lo convierte en un sistema chantajista con amenazas constantes que van de lo económico a lo militar. Trump ha hundido la credibilidad del sistema que pregona, que solo tiene sentido con un ejército amenazante y arsenales nucleares detrás.

Imitándole, avanzan las dictaduras disfrazadas de trumpismo local. El uso de la fuerza, la manipulación de las instituciones, los gritos de amenazas locales y extranjeras caracterizan ya a muchos gobiernos que hacen de esta violencia su bandera.

Con todo, le crecen imitadores por el mundo, con entusiastas seguidores que se proclaman patriotas únicos, militantes y constantes, dispuestos a encarcelar al discrepante estigmatizándolos como enemigos de la patria, que reclama sacrificios a sus poblaciones mientras que otros se abonan a beneficios oscuros.

Trump ordenó la captura de Nicolás Maduro y dejó un gobierno títere que acaba de entregar su petróleo a Estados Unidos y, sobre todo, controlará a quién se le vende, falsificando cualquier competencia de mercado, tratando de perjudicar a los que ve como competidores, en especial, China.

Bloomberg

Ha declarado guerra "rápidas" que se están eternizando y complicando la vida económica de países a los que estrangula económicamente con aranceles que afectan al mapa mundial de la producción y el consumo. Sus variaciones y cambios de humor vuelven locos a los mercados. Amenaza a los países que, como en Europa, multan a sus compañías, en especial a las tecnológicas, que son su apoyo.

Decreta la inmigración como un peligro y anima a ir a cazar migrantes en las fronteras. Estados Unidos, país construido por oleadas de migrantes, se revuelve poco a poco, se fragmenta. Algunos entienden que han creado un monstruo, alguien que amenaza sus principios constitutivos, sus libertades, egocéntrico y megalómano, alguien que sueña a la vez con guerra y salones de baile, con ver su cabeza esculpida en el Monte Rushmore y se considera el mejor presidente que ha tenido el país, por lo que considera un deber patriótico forzar un tercer mandato, para él "el cuarto", pues el presidente Biden le hizo trampas y le robó la presidencia.

Ahora tenemos un ejemplo más de su agresividad infinita e inacabable. Nos la traen en RTVE.es con el titular " Trump llama a las empresas canadienses a mudarse a EE.UU. para evitar los aranceles ":

El presidente estadounidense Donald Trump ha hecho este domingo un llamado directo a las empresas canadienses que hacen negocios con Estados Unidos a trasladarse al país “inmediatamente”, en medio de las continuas tensiones arancelarias entre los dos vecinos.

"Que todas las empresas canadienses que hacen negocios con Estados Unidos se trasladen a ese país de inmediato. Muchas de ellas se fueron hace años debido a la ineptitud del gobierno estadounidense. ¡Cuando regresen, no habrá aranceles!", ha escrito Trump en un mensaje en su red Truth Social. "Durante muchos años, Estados Unidos ha estado perdiendo más de 60.000 millones de dólares anuales con Canadá. ¿Por qué? Nuestras empresas, robadas hace mucho tiempo, ahora están regresando a EE.UU. para evitar pagar aranceles. ¡Están haciendo fila, igual que el resto del mundo!," ha asegurado el magnate en un mensaje posterior.

El mandatario ya había dedicado un mensaje este domingo para hablar sobre su vecino: "No quiero nada canadiense. Nos han estado estafando durante décadas, y eso se va a acabar", señaló Trump.*


Hace unos días señalaba a Canadá como un falso país, en realidad era un estado más de la Unión que trataba de evitar las contrapartidas. Un país, según su opinión "parasitario" que debería ser considerado como un "estado" más. Para Trump el mundo se divide en USA, en "estados parasitarios", "aliados" y enemigos claros. No hay reconocimiento más allá de estas categorías. Puedes pasar de enemigo a amigo, como ha ocurrido con Venezuela.

Como Canadá ha sido firme plantando cara a Trump, especialmente, con la cuestión arancelaria, ahora la amenaza es directa y apunta a la economía canadiense tratando de hundirla. La "oferta" a las empresas de Canadá supondría reducir el sistema de producción enfocado hacia el exterior a muy poco. No hay que explicar que el valor de las empresas canadiense se reducirá en los mercados así como las inversiones.

El siguiente paso, según la respuesta de los canadienses, será sancionar a los países que compren a Canadá subiéndoles más los aranceles, como está haciendo con Irán, tratando de evitar que pierda eficacia la amenaza.

Para Trump, hijo criado en el lujo a la sombra de un padre especulador y racista, no precisamente alguien que haya luchado por lo que tiene, es su versión de la "libertad de mercado". Repartidor de favores, colocando a familiares y amigos allí donde puedan sacar lo máximo posible, Trump crece cada día en sus males y el mundo con ellos.


