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jueves, 10 de julio de 2025

Circo romano

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé qué les pareció a ustedes lo de ayer en el congreso, pero no es fácil de asimilar como "normalidad" democrática, institucional o como quieran etiquetarla. No, no es fácil ponerle nombre como tampoco era fácil asistir al espectáculo ofrecido.

La política española tiene que cambiar. Como escribió un insigne poeta, "How can we know the dancer from the dance?" (W.B. Yeats), con la política ocurre algo similar: no se puede separar la política de lo que hacen y dicen los políticos. Y lo que hicieron ayer en el Congreso de los diputados fue, sin duda, "político" marcando una forma de hacer política con su actuación.

Más allá de los hechos, de los idearios, están las "formas" algo muy importante porque es lo que percibimos los demás y muchos identifican como una forma de hacer política. La política, a diferencia de otros campos, tiene un importante porcentaje de "ejemplaridad", un concepto que en un mundo de apantallas, de observación continua, ha sido cambiado por el de actuación en un sentido teatral. Los políticos acaban actuando ante sus electores y la actuación es esencialmente una forma de simulación. No requiere autenticidad ni ejemplaridad, valores perdidos, sino solo eficacia medida en resultados posteriores.

Nosotros debemos creer que los arrepentimientos son sinceros, que las acusaciones buscan mejorar el sistema, etc. Sin embargo, no es eso lo que sentimos ante un espectáculo (literalmente) como el de ayer en el Congreso.

No sé quién gano, pero sí sé quién perdió: todos nosotros. Perdimos los que esperamos alguna respuesta a nuestros problemas reales, para los que no quedan tiempo ni energías. Sabemos que tenemos ya pocas esperanzas de que le importen a alguien más allá de los votos y promesas.

La sensación que te llena después de ver todo lo que vimos —insultos, bajezas, hipocresía, rasgado de vestiduras de unos y otros— es de profunda tristeza, no por ellos, que tienen pocas esperanzas, sino por nosotros víctimas satisfechas, arrastrados al partidismo, abocados a la radicalidad irracional de defender a los "míos" y atacar a los "suyos". El modelo no deja otra; o conmigo o contra mí, según la vieja fórmula.

Se extrañan los políticos de que a sus filas vaya gente que les defrauda. ¿Qué esperaban? Después de lo visto ayer, ¿quiénes creen que se sentirán atraídos por el ejemplo?

ABC

Mucho me temo que los efectos del pleno de ayer duren décadas, que el mal ejemplo sentado por unos y otros defendiendo sus propios intereses, su colocación en primera línea del poder al que se aferran porque más allá no son nada, tenga esos efectos perversos y duraderos.

Han hecho "historia", sí, pero quizá en un sentido negativo que son incapaces ellos mismos de entender. Los efectos directos los vemos en muchos datos que nos muestran la decadencia de la democracia y el atractivo que muchos jóvenes le encuentran a las formas autoritarias. Hay quien les vende esa "eficacia" mostrando los penosos resultados de esa ejemplaridad negativa.

No quiero escribir mucho más sobre esto. Es deprimente.

8/05/2025

domingo, 19 de junio de 2022

Citas para la salud mental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hace tiempo que el término se repite en nuestros noticieros: salud mental. El diputado que le gritó entre risas "¡Vete al médico!" cuando escuchó plantearlo en el Congreso debe estar escondido en algún sitio profundo para que no se lo recuerden. Sin embargo y a su pesar, parte del problema está en ese "ir al médico", una tarea casi imposible y prácticamente ineficaz teniendo en cuenta lo que los propios facultativos señalan.

En RTVE.es leíamos ayer el siguiente titular sobre este problema de la atención médica: "Detectar depresiones o posibles suicidios en cinco minutos, el reto de la atención primaria que "cuesta vidas""* La clave está, evidentemente, en esos "cinco minutos" que son los que se conceden para la consulta y en los que los médicos deben tratar de conocer y reconocer a su paciente. Uno no lleva los problemas mentales de la misma manera que los de rodilla, por ejemplo; aquí no hay un "le duele a usted aquí" mientras te aprietan. ¿La solución dada? También nos la daban: el aumento de las recetas de ansiolíticos, algo en lo que estamos a la cabeza del consumo mundial. Cuando no hay tiempo para saber, la pastilla lo arregla todo. Sedados por la vida, anestesiado emocionales, es la respuesta que el sistema da a los que no siguen el aumento de presión que estamos padeciendo en estos últimos tiempos (y lo que tenemos por delante).

