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domingo, 11 de enero de 2026

¡Hazme un sitio en tu Nobel!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Han tenido que manifestarse la Academia sueca que concede el Premio Nobel para  explicar que María Corina Machado no puede dejarle un cachito a Donald Trump, que no se pueden realquilar o cualquier otra modalidad con el mismo fin. Esto significa que a Donald Trump solo le queda la opción de ocupar el terreno bajo los pies de María Corina Machado y secuestrarla con Premio y todo. No se desestima la opción de ocupar Suecia, claro está.

¡Qué gran injusticia!, piensan los trumpistas con el propio Trump al frente. Después de todo, ¿qué ha hecho la Machado para que se lo den? ¡Ella —la poco creíble, la que no tiene la confianza nacional y menos internacional— se lleva un Nobel porque no querían dárselo a Trump, que contaba con el generoso apoyo de Benjamín Netanyahu, que lo pedía para el presidente norteamericano! Pese a todo, Trump, con alma generosa, decidió secuestrar a Nicolás Maduro para llevar a Venezuela por el buen camino, es decir, el camino norteamericano.

¿Qué más tiene que hacer Trump para que le concedan el Nobel de la Paz? ¿Cuántos países debe enderezar para conseguirlo? Ahora, nos dicen en los medios, Trump se ofrece para liberar Irán, hecho que será malinterpretado por muchos. ¡Cuánta incomprensión!

Empiezas compartiendo el Nobel y terminas compartiendo el país... o países. ¡Ahora todos quieren ser invadidos por los Estados Unidos! Es un "¡Bienvenido, Mr. Marshall!" ajustado a las necesidades de cada país. Es hora de presumir de que te han secuestrado al presidente, de que Trump te llame para decirte con cuánto se quedan o qué les tienes que comprar.

En Google se muestran las preguntas que algunos se hacen: "¿Quién es el padre de los hijos de María Corina Machado?", "¿Cómo se consigue un Nobel de la Paz?" o "¿Pueden dos personas ganar el Premio Nobel de la Paz?". Desde la CNN lanzan un titular con más preguntas, impensable hace apenas unos días: "Farewell, forever wars, hello empire? The Week that changed the world" Parece que le van cogiendo el tranquillo para eso de los efectos de lo que ocurre. Con este presente, ¿qué nos queda como futuro?

Vayamos a lo esencial: ¿se puede compartir el Premio Nobel de la Paz? Más exactamente: una vez que te lo han concedido, aunque no se entiendan bien los motivos, ¿puedes hacer con él lo que quieras, como si empeñaras un Oscar que te han dado?

Los académicos del Nobel han sido claros: el Premio es personal e intransferible. Pero, ¿le importa eso a alguien que ha decidido que el destino del mundo es "personal" (suyo) y "transferible" (se queda con lo que le parace bien)?  

Groenlandia, dicen los groenlandeses, es "personal" (de ellos) e "intransferible". Han dicho todos que no quieren ser "norteamericanos", lo cual supone un error de percepción. ¿Quién les ha dicho que serán "norteamericanos"? Serán, todo lo más, "transferidos" al imperio. Tampoco lo venezolanos dejarán de serlo y volverse norteamericanos. Ya se están dando cuenta.

En realidad, el Nobel de la Paz ya es de Donald Trump. Lo que es de los venezolanos es ya de Trump, que es quien decide sobre sus destinos. Se queda con el Nobel como se queda con todo aquello que le interesa. No necesita que se lo "concedan"; lo toma como el petróleo o lo que se tercie. Trump invade y confisca. El primer acto de lo que Trump hace es la demostración de fuerza; el segundo, la confiscación del país, sus ciudadanos y todo lo que haya dentro, todo lo que tengan, incluido el Nobel de María Corina Machado.

El mundo se ha vuelto muy egoísta y no reconoce los esfuerzos de Trump para liberarlo de preocupaciones tontas. Él elige cargar sobre sus hombros la responsabilidad mundial y no pide, como otros, que le aparten el cáliz.

¿Qué decir de María Corina Machado? Lo ha dicho casi todo ella con su generosidad al desear compartir su premio con quien les invade. ¡Eso sí es paz!

¿Qué cuesta darle un Nobel de la Paz, aunque sea un cachito?

jueves, 8 de enero de 2026

Sin máscaras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los titulares de The New York Times lanzan avisos a los norteamericanos obre lo que está sucediendo. Tratan de evitar que en lo posible Trump se haga con los discursos, en donde lleva la iniciativa, Cuando le interesa, pone el foco y obliga a entrar en esos espacios de conflicto, alejando la mirada de otros.

Muchos de los titulares del periódico tratan de ir a la esencia del problema y no dejarse guiar por los cambios constantes. Podemos leer titulares como "Trump’s Voters Are Discovering What ‘America First’ Really Means" (Chistopher Caldwell), "Trump Is About to Lose Control of the Economy" (Jason Furman), "There Were Good Reasons to Depose Maduro" (Bret Stephens) o el análisis de "Europe and Rest of World Try to Come to Terms With Trump the Imperialist" entre otros muchos artículos dedicados a Trump, Rubio, Groenlandia, Venezuela.... Como puede apreciarse un variado grupo de artículos con distintos enfoques, incluidos los de justificación.