Trump ha roto algo más que el régimen salido de la II Guerra Mundial. Ha convertido el mundo en trinchera donde solo se compite con la fuerza salida de las armas. Ya no hay visión compartida del mundo, pues solo los dictadores, autócratas y regímenes totalitarios pueden compartir esta forma de hacer las cosas.

Todo esto se camufla con aires religiosos (pueblo elegido, destino manifiesto...) y tradicionales (machismo, patriarcado, acciones anti LGTBI), racistas y xenófobos (el ICE, los decretos de expulsión, negación del tradicional derecho a la nacionalidad por nacimiento en suelo americano), imperialismo. 

Con todo, el argumento principal del trumpismo es el victimismo. Todo es una conspiración mundial contra el poder de los inocentes Estados Unidos. ¡Pobrecitos! No sé cómo han llegado a ser superpotencia hegemónica teniendo a tantos en contra. No sé cómo el mundo no ha reconocido su sacrificio inmenso de aceptar a los mejores en cada campo —del cine a la industria espacial— de todo el mundo y les ha permitido vivir allí a golpe de talonario. Económica y culturalmente el mundo ha sido colonizado por los Estados Unidos. Ahora toca recoger lo sembrado en campo ajeno.

Pero no se puede hacer que la gente lo aguante mucho tiempo pues todo esto sigue creciendo. Trump está escribiendo cada día su propio fin, cegado por soberbia y malsano orgullo.

Canadá lo paga porque se ha resistido —hay que aplaudirlo y ayudarles a sobrevivir—, ha tenido el valor de plantarle cara y hacerle ver que no es el amo del mundo aunque lo pretenda. Es el peor presidente que ha habido en los Estados Unidos, el peor presidente norteamericano para el mundo. Que él repita lo contrario no es más que un intento más de hacernos tragar una realidad deteriorada y un futuro cada vez más oscuro.

La ultraderecha mundial se vende como "amigos de Trump", aplaude sus políticas y asegura que con "ellos" no habrá ninguno de los problemas actuales. Esto, evidentemente, tiene un límite: el que compromete a los políticos locales con sus votantes, algo que le importa poco al entorno trumpista que busca, como ya vemos en varios países, sacar la mayor tajada y evitar que el país se relaciones en cualquier aspecto con otros. Ya hay medios mundiales que usan para lo que ocurre en Hispanoamérica el término de "neocolonialismo".

Debería elaborarse una lista de productos canadienses existentes en el mercado español, por si hay que echar una mano. Es mejor asumir riesgos que no querer ver dónde nos lleva todo esto. Los canadienses han comenzado a mirar las etiquetas de lo que les llega y hacer compras selectivas.

España ha sido amenazada en varias ocasiones. Lo único que hemos escuchado son las quejas de los dueños de bares y hamburgueserías próximos a las bases militares norteamericanas en España.

 Nos llega la noticia de que Trump se ha hecho un foto con un gran cartel en el que ha cambiado el nombre de "Lago Ontario" por el de "Lago América", como ya hizo en el sur cambiando el nombre al Golfo de México por el de "Golfo de América", en donde "América" son por supuesto, los Estados Unidos. Dueño del territorio y, a falta de él, de los mapas. Solo Google le ha secundado. 

 

Y Canadá ya le ha respondido desde la otra orilla:

* "Trump llama a las empresas canadienses a mudarse a EE.UU. para evitar los aranceles" RTVE.es 31/03/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260831/trump-llama-empresas-canadienses-mudarse-eeuu-evitar-aranceles/17206514.shtml

domingo, 11 de enero de 2026

¡Hazme un sitio en tu Nobel!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Han tenido que manifestarse la Academia sueca que concede el Premio Nobel para  explicar que María Corina Machado no puede dejarle un cachito a Donald Trump, que no se pueden realquilar o cualquier otra modalidad con el mismo fin. Esto significa que a Donald Trump solo le queda la opción de ocupar el terreno bajo los pies de María Corina Machado y secuestrarla con Premio y todo. No se desestima la opción de ocupar Suecia, claro está.

¡Qué gran injusticia!, piensan los trumpistas con el propio Trump al frente. Después de todo, ¿qué ha hecho la Machado para que se lo den? ¡Ella —la poco creíble, la que no tiene la confianza nacional y menos internacional— se lleva un Nobel porque no querían dárselo a Trump, que contaba con el generoso apoyo de Benjamín Netanyahu, que lo pedía para el presidente norteamericano! Pese a todo, Trump, con alma generosa, decidió secuestrar a Nicolás Maduro para llevar a Venezuela por el buen camino, es decir, el camino norteamericano.