"No pensé que fuera tan grave", le dijeron no hace mucho un conocido tras una atención telefónica. Los teléfonos se han convertido en la herramienta de muchas consultas. Te escuchan, pero hay un límite en un campo donde es imprescindible captar todos los gestos, movimientos, miradas. Es un campo en el que el cuerpo dice tanto como las palabras, a veces más que ellas.

La presión de la pandemia, la economía y, sobre todo, el ambiente laboral nos está sometiendo a unas presiones que nos hacen estallar. Primero es una implosión, todo se vuelca hacia adentro; después el riesgo de la explosión, el segundo movimiento, el que se puede dirigir contra ellos mismos o contra otros.  

Es fundamental que la persona se sienta escuchada porque muchas veces esto es parte del problema, el silencio que nos rodea, la incapacidad de poder expresar las debilidades tras la máscara de fortaleza e indiferencia que muchos están obligados a llevar día y noche.

Nos dicen en el texto de RTVE.es:

De cinco a ocho minutos. Ese es el tiempo que un médico de familia suele tener por consulta en gran parte de los centros de salud en España. En menos de lo que duran algunas conversaciones de pasillo, la atención primaria afronta el diagnóstico de todo tipo de patologías. Algo que quema y sobrecarga a los profesionales, pero que, además, puede perjudicar gravemente a los pacientes. Y la presión del cronómetro, opina el coordinador de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (Semg), Antonio Torres, se nota especialmente en la salud mental. "La falta de tiempo está costando vidas y mucho sufrimiento", insiste a RTVE.es.

La atención primaria es el primer eslabón del sistema sanitario. Estos profesionales son los primeros a los que acude la mayoría de los pacientes antes de ser derivados a los distintos especialistas y con los que más confianza suelen tener. La cercanía hace que su función sea crucial y que su posición sea la mejor "para diagnosticar los problemas de salud mental más frecuentes", opina el coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), Vicente Gasull.

Pero en la detección de un trastorno psicológico suele hacer falta algo más que la confianza. "Por eso es una pena que tengamos tanto déficit de tiempo", apunta. Como recuerdan los expertos, el estigma y el desconocimiento, aunque cada vez menores, suponen que muchas veces se somaticen este tipo de dificultades. La clave, entonces, está en observar los pequeños detalles. Pero en cinco minutos, resulta una tarea más que complicada.*

Volvemos otra vez a la especialidad que actúa de primer frente, los Médicos de Familia, esa especialidad que, nos dicen, se queda sin cubrir porque los médicos prefieren estar en la segunda línea, la de las especialidades. Se comprende cada día más esas decisiones.

De la misma forma, se comprenden las protestas de los profesionales de la Salud ante el abandono en que se encuentra sumidos por la dejación del sistema, que aplica una y otra vez elemento que reducen el tiempo disponible para los diagnósticos en un país en el que cada vez hay más personas mayores que atender, donde la salud empeora precisamente por la falta de atención adecuada, por los retrasos en la atención y donde muchos mueren cada año esperando a que les llegue la cita.

Las enfermedades mentales, con la excepción de las de origen orgánico, son fruto del ambiente, del mundo que nos rodea, de las presiones que nos van dejando cada vez más exhaustos y tocados. Los remedios son complejos pues muchos de ellos implican un cambio en nuestra forma de ver el mundo, de asimilar los problemas porque el "mundo" apenas va a cambiar.

La forma de ver el mundo requiere de tiempo para adaptarse a las circunstancias. Muchas veces lo que hace falta es liberar las tensiones que se producen de forma natural, pero esto es cada vez más difícil. Aumentan los bestsellers de autoayuda, que son el gran negocio cuando nadie te ayuda. Forman parte de esa política de sacarle provecho a las necesidades de otros, de venderles —con mejor o peor voluntad y fortuna— soluciones a sus problemas, que son escollos inevitables.

La cuestión de la salud mental está empezando a ser muy preocupante. Lo es sobre todo por la indiferencia del sistema, que no mueve un dedo pese a las protestas de los profesionales y de las personas afectadas, entre las que por cierto, se encuentran ya los propios profesionales sometidos a un fuerte estrés en su trabajo.

Hay un aumento de la visibilidad porque uno de los campos de mayor proyección mediática es el deporte, donde vemos que muchos deportistas han roto el silencio y la vergüenza o estigma que significa hablar de ello, como ocurrió con Naomi Osaka o con otros deportistas de élite. Llegó a los titulares y, tras los primeros ataques, se ha visto la gravedad y extensión del problema, algo que nadie quería ver.