Es importante saber cómo se percibe en la prensa norteamericana lo que Trump está haciendo porque son muchos millones los votantes que le respaldan y tienen que conocer los efectos de sus acciones por el mundo y lo que despiertan hacia los Estados Unidos. Muchos, por contra, preferirán encastillarse en la visión mesiánica de un Trump enviado a demostrar al mundo lo que Dios quiere para el planeta, el dominio norteamericano.



Enfocado desde la fuerza, es "imperialismo"; enfocado desde la economía, es la negación de la idea de "mercado", pues se basa en la fuerza, el primer punto. Todo empieza por el poder de imponer. Lo demás son palabras, palabras, palabras... De esta forma Trump hunde uno de los fundamentos estadounidenses, el mercado libre, que se convierte en una jungla de depredadores, de control de los más débiles, obligados a comprar. Con Trump el capitalismo duro se quita todas sus máscaras.

Más allá de Venezuela (léase "petróleo"), de Groenlandia (léase "recursos naturales") del odio a la Europa parásita, etc., Trump está vendiendo en sus discursos los "favores" que Estados Unidos hace al mundo poniéndolo bajo su vota. Lo que se haga para hacer conscientes a los norteamericanos de lo que se está haciendo en su nombre y que tendrá consecuencias por décadas para ellos y para el resto del mundo, en el que debemos incluirnos.


Los que justifican lo hecho en Venezuela como un freno a una dictadura o al narcotráfico, las dos líneas argumentales justificativas que actúan como cortinas de humo de los verdaderos intereses, del enriquecimiento a los frenos puestos a la adquisición de energía y materias primas a competidores, pronto se van a tener que arrepentir si no lo han hecho ya.

La marginación de aquellos a los que se presentaba como ganadores frustrados de las pasadas elecciones venezolanas es un muestra demasiado clara para saber qué poco le importan los venezolanos, convertidos ahora en siervos a manos del más crudo imperialismo.

Nada le viene mejor a un imperialista como Trump que confiar en un régimen corrupto como el de Nicolás Maduro, cuyo interés será seguir en el poder a cualquier precio, lo que les evita la cárcel (en Venezuela o en Estados Unidos). Esto le supone solo un poco más de corrupción, algo asequible. Veremos cuánto tiempo se puede sostener la pantomima antes de que los venezolanos sean conscientes de qué les han quitado y de que "fuerzas políticas", gobierno y oposición, rivalizan en el entreguismo a Trump y ver en manos de quién queda la nueva colonia.


Colombia, México, Canadá, Groenlandia... todos deben andarse con pies de plomo, pues las amenazas de invasión, de entrada relámpago o de cualquier otra fórmula que se le ocurra a Trump están lanzadas como advertencia.

¿Y Europa? ¡Pobre Europa! ¿Recuerdan la palabras de Trump: ¡Llamadme Mr. Brexit!"). Uno de sus objetivos ha sido la división y debilitación de Europa. Lo ha conseguido fomentando a la ultraderecha a la que ha dado alas y recursos para crear problemas en su interior. Hoy vemos los que aplauden a Trump, los que miran para otro lado, y los que temen ser demasiado claros por temor a quedar en evidencia y lo que pueda pasar. Los tentáculos norteamericanos están por toda Europa, en los medios, en la economía, en la defensa... Las amenazas a Groenlandia, es decir, a Dinamarca, un país de la OTAN, pueden servir para dinamitar la Alianza, una herramienta de contención y apoyo nacida de la Guerra Fría, pero hoy completamente reducida a la nada tras el cambio en los Estados Unidos. Esto ya se puso a prueba en Ucrania y en cómo son los Estados Unidos los que manipulan las necesidades ante la depredadora Rusia de Putin. Cuanto más presiona Rusia, más consigue Trump.



Han pasado apenas unos días desde la incursión en Venezuela y el secuestro de su presidente. No valen justificaciones. Son todas trampas variables en cada caso, argumentadas desde los intereses estadounidenses, es decir, una mezcla de economía, imperialismo y "venganza" contra los que no quieren una "América Grande", algo que es el propio Trump que traduce en actos.

No sé si, como se explica en The New York Times, los norteamericanos van a entender qué significaba realmente lo del "America First!". No sé si, deslumbrados por esta nueva "grandeza", le importa mucho el cambio. Lo que tienen en el otro platillo de la balanza es la promesa de poder y beneficios. Hoy la codicia, el imperialismo, etc. son virtudes.

Sentados en una comodidad inducida, Europa tiene que mostrar un frente común asumiendo que el "amigo americano" ya no existe, que es solo un mito manipulador. Este mito es, en gran parte, de consumo interno. Es como a los Estados Unidos le gusta verse, pero es también algo que debemos cambiar en nuestra actitudes, sacudirnos el miedo y saber que tiene un coste, sí, pero que no hacerlo tiene un coste superior a medio y largo plazo.



Europa necesita autonomía, creer en ella misma. Estamos entre dos peligros y no se trata de elegir entre ambos, sino de apostar por ser nosotros mismos. Ni la Europa que dicen los Estados Unidos ni la que dice Rusia. No es nada fácil, pero debemos ser nosotros mismos. Para eso necesitamos claridad y unidad, dentro de la Europa de la Unión, pero también dentro de los países, de cada uno de ellos, incluida España.