¿Qué más tiene que hacer Trump para que le concedan el Nobel de la Paz? ¿Cuántos países debe enderezar para conseguirlo? Ahora, nos dicen en los medios, Trump se ofrece para liberar Irán, hecho que será malinterpretado por muchos. ¡Cuánta incomprensión!

Empiezas compartiendo el Nobel y terminas compartiendo el país... o países. ¡Ahora todos quieren ser invadidos por los Estados Unidos! Es un "¡Bienvenido, Mr. Marshall!" ajustado a las necesidades de cada país. Es hora de presumir de que te han secuestrado al presidente, de que Trump te llame para decirte con cuánto se quedan o qué les tienes que comprar.

En Google se muestran las preguntas que algunos se hacen: "¿Quién es el padre de los hijos de María Corina Machado?", "¿Cómo se consigue un Nobel de la Paz?" o "¿Pueden dos personas ganar el Premio Nobel de la Paz?". Desde la CNN lanzan un titular con más preguntas, impensable hace apenas unos días: "Farewell, forever wars, hello empire? The Week that changed the world" Parece que le van cogiendo el tranquillo para eso de los efectos de lo que ocurre. Con este presente, ¿qué nos queda como futuro?

Vayamos a lo esencial: ¿se puede compartir el Premio Nobel de la Paz? Más exactamente: una vez que te lo han concedido, aunque no se entiendan bien los motivos, ¿puedes hacer con él lo que quieras, como si empeñaras un Oscar que te han dado?

Los académicos del Nobel han sido claros: el Premio es personal e intransferible. Pero, ¿le importa eso a alguien que ha decidido que el destino del mundo es "personal" (suyo) y "transferible" (se queda con lo que le parace bien)?  

Groenlandia, dicen los groenlandeses, es "personal" (de ellos) e "intransferible". Han dicho todos que no quieren ser "norteamericanos", lo cual supone un error de percepción. ¿Quién les ha dicho que serán "norteamericanos"? Serán, todo lo más, "transferidos" al imperio. Tampoco lo venezolanos dejarán de serlo y volverse norteamericanos. Ya se están dando cuenta.

En realidad, el Nobel de la Paz ya es de Donald Trump. Lo que es de los venezolanos es ya de Trump, que es quien decide sobre sus destinos. Se queda con el Nobel como se queda con todo aquello que le interesa. No necesita que se lo "concedan"; lo toma como el petróleo o lo que se tercie. Trump invade y confisca. El primer acto de lo que Trump hace es la demostración de fuerza; el segundo, la confiscación del país, sus ciudadanos y todo lo que haya dentro, todo lo que tengan, incluido el Nobel de María Corina Machado.

El mundo se ha vuelto muy egoísta y no reconoce los esfuerzos de Trump para liberarlo de preocupaciones tontas. Él elige cargar sobre sus hombros la responsabilidad mundial y no pide, como otros, que le aparten el cáliz.

¿Qué decir de María Corina Machado? Lo ha dicho casi todo ella con su generosidad al desear compartir su premio con quien les invade. ¡Eso sí es paz!

¿Qué cuesta darle un Nobel de la Paz, aunque sea un cachito?

jueves, 8 de enero de 2026

Sin máscaras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los titulares de The New York Times lanzan avisos a los norteamericanos obre lo que está sucediendo. Tratan de evitar que en lo posible Trump se haga con los discursos, en donde lleva la iniciativa, Cuando le interesa, pone el foco y obliga a entrar en esos espacios de conflicto, alejando la mirada de otros.

Muchos de los titulares del periódico tratan de ir a la esencia del problema y no dejarse guiar por los cambios constantes. Podemos leer titulares como "Trump’s Voters Are Discovering What ‘America First’ Really Means" (Chistopher Caldwell), "Trump Is About to Lose Control of the Economy" (Jason Furman), "There Were Good Reasons to Depose Maduro" (Bret Stephens) o el análisis de "Europe and Rest of World Try to Come to Terms With Trump the Imperialist" entre otros muchos artículos dedicados a Trump, Rubio, Groenlandia, Venezuela.... Como puede apreciarse un variado grupo de artículos con distintos enfoques, incluidos los de justificación.

Es importante saber cómo se percibe en la prensa norteamericana lo que Trump está haciendo porque son muchos millones los votantes que le respaldan y tienen que conocer los efectos de sus acciones por el mundo y lo que despiertan hacia los Estados Unidos. Muchos, por contra, preferirán encastillarse en la visión mesiánica de un Trump enviado a demostrar al mundo lo que Dios quiere para el planeta, el dominio norteamericano.