Los dos espacios más conflictivos son la familia y el trabajo. Estamos viendo situaciones familiares violentas y un enorme aumento de la violencia fuera de casa en edades muy tempranas. Peleas, violaciones en grupo, aumento de la violencia de género, etc. están empezando a ser suficientemente importantes como para pensar que existe una fuerte tensión que se deriva hacia la violencia. En el trabajo aumenta igualmente la tensión del estrés. Te sorprende escuchar de muchas personas el mal clima que se genera en los trabajos. Todo son indicadores de un ambiente negativo que se va extendiendo ante la falta de salidas o remedios. Hay una enorme agresividad latente que estalla en cuanto tiene ocasión.

Estamos creando una jungla violenta con una vegetación cada vez más espesa que nos impide ver los peligros. Vemos sus efectos en la violencia, la agresividad, en los suicidios, las depresiones, en el estrés... El suicidio ya es la primera causa de muerte entre jóvenes y los datos que nos dan sobre cuántos piensan en él asustan.

Me siento en un banco del parque a leer. La mayoría de los grupos que pasan junto a mí exhiben unas actitudes de desahogo, lo ves en sus gestos, en el tono de su voz. Se desahogan unos con otros y contra otros. Al menos se escuchan. No sé si les sirve de algo y liberan tensión.

Nos dicen en RTVE.es:

Solo en 2020, la atención primaria recibió 243,5 millones de consultas y, según estima el portavoz de Semergen, alrededor del 30% de las visitas suelen estar relacionadas con la salud mental. De hecho, las personas con trastornos psicológicos van de media unas 13,1 veces al año a los centros de atención primaria. Pero en España hay únicamente 36.259 médicos de familia y pediatras en la Seguridad Social, de acuerdo a los últimos datos del Ministerio de Sanidad. "Yo he llegado a tener hasta 29 personas en una hora", explica como la principal consecuencia de esta disparidad. * 

Los datos hablan por sí solos. Están claras dos cosas: que hay que cambiar el sistema para ajustarlo a la realidad y que se necesita mucho más personal en ese punto que nadie quiere. Pero mucho me temo que el caos sanitario sea demasiado fuerte, incapaz de atender lo que se nos viene encima.

No somos capaces de mejorar nuestro entorno laboral, pese a lo que nos cuentan; no somos capaces de mejorar la enseñanza, otra fuente de conflictos en varios niveles; y no somos capaces de atender ni detectar los efectos de todo ello sobre la salud mental.

Somos una sociedad fiestera, pero no una sociedad feliz. En nuestras fiestas desahogamos nuestras múltiples frustraciones, nuestras heridas diarias. Esos cinco minutos de consulta para detectar trastornos, enfermedades, tendencia al suicidio, agresividad, depresiones, estrés, etc. son una carrera contra reloj que acaba muchas veces de forma trágica, para los pacientes o para los que les rodean.

Las risas del hemiciclo al plantear en el Congreso la cuestión de la salud mental fueron claras. El "¡Vete al médico!" era una ironía mucho más real de lo que el poco sensible "padre de la patria" quiso expresar. Los médicos reclaman poder dedicar el tiempo necesario a los pacientes. No es motivo de risas. No es solo revisar la cuestión de la atención a la salud mental, sino la mejora del conjunto del sistema sanitario que no está atendido como debe.  


* Laura Gómez Sánchez "Detectar depresiones o posibles suicidios en cinco minutos, el reto de la atención primaria que "cuesta vidas"" RTVE.es 18/06/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220618/atencion-primaria-suicidio-depresion-salud-mental-tiempo/2384027.shtml

domingo, 3 de abril de 2022

El debate de las mascarillas en interiores

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De todas las decisiones sobre el COVID-19 la más controvertida es la decisión sobre el uso de las mascarillas en los interiores. Ni los expertos ni la calle están de acuerdo; solo los políticos tienen mucha prisa en llegar a ellas. Evidentemente no es por razones sanitarias, sino políticas: se trata de vender que se ha hecho bien y que ha llegado el momento de la "normalidad". Para ellos, la normalidad es un mundo sin mascarillas. Sin embargo, es dudoso que esto ocurra en un corto plazo.

Todos los movimientos llegados desde las autoridades políticas han estado supeditados a los intereses económicos sobre los sanitarios. La teoría es sencilla: los políticos son responsables de la situación económica general, mientras que los ciudadanos son responsables individuales de su propia salud. Todas las medidas últimas se han centrado en este principio. Como referencia, cada día escuchamos más las bondades del sistema británico, uno de los peores de toda Europa en cuanto a los resultados. Desde el principio Boris Johnson apostó por algo tan neoliberal como el propio cuidado, la "inmunidad de rebaño" y todo aquello que dejaba en las personas la responsabilidad.