Hace tiempo que participamos sin darnos cuenta en una guerra que consiste en dividir a la opinión pública, en polarizarla. Esto se traduce en unos espectros políticos divididos, debilitados, en permanente conflicto. Esto se puede ver claramente en las respuestas ante lo que ocurre en Venezuela, que es lo que puede ocurrir en Europa con Groenlandia. Hay que ampliar el horizonte y darnos cuenta lo que nos jugamos y cómo se juega con nosotros.

Hoy vemos a un Trump sin máscaras y a unos Estados Unidos que lo acepta renegando de lo expresado durante décadas. Muchos problemas se le han de presentar, advierten algunos. Pero hasta el momento solo vemos algunos detalles como respuesta. Da igual que Trump haga lo contrario de lo que prometió. En el "MAGA" cabe todo.

 


domingo, 4 de enero de 2026

Certidumbres e incertidumbres venezolanas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Que Nicolás Maduro es un dictador no lo duda casi nadie; que Venezuela no es un régimen democrático, tampoco. Pero cuidado con echar las campanas al vuelo demasiado rápido. No hay garantías de que los venezolanos hayan recuperado mucho en esta "guerra relámpago" (un término con historia, que no se ha utilizado, mientras que se usan otros muy ambiguos como "operación quirúrgica" por los medios).

No sé si la idea de convertirse en una colonia estadounidense es muy atractiva, pero parece ser lo que viene. Quienes piensan que esas "cuantiosas inversiones de las empresas petroleras norteamericanas" van devolver a Venezuela, como ha dicho Donald Trump, "su antigua grandeza y esplendor", son libres de hacerlo.

Por uno de esos azares ordenando películas, decidí concluir la noche viendo una británica, una comedia titulada en español como Un golpe de gracia (The Mouse that Roared 1959), dirigida por Jack Arnold. Nos cuenta la situación del país más pequeño del mundo, Grand Fenwick, situado en el centro de Europa, apenas un punto, que se ve en la ruina porque los norteamericanos han decidido imitar y producir su única fuente de riqueza, un vino propio. La ruina económica les lleva a realizar una acción contundente: declarar la guerra a los Estados Unidos, lo que hacen enviando por correo una declaración que es tomada como una broma de la prensa por los que la reciben.

El plan no es luchar con su ejército armado con arcos y flechas, sino ser derrotados. Peter Sellers interpreta a casi todos los personajes, de la Gran Duquesa al inexperto al mando de la mínima tropa que desembarca en Nueva York. El primer ministro tiene una teoría: los Estados Unidos son muy generosos cuando ganan una guerra e inundan de alimentos y todo tipo de bienes a los países que derrotan. Para su desgracia "ganan" la guerra. ¿Sigue vigente la "teoría" de los del pequeño Ducado de Grand Fenwick? ¿Creen que serán inundados de bienes por la ganadora "operación quirúrgica" trumpista? Puede que el tiempo les responda cuando vean que salen más cosas que entran.

La idea expresada con claridad de que será Trump (los Estados Unidos, si lo prefieren) quien dirija los destinos de Venezuela hasta que considere que están en la dirección adecuada, sea esta la que sea, pero con más probabilidades de que sea la que beneficie a los Estados Unidos.

Muchos venezolanos celebran lo que entienden como la caída de Maduro, lo que es bastante natural. Pero aquí no ha "caído" nada; más bien "se han llevado". El régimen sigue intacto, eso sí, muy debilitado en su credibilidad.

Los que piden que sea Edmundo González quien dirija los destinos de Venezuela como presidente frustrado por el fraude electoral denunciado en su momento, se pueden encontrar con la sorpresa que no serán las urnas sino Trump quien decida quién rige los destinos de Venezuela. Hay que ser muy ingenuo si después de la movida norteamericana, esta no saca provecho. ¿Creen que le importa algo la "libertad" o la "democracia" venezolanas a alguien que las pisotea en su propio país?

En estos momentos, Trump ha amenazado directamente a todos los países latinoamericanos que han denunciado la maniobra de Trump como contraria al orden internacional. Ya ha "avisado" directamente a Cuba, México y Colombia. Que tengan cuidado porque les pueden hacer lo mismo. Es el imperialismo colonial más burdo de lo que llevamos de siglo, solo comparable a su par, Vladimir Putin, quien decide dónde empieza y acaba Rusia. Trump decide donde los Estados Unidos imponen sus "acciones quirúrgicas" Se puede quedar con aquello que le apetece (Groenlandia, por ejemplo) con montar una historia sobre los intereses de Estados Unidos, su seguridad, amenazas, etc.

Trump decide. Y decide sobre todo. En su primer mandato temían que pasara esto y le rodearon de personas filtro, que iban dimitiendo una tras otra porque se le enfrentaban. Aprendió para su segundo mandato, para el que se ha rodeado de autoritarios y excéntricos, como poner un "antivacunas" negacionista al frente de la Sanidad o auténticos sociópatas en Defensa, rebautizada como "Guerra". Y a ahora entendemos por qué.

Nadie va a cambiar a Trump si antes no cambiamos nosotros antes. Eso debemos entenderlo con claridad, de la misma manera que los venezolanos deben ser conscientes de lo que implica su nueva dependencia. Los únicos cambios posibles en Trump vendrían desde dentro de los Estados Unidos a los que está llevando a un fondo moral oscuro, a la negación de su propia esencia y discursos tradicionales. Estados Unidos ha empujado a muchos países al amparo de dictaduras como forma de intentar garantizar su integridad ante las amenazas norteamericanas. Los lazos con la Rusia de Putin son los resultados.