Enfocado desde la fuerza, es "imperialismo"; enfocado desde la economía, es la negación de la idea de "mercado", pues se basa en la fuerza, el primer punto. Todo empieza por el poder de imponer. Lo demás son palabras, palabras, palabras... De esta forma Trump hunde uno de los fundamentos estadounidenses, el mercado libre, que se convierte en una jungla de depredadores, de control de los más débiles, obligados a comprar. Con Trump el capitalismo duro se quita todas sus máscaras.

Más allá de Venezuela (léase "petróleo"), de Groenlandia (léase "recursos naturales") del odio a la Europa parásita, etc., Trump está vendiendo en sus discursos los "favores" que Estados Unidos hace al mundo poniéndolo bajo su vota. Lo que se haga para hacer conscientes a los norteamericanos de lo que se está haciendo en su nombre y que tendrá consecuencias por décadas para ellos y para el resto del mundo, en el que debemos incluirnos.


Los que justifican lo hecho en Venezuela como un freno a una dictadura o al narcotráfico, las dos líneas argumentales justificativas que actúan como cortinas de humo de los verdaderos intereses, del enriquecimiento a los frenos puestos a la adquisición de energía y materias primas a competidores, pronto se van a tener que arrepentir si no lo han hecho ya.

La marginación de aquellos a los que se presentaba como ganadores frustrados de las pasadas elecciones venezolanas es un muestra demasiado clara para saber qué poco le importan los venezolanos, convertidos ahora en siervos a manos del más crudo imperialismo.

Nada le viene mejor a un imperialista como Trump que confiar en un régimen corrupto como el de Nicolás Maduro, cuyo interés será seguir en el poder a cualquier precio, lo que les evita la cárcel (en Venezuela o en Estados Unidos). Esto le supone solo un poco más de corrupción, algo asequible. Veremos cuánto tiempo se puede sostener la pantomima antes de que los venezolanos sean conscientes de qué les han quitado y de que "fuerzas políticas", gobierno y oposición, rivalizan en el entreguismo a Trump y ver en manos de quién queda la nueva colonia.


Colombia, México, Canadá, Groenlandia... todos deben andarse con pies de plomo, pues las amenazas de invasión, de entrada relámpago o de cualquier otra fórmula que se le ocurra a Trump están lanzadas como advertencia.

¿Y Europa? ¡Pobre Europa! ¿Recuerdan la palabras de Trump: ¡Llamadme Mr. Brexit!"). Uno de sus objetivos ha sido la división y debilitación de Europa. Lo ha conseguido fomentando a la ultraderecha a la que ha dado alas y recursos para crear problemas en su interior. Hoy vemos los que aplauden a Trump, los que miran para otro lado, y los que temen ser demasiado claros por temor a quedar en evidencia y lo que pueda pasar. Los tentáculos norteamericanos están por toda Europa, en los medios, en la economía, en la defensa... Las amenazas a Groenlandia, es decir, a Dinamarca, un país de la OTAN, pueden servir para dinamitar la Alianza, una herramienta de contención y apoyo nacida de la Guerra Fría, pero hoy completamente reducida a la nada tras el cambio en los Estados Unidos. Esto ya se puso a prueba en Ucrania y en cómo son los Estados Unidos los que manipulan las necesidades ante la depredadora Rusia de Putin. Cuanto más presiona Rusia, más consigue Trump.



Han pasado apenas unos días desde la incursión en Venezuela y el secuestro de su presidente. No valen justificaciones. Son todas trampas variables en cada caso, argumentadas desde los intereses estadounidenses, es decir, una mezcla de economía, imperialismo y "venganza" contra los que no quieren una "América Grande", algo que es el propio Trump que traduce en actos.

No sé si, como se explica en The New York Times, los norteamericanos van a entender qué significaba realmente lo del "America First!". No sé si, deslumbrados por esta nueva "grandeza", le importa mucho el cambio. Lo que tienen en el otro platillo de la balanza es la promesa de poder y beneficios. Hoy la codicia, el imperialismo, etc. son virtudes.

Sentados en una comodidad inducida, Europa tiene que mostrar un frente común asumiendo que el "amigo americano" ya no existe, que es solo un mito manipulador. Este mito es, en gran parte, de consumo interno. Es como a los Estados Unidos le gusta verse, pero es también algo que debemos cambiar en nuestra actitudes, sacudirnos el miedo y saber que tiene un coste, sí, pero que no hacerlo tiene un coste superior a medio y largo plazo.



Europa necesita autonomía, creer en ella misma. Estamos entre dos peligros y no se trata de elegir entre ambos, sino de apostar por ser nosotros mismos. Ni la Europa que dicen los Estados Unidos ni la que dice Rusia. No es nada fácil, pero debemos ser nosotros mismos. Para eso necesitamos claridad y unidad, dentro de la Europa de la Unión, pero también dentro de los países, de cada uno de ellos, incluida España.