Al final hemos acabado teniendo a Johnson como referencia —la peor referencia— para justificar todo lo que vamos a hacer en cadena, incluido el despido de los sanitarios que se contrataron para frenar las avalanchas que se produjeron. Una vez más, se comete el error de confundir el deseo y la realidad, pensando que por el hecho de negar la realidad esta deja de existir.

En ABC leemos lo ocurrido hace unos días en el Congreso: 

Un mandato para unos, un anhelo para otros. El Congreso de los Diputados ha aprobado este jueves la moción consecuencia de interpelación de Ciudadanos (Cs) sobre la eliminación de las mascarillas en interiores. El texto ha salido adelante con los votos del PSOE, que se posicionó a favor después de que los liberales aceptasen una enmienda que modificaba el segundo punto del articulado de la iniciativa. El cambio, no obstante, hace que la ambigüedad se imponga a la hora de interpretar sus consecuencias.

Cs lleva semanas batallando por el fin de la obligatoriedad de las mascarillas en interiores, dado el alto porcentaje de vacunación contra el Covid-19 en España y la mejor situación epidemiológica pese a la todavía alta incidencia acumulada. 

El Gobierno ya no comunica los contagios ni muertes diarios, en un paso evidente hacia la 'gripalización' del virus. Por ello, el partido de Inés Arrimadas considera que es el momento de dar un paso adelante y, como han hecho otros países europeos, terminar con el uso imperativo de este elemento de protección.

Este jueves, en las votaciones, la moción de Cs, con la enmienda del PSOE incluida, se ha aprobado con 187 votos a favor, 63 abstenciones y 94 en contra. Solo la han rechazado el PP y el PNV, que creen que aún es pronto para prescindir de las mascarillas. Aun así, la interpretación del resultado de la moción difiere entre Cs y el PSOE.

El primer punto del texto reclamaba al Gobierno lo siguiente: «Eliminar la obligatoriedad del uso de mascarillas en interiores, en línea con la evidencia científica, con la situación epidemiológica y con la perspectiva». El segundo añadía: «Establecer, de forma acordada con el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, un calendario claro de desescalada de todas las medidas de contención de la pandemia de Covid-19 aún vigentes con el objetivo de ofrecer certidumbre a familias y empresas».*


La idea de "gripalización" se presenta una y otra vez pese a las enormes diferencias. De la gripe sabemos, mucho; del COVID bastante menos. Desde el principio el coronavirus ha sorprendido a los expertos que no tenían registros de un virus tan amplio en sus consecuencias, con secuelas sorprendentes en sus manifestaciones y duración. Por mucho que lo queramos considerar o tratar como una "gripe", lo cierto es que la gripe no tiene la variedad de síntomas, no pierdes el gusto por meses, la movilidad, el habla, no tienes dolores por el cuerpo durante años, por citar solo algunos. Los expertos siguen descubriendo efectos de la enfermedad conforme pasa el tiempo.

La capacidad de mutar y de reinfección también son dos elementos que vamos descubriendo momento a momento. Lo ocurrido en China es un ejemplo de que en cualquier momento se pueden volver a disparar las cifras. Las  que hemos tenido en España hasta hace unas pocas semanas son una barbaridad, en gran medida, producidas por la bajada de nuestras defensas frente al virus. Todavía resuena la "llegada de las sonrisas" de la ministra Darias y el ascenso posterior de los contagios.

Una cosa es convivir con el virus y otra muy diferente ignorarlo, tratarlo como si no existiera. Convivir con el virus es, sobre todo, aprender a estar prevenidos, no a golpe de decreto sino de sentido común. Lo que se ha hecho desde el gobierno es eliminar los mecanismos de conteo, jugar con las cifras, con las pruebas diagnósticas, etc., un ejercicio, en suma, de camuflaje contable de la realidad. Lo hemos hecho de una forma u otra debido a nuestra necesidad (política y económica) de mostrarnos como "saludables". Pero la realidad de los hechos es contundente.