Son muchos los riesgos que asume Venezuela, como también son muchos los que asumen los países críticos en la zona. Trump ha ido dando muestras de poder y de lo que supone resistirse o discrepar. Rápidamente se monta una historia para consumo interno. Eso vale para cualquier país o para convertir en "comunista" al elegido alcalde de Nueva York.

George Clooney y su esposa han decidido nacionalizarse franceses, como otros se hicieron canadienses en su primer mandato; Angelina Jolie visita los masacrados campamentos de refugiados en Gaza. Son pequeños gestos, pero que contribuyen internamente a erosionar la imagen todopoderosa de Trump, que cree que Dios apoya sus decisiones porque forman parte de un plan. Nos hemos tomado esto a broma, pero sabemos que hay mucha gente, millones, que creen que fue un ángel el que le libró de un atentado que le raspo una oreja. Él también lo cree.


La cuestión venezolana no es solo el ataque a una dictadura; es el ataque a una soberanía, su pisoteo. Los que celebran su caída tienen pleno derecho a hacerlo; pero son las formas e intenciones lo que acabarán siendo importantes. Las intenciones se van viendo a poco: controlar el país hasta hacerse con el petróleo (ese que dice que le robaron) y dejar colocadas a las personas adecuadas en la administración para garantizar el control del país. Puede que Venezuela haya perdido un dictador, pero no está claro todavía lo que ha ganado o lo que puede haber perdido además.

Solo tenemos algo claro, pero muy significativo: el odio que le tiene a María Corina Machado, la que le "robó" el Nobel de la Paz y a la que ha desprestigiado y desplazado del presente y futuro de Venezuela. Es un signo claro de cómo se guará para "controlar" el futuro de Venezuela estableciendo quién es apto y quién no. Lo que opinen los venezolanos le trae al fresco.

La imagen patética de Nicolás Maduro deseando "feliz año" a los presentes mientras entra en el centro de detención con las manos esposadas será una de las imágenes que marcarán este incierto año 2026.

La cuestión no será solo la caída de un régimen, el chavista, sino lo que ha de sustituirle. A la alegría de muchos, le sigue la incertidumbre por el futuro. No creo que la teoría de "Un golpe de gracia" sobre la generosidad de Estados Unidos para con los vencidos. Entonces era una invención propagandística, un camuflaje, y hoy es descaradamente improbable, pero no por ello deja de ser propaganda, Nos queda por delante la pantomima del juicio a Maduro, un show que Trump no quiere que nos perdamos y que tendrá cabida en su red social.

Esto va más allá de "derechas e izquierdas". Lo que está en juego es otra cosa, como creo que veremos en diversos lugares del mundo (especialmente de América, pero también de Europa) que Trump considere "suyos". Lo único que Trump acepta es la sumisión al poder norteamericano y a sus visiones del nuevo orden.

No hay que aceptar, como están haciendo muchos, el discurso justificativo norteamericano y más bien preguntarnos en qué hemos fallado al ser incapaces de reconducir a Venezuela hacia otro tipo de salidas diferentes.

El orden mundial ha cambiado. Trump lo ha convertido en una jungla donde él, los Estados Unidos, son el principal depredador. Los demás somos piezas de un menú dilatado, un menú del que irá seleccionando las piezas que interesan a sus interese económicos, geoestratégicos y militares. Tras él toda una fauna de grandes empresas, de las tecnológicas a las armamentísticas, pasando por las energéticas. Trump les asegura las ganancias y les allana el terreno. Todo esto se vende con una mezcla de patrioterismo y eficiencia con unos toques de providencia divina.

Como siempre y de corazón, mis mejores deseos para el pueblo venezolano. Se acercan tiempos de dudas que solo los hechos, no las palabras, podrán resolver.

lunes, 28 de abril de 2025

La amenaza de Trump a Canadá

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Es difícil, muy difícil reconocer a los Estados Unidos en los Estados Unidos de Trump. No es fácil comprender la evolución de una sociedad que respalda sus formas imperialistas y totalitarias, xenófobas y racistas en un país "hecho" por inmigrantes y que se proclamaba a diario la "tierra de la libertad" ("...Land of the Free, Home of the Brave"), que ha lanzado discursos al mundo sobre todo esto.

Sí, no es fácil entender lo que nos llega cada día. Tampoco es fácil entender las contemplaciones —más allá del miedo político—, silencios y palabras cargadas de ambigüedades con las que se tratan sus acciones e intenciones. A veces da la impresión de que no acabamos de creernos lo que escuchamos, que lo que escuchamos forma parte de una pesadilla de la que en cualquier momento despertaremos. Pero la triste realidad es que la pesadilla se extiende y la escuchamos repetida en muchas voces. Ha prendido su mensaje y surgen apoyos y silencios cómplices buscando aprovecharse del tirón.

Hemos escrito mucho sobre Trump desde su primer mandato, antes incluso porque hubo etapas en las que se le consideró un payaso pasajero, un tipo con tirón mediático, pero poco peligroso para una clase política que controlaba el poder y se las sabía todas. Los medios se reían de él cuando ya estaba en la Casa Blanca, donde se estaba seguro que se lo podría controlar desde los poderes. Pero la ceguera de unos y el aprendizaje de otros lo devolvieron a la Casa Blanca con un "plan rápido" cuyos primeros cien días han arrasado para evitar vueltas atrás. Hoy nadie duda de que Trump haga lo que tiene en mente sin atender a consecuencias ni escuchar razones.