Hace tiempo que participamos sin darnos cuenta en una guerra que consiste en dividir a la opinión pública, en polarizarla. Esto se traduce en unos espectros políticos divididos, debilitados, en permanente conflicto. Esto se puede ver claramente en las respuestas ante lo que ocurre en Venezuela, que es lo que puede ocurrir en Europa con Groenlandia. Hay que ampliar el horizonte y darnos cuenta lo que nos jugamos y cómo se juega con nosotros.

Hoy vemos a un Trump sin máscaras y a unos Estados Unidos que lo acepta renegando de lo expresado durante décadas. Muchos problemas se le han de presentar, advierten algunos. Pero hasta el momento solo vemos algunos detalles como respuesta. Da igual que Trump haga lo contrario de lo que prometió. En el "MAGA" cabe todo.

 


domingo, 4 de enero de 2026

Certidumbres e incertidumbres venezolanas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Que Nicolás Maduro es un dictador no lo duda casi nadie; que Venezuela no es un régimen democrático, tampoco. Pero cuidado con echar las campanas al vuelo demasiado rápido. No hay garantías de que los venezolanos hayan recuperado mucho en esta "guerra relámpago" (un término con historia, que no se ha utilizado, mientras que se usan otros muy ambiguos como "operación quirúrgica" por los medios).

No sé si la idea de convertirse en una colonia estadounidense es muy atractiva, pero parece ser lo que viene. Quienes piensan que esas "cuantiosas inversiones de las empresas petroleras norteamericanas" van devolver a Venezuela, como ha dicho Donald Trump, "su antigua grandeza y esplendor", son libres de hacerlo.

Por uno de esos azares ordenando películas, decidí concluir la noche viendo una británica, una comedia titulada en español como Un golpe de gracia (The Mouse that Roared 1959), dirigida por Jack Arnold. Nos cuenta la situación del país más pequeño del mundo, Grand Fenwick, situado en el centro de Europa, apenas un punto, que se ve en la ruina porque los norteamericanos han decidido imitar y producir su única fuente de riqueza, un vino propio. La ruina económica les lleva a realizar una acción contundente: declarar la guerra a los Estados Unidos, lo que hacen enviando por correo una declaración que es tomada como una broma de la prensa por los que la reciben.

El plan no es luchar con su ejército armado con arcos y flechas, sino ser derrotados. Peter Sellers interpreta a casi todos los personajes, de la Gran Duquesa al inexperto al mando de la mínima tropa que desembarca en Nueva York. El primer ministro tiene una teoría: los Estados Unidos son muy generosos cuando ganan una guerra e inundan de alimentos y todo tipo de bienes a los países que derrotan. Para su desgracia "ganan" la guerra. ¿Sigue vigente la "teoría" de los del pequeño Ducado de Grand Fenwick? ¿Creen que serán inundados de bienes por la ganadora "operación quirúrgica" trumpista? Puede que el tiempo les responda cuando vean que salen más cosas que entran.

La idea expresada con claridad de que será Trump (los Estados Unidos, si lo prefieren) quien dirija los destinos de Venezuela hasta que considere que están en la dirección adecuada, sea esta la que sea, pero con más probabilidades de que sea la que beneficie a los Estados Unidos.

Muchos venezolanos celebran lo que entienden como la caída de Maduro, lo que es bastante natural. Pero aquí no ha "caído" nada; más bien "se han llevado". El régimen sigue intacto, eso sí, muy debilitado en su credibilidad.

Los que piden que sea Edmundo González quien dirija los destinos de Venezuela como presidente frustrado por el fraude electoral denunciado en su momento, se pueden encontrar con la sorpresa que no serán las urnas sino Trump quien decida quién rige los destinos de Venezuela. Hay que ser muy ingenuo si después de la movida norteamericana, esta no saca provecho. ¿Creen que le importa algo la "libertad" o la "democracia" venezolanas a alguien que las pisotea en su propio país?

En estos momentos, Trump ha amenazado directamente a todos los países latinoamericanos que han denunciado la maniobra de Trump como contraria al orden internacional. Ya ha "avisado" directamente a Cuba, México y Colombia. Que tengan cuidado porque les pueden hacer lo mismo. Es el imperialismo colonial más burdo de lo que llevamos de siglo, solo comparable a su par, Vladimir Putin, quien decide dónde empieza y acaba Rusia. Trump decide donde los Estados Unidos imponen sus "acciones quirúrgicas" Se puede quedar con aquello que le apetece (Groenlandia, por ejemplo) con montar una historia sobre los intereses de Estados Unidos, su seguridad, amenazas, etc.