10/03/2022

En la prensa de un país que vive también del turismo, leo hoy mismo que se han producido ayer 558 casos y 8 muertes. Con esas cifras —es un país que duplica con creces la población española— se pueden permitir "relajar" lo que nunca fue riguroso. Una fuente de ese país me informa del fallecimiento de un familiar directo por Covid-19 tras una estancia de un mes en una UCI. Cuando fue a recoger el certificado de defunción, el motivo que aparecía oficialmente no era el coronavirus. Al protestar, la repuesta fue que si quería tener un certificado oficial de defunción no había más respuesta que esa. Cuando comentó el caso con otra persona, esta le dijo que le había ocurrido lo mismo. Sencillamente, allí solo mueren las personas que el gobierno considera "prudente" comunicar. Con cifras muy pequeñas de vacunación, con una masificación en varias ciudades y una falta de condiciones sanitarias, esos 8 muertos son solo una forma de propaganda, una manera atractiva para que les vaya el turismo. Cuando regresan contagiados a sus países se les dice que "lo habrán cogido por el camino". Afortunadamente, aquí no resulta tan sencillo hacer esto, pero se pueden ignorar los datos reales si sencillamente no se recogen, que es por lo que se ha optado.

La excusa de las tasas de vacunación y de los efectos menos graves es realmente insólita. La variaciones en las vacunas ha sido mínimas en los últimos meses porque se frenó al llegar a ciertas tasas, pero hemos tenido muchísimos casos hasta hace pocas semanas. La idea de que se trata de mantener las UCI descongestionadas es una idea de un cinismo pragmático realmente notable, ya que todo se justifica no por la salud sino por la disponibilidad de recursos, que finalmente se acaban reduciendo. Los movimientos por la sanidad pública y los propios sanitarios lo denuncian de continuo. Se han hecho todo tipo de ejercicios malabares para justificar la falta de recurso, planteándose la sanidad como una especie de fuelle. Lo cierto es que el envejecimiento de nuestra población es un hecho, que se les ha amontonado en residencia, muchas de ellas sin control alguno, y cuando enferman se les envía a la Seguridad Social, que es quien acaba asumiendo atención, tratamiento y gasto. La residencias privadas son de pago, pero gasto lo pagamos todos. Con la pandemia, todo esto ha salido de forma escandalosa a la luz. Todavía hoy sigue apareciendo en la prensa que se investiguen las circunstancias de por qué se les murieron tantos "clientes".

Lo de "ofrecer certidumbre a las familias", señalado en el artículo de ABC, es realmente un chiste malo, pues no habrá certidumbre, sino lo contrario. El no saber si la persona que tienes al lado está contagiada, con síntomas leves o si es asintomático, no genera certidumbre alguna., Por contra, obligará a que la gente se tenga que proteger más ante el desconocimiento de las condiciones de las personas que tienes al lado.

Los casos suben de nuevo, pero solo preocupan las UCI y los fallecimientos, que siempre son "llamativos". Queda la cuestión de los contagios repetidos —que ya sabemos existen—, la duración protectora de las dosis recibidas y la definición de qué es una "persona vulnerable".

Y otro problema, ¿cómo se combinan las personas vulnerables con las que no lo son en los espacios obligados, como el transporte o los espacios de trabajo? La respuesta es compleja porque hay gente que trabaja con grupos cuyos porcentajes de contagio son altos, como ocurre en la enseñanza. ¿Habrá que discutir en cada oficina, en cada aula, en cada ascensor, en cada vagón de metro o tren, en cada autobús, etc. quién se debe poner la mascarilla? Eso, de nuevo, como ya ha ocurrido en varias fases, lleva al conflicto entre los ciudadanos, que deben defenderse ante aquellos a los que les da igual. Los ejemplos de este comportamiento los conocemos todos.

La prisa por retirar la mascarilla es complicada y conflictiva. Lo mismo que ha ocurrido con la idea de que no sea obligatoria en exteriores, ha dejado que muchos sigan (seguimos) con ella por el doble motivo de la seguridad y de la falta de confianza. Volvemos al principio: uno puede decidir tirarse desde una azotea, y es cuestión suya; pero no llevar mascarilla con una enfermedad contagiosa grave es una falta grave contra los que nos rodean. La pandemia ha sacado a la luz la responsabilidad de muchas personas, pero también la grave, en ocasiones agresiva, irresponsabilidad de muchos otros.

En los países asiáticos mucha gente se pone mascarillas por respeto a los demás. Es el enfermo quien se preocupa de no contagiar a otros. Lo que estamos viendo aquí es justo lo contrario: yo soy asintomático y no me privo de nada, yo ya lo he pasado y me da igual, etc. Este es el comportamiento egocéntrico que ha sido recogido muchas veces en declaraciones ante cámaras y micrófonos. Y este es el comportamiento "normal" que se va a desarrollar gracias al deseo de nuestros políticos de anticiparse a la realidad con el deseo y los intereses. El verano se acerca. Ya habrá tiempo de recuperarse en invierno, en los que deberemos viajar para que salgan las cuentas en puentes, fines de semana, ir a las rebajas, "black friday", navidades, cabalgatas, carnavales... y todas esas cosas por las que merece la pena enfermar o morir.