Hoy se celebran elecciones en Canadá y los medios atienden principalmente a un trágico atropello provocado con 11 muertos y decenas de heridos. La tragedia hace pasar a segundo término la amenaza trumpista de anexión. 

Es difícil entender el papel de los medios en la situación de los Estados Unidos de Trump. ¿Temen a Trump y lo que hay detrás? ¿Temen perder lectores ante el apoyo masivo en las urnas? ¿No creen en sus amenazas, creen que son faroles?

Sea por el motivo que sea, las reacciones ante lo que Trump dice que va a hacer no deja de ser tibia, con la excepción de algunos medios que plantean la crítica como línea dominante. En estos momentos, el debate se debe producir en la opinión pública, con un partido demócrata perdido en las sombras y sin voz visible. De hecho, las noticias las protagonizan personajes aislados que deciden enfrentarse al poder de Trump, como esa jueza que se ha opuesto a su política de deportaciones o algún congresista o senador que enarbola algún cartel en su contra.

CNN

Sin embargo, las líneas principales, las más agresivas contra otros países, quedan en suspenso ante un incrédulo "¿puede?". Ese principio de incredulidad el que evita a muchos decir los riesgos que se corren ante el temor de que sea palabrería. Ese es el mayor riesgo ante Trump, creer que no es posible hacer lo que dice, pensar que Trump es un perro ladrador. Esa es también su mejor baza.

Trump está consiguiendo muchas cosas ante el temor de que pudiera conseguir muchas otras. Ya solo con mencionarlo tiene efectos, como el vuelco en las elecciones canadienses que se celebrarán hoy, que presumiblemente devolverá a los liberales el poder que temían perder ante las "simpatías" conservadoras hacia Trump.

No sabemos cómo se van a desarrollar realmente las elecciones canadienses, aunque sí sabemos que Trump y sus amenazas estarán presentes en la mente de los votantes. De igual forma estarán en las mentes de gentes de muchos otros países cuyas políticas se dividirán por la actitud ante lo que Trump representa.

Como hemos repetido en este tiempo, Trump ha cambiado la percepción de los Estados Unidos en el mundo. Donde antes había en muchos una imagen de aliado, esta se ha derrumbado dejando paso a otra amenazante, altanera, imperialista. Dice que se hará con lo que necesite, sin miramientos, algo que va de Canadá a Groenlandia o los canales de Panamá o Suez.

Con sus palabras estará condicionando la voluntad de cientos de millones de personas y de decenas de países, que temen verse mencionados por Trump. Ocurra lo que ocurra, no se ve a los Estados Unidos de la misma forma. Ellos tampoco se ven ahora de la misma forma condicionados por la imagen que se les crea. 

De verdad ¿puede?

miércoles, 8 de enero de 2025

El imperialismo norteamericano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Podemos dividir el mundo entre "los que creen en lo que dice Donald Trump que va a hacer", "los que no lo creen" y, finalmente, Donald Trump. Son tres categorías que pueden a su vez  permitir diversas subcategorías. Como siempre, volvemos a la idea central: ¿cómo entienden todo esto los que le votaron?

Quizá algunos recuerden aquellas imágenes televisivas de la primera reunión internacional a la que asistió Trump, cómo daba codazos para poder salir en primera línea para salir en las fotos. Lo que se debatiera en la reunión con los líderes mundiales no tenía importancia; lo importante era salir en las fotos en lugar preferente, bien visible, que el mundo supiera que estaba allí.

¿Qué sentido tiene esto? No lo sé. Podría apuntar a que solo le importa dar la nota, figurar, estar ahí. Pero podría apuntar a que ese figurar va en la línea que él mismo planteó directamente: ser el mejor presidente de la historia de los Estados Unidos, algo que ya se considera. Por supuesto, lo que hace es bueno, sin cuestionarse. Es bueno porque él lo hace. Es bueno para los Estados Unidos. Él escribe la Historia porque es la Historia.

La lista de acciones inmediatas, con Canadá, México, Panamá, Ucrania, Groenlandia, el Polo, la OTAN y lo que se le pase por la cabeza, es abrumadora y de no saber de qué cabeza salen, parecerían propias de un villano de película de James Bond o similar.

Cuando hablábamos ayer de Elon Musk, el que se ha erigido en su alter ego, señalábamos el intercambio de papeles, el intento de Trump de parecer "moderado" a su lado, pero lo que estamos empezando a ver es una especie de rivalidad apocalíptica entre ambos. Señalamos hace también lo que podía ser una fisura entre dos personalidades narcisistas que no soportan tener a nadie delante. Demasiado ego para un solo planeta.

Independent en español

Lo malo es que las perspectivas de frenar esto no son muchas. Todo depende, como señalábamos al inicio, de si creemos lo que dicen o no. Finalmente no es más que una apuesta, comprobar quién tiene razón. ¿Invadirá Groenlandia? ¿Le cambiará el nombre al "Golfo de México"?

Donald Trump llegó de forma atípica a la Casa Blanca. Se presentaba como un "antisistema", un "anti políticos", a los que acusaba de no hacer lo que debían, pero él era el que venía a "arreglarlo" todo. Muchos no creyeron que llegaría a la Casa Blanca. Lo hizo e intentó hacer lo que había dicho, incluido el "muro". La Justicia frenó algunas de sus propuestas e intentos. Pero hizo otras muchas cosas. Salió de la Casa Blanca y, como MacArthur y Terminator, prometió que volvería y lo hizo, multiplicado su poder. Para hacerlo dinamitó la oposición dentro del Partido Republicano, al que solo le quedó la opción de adorarle. En sus cuatro años fuera del poder atrajo más miradas que la propia presidencia.