Trump decide. Y decide sobre todo. En su primer mandato temían que pasara esto y le rodearon de personas filtro, que iban dimitiendo una tras otra porque se le enfrentaban. Aprendió para su segundo mandato, para el que se ha rodeado de autoritarios y excéntricos, como poner un "antivacunas" negacionista al frente de la Sanidad o auténticos sociópatas en Defensa, rebautizada como "Guerra". Y a ahora entendemos por qué.

Nadie va a cambiar a Trump si antes no cambiamos nosotros antes. Eso debemos entenderlo con claridad, de la misma manera que los venezolanos deben ser conscientes de lo que implica su nueva dependencia. Los únicos cambios posibles en Trump vendrían desde dentro de los Estados Unidos a los que está llevando a un fondo moral oscuro, a la negación de su propia esencia y discursos tradicionales. Estados Unidos ha empujado a muchos países al amparo de dictaduras como forma de intentar garantizar su integridad ante las amenazas norteamericanas. Los lazos con la Rusia de Putin son los resultados.

Son muchos los riesgos que asume Venezuela, como también son muchos los que asumen los países críticos en la zona. Trump ha ido dando muestras de poder y de lo que supone resistirse o discrepar. Rápidamente se monta una historia para consumo interno. Eso vale para cualquier país o para convertir en "comunista" al elegido alcalde de Nueva York.

George Clooney y su esposa han decidido nacionalizarse franceses, como otros se hicieron canadienses en su primer mandato; Angelina Jolie visita los masacrados campamentos de refugiados en Gaza. Son pequeños gestos, pero que contribuyen internamente a erosionar la imagen todopoderosa de Trump, que cree que Dios apoya sus decisiones porque forman parte de un plan. Nos hemos tomado esto a broma, pero sabemos que hay mucha gente, millones, que creen que fue un ángel el que le libró de un atentado que le raspo una oreja. Él también lo cree.


La cuestión venezolana no es solo el ataque a una dictadura; es el ataque a una soberanía, su pisoteo. Los que celebran su caída tienen pleno derecho a hacerlo; pero son las formas e intenciones lo que acabarán siendo importantes. Las intenciones se van viendo a poco: controlar el país hasta hacerse con el petróleo (ese que dice que le robaron) y dejar colocadas a las personas adecuadas en la administración para garantizar el control del país. Puede que Venezuela haya perdido un dictador, pero no está claro todavía lo que ha ganado o lo que puede haber perdido además.

Solo tenemos algo claro, pero muy significativo: el odio que le tiene a María Corina Machado, la que le "robó" el Nobel de la Paz y a la que ha desprestigiado y desplazado del presente y futuro de Venezuela. Es un signo claro de cómo se guará para "controlar" el futuro de Venezuela estableciendo quién es apto y quién no. Lo que opinen los venezolanos le trae al fresco.

La imagen patética de Nicolás Maduro deseando "feliz año" a los presentes mientras entra en el centro de detención con las manos esposadas será una de las imágenes que marcarán este incierto año 2026.

La cuestión no será solo la caída de un régimen, el chavista, sino lo que ha de sustituirle. A la alegría de muchos, le sigue la incertidumbre por el futuro. No creo que la teoría de "Un golpe de gracia" sobre la generosidad de Estados Unidos para con los vencidos. Entonces era una invención propagandística, un camuflaje, y hoy es descaradamente improbable, pero no por ello deja de ser propaganda, Nos queda por delante la pantomima del juicio a Maduro, un show que Trump no quiere que nos perdamos y que tendrá cabida en su red social.

Esto va más allá de "derechas e izquierdas". Lo que está en juego es otra cosa, como creo que veremos en diversos lugares del mundo (especialmente de América, pero también de Europa) que Trump considere "suyos". Lo único que Trump acepta es la sumisión al poder norteamericano y a sus visiones del nuevo orden.

No hay que aceptar, como están haciendo muchos, el discurso justificativo norteamericano y más bien preguntarnos en qué hemos fallado al ser incapaces de reconducir a Venezuela hacia otro tipo de salidas diferentes.

El orden mundial ha cambiado. Trump lo ha convertido en una jungla donde él, los Estados Unidos, son el principal depredador. Los demás somos piezas de un menú dilatado, un menú del que irá seleccionando las piezas que interesan a sus interese económicos, geoestratégicos y militares. Tras él toda una fauna de grandes empresas, de las tecnológicas a las armamentísticas, pasando por las energéticas. Trump les asegura las ganancias y les allana el terreno. Todo esto se vende con una mezcla de patrioterismo y eficiencia con unos toques de providencia divina.