En algún momento habrá que retirar la mascarilla, evidentemente; pero mucho me temo que los ciudadanos acabarán tomando sus precauciones al margen de las instrucciones que les parezcan poco fiables o prematuras.

30/03/2022

* Juan Casillas Bayo  "El Congreso insta al Gobierno a eliminar mascarillas en interiores pero sin poner fecha" ABC 31/03/2022 https://www.abc.es/espana/abci-congreso-insta-gobierno-eliminar-mascarillas-interiores-pero-sin-poner-fecha-202203311634_noticia.html

viernes, 4 de febrero de 2022

Más allá de los números

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Estaba hablando por teléfono con un amigo y tenía quitado el sonido al televisor. Veía imágenes de asombro; veía abrazarse a unos y a otros alternativamente. Me extrañó que todos aplaudieran en insólita unanimidad. No entendía nada hasta que un letrero me lo aclaró. "¿Has visto?, la Reforma Laboral se ha aprobado con solo un voto de uno que se ha equivocado". Mi amigo me dijo que lo vería a las once en no sé qué canal, donde había un programa que le gustaba.

Como soy muy despistado para las fechas, en muchas ocasiones creo que estoy en el Día de los Santos Inocentes, que lo que me muestran en pantalla es algún tipo de inocentada que intentan colarme, que lo que me muestran es obra del ingenio de algunos redactores. Pero no, aunque bien hubiera podido serlo. El hecho de que estuviera en todos los canales termino de convencerme de que aquello era ya parte de la historia, terminara como terminara.

Dediqué la media hora siguiente a intentar atar los cabos de aquella insólita situación. Me imaginé cómo se ofrecería en las televisiones de países como Turquía, Serbia, México, Alemania... tal como nosotros damos espacio en nuestros canales a esas noticias en las que parlamentarios se enzarzan en peleas, grescas, trifulcas, insultos... y todo ese repertorio que nos sirve para sentirnos superiores. Pero mucho me temo que las personas de esos países, de mayor o menor tradición democrática, no logren alcanzar la comprensión de lo ocurrido y que queden en las caras, en el paso de la estupefacción a la satisfacción, de la incredulidad a una mayor incredulidad.


Los expertos en sistemas complejos tendrían posibilidad de explicar cómo lo que ocurre en cada pueblito, en cada ciudad, en cada capital de provincia y de Autonomía; cómo lo que ocurre en cada despacho, en cada aparcamiento, en cada sede de partido, incluso cómo el daltonismo puede llegar a determinar el destino de un país. Sí, pese a lo que dijo Einstein, a Dios le gusta jugar a los dados, trucados, por supuesto, pero dados a los ojos de los mortales, que somos nosotros.

Solo en este sentido puedo llegar a comprender la frase con la que me quedo en este embrollo cósmicómico (como diría el genial Italo Calvino), dicha por el presidente del gobierno, el señor Pedro Sánchez: "...más allá de los números..." Sánchez nos hace ver que los renglones de Dios no solo son torcidos, sino "retorcidos" como sacacorchos, como cable de auriculares tras varios días en un bolsillo.

He escuchado explicaciones sobre qué es la "disciplina de voto" a cargo de personas que la rompieron; he escuchado nuevas definiciones de lo que es un "error informático" en un sistema que nos dicen que "no falla nunca"; he escuchado definiciones de lo que es un "pacto de investidura" y cuáles son sus límites de resistencia... y muchas otras cosas mientras me pellizcaba.

Nada hay peor para una democracia que creer en el destino unos y en el fraude otros. Para unos te han quitado dos (UPN) con los que contabas y te han regalado uno (el del PP) inesperadamente. Unos y otros están bajo sospecha, de traición o de estupidez. La Historia decidirá quién traicionó a quién, quién se equivocó de botón. Estas cuestiones hacen tambalearse nuestras concepciones de los "momentos estelares de la Humanidad", a lo Zweig, y tener una concepción incalculable del valor de las pifias en nuestro futuro. En una pifia entran cosas como "no encontrar aparcamiento y no llegar a tiempo a una votación", el citado "daltonismo ante los botones de votación", un golpe de tos al apretar un botón o cualquier otra nimiedad que adquiere dimensiones olímpicas, dignas de una gran tragedia, ante las consecuencias. Esto es como lo del efecto mariposa, pero concentrado.