Ahora ha prometido "MAGA" a los norteamericanos, solo que la "A" final, la del "again", no tiene precedentes. "MAGA" solo significa el fin de Estados Unidos como líder democrático, una palabra que falta en el mensaje trumpista. Aquello del "mundo libre" ha desaparecido y los Estados Unidos son vistos ahora como una amenaza para el resto.

En el fondo es la vieja idea de que la "democracia" o algo parecido es un privilegio americano, que para que ellos disfruten de la vida, deben decidir sobre la de los demás. Con Trump en el poder, desaparecen muchos conceptos y referencias. Si Trump se anexiona, con fuerza o sin ella, cualquier territorio ¿en qué se diferencia del dictador Putin o del genocida Netanyahu? Todo vale si tienes la fuerza para imponerlo. Como Rusia, Estados Unidos necesita más territorio. Ya lo hizo en el pasado y quiere volver a hacerlo.

Los medios, los comentaristas en los medios, oscilan en sus posiciones. Enuncian la gravedad de lo que escuchan, pero se restriegan los ojos para saber si se trata solo de una pesadilla. No es fácil asumir las implicaciones primero y las consecuencias después de lo que Trump, Musk o cualquiera de sus sicarios o acólitos dicen cada día. Asusta.

Se está dando entrada a toda una tradición mesiánica sobre el papel "divino" de los Estados Unidos. Es eso lo que ha salido a flote desde la oscuridad, lo que se ha ido convirtiendo en forma de pensar primero y de actuar después. Ahora quiere actuar fuera.

Para que el mundo no se desmorone en su forma actual, son los propios norteamericanos, sus instituciones, quienes deberían frenarlo. Pero eligieron presidente a quien promovió el asalto al Capitolio para evitar que el presidente electo pudiera tomar posesión. Finalmente no lo consiguió, pero ha vuelto, está ahí. 

¿Se darán cuenta los que han creado el monstruo de lo que han hecho? ¿Qué les ha cegado? ¿Por cuánto tiempo?

miércoles, 30 de agosto de 2023

El Papa Francisco, Ucrania y la "Gran Rusia"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Me temo que el Papa Francisco se ha equivocado. Acertado muchas veces, moderado, prudente, esta vez se ha equivocado de una forma bastante absurda. Lo ha hecho en uno de esos temas que está meridianamente claro para la inmensa mayoría y solo oscuro para algunos. Luego llegan las explicaciones, los desmentidos. El tema es la "cuestión rusa", podríamos llamarla así.

En RTVE.es titulan " El papa Francisco indigna a Ucrania al destacar el imperialismo ante los jóvenes católicos rusos" y nos explican el motivo de esta indignación así:

El llamamiento del papa Francisco a la juventud rusa para que honre el legado del Imperio ruso ha sido recibido en Ucrania con decepción, aunque el Vaticano ha asegurado que el pontífice no alentó durante su discurso ideas "imperialistas" durante su intervención.

Estas palabras se pronunciaron el 25 de agosto cuando el pontífice se dirigió mediante una videoconferencia a los jóvenes católicos rusos que se habían reunido en San Petersburgo.

"Sois descendientes de la gran Rusia: la gran Rusia de santos, gobernantes, la gran Rusia de Pedro I, Catalina II, ese imperio, grande, ilustrado, de gran cultura y gran humanidad", dijo el papa, quien llamó a los destinatarios de su mensaje a "no ignorar nunca esta herencia" y les agradeció por su "forma de ser rusos".*


No es de extrañar que en Ucrania, que conocen mejor (y padecen) aquellas referencias  histórica que el papa Francisco ha hecho, se hayan indignado. Las palabras, por mucho que se digan en la aclaración vaticana que "no alientan" al imperialismo ruso, lo cierto es que le dan indirectas bendiciones proclamándolo una gran gesta. El mensaje ha sido algo peor que indignante para los ucranianos; muchos católicos del mundo entero se habrán sonrojado al escuchar esa defensa de la "gran Rusia", el país que está situado a la izquierda y a la derecha de un mapa mundi. Y demos gracias a que se les compró Alaska, pues había una gran Rusia "americana". Quizá, el papa Francisco, como argentino, hubiera hablado ruso hoy si no se hubieran parado ampliando su imperio, pues no se trataba de otra cosa. Rusia, como Unión Soviética, llegó hasta el centro de Europa, pues es una de sus señas de identidad no retirarse por la buenas de aquella zona que pise. Los llamados entonces "países del Este" eran sicarios colocados para beneficio de la URSS que mandaba los tanques cuando había alguna sublevación popular, como ocurrió en distintos países. Pero Rusia los sigue considerando como suyos, que algún día volverán al seno de su imperio. Esa es la historia de Rusia y es su mentalidad.

Putin la ha recuperado y se ha basado en ella para mantener a su lado el apoyo popular ante la "grandeza perdida" y que ahora toca "reconquistar".