Como siempre y de corazón, mis mejores deseos para el pueblo venezolano. Se acercan tiempos de dudas que solo los hechos, no las palabras, podrán resolver.

lunes, 28 de abril de 2025

La amenaza de Trump a Canadá

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es difícil, muy difícil reconocer a los Estados Unidos en los Estados Unidos de Trump. No es fácil comprender la evolución de una sociedad que respalda sus formas imperialistas y totalitarias, xenófobas y racistas en un país "hecho" por inmigrantes y que se proclamaba a diario la "tierra de la libertad" ("...Land of the Free, Home of the Brave"), que ha lanzado discursos al mundo sobre todo esto.

Sí, no es fácil entender lo que nos llega cada día. Tampoco es fácil entender las contemplaciones —más allá del miedo político—, silencios y palabras cargadas de ambigüedades con las que se tratan sus acciones e intenciones. A veces da la impresión de que no acabamos de creernos lo que escuchamos, que lo que escuchamos forma parte de una pesadilla de la que en cualquier momento despertaremos. Pero la triste realidad es que la pesadilla se extiende y la escuchamos repetida en muchas voces. Ha prendido su mensaje y surgen apoyos y silencios cómplices buscando aprovecharse del tirón.

Hemos escrito mucho sobre Trump desde su primer mandato, antes incluso porque hubo etapas en las que se le consideró un payaso pasajero, un tipo con tirón mediático, pero poco peligroso para una clase política que controlaba el poder y se las sabía todas. Los medios se reían de él cuando ya estaba en la Casa Blanca, donde se estaba seguro que se lo podría controlar desde los poderes. Pero la ceguera de unos y el aprendizaje de otros lo devolvieron a la Casa Blanca con un "plan rápido" cuyos primeros cien días han arrasado para evitar vueltas atrás. Hoy nadie duda de que Trump haga lo que tiene en mente sin atender a consecuencias ni escuchar razones.

Hoy se celebran elecciones en Canadá y los medios atienden principalmente a un trágico atropello provocado con 11 muertos y decenas de heridos. La tragedia hace pasar a segundo término la amenaza trumpista de anexión. 

Es difícil entender el papel de los medios en la situación de los Estados Unidos de Trump. ¿Temen a Trump y lo que hay detrás? ¿Temen perder lectores ante el apoyo masivo en las urnas? ¿No creen en sus amenazas, creen que son faroles?

Sea por el motivo que sea, las reacciones ante lo que Trump dice que va a hacer no deja de ser tibia, con la excepción de algunos medios que plantean la crítica como línea dominante. En estos momentos, el debate se debe producir en la opinión pública, con un partido demócrata perdido en las sombras y sin voz visible. De hecho, las noticias las protagonizan personajes aislados que deciden enfrentarse al poder de Trump, como esa jueza que se ha opuesto a su política de deportaciones o algún congresista o senador que enarbola algún cartel en su contra.

CNN

Sin embargo, las líneas principales, las más agresivas contra otros países, quedan en suspenso ante un incrédulo "¿puede?". Ese principio de incredulidad el que evita a muchos decir los riesgos que se corren ante el temor de que sea palabrería. Ese es el mayor riesgo ante Trump, creer que no es posible hacer lo que dice, pensar que Trump es un perro ladrador. Esa es también su mejor baza.

Trump está consiguiendo muchas cosas ante el temor de que pudiera conseguir muchas otras. Ya solo con mencionarlo tiene efectos, como el vuelco en las elecciones canadienses que se celebrarán hoy, que presumiblemente devolverá a los liberales el poder que temían perder ante las "simpatías" conservadoras hacia Trump.

No sabemos cómo se van a desarrollar realmente las elecciones canadienses, aunque sí sabemos que Trump y sus amenazas estarán presentes en la mente de los votantes. De igual forma estarán en las mentes de gentes de muchos otros países cuyas políticas se dividirán por la actitud ante lo que Trump representa.

Como hemos repetido en este tiempo, Trump ha cambiado la percepción de los Estados Unidos en el mundo. Donde antes había en muchos una imagen de aliado, esta se ha derrumbado dejando paso a otra amenazante, altanera, imperialista. Dice que se hará con lo que necesite, sin miramientos, algo que va de Canadá a Groenlandia o los canales de Panamá o Suez.

Con sus palabras estará condicionando la voluntad de cientos de millones de personas y de decenas de países, que temen verse mencionados por Trump. Ocurra lo que ocurra, no se ve a los Estados Unidos de la misma forma. Ellos tampoco se ven ahora de la misma forma condicionados por la imagen que se les crea. 

De verdad ¿puede?

miércoles, 8 de enero de 2025

El imperialismo norteamericano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Podemos dividir el mundo entre "los que creen en lo que dice Donald Trump que va a hacer", "los que no lo creen" y, finalmente, Donald Trump. Son tres categorías que pueden a su vez  permitir diversas subcategorías. Como siempre, volvemos a la idea central: ¿cómo entienden todo esto los que le votaron?