¿Cómo alegrarse seriamente por ese "gol en propia meta", por una distracción del enemigo? Los agentes sociales, empresarios y sindicatos, lograron ponerse de acuerdo y desde ese minutos empezaron a salirle problemas y pegas por parte de los políticos, nacionales y autonómicos, de populistas de derechas e izquierdas, que querían su propio protagonismo en un espacio de debilidad gubernamental, de la que se puede sacar lo que se quiera con un poquito de habilidad. Ese es el fondo. No les importa realmente la reforma pactada, sino que no haya sido objeto de trueque, que no hayan podido sacar tajada y mérito ante los suyos.


Esa frase del presidente, "más allá de los números", debería esculpirse en la entrada de nuestros parlamentos autonómicos, de nuestros ayuntamientos, en todo lugar donde haya que votar algo. Solo esos finales felices a los que las comedias de Hollywood nos acostumbraron, solo ese extremo giro de guión, permite, explicar que el gran lío de las "desalianzas", las alianzas y las anti alianzas políticas. Pero donde unos reían mejor por ser los últimos, están los que lloran con su versión de la historia, que promete continuar. Más llena al fuego político español.

Los socios no querían ser socios; los que no eran socios quisieron serlo; los que eran nuevos socios tampoco querían serlo entre ellos y los que se unían para oponerse lo hacían de malísima gana. Les (nos) está bien empleado.

¿Hemos llegado al pico de la ola? Podemos teorizar sobre la política, sobre la naturaleza humana, sobre el destino, sobre la ironía de los dioses... sobre muchas cosas, pero al final somos el pollo dentro de la olla que se queja de que el agua está caliente y un poco salada.

Nuestro idioma permite que la palabra "número" se refiera a las cifras y también a lo que se hace en la pista de un circo. La frase del presidente —más allá de los números— me hace ahora dudar. 

miércoles, 26 de mayo de 2021

El infame incidente del minuto de silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La incapacidad para entenderse de la clase política de este país va camino de ser legendaria. ¡Si solo fuera eso! Pero lo terrible del asunto es que la función de la discordancia es arrastrar a seguirles a los que tienen alguna simpatía. De esta forma, cada punto se convierte en enfrentamiento porque cada enfrentamiento es como un banderín de enganche y una seña de identidad en el que la estrategia es gritar más para estar mejor identificado. De esta forma el acuerdo no solo es imposible por definición, sino indeseable, convirtiendo la política en el arte de lo que intenta superar, la guerra.

El (pen)último incidente se ha producido en el Congreso cuando Pilar Cancela, presidenta de la Comisión de Igualdad, solicita que se realice un minuto de silencio por las últimas víctimas de la violencia machista producidas en el alto número en apenas una semana. A la petición de la presidenta le sigue una intervención de la portavoz de Vox en la Comisión, Lourdes Méndez. La señora Méndez hace una contrapropuesta, que el minuto sea por las víctimas de todos los homicidios cometidos en España en esas fechas, es decir, evitando que se centre en los asesinatos de mujeres. La presidenta responde con un "Pues lo siento mucho, pero el objetivo de este minuto de silencio es el que es". La respuesta de Vox es que ellos lo harán por lo que han propuesto. Cada uno, sí, es dueño de su silencio. Y responsable también.


Creo que, de todos los debates absurdos que he visto en estos años, este se lleva la palma por parte de Vox, como el más perverso. ¿A dónde va con esta negativa? Hace unos días, de paso por un zapping sobre los programas de noticias me saltó a la cara desde una cadena la expresión "supremacismo feminista". Me pilló por sorpresa porque era la primera vez que la escuchaba.

A los diversos tipos de negacionismo, ahora le toca a Vox la defensa encubierta del machismo retrógrado negando el feminismo al que califican como "ideología" primero y ahora de "supremacismo".



De todas las disputas que se pueden hacer (y en España se disputa ya por todo), la más innoble es la que niega un minuto de silencio a los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas, los asesinatos de los hijos, víctimas muchas veces. Negar la especificidad de estos crímenes sobre otro tipo (todas las víctimas son lamentables) es algo más que irresponsable. En el mundo se cometen cada día muchos asesinatos, pero el asesinato de mujeres tiene una especificidad clara: es el resultado de una mentalidad, de una forma de pensar sobre lo que es la familia, lo que es la pareja y lo que es el papel de cada uno en ese conjunto. Es el resultado de una educación familiar y social cuyos flecos duran generaciones porque se transmiten de forma sutil a través del aprendizaje en la infancia, de los malos ejemplos y de los mensajes erróneos, como el transmitido hoy por Vox con sus planteamientos negacionistas.