Lo de la "humanidad" rusa será la de los espíritus de bien, porque en Rusia se abolió la llamada servidumbre de la gleba en 1861. Hasta entonces, los campesinos eran propiedades ligadas al suelo, por lo tanto esclavos reglamentados, que cuando huían era considerado un delito muy grave.

Sobre la "gran Rusia" y su "santidad", la que se pone como "modelo" a los jóvenes católicos rusos, me gustaría simplemente dejar aquí unas líneas de la obra de Turgéniev Padres e hijos (1862), que nos deja algunas ideas interesantes al respecto: 

Las alusiones a la política también fueron infructuosas. Un día el viejo habló del progreso y la inminente liberación de los siervos, y pensaba que despertaría el interés de su hijo, pero este dijo con tono indiferente:   

—Ayer, al pasar junto a la cerca, oigo cómo unos niños campesinos, en vez de cantar alguna canción antigua, vocean: «Llega el tiempo propicio, el corazón siente el amor». Ahí tienes el progreso.   

A veces Bazárov iba a la aldea y, con su tono burlón habitual, entablaba conversación con algún campesino.   

—Bueno, hermano —le decía—, cuéntame cuál es tu visión de la vida: dicen que toda la fuerza y el futuro de Rusia está en vosotros, que sois el comienzo una nueva época en la historia, que nos daréis una lengua auténtica y leyes.   

El campesino o bien no contestaba nada, o bien pronunciaba algunas palabras del estilo:   

—Nosotros pudemos… También, porque, o sea… Por ejemplo, qué posibilidades tengamos.   

—Explícame cómo es vuestro mundo —le interrumpía Bazárov—, ¿es ese mismo mundo que se sostiene sobre tres peces?   

—Padrecito, es la tierra la que se sostiene sobre tres peces —le explicó el campesino poniendo una entonación tranquilizadora, patriarcal y benevolente—. Y a ese mundo nuestro se opone, como es sabido, la voluntad del amo, porque ustedes son nuestros padres. Y, cuanto más severo sea el señor, mejor para el campesino (cap. XXVII trad. Joaquín Fernández-Valdés Roig-Gironella)

El desprecio de esa nobleza rancia hacia los campesinos, propiedades junto a la tierra, se siguió manifestando. Para esto el apoyo de la iglesia, de los popes, para mantener a los campesinos bajo cuerda.

Hoy vemos que el Patriarca de Moscú bendice a Putin y sus acciones. A este le vemos con cara de no haber roto un plato, con un cirio en la mano, protegiendo la llama como si su extinción nos trajera la oscuridad al mundo. Rusia, en cambio, es la "santa" que alumbra y protege al mundo.

Se ha equivocado el papa Francisco. Tienen razón los ucranianos para sentirse dolidos por unas palabras que, signifiquen lo que signifiquen para el Papa, significan lo que significan para los que las han escuchado.

Da igual cuál fuera su intención. Lo importante es que los imperialistas que aplauden las acciones invasoras de Putin verán en ellas un respaldo claro a su política de acabar cubriendo el globo.

La tradición rusa es imperialista y lo ha sido antes, durante y después de la revolución bolchevique. Lo que hizo Stalin fue precisamente aprovechar los canales de servidumbre instaurados por esos "nobles ilustrados", que solo lo eran para ellos mismos, en más de un siglo, para cambiar el poder y seguir exigiendo la obediencia y la expansión hasta donde los límites lo permitan. Fueron los intereses de la nobleza y los terratenientes los que fabricaron los mitos nacionalistas de la "gran y santa" Rusia". Para "salvarte", Rusia te invade. La "santa Rusia" tenía muy poco de santa.

La Rusia ilustrada lo fue en dos formatos: la nobleza que se modernizó pero que no quería renunciar a sus privilegios manteniendo las distancias con el pueblo, al que consideraba ignorante, por un lado, y por otros los ilustrados que querían un cambio social real y que acababan en el exilio. Me temo que lo que ha citado el Papa va en el primer lote.

Hoy Rusia sigue con el mismo formato imperialista que tenía cuando había zares y después soviets. El Papa se ha equivocado. Los ucranianos tienen razón para sentirse dolidos e indignados.

 

* "El papa Francisco indigna a Ucrania al destacar el imperialismo ante los jóvenes católicos rusos" RTVE.es / AGENCIAS 29/08/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230829/papa-francisco-indiga-ucrania-imperialismo-jovenes-rusos/2454809.shtml




martes, 29 de marzo de 2022

El modelo del imperialismo ruso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice el polaco Janusz Wojciechowski, Comisario europeo de Agricultura, que el método ruso de "expansión" es la creación de hambruna, es decir, destruir todos los recursos, una política de tierra quemada.* La invasión rusa de Ucrania, es cierto, está hecha con mentalidad del siglo XIX y tecnología del XXI.

Hay algo en la mentalidad rusa que no cambia en su forma de ver el mundo, en su sentido imperial, más que de súper potencia. De la misma forma, Vladimir Putin se percibe más como un despótico líder de una potencia imperial que como alguien que aspira a ser líder de una potencia mundial.

Las diferencias entre unos modelos y otros son bastante claras y se definen por el uso brutal de la fuerza, la realización de alianzas absorbentes y la respuesta en forma de amenaza de peores consecuencias, en este momento, amenazas nucleares.