Quizá algunos recuerden aquellas imágenes televisivas de la primera reunión internacional a la que asistió Trump, cómo daba codazos para poder salir en primera línea para salir en las fotos. Lo que se debatiera en la reunión con los líderes mundiales no tenía importancia; lo importante era salir en las fotos en lugar preferente, bien visible, que el mundo supiera que estaba allí.

¿Qué sentido tiene esto? No lo sé. Podría apuntar a que solo le importa dar la nota, figurar, estar ahí. Pero podría apuntar a que ese figurar va en la línea que él mismo planteó directamente: ser el mejor presidente de la historia de los Estados Unidos, algo que ya se considera. Por supuesto, lo que hace es bueno, sin cuestionarse. Es bueno porque él lo hace. Es bueno para los Estados Unidos. Él escribe la Historia porque es la Historia.

La lista de acciones inmediatas, con Canadá, México, Panamá, Ucrania, Groenlandia, el Polo, la OTAN y lo que se le pase por la cabeza, es abrumadora y de no saber de qué cabeza salen, parecerían propias de un villano de película de James Bond o similar.

Cuando hablábamos ayer de Elon Musk, el que se ha erigido en su alter ego, señalábamos el intercambio de papeles, el intento de Trump de parecer "moderado" a su lado, pero lo que estamos empezando a ver es una especie de rivalidad apocalíptica entre ambos. Señalamos hace también lo que podía ser una fisura entre dos personalidades narcisistas que no soportan tener a nadie delante. Demasiado ego para un solo planeta.

Independent en español

Lo malo es que las perspectivas de frenar esto no son muchas. Todo depende, como señalábamos al inicio, de si creemos lo que dicen o no. Finalmente no es más que una apuesta, comprobar quién tiene razón. ¿Invadirá Groenlandia? ¿Le cambiará el nombre al "Golfo de México"?

Donald Trump llegó de forma atípica a la Casa Blanca. Se presentaba como un "antisistema", un "anti políticos", a los que acusaba de no hacer lo que debían, pero él era el que venía a "arreglarlo" todo. Muchos no creyeron que llegaría a la Casa Blanca. Lo hizo e intentó hacer lo que había dicho, incluido el "muro". La Justicia frenó algunas de sus propuestas e intentos. Pero hizo otras muchas cosas. Salió de la Casa Blanca y, como MacArthur y Terminator, prometió que volvería y lo hizo, multiplicado su poder. Para hacerlo dinamitó la oposición dentro del Partido Republicano, al que solo le quedó la opción de adorarle. En sus cuatro años fuera del poder atrajo más miradas que la propia presidencia.

Ahora ha prometido "MAGA" a los norteamericanos, solo que la "A" final, la del "again", no tiene precedentes. "MAGA" solo significa el fin de Estados Unidos como líder democrático, una palabra que falta en el mensaje trumpista. Aquello del "mundo libre" ha desaparecido y los Estados Unidos son vistos ahora como una amenaza para el resto.

En el fondo es la vieja idea de que la "democracia" o algo parecido es un privilegio americano, que para que ellos disfruten de la vida, deben decidir sobre la de los demás. Con Trump en el poder, desaparecen muchos conceptos y referencias. Si Trump se anexiona, con fuerza o sin ella, cualquier territorio ¿en qué se diferencia del dictador Putin o del genocida Netanyahu? Todo vale si tienes la fuerza para imponerlo. Como Rusia, Estados Unidos necesita más territorio. Ya lo hizo en el pasado y quiere volver a hacerlo.

Los medios, los comentaristas en los medios, oscilan en sus posiciones. Enuncian la gravedad de lo que escuchan, pero se restriegan los ojos para saber si se trata solo de una pesadilla. No es fácil asumir las implicaciones primero y las consecuencias después de lo que Trump, Musk o cualquiera de sus sicarios o acólitos dicen cada día. Asusta.

Se está dando entrada a toda una tradición mesiánica sobre el papel "divino" de los Estados Unidos. Es eso lo que ha salido a flote desde la oscuridad, lo que se ha ido convirtiendo en forma de pensar primero y de actuar después. Ahora quiere actuar fuera.

Para que el mundo no se desmorone en su forma actual, son los propios norteamericanos, sus instituciones, quienes deberían frenarlo. Pero eligieron presidente a quien promovió el asalto al Capitolio para evitar que el presidente electo pudiera tomar posesión. Finalmente no lo consiguió, pero ha vuelto, está ahí. 

¿Se darán cuenta los que han creado el monstruo de lo que han hecho? ¿Qué les ha cegado? ¿Por cuánto tiempo?