Igualar es negar la especificidad de las causas y de las consecuencias; igualar es negar todas las políticas que se siguen para tratar de transformar las mentes. Hay muchas clases de feminismo, desde luego, con los que se puede compartir mucho, poco o casi nada. Pero al margen de cualquier teoría explicativa están los hechos, cada una de las muertes que se producen. Eso es innegable y tratar de no diferenciarlas es realmente una maniobra de ocultación y, sobre todo, de desviar la atención de las causas profundas que existen.

Con su actuación en la Comisión de Igualdad, Vox ha dado el paso definitivo en su perversa interpretación de la realidad, en su retorcimiento para ajustarla a un propósito retrógrado. Lo es por propia elección, por tratar de mostrarse como azote del gobierno, cuando en realidad es azote del sentido común y de las víctimas.



La estrategia de Vox es negar los problemas que existen y desfigurar los que existen en nombre no se sabe muy bien de qué principios, pero claramente fuera de la realidad y de las aspiraciones a mejorar una sociedad.

Lo más parecido que he visto es la participación en el parlamente islamista egipcio, el del derrocado Morsi, en el que entraron cuatro mujeres diputadas. Cuando se les preguntaba por la violencia machista y el acoso, su respuesta era que las mujeres que estaban donde no debían se merecían lo que les pasaba.

Para Vox, como para los fanáticos islamistas, la familia es un ente ideal bendecido por Dios y tutelado por el varón, auténtico patriarca. Es la "defensa" de una familia que no existe, una contradicción temporal que esclaviza a muchas mujeres y que les lleva a la muerte cuando tratan de salir. Hay asesinatos que se producen en estallido, pero hay otros de personas que llevan años resistiéndose a la idea de que la mujer que era "su pertenencia" ha cometido la osadía de salir del círculo, ha escapado a la posesión, ha dejado de ser una propiedad.



Los crímenes contra la pareja o las hijas son reflejo de esa forma enfermiza de ver el vínculo entre hombres y mujeres y los "derechos" que ellos tienen sobre ellas. Esos derechos, para los violentos, son sagrados, más allá de la propia religión. Esa es la base por la que todo pasa y romperlos es la máxima transgresión.

Negar, como se ha hecho, el carácter específico de las víctimas de una violencia machista sobre personas a las que se considera propiedades es ser cómplices por ocultación. Vox lo ha sido en su petición porque ha tratado de diluir su especificidad, que está en un pensamiento profundo que aflora en momentos.

Equiparar la muerte de una mujer a manos de su pareja o ex pareja con las de un atraco o una disputa callejera es realmente un insulto a la inteligencia y a todas las víctimas. Es un insulto además a todas las personas que cada día tratan de luchar contra este tipo de situaciones a través de la educación o de las campañas de concienciación. 

Vox protesta cuando en las escuelas se trata de asentar la igualdad de sexos, el respeto a las diferencias y la dignidad humana de todos. Para ellos, todo forma parte de una "ideología invasora", una "ideología de género", una forma de "supremacismo". Son ellos mismos los que se retratan al tratar de evitar las acciones que puedan paliar este tipo de mentalidades profundamente patriarcales. Lo peor es que esto se hace de cara a la galería, se pretende presentar como un gesto combativo contra lo que nos invade; es un gesto "racial", "hispano", "castizo". También en Oriente Medio se ataca a las defensoras de las mujeres como "occidentales", como enemigas de la religión y de la familia, institución sagrada presidida por el varón porque Dios lo quiso. No es casual la coincidencia fundamentalista agresiva. No es casual que los populismos, de Estados Unidos a Turquía, de Hungría a Polonia, estén haciendo movimientos retrógrados en el mismo sentido. Tienen sus raíces patriarcales.



Los partidos pueden discutir sobre lo que quieran, pero solo hay un tema en el que hay que estar necesaria y profundamente unidos, este de la violencia machista. No se puede negar desde ninguna perspectiva porque su negación es el principio de todo; es el reflejo de la existencia profunda del problema, de la mentalidad negacionista sobre el que se cimenta el propio machismo agresivo que oculta sus víctimas.

La estrategia diferencial de negar todo lo que el otro afirma, puede llevarte a la pura estupidez perversa. Un mal ejemplo, una idea impresentable. Si es por llevar la contraria, malo; pero si lo creen realmente, es mucho peor.

 


* "Rifirrafe con Vox por el minuto de silencio en honor a las víctimas de violencia machista en la Comisión de Igualdad" RTVE.es 25/05/2021 https://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/minuto-silencio-violencia-genero-comision-igualdad-vox/5916207/