La guerra contra Ucrania es una guerra imperialista. Busca la reducción del enemigo declarado a cenizas, la destrucción de todos sus recursos; los secuestros de miles de exiliados que se están produciendo son, igualmente, técnicas rusas del siglo XIX cuando los desplazamientos masivos y las sustituciones de las personas por nuevos colonos eran frecuentes. La ocupación de tierras es lo mismo que hace Israel en Palestina: expulsa y repuebla para ganar territorio.

Desde el inicio, Rusia trató que los "corredores humanitarios" que creaba acabaran en zona rusa. No se trataba de una forma humanitaria, sino de una toma masiva de rehenes con los que presionar a los resistentes y utilizarlos, si fuera necesario, como escudos. Con sus tierras destruidas, los rehenes serían llevados a otros lugares "habitables". La reconstrucción quedaría en manos rusas al quedar ocupado el territorio.

Esta forma de actuar nos dice mucho de la mentalidad de Putin, de una forma de actuación que tiene sus modelos en el pasado, pero que en un mundo empequeñecido e interconectado ya no tiene sentido a menos que se apueste de nuevo por los muros físicos, como ocurrió en Berlín, o como se aplicó al resto de la Europa ocupada mediante el concepto de "telón de acero". La estrategia es encerrar pueblos enteros y ponerles dictadores afines. Si esto es todo lo que Rusia puede ofrecer al mundo, tenemos un futuro complicado.

Como ocurre en otras zonas del planeta, Rusia no tiene ninguna cultura de la democracia. Todavía en Dostoievski o Turgéniev leemos los debates sobre la "liberación de los siervos" en la segunda mitad del siglo XIX. Un estado paternalista mantiene a los pueblos bajo obediencia suministrándoles lo esencial y asegurándose que dependen de ellos para todo. Cualquier desarrollo es realizado y controlado por el partido, el estado o una fusión de ambos. Los modelos están ahí, con todas sus variantes de dureza, de China a Egipto. En estos estados solo prosperan los adeptos y los que son críticos desaparecen de una forma u otra, ya sea emigrando, encarcelados o desparecidos sin rastro. La dureza varía de unos estados a otros en función de diversos parámetros y de la vigilancia exterior. Es una forma de despotismo que se está imponiendo por el mundo gracias a las propias acciones de Rusia, que establece buenas relaciones y asegura a los dictadores su posición mediante un respaldo que asegure que dependan de ella y sean socios fieles. Esto se puede hacer asegurando armas o mandando turistas.

Cuando los terroristas islamistas atentaron contra un avión ruso lleno de turistas que había salido de Egipto de regreso, el gobierno egipcio se negó a reconocer que había sido un atentado y que les había fallado estrepitosamente la seguridad. Putin ha castigado a Egipto sin turistas rusos durante varios años. Luego volvieron cuando él lo decidió. Si leemos los artículos egipcios actuales sobre la cuestión ucraniana, la mayoría de ellos, los firmados por figuras del régimen, sostienen las tesis rusas y atacan las norteamericanas y europeas en un claro clima adverso. La culpa, según ellos, la tienen los ucranianos y occidente, que sacan las cosas de quicio.

Los métodos rusos no son de este siglo. Desgraciadamente, esta frase no es más que un elemento retórico. De este siglo es todo lo que ocurra, pero las formas rusas provienen de su propia mentalidad del poder y de la fuerza como recursos.

Rusia reinició un estado de violencia por un deseo de "recuperar" un estatus perdido frente a otras opciones que tenía ante sí, como era un mayor desarrollo económico, lo que le hubiera llevado a una mejor relación con el mundo. Pero, evidentemente, no era ese el camino, sino que ha usado lo que lleva usando desde hace siglos, la fuerza, el chantaje energético, el sentido imperial absorbiendo territorios, desplazando millones de personas, repoblando y amurallando para evitar que la gente se vaya. Cada vez que Rusia hace esto destroza sus posibilidades de convivencia con el resto del mundo. 

Que solo puedas mantener relaciones con los que te temen o con los dictadores de otros países es un destino muy negro para un país que siempre se siente inseguro, amenazado, porque traslada sus miedos constantes hacia su vecinos con los que evita mantener una relación positiva y solo se relaciona desde la amenaza, sembrando el miedo.

De nuevo saltan a los medios las noticias sobre envenenamientos de discrepantes, de retenciones de los desplazados, del secuestro de alcaldes por donde han ido pasando sus tropas. La Rusia de Putin es agresiva, lo ha sido siempre. Su visión del mundo la revela la mirada oscura y recelosa de Vladimir Putin. Una parte de Rusia anhela ese tipo de dictadores que les venden glorias futuras mientras les escamotean las libertades más básicas. Putin, como otros dictadores, sabe que hay que sembrar riqueza entre ciertos grupos para que el mantenimiento del sistema sea posible. Son los que vinculan su destino al destino de su presidente, los que le aplauden e idolatran como quien les devolverá a un pasado idealizado, pero inexistente más allá de la propaganda.

Nada hay más significativo que el hecho que los grandes beneficiados y controladores de los negocios en Rusia tengan gran parte de su fortuna, sus mansiones, yates y jets privados fuera de Rusia, lejos de miradas envidiosas y peligros. 


* Bernardo de Miguel "El comisario europeo de Agricultura: “El método ruso de expansión para dominar otras naciones es provocar hambrunas”" El País 29/03/2022 https://elpais.com/internacional/2022-03-29/el-comisario-europeo-de-agricultura-el-metodo-ruso-de-expansion-para-dominar-otras-naciones-es-provocar-hambrunas.html